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— Ours is the fury

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— Ours is the fury

Mensaje por Red el Miér 30 Dic - 13:49

Ours is the fury
Cuando el rey Argilac Durrandon cayó en el campo de batalla bajo la espada de Orys Baratheon su hija, lady Argella Durrandon, se coronó Reina Tormenta y juró que no doblegaría la rodilla ante el enemigo prefiriendo una muerte segura a tamaña humillación. Sin embargo, su corona duró poco, tan poco como lo hizo la fidelidad de su guarnición poco dispuestos a compartir el destino del Rey Argilac. Se sublevaron ante la nueva reina y entregaron su reino, y a ella misma desnuda y llena de cadenas, al asesino de su padre.  Orys, sin embargo, le quitó las cadenas y le dio su capa, además de comida y vino, y le habló de la valentía de su padre. Desde ese día, la destronada Reina Tormenta fue una invitada en sus tierras y en su palacio, no se le hizo daño alguno, pero tampoco se le dejó partir.

Humillada y enfurecida tiene que soportar la presencia constante del hombre que mató a su padre y, con el cual, deberá casarse más temprano que tarde si quiere recuperar una pizca de lo que debería ser suyo por derecho. El guerrero y nuevo Señor de Tierras de Tormenta tampoco lo tendrá más fácil, teniendo que lidiar con una prometida que exime la pasión de su odio cada vez que lo tiene cerca habrá de hacer gala de toda su paciencia para intentar convencerla de que su enlace es la mejor opción para ambos aunque tal vez no la más fácil.
Orys Baratheon
Señor de tierras de tormenta | Clive Standen | Captain_Z
Argella Durrandon
Señora de Tierras de Tormenta | Jessica De Gouw | Red
Crackship libre | Game of thrones | 1x1


Última edición por Red el Miér 13 Abr - 15:38, editado 3 veces


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Sáb 2 Ene - 16:54



Entre los bastos campos del Dominio, se despidió de los Targaryen. Había ido con estos, como de costumbre en él, hasta el septo de Antigua a fin de asistir a la segunda coronación de Aegon como rey de Poniente. Si en la primera hubieron pescadores y algunos caballeros, siendo asistido por sus hermanas-esposas, en la segunda casi todo el continente estuvo presente y fueron participes de tan sagrado e importante día en el hito de los Siete Reinos. Orys no se lo perdió, por supuesto, más ahora emprendía camino hasta sus propias tierras. No era oficial, pero Tierras de Tormentas pertenecía al bastardo de Aenar Targaryen y la dinastía Baratheon daría comienzo desde entonces. Comprendido en el grueso de los ejércitos del venado, emprendieron rumbo hasta los hogares respectivos, viendo en la distancia como los tres dragones reinaban en los cielos hasta convertirse en moscas en el horizonte. La montura era veloz, de cabello azabache como el propio guerrero, por lo que no necesitó descanso ni reposo, decidiendo que retornarían lo antes posible. Había que aliviar penas y hacer florecer tierras desbastadas, como nuevo señor feudal tendría mucho de lo que ocuparse . . . como cierta doncella tocada por la vara de la locura.

Así solían denominarla sus hombres, hasta que amenazó con cortar las lenguas de los insensatos que oraran decir tales afrentas. Nunca más fue escuchado. Igual por temor a la amenaza, a los dragones o al propio guerrero, en cualquier caso se dio por satisfecho. No terminaba de confiar en sus nuevos vasallos, antiguos enemigos y ahora súbditos leales a su causa, más como Aegon perdonó y dio posibilidades a todos estos de demostrar su nueva sumisión. A medida que emprendían el camino de retorno, ya en el interior de las Tierras de Tormentas, fueron gratamente recibidos por aldeados y familiares, caballeros y damas por igual. Orys poco se detuvo en estas demostraciones de afecto y buenos tratos, aun viniendo de septones o maestres, pues en mente tenía Bastión de Tormentas. Fue cordial y amigable, no obstante, mostrándose agradecido por los tratos recibidos a lo largo del trayecto. Para sus adentros, pues incauto no era, dudó en la realidad de estos; muchos debían de odiarle o guardarle rencor por los eventos sucedidos en la Última Tormenta, nombre asignado a su batalla contra Durran. La comitiva se iba dispersando a medida que él se aproximaba a su nuevo hogar, pues otorgó los permisos a sus vasallos de retornar a sus casas.

Así, poco más de centenares le acompañaban cuando atravesó las puertas principales de Bastión de Tormentas. Admiró a su paso el esplendor del lugar, poco visto o contemplado en la ocasión anterior que se aproximó a este. Había tenido poco tiempo y otras batallas le esperaban, a partir de aquel día tendría que ganarse todo lo ya peleado antaño. Desmontó finalmente, permitiendo que el mozo se encargase de las riendas y del animal por igual. Los sirvientes se encargaron de los bártulos y el maestre de asistirlo con informaciones, todo lo ocurrido desde su partida. Cabeceo, haciéndose cargo entonces de todo aquello, más aunque todos en el lugar acudieron a él, no vio a la dama en cuestión. Se dio cuenta de ello al barrer, con la mirada, el amplió patio.

— ¿Y Lady Argella? —

Preguntó al anciano, entregando a su escudero la enorme espada que colgaba del cinturón. No era Fuegoscuro ni tampoco Hermana Oscura, pero el arma que portaba no era tampoco para tomar a risa o a la ligera. El hombre, de aproximadamente sesenta y tantos días del nombre y con la pesadez de sus cadenas, suspiro ante la duda del recién llegado. El gesto, si bien incomprendido inicialmente, pronto tuvo claridad al recordar la temeridad y personalidad de su . . . ¿Invitada? De momento eso era. Orys tenía otros planes.

— No respondáis, puedo imaginarlo. Id en paz buen hombre, yo tomaré las riendas desde aquí. —

Se despidió del maestre y emprendió el camino hasta la sala del trono, amplía y ricamente decorada, el orgullo de los Durrandon . . . Ahora de los Baratheon aunque no como reyes, sino para asistir a vasallos y aldeados. Era el nuevo señor feudal a fin de cuentas. Abrió las puertas, ambas grandes y pesadas, empleando sus dos manos y se abrió paso. Allí, en el asiento principal, localizó a la doncella de ébano cabello y ojos azules, rasgos que él mismo compartía. Si bien cualquiera se habría tomado a mal la afrenta, incluso el atrevimiento de la mujer, Orys vio en ello arrojó que no era del todo de su agrado. Así, con cierta diversión la saludó y se presentó, nuevamente, ante la dama.

— Ya estoy aquí. —

Orys Baratheon | Bastión de Tormentas | Argella Durrandon




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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Dom 10 Ene - 18:49


Desde lo alto de las almenas observó a la comitiva Baratheon aparecer, un lejano punto en el horizonte que fue creciendo más y más conforme se acercaban. Argella Durrandon los contempló con el corazón en un puño, no despegó ni un instante los ojos de la figura que abría paso, la melena oscura y la montura a la par eran reconocibles incluso a esa distancia. Sabía que Orys tendría que volver tarde o temprano, pero mentiría si dijera que una parte de ella rezó para que no volviese nunca mientras que otra, pequeña y débil, se alegró de su vuelta. Tener a Orys allí era malo, pero no tenerlo era casi peor. Él era el único que evitaba que, aquellos que en su día se llamaron sus vasallos, no la tomasen de nuevo para someterla a actos tan despreciables como el del día en que las huestes de los Targaryen entraron en Bastión. Era vergonzoso y un sin sentido, pero el mismo hombre que se lo había arrebatado todo era el único motivo por el que seguía viva y podía seguir gozando de cierta calidad de vida.

Debería de darle las gracias y eso no hacía si no enfurecerla todavía más. Bastión de Tormentas era suyo, era el legado de su familia. Ella era hija de reyes y descendía de dioses, pero ahora se veía bajo las órdenes de un bastardo que quería arrebatarle su reino. Y encima pretendían que le diera las gracias, ¡ja!.

Nadie esperó a que la doncella dictara órdenes para recibir a los soldados, nadie esperaba ninguna orden de ella ya. La actividad fue cada vez más bulliciosa en el patio y Lady Argella, manteniéndose en sus trece, aguardó en la misma posición. Sin embargo, cuando Orys y los suyos se encontraban ya a poca distancia, ella pareció reaccionar. Una idea mejor se iluminó en su mente. ¿Por qué esperar allí con un invisible y triste fantasma en el que nadie repararía? ¿Por qué bajar al patio a esperarlo como uno más de sus corderos? Ella era una Durrandon, aquel era su hogar, no una mera invitada.

A paso ligero, con el dobladillo de la falda alzándose unos centímetros a causa de la velocidad, se apresuró a llegar a la sala del trono, entrando por una de las pequeñas puertas laterales, donde la vio el Maestre cuya mirada confusa ignoró a propósito. La sala estaba prácticamente desierta pues todos habían ido a recibir a los recién llegados, por lo que no tuvo que dar a nadie explicaciones sobre lo que hacía (aunque muy probablemente tampoco se las habría dado a nadie). Subió las escalerillas hacia el trono de dos en dos, se preocupó por sentarse todo lo regiamente que fue capaz: espalda recta, mentón alzado, manos sobre las rodillas bien juntas. Cuando las grandes puertas frente al trono se abrieron Argella se ordenó conservar la calma pese a que creyó que los latidos de su corazón descubrirían los nervios que la carcomían.

Las palabras del hombre ni si quiera podían considerarse un saludo en condiciones. La dama en el trono alzó una ceja al escucharlo y se tomó pocos segundos para darle una respuesta a la altura. Si pensaba que iba a deshacerse en alegres bienvenidas lo llevaba claro.- Ya os veo. –pero no se puso en pie. Quizás era porque, de hacerlo, no las tenía todas consigo de que consiguiese mantenerse en pie. Podía aparentar toda la calma que quisiera pero lo cierto era que estaba asustada, contrariamente a lo que se pudiera pensar no era una suicida y sabía que estaba jugando con la paciencia de Orys. Pero su padre no la habría perdonado de no intentarlo, de no intentar demostrarle una vez más que Bastión era suyo.

Argella Durrandon | Bastión de Tormentas | Orys Baratheon


Última edición por Red el Jue 28 Ene - 16:06, editado 1 vez


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Vie 15 Ene - 16:33


Orys no era ingenuo, curtido en más batallas de las que nadie imaginaba, sabía perfectamente que esperarse en casos adversos. Tenía un plan B para el plan B, una estrategia trazada. En balde no era que fuese el más alto cargo militar de las huestes de Aegon, además ahora, de su Mano. Sin embargo, no había nada confeccionado en cuanto se refería a Argella Durrandon. Ambos conocían el idóneo papel que correría la mujer, más dependía de ella misma aceptarlo. Nunca fue dado a obligar a las damas a hacer lo que no deseaban, nunca las forzó; no comenzaría a hacerlo aquel día, gesto que demostró cuando se quitó su propia capa y cubrió su desnudez con ella. Sólo podía esperar, pero no eternamente. Tenía sus límites.

— Y yo también os veo, bastante bien me atrevo a decir. —

Pronuncio cuando dio un paso al frente, y otro más secundando al anterior. Paso a paso, se fue acercando a la posición de la susodicha doncella, sintiendo como el peso de su cuerpo lo hacía mermar. Tras varios días cabalgando, semanas en realidad, desde Antigua, estaba agotado y cuanto menos un descanso sería tomado próximamente. Tenía asuntos que atender antes de ello, y quien decía asuntos, decía que debía de tomar decisiones sobre su nuevo hogar, administrar sus tierras, cargos que otorgar y conversaciones pendientes. Realizó una vaga reverencia ante Argella, siendo gentil y educado – o lo pretendía al menos – con el gesto, pero había nacido bastardo y ocupado en la milicia, no era un hombre de altas cortes y protocolos. De hecho, los despreciaba bastante. Ello propicio que, sin malas intenciones, los movimientos fueran toscos.

Secundando todos estos, giró sobre si mismo al enderezarse, y tomó asiento en el segundo trono predispuesto al lado de Argella. Era algo más alto que el anterior, probablemente hubiera pertenecido al arrogante padre de la muchacha antes de que él le hubiera dado muerte. Se corrigió así mismo al pensar en el último rey de Tierras de Tormenta, pues merecía sus respectos; había sido tan duro de matar como de sobrevivir a una tormenta. A peso muerto se escuchó el impacto de la armadura  contra el trono y cuando sus botas reposaron finalmente de la libertad de la carga del cuerpo, exhaló un suspiro. Durante unos segundos, el silencio reino en aquella amplía sala que, en tiempos mejores, hubiera acobijado a una gran estirpe y se hubieran pavoneados ante su propia corte. Ambos estaban solos en el lugar, Orys así lo había solicitado. Hazañas de épocas pasadas eran las muchas cristaleras de ventanales a los laterales o en la cúspide de la cúpula sobre sus cabezas.

Mientras sus ojos se situaban en otros adornos, como lo eran los tapices de cacería o acciones bélicas, la boca de Orys volvió a hacer sus movimientos.

— La coronación ha tenido lugar en Antigua, pero el rey Aegon y sus reinas han vuelto a Desembarco del Rey. Fuerte Aegon será su hogar y yo, como su mano derecha, soy su máximo consejero. Su Mano del Rey. —

No sabía que tanto tenía en conocimiento la mujer, pues aislada había estado de las grandes gestas y festividades realizadas en Antigua. Sin embargo, tomó la molestia de informarle. El título de rey de los Siete Reinos y su Mano del Rey eran nuevos en Poniente, podía comprender que no los entendiese con exactitud, o lo que quería decir aquel último.

— Mi nuevo cargo me obligará a viajar constantemente a Desembarco, por lo que vuestras elecciones serán dos; Venir conmigo o permanecer en Bastión, cualquiera será aceptada de buen grado. Más . . . Seré franco y directo, mi señora, tenemos conversaciones pendientes entre vos y yo. Hoy probablemente no las tengamos todas, pero decisiones importantes se tomarán pronto . . . Ahora sólo me hurgue saber ¿Estáis cómoda, de ánimos o estancia? ¿Ha pasado en mi ausencia algo que deba conocer? —

Desvió la mirada nuevamente, clavando sus ojos sobre los de ella. No volvió a abrir la boca, ya había hablado suficiente, por lo que el turno de responder y decidir su propio futuro era de Lady Argella.

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Jue 28 Ene - 17:02

Pese a que ninguna sonrisa adornó su rostro, Argella tuvo la sensación que se estaba riendo de ella con aquella tosca reverencia. Que se sentara en el trono de su padre con aquella naturalidad, como si le perteneciera, no fue si no otra afrenta que la joven apunto en su ya larga lista.

Escuchó en silencio las correspondientes explicaciones, mas procuró no demostrar sorpresa, no quería que supiera que “los suyos” la habían mantenido todo lo asilada que habían podido. Era vergonzoso y humillante que fuera Orys quien tuviera que ponerla al día de todo lo acontecido, de las repercusiones de la caía de su reino y los avances del conquistador. El término de Mano del Rey le resultó nuevo y confuso, pero las pertinentes explicaciones no tardaron en llegar. Su respuesta tampoco se hizo esperar.

- ¡Permaneceré en Bastión! –su respuesta apresurada dejó salir toda su desesperación. No quería ver a Aegon, ni a sus hermanas ni a nadie que fuera responsable de la caída de su padre. Suficiente tenía con tenerlo que ver a él tan a menudo, no habría sido capaz de soportarlos a todos juntos a la vez. Pero no quería que Orys viese su desesperación ni su miedo, aquello realmente sería su fin por lo que, tras un leve carraspeo intentó solucionarlo.- Alguien deberá quedarse a cuidar de Bastión de Tormentas. –pero ese alguien no tenía tampoco por qué se ella, lo sabía, durante la ausencia de Orys no se había encargado de nada tampoco. ¿Qué era ahora? ¿Qué le quedaba?  

Tal y cómo Orys había dejado traslucir, había llegado el momento de hablar claro.

- ¿Y cómo pretendéis que esté? -sus ojos azules encontraron los de él, francos y directos, extrañamente amables. ¡Cómo odiaba aquella amabilidad suya! ¡Como odiaba aquella suavidad en su trato que le hacía olvidar por segundos que sus manos estaban manchadas con la sangre de su padre!- Soy una paria entre los míos, no tengo papel ni lugar en el que es mi propio hogar. Pero sí, estoy bien alimentada, los dioses no quieran que mi mayor preocupación no sea esa.-bufó en lo que fue un gesto poco femenino pero suficiente para dar más fuerza a su enfado.

- Como bien decís a llegado el momento de hablar claro por lo que aquí va la pregunta que de verdad me atormenta: ¿qué es lo que queréis de mí? –durante días había cavilado sobre ello y muchas eran las opciones que se le habían ocurrido, pero solo una tenía verdadero sentido y no era si no la que más la aterrorizaba. Mas ya estaba harta de vivir con miedo ante un futuro incierto, fuera lo que fuera, quería saberlo ya.

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Lun 8 Feb - 16:08



Situó el codo en el apoyadero del trono, con la palma de la mano abierta depositó la barbilla de su rostro. De esa manera, tuvo mayor comodidad a la hora de posar las miras en la joven doncella que se encontraba ante sus ojos. Una sonrisa bailante permaneció instaurada en todo momento en los labios del guerrero, semi oculta – pero a la vista perfectamente – por la espesa barba que cubría aquella zona de su cara. Decir que se esperaba otra respuesta habría sido una broma, una mentira burda y cruel por su parte, pues intuía los motivos por los cuales ella querría permanecer en Bastión de Tormentas. Muy probablemente no erraría; Era su hogar, dónde más segura se sentía. Tal vez incluso querría aprovechar aquellos tiempos de ausencia para tratar de recuperar el control de sus tierras. Pero sin duda, no quería contemplar la faz de los tres Targaryen, cuyos dragones y contienda fueron las que arrodillaron a los Siete Reinos. A él era a quién más debía odiar, cuyas manos estaban manchadas por la sangre del último rey de la tormenta.

En cualquier caso, Orys movió sutilmente la cabeza aún apostada en aquella posición. De esa manera, dio su venía a la dama de cabellos oscuros de permanecer en Tierras de Tormenta. La excusa era un tanto pobre, considerando su nulo poder en Bastión, más fue algo que él solventó. Si la trató de buenas formas al depositar la capa y darle una copa de vino ¿Porque no hacerlo ahora?

— Sea pues, cuando sea convocado por el rey Aegon, vos permaneceréis aquí. Si os llaman, espero que comprendáis, que también deberéis de acudir, más dudo que esa situación ocurra en exceso, estad tranquila. —

Tras parecer que meditaba sobre algo, pues estuvo unos momentos en silencio y en gesto reflexivo, añadió a sus palabras anteriores;

— Daré ordenes al Maestre y al Castellano de Bastión de que a su jurisdicción se unirá la vuestra. El anciano es sabio y el castellano fuerte, pero vos tenéis la sangre Durrandon y las actitudes necesarias para regir Tierras de Tormenta en mi ausencia. —

Entonces fue cuando se incorporó, usando la fuerza de su otro brazo para impulsarse. Agitó sus propias ropas con las palmas abiertas, cómo si aún tratase de retirar la suciedad que la cabalgadura hubiera podido dejar a su paso. No había nada, solo fue un movimiento disimulado. Su cuerpo estaba habituado al combate y a la montura, incluso al lecho, pero no a un trono. Le incomodaba de sobremanera. A pesar de todo, no descendió ninguno de los peldaños, por lo que su cuerpo se giró lo suficiente como para volver a exponer fija la mirada sobre ella. Siempre fue gustoso de hablar directamente contemplando los orbes de su interlocutor, no solo porque era directo y tenaz, sino porque intuía la mentira.

— Los Siete te sonríen, no lo pongáis en duda Lady Argella. ¿Qué más puede estar en mi mano para que estéis más satisfecha? Las doncellas son gustosas con los bardos, creo que aquí hay . . . Vestidos y joyas, juraría que ya tenéis . . . ¿Pasear más allá de la fortaleza, tal vez? Os pondré una escolta para evitar accidentes o daños innecesarios en vuestra persona. Hablad mi señora y lo que esté a mi alcance así haré. —

Prometió hasta cierta medida, pues en realidad no había que ser adivino para predecir una de las causas por las cuales expondría una escolta en ella. No solo por su seguridad, sino para su vigilancia y evitar fugas. Anteriormente lo dijo, ella poseía la sangre Durrandon. Ello era vital e importante, algo que movía discusiones y posibles levantamientos. Orys lo sabía, era algo hablado con el propio Aegon durante el trayecto de vuelta. Así tuvo que tomar decisiones, dos en realidad, que se convertirían en ofertas válidas para la Argella. La tercera era demasiado agridulce y fatal, esperaba no tener que llegar a tener que ejecutarla.

— Bien, sea pues, las cartas sobre la mesa. —

Cruzó los brazos por encima del pecho, ya habiéndose girado completamente hacía ella.

— Vuestro destino esta resguardado por mi, eso ya es algo que sabéis. Rendisteis, por obligación y sometimiento, vuestro castillo y tierras a mi causa y la del rey. Eso os deja en una encrucijada de la cual solo vos podéis decidir el destino; La primera opción es que renunciéis, escrita y ante todos, de cualquier futuro reclamo, vuestro o de descendientes futuros, sobre las tierras y Bastión, y tras ello se os entregará a la fe de los Siete para servir como septa. La segunda. . . Aquella que originó tamaña contienda hace ya dos años; que aceptéis el matrimonio con un servidor, recuperando de esa manera el prestigió y honra perdida. Estás dos formas mantendrá vuestra vida y seguridad. La tercera . . . No es agradable y seguro que ya la intuís. —

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Sáb 27 Feb - 19:07

Argella dio una honda inspiración y se mordió la lengua, asintió despacio pero no le dio las gracias.- Estoy segura de que la noticia les sorprenderá cuanto menos, pero confío en que os obedecerán. –un poco de burla, un poco de verdad y un poco de menosprecio tiñeron sus palabras, la sonrisa forzada fue la puntilla final.

Sus manos se crisparon contra la madera maciza de los apoyabrazos de su trono. Cada palabra del hombre era como una bofetada, una contradicción en sí misma, era todo amabilidad y era precisamente eso lo que la estaba matando de rabia. No le daba ningún motivo ni razón para odiarlo y precisamente por eso lo odiaba todavía más. ¡Por qué no podía ser el monstruo que había imaginado! Todo sería más fácil así, menos confuso, más digno.

Tragó saliva con pesadez, se contuvo para no saltar cual tormenta enfurecida y hacerlo rectificar. Los Siete no la sonreían pues de ser así él sería el muerto en la batalla y su padre seguiría allí junto a ella, de sonreírle los dioses ella nunca habría tenido que soportar una injuria semejante a la de pasear desnuda y encadenada frente a los que deberían haber sido sus fieles siervos, ni nunca habría tenido que convivir con el asesino de su padre. Si los Siete estuvieran de su padre otra historia habría sido la contada.

- Ambos sabemos qué es lo que me haría estar satisfecha y ni si quiera vos podéis otorgármelo.-nadie podía cambiar el pasado, ni él, ni ella, ni nadie. Sin embargo, mentiría si dijera que el corazón no le había revoloteado emocionado ante la posibilidad de salir de Bastión. En vida de su padre no solía salir mucho tampoco, pero en aquellos tiempos Bastión de Tormentas era un hogar, no una cárcel. Poder dejar atrás la asfixiante sensación del cautiverio, los ojos juzgadores sobre ella, las expresiones de lástima y de burla, la vergüenza…- Sin embargo, reconozco que la opción de salir al exterior es atractiva, pese a que tenga que hacerlo acompañada de carceleros. Tomaré dicha opción entonces.-ambos sabían que aquello era lo más cercano a un gracias que tendría, por mucho que a ella le pesase. No debería de tener que pedirle permiso a él para hacer lo que le placiera, pero esa era su realidad ahora.

Se irguió lo más que pudo desde su posición en el trono. No intentó levantarse, seguiría en una posición inferior a él con su increíble estatura, por lo que pensó que el trono al menos le daría un aire más digno.- En efecto, lo intuyo. –aseguró con voz queda. La tercera opción era, de hecho, la que había esperado la primera vez que se presentó ante él y la que había esperado que se desencadenara tarde o temprano. Era rendirse o morir, vivir como una cobarde o morir como una idiota pues, ¿por qué luchaba ya? A nadie le importaba su lucha ni sus derechos salvo a sí misma, Orys le estaba ofreciendo una salvación, una oferta a la que debería aferrarse como a un clavo ardiendo: poder conservar su vida y sus tierras. ¿Pero a qué precio? Casarse con Orys significaba tener que pasar lo que le restaba de vida junto al asesino de su padre y, peor todavía, darle hijos algún día.

La sola idea la aterrorizó y la dejó sin palabras. Lo observó con sus ojos azules y aterrorizados, tomó una honda inspiración, se mordió el labio inferior. Permaneció en silencio largo tiempo, demasiado tal vez, hasta que por fin encontró fuerzas para volver a hablar.- No es una decisión fácil, yo pierdo de cualquier de las tres maneras. –por primera vez no había rabia en su voz, solo simple y pura tristeza.- Necesito tiempo para pensarlo detenidamente. –no escapó, ni escaparía, ningún por favor de sus labios, pero ciertamente su tono fue un claro ruego.

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Jue 10 Mar - 12:11




— Obedecerán, estad tranquila; Todos en Tierras de Tormentas acatan mis órdenes. —

Respondió el primera estancia hacía la dama, aún esta encontrándose frente a él. Sentada en el Trono, aferrada aún al recuerdo de sus antepasados, permanecía igual de orgullosa y arrogante que su propio padre. Hombre al que no desecharía, pues mostró valor en la batalla, pero tampoco olvidó que estupidez al enfrentarse a tres dragones y a la ira de la que estos hacían eco. Orys no desarmó la postura tomada momentos atrás, por lo que sus brazos permanecieron intactos; cruzados sobre el pecho, dónde la armadura pesaba y el blasón del venado coronado sable sobre fondo dorado. Recordó entonces la presencia del mismo, por lo que hizo mención a ello antes de que Argella rechinará.

— Supongo que ya lo sabéis; He tomado el blasón y el lema de vuestra Casa como propios, en honor al último rey tormenta y a su hija. —

Añadió, sin otorgar excesos de explicaciones que en realidad no venían tampoco a cuento. Aquello era pura táctica, haciéndose más cercano así a los nobles del lugar. Por otro lado, legitimaría sus nuevos derechos y, si Argella aceptaba, otorgaría la sangre que lo consagraría. En caso contrario, alguna otra dama de sangre Dundarron – de algún antepasado – podría ser factible. Orys tenía opciones sobre la mesa, propuestas y sugerencias que el propio Aegon le ofreció. Pero la primera continuaba siendo la más tajante, la mujer que tenía delante era la ideal para el puesto. Más eso no lo diría, pues después de otorgar los diferentes destinos que tenía para escoger, ella reclamaba por algo de tiempo para sopesarlo. ¿Morir, ser septa o ser señora? Parecía demasiado fácil, no comprendía que debía de pensar, más ella caía una y otra vez en su orgullo.

Orys se encogió de hombros deliberadamente, pues recayó en la cuenta de lo poco que le importaba otorgarle ese tiempo. A él no le afectaba, a ella si.

— No serán vuestros carceleros, sino vuestros escudos juramentados. Aquellos que os protegerán de cualquier peligro, mi lady. —

No, definitivamente no era tonta. Se daba cuenta de su posición, aquella que era sumamente delicada, y que él no la dejaría escapar tan fácilmente. Estaría custodiada y vigilada, hasta que tomará la decisión. Dependiendo de cual fuese esta, tendría más libertades y opciones de futuro.

— Os daré la opción de elegir vos misma a quienes os custodien, intuyo que no querréis que sean los mismos que . . . ehm . . . conocí la noche en la que nos encontramos. Puedo sugeriros nombres, guardias de mi propio regimiento y tierras ancestrales, que si bien no tenéis confianza con ellos, os tratarán con absoluto respeto. —

Ofreció como pago a mediación, relajando poco a poco la postura que había mantenido hasta entonces. Sus brazos cayeron a peso muerto sobre el cintó, aquel mismo que había sujetado su espada hasta momentos atrás. La había entregado al maestre cuando entró a Bastión de Tormentas, un lugar al que debía dar aún una pasada para conocer y explorar con atención y detalle. Ver puntos débiles y flacos para solventarlos. ¿Argella los conocería? Aquella duda emergió en su mente, siendo la heredera de su padre, no era del todo una locura, Argilac quizás pudo haberle contado para que la señora en cuestión los protegiera en caso de asedio o ataque. “ No le sirvió de mucho” Pensó poco después, desechando entonces la idea. Él mismo se encargaría de ese detalle al día siguiente.

Aún cuando ella continuaba dando puntillas impropias de su género y condición actual, no dejaba de ser una prisionera a fin de cuentas – al menos así era vista desde fuera, él la trataba adecuadamente – Orys permanecía sereno y calmado, siendo necesario mucho más que ello para encrispar sus nervios o hacerle sacar una vena que ella haría bien en no buscar hacerle relucir. Aquella misma que mató al padre de la susodicha.

— Temo mi señora que aquello que vuestro corazón más anhela hace mucho, dos años concretamente, que los Dioses dieron a bien echar por tierra. Más no podéis culparme de todo, os recuerdo que no fui yo quién inicio la situación que nos llevó a nuestras posiciones en la actualidad.—

No necesitaba defensa, en época de guerra todo era valido y aceptable. Orys ganó con honor y se comportó aún mejor al perdonar la vida de Argella y otorgarle su recato. Sin embargo debió decirlo, recordarle que hubo sido Argilac quién desató la tormenta que causaría la ruina a incontables Casas, el alzamiento de otras tantas, y el reinado de Aegon como el Primero de su Nombre.

— Tendréis hasta el primer aniversario de la coronación de Aegon para tomar la decisión que más se ajuste a vuestros deseos, Lady Argella. Un año, más no puedo ofreceros. ¿Será suficiente para que deis una respuesta debida y bien pensada? —

Orys Baratheon | Bastión de Tormentas | Argella Durrandon




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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Mar 29 Mar - 19:06

Lo sabía, por supuesto que sabía que le había arrebatado incluso aquello, el blasón de su familia, el lema de los suyos bajo el que habían crecido y se habían educado docenas de reyes tormenta, dos ítems que sus propios hijos deberían haber heredado algún día. Se los había arrebatado como le habían arrebatado todo lo demás, de golpe, sin pedir permiso o disculpas avasallando y, aun así, haciendo gala hasta el final de aquella maldita amabilidad suya.

- Lo sé, ¿qué os queda por arrebatarme ya?-su apellido, su apellido era todo lo que le quedaba y, sin embargo, pronto eso le sería arrebatado también.

Le dio la espalda, fijando su mirada en los ventanales y concentrándose en el rubor de las olas que chocaban contra los peñascos. Siempre le había parecido un sonido apacible, un sonido que la calmaba y que la ayudaba a tranquilizarse lo suficiente como para actuar de la manera en que se esperaba que lo hiciera: antes como princesa y heredera Durrandon, ahora como cautiva que, pasara lo que pasara, nunca se rendiría del todo.

- No intentéis adornarlo, serán hombres a vuestras órdenes y lo sabemos los dos. Me protegerán mientras se lo ordenéis pero si deben cortarme el cuello lo harán también sin miramiento alguno.

El sol se iba desvaneciendo y, con ello, también la claridad de la estancia. Los últimos rayos de sol trazaban formas desconocidas sobre el suelo trayéndole recuerdos de su infancia jugando allí bajo la mirada de su padre. Pensar en él le dolía todavía, le daban ganas de llorar y gritar hasta quedarse muda. De empujar a aquel invasor, golpearlo, morderlo si hacía falta para lograr causarle aunque solo fuera la mitad del daño que le había hecho a ella. Pero sabía que no podía hacerlo, que no ganaría nada con ello y, sobre todo, que él siempre sería más fuerte que ella. Aquella noche, en la soledad de su habitación, probablemente lloraría hasta quedar dormida, como la anterior y la anterior a esa, y se odiaría después por avergonzar así a su padre.

- Sea pues. Vos mismo escogeréis quienes serán los hombres que me escoltaran.- el tono venenoso que empleó para la última palabra no podía pasarle desapercibido a nadie.- Yo ya no confío en nadie aquí.

Giró poco a poco hasta volver a encararlo, por un momento, al verlo bien allí de pie en mitad de la sala del trono pensó en cómo podrían haber sido las cosas de ser otra la respuesta de su padre al conquistador: su padre y todos sus hombres seguirían vivos y tal vez ella hubiese aprendido a querer a su marido, quizás hubieran podido llegar a un entendimiento y amar de verdad a sus hijos, quizás… Pero ahora nada bueno podría salir de su unión y, sin embargo, era ya su única solución.

Que le dejase tanto tiempo ciertamente la sorprendió, pensó en conseguir unos días, un mes a lo sumo, un año era muchísimo tiempo en que ella podría intentar encontrar una solución para recuperar el poder perdido o simplemente escapar, pero ambos sabían que aquello no era posible y por eso él se mostraba tan confiado. Pues bien, tal vez tuviera que hacerlo esperar un año entero solamente por el placer de fastidiarlo. Aunque tampoco se engañaba, sabía que, cuanto más esperase, la peor parada sería ella.

- Un año entonces. En un año os daré mi respuesta. Ahora, si no os importa, me retiraré a mis aposentos, estoy cansada.-demasiado cansada de aguantar el tipo y de aguantar su presencia.

Argella Durrandon | Bastión de Tormentas | Orys Baratheon


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Vie 8 Abr - 12:43



De haber sido otras las circunstancias y ella otra persona, no habría sido tan contenido en sus palabras y acciones. Cada increpación era un mal presagio añadido, algo ante lo que Orys no podía ni quería luchar; Él solo labraba combates que pudiese ganar. Había nacido bastardo, hijo del Señor de Rocadragón y ahora era el hermano del rey Aegon I. Durante esos años intermedios, luchó y se esforzó para sobresalir en todo aquello ante lo que él emprendía, cada arma y estrategia era elaborada al milímetro. No era ambicioso, pero no dudó en trepar por las oportunidades que se le ofrecieron. De bastardo a caballero, de caballero a comandante de las fuerzas del rey dragón. De ello. . . A señor de su propio bastión, literalmente. Solo le faltaba amansar a la fiera que tenía delante, como sangre de dragón que corría por sus venas no le sería complicado someter al último cervatillo con corona.

Por otro lado, no quería ni necesitaba someter con arrojo a la doncella; caería bajo su propio peso, bajo su propia decisión. Orys nunca había obligado a una mujer a yacer con él, Argella no sería una excepción a ello. — Tenéis vuestra vida. — Determinó y zanjó aquel punto que ella misma había sacado. Muchos otros habrían cegado la existencia de la heredera de Arligac el Arrogante, pero el comandante no permitió que aquel fuera el destino de la mujer. Ella que poseía sangre de dioses y reyes corriendo por su circulación, no merecía ser olvidada en la historia como una cautiva o víctima de guerra. Orys en ella vio una oportunidad para ambos, solo si ella sabía como jugar las cartas que las traicioneras palabras de su padre le hubo otorgado. Los ecos de las olas retumbando contra la piedra desnuda de a Bahía de los Naufragios fueron llegando a sus oídos, más a pesar de su fuerza, no era nada en comparación con la Última Tormenta, aquella batalla que le proporcionó la victoria, un señorío . . . una orgullosa doncella.

Asintió al escuchar también el beneplácito de la mujer, que daba por aceptado que él le proporcionará la guardia indicada. Había tardado en oírla, culpa del rubor de las olas al golpear los cimientos de Bastión de Tormentas. — Nadie os hará daño alguno, tenéis mi palabra. Vuestra vida esta garantizada, por lo que podéis confiar en mi palabra si bien no lo hacéis en mi. — Fueron las últimas palabras que él le dedicaría en aquella noche que ya caía sobre sus cabezas. Los ventanales le proporcionaron la confirmación cuando ya no hubo rayos del astro rey reflejados en las cristaleras o en los tronos parejos de la sala. Agitó la mano mostrando la puerta, una que ella bien conocía y cuyos caminos podía recorrer incluso aún mejor que él. A pesar de que las anteriores fueron las últimas que ella escucharía de sus labios, cuando la vio abandonar la estancia un murmullo fue eclipsado por la tormenta desatada en el exterior. — Buenas noches mi señora. —

Orys Baratheon | Bastión de Tormentas | Argella Durrandon




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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Miér 13 Abr - 15:36

II. Among beasts
Se había negado a asistir a la salida de caza de todas las maneras habidas y por haber: había gritado enfurecida que no iría, lo había repetido con calma llana, presentado docenas de excusas por las que su presencia no sería bienvenida, había fingido encontrarse mal, no tener ropa adecuada que ponerse... solo le había faltado pedirlo por favor. Pero el orgullo y, en gran parte el presentimiento de que no serviría tampoco para nada, no se lo había permitido. Así que allí estaba, frente a las puertas del patio de Bastión esperando por la llegada de los conquistadores que habían orquestado la caída y muerte de su padre. Debería mostrarles respeto, inclinarse ante ellos y tratarlos como reyes, ella, la verdadera realeza allí, debería actuar como una servil doncella ante aquellos que tanto detestaba. Orys la había prevenido con su manera sutil y condescendiente de decirle las cosas, ella lo había detestado todavía más por hacerle pasar por aquello.

Estaba decidida a comportarse de forma digna y no dejarse avasallar, pero en cuanto el aviso de la llegada de la comitiva Targaryen empezó a escucharse le empezaron a temblar las piernas y, al ver a Aegon y sus hermanas (se negaba a llamarlos reyes más allá de lo estrictamente necesario) casi estuvo a punto de perder las fuerzas y caer de bruces al suelo. Solo la ayuda de una de sus criadas la mantuvo en pie y solo la pura fuerza de su cabezonería la ayudó a resistir el consiguiente rato en presencia de los Targaryen. Tuvo que cenar con ellos y se sintió más una extraña que nunca antes en su propia casa, pues pese a que comió en la misma mesa, ella pareció ser invisible casi todo el tiempo. Contrariada y avergonzada se prometió no salir de sus aposentos hasta que se marchasen, pero aquella misma noche fue informada de la partida de caza que se celebraría al día siguiente y a la que ella debía de asistir por orden expresa del señor.

Incluso ahora, mientras era ayudada por un mozo a descabalgar de su yegua, seguía despotricando internamente contra Orys y negándose si quiera a mirarlo. Además, para acabar de empeorar las cosas, no solo debía soportar la presencia de los Targaryen si no también la de los nuevos vasallos de Orys los mismo que, en su día, la traicionaron a ella. Con expresión solemne avanzó hasta las carpas montadas para que las damas, que no saldrían de caza, tomaran algún refrigerio y se entretuvieran con charlas mientras los hombres se dedicaban a su más salvaje entretenimiento. Algunas damas, que en otro tiempo se deshacían por hacerle la pelota, ahora la miraban con una expresión entre la lástima y la burla. Pero ella, poco presta a dejarse humilla dejándoles ver lo que la afectaba, elevó el mentón y continuó avanzando sabiendo que su destino probablemente sería el mismo que en reuniones anteriores, restar sola un un rincón, la apestada. Pero mejor sola que mal acompañada se recordó.

Aegon Targaryen, por contra, presentaba un humor mucho menos fatalista que la joven Durrandon. Ver de nuevo a Orys le había provocado un buen humor instantáneo así como contemplar la expresión contrariada de Argella y comprobar que todo lo dicho por Orys parecía ser muy cierto. La apuesta realizada con sus hermanas todavía seguía en pie y el rey estaba seguro de resultar el ganador. Argella no parecía tener intenciones de aceptar la propuesta de matrimonio, no pronto al menos, lo que conllevaba su parte menos divertida también y otro motivo pro el que estaba allí: apremiar a Orys para que fuera él quien tomase pronto una decisión.

- ¿Puedes asegurarnos que encontraremos buenas presas en este lugar? Visenya esta deseosa de cazar algo tras tanto tiempo de calma. -en tono jovial se dirigió a su mediohermano, que estaba siendo abordado también por un tal lord Swann, deseoso de empezar él también con el movimiento o, más bien, de poder tener un momento a solas y distendido con Orys en el que poder hablar con confianza y sin terceros escuchando.
Argella Durrandon y Aegon Targaryen | Coto de caza | Orys Baratheon, Targaryen y Otros


Última edición por Red el Mar 10 Mayo - 13:33, editado 1 vez


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Miér 20 Abr - 16:24



Sugerencia de Rhaenys había sido aquel encuentro, en susurros velados al oído de Aegon. Al final, la idea parecía haber sido confeccionada por el propio soberano. La causa era tan franca como sencilla; La joven dragona tenía claras intenciones de ganar la apuesta. Ataviada en sus mejores galas, hubo sido parte de aquella comitiva que fue encabezada por las tres cabezas de dragón. Buenos caballeros los seguían, señores de dispares territorios que jugaban a ganarse el favor de los nuevos conquistadores del continente. Las bestias que desde Valyria habían llegado, habían quedado a buen recaudo en Rocadragón. De buena gana hubiera cabalgado sobre estos, el camino habría sido más rápido, pero debieron de seguir la marcha de sus nobles y acercarse al mismo pueblo que habían mermado en los dos últimos años. Visenya había acompañado a sus hermanos, como era de esperar, más a diferencia de la joven se hallaba predispuesta en otros ropajes de más seguridad y confeccionados en acero. Hermana Oscura colgaba del cinturón, la expresión del rostro no invitaba a ser interrumpida de los pensamientos que brotaban en su mente, más entre las dos hermanas-esposas establecieron charlas amenas cada cuanto en cuanto, según las hectáreas y descansos organizados.

En Bastión de Tormentas fueron todos recibidos, grandes y pequeños señores por igual, pero las más magnanimas gestas fueron para con los Targaryen. Orys así lo predispuso, pues estos no solo eran ahora sus soberanos, sino que siempre serían sus medios-hermanos. La llegada de su mejor amigo fue celebrada con honores, y a él se dirigía en casi toda la velada – no ignoraría a las reinas, claro esta, pero pasó más tiempo con Aegon –. Durante el banquete, insistencia de los tres invitados de mayor importancia, se decidió que se realizaría una partida de caza al día siguiente. El Bosque real era el punto que se interponía entre Tierras de la Corona y Tierras de Tormenta, un amplió coto de cacería con muchos animales y extensiones de árboles, cuevas, pequeños ríos y lagos. Él lo conocía de mejor mano que el nuevo rey de los Siete Reinos – a excepción de Dorne, un punto que no fue mencionado por decoró a Rhaenys – ya que lo hubo cabalgado tanto en la Guerra de la Conquista como en las semanas anteriores en un esfuerzo de conocer mejor sus propias fronteras. De Argella recibió las más incontables protestas, a las que oídos sordos hizo. “ Te advertí que si ellos requerían tu presencia, no podría negarla. Diste tu palabra, no daré vuelta atrás con la mía ” Le dijo a la mujer durante la noche y nuevas intervenciones no le dedicó al día siguiente.

Mientras Orys y Aegon, junto a otros nobles de ambos territorios – y otros más procedentes de la corte –, se encargaban de la cacería, Visenya se separó del grupo. No había querido acompañar a los hombres, pese a la invitación de estos, por el mismo sector del lugar. Se adelantó a estos, yendo en solitario. — Venados, jabalíes, conejos, cisnes. . . Muchos son los animales que habitan estos bosques y que, como dice su nombre, están a tú servicio y disponibilidad. Solo los Dioses saben hacía que rumbo habrá ido Visenya, y no me preocuparía por su seguridad ni por lo que ella cace; más bien me preocuparía de no quedar peor que ella. — No era un secreto para nadie que la ausente reina era una guerrera consumada, nivelada a cualquier hombre o incluso superior a muchos de ellos. Se dirigió con aquellas palabras a su medio hermano, tratando de ignorar gentilmente las incursiones del noble Swann que tanto le había comido la oreja durante el trayecto realizado. Junto al mencionado, su rey y otros tantos, emprenderían el camino por matorrales.

Rhaenys no quedaría atrás en los preparativos, su atención a los detalles le valió de más información de la que creyó que tendría disponible. Los elogios fueron dirigidos hacía su persona, a los cuales con su sonrisa encantadora devolvía. Se estaba haciendo un nombre, un gran espacio, entre las gentes de los reinos. Aquel día, entre los nobles de Tierras de Tormenta. Su presa sin embargo no era un conejo, un jabalí o mantener su estatus superior a cualquier otro, menos aún un señor para su hija como así buscaba Lord Swann, sino una cervatilla que orgullosa era y sin corona por ello se encontraba. — Lady Argella. — La llamó al aproximarse a esta, anunciando de esa manera su propia presencia. Parecía solitaria, distanciada de cualquier otra dama de las muchas presentes en el lugar. Una copa de vino del Rejo bailaba en la mano de la hermana-esposa de Aegon I, encaminándose hacía la mencionada doncella. Un título que recalcó en su mención. — ¿Qué estáis haciendo en tamaña distancia? — Muchas miradas se posaron entonces en la figura de la reina y la dama cuya sangre, si bien real, ya no era más que un vago recuerdo del pasado.


Negrita  — Habla Orys.
Rojo — Habla Visenya.
Indigo — Habla Rhaenys.
Cursiva — Hablan Otros Npjs.

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Lun 25 Abr - 12:55

II. Among beasts
Que Visenya decidiera cazar en solitario no le sorprendió, tampoco el hecho de que Rhaenys prefiriese quedarse junto al resto de mujeres en las carpas. Sin embargo, sospechó que no eran ni los dulces ni las charlas sobre los últimos cotilleos que la esperaban lo que la habían hecho declinarse por tal opción, si no más bien cierta cervatilla orgullosa a la que allí podría dar caza. La apuesta realizada días atrás todavía era recordada por el soberano, ¿pretendería la menor de sus hermanas-esposas hacer alguna sutil trampa? Tal vez, pero aunque así fuera muy probablemente la intervención de Rhaenys les sería de ayuda. Como había expresado en el banquete en Fuerte Aegon la decisión debía tomarse con premura pues no podían estar esperando eternamente, por lo que tal vez Rhaenys consiguiese algún avance satisfactorio, pese a que pudiera hacerle perder la apuesta.


La voz de Orys lo sacó de sus planes atraiéndolo de vuelta como una mano que tirase de él hacia la realidad. Asintió tras echar una última ojeada al lugar por el que Visenya se había desviado, su hermana-esposa sabía de sobras cómo defenderse y Orys tenía razón.- Los dioses no quieran que consiga más presas que nosotros o el camino de vuelta se hará tremendamente pesado. -Visenya no era buena ganadora, aunque era peor perdedora. - Un venado sería una pieza ideal para un señor, ¿no crees? -el doble sentido estaba claro, Aegon le habló de tú a tú apretando el paso para que Orys lo siguiera y se distanciase algo del resto de señores.

Mientras tanto, en la zona de las carpas, Argella había encontrado su propio rincón solitario donde pesaba pasar lo que le restaba de velada. Pero sus suposiciones se verían pronto contrariadas cuando la menor de las Targaryen decidió acompañarla y en cuanto la escuchó pronunciar su nombre se puso en guardia. La última vez que había visto a Rhaenys Targaryen fue el día en que las tropas de Orys tomaron Bastión de Tormentas de modo que aquella mujer la había visto en su peor y más humillante día era, como Orys y tantos otros nobles presentes, un recordatorio constante. Esperó que hiciese algún comentario malintencionado, pero no detectó burla alguna en su pregunta.

No por eso se fió.

- No he creído que mi cercana presencia fuera a ser bienvenida por nadie... majestad. -le costó todo un mundo pronunciar tal palabra y muy probablemente se notó en su tono cierto toque furioso, pero los dioses sabía que lo estaba intentando. Las hijas de lord Swann no les quitaban los ojos de encima mientras cotilleaban en susurros entre ellas como si pensasen que nadie iba a darse cuenta. Argella tomó una honda inspiración, tal vez para intentan captar algo del aplomo que temía estar empezando a perder, tal vez para combatir la molesta sensación de ahogo que empezaba a marearla pues todo aquello estaba resultando mucho más difícil de lo esperado.

Rojo Oscuro - Habla Aegon
Negrita- Habla Argella

Argella Durrandon y Aegon Targaryen | Coto de caza | Orys Baratheon, Targaryen y Otros


Última edición por Red el Mar 10 Mayo - 13:34, editado 1 vez


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Sáb 30 Abr - 13:13



— ¿Pesado? — Se mofaría el señor de Tierras de Tormentas. Hubiera continuado el alegato, pero sus oídos se distrajeron con aquello que captaban. No eran sonidos de animales a los cuales pudiera dar caza, tecnicamente, pero si conversaciones entre algunos de sus nobles. Parecían animar a Lord Swann con cierta pretensión en la que, a priori, se encontraba vinculado de alguna forma a la que no alberga conocimiento. Se encogió de hombros y decidió ignorarla. Finalmente la gurutural carcajada escapó de él, inflamando su pecho oculto por el jubón en el proceso. — Medio reino sabría de nuestra fallida empresa, no queramos ser el hazmereír — Si bien el tema era un asunto serio, lo suficiente como para que ambos se lo tomasen de esa manera, él relajaría la escena con la posibilidad de unas risas bien llevadas. Tras dos años de contienda, un poco de descanso no estaría del todo mal. Sobretodo con su perpetua atención hacía las tierras dornienses, cuyas marcas hacían fronteras entre ambos reinos. — Ya tengo uno en el blasón, otro en los estandartes y en el maldito jubón. — Recordaría al rey, aunque no llegaría a captar del todo la referencia que se le fue dicha. Su escudero, ante una señal del señor, se acercaría a él y le proporcionaría una bota de piel, a la cual daría un sorbo para saciar la sed acumulada de la travesía.

A pocas leguas de allí, continuaban las doncellas intercambiando conversaciones y cuchicheos. Las hijas del noble más poderoso de Tierras de Tormentas parecían cuasi ofendidas ante las referencias de la reina y la princesa exiliada. Así la trataban todos ellos, con cierta indiferencia y pena, pues nadie era ya, ni siquiera su Casa formaba ya parte de las importantes. Mismo estandarte y lema, pero distinta era la Casa que ahora la cargaba. Igual que el trono de Tormentas. Rhaenys extendió una mano hacía la mujer que se hallaba frente así misma, sin retirar la sonrisa que su rostro decoraba. Oídos sordos hacía a cualquier ademán a sus espaldas. —  Pues creo que os halláis equivocada, considero vuestra presencia muy importante para todas nosotras. — Se giró para las demás mujeres que detrás se encontraban, clavado los orbes índigo sobre las mismas. Ellas dieron un pequeño sobresalto, aunque no tuvieron que pensarlo ni tampoco se les proporcionó tiempo para ello. Asintieron y secundaron, claudicaron en favor de las palabras de la hermana-esposa de Aegon I. No lo hicieron por voluntad o gusto, desde luego. Rhaenys lo sabía y se aprovechó de ello. Al retornar sus atenciones hacía Argella, agitó la mano nívea y suave para que la tomará finalmente. Cantarina fueron sus palabras.   — ¿Veis? No os quedéis ahí sola, disfrutaremos de la compañía mutua. De hecho, ¿Porque no hablamos? Temo que conozco más a estas nobles que a vos, algo que se debe remediar. —


Negrita — Habla Orys.
Rojo — Habla Visenya.
Indigo — Habla Rhaenys.
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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Jue 12 Mayo - 14:28

II. Among beasts
- Habrá pues que dar caza a buenas presas pues casi creo ser capaz de escuchar el arco de Visenya tensándose para atacar. -bromeó, por supuesto, pues ni si quiera el gran Aegon Targaryen era capaz de tales hazañas. Mas estaba seguro que su hermana-esposa no perdería tiempo en cazar a cuanta presa se le pusiera por delante. Tampoco lo haría Rhaenys, a quien ya había visto dirigir significativas miradas hacia lady Argella.

- Y aun así me atrevo a decir que te falta otro. -los labios del rey se curvaron en una sonrisa divertida al advertir de la poca entendedera que estaba haciendo gala Orys.- ¿Tal vez uno que se siente en un trono junto a ti? -entre las comisuras de su sonrisa burlona se asomaban sus dientes blancos como perlas casi a juego con sus cabellos platinados. Tras ellos, los señores que les habían acompañado no se perdían detalle, espiando disimuladamente cada palabra dicha por sus señores. De entre todos ellos, fue solo Lord Swann el que se atrevió a acercarse sin invitación probablemente con la intención de intervenir. Pero cuando se encontraba a escasos metros una libre pasó trotando frente al grupo robando la atención sobre cualquier otro asunto. Aegon alzó su arco, rápidamente cargado, y salió tras los perros que ya se habían lanzado tras la presa.

***

Argella no se fiaba de las aparentes buenas intenciones de la reina Rhaenys. No se fiaba de ninguno de ellos, ni del rey, ni de sus reinas ni de Orys. Pero aunque no quisiera admitirlo, por mucho que pudiera pesarle, no pudo evitar sentir cierto regocijo cuando las damas que las observaban se encogieron y doblegaron tan rápida y ridículamente ante los deseos de la reina.

-En realidad no hay nada interesante que explicar, no sé que podría interesaros de mí. -Argella miró a Rhaenys de hito en hito, la mujer con la que, si las circunstancias hubieran sido otras podría haber tenido que compartir hogar y marido. No era tan temible como su hermana, Visenya, quien no le había dedicado a Argella más que una mirada y un fruncimiento de ceño. Rhaenys parecía agradable y cercana, casi una amiga. Pero Argella sabía que podía ser tan terrible como cualquiera de sus hermanos.- Si me lo permitís, no entiendo de qué importancia puede ser una mujer que ya no tiene nada.

Rojo Oscuro - Habla Aegon
Negrita- Habla Argella

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Lun 16 Mayo - 13:19



Cargó el cuerpo del venado sobre la montura, aquella que sujeta estaba al saliente de un árbol para impedir su marcha. El animal relinchó ante el peso añadido, pues poco no era ya el que cargaba. En el interior de un bolso confeccionado en cuero, tres liebres y una codorniz se encontraban en su interior. La sangre salpicaba el suelo cubierto de espesa mata de sinople tonalidad, sabiendo que atraería a otras bestias que en el futuro sus presas serían. La mujer se meció los hombro, acariciando la zona donde el cuadrúpedo animal estuvo. El arco descansaba, en aquellos instantes, posado contra su espalda al igual que el carcaj que cubierto de flechas reposaba. — Y ya van cinco. ¿Qué será el sexto? —

* * *

La animada y divertida conversación entre ambos hombres se vería prontamente interrumpida. No porque alguien ajeno a ella interviniera, eso no ocurriría de momento, sino por los matices que esta misma adquirió. A aquellas alturas poco o nada le importaba si Visenya conseguía más presas que ellos, en realidad si pero no fue lo que más le exasperó, sino el nombramiento que en referencia hacía a un matrimonio. Y no a uno cualquiera, al suyo, con Argella. El fornido hombre alzó una ceja por el comentario, contemplando como su hermano sonreía como si de un infante que hubiera elaborado una gran broma se tratase. De no haber sido su hermano, y tampoco su rey, hubiera roto aquellos dientes de un puñetazo por semejantes aires. Sin embargo, procediendo de él, no hizo más que airarlo.

Y devolverle el favor. — Y un reino necesita herederos. Tienes dos esposas, dales uso. — Claro que fue incluso más directo, Orys carecía de esos matices disimulados. Un hombre curtido en batallas, no hacía menesteres de la nobleza y sus alardes. Tras su comentario, ignoró si Aegon hizo amago de respondes, pues los pasos de Lord Swann lo alcanzaron, obligando al nuevo señor de Bastión de Tormentas a ladear el rostro. A punto había estado de disparar una flecha rumbo al orondo hombre que se le acercó. — Mi señor, me gustaría ofrecerle una vez más . . . — El ladrido de los perro interrumpió las palabras del individuo, que hastiado resoplaría con desgana. —  Si, si. . . Luego hablamos. — Agitó la mano para despejarse el camino, apartándolo de la trayectoria que los animales siguieron. Aegon no tardó en secundarlos, al igual que Orys que los persiguió.

Lord Swann, de piernas más cortas y estomago bastante abultado, corrió detrás de ellos . . . Ojala se lo hubiera ahorrado, no era una visión digna a contemplar. Algunos nobles, detrás de este, se echaron a reír.

* * *


A Rhaenys no le gustaba insistir, siempre conseguía aquello que se proponía. Más caprichosa que Visenya, se hartaba de obtener lo que anhelará. En el pasado a Aegon, hoy a Argella comiendo de su mano. No pararía en sus esfuerzos hasta lograrlo, aquel era el objetivo de la treta orquestada en forma de apuesta elaborada. Así pues, a pesar de que la tormenteña no aceptó su mano – cosa que hizo sentir a la reina airada – estiró igualmente el brazo hasta alcanzar el de la peli azabache. Así lo enrolló al suyo, obligandola a mantenerse junto a ella a pesar de sus rechazos físicos y verbales. La sonrisa no se borró en ningún momento, sino que pareció incrementarse como si hubiera escuchado un comentario divertido. — Todo el mundo puede parecer muy interesante, incluso aquellos que no tienen nada. — Recalcó aquellas últimas palabras, siendo las mismas que Argella mencionó. — Pero la diferencia entre los que parecen y los que realmente lo son, es que estos últimos captan mi atención. — Hablaría en susurros, como si velados secretos le estuviera confiando a una buena e íntima amiga. El resto de las nobles presentes parecían imitar a sus esposos, padres y hermanos con el rey y Lord Orys, pues pendientes estaban de los movimientos de las dos mujeres. De ello, y de intentar captar alguna referencia de sus palabras a través de sus oídos. — Y vos sois de ese tipo de personas, Lady Argella. —

Realizó una escueta pausa, la suficiente para que los pasos se fueran orquestando y, al mismo tiempo, alejando de la compañía de las otras allí presentes. — Y si os dijera . . . ¿Qué aún tenéis mucho que ofrecer en este juego? No sois una pieza caída sin más, sois una que puede alzarse una vez más. Claro que . . . Depende de vos, otras podrían adelantarse hoy, piezas que ni siquiera estaban ayer en el tablero. — Dirigió la mirada a las damas, pues giró el cuello para contemplarlas brevemente. De esa manera, hizo referencia a estas, esperando que la tormenteña captará su intriga.

Aunque, con aquel suspense, debería de haber conseguido al menos el interés de Argella. La promesa de lo perdido, parcialmente, era aliciente suficiente.

Negrita — Habla Orys.
Rojo — Habla Visenya.
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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Miér 8 Jun - 16:58

II. Among beasts
El comentario de Orys lejos de enfadarlo o hacerle sentir insultado, como si habría sucedido de haberlo hecho cualquier otra persona, solo atrajo una carcajada a los labios del rey. Con Orys era con el único, a excepción de sus hermanas-esposas, con el que tenía aquella confianza y camaradería que permitía a ambos decirse cualquier cosa, incluso aquellas que no se quería escuchar. Por toda respuesta Aegon inclinó ligeramente la cabeza como en una pequeña reverencia aceptando así mudamente que su mediohermano había ganado el pequeño combate verbal. Contrariamente a lo que se pudiera pensar Aegon Targaryen sabía perder una batalla con deportividad, otra cosa distinta era el perder una guerra. Su conversación con Orys no acababa allí pero, por el momento, le dio un descanso.

Los perros se habían internado en lo profundo del bosque por lo que tuvieron que apartar ramas y arbustos para poder seguirlos. De pronto se encontró en un claro donde, acorralado entre los perros y un pequeño arrollo, un jabalí aparentemente joven intentaba plantar cara a los canes.

***

Rígida, sabiendo que no podía negarse ante los avances de la reina pero deseando que se mantuviera lo más lejos posible, Argella a penas se movió cuando Rhaenys enrolló su brazo entorno al suyo y la instó a acercarse más para poder hablar a susurros. Las palabras de la reina la dejaron fría, entendiendo de pronto que ella debía de saber ya que Orys le había planteado casarse y que ella había pedido tiempo. No debería de ser asunto de la Targaryen, si no solo suyo, pero como ella misma había mencionado ya no poseía nada, todo lo suyo era de otros ahora.

Sin embargo, aunque le habría gustado mostrarse indiferente ante sus palabras, le caló hondo el mensaje y enseguida lo comprendió en su totalidad en cuanto Rhaenys lanzó su significativa mirada a las damas que las acompañaban y que, desde la lejanía, no les quitaban la vista de encima por mucho que intentaran disimular estar inmersas en sus propias charlas. La hija de lord Swann tenía su propia grupito bien formado que la escoltaba y entre las que también se susurraba secretos. En su día la había considerado su amiga, pero cuando fue claro que su destino estaba condenado cualquier tipo de amistad que hubiera creído compartir con ella se esfumó.

Argella clavó su mirada en la joven, una de aquellas miradas que de poder matar bien lo habrían hecho, la joven Swann la miró a su vez, alzando el mentón con orgullo. Pensamientos impropios para una dama empezaron a llenar su cabeza cuya protagonista no era otra que lady Swann y, aunque en menor medida, también contra Orys Baratheon. ¿Es que tras plantearle a ella el compromiso también hizo lo mismo con los Swann? ¿O tal vez pretendía adoptar la misma costumbre que su hermano y tener dos esposas?

- Os pido que habléis claro pues nunca me ha gustado darle vueltas a las cosas, ¿está Orys interesado en contraer matrimonio con la joven Swann?

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Sáb 18 Jun - 12:48




Renovados fueron los intentos de Lord Swann de continuar sus avaces con Lord Orys, cada detención que ejecutaron era un paso más cerca de la aceptación. Aquello era lo que pensaba el orondo señor de Timón de Piedra, ocioso en relacionar a su Casa con la señorían de Tormentas y, en consecuencia, con la mismísima realeza Targaryen. La nueva cabeza de aquellas tierras pensaba muy diferente, dándose cuenta de los avances que el individuo anterior buscaba de él. Su primera opción sería Argella, no solo por cimentar el terreno y la fortaleza con su sangre, sino porque así lo había prometido. Quería honrar a su progenitor con aquel enlace, para que así el nombre de la antigua princesa no quedará en el olvido. Un año tenía para aceptar, en caso de que declinará el ofrecimiento atendería con razonable gusto el de Lord Swann.

Así la mente de Orys ocupada estuvo, evadiendo como pudo las conversaciones del señor tormenteño para ocuparlas con otras más ociosas con el rey Aegon y la cacería. El jabalí sin ir más lejos ya estaba en el alcance de su flecha, por lo que ambos hombres dispararon al unísono.

* * *

El silencio de Rhaenys no duró en exceso, siendo quebrado tan pronto cuando pareció que Argella comprendió el punto de sus palabras. Antes de encausar la conversación, eso sí, continuó tomando del brazo a la peli azabache y recorriendo el sendero de hierba fresca bajo sus pies. Dejando distancias cada vez mayores entre ellas y el grupo de damas. — Orys no esta interesado en ella . . . Aún. — Resolvería su duda, a la manera particular de Rhaenys. Su sonrisa bailante demostraba así que, con el tiempo, ello podría cambiar. La reina poseía mucha intuición para aquellas cosas, uniones factibles había cimentado ya para formalizar la cercanía de los antaños diferentes reinos del continente. — Tengo entendido que os pidió la mano, un plazo acordado para recibir vuestra respuesta se os dio. Si rechazáis . . . ¿Hacía dónde irán sus atenciones entonces? Los Swann son los vasallos más poderosos de Tierras de Tormentas, podrían servir tan bien como vos para los propósitos de Lord Orys. — Directa y sin andarse por las ramas, así fueron las palabras de la joven y bella dama. Así se las pidió la propia Argella a fin de cuentas.

— ¿Permitiríais que ella ocupará vuestro lugar en Bastión? —


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Sáb 23 Jul - 12:35

II. Among beasts
Las flechas rasgaron el aire directas hacia el jabalí. La flecha de Aegon le dio en el muslo, provocando que la pata temblase y cojeara, pero no fue suficiente para tumbarlo, arreó una coz a uno de los perros que salió disparado en el aire. El suelo se manchó de gotas de sangre mientras el resto d ellos perros se lanzaban a morder las patas o aquello que pillasen y evitar la huida del animal.- ¡Una lanza! -pidió a voz en grito mientras un muchacho en la retaguardia se apresuraba a cumplir con su mandato.

Un joven jabalí no era mala manera de empezar con su particular cacería y, si su suerte continuaba, ganaría además la apuesta realizada con la mayor de sus hermanas-esposas. Visenya detestaba perder tanto como él, si no más, por eso estaba seguro de esta no se contentaría solo con una presa, cualquier animal que se cruzase en su camino sería víctima de sus flechas.

***

Aunque no deberían, las palabras de la reina la calmaron ligeramente. Saber que Orys todavía mantenía su palabra era extrañamente reconfortante. Todavía tenía tiempo, todavía no estaba todo perdido, pero como muy bien le recordó también Rhaenys no sería así para siempre. Tarde o temprano se le acabaría el tiempo o, peor, a Orys se le acabaría la paciencia. Un año era mucho tiempo, ¿de verdad podría Orys esperar tanto por una respuesta tan simple como un sí o un no? Pero aunque la respuesta pudiera ser aparentemente sencilla no lo era lo que significaba.

La pregunta de Rhaenys, en cambio, si que halló pronto una respuesta contundente.- No.-clara y feroz frunció el ceño enviando una nueva mirada a la doncella Swann.- Bastión de Tormentas es mío. Nadie conoce estas tierras mejor que una Durrandon. -ella se había preparado para ocupar su lugar como reina algún día. Ninguna corona reposaría ahora sobre sus cabellos azabaches, pero Argella no pensaba permitir que los Swann se quedaran con lo que era suyo. La habían preparado para convertirse en la soberana de Tierras de Tormenta y eso mismo sería, ella y no otra gobernaría. Aunque tuviera que hacerlo junto al asesino de su padre.

- He aceptado mi destino, pero no me he resignado a desaparecer. -por increíble que pareciera, era fácil sincerarse con Rhaenys Targaryen, quizás porque ya no tenía a nadie con quien hablar, quizás porque sentía que lo allí dicho entre ellas no saldría de allí.- Es difícil, sin embargo, dada la historia de Orys y mi padre dar un sí definitivo. La ausencia de mi padre todavía me duele, debo estar preparada antes de dar mi respuesta definitiva. -debería de volver a estar al pleno de sus fuerzas para resistir todo lo que vendría después.- ¿Por qué, no obstante, parecéis vos tan interesada en un enlace entre Orys y yo? Esperaba de hecho que vos lo condicionarais a escoger a otra. -Rhaenys habló con franqueza, ella también.

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Sáb 30 Jul - 16:14



Nueve eran las piezas que consigo cargaba, nueve las que su garañón podía llevar. De distintos tipos y tamaños, pero insuficientes para satisfacer su orgullo personal. La Reina Visenya, a pesar de todo, apresuró el paso de la montura al sujetar con firmeza las cuerdas, recorriendo de vuelta el camino sin labrar. El Bosque Real era grande e inhóspito, más no era un peligroso para la descendiente de Valyria. Sus secretos no eran problema para sus flechas o Hermana Oscura, que colgaba del cinturón en la cadera. Tampoco la posibilidad de perderse, pues mujer cauta era y había marcado el camino de retorno en algunas ramas de los árboles ya pasados de largo.

En poco tiempo, ladridos procedentes de arbustos más adelantados llegaron a los oídos de la mujer y así de lleno se encontró con los caninos rodeando a un jabalí recién cazado. Sobre la montura, la reina Visenya poseía un porte digno y majestuoso, más su belleza continuaba sin ser comparable a la ausente Rhaenys. Una mirada fría recayó sobre los allí encontrados, algunos que no reconocía – por no considerarlos importantes – y otros así lo eran, como su hermano-esposo y Lord Orys. A este último le dedicó un cabeceo, pero pocas palabras fueron ofrecidas.

— Gran disparo, alteza. — Era a él a quién contemplaba lanza en mano, por lo que consideró que la flecha fue suya. Aquel era solo un amago de remate. — Pero ese jabalí esta enfermo. Si consumimos su carne, estaremos en las mismas penosas condiciones que él. — Y a aquella deducción llegó cuando señaló al camino, donde las heces del animal se veían mermadas, más líquidas que sólidas. Con una sonrisa victoriosa, pasó de largo con su caballo, presumiendo sobradamente de las esplendidas piezas que estaban expuestas en sus sacos y parte posterior del caballo.


* * *

Rhaenys se mostró satisfecha cuando escuchó sus palabras, si bien no eran en su totalidad lo que quería oír, si era un primer paso a ser considerable. Bajo las altas copas de los árboles, siendo así tapadas por las sombras que estos expandían, ambas nobles mujeres se hallaban paseando. Si bien lo que hablaban era secreto, quizás otros lo intuyeran. Los libros de historia jamás lo mencionarían, pero lo elaborado en el Bosque Real cambiaría el sino de ambas Casas para siempre.

— Entiendo bien vuestro dolor, aunque fui participe del mismo. Muy diferente habría sido el resultado de haberse aceptado, el destino cambio las cosas para un desenlace semejante. — Si el difunto rey tormenta hubiera aceptado a Orys como yerno, todo sería diferente. Sin embargo, rechazarlo abiertamente había sido la excusa para Aegon y sus hermanas-esposas para alzarse sobre Poniente. Todo deliberadamente planeado, cosa que nunca se diría salvo para los cuatro hermanos.

La mujer de mirada violácea hizo recaer esta hacía la acompañante, era fuertemente el contraste entre ambas. — Pero vuestro luto debe concluir, Argella. Otras podrían aprovecharlo, Orys es un hombre de atractivo obvio y ¿Quién sabe? Tal vez de apetitos considerables, si se excede podría dejarse seducir por alguna otra. Ya he mencionado cual es la más obvia después de vos, y su padre ha salido con él de caza. — Realizó una escueta pausa, pendiente de que continuaran a solas. — Os considero la más indicada para él, digna por apellido y nobleza. ¿Qué más motivo podría tener? Vuestros derechos prevalecen, el núcleo de poder podría acrecentarse con vuestra unión. No deseo más guerra, no deseo que hayan más muertos para Poniente. Fuego y sangre no tiene porque volver a ser esparcida. —


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Miér 17 Ago - 16:27

II. Among beasts
Ante las palabras de Visenya y la comprobación de su acierto Aegon no pudo más que lanzar un gruñido entredientes a la par que remataba al jabalí de un lanzazo en la cabeza. Los hombres que lo acompañaban guardaron igualmente silencio, aunque probablemente estuvieran riéndose por dentro. Sin embargo, Aegon no tardó en sonreír, una de sus sonrisas suaves y agradables sobre la careta del rey, y felicitó a su hermana-esposa tal y como esta merecía.

- De nuevo me demuestras porque eres incomparable, Visenya. -y el porqué su hermana no parecía tener rival. Si Visenya hubiese sido un hombre todavía sería más popular de lo que ya era y solo su nombre despertaría temor a lo largo y ancho del mundo.- Has salido indudablemente victoriosa de nuestra apuesta. El premio es tuyo. -Aegon podría avergonzarse de perder, pero no de perder ante Visenya.- Espero que nos concedas al menos el honor de volver contigo.[/b] -poco sentido tenía volver cada uno por su lado de todos modos y allí ya habían acabado. El tiempo pasó más deprisa de lo que había pensado.

***

Argella no estaba acostumbrada a que le hablasen con la verdad, ni si quiera su padre lo hizo en su día creyendo que así la protegía cuando no logró si no lo contrario. Rhaenys Targaryen, sin embargo, decía la verdad tal cual era y, por increíble que pareciese, Argella se sintió más vulnerable que nunca. Pensar en la posibilidad de otra en el trono de Bastión de Tormentas la aterraba más que cualquier otro destino, porque eso significaría perderlo todo definitivamente.

Durante unos instantes observó a la reina en silencio, pues sentía haber perdido la voz, momento que contribuyó a ordenar sus ideas y sobreponerse a la estupefacción. Por fin, tras un carraspeo, pudo volver a hablar.- Puede que debiera tener una charla a solas con Lord Baratheon para cuando vuelva de la cacería. -no miró a los ojos de su interlocutora pues, aunque fueran sus palabras la que desencadenasen su sí definitivo, se sentía más cómoda fingiendo que no era así.- Como bien habéis remarcado ha llegado el momento de dejar de esperar.

Si ya había escogido su destino tampoco tenía más sentido seguir esperando, lo que tuviera que pasar pasaría dentro de una luna o de seis. Era mejor acabar con ello de una vez pues hacerlo esperar no lo había molestado, tal y como ella creía, y no era descabellado temer que sus atenciones fueran hacia otras direcciones de tanto hacerlo esperar.

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Sáb 5 Nov - 12:58



Pocas semanas habían transcurrido desde la jornada de cacería, los reyes dragón habían vuelto a su asiento metálico mientras Orys volcaba sus atenciones en la dirección de Tierras de Tormentas. Uno a uno los nobles que habitaban el lugar iban sometiéndose cada vez más a la autoridad del Baratheon. No había que ser demasiado inteligente para saber que se arrimaban a la llama que más candente se encontraba, la influencia y reconocimiento militar del hombre era incomparable y su vínculo con los Targaryen no hacía más que acrecentar aquel poder que poseía. Su carisma ayudaba muchísimo, consiguiendo convertir en amigos a aquellos que una vez fueron sus enemigos en el campo de batalla donde fue fraguada la Guerra de la Conquista.

Alguno que otro había hecho acopio del buen servicio invitándole a banquetes, cacerías y presentes de todo tipo y variedad. Otros como el propio Lord Swann eran más osados, llegando a presentar a sus hijas doncellas. Orys no era estúpido, veía el encaminado que muchos vasallos tomaban con aquellas acciones. Se dejaba agasajar, pero era cauto. Podía sonreír, pero era rápido en sacar la espada en caso de necesidad. Igual modo también fue magnánimo a la hora de “ rechazar “ a las hijas, hermanas, sobrinas o primas de aquellos caballeros, pues era un hombre de palabra y aún le debía tiempo a una dama más bien testaruda. Argella poco se había dejado ver en aquellos momentos, al menos que él se hubiera percatado. Quizás se encontraba molesta por el agasajo al que era sometido, viendo en aquellos que una vez fueron sus vasallos una traición incomparable.

No se lo reprochaba, precisamente ese cambio de bando tan rápido alertaba a Orys. La diferencia es que él era hombre, fuerte, carismático, un militar y líder nato, por si fuera poco estaba relacionado con los nuevos soberanos de los Siete Reinos que, a su vez, poseían dragones. Solo un inepto osaría diezmarlo. Al pueblo fue algo más sencillo de contentar, mandando a reconstruir los hogares y molinos que hubieran sido destruidos o dañados durante el conflicto bélico, y mandando además abundantes cosechas y alimentos en favor a las pérdidas ocasionadas. En aquellos tratados se encontraba, firmando documentos que se apilaban a un lado de una de la mesa de estudio, cuando uno de los guardias aviso de una visita inesperada.

El atardecer caía a sus espaldas, reflejando una tenue luz anaranjada. Pero si la más bella de las representaciones naturales hizo que apartará la mirada azulada de la puerta, donde Argella hizo acto de presencia. Levanto las manos, en señal de que estaba ocupado al abarcar con las mismas el sin fin de documentos que requerían su lectura, firma y sello. A pesar de ello, se incorporó luego del asiento para ejercer una reverencia. — No esperaba veros, mi lady. ¿En que puedo ayudaros? —

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Miér 23 Nov - 11:22


Pese a tener ya decidido su plan intentó aplazarlo todo el tiempo que pudo. Siempre encontraba una excusa para no ejecutarlo, al principio la visita de los Targaryen y toda la ordre de vasallos que los visitaban, pues no quería tener oídos indiscretos cuando tuviera su conversación con el Baratheon. Después fueron viniendo otras excusas, que estaba cansada, que quería acabar un bordado o un libro... cualquier cosa era buena par ano ir a verlo. Así se mantuvo fuera de la vista de Orys por dos semanas enteras, pero no verlo a diario no significaba que no se enterase de los agasajos a los que se veía sometido o de los intentos de avance de Lord Swann por conseguir casar a una de sus hijas con el nuevo señor de Tierras de Tormenta.

Aquello había sido, en última instancia, lo que le dio el empujón que necesitaba para acabar de decidirse y acudir a verlo. Si esperaba mucho más al final podía acabar peor de lo que estaba, Orys había sido muy claro en los destinos que le esperaban si no aceptaba su propuesta y Argella estaba segura de no desear ninguno de ellos.

Los guardias apostados ante la puerta del despacho de Orys se esperaban tan poco verla como ella misma el estar allí. No consiguieron ocultar sus caras, entra la sorpresa y la confusión, pero fueron respetuosos y no hicieron comentario alguno. Uno de ellos fue a avisar a su señor, el otro esperó fuera con ella, en un tenso silencio durante el cual Argella fingió limpiar su falda de motas de polvo para no tener que entablar conversación. No tardaron en concederle la entrada y poder ver a Orys, sentado en el sillón del estudio que una vez perteneció a su padre pero que este casi nunca usó.

Era duro pensar en ese tipo de cosas y, además, no ayudarían a su propósito así que mordiéndose las mejillas por dentro entró al estudio ejecutando la necesaria y protocolaria reverencia. Iba a aceptar su propuesta y a convertirse en su mujer, lo mínimo era ser mínimamente cordiales entre ellos.- Esperaba que pudierais concederme un poco de vuestro tiempo para poder así acabar una conversación que hace tiempo tenemos pendiente. -ella misma se encargó de cerrar la puerta para que los guardias no pudieran cotillear. Una vez aceptase todo el mundo acabaría por saberlo, pero no tenía porque ser nadie más testigo de su momento de humillación.

- Sé que me concedisteis un año para pensarlo, pero no necesito tanto tiempo, pues ya he decidido qué es lo que quiero hacer. -no dio demasiados detalles, pues sabía que él entendería rápidamente de qué estaba hablando.
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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Sáb 26 Nov - 17:54



Estaba tan sorprendido como los guardias, viendo un reflejo de sí mismo en los rostros de aquellos dos mismos caballeros que hasta entonces poco había detallado. Recordó que eran dos de los que entregaron a él a aquella misma mujer, desnuda, a merced de la rendición al final de la Última Tormenta. Había sido amistoso y cordial con todo el mundo, poseyendo un don innato para ganarse los aprecios y aceptaciones de cada uno de sus habitantes. Muchos más de los contados, considerando que era la Mano del Rey. Sin embargo, era para él imposible de perdonar aquello, seguramente para Argella tampoco. Quizás los había olvidado, pero él los había recordado.

Centró sus esfuerzos en aclarar la mente, efecto logrado al cerrarse las puertas. Incorporado del asiento indicó a la mujer que tomará lugar, dos sillas localizadas frente a él eran más que adecuadas para ella. — Adelante, pero agradecería que fueras breve. Tengo asuntos pendientes que quiero finalizar antes de la cena. — ` Varios pergaminos dispersos se encontraban sobre la mesa, algunos con sello real, otros de nobles distintos. . . como lo era el cisne dividido de la casa Swann. Más no era esto su máximo problema ni preocupación, poseía uno delante de si mismo y otro más al sur, con nombre y orígenes propios: Dorne.

Ella consiguió la total atención de Orys cuando dijo tener una respuesta a su planteamiento. El señor de Bastión de Tormentas volvió a ocupar su lugar correspondiente, exhalando su mano al aire en un movimiento cuasi desesperado por oír sus palabras. Ya mucho había esperado, no el año completo prometido, y por fin sentenciaría el destino de Argella, de la casa Baratheon. . . El suyo propio. — Tienes toda mi atención, te escucho. — Aceptó finalmente, no le importaba mostrarse como era realmente, ahora quedaba restar las evidencias sobre que hacer con aquella mujer, si seguiría siendo un problema o por fin una solución. O inclusive, de utilidad.
[/b]

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Sáb 17 Dic - 12:11


El silencio de apoderó de la sala cuando Orys se cruzó de brazos y esperó paciente a que ella empezara a hablar. Argella se encontró de pronto con que la situación era mucho más difícil de lo que había pensado en un principio, decir aquellas palabras, aquella simple aceptación, significaba el fin completo de su guerra contra el usurpador. Una vez le diera a Orys el sí se uniría a su familia, tendría que darle hijos y prolongar su estirpe, la misma que había matado a la suya propia, a su padre. Sin embargo, ¿qué otra cosa podía hacer? Su familia estaba acabada, ella no recuperaría ni su trono ni sus tierras, ningún Durrandon volvería a sentarse en el trono de Bastión. Pero, casándose con Orys se aseguraba de que de alguna manera eso sucediera, los futuros señores de tierras de tormenta llevarían su sangre y su fuerza, amarían aquellas tierras igual que ella. Pero Argella seguía siendo orgullosa y doblegarse nunca sería fácil.

- Dioses, esto está siendo mucho más difícil de lo que creí. -dejó ir un suspiro y empezó a pasearse por el despacho inspeccionándolo, una mera excusa para no tener que mirarlo a la cara, así era un poco, solo un poco, más fácil.- Como he dicho sé que me distéis un año, pero he pensado largo y tendido sobre este asunto y creo que no es aconsejable que lo prolonguemos más. La reina Rhaenys me hizo darme cuenta de algunas cuestiones importantes y he decidido acortar el progreso. -no hablaba con el corazón, si no con la cabeza. Argella siempre supo que su matrimonio no sería una cuestión de amor, si no de política, aunque imaginó que las circunstancias serían diferentes el resultado no dejaba de ser el mismo.

- He decidido aceptar vuestra propuesta, me casaré con vos. -no quiso darle más vueltas, lo mejor era soltarlo ya.- Sin embargo tengo una pequeña condición que me gustaría que aceptarais para poder hacer este trato más... justo. -no estaba realmente en posición de exigir condiciones, pero tenía que intentarlo, al menos intentarlo para no sentirse tan avergonzada de como había fallado a su padre.- Una vez estemos casados presupongo que querréis herederos... -todo hombre los quería, incluso los plebeyos. Orys como nuevo señor de aquellas tierras necesitaría descendencia a la que legar lo que había conseguido, con la que prolongar el apellido Baratheon.-...no me opongo a ello, por supuesto, como vuestra esposa será mi deber. Pero una vez nazcan y crezcan lo suficiente, si deben ser enviados como pupilos, quiero que su pupilaje sea aquí, en Tierras de Tormenta. -cerca donde pudiera vigilarlos y, sobre todo, donde todos aquellos que la habían traicionado pudieran ver que la sangre Durrandon continuaría reinando, que siempre encontraría un camino para lograr sus propósitos.
Argella Durrandon | Bastión de Tormentas | Orys Baratheon  


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