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— The ghosts of our heads

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— The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Dom 4 Oct - 1:01

The Ghosts of our heads
1x1 - Plot - Fantasía
Summary


"Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo."


Harry Pearce, un escritor que nunca tuvo demasiado éxito, al que no le hubiera importado lo más mínimo vivir en el siglo XIX. A punto estuvo de tirar la toalla antes de que la inspiración le llevase en forma de un libro olvidado en una parada de autobús, fue en ese instante, cuando una idea asaltó su cabeza, Amelie. La imagen de una mujer asaltó al instante su cabeza, el nombre de Sherlock Holmes pareció activar un resorte en su cabeza y al instante se puso a escribir sobre una chica agente de policía, inteligente, observadora, capaz de resolver un caso con dos detalles que habrían pasado inadvertidos para todos.

El primer libro fue acogido con gran recibimiento, incluso disfrutó de la fama durante algún tiempo pero la fama es algo efímero, que se terminó evaporando más pronto que tarde y en tan solo unos meses, nadie volvió a hablar de la intrépida Amelie.

Aun así Harry continuó con las historias, tecleando en la antigua máquina de escribir durante diez largos años hasta que finalmente, sufrió la misma maldicion que asaltó al escritor que había sido efecto de su inspiración. Odiaba a su personaje, dudaba mucho que alguna editorial publicase dos libros más de la detective y decidió ponerle fin. Ya prácticamente tenía el libro terminado, solo el último capítulo, el capítulo en el que todo terminaría y pondría fin a la vida del ficticio personaje.

Pero había algo con lo que Harry no había contado, encontrarse y tener que darle explicaciones al personaje que él mismo había creado.

Personajes
Harry Pearce | Colin Firth | Golden Heart
Amelie Butler | Bryce Dallas Howard | Brette
Cronología


Día 1
© RED FOR SS


Última edición por Brette el Dom 1 Nov - 21:50, editado 1 vez


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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Lun 5 Oct - 16:05

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
Harry abrió los ojos. Su habitación estaba oscura, pero sabía que era de día; se lo decía el reloj de cuco de la esquina. Aquel era uno de esos días en los que las sábanas estaban pegajosas, y no ya por su reticencia a levantarse, sino porque había una gran mancha de tinta sobre el colchón. Lo mas probable es que se hubiese quedado dormido mientras trabajaba. Tenía una de sus manos apoyada sobre aquella sustancia, y aún adormilado se llevó uno de los dedos a los labios, dejando una pequeña marca sobre ellos. Realidad o sueño. Nunca sabía diferenciarlos. Se limitaba a vivir ambos tal y como lo haría en la realidad.

Con pesadez se despojó de las sábanas y de un solo movimiento, se sentó en uno de los bordes de la cama e introdujo los pies en las cómodas y acolchadas zapatillas. Sus movimientos eran tan lentos que casi parecía un muerto que desconocía su condición. Con ayuda de sus manos, consiguió levantarse, y como si fuera un resorte, dio dos pasos hasta el armario y escogió su ropa metódicamente; un buen traje, como de costumbre. Aquel día no tenía planeado salir, pero debía estar presentable por si recibía alguna visita (algo que hacía años que no pasaba).

Era posible que si tratases de abrir el pecho de Harry, te encontrases los mecanismos que le hacían funcionar. Era tanto un hombre de costumbres que, aunque llevase dos años aborreciendo los yogures de plátano, no podía comprar otros. Ya se había duchado, vestido y peinado, y de acuerdo con su reloj biológico, le tocaba desayunar. Su casa constaba de dos pisos, y aunque su habitación estuviese en el segundo, tenía que bajar las escaleras para llegar a la cocina. Los escalones, a juego con la casa, eran extremadamente antiguos a la par que elegantes, por lo que a cada paso, la madera crujía bajo sus pies. Al final del primer tramo, había un espejo de cuerpo entero. Mr. Pearce, como le gustaba que le llamasen, lo usaba  a menudo para comprobar que su pelo no se hubiese descolocado en el trayecto desde el baño, pero aquel día se detuvo más tiempo. Por un momento no reconoció al hombre que se reflejaba en él. Parecía un hombre cansado, triste, pálido, casi se podía distinguir un aura gris a su alrededor. Harry miró la imagen consternado ¿era aquella persona él mismo? Sin embargo, aquella reflexión tuvo que ser aplazada, porque un ruido en el piso inferior llamó su atención

Harry estaba paralizado. No era ni mucho menos el más valiente de los hombres, y la idea de que un desconocido estuviese en su casa tampoco era la más placentera. Agudizó su oído y se mantuvo a la espera. Podía haber sido su mera imaginación, o la madera vieja crujiendo. Su mobiliario era bastante antiguo, así que no era la primera vez que algo se rompía sin motivo aparente. Ya se estaba haciendo a la idea de que no había sido nada cuando el sonido se repitió. Mr. Pearce pensó en esconderse; quizá, fuera lo que fuera, se marchara, pero entonces recordó que guardaba todo su dinero allí, ya que desconfiaba de los bancos, y decidió aventurarse abajo. Puede que fuera cobarde, pero también era práctico; bajó las escaleras lentamente, haciendo el menor ruido posible, y al llegar al salón, se armó con el atizador de la chimenea.

Más ruido. El escritor levantó el atizador por encima de la cabeza, y tras armarse de valor, entró preparado para dar con su pseudo arma a lo primero que se moviese. Sin embargo, sus ojos, entrecerrados por el miedo, se abrieron con una amplitud sorprenderse cuando puso la vista en la figura que ocupaba la sala.

- Tú... tú... tú no eres real - Retrocedía lentamente, alarmado por su descubrimiento; ¿Cómo podía haber un personaje de sus propias novelas en el medio de su cocina? Y lo que es más importante ¿Por qué precisamente ese?



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Dom 11 Oct - 17:11

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
Los rayos de sol iluminaban la estancia, traspasando los cristales de la cocina, dándole un aspecto alegre y animado a la casa, varios alumbraban la blanca encimara, uno traspasaba el jarrón de cristal, provocando un admirable espectáculo de colores, que incluso hizo a Amelie detenerse un par de minutos para contemplar los brillantes colores. Dedicó un vistazo con cierta tristeza a la flor más estropeada cuyos pétalos comenzaban a marchitarse y amenazaban con precipitarse en no menos que un par de días.

Tendría que comprar flores nuevas, cuando pasase por la calle a tan solo un par de manzanas cerca del trabajo debía recordarse así misma hacer una parada en la pequeña floristería de la calle, un negocio que llevaba décadas en la misma localización, un pequeño edificio que a simple vista parecía un destartalado y pequeño negocio pero que sorprendía desde el instante en el que se ponía un pie dentro. El aroma de las flores al instante te daba la bienvenida, cientos de colores, flores exóticas de nombres extraños que nunca se había molestado en recordar, decorando las paredes en enormes estanterías que se alzaban hasta donde la vista pudiera llegar.

Incluso las famosas flores del desierto, esparcidas en tarros de cristal repartos de agua para que se pudiera admirar su majestuosidad. Pero lo mejor de ese establecimiento sin duda estaba en la señora William, una anciana viuda que junto con su difunto marido montaron el establecimiento cuando ambos se mudaron a la ciudad. Ahora, con cuatro hijos casados y al rededor de unos cuatro o cinco nietos, estaba completamente sola.

Avanzando hasta la nevera, tanteó con la mirada los alimentos, tamborileando con una de las manos en la puerta mientras pensaba en qué desayunar. No tardó demasiado en llegar a la conclusión de que las tortitas eran algo demasiado aparatoso para lo que aquel día no tenía tanta paciencia. En su defecto, las tostadas tenían que ser más que suficientes. Conectó la cafetera, se estiró para coger la taza del pequeño armario y pacientemente esperó a que el traqueteo de la máquina terminase.

Adoraba los sábados, con diferencia se trataba del mejor día de la semana. Le apasionaba su trabajo, por supuesto, pero estar rodeada cinco y alguna que otra vez siete días a la semana de completos ineptos podía terminar con la paciencia del cualquier persona y si por algo se caracterizaba la joven era por la gran falta de esta y el fuerte temperamento que en más de una ocasión salía a la luz cuando las cosas no le salían bien.

No fue hasta que las tostadas estuvieron listas y se las ingenió para dejarlas en el plato sin quemarse demasiado cuando se pecató de algo. Pasos, pasos demasiado cercanos, al principio inaudibles pero lentamente fueron resonando, a medida que la pelirroja le pestaña más atención. No se molestó en armarse, simplemente cogio la taza de café recién hecha después de dejar el plato sobre la mesa.

Una sonrisa surcó los labios de la mujer en el momento que contempló la escena. Armado con un atizador que sorprendentemente no cayó al suelo cuando los ojos del escritor se toparon con la figura de Amelie. Palideció al instante, pareció que todo rastro de vida había abandonado su cuerpo. Estaba completamente aterrado.

Butler cogió la mantequilla y la mermelada con total naturalidad, como si estuviera más que acostumbrada a ese tipo de situaciones y no le sorprendiesen lo más mínimo. Incluso se habría sentado a desayunar pero sorprendentemente Harry reaccionó con notoria rapidez.

Yo... Buenos días a ti también —respondió con una socarrona sonrisa, apoyándose levemente en la mesa con la taza de café en ambas manos—. ¿Qué no soy real? —preguntó en un bufido sin poder evitar reírse, negando levemente—. Menuda grosería, por supuesto que lo soy. Soy igual de real que tú —contestó antes de comenzar a avanzar con cortos pasos pero más rápidos que los que el sorprendido hombre alcanzaba a dar.


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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Lun 12 Oct - 16:27

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
Las fuerzas se le escapaban como si la misma existencia de Amelie pesase sobre la cabeza de Harry. Quizá era eso, quizá su existencia pesase porque sólo existía en la misma. Sí, eso debía ser. Por un momento sintió que iba a desfallecer, y el único motivo por el que no soltó el atizador fue porque el suelo era de madera y no quería ningún rasguño sobre él. No obstante, no pudo aguantarlo sobre su cabeza y acabó bajándolo de golpe.

Abría y cerraba los párpados rápidamente, con la esperanza de que aquel mal sueño se desvaneciese, con suerte limpiando la comida que había sacado de la nevera, pero no era así. Con sumo cuidado, apoyó el atizador sobre el suelo, y descansó su propio peso sobre él, temiendo desplomarse de un momento a otro.

"Soy igual de real que tú" ¿Cómo podía ser eso? No, algo estaba mal. Él nunca había sido un lunático, excéntrico sí, pero lunático no. Entonces ¿quién era esa chica de su cocina? Y una pregunta igualmente importante ¿cómo había conseguido hacer funcionar esa cosa? Máquina de café, lo llamaban. Ya no recordaba cuándo se la regalaron, pero él nunca llegó a usarla. No sólo porque era incapaz de conseguir que hiciese su función, sino también porque siempre prefirió el té al café.

El escritor abría y cerraba la boca como si tratara de pronunciar algo, pero apenas le salían algunos balbuceos. No tenía la más mínima idea de cómo enfrentarse a aquella situación. Ella parecía actuar perfectamente natural, como si hubiese vivido en aquella casa durante varios largos años, aunque para ser sinceros, en parte era así.

Tardó varios segundos en asentar la información en la cabeza y conseguir parar su boca. De acuerdo. Quizá no era real como ella decía. Por tanto, puso en marcha la manera que le pareció más directa para comprobarlo. A pasos cortos y aún con el arma en la mano, se fue acercando a ella. A pesar de ir armado, antes que usar el atizador pensaba salir por patas, pero al fin y al cabo llevar algo contundente en la mano siempre aportaba seguridad. Ya estaba a menos de un metro de ella, y si alargaba el brazo, podría tocarla. Bien, eso es lo que iba a comprobar. Con un poco de miedo, alzó la mano que tenía libre hacia una de las de Amelie. Lenta pero constantemente, los dedos se acercaban a la piel de ella, pero nada más se rozaron, Harry apartó la mano. Lo había sentido; había sentido el tacto de su personaje. ¿Cómo podía ser eso?

- Imposible... - Musitó alejándose un poco hacia la puerta a trompicones. Él era la clase de hombre que sólo cree lo que veían sus ojos, y en parte por eso mismo desconfiaba de la electricidad, Dios, e incluso los sentimientos, aunque estos últimos los había llegado a experimentar tan vivamente que no sabía qué pensar. Por esto mismo, la realidad que le contaba su vista aquella vez le parecía tan improbable que su mente no sabía a qué hacer caso; si a la razón o a la vista.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Miér 14 Oct - 23:09

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
Amelie contempló el espectáculo como si se tratase de algo completamente normal, la gente recogía el periódico por las mañanas y ella se encontraba a hombres armados con un atizador que no eran capaz de articular dos palabras seguidas con un mínimo de coherencia.

Dejó que de sus labios escapase un suspiro, observando cómo de repente bajaba el atizador y posiblemente no lo dejaba caer por el estruendo y la marca en el suelo de madera que costaría sudor y lágrimas sacar. La joven se apoyó levemente en la mesa, cruzándose de brazos en gesto de leve impaciencia, no tenía todo el día solo para aquello y si aquello tardaba demasiado se le enfriaría el desayuno. Si había algo que detestaba más que la incompetencia del cuerpo de policía era el café frío.

Aunque había tenido que quitar parte del envoltorio a la máquina de café y el tiquet del regalo que a juzgar por la fecha, había sido de un regalo de Navidad que el escritor por demostrar lo mucho que le había interesado se molestó en sacarla de la caja y dejarlo en un visible lado de la encimera. Dudaba mucho que tan siquiera supiera cómo se enchufaba a la corriente, y no digamos de lograr que funcionase sin provocar un incendio en toda la vivienda.

Un destello de curiosidad cruzó los claros ojos de Amelie en el instante que el hombre se atrevió a avanzar hacia ella, con pasos cortos, deteniéndose a una prudencial distancia, todavía sujetando el atizador que posiblemente le otorgaba cierta seguridad. Comenzó a alzar la mano, de forma lenta, como si estuviera seguro de que la joven se esfumaría en el instantes que la yema de sus dedos se acercasen a su mejilla. La chica aprovechó los instantes para examinar detenidamente al escritor, para observar sus rasgos, detalles facciones y fijarse en sus ojos.

En su rostro apenas habían aparecido los primeros indicios de arrugas, por no decir que eran inexistentes, todavía no se distinguía ninguna claridad en la cabellera oscura, de semejante color a sus ojos. De ser por Harry estaba segura que no le importaría lo más mínimo ir al centro de Londres en coche de caballos, vestir a diario con traje, llevar reloj de bolsillo, un lustroso bastón y un sombrero de copa negro. De ser por aquel hombre y si en su mano estuviera, hacía bastante tiempo que habría viajado al pasado y se habría quedado viviendo en el siglo XIX en la más absoluta felicidad. Pero por suerte o por desgracia nunca se tenía lo que se quería y con el hombre no creía que se lograse hacer una excepción.

Sus dedos apenas rozaron la superficie de su mejilla cuando apartó la mano con suma rapidez, el terror brillaba en sus ojos, la palidez se apoderaba de su rostro pero Amelie, por unos instantes, solo podía contemplarse así misma en la mirada del hombre. ¿Cómo podía dudar? ¿Cómo podía pensar que no era real? ¿Acaso no la estaba viendo, acaso no acababa de asegurarse de que no era una materia capaz de desaparecer al mismo contacto, algo provocado por los sueños?

Ante la nueva afirmación la pelirroja rodó los ojos, tomando la taza de café a la que dio un sorbo sin darle la más mínima importancia—. ¿Vas a tardar mucho tiempo? —preguntó despreocupada, no dando más de un par de pasos mientras observaba la precipitada y torpe carrera que el hombre llevaba para llegar a la puerta—. Es que se va a enfriar el desayuno...



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Sáb 24 Oct - 12:56

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
Se llevó la mano libre a la cara, colocando su pulgar y su dedo corazón en sus respectivos ojos y masajeándolos. A cada segundo que pasaba su mente le decía que podía ser real, que existía la posibilidad de que no fuera un producto de su imaginación y eso le asustaba. No obstante, obligándose a sí mismo a respirar hondo, consiguió calmarse un poco, en cualquiera de los casos, él tenía que controlar la situación ya que ella era un personaje creado por su mente y por tanto la debía conocer mejor que ella a él. ¿O era al revés?

Entonces Harry se acordó de algo; decían que si no hacías caso a los fantasmas se esfumaban. Desde luego Amelie no podía ser otra cosa que un fantasma o al menos algo por el estilo. Mr. Pearce despegó finalmente la vista de su personaje, y haciendo su mejor esfuerzo para tratar de ignorarla, dio un tímido paso al frente, dispuesto a conseguir su desayuno de una manera o de otra.

Pasó por el lado de Amelie, notando su suave fragancia que no podía ser más que una ilusión. Dejó atrás dos armarios y al llegar al tercero abrió una de sus puertas y sin necesidad de mirar al interior extrajo cuidadosamente una taza de porcelana que dejó sobre la encimera junto con una tetera del mismo estilo. Manejando el recipiente como si fuera extremadamente preciado, llevó la tetera al grifo para rellenarla con agua y después la colocó sobre los antiguos fogones de la derecha. No tardó en dejar preparado el agua hirviéndose y pasó a otra cosa; la otra mitad de su desayuno. Retrocedió un paso para coger uno de los platos que guardaba en otro de los armarios pero un ligero contacto indeseado le hizo detenerse. Acababa de chocarse, pero nunca se había chocado en ese lugar. En efecto, había sido con Amelie. No había desaparecido como Harry esperaba, y eso provocó un pinchazo de realidad en su cerebro. Si no era un fantasma y podía sentir su tacto, ¿era real?

El sonido de la tetera sonaba apagado en los oídos de Harry, que únicamente escuchaba el sonido de sus pensamientos rebotando de un lado a otro de su cabeza haciendo preguntas y más preguntas. De acuerdo. Volvamos a lo de mantener la calma, puede que no la hubiese ignorado lo suficiente, pero en cualquier caso se interponía entre él y los platos. Calma. Calma. - ¿Le importa apartarse? Necesito pasar por ahí, por favor. - Los modales eran su reacción instintiva hacia toda situación estresante, y aquella no era la excepción, aunque claro, generalmente los usaba para todo.

Una vez más tenía a Amelie tan cerca que podía olerla, e incluso casi se podía ver reflejado en sus ojos. Cada detalle lo hacía más real y más difícil para Pearce.

En ese momento notó el peso del atizador que estuvo llevando de un lado a otro, y convencido de la poca utilidad que tenía ya, lo dejó sobre la encimera, a mano por si las moscas.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Dom 1 Nov - 21:48

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
El escritor se pasó ambas manos por los ojos bajo la atenta y tranquila mirada de Amelie que le observaba analizándole con total calma. Cruzando una de las piernas y dejando todo el peso de su cuerpo en el pie izquierdo permaneció los instantes en los que el hombre deseaba con todas tus fuerzas o bien que todo fuese una ilusión o despertar en la comodidad de su cama.

Le conocía a la perfección, con el más insignificante de los gestos, con tan solo una mirada o un amago de cualquier movimiento estaba segura de poder adivinar lo que pasaba por su mente. Después de tantos años, la estrecha relación que ambos tenía se podía considerar única, inigualable. ¿Con cuántas personas sería capaz el escritor de establecer semejante confianza? De aquí al tiempo que a ambos les restaba de vida, la joven sería capaz de poner la mano en el fuego para asegurar que jamás alcanzaría tal grado de conocimiento de una persona.

De repente, como si una súbita idea hubiera asaltado la cabeza de Harry, apartó la mirada de la pelirroja, dando un tímido paso que bien se podría haber confundido con un pequeño traspiés. Avanzó hasta el tercer armarito, abriendo una de las puertas para sacar los preparativos necesarios para prepararse un té. Amelie permaneció en silencio, observando el penoso intento mientras rodeaba con ambas manos la taza de un apagado azul marino.

Le dio un sorbo sin demasiado entusiasmo, preguntándose cuánto tiempo le llevaría todo aquello antes de que se diera cuenta de que para su desgracia, no había desaparecido. Fue justo en el instante que tras dejar la tetera en uno de los fogones retrocedió cuando chocó con la joven. La pelirroja rodó los ojos, soltando un suspiro de pesadez, quién sabe si resignación.

Sabía que aquello no iba a ser fácil pero a decir verdad, estaba llevando mucho más tiempo que lo asimilase del que esperaba. El silbante sonido del vapor llenó la estancia, Amelie llevó la vista contados instantes a la tetera pero el escritor llamaba más su atención que un trozo de metal con agua.

No pudo evitar que una risa escapase de sus labios cuando escuchó la pregunta de Harry—. ¿Primero me ignoras y ahora me pides educadamente que me aparte? —preguntó arqueando ambas cejas—. ¿Qué ocurre? No me digas que tú idea no está teniendo resultado... Una pena, era un gran plan. Ignorarme hasta que me esfumase, desapareciera por completo. Tal vez, si no fuera real hubiera dado resultado.

Se quedó inmersa unos segundos en los ojos oscuros del escritor, en el brillo que se podía distinguir en ellos se reflejaba el conocimiento, todos los libros que habían pasado por sus manos, todos los datos fueran insignificantes o de vital importancia. Incluso se podía discernir cierta frustración, por estar atrapado en una época a la que no pertenecía, por tener que ver a su alrededor ordenadores y teléfonos móviles, coches, motocicletas, rótulos y carteles luminosos... Todo contrastaba con el maravilloso siglo en el que debería de haber nacido.

A través de los cristales de las gafas en los que se podían entrever un par de motas de polvo, Amelie observó su propio reflejo. ¿Cómo podía dudar, pensar que no era real? ¿Acaso todos los indicios no demostraban lo contrario?

La pelirroja se apartó un par de pasos, dejando la taza de café sobre la encimera y abriendo el armario al que posiblemente el escritor se dirigía, cogió un plato que le ofreció con una imperceptible sonrisa bailando en los labios.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Dom 22 Nov - 15:21

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
Ni toda la ciencia que había tenido que investigar para poder desarrollar el personaje de Amelie ni toda la lógica que tanto le gustaba utilizar cuando se enfrentaba a los problemas podían explicar lo que estaba pasando, y sin embargo no había duda de que estaba sucediendo. La voz de la mujer, tal y como la había imaginado una y otra vez cuando escribía los libros, era ahora más real que nunca, pronunciando palabras dirigidas a su persona.

Un suspiro acarició los labios del escritor al salir de su boca. El continuo interrogante en su cabeza comenzaba a disiparse, no tanto desapareciendo sino más bien pasando a un segundo plano. Si no desaparecía significaba que iba a tener que convivir con ella, fuese real o no, lo que quizá daba más miedo que su misma existencia. ¿Sabía que pensaba matarla? ¿que iba a escribir su final en la misma máquina que escribió su comienzo?

La detective, tras hacer un comentario que bien parecía que había formulado tras observar dentro de la mente de Harry, se dio la vuelta y le ofreció el objeto que él mismo pensaba coger. Los oscuros ojos de Pearce se centraron en la mano femenina que sujetaba el plato. Era capaz de ver incluso las pequeñas arrugas que se forman al cerrar la mano de una particular manera. Dubitativo agarró la pieza de vajilla y se dio la vuelta de nuevo. -Muchas gracias.-  Ahora no intentaba que ella desapareciese, ya no, lo que no quita que la naturaleza de la experiencia continuase siendo analizada por la mente del hombre.

Apoyó el plato sobre la mesa, abrió otro de los armaritos y extrajo una bolsa con bollos de la que obtuvo uno antes de guardarla en el mismo lugar en el que se encontraba antes. El bollo sobre el plato y la taza vacía a su lado, esperando pacientemente a que el agudo pitido de la tetera indicase que el agua estaba hirviendo. Como si tuviese vida propia, la misma tetera hizo el ruido esperado apenas dos segundos después de que un nervioso Harry terminase de preparar el resto del desayuno.

Finalizando el ritual matutino, el escritor vertió un poco de agua hirviendo sobre la taza y tras extraer una bolsita de té de un recipiente que mantenía sobre la encimera, lo introdujo en el agua. Por último, vertió un chorrito de leche en la mezcla e introdujo una cucharilla.

Con la taza en una mano y el plato con el croissant en la otra, pasó por el lado de la joven, saliendo de la cocina y entrando en el comedor. No sabía si ella le seguiría, ni siquiera sabía cuánto tiempo estaría por allí, pero daba la impresión de que llevaba siendo su compañera de casa mucho tiempo.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Lun 7 Dic - 15:32

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Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
La duda, quién sabe si el terror, la curiosidad, la esperanza de que todo fuera un simple sueño se agolpaban en los ojos del escritor con un característico brillo mientras la pelirroja, haciendo uso de la enorme paciencia que comenzaba a tocar a su fin, esperaba lo más tranquilamente que le era posible.

El sol entraba por las ventanas, colándose por los cristales y llenando de luz la estancia pobladas de encimeras, un par de pequeños armarios, la nevera, el microondas y centenas de instrumentos de cocina que podría aventurarse a decir que el hombre no tenía la más mínima idea de para qué servían o al menos no lo había utilizada en dos meses.

La piel de la joven era pálida, como si se tratase de fina y delicada porcelana, contrastaba con unos vivaces ojos verdes que parecían ser capaz de descubrir cualquier mentira, engaño o pensamiento con tan solo mantener la mirada un par de segundos. La nariz era pequeña y los labios aportaban cierto matiz color al rostro. Esto, acompañado con la melena corta a la altura de los hombros de un suave anaranjado le daban un particular aspecto que debía de haber sido el quebradero de cabeza y las pasiones imposibles de más de una persona con las que se había cruzado.

Permaneció cogiendo el plato con cierta fuerza, esperando que Harry se decidiera por tomarlo o simplemente por dar media vuelta y seguir ignorándola hasta que se diese cuenta de que estaba viva y era tan real como podía serlo el cartero o el repartidor de los periódicos. Pero para sorpresa de la joven, después de que el hombre contemplase su mano como si se tratase de un espejismo, como si buscase la trampa a lo que no podía ser otra cosa que una sórdida mentira, tomó la pieza de vajilla.

No hay de qué —alegó la joven con cierto retintín brillando en la voz mientras apoyada en una de las encimeras, esperando que terminase de servirse el desayuno, seguía con la agradable compañía de su taza de café.

Con un ligero silbido, Amelie esperó a que el escritor tomase la delantera para dirigirse al amplio comedor, dejar el plato y la taza en la mesa y tomar asiento mientras le dedicaba una media sonrisa a Harry, esperando que se sentase—. ¿Qué tal has dormido? —preguntó, a pesar de que era algo que no le importaba lo más mínimo, pero no estaba muy segura de que el hombre estuviese en condiciones de empezar una conversación y por algún medio, tenía que hacerle ver que se trataba de una pesona de carne y hueso, tan real que como cualquier otra.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Sáb 12 Dic - 10:20

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
El fino hilo de humo que brotaba del té ascendía bamboleándose debido al movimiento del líquido que acompañaba a los pasos de Harry. Harry. Harry, quien minutos antes había estado plácidamente dormido en su cómoda cama sin saber lo que se le venía encima. Harry quien había moldeado los rasgos de Amelie, sin esperar verlos jamás más que en su imaginación.

Los pasos del hombre se dirigieron directamente hacia la gran mesa del centro de la sala. Al llegar, apoyó el plato y la taza sobre la superficie y rodeó la mesa. La sala estaba casi completamente a oscuras, iluminada únicamente por los destellos que atravesaban las cortinas y el haz de luz que llegaba desde la cocina. Pearce se dirigió directamente hacia las ventanas, y con dos limpios movimientos desplazó la tela que las cubría tan lejos como el impulso las llevó. Tuvo que entornar los ojos debido a la gran cantidad de iluminación que entró de golpe, recortando su silueta en el parqué del suelo.

Tan rápido como había llegado se volvió. El desayuno se le enfriaría si no se daba prisa. En cuatro zancadas alcanzó de nuevo la mesa y tomó asiento en la silla del fondo, la habitualmente destinada al anfitrión o al rey. Ni siquiera reparó en la presencia de la joven en un primer momento. Envolvió el asa de la taza con sus largos dedos y se la llevó a la boca. Aún estaba bastante caliente por lo que tuvo que limitarse a dar un pequeño sorbo y dejarla donde estaba.

La mesa vibró debido al pequeño brinco que dio el escritor al escuchar la voz de Amelie. No se la esperaba, pero había dejado de sorprenderse a cada segundo de su existencia, o al menos de su presencia, que no es lo mismo. - Bien... - su voz era casi inaudible por no decir que había bajado la cabeza y parecía que más que a la detective se dirigía a su bollo. - Bien. - Enmendó su error. Ahora al menos le había podido oír. - ¿Y ust... tú? - ¿Acaso ella había dormido? ¿Debía dirigirse a ella de usted o de tú? Al fin y al cabo la conocía desde hacía ya mucho tiempo, mucho más que a cualquier otra persona. Estaba claro que aquello último había salido de su instinto amable.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Miér 23 Dic - 22:54

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
Siguió los pasos del hombre con la mirada en completo silencio, quedándose unos instantes en el umbral de la estancia como si no se atreviera o más bien no quisiera interrumpir el ritual. La luz del día entró en la estancia de forma brusca, acompañada por el sonido de las cortinas deslizándose hacia los lados en un movimiento rápido y tosco.

La joven tuvo que entornar los ojos y bajar la mirada unos instantes mientras pestañeaba, molesta por la claridad que de repente se había apoderado del comedor. A penas tardó un par de segundos en habituarse a la claridad y sin perder más tiempo, dejando su taza y el plato con el desayuno en la impoluta superficie de la mesa, tomó asiento a unas cuantas sillas de distancia del hombre.

De la bebida todavía escapaban pequeños hilos de humo que ascendían, trasmitiendo el inconfundible olor del café recién hecho. La taza todavía estaba demasiado caliente y a la joven no le hizo falta hacer muchas averiguaciones para llegar a la conclusión de que el contenido aún debía de estar demasiado caliente así que dedicando un vistazo a la taza oscura la movió de forma distraída con la cucharilla.

Por unos instantes, ese ligero tintineo de la cuberteria entrechocando de forma débil contra la cerámica fue lo único que había en la habitación. El escritor parecía sumido en su mundo, como si hubiera olvidado por completo la presencia de Amelie o la accidentada entrada en la cocina armado con un atizador. Pero en el instante que la joven rompió el silencio acabó los pensamientos del escritor y como consecuencia, aunque lo normal al hablar con una persona era mirarla, Harry prefirió mantener los ojos clavados en su desayuno tardando un par de segundos en responder.

Me alegro —comentó sin demasiado entusiasmo después de esperar pacientemente una respuesta, apoyando el mentón en una de las manos. Frunció el ceño ante el inacabado "usted" teniendo por seguro que únicamente había sido un desliz, un despiste. Pues si algo tenía que tener en claro el hombre era que nunca dos personas llegarían a conocerse con tanta profundidad y detalle como Amelie y Harry se conocían—. Pues... Como siempre —contestó adoptando una postura más adecuada para estar en la mesa, encogiéndose de hombros sin darle mayor importancia.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Vie 25 Dic - 17:35

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
La situación, cuanto menos extraña, se complicaba más a cada momento. Todo era exactamente igual que el día anterior, y que el precedente a ese, todo menos la compañía, aunque debe ser remarcado que Amelie nunca estuvo ausente, sino que más bien se limitaba a existir en un plano muy por encima del de cualquier ser humano corriente. Existía en la imaginación. Tal lugar proporcionaba un completo control sobre los acontecimientos y los hechos, cosa que en el mundo real es imposible. Claramente aquello era lo que fallaba. Harry no podía controlar lo que ella hacía o decía, o cuando aparecía o se esfumaba, todo había pasado a ser gestionado por el mismo personaje, algo que, aunque siempre hizo, fue bajo el control de su creador. I'm the queen under your control

Silencio. Pearce casi podía acariciar su propia incomodidad, y sin embargo no le pareció encontrar trazo de ella en la mujer que le acompañaba. Él se había limitado a sonreír y asentir ante la respuesta de la detective, sin saber qué más aportar a la conversación. Volvió a su desayuno; arrancó un pedazo de bollo y lo introdujo en su boca, la cual llenó un instante más tarde de té. Buscaba algún comentario que hacer, puesto que la señorita ya había terminado su turno y le tocaba a él hablar. La mente se le detuvo un segundo en una palabra: "editor". En aquel segundo de lapsus, su garganta dejó de funcionar, lo que causó un atragantamiento al recobrar el control seguido de una tos que vació su boca por completo, dejando la mesa y su corbata con manchas de té y migas de bollo. Se había olvidado por completo que en media hora tenía que ir a la editorial con motivo de una publicación reciente de uno de sus libros.

- No es nada, ahora lo limpio. - Dijo rápidamente buscando algo que le sirviese de trapo con la mirada. A falta de cualquier otra cosa, y con la renovada prisa por ir a su cita, arrancó (deshizo) delicadamente la corbata de su cuello y frotó con ella la superficie sucia. No le hizo mucha gracia, pero al fin y al cabo tendría que lavarla igualmente.

La mesa volvía a relucir, aunque ahora, apoyada sobre ella estaba la sucia corbata. No podría presentarse sin corbata en su encuentro con el editor, así que sin descansar un segundo, se llevó las manos a los bolsillos de la chaqueta y sacó respectivamente dos calcetines y una corbata a juego, que dejó al lado de la manchada. En un abrir y cerrar de ojos, se agachó, se quitó los zapatos y los calcetines y estos últimos los dejó también sobre la mesa. Cogió los que se había sacado del bolsillo, se los puso en los pies, que cubrió también con los zapatos. Asió la corbata a juego y se la puso alrededor del cuello sin hacer el nudo; no tenía tiempo, tenía que recoger la mesa y marcharse o llegaría tarde. -¿Vas a venir conmigo? - Preguntó distraídamente, casi sin darse cuenta de su propia pregunta, a la vez que cogía su recién empezado desayuno y se dirigía a la cocina.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Dom 10 Ene - 20:00

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
El ser humano se caracterizaba porque su comportamiento jamás era predecible. Un día centenares de hombres en todo el mundo podían hacer colas por un determinado producto y al día siguiente, podía no llamar la atención de nadie. Un día podían decantarse por tomar una decisión y al siguiente se decantaban por la que era totalmente contraria. Ese era uno de los más significativos detalles que constituían al ser humano, que lo hacían diferente de las aves o los reptiles.

Había cientos de cosas más, la estupidez humana era una de ellas, el afán por destruir el planeta en el que se encontraban otra, decidir asesinar a seres de la misma especie otra que tampoco tenía cabida en el mundo animal, por no hablar del ego que les caracterizaba. Creerse los reyes del universo, hacer todo cuanto se les antojase creyendo sus hechos no tenían repercusión y que no debían ningún tipo de explicación a nadie.

Y Amelie, a pesar de que había sido creada por el escritor, a pesar de que había nacido de una idea y disfrutado de la efímera fama, ahora no se diferenciaba en nada de cualquier otro ser humano que pudiera pasear por la calle o comprase el periódico en el puesto a un par de manzanas. Aunque Harry podía acallar sus pensamientos siempre que le venía en gana y controlarla a su antojo en los para él posibles buenos tiempos ahora era una persona independiente, que hacía lo que se le antojaba, cuando le venía en gana.

Esperaba algún que otro accidentado comentario, dejándole libertad para que abordase el tema que le viniera en gana pero en vez de ello, el escritor se atragantó, comenzando a toser con fuerza de forma que dejó un estropicio tanto en su ropa como en la mesa. La joven permaneció observándole inmóvil hasta que la tos cesó y aunque hizo un amago de levantarse para buscar un trapo con el que ayudarle a limpiar, el escritor había optado por la opción rápida, convirtiéndose en un claro ejemplo del impredecible comportamiento humano y deshaciéndose de la corbata, se apresuró a limpiar con ella la mesa.

Iba a buscar un paño de cocina pero supongo que eso también es una opción... —comentó alzando ambas cejas, dedicando un vistazo a la corbata que ahora reposaba en una de las esquinas de la mesa. Amelie, lejos de escandalizarse por lo sucedido, siguió con su desayuno mientras observaba como Pearce apresurado se colocaba unos nuevos calcetines y se colocaba una corbata limpia sin molestarse en anudarla.

No tengo nada mejor que hacer así que... ¿Por qué no? —dijo la pelirroja encogiéndose de hombros, con una imperceptible sonrisa antes de terminar el café y ponerse en pie, recogiendo el plato vacío del desayuno y la taza—. ¿Dónde vamos? —preguntó alzando un poco más la voz ya que el hombre se había encaminado con rapidez hacia la cocina.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Sáb 23 Ene - 22:03

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
El sonido de sus pasos era agitado, aunque aquello no implicaba que caminase a trompicones, ni mucho menos; con presteza y diligencia dejó cada cosa en su sitio, mucho más rápido que al preparar el desayuno, y en menos de treinta segundos se encontraba de nuevo en el quicio de la puerta, mirando ansiosamente a su alrededor con la sensación de que se olvidaba algo. El picor en la mente que aquella sensación de olvido le producía tuvo que ser rebajado a una mera corazonada, para dejar paso a lo más importante, que era llegar a tiempo a su cita.
 
Harry se ató la corbata con la mirada en la detective, aunque cuidadosamente. – La editorial. – Musitó vergonzosamente. No le parecía adecuado hablar de la reunión ya que en parte tenía planeado discutir la misma muerte de Amelie para su nuevo libro, algo que tendría que posponer dado que la mujer estaría con él y no sería adecuado hablar del tema en su presencia. A pesar de esto, todavía tenía otros detalles que discutir con el hombre, por lo que no podía dejar pasar la oportunidad. Con suerte no le recordaría la muerte de Amelie durante la entrevista.
 
El escritor lo dudó unos instantes, pero al terminar el nudo de la corbata y colocársela inconscientemente, dio unos pasos hacia su personaje y separó el brazo de su cuerpo, invitando a la joven a sujetarse de él.
 
Era un día cálido y soleado, algo que no sorprendió a Pearce ya que el sol que entró al correr las cortinas aquella misma mañana le hizo pensar que al fin el buen tiempo decidía hacer acto de presencia. El edificio al que se dirigían apenas estaba a dos manzanas, algo bastante conveniente dada su habitual visita al mismo. Dada la corta distancia, un taxi no merecería la pena, por lo que debían recorrer el trecho a pie.
 
Un pequeño clic resonó en la cabeza de Harry, como si alguien hubiese encendido un interruptor que permitía el flujo de pensamientos. “¿Los demás verían a Amelie?” Estaba claro que no podía preguntar si veían a una chica joven a su lado, porque en caso afirmativo sería una pregunta de aspecto estúpido y en caso negativo parecería más de naturaleza demente. Definitivamente era algo que tenía que averiguar, de lo contrario siempre le quedaría la duda de si fue real o fue todo una ilusión.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Vie 5 Feb - 22:17

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
Puesta ya en pie, tras haber recogido la mesa dejando todos los platos de forma desordenada en el fregadero, se dirigió con total tranquilidad hacia dónde el escritor se dirigía, como si la presteza y el nerviosismo por llegar tarde a la cita fuera algo que no preocupaba lo más mínimo a la joven—. Una reunión con la editorial. Parece interesante, o al menos más que una visita al dentista —comentó con una imperceptible sonrisa.

No le apetecía demasiado acudir a una reunión, reunión donde hablaría de su último trabajo aún inacabado o quizás de alguna otra obra que estuviera aletargada en la cabeza del escritor. Aunque la última opción, más bien se barajaba por cierta cortesía, la mujer conocía a la perfección que el único proyecto, el único personaje y el único libro que había estado durante años y años en la cabeza de Harry Pearce había sido ella.

En los primeros libros, cuando la idea era acogida con ilusión y las ideas se disparaban una detrás de otra, con tanta presteza que parecía imposible escribirlas todas, Amelie era concebida como un reflejo del mayor detective del siglo XIX, una persona fría, calculadora, con gran intelecto, capaz de distinguir como era la vida de una persona con tan solo fijarse en los zapatos. Sin familia, sin amigos... Una mujer solitaria que parecía pertenecer al mundo equivocado.

Pero a medida que los libros se sucedían, a medida que resolvía un caso tras otro, el escritor fue volviéndola más humana, una persona distante, que había perdido a todos cuantos habían a su alrededor, alguien que ahora simplemente se encontraba sola cuya únicas preocupaciones era resolver los casos en los que se veía envuelta y el piano que tanto odiaban los vecinos. Alguien con la misma inteligencia, capaz de observar las mismas cosas pero a la vez, capacitada para entender parte de los sentimientos, capaz de compadecerse...

Observó el gesto de escritor y sin pensarlo dos veces, tras un pequeño amago, tomó el brazo del escritor, dedicándole una pequeña sonrisa antes de comenzar a avanzar, cogio las llaves del mueble de la entrada, cediéndolas a Harry antes de abrir la puerta—. Mejor que no se te olviden. La última vez que se te olvidaron aquel cerrajero no fue demasiado agradable —comentó en tono distraído—. Además, dejó un arañazo al lado de la cerradura —dijo después de pasar el índice por la pequeña marca en la madera—. ¿Vamos? No quiero que se te haga tarde.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Sáb 27 Feb - 11:22

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
Como un rayo, una sensación extraña recorrió la espalda de Harry. Era como si Amelie fuera la voz de su cabeza, como si una vieja amiga hubiese venido de visita o como si ella fuese la única persona en el mundo que realmente le entendiera. Quizá las tres a la vez. Aquel comentario que la joven había dejado caer como si nada había provocado una revelación en Pearce, algo que siempre estuvo ahí, desde el momento en que la vio en su cocina, pero que no había pensado hasta ahora. Era, en todo caso, una mezcla entre algo gratificante y preocupante. Finalmente había alguien a su lado cuya presencia no suponía una continua molestia para el solitario escritor, y eso se debía a que la detective era, en parte, él mismo.

Atascado entre la realidad y el sueño, se puso en marcha, casi sin percibir su alrededor. Los primeros minutos los conquistó el silencio, mientras Pearce andaba sumido en un trance. Parecía que la experiencia estaba transportándolo poco a poco a su mente, quizá llevando a Amelie a la vida real, pero entonces un sonido sordo le despertó. Sus pupilas volvían a observar, mientras que antes simplemente miraban lo que ocurría sin absorber ni un solo detalle.

No tardaron mucho en alcanzar la puerta de la editorial, pues, como Harry había afirmado anteriormente, apenas estaba a unas manzanas. - Es aquí. - Indicó con un ligero sentimiento de que ella ya sabía, no solo eso, sino todas las veces que él entró por las grandes puertas de cristal, todas las conversaciones que había tenido con el editor y todas las veces que salió decepcionado o alegre tras la entrevista.

Antes de que pudieran hacer nada, la puerta del edificio se abrió accionada por un hombre que parecía ser perseguido por el tiempo mismo. - ¡Señor Pearce! - Exclamó al despegar su mirada de las manecillas de su reloj de muñeca y distinguir al escritor frente a él. - Lo lamento mucho pero tendremos que aplazar nuestra cita. - Y sin dejar tiempo para que Harry ordenara sus pensamientos, se lanzó calle abajo maletín bajo el brazo.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Miér 9 Mar - 23:25

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
Salieron fuera del edificio, sin toparse con ninguno de los desagradables vecinos que ni siquiera aunque se cruzasen en el camino de cualquiera o le tirasen al suelo se dignaban a dar un "buenos días". Hacía una temperatura agradable -teniendo en cuenta la ciudad en la que se encontraban-, en el cielo solo veían salpicadas nubes blanquecinas y los rayos del sol iluminaban las calles. Amelie caminaba del brazo del escritor, dedicando un vistazo a los conocidos escaparates, a las transitadas calles, al interminable tráfico... La ciudad estaba llena de sonidos, de distracciones, de anuncios. La mayor parte de la gente era algo que tenía tan interiorizado que ni se percataba de ello, ya lo tenía asumido, pero la mujer no veía con los mismos ojos todo lo que la rodeaba.

Detenía la mirada en las personas que pasaban por su lado, contados segundos, vistazos casi imperceptibles y con ellos le bastaba para comenzar a sacar conjeturas sobre la personalidad o la vida de aquellas personas. Incluso si se trataban de cosas interesantes, la mente de la detective, alimentada desde la infancia con cuentos de cuento de misterio y fantasiosos, comenzaba a cavilar toda una historia. Era agradable pasear, el hombre no despegó los labios en el corto trayecto pero ella tampoco le dio demasiada importancia.

Bonito edificio —comentó tras un rápido vistazo pues ya conocía de sobra el lugar pero creía que era mejor no recordárselo todo el tiempo al escritor o terminaría demasiado aturdido como para ser capaz de mantener una conversación coherente.

El editor, con la misma prisa que de costumbre y aquel endiablado invento en la muñeca que parecía estar quitándole la salud con cada ajetreada carrera y cada segundo que llegaba tarde, apenas le dejó tiempo a Harry para que asimilase lo que había ocurrido antes de que se apresurara a alejarse. Amelie le siguió con la vista unos escasos metros antes de detenerla en el escritor—. Vaya, una pena... Parece que los planes acaban de salir mal —comentó en un cierto tono triste antes de restarle importancia y dedicarle una animada sonrisa—. Bueno, ya que estamos en la calle, estas arreglado y hace tan buen día sería una pena volver a casa tan pronto, ¿no? —preguntó alegre, todavía con una mano posada en el brazo del escritor—. ¿Dónde te apetece ir?



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Dom 27 Mar - 12:11

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
La mirada del escritor siguió la silueta del editor calle abajo hasta que desapareció dentro de un taxi que convenientemente había parado poco más allá de la entrada de la editorial. Solo entonces el ceño de Harry, antes fruncido, se relajó un poco. Le disgustaba que cancelasen sus planes, aunque en esta ocasión quizá hubiese sido para lo mejor.

Pearce miró su traje y luego a su alrededor como queriendo comprobar la afirmación de la detective. En efecto, no hacía ni mucho calor ni mucho frío y la brisa no llegaba al punto de despeinar su cuidada cabellera. Las condiciones eran perfectas y la ocasión única, dado que no solía salir. - Por aquí. - Indicó el hombre iniciando la marcha por la calle de la derecha. Aquella decisión no se había basado en un mero deseo repentino o en el azar. Sabía perfectamente dónde iban y aunque quería mantenerlo como una sorpresa para ella, iba a ser algo difícil teniendo en cuenta que es parte del mismo.

Las calles, asombrosamente limpias, estaban delimitadas por altos edificios de aspecto moderno, que según avanzaban iban disminuyendo en altura y lujosidad. No se estaban adentrando en los barrios bajos, no. Harry nunca había pisado aquel lugar y no lo pensaba hacer, ni para informarse para completar un libro. Sin embargo ya no estaban en el centro de la ciudad, la zona se parecía más al alrededor de la casa de Harry pero mucho más acogedor. 

Su destino no era ni más ni menos el lugar en el que Amelie nació. No como uno de esos cachos de carne arrugada con grandes ojos que dejan más babas que los caracoles, sino como idea. No muy lejos de donde se encontraban en aquel momento se había sentado Pearce, con uno de los libros del hombre al que haría un altar si fuera esa clase de persona, el hombre que creó al único y mejor detective asesor de la historia. No necesita presentación, todos saben ya de quién hablo.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Dom 8 Mayo - 0:00

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
El ruido de los motores, las ruedas en el asfalto, los pasos acelerados y las conversaciones dispares se estremezclaban junto con el sonido de puertas que se abrían o el sonido de algún que otro teléfono, conformando la banda sonora, el sonido característico de la ciudad. El aire, viciado por los residuos de los motores no era perceptible para nadie, todos estaban tan ocupados o habían permanecido con él desde la niñez que era igual de puro que el que pudiera respirarse en mitad de la naturaleza.

El escritor no tardó en tener una idea para su próximo destino, poniéndose en marcha sin vacilar. Los grandes edificios que se alzaban compitiendo por rozar el cielo se iban sucediendo, transformándose a medida que ambos caminaban. Pronto, los edificios fueron empequeñeciendo, las calles continuaban impolutas pero el nivel de gente en las calles disminuía a medida que se alejaban del centro de la ciudad. No tardó en averiguar a donde se dirigían, estaban suficientemente cerca, incluso podía distinguirse en la distancia la vieja parada de autobús -que ese año llevaria unos diez, tal vez once años en pie-.

Una sonrisa se dibujó al instante en los labios de la joven, que dedicó una mirada al escritor con el brillo de lo que tal vez podría ser ilusión en la mirada. ¿No era acaso una situación similar a la de un padre que enseña a su hijo la casa en la que dio los primeros pasos o abre un álbum de fotos antiguas en las que rostros llenos de vida y juventud dedicaban perfectas sonrisas?

Desde luego era algo mucho mejor que todo aquello, Harry no había tenido que soportar berridos a media noche, preparar biberones a primera hora de la mañana o cambiar cientos de pañales. Amelie había cobrado vida sin todos los fastidiosos detalles que conllevaba traer una nueva vida al mundo. Vino de forma limpia, con un chasquido, como una luz que de repente se encendió en la cabeza del hombre tan solo con la ayuda de un libro olvidado.

Buen sitio —comentó al escritor cuando ya estaban a escasos pasos de la parada desierta, las barras de metal comenzaban a oxidarse, apesar de que la zona en la que se encontraba era acogedora y no le hubiera desagradado vivir en alguna de esas casas, cuando salían de las calles principales podía contemplarse la dejadez que reinaba en los pequeños detalles—. Ese asiento sigue estando roto —dijo señalándolo con la mirada—. Tantos años y ni se han molestado en arreglarlo.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Lun 30 Mayo - 9:26

The ghosts of our heads
Harry Pearce — En casa — Día 1 — Con Amelie Butler
En múltiples ocasiones se ha tomado un acto tan simple como tirar una moneda al aire como solución a toda difícil elección, mas quizá no sea tan fácil como eso. Afirman que se debe a que en el momento en el que la moneda gira en el aire, una voz interior repite una y otra vez aquella cara de la moneda que deseamos fervientemente que sea la ganadora, sabiendo así cuál es la opción por la que decantarnos. Pero en ocasiones la elección no solo depende únicamente del deseo. sino que el deber, el futuro o las necesidades de otros también están pendientes de una simple elección. Ah, la responsabilidad. Tan ansiada por unos y esquivada por otros.

Una elección que Pearce había creído resolver tiempo ha, fue la que les llevó a aquel lugar. Desde que Amelie se materializó en su casa (o quién sabe de qué forma acabó en su cocina), todo había cambiado. Desde su visión de la realidad hasta la convicción de su estado cuerdo. En aquel momento, viendo a una criatura viva a su lado (asumiendo que esa es su condición), no se veía capaz de acabar con su existencia, aunque fuese tan fácil como escribir un par de palabras en un papel. Su presencia estaba siendo devastadora para Harry en tantos sentidos que por el momento se limitó a continuar.

Se acercó lentamente al lugar en cuestión. Sus ojos absorbían todo detalle a la vez que cortas imágenes de aquel otro día se proyectaban en su mente. Se sentía como aquel caballero, que tras pagar respetos por última vez a la tumba de su madre, se embarca en la  empresa de vengar su muerte, y tras varios años regresa con su espada bañada en sangre al mismo lugar, solo para encontrar que nada había cambiado; ni su dolor ni los hechos, pues ella sigue allí enterrada y él continúa derramando lágrimas sobre la fría tierra.

Entonces Amelie volvió a hacer uno de esos comentarios que mandaban un escalofrío por la espalda del escritor. Este último tomó asiento en el preciso lugar en el que lo hizo la vez anterior, como si de esta manera fuera a conectar con su pasado para así saber qué hubiese dicho ante la idea de acabar con aquel personaje. Un personaje cuyos ojos curiosos viajaban por el lugar y cuyo corazón casi podía oír.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Dom 10 Jul - 23:07

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 1 — Con Harry Pearce
El tiempo. Era algo curioso con la claridad y la nitidez que se podían recordar ciertas cosas, aunque hubieran pasado décadas y cómo otras, a pesar de su cercanía, se desdibujaban en las intrínsecas profundidades de la mente. Se podía tener la impresión de que algo vivido hace mucho tiempo había pasado tan solo hace un par de días o incluso un par de horas del mismo modo que se podía creer que una conversación acontecida hace un instante parecía haber ocurrido hace semanas. El tiempo era un mentiroso, un ladrón. Se refugiaba en los buenos y en los malos momentos, haciendo que los años pasaran sin que se fuera consciente. Muchos no despertaban del encantamiento y los que lo hacían, se descubrían con el pelo de colores vivos, llenos de vida en cabellos finos y blanquecinos, con asombro observaban como la agilidad del cuerpo se tornaba en torpeza y lentitud.

El tiempo era un mentiroso, un ladrón pero también era necesario porque sin el tiempo nada existiría. En aquel momento,  con la vista surcando la vieja parada de autobús, tuvo la impresión de que había transcurrido una eternidad y a la vez tan solo un segundo de la primera vez que el escritor se encontró allí, de la vez en que bajó la vista al libro olvidado, y la inspiración, esa musa tan caprichosa que iba y venía a su antojo, decidió visitarle. Amelie surgió al instante, puede que él no fuera consciente en ese momento, que la mujer y la idea comenzasen a dibujarse lentamente en su cabeza pero allí estaba ella. En un principio, había sido un reflejo de él, un personaje en el que de manera consciente o inconsciente volcó sus aspiraciones, sus sueños, su infancia, sus pensamientos...

A medida que la trama crecía, que su vida se iba desarrollando página tras página, comenzó a escindirse, como si la sombra se hubiera separado del cuerpo y lentamente, dado lugar a otra persona. Pero aún así, en una asombrosa cantidad de aspectos, seguían siendo uno. Se apoyó en uno de los soportes verticales, paseando la mirada contados segundos por la calle, tan común como cualquiera otra de las que conformaban aquella zona. Al instante, sus vivaces ojos se detuvieron en el escritor, con una curiosidad que parecía propia de los primeros años en los que un niño comienza a ser consciente de todo lo que le rodea y desea aprender todo en cuestión de milésimas.

Ladeó la cabeza, en un gesto infantil, intentando ahondar en la expresión del hombre. No le era difícil ponerse en el lugar del hombre pero temía que él no fuera capaz de hacer lo mismo. Al fin y al cabo, la idea primaria se basaba en que ella era un personaje ficticio, algo que sólo podía cobrar forma en su cabeza y de igual forma, podía llegar a la conclusión de que no era complicado acabar con ella.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Jue 28 Jul - 12:44

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Harry Pearce — En casa — Día 2 — Con Amelie Butler
Abierto sobre la mesa se encontraba el periódico, plagado de noticias cada cual más irrelevante que la anterior. Pearce, incapaz de concentrarse en las desgracias del día, no hacía más que tornar su vista hacia Amelie, sentada no mucho más lejos. Veía la exclusiva en su comedor y no en la blanquinegra portada. Claro que él no era periodista, sino escritor y lunático en potencia.

Alzó la taza de té y se la llevó a los labios con suavidad pues aún quemaba. Había una cuestión que su mente llevaba rumiando bastante tiempo, pero no se había presentado la ocasión de exteriorizarla, ya que sabía a ciencia cierta que la única alucinación persona que podría resolverla era la detective. Por otra parte, teniendo en cuenta que era oriunda de su propia mente, uno puede llegar a deducir que si el creador no conoce la respuesta, la creación tampoco debería. Y en estos pensamientos se encontraba enzarzado mientras, inconsciente de ello, se encontraba mirando fijamente a la mujer.

- ¿Cuánto tiempo te quedarás? - Resolvió finalmente preguntar. Su semblante era serio. Imposible discernir cuáles eran los sentimientos reales tras la pregunta: deseo de que se marchase, anhelo por mantenerla con él, mera curiosidad o conocimiento práctico. O quizá todas a la vez o ninguna de ellas. Ahora que finalmente había aceptado su presencia (que no su existencia), era menester conocer los detalles de su llegada y su ida.

La noche anterior había provisto a su invitada de cama y cena caliente, como todo buen anfitrión, y él mismo se había vuelto a su habitación intrigado por descubrir si se despertaría a la mañana siguiente tal y como lo dejó todo antes de que ella apareciera o su vida seguiría paseando por el País de las Maravillas. Pero allí estaba la respuesta: delante de sus ojos.


Última edición por Soupy Twist el Miér 1 Mar - 19:59, editado 1 vez



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Sáb 20 Ago - 14:00

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 2 — Con Harry Pearce
Las enormes letras de los titulares bañaban las páginas del periódico que el escritor mantenía entre las manos, una cantosa fotografía adornaba la primera página pero Amelie no se molestó ni en dedicarle un vistazo antes de coger la revista que acompañaba a la publicación impresa y comenzar a ojearla con una mezcla de inercia y curiosidad. Con la taza en la mano, los ojos de la detective examinaban cada página, observando los temas triviales, las entrevistas a personas que no despertaban -al menos en su caso- el más mínimo interés y una excesiva cantidad de publicidad. No tuvo que dejar de observar las páginas para sentir la mirada de Harry clavada en ella, llevaba un buen rato sin escuchar el sonido de las hojas y algo le decía, que el pobre hombre aún se encontraría intentando entender lo que ocurría.

Soplando el contenido de la taza con parsimonia, esperaba que el escritor se atreviera a dirigirle la palabra. Para su sorpresa, encontró un artículo que le llamó la atención. Una de esas "vueltas al pasado", un pequeño grano de cultura entre el ocio y la ignorancia con la esperanza de que quedase algo más en las millones de cabezas que las triviales cuestiones sobre la ropa de temporada o lo que había pasado en la vida de tal famoso. Hablaba de la independencia de Estados Unidos y a decir verdad, Amelie estaba volcada con gran interés al escuchar la pregunta del detective.

Quién sabe —contestó encogiéndose de hombros, aún con la vista clavada en el texto—. Puede que me vaya mañana, el mes que viene, dentro de un año... O quizás me quede aquí, esta casa no está tan mal. ¿Por qué? ¿Quieres que me vaya? —preguntó alzando la vista finalmente y clavándola en los ojos del escritor.



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Soupy Twist el Dom 4 Sep - 12:23

Still by your side
Harry Pearce — En casa — Día 2 — Con Amelie Butler
Conan Doyle creía en lo sobrenatural. El gran escritor cuyas huellas había tratado de reproducir Pearce era supersticioso. Veinticuatro horas atrás era uno de los escasos puntos en los que difería, pero todo el escepticismo de Harry se disipó al posar sus ojos en la detective por primera vez. Hasta el momento tal había sido el éxito del escritor en seguir los pasos de su ídolo que había terminado por desarrollar el mismo odio hacia su propio personaje que él.

Entre los atributos del hombre se encontraba la falta de versatilidad. Una vez introduces o retiras alguna de las constantes que, exactas como el movimiento de las cadenciosas manecillas del reloj, construyen su rutina, su integridad se desmorona. Y de aquella manera, en el corto tiempo que llevaba de día, ya había sufrido varios contratiempos y olvidos. En aquella ocasión particular echó en falta la tostada, que había dejado preparada sobre la encimera.

- Hm... - Fue la respuesta emitida por el desconcertado escritor. Como temía, aquello no le había resuelto su duda, en aquel momento de carácter vital. Y con el mismo aire distraído abandonó su silla y se dirigió a la cocina. Recuperando su desayuno, volvió al salón. Atravesó el quicio de la puerta cuando su vista se vio atraída por una hoja de papel que sobresalía bajo una desgastada libreta. Las palabras "Memento Mori" brillaban en tinta, recorridas en su caligrafía y enfatizadas por una gruesa línea bajo las mismas. El título del último libro. Memento Mori. El tomo en el que acabaría con la vida de Amelie con un punto y final. El día que lo decidió se le antojó adecuado. Un guiño a la inmortalidad de los libros, cuyos personajes se mantienen vivos siempre y cuando alguien los acoja en su imaginación.


Última edición por Soupy Twist el Miér 1 Mar - 19:59, editado 1 vez



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Re: — The ghosts of our heads

Mensaje por Brette el Dom 18 Sep - 16:51

The ghosts of our heads
Amelie Butler — En casa — Día 2 — Con Harry Pearce
Houdini. Harry Houdini. O Erik Weisz, como perdía cierto encanto. Aquel ensalzado ilusionista y escapista con el paso de los años que mantuvo una gran amistad con el escritor Arthur Conan Doyle. Houdini fue una gran creyente de lo sobrenatural. Al menos, después de la muerte de su madre, con la que parecía estar bastante unido. No dudó en participar en sesiones de espiritismo, esperando contactar con ella. Sin embargo, en una de estas sesiones, una médium le entregó una carta que afirmaba, estaba escrita por su madre, pero dicha carta se encontraba en inglés y el ilusionista afirmó que su madre jamás había aprendido a escribir en inglés.

Tras el suceso se convertió en un completo escéptico, decidido a demostrar los farsantes que poblaban la ciudad. Y ese suceso, comportó el fin de la amistad que mantenía el escritor, después de que éste le dijera que su madre tal vez había aprendido a escribir en inglés durante su estancia en el ultramundo.

Era curioso cómo algunas personas se aferraban a creencias sobrenaturales, a fantasmas y demonios, al más allá. Y otras, sin embargo, tomaban todo aquello como tonterías, tomaduras de pelo y asuntos de desquiciados. En aquel momento, Ameliese preguntaba en qué lado se encontraba el escritor. Desde luego, el escepticismo ya no podía ser algo que le acompañase. La cuestión, era si comenzaba a creer en aquellas vertiginosas teorías a las que Doyle se aferró durante su vida o si en cuestión de días, se encontraría rozando la locura.

¿Qué vas a hacer hoy? —preguntó cuándo el escritor volvió a adentrarse en la estancia, desayuno en mano.



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