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Mensaje por Adra el Dom 24 Ene - 12:32

WE TRY AND RUN AWAY,
BUT END UP RUNNING BACK
Plot | 1x1 | Realista


Boston, Massachusetts
Septiembre 2015

En el centro de la ciudad de Boston, en el #724 de Park Avenue se encuentra el instituto St. James, una de las escuelas más prestigiosas del estado; un centro de estudios que alberga a alumnos destacados y profesores de cierto renombre en la comunidad de la enseñanza de Boston.

Dicen que los polos opuestos se atraen…

El inicio del nuevo semestre siempre trae sorpresas y una de ellas es la presencia de Theodore Riemelt como el nuevo profesor de física. Graduado con honores de la carrera de física en la universidad  de Harvard, Theo siempre ha sido muy diferente a sus colegas… refugiado en los libros y de carácter difícil, el verano le trajo un cambio de aires tras la infidelidad de su esposa y posterior divorcio, además de renunciar a su empleo como investigador en Harvard para dar clases en St. James.

Y el amor, como toda energía, no se crea ni se destruye… solo se transforma.

Lo que Theo no esperaba, era toparse ahí con la horma de su zapato: Una chica tan opuesta y que al mismo tiempo, tiene tanto en común con él.

Yvette Nichols, una chica orgullosa, brillante y prepotente que a su corta edad ha tenido que enfrentarse a más experiencias amargas que la gran mayoría. La física nunca ha sido su punto fuerte y Theo Riemelt no es ni por asomo su profesor favorito por lo que su último semestre pinta para convertirse en una auténtica pesadilla. Sin embargo, puede que el tiempo acabe demostrándoles que ambos se necesitan más de lo que jamás pudieron haber imaginado.

”Es un principio universal e irrevocable. Si dos cuerpos tienden el uno hacia el otro, siempre hallarán la manera de encontrarse. Es una cuestión de gravedad."


Theodore Riemelt
 35 años | Profesor de física | James Marsden | Murdock
No hay que dejarse engañar por los grandes ojos azules ni por la sonrisa tímida, y es que Theo Riemelt no es ni un caballero de brillante armadura ni tampoco un cínico con un corazón de oro que va por ahí salvando a damiselas en apuros y animalitos tiernos.

Autodenominado como un genio marginado e incomprendido por la sociedad, Theo no es más que un ratón de biblioteca, un sabelotodo sarcástico e insoportable que no sabe cuándo cerrar la boca y al que a más de uno le gustaría soltarle un puñetazo en plena cara para borrarle esa estúpida mueca de autosuficiencia con que suele mirar a todos. Theo siempre busca tener la última palabra de una discusión y su pasatiempo favorito parece ser irritar al resto de la humanidad; amante de tener siempre la razón no hay nada que le disguste más que tener que aceptar que se equivocó –y no lo hará de serle posible evitarlo.

Graduado con honores en la carrera de física y con un master en el arte de pasar de absolutamente todo lo que involucre sentimientos, probablemente esto último sea la razón por la cual no se derrumbó del todo después de descubrir que su esposa lo engañaba con el hombre a quién él por mucho tiempo había considerado como su mejor amigo. Renunció a su trabajo como investigador en la universidad –trabajo que compartía con su exesposa- y comenzó a trabajar como profesor de física en una preparatoria con el inicio del semestre. No es precisamente el maestro favorito de todos, principalmente por su carácter tan malhumorado; y es que si bien Theo decidió recoger su dignidad y marcharse con la cabeza en alto haciendo de cuenta que no le importaba todo el asunto de la traición de su esposa, todavía sigue resentido –aunque jamás lo admitirá en voz alta- y su deficiencia emocional solamente alcanza para desquitarse con un montón de adolescentes que no tienen la culpa de nada.

Actualmente vive con su hermana Mia (quién pese a ser ocho años menor que él tiende a hacer de voz de su conciencia la mayor parte del tiempo) en el departamento de esta. No tiene muchos amigos, pero es leal a todos aquellos que de hecho logran soportarlo y en ocasiones inclusive puede llegar a ser simpático y toda la cosa.
Yvette Nichols
17 años | Estudiante  | Claire Holt | Adra
Yvette siempre ha sido una chica lista, muy lista de hecho, incluso muy posiblemente goza de una inteligencia superior a la media, ella lo sabe y no siente vergüenza alguna de demostrar su supuesta superioridad mental ante sus compañeros de instituto, e incluso a veces con profesores o familiares más mayores que ella. Le gusta llevar la razón y no se achica ante nada ni nadie

Es orgullosa y a veces roza la prepotencia, si no le gusta una cosa hará lo imposible por no hacerla, tiene trucos y artimañas para todo.

Este año cursará el último curso de la preparatoria en su instituto de siempre, aunque lo único que le queda por decidir es que hará al próximo, y es que aunque es muy decidida y acostumbra a tener muy claro lo que quiere, son tantas las opciones que la atraen que es incapaz de decidirse por una, y este último curso lo piensa dedicar casi exclusivamente a tomar esa decisión.

Detrás de esa fachada de chica altiva y quisquillosa no hay una vida fácil tal y como ella quiere aparentar, su madre lleva varios años internada en un hospital psiquiátrico a causa de una severa esquizofrenia que no le permite llevar una vida normal, y su padre es un hombre cerrado que finge que nada ocurre y que todo marcha bien, seguramente la propia Yvette ha adquirido la habilidad de hacer lo mismo que él al verle practicando tanto tiempo, así que sus problemas familiares quedan ocultos tras una gran actuación de la chica.

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Chapter I. UGH!

Mensaje por Sgt. Pepper el Dom 24 Ene - 22:28

ugh!
Theo apenas y tiene tiempo de hacerse hacia un lado antes que un estúpido crío montado en una patineta destartalada pase a su lado a toda velocidad, sorteando al resto del cuerpo estudiantil de manera no muy hábil hasta que llega a las escaleras, dónde después de inevitablemente chocar con un par de personas que suben a toda prisa termina cayendo. Theodore rueda los ojos antes de seguir su camino, tratando de evitar cualquier clase de contacto visual con algunos de sus colegas que también pasan por ahí con rumbo a sus respectivas aulas. El sonido de la campana que anuncia el inicio de clases resuena por todo el pasillo por encima de las conversaciones y los gritos y aquello en definitiva no ayuda a mejorar su migraña.

Una parte de él, la parte de él que se encarga de juntar los retazos de dignidad que aún le quedan, suplica que salga corriendo de ahí en este mismo instante ¿a quién quiere engañar? Theo Riemelt nunca ha sido bueno para lidiar con las personas, mucho menos con adolescentes. No era bueno con ellos cuando tenía su misma edad y en definitiva no lo es ahora. Sálvate a ti mismo Riemelt, antes de que te hundas por completo. Para ser honesto, él supo que sería una mala idea desde que el decano de la universidad lo mencionó. Pero Theo no era quién para negarse a una carta de recomendación para ejercer en uno de los institutos de más renombre en el estado, mucho menos en su situación tras el divorcio y toda aquella mierda en la que en serio no debería pensar en este preciso momento. Necesita una aspirina.

Theo se detiene frente a la puerta que su horario de clases indica, la misma que el director se encargó de mostrarle cuando le dieron el trabajo. Bajo los números grabados en negro hay una placa con su nombre. Física –Prof. Theodore Riemelt. Siente el estómago revuelto ¿Así es como acaba todo? Si su yo de veintitrés años le viera ahora se reiría de él en su cara. De graduado con honores e investigador de Harvard a enseñarle a una panda de adolescentes las leyes de Newton. Si Theo creyera en el karma en ese momento le daría una patada bien merecida en el culo.

”Respira hondo Theo, puedes hacer esto” se repite mentalmente como un mantra antes de girar el picaporte y entrar al salón que en ese momento ya se encuentra lleno de estudiantes que charlan animadamente entre sí.

Silencio, tomen asiento —si alguien lo escucha, no hacen ademán de estar interesados en acatar su orden. Theo frunce el ceño, cruzándose de brazos y recargándose contra el marco de la puerta—¿Acaso están sordos o solo son idiotas? Dije que guarden silencio.

Aula #406 — Insituto St. James — 8:15 a.m


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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Lun 25 Ene - 19:36

ugh!
Yvette salió de casa más temprano de lo que hacía falta para llegar puntual a la clases, no quería llevarse ninguna bronca el primer día, y no es que fuera habitual que le cayeran demasiados castigos, por lo general los maestros la apreciaban, ella sabía bien como hacer que lo hicieran. Yvette no era lo que se llama un ángel ni mucho menos, ni tampoco era un demonio de chica como tantas otras, pero ella era lista y astuta, y cuando le interesaba conseguir algo, lo hacía costara lo que costara, quizás excepto con sus padres, con él poco podía conseguir porque apenas si le veía mucho por casa, tenía un buen trabajo y se pasaba allí gran parte del tiempo, o al menos eso es lo que le decía, y con su madre…, bueno, su madre era un caso especial, con ella era con la única persona que nunca fingía nada, se sentía de lo más libre, aunque a veces ésta no le prestara la mayor atención cuando iba a visitarla al psiquiátrico.

La primera hora de clase le había gustado, matemáticas, si, era así de rarita, adoraba una de las asignaturas más odiadas por todos, lo que hacía más extraño aun que la física, la clase que tocaba a segunda hora, no acabara de entrarle, pero por suerte se había camelado a la perfección a la profesora Clarck y le ponía siempre unas notas maravillosas, ¿cual era la pega? Aquella maravillosa y manejable mujer se había jubilado y este año iban a tener un nuevo profesor, tampoco es que le diera miedo ni que le supusiera un gran reto, se había ganado a todos y cada uno, y este no sería una excepción.

Una vez en el aula su amiga Paula y ella, que aun no se habían visto empezaron una animada charla sobre las vacaciones, obviamente Yvette mintió como otras tantas veces, nadie, absolutamente nadie sabía de los problemas que habían en su casa y las cosas seguirían igual, eso lo tenía muy claro, así que le contó lo que su imaginación ya había tramado durante los meses de verano. – Estuvimos en California. ¡Buf! ¡Fue una auténtica pasada! Hice un montón de amigas y… amigos. – añadió una sonrisa picarona. – Los californianos son los tíos más guapos del mundo, morenos, musculosos, sexys,… No te lo puedes ni imaginar. ¿Y las fiestas? In-creíbles. Mis padres me dejaron ir a todas y sin hora de vuelta. – puso la boca como si gritara pero sin emitir sonido alguno. – Y no te podrás creer que… - entonces un grito hizo que las dos se volvieran de golpe hacia delante. Ni siquiera se había percatado de que hubiera entrado nadie en la sala. Era un tipo bastante joven, sobretodo comparado con la antigua maestra, y estaba claro que tampoco tenía ese carácter dócil que ella tenía. Sin darse mucha cuenta miró al profesor con una expresión casi ofendida, como si le hubiera hablado a ella directamente, pero, ¿Cómo se atrevía a llamar idiotas a sus alumnos? No podía creerlo y así lo mostraba su rostro asombrado, aunque había que reconocer que todos los alumnos se sentaron y no se oyó ni una mosca, excepto un chasquido de boca con aires de desprecio que hizo la propia Yvette mientras apartaba la mirada del hombre con aires de superioridad.


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Chapter I. UGH!

Mensaje por Sgt. Pepper el Jue 28 Ene - 3:56

ugh!
Aquel grito basta para que toda el aula se quede sumida en un súbito silencio. Theo continúa recargado contra el marco de la puerta y enarca una ceja mientras su mirada se pasea por los rostros de sus nuevos estudiantes, que lo miran con una mezcla de resentimiento y perplejidad. Theo rueda los ojos. Seguramente no es la primera vez que alguien los llama idiotas –y aunque lo fuera, tampoco es que les esté mintiendo, así que no ve porque deberían sentirse ofendidos al respecto. La mayoría de ellos si eso, acabaran por volverse adultos con una capacidad intelectual bastante mediocre.

Theo se adentra en el aula y deja su portafolio sobre el escritorio al igual que su termo de café aún sin pronunciar palabra alguna. Se dirige hacia la pizarra, donde toma un gis blanco y puede escuchar el sonido de los murmullos y cuchicheos a sus espaldas. No lleva ni cinco minutos en aquel condenado sitio y ya siente deseos de estrangular a alguien. Paciencia Theo, paciencia. Ya se puede imaginar los titulares: Profesor pierde la cabeza y  asesina a estudiante el primer día de clases. El homicidio en primer grado está penado con cárcel y lo que menos quiere es ir a prisión, aún si es por una buena causa como librar al mundo de un parasito que solo consume aire y escucha música electrónica — ¿Qué parte de cierren la boca es la que no entienden? — pregunta cuando termina de escribir su nombre de la manera más prolija que puede volviéndose hacia los chicos con el ceño fruncido — ¿Vamos a dejar las cosas claras de acuerdo?

Nadie responde y Theo toma aquello como una buena señal, aunque puede ver como algunos de los chicos fruncen el ceño. Su vista se posa en la rubia de la tercera fila, aquella que no ha dejado de mirarlo con desdén desde que los mandara a callar en cuanto entro al salón de clases. Una niña de papi, probablemente, al igual que la mayoría de los muchachos que estudian en St. James. No son más que un grupo de niños con aires de superioridad a los que no les vendría nada mal una probada del mundo real. No todo se soluciona con la cuenta bancaria de mami y papi, piensa Theo mientras se sienta en el borde el escritorio, y él está más que dispuesto a mostrarles eso.

La entrada a clase será a las 8:10 en punto, ni un minuto más tarde — comienza. Si hay una cosa buena en esto de ser el profesor es que es él quien se encarga de las reglas. Eso es algo que siempre le ha gustado a Theodore, las reglas, la estructura. La rutina— La calificación se basará 50% en el examen y 50% en los ejercicios que realizaran aquí y en casa, cada ejercicio deberá ser justificado y lo haremos mediante participaciones al frente de la clase así que no intenten copiarlos. Está prohibido hablar en clase y no lo harán a menos que yo les indique que pueden hacerlo ¿Okay? —  Theo puede ver como más seños comienzan a fruncirse y un par más de estudiantes esbozan muecas de desaprobación. Otro grupo al fondo suelta un par de quejidos en señal de protesta y él no puede evitar soltar un bufido— Boo-hoo, el profesor Riemelt es un cretino y la vida es injusta ¿saben una cosa? Supérenlo. El mundo real está lleno de gente aún más imbécil a los que no va a importarles tratarlos como mierda, así que vayan haciéndose a la idea — Imbéciles como su mejor amigo por ejemplo, que estuvo tirándose a su esposa a sus espaldas por quién sabe cuánto tiempo— ¿Tienen alguna pregunta o podemos comenzar con la clase?

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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Jue 28 Ene - 19:06

ugh!

Después del impacto inicial de aquel, digamos que incómodo, saludo por parte del nuevo maestro y de la parálisis generalizada de todos los alumnos el ambiente se fue relajando, aunque muy poco a poco algunos empezaron a murmurar sobre lo que acababa de ocurrir, la compañera con la que Yvette estaba hablando antes de la triunfal entrada de Riemelt, se acercó a ella para susurrarle un “menudo capullo ¿no?”, a lo que la rubia asintió, sin decir ni una palabra eso si. No iba a arriesgarse a ser oída por aquel hombre que parecía estar atento a todo, y así lo demostró cuando volvió a gritarles, esta vez de espaldas incluso, casi parecía tener ojos en la nuca, de nuevo se dio la vuelta y ya frente a todos empezó a hablar de sus reglas, 50% examen 50% ejercicios… bueno, podía arreglárselas para hacer alguna de sus sutiles trampas en los exámenes, que tan sutiles eran que conseguía que fueran los propios profesores los que sin darse ni cuenta le daban la respuesta, y los ejercicios, bueno, siempre había encontrado quien se los hiciera, pero ¿exposición frente a todos? Eso podía traerle más problemas, ella no podría explicar unos ejercicios que no había hecho… ¡que más da! Le vendería alguna clase de miedo escénico o cualquier cosa de ese estilo.

Era más que evidente que aquel tipo los tenía bien puestos, como solía decirse, y que no era muy tolerante con nada, era lo que algunos definirían como un auténtico cascarrabias, o los más mal hablados, un gilipollas de cuidado. Ella se decantaba más por aquella segunda opción, aunque jamás lo diría en voz alta.

Sus ojos no se apartaron del hombre en ningún momento mientras éste hablaba e imponía las normas que iban a reinar en su asignatura, le estudiaba minuciosamente, sus gestos, el tono de voz, incluso las palabras que elegía en cada momento. Generalmente era bastante buena en calar a la gente y saber como entrarles para hacérselos suyos en un minuto, pero las dudas la asaltaban respecto a aquel profesor. ¿Debía mostrar a la Yvette más dulce y complaciente que era la que solía utilizar para los adultos, o bien la Yvette con su fuerte carácter capaz de desafiar al mismísimo presidente del país si era necesario? No, mejor empezar por lo fácil, la niña buena y a la que todos creían un angelito.


Levantó la mano delicadamente y cuando vio que el profesor la miraba se levantó y puso su sonrisa más dulce. – Señor Riemelt, como delegada de clase de los últimos años, e imagino que de éste también lo seré, - añadió sonriente a sus compañeros que eran los que la elegían para ello, como si estuviera en una especie de campaña electoral. – quiero darle la bienvenida de parte de mis compañeros y mía, y decirle que esperamos que se sienta muy a gusto en su primer año en St. James. – La cara de Riemelt era todo un poema indescifrable para la chica, así que se quedó a la espera de una respuesta mirándole con curiosidad, aunque algo en su gesto no le estaba dando buena espina.


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Chapter I. UGH!

Mensaje por Sgt. Pepper el Lun 1 Feb - 5:47

ugh!
Theo observa a sus estudiantes al tiempo que se muerde el interior del labio para evitar esbozar una sonrisa de satisfacción al ver las muecas que esbozan sus estudiantes. En algunos puede ver como se acentúa aquel gesto de indignación, otros más palidecen o parecen al borde de un ataque de pánico, mirándose unos a otros. No es que le extrañe, sabe perfectamente que la mayoría de ellos no podría sumar ni siquiera dos más dos sin ayuda de sus smartphones. Si en su época los adolescentes eran unos imbéciles, en estos tiempos son un caso perdido.

Los ojos azules de Theo continúan escaneando el aula de manera lenta. Afortunadamente para él, todos parecen haber entendido como van a funcionar las cosas por ahí mientras él esté a cargo y nadie se ha atrevido a hacer comentario alguno… o eso es lo que cree hasta que ve aquella mano levantarse entre la multitud de pupitres justo cuando esta por ponerse de pie y dirigirse a la pizarra para comenzar con la lección del día. Es la misma rubia con aires de princesita y rostro de muñeca Barbie que le miraba hacia un rato. Theo enarca una ceja en su dirección y aquello parece ser suficiente para que aquella chica comience a hablar de un montón de cosas que a él no le interesan en lo absoluto.

Delegada de la clase, por supuesto, piensa Theo. A él jamás le intereso la política escolar, que se trata más que nada de quién es más popular o quién da las mejores fiestas. Y bueno, sobra aclarar que él jamás estuvo en ninguno de esas categorías. No le extraña de esa chica, por supuesto. Con su vocecilla dulzona y la sonrisa de comercial, Theodore no puede evitar esbozar una sonrisa, que seguramente parece más una mueca sarcástica.

Ya, señorita…  perdone ¿cuál ha dicho que es su nombre? — pregunta él, cruzando los brazos sin dejar de mirar a la muchacha— Señorita Nichols, claro—Theo esboza una sonrisa. Él también puede jugar aquel juego del señor encantador si se lo propone, o al menos en apariencia— Para empezar, no recuerdo haberle dicho que podía hablar ¿o me equivoco? Segundo, guarde su discurso político para la hora del almuerzo, o mejor aún, para alguien a quién le interese ¿vale? — Theo tiene que esforzarse para no empezar a reírse ahí mismo de la cara que ha puesto la pobre chica— Pero ya que tiene tantas ganas de hablar ¿por qué no pasa al frente y nos refresca a todos las leyes de la termodinámica? Si mal no recuerdo el plan de estudios, debieron haberlo visto el semestre pasado.

Theo se pone de pie y le da una vuelta al escritorio, dejándose caer en la silla de madera y abriendo su termo para darle un largo sorbo a su café. Vuelve a mirar a la chica, sin borrar la sonrisa de su rostro —¿Qué pasa señorita Nichols? ¿Le ha comido la lengua el ratón?



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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Lun 1 Feb - 16:53

ugh!

Algo parecido a una sonrisa se dibujó el en rostro del profesor iluminando su rostro y dejando ver una belleza que hasta el momento ninguna de la chicas del aula había percibido, seguramente por estar más atentas a sus malas maneras que a su físico, pero en aquel momento se hizo patente ante todas. Yvette incluso pudo notar como los ánimos a su alrededor se relajaban ligeramente, más ella no bajó la guardia, no porque no hubiera visto lo atractivo de aquella medio sonrisa, si no más bien porque algo en la expresión de Riemelt le indicaba que no era lo que parecía, y no se equivocó, aun así tampoco esperaba aquella desmesurada reacción.

- Yvette Nichols, señor. – respondió educadamente ante la pregunta del hombre sin perder aquella delicada sonrisa hasta que el maestro empezó a hablar. El rostro de la joven cambió al instante, casi palideciendo. Sus palabras fueron más duras de lo que jamás se había encontrado la rubia, que permaneció de pie, con las manos visiblemente nerviosas y sin saber donde colocarlas, aun así no apartó la mirada de él, pero no por falta de ganas, si no más bien por miedo a que aquella reacción implicara una nueva reprimenda por parte de Riemelt, el que parecía divertirse con todo aquello, todo lo contrario que ella, que podía notar como su interior ardía de rabia ante aquella humillación ante el resto de alumnos.

Tragó saliva y notó como su cuerpo empezaba a flaquear cuando el profesor la retó claramente a demostrar su sabiduría en la materia, cosa que no tenía. En aquel momento se preguntó si aquel impertinente habría estado revisando sus trabajos o exámenes de años anteriores y se habría percatado que su supuesta habilidad en Física no era más que una cortina de humo que ella hábilmente había sabido fabricar con la colaboración de los ingenuos profesores que hasta ahora había tenido, pero justo en ese instante mirándola con aquella sonrisa de suficiencia parecía dejarle claro que él no iba a caer en las artimañas de la chica, la que después de unos segundos volvió a sentarse con el orgullo herido, sin responder a las últimas preguntas de ese odioso profesor que ya se veía venir le haría el curso, e incluso aquel año de su vida o su ingreso en la universidad, imposible.

Podía sentirse observada por varios de sus compañeros, incluso pudo oír alguna risita burlona, pero aun así, por mucho que le costara mantuvo la cabeza bien alta y altiva dedicando una mirada feroz al profesor que tomaba otro sorbo de café como si allí no ocurriera nada. “¡Así se te caiga encima y te abrases las piernas!” gritó mentalmente sin apartar la mirada de la bebida, como si realmente tuviera algún poder mágico que pudiera provocar aquello que su mente tanto deseaba.


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Chapter I. UGH!

Mensaje por Sgt. Pepper el Mar 2 Feb - 1:00

ugh!
Theo no puede evitar que su sonrisa de satisfacción se ensanche ante la reacción de la muchacha –aunque siendo honestos, tampoco es que él haga mucho por ocultar cualquier rastro de alegría que esto pueda causarle. Él se mantiene en silencio, sin mover ni un solo musculo, limitándose a observarla con sus grandes ojos azules bien abiertos. Es obvio que la chica no tiene idea y por las caras que ponen el resto de los alumnos ahí presentes, ellos tampoco deben estar en una mejor posición. No es que le extrañé. Tuvo el… placer de conocer a la profesora Clark, una mujer de edad madura que ocupase el puesto de profesora de física antes que él… Y bueno, a todas luces se notaba que aquella mujer no era precisamente brillante, por lo que a Theo no le extraña que estos críos no tengan ni la más mínima idea de que está hablando.

No puede evitar soltar un suspiro al tiempo que se reclina sobre el respaldo de la silla, haciendo que las patas delanteras de esta se levanten del suelo ligeramente por un par de segundos. Theo observa como finalmente la muchacha rubia se da por vencida, optando por retirarse y sentarse nuevamente en su banco ante un par de miradas burlonas de sus compañeros y una que otra risita soltada por lo bajo.

Después de darle otro sorbo a su termo, Theo se pone de pie.

¿Y bien?¿Algún otro voluntario? — Theodore escanea con la mirada toda el aula,  deteniéndose de vez en cuando en algún muchacho que parece especialmente distraído mirando por la ventana o en su teléfono celular. Todos se mantienen inmutables, mirándole con absoluta seriedad e incluso se atrevería a decir que un poco de pánico. Theo conoce aquella sensación en la boca del estómago: Es la satisfacción de tener el control. Después de un par de meses horribles en los que todo en su vida parece haberse puesto de cabeza, por primera vez vuelve a sentirse al mando de algo. Y Theodore Riemelt no se considera a sí mismo un tirano, pero aquello en definitiva le gusta.

Dando una fuerte palmada que hace que más de uno se sobresalte en su asiento por el súbito ruido entre aquella tensa calma, Theo se da una vuelta y comienza a escribir un par de ecuaciones en el pizarrón aún sin poder dejar de sonreír— Okay, abran sus libros en el capítulo sobre termodinámica, vamos a empezar…

Puede que pese a los disgustos iniciales, aquel semestre no pinte tan mal después de todo.




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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Mar 2 Feb - 20:23

ugh!

Los días y las semanas iban pasando sin nada remarcable, Yvette seguía con sus planes inalterables, había vuelto a ganar las elecciones a delegada, tal y como se esperaba, los profesores la adoraban, como de costumbre,… aunque había algo que la tenía de lo más preocupada respecto a ese tema, y ese era Theodore Riemelt. Desde aquel primer día de clase y la reacción que había tenido el profesor ante su teóricamente educada y amable bienvenida, no se mostraba muy participativa en clase, de hecho, ni ella ni ningún otro alumno. Ese amargado los tenía a todos acojonados, por decirlo de forma clara y sincera, nadie se atrevía a hablar en el aula, ni siquiera a preguntar muchas veces, y él seguía con aquel malhumor que parecía tener bien arraigado en su interior. Sin embargo la rubia no se iba a rendir, le estudiaba en cada clase, cuando se lo cruzaba en los pasillos, e incluso cuando le veía comer solo en la cafetería del instituto, tenía que encontrar la manera de ganárselo, y no sabía como hacerlo, cosa que la frustraba y la enfurecía a partes iguales.

Justo aquel día les iban a dar las calificaciones de ese mes, e Yvette se temía lo peor en cuanto al resultado de la dichosa asignatura de física, claro que para ella lo peor era sacar un notable en vez de un excelente o incluso una matrícula de honor en según que materia, lo que no se esperaba al abrir el boletín era encontrarse con un simple aprobado en aquella estúpida materia. Su cara de indignación fue visible ante todos sus compañeros, aunque ni siquiera se atrevieron a preguntar. Arrugó aquel papel entre sus manos y se alejó de la secretaría, donde habían entregado las notas, decidida en dirección al despacho del profesor Riemelt dispuesta a decirle cuatro cosas bien dichas.

Una vez frente al despacho, más que llamar a la puerta prácticamente la aporreó, y sin esperar apenas respuesta la abrió la y pasó con el boletín aun en la mano la cual alzó para seguidamente bajarla dando un golpe sobre la mesa del hombre. - ¿Qué se supone que es esto? ¿Un aprobado? ¡Yo merezco mucho más que un aprobado! Y si no mire el resto de notas y verá que la que usted me ha puesto es del todo inapropiada e injusta. – dejó el arrugado folio en su mesa y se cruzó de brazos sin apartar aquella mirada desafiante suya que jamás había mostrado a ningún maestro, pero aquello ya pasaba de castaño oscuro, y si al “señor” no le gustaba su faceta más dulce ahora conocería la más tosca  e intensa.


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Chapter II. Haven't you people ever heard of closing a goddamn door?

Mensaje por Sgt. Pepper el Miér 3 Feb - 1:56

haven't you people ever heard of
closing a goddamn door?
Theo se lleva ambas manos a la cara, cubriéndose el rostro al tiempo que echa la cabeza hacia atrás y suelta un bufido de frustración. Frente a él y encima de su escritorio, junto a la portátil abierta y un par de carpetas con ejercicios yacen algunos de los papeles del divorcio junto a los que se encuentran las escrituras de su casa. Theodore no sabe si lo que le molesta es el hecho de ser dueño de aquella maldita construcción en la que se rehúsa a volver a poner un pie mientras viva o el hecho de que a Melissa ni siquiera le haya interesado. Cabe aclarar que el único motivo por el que Theo peleó por aquella casa fue para joder un poco a la zorra de su ex-eposa… y todo para que al final ella se la cediera de buenas a primeras, como si no significase nada.

No que le importe, cabe aclarar, es solo… ¿Qué se supone que haga con ella ahora? Está más que claro que no va a volver a ella. Con un suspiro resignado, apoya su brazo en la orilla del escritorio, su barbilla recargada contra la palma de su mano mientras observa los papeles. Siempre puede ponerla en venta. Lo que le recuerda que él también debería empezar a buscar un departamento o algo para sí mismo. Está bien quedarte en el departamento de tu hermana menor por una cantidad razonable de tiempo pero está seguro que ya está comenzando a excederse–además, Mia empieza a volverlo loco. Su hermana siempre ha sido un desastre, un huracán andante en contraste con la seriedad y orden que rigen la vida de Theodore y es cuestión de tiempo para que si no ella termine por echarlo. Theo puede ser bastante maniático cuando quiere.

El sonido de unos fuertes golpes le hacen dar un respingo y ni siquiera tiene tiempo de preguntar de quién se trata cuando la puerta se abre intempestivamente, dando paso a una muchacha de rizos rubios y mueca enfurecida. Si no fuera por el factor sorpresa, Theo probablemente la habría echado de ahí a patadas. En cambio, la mira con ambas cejas enarcadas al tiempo que cierra la carpeta antes de enterrarla en uno de los cajones de su escritorio.

¿No le enseñaron en casa que es de mala educación entrar sin permiso?— pregunta él, reclinándose contra el respaldo de su silla sin despegar la mirada de la muchacha. Mentiría si no dijera que la conducta de la señorita Nichols le parece como menos… intrigante. Pese a su comportamiento con ella –y el resto de sus alumnos en general durante aquel fatídico (por decir lo menos) primer día de clases, Yvette Nichols se ha mostrado en general como una chica amable y conciliadora, siempre con una sonrisa dulce en el momento indicado… por lo que aquella entrada intempestiva parece un tanto fuera de lugar.  

¡Ah! Las dichosas notas, por supuesto. Theo había esperado esta reacción de algunos de sus alumnos, aunque le parece un tanto temprano para ello ¿no sé supone que acaban de entregar las boletas? Theo mira por encima el arrugado trozo de papel que la chica por poco y le ha lanzado en la cara y enarca una ceja. Las notas de la rubia son absolutamente impecables, prácticamente todas y cada una rozan en la excelencia y es entonces que los ojos azules de Theo se fijan en el nombre de su materia y en la nota que aparece junto a esta. No puede evitar la sonrisa burlona que aparece en su rostro al tiempo que se vuelve a mirar a Yvette —Lo siento, pero no entiendo cuál es el problema Nichols.  Tú desempeño en mi clase al igual que el del resto de tus compañeros ha sido si eso, mediocre… Me parece que es justamente la nota que te mereces.

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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Miér 3 Feb - 23:10

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Durante el camino al despacho de Riemelt por la cabeza de Yvette pasaban los más variados insultos que jamás había oído, o pensado en este caso, juntos, y como no cesaron en todo el trayecto, su mala leche llegó intacta, si eso era algo bueno o no ya se vería.

Aunque todo ocurrió muy rápido, pudo ver como guardaba algún tipo de documento que no quería que ella viera, tal vez unos exámenes, lo que hizo que por la cabeza de la rubia pasara la de seguro mala idea de si no conseguía lo que quería sería capaz de colarse en aquel despacho para robar las preguntas de la siguiente prueba, aunque solo fue un pensamiento muy fugaz, porque estaba demasiado ofuscada en cantarle las cuarenta al mal nacido profesor de física.

Siguió adelante ignorando el comentario que le lanzó, que obviamente era del todo acertado, pero tan solo para la gente que lo merecía, y Theodore Riemelt no era una de esas personas, así que ni frenó el paso ni se disculpó por la forma brusca que tuvo en su entrada.

Para ser sinceros, a pesar de haber estudiado al hombre de todas las formas que podía hacerlo manteniendo las distancias con él, hasta ahora no había visto aquella expresión que puso, era… ¿sorpresa tal vez? ¿Pero de que se iba a extrañar si seguro que tras ella irían más estudiantes a reclamarle? Pero aquella sutil expresión se transformó pronto en aquella sonrisa con la que parecía mofarse de todo el mundo, lo que aun la enervó más, y encima ese sermón en el que le estaba diciendo que no había ningún error en aquella clasificación.

- Y una mierda es la nota que me merezco! ¿Es que no lo ve? – gritó acercándose a la mesa y empezando a dar golpes sobre el boletín para recalcar el resto de puntuaciones de nuevo. – Esas son las que me merezco. El problema es que a usted no le caigo bien por algún motivo y no quiere ponerme la nota que SABE que merezco en realidad! – le soltó tal cual lo pensaba, des del primer día era evidente que ella no le gustaba, aunque dudaba que alguno de los estudiantes llegara a gustarle ni tan solo un poco, a aquel hombre no le gustaba ni él mismo.

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Chapter II. Haven't you people ever heard of closing a goddamn door?

Mensaje por Sgt. Pepper el Sáb 6 Feb - 4:50

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closing a goddamn door?
Theo suelta un suspiro de fastidio al tiempo que pone los ojos en blanco. Es demasiado temprano para lidiar con una adolescente histérica y ni siquiera ha tomado su segunda taza de café por lo que oficialmente, esto no va a terminar bien para nadie. Aunque por su puesto y si tiene que hacer apuestas, es más que obvio que la señorita Nichols es ahí la que lleva todas las de perder, aun cuando golpea y da manotazos sobre su escritorio como un orangután.

Inhala, exhala, inhala, exhala.  Theodore se cruza de brazos y continua observando a la chica con una ceja enarcada y una mueca impasible —¿Terminó  Nichols? — pregunta una vez que la chica deja de vociferar a los cuatro vientos —Para empezar, le sugiero que empiece por corregir esos modos que tiene, no sé quién se ha creído que es para entrar a MI oficina sin MI permiso — comenta él, poniéndose de pie y apoyando ambas manos sobre el escritorio, reclinándose ligeramente hasta quedar apenas a un par de centímetros del rostro de la rubia— Y más aún con esos gritos, por si no lo ha notado este es un instituto no un manicomio, así que trate de controlarse a menos que quiera que le aparte un par de horas semanales con la terapeuta escolar ¿esta claro?

Los ojos de azules de Theo se mantienen clavados en la muchacha. Él frunce aún más el ceño al sentir la respiración errática y agitada de ella chocando contra su piel, dándose cuenta hasta ese momento de la cercanía en la que está con la adolescente. Theo se pasa una mano por el rostro para espabilarse, echándose de nuevo hacia atrás hasta quedar en una posición erguida, cruzándose de brazos.

En segunda, no se crea tan importante ni tan especial — comenta él, esbozando una sonrisa burlona— Usted al igual que el resto de sus compañeros no son más que un grupo insignificante de chiquillos que no podrían resultar más irrelevantes para mi vida, así que no se haga ilusiones de que la odio o algo por el estilo — lo que le faltaba. Que una chiquilla cualquiera crea que él tiene tiempo que perder o energías que gastar en detestarla. Y aunque quisiera, Theo está seguro que en ese lugar debe haber un millón de personas mucho más interesantes que esta rubia histérica que no puede tolerar la idea de un profesor no pise el suelo por el que camine. Es tan patética que Theo casi siente lastima por ella— Así que si no tiene algo importante que aclarar, le aconsejo que deje de hacerme perder el tiempo, yo sí tengo cosas importantes que hacer.


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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Lun 8 Feb - 13:58

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Después de arremeter sin compasión ni medida contra Riemelt, él muy impasible decidió que era su turno de palabra. - Si, he acabado. – sabía que la pregunta era más bien retórica, pero aun así le gustaba tener la última palabra, así que asintió sin perder la altivez con la que había entrado al despacho.

Cierto, tenía toda la razón en que su actitud no había sida la más adecuada ni mucho menos, aun así, la decisión de comportarse de aquella manera, acertada o no, estaba tomada y no pensaba dejarse achicar por él, ni siquiera cuando se levantó y se acercó tanto a ella… aunque debía admitir que le costó no dar un paso atrás para recuperar aquella sensación de no tener invadido su espacio personal, aun así, aguanto quieta y escuchando lo más impasible que pudo hasta que la palabra manicomio salió de los labios del hombre, ¿Qué sabría él sobre manicomios? El muy… Apretó los labios guardándose de decir absolutamente nada e intentando que se notara en su rostro que aquello la había incomodado ligeramente. – No-necesito-terapia. – respondió sin alzar el tono, pero remarcando todas y cada una de las silabas de aquella frase y sin darse ni cuenta imitó el anterior movimiento del maestro y se acercó más a él. No podría jurar cuantos segundos fueron los que sus miradas y su cercanía se retaban en silencio, pero ambos parecieron darse cuenta al mismo tiempo separándose al unísono.

- Y usted quizás no debería creerse tan maravilloso como parece, porque tal vez yo sea una “chuiquilla insignificante”, - dijo intentando imitar su tono de voz aunque con cierto desprecio a esa definición que había hecho de ella y de sus compañeros. - pero usted es un amargado de la vida que ha acabado en un trabajo que claramente no le gusta y se cree con derecho de hacérnoslo pagar a sus estudiantes. – Jamás había hablado así a un pero en ese momento acababa de perder el control sobre si misma y no pensaba aguantar ni un insulto más de aquel pedante engreído.

- Oh, créame, yo también tengo cosas más importantes que perder el tiempo con usted, pero resulta que no pienso renunciar a ir a Harvard por un injusto profesor amargado que parece que calificar a los alumnos por debajo de su media le divierte. – tomó un poco de aire intentando calmarse, e intentó que su tono de voz fuera más bajo y relajado. - He estudiado, he estudiado esta maldita asignatura más de lo que nunca he hecho y ¿debo conformarme porque usted cree tan solo merezco un aprobado? Pues se equivoca porque no pienso renunciar a tener la nota que necesito para entrar en Harvard, y si usted no piensa dármela por las buenas, entonces déme una solución. – Esperó solo unos segundos antes de volver a hablar. - ¡Venga, dígame que se supone que tengo que hacer? Acaso es que cree que debería darme unas tutorías o clases de orientación?....- de repente se quedó callada y pensativa-  Espera…. Eso es… - murmuró para si misma al darse cuenta de que, aunque bromeaba en el momento en que hizo aquella pregunta, aquella quizás era la única opción para poder tener una buena clasificación en física, y le gustara al profesor Riemelt o no, iba a conseguir que la ayudase le costara lo que le costara.

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Mensaje por Sgt. Pepper el Mar 16 Feb - 2:54

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Theo enarca una ceja al escuchar las palabras de la rubia ¿qué no necesita terapia? Theo se muerde el labio para no esbozar una sonrisa burlona. En su opinión, aquello es bastante discutible, especialmente tras la escenita que acaba de montarle. Pero él no es quién para preocuparse por la estabilidad mental de sus alumnos, finalmente a él solamente le pagan para que vaya a darles una hora de clases –si ellos deciden sacar provecho de ella o no, es otro asunto; y si los padres de la señorita Nichols no están ni ligeramente preocupados por el hecho de que su hija sea una olla a presión de histeria a punto de estallar… Pues vamos, que a él le tiene con mucho menos cuidado. Una adolescente estúpida menos con la que él tiene que lidiar.

Él frunce el ceño al escuchar la acusación de la chica. No es que Theo no lo sepa, después de todo ¿Qué gana con negar lo obvio? ¡Por supuesto que es un amargado hijo de puta! ¡Su esposa lo engaño con el que se hacía llamar su mejor amigo por años, por amor de Dios! Pero de ahí a que una chiquilla cualquiera venga a echárselo en cara…— Tal vez si pasara más tiempo estudiando los apuntes de clase y menos tratando de adivinar cualquier cosa respecto a mi vida personal le iría mejor en clase Nichols, pero es solo una idea — responde él chasqueando la lengua y dirigiéndole una mirada enfadada a la Yvette.  

Theodore no puede evitar sentirse ligeramente sobresaltado ante la mención de… aquel sitio. Por mucho tiempo Harvard fue lo único de lo que Theo solía hablar con cualquiera que estuviera dispuesto a escucharle. Desde lo increíbles que fueron sus años como estudiante hasta el maravilloso empleo que tenía en los laboratorios de investigación… Ahora la sola mención de aquel condenado sitio hace que se le revuelva el estómago. No puede evitar soltar una risa sarcástica por lo bajo, tratando de evitar la incomodidad que repentinamente ha invadido su cuerpo.

Theodore no puede evitar sentirse ligeramente sobresaltado ante la mención de… aquel sitio. Por mucho tiempo Harvard fue lo único de lo que Theo solía hablar con cualquiera que estuviera dispuesto a escucharle. Desde lo increíbles que fueron sus años como estudiante hasta el maravilloso empleo que tenía en los laboratorios de investigación… Ahora la sola mención de aquel condenado sitio hace que se le revuelva el estómago. No puede evitar soltar una risa sarcástica por lo bajo, tratando de evitar la incomodidad que repentinamente ha invadido su cuerpo— En serio Nichols ¿no tiene algo mejor que hacer? ¿Una amiga con la que cotillear o un novio al que besuquear bajo las gradas? — pregunta él al tiempo que se cruza de brazos, sentándose en la orilla de su escritorio sin despegar su mirada de la chica— No es la nota que yo creo que se merece, es la nota que se merece — Theo se inclina ligeramente para abrir uno de los cajones de su escritorio, arrojando un folder sobre la mesa justo frente a la chica— Ahí están sus trabajos ¿quiere llevarlos con alguien más para que los vea? Adelante pero van a decirle lo mismo que yo, son mediocres y yo no voy a darle una nota de excelente por algo que no lo es ¿queda claro? ¿O necesita que se lo explique con palabras más simples?

Theo aprieta el puente de su nariz entre su dedo pulgar e índice en un intento por mantener la poca calma que le queda. Nichols va a hacerle perder los nervios y aunque aquello seguro no es algo que vaya a gustarle a ella, tampoco es conveniente para él y su empleo. Respira hondo, dirigiéndole una mirada extrañada a la chica, que continua de pie frente a su escritorio murmurando para sí misma. Theo pone los ojos en blanco, ya ha terminado de volverse loca seguramente — ¿Disculpe? — pregunta él. No estará pensando lo que él cree que está pensando… Lo que le faltaría. Tener que tolerar  a aquella loca por más de una hora al día.


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Mensaje por Adra el Miér 17 Feb - 15:31

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Definitivamente aquel hombre era un auténtico gilipollas, ¿no acababa de decirle que había estudiado y mucho? ¿Es que no la escuchaba o es que no la creía directamente? Se enfrentó a su mirada con una igual de crispada que la que él le estaba dedicando. – Con todos mis respetos, aunque no los merezca, le diré que su vida personal, si es que la tiene, que eso es otra historia, me importa bien poco, por mi como si se quiere tirar por un puente, incluso me haría un favor. – ahí se quedó del todo muda y apretando sus labios arrepentida de lo que acababa de decir, y no porque no lo pensara de verdad, si no simplemente porque por un momento había olvidado de que estaba hablando con un profesor, un maldito profesor que tenía en sus manos el futuro por el que tanto estaba luchando desde bien pequeña.

Lo que más extraño le pareció a Yvette fue ver el rostro ligeramente desencajado al hablarle de Harvard, ¿Qué? ¿A caso le extrañaba que ella quisiera ir a aquella universidad o era simplemente no la veía capaz de lograr entrar en ella? Eso sin duda la irritó de sobremanera, pero más aun cuando soltó aquella risita seguida de eso absurdo comentario, lo cual se tomó como un menosprecio hacia ella. - ¿Más importante? – le miró incrédula a la par que ofendida. – Quizás usted, en su juventud, hace muuuuchos años, - remarcó intentando claramente devolverle lo que ella se había tomado como un insulto. -  se dedicaba a hacer esas cosas, pero yo soy una persona responsable a la que le importa más su futuro que esas estupideces. – claro que tampoco es que tuviera un gran número de amigas con las que cotillear, ni un novio al que besuquear, ¿para que? Realmente creía que todo aquello eran meras distracciones que no valían para nada su atención.

Sus ojos se clavaron en la carpeta que dejó sobre la mesa, ¿de verdad le estaba dando la oportunidad de cambiar sus puntuaciones si encontraba a otro profesor que estuviera dispuesto a hacerlo? Por la mente de la chica pasaron varias opciones, varios rostros a los que sabía de seguro podría convencer de que la calificaran mejor, el único inconveniente era que ninguno de ellos era del departamento de física, así que no podrían cambiarlas por mucho que quisieran. Aquello la hizo resoplar y volver a levantar la vista hacia el hombre que tenía frente a ella con un posado despreocupado y chulesco, que acababa de llamarla tonta con aquella última pregunta que provocaron unas ganas inmensas en ella de pegarle un buen bofetón, o incluso un puñetazo, y si, él tenía motivos para adoptar aquella actitud ya que tenía la sartén por el mango y ambos lo sabían, pero lo que él desconocía era que Yvette era una luchadora nata y feroz, muy feroz, y haría cualquier cosa para que las cosas cambiaran.

La pregunta de Riemelt la hizo volver a la realidad y una ligera sonrisa ladina iluminó su rostro y se dispuso a responder en su tono de alumna repelente que cree saber más que nadie. – Pues que usted es un profesor, lo que implica que si uno de sus alumnos le pide ayuda, debe dársela, y si según usted ese alumno no es lo bastante bueno en su materia, tiene la obligación de ayudarle con tutorías extras o lo que haga falta para que las notas de dicho alumno mejoren. – hizo una pausa mientras su sonrisa aumentaba. - ¿Le queda claro? ¿O necesita que se lo explique con palabras más simples? – añadió copiando exactamente las últimas palabras que le había dedicado y que tanto la habían ofendido.

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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Sgt. Pepper el Sáb 2 Abr - 2:13

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Theodore no puede evitar parpadear sorprendido en cuanto aquellas palabras sale de los labios de Yvette. De pronto, su mente se encuentra plagada de imágenes de aquellas primeras semanas tras descubrir la infidelidad de Melissa. Las noches en bares con la única compañía de un solitario vaso de whisky con hielos y aquella sensación de miseria que amenazaba con partirle en dos en cualquier instante. Una docena de ideas similares a la que la señorita Nichols acaba de plantear pasaron por su cabeza una infinidad de veces en aquellas primeras noches. Y si bien Theo las descartaba al instante –por un exceso de amor propio para terminar así como así con su vida, quizá por un exceso de cobardía- pensar en ello tan súbitamente lo hace sentir incómodo.

¿Cómo dicen? Si pudiese, en ese instante se arrancaría la piel y se pondría otra. Theo carraspea, desviando la mirada hacia el pequeño librero que yace detrás de su escritorio, paseando la mirada por el lomo de los viejos tomos de física que encuentran resguardo en aquel desvencijado mueble, analizándolos de manera minuciosa como si no los hubiese visto ya un millar de veces.

Él enarca una ceja ante el siguiente comentario de la rubia, volviéndose nuevamente hacia ella y clavando sus ojos azules en el rostro de la muchacha. No puede evitar pensar en lo mucho que le recuerda a si mismo cuando tenía su edad. Con una sonrisa torcida y un escalofrío que por poco y no logra reprimir, Theo niega levemente con la cabeza tratando de eliminar aquel espantoso pensamiento ¿Él y Nichols parecidos? Ahora sí que se tiraría de un puente por tan solo haber pensado en ello. Menuda ridiculez. Debe ser el hecho de estar compartiendo espacio con esta niña con aires de sabelotodo por un tiempo tan prolongado, está empezando a contagiarle la estupidez tan solo con respirar el mismo aire que ella. Si Theo bien lo supo desde aquel primer día, Yvette Nichols es un virus y uno peligroso.

Eh, para el carro Nichols — le corta él con una mueca de disgusto, moviendo ambas manos en señal de negación ¿Es que esa niña está completamente loca o se ha dado un golpe muy fuerte en la cabeza antes de ir a su oficina?¿Qué estupidez es todo aquello de las tutorías? —Como ya tu dijiste, soy un profesor y me pagan por enseñarles dentro de MI HORA de clase a ti y al resto de tus compañeros — añade él, de manera lenta a ver si la rubia acaba por comprender de una buena vez y deja de molestar— Que sus capacidades mentales no alcancen para comprender algo tan sencillo como los temas que hemos revisado hasta ahora no es problema mío ¿vale? Créeme que si pudiera volverlos más listos lo haría sin dudarlo — añade el castaño de manera acida, cruzándose de brazos y con una ligera sonrisa en los labios antes de añadir—¿Por qué no mejor me dices que quieres pasar más tiempo a solas conmigo fuera del aula, eh? — Theo se inclina nuevamente, acercándose a la chica. Sabe que aquello va a escandalizarla— No te culpo por fijarte en mí— él recorre a adolescente de pies a cabeza con una expresión seria. Y bueno, sabe que está mal tan solo pensarlo pero Yvette Nichols no está nada mal… para ser una puberta insoportable y escandalosa que debería aprender a cerrar la boca. — Desgraciadamente para ti, no eres mi tipo en absoluto— suelta él antes de estallar en carcajadas ante la expresión de la chica.

Theo se deja caer en su silla de manera descuidada, encogiéndose de hombros.

¿Quieres mi ayuda? — pregunta él, recargando su cabeza entre sus manos, los brazos apoyados en el escritorio de madera oscura— Vale, aquí tienes mi consejo: Deja de ser una sabelotodo insoportable— y con una falsa mueca de sorpresa, carraspea antes de aclarar— Quiero decir, estudia más duro para el próximo examen.


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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Mar 12 Abr - 12:41

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Y de nuevo aquel desprecio hacia ella y hacia su inteligencia, aquella actitud de superioridad la ponía de los nervios. – Créame, mis capacidades mentales van a dejarlo flipando, y cuando tenga su laaarga edad, verá que no me quedaré siendo una simple profesorsucha como usted. – le soltó con altivez y una media sonrisa burlona.

Los ojos de Yvette se abrieron como platos ante aquellos comentarios, ¿estaba hablando en serio? ¡No podía estar hablando en serio! ¿A caso ella no estaba transmitiendo lo que quería, que era puro enfado y furia? Por un momento todo su cuerpo parecía una roca, totalmente estática e inmóvil, pero poco a poco su entrecejo se fue arrugando y su mirada echaba más fuego aun que antes cuando vio claramente que aquel hombre descarado y sin ningún tipo de vergüenza se estaba riendo de ella. – Es usted un auténtico capullo. – soltó secamente una vez vistas las intenciones del dichoso profesor. – Jamás tendría ese mal gusto, puede estar bien seguro de ello, incluso antes me enrollaría con la antigua profesora Clark. - Obviamente tenía ojos en la cara y podía ver lo atractivo del profesor, pero nunca iba a reconocérselo, solo le faltaría eso a aquel tan pronunciado ego del que hacia gala.

Sus facciones se endurecieron al clavar una fuerte mirada hostil en su profesor, aquel hombre prepotente y engreído que se creía que podría derrotarla en su terreno, porque después de todo aquel era su instituto, ese tipo apenas acababa de llegar y se creía el dueño del lugar? Ah no, eso si que no iba a tolerarlo, y estaba dispuesta a enseñarle de la peor de las maneras las reglas del juego, de SU juego. Se acercó despacio a Theodore y ladeó ligeramente la cabeza con una casi imperceptible sonrisa burlona y los brazos firmemente cruzados sobre su pecho. – Escúcheme bien señor Riemelt, soy una de esas personas que siempre consigue lo que quiere, siem-pre, cueste lo que cueste y tenga que pisar a quien tenga que pisar, y usted está a punto de comprobarlo. – De pronto Yvette se dio cuenta de que en su acto de intimidación había estado acercándose más y más al profesor, y aquello le hizo perder por unos segundos su concentración al recordar el anterior comentario cuando había insinuado que ella tenía algún interés personal en él, y su expresión de maldad que tan estudiada tenía cambió para palidecer, o tal vez enrojecer ligeramente, no estaba muy segura de ello, al verse tan cerca de aquel hombre que por primera vez pudo sentir que olía de maravilla. Dio un paso atrás mientras tragaba saliva e intentaba disimular aquella incomodidad que se acababa de apoderar de ella, y una vez lo consiguió volvió a mirarle y a concentrarse en su papel de arpía.

Miró sobre la mesa donde aun estaba su boletín de notas, debía cogerlo para llevar a cabo el plan que tenía en mente, sin embargo eso implicaba que debía volver a acercarse a él. El movimiento dubitativo aunque rápido de su brazo estirándose y volviéndose a encoger antes de atreverse a coger aquel papel temió que delatara sus nervios, pero al notar de nuevo la fina hoja entre sus dedos y saberse de nuevo a una distancia prudencial del profesor le dio energías renovadas. – Se arrepentirá de haberme tratado así. – Le espetó decidida a darse la vuelta y correr al despacho del director a hacer el más increíble papel que había tenido que hacer en su vida. Lloraría mientras le contaba lo maltratada que se había sentido por el señor Riemelt, quien tenía algún problema desconocido con ella, que por supuesto se encargaría de recordar lo buena persona y estudiante que era, y que se negaba a ayudarla con unas tutorías privadas para poder cumplir el sueño de su vida que tanto trabajo le había costado, y por supuesto todo aquello adornado por su más inocente rostro y voz. No era la primera vez que trataba con el director del centro, ni la primera en la que lograba que éste bailara al gusto de la chica, así que no le cabía duda que esta vez respondería exactamente igual.
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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Sgt. Pepper el Dom 26 Jun - 4:10

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Theo apenas logra contenerse para no dar un respingo ante las palabras de la rubia, en lugar de eso, su mano izquierda aprieta con fuerza el escritorio hasta que sus nudillos se vuelven de color blanco por la presión ejercida sobre el mueble al tiempo que su ceño se frunce aún más. Respira hondo Theo, respira hondo, se repite una y otra vez como un mantra, tratando de mantener el control ¿Pero que sabe esa chiquilla de él? Por un instante Theodore Riemelt se siente tentado a dejar su compostura y orgullo de lado para echarla de su oficina a gritos. Un simple profesorucho. Aquello, aunque haga todo lo posible porque su cara no lo refleje, le ha calado en el orgullo. Cómo si eso fuera lo que él hubiese querido. Cómo si él hubiese querido dejar su trabajo en Harvard para acabar dándole clases a un montón de críos imbéciles incapaces de memorizar si quiera una formula, mucho menos utilizarla.
Apretando fuertemente la mandíbula, Theo vuelve a respirar profundo antes de esbozar su mejor sonrisa burlona aunque agitado como se encuentra duda de la efectividad de esta.

Tomando en cuenta que yo nunca saque menos de un excelente en ninguna de mis clases… —comenta él encogiéndose de hombros, mirando de manera burlona la boleta de la rubia que continua encima de su escritorio— Dudo si quiera que pudieses llegar a hacer la mitad de las cosas que he hecho Nichols, pero ¿cómo dicen? Soñar no cuesta nada.

Theo no puede evitar soltar una carcajada al escuchar a Nichols llamarlo capullo. Menos aún ante su comentario sobre la profesora Clark— Así que así es como conseguías tus notas de excelencia con la profesora Clark ¿eh? — pregunta él, enarcando una ceja de manera traviesa— Debo decir que me sorprende lo perverso de tus métodos Nichols.  

Los ojos de Theo se mantienen fijos en la muchacha, observando como esta se inclina peligrosamente invadiendo su espacio personal sin siquiera notarlo en lo que parece ser su enésimo ataque de furia desde que cruzó la puerta de su despacho. Theo resopla al escuchar sus palabras, rodando los ojos —¿Estás amenazándome Nichols?  Porque creo que eso está penado en el reglamento escolar ¿o me equivoco? Y no quisiera tener que llevar esto a las autoridades escolares ¿imaginas cómo se vería esto en tu expediente?

Theo quiere decir algo más, pero el aroma a flores y durazno que parece desprender Yvette Nichols es suficiente para descolocarlo por un instante, dándose cuenta de lo cerca que se encuentra ella realmente. La respiración agitada de la chica se mezcla con la suya, y sus labios rosas se encuentran ligeramente entreabiertos. Los ojos azules de él lentamente bajan por la suave curva del rostro de la chica y los mechones de cabello rubio que la enmarcan, centrándose en la piel bronceada de sus hombros, dejados al descubierto por su camiseta de tirantes… Ese es el momento en que ella decide alejarse súbitamente con las mejillas levemente coloradas y Theo hace lo mismo, recargándose en el respaldo de su silla, internamente agradecido porque ella no le esté mirando, para que no note su súbita incomodidad.

Theo se pasa una mano por el cabello, en un gesto común en el cuándo trata de ocultar que no sabe cómo reaccionar ante alguna situación. Afortunadamente, la señorita Nichols parece dispuesta a retomar el tema que la trajo aquí en primer lugar –Theo jamás creyó que se sentiría agradecido por ello. Poniendo los ojos en blanco y esbozando una mueca, Theo mira fijamente a la chica, cruzándose de brazos.

Cuidado con tus palabras Nichols — comenta él, alzando una ceja mientras observa como la chica se da la vuelta para marcharse— Y en un futuro, te recomiendo que no hagas promesas que no puedas cumplir.

Que va a hacer que se arrepienta, dice. Theo estaría encantado de verla tratar siquiera.


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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Jue 14 Jul - 23:01

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- “yo nunca saqué menos de un excelente…”, “Soñar no cuesta nada”, “me sorprende lo perverso de tus métodos”, “¿Estás amenazándome Nichols?”… “te recomiendo que no hagas promesas que no puedas cumplir”…. – Ivette repetía las frases de Riemelt poniendo un tono de voz cargado de burla y odio reprimido mientras caminaba decidida hacia el despacho del director. – Verás tu si te estoy amenazando… y te quedará más que claro si cumplo o no mis promesas ¡maldito presuntuoso! – y entonces en su mente aparecieron de nuevo aquel rostro y aquellos ojos tan intensos que habían descendido por su cuello como si lo acariciaran… “¡Basta ya Ivette Nichols! ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Por qué estás pensando eso? ¿A caso no ves que es justo lo que él pretende? ¡Confundirte! ¡Ganarte la batalla!”¡Ni hablar! – aceleró aún más el paso encendida por ella misma.

Estaba tan fuera de si por todo lo ocurrido en aquella aula y por aquella extraña sensación de quemazón en su interior que, cuando se dio cuenta, había pasado de largo el despacho al que quería ir, así que se dio la vuelta y se plantó frente a la puerta de éste. Y fue justo entonces cuando se percató de que su cuerpo temblaba como una hoja a punto de caer del árbol, al mismo tiempo que sus uñas habían causado marcas en su palma de tanto apretar los puños, y sus ojos seguro centelleaban de tanto reprimir las lágrimas de rabia que Theodore Riemelt había encendido en ella. Se sintió de lo más avergonzada por encontrarse en ese estado por culpa de un profesor al que no había logrado manipular a su antojo, pero aquello no iba a detenerla, ¿Que estaba en un estado de nervios deplorable? Pues si, pero iba a aprovecharse al máximo de aquello frente al señor Arnold, el director de la escuela que justo respondía a los toques que acababa de dar la joven al cristal de la puerta.

Ivette cruzó la puerta con total seguridad de lo que iba a hacer, ocultó aquella ira y rabia dejando escapar las lágrimas, aunque disfrazándolas de tristeza y dolor mientras desplegaba todos sus dotes artísticos para llegar al corazón de aquel hombre. – …Yo tan solo quiero poder cumplir mi sueño… tan solo quiero poder ir a la universidad y ser una persona de provecho el día de mañana para poder cuidar de los míos… - menciones a la familia, un truco muy fácil para conmover. - Usted sabe lo mucho que me esfuerzo con mis estudios… No copio ni hago trampas… estudio tan duro… - “o tal vez no…” - y no sé por qué el bueno del señor Riemelt, ¿Bueno?...“¡puaj!”- no quiere ayudarme… parece una gran persona, noble y de buen corazón… - “ja-ja-ja…ni en sus mejores sueños de grandeza!” - yo sé que quizás le pedí demasiado, pero como usted nos había dicho en alguna ocasión que los profesores están aquí para ayudarnos, ¿verdad señor Arnold?...“Ahí le has dado bien Ivette, punto para tu buena memoria y otro por sacarlo de contexto y usarlo en tu beneficio!”- Y claro, si yo consiguiera una buena media y la entrada en una prestigiosa universidad, de seguro el consejo escolar le daría todo el mérito  a usted, que bien merecido lo tiene con todo lo bueno que hace por nosotros… - Sin duda Ivette sabía que teclas pulsar para acabar de dar un último empujón a la decisión del director. Se quedó callada mientras observaba el rostro pensativo del hombre intentando ocultar una sonrisa al saber que había ganado aquella batalla a su nuevo profesor.

Oficina de Theo Riemelt — Insituto St. James — 11:30 a.m


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Chapter III. Gravity and other forces of attraction

Mensaje por Sgt. Pepper el Lun 1 Ago - 7:48

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Theodore Riemelt supo desde el primer instante que el señor Arnold, director principal del instituto St. James, era un completo imbécil. No que fuese una mala persona ni mucho menos, en ese caso quizá hasta le habría parecido aunque fuese mínimamente interesante. El hecho es que William Arnold es un hombre con la complejidad mental de una cobaya. Un hombre simple y por lo tanto, también bastante sencillo de manipular. Theo lo vio en el instante en que comenzó a hablar, porque aquellas no eran las palabras del director Arnold, aquello tenía escrito Ivette Nichols por dónde se le mirara. Esa arpía rubia con cara de muñequita había ido con quién sabe que cuento a la oficina del director y ahora Theo era el que pagaba las consecuencias. Sobra decir que después de todo, puede que hubiese subestimado la inteligencia de la chica.

Disculpe señor Arnold, con todo respeto, creo que en todo caso la señorita Nichols bien podría pedirle ayuda para el tutoreo a alguno de sus compañero, no veo porque…  

Usted sabe señor Riemelt que somos una institución de prestigio y es nuestro deber darle a nuestros alumnos una educación del mejor nivel posible, después de todo, son ellos quienes en el futuro van a representarnos y como los responsables de su etapa de formación tenemos la obligación de darles todas las herramientas posibles para… — Theo tuvo que contenerse para no poner los ojos en blanco ante aquel discurso, tratando de pensar en alguna manera sutil de arrancarse los oídos para no tener que seguir soportando aquella tortura. Por lo menos si no dejaba de oírle, seguro en algún punto se desmayaría por la pérdida de sangre.

Aquello era a todas luces un caso perdido para él y fue así como término en esta situación de lo más estúpida. Si su hermana lo viese, seguro se reiría en su cara. Derrotado por una adolescente a la que le doblas la edad… Lo cierto es que Theodore Riemelt es todo menos un buen perdedor y si de algo está seguro es que encontrara la manera de darle a Ivette Nichols una cucharada de su propia medicina. Theo se recarga contra la pared junto a las puertas de cristal de la biblioteca del instituto, cavilando las diferentes maneras en que puede hacer la vida de la muchacha un infierno con el propósito de deshacerse de la responsabilidad de las sesiones de tutoreo. Moviendo un pie de manera impaciente, levanta la manga de su saco para observar el reloj en su muñeca: Las cuatro con quince. Sus ojos azules se levantan para observar el pasillo, que se encuentra desierto y sin ningún ruido; algo poco común durante las horas de clase.

Theo se muere la cara interior de la mejilla, sopesando sus opciones. Lo cierto es que él le dijo a Nichols que se verían frente a la biblioteca a las cuatro para comenzar con todo aquel teatro. Nichols, la muy imbécil que lo había visto con sus grandes ojos azules cargados de inocencia y una sonrisa burlona que denotaba lo satisfecha que se encontraba con la situación… Pero ya pasan de las cuatro y Theo no es quién para soportar la impuntualidad de nadie, mucho menos cuando se trata de algo que desde el principio él dejo en claro que no tenía intenciones de hacer. Encogiéndose de hombros y acomodándose su maletín sobre el hombro, Theo comienza a andar por el pasillo, silbando una vieja canción de rock n’ roll por lo bajo.


Biblioteca — Insituto St. James — 16:05 p.m


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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Sáb 6 Ago - 0:09

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El teléfono sonaba a lo lejos, era casi como si siguiera inmersa en un sueño en blanco y negro, probablemente debido a las tres películas antiguas que estuvo viendo la noche anterior hasta las tantas con un bol de palomitas y uno de helado con caramelo. – Ya voy, ya voy… - repitió con una voz de ultratumba mientras salía de la cama. Llegó al aparato con los ojos aun medio cerrados y lo miró con odio. – ¿Si?... ¡Papá! – sus ojos se abrieron de golpe y una sonrisa nació de su interior mientras escuchaba la voz de su progenitor. - ¿Qué tal estás? ¿Tomaste ya el avión? ¿Estás aquí? ¿Vengo a recogerte?... – la voz del otro lado cortó en seco las frenéticas preguntas de Ivette. – Oh… si, claro, lo entiendo… Si, tranquilo, yo me ocupo de todo… Claro, si, adiós. – Colgó el teléfono y suspiró al aire. Otras dos semanas sola, después de llevar ya tres, y lo peor era que mamá le esperaba, llevaba toda la semana animándola con la visita de su marido, y ahora tendría que ir ella a decirle que aquello tendría que esperar otros 15 días más, tan solo esperaba que tuviera un buen día y aquello no le provocara uno de sus ataques.

Bajó a la cocina y se preparó unos cereales, un zumo y unas tostadas. Se sentó frente a la comida y de repente se dio cuenta de que su estómago estaba completamente cerrado. Lo dejó todo allí y salió al jardín a columpiarse en el pequeño columpio de neumático que le habían construido sus padres en su niñez, cuando su madre aun parecía estar cuerda.

Los pensamientos iban y venían, del pasado, del presente, de un incierto futuro mientras el aire de la mañana la mecía con suavidad haciendo que su interior se calmara, tal vez demasiado, ya que cuando se dio cuenta eran las tres y media y había olvidado su tutoría con el condenado Theodore Riemelt. Saltó del columpio para arreglarse a toda prisa y correr para no llegar tarde… ¡Llegar tarde! ¡Ella! ¡Maldito papá!¡Maldita mamá!...¡Maldito y odioso Riemelt!

Llegó casi sin aliento al pasillo cuando le vio a lo lejos tarareando alguna canción y tuvo que frenar en seco, en parte para recuperar el aliento y por otra parte para quedarse unos segundos algo embobada viéndole de aquel modo, parecía tan desenfadado, tan… normal. Incluso sin darse cuenta una leve sonrisa se dibujó en sus labios, “la verdad es que es de lo más sexy y… ¡Ya!” Meneó la cabeza varias veces, cogió aire profundamente, levantó la cabeza lo más que pudo y volvió a adoptar su posición altiva mientras caminaba hacia él dejando tras de si un sonoro “clac-clac” de los tacones.

Una vez llegó a su lado ladeó una sonrisa llena de superioridad que ocultaba un claro mensaje que decía “uno a cero. Yo gano.” – Señor Riemelt. – dijo a modo de saludo esperando a que él la invitara a pasar dentro de la biblioteca, donde parecía haber decidido darle las tutorías.

Pero ella tampoco se había rendido del todo. Aquellas tutorías tampoco le hacían mucha gracia, pero ya había calado el carácter del profesor, y él mismo le había dejado claro que no iba a puntuarla bien solo porque si, así que ya tenía un plan: le haría aquellas tutorías lo más terribles que le fuera posible, y cuando él no aguantara más le propondría el gran trato, dejar las tutorías al margen y que la puntuara con la mejor nota posible.


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Chapter III. Gravity and other forces of attraction

Mensaje por Sgt. Pepper el Dom 21 Ago - 7:12

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Por supuesto, solamente Theodore Riemelt podría haber creído que el mal karma o cualquier cosa igual de jodida y estúpida habría dejado de meterse con él aunque fuera por un vida. Con un bufido de frustración termina la canción que tan alegremente había entonado al darse cuenta que después de todo su fin de semana no iba a desperdiciarse del todo. Con el ceño fruncido y una mueca que demuestra la poca gracia que le provoca el tener que estar ahí y con tal compañía, se vuelve a mirar a la chica.

Nichols — saluda de forma desganada y sus ojos, esos malditos traidores, no puede evitar mirarla de arriba abajo. Con los ridículos zapatos de tacón en un tono brillante, las piernas largas y delgadas y su pecho que sube y baja de manera agitada bajo la ligera tela de su camiseta… Theo parpadea, tratando de concentrarse en la mueca burlona de ella y en sus rizos rubios y ligeramente despeinados en el lado izquierdo. Una parte de él, la parte de él que está obsesionada con el orden  se dice a sí mismo, le dice que debería hacer algo al respecto. Pasar los dedos por entre su cabello y acomodarlo y comprobar si además luce tan suave como parece a simple vista… Theo se muerde la cara interna de la mejilla, propinándose una buena bofetada mental por semejante tontería. Oficialmente pasar más del tiempo reglamentario en compañía de Nichols ha comenzado a trastornarlo.

Al parecer,  la locura o estupidez, aún no está muy seguro es contagiosa.

Llegas tarde — añade, tratando de deshacerse de aquellos perturbadores pensamientos y reprimiendo un escalofrío— Si no piensas tomarte esto de las tutorías en serio creo que será mejor que hable con el director Arnold, tengo mejores cosas en que ocupar mi tiempo que esperando a que te dignes a hacer acto de presencia.

Sin añadir nada más se da la vuelta, andando los pocos pasos que los separan de las puertas cristalinas de la biblioteca del instituto, misma que por el día y la hora parece estar prácticamente desierta, siendo la bibliotecaria la única persona en el recinto, sentada tras su escritorio alto de madera oscura y con la nariz metida en un grueso tomo forrado en piel. Theo empuja la puerta, adentrándose al lugar e inspirando hondo. Las bibliotecas siempre han sido de sus lugares favoritos desde que él puede recordar. Sostiene la puerta abierta y cuando ve que la muchacha esta por cruzar el umbral la suelta por un par de segundos para sobresaltarla antes de volver a sujetarla con una sonrisa de disculpa que hasta él sabe, luce completamente falsa — ¿Voy a tener que enseñarte también como sujetar una puerta, Nichols? — pregunta el castaño de manera socarrona, soltando la puerta para que se cierre una vez que la chica está dentro.

Sus pasos y los de ella resuenan en el silencio sepulcral que reina en el lugar mientras se alejan de las puertas, con rumbo a una de las mesas más alejadas, oculta tras la sección de libros de historia y colocada junto a un enorme ventanal que deja ver hacia la avenida, donde un par de automóviles circulan de manera despreocupada. Theo deja caer sus cosas de manera descuidada sobre una de las sillas de madera y se acomoda sobre la esquina de la mesa, señalándole a la rubia la silla que esta apenas a un par de centímetros de donde él esta — ¿Entonces? — inquiere él, cruzándose de brazos y enarcando una ceja —¿Por dónde quieres empezar?

Biblioteca — Insituto St. James — 16:05 p.m


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Re: We try and run away, but end up running back.

Mensaje por Adra el Vie 26 Ago - 13:43

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Se quedó ligeramente aturdida en cuanto estuvieron frente a frente y le pareció percibir algo en la mirada de Riemelt. ¿Le estaba echando un repaso como se dice vulgarmente? No, seguro que eran solo imaginaciones suyas, pero aun así sintió una punzada de vergüenza al ser estudiada de aquella manera ¿y si no iba bien vestida? ¿y si llevaba una mancha en la camisa o en la falda? Tragó saliva y desvió la mirada con un meneo de pelo intentando que su seguridad en si misma volviera a su lugar y que aquel ligero calor en sus mejillas se desvaneciera por completo. - ¿Algún problema o vamos a entrar ya? – se precipitó a decir con impaciencia al ver que no conseguía que aquella extraña sensación se desvaneciera del todo.

- Bueno, ya dicen que lo bueno se hace esperar, ¿no? – soltó con una sonrisa llena de falsedad y prepotencia. Y en cuanto él le suelta todo aquel discursito y se da la vuelta no puede evitar murmurar un –“si, seguro, despellejar a algún otro ser humano” – refiriéndose a las cosas que según él tenía por hacer y que eran más “importantes”… ¡Menudo imbécil prepotente! ¿A caso se cree que yo no tengo cosas mejores que hacer?... Y de pronto la puerta que tan amablemente había parecido que él abría (aunque sin el detalle de dejarla pasar primero, todo había que decirlo), casi le da en toda la cara, distrayendo así todos sus pensamientos ofensivos hacia el profesor y haciéndola irritarse aun más de lo que ya estaba. - ¡¿Eh?! ¿Qué pasa contigo? ¿A caso no sabías que tenías alguien detrás?- Y entonces ese comentario…

Cerró los puños con tanta fuerza que sus uñas se le clavaron en la palma dejando un seguido de pequeñas rojeces mientras ella se repetía mentalmente que abofetear o pegar un puñetazo a un maestro le supondría la expulsión inmediata. – Puede que yo deba enseñarle a usted algo de educación después de todo, ¿o desconoce a caso aquello de las damas primero? – suelta demasiado cerca de él sin darse cuenta que se había ido acercando con el rebote.
-Shhh – oye decir des del interior de la sala cuando se da la vuelta para ver a la bibliotecaria mirándola con el ceño fruncido. ¡Eso ya era lo último! Hacerla quedar mal delante de otra gente, pero aquello no la desalentó y con su más flamante sonrisa saludó a la bibliotecaria con una mano y con un susurro. – Buenas tardes señora Grant, disculpe el ruido. – Al ver quien era, la mujer le devolvió la sonrisa y el saludo. – Oh! Ivette eres tu cielo, tranquila, un descuido lo tiene cualquiera. – y tranquilamente volvió a sumergirse en su libro mientras la rubia daba media vuelta hacia el profesor dedicándole una sonrisa llena de orgullo por haber frustrado los que ella creía eran sus planes de abochornarla.

Miró la silla hacia la cual señalaba Theodore y por un segundo le dio pánico estar tan cerca de él, pero no quedaba otra, así que se sentó y colocó sus cosas cuidadosamente sobre la mesa, ¿le molestaría que fuera tan meticulosa? Porque aun podía serlo más, y por si ese era el caso redujo la ya de por si lenta velocidad de sus movimientos a otros que parecían ser casi a cámara lenta, sonriéndole con satisfacción cuando por fin terminó.
- Usted es el gran experto en la materia y el entendido profesor, ¿no debería saber cuales son mis puntos más débiles? – le espetó manteniéndose con la cabeza bien erguida como si acabara de lanzarle el más complicado de los retos.

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Chapter III. Gravity and other forces of attraction

Mensaje por Sgt. Pepper el Mar 25 Oct - 1:53

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A diferencia de algunos, mis padres se encargaron de educarme adecuadamente a una edad apropiada — comenta él de manera sarcástica. Sin embargo, las siguientes palabras de la chica le hacen enarcar una ceja y no puede hacer mucho para contener la sonrisa burlona que rápidamente procede a este gesto, asomando por la comisura de sus labios y dirigida enteramente a la rubia frente a él— Claro que he oído hablar de aquello, pero… Yo no veo a ninguna dama por aquí — su sonrisa se ensancha mientras mira hacia el pasillo vacío y luego hacia el interior de la biblioteca que se encuentra igual de deshabitado que el resto de la escuela.

De reojo puede ver a Ivette, que se encuentra quizá demasiado cerca para ser considerado apropiado de acuerdo al tipo de relación que existe entre ellos. Súbitamente Theo siente la boca demasiado seca  y se pasa la lengua torpemente sobre los labios. Su respiración se vuelve más pesada y Theo hace un esfuerzo para que sus pensamientos pasen del calor que desprende el cuerpo de la chica a escasos centímetros de él a recordarle que debe dejar de actuar como un chiquillo hormonado. Ni siquiera cuando estaba en la preparatoria como estudiante se comportaba de aquella manera. Si acaso, las chicas como Ivette Nichols no hacían más que despertarle indiferencia. Si acaso, cierto desprecio. Con sus cabelleras perfectas y su guardarropa al último grito de la moda, siempre preocupadas por el que pensaran los demás de ellas en lugar de concentrarse en sus notas… Aunque después de todo, Ivette Nichols –niñata insoportable o no- no es del todo como aquellas chicas… ¿o sí?

El sonido de la bibliotecaria, que los mira de mala manera por encima de su libro lo saca de su ensimismamiento y Theo agradece internamente, dedicándole una media sonrisa a manera de disculpa y asintiendo con la cabeza.  Pone los ojos en blanco al escuchar la empalagosa respuesta de Nichols y tiene que contenerse para no echarse a reír ante la forma en que la bibliotecaria parece derretirse ante las palabras de la muchacha. Patético . Si alguna persona llegase a tener sobre él el control que Ivette Nichols parece ejercer sobre todos los adultos en aquella institución preferiría ahorrarse el sufrimiento y tirarse frente a un tren en movimiento.

Aun así, la media sonrisa se mantiene en su rostro una vez que están lo suficientemente lejos del puesto de guardia de la bibliotecaria, volviéndose hacia la chica que lo sigue con ambas cejas alzadas — Confiesa tu secreto Nichols, tienes a todos los malditos docentes hipnotizados ¿es vudú, acaso? — comenta distraídamente, sin darse cuenta que quizá, es la primera vez en meses que ha hecho una broma. Y para con una de sus alumnas ni más ni menos.
Una vez acomodados en la mesa, Theo tamborilea los dedos de forma impaciente sobre su pierna, esperando a que la rubia termine de acomodar sus diversos útiles sobre la mesa. Sus ojos azules primero pasean por el cuaderno con notas pulcras y en diferentes colores, los bolígrafos y lápices con diversas decoraciones pero de alguna manera, porque ya ni siquiera puede confiar en sí mismo, aparentemente, termina observándola nuevamente a ella. Con el ceño levemente fruncido, su nariz respingona ligeramente arrugada en señal de concentración. Los labios rosas y gruesos, apenas entreabiertos. Theo carraspea, tratando de ignorar aquel extraño vuelco que siente en la parte baja del estómago al dejar que sus pensamientos vaguen tan lejos de su control— Tomate tu tiempo Nichols, no es como que tenga más cosas que hacer el día de hoy — comenta con cierto deje de fastidio. La chica le dirige una sonrisa y Theo hace una mueca de desagrado.

Theo no sabe si indignarse ante la respuesta de la chica o echarse a reír por la mirada altanera que le dirige, como si creyese que tiene oportunidad de salir ganadora de aquella guerra. Y él que ha intentado ser medianamente amable con aquel tema de las tutorías… Theo se encoge de hombros, apoyando sus manos sobre la superficie de mesa y recargándose ligeramente hacia atrás , un movimiento que él no nota hace que su camisa se alce ligeramente, dejando a la vista el borde de sus pantalones y un poco de piel.

Eres tú quién lo ha pedido — comenta él, y la sonrisa que deja salir es casi felina. Depredadora. ¿Ivette Nichols quiere sus puntos débiles? Él le va a dar sus puntos débiles— Eres una chiquilla arrogante y pretenciosa que cree que todo el mundo debería de comer de su mano solo porque es brillante, o por lo menos un poco más lista que el promedio, lo suficiente al menos para darte cuenta que con un par de caídas de ojos y palabras bonitas consigues que todos hagan lo que tú quieres; crees que puedes salirte con la tuya gracias a tu cara de niña bonita y es por eso que yo termine atrapado en esta tontería de las tutorías en primer lugar —  se detiene un momento, evaluando la expresión en el rostro de la ella—  ¿O acaso me equivoco?


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