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— Ours is the fury

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— Ours is the fury

Mensaje por Red el Miér 30 Dic - 13:49

Recuerdo del primer mensaje :

Ours is the fury
Cuando el rey Argilac Durrandon cayó en el campo de batalla bajo la espada de Orys Baratheon su hija, lady Argella Durrandon, se coronó Reina Tormenta y juró que no doblegaría la rodilla ante el enemigo prefiriendo una muerte segura a tamaña humillación. Sin embargo, su corona duró poco, tan poco como lo hizo la fidelidad de su guarnición poco dispuestos a compartir el destino del Rey Argilac. Se sublevaron ante la nueva reina y entregaron su reino, y a ella misma desnuda y llena de cadenas, al asesino de su padre.  Orys, sin embargo, le quitó las cadenas y le dio su capa, además de comida y vino, y le habló de la valentía de su padre. Desde ese día, la destronada Reina Tormenta fue una invitada en sus tierras y en su palacio, no se le hizo daño alguno, pero tampoco se le dejó partir.

Humillada y enfurecida tiene que soportar la presencia constante del hombre que mató a su padre y, con el cual, deberá casarse más temprano que tarde si quiere recuperar una pizca de lo que debería ser suyo por derecho. El guerrero y nuevo Señor de Tierras de Tormenta tampoco lo tendrá más fácil, teniendo que lidiar con una prometida que exime la pasión de su odio cada vez que lo tiene cerca habrá de hacer gala de toda su paciencia para intentar convencerla de que su enlace es la mejor opción para ambos aunque tal vez no la más fácil.
Orys Baratheon
Señor de tierras de tormenta | Clive Standen | Captain_Z
Argella Durrandon
Señora de Tierras de Tormenta | Jessica De Gouw | Red
Crackship libre | Game of thrones | 1x1


Última edición por Red el Miér 13 Abr - 15:38, editado 3 veces


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Dom 22 Ene - 12:58



Era increíble, increíble que aún cuando anunciaba tener ya una respuesta pudiera desesperarlo tanto. ¿Porque prolongaba lo inevitable? Orys permanecía aparentemente calmado, pero no era un hombre dado a esas artes. Proseguía observando a la mujer paseándose de un lado a otro del despacho, quizás buscando otro foco de atención que no fuera él o incluso buscando algo que hubiera mantenido para su reconocimiento. Desde que el Baratheon hubiera ocupado aquellas tierras y demandado para si, mucho había cambiado todo, la decoración en cierta medida. Aún había atisbos de los Durrandon en Bastión de Tormentas, como lo eran los numerosos adornos con motivos de caza o el ciervo que coronaba muchos de los rincones del lugar. Lo más llamativo era, sin lugar a dudas, ella.

Aunque aquel día eso podía cambiar.   — ¿La reina Rhaenys? — No había ninguna otra, por lo que fue más una repetición innecesaria que una pregunta realmente. Recordó la cacería habida semanas atrás, por lo que intuía que debería de haber sido allí cuando ambas mujeres hablaron. ¿Qué le habría dicho la dragona? La respuesta llegó pronto. El cuerpo del hombre dejó de estar en tensión y su espalda volvió a apoyarse al asiento donde estaba acomodado. Fue realmente un alivio para él ver que ella había entrado en razón. Fue su silencio ahora impuesto, aparentemente Argella no había terminado de hablar y él tenía mucho en lo que pensar. No se halló sorprendido, sin embargo, por la condición pedida por la hija del último rey de las tormentas.

— Si esa es tu única condición, la acepto. — Tampoco es que hubiera tenido antes planes de mandar a sus hijos de pupelaje fuera del lugar. Sin duda Aegon lo hubiera recibido bien y habría sido todo un honor y lógico todo, pero hasta Orys sabía que todo podía cambiar en un abrir y cerrar de ojos y prefería tener a los suyos lejos de la capital. Nadie se impondría sobre el rey, menos con dragones, pero si este fallecía . . . ¿Qué pasaría? Aún no tenía hijos, pero estos podrían pelearse si daba casualidad de ser de las dos esposas que poseía. Olía la guerra aún cuando ni había comenzado en esa dirección. Tendió la mano hacía el asiento que se hallaba frente a él, invitando a su ahora prometida – ahora podía llamarse así – a ocupar la silla.

— Tu posición ahora cambiará, se hará el anuncio como consideres apropiado. Te dejo la elección, sea de forma personal reuniendo a los vasallos con la excusa de un banquete o por el envió masivo de los cuervos. — Como voto de buena fe optó por mostrarse permisivo con la mujer, lo había sido cuando se la entregaron desnuda y encadenada, y en muchas otras ocasiones. Orys era un buen hombre a fin de cuentas, en ocasiones donde lo requería. Aquella era una de esas donde su lado más belicoso nada tenía que hacer, tampoco el estratega. Le mostró finalmente un mensaje que se hallaba ante él, enviado por Lord Swaan. Permitió que ella leyera cada línea descrita, donde se le ofrecía a su hija más hermosa – poseía varias – y doncella como esposa.   — Mi respuesta será no. —
Orys Baratheon | Bastión de Tormentas | Argella Durrandon


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Sáb 18 Feb - 11:46


Cuando él la invitó a sentarse Argella así lo hizo, tomando asiento frente a él con la barbilla alzada. Los nervios seguían atenazándole el corazón, pero se mantuvo en sus trece, en pose digna y orgullosa, con la mirada obstinadamente al frente. Era increíble todas las cosas que aquel hombre representaba para ella: el asesino de su padre, su guardián, el ladrón de sus tierras, su prometido ahora... Aún sin estar casados estaba más ligada a él que a cualquier otra persona en toda su vida.

- Cuervos. -añadió rápidamente ante su pregunta. Argella siempre se había creído muy valiente, pero las heridas todavía eran recientes y no estaba segura de poder soportar un banquete frente a todos los vasallos donde anunciara su finita derrota. Además, hacerlo de ese modo casi parecería como estar pidiéndoles permiso, el anuncio por cuervos lo convertiría en un hecho tácito, sería imposible volver atrás.

No ahondó con él mucho más en el tema. Tomó con rapidez el pergamino que Orys le tendió y leyó, sin poder evitar poner los ojos en blanco ante la mención de ”la más bella de sus hijas”, ese traidor barrigudo y toda su estirpe se creían más de lo que realmente eran. El pergamino quedó casi arrugado entre sus manos, pues pese a saber ya de antemano las intenciones de los Swann aquella carta dolía todavía más porque convertía en un hecho claro que querían arrebatarle su tierra.

Sobre su cadáver.

- Tengo otra petición. -anunció todavía sin soltar el pergamino.- Quiero que la boda se celebre lo más pronto posible y una vez eso suceda seré la verdadera y única señora de Tierra de Tormentas. No habrá más esposas, los hijos que yo engendre serán los que gobernarán después de vos. – tal vez se estuviera pasando de la raya, pero quería que las cosas quedaran claras. Estaba aceptando aquel enlace como única manera de conservar algo de lo que por derecho le pertenecía, sabía que sería un camino duro, pero algún día miraría el trono donde tantos Durrandon se habían sentado y todavía conservaría algo de esperanza pues quien allí sentado habría alguien con su misma sangre, una pequeña parte de ella.

Su intención había sido intentar pedirle que se deshiciera de los traidores que la habían encadenado, verlos paseándose por la fortaleza la llenaba de furia y vergüenza, pero aquello era más importante. Soportaría la presencia de los traidores, los obligaría a mirar como recuperaba lo que era suyo.

Argella Durrandon | Bastión de Tormentas | Orys Baratheon  


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Sáb 25 Feb - 13:24





— No has respondido a mi pregunta. — Le recordó, pues no pensaba quedarse con la duda por mucho más tiempo. Quería saber que tenía que ver la reina Rhaenys en todo aquello, para bien o para mall había ayudado a que las cosas se solventaran adecuadamente. No entendía, sin embargo, el ademán de la menor de las hermanas de Aegon por intervenir en su asunto. Había escuchado que casaba y unía otros reinos mediante matrimonios – incluso había casado a una hija del ahora señor del Norte con el joven señor del Valle –. ¿Sería el suyo una unión más con las que Rhaenys buscaba la paz y la unión en los Siete Reinos? Era una buena táctica y, desde luego, había obtenido resultados.

Esperaba que a la larga fueran igual de positivos. Orys observó como Argella hacía arrugar el pergamino entregado para su lectura, en otros momentos hubiera alardeado de los celos de la mujer, pero deducía bien lo que pasaba por su cabeza: rabia y frustración, vergüenza e indignación ante unos vasallos que suyos fueron y ahora eran de él. — Como ya te dije, mi respuesta a su propuesta será no. No obstante . . . — Orys no podía ignorar a los Swann así como así, eran los vasallos más poderosos de Tierras de Tormentas. — Le enviaré mi propia propuesta. —  Aún planteaba cual de las dos que tenía en mente otorgarle.

Por lo que compartió con Argella la posibilidad que mejor le convenía, la otra sería otorgar demasiado poder. — Haré que envíe a esta hija que menciona para que sea tu doncella, y a su hijo menor para que sea mi escudero. Honores que espero satisfagan el orgullo del Señor de Timón de Piedra en lugar de proporcionarle una señora de Bastión de Tormentas. — No lo haría, pero al menos suavizaría las intenciones que el hombre pudiera albergar en el futuro. Además, sin saberlo, le proporcionaba dos rehenes a Orys.

El hombre entonces guardó silencio para escuchar a la Durrandon, futuramente Baratheon, más al culminar ellas sus palabras el estallido de la carcajada de la Mano del Rey no pudo ser más audible. Estaba seguro de que, aun con la firmeza y dureza de la puerta, la risa se escuchaba desde el otro extremo donde los guardias apostados estarían sorprendidos. Al serenarse al poco tiempo, consiguió regalar a la mujer su propia respuesta. — ¿Piensas que soy como Aegon? ¿Qué me desposaré dos veces al mismo tiempo? ¿Qué seguiré el trámite incestuoso que existía en la Antigua Valyria? — Negó eventualmente.

— No tengo más hermanas que las ya casadas, no soy un Targaryen como bien sabes y no soy Aegon. — Conocía bien los motivos de su medio hermano – y mejor amigo – sobre ello, aún cuando era Valyrio tomar a las dos hermanas como esposas no era del todo frecuente, pero él lo hizo: Visenya era la que debía ser su esposa, pues era la mayor de las hermanas, por lo que fue tomada por esa premisa. Pero a Rhaenys la tomó porque la amaba, la deseaba fervientemente, era su hermana y esposa favorita. Si Aegon pudiera determinar solo a una, la escogería a ella sin dudar.

— No te daré mi palabra, pues ya te he respondido. Serás mi primera esposa, no tengo intención de tomar una segunda . . . A menos que fallezcas sin darme un heredero, en cuyo caso deberé contraer nuevas nupcias. — Era tan lógico que ni Argella necesitaba explicación, pero las palabras de Orys estaban cargadas de una segunda intencionalidad: Argella debería de luchar para sobrevivir, no dejarse morir, si no quería ver al hijo de otra sentado en el trono que una vez perteneció a su padre, el último rey de la Tormenta apellidado Durrandon. — Te he concedido bastante, así que bastante espero de ti, Argella. No me decepciones, no hagas que me arrepienta de mantenerte con vida y otorgarte mi favor. Tienes mi lealtad, exijo la tuya. — Culminó siendo impasible con su determinación.

Orys Baratheon | Bastión de Tormentas | Argella Durrandon


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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Miér 29 Mar - 11:43


Casi, casi se le escapó una sonrisa ante la insistencia de Orys por resolver su duda, pero Argella no estaba dispuesta a revelarle tal información, prefería que quedarse con ella.- Ni voy a responder, hay temas que deben quedar solo entre damas. Espero que sepáis comprenderlo, mi señor. -sobre todo tratándose de ellas dos en concreto. Rhaenys y sus hermanos le habían arrebatado su reino y su vida, la abochornaba que fuera también la única persona capaz de hacerla entrar en razón. Ella la había ayudado a ver que si no se daba prisa alguien le arrebataría poco que todavía le quedaba (o que podía quedarle).

En silencio escuchó entonces la propuesta de Orys para con los Swann y, aunque no la mataba de alegría precisamente tener a la chica Swann por allí, asintió conforme. Era la mejor solución, ahora que iba a casarse con Orys su destino estaba decididamente ligado al suyo, sus triunfos serían suyos y sus ofensas también. Dudaba profundamente que los vasallos que quedaban fueran a rebelarse contra él, pero tampoco creyó en su día que se rebelarían contra ella y Argella había aprendido que ya no podía fiarse de nadie.- Sin duda lo harán y, en caso contrario, deberá fingirlo. -sentenció, contundente. A ella también le tocaría fingir mucho en lo que le quedaba de vida.

Que estallase en carcajadas la pilló por sorpresa y no supo qué hacer. Probablemente incluso se le desencajó el rostro por la extrañeza misma, era la primera vez que lo escuchaba reír, lo había visto sonreír antes, pero nada como eso, una risa profunda y sincera, una risa que invitaba a reír también, una risa como la de su padre. Un escalofrío la recorrió y se castigó al instante al buscarles parecido, no debía hacer eso, no podía comparar a su padre con el mismo hombre que lo mató.

- No os conozco. -respondió con sinceridad cuando Orys, tras calmarse, le aseguró que no contraería unas segundas nupcias. Él había sido sincero, era su turno de serlo también.- No sé qué debo esperar de vos, pero os creo, debo creeros. Antes de que vos y los Targaryen llegasen yo tenía un futuro planeado, ahora debo forjar otro a vuestro lado, por lo que os juro que desde el momento en que seamos marido y mujer ante los siete tendréis mi lealtad, os serviré para velar por estas tierras y os daré al heredero que necesitáis. -era duro hablar así con el asesino de su padre, era duro pensar en un hijo suyo como no más que una herramienta... Pero ahora su vida era esa, dura, difícil, terrorífica a veces, una vida que tendría que compartir con aquel hombre.

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Re: — Ours is the fury

Mensaje por CaptainZ el Lun 3 Abr - 21:19



No insistiría entonces en saber la verdad, podría averiguarlo por otros medios dado el caso: Con solo enviar un mensaje a las tierras donde sus medios hermanos estaban levantando la fortaleza. Sin embargo, tras mediarlo y darle algunas vueltas, se percató de que no tenía especial prisa en saberlo. Y de que le importaba poco. Habían conseguido lo que querían, aquello era lo más importante de todo. — Espero que disimulen mejor que tú. — Comentó. La Durrandon desde luego había hecho de todo menos disimular, poseía el impetú de su padre y estaba seguro de que hubiera sido una buena reina en el futuro, una digna heredera de su padre. Ahora transmitiría tales cosas a los hijos que nacieran de esa unión, pues con uno solo no planeaba conformarse. Necesitaba más, dos o tres quizás, para así asegurar su legado.

— Ciertamente, no me conoces. . . Y aún así puedes decir que he sido el que mejor te ha tratado desde que tu padre cayó en combate. ¿O no recuerdas mi capa envolviendo tu cuerpo, mi espada quebrando las cadenas y mi comida servida para ti? — Entendía los impropios que ella le dirigía, se hacía cargo de ellos. Más no se disculparía por eso; Había sido una guerra y él había luchado y actuado como tal, le otorgó una muerte digna de un guerrero formidable, un rey, a su padre. Incluso unos funerales dignos de su majestad. Todo hubiera sido diferente si hubiera aceptado la mano en matrimonio desde el principio. O no. Y el trato que le daba a ella era acorde a su estatus, aunque limitadas las funciones hasta que tomará alguna determinación. — En cualquier caso, aceptó vuestra palabra así como tenéis la mía. —

— Hoy mismo haré que el maestre comience a redactar los cuervos, mañana a más tardar serán enviados a los Siete Reinos. — Zanjó así aquel tema en cuestión, uno que aparentemente acababa de forma adecuada para ambas partes. — Reduciré tus privaciones, para que tengas más libertad de movimiento. Podrás salir siempre que quieras, enviar mensajes. . . — Aunque iría con escolta igualmente, eso era algo innegociable. Para su protección, desde luego. — ¿Hay algo más que pueda hacer por ti? Y no pidas mi cabeza, eso es algo que no puedo ni quiero darte, como entenderás. — Burló el hombre, aunque sin duda ella hubiera pedido eso y más, incluso el trono de su padre. No obstante ya lo tomaría siendo su esposa, no lo haría por si misma.
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Re: — Ours is the fury

Mensaje por Red el Sáb 13 Mayo - 12:06


Argella asintió, despacio, su muda manera de dar las gracias por el pequeño extra de libertad que él le confería. No tenía especiales ganas de ir a ningún sitio, ni de ver a nadie, pero no estar sometida a tal nivel de privaciones la ayudaría a sentirse menos prisionera y un poco más en casa o, al menos, eso era lo que ella esperaba. Había aceptado el trato, sería la señora de Bastión de Tormentas, sería la esposa de Orys Baratheon aquella sería su vida ahora y debería adaptarse para sobrevivir. Ignoró por eso mismo los recuerdos del día en que lo conoció, le avergonzaban y enfurecían demasiado, no los llevaría a ningún lugar.

- No, por ahora todo lo que podías concederme ya me ha sido dado. Solo te pido que me dejes retirarme a mis aposentos. -donde pudiera meditar y donde pudiera rezar para pedir el perdón de su padre. Por mucho que Argella supiera que no tenía más opciones siempre se sentiría como una traidora por lo que acababa de aceptar. Sin embargo era la única opción que le quedaba, no ya por ella o por su padre, si no por todos los Durrandon que habían vivido antes que ella, su sangre no podía desaparecer sin más, seguiría viviendo y ni si quiera los dragones podrían impedirlo.

- Bueno, en realidad, creo que sí que tengo una última petición. Esta noche, cenemos juntos. -el deseo no la impulsó a hacer tal petición, si no la necesidad de aparentar una unión que no existía. Hasta ahora siempre comía recluida en sus cámaras, a partir de aquella noche lo haría en con él, a partir de aquella noche lo haría como señora del lugar. No quería que la vieran solo como una marioneta en manos de Orys, una cobarde que daba su brazo a torcer por miedo a la muerte.- Eso es todo lo que pido, una cena juntos.

Se levantó poco a poco, ejecutando una pequeña reverencia antes de esperar que él le permitiera marcharse.
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