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Dance of the dream man

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Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Lun 7 Dic - 2:35

Recuerdo del primer mensaje :

Dance of the dream man
Plot | 1x1 | Drama/Thriller/Misterio

   
Resumen de Plot. Piel descompuesta, maquillaje diluido por los torrentes agresivos del río y la palidez en cada esquina de su magullado, abusado cuerpo fueron las características de aquél cadáver en lencería escarlata que halló refugio en la zona sureña de Twin Falls. El sheriff Palmer junto a otro grupo de agentes dieron con los restos de una prostituta cuyo nombre era Samantha. Evento de lo más extraño, puesto que aquél pueblo se consideraba como uno de los más tranquilos de la zona.

Extraño que sucedería cuando Matt Palmer llevaba apenas unos pocos meses haciéndose cargo de la seguridad de Twin Falls.  

Pero las casualidad no existen en este pueblo.

   
Matt Palmer
42 años | Sheriff | Wes Bentley | Midori
Está divorciado y no se lleva nada bien con su ex mujer. Sigue enamorado, odia a su nuevo novio, tiene un hijo de 18 años con el que lleva sin hablarse por al menos 3 años. Llega a Twin Falls para suplantar al antiguo sheriff.
Norma Blackburn
40 años | Viuda | Sarah Paulson | Quimera
Mujer recientemente enviudada que se supone estaría aún llorando al marido pero se le ve muy tranquila y con plena entereza que va y viene al pueblo aunque apenas se le deja ver. No tiene hijos y sabe de su esterilidad que oculta al universo para que no nuble su aparente perfección lo cual le ha supuesto algún problema de su estado anímico. Pasado turbio que mancha su memoria.
Mr. F. Wallace
44 años | Magnate | Lee Pace | --
Darius(?) Parker
45 años | Ayudante del sheriff | Idris Elba | ---
Ashton Palmer
21? años | hijo pródigo | Freddie Highmore | --
Ex-Palmer
41 años | --- | Chloë Sevigny | ---
¿Norma Blackburn?
40 años | The Black Lodge | S.P. | Quimera
El enano bailarín
Incierto | The black lodge | Michael J. Anderson |
La Gigante
Incierto | The Black Lodge | Denis O'Hare | --
Samantha Kingsland
28 años | Prostituta | Rachel McAdams | ---
Cronología

   Capítulo I
 Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV—contenido sensible.
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII

   
© by Farah.


Última edición por Quimera el Dom 24 Abr - 19:38, editado 7 veces





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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Sáb 26 Dic - 17:34

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Capitulo III

Avivado se halló a cada obstáculo interpuesto por Blackburn. La obstinación de aquella mujer agitaba un ímpetu forajido, Palmer perdió desde la mañana los estribos de la cordura; un espíritu bárbaro lo dominaba, a él, y las perjudiciales emociones que brotaban inesperadas por culpa de la susodicha. La batalla léxica, de un retar en sus miradas; en las formas que sus cuerpos adoptaban, asechando, esperando cualquier instante en el que arrancarle la yugular al contrario no se hacía esperar; aquello era un espectáculo de lo más variopinto. Creyó, iluso, que el resto de la situación marcharía por si sola hasta una estabilidad no muy coherente pero al menos la suficientemente equilibrada para que él pudiera dominarla en su totalidad sin ningún altercado vario. Qué iluso. Norma Blackburn empotró los zapatos contra el coche de policía; resonando la sirena para más inri. Palmer se alejó unos segundos, violentado por la situación.

¿¡Qué demonios tiene dentro del cerebro, Norma Blackburn!? — Atónito, con la neura palpitándole bajo las sienes; observó con una mano contra su frente, rascándose el flequillo el surrealista panorama: Parker recogía los zapatos con una delicadeza no merecedora de Norma. Su compañero una vez se hubo encargado de los diversos desperfectos apagó la alarma y miró al sheriff como interpretando que, lo sucedido, llegó a ser provocado gracias a sus incorrectas maneras de comportarse con una histérica viuda.

Pero Palmer no podía más. No, no podía más.

Neurótico, removido entre el pesar más álgido: una rabia inconmensurable, decidió no ceder ante la desestabilidad psíquica de aquella mujer, simplemente no podía hacerlo ni podía contenerse. Iba a aprender, y si no era por las buenas -como humildemente intentó, realmente lo hizo- iba a aprender por las malas. Conteniendo el oxígeno; poniéndosele la cara una tonalidad más rojiza de la normal, apretando los puños para no romperle los cristales del mercedes allí mismo, Matt Palmer abrió la puerta del piloto, casi arrancándola y sacó a Norma de allí dentro como quien tira de una cuerda de pescar bajo el peso de su presa. Con fuerza, sin importarle si le hacía daño o no; el salmón era suyo e iba a comérselo.

La estampó contra su propio vehículo y sacó las esposas.

—¡¡¡¡Joder Palmer qué coño estás haciendo!!!!

¿¡Qué si voy a arrestarte, Norma Blackburn!? —El sheriff desplegó de su caja torácica una risotada; falsa, a propósito. — Podría arrestarte por haber ejercido una actitud propia de una persona desequilibrada contra la policía; pero aún no voy a meterte entre rejas, no te preocupes, ya te he dicho que hoy estás de suerte. —Una vez con las esposas apresando su movilidad; con los brazos atados a su espalda, el sheriff comenzó a arrastrala hacia el lado del copiloto, ignorando cualquier amenaza o griterío por su parte. — Te vienes conmigo pero a mi maldita manera Blackburn.

La metió detro del coche, y empujó a Parker.

Tú nos sigues desde el otro coche.

—Matt, por el amor de Dios; Matt, joder, es Norma Blackburn, ¿entiendes? ¡¡¡Norma Blackburn!!!

¡Me importa una mierda quién es quién! ¿¡Has visto lo que hizo con los zapatos!? ¡Está loca! ¡No voy a dejar que conduzca nada estando como...!

—¡Da igual! Siempre fue así; por algo nadie en el pueblo quie-

Se acabó, Parker, tenemos trabajo que hacer.

Palmer se metió en el coche de Blackburn y encendió los motores. Miró cómo Parker volvía hacia su propio coche desde el retrovisor; llevó las manos al volante pero antes de arrancar, miró a Norma. Quien no lo miraba. Amagó a acercarse hacia ella para colocarle el cinturón de seguridad pero en cuanto se movió; notó cómo ella parecía a punto de sacar un demonio para tragárselo y prefirió guardarse las buenas formas.

Tú has provocado todo esto. Es culpa Norma, he hecho todo lo que ha estado en mi mano para que nos llevemos bien y mira lo que has hecho.

Matt Palmer
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Sáb 26 Dic - 19:31

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Capitulo III
Prendía con tanta rapidez como con la que volvía a posicionarse su ánimo en punto muerto y la frialdad aparente de un ser que se desapegara del mundo terrenal de la clase obrera. Apenas sí percibía la gravedad de los propios actos justificados en alguna psicología egoísta, malcriada y retorcida cuando se vio impactada —de acuerdo a la literalidad máxima de la expresión— contra su propio vehículo denotándose la violencia expresa del sheriff de Twin Falls. Ese lado del que, estaba bastante segura, todas aquellas féminas que suspiraban como energúmenas no hubieran aspirado a encontrar en el oficial. De todas maneras, todos se ponían de su parte en la quietud culpable de la contemplación frívola. A ella le daba lo mismo.  

Hazlo, ¡HAZLO!

El semblante endurecido de la mujer hablaba por sí mismo incitándole, murmurando entre dientes un «cobarde» cuando viró su cuerpo para esposarla en lugar de enfrentarle mientras a la cara. En su nueva vista se topó con las miradas entre ambigüedad, escándalo y disfrute de la congregación muda que se había incrementado y encendía el arrojo de la viuda que se obligó a cerrar por un momento con fuerza los ojos y se vio marcada por la reminiscencia de las noches heladas, el alcohol en los labios, el signo de lo prohibido tatuado, la media corrida y la sirena que tanto a ella como a una de sus compañeras abdujera al interior del vehículo policial de turno como parte de una mísera rutina; cuando esos mismos tomaban la ley por su mano y se aprovechaban. El recuerdo le dio arcadas con gusto a humillación.

Te odio —musitó taladrante a su oído en el zarandeo antes del golpe ensordecedor de la puerta contra su rostro pálido.

«Siempre fue así; por algo nadie en el pueblo quie-»

Si a ella le pasara cualquier desgracia de las que parecía aguardar las afueras de Twin Falls; nadie la echaría en falta, muchos se alegrarían, seguramente. Todos. Pero a ella no le importaba, ¿no es así, Norma?

Su respiración se atisbaba agitada bajo el ritmo de la blusa, las piernas inmóviles de pies descalzos que le escocían se torcían en un eje direccional de ruptura con el delicado postre natural de una dama de cuestionable fama, pero dama a fin de cuentas, de su alcurnia. La mirada se perdió en un punto inconcreto del lugar tensa cuando por el rabillo del ojo vio su aproximación. Si me tocas te corto la mano. Una carcajada ronca se escapó de los labios de la viuda Blackburn:

Cree lo que quieras si te hace sentir mejor. —Entre el amplio vocabulario y retórica ingeniosa de la mujer fue tanto cuanto le dedicó en el conciso corte del filo afilado de su orgullo. Apenas si volvió una fracción de segundos, de soslayo, el rostro antes de clavar la mirada en uno de aquellos anónimos sintiendo como el vehículo se ponía en movimiento. —Hazme un favor y atropella alguno de esos imbéciles. Me lo acabarás agradeciendo.

Estaba muerta, entonces lo sabía; seguiría en la cola a David pero ese cretino de Palmer estaba demasiado ciego como para darse cuenta de en lo que se estaba metiendo y, ella, no dejaba de preguntarse:

¿Por qué?

Bien, que lo intentasen. Jugar a su propio juego.

Frunció el ceño pegando casi la cabellera a la ventana del copiloto cuando se encontró con la parte alta de la —inconfundible— fachada del hotel Wallace que por un instante de alarma la hiciera dudar sobre el hombre que tenía a su lado, tentada a sacar el arma que guardaba en la guantera, por si las moscas, si no fuera porque el dolor en sus muñecas le recordase vivamente sus circunstancias. Lo observó recuperando la cordura. Pasó la imponente edificación de vistas de ensueño, dejándola atrás y descendió por la carretera zigzagueante.

¿Te funciona con otras mujeres el esposarlas? —recuperó la labia sin atisbo de gracia en la expresión cruzando las piernas cansadas de la estática que había adoptado, poco tiempo antes de que el sheriff frenara el coche y su atención se desplegara al otro lado de la ventana enigmática.

Un pequeño grupo de personalidades dispersas franqueaban el exterior e interior que determinaba la cinta policial. No tardó en verse su vista interceptada por la prominente barriga de Paker que, con sus zapatos en la mano, le abría la puerta. Pudo oír el correr del agua del río que pasaba por el aserradero. —Dile a tu superior si pretende soltarme para poder calzarme debidamente o se va a encargar él mismo de ponerme los zapatos. No voy a pisar nada de esto descalza. —Podía estar seguro.
Norma Blackburn
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Sáb 26 Dic - 21:05

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Capitulo III

Mordió porción de su labio aguantando la sonrisa que quiso aflorar inesperadamente de aquél rostro quebrado por el mal humor, cortesía de un comentario fuera de lugar. ¿Quién diría que haber esposado a Norma calmaría el ansia en el sheriff? Quizá era porque así estaba asegurando su integridad como ser humano manteniendo controlada la locura innata en dichosa tipa. Fuera como fuese; seguía navegando entre vastos oleajes sin conocer un rumbo fijo o predecir la inminente tormenta, una lo suficientemente turbulenta, tan inmensa que ni el propio Palmer era consciente de lo que se le avecinaría encima. Por el momento; seguía timoneando, bajo los cauces bucólicos de Twin Falls y el resplandor borrascoso reflejado desde la espesura húmeda de la silvestre flora protegida.  

Guardó silencio, solo permitiendo que algún que otro suspiro interrumpiera en el apacible trayecto; muy a diferencia de lo ocurrido con anterioridad entre los dos. Palmer, por momentos dirigía su vista hacia la viuda, contemplando la figura traspuesta sobre el respaldo del asiento admirar con aparente aflicción el cuadro enmarcado por los confines de los Wallace a las afueras del pueblo. Las pupilas sin esperarlo osaban moverse hasta bajar sobre las rodillas descubiertas bajo el amparo de la falda de tubo negra; una sacudida en el coche obligó al hombre a prestar atención hacia la carretera de inmediato, carraspeando para sí mismo, avergonzándose internamente.

La pregunta por su parte no ayudó demasiado a apaciguar aquél estado.

No, no he tenido la suerte de esposar a ninguna mujer en toda mi vida hasta que tú llegaste a ella Norma; y mira que nunca me ha hecho mucha ilusión el asunto. — Inevitable fue una vez más llevar los ojos unos segundos hacia aquellas piernas que se cruzaron una contra la otra; solo un leve segundo, el suficiente para fijar con disimulo la mirada contra el extenso trayecto. Suspiró, exhalando la espesura impúdica, nublaba zonas de la razón que Palmer, especialmente con Norma, prefería mantener lúcidas aunque cierta parte de él reconociera una ensortijada atracción hacia el temerario carácter contrastado por una refinada imagen; imagen que enfervorizaba la obscena imaginación, recordando un fatídico beso compartido. Lo llegó a corresponder; consciente, como un completo imbécil.

¿En qué estaba pensando?


Agradeció la llegada hasta la escena del crimen; apagó el motor, y salió del vehículo hasta acercarse a Parker.

¿Quiere dejar de quejarse tanto? — Cogió los zapatos; se agachó frente al asiento abierto de Norma y fue colocándoselos. — Parece que es lo único que sabe hacer cuando abre la boca; una pena que no sirva para otra cosa. — ¿Se pasó un poco con aquél comentario? Bah. Le daba de su propia medicina; Palmer no iba a cortarse un ápice, no después de todas los vaivenes extremos a los que se vio expuesto por su culpa.  

"Sheriff Palmer"


Un grupo de oficiales se acercaron; Palmer desposó a Norma y la llevó a su lado caminando, cogiéndola del brazo para que no escapara. Las miradas se vieron sorprendidas ante la presencia de la mujer pero nadie osó cuestionar las acciones del sheriff. Sortearon la cinta, recuperando un camino bajo la fauna chapoteada por la llovizna, el sol, escondido tras los nubarrones que clamaban lluvia aquella noche; se dejaba entrever entre la aglomeración de heterogéneas copas, cómplices de la presencia salvaje del perecedero desasosiego místico. El centro del claro, reposaba con los ojos fijos en el búho escondido graznando suavemente la mirada muerta del señor Hommes. Uno de los oficiales sacaba fotografías; otros cuantos más comentaban lo sucedido mientras apuntaban en una libreta los diversos detalles de la extraña, grotesca aparición. Palmer tragó saliva, soltando un momento a Norma y se acercó hacia el cadáver; sorprendentemente estaba vestido, de traje.  

¿Quién dio con él?

—El guardabosques, Mitchel. —Dijo uno de los policías. — ¿Está relacionado con Samantha, sheriff?

Claro que lo está, las casualidades no existen.  

—Creemos que le envenenaron antes de matarlo; pero no lo averiguaremos hasta que estemos en la morgue.

Norma —La llamó Palmer. — Acércate.  

Viró el cuerpo; esperando la llegada de su acompañante y cogió uno de los guantes.

— Mira en tu chaqueta.

Antes de hacer nada; aquella voz obligó al sheriff a llevar sus ojos hacia a la viuda; confuso, creyendo que las palabras salieron de la boca de esta. Al contemplar su cara de incógnita, Palmer carraspeó nuevamente. Metió la mano en el bolsillo de la chaqueta de David Hommes y...

Un papel.

Cuidado con caminar al revés.

Lo abrió, empalideciendo inmediatamente al leer lo que había escrito ahí.

"N O R M A  B L A C K B U R N"

Ella pudo verlo.

—¿Sheriff, ha encontrado algo?— Uno de los oficiales se acercó hacia él; Palmer guardó el papel, nervioso.

No, nada. No he encontrado nada.

Su mirada se encontró de golpe con la de Norma.

... Nadie es lo que parece. —Susurró, robando las antiguas palabras que profetizó Norma.

"¿Vas a comenzar a confiar en mí, Norma Blackburn?"
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Dom 27 Dic - 0:56

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Capitulo III
Tienes que estar de broma.

La incredulidad con que observaba cómo se arrodillaba ante ella para calzarla incapaz de ceder a su obtuso cargo de sheriff mientras Norma batallaba en el asiento por el entumecimiento de sus brazos presos, le influenciaron para dedicarle algunas epopéyicas maldiciones en su fuero interno y una mirada como dagas de obsidiana recién pulimentada. Norma se inclinó hacia afuera del asiento, frente a él, presa de la indignación en un arrebato:

Le recuerdo que tengo las piernas sueltas —recordó con fuerza contenida en el paladar, deseosa de acallar sus agravios con un mero movimiento impulsivo de estas, si no fuera por la delicada circunstancia en la que se hallaba la viuda Blackburn. Podía ser incorregible y espontánea pero también tenía sus dos dedos de frente. Además, cuando la soltó expulsando un denso suspiro y acariciando las muñecas; tan siquiera le dio un instante de tregua para arrastrarla consigo por la húmeda tierra plagada de un manto de hojas muertas y descompuestas a lo que poco apropiado era su calzado. —Quieres tener… ¡más cuidado, idiota, no puedo ni andar! Terminó bufando desenterrando sus tacones de las profundidades del terreno blando caminando con mayor esfuerzo.

Se estaba quejando. De nuevo. Y a él no iba a darle ninguna razón ni gusto al respecto. Antes se cerraría en banda dejando de respirar, conteniendo la respiración por no compartirla con él.

Sintió como si tras traspasar la cinta policial con ese amarillo mortuorio la temperatura ambiental descendiera en picado y el ambiente se cargase de un hedor indescifrable, empapado en la pestilencia del aroma a pino que cercenaba la sensibilidad de sus fosas nasales. Sus pasos se hicieron desiguales a los del sheriff, unos centímetros por detrás y su mirada se clavara en todos y en ningún rostro a la par. Era como si Palmer fuera el verdugo y ella escalara hacia el patíbulo.  

Liberada, en la estática parálisis post mortem que la invadió sintiendo como la corriente de aire acariciaba las zonas de sus extremidades expuestas se heló hasta los huesos. La mirada siguió el camino de las hojas en el terreno con marcas más profundas como si algo o alguien hubiere sido arrastrado y se encontró con el rostro ceniciento de mirada nublada en espanto hacia arriba creyendo por un instante que la mirase en un brillo siniestro, de mal agüero en el destino. Contuvo el dar un paso atrás reconociendo el traje que vestía. Una capa de humo, vinilo orquestando en el fondo, telares carmesí y ostentosidades barrocas con sabor a cerezas la llevaron a la última vez que lo vio vistiéndolo y con el puro con las siglas F.W. en el ornamento a la altura de la sujeción de sus dedos.

—Norma, hoy estás estupenda.
¿Hoy? Tienes suerte de que te conozco bien. Samantha te está esperando…  

«Norma»

Ligero mareo en los pantanos del recuerdo reubicándose en la escena de los valles sombríos por el denso follaje. El inconsciente de la mujer reaccionó con mayor adecuación a la petición del sheriff mientras reordenaba los pensamientos y recobraba el poder de su entereza. Se cruzó de brazos sin hallar mayor cobijo de calor alzando inquisitiva una ceja al oficial. Inconsciente contuvo el aliento, inclinó levemente el cuerpo para mirar por encima de aquél inclinado y…

Mierda.
Las pulsaciones se aceleraron, a trompicones, el bombardeo de su sangre palpitaba descompasado en sus sienes. Se cuestionó si salir corriendo, algo en su interior se lo clamaba a gritos.

¿Qué…?

Norma inquieta intentó escudriñar al otro lado de la mirada cruzada con el sheriff pero no tenía ningún sentido. Y tampoco era una mujer que fuera a quedarse sin respuestas petrificada por los giros de los acontecimientos. Dio un pequeño manotazo —disimulando dado la compañía que los rodeaban trabajando— en el antebrazo de este antes de sujetarlo al aproximarse y lo encaró palpándose la incertidumbre en su timbre:

¿Qué demonios estás haciendo? Primero me pones las esposas con medio pueblo mirando y ahora te dedicas a… esto —replicaba en murmullos. —¿A qué estás jugando? —Si no fuera porque se trataba de Norma Blackburn y todo en ella podía sonar como una exigencia; podía tratarse de una cuestión casi retórica. Mas hubo de apartarse cuidadosa cuando uno de los hombres, el que tomaba anotaciones, se acercó hasta la dispar pareja.

—Señora, ¿conocía a David Hommes? —Era el único sabueso que se había atrevido a averiguar qué narices hacia una mujer de clase como Blackburn en medio de una escena tan grotesca.

Sí… sí, un amigo cercano —miró de reojo un instante a Palmer antes de concentrarse en el joven aprendiz.—. Estaba aquí por si había necesidad de alguien que lo pudiera identificar como David. —Bajó la mirada, afectada. Los más quisquillosos la tomarían como una grandiosa actriz. Quién sabe, cuando un lobo viste de cordero…
—Lamento la perdida.
¿Tienen alguna pista de quién pudo haber sido?
—Eso es información confidencial, señora. Pero estese tranquila, todo va a salir bien.

—Sheriff Palmer. —Norma lo siguió con la mirada aún con actitud precavida mientras este atendía al llamamiento del veterano forense que extraía de la uña del cadáver una pequeña textura de tonalidad azul enrollada que al salir se liberara en su forma de ser;
Un pétalo azul.

Imágenes distorsionadas atravesaron con una grave punzada sus nervios, unos labios negros por los que salía una florecida rosa azul colmada de espinas. La mirada del alter ego coronado en patas de araña y el sobresalto con el reencuentro con la ciega de Hommes. Norma dio un tras pies faltándole la respiración. —No me encuentro demasiado bien.

Todo daba vueltas.

Norma Blackburn
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Dom 27 Dic - 1:50

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Capitulo III

Disfrutó internamente de aquella cuestión que Norma Blackburn se disputaba; puesto que el propio sheriff también lo hacía. Lo maniobró sin pensar; natural, innato en él, cómo en un sueño. No era la primera vez que manipulaba pruebas a su favor ni la última seguramente, no si él podía hacerse cargo, si podía dar con la solución final al asunto y despotricar la verdad en sí misma para cerrar un caso junto a la conciencia tranquila. El pedazo por el que Blackburn dependía palpitaba en el bolsillo de americana al igual que su propio corazón; disimulado bajo grandes actuaciones, la fachada del falso control amenazado por una paranoia inevitable. Palmer solía moverse por un sexto sentido, incomprensible para el resto de mortales por lo que cargaba con grandes dosis de secretos peligrosos resguardados bajo la estela rojiza de su pulgar rozando un mechero.  

Así cómo polaridades contrarias se repudiaban mutuamente; de golpe, lograron hacer equipo en mitad del catastrófico suceso. Palmer siguió visualizando el panorama frente a él; analizando los diversos detalles que no se le escaparan del entendimiento -la expresión del cadáver, su posición, la diferencia del claro hasta el hotel Wallace, o el posible tiempo de muerte de David Hommes- Dejó a Blackburn tras él con el resto de oficiales, fijándose en el detalle del pétalo bajo la uña de la segunda víctima; alzó las cejas inmediatamente. ¿Era algún tipo de rompecabezas? ¿Estaban jugando con él..?

"No me encuentro demasiado bien..."

Matt Palmer giró hacia la viuda inmediatamente; recogiéndola con una suavidad paradójica visto la agresividad demostrada con anterioridad.  

—Norma...


Parker se acercó hacia la pareja; colocando una mano sobre el hombro del sheriff.

—Llévesela, sheriff; este no es lugar para Norma.



Vuelta al mercedes; Palmer encendió los motores con parsimonia. Solos, el silencio incomodaba una situación extravagante, donde las explicaciones y cuestiones brotaban mentalmente sin condensarse en la realidad por la falta de confianza -y Palmer siempre fue un hombre especialmente tímido a la hora de entablar relaciones binarias en la soledad de la extrañeza.- Arrancó el coche, dejando atrás el panorama policial espolvoreado por la lejanía de la residencia Wallace y se dispuso a romper las barreras que marmóreas bloqueaban la comunicación.

… No vuelvas a preguntar por qué hice lo que hice. No hasta dentro de un tiempo, ¿puedes prometerlo? Cuando sea el momento indicado... te lo explicaré. — Hizo una pausa, para mirar de soslayo a Norma. — Solo quiero saber la verdad, Norma. —Y de nuevo, hacia la carretera. —Cosas extrañas ocurren en este pueblo —Suspiró. — Voy a necesitar de verdad que te pases por comisaria y me ayudes. —Llegó hasta la casa de la susodicha; aparcó el coche, apagando el motor. — No puedo dejar que este caso pase al FBI; voy a necesitar de tu ayuda. Los dos, vamos a tener que ayudarnos mutuamente en esto.

Palmer sacó el papel.

—¿Puedes explicarlo...? —Volvió a guardarlo. — Te estoy cubriendo ahora mismo demasiado las espaldas, ¿no crees que podrías tú también abrirte un poco?

Confía en mí. Por favor.
Matt Palmer
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Dom 27 Dic - 13:26

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Capitulo III

Desenfoque en la visión, el pitido lineal martilleando las profundidades de los oídos que la desorientaba, una nota de jazz. No fue hasta sentir la familiaridad del olor del cuero y la comodidad del respaldo donde se encontró reclinada que todo comenzó a volver a su ser. Aunque en su diluida consciencia le faltaba la sujeción cálida que la había llevado hasta allí. Sus ojos saltaron del salpicadero a la figura conduciendo a su vera. Manteniéndose en reposado silencio, lo inspeccionó acudiendo a su mente una escena memorable en The Big Sleep.

Se preguntó bañada en su sutil ironía y una pizca de verdad con sabor a sueño —qué otra cosa sino compartía con el film— si alguien como Palmer tuviera el arrojo de besarla de la manera en que Marlowe besase por primera vez a la enigmática Vivian en un espacio tan reducido y paralelo a aquél. Había que ver lo ridículo que se convertía el cine ante la realidad y lo innecesario de los pensamientos que rechazó inmediatamente en conjunción con el inquietante sheriff, aun ebrios de imágenes codificadas que hicieron desear llevar puesto un abrigo como el de la protagonista cuando un estremecimiento la recorrió y estiró la mano con los finos dedos subiendo la temperatura del aire dispuesto en el vehículo.

Sus orbes fluctuaron de los ramajes y estampas de naturaleza muerta en sus escalas marrones y focos de verdor perenne a la atención del silencio resquebrajado por el conductor. Mordió su lengua para no intervenir con su habitual impaciencia manteniendo los labios sellados y en su interior, a cada observación del hombre, se removía una sensación en sus entrañas. Se encontró entre la espada y la pared, en este caso, sustituida por su propia vivienda la cual, después de retirarse el cinturón; mirase a través del vidrio delantero inspeccionando en un gesto habitual, miró a la casa con desconfianza, guardando una petición que no podía expresar a su intrigante y extraño… ¿socio? Cada vez sus compañías se tornaban más inesperadas.

El papel le hizo fruncir el ceño, divagar en las maneras más agresivas o cuidadas con las que podría conseguirlo pero alzó la mirada de nuevo al contacto directo. Veía algo distinto en la expresión del oficial, algo que ansiaba descifrar:

¿Y por qué de repente confiar en mí? Parece un movimiento arriesgado.O tú no lo haces y no puedes más que aferrarte a un clavo ardiendo.Seamos honestos, no soy el vivo ejemplo de la honradez y no te ha pasado inadvertido ese detalle. —Al chasquido siguió la iluminación de su rostro con la larga cortina de pestañas sombreando los ojos bajo la llama que encendió su cigarrillo y exhaló al techo. —¿Chantaje? —Sonó más dura en sus expresas cavilaciones manteniéndose unos instantes escrutando su rostro. Terminó asintiendo con cierto convencimiento, no iba a sacarle nada. Dada su situación tenía que aferrarse a la roca del acantilado si quería resistir a la violencia de las olas chocando contra esta que podía vislumbrar al horizonte.

No lo hago, no puedo confiar en nadie, pero sí mirar a favor de mis intereses.

La figura femenina se aproximó  en una nebulosa de tabaco al sheriff Palmer. Se vio tentada a actuar por conseguir su salvavidas en el bolsillo de la americana. Todo hombre era fácil de distraerse por un poco de encanto tanto del de una mujer como el de la boca del revolver en el cajón. ¡Sálvese quien pueda!, pero recapacitó a tiempo. Se arriesgó al mismo tiempo que él lo hacía llevada por el enigma:

Alguien quiere quitarme de en medio. —Se acercó a su oído. —Como a David.

Volvió a su posición original apretando la mandíbula en pensamientos y rasgaba la uña del pulgar la piel del anular allí donde por encima flotaba entre otros dos dedos el cilindro toxico.

Este no es el lugar para hablar. —La mujer se posicionó en el extremo de la puerta ampliando su perspectiva. —Eres un hombre extraño, Matt Palmer. —Siguió en su reflexión después de un silencio dilatado con el acompasado gesto de los dedos y dio otra pequeña calada. —¿Eres de los que tienen su propia tarjeta de contacto? Quizá pueda hacer algo por ti. —Ordenado, meticuloso, obsesivo… Tienes ese aire hortera. Asomó una sonrisa misteriosa fruto del chiste íntimo.

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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Dom 27 Dic - 15:26

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Capitulo III

Guardó silencio ante la primera incógnita superpuesta por la viuda; con las manos sobre el volante, los nudillos tersos y el ceño ligeramente fruncido. No fue una escena de cine noir lo que rememoró el sheriff; ni algún vago recuerdo de algún posible beso por el momento no concordado. Fue la duda recreada en sus adentros, cuestionando internamente el funcionamiento burócrata tan retorcido de Twin Falls. El nuevo crimen cometido bajo la extensa arboleda americana despertaba la desconfianza aunque no dudaba que verse involucrado en aquél término a Norma Blackburn le daría la oportunidad de mantener el puesto que tan bien se ganó -dejando de lado el asunto del FBI- ¿Jugaba con fuego? Lo hacía; pero Palmer en ese extenso ámbito de su vida no perdía nada por arriesgar tanto. Estaba solo, por cuenta propia; el dinero que ganaba lo resguardaba bajo un ahorro constante con la única finalidad de dejarle algo grande a su hijo, y para ello: debía hacerse con el máximo control que le fuera permitido -a pesar de moverse entre arenas movedizas y saltarse turnos contrarios mediante trampas-

La humareda del tabaco cubrió cada minúsculo confín del vehículo; sus ojos se achinaron levemente en un lejano recuerdo, un tiempo donde Palmer solía vérselas de frente contra los malos vicios. No existía placer alguno como el de encenderse un cigarro después del café y Norma, empaquetada por la altiva finura decadente, seducía ilícita al sheriff; quién por un momento se proyectó robándole dichoso pitillo de entre las tersas manos. El deseo aumentó considerablemente bajo el auto-control varonil gracias al estrechamiento dentro del escueto vehículo; Palmer entrecerró los ojos sin sorprenderse por el descubrimiento. ¿Norma Blackburn sería verdaderamente una asesina?

Giró su rostro de golpe -descubriendo, para su pesar, que Norma fue lo suficientemente veloz como para apartarse con sutileza impidiendo que sus narices se rozaran o el sheriff tuviera algún tipo de situación comprometida- buscando la mirada ajena en un intento de ahondar hacia más respuestas; hacia algún extenso relato por su parte, una historia desconocida que calmara el ansia viva por verse bañado en las aguas del conocimiento.  

… ¿Me ves cara de tener tarjetas, Norma? —Palmer , como tantas otras veces, llevó las manos a los bolsillos. De allí dio con un ticket de compra: almuerzo en el Bernie's Diner Grill. Los aros de cebolla era un plato que robaban el alma del sheriff - especialmente si eran con mayonesa; Matt palmer tuvo siempre unos gustos peculiares respecto a la comida- Solía pedir entrantes para almorzar puesto que los platos principales solían ser lo suficientemente titánicos para revolverle el estómago. Disfrutaba más de la primera sección de la carta. Apuntó con un lápiz -tan mordisqueada la punta como para poseer cráteres similares a la luna- su número personal en el ticket y lo dejó sobre el regazo de Norma.  

Llámame. —Suspiró. Aún no creía que hubiera acabado en aquellos términos con la viuda. — No seas tonta; cualquier cosa extraña que notes, que pueda ponerte en peligro: hazlo. — Palmer se quitó el cinturón de seguridad y abrió la puerta del coche. — Y realmente deseo que no hayas matado a nadie Norma Blackburn.  

Palmer salió de allí, tosió levemente; maldito tabaco.

No pasaron ni dos minutos que tuvo que, chasqueando la boca, molesto, volver a abrir la puerta del piloto.

—… Voy a necesitar que me dejes tu coche para volver a comisaría.
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Dom 27 Dic - 19:20

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Capítulo IV

Dispersa en el acaudalado vagar de los pensamientos y hechos, del repentino despertar en la ambigüedad de la doble línea de la carretera. Sus ojos se fijaban en el retrovisor, entrecerrándose escrutadores en el sujeto que se exponía al cielo encapotado y rápidamente viro el rostro en el momento previo a que la puerta volviera a abrirse. Del ceño fruncido surgió el alzamiento de una de sus cejas, calibrando tan rematadamente orgullosa con ese destello ingenioso brotando de la mirada como la cobra seseante inquietando a su presa.

Hubiera sido mucho más divertido verle caminar hasta el pueblo pero de alguna manera se apropió de él. No sin antes aprovechar las circunstancias para burlarse nuevamente a su costa, amenazándole con cuidar de no rallar el Mercedes. Era difícil determinar dónde empezaba la burla y dónde acababa la seriedad de la mano de Blackburn.

Y mientras veía alejarse desde el porche de columnas estilísticamente facetadas su propio vehículo rememoró las palabras que ahora también reverberaba en el caos de su conciencia:

«Y realmente deseo que no hayas matado a nadie Norma Blackburn»


La primera nevada de Twin Falls, tan devastadora como todos los años donde en muchas de las zonas de mayor altitud los inquilinos quedaban prácticamente aislados hasta que las máquinas quitanieves no comenzasen su jornada a las cinco de la mañana. Esto era Twin Falls, a fin de cuentas; Acogedora, humilde y feroz.

—No eres más que otra de sus putas.

Los gritos en llanto de la viuda Blackburn quedaban sordos en el interior de su palacio marmóreo de techos infinitos mientras el acto atroz acaecía con impunidad. No había lugar hacia el que correr ni nada con lo que arrojar sin que hubiera podido evitar la pesadilla sobre su carne. Atrapada en su propia trampa. Un mordisco que casi arrancó el dedo cuando la obligó a callar, un puñetazo en cuyo sugestivo pómulo prendiera la llama del dolor silenciando las suplicas a las que nadie hubiera esperado encontrarla proferir con vida y una mano que aferrara el mango del cuchillo sobre la encimera donde yacía. Invidente logró atravesar la piel y alcanzar los órganos como si la hendidura la cometiera su propia mano con un dulce regusto en el paladar. Una y otra, y otra, y otra vez sin percatarse de caer en el suelo sobre él y descargar el pánico mientras los gruesos brazos intentaban detenerla, alcanzarla haciendo que el delicado collar de perlas que le era característico se desmigajara y estas se desprendieran por todo el suelo en baldosa alcanzando con la robusta mano el fino pescuezo.

El brazo cayó inerte, liberando la presión y la angustia en sus pulmones contemplando la sangre brotar como un sinuoso volcán de la boca de ojos inquietantemente abiertos en iris grises de insensibilidad, asomando en el pasamontañas y el pecho teñido en tinta carmesí como sus propias manos. Ahogó una exclamación soltando el cuchillo restallante en el suelo. Temblaba en agitación retirándose las lágrimas de la barbilla con sus manos embadurnadas de sangre ajena. A trompicones se apartó del cadáver pateándolo con los pies descalzos presa del sobresalto y el odio bajándose el camisón maltratado y dejando un rastro de sangre con el evoco de sus dedos incapaz de levantarse sin volver a caer.

El tiempo fluctuó inconcreto hasta el momento en que su mente pudo ilustrarse de la única vía que vio probable a pesar de ser completamente una sentencia. La puerta de entrada estaba entreabierta y toda la casa parecía haber sido víctima de una vorágine.

Subió las escaleras de la mansión y pronto se encontró frente a la mesilla de noche con la luz alumbrando tenuemente el pequeño espacio y un ticket arrugado en la zurda. El reloj indicaba que fueran pasadas las tres de la mañana pero, sinceramente, desvelarle del sueño era la menor de sus inquietudes. Hubo de respirar hondo cuando el timbrar monótono de la línea se cortó al descolgar:

Palmer… —La voz de la viuda se cortó en la comunicación apretando los labios y resistiendo a volver a derrumbarse, sentándose sobre la cama, sosteniendo con sus dos manos el auricular con fuerza. —Necesito que vengas, ahora… Es urgente. —Contuvo la respiración aún sumida en el trauma, parecía hablar de manera demasiado dispersa. Se mordió el labio, asqueada. —Deja la placa y a tu novio en casa. —Cortante en una irritación interna, colgó el teléfono inalámbrico con un golpe seco sobre la madera de ébano.

Solo una mujer con su sangre fría hubiera sido capaz de, tras verse en el espejo, intentar recomponerse de cara a lo que su aspecto reflejara por muy destrozada que estuviera por dentro. En los minutos previos a la llegada del sheriff, al otro lado del espejo vestía uno de sus sencillos vestidos negros de tubo ajeno a cualquier escote con el cuello cerrado en el saliente de la clavícula. Buscó el espectro de las perlas encontrándose con las nacientes marcas en su piel y el pómulo roto cada vez más hinchado y camuflado en el único toque de maquillaje que disponía. El pelo volvía a desprender un aroma empalagoso y se lo retiraba detrás de la oreja con ojos sin luz.

Estaba hecha un completo desastre.

El arrebato la llevó a tirar todos los productos que reposaban en los márgenes del amplio lavabo y tocador con un grito que arañó su garganta. Se sostuvo con la cabeza baja de la porcelana saliente del mueble, en el silencio sepulcral del hogar.
 
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Lun 28 Dic - 17:21

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Capitulo IV

Las nocturnas premoniciones no agitaron el necesario descanso del sheriff. Sus ojeras profundizarían en los violáceos matices bajo el inesperado timbre molesto. Otra noche de vigilia fecundaría en la rutina vasta, removiéndolo de entre las sábanas cruelmente; la pesadumbre de la propia visión provocó el desfallecimiento de todas las pastillas sobre la mesilla de luz junto a un reloj y un vaso; quebrado exageradamente no solamente sus traslúcidos cristales sino la poca modorra albergante sobre Palmer. Cogió el teléfono, descolgando la línea junto a un gruñido; no le dio tiempo ni a decir hola. Ni insultar.

¿Nor…? —Murmuró, rebuscando el interruptor de la luz hasta que en un apretón de su pulgar, hubiera alumbrado la habitación, y despejado su somnoliento estado. La tonalidad agrietada de la mujer tras el teléfono le dio una vaga idea de lo que quizá sucedería; fuera como fuese, estaba seguro que era algo grave. Palmer creía fervientemente ser el último nombre de una extensa lista en la que Norma Blackburn clamara ayuda. Sin embargo, nada cobraba sentido dentro de su cabeza; no hasta cuando la susodicha colgó el teléfono dejando un rastro de cejas arrugadas en la cara del sheriff y la boca entreabierta para exigir explicaciones: un mal presentimiento colisionó contra Palmer, robándole la templanza.

Como las olas que golpean cruentas en mitad de la tormenta contra un arrecife; Palmer se iluminó súbitamente en mitad del naufragio. Su alma no se encontraba en el hombre en mitad de la desolada habitación sino en un Mercedes, una tarde nublada, junto al hálito del tabaco y la sensualidad de unas rodillas marcadas por sus respectivas rótulas.

"Alguien quiere quitarme de en medio."

Sorteó los desperfectos de su propia torpeza; vistiéndose velozmente, a trompicones agresivos. Tras él, Palmer dejó las pruebas del desastre y la preocupación hasta llegar a su moto. El corazón palpitaba escarchado por la tenacidad diurna de Twin Falls; helándose en su totalidad cuando la residencia Blackburn se alzó como en una antigua película de terror frente a él. La entrada, bloqueada, ayudó a que el hombre perdiera como tantas veces las riendas; colmado por el ansia, no podía esperar a Norma. Rodeó el portón embellecido entre enredaderas descoloridas hasta romper la impávida calma otoñal en un estruendo contra la puerta; desenfundó el arma, apuntando hacia algún punto muerto de la vivienda mientras sus ojos escrudiñaban la palpable oscuridad, buscando adaptarse a sus tétricas formas logrando descifrar la definición objetiva de cada objeto a su alrededor.

¡¡NORMA!! —Aulló, introduciéndose en su totalidad en aquella desconocida vivienda; una pequeña luz proveniente de la cocina llamó la atención del sheriff, el cual instintivamente se movió hacia allí. — ¡¡¡¡NORMA!!!! —Volvió a gritar; trotando hasta doblar por el marco y abrir los ojos, estático, ante la escena que cubrió de sudor la frente y le revolvió el estómago.

Sus zapatos se deslizaron levemente bajo la sangre y el cadáver, múltiple apuñalado por cualquier rincón en el que sus ojos se atreviesen a indagar, yacía inconmovible en mitad de una cocina en una composición tan forzada y fuera de lugar como una mancha de kétchup en mitad de la cara de la Mona Lisa. La penumbra se removió obligando a Palmer a volver a alzar el arma, apuntando contra un matojo cobrizo que acabó adoptando la forma de la viuda; no bajó el arma, no hasta que sus ojos se encontraron contra los de ella en un silencio sepulcral, solamente resquebrajado por la agitación pulmonar del hombre; que inspiraba y aspiraba ronco, nervioso, turbulento. Vio en ellos una chispa de seguridad: no se trataba de una trampa.

… ¿Qué ha pasado? —Exigió, bajando la mirada hacia el cadáver hasta subirla hacia la de Norma. — Norma, Norma. ¡¡Norma!! —Dejó la el revólver sobre la mesita en mitad de la cocina y cogió de los dos brazos a la viuda. —Joder, Norma, ¿¡estás bien!?
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Lun 28 Dic - 21:15

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Capítulo IV
El amargor insostenible de la bilis subía por su laringe y tragaba pesado reteniéndola con aversión. Una mancha de sangre en su rostro reclamó su atención al otro lado del reflejo ante el cual se inclinó sin que esta saliera. En la insistencia el blanco de sus ojos se opacó en el endemoniado manto de negrura. Una presencia palpable en su piel en cuyos oídos atravesó el chillido de la bestia que apareció en el espejo haciéndole abrir los ojos en el baño del sobresalto.

El reclamo de su nombre hizo agitar su pecho en una migración del aliento abandonándole en la austera estancia de largas sombras proyectadas que de la efímera y extraña ensoñación pasajera se volvieran retorcidas, alzando la cabeza hacia la puerta. Terminó reconociéndolo.

Dolor a cada peldaño que bajaba, con la mano férreamente sujeta al soporte, un malestar que traspasaba el sentido físico para trastornar en el recuerdo impuro más profundamente su mente. Los pies sonámbulos se deslizaron con cierta torpeza inconsciente hasta el umbral de la cocina, allí donde la iluminación que bañaba en blanco el mobiliario saturaba los brochazos de la sádica pintura abstracta que solo hubo necesitado el tono de la sangre cada vez más coagulada sobre el lienzo para transmitir el sentimiento de su autoría. Apenas se inmutó ante la boca del revolver incitada su mirada a mirar en derredor sintiendo incrementadas sus nauseas.

La expresión de la mujer, ausente de las llamadas, se endureció ahogándose en vergüenza, rencor y el más vivo de los odios. Por increíblemente rebuscado que parezca, la viuda no pasó ni por asomo por alto que antes de preguntar por su estado exigiera explicaciones sobre lo acontecido. Como si no pudiera comprenderse la postura del escandalizado sheriff, como si la enrevesada mentalidad de la mujer pudiera ser, repentinamente, tan sencilla de desentrañar. Lo fusiló con la mirada sin pólvora quedando petrificada por el agarre ante el que ahogara el gemido.

No me merezco esto —masculló arrojando con furia contenida en el temblor de sus labios cada sílaba encarando a Palmer, respirando agitadamente. Un aluvión entrecruzado de pensamientos colisionaba unos y otros disgregando el razonamiento. —Él… él iba a matarme, ¡a matarme! Y...—Fue incapaz de decirlo, no podía hacerlo. Mordió el labio. No mostraría una humillación de tal aberración jamás. En su lugar la poseyó la histeria anublando su juicio.

Por qué has tenido que venir, ímbecil. Por qué me haces caso.

¡JODER! —Retiró de un tirón hacia atrás sus brazos sin cuidado para deshacerse de la sensación incómoda que el tacto le despertaba. Era como si lo supiera en la propia paranoia en la que la mujer fraguaba, le ardía cada pedazo de la piel deseosa de arrancárselo y acabar con ello. Era como si la juzgara culpable. —No tenía que haber llamado, ha sido una estupidez. —Era a la única persona, irónicamente, a la que podía recurrir. La única que sabía a ciencia cierta que no estuviera manchada.

Estaba desesperada.
Pero iba a encargarse, ella misma, como tenía que haber sido desde el primer momento.

Ese bastardo, cobarde. —Apretó los labios, incapaz de estarse quieta, aún presa del propio shock y la incongruencia que la llevó a acometerle un empujón apartándolo de su camino al vislumbrar como una vía tentadora el revolver reposando y al que se hizo su mano al tomarlo decidida. —Voy a darle su propia medicina a ese hijo de… —Su entonación se quebró desosegada con las lágrimas vidriando su visión. Dios. Estaba aterrada, habían derribado los muros de su fortaleza y ahora se exponía vulnerable. Presa fácil para los lobos.

 
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Mar 29 Dic - 0:15

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Capitulo IV


Un aura inescrutable palidecía sobre las fauces voraces de una escena tan delicada como las alas de una mariposa. Así sintió los brazos de Norma bajo las abatanadas manos; inmóviles, probó con el pulgar acariciar aquella piel pretendiendo recrear un espejismo lo suficientemente conmovedor para paliar con la angustia desbordada de las expresiones ocultas entre los tejidos que componían aquél rostro maquillado por la incertidumbre. Los ojos miraban donde los acertijos formulaban diversos juegos utópicos en los que perderse hasta desprenderse del ego; las adivinanzas era tan lejanas a lo que Palmer pudiera maquetar dentro de su cabeza, sin saber, iluso, angustiado, una respuesta tan maligna que pudiera provocar en él brotar los ocultados monstruos.

Quiero saber.

¿Estás seguro?

Y qué, Norma... qu-

El grito inesperado de la viuda quebró los tímpanos de Palmer; inevitable fue sostenerla contra sí, tragando la asfixia que producía conocer una porción de Norma tan trémula. Palmer seguía igual de nervioso; igual de desesperado, girando la cabeza por cada rincón de la cocina, desde las manchas escarlatas contra el suelo, por los olores batidos a descomposición; los antiguos ordenados cuchillos, ahora desparramados por la encimera - y uno clavado sobre la tráquea de aquél cadáver- o la cafetera goteando.

No sabía que decir. No sabía que hacer.

Tuvo que apoyarse contra el refinado mobiliario; restregando un lateral de su rostro contra las estanterías, aturdido, y ciertamente mareado. ¿No sería esa otra pesadilla como la de la última noche? El empujón recibido tiró de su estabilidad, agitándolo internamente lo suficiente para que el hombre reaccionara con cierta astucia y fuera capaz de tomar un poco control de aquella repentina locura. Vislumbrar las manos de la viuda arrebatarle el revólver fue la cereza sobre la punta de la tarta; Palmer reaccionó, acercándose con cautela.

Norma. Norma; escúchame. Suelta el arma. —Estiró las manos de a poco; aprovechando la vulnerabilidad del estado de Norma hasta dar con la gélida solidez del revólver — Ven, salgamos de aquí un poco. —Tocándola lo mínimo posible, guió los pasos de la viuda fuera de la cocina hasta dar con un sillón en el extenso salón de inmensos ventanales ensalzadores de una belleza natural exterior traicionera. Una vez con Norma sentada, Palmer se agachó hasta la altura y colocó con una pulcritud no muy propia de su temple las palmas contra aquellas dos rojizas mejillas: apartó las lágrimas, negras. — Norma no pasa nada. Cálmate. Respira. ¿Me oyes? Respira, no pasa nada. Todo va a salir bien. — No iba a pedirle explicaciones por el momento en aquél estado; ¿cómo hacerlo?Tenemos que...

Hacernos cargo de ese cadáver.

Mierda. Mierda, joder, mierda. Era el sheriff: se la estaba jugando demasiado.

Voy a necesitar tu ayuda Norma; porque ahora mismo no se que coño se supone que tengo que hacer.

Lo más lógico era contactar con comisaría cuanto antes y denunciar la agresión. Obviamente fue en defensa propia, ¿verdad?

Pero... ¿quién era aquél rostro sin alma en el suelo de la residencia Blackburn, desangrándose?

Voy a necesitar que me digas que pasó, voy a necesitar que confíes en mi, joder. Mierda. Mierda. Joder... —Cogió aire, y lo soltó frunciendo el ceño; Palmer, contrólate. Contrólate por ella. — Tómate tu tiempo; y por favor, no vayas a vengarte de nadie. Vamos a hacer esto juntos.

Y por el amor de Dios; no me mientas Norma.
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Mar 29 Dic - 16:35

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Capítulo IV
Apenas era capaz de sostenerla, encajada entre sus dedos con la manejabilidad con la que por años y años se había asociado al frío tacto del material como incremento de su seguridad. Sintiéndose en las metopas de la alegoría tullida, Norma contempló a través de la distorsión cristalina en su visión si en algún recodo de los pensamientos de Palmer este pudiera creer que ella fuera capaz de recuperar la entereza y quitarlo de su camino descargando la recámara. La vista cedió bajo los parpados que desprendieron lágrimas de tinta liberando fraccionariamente el arma en su pulso irregular contrastado con la entereza que le traspasó el oficial al sostener el extremo opuesto y desprendérselo de sí.

Seguro sería más inteligente hacerlo.

No, Matt, ya —mordió el labio inferior impotente. No era una mujer que contemplara como opción llorar en el hombro de nadie igual que entre su larga lista de enemigos; no era capaz de esperar mayor gesto que el compromiso en el actuar de aquél. Negó con la cabeza y del mero roce cálido y conciliador que la oprimió por dentro, contra su pómulo le provocó una momentánea mueca del escozor. —Cállate —pidió susurrante. No me digas que todo irá bien cuando no tienes ni idea.
No sabes nada.


Necesitaba un trago.

Los esfuerzos de Palmer por aliviar su angustia parecían ir poco a poco dando sus frutos, paliando su ánimo tempestuoso, sustituida por una desorientación insondable. Tomó un clínex de la mesa junto a ellos y respiró hondo mientras lo embadurnaba de posos de negrura del corrido rímel. La mirada de aquella se clavó en la, bajo la iluminación lunar que asomaba por el ventanal, casi espectral mirada ajena. Torció asomando los dientes en una pequeña sonrisa de incredulidad:

¿Juntos? —Su diestra cayó encima de una de sus manos, de algún modo, lo compadeció. Podía leer la honradez en la expresión. Por más que lo hubiera obligado en su actuar a reaccionar de maneras más inapropiada, seguía encontrando la ingenuidad del héroe que en Twin Falls no tiene cabida. —Deberías dejar esto al FBI mientras puedas. La mierda llega hasta el cuello en estos bosques. —Escudriñó con la mirada retirando su mano, marcando de nuevo la diferencia entre uno y el otro. —No seas estúpido. —Mas la mirada que este le proyectaba en una testarudez a la altura de la propia, le respondía sin necesidad de gastar saliva. La mujer suspiró con un agotamiento impropio en ella; sus brazos caían por sus piernas con dejadez y bajo sus ojos sentía la presencia de bolsas que parecieran hacerla caer por su propio peso, llevándose un par de dedos a la frente en un signo de intentar aclarar sus ideas y salir de esta. La resignación parecía que fuera a ser la más próxima aliada.

Se levantó apartándose de esa burbuja empática que proyectaba Palmer. Caminó al mueble junto a la chimenea. Se cruzó de brazos estremeciéndose ante la fría brisa nocturna que indagaba en el hogar, vagando su mirada dispersa. Los recuerdos, como flashes difusos, perdían el ritmo y la coherencia.

No… no estoy segura. Rompió una ventana y, no sé, no me dio tiempo ni siquiera a reaccionar cuando… ya lo tenía encima. —Apretó la mandíbula ante el golpe bajo de la experiencia recreándose, viéndose a sí misma huir hasta la cocina, pero no fue suficientemente rápida. Los músculos se tensaron. Escuchaba la rasgadura en el camisón en las profundidades del tímpano incapaz de evadirlo, la desesperación arañando su garganta ahora desgastada… Lo recordaba todo, le perseguía aún muerto. —Esto no tiene sentido —cortó de raíz y sacó del armario una botella de la que bebió de trago como si el fuego atravesándole pudiera purificarla. —¡Me atacó con el cuchillo y yo me defendí, eso es todo! Está muerto, ¡ya no importa! Lo que debería preocuparte ahora es… hacerlo desaparecer. —en los bajos fondos de la mentira, la idea implosionó en su lengua. Dio un par de pasos hasta él señalando con la botella, sintiéndose al descubierto. —No puede saberlo nadie, no puedo acudir a la policía, ¿no lo entiendes? ¿Crees que tu propio equipo no está salpicado? —Sondeó a su completo opuesto evocándose una lastimera ironía en la curva de los labios que le dedicó. Bebió degustando el agrio whisky.

Todos estaríamos dispuestos a vender nuestra alma por el control, especialmente los que conocen su sabor.
 
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Miér 30 Dic - 23:07

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Capitulo IV

Abandonar toda esperanza de solucionar el caso significaría no solo dejar bajo su curricúlum la huella del fracaso sino también entregar la total impunidad sobre la entretejida sociedad secreta repleta de criminales en Twin Falls. Palmer no era tonto; y como tonto que no era, sabía que el FBI estaba metiendo las narices en aquél remoto punto en mitad de Estados Unidos manipulados de alguna retorcida forma por el principal germen que controlaba bajo la penumbra del desconocimiento mediático la corrupción. Pero él era el sheriff. Y como sheriff que era no iba a dejar que se rieran en su puta cara y en sus putas narices.

Sus ojos se inyectaron directos contra Norma.

Esto no se acaba aquí

Escondiendo las inseguridades para no acabar él siendo la víctima en aquella historia; dejó que la mujer se apartara, dándole espacio. Levantó su figura de la ovillada postura guiando la vista por el camino fantasmagórico tomado por Norma hasta una esquina del salón. Tuvo ganas de encender la chimenea; más, cuando una gélida sensación lo usurpó a cada punto por el que la historia de la viuda cobraba vida en su cabeza; imaginando la situación, escrutándola lo suficiente en un vago intento por averiguar la verdad bajo la demacrada piel; por atisbar la emoción oculta en Norma puesto que Palmer sabía que algo flaqueaba en aquél relato, como un trapecista con poco equilibrio. El trapecio cedió dejando caer al pobre profesional de las artes circenses por la culpa de una botella de whisky y los alaridos de un público agitado bajo la embriaguez de la inhumanidad. Él, sin darse cuenta; perdió las riendas de aquella gran obra del entretenimiento convirtiéndose en otra cifra más de entre todo el gentío.

Dos pasos; un manotazo. Robó aquella botella.

¿Crees que soy lo suficientemente estúpido para no haberme dado cuenta? — Palmer perdió los estribos; llevó el pico del whisky directo hacia su boca.



Y se lo tragó.

El apabullante sabor que raspó su garganta reverberando una trágica memoria contra él brotó en una arrogancia premeditada. La culpabilidad de lo que sintieron sus manos cada vez que ahogó su patetismo en una gutural violencia en algún remoto lugar hasta que, al volver a su casa apestando a alcohol, su ex mujer le restregara los sueños perdidos y el peso de un aborto provocado por su culpa. La bebida siempre recurría a la seducción; durante más de tres años logró mantener el control pero Palmer no se veía capaz de quebrantar una ley de aquella forma, de tomar tanto el control sin dejar de ser el supuesto bondadoso sheriff de Twin Falls. Él también estaba lleno de mierda. Al segundo trago; devolvió la bebida a Norma, con cierta repugnancia. Ella lo arrastró hacia ahí; ella y nadie más que ella capturaba entre viscosas telarañas el lado más lúgubre de su carácter. Jaque mate.

Yo ya he vendido mi alma desde hace bastante tiempo.

Palmer se dirigió hacia la escena del crimen; encendió las luces de la casa, observó atento el panorama. Rebuscó entre los cajones con furia hasta dar con unos guantes; se los puso y comenzó a palpar cada rincón del cadáver en busca de cualquier identificación personal. Dejó la cartera del sujeto sobre la mesita de la cocina y en cuanto observó como Norma se asomaba desde la puerta entreabierta; lanzó hacia ella otro par de guantes.

Ayúdame cuando te veas capaz de ello. Pero no te acabes el whisky. Vamos a tener que envolver el cadáver entero en bolsas de basura y vamos a necesitar toda la cinta que tengas en casa, Nos lo llevaremos en el maletero de tu coche; he venido en moto así que no tengo vehículo. La sangre la limpiaremos antes de llevarnos el cadáver y tenemos dos opciones; una, deshacernos de él en el bosque y dos... —Endureció la mirada— Dejarles un regalo a los hijos de puta que han provocado esto... pero ten cuidado Norma; ten mucho cuidado. A la mínima que note que provoques algo en contra mía; apenas note que eres la culpable de la desestabilidad de este maldito pueblo te juro que vas a tener el peor enemigo que nunca imaginarías tener. A partir de ahora no pueden haber mentiras; a partir de que decida hacerme cargo de este desgraciado tú y yo vamos a tener un acuerdo inquebrantable. Nos vamos a convertir en socios, y, tal vez, a tu pesar; no te queda otra porque ya tomaste la decisión desde que cogiste el teléfono y me llamaste.

Nunca quise esto para nadie. Nunca pretendí convertirme en lo que soy ahora.


El sheriff cogió la primera bolsa, se acercó hacia la mujer y se la ofreció.

¿Estás lista?

Los dos estamos llenos de mierda y vamos a tener que limpiarla como podamos.
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Jue 31 Dic - 10:15

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Capítulo IV
El impulso del sheriff haciendo que ella quedase abrazando a un espectro del impasible tacto del vidrio salvavidas la tomó por sorpresa. Las pulsaciones lapidaron su interior sobrecogiéndola en un reservado reconocimiento del macabro estado de sensibilidad expuesta al que su mente alterada la sometía y agarrándose una de las muñecas con la mano opuesta impusiera en disimulo la pujanza de su consciencia. Lo contempló en el juego de líneas de luz y sombra que estampaba la arquitectura de las ventanas en el amplio salón, retirada, desconfiada, analítica; al acecho como el instinto del cazador aprehendiendo del hábito de su amenaza para premeditar su siguiente paso, cerrando cada vez más el círculo hasta lanzarse a la yugular con las fauces por delante. Mas los caninos adquirieron forma de botella y la mirada del opuesto pudo rescatarla en los ecos.  

Había reconocido esa expresión en los fosos de la memoria. Entes sin identidad, perdidos en sus propios demonios, corrompidos, entregados a los vicios y la autocompasión. Condenados a la incomprensión. Entre sus dedos, la botella se meció ahorcada, sin vida en la dejadez del débil vaivén. Muda, dio un pequeño paso antes de detenerse y verlo desaparecer. De nuevo llevó una de sus manos en busca de las perlas ausentes.

No puedo prometer nada. —Intervino respecto al alcohol, musitando atragantada al golpearla el enviciado olor concentrado en la cocina revolviendo su estómago. Apoyó la mano en el marco, medio inclinada en este. El líquido dorado se removió con tal delicia de melodía antes de alcanzar el olfato la pureza del alcohol y la garganta paliara el creciente malestar.

El látex hizo un ruido seco al soltarlo en su muñeca inyectando la estupefacción en el fuero interno de la mujer reflejado en la quietud de su porte. Clavó los orbes punzantes sobre el desconocido sheriff. ¿Quién eres tú y dónde se ha metido ese mojigato del sheriff? Mantuvo la mirada fija, intolerante mientras se acercaba a ella:



Tomo nota —Lo escudriñó, desorientada, pero procurando que la diferencia de altura se disipara con la alta proyección de su sombra. —…pero te sugiero que te ahorres las amenazas la próxima vez, socio. —Atrapó la bolsa quitándosela del tirón y la mandíbula apretada intolerante a renunciar a su orgullo. —No me da miedo un cadáver —masculló entre dientes resolutiva, pasando por su lado y dejando la botella sobre la mesa para titubear un momento.

¿Estás segura? Quizá creía conseguir creérselo al decirlo en voz alta.
Arrodillándose a los pies del cadáver aguardó al hombre hasta ponerse manos a la obra en lo que para ella se convirtió en una tortura particular. El resonar de las bolsas era todo cuanto perpetraba el silencio sepulcral. Ida, maniobraba intentando evitar cualquier contacto directo tanto de sus manos como de su mirada en el desenlace de su obra, conteniendo la respiración la mayoría del tiempo.

Voy a por más cinta —dijo incorporándose algo mareada y con un ágil movimiento se desenvolvió por la cocina hasta acercarse y entregarle un esparadrapo.—. Yo acabaré de asegurar el cuerpo, tú empieza a limpiar, a ver qué tal se te da. —Apenas terminó las palabras desechando desganada proyectar cualquiera de sus irónicas sonrisas, se marchó al garaje tomándose una pequeña tregua antes de terminar de envolver en cinta el cubrimiento del sicario con tanto empeño como quien cree pueda ser capaz de despertar e intentar liberarse de su momificación para terminar lo que empezó.  

El amoniaco de la mezcla con el agua cargaba sus pulmones una vez se le uniera a la tarea. Imbuida en la creencia de ser ignorada, dándole la espalda, evitando mirarle tan siquiera, de saber manejarse bajo tales circunstancias en la ingenuidad del engreimiento, Norma apenas era capaz de contener los esporádicos sollozos que escapaban de sus labios o debía detenerse disimulando el estremecimiento que precedía a la limpieza de unas furtivas lágrimas cuyo tránsito cercenaba con rapidez. Agitaba la cabeza desprendiéndose de sus demonios, resistía, impasible a sí misma, en plena cruzada con la cordura. Se incorporó suspirando, enfrentándose a la encimera sintiendo dolor de la presión que ejercía sobre sus dientes apretados. Capturó víctima de la tentación como cualquier otro pecador de su alcurnia, la cartera del sujeto probándose a ser capaz de ponerle rostro. Atravesó sus retinas como si un foco directo las hiciera arder. Sólo entonces fue capaz de ser consciente del error que acababa de cometer y con el correr del whisky ahogó un grito cerrando los ojos con fuerza en la prolongación del trago:

Conduzco yo. —No daba opción a réplica, volviéndose, encarándole, sin ofrecerle margen, puntualizó: —Lávate, vamos a devolverle la basura al cerdo del vecino. Nos quedamos sin tiempo. El amanecer les pisaba los talones y Norma se hallaba al límite.
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Miér 6 Ene - 1:07

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Capitulo IV

Bajo los tenues focos de la opiácea luminosidad las ruidosas bolsas cubrieron el descolorido cuerpo. El sueño, por instantes ofuscaba la conciencia del sheriff, quien se centraba únicamente en envolver el cadáver, descubriendo a cada porción cubierta nuevas heridas por las que aquél hombre perdió su vida. La historia se repetía en su cabeza añadiendo pistas creyentes por convalidar los detalles formalizados a la comprensión de la agresión entre aquellas marmóreas paredes; todo iba cobrando sentido como en una película hasta que Palmer frunció el ceño confuso al presenciar la discordia en las huellas escalonadas por la cinta plástica. Los extremos inferiores, más lejanos de aquellos deshechos humanos fueron lo suficientemente descaradas para que Palmer ideara una no muy lejana ocurrencia de lo que quizá Norma Blackburn no era capaz de confiar: una agresión sexual.  

Tomó el paño, con la boca cerrada; la palidez en su rostro, un latente malestar. Su atención se vio volcada sobre el reverberante movimiento de sus manos contra las secas manchas de sangre; esparcidas por la cerámica como pinceladas agresivas. El estropajo pronto se vio cubierto por el carmín, engañando la visión del sheriff el cual por más esfuerzo que pusiera en la ardua tarea parecía no obtener resultado fructífero ante tanta calamidad. Instantes, en los que sus manos insensibles ante el esfuerzo y el paso del tiempo aullaban por un poco de calor, Palmer suspiraba y observaba de reojo la espalda de Norma. Creyó haber escuchado lamentos desde ella; y sin embargo, no pudo hacer nada, no pudo atreverse a preguntar.

¿Qué te hizo, Norma?

Los primeros rayos de luz comenzaron a colarse desde la alacena como un mal presagio en un martes trece. El sheriff estaba cubierto por la implícita suciedad; podría hasta hacerse pasar por el asesino de toda aquella desdicha. Asintió ante la actitud de la viuda, tirando los restos de la limpieza a la basura y dando un rodeo hacia el lavabo para lavarse la cara y no reconocerse así mismo tras el espejo.

Con poco tiempo a su favor; Palmer volvió a dirigir sus andares hacia el cadáver.

Vamos, encarguémonos de esto. —No era necesario entablar mucha más comunicación para que Norma entendiera hacia dónde se dirigía el siguiente paso a tomar: llevar el sujeto hasta el maletero del Mercedes. Un último contacto visual y el dúo decadente fue capaz de alzar la corpulencia cubierta por una tétrica manualidad; salieron de la residencia hacia donde se encontraba el coche aparcado, preparado para recibir la preparada sorpresa. En un ruido ensordecedor; Palmer cerró el maletero. Suspiró.

Entró del lado del copiloto, respetando la decisión de Norma.

El silencio era demasiado acorde a la situación como para definir sus finales. Mirando por la ventanilla, el sheriff prestó atención ante el recorrido tomado por la viuda. ¿Quién serían aquellos que tenían el total control sobre el pueblo...? Palmer se hacía a una idea pero tampoco era algo de lo que estuviera completamente seguro. Cuando la residencia Wallace se insinuó entre los follajes húmedos de Twin Falls; todo cobró sentido, provocando que hasta ahora la mudez compartida fuera interrumpida.

… ¿Wallace? —Susurró. — No sé por qué no me extraña... —Notó cómo Norma aminoraba la velocidad del coche; cómo apagó las luces y cómo su mirada se endureció de una forma similar a los pocos rayos provenientes de la noctámbula vorágine lunar. Matt Palmer puso una de sus manos sobre la que tenía Norma encima de la palanca de marchas. — Yo me encargo del cadáver Norma. Quédate aquí, ábreme el maletero. —La puerta se cerró tras el sheriff quien pronto se visualizó arrastrando el cadáver colina abajo; presenció el derrape de las bolsas, la invalidez mortuoria de la escena del crimen rodando como un neumático hasta chocarse contra una columna de sólido roble del porche de la entrada; un porche que pronto se vio ligeramente demacrado con cuatro disparos desde el revólver recuperado del sheriff, quien, con la mandíbula contorsionada debido al resguardado tumulto sombrío, descargó la frustración en aquellos fogonazos clamando guerra abierta.

Apenas liquidó con la carente tranquilidad mañanera; apresuró la vuelta metiéndose en el vehículo, agitado.

Vamos Norma; vámonos, vámonos ya, ¡vámonos! —La mujer tuvo una buena recepción de lo sucedido; pronto se volvieron a perder entre la carretera a una velocidad no aceptada por la ley y cuando la viuda quiso virar hacia la dirección de su hogar; Palmer se interpuso contra el volante a todo pronóstico provocando una situación peculiar de lo más peligrosa obligando a Norma a tomar un trayecto directamente hacia el centro del pueblo. El momento tan tenso que aturdió a Palmer por el inevitable griterío e incomprensión ajena provocó un frenazo por fuera de las vías y obligó al sheriff a excusarse. — ¡¡¡No podemos volver!!! ¡¡Van a ir a por ti; van a saber quién ha sido la asesina!! — Enrojecido, y angustiado; Palmer tuvo que improvisar lo mejor que pudo. — Vamos a mi casa. Vas a quedarte ahí hasta que encontremos una manera de solucionar todo esto.

Aquello era una maldita locura; él también se estaba convirtiendo en un completo chiflado.

Simplemente la situación se le escapaba de las manos.

Lo siento yo... casi... casi ha-hago que nos matemos; pero tienes que hacerme caso. No podemos volver. No ahora.  
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Miér 6 Ene - 4:26

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Capítulo IV
En el aletargado amanecer de tonos pastel en lo alto de la fría colina, aún los focos disipaban el paisaje del copioso follaje con el alumbramiento de su aurea haciendo perderse la mirada en la discontinuidad de la línea de asfalto. Un pitido resonaba monótono en sus oídos sembrando la incomodidad, arraigando en el agotamiento contra el que batallaba cegada al otro lado del cristal vislumbrando el rostro de la apasionada traición, o puede que fuera el propio mismo que no hubiera sabido jugar bien sus cartas ante el rey de oros.

La magnánima residencia Wallace brotaba de la estampa natural como un coloso modernista primigenio del clasismo en la reintegración de elementos conservadores propios del pensamiento de su propietario. Como la engalanada cueva que desprendiera en su belleza las más instigadoras intrigas, la vibración palpable e inquietante del Moisés de Miguel Ángel dispuesto a levantarse para ir a enfrentar al intruso hereje y pisotearlo bajo sus nervudos fémures. El motor se relajó de súbito al detenerse en su afán de discreción. La mujer perdía la vista en las divagaciones de su pensamiento sin reparar en su compañero hasta que sintió el contacto de su mano y se moviera con una reservaba agitación la cual hubiera deseado borrar en su mirada, pero, por sus palabras, creyó fracasar. Tras un nimio titubeo apenas perceptible, la viuda se retiró concordante y el chasquido del maletero habló por ella.

El retrovisor se confesaba ante la atenta mirada de los ojos reflejándole el pasaje del sheriff acrecentándose las inquietudes de la mujer sintiendo como el reducto del espacio del vehículo pareciera disminuirse en su inmovilidad. Vamos, Palmer, ¿por qué tardas tanto? La impaciencia siempre presente de Norma hizo tamborilear sus finos dedos de pedicura francesa en torno al volante que aferraba. La atención la llevó a verse arrinconada por la tentación de tomar una nueva carta de la baraja y arrojar su siguiente movimiento. Ir a ese palacio de opio y desdicha y coger a su anfitrión por los huevos para exigirle respuestas sin medir los riesgos. Ya había superado la línea de aquellos, ¿qué más pudiera aguardarla?

El eco de los disparos dispersando a las aves de sus cobijos la convencieron para permanecer, en el latido perforando sus oídos, en su sitio recuperando la vista sobre el reflejo del hombre que se apresuraba con un portazo en el interior del Mercedes. Las palabras quedaron en su lengua cuando su extendido instinto de supervivencia moviera el vehículo atropellando las últimas palabras del sheriff.

Eso ha sido una locura —observó sin definido tilde de desaprobación o, más bien, de todo lo contrario. En el fondo, hubiera deseado descargar el arma ella misma. La siguiente interjección quedo inconexa en sus labios al momento que se vio abatida por el agarre de Palmer contra el volante obligándola a hacer un movimiento brusco antes de que acabasen directos por las empinadas bajadas rocosas al río. No podía creerlo. La marca de los neumáticos impregnó el asfalto perdiéndose en el nacimiento de la hierba en donde el tacón pronunciado de la viuda soltó el freno, volviéndose colérica: —¿¡Quieres ahorrarles el trabajo y matarnos tú mismo, imbécil!? —escupió como si no lograra comprender sus justificaciones de acto tan inesperado. Tan estúpido. —¿Qué? —Su llama se mitigaba perceptiblemente en su pronunciación, desorientada por un momento. —No voy a dejar mi casa —dijo obtusa antes de que la sombra del recuerdo le hiciera retirar la mirada y tomar aliento para ordenar sus ideas. Allí, ambos, presas del despertar de la naturaleza.  

Odio que tengas razón. Y odiaba que la compadecieran o, al menos, así lo sentía.

Suspiró descarnada.

No tienes que hacerlo. —Le recalcó con su particular dureza de mirada al volver a encararle en la siguiente ronda del cuadrilátero. —No entra en el trato —recuperó de los puntos marcados por aquél sin solución a réplicas con cierta acidez forzada en el intento de volver a montar sus fuertes defensivos. La curiosidad (con tintes de temor por lo que pudiera interpretar de toda aquella nefasta madrugada) que en ella surgía el intento de leer los pensamientos del hombre se vio frustrado por el pitido de un camión que surgió en el camino y la obligó a chasquear la lengua para aceptar las indicaciones del sheriff hacia la ciudad antes de que no fuera un inofensivo camión de paso el que les pisara los talones.

La resignación de la viuda bullía en el fuero interno que procuraba focalizarse en el tránsito hasta que los neumáticos virasen por última vez subiendo por la calzada y quedando adormilado el vehículo frente a la puerta enclaustrada del garaje. La mujer dio un visible vistazo desde el interior de su pequeño espacio personal.

Encantadora… —exhaló en el aroma de su sarcasmo y se dispuso a salir del vehículo con su característico porte entorpecido por la extenuación de su maltrecho cuerpo. —Deberías ocultar el coche en el garaje… pero tampoco me voy a quedar más de hoy. —Nunca hubiera creído sentirse intrusa en algún lugar como lo hizo en aquél momento. Sus pasos se detuvieron, erguida aún cerca del coche cuando lo vio pasar por delante y se removió su estómago. Fue una necesidad, una impropia. —Palmer —exánime, lo tomó del brazo para detenerlo con el mero gesto, sin ser instigador más que petición. Lo contempló recabando en lo sucedido, en lo que de verdad sobre su propio estado se ofuscaba en renegar. Apretó los labios.

…gracias —expresó lo que llevaba deseando enterrar desde que lo había visto aparecer en el momento equivocado, en el último lugar que debiera haber estado.

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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Jue 7 Ene - 1:20

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Capitulo V

A pesar de la renitencia por parte de la viuda para aceptar su oferta la situación barajó sus cartas con astucia en su favor. Por el bien mutuo acabó aceptando y Palmer pudo relajarse un poco más en el trayecto hacia su casa. Una relajación que se tornaba como un espejismo ahí, siendo consciente de quién conviviría a su lado por al menos unas cuantas horas. Sentado frente a la mesa de la cocina y con Norma delante; el sheriff aún, con sus grandes ojeras bajo los párpados, sintetizó los frescos recuerdos que estaban suponiendo un antes y un después en la historia no tan apaciguada de Twin Falls. Mentiría si admitiera que una parte de él estaba más tranquilo y cómodo junto a Norma; teniendo en cuenta las últimas palabras dedicadas antes de entrar en la casa y las sospechas que orbitaban alrededor de su cabeza sobre lo sucedido.  

¿Cómo decirlo? ¿cómo encararlo?

La taza de té servida que ahora se encontraba entre las manos de la mujer evaporaba su bruma calurosa amainando el tenso malestar compartido en un gélido silencio que pronto colapsaría gracias a Palmer.

Voy a ir esta noche a tu casa. — Visualizó cómo la mirada de la mujer se apartaba de algún punto muerto del suelo para posar la vista contra su propia persona. — Te traeré cosas, si quieres... puedes hacerme una lista. —Sorbió un poco de su propia taza, permitiéndose una pausa. — Norma yo... —Su voz, ronca, denotaba el cansancio brotar de cada sílaba. —… no sé que va a pasar. Seguramente me encuentre con más personas que quieran hacerte daño en tu residencia. Me haré cargo de eso, y te iré informando al respecto. —Palmer se levantó de la silla; arrimándola contra la mesa para luego ir a dejar la taza con lo que quedaba de su té en la pileta. — Creo que vas a aburrirte bastante en mi casa —Preludió, cambiando un poco el tema. — Solo tengo una extensa colección de películas de Woody Allen, alguna de los Monty Phyton y documentales de grupos de rock de los noventa.; y el internet me va realmente muy mal. Siento que esté todo bastante desordenado; tuve que salir corriendo en cuanto me llamaste.

Volvió su vista hacia ella, mientras apoyaba la espalda contra el refrigerador y se cruzaba de brazos.

Puedes usar lo que quieras... puedo dejarte algo de ropa, también, aunque no te veo demasiado cómoda con ella. —Fue inevitable que soltara una risa; ¿Norma Blackbun, vestida de andar por casa con ropa de hombre de unas cinco tallas más grandes que la suya? Inédito. — No fumes dentro de casa, si puedes...

Tal vez pedía demasiado, teniendo en cuenta que aquella mujer tiró sus tacones contra el capó del coche de policía.

Palmer miró la hora y ahogó un resoplido; no le quedaba demasiado tiempo para volver a comisaría y estaba agotado, tanto, que los párpados le pesaban. No quería ni imaginar qué apariencia portaría. Miró a Norma, un tanto somnoliento.

No tengo una habitación de invitados, puedes dormir en mi cama.

Yo me quedaré en el sofá.

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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Vie 8 Ene - 1:03

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Capítulo V
El calor vaporoso de las hojas de té, batían los marcados pómulos femeninos incapaz de atemperar el cuerpo ya a la larga entumecido al adaptarse al extraño reposo mientras su aroma obnubilaba la cargaba de acontecimientos y pensamientos que por primera vez era competente para explorar entre lagunas que se veía incapaz de recuperar y, una parte de ella, le aconsejaba desechar. Deseaba reescribirlos. Sus parpados parecían completamente caídos al mantenerse perdidos entre el vaho ascendiente que la acariciaba en desaliento. El nudo en la garganta la incomodaba y tan apenas recordaba, aún con la calidez entre sus dedos, dar los correspondientes sorbos. Era como si algo se hubiera desprendido de ella, un velo que en esos momentos sólo podía contener callada.

Pausada, como aletargada, la mirada parda ascendió escudriñando el semblante ajeno con la taza en los labios antes de un sorbo que le brindara el don del habla. Negó con la cabeza y dejó con innata elegancia la taza sobre la mesa. Se arrepintió de haber insistido en sus excusas a aludir a sus pertenencias abandonadas a su suerte en la residencia Blackburn. No tiene sentido.

Ya me encargaré de mis cosas. —La voz de la viuda se entonaba cansada pero con la vibrante determinación que hacía suya. Empezaba a comprender que con él de poco servían sus convicciones. La hastiaba pero se mantuvo en silencio, siguiendo cada uno de sus pasos con algunos de sus dedos jugueteando con el bordado del centro de mesa junto a la taza en reposo.

Rodando los ojos y torciendo las comisuras, por una vez estuvo de acuerdo con él en encontrarle una irónica gracia a su ocurrencia de anfitrión. Seguramente ambos se la imaginaron de una apariencia bastante similar; ella en particular con alguna sudadera publicitaria y unos pantalones de deporte dados de sí. Podía verlo con esa ropa en el sillón que había al lado de la televisión viendo la Super Bowl.

Esto empieza a parecerse más a una estancia penitenciaría —observó sin comprometerse, manteniéndose en ese estado disperso hasta incorporarse, agarrando con una de sus manos la manta que apoyaba en sus hombros dando un trago largo a la infusión.

Norma no era el tipo de persona modesta, estaba segura que, en caso de quedarse; ella iba a ocupar una cama. Era lo menos, pensaría en tal caso alguien como la viuda Blackburn injustificadamente. Llevó la taza hasta el fregadero haciendo desbordar el contenido diluido por el agua del grifo, mordiéndose el interior del labio, meditabunda. Llevó su mano libre de la manta a la cadera y con un suspiro lo observó. Sabía lo cansado que estaba pero las inquietudes bullían en su estómago:

¿Para qué quieres volver? —dio un breve margen antes de continuar. —Conozco a Wallace. No es simplemente que tenga a sus matones merodeando. Sabrá que no he hecho esto sola y esto es justo lo que espera que hagas. —De algún modo la mirada de la mujer translucía un pavor más allá de la lógica de sus enunciados. Ese miedo irracional a que descubriera qué hubiera pasado aquella noche antes de llamarle aunque resultase improbable. Le daba pánico. —No vas a ir, no hay nada allí. ¿De acuerdo? —No daría pie a ninguna discusión y la jaqueca le provocó una mueca. Ya habían tenido suficiente por un día. —Me pegaré una ducha antes de acostarme.

A la espera de que Palmer le trajera unas prometidas toallas, la mujer se introdujo en el dormitorio allí donde junto al descubierto lado que él empleaba de la cama estuviera desecha, con el teléfono vigía en la mesilla y sus ojos se perdieran hasta en la lámpara que alumbraba el techo. Le resultó el rincón de un ermitaño y, por alguna razón, estuvo a punto de derrumbarse. Frente a la cómoda, junto a la ventana se hizo con un marco de fotos donde aparecía un muchacho rubio que tenía algo que le resultaba familiar:

¿Quién es? —Indiscreta, necesitando paliar el silencio, cuestionó al momento de notar la presencia del sheriff y radicaba en desvelar que el protagonista de la fotografía tenía su misma mirada luminosa, rascada de las profundidades de un iceberg.

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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Mar 12 Ene - 0:45

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Capitulo V

La mirada convulsionaba en el picor sonámbulo, predilecta por las manillas del reloj semi-roto que coronaba la madera cubriente del marco de la puerta. A cada segundo concurrido, las pupilas del sheriff se movían acaparadoras de aquél movimiento que poco a poco iba nublándose a medida que la atención sufría cierto altercado producto del sonoro discurso de Norma. Acabó reteniendo una respuesta bajo la caja torácica, una respuesta imaginada tras los cristales polvorientos de aquél reloj que ya le había venido incluido en la morada, cortesía del casero. Tic, tac, tic tac, tic tac... ¿cuándo, las cortinas de la cocina se habían tonado tan escarlatas, y el suelo, a rayuelas negras y blancas, le recordaban un lúcido sueño? Pestañeó, llevando una mano hacia su frente, agotado, hasta visualizar el recorrido de la viuda hacia el dormitorio y él se sintiera en el deber de atender las necesidades.

Vamos, Matt, no puedes perder la cabeza ahora. — Se dijo así mismo entre balbuceos mientras sacaba un juego de toallas limpias del armario. Dio un suave rodeo hasta atreverse dejarse ver por su alcoba, y fue inevitable caer en la cuenta del objeto que Norma había atrapado entre sus manos. Una chispa de incomodida estalló bajo su fuero interno arrastrando a Palmer a verse protegido por un árido carraspeo y el sonido de las toallas sobre su cama, llamando la atención de la viuda. — Es... mi hijo. Ash. Ashton.  

No supo qué interpretar en la mirada de Norma.

Palmer cogió la fotografía, suavemente. Observó la mirada de su hijo grabada en aquella porción de papel y cierto arrepentimiento se agolpó contra su pecho. Acabó suspirando; dejando el marco en el lugar donde se suponía que debía de estar y viró un poco su cuerpo hacia Norma.

Tienes todo lo que necesitas en el baño. —Se adelantó, esperando cambiar el tema para que la viuda no preguntara sobre su vida personal. — Yo tendría que ir tirando a comisaría. Cualquier cosa tienes mi teléfono y Norma... ni se te ocurra salir de casa, ¿entiendes? No puedes hacerlo, no hasta que yo venga. —Suspiró, abriendo su armario para sacar el uniforme. — Iré a ver a los hombres de David esta noche —Sentenció.

No iba a poder hacerle cambiar de opinión.

¿Cuándo había comenzado a caminar tan del revés?


—Ya tengo varias cosas en mente... pero necesitaré que cooperes conmigo. Descansa por mi, ha sido una noche larga.
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Jue 14 Ene - 12:53

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Capítulo V
Un hijo, claro. Es lo lógico.

Lo esperado, lo idóneo.Lo contrario hubiera sido una tremenda decepción, por supuesto. La última pieza que parecía faltar en la composición mental que edificaba sobre el sheriff aunque este, después de todo, albergase sus sorpresas. Detrás de aquello no seguía más que cumpliendo el arquetipo convencional de aquel pueblo donde todo, sin embargo, no era en nada convencional. El ilusorio espectro de lo idílico definido en el sobrenombre de la montañosa Twin Falls.

Es muy guapo —atribuyó en el momento que aquél tomaba la fotografía con un cuidado medido que no pasó desapercibida a la atención focalizada de la viuda. Incluso en una observación sencilla, su paladar denotaba una voluptuosidad impertinente y confusa de interpretar, como toda ella. Norma, quien hubiere sido despojada del instinto maternal, se encontró, ante sus ojos, frente a una página doblada en señal de asuntos irresueltos que la incitaban a tirar de ella para desplegarla y leerla como bien sus labios se despegasen fijos en la atención del hombre de cuyo suspiro se expresara algo más que el evidente cansando; mas se vio privada de pronunciar sus palabras.

Ni siquiera sabía por qué se había interesado, una pérdida de tiempo. No había nada que saber de aquél hombre que pudiera servirle de algo, ni siquiera cubrir el anhelo que carcomía su sensibilidad por el contacto humano en un básico intercambio de palabras por desentrañar algo sobre el contrario. Se sintió ridícula. Mentiría si dijera que no le molestase la evasiva —y más aún evidente— actitud del hombre irradiándose en la expresión, a pesar de que, a fin de cuentas, él estuviera en su pleno derecho. Ya era suficiente que fuera una invasora de su privacidad; efectivamente, eso era.

No es más que una estúpida e innecesaria patraña. ¿Qué haces, Norma?
Tú no dependes de nadie.


A pesar del alivio que sentía al bajarse de sus zapatos, lo que siguió no fue más que la gota que colmó el vaso. Apretó los puños sintiendo la punzada de sus uñas en la piel, no sirvió de nada contenerlo:

Me estoy hartando —espetó girándose con el cuerpo tenso. —No paras de decir que “coopere contigo” pero lo único que haces es ignorarme completamente y… ¡y dejarme aquí! —Un sarcasmo al borde del quiebro en el traicionero temblor de la voz agitó el gesto de sus brazos mostrando la habitación. —Sigue siendo mi casa, mi propiedad y no tolero que nadie fisgonee sin saber qué quiere, y me diga cuando puedo o no ir —enfatizó cada vez con la furia más visible en el brillo de sus consumidos ojos. Quizá las circunstancias de desventaja fueron las que siguieran conteniéndola parcialmente. —Seremos socios o como quieras llamarlo, ¡está bien! Pero eso no nos convierte en amigos y… esto… —prácticamente estaba delante de él, remarcada la diferencia de altura ahora sin el respaldo de sus tacones, acentuándose la anatomía menuda a la que poco ayudaba su actual aspecto consumido. —Esto… es innecesario y menos que sientan pena por mí. ¿Te crees que no lo noto? ¿o es sólo parte de mi paranoia? Alzó las palmas, cortando el aire como sus palabras: —Olvídalo, Palmer. Suficiente.

Retiró el tenso contacto visual terminando gravemente maltrecha su estabilidad anímica, amordazando el sollozo en el pecho e inclinándose en gestos rápidos y violentos a tomar sus zapatos para enfrentarse a salir por esa puerta y de ese maldito hogar de los desamparados.

Estoy agotada.

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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Jue 28 Ene - 13:45

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Capitulo V

El sheriff volcó sus pupilas a un blanco impoluto que coronaba la vena hinchada palpitante sobre la sien. ¿Tan difícil era hacer las cosas bien? Volvió a dirigir su mirar, una vez un poco más calmado, sobre Norma, hinchando el pecho poco a poco conforme la viuda iba acercándose hacia él con sus diversas quejas. El irascible soliloquio penetró molesto como el zumbido de un mosquito perpetuando la incertidumbre sobre el semblante del policía. No quiso interrumpir aquél derrumbe de insensatez por parte de Blackburn por lo que añadió, escéptico, al final:

—Tú fuiste la que me llamaste.

El cuerpo de aquella mujer quería por inercia desvanecerse en las profundidades rústicas de Twin Falls. Palmer negó con la cabeza y cogió por el brazo a Norma. No iba a dejar que cometiese otra locura más.

Norma —Vocalizó, sereno. — Norma. — Apretó el agarre, pero teniendo cuidado en no acabar resultando un tanto invasivo. — No hagas eso, no quieres hacerlo.

Vas a acabar muerta.

¿Por qué tienes la manía de gritar a los cuatro vientos lo que sea que se te pase por la cabeza sin dejar cabida a respuesta alguna?Eso era molesto.No es porque me des pena... — Palmer la soltó, notando como quizá ahora que le escuchaba, igual si que aceptaba mantenerse en su casa a salvo. — ...Lo hago por mí. Me estoy jugando mi puesto de trabajo y mi vida en este pueblo. Si nos sale bien tanto a los dos nos va a ir muy bien; pero si nos sale mal... —Suspiró.— Ahora mismo tenemos que hacer las cosas con calma, no nos queda otra. No quiero que te maten, Norma. Eso es lo que iban a hacerte esta noche, pero no se como coño conseguiste salir viva de esta.

Te necesito viva; porque tú eres la respuesta a una enorme cantidad de enigmas que me rondan la cabeza últimamente.  


La soltó.

—Tú eres la que toma la decisión al final, no puedo encerrarte en mi casa. Pero mi consejo es que te quedes, te duches, y por al menos hoy dejes que yo me haga cargo de esto. Los dos estamos agotados, es innecesario prolongar aún más este malestar.


Palmer sintió un mareo repentino; tuvo que apoyarse contra la pared y llevar una mano hacia su cara. El estado físico que llevaba arrastrando desde la odisea de limpiar los restos del cuerpo muerto en la residencia Blackburn, hasta deshacerse de los restos como un símbolo de venganza, más todo el estrés físico y emocional estaban pudiendo con él: no sabía si aguantaría mucho más. Si podría soportar el berrinche de Norma o, en su caso, demostrar que nada de todo aquello no le afectaba. Porque lo estaba haciendo.

— Aquí la única pena que debería sentir es por mi mismo.
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Miér 10 Feb - 21:33

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Capítulo V
Si aquél hombre buscaba hacerla arrepentirse de haber recurrido a él lo estaba consiguiendo. Como si no hubiera sido suficientemente denigrante para ella verse en la tesitura de que aquél foráneo fuera el único ser vivo en todo lo largo y ancho de aquél maldito pueblucho del que pudiera tener la mínima idea de que no estuviera salpicado de los asuntos que enterraban Twin Falls, y ahora, ni él mismo se salvaba. Había sabido concienzudamente lo que para él iba a suponer, lo sabía y aun así hizo aquella llamada.

¿Cómo podía haberse quedado tan ridículamente sola? En aquella lucha de titanes, desde luego, tenía las que perder, pero ella también había aprendido los trucos del más rastrero de los tahúres.

Viva. Apenas pudo contener una amarga sonrisa torciendo sus ínfimas comisuras.

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal al atravesar una imagen su mente, amordazando esas ansias que irradiaba su interior por pagarlo con la primera persona que estuviera a su alcance, como la mayoría de las ocasiones en su propia filosofía. Por más que sostuviera la mirada con la poca determinación que aquella madrugada había sobrevivido, terminó debido a esa misma razón siendo ella la que suspirara en una resignación dándole omisamente la razón no sin menos vehemencia.  

Los zapatos cayeron en un ligero golpe amortiguado en la moqueta y esta se dejó caer a un lado de las toallas reposando en la cama como si sus extremidades no le correspondieran, menos aún el control sobre estas. Inclinada en el improvisado asiento, el cabello protegía su expresión y los ojos cerrados terminaron con la tentación de quebrarse. Habían dejado el cuerpo como señal y advertencia inesperada para Wallace, pero, aun así, no podía sentir más viva la derrota. Sus parpados se despegaron desviándose la mirada parda fija en el sheriff con una inquisición transcrita en sus ojos.

Fuera lo que fuese, una tenue carcajada se escapó de sus labios como un suspiro casi pareciendo más una ilusión. Somos patéticos, los dos. Y lo peor de todo es que hubiera deseado pedirle, esta vez, que no la dejase sola en aquél modesto piso atemorizada porque un muerto volviera a acabar lo que había empezado.

Si no apareces a las once, pienso ir a por ti te guste o no. —De alguna manera, en sus palabras se encontraba la esencia tan impropia de ella de quien habla por hablar; por mantener el espectro de su firmeza insurgente.

El sabor de la culpa y la debilidad confabulando en su contra.

No camines del revés —citó una expresión que solía escuchar a su marido y al círculo de este con agotada naturalidad.—, no hagas nada que yo haría —dijo tras haber tomado las toallas en su brazo y avanzar unos pasos hasta tomar el pomo del baño observándolo con duda, mordiendo las palabras que atrapase entre sus dientes esperando en su lugar la marcha de este.

Procura que no te maten antes de tiempo.

Norma Blackburn
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Miér 17 Feb - 1:21

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Capitulo VI




Vista fijada en la carretera, un ensordecedor chasquido cruzó el parabrisas. El follaje se descomprimía unido a aquella órbita de constelaciones bucólicas, transformándose entre las ensortijadas pasarelas llameantes, abrasadoras en el trágico recuerdo. El atardecer anaranjaba la sobrenaturalidad ambiental, Palmer... Palmer conducía como un lunático. Esas pasarelas etéreas traspasaron la realidad llevándolo a un pasado extremadamente reciente en el que apuntó con la punta de su revólver a la sien de una de aquellas ratas que trabajaban para Wallace. Viró hacia comisaría y entonces volvió a verlo. Volvió a ver a aquél hombre.

"Ya sabéis lo que tenéis que decirle a vuestro querido jefe. Ahora mando yo en Twin Falls"

La violencia no marcó el resto del estado físico apesumbrado que portaba desde la madrugada. Parker sospechaba; o así lo podía leer entre las miradas cargadas de incógnita que le regalaba. Desde que desapareció por unas cuantas horas sin añadir ninguna explicación. Nadie supo que su objetivo estaba en la residencia de Norma Blackburn; mujer de la que aún nadie había denunciado su supuesta desaparición. El desvarío parecía no ser algo poco común entre los personajes de Twin Falls, quizá, estaba afectando al sheriff poco a poco. La reunión con los agentes del FBI daría pie en apenas unos momentos.  

Creyó por un instante que volvería a tener que deshacerse de un cadáver, antes, en casa de Norma.  

Psíquicamente no se encontraba bien.

Pálido, abstraído entre la realidad y las alucinaciones de terciopelo rojo y un maquillaje aparotoso; Palmer cogió por el brazo a aquél hombretón al que podía considerar su reciente mano derecha. Sin embargo, los secretos comenzaban a asomarse entre ellos.  

"Ten cuidado por donde vas metiendo las narices, sheriff"

Parker... tengo que hablar contigo

Pero no había tiempo para ello.

—Muy buenas tardes, sheriff.

La cara de aquella versión descomprimida de Norma Blackburn era quién lo saludaba como si nada en el cuerpo uniformado de un agente del FBI. Palmer ahogó su repentino pánico echándose hacia atrás, agradeciendo la estabilidad que le brindaba su compañero. Un pestañeo de ojos; y aquella imagen se transformó en la real. En su mente, solo la coraza de la viuda cobraba protagonismo más allá del caso que traían en manos; de los diversos expedientes que colocaban sobre la mesa, junto a los expressos, los cigarros vilmente encendidos; las cintas de video, los rostros impertérritos de la burocracia, y los halagos innecesarios. Todo parecía apuntar a que Samantha Kingsland pasaría a componer uno de las tantísimas cajas de cartón inconclusas desperdigadas en la conmemoración forense. Apuntaba, pero Palmer, entonces, levantó el mirar hacia cada uno de los presentes con una lentitud onírica y soltó la primera perla.

Tenemos al asesino de Samantha Kingsland.

Se hizo el silencio, y una vez más, notó la mirada atónita de Parker.Tuvo que darle un golpe con el pie por debajo de las miradas ajenas.

Una fotografía se deslizó hacia el centro de la mesa y detrás de ella podía revelarse a uno de aquellos dos hombres que conoció anteriormente en la residencia de Norma.

¿Caminaba o no caminaba al revés?
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Songbird el Dom 28 Feb - 17:00

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Capítulo VI
Lánguida la sombra se extendía robusta y poderosa por el desfiladero de aquél pasillo austero por el que los uniformados se entrecruzaban traspasando de un lado a otro las puertas. Albergaban todos ellos un mismo pensamiento, mas no era nada que no pudiera superarse, dejarse correr. A fin de cuentas, si el FBI pretendía quedarse con el caso aquella misma mañana significaba que el asunto a los locales les venía grande.

Tironeó del cinturón del pantalón incómodo por la hinchazón en el estómago después de la cena que Connie había preparado la noche anterior en compañía de sus suegros. Creía no haberle importado, pero no pasó por alto la insinuación de su suegra de que estuviera cogiendo peso. ¿Lo estaba? Debería volver a tomar la rutina de salir a correr antes de ir a la comisaria, pero ya no estaba para tantos trotes. Y los niños. Dios santo. Las gemelas le habían dejado la espalda hecha trizas y la nueva pistola de juguete del benjamín había demostrado tener mejor puntería que su propio padre. Desde luego tenía madera para la profesión. Sin embargo, su mayor preocupación era Stella o, más bien, la vestimenta que su hija adolescente había elegido aquella noche para salir con… vete a saber quién era G.G. Dog para ir a… donde no debiera estar más que bajo su techo.

Mierda. Y, para colmo, no había olvidado la llegada inminente de los tipos del FBI y, de haberlo hecho, el fantasma que recordaba en unas ojeras pronunciadas y aspecto desaliñado al que fuera el sheriff de Twin Falls, se lo recordó de inmediato.

Joder… Tienes un aspecto horrible, Palmer. —El aire bromista no restaba importancia a la evidencia y espanto. Incluso olía a muerto, en el mejor de los casos. Su compañero lo escrudiñó alejando el rigor guasón por el fruncimiento de su ceño, acentuado tras una declaración llevada a la deriva por la llegada de lo inminente. Antes de introducirse por un momento en la sala lo tomó del brazo. —Tío, relájate, ni que estuvieras viendo a un muerto. —Peor aún, les iban a dar por culo y sin vaselina.

Sabía no iba a ser rápido ni indoloro, ver perder su caso en las garras de esos carroñeros que parecieran satisfechas enfundados en sus trajes de demostrar su mayor cualificación para las circunstancias que habían agitado la somnolienta población. El ayudante del sheriff los observaba, los analizaba, los juzgaba mientras el agrio del cálido café no facilitaba las cosas. De hecho, llegó a un estado de sopor por la letania burocratica que ni la cafeína podía solventar. El golpe de la inesperada intervención lo enderezó en la silla y dedicó una mirada de inquisitivo alarme a su compañero. ¿Qué mosca te ha picado?

No necesitó apenas tiempo para comprenderlo. No sabía si era brillante o un completo lunático, pero sí era clara la posición que el ayudante del sheriff tomaría y, más claro aún era que mentía o, por lo menos, no decía toda la verdad. No era aquél el modo de proceder. Todos tenían sus razones para hacer el siguiente movimiento sobre el tablero.

Sí... eh... Bueno, los análisis sobre los restos de semen encontrados en la víctima han determinado que son suyos. El tipo tiene antecedentes de agresión sexual. —Se rascó el puente de la nariz durante la explicación forzándose a mantener la mirada en las ajenas por infundir credibilidad por más que fuera un completo bulo del que, más tarde, tuviera tiempo de preocuparse. —Vamos a encargarnos de su detención, está todo preparado. —Hizo una breve pausa. —Lamento que hayáis hecho el viaje para nada. —El asomo de su sonrisa destiló un sabor a triunfo que aún perduró ante la incredulidad de aquellos y el desvió de su mirada a Palmer.

Espero que sepas lo que estás haciendo.

Transformados en repentinos jueces, resultaba inquietante, de saberse la verdad, la reserva que denotaban en aquella mesa con forma del filo de la guillotina.  

—Tenéis que estar bromeando. ¿Por qué no habéis informado antes?
Darius Parker
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Re: Dance of the dream man

Mensaje por Midori el Dom 28 Feb - 23:49

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Capitulo VI



Miles Davis - Générique

La sala abastecida en su totalidad por aquella hombría palpable en el ambiente mantenía tenso al inestable sheriff. Un pestañeo lento quebró la escena solapándose en una visión comprimida. Sus dedos sudaban, temblando en cuanto el documento fue a parar contra las manos ajenas y el delincuente era determinantemente estudiado bajo las miradas asqueadas del FBI. La voz de Parker le llegó como un distante eco. Tragó saliva, nervioso, y miró de reojo a aquél cómplice que improvisaba sobre la marcha sin haber intercambiado opinión sobre su impetuosa decisión. Uno de los agentes sostenía el mirar, aquella energía, pesada, iba adhiriéndose poco a poco provocando que Palmer se removiese en su silla y sufriera por el posible fracaso.  

Lo confirmamos hace unas escasas horas. El crimen ha sido muy reciente, y nos mandaron pruebas del laboratorio que aún faltaban por concretar. Simplemente ha sido una equivocación y pedimos disculpas por ello. — Carraspeó, serenándose, aquellos hombres iban observando el papeleo meticulosamente. — Creo que hay casos que van a requerir más su tiempo. Twin Falls es un pueblo bastante tranquilo, no queremos alamar a sus ciudadanos más de lo debido.

—… Muy bien. Es cierto sheriff; no queremos alarmar a los ciudadanos más de lo debido.

De pie, acompañándolos hacia la salida del despacho; Palmer solo pudo rememorar los momentos en los que se enfrentó a aquellos dos hombres en la residencia de Blackburn y lo peor de todo... manipuló a su favor las pruebas para encubrir a la viuda. Cada paso que daban, notaba como una sombra negra desplegaba las alas sobre él. Un búho, negro, con los ojos rojos. Estrechó una mano con el agente que lideraba aquella tropa de tetosterona, y, sin esperarlo; tiró de él hasta acercarse a su oreja.

—Tenga cuidado, Palmer, no creo que a Wallace le haga gracia.

Los agentes se retiraron.

Parker estaba a su lado; antes de que pudiera añadir nada, el sheriff se apoyó contra una de las paredes de comisaria y alzó el mentón hacia aquél hombre.

… Era de esto lo que quería comentarte antes, Parker.

Ya no sé que es lo que estoy haciendo; pero tú también estás pringándote las manos. Te las habrás pringado antes que yo.

Las cosas van a cambiar por este pueblo. Voy a necesitar que me seas sincero con varias co... — Detrás de Parker, una... ¿mujer? Gigante, lo observaba fumándose un cigarro. Sonreía, y se reía, negó con la cabeza y desapareció. Parker contestaba su conversación pero Palmer tuvo que cogerse de su brazo por un mareo que le entró repentinamente. — Parker, ¿tú crees en las visiones? Algo pasa en este pueblo. Algo pasó con Samantha, ese algo quiere decirme quién la mató de verdad y por qué... —Llevó una mano hacia su frente; un pitidio insistente comenzó a usurparle los oídos mientras la estancia navegaba de arriba abajo en mitad de una tormenta de la incomprensión. — No me encuentro bien.

No sé cuánto más puedo aguantarme de pie.
Matt Palmer
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