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— Prisoner of love and desire.

Mensaje por Invitado el Jue 13 Ago - 17:46


PRISONER OF LOVE
AND DESIRE.
1x1 | ÉPOCAS PASADAS | DRAMA, TRAGEDIA.
Los Pierce, un linaje en el que el poder y gobernar ha estado en la familia desde generaciones. Los Blanchard, una familia de burgueses extranjeros quienes, por cuestiones económicas, emigraron encontrando como ayuda, la buena fé de los reyes del reino. De todo esto, ya hace mucho tiempo... pero no tanto como aquel accidente en el que todo comenzó a arder, y donde, no sólo ese matrimonio murió, también otros componentes que residían en aquella casa vinculada con el castillo. Hubo una sobreviviente; la hija de los burgueses; Anne-Lise Blanchard. Quedando huérfana y sin lugar donde vivir, los reyes Pierces decidieron acogerla en su casa como si fuera esa hija que nunca pudieron tener pues, sólo pudieron tener un varón; Brandon.

Sin embargo, Anne-Lise Blanchard parece estar maldita. “La maldición” consiste que cada hombre que ame, terminará muerto. Y es cierto. No son sólo palabrarerías. Cada hombre que ama, tiene su propio ataúd. Un ataúd que termina en el jardín de aquel enorme castillo en el que reside, junto al príncipe Brandon. Él, siempre está a su lado, reconfortándola, como todo un caballero. La maldición sigue y sigue. Cada vez que ella se fija en alguien, éste cae irremediablemente. Anne-Lise llora por la pérdida; Brandon sigue a su lado.

¿Qué pasaría si esa maldición tuviera nombre, apellido y un gran título? Sí. Hablamos del príncipe Brandon Pierce. Él, que está tan perdidamente enamorado, o tan locamente enamorado, como para tener a la muchacha en una condena de no poder estar y no amar a nadie que no sea él mismo. Es Brandon el asesino de todos esos hombres que hay en los ataúdes de ese mismo castillo. ¿Seguirá pasando desapercibido o será descubierto?

Locura. Obsesión. Deseo. ¿Amor?

Él está loco, es un completo insensible, no le importa saciar la sed de sangre con tal de tener lo que quiere; a Anne-Lise. Pero, ¿que hay con ella? ¿Conseguirá descubrir quien es el causante de las muertes? ¿Está tan cuerda como parece como para tomar venganza por todas las muerte que ha llevado a cabo, asesinando a cada hombre que ella estimaba o estará tan loca cómo para aceptar a Brandon? En caso de lo último, ¿será que la locura del príncipe se detendrá o seguirá pendiente y bañando sus manos de sangre por ella?

PERSONAJES
BRANDON PIERCE | RICHARD MADDEN | LYKAIOS
ANNE-LISE BLANCHARD | SARAH BOLGER | MAD
Cronología
© RED FOR SS


Última edición por Lykaios el Sáb 22 Ago - 22:15, editado 2 veces
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Re: — Prisoner of love and desire.

Mensaje por Momo el Jue 13 Ago - 23:02


It can't be real
Brandon Pierce. Palacio. Noche.

Su lacio pelo era cepillado una y otra vez por su doncella mientras el espejo le devolvía una mirada que intentaba infundirle seguridad. Anne-Lise tomó uno de los colgantes de su tocador, alzando el mentón apenas un par de dedos para colocar la joya sobre su desnudo cuello, perdiéndose en el brillante tono de aquellas hipnóticas piedras. Una vez le había escuchado decir a su madre que una joya era la perdición y el mejor amigo de toda mujer, aunque en aquella ocasión apenas reparó en el valor de la misma tras soltar un nuevo suspiro y dejarla junto a sus compañeras en una nueva señal de rendición ante la falta de diligencia para elegir un simple complemento.

—"¿Os encontráis nerviosa, mi señora?".—
Suzie...—
—"Disculpad... sabéis que no puedo dirigirme a vos como lo requerís".—
No delante de la gente.—

La doncella se apartó al ver como la muchacha hizo un ademán de levantarse. Había llegado el final del invierno y con él, palacio abría sus puertas como cada año para acoger en un baile a innumerables invitados con todo tipo de festejos. La muchacha observó nerviosa a través de la ventana de su alcoba los prados ahora verdes, los cuales habían sido el único paisaje que había observado durante todo el invierno entre llantos de pérdida. Iba a ser la primera vez en medio año que entablaría relación con cualquier otra persona que no fuesen Brandon, sus "padres" o Suzie. Y aquello la aterraba tanto como la excitaba en sobremanera. —"Esta vez todo será diferente Anne... te mereces ser feliz".— Los ánimos que le intentó transmitir su doncella no crearon una sonrisa mayor a ninguna que hubiese formado desde hacía tiempo incluso después del abrazo que ambas compartieron a minutos de darse por oficiado el baile. Aun así, y cuando esta puso el tocado sobre la cabeza de su señora y las joyas estuvieron debidamente en su lugar, Anne-Lise se dirigió hacia los salones de palacio.

Las puertas se abrieron y los ojos claros de la muchacha recorrieron los salones de baile con cierta nostalgia. Saludó con una sonrisa amable a algunos presentes; muchos de ellos aristócratas de otros reinos que traían a sus respectivas hijas con el fin de arreglar una posible convivencia beneficiaria para ambas familias. Y el objeto de deseo no estaba demasiado lejos, ni tampoco parecía demasiado entusiasmado con la idea —¿Como... solías decirme meses antaño?.— Con una sonrisa menos ficticia y un tanto aliviada por estar al lado de la única persona que le había insuflado las fuerzas suficientes para continuar, Anne le dio un golpe disimulado con su propio hombro —Alegra ese rostro... pajarillo, estás deprimiendo a la más gélida noche.— Brandon era su pilar, su único punto de referencia que la separaba de la locura; por lo que no se midió en alzarse sobre las puntas de sus tacones y posar un beso cuidadoso en su mejilla a modo de saludo —¿Y bien? ¿Cuántas de las afortunadas tendrán el gran placer de compartir un baile con vos esta noche, ¿majestad?.— En su tono, diversión. En su interior, no tanto. Mas podía ser una noche especial para Brandon, y ella quería brindarle todo su apoyo así como él siempre había estado ahí para sacarla de los peores momentos. Era lo que hacían los hermanos, al fin y al cabo.





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Re: — Prisoner of love and desire.

Mensaje por Invitado el Jue 27 Ago - 20:34


It can't be real
Anne-Lise Blanchard. Palacio. Noche.

Llevaba alistado desde hacia hacia unos largos minutos y había aprovechado para pasear por el castillo, encontrándose, en el jardín, con aquella pequeña “capilla” que había creado para mantener a los tres ataúdes que allí se encontraban; quizá algo fuera de lugar pero tampoco tan extraño, no para Brandon quien se detuvo allí, para observar en silencio y pensar. Casi se le hubiera escapado una fugaz y pequeña sonrisa, de no ser por escuchar unos pasos a sus espaldas que hicieron que su porte no bajara la defensa y su rostro se mantuviera serio y seguro.

“¿Cree que estará preparada para volver a estar en un evento social? Ha pasado ya cierto tiempo desde que se encerró por culpa de tan terrible pérdida...”— comentaba, uno de sus criados.
Es una mujer fuerte; le vendrá bien rodearse nuevamente— siempre y cuando, no fuera ocupando su tiempo en posar sus ojos en otro hombre. La maldición, no cesaría de ser así. Él lo sabía... Y solamente él.
“Queda muy poco para que abran las puertas de palacio, Majestad. Debería ir al salón de baile... Allí se encuentran los reyes”—.

Brandon respiró profundo y puso rumbo hacia la sala. No le apasionaban en absoluto aquellos eventos de baile que hacían cada año. Parecían fiestas forzadas donde debía sonreír a todo el mundo, dónde debía ser cortés y caballeroso con todos los invitados, además, de bailar con toda mujer que le pidiera un baile y tratara de ganarse su corazón. Un corazón que no estaba dispuesto a dar a nadie, a cualquiera, pues a fin de cuentas, su corazón ya tenía a alguien.

Al llegar, habló durante unos breves minutos con sus padres para luego tomar su posición y empezar a recibir a los invitados. Muchos de ellos, eran aristócratas, otros venían de reinos aliados y vecinos, en busca de encontrarse con la suerte de unirse. Detestaba poner esa sonrisa que a todo el mundo le gustaba pero que, al joven Pierce, le parecía demasiado falsa.

Ladeó su su rostro para encontrarse con la llegada de Anne-Lise. Vestía preciosa, como siempre; captando su atención y sabiendo que no sería el único hombre maravillado por la presencia de la joven y huérfana Blanchard. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios, viendo como se desenvolvía por el salón. Más pequeñas bienvenidas y más miradas discretas y disimuladas hacia la mujer que poco a poco, se aproximó hasta él. La miró con curiosidad, alzando sus cejas y una pequeña sonrisa ante sus palabras. Escuchar sus propias palabras de la voz de la joven, le hicieron aguantar una leve risa.

Desearía que este baile terminara y ni siquiera ha empezado— le confesó por lo bajo, recibiendo aquel beso en su mejilla. Aunque luego su cara demostró que no estaba muy contento con eso de tener que bailar con tantas doncellas. —Por el momento, tengo contadas a seis afortunadas, y sigue subiendo...— no, definitivamente, aquella fiesta no le atraía en lo más mínimo. —¿Me concederíais el enorme placer de abrir el baile conmigo, my lady?— preguntó, tomando la mano de aquella que debería considerar su hermana y besando el reverso de su mano como todo un caballero. Una petición oficial; ¿quién podía negarse a bailar con él? Nadie. Siquiera ella.



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Re: — Prisoner of love and desire.

Mensaje por Momo el Vie 11 Sep - 19:23


It can't be real
Brandon Pierce. Palacio. Noche.

Sus pequeños labios, bañados en un tono rosado por aquel exótico carmín que hacían resaltar su discreta boca por encima de su nívea y pálida piel, desaparecieron en una fina línea para poder contener la risotada que las palabras de Brandon querían hacer escapar. Rodó los ojos, hinchando su pecho no sin trabajo dado al corset bajo su vestido y recostó la cabeza en su hombro apenas unos segundos, tomando su mano al aprovechar que la cercanía los volvía cómplices ciegos para no dar una mala imagen ¿propia? nunca, sino para él.

Brandon...— Quería reprenderlo, mas también lo comprendía y lo apoyaba. Ella, como él, era partidaria de no decidir a quien regalar su corazón, si no de dejar que el propio le dictase a quien debía amar. Eso y no un papel. Sin embargo y por petición de su padre, incluso ella tenía que poner de su parte. Él ya era mayor, capaz de gobernar y la buena voluntad del reinado de su predecesor debía mantenerse ahora sobre sus hombros, y nunca podía hacerse solo —No seas un ogro, dales una oportunidad.— Pidió mirando a las doncellas que tan egoístamente la fulminaban con la mirada desde lo lejos, cuchicheando cualquier clase de crueldad. ¡Aun queriendo ayudarlas! desagradecidas. —Bueno... a esa no, no quiero a mis sobrinos con esa horrenda nariz de águila .— Rió por lo bajo y con disimulo, poniendo la mano frente a su boca para no enseñar su burla fruto de la crueldad crítica.

Si no te esfuerzas en cruzar más que los saludos cordiales con ellas nunca sabrás si te pueden gustar de verdad.— Alzó ambas cejas, separándose en cuanto él tomó su mano y la besó. Una radiante sonrisa floreció en ella ante tal gesto. Seguía reconfortándole el hecho de que como hermana, siempre iba a ser la primera para Brandon, no importaba su casamiento siempre y cuando ella lo necesitase. Pero aquello, más que un motivo de orgullo y regocijo, últimamente atormentaba la mente de Anne-Lise ¿Y si ella era la culpable de que Brandon fuese incapaz de dar su mano a las otras doncellas? ¿Y si su propia desgracia y melancolía le hacían a él responsable indirecto? Ella no quería que él se viese en la necesidad de cuidarla, descuidándose así a él mismo. Fue por aquello por lo que retiró su mano con educación y suavidad, negando levemente con la cabeza. Iba a demostrarle que era una mujer fuerte, que podía abandonarla sin que ella se derrumbase, sería egoísta de cualquier otra forma

No podemos...— Lo dice acompañando sus palabras de un puchero tan disimulado que se asegura de que solo él pueda verlo —Sería descortés, Brandon, tienes a seis damas esperando, y yo no puedo abrir el baile sin ser una de ellas.— Era comprensiva y por ello, acababa de recitar las normas de los bailes de apertura de su padre como si de un objeto de estudio se tratase. Sabía que otros años ellos dos habían bailado y reído, dejando el protocolo a un lado y a su padre respondiendo ante ellos, mas habían madurado y ahora más que nunca quería hacer las cosas correctas por el bien del príncipe.

¡Padre!.— La aparición del rey fue, quizás, la mejor salvaguardia para la joven Blanhard, quien si bien conocía a Brandon tan bien como a la palma de su mano, sabía que había pocas ocasiones en las que se conformaba con un "no". Alzando su vestido, casi corrió al encuentro del jovial anciano quien la recibió con el mismo énfasis. Con motivo de su depresión y los múltiples viajes diplomáticos, apenas había tenido tiempo para ver al hombre que la salvó un día de la miseria, acogiéndola bajo su nombre y castillo.

"—Oh, mi preciosa flor, Anne-Lise. Es un alivio volver a ver tan dulce sonrisa—"
Bueno... no sin mérito de Brandon, fue él quien me recogió cuando me creía perdida... habéis criado a un digno sucesor, padre.—

Tras el abrazo de reencuentro y un par de palabras y presentaciones superficiales, el Rey se acercó a su muchacho, tomándolo por el hombro con más brusquedad de lo que había hecho con su "hija" y prácticamente lo arrastrño hasta donde estaban.

"—Brandon, quiero presentarte al duque Caravanagh y a su hija, Julie... ¿has iniciado ya el baile? ¿Y vos muchacha? ¿Habéis bailado alguna vez?.—"

Anne-Lise casi siente lástima por Brandon, pero aun así busca su mirada y le sonríe con disimulo, asintiendo una sola vez con la cabeza para infundirle ánimos. Los dos saben que si no es con ella, ha de ser con cualquier otra de la cada vez más amplia lista. Ya no son niños, ahora tienen que enfrentarse a sus propios asuntos.





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Re: — Prisoner of love and desire.

Mensaje por Invitado el Dom 27 Sep - 13:39


It can't be real
Anne-Lise Blanchard. Palacio. Noche.

Eran muchos los momentos que guardaba en su memoria, los que disfrutaba y se sentía totalmente dichoso. Eran momentos que cualquier ser humano quizá podría pasar por alto por el simple hecho de que no parecían detalles con mayor importancia. Sin embargo, Brandon tomaba los pequeños detalles, los segundos, absolutamente todo lo que tenía que ver con ella. Quizá era producto de ese sentimiento que cada vez, sentía más difícil controlar y de controlar. Esa obsesión que lo estaba llevando a cualquier punto insospechado, con tal de poder continuar con esa cercanía que ahora mismo le estaba brindando.

Sus labios estaban curvados en una sonrisa, apretando ligeramente esa mano que ella había tomado iniciativa propia por tomar y que a él le había gustado demasiado. Sabía que iba a reprenderlo y por ello, puso su mejor cara de inocente, esa que era capaz de engañar a cualquiera y que tan bien le servía para tantas situaciones. Tuvo que controlar sus ganas de reír a carcajadas con aquel comentario divertido de la joven, respecto a la nariz de una de esas doncellas, a la que cuando miró y observó como la estaban mirando, endureció la mirada. ¿Quién osaba dedicarle esa mirada? —Tampoco quiero a alguien que te mire como si fueras el enemigo. No merece mi atención alguien así— añadió, con ese deje de cariño, de protección que tenía para con ella. Le dedicó una mirada. La palabra “sobrinos”, le molestaba pues lo que él quería, era precisamente que fueran “hijos”, por ambas partes.

Ladeó su mirada ante su palabra y puso gesto de desaprobación. No por sus palabras, sino, por esa petición que le estaba pidiendo. ¿Cómo podía gustarle alguien cuando él ya había decidido a quien amar? Sin embargo, aunque quisiera pronunciar dicho pensamiento, tan sólo se le ocurrió camuflarlo con aquella invitación de baile. Quizá, podría empezar a entender esas pequeñas indirectas tan propias del que iba a ser el heredero de aquel reino. Pero ante su negación, la sonrisa se borró de su rostro y su ceño, se frunció ligeramente al tiempo que se incorporaba.

Eres más importante que todas ellas, Anne-Lise, deberías saberlo— contestó, en un tono audible solo para ellos. Eran las mismas palabras que su padre le llevaba diciendo durante muchos años. Más, estaba cansado de dichas normas, de dicho baile. Él no quería baile, no quería prometida. Él quería hacer las cosas a su manera, como siempre terminaba haciéndolo. ¿Por qué no podían repetir todos esos años en los que, ellos mismos, abrían el baile, siendo unos adolescentes o unos jóvenes que aún no pensaban en un futuro?

Brandon giró sobre él mismo, maldiciendo en su interior y con su rostro disimulado de alegría por la aparición de su padre. Observó como la joven Blanhard corría al encuentro y saludo con el rey. Caminó, hacia ellos y le hizo un gesto a su padre como saludo.

Padre— pronunció, como saludo.

No tardó mucho más, en sentir como la mano del hombre, lo agarraba de esa forma tan brusca para llevarlo frente a un duque con su hija. Más sonrisas falsas, más saludos obligados. Y, la mujer con la que debía abrir el baile, parecía estar elegida por, prácticamente, el rey.

Será un placer para mi, abrir el baile con vos. Os veis realmente preciosa— sus palabras, tan educadas, con ese tono por las que muchas suspiraban, provocaron la sonrisa de dicha mujer quien ofreció su mano y Brandon, tras depositar un beso en éste, caminó junto a ella para situarse en el lugar correspondiente.

Buscó con la mirada a su hermana, viendo que allí estaba, en completa soledad, sin nadie que... No, espera, ¿es aquel un joven duque que estaba acercándose a ella? Sí, le estaba hablando. También una reverencia. ¿Le estaba pidiendo bailar con él? Oh, no. Eso no le gustaba. Por lo que había escuchado, aquel hombre estaba en busca de una mujer con la que comprometerse. ¿Acaso estaba pensando en...?

¿Estáis bien, majestad?— preguntó la doncella, viendo el cambio de rostro del heredero.

“No te atrevas a hacerlo de nuevo, Anne-Lise. No te lo pemitiré.”



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Re: — Prisoner of love and desire.

Mensaje por Momo el Mar 3 Nov - 0:57


It can't be real
Brandon Pierce. Palacio. Noche.

En su fuero interno, la idea de que Brandon se estuviese exponiendo a los compromisos que la corona conllevaba sin desearlo no dejaba de atormentarla. Pues para ella y de forma irónica al ser menor que el mismo, él no era un rey o señor al que brindarle respeto y pleitesía, no era un aristócrata que debiese ser retratado e inmortalizado en leyenda en el salón de la fama de palacio; tan solo era Brandon, el pequeño Brandon con quien solía pasar las tardes jugando, montando a caballo o contándole historias en sus escapadas al lado. La joven Blanchard era, quizás, la única que no esperaba grandeza del chico, pues era capaz de ver a la persona bajo el renombre.

"—My lady..—" Una voz ronca, más grave que la de su hermano en funciones de labor hizo que Anne-Lise diese un ligero respingo, girando sus bucles caoba hacia la figura masculina que ahora le ofertaba una reverencia -la cual respondió de forma torpe y tardía al no esperarse una introducción tan temprana- . La mujer retoma la entereza tan pronto como le es posible, acompañando a su maltrecho gesto de una leve inclinación de cabeza y una sonrisa tímida. En su interior, la pérdida de su segundo pretendiente grita con una agónica voz en recuerdo de los rumores que comienzan a cernirse sobre tan bella e inocente figura, mas pronto son acallados con las cálidas y cariñosas palabras de su doncella.

Las presentaciones se llevan a cabo con cortesía, su padre da el visto bueno al barón y la pequeña Blanchard avanza hacia el centro del salón de baile ton la mano de su acompañante como soporte. Una liviana reverencia -bastante más acertada esta vez- y el baile da su comienzo oficial. Todas las parejas acuden tras de los segundos para unirse en un manto armónico de vestidos elevados por sinuosas piruetas, carcajadas que emanan de las jóvenes siendo cortejadas por lobos en pieles de cordero. —¿De Francia, decís?.— Sus cejas se elevan acompañadas por una tímida sonrisa al escuchar al Barón procedente de la comarca de donde su familia salió una vez hará muchos años. La complicidad es cada vez más elevada, hasta el nivel en el que ambos dos intercambian algunas frases en un francés oxidado y sus posteriores disculpas, las cuales consiguen encandilar al joven interesado en la muchacha a medida que sus pasos giran por todo el salón de baile.

Ella se siente bien, se siente bien por primera vez en mucho tiempo. Ríe con aquella cantarina voz que tan tenue se había llegado a apagar; gira, danza e ilumina el salón con las sonrisas que hace florecer, no solo en aquel interesado con el que ha descubierto, tiene más en común que simplemente su origen, sino también en su propio padre: quien mira casi enternecido como su pequeña flor de Lis, la pequeña Blanchard vuelve a hacer honra de la luz que un día desprendió.

Ajena al rostro de su propio hermano, ajena a todos los oscuros sentimientos que ella ignora, Anne-Lise baila unas cuantas canciones más con el hombre hasta que finalmente la banda se detiene para cambiar de músicos y así poder descansar un poco. ¿Era posible que por fin pudiese eliminar dichos rumores? ¿Incluso para ella misma? Sin separarse del lado de aquel galante francés, la muchacha se acercó con las mejillas levemente sonrosadas por el esfuerzo del baile a donde se encontraba ahora mismo la mujer con el rostro perdido y su hermano, a quien notó levemente apagado. —Hermano... majestad.— Inclinó un tanto su rostro, más por hacer la gracia que por la real necesidad de efectuar tal acción —Quería presentaros al barón de Laserre.— El hombre solo suelta su mano para hacer una solemne y diligente reverencia hacia Brandon —Ha venido al baile expresamente desde Alto Garona... ¿no es casualidad?.— Ambos intercambian una mirada divertida, pura, pero divertida. ¿Qué extraños acontecimientos iban a llevar a alguien de su comunidad natal a acudir a un baile en las islas inglesas? ¿Justo a alguien que había tratado con su misma familia?





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