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Reach out and touch faith

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Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Vie 18 Sep - 19:47

Reach out and touch faith
Beware the mirrors
1x1 | Sobrenatural | Actualidad | Marsella
La mayor muestra de inteligencia del Diablo ha sido hacer creer a la humanidad que no existe. Son pocas las personas que han entrado en contacto con demonios, y menos aún quienes lo han visto a él. Después de tales experiencias, los humanos no suelen salir bien parados. Y la ocultación de los seres del averno al conocimiento público sigue intacta.

Ellos habrían destruido el mundo, pero el Infierno se halla en una dimensión paralela que sólo pueden traspasar a través de los espejos cuando un alma humana está tan desesperada que sus gritos se ven como luces sobre el Estigia. Y cada voz llama a uno de ellos, sólo uno. No siempre acuden, son seres caprichosos y la longevidad les permite llegar a pasar décadas sin alimento. Pues cuando se devora un alma, se acumulan también los años que restaban de vida a esa persona.

Un nuevo grito sobre el Estigia ha brillado, reclamando la intervención de Azrael, el Ángel de la Muerte, Duque del Infierno y comandante de las sesenta legiones de demonios. Y si bien podría ignorarlo como tantos otros, teniendo todavía siglos de vida en su contador, ha traspasado el espejo.

Tras el mensaje dejado atrás por Azrael, escrito en la ceniza a las orillas del río de lava donde se queman las almas perdidas, condenadas y desechadas, sesenta legiones han puesto sus ojos en el Estigia, esperando a ser llamados para seguirle.

“Y el gran dragón fue lanzado fuera, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero había sido arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.”

Apocalipsis 12:09
Participantes

Azrael | Eones | Demonio | Tobias Sorensen | Necart
Información:
Un demonio sentado entre los señores del Infierno, de los primeros ángeles expulsados del Paraíso tras Luzbel. Con el título de Duque, comanda sesenta legiones de demonios y es también conocido como el Ángel de la Muerte por su frenética actividad siglos atrás.

Tiene más de cuatrocientos años restantes de vida por todas las almas devoradas entre los siglos I y VII D.C. por lo que ha observado a la humanidad a distancia, con excepcionales incursiones personales, en los últimos tiempos.

En general, los humanos le desencantan desde que se han vuelto lo que ellos llaman "civilizados".

Su aspecto original es el de un reptil antropomórfico de casi dos metros y medio de alto y constitución esbelta. Sus ojos son amarillos de pupila rasgada y sus escamas negras con reflejos en azul eléctrico o púrpura según las zonas. En lo alto de su espalda pueden verse los muñones de las alas emplumadas que una vez tuvo. Para mezclarse con los humanos, puede tomar la forma que desee.

Sus poderes más desarrollados pertenecen al terreno de la persuasión y el ilusionismo sensorial, siendo también afín al fuego por su condición de demonio y al viento por su naturaleza de ángel. Además, tiene nociones de sanación en seres vivos inferiores (humanos, animales, plantas), es capaz de poseer a seres humanos y animales aunque no le agrade, puede comunicarse telepáticamente con cualquier otro demonio que se encuentre en su misma dimensión y es capaz de acceder a los recuerdos visuales de cualquier humano al que toque, pero no a los pensamientos ni al sonido, olores o gustos asociados a las memorias que sí puede ver.

Al tratarse de seres celestiales en su concepción, todos los demonios tienen acceso a la totalidad del conocimiento humano. Eso implica que, por ejemplo, en el caso de las lenguas modernas tengan la misma facilidad para aprender a utilizarlas que un humano en aprender una nueva canción después de escucharla varias veces.

Sólo en los círculos más altos del Infierno es conocida la misión que el Diablo le ha encomendado recientemente. Tras de sí, al abandonar el Infierno, dejó escrito en la orilla del río de lava Estigia, donde se queman las almas perdidas, condenadas y desechadas, un versículo del Apocalipsis:

“Y el gran dragón fue lanzado fuera, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero había sido arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” Apocalipsis 12:09

Sara Briand | 28 | Fotógrafa | Marine Vacth | Adra
Información:
Sara siempre fue una persona de lo más alegre y jovial, siempre risueña y buena amiga de sus amigos. Nacida en la bonita ciudad de Marsella, en una familia de clase media, estudió sacando buenas notas, y al finalizar sus estudios se dedicó a su gran pasión, la fotografía.
Ella y su hermana menor siempre se llevaron de lo más bien, compartiendo confidencias y secretos. Ana, admiraba a su hermana mayor por encima de cualquier cosa y siempre se lo hacía saber escuchándola, ayudándola con todo lo que podía, incluso al final Sara tuvo que contratarla como ayudante en su trabajo como fotógrafa.

Pero hace unos meses Sara cometió el peor error de su vida, o al menos eso creía entonces, conduciendo cuando a penas había dormido la noche anterior. Se dirigía a un trabajo, y junto a ella, su hermana menor dormía en el asiento del copiloto, la música ambiental llenaba el automóvil de una gran calma y paz, paz que acabaría bruscamente cuando la feroz bocina de un camión, despertó a Sara que sin darse cuenta había caído en un sueño profundo, haciéndole perder por completo el control del vehiculo, el cual fue directo a un despeñadero sin que ella pudiera hacer nada para evitar la caída, que, lamentablemente dejó a Ana en un estado vegetativo en el que llevaba sumida desde entonces.

Desde aquel día, Sara no volvió a ser la misma, el tiempo que permaneció en el hospital recuperándose de sus propias heridas le dejo demasiado tiempo para crear y aumentar el sentimiento de culpabilidad, sintiéndose cada día más como una vulgar asesina, implorando cada día y cada noche de insomnio para que su hermana volviera, para que despertara de aquel profundo sueño, poder retroceder en el tiempo y evitar que aquel fatídico día llegase a ocurrir jamás, pero ¿a caso cualquiera de esos deseos era posible? ¿Quién podría obrar tal milagro?...
Cronología
▮▮▮ 1.


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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Dom 20 Sep - 12:00

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Apartamento | 23.45

El día había sido duro, otro más para añadir a su lista…

Había vuelto al trabajo por primera vez después del accidente, una sesión con dos modelos escandalosamente altas mostrando unas ostentosas joyas doradas y llenas de escarchadas piedras, que en conjunto con los focos llegaron a causar que tuviera que cerrar los ojos deslumbrada por tanto brillo. Sara siempre había sido una persona más discreta, los pendientes que lucía eran pequeños, con una diminuta perla rodeada de un fino hilo plateado en forma de flor, herencia de su abuela materna, las que solo se quitaba para eventos poco frecuentes en su tranquila vida, tales como bodas, bautizos y demás, o simplemente salidas nocturnas con sus cada vez más escasas amistades, que requerían de algo más vistoso. Una pulsera de plata que mal combinaba con una hecha de hilos que lucía igual a su hermana menor, que compraron juntas en una divertida noche de feria en la capital francesa. Un reloj viejo con la correa desgastada por el paso de los años, y finalmente un anillo con un delfín tallado en el dedo meñique.
La sesión, a pesar de durar menos de lo previsto, se le hizo eterna, quería acabar pronto para poder pasarse por el hospital antes de volver a casa.

En la habitación de su hermana en el centro hospitalario las cosas fueron a peor, allí estaba su madre, con la que intentaban, de una manera sin saber muy bien si voluntaria o involuntariamente, evitarse desde su última pelea, en la que claramente la acusó de haber matado a su otra hija, y eso que, aun estando solo en estado de coma, seguía viva. Por suerte su padre no estaba reaccionando igual con toda aquella situación, pero esa tarde él no estaba ahí para interceder en favor de ella, así que su visita diaria a Ana no duró más que unos pocos minutos, antes de marcharse a su casa para intentar descansar un poco.

Abrió la puerta y entró, sin dejar siquiera la chaqueta fue directa al interior, donde en un exhausto gesto apoyó ambos brazos sobre la isla que ocupaba el espacio libre entre la cocina y el salón de su apartamento, cubriéndose la cara con ambas manos, mientras un pesado suspiro escapaba de su interior. Las imágenes del accidente, de su hermana postrada en esa fría cama de hospital, del gesto de acusación de su madre al mirarla desde que Ana estaba en coma,… se mezclaban velozmente en su cabeza de tal manera que no sabía cómo, sino borrarlas, apartarlas para poder vivir un rato de tranquilidad. Las manos comenzaron a hacer fuerza el sus sienes y su respiración se agitaba por momentos, estallando finalmente en un ataque de rabia que la hizo lanzar gritos y lágrimas desde lo más profundo de su interior. El ruido se hizo presente en el piso cuando en un arrebato, tiró al suelo con un fuerte movimiento de ambos brazos, todo lo que había sobre la encimera, incluido un jarrón lleno de agua con tres lirios blancos bebiendo de ella. Y no bastándole con eso, el destrozo continuó por el resto del salón. Figuras decorativas, cojines, copas, el reloj de pared, los cuadros… todo iba volando y cayendo por todos lados, y en su interior en vez de la paz, más parecía aumentar cada vez más la rabia y frustración, hasta que finalmente ella misma cayó al suelo en un desequilibro de su cuerpo que parecía reflejar el mismo que ocupaba su mente en ese instante.

Entre los restos de aquella batalla con ella misma, su cuerpo permanecía sentado en una esquina del salón, ya más tranquilo en cuanto a movimientos, aunque no en llanto. Alzó la cabeza lentamente cuando justo su mirada se topó con sus propios ojos reflejados en el espejo que colgaba de una pared, y que se había librado milagrosa y desafortunadamente para ella de aquel mar de destrucción, porque la mirada acusatoria que tenía frente a ella misma fue peor que la que tanto le dedicaba su madre, y junto a la cicatriz que dejaba el recuerdo marcado en su frente, la horrorizaron de tal manera que casi instintivamente su mano con la palma abierta se pegó al cristal del espejo ocultando de su propia visión el reflejo de su rostro.




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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Dom 20 Sep - 16:37

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS | 23.45
Las hogueras colmadas de azufre arrancaron destellos azules y púpuras de las escamas de Azrael mientras descendía del monte Gólgota, sobre el que el Diablo congregaba a su corte. Las afiladas garras curvas de sus pies, de aspecto perlino pero duras como el diamante, se clavaban en los mismos guijarros chamuscados que sentía incrustándose en las dobleces de sus pies.

Pese a su enorme tamaño y a su silueta reptiliana, Azrael mantenía el garbo al caminar, logrando despertar a menudo miradas curiosas de sus congéneres. Pese a que todos sabían que le restaban años y años por delante sin necesidad de alimentarse de almas, varias profecías del averno lo señalaban como quien iniciaría el resurgimiento.

Caminó entre llamas y rescoldos hasta la ribera del Estigia. El río de lava serpenteaba sinuoso por todo el infierno, donde el cielo era tan negro como el alma de los demonios que habitaban bajo el mismo, así que en realidad parecía una cúpula muy alta. No había sol o estrellas, ni días ni noche. Todo era oscuridad salvo por las hogueras con su danzarín y constante crepitar, su eterno olor a azufre y tanto calor que ningún otro ser podría sobrevivir más de un par de minutos allí.

El tacto de las cenizas que rodeaban el río le resultó mucho más agradable en sus pies. Constantemente, se habían focos de luz que tal parecerían caminos hacia la iluminación. En los haces, podían verse retazos de las vidas de quienes, aún sin saberlo, les llamaban. Duraban minutos, y antes de producirse, un alarido nacido de la nada y que solo retumbaba en los tímpanos de su receptor, le indicaba que para él era aquella convocatoria.

Azrael había estado décadas ignorando a los humanos que le necesitaban, desencantado tanto con ellos como con la larga batalla que el Diablo tenía jurada al Todopoderoso. Pese a no considerarla su guerra, Azrael era leal a Luzbel al igual que el primer día. Sus discrepancias quedaban siempre en privado. Alargó su pierna y con la garra de uno de sus piés escribió sobre la ceniza. En el infierno no existían las corrientes de aire, las causas naturales no lo borrarían. Pronto, cientos de demonios se acercaron como autómatas, como si una fuerza sobrenatural los arrastrase hacia donde estaba su comandante.

Cuando terminó de escribir, entre el burbujeante sonido de la lava incandescente del Estigia, escuchó su nombre. Fuerte y claro. Con lentitud, giró el rostro para observar el neonato haz de luz de color blanquecino. En él, imágenes de una mujer, una cámara fotográfica rota, un accidente de tráfico y una cría entubada se mostraron.

A medida que el resto de demonios rodeaban la escritura, leyeron, comprendieron, y se apostaron a las orillas del Estigia. Pacientes, sabedores de qué debían hacer. Azrael se giró, y los congéneres que lo rodeaban abrieron un pasillo que le permitió llegar a la lava. Sintió el abrasador calor viscoso rodearlo, así como las manos de todas las almas condenadas buscando en él la redención, cuando se sumergió. Al llegar a la base de su haz de luz, un destello cegó el averno llevándoselo al mundo de los vivos.

Eligió la apariencia de Héctor de Troya, por lo que cuando su rostro apareció en el reflejo del espejo que la chica miraba y tapaba en parte con una mano, lo que la chica vio fue a un hombre moreno, de facciones marcadas, con dos cicatrices notorias en la mejilla y cuerpo estilizado. Cuando abrió los párpados, aún en el reflejo, la miró como si pudiera escrutar su alma.

Sin movimientos bruscos, su mano emergió del espejo para tomar con fuerza la muñeca de la chica y, una vez la hubo atrapado, todo su cuerpo le siguió fuera del vidrio. Vestía unos vaqueros negros, una camisa del mismo color, y su estatura superaba a la de la chica. Todavía podía olerse el remanente a azufre.

Sara — pronunció su nombre paladeándolo, tal como suelen hacerlo los amantes más entregados. Azrael expresaba una tranquilidad acorde a su naturaleza sobrehumana, una de esas que tienden a contagiarse. No le soltó la mano cuando ojeó el desastre reinante en la habitación —. Me has llamado — no era una pregunta. Había aprendido francés en época de Luis XVI.

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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Lun 21 Sep - 16:50

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Apartamento | 23.45

Sus ojos aun húmedos por las lágrimas derramadas parpadearon varias veces al ver de nuevo su reflejo en el espejo, aunque la nebulosidad en los que éstos estaban sumidos le estaba jugando una mala pasada al confundir su propio rostro con el de un hombre. Un hombre moreno, de piel terrosa, oscura tal vez, parecía incluso que su alucinación lucía un par de cicatrices al igual que la que ella tenía, aunque las de la extraña figura eran más grandes y profundas, cerradas por completo, no como la de ella que aun parecía una herida apenas acabada de sanar. Alejó ligeramente su cuerpo de la visión, como si así pudiera enfocar más la vista y volver a verse a ella misma, pero nada ocurrió. Aquellos ojos oscuros estaban fijos en ella y viceversa, pero ambos no indicaban las mismas emociones ni sentimientos, los de él era seguros, firmes, parecían imperturbables y habidos de algo que no era capaz de identificar, mientras que los de ella eran todo confusión, inseguridad, disparaban dudas y  preguntas por todas partes. ¿Qué era aquella visión? ¿Por qué estaba viendo a aquel desconocido y no lo que debería estar viendo, que era su propia cara?

Empezó a asustarse cuando pasado quizás más de un minuto, aquella forma no desaparecía, suspiro entrecortadamente y se decidió a apartar la vista de aquella hipnótica mirada, despegar la mano del espejo y levantarse, pero no pudo hacer más que intentar ponerse en pie cuando sintió el calor de una mano envolver su muñeca, lo que la hizo casi saltar para acabar de incorporarse, quería gritar pero la visión que tenía frente a sus ojos enmudeció su garganta, una mano sin dueño aparente salía del espejo, era áspera a la vez que suave, firme, fuerte, caliente, muy caliente, como si de una hoguera acabaran de sacarla. Y el hombre, aquel hombre seguía allí, frente a ella. Siguió la mano hacia el brazo, el hombro, el cuello, para ver finalmente que era él mismo el dueño de aquella extremidad que la retenía frente a él.

Y entonces la oscura imagen empezó a emanar del interior del espejo, la figura del hombre se materializaba poco a poco frente a ella sin soltar la muñeca de la atónita mujer. Los ojos de Sara estaban tan abiertos que se podría decir aquello de que a punto estaban de salirse de sus órbitas, y tan solo podía aspirar aire, viéndose incapaz de soltarlo luego en ningún sonido inteligible. Aquel hombre acababa de salir del espejo, era real, no era una alucinación… Nunca se había considerado ni creyente ni atea en ninguno de los aspectos de las creencias, ya fueran de ámbito religioso o sobrenatural, pero en aquel momento todas sus convicciones estaban peleando para verse vencedoras en aquella lucha entre lo real y lo imaginario, entre lo cuerdo y lo demente, pero como no iba a creer en aquello que ella misma estaba viendo y sintiendo en su piel.

El miedo y el asombro la mantenían en una posición estática frente al hombre, solo el temblor inconsciente que comenzó a recorrer todo su cuerpo hacía que se percibiera el movimiento a su alrededor. Con todas las fuerzas de las que disponía intentó zafarse de aquel agarre, pero todo el empeño que puso en ello fue inútil, aunque no parecía que el hombre hiciera ningún esfuerzo por retener la muñeca envuelta por su mano, fue imposible liberarse. La fuerza de Sara cesó de inmediato al oír su nombre en boca del desconocido, que además, afirmó que ella misma había sido quien le había llamado, pero ¿Cómo iba ella a llamarle si no sabía ni quién era? - ¿Q-que…no… - Entrelazó ambas palabras formando una sola, y aunque solo fuera un susurro estaba segura de que el hombre lo oyó sin ninguna dificultad. – Yo no… - consiguió que volviera a salir el leve sonido de sus labios mientras su cabeza negaba aunque con lentitud una y otra vez para dar más contundencia a sus confusas palabras.- ¿Quién… - sin apenas parpadear cambió el principio de aquella pregunta. - ¿Qué eres?... – Ni ella misma podía comprender como seguía allí de pie, frente a él, sin ponerse a gritar y patalear para liberarse y salir de allí huyendo, cuando en su interior estaba muerta de miedo. – Ve-vete de aquí. - Intentó parecer firme en sus palabras ayudándolas con un nuevo tirón de su brazo hacia abajo con contundencia lo que de alguna manera la envalentonó. - ¡Sal de mi casa! - Esta vez gritó exigiéndoselo con más firmeza.




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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Mar 22 Sep - 21:42

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS | 23.45
Es difícil explicar, a quien no es su predador, cómo son las almas. Livianas y danzarinas como el fuego, invisibles como el aire pero cada una con tantos matices diferenciadores como el rostro de una persona. Y con su propio sabor, que es posiblemente lo más característico. No es un gusto que los demonios, en cualquiera de sus formas, deban llevar a su lengua para conocer. Pueden sentirlo, al igual que cualquiera tiene la sensación de estar paladeando un plato aromático.

La de Sara tenía un sabor dulce, jugoso como una fruta madura que bastaría apretar con ternura para reventar. Azrael lo notó con claridad en cuanto su cuerpo abandonó el espejo para adentrarse en la habitación, manteniendo todavía la muñeca de la chica agarrada.

Había esperado al otro lado del vidrio el tiempo suficiente como para dejarla reaccionar y convencerse de que lo que veía era real. Antes de que escapara la había agarrado y ya en la habitación desordenada siguió cediéndole tiempo. Algo que a todo ser eterno le sobra.

Conocía el espectáculo que tenía lugar ante sus ojos, Sara pasaba por todas las fases hasta la aceptación de lo que ocurría. Sin embargo, al Ángel de la Muerte seguía resultándole fascinante la capacidad de sorprenderse del ser humano. Seguramente, tenía mucho que ver con lo efímeros que eran, lo poco que podían ver en sus cortas vidas, y la ignorancia que los rodeaba en torno a muchas cosas.

Mediante el tacto se sumergió en sus memorias, mirándola a los ojos como si lo lograra asomándose a estos y no porque sus pieles estaban en contacto. Ella no se daría cuenta, no notaría nada distinto, pero Azrael encontró la misma habitación de hospital que había visto en su llamada sobre el estigia. Anodina, diáfana, con una niña de mal aspecto yaciendo inerte y a la que unas máquinas que él no conocía parecían anclar a la vida.

Con la inconstancia de todo príncipe, a Azrael se le acabó repentinamente la paciencia y pronunció el nombre de la siguiente alma de su repertorio, seguido del motivo de su presencia. Sara balbuceó negativas, preguntas que hallaron poco más que impasibilidad.

La solución a tus problemas, Sara — volvió a pronunciar su nombre, quería que no olvidase en ningún momento que se dirigía a ella específicamente. Que todo aquello no era aleatorio. Era el modo de comenzar a establecer la jerarquía entre ambos. Sonrió artero cuando la escuchó echarle, tirando de la mano que no dejó ir —. No puedo — respondió con la rotundidad que a ella le había faltado. Rió a continuación — ¿Tu casa? No estamos en tu casa, Sara.

Fue como si el mundo girase de repente hasta que todo se desdibujó alrededor de ambos. Cuando el entorno deceleró, Marsella se extendía ante ellos vista desde uno de los tejados de Notre Dame de La Garde. Soplaba una suave brisa con olor salino desde el Mediterráneo, era por la noche y no había mucha gente por aquella zona. Azrael dedicó a la chica una mirada expresiva y la soltó para caminar hasta el borde. Ella misma podría hacerlo si quería, verlo todo, tocarlo, olerlo, hasta lamerlo si quería cerciorarse de que era real. Los sentidos no la engañarían ¿verdad? La suela de las botas militares que el demonio llevaba juguetearon con el borde del tejado, sin temen en absoluto la gravedad.

Háblame de ella — pidió, y su voz sonó tan tranquila como si no supiera lo mucho que se estaba entrometiendo. Miró a Sara, sus ojos oscuros se clavaron con intensidad en la chica, como garras. Miraba al punto exacto donde se unían sus clavículas, el luegar donde el alma arraiga con más fuerza. Alzó la vista hasta sus ojos —. La niña en la cama de hospital.

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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Miér 23 Sep - 17:15

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Apartamento | 23.45

Su mirada no se apartaba de ella ni por un solo segundo, dejando claro alguna especie de escalafón del que ella era desconocedora por completo, al igual que la manera en la que pronunciaba su nombre una y otra vez la hacía estremecer, no solo el hecho de que lo supiera mientras que ella no sabía ni quien era ni de donde había salido, no, era algo distinto, la manera en como lo decía, como se deleitaba con él, era como si él mismo se lo hubiera dado, y no sus padres, como si le perteneciera. Y aún más desconcertada se quedó cuando se presentó de aquella arrogante manera. Ni un nombre, ni una amenaza, solo aquella frase como si del más puro salvador se tratase. Ni una sola palabra salió de la garganta de la muchacha, solo dejó el forcejeo como muestra de incredulidad. Pero poco duraría la sensación de no creer, él mismo se encargaría de darle la lección de que en aquel momento todo lo que hasta entonces había creído se podía desvanecer en un parpadeo.

Si antes creía saber el significado de quedarse atónita, justo en aquel momento desapareció de su diccionario interior. El haber visto a un hombre salir de su espejo era ahora una mera curiosidad al verse en la cima de la gran basílica de la ciudad de Marsella. La sensación de un fuerte viento circular que la rodeaba que en un primer instante sintió, y los borrones que acompañaban aquel torbellino de aire, ahora era tan solo una suave brisa con sabor a sal, y unas maravillosas vistas a su ciudad natal.

A penas se percató que el hombre la había liberado de su mano, todos sus sentidos estaban ahora orientados a comprender todo aquello. - Notre Dame de La Garde… Oh mon Dieu… - se dijo a sí misma como para recalcarle a su cerebro que sí, que lo que estaba percibiendo era real, estaba allí, de pie, en uno de los tejados de la gran construcción religiosa que tantas y tantas veces había visto, por fuera más que por dentro, pero lo que jamás se hubiera imaginado llegar a ver, y menos a estar en él, era en el exterior de su interior. No sabía cuantos minutos mantuvo en aquel estado de perplejidad, ¿uno, dos, quince, una vida?...

Casi al instante de recobrar la sensatez, aunque solo ligeramente debido a las circunstancias que estaban rodeando toda aquella noche, se movió con mucha lentitud y cuidado hacia uno de los extremos del tejado, y no precisamente hacia donde él había ido y donde tan cómodo se le veía como si hiciera aquello cada día, o si más no, cada vez que simplemente le apetecía, no, ella caminó de lado cual cangrejo hasta llegar a un muro y apoyarse en él, temerosa en todo momento de resbalar y caer al vacío, aunque por supuesto, un muro recto no le sería de gran ayuda en ese caso, era mejor que danzar por los tejados libremente y sin el temor que se merecía aquella nada despreciable altura.

Solo al oír de nuevo la varonil voz de aquel ser la hizo apartar la vista del lejano suelo para fijarla de nuevo en él, en él y en su incomprensible tranquilidad. No pudo responder en seguida, parecía que aquella noche todo le estaba costando más de asimilar, sin embargo, su mente iba veloz como jamás la había sentido, barajando miles de opciones en su desconcertado sentido común, de explicaciones coherentes para todo aquello que estaba viviendo. ¿Pero cómo se podía pensar en algo sensato cunado nada de lo que estaba ocurriendo lo era?

Era tal la conmoción que ni siquiera se sorprendió de la pregunta. - E-es Ana – descansó un instante como si se hubiera cansado con tan solo pronunciar esas dos palabras. – Mi hermana. Está en coma… - su boca se abrió para añadir un “por mi culpa”, pero se quedó en solo un movimiento para soltar el aire que había en su boca para luego apartar la mirada de nuevo hacia la maravillosa vista que les rodeaba.

Y entonces se percató de la pregunta, ¿también conocía a Ana? Le observó de nuevo siguiendo con sus especulaciones y teorías mentales, y esa vez hallaron respuesta de ella misma, ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Todo empezaba a verse más lógico en su agitada cabeza. La solución a tus problemas....Eso había dicho, pero, aquello no podía ser verdad, ¿ella? ¿Ella era merecedora de algo así? Era poco probable, más bien del todo imposible, aunque puede que Ana si, sí, eso tenía que ser, él estaba ahí por su hermana, no por ella, y entonces si no pudo contener más su lengua. – ¿Eres… Eres un ángel, verdad?- Así sin más salió de lo más interior de su ser, sabía que aquello era imposible, los ángeles no existían, no al menos en la tierra, que si acaso había un edén, un paraíso, o lo que fuera lo que la muerte ocultaba a los mortales, estarían allí, guardados, esperando la llegada de los humanos en su final, pero… ¿Dentro de un espejo? ¿Viajando en el espacio hasta la basílica de la ciudad?,… Pero justamente al encontrarse allí le hizo despertar la idea del ser alado que tanto anunciaban las paredes, techos y esculturas de aquel edificio, ¿Por qué si no la había traído a aquel lugar?



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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Sáb 26 Sep - 9:10

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS | 23.45
Después de soltar a Sara, Azrael le dejó el mismo tiempo de cortesía que le permitieron sus caprichos. Fue un instante de quietud azotado por el viento e iluminado por los focos cálidos que iluminaban la construcción. Cuando la chica buscó una posición que le aportase seguridad, el Ángel de la Muerte paseó con equilibrio felino sobre el borde. Tenía la mente en blanco, era un estratega moviendo sus piezas y la dosis de paciencia con la que contaba lo regía todo.

No le interesaban las bonitas vistas, no le interesaba el interior de la basílica donde por su condición de antítesis divina tenía prohibida la entrada… En realidad, gracias a su ilusionismo sensorial, podría recrear aquel espacio en cualquier otro lugar y nadie hallaría la diferencia con estar dentro. Sin embargo, Azrael era orgulloso y si no lo querían en un sitio menos quería él ir allá. Llevaba toda una eternidad siendo venerado, llamado, invocado, adorado y necesitado. El Todopoderoso podía refocilarse en su anodino Elíseo todo lo que quisiera. El demonio no lo echaba en absoluto de menos.

Cuando consideró que la chica se había relajado un poco, preguntó por el motivo que le había permitido llegar a la dimensión terrenal. Ana, como la profetisa madre de Samuel pensó, y en un gesto de lo más humano la comisura de sus labios se tensó conformando una suave sonrisa críptica. El alma de Sara vibró esparciendo su esencia cuando reconoció que su hermana estaba en coma. Fue como cuando se agita un arbusto de ruda, el intenso aroma pasó a envolverlo todo por un momento. El demonio entrecerró los ojos, pensativo, pero no estaba mirando a Sara.

Culpabilidad — interpretó el pálpito del alma en un murmullo que pareció esconderse entre el viento. Rió ante la pregunta de si era un ángel. No tienes ni idea. Fue una carcajada honesta, fuerte, que chirriaba si se contraponía a la afilada mirada que le dedicó. Porque la miraba como un depredador taimado, como si pudiera ver ese alma invisible que, no obstante, se dejaba percibir con claridad por el resto de sentidos —. Muchos me llamáis así — reconoció. Que fuera cierto solo le daba un regusto divertido —. Tan solo soy lo que soy, pues alguien debe serlo — señaló, reacio a mostrar aún todas sus cartas.

Podría haber evocado unas alas, hacer que ella viera emerger entonces de su espalda los apéndices emplumados que él mismo se había cortado milenios atrás. Blancos, negros… Incluso cartilaginosos como las de un murciélago de haber querido. Sin embargo, la eternidad lo había dotado de sofisticación y sutilidad. Sara no necesitaba más que mirar a su alrededor para percatarse de su naturaleza sobrenatural, aunque en realidad era tan solo una ilusión.

No se habían movido del salón de su casa aunque Azrael estuviera mandándole a todos sus sentidos información equívoca que la hacía creer estar en la cúpula de una basílica. Y pese a ser una ilusión, estaba seguro que pocas experiencias tan reales había vivido Sara en su corta existencia.

Puedo traer a tu hermana de vuelta — indicó con serenidad apabullante. No fue pregunta, no fue aseveración… Utilizó el mismo tono que un humano para comentar que el sol sale cada mañana —. Pero depende de ti, Sara. De cuánto lo deseas, de cuánto estás dispuesta a sacrificarte en contraprestación — inspiró, dejando que sus pulmones de forma humana se llenasen de aquel aire que no era real —. Existe un equilibrio que no debe romperse.

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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Dom 27 Sep - 18:31

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Notre Dame de La Garde | 00.00

Cuando le habló de su hermana, él sonrió por un momento en un extraño gesto que Sara no comprendió, ¿a caso se estaba burlando de la complicada situación de la niña? No, ni siquiera había mencionado aun que se encontraba en coma, sin embargo no le creó una gran confianza en aquel extraño hombre que tan de cabeza la estaba llevando. Seguía estudiando cada expresión, cada movimiento, cada mueca o actitud en el insólito personaje que tan gracilmente se movía por aquel tejado, mientras la curiosidad se entrelazaba con el miedo haciendo que sus propios sentimientos le resultaran del todo confusos.

Culpabilidad… o eso es lo que ella creyó oír salir de los labios de su acompañante en aquella surrealista noche, más no quiso hacer ningún comentario al respecto, quizás porqué si realmente había pronunciado aquella palabra, acabaría haciendo que se desmoronara en la azotea de aquel edificio ante un desconocido al que no deseaba mostrar sus más profundos pensamientos, por mucho que le hubiera contado lo de su hermana, cosa que aun no se acababa de explicar el motivo por el cual lo hizo, quizás la seguridad en si mismo de la que hacía gala le llegaba a ella en forma de una rara confianza que le decía que no intentaba hacer daño a la pequeña, no lo sabía, todo aquello era un cúmulo de preguntas a las que por muchas vueltas que diera no parecían hallar respuesta alguna.

Aquella carcajada con la que acompañó la respuesta, o la mirada casi despiadada que le dedicó, y que por poco hace retroceder a la castaña, deberían haberle dado alguna pista o indicio de que lo que tenía frente a ella no era un ángel, y mucho menos la especie de ángel que ella había imaginado durante su niñez, o incluso en algún sueño o fantasía en la edad adulta, pero seguramente su deseo interior de que aquello fuera posible y sobretodo cierto, hicieron que tomara por afirmativa la respuesta del ser.

Sintió desaparecer toda aquella incomodidad en su interior ante la afirmación que hizo, así, sin más, como si no tuviera importancia, cuando le estaba diciendo que podía hacer que su vida volviera a tener sentido. Pudo sentir como sus ojos empezaban a humedecerse, no por miedo, no por no entender nada de lo que ocurría si no por aquella especie de promesa implícita en sus palabras. Tapó lo más disimuladamente que pudo con varios dedos sus labios, que estaban apretados en un intento de frenar el llanto emocionado que la estaban haciendo flotar de alegría. - ¿D-de verdad? – preguntó casi en un susurro mientras cada vez podía ocultar menos la curvatura de sus labios que empezaban a ascender en un amago de sonrisa, mientras una pequeña lágrima saltó de su ojo sin que Sara pudiera hacer nada para controlarla. - ¿De mí? – preguntó con sorpresa mientras secaba rápidamente la humedad de su mejilla. Sus ojos se abrieron incrédula ante lo que él estaba diciendo, ¿deseo, sacrificio? Haría lo que fuera por ella y con esas mismas palabras se lo hizo saber al supuesto ángel, aunque justo después entendiera, o al menos creyó hacerlo, su última frase. – El equilibrio… - murmuró pensativa casi para si misma rondando algo en su cabeza – entiendo. – Asintió lentamente, mientras su mente aun asumía lo que ese equilibrio podría suponer para ella.– Si ella vive, yo debo morir, es eso, ¿verdad? - Suspiró profundamente antes de volver a hablar. – No importa, lo haré si con ello mi familia puede recuperarla. – afirmó con total convencimiento de sus palabras. - Pero… - añadió esa última palabra mostrándose más insegura de ella y de lo que iba a pedirle a continuación. - ¿Podría antes despedirme de ella? – en la mente de Sara se había formado toda una historia, lo que a ella le estaba pareciendo una petición “más o menos coherente” dentro de la rareza milagrosa de todo aquello, y por tanto daba por sentado que eso era lo que él le estaba diciendo.  Aun encontrándose en el lugar que estaba y habiendo visto y vivido todo lo de aquella noche, la chica seguía siendo ella misma, y seguía anclada en aquella costumbre suya tan arraigada de “si una cosa es lógica, tiene que ser de aquella manera.”, sin esperar siquiera a que alguien se lo confirmara.





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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Mar 29 Sep - 8:32

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS | 23.45
De todas las reacciones típicamente humanas, posiblemente el llanto era la que Azrael más despreciaba. ¿Acaso no se daban cuenta los efímeros de la inutilidad de tal acto? Las lágrimas estropeaban su vista, afeaban sus rasgos, no tenían un sentido biológico. Él no llegaba a comprender que saciaran cualquier necesidad. Así que al ver los ojos de Sara impregnarse de lágrimas, llevó la vista hacia los tejados de la ciudad.

Asintió tranquilo ante la petición de que confirmara si hablaba en serio. El escepticismo, en cambio, aunque aquella muestra del mismo fuese auspiciada por la inercia, sí le parecía una virtud. Y otra vez cuando, después de poner sobre la mesa la necesidad de un pacto, ella pareció comprender por un instante. Azrael se sentó al borde del tejado, de espaldas a la chica que sacaba conclusiones erradas. No le respondió hasta que dejó de hablar, pues los humanos tendían a extenderse de forma molesta cuando creían entender algo que, él sabía, escapaba a su comprensión. Casi pudo saborear las ansias de sacrificio de la chica, aquel alma inquieta con fuertes y claros deseos que esparcía su aroma que él percibía en una sinestesia gustativa.

Ana no está muerta — sentenció, esperando demostrar con aquella sencilla frase lo errado de toda su tesis —. La despedida, pues, carece de sentido— como si algo hubiera captado su atención, su cabeza se movió permitiendo que sus ojos oscuros siguieran el haz de algo en silencio.

Los demonios son capaces de ver un destello blanco cuando uno de los suyos cruza un espejo cerca de donde se encuentran. Ensimismado, abstraído, sus ojos sonrieron mientras sus labios se mantenían inmóviles.

Si su estado termina con su vida, su alma habrá sido condenada al limbo junto a los Patriarcas anteriores a la resurrección, los no sacramentados, los no nacidos. Un tránsito lento que ya ha comenzado. Reversible pero… — se tumbó hacia atrás. Sus piernas seguían colgando del borde, pero su espalda quedó sobre el tejado. Colocó la cabeza sobre sus propias manos entrelazadas y forzando las cervicales miró a la chica desde una perspectiva que inspiraba en todo ser la deformación de los rasgos ajenos —. Solo la partida un alma paga el regreso de otra.

Suspiró fijando entonces su vista en el en cielo despejado. En las ilusiones generadas por Azrael, las estrellas siempre eran un poco más blancas de lo normal, y la noche un poco más negra. Le gustaba el contraste. También eran frecuentes las ráfagas de viento que traían consigo un tenue aroma a almendras dulces. Era el olor que desprendían los cadáveres por cianuro, y el cianuro era con mucho el veneno más recurrido por su lista de almas robadas.

No debes precipitarte — indicó, en un alarde de seguridad. Los demonios que engatusaban a base de palabras equívocas siempre le habían parecido de tosco proceder. El Ángel de la Muerte prefería que los efímeros se autoconvencieran y sugestionasen a sí mismos sobre lo que iban a hacer. Jamás demostraba excesivo interés aunque, tal como era el caso, lo tuviera —. La extracción del alma de un viviente es un proceso largo, paulatino, y que nos unirá durante un “largo” — sintió el impulso de reír al emplear aquel término. Para él una vida humana duraba un suspiro. Tan solo realizó una pausa en su discurso — periodo de tiempo. Y las consecuencias del cambio… Deberías interesarte por eso.

Era un demonio, el pacto no sería justo y Sara jamás tendría toda la información. Sin embargo, Azrael entendía la psique humana lo suficiente como para intentar crear una supuesta equidad a la hora de negociar. Cuanto más supiera ella, cuando más creciera su intención de sacrificio, más idónea sería para los planes del Señor del Infierno.

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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Mar 29 Sep - 14:52

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Notre Dame de La Garde | 00.00

El movimiento afirmativo que le dedicó despertó en ella todo tipo de esperanzas, ilusiones, sueños que aun veía imposibles en su angustiada mente, una salida a todo aquello, una solución, pero, ¿sería ésta real? ¿Podía realmente obrar el milagro aquel extraño ángel? Que más podía hacer sino confiar en que así fuera.

Sara tuvo que refrenar su instinto protector, que tanto usaba con Ana, para no salir corriendo para apartar a aquel hombre del borde del tejado, por suerte no hizo más que un amago de movimiento y se frenó en seguida, dando gracias a que él no la habría visto al estar ya de espaldas a ella. Por suerte tampoco parecía necesitar ningún tipo de ayuda ni auxilio, casi más era ella la que necesitaba ser rescatada aun estando tan lejos del borde y aferrada a aquella pared.

Sus palabras eran un tanto difíciles de comprender, no hablaba como cualquier persona de la calle, sus frases eran un tanto crípticas, algo enrevesadas tal vez, algo a lo que ella no estaba acostumbrada, por lo que su mente tardaba en analizarlas para poder comprenderlas al cien por cien, y no sin dejar de notar una extraña percepción en su interior de que había algo extraño en él, más de lo que a simple vista ya había observado hasta entonces, como si algo le fuera ocultado, sin embargo, no podía dudar en aceptar aquella oferta, poco le importaba lo que a cambio tuviese que dar, aunque cuando siguió hablando finalmente comprendió, no le estaba pidiendo la vida a cambio, le pedía el alma, eso intangible que hasta el momento ni siquiera estaba segura de que fuera algo real, pero si se lo estaba pidiendo era obvio que si, que aquello, fuese lo que fuese, existía. Instintivamente se puso la mano entre el cuello y el pecho, como si el alma estuviese justo en aquel punto de su cuerpo y aquella mano que ahora reposaba sobre ese espacio la estuviese protegiendo de ser sustraída. Se sintió estúpida por aquel gesto, ya que ni siquiera sabía porqué lo estaba haciendo, pero aun así no se sentía segura si dejaba expuesto aquel trozo de piel. – ¿Mi… alma? ¿Es eso lo que me estás pidiendo? – tuvo que preguntar, esta vez para asegurarse de que lo había entendido bien, y no, como hacía unos segundos atrás, había malinterpretado sus palabras.

Vaciló por unos segundos, sopesando lo que todo aquello podía acarrearle, pero ella misma se encargó de auto inflingirse un sermón sobre el comportamiento de su cabeza justo en ese momento, ¿Cómo podía acobardarse en algo así? Tenía la oportunidad de salvar a alguien, a su propia hermana, de un incierto futuro. En ese instante se sintió la persona más ruin y malvada sobre la faz de la tierra, ¿Cómo se podía ser tan egoísta como ella lo estaba siendo ahora mismo al sopesar las dos opciones que se le presentaban delante? Porque no había más, aquello era un sí o un no, blanco o negro, sin grises, sin intermedios ni condiciones, si o no Sara, no hay más.

No precipitarse… ¿pero como no iba a precipitarse? No había nada que la pudiera echar atrás la decisión estaba tomada, fueran cuales fueran las consecuencias las asumiría encantada si aquello era realmente cierto, aun así que el ser la avisara de los riesgos de aquello es porque no debía de ser tan sencillo como en cualquier película o serie de televisión, donde tan fácilmente lo pintaban, un contrato, una firma, quizás un tiempo determinado como plazo de pago, y una vez llegara tu hora, el alma le pertenecía…  Se quedó pensativa, mirándole con los ojos llenos de preguntas e incertidumbres, a pesar del convencimiento que tan firmemente parecía reflejar, tanto que incluso ella misma se lo creía. - ¿Duele?... – en un susurro salió lo único que se atrevió a preguntar, sin saber muy bien el porque de la elección de aquella pregunta precisamente entre el gran elenco de posibles dudas, aunque justo al acabar de hacerlo se arrepintió, y bajó su mirada al suelo negando con la cabeza. – No, olvídalo, ni siquiera quiero saberlo.- Volvió a alzar el rostro con la frente bien alta mientras respiraba hondo, como si aquello aportara una firmeza extra a su expresión. – La respuesta es si. Lo haré.Quiero hacerlo. Solo dime como… - titubeó al no saber exactamente como terminar aquella frase, simplemente le miró, esperando quizás a que él mismo la completara por ella.




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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Jue 1 Oct - 6:29

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS | 23.45
No es una petición — corrigió como el más estricto de los maestros, categórico y drástico. El lenguaje era importante. Los demonios llevaban toda la eternidad valiéndose de él para imponer cláusulas fantasma en sus contratos verbales que terminaban dándoles manga ancha para incumplirlos como les diera la gana. Ningún catedrático de la lengua, de cualquier idioma moderno o arcano, habría sido nunca tan certero en la elección de las palabras como un demonio. Azrael siempre decía, exactamente, lo que quería decir. Sin margen para el error —. Se trata de un acuerdo, un intercambio — explicó, con un tono más relajado aunque todavía duro. Los ángeles, el Todopoderoso, no se cansaban de pedir: pruebas de fe ciega, sacrificio, control de las pasiones... Los seres del averno eran distintos. Traicioneros pero más justos.

Advertirla de que no se precipitara fue casi un juego privado del demonio. Y es que cómo no iba la chica a lanzarse sin pensar. Le había puesto el Edén delante, y después de dejarle verlo, la advertía de que quizás no fuese lo que pensara. Nunca había encontrado más que oídos sordos a tales advertencias y, aquella vez, no fue una excepción.

Rió al escuchar su pregunta, pues le resultó sorprendente. ¿Sería el dolor capaz de echarla atrás, cuando todos los sermones de que sin alma no hay vida tras la muerte no parecían haberlo hecho? Azrael podía, prácticamente, oler su decisión a hacerlo desde el mismo momento en el que se lo había propuesto. Pese a que Sara se corrigió, le regaló una concesiva negación. La extracción del alma era algo que los efímeros no lograban notar siquiera hasta que estaba hecho, así que lo que dolería serían las consecuencias. Especialmente en el plano emocional.

Volvió a sentarse al filo del edificio y palmeó una mano contra la otra como para sacudirse unos guijarros que él sabía ilusorios.

Me basta con la aceptación — indicó. Y es que pese a que en el imaginario popular dos demonios intentaban sellar con sangre los contratos, llevaban demasiado tiempo danzando entre dimensiones como para tener el mismo recorrido que los contratos. Ellos habían existido incluso antes de que el ser humano supiera escribir. Los acuerdos eran sencillamente verbales —. Yo me encargaré de todo lo demás.

Apoyó las manos en el borde del tejado y con un movimiento grácil dejó a Sara ver cómo se dejaba caer. En cambio, picosegundos después la realidad se difuminó de nuevo y ambos volvieron a estar en el apartamento de la chica, entre los restos de todo lo que ella había roto en su desesperación mal canalizada. Los ojos oscuros de Azrael se fijaron en el espejo, en la puerta de regreso al Averno. En un arrebato frívolo, acarició las cicatrices que tenía en el rostro. Él tenía constancia de hasta dónde llegaba la ilusión y hasta dónde la realidad. Pese a que Sara veía a un hombre, él seguía siendo un reptiliano de más de dos metros de altura. Con lo que la altura del piso lo hacía estar ligeramente encorvado. Pero esa era una realidad que ella jamás percibiría, no al menos hasta mucho más adelante.

Llévame con Ana — indicó, recordando entonces la importancia que los efímeros daban en sus últimas visitas al mundo de los vivos al honor y cosas parecidas. Suponía que todo aquello había cambiado, pero no tenía la certeza —. No te preocupes, tan solo tú puedes verme — y es que la capacidad de las ilusiones tangibles servía tanto para evocar situaciones y lugares sobre la realidad como para borrar presencias. La suya propia para ser exactos.

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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Jue 1 Oct - 21:37

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Notre Dame de La Garde | 00.00

Se quedó algo confusa con la aclaración tan rotunda que hizo el hombre – Co-comprendo. – intentó parecer de lo más firme en su tono, pero en su interior algunas dudas empezaban a formarse, ¿de verdad comprendía todo aquello? ¿Sabía acaso como sería su vida sin alma? ¿A qué se refería exactamente cuando antes había mencionado lo de que aquel proceso les uniría por un largo periodo de tiempo? ¿Realmente era aquello un trato justo? ¿Era lo más adecuado?...  . Se mordió el labio pensativa ante tanta pregunta a la que era incapaz de hallar respuesta, hasta que de nuevo esa risa característica del ser la despertó de su ensoñación, de nuevo la sensación de que se burlaba de ella hizo aparición, pero meneó la cabeza para apartar todos los pensamientos negativos que la empezaban a turbar, y decidió centrarse en lo realmente importante de todo aquello, Ana. Sí, era justo y adecuado solo por ver a su hermana despertar y seguir con la larga vida que le aguardaba.

Asintió como agradeciendo su respuesta acerca del tema del dolor físico que podía llegar a sentir, pero su mente ya se encontraba muy lejos de eso, ya que, aunque solo hubieran transcurrido unos pocos segundos desde la pregunta, su pensamiento parecía volver a poder centrarse más en todo, y la coherencia volvía a su cabeza, con lo cual aparecían todas aquellas otras cuestiones, que no se atrevía a formularle, no de momento al menos.

Como si hubiera podido percibir lo que ella estaba empezando a vislumbrar, su actitud dio un pequeño cambio, más bien fue como un cambio de tema, aunque seguía siendo el mismo, fue como si le aconsejara dejar de pensar y lanzarse al vacío, y justo eso es lo que él hizo, literalmente, y cayó - ¡No! – Gritó al ver desaparecer su negra figura en la nada mientras empezaba a correr con el brazo estirado y la palma de la mano alzada, como si pudiera llegar a él para sujetarle y salvarle de la caída hacia la dirección en donde él se encontraba justo unos segundos antes, más de pronto el bello paisaje de Marsella se desvaneció frente a sus atónitos ojos, como si de una suave niebla se tratara dejando paso a la visión de su caótico apartamento mientras su pelo que ondeaba suavemente con la suave brisa de repente se frenó en seco cayendo suavemente sobre sus hombros y espalda. Aquello la paralizó, casi como si hubiera llegado al borde del tejado de la basílica y se detuviera justo en el preciso instante en que si daba un paso más seguiría el mismo destino que el ángel. Bajó el brazo lentamente mientras su mirada se habituaba al nuevo escenario que la rodeaba. Una vez asumido el cambio de ubicación se dio la vuelta suavemente buscándole, y ahí estaba, frente al espejo del cual había salido para colarse en su casa, y ahora, en su vida, como si nada, mirándose, incluso diría que estudiando aquellas cicatrices que marcaban su rotro. Ni una palabra era capaz de escapar de su garganta, que maravillosa magia poseía… en ese momento, pensó en cuan afortunado era de ser el blanco de la envidia de cualquier ser humano en todo el planeta, ¿Quién no querría poder obrar aquellos… trucos? Desplazarse en el espacio como si de cruzar la calle se tratase, sanar a los enfermos sin dudar de su capacidad para hacerlo,… si, eso era como un sueño, y, aunque ella no pudiera realizarlos jamás, ahora era la escogida para ser testigo en primera persona de como uno se hacía realidad.

La incapacidad de hablar se había adueñado de su cuerpo, pero lo que si había desaparecido con aquel radical cambio de escenario, fueron todas aquellas enrevesadas preguntas que se estaba haciendo justo antes de que el hombre saltara, tan solo le observaba de nuevo ensimismada, abrumada, hasta que habló. En esa ocasión percibió a la perfección que sus palabras no eran una petición, era como si estuviera acostumbrado a que sus palabras fueran directamente órdenes que cualquiera debía cumplir sin dudar, y casi así mismo Sara se movió en dirección a la puerta. Se frenó por un momento, recordando que des del accidente no había vuelto a ponerse al volante, a pesar de que su viejo utilitario estaba arreglado y esperando en el garaje del edificio. Aun quieta frente a la puerta bajó la mirada hasta el pequeño cajón cerrado de bajo la balda que hacía la función de mueble n el recibidor, sin dudar más lo abrió y cogió las llaves. – Vale, podemos irnos. – afirmó mientras abría la puerta y salía por ella.

El viaje fue tranquilo, más bien silencioso, Sara intentaba no apartar la vista de la carretera, aunque sus traicioneros ojos no podían evitar desviarse y mirar de reojo al copiloto, ¿Cómo era posible que un ser celestial pudiera llegar a dar tanto miedo? Solo la curiosidad de la chica rompió por un instante el reposado ambiente. - ¿Tienes… nombre? – preguntó dubitativa al no saber cómo podría ser su reacción ante tan, para ella al menos, habitual pregunta.




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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Sáb 3 Oct - 20:11

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS | 23.45
Claro que no lo entiendes, pero lo harás fue su último pensamiento antes de emular su propia caída al vacío. El sobresalto agitó el alma de Sara que se dejó sentir con agitada fuerza mientras la ilusión se desvanecía dejándoles, de nuevo, en el apartamento. Se colocó frente al espejo para observar los rasgos con los que, en aquella ocasión, había decidido mostrarse a los efímeros. Hector de Troya había sido inamovible, no había podido devorar su alma. En tiempos, aquellos lo había enfurecido tanto que acabó poseyendo la de Paris y Helena. La mano de Azrael, como la de tantos otros demonios y la del mismísimo diablo, plagaban la historia de la humanidad como un actor invisible, solo perceptible para iniciados.

Sus palabras pusieron a Sara en un movimiento inercial hacia la puerta que se frenó. El demonio interpretó que la chica había recordado algo con lo que no se sentía del todo cómoda, y sin embargo, no supo de qué se trataba. Por suerte, pronto ella tomó las llaves y lo llevó hasta el vehículo. Desde luego, la humanidad había mejorado mucho en todo el tema de desplazamientos. También en la higiene. Sin embargo, sus eventuales visitas a la dimensión de los efímeros le habían robado también la capacidad de sorprenderse por todo aquello.

El viaje fue silencioso en un principio. Azrael mantuvo la mirada fija en la carretera ante ellos, ignorando deliberadamente las ojeadas suspicaces provenientes de Sara. La chica estaba nerviosa, pero pronto se acostumbraría a su presencia igual que el olfato se acostumbra rápido a cualquier olor.

Vosotros siempre os habéis sentido más cómodos con aquello para lo que tenéis un nombre — reflexionó en voz alta y calma cuando ella le preguntó su nombre. Los demonios, y por extensión otros seres de corte celestial o avernal, tenían un sistema de comunicación más amplio e intuitivo. Del mismo modo que podían apreciar la presencia de las almas, y discernirlas pese a ser invisibles, podían entender de primera mano los estados de ánimo de sus congéneres. Por ello, las palabras eran tan solo complementos y no vehiculares. En el trato con los efímeros, a veces, el demonio olvidaba sin querer ese detalle —. Azrael — indicó ladeando el rostro para mirarla, buscando con ello poner fin a las miradas que ella le había estado dedicando. No le molestaban, era simple ostentación de posición dominante.

No le preocupaba especialmente lo que ella pudiera descubrir respecto a su identidad en base a su nombre. Los archivos humanos estaban repletos de historias contradictorias e inexactitudes, además de haber tenido más de mil nombres que no aparecían en ningún lugar relacionado. Un japonés lo consideraría un shinigami, en la teología árabe era el Ángel de la Muerte mientras en la apostólica romana todavía se le hacía en la corte celestial. Adoraba la ignorancia humana, lo equivocados que solían estar respecto a todo sin ni siquiera saberlo.

Al llegar al hospital, bajó del vehículo sin decir nada. Dejó que Sara se adelantase e hiciera los trámites de entrada, sin permitir que el resto de efímeros con los que se cruzaran reparasen en él. Le resultaba muy sencillo, casi automático, como si le bastase con desearlo. La habitación que combinaba el blanco con el verde agua le recordó a la de los antiguos psiquiátricos. Puso por fin sonido a las máquinas que insuflaban vida mecánica al cuerpo inerte de la niña, un pitido molesto que no tardó en ignorar.

Un hálito era todo cuanto restaba del alma de la niña, que dispersa apenas se dejaba notar. Estaba en calma, exudaba lo que Azrael consideraba resignación, como si Ana conociera su destino y lo aceptase. Bordeó la cama con las manos unidas a su propia espalda y aires marciales. Miró a Sara, taimado.

No es un proceso desagradable — en casi todas las civilizaciones, la resurrección de los muertos y todas sus variantes solía considerarse un evento, cuanto menos, grotesco. En cambio, para Azrael bastó con acercan la yema de su índice diestro a la mejilla de la niña en un contacto tímido. Desde aquel punto, y de modo expansivo, la piel de Ana fue perdiendo el color cetrino a favor de uno más cálido. Sus ojeras se desvanecieron, su pelo adquirió brillo y sus labios secos que bordeaban el aparato de respiración asistida se enrojecieron saludables. Parecía un proceso inexorable hasta que Azrael rompió con suavidad el contacto, y del mismo modo en el que la mejoría había aparecido, se invirtió hasta desaparecer. Con lentitud, se frotó las manos mirando a Sara —. Es tu última oportunidad para echarte atrás — advirtió enmascarando su diversión con todo el asunto bajo su semblante trascendental —. No es algo reversible, así que en cuanto la sane, el pacto estará cerrado definitivamente.

Sabía que, después de la demostración, jamás se echaría atrás.

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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Dom 4 Oct - 22:49

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Hospital | 00.00

Como ya se estaba acostumbrando, la primera respuesta del ser fue demasiado confusa, ¿Qué significaba eso? En su interior casi le apetecía regañarle y soltarle algún improperio ante aquella actitud que tanto la desorientaba, ¿es que acaso no podía decir un nombre y ya está?, pero no era ella quien hablaba en su cabeza, eran los nervios y la tensión que se acumulaban en ella, así que simplemente calló, pero justo en ese instante lo dijo, Azrael… Sara volvió a fijar su vista en él y asintió como agradecimiento a su respuesta final, aunque pronto tuvo que apartar la mirada y volverla a centrar en la carretera al no verse capaz de aguantar aquellos ojos tan oscuros que la intimidaban de una manera que jamás nadie había logrado hacerlo. – Es… bonito. – mintió, en realidad lo primero que le vino a la mente fue el gran parecido que tenía con el nombre del malvado Gargamel, el villano de dibujos animados que tanto la asustaba en su niñez, al igual que a aquellas diminutas criaturas azules a las que no dejaba de perseguir en cada episodio, lo cual hizo que esbozara una casi imperceptible sonrisa divertida que ocultó rápidamente apretando con fuerza los labios, lo último que quería era ofender al ángel que la iba a ayudar.

El hospital presentaba un aspecto casi desierto, lo que parecía de lo más normal a aquellas horas de la noche, casi ya de la madrugada. La visitas no estaban permitidas pasadas las diez, así que optó por acercarse a la recepcionista con una mala excusa, pero que pareció convencer a la mujer, seguramente al ver la desesperación que reinaba en el rostro de Sara. En el segundo piso no lo tendría tan fácil, puesto que no había más que habitaciones, y la enfermera de guardia la conocía a la perfección y sabría a lo que había venido, bueno, realmente no, no al menos la verdad, pero si a quien iba a ver.
Esperó tras la puerta de las escaleras que daban acceso a la planta, y en cuanto la sanitaria dejó el mostrador de la entrada, aprovechó para pasar rápida y silenciosamente sin ser vista, ni siquiera se preocupó por si su acompañante la seguía, pero tal y como la había advertido en el apartamento, nadie más que ella podía verle, así que no tendría ningún problema para colarse tras ella.

Nada más entrar en la habitación sus ojos fueron directos a la niña que permanecía inerte en aquella fría cama medio mecánica, su aspecto era el mismo que unos meses atrás, nada cambiaba en su antes dulce y risueña hermana menor. Se colocó a uno de los lados de la cama de Ana, justo la contraria en la que lo hizo Azrael, cogiéndole la mano y susurrándole un afectuoso “hola cariño, ¿Qué tal estás?” mientras dejaba un beso en su frente. Si, sabía que lo más probable es que la pequeña ni siquiera la oyese, pero ya era un hábito para ella, aunque en aquella ocasión se sintió algo estúpida ante la mirada del hombre que, frente a ella, parecía estudiar a la niña y todo lo que la rodeaba.

Al fin habló, aunque no esperaba que fuera aquello lo que iba a decirle, Sara asintió como si realmente aquello fuese algo que la hubiera estado preocupando, pero si tenía que ser sincera, ni siquiera se lo había planteado, de nuevo una sensación de ser demasiado egoísta le nubló la mente, solo había preguntado por el dolor que ella misma sentiría al entregar su alma, y no había pensado en que sacar a Ana de aquel estado pudiera lastimarla de algún modo.

Y mientras la mente de ella divagaba, Azrael empezó a obrar su magia. Cuando se percató de ello, los ojos de Sara se iluminaron, al ver como el aspecto de Ana comenzaba a cambiar y a rezumar vida y vitalidad, la alegría de la mujer creció por momentos mientras se aferraba a la mano de su hermana y algunas lágrimas llenas de emoción humedecían sus ojos, pero entonces el ser milagroso apartó la mano de la fina cara de la niña y el interior de la mayor explotó en una desesperada reacción. - ¡No! – se apresuró a decir cuando vio que el falso ángel apartaba la mano de la pequeña y ésta empezaba a perder el color de nuevo. – ¡nonono! – siguió negando angustiada intentando retener de alguna manera imaginaria aquella mejora que unos segundos antes estaba mostrando.Una de sus manos se soltó de la de su hermana para apretar la muñeca de Azrael que permanecía al otro lado de la cama observando los cambios que él mismo iba produciendo en la cría. – Por favor, por favor, te lo suplico, - imploró al hombre con la exasperación recorriéndole todo el cuerpo. – Haré lo que quieras, te daré lo que quieras, pero devuélveme a Ana, por favor… - añadió finalmente en un susurro al notar como todas sus fuerzas la abandonaban después de agitarlas tanto durante aquella noche, y sus ojos llenos de lágrimas le rogaban en silencio por la vida de su hermana. En aquel momento todas las dudas que no dejaban en paz su cabeza se desvanecieron, estaba totalmente convencida de sus palabras, haría y daría todo lo que tenía, todo lo que era, por Ana.




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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Sáb 10 Oct - 20:29

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS | 00.00
¿No sabes que mentir está feo? — preguntó con voz muerta cuando la chica hizo un cumplido sobre su nombre. Como ser sobrenatural, como depredador primario de lo más preciado de los efímeros, cada demonio era capaz de percibir con excelsa precisión cada cambio en los humanos. Pulsaciones que se aceleran, pupilas que se dilatan, músculos que se tensan, y la agitación en el alma inherente a cada cosa que según su imaginario está considerada como algo contrario a su naturaleza. No le cabía duda que Sara se consideraba una buena persona, desde luego no albergaba en su interior los principios equívocos de, por ejemplo, un psicópata. Eso hacía insultantemente fácil leerla, entenderla.

Lo que pensara de su nombre le daba exactamente lo mismo. Un nombre cosifica, humaniza, convierte en banal. Lo único que le consolaba era que los efímeros tuvieran varios para él. Preferiría ser algo temible, que existe pero que nadie nombra. Absurdas y molestas costumbres humanas.

También pudo notar la muerte y la desolación al entrar en la planta de cuidados intensivos en el hospital. Los efímeros tenían vetado apreciar los halos que las emociones imprimen en el lugar donde se producen. Había gente más receptiva, pero en comparación a lo que podía discernir un ángel o un demonio, era tan solo la punta del iceberg. Entre tanta sombra, encontró también resquicios de sentimientos alegres por gente que se recuperaba, e incluso, el de un familiar que había descubierto que el sentimiento de un ser querido había tocado fin con su muerte. En contra de lo establecido, Azrael consideraba que la muerte podía ser una liberación. De hecho, años ha, había caído en sus manos un tebeo de The Sandmand, y era esa representación de la muerte la que más fidedigna le había parecido. Pronto había descubierto que Neil Gaiman había cambiado su alma por su éxito, lo que explicaba todo.

Una vez frente a la chiquilla encamada, no dilató demasiado el ofrecer una demostración de su parte del trato. El libre albedrío del que gozaban los humanos era muy manipulable, y a Azrael le encantaba jugar con eso. Por eso dejó que su capacidad curativa imbuyera de vida un instante, creando una transformación milagrosa pero todavía frágil. Tanto, que en cuanto rompió el contacto toda mejoría volvió a desaparecer lentamente, haciendo más evidente el estado cadavérico original de la niña.

Sara reaccionó, de forma genuina, honesta y desesperada. Su alma se agitaba rayana en la histeria mientras negaba, antes incluso de cogerle de la mano y suplicar. Azrael la miró con la impasibilidad sobrehumana que lo caracterizaba, fijando los ojos en ella sin acusar en modo alguno cualquier empatía. Lloraba y suplicaba, era agradable para el demonio. Lo habría sido más de ser Sara una mujer más dura, a la que le costara más recurrir a los ruegos. Pero, por supuesto, la vida no era perfecta y él lo sabía.

Ya sabes cual es el pago — indicó, haciendo gala de toda la serenidad que a la chica le faltaba. Un contrapunto exacto de su estado de ánimo —. Pero debo asegurarme, al tratarse de un pacto irrevocable… Ya sabes — casi sonó como una broma, como un puntito de humor negro, ácido e inoportuno. Una demostración más del compromiso nulo que tenía con el bienestar de la cría.

De un tirón desdeñoso, se liberó del agarre de Sara que, seguramente sin que ella se diera cuenta, estaba más ceñido de lo esperado, con la fuerza dada por el nervio. En esta ocasión, donde buscaba una recuperación completa, bajó la sábana hasta la cintura de Ana y rasgó el camisón hasta el final de su esternón. Piel con piel, colocó la mano sobre el corazón de la chica y dejó fluir su poder por el torrente sanguíneo de la niña. Su piel fue coloreándose de forma expansiva, todavía de forma más obvia esta vez.

Al hacerlo, el demonio podía visualizar el sistema circulatorio de la niña al completo. La estabilización de constantes y el reestablecimiento de niveles normales de hormonas y otra bioquímica en la que se basaba la vida y la salud no tenían misterios para él, pues por su naturaleza lo comprendía de forma innata. Tal como un prodigio de la música es capaz de reproducir una canción que tan solo ha escuchado otra vez.

Fue un proceso de segundos, pero uno de ellos se derritió hasta eternizarse. Los humanos llamaban Aneurisma a la protuberancia que pudo discernir en la aorta de Ana. Una bolsa de sangre que no debería de estar allí, que podía explotar en cualquier momento llevándola a la muerte de la que la estaba sacando. Eliminarlo no habría prolongado nada el proceso que llevaba a cabo, pero no lo hizo. Cada palabra era importante para el demonio, y el pacto era traerla de vuelta del coma, no mejorar su salud o prolongar su vida. En realidad, la castaña podría haber pedido muchas más cosas, pero en su desesperación se había cegado sin intentar negociar.

Una vez hubo reestablecido los niveles de la niña hasta que su cuerpo pudo reactivarse solo, aunque con lentitud, apartó la mano de ella y bordeó la cama para colocarse al lado de Sara. Le cogió la muñeca derecha haciéndola doblar el codo y miró su meñique, luego a ella.

Se despertará en minutos — aseguró con la contundencia habitual. Entonces, se acercó a ella y dejó un beso casto en su mejilla. El alma se agitó con fuerza, como si hubiera sido atacada. En realidad, así era —. Esto es todo por el momento — indicó, y la mirar de nuevo el meñique de la muñer vio un anillo rojo de material intangible, invisible para cualquier humano. De este, salía una especie de cuerda inmaterial que terminaba en la misma alianza que lucía el meñique de Azrael. Era una forma para los sobrenaturales de no perder jamás a los humanos con los que estaban vinculados, y de impedir que otros jugaran con su comida. Volveremos a vernos. Disfruta de lo que has comprado — indicó soltándola y alejándose para desvanecerse en los pasillos.

Sin decir nada, le había dado un plazo. Hasta que el aneurisma de Ana reventase. Entonces, cuando estuviera débil y dolida, desesperada por su propia ineptitud, reaparecería para cobrarse lo que era suyo.

Puede parecer extraño que se tomara tal descanso cuando el Diablo le había comentado una misión urgente. Pero la urgencia, para los eternos, siempre es notablemente más dilatada que para los efímeros.




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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Mar 20 Oct - 18:21

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Apartamento | noche de Octubre

Los ojos de la chica se abrieron como los de un búho al verse sorprendida ante la mentira que acababa de decir, no por ser una persona poco sincera, había sido simple educación, pero cada vez tenía más claro que no se podía jugar con ese ser sobrenatural, después de todo, ella no sabía de las cosas de las que podía ser capaz Azrael, así que optó simplemente por guardar silencio, ya que seguro él también percibiría la vergüenza que estaba recorriendo su cuerpo y que se reflejaba en la leve rojez de sus mejillas.

La tensión que habitaba cada rincón de la habitación en la que se encontraba su hermana era palpable en su llanto, en sus súplicas, poco se podía apreciar en aquel momento la mujer que había sido antaño, segura de sí misma, suspicaz, incluso a veces demasiado orgullosa para mostrar sus propias debilidades, pero aquella situación la superaba como jamás nada lo había hecho, borrando por completo su personalidad, pero poco le importaba entonces, su cabeza solo pensaba en Ana, en que ésta reviviera de aquel coma que más parecía una muerte en vida que un simple estado de sedación natural. Asintió mientras enjuagaba sus lágrimas con ambas manos una vez, Azrael se había liberado de su agarre sin que ella le diera más importancia, de hecho como instintivo que había sido aquel acto, apenas si era consciente de haberlo hecho. – Si, lo sé, y no tengo ninguna duda. Estoy totalmente segura de mi decisión. – el tono suplicante de Sara era más que evidente, y por si quedaba alguna duda sus ojos acompañaban aquel mismo sentimiento al clavarse en los de su interlocutor que tanto la estaba haciendo sufrir en ese instante. ¿Por qué hacía aquello? Parecía que disfrutara de darle un sorbo de agua a un sediento y luego apartara el vaso para robarle toda la esperanza que pudiera albergar en su interior de aferrarse a la vida.

El frío ser desgarró el camisón de Ana con un movimiento rápido y ágil ante la atenta mirada de Sara, y de nuevo empezó a obrar aquella milagrosa magia en el cuerpo de la niña, otra vez los colores pálidos se desvanecieron de su rostro dando paso a unos más rojizos y cálidos, incluso la respiración de la enferma pareció ser más profunda, más llena. La expectación de Sara aumentaba por momentos, aunque sus ojos aun temerosos se movían de su hermana a él y viceversa, aun desconfiando de que en cualquier momento pudiera volver a apartar la mano llevándose con él el aliento vital de su hermana, pero esta vez cuando alejó su mano, Ana seguía con aquel aspecto renovado y casi juraría que sano del todo, y entonces su mirada ya se quedó fijada en ella, aunque vio de reojo que él se movía y se acercaba a ella posándose finalmente a su lado.

El interior de Sara dio un brinco al sentir los cálidos labios de Azrael besar su mejilla, aquel gesto, normalmente recibido con cariño, le transmitió una sensación de miedo, casi sintió que el aire no lograba alcanzar sus pulmones y se sentía atrapado en algún espacio entre su boca y el exterior, al igual que ella misma, como si aquel simple beso implicara una promesa terrible, un “volveré” más lleno de amenaza que de buenos deseos, que es lo que un ángel debería transmitir… ¿o no?... . Quería hablar, darle las gracias, pero de su boca no salía nada, él se despidió de una manera de lo más intrigante, manteniendo aquel halo de misterio que le había rodeado en todo momento desde que le vio por primera vez. –Gra-gracias… - consiguió murmurar Sara justo en el momento en el que abandonaba la habitación, por lo que dudaba mucho de que la hubiera oído, y se quedó allí de pie, aferrada a la mano de Ana mientras sus ojos seguían puestos frente a ella justo donde segundos antes aún estaba él.

Un suave susurro algo ronco pronunciando su nombre hizo que la joven finalmente apartar la mirada de la puerta por donde acababa de salir aquel ser que acababa de obrar un milagro como si fuera la cosa más cotidiana del mundo. – Ana. – sus ojos se llenaron de lágrimas al cruzarse con los de su hermana, abiertos y llenos de vida, aunque también de preguntas y confusión, pero ya habría tiempo para aclarar su desubicada cabecita, en ese momento solo quería abrazarla y llenarla de besos, aunque con mucha suavidad para no dañar su aun dolorido cuerpecito.

Fue en ese preciso instante cuando la vida de Sara retomó un nuevo rumbo distinto al que había llevado des del accidente. Aunque Ana tardó un par de meses en poder volver a casa, a la escuela y a su vida habitual, toda la familia rebosaba alegría y dicha al tenerla de nuevo entre ellos con sus juegos y sus siempre divertidos e imaginativos relatos de fantasías, de mundos mágicos y seres increíbles, algunos de los cuales le recordaban de vez en cuando al ser que tan generosamente había salvado, no solo la vida de Ana, sino la suya propia, y del que tanto sentía no haberse podido despedir como hubiera querido, pero dijo que volvería, aun se repetían sus palabras fuertes y claras en la mente de Sara, y cuando eso ocurriera estaría preparada para agradecerle al ser todo lo que había hecho por ella.

El tiempo pasaba sin que apenas lo notara, volvió a aceptar trabajos y a divertirse con la fotografía como siempre lo había hecho, incluso también su vida social se animó de nuevo con visitas y salidas con sus amistades de siempre. Lo que más le costó fue volver a su apartamento, de hecho las primeras semanas y meses no paraba de buscar con la mirada al hombre que tanto le había devuelto, aunque sin saber si lo hacía con ganas de verle y poder agradecer todo lo que había hecho por su familia, o con miedo a que realmente aquello hubiera sido real, ya que al pasar el tiempo y no volver a saber de él, cada vez más le parecía que todo aquello no había sido más que un sueño, o quizás una pesadilla, que había tenido al ver cumplido lo que parecía casi imposible, que Ana se recuperara del todo.

Una vez en el piso evitaba pasar por delante del alargado espejo por donde había aparecido Azrael aquella vez ahora tan lejana, incluso pensó en cubrirlo o tirarlo directamente, pero le daba demasiado miedo que aquello pudiera tener alguna consecuencia, con el tiempo simplemente aprendió a ignorarlo, desconociendo que el ser podía volver por cualquiera de los otros espejos que había repartidos por casi todas las estancias.

Era martes, el mes de noviembre empezaba a asomar en el calendario y con él el frío. Aquella noche al llegar a casa y después de hacer su llamada diaria a sus padres y a su hermana, tomó un relajante baño caliente, cubierta de espuma, rodeada de velas y tomando un buen vino, como tantas veces había visto hacer a las heroínas de series y películas. Aquello le sentó de maravilla, tanto que se pasó más de una hora descansando entre el agua. Después de salir y ponerse un pijama invernal, se acomodó en el sofá con una manta y con un bol de palomitas preparándose para ver alguna película de cine clásico, uno de sus géneros favoritos.




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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Invitado el Dom 25 Oct - 15:46

Reach out and touch faith
Azrael
CON SARA | MUNDO DE LOS VIVOS
El intangible hilo rojo que unía su meñique con el de Sara permitía a Azrael vagar a su antojo desde el inframundo hasta la dimensión de los vivos. No obstante, y dada la masiva afluencia repentina de sus huestes en territorio de los efímeros, se entretuvo los meses que pasaron como una exhalación en levantar una casa franca que pudieran emplear como centro de operaciones.

Eligió para ello el castillo bávaro de Neuschwanstein, que gracias al poder de persuasión innato en los demonios, fue cerrado al público sin que se levantara el menor escándalo mediático. Pronto, sus estancias neogóticas albergaron a todo tipo de seres avernales venidos a la tierra. Allí tramaron y urdieron, sin preocuparse por enmascarar sus reptilianos aspectos. Las primeras almas por la causa cayeron, pues no todos los demonios se tomaban las cosas con tanta calma aparente como Azrael.

Por supuesto, tal despliegue atrajo la atención de los Cielos. Fue Uliel, El Fuego de Dios quien se presentó en Neuschwanstein para pedir cuentas que, por supuesto, no se le dieron. Y es que cuando se produjo el cisma entre Dios y el Diablo, al igual que para los demonios quedó vetado el acceso a lugares santos, ocurrió a la inversa. Y el castillo era ya un templo demoníaco. Hubo amenazas que se zanjaron con un sencillo:

El fuego es nuestro elemento. ¿Es tu nombre un designio, tu destino? Pierde las alas y será el tuyo también.

El arcángel sabía reconocer una amenaza y estaba en clara inferioridad, con lo que desapareció tal como había llegado. Posiblemente, pronto llegaría con un séquito más amplio, pero ni por esas podrían entrar en el castillo, ya reclamado por el averno. A Azrael no lo preocupaba, porque a diferencia de Dios, el Diablo sí se personaba en sus guerras cuando era necesario. Las huestes de Azrael podían considerarse mera avanzadilla.

Noviembre llegó sin más visitas inesperadas. Azrael se jugaba algunos años de vida a un juego de azar con dos de sus generales cuando una ínfima vibración en el hilo intangible acaparó su atención. Sin decir nada o despedirse, dejando la apuesta ya hecha sobre la mesa, se puso en pie y tomó a ojos de todos la imagen de Héctor de Troya. Un envoltorio en apariencia frágil y efímero, sin embargo era preciso tener gran poder para poder evocarla ante ojos de congéneres.

Caminó hacia un gran espejo situado al fondo de la sala y su cuerpo se fusionó con este hasta ser absorbido. Al otro lado, lo esperaba una habitación princesil llena de peluches. Y en la cama, Ana dormía. Haberla sanado implicaba también un vínculo, y es que para lograrlo Azrael había tenido que ceder una pizca de su poder al cuerpo de la niña, con lo que tenía una conexión con ella. Mucho menor que con Sara, pero útil en casos como aquel.

Como alertada por el instinto, la niña abrió los ojos fijándolos en los del demonio en la oscuridad.

¿Quién eres?, preguntó en un mumullo. La cría hablaba en bajo pero no parecía asustada.

Los labios de Azrael se curvaron en una sonrisa suave.

Un amigo de Sara — respondió, aprovechando la inocencia de la niña.

¿Qué haces aquí? cuestionó. Azrael se acuclilló junto a la cama y tomó su mano, estableciendo un contacto que resultaba revelador en más de un sentido.

Asegurarme de que estás bien — en cambio, la niña no lo estaba.

Con el contacto, pudo notar la tensión sobre el aneurisma, la inminencia de su estallido. Como eterno, no era bueno midiendo minucias de tiempo, pero supo que debía encontrarse con Sara si quería estar con ella cuando le dieran la noticia.

Sí estoy bien, gracias por preocuparte respondió Ana, confusa.

Se lo diré.

En la habitación contigua se encendió una lamparilla de noche y se escucharon pasos aproximándose. Azrael se llevó un dedo a los labios, buscando más que el silencio la complicidad en la niña y, de espaldas, entró en el espejo del que había salido. Lo observó con todo. Quien identificó como la madre de Ana y Sara preguntó a su hija con quién hablaba, y la niña de aspecto querubinesco dijo que con nadie. Esta vez, la sonrisa del demonio fue amplia y viperina. La siguiente parada fue el apartamento de Sara. Se habría materializado en el cuarto de baño, pero como los espejos estaban empañados, utilizó la misma puerta de la vez anterior.

Sus pasos no sonaron, su presencia no se reveló para ningún sentido. Ni siquiera para la vista. Se acercó a Sara en la bañera, sus manos rodearon sus hombros emergidos sin que ella pudiera percatarse mientras Azrael se deleitaba con un alma que ya sabía propia y habría sido capaz de hacerle salivar en caso de que los demonios contasen con tales glándulas. Al rato, se apartó y mantuvo la ilusión que lo ocultaba.

Observó a la chica salir del baño, pasar por su lado para ir a la cocina y acomodarse en el sofá. Como si todo fuese normal, como si el peor de los designios para su hermana no estuviese a punto de materializarse. ¿Y sabéis qué? Mentir a tu madre justo antes de morir es infringir el Cuarto Mandamiento. El Altísimo es un quisquilloso intransigente con muchas cosas, pero los mandamientos son unas de ellas. Eso explica la cada vez menor afluencia de almas en el Elíseo. Azrael no fue perceptible para ningún sentido hasta que Sara estaba eligiendo qué ver.

Todo comenzó con un suave aroma a almendras; lo siguió una ligera elevación de la temperatura, apenas dos grados pero que lo hacían todo más confortable; el sonido lejano de la brisa entre la hierba, el regusto de la melcoha al fondo del paladar de la chica… Y por fin, él. Apoyado en la puerta del salón, vestido por completo de blanco, con telas livianas y brillantes que contrastaban con la piel morena y ojos oscuros de su semblante humano.

Extraños en un tren — recomendó. Hitchcook había sido un humano de mente perversa al que no había conocido hasta que su alma se había unido al Estigia. Interesante, cuanto menos.

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Re: Reach out and touch faith

Mensaje por Adra el Jue 29 Oct - 9:29

Reach out and touch faith
Sara Briand
con Azrael | Apartamento | noche de Octubre

Sobre un fondo negro, las letras blancas con los títulos de las películas que guardaba en el disco duro multimedia, iban bajando y subiendo por la pantalla del televisor sin que Sara acabara de decidirse por ninguna de ellas. Casablanca, Lo que el viento se llevó, quizás King Kong, o Un marido rico, la idea de ver aquella la hizo sonreír al recordar al divertido Toto que salía en ella, y por supuesto la historia de amor principal que también era de lo más entretenida.  Mientras seguía barajando todas las opciones, empezó a tener unas sensaciones algo extrañas,  
un olor dulzón parecía flotar en el ambiente, era un buen aroma, acercó el bol de palomitas a su nariz, pero definitivamente no era aquello, entonces fue la temperatura la que pareció cambiar, no era como estar en pleno verano, pero la manta ya le molestaba, así que la apartó a un lado, también su pelo más bien largo la incomodaba, por lo que lo recogió en un moño mal hecho aguantado por un simple lápiz que siempre tenía en la mesita de centro junto a un bloc de notas. Sabores y sonidos tenues la rodeaban, sin molestarla, incluso parecían acompañar a aquella calmada noche.

Casi cuando se había decidido e iba a darle al botón de comienzo, le pareció ver una extraña figura reflejada en la aun oscura pantalla.. Echó el cuerpo hacia delante ligeramente aunque sin incorporarse y con los ojos entrecerrados intentó descubrir que era, siempre le había parecido de lo más curiosa esa sensación de ver algún objeto cotidiano desde un punto de vista diferente, sin la luz encendida, cubierto de alguna tela, o, como en ese caso, reflejado en una superficie que no acababa de definir la silueta del objeto, y ver como tomaba una forma distinta que cuando lo veías desde las posiciones más habituales, a veces incluso se había llevado un buen susto al parecerle ver una persona en un montón de ropa por planchar o en unos libros  apilados sobre un taburete,… y justo en ese momento también le pareció ver una forma humana, vestida de blanco y apoyada en la puerta del apartamento, oculta en aquella visión. ¿Qué debería ser en realidad?...

Y de pronto una voz la sobresaltó haciendo que se diera la vuelta rápida aunque algo torpemente casi preparándose para atacar a cualquier ladrón que hubiera entrado, aunque aquello solo duró unos pocos segundos, ya que mientras se movía su mente iba reaccionando a esa inconfundible voz que tanto tiempo llevaba sin oír, y verle allí plantado en carne y hueso acabó de confirmárselo, era él, ahora por fin sabía que no había sido un sueño, Azrael era real, y con él, todo lo ocurrido con Ana.

El gesto de medio ataque de Sara se calmó en seguida, sustituyéndolo por uno de total relajación y decorado con una sonrisa llena de amabilidad y agradecimiento. - ¡Oh dios mío, eres tu! – salió de detrás del sofá para poder acercarse a él sin perder ni un ápice de felicidad ni en su expresión ni en su interior. – Yo… - de pronto su garganta parecía seca, y el discurso que tanto había ensayado se borró de su mente sin dejar ni rastro. – Yo… -  bufó enfadada consigo mismo por estarse dejando llevar por los nervios de aquella inesperada visita. – ¡Ay señor! No… ¡no sé ni que decir! – al llegar frente a él le apetecía de verdad darle un fuerte abrazo, pero algo en él, una sensación, un algo difícil de definir,  se lo impidió manteniéndola a un par de pasos de distancia de su imponente presencia.. – Uf… tengo tantas cosas que decirte, tanto que agradecerte, que no sé ni como empezar a hacerlo. – hizo una pequeña pausa mientras le miraba casi anonadada hasta que su educación la hizo reaccionar. – Oh, perdona, soy muy mal educada, pasa por favor. – se apartó y alargó el brazo en dirección al salón invitándole a entrar. - ¿Quieres tomar algo? ¿Comer algo?... – ni siquiera sabía si los ángeles tenían las mismas costumbre y/o necesidades que los humanos, tales como el hambre y la sed, pero tampoco sabía que más podía ofrecerle.

Con la emoción tardó en darse cuenta de que su atuendo no era ni de lejos el más apropiado para recibir a un ángel en su casa, el pijama viejo y anticuado, incluso deshilachado en algunas zonas, los calcetines seguramente llenos de polvo por estar andando descalza por toda la casa, el moño mal hecho que dejaba caer casi la misma cantidad de pelo como el que seguía recogido,… - Discúlpame solo un minuto mientras me adecento un poco. – casi sonó a suplica más que a una simple información mientras sentía el rubor en sus mejillas aumentando a causa de la vergüenza por su aspecto. Se dio la vuelta y casi corriendo salió del salón para ir a buscar algo que ponerse, tampoco iba a ponerse un vestido de gala, ni el traje chaqueta que llevaba cuando se le presentaba algún trabajo para empresas serias y bien situadas, tan solo que encontrara unos tejanos limpios y una camisa o blusa en condiciones ya sería suficiente, después un buen cepillado de pelo, puede que incluso de dientes al notarse algún trozo de maíz de las palomitas que ya había empezado a comer, y volvería como una anfitriona si más no, decente.

Solo le dio tiempo a separar la ropa cuando el teléfono ubicado en un pequeño estante del corto pasillo que unía el salón y el dormitorio, empezó a sonar. Sara asomó la cabeza por detrás de la puerta como si así pudiera ver quien estaba llamando, pero decidió que en aquel momento nada era más importante que atender a su invitado, así que el timbre del aparato siguió sonando sin cesar. Seguía sin tener ninguna intención de responder hasta que algo en ella cambió, algo la impulsó a abrir la puerta del cuarto y caminar hasta él, lentamente, mirando al objeto como con miedo y desconfianza, pero en realidad no era por la llamada, era porque aunque su cuerpo se movía decidido, aunque despacio, su mente no parecía acompañarlo del todo, era como si alguien tirara de ella, una sensación de ser un títere en manos ajenas.

Descolgó y llevó el auricular a su oreja. - ¿Si? – preguntó casi con miedo aun turbada por aquella extraña actitud de ella misma que no lograba entender. - ¿Papa?... Papa no te entiendo… - el sonido de un fuerte llanto de la que reconoció como su madre sonaba casi más alto que la voz de su abatido padre. - ¿Ana? – al oír ese nombre Sara dio un bote y concentró toda su atención en las palabras de su progenitor. - ¿Cómo que en el hospital? Pe-pero ¿que ha pasado?...  – el rostro de la joven se descomponía por momentos incrédula ante lo que estaba oyendo al otro lado del auricular. Y de pronto el silencio lo inundó todo. Un estado de shock se apoderó de Sara que era incapaz de articular palabra alguna ante la terrible noticia que le acababan de dar, seguía de pie, aferrada al teléfono y con la vista perdida en la blanca pared, hasta que algo pareció distraer su atención y desvió la mirada hacia Azrael que seguía en el salón imperturbable. – Ahora voy. – respondió con sequedad y colgó.

Sus pasos fueron directos al hombre de blanco hasta detenerse justo en frente, eso si, a esos siempre distantes par de pasos. - ¿Estás aquí por esto verdad? – señaló en dirección al teléfono estando segura de sus palabras, aunque las hubiera formulado a modo de pregunta. - ¿Debo llevarte con ella? ¿Ahora? Mis padres están allí, podrían verte. ¿Cómo lo hacemos? – ingenuamente Sara daba por hecho que el ángel volvería a obrar su magia en su hermana, esta vez para devolverla a la vida.





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