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Mensaje por Yconia el Miér 23 Sep - 10:27


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El artista es de naturaleza impredecible, caprichosa. Capaz de aterrizar el concepto del amor, la belleza, los pecados y materializar el deseo puro. Sin embargo existe algo que queda fuera de su control: la renuente inspiración. Una vez ésta escapa de su agarre, resulta una tarea complicada el recobrarla. Es entonces cuando se vuelcan los esfuerzos en un ente ajeno, una existencia tal que enardece el espíritu, lo vuelve inmortal. La tan aclamada musa. Ésta llega de maneras inesperadas, incluso en aquello que menos se piensa y, generalmente, en aquello que se encuentra inalcanzable.

La relación entre artista-musa siempre ha sido dificultosa, ardiente, inestable. No crea excepciones, es implacable, pero genera resultados de una belleza descomunal, todo a un alto precio. Porque la inspiración y el amor nunca van de la mano.
Alessio Raffaele
29 | Marlon Brando | Yconia

Kathleen Davenport
32 | Gene Tierney | Brette

1x1 | Épocas pasadas | Romance | Drama




Última edición por Yconia el Dom 27 Sep - 0:59, editado 1 vez





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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Brette el Dom 27 Sep - 0:44

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Kathleen Davenport | con Alessio.
Los rayos del sol luchaban contra las escasas y desordenadas nubes, en un par de horas ni rastro de quedaría de ellas, el cielo estaría completamente despejado aunque de ese azul apagado, como si se mezclase con el gris, dejando un aspecto melancólico. Al rededor de unas tres, tal vez cuatro horas quedaban para el ocaso. El atardecer no estaba lejos y con él, vendría la noche. La oscuridad, la tenue luz de las farolas que de vez en cuando parpadeaban, el cierre de los negocios hasta la mañana siguiente, los paseos nocturnos de los pocos que preferían contemplar la ciudad bajo el manto de la noche antes de con las luces del día.

El otoño comenzaba a hacer estragos, las hojas de los árboles caían, revistiendo el suelo con distintas tonalidades de colores ocres, marrones, amarillos y naranjas. Crujían bajo los pies de los caminantes, bajo las carreras de los niños hasta que eran recogidas por los barrenderos. Las ramas lucían desnudas por completo, los robustos troncos que en otras estaciones se veían adornados por frondosas hojas, flores coloridas y frutos ahora parecían débiles, sin armadura, sin adornos, sin nada.

La plaza estaba llena de gente, la extensa calle abarrotada de parejas que caminaban manteniendo conversaciones sin importancia, dedicándose sonrisas, provocándose carcajadas que su fundían con las palabras. Kathleen caminaba en completo silencio, con los vivaces ojos claros de un lado a otro, contemplando todo cuanto hubiera a su alrededor y los labios prensados en una línea. Con una de las manos metidas en el bolsillo del abrigo y la otra apoyada en el brazo del hombre parecía tener una expresión de completa indiferencia.

Permanecía encerrada en su pensamientos, dejando que su mente vagase a su antojo en cualquier cosa menos el espectáculo de aquella noche. Ese era el único momento en el que era libre, el momento en el que podía pasear aunque fuera en la constante compañía del hombre al que estaba amarrada, al que infinitas deudas debía, suficientes para no volver a ser libre durante el resto de su vida.

Ese era el momento en el que mas sola se sentía, rodeada de gente, de una multitud de desconocidos, de niños con sonrisas resplandecientes y parejas, de hombres que caminaban solos y mujeres que hablaban entre ellas. Era el momento en el que nadie reparaba en su presencia, el momento en el que no había decenas de ojos clavados en ella.

No le disgustaba cantar, al contrario, se había resignado a la vida que tenía y no le importaba lo más mínimo continuar teniéndola. Se acoatumbró a ser el centro de las miradas, a que su nombre fuera de boca en boca, se acostumbró al sonido de los aplausos, aquella droga de los músicos y los artistas, una adición de la que era imposible salir. Se había acostumbrado a los álamos y como consecuencia, cierto aire de superioridad se audueñó de ella y la prepotencia en ocasiones teñía su tono de voz.

Ni una sola palabra salió de los labios de Kathleen en todo el trayecto, pequeños asentimientos para mostrar su acuerdo o su desacuerdo con los comentarios que de vez en cuando el hombre hacía. Llegaron al establecimiento que prácticamente se había convertido en su hogar, en la enorme sala todas las noches se preparaba el escenario para su actuación y en una de las habitaciones de arriba que habían quedado libre por la emancipación del hijo mayor del matrimonio que regentaba el lugar estaba su vestido, los pendientes largos y los altos tacones que se colocaba en cada velada.

Incluso más de nada noche, demasiada agotada como para soportar el trayecto de vuelta a casa, se quedaba a dormir allí. Era un trato ventajoso, ellos no tenían que pagar nada por actuar allí, se quedaban con el dinero de las entradas y los dueños del espacioso local, recibían una clientela que buen beneficio dejaba. En los años dorados más dinero del que pudieran contar pasaba por sus manos pero ahora los tiempos habían cambiado y a pesar de que se seguían encontrando beneficios, eran bastantes menos.

Kathleen se despidió del hombre dedicándole una deslumbrante sonrisa antes de apresurarse a decir que debía comenzar a prepararse y encaminarse a toda prisa escaleras arriba, despojándose del abrigo y la bufanda que ya comenzaban a molestarle.



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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Yconia el Dom 27 Sep - 19:10

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Alessio Raffaele | con Kathleen.
Las coloridas calles resplandecían aún más con las farolas que alumbraban el camino de aquellos que elegían utilizar sus propios pies como medio de transporte. El italiano no paraba de maravillarse con las interminables bellezas que aquella ciudad era capaz de desplegar. Más que eso, su sorpresa se encontraba dirigida hacia su propia mente y la incapacidad de ésta por producir algo decente, aún cuando tan bella ambientación se encontraba lista para ser plasmada; una doncella dispuesta a ser atrapada en un lienzo, sin embargo algo faltaba. Era como un espacio en blanco, algo que provocaba que al final destrozase sus obras. Se sentía incompleto, desesperado.

Y sin embargo la promesa de una mejora se encontraba en aquel lugar, uno que bien podría haber pasado desapercibido por su propio ojo, dada su propia personalidad reclusa. Había andado desde su hotel ubicado a unas cuantas manzanas del lugar, todo con tal de encontrarse con un querido amigo, uno que había prometido no defraudarle. Volcar las últimas esperanzas en un hombre que poco sabe de arte e incluso en alguna dama de extraño proceder no era algo que acostumbrase, mas la desesperación actúa de maneras curiosas y Alessio no era quien para juzgar, al menos no en aquellos tiempos.

¡Alessio!

La incorrecta pronunciación de su nombre en labios ajenos le provocó sonreír, sardónico al tiempo que se acercaba a su amigo, un joven de escasos veinte años.

¡Jorge! —saludó el italiano, mutando el nombre ajeno a uno de mejor alcance a sus músculos entrenados en la lengua romance.

Se tomaron la mano y dieron paso al abrazo amistoso de siempre. Alessio había aprendido que aquella era la manera correcta de saludar a un hombre en aquel lado del mundo. Donde sea que fueres, haz lo que vieres.

Una tenue charla repleta de elogios a una mujer desconocida, así como promesas interminables, fue la entrada de aquella velada mientras ambos esperaban a que el espectáculo diese comienzo, sentados en aquel asiento privilegiado, justo al frente del sencillo escenario.

No sabía qué esperar. Conocía a muchos artistas que buscaban su inspiración en alguna musa, que podía tener la forma de una mujer o de un hombre, por lo general jóvenes, sin embargo Alessio jamás había quedado prendado de alguna fémina de aquella manera. Aún cuando se encontraba casado y amaba a su mujer, la relación era estrictamente aquella entre una mujer y un hombre en sagrado matrimonio, nada más que eso.

No obstante, el ateo se volvió al cristianismo en un abrir y cerrar de ojos. No necesitó más de un par de segundos para que su cuerpo entero entendiese lo que estaba sucediendo con él. Ahí se encontraba ella, aquel ser que tanto había intentado encontrar a lo largo de su carrera artística. Ella era ese algo que faltaba en el lienzo, ese no sé qué que le impedía producir algo decente y que le había dejado con la lengua escaldada de tanto llamarle sin resultado durante tanto tiempo. Era ella. Su musa.





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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Brette el Mar 29 Sep - 13:48

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Kathleen Davenport | con Alessio.
El  vestido de tela importada que había sido confeccionado a medida caía ajustándose a su silueta, con la espalda descubierta y unos tirantes que en el cuello se encontraban. Pequeños adornos, minúsculos cristales que con tan solo unos rayos de luz resaltaban el vestido, dándole un aspecto todavía más deslumbrante.

La gargantilla, uno de los últimos regalos con los que Harold la había obsequiado no por agradarla sino por el efecto que causaba en las actuaciones lucia en su cuello. Todo se trataba de la puesta en escena, de dejar al público con la miel en los labios, lograr que ideasen tan maravillados que no pudiera hablarle de otra cosa a sus conocidos y algunos incluso acudirían a la próxima actuación, solo para contemplarla.

La belleza y su voz eran las únicas armas de las que la joven disponía, pero también se habían convertido en su condena. Se veía atada a un hombre al que le podía la avaricia y cuyo único propósito era mantener cuanto mas lleno posible su bolsillo, sin importarle a costa de quien fuera y en Kathleen había encontrado una excelente fuente de ingresos.

Se quedó unos segundos con la mirada clavada en el espejo, observando la mujer que le devolvía la mirada, asegurándose de que sus labios y el pelo estaban perfectamente. Se colocó uno de los mechones tras la oreja antes de tomar aire, dedicar una perfecta sonrisa llena de superioridad al reflejo, confiada de los buenos resultados de la actuación.

Pasó los minutos de un lado a otro de la estancia, entonando en voz baja pequeños ejercicios para calentar la voz. Abajo ya se podían escuchar el ruido de mesas y sillas, las alegres conversaciones entre unos y otros, las risas apagadas que solo se podían llegar a intuir.

Los artistas por definición suelen ser caprichosos y Kathleen en ese aspecto no era una excepción, al contrario, la cantante perfectamente podría ser la mujer por la que tal regla tenía sentido. Tenía férreas costumbres, antes de un concierto seguía una estricta rutina que ni Harold ni ninguna persona sobre la faz de la Tierra se atrevía a impedirle. Y es que, si algo había aprendido de la fama, del éxito, de los aplausos, de los admiradores y los ramos de flores que dejaban a su nombre era que lo primero para convertirse en una estrella era actual como tal.

La puerta de su habitación se abrió en el instante que terminaba de entonar las últimas notas, Harold entró en la estancia, con la satisfecha sonrisa que solo un bolsillo lleno de dinero -o al menos con lo que en una noche pudieran recaudar- proporcionaba.

Ya es la hora, la sala está repleta —dijo acompañando las palabras de un leve asentimiento de cabeza para apremiar a la joven a salir lo antes posible.

Kathleen solo se molestó en dedicarle una sonrisa, acompañado de un leve asentimiento antes de bajar las escaleras. El mismo camino de siempre, podía escuchar el cada vez más notable cuchicheo, el tintineo de las copas, el sonido del vino o el whisky llenándolas.

Las luces se hicieron más tenue cuando a tan solo unos pasos estuvo de la entrada al escenario, un sepulcral silencio se fue produciendo de forma lenta, durante unos instantes incluso algunos callaban a otros y finalmente, llegó su momento. Solo se escuchaba el sonido de sus pasos, resonando en toda la amplia sala, paseó la mirada por los alrededores, tenía como norma no observar a nadie del público más de tres segundos, era una manera de concentrarse, de no clavar la mirada en ningún punto concreto.

Tomó aire, dedicando un fugaz vistazo a Harold que de brazos cruzados permanecía inmóvil hasta que la primera nota saliera de sus labios. Llevando las claras orbes hacia el pavimento, se irguió, disfrutando de aquellos cortos instantes que parecían hacerse interminable, cerró los ojos y sin esperar mas tiempo, comenzó a cantar, llenando con su voz hasta el mas pequeño recoveco de la sala.



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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Yconia el Dom 4 Oct - 1:44

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Alessio Raffaele | con Kathleen.
El suave bullicio se hacía presente en la sala. Aún así se trataba de un sonido quedo y agradable, típico de aquellas reuniones sociales de la alta gama. Aquella era una de las cosas que diferenciaba a aquel lugar de una agrupación entre gente del populacho. Y era un acuerdo en común entre todos, ya que ninguno se atrevía siquiera a romper con esa tranquilidad que formaba parte de aquella alianza social.

Las luces se volvieron tenues y unos pocos instantes después una suave melodía empezó a llenar el ambiente. Una voz dulce, melodiosa y que llegó a erizar cada uno de los pequeños vellos del cuerpo se instaló en todas las mentes presentes, sobre todo en la del artista quien firmó aquel pacto con el mismo satanás una vez pudo comprender la belleza de aquel timbre.

Sus emociones eran un carrusel. La melancolía, tristeza y sensualidad era lo que más alebrestaba a su caprichoso corazón. No tuvo entendimiento del tiempo ni de la rapidez con la que transcurrió, ya que para cuando el show dio término y los modestos aplausos aparecieron aún no lograba que su mente volviese a la realidad. Tuvo que sentir una sacudida y escuchar una voz conocida para responder.

Alessio, ¿estás bien?

El italiano sorprendió a su amigo apoyado casi contra la mesa, con una mano sobre su hombro en un intento de despabilarlo. Alessio miró la mano con una ceja elevada, casi con los ojos vacíos, aún intentando comprender qué sucedía y dónde se encontraba. Parpadeó un par de veces más antes de alzar el rostro y observar a George con una seriedad fatalista.

Jorge —dijo con gravedad—. Necesito conocerla.

En los labios de George se asomó una sonrisa que terminó por agrandarse luego de que éste soltase una larga carcajada. Dos palmadas al hombro contrario sirvieron para asegurar un trato silencioso.

Justo conozco a su mánager —comentó con orgullo—. Espérame aquí. No te muevas.

George se alzó de su asiento con tal de alejarse y perderse entre la gente. Mientras tanto el corazón de Alessio volvía a experimentar aquella emoción que tan sólo un adolescente enamorado podría haber sentido al verse seducido por su primer amor. Esperar. Tan sólo le quedaba eso.





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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Brette el Lun 5 Oct - 18:16

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Kathleen Davenport | con Alessio.
El espectáculo terminó, las ultima nota y los armónicos parecieron seguir resonando en la sala segundos después de que su voz se hubiera apagado. De nuevo, el silencio durante unos instantes se hizo latente, los presentes, cada uno de los pares de ojos que estaban clavados en ella parecían incluso mantener la respiración, temiendo romper el silencio que se había apoderado. Ojos abiertos de par en par, maravillados, con el brillo que solo deja la visión de algo extraordinario. Milésimas de segundo, tan solo fue eso el tiempo que tardaron en darse cuenta de que todo había terminado pero a Kathleen, como cada velada se le hacían eternos y juntando todos esos instantes que había experimentado a lo largo de cada actuación en toda su vida estaba segura que daban para vivir miles de años.

Los primeros tímidos aplausos comenzaron a hacerse audibles, poco a poco a estos se fueron sumando los de cada mesa, podía escuchar los halagos de las mesas más cercanas, los "bravos" al final de la sala... Era el reconocimiento de los artistas, peor que cualquier droga, algo que se hacía cada vez más necesario y podía llegar a suplir el aire que respiraba. La obsesión de muchos, la locura de todos los que habían caído en el olvido.

Hizo una leve reverencia, con la mejor de sus sonrisas, agradeciendo a todos cuanto estaban allí, posando la mirada en algunas de las mesas y finalmente, cuando alguno de ellos por el júbilo incluso habían llegado a ponerse en pie sin dejar de aplaudir, Kathleen, sabiendo que era el momento de marcharse, con la esperanza de que una buena cantidad viniese al día siguiente o al menos corrieran la voz, bajó del escenario. Internándose por la habitual puerta, tomando las escaleras que daban a la habitación, todavía escuchando los aplausos apagados, con la esperanza de que la mujer volviera.

Fue a la habitación con una magnífica sonrisa bailando en los labios, tomó asiento frente al espejo, satisfecha con el espectáculo, con el reflejo de la hermosa mujer que le devolvía la mirada. Lo había conseguido, otra actuación excelente, en unos minutos parte de los presentes se marcharían mientras otros, preferirían quedarse charlando, tomando una copa de vino o whisky enfrascados en triviales conversaciones. No faltaba demasiado para que Harold subiera a felicitarla, dejar un beso en su cabeza y decir lo grandiosa que había sido. Con suerte, traería un par, o tal vez dos de flores. Algunas firmadas, otras simplemente con una inicial y otras anónimas.

Fueran de quién fuesen siempre le gustaba dejarlas en los jarrones repartidos por la habitación, le daba un aire más alegre a la estancia y la llenaban de un aroma agradable.


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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Yconia el Lun 14 Mar - 23:23

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Alessio Raffaele | con Kathleen.
Buscaba alisar los invisibles dobleces de su impecable traje mientras su mirada se encontraba fija en aquella puerta que rezaba: "Kathleen Davenport".

Kathleen. Incluso su nombre podría ser cincelado y ser llamado la obra maestra del siglo. Él mismo pagaría millones por algo así. Pero no era una cuestión de avaricia. Lo que obligaba a aquel artista a permanecer inmóvil, con las nerviosas palmas afianzando el florido regalo de un malaventurado fanático, no era un simple deseo material. Aquello iba más allá de lo físico; era un sentimiento que jamás había experimentado y al cual sus tantos mitos no hacían justicia. Se sentía desfallecer. El terror por el rechazo fue también una sensación reciente.

Sin embargo el artista apeló a su propio ego e, inflando el pecho, se atrevió a golpear con los nudillos aquella barrera. Se encontró a pocos segundos de esconder su rostro entre el matorral de rosas —una flor que, por lo general, le parecía corriente, mas la situación lo meritaba—, cuando una mujer de extraño proceder se precipitó, con la experiencia de aquella que se ve obligada a lidiar con decenas de entusiastas enamoradizos, se escurrió entre Alessio y la puerta para abrirla sin miramiento.

Kathleen —soltó la mujer, sin cerrar la puerta siquiera.

El artista, ni tonto ni perezoso, dejó que sus impulsos tomasen lo mejor de él y asomó la mirada por entre la rendija. Ahí la vio, tan hermosa, tan perfecta para el lienzo, para el mármol, para el corazón.

Harold va a tardar unos minutos en venir. Tuvo un asunto urgente que atender —siguió—. Me pidió que te dijera que lo esperaras.

Y con eso salió, sin dirigirle de nuevo una mirada a Alessio y, también, sin tomarse la molestia de cerrar la puerta.

El artista se vio a un paso de la tentación. No planeó detener el curso de aquel deseo y, volviendo a golpear la puerta casi como disculpa y para alertar a la mujer de su presencia, se dispuso a adelantarse tan sólo un paso. No había podido esperar a que Jorge hiciese uso de sus conexiones. La curiosidad había podido con él.

Signorina —empezó.

Mantuvo su mirada sobre el rostro contrario y una vez ella giró su atención hacia él, la respiración del artista se vio atrapada en el abismo. Tanto potencial. Tanta belleza era irreal. Su corazón bombeaba sangre que su cuerpo no necesitaba, mas la pasión procuraba extender su tormento. Tuvo que desviar los ojos de los contrarios para evitar ser arrastrado a aquella vorágine de sensaciones.

Me disculpo por mi osadía —aclaró de antemano, extendiendo el ramo de flores hacia ella, sin dar un paso adelante para evitar mostrarse más descortés—. Sin embargo debo preguntaros algo. Imploraros que escuchéis mi egoísta anhelo.

Alzó la mirada, volviendo a acaparar la contraria.

En todos mis años no había conocido belleza más perfecta —prosiguió—. Si tan sólo pudierais escuchar mi deseo. —Parecía orar a algún ser superior—. Quisiera que tomaseis en cuenta la siguiente petición. —Y entonces combatió al miedo y se atrevió a dar un par de pasos hacia delante, deteniéndose a unos cuantos centímetros de la silla de la mujer—. Kathleen Davenport, permitidme plasmar aquella belleza en arte. En óleo, acuarela, mármol, piedra, incluso a lápiz y papel. Enloqueceré si no es así.

Primera vez que siquiera se miraban y, como tal, el artista entendió que de no ser capaz de hacerla vivir en el arte, no volvería a pintar ni esculpir.





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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Brette el Vie 25 Mar - 11:53

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Kathleen Davenport  | con Alessio.
La mujer permanecía con la mirada clavada en el espejo, por unos instantes, toda la adrenalina y la alegría de la actuación se habían esfumado, dando paso a una mirada que albergaba una profunda tristeza. Parecía inimaginable que cualquier persona pudiera concebir tal sentimiento con semejante intensidad y mucho menos alguien a la que tanto le quedaba por vivir. La soledad traía consigo el pasado, los recuerdos de la niñez, de la juventud... Podía incluso percibir el olor del sucio hostal en el que su madre trabajaba. El olor del tabaco, el humo casi asfixiante, el sonido de las risas de los borrachos, las conversaciones que se entremezclaban incomprensiblemente, dejando un ruido insoportable.

Nunca le había gustado el ruido ni los lugares abarrotados de gente que hablaba a gritos. Al instante comenzaba a sentirse mareada, le dolía la cabeza e incluso el costado. Prefería la calma, el silencio y ante todo, en más de una ocasión, la soledad. En esos momentos la asaltaban mil y una preguntas, si había sido feliz a lo largo de su vida o si su madre lo había sido, si se enorgullecería de verla en la actualidad o por lo contrario retiraría la mirada, sin conocer en qué se había convertido su hija. La felicidad era algo demasiado relativo como para determinar si en algún momento disfrutó de ella. Era esa meta inalcanzable, esa utopía que a lo largo de la vida todo ser humano se esforzaba por conseguir y descubría para su desagrado en el lecho de muerte que no la había alcanzado.

Los golpes en la puerta le arrebataron las ensoñaciones del pasado con suma rapidez. Al instante sus ojos volvieron a cobrar el mismo brillo que de costumbre, todo rastro de tristeza se esfumó y sin levantarse, se giró levemente hacia la procedencia del ruido. Esperaba ver a Harold, ya incluso podía imaginar los cumplidos y la sonrisa de satisfacción que siempre resultaba insaciable alimentada por el pensamiento de poder ganar más y más dinero. Pero en vez de el hombre alto y trajeado con rosas y ramos de los admiradores entró la dueña del establecimiento, con la naturalidad de costumbre. No se molestó en cerrar la puerta a su paso y tras transmitir el mensaje se limitó a salir dedicándole una leve sonrisa.

Kathleen simplemente asintió, agradeciéndoselo con el encanto que solía portar allá donde fuera antes de que la puerta se cerrara. Apenas había tenido ocasión de acomodarse en el asiento con dos nuevos golpes en la puerta la hicieron volver a girarse. No sería la primera vez que Harold decía una cosa y hacia completamente la contraria o quizás se le había olvidado decirle algo. Sin embargo, ninguna cara conocida entró en la estancia. Era un hombre alto, de impoluto traje, algo más joven que Harold, recordaba vagamente haberle visto sentado en una de las mesas durante la actuación.

Le examinó detenidamente, en su rostro se podía distinguir cierta sorpresa pero sobretodo tenía curiosidad por lo que pudiera decir. En los ojos del hombre no había encaprichamiento ni egoísmo, parecía estar extasiado, cada palabra le costaba un mundo y en el instante que apartó la mirada distinguió algo más; desesperación.

Se levantó de la silla, alisándose levemente el vestido sin apartar la mirada. Tomó el ramo de rosas con una sonrisa, contemplándolo por unos instantes—. Adelante, hablad sin miedo —dijo en un tono amable, como si intentara aliviar los nervios del pobre hombre, despojarle del peso que le oprimía el pecho. La propuesta era una súplica desesperada, como el último aliento de un moribundo que no descansará en paz hasta que se cumpla. Era el deseo de un hombre cuerdo al borde de la locura si no lograba satisfacerlo. Por primera vez, la mujer dejó atrás la arrogancia que portaba con algunos, aquella majestuosidad propia de reyes o nobles, la indiferencia con la que se protegía de Harold y de cualquiera que estimase una amenaza.

Sintió una punzada de misericordia, vio un profundo dolor en el brillo de los ojos del hombre y con tan solo pensar que tenía el poder de aliviarlo, de lograr que aquella desesperación se esfumara podía estremecerse. Siempre había cautivado a los hombres, Harold siempre decía que tenía un don para aquello, que cualquiera que la observara podría quedar prendado de por vida. Pero jamás pensó que una situación como aquella fuera posible—. ¿Quiere... que sea algo parecido a una musa? ¿Retratarme? ¿Esculpirme? —preguntó aún sosteniendo las flores que el hombre le había dado. Por unos instantes quedó absorta en su mirada, en el pensamiento de verse así misma representada en mármol o en un cuadro. Le atraía la idea, a quien no podía agradarle, convertirse en una obra de arte.

Sin embargo, pronto fue devuelta a la realidad, al darse cuenta de que no era una mujer libre, de que pertenecía a otra persona y estaba encadenada a aquel lugar por el resto de su vida, hasta que pagase una deuda que ni con su muerte ni con mil años de trabajo se saldaría —. Lo siento, pero no estoy segura de si eso será posible —respondió en un tono de voz más bajo, intentando parecer fría, distante, intentando armarse de la arrogancia que había dejado atrás. Apartó la mirada, incapaz de mantenerla en los ojos del contrario, se veía incapaz de observar el dolor que aquello podría causarle. Se giró dejando las flores en el jarrón vacío, como desesperada excusa para poder justificarlo, con la tonta esperanza de que el hombre se diera por vencido.



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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Yconia el Sáb 27 Ago - 6:36

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Alessio Raffaele | con Kathleen.
Lo que antes pudiese haber generado vergüenza en el artista, sabiéndose presa de los achaques de una leyenda a la que solía desdeñar, ahora no podía mas que abrumar sus sentidos. Era como si de repente la existencia de un Dios al que tanto ignoraba se hubiese vuelto tan tangible que era capaz de tocarlo con las yemas de los dedos y, conociendo el alcance de su poder divino, no se atreviera a tal acción. Inclusive rebuscaba en su mente las palabras correctas, cavilando la posible reacción que pudiesen generar en un ser tan precioso. No era que en la realidad de ese ser existiese la fragilidad, sino que aquella imagen creaba dicha ilusión y, fuese o no cierta, no quería tener la oportunidad de desmentir a su pérdida de cordura.

Esperó su respuesta y aún cuando la misma no fue lo que esperaba y su pecho resintió dicha resolución, no se hundió en el abismo de la tristeza. La razón era simple: había notado un brillo especial en los ojos de la mujer al haberle planteado la pregunta. Sabía que le atraía la idea y, también, tenía bien en claro que existía algo fuera de su alcance que impedía dicho sueño fuese realidad.

Signorina —repitió, esta vez tomándose el atrevimiento de dar un par de pasos hacia ella, cortando distancias, aunque aún cuidando mostrar su respeto—. ¿Existe una manera en la que podáis estar completamente segura de ello?

Notaba el deseo y aprovecharía al máximo cualquier oportunidad que existiese y, sobre todo, que tuviese al alcance de sus dedos. Después de todo era un artista y uno que llevaba demasiado tiempo sin poder producir nada coherente. Tanto su vida como su reputación se encontraba en la línea. Y no era sólo eso. No podía desperdiciar tal oportunidad; era una que llegaba una vez en la vida y de no hacer lo posible por conseguirla sabía con certeza que enloquecería.

Sé que es un deseo totalmente egoísta, signorina —dijo—, pero considero que es aún más cruel vetar al mundo de tal belleza con la cual fuisteis otorgada.

Mantuvo la mirada sobre ella durante unos minutos en total silencio, llenando sus sentidos de aquella hermosura, ese raudal de emociones que esos preciosos ojos desbordaban. Notaba la tristeza en ellos, así como la esperanza, el cansancio; todo eso la hacía ser lo que era. Podría sonar cruel, pero no buscaba darle salvación, ya que aquello significaría cortar una flor de aquel magnífico jardín. La ausencia de aquel color sería demasiado notable. Ella era preciosa por ser como era, con todo y sus pesares.

Despertó de su ensimismamiento, tomándose unos segundos más para recobrar la completa lucidez. Giró entonces el cuerpo, dirigiéndose a la puerta, la cual cerró con lentitud, sin echar cerrojo. No buscaba alarmarla, sin embargo aquella plática ya estaba desnudando demasiado su propia alma. No deseaba que algún extranjero llegase a apreciar más de lo que ya pudiese haber mostrado.

Podría daros mil y una razones por las cuales deberíais escuchar a mi súplica, pero creo que una acción vale más que mil palabras.

Se giró hacia ella, manteniendo de nuevo la adquirida distancia.

Permitidme al menos demostraros que no estoy jugando. Incluso un boceto vuestro sería el inicio de mi más grande obra. —Dio un paso al frente, estirando una mano, casi como súplica—. Aceptad este deseo egoísta, de este desesperado artista.

Dispuesto estaba incluso a arrodillarse ante ella, a besarle los pies o el camino por el que andase. No tendría vida si ella no se la devolvía.





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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Brette el Jue 8 Sep - 15:28

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Kathleen Davenport | con Alessio.
Estaba desesperado, completamente desesperado. Ante sus ojos tenía la figura de un hombre que se encontraba en el denso abismo que separa la cordura de la demencia. Muchos hombres transpasaban aquella línea ya fuera por experiencias vividas, por perdidas de seres queridos o por pasiones y deseos arrebatados pero ninguno volvía. ¿De verdad era capaz? ¿Se había convertido en una mujer dispuesta a lanzar a un hombre a su locura cuando la salvación era algo tan sencillo como su consentimiento?

A lo largo de los años que llevaba en el mundo de la actuación, muchos habían sido los admiradores. Las flores, desde el día en el que comenzó en aquel lugar poblaban toda la estancia y al día siguiente decoraban el establecimiento. Incluso cuando cantaba en las calles, cuando se detenían para contemplarla y en poco tiempo no había un resquicio para dejar el paso, jóvenes y mayores acompañaban los aplausos y alagos con flores y el repiqueteo de monedas. Los alagos de hombres que le traían el mismo corazón se multiplicaban con cada actuación y las promesas, vacías o soltadas en los momentos de súbita irracionalidad, movidos por el egoísmo, por la necesidad de alcanzar lo inalcanzable.

Pero en los ojos del hombre no veía aquello, sus intenciones no la incomodaban, al contrario. En aquella vida que estaba obligada a vivir, en esa jaula de marfil donde la única libertad la encontraba en paseos, siempre del brazo de su cazador, la idea era un soplo de vida. Le parecía inimaginable ver su propio rostro esculpido o contemplar un cuadro en el que se viera reflejada. ¿No era aquello lo que todo el mundo ansiaba? Ser inmortal, saber que aunque sus días en el mundo finalizaran, su imagen permanecería en él y viviría. Cada vez que alguien contemplase ese cuadro y esa escultura y se perdiera en sus detalles o se preguntase qué fue de aquella mujer.

Escuchó un par de pasos tras de sí, sintiendo como el corazón se encogía en su pecho pero a la vez la embargó una incomprensible alegría. No se daba por vencido. Tras contemplar un par de segundos las flores, haciéndose con las fuerzas necesarias, se giró para contemplarle. Permaneció dubitativa unos segundos, cómo volver a ofrecerle una negativa cuando sería sepultarle y acabar con el sentimiento que afloraba en su pecho, con una radiante ilusión que jamás había sentido.

¿Se puede estar completamente seguro de algo? —preguntó antes de apartar la mirada intentando prorrogar su negativa. Tomó aire, sentía que con cada razonamiento del hombre su postura resultaba más absurda. Solo volvió a obligarse alzar la mirada hacia el contrario con el sonido de la puerta.

Puede que si se negaba fuera la perdición para aquel hombre, pero si Harold llegaba, si le veía hablando con ella, firmaría su propia sentencia. Aun así, se mantuvo en silencio, esperando que expusiese lo que tenía que decir. ¿Acaso no le estaba mostrando su propia alma? ¿No estaba explicando su desesperación y parecía dispuesto a hacer cualquier cosa si con ello conseguía su propósito? Contempló su mano, la desesperación de su rostro y sintió que la seriedad y la negativa con la que se armó se desplomaban.

Está bien —no podía soportarlo más, no podía negarse mientras su corazón le repetía una y otra vez que se lanzara y tuviera la vida de ese hombre entre las manos—. Un boceto. Si cuando lo termine no quedo convencida o pienso que todo esto no es más que una tontería no volverá —sentenció aún temerosa a dar una abierta afirmación cuando la vida del hombre podría estar en juego.



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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Yconia el Vie 16 Sep - 10:49

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Alessio Raffaele | con Kathleen.
Aguardó, como lo que parecía ser ya una constante, una que felizmente aceptaría si ésta llegaba a cumplir su deseo. El diálogo interno que la mujer parecía sostener consigo misma llegó a pronto término y, al fin, accedió a su simple petición.

Se sintió dichoso, aún cuando no era una respuesta del todo afirmativa a su objetivo a largo plazo, pero era un inicio. El comienzo del fin de sus problemas.

Esperad aquí, signorina.

Pero claro que no iba a ir a ningún lado, si el que no debería estar ahí era él, sin embargo ni siquiera se dio cuenta de lo ilógico que podría haber sonado, después de todo su mente ya se encontraba pensando qué es lo que podría usar para dibujar de improviso. No tenía papel ni lápiz con el cual llevar a cabo siquiera un boceto, pero tampoco tenía problema en improvisar, al menos de momento. Si hubiese sido algún otro tiempo seguramente se hubiese quejado por la manera poco profesional en la que estaba siendo tratado, sin embargo, la situación lo requería.

Salió de aquel cuarto, apresurado. Se detuvo afuera, no obstante, sus ojos rebuscando. Fue entonces que encontró una libreta donde seguramente hacían apuntes de inventarios o inclusive alguno que otro favor personal que se debían entre trabajadores. Poco interesaba. Tenía ya el lugar donde plasmar aquella figura que deseaba borbotear de entre sus dedos, pero aún no tenía el cómo.

Rebuscó sin encontrar nada hasta que, al fin, regresó al camerino.

¿Una plu--? —Su hablar se cortó ya que justo sobre la mesa se encontraba una pila de fotografías junto a un delgado plumín.

Fotografías por autografiar y él haría uso de aquella pluma de una mejor manera que aquella.

¡Esto! —exclamó al tiempo que se apresuraba a tomar aquella pluma entre dedos.

Giró entonces hacia la puerta, de nuevo cerrándola tras de sí para luego volver y acercarse a la silla que se encontraba justo frente al espejo de la habitación. Con delicadeza, contrastante con sus acciones apresuradas anteriores, echó el asiento para atrás, mirando a Kathleen.

Por favor.

Una vez ella se encontró en la silla, echó a andar y se posicionó lo más alejado que pudo de ella. Le observó durante unos cuantos segundos, haciendo medidas pertinentes con el dedo, el plumín y su excelente vista antes de, sin más, recargar su cuerpo en la pared y comenzar a dibujar.





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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Brette el Mar 27 Sep - 22:37

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Kathleen Davenport | con Alessio.
Aunque la petición del hombre le resultó extraña puesto que se encontraba en su propio camerino y no tenía pensado ir a ninguna parte, permaneció en el mismo lugar sin hacer ningún comentario. El desasosiego que la invadió con tan solo pensar en lo que ocurriría si Harold encontrase al artista allí se fue disipando co si se tratase delos últimos resquicios de niebla antes de la claridad. Kathleen estaba absorta en los movimientos del hombre, le seguía con la riada en la impaciente búsqueda de los materiales necesarios para plasmarla.

Aquella oportunidad, aquel soplo de esperanza había dotado de vida al hombre, que entró al poco tiempo con uno de los cuadernos que utilizaba el propietario. Kath estuvo a punto de acercarse para ofrecerle la pluma, pero todo quedó en un amago y un paso en falso cuando los ávidos ojos del hombre dieron antes con el utensilio.

La cantante, sin querer romper la ilusión en la que el hombre se había adentrado, se sentó con presteza en la silla—. ¿Así está bien? —preguntó sin poder evitar cierto nerviosismo. Jamás la retrataron antes, ni tuvo la oportunidad de posar para un artista.



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Re: ► Turn my crimson into white.

Mensaje por Yconia el Mar 4 Oct - 21:02

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Alessio Raffaele | con Kathleen.
Aquellos dedos que en alguna ocasión hubiesen parecido agarrotados por el peso del tiempo y la falta de una clara fuente de inspiración ahora fluían con tal facilidad que los ojos del artista de aguaron. Era liberador, una sensación totalmente exquisita. ¿Alguna vez se había sentido de tal forma? ¿Inclusive cuando antes solía plasmar sus obras en papel o cualquier otro material posible? No. Estaba seguro de que no era así, de otra forma no hubiese sido capaz de vivir un solo día sin aquello.

Se había condenado a sí mismo. Ahora lo entendía, más que nunca. Sería incapaz de recibir un "no" como respuesta. Tendría que hacer lo posible por que ella aceptase ser parte de sí. No podría ser de cualquier otra forma.

Los limpios trazos se unían poco a poco. Inclusive el vano boceto de aquella figura resultaba increíblemente prometedora. Sin duda alguna aquella mujer había nacido para ello. Era una estatua viviente, una obra de arte en sí misma. La mejor creación de un ser divino.

Así está perfecta. —La respuesta a aquella pregunta llegó tarde, sin embargo para el artista el tiempo volaba.

Continuó por lo que serían unos cuantos minutos, sin embargo al artista se le hizo poco. En poco menos de un parpadeo ya se encontraba haciendo los últimos toques. Sombras, luces y, por último, una pequeña línea que plegaba los carnosos labios de su musa. Porque ya la había captado como propia. Sentía necesidad de ello y no se vería vetado de tal placer.

Listo —concluyó.

Se acercó a ella, girando el cuaderno hacia Kathleen para que lo observase.





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