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Mensaje por Aniki el Sáb 10 Oct - 0:51

1999
1x1 — horror, creepypasta.

Mil novecientos noventa y nueve. Una fecha atemporal y la irrupción de una tecnología tímida hasta ese entonces. Inofensiva para ti como padre; una atracción incompresible para ti como cría. El nido donde el horror desencadenó la libido de una mente mórbida, retorcida y sin tapujos para manipular la inocencia de toda una generación de mal afortunados.

Cierto canal con pésimo presupuesto, casi nula sintonía y procedencia dudosa, usó niños como ejemplo de enseñanzas y como materia prima de una vorágine que, hasta el día de hoy, cobra miembros como deuda de aquel entonces. Sin embargo, el caso está inconcluso. Las desapariciones de docenas de niños en la época, se atribuyeron a causas inconexas. Las pistas no llegaron a ningún lado.

Perdiste a un hijo.
Y tú a un hermano.

Semanas más tarde, la desesperación los reunió en una web donde ambas víctimas participaron cuando aún estaban con ustedes. Mensaje tras mensaje, el horror fue carcomiéndoles con angustia. Su ser querido no fue el único en presenciar la programación bizarra de Mr. Bear —como decidió apodarse el desquiciado conductor —, sino que una tanda de confesiones daban a entender que esto era todo menos aislado. El dilema es, ¿a quién podrías creerle si la mentira te significa reconocimiento?
   

   
Wilde, Zoe.
21 — Felicity Jones — Brette.
Tan solo tenía cinco años el verano de 1999, el verano en el que todo acabó, el verano en el que sus padres tuvieron la idea de instalar una televisión en el cuarto de sus hijos, el verano en el que su hermano dio con canal nuevo que hasta entonces ninguno de los niños había encontrado.

A pesar de que Zoe no llegó a ver mas de un programa ya que todo le resultaba demasiado extraño, no lograba entender nada y lejos de distraerla lo único que le ocasionaba era terror su hermano no se separaba de la televisión. Tal obsesión llegó a tener el niño que incluso algunas noches se levantaba y aunque ningún programa hubiese en televisión, permanecía observando la estática.

Tarde fue cuando Zoe quiso alertar a su familia y peores fueron las medidas que estos tomaron. Su hermano terminó ingresado en un psiquiátrico, totalmente desquiciado, demandando ya fuera por suplicas o por violencia ver el canal 21.

La joven intentó rehacer su vida, hacer todo lo posible por salir adelante pero era incapaz de olvidarlo, no podía dejar el pasado atrás hasta que lo resolviese y por ello, decidió que para poder ser libre de esa pesada carga necesitaba acabar con ello, saber la verdad, quien sabe si solucionarlo, investigar o únicamente contarle la historia a alguien que la entendiese.
Hale, Richard.
46 — Hugh Jackman — Foster.
Lo que viene después de enterrar a un hijo, nunca podría considerarse vida. Lo que viene después de asignar la tarea del epitafio a otros —porque el terror íntimo de encarar la lápida y recordar su rostro cuando apenas babulceaba sonidos, no es soportable —, debiera ser una pesadilla. Un producto ficticio que, al despertar, te permitiera una segunda oportunidad. Un poder valorar la pequeña criatura que con tanto esfuerzo criaste y que ahora continuaría el paso hacia la adultez, al compás de tus arrugas más profundas.

Lo que viene después de la impotencia de no haberle salvado, es la monotonía de respirar.

Debiste sospechar que su introvertido encierro se debía a algo más que su espacio. Que cada vez que se despertaba a deambular por la casa de noche, no era sólo ansiedad. Que todos estos años luego del extraño incidente ocurrido en el verano de 1999, estarían corrompidos por el insidioso fantasma de un crimen no resuelto.

Sin embargo, la respuesta llegó sola y con un peso que derrumbaría la patética armadura que creaste para consolar a tu esposa y no entregarte a la desesperación: tu pequeño y frágil chico había investigado. Su computadora guardaba cada detalle. Agradeciste que te enseñara a usarla antes de dejarlos a ti y a Maggie.

Un hijo jamás debiera morir antes que su padre. Esa angustia se mantendría engendrando demonios en tu pecho. Mas, la respuesta te aguarda. Y no te importa la redención, mientras puedas limpiar el dolor que dejó su suicidio.

   


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01. Decisions

Mensaje por Brette el Miér 14 Oct - 22:27

Decisions

La tercera lámpara de la izquierda, justo al final de la sala, parpadeaba como de costumbre, provocando un zumbido metálico que ya prácticamente se mezclaba con las conversaciones, los ruidos y el sonido de la televisión que reinaban.

Zoe esperó pacientemente, con ambas manos sobre la mesa, inclinada levemente hacia delante mientras esperaba una respuesta. “Un... Dos... Tres...” contó mentalmente tal y como el doctor le había sugerido que hiciera después de hacerle cualquier pregunta y viendo que no había ni siquiera indicios de que se dispusiera a responder forzó una sonrisa, tomando aire mientras se apartaba el flequillo de los ojos.

Está bien... —comentó mientras observaba a su hermano, asintiendo levemente.

El joven tan solo tenía un par de años más que ella, veintitrés años, de pelo oscuro y alborotado, ojos claros y tez pálida. Tenía los mismos ojos que su madre poseyó, pero desde hacía demasiado tiempo dejaron de tener el caracteristico brillo de la vida, la ilusión... Le despojaron de la inocencia cuando tan solo era un niño y terminó con todo cuanto ambos conocían en un abrir y cerrar de ojos. Nada quedaba ya del antiguo Adam, el chico alegre que siempre estaba riendo a carcajadas y metido en cualquier trastada o exploración. En su lugar, ahora había un chico de rostro demasiado pálido porque se negaba a salir al exterior, sus labios jamás se curvaban en una sonrisa y sus ojos vacíos, sin rastro de vida se movían desorientados por la sala.

Tenía varios tics nerviosos, desde asegurarse cada pocos segundos que la manga de la camisa estaba bien puesta y tironearme levemente de ella hacía abajo hasta pasarse la mano por el pelo tres veces de forma impulsiva, como si tuviera algún insecto en la cabeza.

Una de las enfermeras me ha dicho que te hoy toca tu plato preferido, ¿estás contento? —preguntó dedicándole una sonrisa, en el tono más tranquilo y cariñoso que pudo lograr, como si se estuviera dirigiendo a un niño pequeño.

“Un... Dos... Tres...” Adam estaba demasiado sumido en la tarea de pasarse la mano por el pelo de manera desenfrenada, como para tan siquiera darse cuenta de la pregunta. Zoe llevó una de las manos con cuidado, llevándola a la suya para que se detuviera temiendo que se hiciera daño. Notaba como en su garganta ya comenzaba a formarse un nudo, se obligó a mantener la calma, a continuar tomando aire como si este no pareciera solidificarse a cada movimiento del chico.

No fue hasta que con suavidad la joven le obligó a bajar la mano cuando Adam pareció darse cuenta de su presencia. Con los ojos muy abiertos por unos instantes la pareció completamente consciente, incluso tuvo la esperanza de que fuera a hablarle, aunque fuera una frase sin sentido, cualquier cosa que ella no le hubiera preguntado, pero las esperanzas se desvanecieron en el instante que comenzó a tararear la sintonía del programa de televisión que había arrimado la vida de ambos y todavía conseguía meterse en las pesadillas de Zoe.

La joven soltó la mano de su hermano después de una leve caricia a modo despedida—. Hasta mañana —susurró a pesar de saber que en las orbes pérdidas del chico ya no había cabida para otra cosa que no fuese los recuerdos del horrible canal.

Se apresuró a alejarse mientras comenzaba a decir cosas sin sentido, cada vez en un tono más alto, el nudo en la garganta de la chica creció hasta hacerle casi imposible tomar aire pero aun así, aguantando las lagrimas con el detestable soniquete en la cabeza, no se detuvo hasta estar fuera de la instalación mental.

Fue en la esquina, después de haber doblado la calle cuando soltó un largo suspiro interrumpido por un sollozo y mientras las lágrimas caían por sus mejillas se apresuró a buscar en el bolso el paquete de los cigarrillos y el encendedor.

Sentada en las escaleras de la entrada de un bloque de pisos se tomó unos segundos para calmarse antes de contemplar las agujas metálicas del reloj de segunda mano de la muñeca. Aquella visita era la que iba a ayudarla a decidir, la visita que le daría el pequeño empujón necesario para acudir a la cita que esa misma mañana había acordado con otra de las víctimas. No había estado segura, recelaba de todo lo que hiciera referencia a lo ocurrido, a todo lo que implicase hablar sobre el turbio mil novecientos noventa y nueve y todo lo que representaba. Por unos momentos creyó que podría continuar con su vida, hacer como si nada hubiera sucedido pero era imposible, el pasado la seguía como una sombra incesante, la reconcomia y amenazaba con terminar con ella o hacer que corriera la misma suerte que su hermano.

Necesitaba hacer aquello, por sí misma, para recuperar una vida que desde hacía años no le había pertenecido. Se levantó de las escaleras apagando el cigarrillo contra la acera, colocándose bien la chaqueta vaquera antes de encaminarse hacia la cafetería que tan solo estaba a un par de manzanas. Puede que el hombre no se atreviera a ir y si aquello ocurría, Zoe no se lo tendría en cuenta. Pasaban por situaciones similares, se habían encontrado en una página de internet y había hecho lo que cualquiera en su sano juicio desaconsejaría, quedar con un completo desconocido. Le daba igual si hablaban del tiempo o de que el café era mejor en la cafetería cercana a los grandes almacenes, solo necesitaba ver que no era la única.

Abrió la puerta del establecimiento, escrutando con la mirada tanto las mesas vacías como en las ocupadas. Parejas, hombres atareados que leían el periódico mientra dedicaban furtivos vistazos al reloj... Zoe tomó asiento en una mesa al lado de la ventana, dejándose caer en la silla mientras observaba la carta sin el más mínimo interés.

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Re: ▬ 1999

Mensaje por Aniki el Lun 14 Mar - 4:04

Decisions

Maggie lo había descubierto.

Desde que habían compartido más que miradas por primera vez en aquel viejo cine en el centro de su pequeña localidad, ella sabía descifrar cualquier pensamiento que tuviera. Incluso mejor de lo que él pudiera formularlos. No le tomó más que apreciar un vaivén inquieto de su esposo por la sala de estar para notar que algo iba mal.

Y captar eso cuando la vida de ambos estaba bien jodida, era un hazaña que Richard tenía que reconocerle. Noches en vela, crisis nerviosas, sesiones sexuales patéticas e inacabadas, terapias fallidas y una nevera llena de todo lo que su hijo adoraba, completaban el panorama en el hogar de los Hale.

Richard necesitaba cortar por la mitad ese círculo trágico que se cernía sobre ambos. Tenía que ser un hombre. El que enfrentaría el dolor más grande —porque había sobrevivido, de un modo insuficiente, pero lo había hecho —para poder sostener los pedazos esparcidos de lo que quedaba de su familia.

Debía ser el hombre que fuera capaz de mirar a su mujer nuevamente a la cara, decirle que la culpa no yacía en ellos y que movería montañas con tal de que su hijo descansara en paz.

Aunque Maggie detestara el proceso para que él lo lograra, tenía que arriesgar su matrimonio y su enferma sanidad emocional para acabar con todo de una vez.

Richard quería ponerse los pantalones con una misión entre ceja y ceja, además, para sentir que valía algo. A veces agradecía, en la parte más oscura de su ser, el no haber tenido más hijos. Si no pudo demostrarle el valor de la vida a uno, ¿qué podría hacer por los demás? Ofrecerles un recipiente vacío y penoso como humano era injusto.

Esto es porquería. Sólo cuentos para llamar la atención. ¿Cómo es que todos describen algo distinto con el mismo Oso? No tiene sentido. Alguien huele a mierda aquí.


Repasó en la pantalla del ordenador, una vez los ojos de su mujer le dejaron respirar. Había leído los mensajes del último apartado una y otra vez, ganando un tanto de confianza para convencerse de que no había inventado algún detalle. Se reuniría con una chica que sufrió algo similar, pero habían tantos cabos sueltos que prefería verificar un millón de veces antes de dar con un callejón sin salida.

Tío, ¿sabes leer? Un carajo. Había más de una aparición. Muchos juegos malditamente enfermos. Mr. Bear tenía la creatividad que me mantiene con terapia hasta el día de hoy. Si no te vas a tomar en serio esto, ojalá te banneen.


A momentos se le dificultaba entender qué escribían entre la docena de mensajes, por la jerga llena de modalidades que separaba drásticamente su época de la de ellos.

Él los usaba. Les hacía creer que eran invitados especiales. Los quemaba a montones. No puedo creer que todavía nadie sepa dónde está.


Aquel era uno de los dos mensajes que Jeff había publicado. A Richard se le revolvía el estómago al imaginarse a su hijo presa de la angustia, tecleando con horror, chequeando a cada instante la ventana y la puerta a sus espaldas. Tal como él lo hacía ahora, sugestionado por las palabras que narraban los atroces acontecimientos del programa que jamás debió existir.

Sus ojos, entonces, dieron con el llamado que Zoe había realizado para encontrarse con otra víctima. El comienzo de una empatía desagradamente anhelada. Tanto que, apenas entró al local que acordaron, asimiló que no recordaba cuándo ni cómo salió de su domicilio ni cuánto había tardado. ¿Caminó o había tomado el bus?

La incertidumbre llenó su rostro. A una escasa distancia estaba ella, mirando a la nada. No tuvo problema en reconocerla, era tal cual se había descrito y aquella comunidad era lo bastante pequeña como para oler a los forasteros a kilómeros. Sus pasos le llevaron junto a ella, mientras sus manos dentro de los bolsillos se removieron con duda.

Finalmente decidió extenderle una a modo de saludo. Esa típica calidez humana mezclada con lástima —propia y ajena —, absolutamente automática y sin sentido. —Soy Richard. Espero no haberte hecho esperar, pero mi esposa no sabe nada... —Los nervios, de inmediato, le hicieron hablar de más —, ella sigue muy delicada de salud. No quería preocuparla.

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Re: ▬ 1999

Mensaje por Brette el Miér 30 Mar - 15:34

Decisions

Despidió al camarero que se acercó a su mesa diciéndole que esperaba a que viniera otra persona en un tono monótono, tan vacío e impersonal que parecía venir de una máquina. El hombre no tardó en alejarse y ella tras examinar el lugar de un rápido vistazo perdió la mirada en una de las cristaleras. Observó como la gente pasaba por la calle, con bolsas en las que estaban plasmados los distintos logos de las tiendas, algunos atareados, otros con la mirada clavada en el reloj de la muñeca sin poder creer que fueran a llegar tan tarde y otros que simplemente paseaban. Ninguno de ellos sabía lo que les podía deparar el futuro, ninguno sabía si su vida iba a sufrir un drástico cambio en los próximos cinco minutos.

No podían saber si recibirían una llamada del hospital, diciendo que algún familiar había fallecido, o si al cruzar un paso de peatones algún coche les arrollaría. No podían saber si iban a perder los ahorros de su vida al igual o si finalmente la esposa o el marido se daría cuenta de que el otro llevaba meses manteniendo una aventura.

No pueden saberlo de igual modo que tú tampoco sabías que él se estaba volviendo loco. Pero deberías de haberlo visto, ¿verdad? En todas esas horas que pasaba delante de la televisión, en como dejó de jugar, de hablar con sus amigos poco a poco. En como dejó de meterse contigo para ver el canal que tanto te asustaba. Pero tú nunca lo dijiste.

Aquella pequeña voz, como si se tratase de una conciencia, de un eco del pasado que persistía, torturandola por lo que había hecho o más bien por lo que no hizo. Por lo que pudo haber evitado. La simple idea de que contándoselo a sus padres todo podría haber quedado en un simple mal recuerdo y su hermano ahora sería una persona normal, con un trabajo, puede que un pequeño piso compartido y el perro que siempre había querido tener la estaba matando. La consumía por dentro, le aprisionaba el pecho hasta que no podía respirar y las lágrimas se le agolpaban en los ojos.

Estaba inmersa en esos pensamientos cuando el hombre llegó, se dio cuenta de su presencia a los pocos segundos y de forma inconsciente se sobresaltó antes de observarle detenidamente y darse cuenta de que era él. Se levantó de la silla rápidamente, dedicando una leve sonrisa, de ese tipo que solo se dan por cortesía. Estrechó la mano del hombre con un leve asentimiento antes de pasarse una de las manos por el pelo para apartarse el flequillo de los ojos—. Zoe, encantada. Acabo de llegar —comentó mientras se percataba del nerviosismo del hombre.

Debía de ser como mirarse en un espejo, la joven ya sentía como las piernas le temblaban y de buen grado habría rebuscado en el bolso para coger un cigarrillo pero paró el primer impulso mientras cogia aire, intentando calmarse—. Lo entiendo. Yo... Tampoco se lo he contado a nadie. Lo primero que me habrían dicho es que estoy completamente loca —respondió antes de sentarse en la silla, esperando que el hombre hiciera lo mismo mientras sentía el corazón en la garganta.

En aquel instante le parecía que era la mayor tontería que había cometido nunca, tuvo que pasarse un par de veces las manos por la superficie de los vaqueros para intentar deshacerse del sudor frío pero a la vez necesitaba que era algo que debía hacer. No podía continuar así, necesitaba deshacerse de los fantasmas del pasado para poder vivir algo que realmente le perteneciera.

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Re: ▬ 1999

Mensaje por Aniki el Lun 18 Abr - 3:42

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Era curioso cómo la tortura personal podía unir tanto a dos desconocidos en una simple mirada, en gestos vacíos, en el contacto fugaz de un apretón de manos que decía –gritaba –todo lo que en meses no había dejado la lóbrega mente de ambos. Richard aguantó el revoltijo que tenía por entrañas y acomodó su humanidad con parsimonia en el asiento frente a la joven. En ningún instante pensó en salir de allí, en agradecerle su tiempo y desaparecer, tampoco en dudar sus palabras.

Porque si bien le mintiera, él estaba dispuesto a creer. A poner las manos en el fuego por la niñata que se veía tan carcomida como su persona, sumida en aquel estado miserable del que había sido presa desde que la vida le arrebató a su hijo.

No.

Desde que su incompetencia le impidió ver las señales frente a él. Las mil y una ocasiones en que la agonía se respiraba en su habitación. En que vomitaba las comidas, salía a dar paseos que consistían en dar vueltas a la manzana sin propósito, en que iba hasta su lecho sin vergüenza de su edad y se acostaba entre ambos temblando, sin apenas pestañear hasta que la madrugada le exigía pretender que iba a la escuela.

Él fue el error. El idiota confiado en que eran signos de ir creciendo, del cansancio, de cualquier problema común en la vida de un adolescente que sentía que el mundo estaba en contra suyo. Y no fue suficiente. No importaba cuántas veces lo interrumpiera en sus silencios, en sus llamadas, en sus planes. Ni cuántas veces le insistiera en que podía acercarse a él y contarle sus inquietudes. Ni cuántas veces lo abrazara, sin importarle que él lo alejase a los segundos porque se sentía incómodo al recibir amor de su padre.

Nada estuvo a la altura del miedo. Él sólo fue el insignificante esfuerzo para darle una salida cuando Jeff ya no tenía piernas para correr.

Y una parte de él, la colérica, la que buscaba castigar al responsable –y sinceramente, a sí mismo –sentía que Zoe estaba en la misma acera que él. Esperando el momento indicado, con los recursos que tuviera a mano, la hora de terminar con todo de una puta vez.

Tampoco darías fe de una cosa como ésta, al igual que yo, si no los hubiéramos…perdido. —Comentó, intentando sonar más amable de lo que sus heridas le permitían. —Pero debemos hacer algo.

Acto seguido, realizó un gesto para indicarle que podía fumar si así lo deseaba. Él llamó al mesero para pedir una gaseosa y luego de aclarar su garganta continuó: —Sé que es precipitado, pero he reunido algo de información y quiero tu opinión al respecto. Aún…no comprendo muy bien cómo funcionan las plataformas que ustedes usan, pero sé que te tomas esto tan en serio como yo. —Mencionó con determinación, si bien la duda crecía en su pecho, no quería vacilar frente a una potencial aliada.—Necesito… —Comenzó, pero su voz se quebró unos instantes al recordar que la muerte no tenía solución y que Jeff ya no podría quejarse de lo tontas que eran sus preocupaciones —, …necesito darle un fin a esto.

Sin demoras –y evitando contacto visual para no exhibir su vulnerabilidad con el asunto –, sacó una carpeta de su chaquetón y la puso en medio de los dos. —Comienza diciéndome lo que sabes, por favor.

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Re: ▬ 1999

Mensaje por Brette el Lun 23 Mayo - 23:16

Decisions

Aquel hombre podía rozar perfectamente la edad de su padre, ese fue un dato que en principio pasó inadvertido pero su mente, inquieta y anhelando poder tranquilizarse frente a la tontería que nadie en su sano juicio haría, se esforzaba por buscar una relación, un punto de confianza para sentirse más cómoda. Llevaba años sin ver a su padre, después de aquel verano, de lo que le ocurrió a su hermano y el fallecimiento de su madre comenzó a distanciarse. En un momento se culpó así mismo de todo, después, con el paso del tiempo y de noches en vela con la única compañía de sus pensamientos, llegó a la conclusión de que Zoe había sido la culpable.

Se encerró en sí mismo, prácticamente era incapaz de mirarla a los ojos sin que se pudiera vislumbrar el dolor o el desprecio. La mandó a vivir con sus abuelos y la joven no puso impedimento. Las últimas noticias que había recibido de él era que se encontraba en una casa apartada y que solía salir todas las mañanas a pescar aunque rara vez conseguía atrapar alguna víctima. No visitaba a su hijo ni hablaba con nadie. Zoe tenía la lejana sensación de que simplemente había encontrado la muerte en vida.

Desde aquel verano su infancia terminó abruptamente, con los primeros resquicios y las manchas de sangre, con un color aún más intenso por la oscuridad, cerró una etapa que la mayoría de los adultos recuerdan con cariño. Ese suceso había condicionado todo, al pensar en la infancia no recordaba los veranos correteando por el jardín, cuando aprendió a montar en bici o las fiestas de cumpleaños. Cuando pensaba en la infancia sentía como algo se removía dentro de ella, llegando incluso a asquearse de sí misma y al instante, su cabeza traía el vívido recuerdo de esa noche.

Sabía que aunque solucionase todo aquello, aunque lograra ponerle fin al causante del infierno, los recuerdos permanecerían. Nadie podría devolverle aquellos años ni hacer que su hermano tuviera una vida normal, sin pastillas que le tuvieran mirando a la pared durante horas, sin momentos de lucidez en los que deseara volver a sumergirse en la locura. Pero poder continuar en su vida, dejar de estar anclada en esa etapa y redimir la culpa, era una recompensa suficiente.

Sí, debemos hacerlo —dijo incapaz de mostrar un gesto amable o un amago de sonrisa. Cualquier cosa hubiera resultado forzada, más semejante a una mueca de dolor o sufrimiento. Aunque se había prohibido así misma fumar en el instante que entrase en el bar el asentimiento del hombre fue seguido por un leve movimiento de cabeza de ella, un gracias que tan solo fue un murmullo antes de que su mano se aferrase al paquete de cigarrillos y tomase uno sin miramientos.

Escuchó atentamente, sin poder evitar tomar aire mientras la voz del hombre se quebró. El dolor podía palparse, el terror que durante años había tenido por mostrar sus sentimientos, sentirse vulnerable, se hizo más pequeño, dejando una extraña sensación de alivio acompañada de un nudo en la garganta. Dio una cañada al cigarrillo, dejándolo apoyado en el cenicero mientras su mirada se clavó en la carpeta—. Era pequeña cuando todo ocurrió, la información que conseguí recopilar en esos años fue por las visitas que un policía hacia a mi abuelo. Era un amigo de la familia y supongo que tenía la necesidad de hacerlo. Al principio venís todas las semanas, después, con el tiempo, las visitas fueron una vez al mes y al final ni siquiera venía. Supongo que no había ninguna novedad. La escasa información intenté completarla investigando pero... Es como si intentasen ocultar todo esto. Puede que no les guste decir a los cuatro vientos que tenían un asesino de niños en paradero desconocido.

Se que el cabrón que hacía esas cosas se dio a la fuga a finales del verano del noventa y nueve. Lo retransmitía todo en una casa a las afueras de un pequeño pueblo —las palabras salían con dificultad, podía sentir como el aire cada vez se hacía más denso e irrespirable. Todo le costaba demasiado. Era como meterse de lleno en la pesadilla, ahondar en ella y con cada paso sentía que se estaba matando así misma. Se pasó una mano por el rostro, clavando la mirada en la mesa—. C-Creo que encontraron los cuerpos de unos quince o dieciséis niños en un bosque cercano a la casa. Yo misma vi alguno de los programas pero no los entendía, era pequeña y me asustaban. Nunca les di importancia ni les presté atención hasta que... —la voz se cortó, y se llevó una mano a los labios, tomando una bocanada de aire clavando la mirada en el cristal.

Lo siento, la verdad es que no sé mucho más —dijo cuando sintió que volvía a tener las fuerzas suficientes para hablar sin que su voz pareciera un desgarrado susurro o se cortara a los pocos segundos.

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Re: ▬ 1999

Mensaje por Aniki el Sáb 28 Mayo - 7:01

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Richard sentía cómo sus costillas se encogían, ahogándole. Las vivencias que contaba Zoe resucitaban parte de su luto inconcluso. Le traían de regreso las tardes álgidas en las que su mujer lloraba en su regazo hasta que el cansancio le ganaba. En que él miraba por la ventana, esperando estúpidamente que el responsable de la muerte de su hijo los fuera a buscar. La etapa en que añoraba que todo terminara. Que existiera un lugar utópico después de que fallecieran para disfrutar de la sonrisa de su hijo. Incluso se conformaría con un infierno en que Jeff pudiera repartir algo de su dolor con ellos. No merecía cargar con todo solo.

Él y Maggie también convivieron con su propio policía-en-casa. De amigo no tenía nada, de disposición dejaba bastante que desear. El caso había sido simplemente parte de su rutina mientras masticaba comida rápida y deseaba que el día libre llegase pronto para poder disfrutar de su propia familia. La empatía la tenía escondida en su cuerpo rollizo, su falta de sueño y la excusa de que este tipo de investigaciones requerían de alguien más especializado.

Alguien que nunca llegó, porque un suicidio no estaba en las prioridades de nadie. Para el mundo, alguien que se quitaba la vida había decidido voluntariamente hacerlo, ¿para qué buscar las razones si no había forma de revertirlo?

Sin embargo, para Richard esto había sido el más silencioso y vil asesinato. Si bien su esposa —la mujer más fuerte que haya conocido jamás —prefería ser prudente y continuar la vida de ambos como pudiera, él se quedaba atrás. No era capaz de hacer borrón y cuenta nueva sin darles una venganza personal, aunque ella aún no fuera consciente de lo que se traía entre manos. Porque daba igual toda ayuda que pudiera recibir. Y todas las veces que había escuchado que una represalia de ese tipo no le daría paz.

Richard no necesitaba paz, anhelaba enterrar vivo al desgraciado que le había arrebatado lo que más amaba en la vida. Enterrarlo luego de hacerle todas y cada una de las torturas que su creatividad le permitiera. ¿Zoe estaría dispuesta a traspasar ese límite?

Ni hablar. Hale no pensaba incluirla en una vorágine. Ya era bastante terrible que una persona tan joven tuviera que padecer los mismos recuerdos, el mismo sufrimiento, la misma injusticia. Pero todo iría bien. Él había aprendido a controlar la ira que le provocaba el suceso y todo lo que estuviera relacionado a él. No sería tan trabajoso fingir ser más civilizado de lo que realmente pensaba comportarse.

Claro. —Aseveró, cuando la chica explicó la dificultad de obtener información. Él también había insistido bastante para poseer lo que se hallaba en la carpeta. Y con la ayuda externa de un chico muy diestro con la computación, amigo de Jeff. Había ofrecido pagarle por el servicio, pero éste se rehusó. Sólo pidió que le tuviera al tanto y Richard no pude estar más agradecido por su bondad y preocupación.

El bebestible llegó, pero no bebió una gota hasta que la chica concluyera sus palabras.

Zoe corroboró parte de lo que habían conversado en línea y otros datos que había recopilado. ¿Cómo algo de esta magnitud se le había escapado a la Policía? Inclusive parecía que todo era falso, inventado por alguien con mucho tiempo. Un cuento con hórridas consecuencias.

Mr. Bear. Así se llama el cabrón al que tendremos que cazar en los próximos días, meses…Comprendo si en algún minuto quieres desistir porque nuestras vidas estén comprometidas. Lo entenderé. Pero hasta ese momento, cuento contigo. —Richard le ofreció una sonrisa, una honesta. Bebió la mitad del vaso y continuó: —Te daré la carpeta. Sólo existe esta copia y la original que guardo. Será desagradable. Hay algunas fotografías algo explícitas, del lugar de los hechos y del programa en sí. Me disculpo por eso. Sabes…cuando uno comienza a obsesionarse con algo, terminas descubriendo los detalles más… —Se interrumpió. No había necesidad de agregar más, ella captaría el punto.

Me temo que tendré que comentarte algunas cosas antes de proseguir. Perdonarás mi falta de tacto, pero no son cosas que pueda decorar. —Hale se perdió breves instantes en el humo que emitía la colilla del cigarrillo. Tragó saliva. —Hay cuatro indicios de crímenes similares repartidos en distintas localidades. A pesar de lo poco que se sabe, hay algunas pruebas de que fueron reales. Tendríamos que tomar lo que tenemos e ir por nuestra cuenta.

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Última edición por Aniki el Mar 26 Jul - 6:27, editado 1 vez


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Re: ▬ 1999

Mensaje por Brette el Mar 21 Jun - 21:50

Decisions

¿Qué harás cuando le encuentres? La pregunta irrumpió en su cabeza como un relámpago en mitad de la noche, llenando todo con una cegadora luz por tan solo unos segundos, para volver a sumirlo en una densa oscuridad. Por unos segundos, se sintió tan indefensa como una niña delante de toda una clase, ante alguna pregunta imposible. Sintió terror, vacío, una incertidumbre que parecía solidificar el aire. ¿Acaso serás capaz de tomar la venganza por tu mano? ¿Podrás mirarle a los ojos? ¿Terminar con su vida del mismo modo que aquel asesino acabó con todos esos niños? Si fuiste incapaz de salvar a tu hermano, si no has podido acabar nunca ni con una mosca sin pensar en las consecuencias o tener remordimientos... No serás capaz.

Pero esto es diferente, se dijo así misma, a esa parte de ella que insistía en subestimarla. Podría hacerlo, después de tantos años no se va a hacer justicia y en ese caso, tendrían que tomarla por su propia mano. Tomó la bebida, bebiendo casi la mitad de una sola vez. Notaba la boca seca, con un gusto amargo, como si llevase décadas sin probar una sola gota de agua.

No lo voy a dejar, creo que este es el paso que necesitaba dar y después de esto... No hay vuelta atrás —comentó en un tono en el que brillaba la firmeza y la decisión. Mr Bear, hasta el nombre le causaba repulsión, desasosiego, un malestar indescriptible que surgia de la boca del estómago y se propagaba por todo el cuerpo. Ni una cajetilla de tabaco podría aliviar esa sensación.

Asintió con rapidez, haciéndole ver que no hacían falta más palabras, que entendía todo a la perfección. Clavó la mirada en la carpeta, la carpeta en la que estaban encerrados terrores indescriptibles, que podrían conducir a la locura a cualquiera. Terrores que podrían haber salido de la mente de un escritor, de un amante de los monstruos y fantasmas, pero se trataba de algo real. No formaba parte de ningún libro, ni ninguna leyenda fundada. Eran hechos, que habían ocurrido y quedado sepultados bajo los años, únicamente permaneciendo en la cabeza de los que se habían visto afectados, convirtiéndose en una malsana obsesión.

Comprendía que en el instante que se sumergiera en esa información su vida, tal y como la conocía, dejaría de existir, abriendo las puertas a las pesadillas—. Lo entiendo, estamos solos en esto. Nadie nos va ayudar a tirar del hilo que de con ese.... Asesino y dado como se ha tratado el asunto, no será fácil investigar.

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Re: ▬ 1999

Mensaje por Aniki el Jue 28 Jul - 4:25

Decisions

Richard admiró la determinación de la joven. En una sociedad en la que cada vez veía menos interés por los demás y en que nadie parecía especialmente despierto a lo que ocurría a su alrededor, ella podía opacar —por un instante —el desasosiego que existía en su corazón. Estaban a punto de comenzar una travesía que nunca estuvo inmersa en sus planes de vida, ni con la más nefasta imaginación. Él, a esas alturas, debería estar despidiendo a su hijo para que ingresara al campus con el que siempre soñó y en el que lograría lo imposible.

Ella, a esas alturas, debería estar saliendo con algún chico que la hiciera feliz, soportando las burlas y la compañía de su hermano, quejándose de unas vacaciones de obligada asistencia con la familia.

Pero, ¿qué propósito tenía la vida para reunirles con tan doloroso motivo? Hale no estaba seguro de querer saber la respuesta. Sin embargo, saber que no estaría solo en esto (que podría repartir la culpa por mantener este secreto a su esposa), le reforzaba la perseverancia con la que se había levantado ese día sin siquiera darle comida al perro para ocultar su ausencia.

No sé cómo agradecértelo, Zoe. —Expresó el hombre, con la preocupación reinando en sus orbes. Si esto hubiera ocurrido en otro momento, con otro humor y sin la incomodidad que les traía esa carpeta, él habría tomado sus manos en un gesto de real comprensión. Sin embargo, se limitó a pagarle su bebestible, dejando unos dólares al costado del plato que ninguno de los dos tocó. —Me perdonarás, pero debo volver a casa antes de que Maggie crea que perdí la cabeza y la he abandonado —, le aseguró con una honestidad cruda. —Compré estos el otro día con el amigo de Jeff, es un buen chico —, le indicó a la morena, acercándole uno de los móviles desechables —, sería muy arriesgado que usemos los nuestros para esto.

Acto seguido, el hombre se incorporó de la mesa, con algo de nervio y apresuró las palabras: —Espero que leas con detalle todo lo que está recopilado. Si todo va como debe ser, tendríamos que partir a Illinois en dos semanas. Antes, te llamaré para que nos reunamos con Chad, quien nos ha estado ayudando hasta ahora. Lo haré apenas mi esposa duerma, pasadas las once. Por favor, contesta. Cuento contigo.

Dicho esto, Richard desapareció tan sigiloso como llegó, apresurando sus pies arrastrados por unas botas mal abrochadas.

Cafetería | Por la mañana | con Zoe




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Re: ▬ 1999

Mensaje por Brette el Vie 5 Ago - 16:11

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En cuanto llegó a casa desplegó la información de la carpeta en una mesa vacía, desde hacía años le costaba conciliar el sueño y aquel día no fue algo diferente. Esperó impaciente, pasándose el móvil de una mano a otra hasta que el estridente sonido de la llamada rompió el silencio. Tan solo unas cuantas palabras y la promesa de quedar en el lugar y a la hora acordados. Pasó el resto de la noche entre cigarrillos y documento, leyendo incansablemente papel tras papel.

La luz del día la sorprendió en el mismo lugar del sofá, tras deambular por la sala de estar un par de horas, sin recordar si había podido dormir algo. Se aseó con rapidez y tras obligarse a prepararse un desayuno del que apenas probó bocado, salió de casa. No le fue complicado dar con el lugar en el que habían quedado y tampoco le costó discernir a Richard y al probable Chad.

Tras los inevitables saludos por cuestiones de cortesía y unas breves presentaciones, los tres tomaron asiento, sumiéndose en la reunión que daría pie al enorme asunto que llevaban entre manos.

Lugar de encuentro | Por la mañana | con Richard




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