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Mensaje por Phoenix el Mar 9 Feb - 23:48

i should have chosen you
Plot | Realista | Romance |  Cherry Blossom & Phoenix


Vince siempre fue el tipo de chico que pasaba de fiesta en fiesta, ése que se aferraba a la idea de que el día a día era lo que debía de disfrutar y de que traspasar esa barrera en un paso hacia la cordura no era su camino a seguir... por supuesto que no lo era.
Peyton, por su parte, siempre fue distinta a él, mucho más de lo que él le habría gustado en un principio pero que al cabo de un tiempo agradeció profundamente. Ella era dulce, atenta, comprensiva, ese tipo de muchacha que iba destinada hacia un éxito que él por su parte desaprovechó y que ella emprendió como un plan de vida.

¿Amigos?, claro que lo fueron. Durante toda su vida, por no decir menos. Se conformaron como una gran dupla, uno, él, Vince, quien se mandaba las cagadas y ella por su parte, Peyton, la que los arreglaba y siempre veló por su seguridad como nadie jamás lo había hecho, por lo que desde muy pequeños se conformaron como la pareja pródiga, esa que jamás se reveló porque luego de una temporada de fiestas, sus padres acordaron un matrimonio para el muchacho que con el paso de los años le estabilizó, mientras ella, por su parte, enlazaba un compromiso junto al hermano menor de él, ¿familias más unidas, no?, ¿qué mejor que ello?, un engaño.

La fidelidad no es algo que prefiriera él pero la ironía es que fue él precisamente quien sufrió una traición a esta y luego de años de matrimonio, todo terminó en quiebres, mentiras, llantos y corazones rotos, ¿entre ellos se podía contar el de Vince?, desde luego, quien venía armando en su corazón una propuesta desinteresada para la mujer de sus sueños.

Su mujer desapareció y quien cobró un rol importante aquí fue Peyton, esa a la que está comenzando a ver con otros ojos luego de su evidente madurez, dándose cuenta de que no es solo una chica más de su club de amigas, ella es real, ella es la real. Sin embargo, no puede tenerla, ni soñar con ella porque pertenece a otro, completamente distinto, su hermano.

PEYTON ROCHESTER
26 AÑOS | KATHERINE MCNAMARA | CHERRY BLOSSOM
VINCE SWARTZCH
28 AÑOS | ROBBIE AMELL | PHOENIX
Cronología

I. NOMBRE DEL CAPÍTULO

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Mensaje por Cherry Blossom el Miér 10 Feb - 7:03

NEVER IT'S LATE. DON'T YOU?
CHAPTER I| ANOCHECER | CAFETERÍA/BAR

Todas las personas son valientes en menor o mayor medida lo son. Quizás algunos sienten alguna capacidad que su par carece y es ahí cuando ven a su compañero como un ser valiente, alguien fuerte y digno de ser reconocido como tal. Pero, ¿qué es realmente la valentía?

La valentía está fuertemente asociada con el heroísmo y el valor. Cuando un ser es valiente logra vencer sus temores, actuando con decisión y firmeza. La misma se demuestra en grandes o, incluso, pequeños actos cotidianos. Es decir, que efectivamente, todos tienen la capacidad de ser valientes y demostrarlo, aunque nadie dijo que sea una tarea fácil poder demostrar dichos actos.

Peyton siempre fue una joven a la que adjudicaban su propio nombre como verdadero significado a ésa definición, gracias a su forma de ser con todo… o casi todo. Porque la realidad es que nadie supo nunca jamás un secreto que se esconde encerrado en un cofre con siete llaves dentro de su corazón. Algo que quedará con ella como un grato y bello recuerdo. Algo que la marcaba como una completa cobarde, desmintiendo todos esos absurdos dichos. Después de todo, ¿quién dijo que Peyton sería una completa temeraria con absolutamente todo? Los miedos son altamente peligrosos, y el de ella no era la salvedad.

Sólo que todo tiene su tiempo, y tal vez en algún momento llegaría el turno de poner los puntos sobre las íes y demostrar su coraje de una vez por todas.

Por milésima vez observó la pantalla de su teléfono contemplando los enormes números recordándole tortuosamente su retraso, logrando que esto la alterara un poco, estaba atrapada en un embotellamiento desde hacía ya cinco minutos, pero claro, además de ese inoportuno accidente también debía recordar que le había resultado imposible salir con rapidez del despacho de su padre. A veces estar a la par de él cumpliendo sus obligaciones mientras lo ayudaba en sus tareas resultaba ser un tanto tedioso, sobre todo ese día en especial que su felicidad no cabía en la palma de su mano, por lo que no podía esperar mucho tiempo más para demostrarle al mundo entero su estado de ánimo.

Como si el mismísimo cielo se apiadara de ella y con su halo de luz abriera paso entre la multitud de automóviles, fue lo que sucedió. El embotellamiento se descongestionó poco a poco, pudiendo así retomar su camino. En unos cuantos minutos más se encontraba bajándose de su impecable auto para ingresar en su cafetería/bar favorito. El lugar perfecto para una ideal cita.

Una lástima que no fuera tal.

El servicio se acercó a su nueva clienta con gran velocidad. Pero Peyton conocía ese lugar como la palma de su mano, por lo que declinó su ayuda.

Gracias Luce, pero vengo a ver a alguien por lo que no es necesario que te molestes — anunció con simpleza y su radiante sonrisa.

La jovial mujer sonrió y se retiró para volver a sus ocupaciones. Peyton observó con atención el lugar, hasta que en un rincón un tanto alejado pero no por eso menos transitado, -tan típico de él- resaltaba la cabeza que se había empeñado en encontrar.

Sin borrar la sonrisa de su rostro se acercó a él para finalmente sentarse frente a él.

No me digas que tu cita te ha plantado de nuevo — sonrió divertida —. Vin, no deberías de ser tan paciente con ella, te ha hecho esperar… — miró su teléfono en un rápido movimiento y fingió pensarlo —. Mmh… ¿una media hora, tal vez?

Su faceta divertida y bromista permanecía firme en ella, a pesar de contener obligaciones importantes no eran una cerca para dejar salir su sentido del humor, y mucho menos con él, su amigo desde… ya había perdido la cuenta el tiempo exacto, quizás desde que tenía uso de razón.

No te preocupes, me quedaré aquí para salvarte de una triste y aburrida cita en solitario — volvió a bromear aunque claro, no era un buen momento para burlas ya que hacer que una persona espere por ti media hora no era nada divertido para nadie —. Lo siento, en verdad. He tenido un día fatal, mi padre me ha tenido de acá para allá y se me ha hecho realmente tarde.

Sus disculpas eran sinceras, y debía hacerlo porque no tenía noción de cómo actuaría Vince sobre todo ahora que su vida se encontraba de cabeza gracias a un muy sucio y cruel engaño. Recordarlo conseguía abrirle un hueco en el pecho, porque ella sufrió y mucho, pero no sólo por él, sino por ella también.

Se había citado allí para hablar de trivialidades, como era típico, pero en realidad ella tenía un anuncio que hacer, una noticia recién salida del horno y no podía esperar más porque quemaba en sus manos. Realmente el tener que contarle el motivo de su expresiva felicidad la hacía sentirse una completa basura porque ella era feliz, mientras que él… Aunque tal vez hiciera que su felicidad, tanto por ella como por su hermano menor, incrementara.

No pretendía ser egoísta anteponiendo sus cosas por sobre él y mucho menos en su estado, lo único que en verdad quería lograr era estar ahí para él y sacarlo por un momento de esa tonta burbuja que se había creado para no sentirse fatal luego de haber sido engañado.

Definitivamente ella no había cambiado en todo el tiempo que llevaban conociéndose. A pesar de los años algunos hábitos no cambiaban; su llegada tarde, sus bromas, y tener la necesidad de estar ahí para él en cualquier momento, eran unas pequeñas pruebas de ello.

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Mensaje por Phoenix el Jue 11 Feb - 6:14

NEVER IT'S LATE. DON'T YOU?
CHAPTER I| ANOCHECER | CAFETERÍA/BAR

— La puntualidad no es tu fuerte. — masculló con diversión, permitiéndose a si mismo reír suavemente para segundos después despedirse y dar fin a una llamada que había durado mucho más de lo que habría imaginado posible, como conteniendo en su voz la esperanza de percibir su presencia.

Claro había dejado aquella mañana a todas las personas que habitaban junto a él que no quería interrupciones, que no saldría y que de lo posible, nada estropeara aquel instante que se estaba tomando, ése en donde pretendía superar todo aquello que había pasado a lo largo de las semanas, los meses y que por lo pronto había devastado sus ánimos hasta convertirlos en cenizas, las cuales sospechaba, jamás volverían a encenderse del modo en que lo hacían.

No se había tratado de una falta de respeto para la gente que le rodeaba ni mucho menos pero si había algo que aunque fuese por ese día deseaba, era despejarse, entrometerse con sus lecturas, aficiones, excepciones que no se tomaba con frecuencia y que él había solicitado con antelación. No quería más problemas, mucho menos alegatos y por lo pronto esperaba que nadie le dirigiera la palabra... necesitaba volver a sentirse solo, para comprobar si así podía sopesar lo que se le vendría por delante luego de estar tan acostumbrado a la exacerbada compañía. Esa gente a la que su madre consideraba sirvientes y que él por su parte catalogaba como su segunda familia, poco le incomodó pues a fin de cuentas, sabía que sentían pena por él, ¿y quién no la tendría?. Hasta él mismo se daba pena, una caracterización de sus emociones que había esperado jamás tocaran su puerta pero que el amor se había encargado de derribar sin siquiera dar previo aviso de sus desgracias.

Sin embargo, eran apenas las tres de la tarde y su teléfono celular vibró, como señalándole la estúpida alarma nuevamente con la cual debía comenzar a hacer sus deberes, esos que día a día iba abandonando de a poco y que pretendía volver a retomar con el tiempo. Depresión, le llamaban a su estado, él prefería llamarlo luto a algo que enserio había valorado pero que poco había valido la pena a fin de cuentas.

En aquel instante que sopesó el silencio coartando el timbre, suspiró, visualizando de pronto en el fondo de pantalla una foto de él junto a su mejor amiga, esa a la que ansiaba ver a fin de cuentas y en la cual solía sopesar toda su alegría... ésa a la que no dudó en llamar y con la cual en tan solo un par de minutos acordaron reunirse, con total naturalidad, con esa que derriba barreras de contención en lo que él había denominado una tarde a solas, para él, para nadie más que él... pero a fin de cuentas, ¿no era ella siempre su excepción más infinita?, esa que podía alterar sus decisiones de un momento para otro así como también era capaz de alegrar su ánimo y mejorar en una sonrisa en menos de lo que cantaba un gallo... ella era su alegría particular, esa a la que últimamente veía tan cerca de su hermano y que tiempo atrás le habría alegrado, pero que en aquel entonces... le apestaba.

Una vez que el encuentro fue acordado, no había marcha atrás... y éso, él mejor que nadie lo sabía, porque una parte de él jamás desaprovecharía la oportunidad de verle, acariciar su mirada con sus facciones y fingir al menos por un instante, que todo estaba bien... pese a que su lado automáticamente se sentía de aquel modo.

Horas después se duchó, preparó, vistió y partió, dando aviso a esa pequeña mujer que llamaba 'nana' para que ésta no se asustara en su ausencia. Luego de ésto, minutos después de ello, llegó al lugar acordado, ése sitio que guardaba sus memorias y experiencias como si de un goce natural se tratara y se adjudicó la oportunidad de antes pasar a buscar algún periódico en el local de afuera para leer una vez dentro. Sabía que tardaría, por supuesto que lo sabía, por lo que aprovechó su tiempo en ello y tan rápido pasó el suceso que en el instante que se encontró con su voz, sus bromas y sus miradas, no hubo pesadez alguna... es más, se alegró, se alegró de tal modo que su sonrisa era descifrable y la felicidad captable en cada poro de su piel, embargándose por aquella emoción que hacía mucho no sentía.

Intentó acallar sus excusas levantando su mano, una vez que se levantó de su asiento dejando el periódico a un lado antes de extender sus brazos para recibirle en un cálido abrazo. — Calla de una vez, parlanchina. dijo, riendo suavemente antes de sostenerla en un cálido contacto en el que le costó un par de segundos separarse y por consiguiente, posicionarse en su asiento, ése que ya había resguardado, el que yacía delante de ella.

Una vez sentados, elevó su mano, haciendo un ajetreado movimiento para llamar la atención de aquella mesera que se había dado como veinte vueltas hasta su puesto intentando tomar un pedido que él negaba... al menos en aquel instante lo añoraba, así que no todo sería en vano. Ésta le hizo una seña de vuelta, haciéndole aguardar y en cuanto volvió su mirada a Peyton, una sonrisa se esbozó desde sus comisuras. — Y bien... — suspiró riendo — ¿Cómo estás? — consultó... sintiéndose de pronto exacerbadamente preocupado por su estado. Si ella estaba mejor que él, eso era un buen indicio... aunque dudaba que no fuera así.
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Mensaje por Cherry Blossom el Jue 11 Feb - 20:32

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Haré como si no hubiera escuchado nada — comentó casual, intentado pasar por alto terrible bienvenida.

Si su ánimo no fuera el mejor, seguramente lo reprocharía por atreverse a llamarla “parlanchina”, pero él  y su mal pasar ameritaba para no hacerlo. De hecho ese mal lo acarreaba consigo cada vez que su emoción no cabía dentro de su ser, cada vez que algo especial la hacía sonreír hasta que las facciones de su rostro dolieran de tanta flexión en las comisuras, algo semejante a morirse de la risa. Sólo que ella no moriría de risa sino que de extrema felicidad.

Definitivamente era imposible que en esos instantes pudiera borrar dicha expresión de su rostro, el hecho de poder estar nuevamente con él después de tanto tiempo, y no es que no se vieran ni algo semejantes, sino que las obligaciones para ambos sumado a sus vidas personales resultaba ser un tanto enmarañada para tener tanto tiempo de amigos como antes. Otro motivo más para alegrarse más de la cuenta. El reciente contacto físico fue extraño, tenía que admitirlo, pero no fue del tipo malo, sino que todo lo contrario, incluso el saberse entre sus brazos fue algo cálido que de su parte no lo percibía desde… ¿realmente? Nunca antes. Abrazos de amigos sí, pero no por ello se trataban de los típicos cariños agradables, eventualmente carecían de verdadera sinceridad, al menos hasta cierto punto. Quizás resultaba un tanto exagerada pero tratándose de una joven tan sentimental contaba con ciertas percepciones.

Su completa atención se fijó en él, no podía evitarlo. Ella hacía su acto de presencia tan radiante mientras que, y estaba más que segura, su acompañante no estaría transitando un buen pasar emocional. Se maldijo internamente, deseando parecer menos activa, necesitaba calmarse y centrarse un poco más en él, de todos modos sus buenas nuevas podrían ser formuladas en un segundo plano.

Las comisuras de sus labios cedieron lentamente para formar una mueca más natural y cálida  — Yo me encuentro de maravillas como podrás notar — con delicadeza acomodó un mechón de su rebelde cabello detrás de su oreja. Acondicionó su cartera a su lado, para luego cerciorarse de desplazar su teléfono cerca de ella en la mesa.  Estaba más que claro que se encontraba plena y radiante, esa pregunta debería de haberla utilizado ella con él y no al revés — . Dime, ¿cómo te encuentras tú? — dijo a la vez que se atrevía a tomar entre sus manos las ajenas, en un pequeño gesto conciliador, como si quisiera estar brindándole aliento para poder seguir adelante — . Y no me mientas porque lo sabré.

Era completamente cierto, teniendo tantos años de amistad, y siendo ella tan observadora, había conseguido detectar cierto brillo en sus ojos, ese mismo que la había alertado del estado pésimo en el que se encontraba transitando. Por lo cual si él mentía lo más probable fuera que se percatara de ello con tan solo ver fijamente sus opacos ojos.

Por el rabillo observó como la mesera caminaba lentamente hacia ellos, lo cual agradeció internamente, se moría por beber algo caliente. Ésta se acercó a su mesa con una pequeña libreta lista para tomar el pedido. Peyton se giró a ella con una sonrisa — Para mí lo mismo de siempre —la mujer tomó nota rápidamente, a sabiendas que su pedido constaba de un simple café moka junto con unas galletas de chocolate— . Vin, ¿qué pedirás tú? — se giró para regresar su atención al hombre frente a ella, sin si quiera inmutarse por la forma en la que aún sostenía las manos masculinas.

A pesar de que esa reducida reunión se tratara de presentar su gran acontecimiento, no podía ser tan cruel como para pasar por alto la mierda por la que su mejor amigo se encontraba circulando, necesitaba ayudarlo, no aguantaba verlo así, sin ser el verdadero Vince que ella conocía… y alguna vez disfrutó amarlo en secreto.
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Mensaje por Phoenix el Sáb 13 Feb - 3:53

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Se alegró por ella, no solo por lo que decía sino que también porque realmente parecía expresarlo.

Peyton Rochester había sido el tipo de chica amiga, esa que en la vida de Vince siempre cumplió el rol fundamental de velar por su seguridad y ofrecer esa amistad en compañía de una sonrisa que recién a esa altura de su vida venía a comprender como la esperanza entre medio de la desdicha. Esa con la que el pelinegro compartía grandes momentos pero jamás destacaba como amoríos, sino que siempre como buenas instancias de su enlace, ese que desde pequeños se había conformado, ése que por sus familias le ofreció en su parecer un desenlace propicio para su tristeza, pues había sido precisamente ella quien le había sostenido cuando había caído. Había sido Peyton quien estuvo ahí, impidió el tormento de su destrozo y le ofreció su amable sonrisa, esa luminosa que en ese preciso instante apreciaba y le hacía esbozar una propia, de esas sinceras, de ésas pocas sinceras que podía expresar en aquel entonces.

Aferró sus manos con suavidad, notando en aquel tacto apenas irreverente de su vida la emoción que desde su infancia no sentía, notando como pronto sus propias facciones pasaron de una auténtica alegría a una confusión que se confundió con la presencia de la mesera a su lado, esa a la que había llamado y que por fin embarcó su arribo en el momento preciso.

Esperó a que ella pidiera antes de hacerlo él, aprovechando el instante para pensar en algo que no fuese el alcohol o excesiva cafeína que impidiese su sueño nocturno. Alzó la mirada hacia la mujer en su costado para encoger sus hombros — A mi dame un té negro solamente. — le sonrió con naturalidad mientras ésta parecía aguardar por un extra en su pedido, pero con un simple gesto ésta abandonó su partida y dio media vuelta sobre sus talones para partir justo en el instante que Vince despertó en la realidad, en su realidad, esa en donde la chica a la que debía considerar simplemente su mejor amiga, sostenía su mano y acariciaba de ésta con una naturalidad que en su enlace le estremecía la fisionomía completa.

— Estoy bien. — masculló entre dientes a medida que su mirada se desviaba con premura hacia las personas a su al rededor. Mentía, pero no lo suficiente. En comparación a como Vince se había encontrado semanas atrás, estaba mejor, mucho mejor de lo que habría imaginado él siquiera posible y eso se lo debía en gran parte a ella, la que permaneció con él cuando nadie más lo hizo, esa que a media noche podía mandarle mensajes con imágenes estúpidas para sonreír y darse cuenta de que las cosas no siempre estaban tan mal como él lo veía.

¿Qué pasaba, si por el contrario de lo que él pensaba, toda esa separación había sido mejor?. De vez en cuando lo pensaba, ¿qué hubiese preferido?, ¿vivir constantemente en la mentira, en un engaño tortuoso o que aquella mujer a la que mes atrás le llamaba esposa le sonriera y él creyera que todo se concretara en una falsa verdad?, no lo sabía, inclusive si cuando miraba los ojos de Peyton la respuesta era clara, recordar su actualidad le transformaba una disyuntiva en un conflicto.

— No lo sé en realidad.— se corrigió segundos después volviendo su vista a ella para luego pestañear y volver sus ojos a la mesa, esa que reposaba sus manos y en donde los dedos tímidos del pelinegro atinaron a desplazar con sus yemas, una caricia sutil, una que apenas se notó pero en donde presionó con ligereza su agarre, como pendiendo ahí su estabilidad, esa emocional, esa física, esa que ella desde sus infancias había sabido sostener a la perfección y en la que desde hacía un tiempo hasta ahora, Vince reposaba, sin depender pero sí aferrándose a sus ojos, a su confianza, a esa alegría que le promovía a él a decidir y optar por un camino mejor, aunque fuese sosteniendo su mano para en silencio lamentar esa ausencia sentimental que ansiaba y que en silencio, uno del cual ni él había percibido, siempre había ansiado. — Las cosas mejorarán, eventualmente.— se convenció a si mismo y a ella de paso, elevando un tanto sus hombros en un encogimiento leve.

Una sonrisa de pronto surcó su rostro, justo en el momento que la mesera volvía con sus pedidos, dejándolos en silencio sobre la mesa para partir seguidos de un 'gracias' en conjunto. Cuando aquella expresión se apoderó de sus facciones se decidió a mantenerla al menos a lo largo de la noche, pues a fin de cuentas, ¿no era la felicidad de ella una razón suficiente para él mismo serlo?. — ¿Me dirás por qué estás tan radiante hoy? — preguntó con gracia mientras se acercaba a su platillo para robarle una de sus galletas con la mirada traviesa entre medio, esa que le recordaba a una infancia lejana, esa en la que ni él hubiese imaginado, estaría completamente prendado de ella.
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Mensaje por Cherry Blossom el Sáb 13 Feb - 7:36

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Suspiró resignada, lo sabía, él estaba mintiendo. ¿Quién podría estar bien siendo reciente la ruptura de tu matrimonio, a causa de varias infidelidades? Si no fuera porque, más pronto que tarde, Vince contestó con mayor seguridad su incierto estado de ánimo. Era lógico.

Tras escuchar la triste confusión su sonrisa disminuyó, pero pronto volvió a resurgir gracias a las nuevas palabras de él. ¿Eventualmente? Tenía que estar bromeando, eventualmente no era la palabra apropiada, claro que no, era todo lo contrario. Y se lo haría saber.Pero sus palabras murieron en su boca gracias al arribo de la mesera con sus pedidos, cuando ésta dejó todo frente a cada quien y luego de sentir la casi imperceptible presión en sus manos por parte de Vince -acto que la hizo sonreír dulcemente- se apartó de su agarre para que así ambos pudieran dedicarse a beber y comer sus propios pedidos.

¿Eventualmente dices? Es obvio que todo estará a la perfección, ya lo verás —  le guiñó un ojo junto con una pequeña mueca un tanto graciosa, pero que estaba segura él captaría la idea que ella pretendía inculcarle, el valor — . Estoy segura que pronto todo mejorará para ti — por primera vez desde que ella cruzó la puerta principal del local y se encontró con él, su sonrisa brillo radiante, dulce pero a la vez sumamente segura de sus propias palabras. No necesitaba ser un genio para saber que luego de una espesa y desgarradora tormenta se encontraba un bello y despejado cielo, sólo necesitaba dejar pasar ese mal clima y pronto vendrían cosas mejores.

La mala suerte de haber sido amigos por mucho tiempo era el hecho de saber las manías e incluso, intuir el tipo de reacciones que tendría su par. Por lo que tenía la certeza que el malvado de Vince había osado tocar una de sus galletas con el propósito de molestarla, y claro que lo hubiera conseguido de no ser porque estaba de muy buen humor como para soltar cualquier tipo de palabras en su contra por robarle una mísera galleta. Tomó su taza y bebió con delicadeza, dejando de lado el inconveniente que su café se encontraba un tanto más caliente de lo que imaginó, de todos modos gracias a su necedad prefirió pasar ese hecho por alto, actuando que estaba lo más, junto con lo del robo de su galleta — Más tarde deberás compensarme con otra — bromeó divertida.

Tal y cual, esos dos a pesar de todo no habían logrado cambiar su actuar. Parecía ser que a pesar de todo ellos dos seguían comportándose con esa faceta de niños pequeños. No importaba la edad y obligaciones que tuvieran, ambos seguían siendo quienes realmente eran con el otro frente a sus narices. No es como si ella lo ocultara con lo demás ni mucho menos con su novio, claro que no, pero con Vince fue la primera persona que logró que la pequeña Peyton fuera libre mostrándose quien era. Ese pensamiento consiguió que su sonrisa se ampliara en su rostro.

Es un secreto, debía advertir. Pero lo ignoró, no podía atreverse a esconder algo de él, y menos algo tan importante como eso, algo que los uniría mucho más de lo que ya lo estaban ahora. Cruzó sus piernas, entornó un tanto la vista y lo observó atenta pero sin borrar esa chispa de diversión de su mirada. Él definitivamente estaba ansioso por saber las buenas nuevas, y vaya que lo eran, no se atrevería a desperdiciar ese bello momento. Se vengaría de todas las veces que él lo había hecho en sus años de adolescencia para con ella, o eso era lo que pensaba. Estaba más que claro que por más que quisiera cobrarse venganza no podía, porque realmente necesitaba contárselo a alguien — Te noto un tanto ansioso por saberlo, Vin — canturreó victoriosa. Pero lo cierto era que a pesar de ello, también era propietaria de ese mismo sentimiento, estaba nerviosa por saber su reacción.

Sería una completa blasfemia si Peyton no admitiera que preparó cada una de sus palabras con perfecta antelación de camino a su encuentro, aunque lo cierto era que, gracias a sus nervios cada una de esas planificadas y muy estratégicas palabras comenzaban a esfumarse de su cabeza como si el mismísimo viento soplara con brutalidad contra sus escritos terminando éstos en el aire completamente desordenados.

Revelar este secreto era realmente importante para ella,  y no iba a permitir que por seguir ocultándoselo a Vince terminara su amistad. Siempre sería de vital importancia lo que él pensara e incluso dijera, siempre había sido así.

Carraspeó tratando de parecer segura a la vez que captaba la atención de él — Vince — comenzó lo más segura que su cuerpo le permitió — Verás… —musitó a la par que jugueteaba con las puntas de su anaranjado cabello, al igual que su corazón bombeaba cada vez más. Era increíble el rumbo que todo había tomado, ambos estaban decididos a saber del otro, ella quería complacerlo porque también contaba con la seguridad que él se quedaría en perfecto mutismo ante el hecho de soltar más palabrerías absurdas sobre su tristeza, prefería guardárselo para él. Simplemente no tenía cambio. Es por eso que ella desistió a continuar con un vano intento de remover viejos sentimientos y ceder ante la tan impaciente pregunta.

Dejó su cabello para tomar su teléfono y rebuscar algo en el, a la vez que cerraba los ojos disponiéndose a hablar de una vez por todas — Yo… y tú… — su timidez y tartamudeo, síntoma de su notorio nerviosismo — quiero decir… ¡Seremos familia! — las comisuras de sus labios se ampliaron mostrando una agradable sonrisa — Tu hermano me ha pedido casamiento. ¡Estamos comprometidos, Vince! ¡¿Puedes creerlo?! — indagó contenta, aunque algo ansiosa por conocer la respuesta definitiva, la única que en verdad le interesaba oír.

Por más secreto que fuera aquello no podía ocultárselo, tarde o temprano lo sabría, y era mejor que lo supiera de sus propios labios, además no veía el momento de poder compartirlo con alguien que no fuera su inconsciente. Después de todo, ese mismo sábado su novio y ella anunciarían públicamente su compromiso en la elegante fiesta que se llevaría a cabo con el único propósito de celebrar y hacer más negocios entre diversas familias. Ese mismo día, se daría a conocer que las familias Swartzch y Rochester serían aliadas en negocios y a la vez que compartirían un verdadero lazo familiar.
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Mensaje por Phoenix el Miér 17 Feb - 7:38

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La expectación le estaba matando y de eso no había duda alguna de la que el muchacho se pudiese aferrar para contener la evidente e interminable ansiedad.

Peyton Rochester era una muchacha que adoraba agregar tensión a las situaciones y ello era algo que Vince en su particular instancia había aprendido a sopesar con el paso del tiempo. Le conocía desde hacían ya muchos años , tantos que no podía contarlos con los dedos de su mano pues prácticamente habían crecido juntos, ni siquiera tenía memoria de la primera vez que había visto su rostro y le había sonreído de aquella manera tan particular a la vida, ¡en lo absoluto!, ellos dos, estaba seguro, pocos recuerdos compensaban de cuando se conocieron pero si había algo que recordaban en su conjunto eran las infinitas risas, las infinitas jugarretas, esos momentos que solo en su compañía disfrutó plenamente.

Fue por ello, precisamente, que cuando Peyton por fin se dignó a decirle aquello que le tenía tan emocionada, un gesto de sorpresa infinita apareció en su rostro. Las manos que antes sostenían la taza de té desvanecieron sus fuerzas para soltar  la loza de pronto, llegando ésta por la mínima altura a la que le tenía solo a chocar con suavidad contra la mesa sin voltear su formación pero si cayendo tan solo un par de gotas sobre la madera. El sonido tardó, pero le despertó, su eco llamó la atención de probablemente todos a su al rededor pero la de él tardó mucho más de lo que fuese posible concebir por parte de un hombre que en su naturaleza capaz era de interminable lógica.

— ¿Cómo? — preguntó con un tono perturbado, como si aún no le fuese posible comprender aquello en su totalidad, pese a que estaba claro, pese a que lo había pronunciado con específica claridad, pese a que le había dicho con tanto entusiasmo que serían familia, claramente no del modo que le habría gustado.

Cuando por fin las miradas marcharon lejos de ellos, Vince pestañeó con ligereza, descendiendo su mirada perturbada hasta la madera. Necesitaba una distracción, no podía felicitar en su inmediatez algo de lo que no se sentía feliz con, necesitaba al menos distraer un tanto sus pensamientos de aquello turbado que le invadió cada poro de su piel. Sus dedos se aceleraron hasta el pequeño pote de servilletas que yacía a un lado, del cual desprendió una pequeña mata de pañuelos con los que limpió el par de gotas que habían caído sobre la mesa, como si hubiese cometido un graso error en ello, como si fuese un pecado que debía de limpiar y solucionar con rapidez, cuando en realidad, el único pecado que podía sentir difamarse en su corazón era el sentimiento latente de culpa por no ser feliz, por no compartir esa sonrisa que ella desplegaba desde sus labios, la misma que de seguro su hermano también tenía implantada en sus facciones y de la cual el muchacho no podía compartir, simplemente no podía.

Tomó una gran bocanada de aire, ya hacían varios segundos que el muchacho se estaba adjudicando para procesar la noticia y para cuando por fin atinó a decir algo, sus labios se fruncieron con indecisión para luego esbozar entre sus comisuras una sonrisa oportuna, pero no por ello completamente auténtica. — Eso... eso... — humedeció su labio inferior antes de pestañear con rapidez y dejar por fin las servilletas a un lado para unir sus manos en una palma ligera — ¡eso es genial Pey! — pudo decir al fin sin balbucear en una falla estrepitosa de su voz, ¿sonaba feliz?, él mismo lo dudaba pero al menos no quería arruinar su día, ella se veía bien, enserio se veía bien, ¿en qué mundo Vince Swartzch querría arruinar la felicidad de su chica?, su mejor amiga, esa que perdió y recién en aquel instante daba cuentas de ello. — Me alegro mucho. — concretó con una voz melodiosa, tosiendo suavemente para desviar su mirada a la taza intacta sobre la mesa. ¿Lucía más atractiva la taza que ella en ese momento que tanto le miraba?, en lo absoluto, dudaba que algo pudiese ser más armonioso que aquella muchacha, pero mirarla sería romper su calma, su corazón nuevamente, por enésima vez en aquel mes y eso no era algo que Vince quisiera volver a experimentar.

— No sabía que aquel enano tuviese las agallas de siquiera preguntártelo algún día. — bromeó riendo y volvió a toser, como si le incomodara siquiera hablar cuando lo cierto era que no tenía palabras suficientes como para llegar a musitar algo lógico y no lucir como un completo idiota en el proceso.

Pensó en el enano, su hermano, aquel pequeño chico que siempre le había resultado ser un gran dolor de cabeza, con el cual poca buena relación había logrado consolidar en el paso de los años, a su vez recordó que ni ella había tenido una relación muy amena con aquel chico que siempre se esmeraba por entrometerse en los juegos y travesuras de aquellos muchachos que en ese instante yacían sobre la mesa de una cafetería, por el rincón oculto pero aún transitable en donde apenas se sentía una fibra de tensión y en donde la mirada urgente del pelinegro demostraba un completo desacuerdo, pero ¿su sonrisa?, oh, su sonrisa, feliz se desplazaba en un esbozo juvenil. Su hermano pequeño, ese que siempre había ignorado le había ganado a la chica de sus sueños y eso sí que era irónico.
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Mensaje por Cherry Blossom el Jue 18 Feb - 7:44

NEVER IT'S LATE. DON'T YOU?
CHAPTER I| ANOCHECER | CAFETERÍA/BAR

¿Era idea suya o su reacción no resultó ser tan positiva como esperaba? Peyton rebalsaba de felicidad y alegría, tal vez por ser tan emocionalmente activa pensaba que su amigo reaccionaría de una forma un tanto más… ¿alegre? Y no tan ¿extraña? Porque a pesar de todo ella fue capaz de captar esa leve reacción que generó Vince, que a pesar de todo se esfumó como un sutil soplido del viento. Al principio sumado a la interrogante, fueron causantes de un pequeño detenimiento del latir de su corazón, aunque luego de observar como su amigo se aseguraba de marcar un tono más alegre su sonrisa se enganchó. Seguramente ese pequeño exabrupto fue una muy mal pasada de su subconsciente y se tratara de que gracias a su noticia, él recordaba su propio infierno personal. Aun así, una ínfima espinilla de clavó dentro suyo; algo que al parecer permanecería allí escabullida.

Soltó el aliento que había estado conteniendo todo ese tiempo, sonriente y feliz rebuscó entre los archivos de su móvil para finalmente abrir una foto y así poder deslizar dicho aparato por la mesa haciendo que su amigo pudiera tomarlo entre sus manos.

Mira —con un ademán realizó una seña para avisarle que observará la foto —  , hizo que el cachorro me entregara el anillo. ¿A que es muy tierno? — comentó perdida en sus recuerdos de la noche anterior, cuando ese pequeñín se coló en su habitación con su ahora prometido.

En verdad que lo primero que pensó había sido en enviarle esa imagen e incluso una del anillo para animarlo, como lo hacía todas las noches con esas imágenes chistosas para intentar sonsacarle una sonrisa; pero lo desestimo, prefería contárselo en persona y ver cómo era su reacción. ¿Por qué hacía eso? Porque simplemente pensaba que semejante noticia lo alegraría de sobremanera, ya que efectivamente ahora si serían familia, y ser esa persona especial necesitaba compartirlo sea como sea.

Pero Vince, hay algo que debes prometer — buscó la mirada ajena para enfrentarla con suplica a la vez que juntaba sus manos frente a su mentón — . No se lo puedes decir a nadie. Realmente esto no lo deberías ni de haber sabido, ya sabes, ésta era una sorpresa que tu hermano preparaba para este sábado— suspiró derrotada —  . Quiere anunciarlo a lo grande allí para que todos lo sepan, por eso me ha prohibido usar el anillo todavía — elevó su mano y la observó, imaginando que no faltaría demasiado para que todos la observaran luciéndolo. En verdad que su novio pretendía dar todo un espectáculo con el gran anuncio, amaba llamar la atención; por consiguiente, ¿cuál sería el mejor momento para darlo a conocer? ¡Exacto! Un sitio que pudiera estallar en aplausos gracias al acontecimiento, su compromiso. Y si lo imaginaba, la verdad es que asustaba un poco eso, ya que ella se trataba de alguien quien nunca le interesó demasiado tener tanta atención y menos por algo tan privado como debería ser eso, pero si él pretendía anunciarlo así, no tenía más remedio, después de todo se trataba de su querido novio.

—  Yo no podría jamás ocultarte algo como esto, quise que fueras la primer persona en enterarte — sonrió con sinceridad. Era la pura verdad, toda su vida se aseguró de reservar cualquier tipo de primicias para su amigo, sea lo que sea y  ésta no sería ninguna salvedad mucho menos con semejante importancia para su futuro. Ahora ya solo bastaba esperar hasta el fin de semana, a que la dichosa reunión de trabajo que ahora, también, sería familiar. Y así todos sabrían que más pronto que tarde una nueva bodas arribaría en ambas familias.

Peyton tomó su taza de café y bebió con tranquilidad un sorbo, mientras observaba por sobre la misma la reacción de Vince, que por cierto, lo notaba un tanto extraño y fuera de sí, para luego regresar la taza a su sitio. No parecía ser el de hacía unos segundos atrás… Era una completa tonta. Seguramente su notica causó un muy mal sabor de boca en él, ese era uno de los motivos que le aterraba comenzar tan rápidamente con lo de su compromiso, estaba confiada que algo como eso sucedería. Era en ese momento que su subconsciente la traicionaba consiguiendo que se sintiera la peor de las amigas al enrostrarle su felicidad cual pastelazo en su deprimido rostro. Realmente no se trataba de eso, todo lo contrario, pretendía verlo radiante como antes lo era, solo que ahora la había cagado, el agua estaba a punto de ahogarla en un mar de sentimientos encontrados.

¿Podía ser más patética que eso? Oh, mejor ni mencionarlo no sea cosa que algo pueda terminar empeorando.
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Mensaje por Phoenix el Dom 6 Mar - 6:27

NEVER IT'S LATE. DON'T YOU?
CHAPTER I| ANOCHECER | CAFETERÍA/BAR

No era una noticia fácil de digerir, inclusive si se trataba de algo que le alegrara inmensamente, inclusive si se trataba de algo que automáticamente hubiese esbozado en sus labios una sonrisa de felicidad, no era fácil de digerir.

Su mirada se desplazó desde la taza que sostenía en sus manos hasta el aparato electrónico que le entregaba su amiga, su mejor amiga, esa de la cual no entendía muy bien por qué tenía la sensación posesiva de corresponder recién ahí a un sentimiento oculto y recóndito de la infancia. Una foto, sencilla y corriente, pese a que lucía adorable y ella lucía muy bien y feliz, de algún modo lograba amargar su ánimo hasta tal punto de no lograr concebir aquello como algo bueno, sin embargo, simplemente al ver esa sonrisa plasmada en una foto, simplemente al apreciar aquella expresión de completa complacencia hacia todo lo que estaba pasando le hacía preguntarse, ¿por qué no podía ser él feliz por aquella felicidad ajena que ella estaba experimentando?, ¿era algo tan malo de sentir o tan vacío se sentía al si quiera intentarlo?... ¿por qué no se ponía feliz al menos por su hermano?.

Un gruñido se escapó de sus labios, apenas perceptible mientras intentaba no rodar sus ojos y le extendía de vuelta el celular soltando una suave risa, como si todo aquello le causara gracia pese a que no quería mostrarse de tal modo, no quería ridiculizar su felicidad... en lo absoluto, ¡jamás querría ello!, pero algún tipo de envidia, poco sana, se asomaba desde su interior para profesarlo en sus facciones, en el tono de su voz, en la mirada urgente de un hombre amargado por las circunstancias amargas que le predispuso la vida.

— Original. — masculló entre dientes ladeando su rostro e asintiendo con brevedad a sus palabras.

¿Tierno?, no había una vida en la que pudiese encontrar a su hermano tierno, mucho menos ante una situación y expectación particular que le parecía tan ridícula, pero... ¿por qué le parecía tan ridícula?, ni él sabía explicarlo. De algún modo, sabía que él era capaz de hacerle feliz, a fin de cuentas aquel muchacho al cual siempre molestaba entre risas y con el cual a su vez no siempre se llevaba tan bien a como sus padres y su familia completa hubiese esperado, siempre había sido el más responsable de todos en el circulo familiar, incluyendo fanáticos primos e insolentes y capaces tíos. Él era la oveja blanca, mientras Vince, por su parte, siempre había sido la negra, ése que sacaba de quicio a todos a su al rededor con sus errores y del cual en su juventud se podían contar más desatinos que logros pues constantemente pasaba metido en la miseria propia de su desdicha. ¿En aquel entonces?, no mucho había cambiado. Ambos eran exitosos en lo suyo, eso claro lo tenían pero él, al menos en el amor, parecía ir perdiendo por mucho en comparación al menor de los Swartzch. — Está bien. — masculló asintiendo mientras relamía sus labios de algún modo agradeciendotodas las circunstancias que se les predisponía por delante a su familia. Parecía ser que mientras él más se alzaba en la dicha, todos parecían caer, mientras por su parte, cuando caía, todos parecían ir muchos más felices entre sus logros. Que ironía. — Gracias, Pey. — desde luego, lo hacía. Siempre se había visto increíblemente agradecido con ella de todo con lo que jamás agradecía de los demás, esos pequeños detalles que le hacían sonreír casi con una naturalidad imperceptible para el resto pero propia de ellos.

Siempre habían sido el secreto del otro, los confidentes bandidos de un romanticismo innato que todos le remarcaban pero que ellos jamás admitían. ¿Cuanto le costaba ahora jamás haber asumido que ésa era la chica para él?. Un dolor de cabeza de pronto ante el martirio que se colaba en su raciocinio golpeteó con firmeza su ánimo. Ironías constantes de la vida, una jugarreta de zorro que le dolía hasta lo más profundo.

Su mirada se deslizó nuevamente hacia la mesa, esa en la que repiqueteó sus dedos antes de beber un sorbo del té negro que le habían servido minutos atrás y que ahora sabía tan amargo como jamás lo había asimilado. Así se sentía su noticia a la vez, un toque amargo de sarcasmo. Le costó un par de minutos hablar, llegar a siquiera abrir la boca para decir algo, pero lo cierto es que nada tenía para decir, ¿ya la había felicitado no?, ¿era feliz con ella?. Eso no y probablemente el tener que ocultarlo para no fastidiar con su desacuerdo era algo que le colmaba aún más. — Pey... — comenzó diciendo al ladear su rostro y observarle apenas de reojo. Sus dedos volvieron a golpear la mesa y los segundos pasaban. ¿Cómo preguntarle eso?, ¿cómo arruinar a mitades algo que le parecía tan obvio?. Ella era feliz y eso debía bastar, pero... no lo hacía, no para él, no si esa felicidad no la podía compartir con él pese a que aquello sonara como lo más egoísta imaginado. — ¿Estás...?... ¿estás segura de ésto?... — lo dijo con naturalidad, casi se sorprendió de si mismo por ello, como si fuese la pregunta más natural del mundo al encoger sus hombros y fruncir un tanto sus labios con despreocupación. — Es decir, ya sabes... de querer consolidar algo... estás joven sabes. — y nuevamente su naturalidad salió como un tiro por la culata. ¿No se había él casado también muy joven?, ya hacían un par de años de ello y se arrepentía inmensamente, quizá por ello mismo lo decía... porque sabía que aunque su hermano no le podría hacer daño, no le podría dar la misma felicidad que él estaba dispuesto a darle a ella.
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Mensaje por Cherry Blossom el Mar 8 Mar - 8:03

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CHAPTER I| ANOCHECER | CAFETERÍA/BAR

Si alguien le hubiera advertido que contar semejante noticia sería una pésima idea, seguramente recapitularía su idea inicial, sobre todo si ella intuyera que verdaderamente no se trataba de una grata confidencia a su amigo. Un rotundo fracaso. Y ella tan radiante que se encontraba por su novedad, todo resultó ser una pérdida de tiempo.

Tomó el celular entre sus manos, y sonrió como tonta al rememorar dicho acontecimiento. A decir verdad nunca se imaginó que algo así podía suceder tan temprano teniendo en cuenta que su relación no llevaba un extenso tiempo como en el caso de otras parejas que deciden unir sus vidas luego de pasar tiempo juntos; no, ellos tenían dos maravillosos años saliendo y con eso estaba sumamente feliz. Acarició la foto que consiguió quitarle otra sonrisita, y pronto se percató que su amigo la miraba por lo que optó por regresar su atención a él y dejar su tema de lado, porque en el fondo ella se sentía fatal tener que confesar algo de semejante envergadura a sabiendas que él, por más que quisiera negarlo, continuaba ahogándose en su fosa gracias a un matrimonio fallido. Peyton era feliz por primera vez desde hacía mucho tiempo, y por eso le era imposible erradicarlo de su rostro al igual que de sus acciones tan exageradas o incluso enérgicas, prefirió hablar sobre él para intentar alegrarlo mínimamente aunque más sea, pero al parecer y por las pequeñas muecas de desagrado que ella notaba, supuso que Vince no estaba muy cómodo sabiendo eso. ¿Quizás su amigo se pensaba que le enrostraba su felicidad en la cara? ¡No! Realmente eso era lo que menos pretendía, ese era uno de sus miedos al soltar semejante verdad, el motivo por el cual, en parte, un micro segundo dudó en liberar su secreto de la caja fuerte. Pero le resultaba imposible siendo él, su mejor y mayor confidente de todos, su mejor amigo. Siempre le fue imposible ocultarle una verdad… salvo por esa insignificante verdad que aún escondía en una esquina de su corazón.

Vaciló, no estaba segura si hacerlo o no, pero debía saber si su actitud, un tanto reacia hacía su notica, tenía que ver con lo que su elocuente mente imaginaba; el coraje corría por sus venas dispuesto a ser disparado al igual que su pregunta, cuando la voz masculina la frenó sin si quiera poder advertir lo que se avecinaba.

¿Acaso oyó bien? La sonrisa que yacía en el rosado rostro de Peyton comenzó a desmoronarse cual iceberg luego de chocar contra el imponente Titanic. Ese sí que resultó ser un golpe muy duro de sobre llevar. Abrió la boca para soltar algo, pero fue en vano, ¿qué podía decirle? ¿Echarle en cara que no tenía sentido que dijera algo como eso porque, precisamente, él tomó la misma decisión que ella casi a la misma edad? Ya suficiente daño le causó al ser el receptor de su felicidad como para bombardearlos con otra agresión, además no era necesario poner el dedo en una herida sin cerrar, él ya lo sabía. Claramente no entendía nada. Parecía ser como si el Vince que conocía desde tiempos inmemoriales no fuera ese mismo que la miraba atentamente a los ojos. Entonces lo comprendió.

Sonrió, tomo su mano y la acunó entre las suyas, en un gesto de contención. No indagaba con desdén, sino con precaución  — Vince, yo lo quiero, y estoy realmente segura — se irguió en su asiento, denotando la seguridad — . Sino, ten por seguro no lo haría, me conoces — se carcajeó, intentaba bromear con él para que el ambiente, que extrañamente de repente se volvió pesado, regresara a ser el habitual entre ambos. Abrasó la mano ajena levemente más fuerte, sin dañarlo, sólo para reconfortarlo — . Descuida, no tienes por qué preocuparte. Tu hermano no sufrirá… lo mismo que tú —podía ser tajante con aquel comentario, y por un momento se mordió la lengua antes de soltarlo, pero su corazonada le advertía que su amigo estaba preocupado porque algo como eso volviera a repetirse. Ahora todas las piezas del rompecabezas encajaban, él se encontraba un tanto apático con la novedad por el simple hecho de tener pavor ante el futuro de su hermano, a decir verdad, lo entendía.

Aun así, en parte, se sentía traicionada por él, no podía conseguir imaginar que justamente él si quiera conjeturara que alguien como ella pudiera atreverse a jugar con su hermano. Motivo por el cual su rostro no pudo ocultar su decepción, volteó su rostro a un lado, soltó un suspiro y cerró los ojos —. No puedo creer que me creas capaz de algo como eso — susurró más para sí misma que para él, porque a pesar de todos los motivos estaban sobre la mesa como para no ser visibles.

. Te aseguro que cuidaré a tu hermano con mi vida — aseguró con sinceridad volteando a verlo fijamente.

Si Vince necesitaba que se lo asegurara con palabras le daría lo que él quería, y si eso no terminaba siendo suficiente le daría las pruebas más contundentes, le demostraría que no por qué él sufriera de tal modo, todos pasarían lo mismo. Titubeó. Mejor dejaba para otro momento el resto de la noticia, dejar correr el tiempo y que fluyera cual río libre sería la mejor opción ante todo. En ese instante lo único que necesitaba era pasar tiempo con su amigo, ya que ese día estaba reservado exclusivamente para ellos y como venían surgiendo hasta ahora, asemejaba una mala  época, motivo por el cuál debía actuar de una vez por todas, aprovechar esos preciados momentos que tenían juntos, porque tal vez sería uno de los últimos.

Y como eso podía ser una realidad muy cercana, ¿qué mejor idea que pasar un momento verdaderamente ameno en un lugar más divertido? Si quería que su amigo se distrajera de todo, y en parte demostrarle que su hermano estaría seguro, necesitaba hacer algo. Su mente se iluminó mágicamente — . Sé que esto sonará extraño pero, hoy eres todo mío, así que… ¿Qué te parece si vamos a divertirnos en un bar como en los viejos tiempos? Tú... — soltó sus manos para picarle una de las mejillas masculinas — . necesitas salir más y conocer chicas. A su vez, nos sería perfecto para celebrar mi compromiso secreto — lo observó a la espera de una respuesta, con una nueva sonrisa en sus labios a la vez que le guiñaba un ojo — . ¿Qué dices? — tal vez así conseguiría robarle una de esas bellas sonrisas que tanto le encantaban a ella.
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Re: — I should have chosen you »

Mensaje por Phoenix el Dom 13 Mar - 3:34

NEVER IT'S LATE. DON'T YOU?
CHAPTER I| ANOCHECER | CAFETERÍA/BAR

"Vince, yo lo quiero, y estoy realmente segura".

La mirada de Vince se volvió a desplazar desde la calma que podía otorgar a los ocelos ajenos, hasta una efímera sensación de esperanza magullado que decidió llegar para implantarse por completo en lo que él hacía llamar desde aquel instante, su propia pesadilla.

Entonces, le quería, entonces, cierto era que aquella muchacha que durante tanto tiempo creyó propia en la completa entrega de su amistad se había terminado por prendar de su hermano en un romance que jamás en su vida habría creído fuera completamente cierto hasta ése entonces. Era esa precisamente una de las principales razones por la cual Vince se había aferrado a la idea de que que quizá ella se volvería a fijar en él o que al menos voltearía a encontrar algún tipo de sentimentalismo en su interior que en algún tiempo creyó perdido cuando decidió comprometerse con quien era entonces la peor mujer que podría haberse topado en la historia.

El hecho de que además Peyton estuviese segura del compromiso, que estuviese totalmente dispuesta y entregada a la felicidad de tal ceremonia no terminaba de hacerle sentir mejor de lo que debería y es que aquella sonrisa feliz, aquella mirada completamente dispuesta era parte de un propio sacrilegio personal en donde el mismísimo Vince estaba volteando todas sus cartas para que estas llegaran a ser oídas o mencionadas en una corte que ni él mismo podía profesar, porque no, él no podía llegar a expresar algo que no sabía si llegara a ser recibido del buen modo que esperaba luego de comprobar que las cosas no siempre salían como uno lo esperaba... aquello se podría denotar en las decepcionadas facciones ajenas al percibir la verdadera intención de Vince entre aquellas sonrisas ocultas, unas que estaban muy lejos de llegar a ser verdaderamente sonrisas, sino, meras mentiras, pero la mantenía, no solo por respeto a ella, no solo por valorar lo que se venía por delante, sino que porque se lo debía luego de todo el apoyo dado por una mujer que quizá no estaba en la obligación de darlo pero que aún así se disponía a sopesar su tristeza con esa ambigua felicidad, pero inclusive con todo eso por delante... inclusive con esa idea marcada en su testaruda frente, su sonrisa no persistió, no la pudo mantener por más de los míseros segundos en los que el nuevo vestigio de su voz, señaló una idea muy lejana a lo que realmente pasaba por la cabeza del pelinegro, ese que consternado elevó su mirada hasta los ocelos ajenos, adoptando en los propios una percepción distinta a la que mantenía segundos atrás... una completamente distinta.

"Tu hermano no sufrirá… lo mismo que tú", dijo por última vez y desde ése preciso instante, Vince no pudo oír más que lo que su mente se indignaba en repetir una y otra vez como un eco de incesante desacuerdo. — ¿Qué dices?. — consultó, como si no lo hubiese oído bien cuando lo cierto era que bastante bien lo había captado, tanto que seguro estaba, aquellas palabras quedarían marcadas a fuego en su memoria.

Claro que su hermano no sufriría, podía anteponer... debían de tener en consideración de que no solo a su hermano le había terminado por tocar una excelente mujer a su lado sino que a su vez le había tocado una que le cuidaría más que a su propia vida y dispondría en él todo lo que quitaría de la atención del pelinegro que de pronto se consternaba ante sus propios pensamientos. Por supuesto que él no sufriría, él era mucho mejor persona de lo que Vince llegaría a ser en su vida en todo caso y de pronto pensó que quizá por eso él estaba en justa medida con la mujer que le correspondía... una buena mujer, una buena chica con sonrisa fácil y corazón dispuesto como lo era Peyton, como lo era ella, esa muchacha a la que de pronto observaba con más nostalgia que en su infancia y que sabía, estaba perdiendo por completo. Ella le cuidaría porque su hermano lo merecía... y ella de algún modo se merecía el buen corazón de su hermano y eso era lo que dolía, que ella sería de él, de un hombre bueno y que él sería de ella, una excelente joven que él no pudo tener por desprender su mirada hasta aquella que tanto detestaba en esos instantes, porque él era malo y había recibido una mala mujer, el destino le castigaba cruelmente y eso, ...eso ardía.

— Lo siento,... no.— respondió en su brevedad tragando una gran bocanada de aire en el proceso, como si necesitara de pronto de aquello realmente para negarse a cualquier propuesta que ella le diera. — No me siento muy bien, cariño. terminó por comentar en lo que elevaba una de sus manos como intentando llamar la atención de la mesera para que ésta se dirigiera hasta su mesa.

Relamió su labio inferior en lo que le miraba nuevamente a Peyton y ladeó un tanto su cuello negando con un movimiento fugaz de su cabeza — No puedo... hoy ha sido un día pesado — y vaya que pesado, las noticias revoloteaban de tal modo que creía su encuentro sería uno agradable, que terminaba por ser uno de terrible impaciencia a su vez. — ¿Nos vemos en la ceremonia?. — concretó pues ya se acercaba el gran día, ése en el que su secreto ya no serían secreto y se corroboraría así el fin del tránsito entre una amistad a un romance, uno con el que Vince corroboraba a su vez que la muchacha ya no le cuidaría con su vida a él, como llegaba a añorar, sino que a su hermano, ése que le quitaba de sus manos todo lo que Vince realmente había llegado a amar.
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Re: — I should have chosen you »

Mensaje por Cherry Blossom el Lun 14 Mar - 3:12

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CHAPTER II| 21:49 HRS | penthouse de Vince

Tocar o no tocar. Eh ahí el pequeño dilema en el que Peyton se encontraba sumergida, casi tan grande como las mismísimas palabras de la obra compuesta por William Shakespeare, Hamlet. Podía ser un tanto ridículo verlo de ése modo, pero es que para ella encontrarse frente a la puerta de la casa del pelinegro totalmente indecisa así era. Luego de la frustrada reunión, tan ansiada por ella, junto con su confidente y amigo Vince, se había marchado por el drenaje, como si en vez de unirlos con tan grata novedad los hubiera separado por el imponente océano pacifico. Pero como si eso fuera poco, desconocía el extraño motivo de su tan desprevenida huida del lugar, por qué sí, fuera como sea ella lo notó, Vince estaba huyendo de algo y desconocía el motivo. Razón que conseguía arrancarle los cabellos intentando razonar conclusiones, todas sin sentido razonable, por cierto.

Sería ridículo saltar por completo que luego de ello Peyton quedó de piedra en su asiento por unos cuantos segundos, observándolo como partía en completa soledad, cabizbajo y con cierto toque de desolación. Realmente, eso le partió el corazón. Conocía el daño de sus palabras, pero aun así, como él también lo hizo,  brotaron de sus labios. No pretendía causarle daño, nunca lo quiso en realidad… El karma jugaba con sus emociones y en su mente la escena crucial se repetía incasablemente casi con ponzoña, para sofocarla en su propia miseria.

Ya era absurda la cantidad de las veces que intentó armarse de valor, inhalar hondo para luego suspirar derrotada. Estaba frente a la puerta de él hacía ya… ¿diez minutos, veinte tal vez? Otra unidad más que ignoraba. Seguramente sonara irracional y absurdo, pero es que no sólo ella se sentía un tanto defraudada por él, sino que también estaba realmente preocupada, y teniendo en cuenta la cantidad de mensajes — cualquiera la tacharía de acosadora — que le enviaba a diario luego de ese día que todo se transformó en oscuridad a la par que no obtenía ninguna respuesta, por más insignificante que fuera. Era más claro que una gota de agua. La estaba evadiendo y ni siquiera se molestaba en ocultarlo. Vince era frontal; al menos con eso. En verdad que necesitaba aclarar los malentendidos que pudieron generarse y lo más importante de todo, le urgía saber cómo se encontraba él, después de todo Peyton colapsaba de nervios por no saber absolutamente nada de él.  

Era oficial, ella se hallaba allí para que todo regresara a la normalidad e intentar comprender qué fue lo que desató semejante tormenta entre ellos, y necesitaba hacerlo antes de que la noche del día siguiente, la tan ansiada noche donde su compromiso sería revelado, fuera devastadora. Porque de alguna forma sus instintos la prevenían de ello, algo sucedería y no estaba segura de qué, pero nada bueno debía de ser ése nudo que su estómago sentía. Realmente eso la asustaba bastante. Tal vez sean los nervios mezclados con la angustia que corroían lentamente, generando una especie de alerta, que si no se serenaba podrían ponerse verdaderamente feas las cosas. ¿Quién sabe? Sólo estaba segura que en verdad necesita y quería hablar con él… saber de él.

El momento, si no lo hacía ahora todo se iría al diablo, definitivamente debía tocar a su puerta. Retomó su postura de seguridad, inhaló profundo, estrujó la bolsa que sostenía sus manos y sin atreverse a pensarlo demasiado pues sabía que si lo hacía nuevamente recaería en una negativa, por lo que sin esperar un segundo más, cerró los ojos y se dispuso a llamar. Pero algo sucedió, y la puerta se abrió de par en par, dejándolo ver a él, a Vince un tanto despeinado y de aspecto casual, casi como si recién hubiera despertado de una de sus siestas — Vince — dejó que se escapara de sus labios, como un leve susurro.

Tragó grueso. Quizás había venido en un mal momento y lo estaba molestando. Prefirió evitarse un mal pasar al imaginarse lo que podría haber estado haciendo allí, ahora comenzaba a pensar que el haber ido hasta su casa sin invitación previa junto con comida para ambos, seguramente estuviera en la lista de las peores o más tontas cosas nunca jamás deberías hacer.
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Re: — I should have chosen you »

Mensaje por Phoenix el Dom 20 Mar - 3:14

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CHAPTER II| 21:53 HRS | penthouse de Vince

— Oh, Lily... vamos, no seas tan aburrida. — insistió por enésima vez consecutiva en todos los modos posibles a aquella mujer a su lado para que se quedara a disfrutar un rato aunque fuese con él. Sabía, desde luego y muy bien que no aceptaría, o al menos eso sabría si no estuviese siendo constantemente presionado por la fuerza del alcohol que circulaba por su sangre sin detención ni distinción alguna entre lo que era la completa realidad y lo que le planteaban las potencias de el licor recorriendo su anatomía cada vez con más impacto.

Debía de tenerse en consideración que Vince no era un hombre al cual le fuese fácil caer en la ronda de los ebrios pues tenía bastante resistencia a todo tipo de vicios que en su juventud fue adaptando, casi podía decir que los tragos más fuertes eran transitados por su interior como si se tratase del agua, tan fácil ni escozor en medio que la percepción era clara, sin embargo, claro estaba que en ése instante el chico no estaba pasando por un solo periodo de mareo, sino que uno de severas consideraciones en donde la selección de borracho le quedaba como anillo al dedo. Sí, Vince Swartzch estaba sumamente borracho, tanto, que si bien podía mantenerse en pie, la obviedad de su desequilibrio era tan palpable hasta en el ritmo de su voz, la cual intentaba negar la salida de la mujer que empleaba su hogar en su turno pero ésta le insistía que era demasiado tarde y que debía de ir a cuidar a sus hijos. La oveja negra de la familia no era tan negra, entendía lo que eso significaba inclusive con los malestares invadiendo su cuerpo, por lo tanto asintió con un fugaz movimiento de cabeza y le permitió irse con un gesto suficiente de sus manos. — Está bien... está bien. — fanfarroneó en tanto se levantaba del sofá a duras penas, siendo atendido en su prontitud por ella con toda la delicadeza que una mujer de su edad podía tener. Ella, siempre tan dulce.

Sonrió endeble. — ¿Sabes que te quiero mucho, Lucy?. — murmuró en un suplicio apenas audible en tanto la acompañaba hasta la puerta de la mansión, ésa que abrió a medida que la mujer asentía y tomaba sus bolsos para retirarse por esa jornada para repetirle ella a su vez, por tercera vez, que tuviera cuidado de sí mismo. Vince asintió con la botella whisky en su mano en tanto le guiñaba un ojo divertido.

Su felicidad podía perdurar por toda la noche hasta que escuchó el llamado de aquella voz tan conocida, esa voz que inclusive podría detectar en medio de la miseria absoluta. Lucy le miró, le saludó, se despidió de ambos y abandonó el punto de vista percatable por parte de él en lo que el mismo Vince relamía sus labios para luego fruncirlos en tanto una parte de su cuerpo se recargaba para entrecerrar la puerta y luego en un balanceo disconforme la volvía a abrir, como titubeando de su presencia. — ¿Vienes a celebrar?, ah... ahora estoy dispuesto y contento. — manifestó con una sonrisa amplia en lo que alzaba a la vista de ella la botella entre sus dedos.

No, no estaba contento, pero si estaba dispuesto a estar con ella y fingir una divertida celebración, que gracias al alcohol sería más aceptable y duradera.
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Mensaje por Cherry Blossom el Mar 22 Mar - 3:21

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CHAPTER II| 21:58 HRS | penthouse de Vince

Ese sentimiento cobró validez cuando una joven salió tan campante del penthouse como si resultara ser su casa, sonriéndole como si nada, si tan sólo hubiera realizado un pacto con Vince el cual no era necesario imaginar, a las pruebas se remetía. Todo se hallaba frente a sus grandes y brillantes ojos entristecidos.

Volteó la mirada, captando únicamente el plano hostil que el suelo le regalaba para su deleite, intentando que el momento transcurriera fugaz, al igual que el inconfundible dolor en su pecho. Ése mismo que ocultó de los ojos ajenos cuando algo así sucedía, cuando él regresaba a las andadas. Punzada que creía perdida en el mismísimo océano desde tiempos incalculables. Esa molestia, al parecer permaneció allí por más protección que intentara fijar, como si resultara ser un tatuaje marcado a fuego en si piel sin intenciones de borrarse con maquillaje. Sin embargo Peyton debería conocer cuáles eran las consecuencias de llevar consigo un tatuaje, y aun así era imposible evitar olvidarse de semejante cicatriz, y ahora lo sabía mejor que nunca. Dolía, y por Dios que dolía como los mil demonios.

Asintió lentamente en forma de saludo, después de todo esa joven no tenía absolutamente nada que ver, se trataba de la desdicha suya, algo que la aquejaba únicamente a sí misma. Luego de que la acompañante de turno de su amigo se marchara, aun le dificultaba mirarlo a la cara peor si rememoraba los altercados extraños y hasta ciertamente excéntricos del día de su cita. Apretó fuertemente la bolsa, dispuesta a marcharse con una excusa, tal cual él lo hizo esa ocasión, pero para entonces la voz masculina la atrapó entre sus redes, ella no le daría la satisfacción de verla marchar como Vince fue capaz. Ella era valiente, su dolor debía permanecer oculto ante sus ojos o su amistad correría doble peligro de permanecía, no saldría corriendo, claro que no. Y con tanta firmeza como su cuerpo le permitió aportar en esos instantes ingresó al hogar, cerrando la puerta tras de sí, cerró los ojos intentando retrasar más el momento del encuentro desistiendo casi instantáneamente.

No, no vengo a celebrar nada; eso ya lo habrás hecho tú mismo —contestó movida por el recelo que amenazaba con carcomerla lentamente — . Estoy aquí para que hablemos, de por qué no respondes ninguna de mis llamadas o mensajes — inquirió sin perder el tono severo que pretendía imponer, ella necesitaba una explicación a su infantil comportamiento. Caminó por la casa como si se tratara de la propia, plantando la bolsa con la comida china -ya fría por tanta espera- en la pequeña mesa ratona del living. Movida por la terquedad no se percató de un detalle muy importante, el pésimo estado en que su amigo se hallaba, al menos no hasta que se acercó y lo encaró frente a frente inundándola por completo esa fragancia alcohólica, Vince trastabilló nuevamente en su peor enemigo.

. Estás… borracho — susurró para sí misma sorprendida, sabiendo que más que una pregunta se trataba de una firme y rotunda aseveración. Lo tomó del brazo para que por fin volteara a verla, esa fue la primera vez que, después del tiempo sin saber el uno del otro, sus luceros reflectaban con los ajenos. Peyton perdió todo tipo de malestar tras contemplarlo perdido cambiando ese sentimiento por mera compasión. Suspiró y tiró de él para lograr que se sentara en el sofá más próximo a ellos — . Iré por café, tú deberías darte un baño — desintoxicarlo sería una tarea extremadamente agotadora y compleja que estaba dispuesta a realizar nuevamente por él.
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Mensaje por Phoenix el Miér 23 Mar - 4:12

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CHAPTER II| 21:53 HRS | penthouse de Vince

— Uff. — fue lo único capaz que pudo dejar escapar de sus labios en tanto fruncía en parte su ceño al mirarle con la confusión plasmada en cada punto de sus rasgos y facciones. ¿Por qué se comportaba así?, es decir, vale, lo entendía, era muy probable que Vince en ése instante, por la poca lógica que enumeraba su raciocinio y la cordura limitada que le dejaba el alcohol no llegara a captar en su totalidad lo que estaba sucediendo, como la razón por la cual la muchacha había reaccionado de tal modo en tan solo el minuto de verle y a la vez el porque su voz sonaba tan fuerte para su cabeza en aquel entonces. Sí, estaba tan borracho que todo parecía incrementarse.

Avanzó en un paso endeble hasta el interior del gran hogar en lo que carraspeaba su garganta. Ahora, si alguien prestaba minuciosa atención al andar del joven notaría una similitud bastante notoria con aquel carismático personaje de película pirata en donde el vaivén del barco parecía estigmatizar su constante andar, Jack Sparrow, ése al cual en ese instante el muchacho parecía estar imitando en tanto llegó hasta la proximidad lejana del hall, ese lugar en donde se esparcía el living con un par de sofás en los que él había pasado tirado gran parte de esa semana.

— ¿Llamadas?. — inquirió sin embargo con la confusión plasmada en cada uno de sus rasgos en tanto volvía a carraspear su garganta, su voz sonaba más dispersa de lo habitual, lo cual le parecía tedioso inclusive a él. Entrecerró sus ojos como intentando captar por completo la monotonía de su rostro y relamió sus labios una vez más con quietud. — ¿Qué mensajes?, ... n-no sé de que hablas Pey, esto no ha sonado en todo el día. — y ninguno de los otros días, podía agregar en lo que sacaba su celular del bolsillo trasero de su pantalón, intentando desbloquearlo en vano teniendo en consideración que la pantalla no encendía y que más encima, no tenía batería alguna como para prender, sin embargo, en la tozudez de su borrachería lo siguió intentando hasta que la escuchó y sintió como sin previo aviso alguno captado por él le movilizaba hasta el sofá a su lado en donde Vince se dejó caer, dejando escapar una sonora risa, una divertida, de esas que en pocas situaciones te podías enfadar porque ella le conocía y podía captar en aquel sonido la sinceridad de una risa feliz, una que al menos en ese entonces solo el alcohol le podía dar.

A su vez, el mundo completo sabía el efecto de sinceridad que tenían los vicios sobre uno, tanto que en ese punto el muchacho pendió el agarre de la mano contraria para jalarle hacia su cuerpo con naturalidad — ¿Vendrás tú conmigo?. — preguntó, dejando a demostrar así una ampliación de su sonrisa en la cuestión recién realizada.

Sabía que jugaba con fuego al tomar su mano de tal modo, tirar de ella hasta el sofá a su lado y sostenerle como lo hacía en aquel instante de su cintura con tal proximidad, pero no se arrepentía de ello, ni sobrio ni borracho, ni probablemente, jamás en la vida.
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Mensaje por Cherry Blossom el Miér 23 Mar - 20:38

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CHAPTER II| 22:00 HRS | penthouse de Vince

Ya podía despedirse de mantener una conversación seria y civilizada con él, su estado era imposible de contener, no hacía falta ser un clarividente para descifrarlo, con tan solo observar las trastabilladas que mantenía al intentar caminar firme, era suficiente prueba como para condenarlo como ebrio en un juicio calificado. Definitivamente cuando él se encontrara perfectamente procedería con el motivo por el que sus piernas la condujeron allí, y cuando eso sucediera porque ya podía ir contando que lo sermonearía hasta el cansancio por ser tan imbécil de recaer en ese absurdo vicio que lo único que conseguía era absorber la lucidez dejando a un Vince totalmente quebrado.

Su sorpresa fue infinita al ser jalada contra él, sintiendo el brazo masculino rodear su cintura, el peligro que refería estar tan cerca de él casi palpando el cálido aliento. Su rostro ahora se encontraba un tanto enrojecido y desencajado por semejante accionar, si alguien presenciara esa escena notaría como ella abrió la boca sorprendida casi igual que los peces al ser extraídos de su ambiente natural. ¿En serio estaba sucediendo todo aquello? ¿Vince había sido capaz de mencionar algo semejante? Está bien, no era la primera vez que palabras tan sugestivas salían de su boca, pero que lo hiciera con ella sumado al accionar… definitivamente el problema de Vince era muy serio.

El corazón bombeaba a una velocidad que jamás imaginó sería posible, pero entonces la razón tomó control de ella, logrando que volviera en si dejando de lado ese trance. Dante. Con solo pensar en ese nombre fue suficiente para que con delicadeza colocara su mano sobre el pecho ajeno para impulsarse hacia atrás — Sí, iré contigo — soltó al fin resignada. Se paró para estirarle la mano y poder tirar de él, asegurándose que cumpliera con su deber, no hacía falta recalcar que simplemente decía lo que “pretendía” oír y así evitarse menos problemas a la hora de la verdad, después de todo no quería ni imaginarse qué diablos pasaba por la cabeza de su amigo al soltar semejante tontería… Una que en su momento no resultaba serlo para ella.

Suspiró en lo que se disponía a guiarlo hasta el cuarto de baño, frenó frente a la puerta y sin una pizca de remordimiento volteó a observarlo con severidad — . Ve y dúchate — señaló la puerta con su mano — . Yo iré por café, más tarde me uniré a ti — palabras que en su momento le hubieran encantado decirlas con sinceridad, pero ahora… Era muy diferente. De un leve empujón se aseguró que ingresara, no sin antes tomar el celular para evitar que al día siguiente necesitara un nuevo aparato, llevándoselo consigo a la cocina donde luego lo depositó sobre la mesada comprobando que se encontraba muerto. Por eso nunca me atendió. Y teniendo en cuenta el estado en el que lo encontró, seguramente el móvil se encontraba así desde vaya a saber cuántos días. Qué tonta. Se dijo.

Pensar que estaba molesta con él por evitarla y ahora, todo cobraba sentido, mientras ella lo maldecía por ser un mal amigo él pasaba por un muy mal momento. Ahora lo que se preguntaba era; ¿por qué optó por beber olvidándose de todo? La pregunta vagó en su mente inquieta en lo que intentaba darle forma a todo. Apoyó los codos en la mesada y enterró su cara allí, intentando pensar con claridad, si pretendía ayudarlo necesitaba conocer el origen del problema.
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Mensaje por Phoenix el Vie 25 Mar - 4:33

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CHAPTER II| 22:20 HRS | penthouse de Vince

Le fue inevitable esbozar una amplia sonrisa al notar la lejanía ajena, o al menos esa que procuraba enfatizar en tanto se distanciaba de su cuerpo con un empuje natural y es que Vince estaba borracho pero no tan borracho.

Le miró con una gracia y diversión en particular en tanto sentía como la muchacha, su mejor amiga, esa en la que a lo largo de toda su vida se había sostenido del mismo modo que lo había hecho ella en su tiempo, esa que en ése instante le llevaba con calma y paciencia hasta el cuarto de su tina en donde el muchacho planeaba seguir bromeando, seguir soltando aquellas brutales e inconcebibles incoherencias que solo podían provenir y referirse en justa medida de un ebrio, como lo estaba precisamente Vince, quien segundos después lo meditó mejor y sin más se dejó guiar por sus pasos rígidos hasta la ducha en donde dejó correr el agua con algo de inestabilidad, tanta que por largos instantes creyó que su mayor amenaza en el mundo hasta ese entonces era poner sus pies encima de aquella cerámica porque su peso era tan endeble que de seguro caería, fue por eso quizá que tardó más minutos de lo normal en llevar a cabo tal proceso.

Largo rato le llevó desvestirse y mucho más rato le llevó meterse hasta la cabina en donde corría la cálida agua intentando no caer. Solo una vez que logró encontrar su equilibrio se duchó, refrescó su cuerpo con el agua recorrer por completo su cuerpo sacándole de pronto de esa confusión momentánea sintiendo como una estrepitosa jaqueca se iba incrementando de pronto en su interior, sin embargo, el alcohol no se iba del todo teniendo en consideración la cantidad consumida y de algún modo, tampoco quería que se fuera, el vicio como tal era el único capaz de sopesar la realidad que él no era capaz de asumir, esa que de a poco comenzaba a ver como realidad entre sus vestigios y a dar de cuenta de que aquella muchacha que le aguardaba en algún punto de su casa no pasaba de ser su gran amiga, sin embargo, el licor seguía corriendo por sus venas haciendo de sus palabras y acciones algo irreverentes pero no por eso totalmente inconsecuentes.

Envolvió la parte de su cuerpo con la blanca toalla que reposaba a un lado del lavamanos, dispersando poca preocupación por su aspecto frente a un espejo pues sus movimientos y pasos seguían siendo tan torpes como hacía un rato atrás, pero salió, se encaminó hasta la cocina en donde sabía ella le estaría esperando y como si de una normalidad absoluta se tratara, se situó a su lado entre tanto ella se encontraba despistada haciendo lo que sea que tenía que hacer, posándose primeramente por detrás de su espalda en lo que soltaba un — Boo. — cercano a su oído.

Una vez más, Swartzch rió, cruzando sus manos tras su cuerpo, sintiendo como un par de gotas de su corto pero alborotado cabello caían sobre el delgado hombro ajeno concretando su llamada de atención. Poco se había preocupado de secarse, mucho más de cuidar sus movimientos y en ese momento, toda esa despreocupación, le agradaba.
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Mensaje por Cherry Blossom el Vie 25 Mar - 18:05

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CHAPTER II| 22:25 HRS | penthouse de Vince

Su mente daba vueltas incansablemente, tratando de buscar el motivo por el cuál su amigo se encontraba preso de la adicción, intentando ahogar sus penas en una tonta botella del más puro alcohol. Pero no había caso. Dedujo varias teorías y cada una de ellas resultaba sonar peor que la anterior, por lo que prefirió cesar antes de que se volviera loca imaginando cosas absurdas, ahora necesitaba desintoxicarlo y de ser posible, en el más completo de los silencios. No serviría de nada que todo se hiciera público y sus propios padres lo señalaran con el dedo, otra vez no. Después de todo conocía esa faceta de Vince por sobresalir ante su hermano pequeño, su ahora prometido.

Sacudió su cabeza para despejar cualquier idea tonta y apresurarse con el café, desconocía el tiempo que él podría pasarse en la ducha, y a hora que lo pensaba, tal vez no fue una buena idea mandarlo a ducharse en ese estado. Suspiró y con sumo cuidado comprobó cada una de las alacenas en busca del café, cuando las halló sonrió triunfal pero aun no terminaba, apenas comenzaba y a decir verdad la noche se encontraba en pañales porque sabía que esa situación se trataba del leve comienzo, lo peor estaba por avecinarse.

Colocó las capsulas en la cafetera a la espera de que el aparato realizara su trabajo, no sin antes de ocuparse de buscar una gran y amplia taza, después de todo le haría tomar tanto café que conseguiría que Vince se encontrara tan fresco como una lechuga. Una vibración la sacó de sus cavilaciones, se trataba de su celular; lo tomó, desbloqueó y sonrió como tonta al comprobar de quién provenía. Tecleo una rápida respuesta y aguardó una respuesta, de todos modos no tenía nada más que hacer ya que escuchaba el ruido de la regadera lo que indicaba que Vince parecía poder con su labor al igual que ella a la espera del café.

“Te amo”

A decir verdad esa respuesta la sorprendió, pero no la alarmó del todo, eran novios, ¿qué más podía esperar? Cuando se disponía a responderle, a pesar de no saber cómo hacerlo, la bebida estaba dispuesta a rescatarla pues ya estaba a punto de desbordarse, lo que consiguió que maldijera su suerte, largara su celular y corriera para apagar el maldito aparatejo. Tomó la taza entre sus manos y sopló ésta con delicadeza, en verdad se encontraba sumamente caliente. Y para su mala suerte pronto acabaría padeciendo la temperatura, gracias a lo desprevenida que se encontraba y la silenciosa muda llegada de Vince, lograron lo peor. Asustada por el repentino contacto, dejó caer la taza al suelo no sin antes manchar sus propias prendas — . Con un demonio, Vince — maldijo alterada, pero tratando de ocultar el dolor de la elevada temperatura sobre su cuerpo — . ¡Mira lo que me has hecho hacer! — señaló lo obvio, acudiendo a limpiar el desastre que su torpeza provocó, aunque a decir verdad él tenía gran parte de la culpa en todo eso.

Sentía su cuello mojado, y ahora que notaba ése insignificante detalle fue capaz de observar a su amigo, estático frente suyo provocando que sus mejillas adquirieran un rubor bastante notorio, y no se trataba simplemente de que — posiblemente — su vestimenta fuera como un papel calco por lo transparente, sino que se trataba de la vestimenta de él, o más bien, la nulidad de ella sobre el cuerpo ajeno — ¿Qué diablos pasa contigo? — indagó frustrada por no comprender nada de lo que le estaba sucediendo a su mejor amigo.
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Mensaje por Phoenix el Vie 15 Abr - 20:41

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CHAPTER II| 22:20 HRS | penthouse de Vince

Sí, aún podía sentir la vibración particular de alegría que le propiciaba el alcohol recorriendo sus venas y el suave escozor acentuado y recriminado en los espacios internos de su garganta, sin embargo, pese a que su dolor de cabeza iba incrementándose considerablemente con el paso de los segundos, no estaba del todo desprendido en su consciencia sobre lo que pasaba en su al rededor y más precisamente con ella.

Los empleados de su casa ya se habían marchado, la jornada laboral había terminado y lo cierto era que a varios de ellos los había despachado bastante temprano ante la cautela notoria de que no podría pedir mucho más que botellas de tequila y whisky, es por eso que cuando la muchacha exclamó en su contra y se apartó mostrando el desastre provocado no solo sobre parte del suelo, sino que sobre su ropa, Vince tan solo abrió los labios algo confuso en lo que estos se ensimismaban sus palabras algo perturbadas. — Joder,... ¡Lucy!.... ¿¡Marie!? — llamó, cayendo recién en cuenta después de unos segundos que estaban solos en casa y que tal desastre lo tendrían que arreglar entre ellos.

Divagó con inquietud en lo que relamía sus labios y se le quedaba observando. No, no pensaba lógicamente pero al menos lo intentaba, en su rostro se mostraba aquello en tanto fruncía su ceño un poco más de lo común como intentando descubrir ahí la solución a lo recién ocurrido y el sentido de sus palabras, pero no lo hallaba. — ¿Qué? — correspondió a su pregunta de inmediato en lo que le miraba atentamente. ¡Nada sucedía con él!, ¿qué iba a suceder?, a parte por supuesto del hecho de que sus ojos automáticamente se desviaban como si de una inercia propia se tratara hasta la parte baja del cuerpo ajeno en donde las prendas de la muchacha se ceñían más de lo habitual a las curvaturas particulares de su cuerpo, ése que tantas veces había prendado en un cálido abrazo pero que en ese instante tomaba un deje diferente en sus intenciones, uno que le hizo reír a Vince ridículamente, como si toda la situación fuese más divertida que dramática en el simple hecho de que la cafeína hubiese caído hirviendo sobre su cuerpo.

— ¿Duele?. — se aseguró de preguntar previamente sin embargo en lo que se acercaba a ella como inspeccionando de que no existiesen rojeces graves sobre su cuerpo y quiso acudir a tomar implementos de su costado para ayudar a aliviar el dolor, sin embargo su noción no estaba muy clara y solo encontró algo cercano a telas entre la toalla que envolvía la propia parte baja de su cuerpo y no se la sacaría, sino ahí si que estaría más que claro que su borde de locura no se asemejaba tan solo con el alcohol que de a poco desaparecía de su interior.

Una gran parte de él, la lógica, ésa que aún no era afectada por las fibras del vicio se preocupó por ella, es por eso que entre su mareo abrió la llave de agua fría en su costado y rebuscó un paño de cocina entre las cajoneras hasta dar con uno que humedeció — ¿En dónde te arde?. — consultó, volviendo a descender su mirada hasta la parte baja de su pecho en donde se había concentrado mayormente la caída y frunció un tanto sus labios. No podía dejar de pensar en ridiculeces y eso le estaba colmando la razón.
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Re: — I should have chosen you »

Mensaje por Cherry Blossom el Dom 17 Abr - 4:31

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CHAPTER II| 22:27 HRS | penthouse de Vince

Juntó cada uno de los pedazos que yacían dispersos por el suelo, intentando no producirse ningún tipo de herida, ya contaba con una que comenzaba quemarle fuertemente el pecho, no necesitaba agregar una más a la lista. En todo momento desistió de prestarle atención a él, quien parecía estar más perdido en un limbo personal gracias a la recaída del maldito vicio que acarreaba constantemente cuando todo le salía fatal. Permitió que de sus labios brotase un leve suspiro, como si eso fuese la única solución al revuelo que tan solo ellos dos fueron capaces de conseguir en pocos minutos. Necesitaba serenarse después de todo no conseguiría nada de tal manera.

¿Doler? Claro que lo hacía, pero en esos momentos se encontraba atada de pies y manos intentando cuidar a un hombre que parecía tratarse de un bebé ante la recaída que sufrió por el alcohol, definitivamente esto conseguía volverlo más vulnerable y ella, a pesar de todo, no podía dejarlo pasar por alto. Brindarle la información a cerca del lugar de su dolor sería mucho más vergonzoso que permitirle conocer su preocupación ante el estado de ebriedad ajena. Por lo que simplemente tomó la mano masculina y con delicadeza desistió a que él le brindase los cuidados necesarios. Le quitó el paño humedecido, con una sonrisa y un asentimiento de cabeza le agradeció — Descuida, yo puedo con todo — aun sujetando su mano se aseguró de observarlo con atención, sin perder de vista sus orbes oscuros. Vince no tenía la culpa, el nerviosismo junto con sus precipitadas respuestas carentes de sensibilidad brotaban de si por el simple hecho que al día siguiente se trataba de la noche de la sorpresa, y definitivamente ése detalle sumado a la recaída de su amigo no conseguían augurar nada bueno para ella.

. Mejor ve a ponerte algo de ropa… comienzas a incomodarme — agregó con sinceridad. A pesar de que tuviesen un lazo bastante cercano, no significaba que podía contemplar el porte masculino en paños menores; no se trataba de algo que quisiese ver todos los días, tal vez con anterioridad sí… Cuando no acarreaba ninguna cadena que la marcase como propiedad de alguien más, alguien que no fuese él. No ahora que más pronto que tarde comenzarían a formar parte de una familia, convirtiéndolos en ni más ni menos que en cuñados, hecho por el cual comenzaba a incomodarle de gran manera. Intentó esconder su molestia, pero aun así no sería nada fácil teniendo en cuenta la cercanía y que sus rosadas mejillas la arrojaban al océano repleto de tiburones al revelar la completa obviedad.

Estaba cantado que no iba a rebajarse humillándose más de lo que ya lo había hecho con el simple hecho de ir hasta su puerta para exigir una respuesta que de hecho, todavía no fue capaz de obtener; no iba a quitarse su camisa y demostrar su cuerpo así como así, ella era lo bastante pudorosa como para hacerlo frente a quien se trataba de su futuro cuñado — Por cierto — su mirada bajó sobre su ropa notando que tendría que utilizar algo más seco para luego poder lavar su vestimenta evitando que la mancha oscura de café perdurara allí — , necesitaré que me prestes alguna de tus camisas hasta que pueda secar mi ropa — comentó con naturalidad.

Ajeno a ellos el clima parecía encontrarse bastante alterado también. Las gotas de agua caían frenéticas, al igual que la habitación se iluminaba abruptamente, se trataba de una tormenta torrencial. Genial, lo que necesitaba para mejorar toda esa situación. De esa manera su camisa tardaría siglos en secarse y… Había olvidado el detalle para poder regresar a casa.
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Re: — I should have chosen you »

Mensaje por Phoenix el Dom 24 Abr - 5:04

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CHAPTER II| 22:20 HRS | penthouse de Vince

Vince estaba borracho y eso estaba claro, pues sin siquiera estar cerca de él como para percibir los atisbos ya casi difuminados por la ducha del alcohol, si se notaría a distancia debido a la torpeza de sus movimientos, al caminar algo disperso y tambaleante de su altura y a las miradas corrosivas que sus ocelos se decidían a viajar como si todo de una novedad nueva se tratase, es por eso que si bien se podía asegurar de su evidente ebriedad, si se podía suponer que el chico no tenía en él una tozudez imposible de acallar ya que no era estúpido, podía percibir con claridad que el momento en el que ella desistió de sus atenciones y le regaló tal dulce y agradable sonrisa de calma, significaba que él no estaba siendo lo suficientemente eficiente para la situación que le consternaba ¡y además!, no era como si realmente fuese eficiente alguna vez en su vida... al menos de cuando su familia se trataba, Vince siempre había resultado ser la parte negativa de las situaciones, tal oveja negra que siempre en sus anécdotas perpetuaba desde el comienzo una expresión cansada, exhausta, como si cada pronunciación de lo que sería el resumen de su día terminaría siendo para su familia otro dolor de cabeza ¡y es que Vince Swartzch había asumido eso mucho tiempo atrás!, el que traía sonrisas siempre había sido su hermano, el que traía jaquecas era él y si la muchacha le sonreía en ése entonces era solo porque era la única mujer capaz de obsequiarle tal gesto con paciencia pese a si estaba destruyendo su paciencia.

Sintió una evidente vergüenza ante ello que recompuso al estirar su postura, encontrando desestabilización en ello pero no lo suficiente como para en un suspiro hallar su equilibrio. La seriedad del caso duró poco, pues en cuanto escuchó sus palabras le fue inevitable soltar una pronunciada risa inclusive si sabía que ella estaba siendo sincera al respecto. El gesto de Vince se arrugó con una naturalidad cautiva en lo que elevaba una de sus manos hacia un costado de su cuerpo en un claro signo de interrogación — ¿Incomodarte?, por favor Peyton, me haz visto más veces así que inclusive mi propia madre. — exclamó con la misma sinceridad que la chica pero con el impulso revelador del alcohol aún recorriendo en parte sus venas y es que no podías pretender una completa lógica en un hombre que del alcohol se le hacía agua y que para estar en tal estado debió haber consumido lo suficiente como para haber caído en el hospital por intoxicación, pero no, ahí estaba, hablando con las verdades jamás confiadas, ésas que debía aprender a callar de vez en cuando.

— Está bien, vamos. — agregó a los pocos segundos de dicho lo anterior, teniendo en suma consideración sus últimas palabras. Cierto era que la hija pródiga de los Rochester le había visto múltiples de tal modo pero también entendía que a ésta ahora le incomodaba por el simple hecho de estar en pareja y bueno, todo ese dramón innecesario que se arman las parejas. El problema de Vince en aquel entonces era que poco recordaba de lo digerido días atrás, menos mantendía en su mente la mayor razón de su recaída en el alcohol como lo era el anuncio de su boda, por lo que la consciencia de tal evento estaba tan eliminado de sus recuerdos como la noción de que aquella chica delante de él le era imposible de admirar, tocar o simplemente... apreciar.

Una vez que recorriendo la casa, llegaron al punto exacto de la habitación del joven, el castaño abrió las grandes puertas del armario, ése que compartía en su pasado con su ex esposa quien había dejado varias prendas ahí de las que jamás usó y que en gran parte, él le había regalado. Un trago amargo vino a su cabeza ante ello y medio pestañeó con incomodidad permitiéndose reír, pues, ¿qué más se podía hacer con las propias desgracias?. — Ahí, a ése lado hay un montón de ropa de mujer si es que quieres usar, ya sabes, las que me dejan las mujeres que vienen. — alardeó con diversión y rodó sus ojos para luego señalar el otro costado — Ahí está mi ropa, puedes escoger lo que quieras cariño. una sonrisa traviesa se asomó por sus labios en lo que se acercaba a ella y besaba un costado de su sien cercano a su frente en un claro signo de afecto.

Las únicas veces que Vince le decía 'cariño' precisamente a Peyton era cuando en instancias como esas, no medía la verdadera potencia de sus palabras por más sinceras que fuesen, por lo que no se notó consternación cuando pasó de ésto y avanzó hasta un costado de la habitación en donde había otro baño, el cual siempre tenía las prendas de su pijamas en los que se enfundó antes de salir nuevamente y tenderse en la comodidad de su cama, aguardando a por ella.
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Re: — I should have chosen you »

Mensaje por Cherry Blossom el Mar 26 Abr - 4:15

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CHAPTER II| 22:35 HRS | penthouse de Vince

De más sería agregar que la sorpresa inundaba por completo su semblante. Desde el mismísimo instante en que sus pies se posaron sobre el lujoso penthouse de su amigo, y la puerta reveló el catastrófico estado en el que se hallaba el asombro desistió a soltarla si quiera un solo segundo, casa acción y palabras parecían tener una fuerza capaz de hundirla aún más en ese mismo sentimiento de estupefacción, como en ese preciso instante.

Está bien no iba a negar que demasiadas veces sus ojos resultaban ser testigos de una escena similar efectuando que muchas de ellas se producían en el mayor de los escenarios más inoportunos, pero la única diferencia que repercutía en ese entonces se trataba que no estaba delante de alguien quien prontamente pasaría a formar parte de su propia familia, no era digno que yaciera en paños menores como si nada. Desistió de hacer alarde sobre cualquier tipo de comentario, después de todo tampoco se trataba de la mejor situación como para discutir si aquello era verídico o no, antes de eso prefería poner sobre la mesa otro tipo de cartas con mayor importancia que esa.

Procuró botar los desechos, asegurándose de que resultase imposible causaran más daños, para luego asegurarse de seguir los pasos de Vince hasta su propia habitación. En el más mutismo y estricto silencia encaminó sus zancadas para colocarse a un lado de él, consiguiendo tener una mejor visión de cada una de las prendas expuestas en el armario. Una ínfima y casi imperceptible mueca de disgusto surcó su rostro tras escucharlo hablar. ¿Mujeres que vienen? Prefirió desentenderse del tema, demasiado estrujado tenía su corazón ya. Enarcó una ceja en lo que se acercaba al mismo para comprobar cuál sería la mejor opción, o mejor dicho, cuál prenda se ajustaría en su estrecho cuerpo.

En cuanto tomó una percha observó la prenda casi analíticamente, descubriendo así que no sería su talla junto con todo el resto de las mismas — Ya lo creo. Podrías ponerte una tienda de ropa femenina — bromeó a pesar de que una espinilla acababa de clavarse en su corazón — . Gracias — agradeció a la vez que regresaba la indumentaria a su respectivo lugar para atreverse a tomar una camisa verdes oscura del lado de la ropa masculina. Nuevamente la sorpresa la embriagó al sentir el roce de los labios ajenos sobre su cien, pero no podía negar que ese contacto le resultó agradable, casi tanto como si el Vince que la besó con cariño se tratase del Vince desintoxicado, ese con el que siempre podía compartir absolutamente todo. Pero luego él desapareció en la habitación contigua.

Un leve suspiro escapó de sus labios mientras esperaba ocupar su lugar en el baño, sonrió con dulzura  y agradecida al verlo, ahora era su turno. Tras ingresar se ocupó de lavar su propia camisa para luego cubrir su cuerpo con la ropa de él, lo que produjo que el aroma masculina inundase sus fosas nasales. El perfume de Vince era inconfundible. Previo a que se asegurara de cerrar por completo la prenda notó como en su piel yacía una zona rojiza debido al contacto de la bebida caliente en ese lugar, intentó calmar el aquejo pero el daño ya estaba hecho.

Salió de la habitación encontrándose con él recostado plácidamente en su cama, ella simplemente se acercó y tomó asiento a un lado de él para luego retirarle unos cuantos cabellos rebeldes de su frente — . Tomé tu camisa, prefiero no arruinar tu próximo mercado. Ya sabes, para cuando las necesites — comentó intentando sonar lo más natural posible, lo cierto es que un ápice de acidez se traslucía en sus palabras — . Ahora bien, deberías dormir. Ya hablaremos cuando tu mente no esté inundada de alcohol — en un rápido movimiento descendió para que sus labios rosaran la mejilla ajena más cercana y finalmente ponerse de pie no sin antes asegurarse de que tuviese las comodidades necesarias para conciliar el sueño.

Definitivamente ése día fue una pérdida de tiempo, lo que en realidad pretendía hacer se había escurrido por el retrete gracias al alcohol y ahora tan sólo le quedaba esperar a que él regresara a la normalidad.  
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Mensaje por Phoenix el Sáb 30 Abr - 3:43

Listen to your heart there's nothing else you can do
CHAPTER II| 22:20 HRS | penthouse de Vince

Aguardar no era uno de los panoramas favoritos de Vince y es más, se podía tener en clara consideración desde el primer momento en el que se le conocía que la habilidad de la paciencia no era algo que se destacara en él precisamente, sino que se trataba de algo que más bien él detestaba, por eso es que, pese a ser la vergüenza constante de la familia y la oveja negra indeseada por todos, era alguien que se destacaba por la puntualidad, por esclarecer responsabilidad cuando de constancia se trataba, pues, ya se sabía, "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti", o algo así. ¡¿Qué iba a saber Vince de refranes en ese entonces si apenas podía recordar con claridad todo lo sucedido durante esos días?!.

Debido a su poca paciencia aguardando a por ella que saliera de su fugaz cambio de vestimentas, prendió la televisión y de paso se conectó al sistema de Netflix que le tincaba mucho más de lo que hacía la televisión abierta, la cual usualmente estaba repleta de contenidos que a él no le interesaban en lo absoluto, y en lo que intentaba discernir lo escrito en la pantalla con las series y películas que él recordaba, viajando con su veloz dedo en el control por la guía del programa, escuchó la puerta de un costado de él entreabrirse para mostrar así, una cabellera pelirroja, enfundada en una verdosa camiseta masculina salir de tal con una calma que solo quien se sentía en casa podía expresar, ¿y cómo no hacerlo?. Tanto Peyton como Vince prácticamente habían crecido en las casas del otro, habían pernoctado numerosas noches juntos viendo distintos tipos de seriales que salían como también simplemente hablando de la vida, hasta que, claramente, los gustos por la vida y las anécdotas habían cambiado. De pronto al chico le empezaron a gustar más las fiestas que la comodidad de su cama y las chicas más que las noches de videojuegos, lo que terminó derivando en él como alguien más alejado de los panoramas que les mantenían juntos, sin embargo, jamás despreocupó su relación junto a ella y era esa amistad tan cercana que aún mantenían lo que quizás les había hecho durar juntos tanto tiempo pues... a fin de cuentas, una gran parte de ellos les complementaba, lo que les hacía inseparables y que a su vez les había hecho pensar a todos que tanto él como ella en algún momento estarían juntos, lo que en su entonces no provocaba más que risas graciosas en ellos hasta que todo cambió y de pronto el interés derivó de ella hacia su hermano más que él y él... bueno, él recién ahí se dio cuenta de todos los errores cometidos.

— Luces espléndida. — alagó con una dormilona sonrisa, una que muy lejos de ser a causa del sueño, era más bien a causa del efecto del alcohol diluyéndose por sus venas y de la ducha recién dada que aún mantenía su cabello húmedo y su cuerpo cálido. Su dedo seguía presionando el botón del control con velocidad en lo que escuchaba las palabras ajenas y una risa graciosa se escapó de sus labios al oír lo del negocio, pero así tan rápido como rió, lo acalló al oír que ésta pretendía marcharse. — ¡Eh!, espera, ¿adónde crees que vas?. — cuestionó apresurándose a cruzar la cama para alcanzar a agarrar su brazo con una sutileza que solo cuando de ella se trataba pernoctaba en él y le sujetó reteniendo su avance.

No fue hasta que ésta se volteó a mirarle que Vince soltó un tanto la firmeza del agarre y jaló de su mano a la cual descendió entrelazando sus dedos para no permitir su partida y le tiró hasta la cama con calma, donde él se situó a su lado y le miró con una mezcla entre gracia y preocupación. — Estaré medio borracho, pero jamás lo suficiente como para no saber que con ésta tormenta se te hará imposible devolverte a casa. — le observó con obviedad y casi como si de un punto a favor se tratara, de fondo resonó con fuerza la sarta de mezcla entre relámpagos y truenos que iluminaron la habitación con ruido y luminosidad al unisono.

Movió la cabeza asintiendo y dándose la razón en lo que encogía sus hombros y rascó su húmeda cabeza volviendo a arrastrarse por la cama hasta donde había estado inicialmente. — Vamos, quédate... además, los borrachos siempre tienen la razón, ¿no?. — rió — Puedes aprovecharte de mi y mi estado sacándome verdades Pey. — sugirió.

Lo cierto era que poco le interesaba si simplemente conversaban, veían algo o dormían, su intención estaba en pasarla con ella, mantenerla a salvo y sentirle a su lado.
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Mensaje por Cherry Blossom el Lun 2 Mayo - 2:18

Listen to your heart there's nothing else you can do
CHAPTER II| 22:40 HRS | penthouse de Vince

El ser arrojada con gentileza a la cama de Vince consiguió sonsacarle una grata carcajada, no esperaba en lo absoluto que reaccionara de manera tan abrupta impidiéndole su partida. Tal vez debía acostumbrarse a la forma tan repentina y poco premeditada que él mantenía con su accionar, y todo era gracias a los efectos que el alcohol provocaba en su sistema. Acomodó su postura sentándose sobre sus piernas consiguiendo así que le permitiese elevarse un poco más y claro, también que su falda terminase revelando más de lo que debía.

No pensaba marcharme, al menos no todavía — admitió con sinceridad. A decir verdad tenía pensado llamar a su novio para que pasara por ella a recogerla ya que gracias a su terquedad insistió en que no sería necesario ir hasta la casa de su amigo en automóvil, ahora conocía los riesgos que su mala decisión traía consigo. Volteó a observarlo con una sonrisa en su rostro.

Vince, a pesar de que su razonamiento se encontraba adormecido por los estragos del alcohol, mantenía una capacidad acertada sobre el sentido común. Uno que parecía ser nulo para ella. Su visión se posó sobre la venta donde reflejaba el panorama climatológico, efectivamente la lluvia estaba en todo su esplendor, al menos eso supuso ya que cuando su sentido auditivo logró captarla pero no parecía ser tan enérgica como lo era en ese momento — . Si te deja más tranquilo llamaré a Dante para que venga por mí, mientras tanto te haré compañía hasta que te duermas — palmeó el hombro masculino regresando su completa atención a él.

Ahí estaba nuevamente. La sorpresa con su amigo nunca terminaban, de hecho sus palabras no sólo consiguieron eso en un primer momento, sino que luego sus carcajadas no perdieron tiempo en aparecer. Definitivamente era muy gracioso cuando quería en ese estado. Él nunca tenía ningún secreto para con ella, así como ella tampoco. Bueno, exceptuando el detalle de cuando en un pasado su amor era puro e incondicional para y exclusivamente para él, quitando ese pormenor el resto era completamente sin mentiras. Por ese motivo, nuevamente, su carcajada no resistió y procuró brotar de sus labios. No recordaba desde cuándo no se reía de semejante manera en compañía de él, de hecho, hacía tiempo que no se tomaban una noche de tonterías para ellos teniendo en cuenta que cada quien tenía que cuidar sus propias obligaciones.

Eso mismo consiguió bajar la guardia y desistir de ir a por su celular. Antes que todo necesitaba resguardar la seguridad de Vince evitando que nuevamente recayera en el vicio más de lo que ya lo hacía, y claro, velar por sus sueños mientras pudiese. Él estaba muy vulnerable, no debía ser una vidente con tal solo conocerlo bastaba, y ella lo conocía casi más que su propia vida misma — . ¿Sacarte verdades? Por favor, tú no me mentirías ni aunque te obligaran a hacerlo. No ocultas secretos para mí, Vince — la curvatura de sus labios se elevó denotando una mueca de superioridad ante sus propias palabras, su mano que yacía en el hombro masculino viajó a la mejilla de él únicamente con el propósito de estirarla con gentileza pero con la intención de molestarlo un poco, un acto meramente infantil que le hacía recordar a su época de críos donde vivían molestándose todo el tiempo.

. Si así lo quieres — sin pensar lo que hacía verdaderamente, se lanzó contra él en un mero intento por arrebatarle el control de televisión de entre sus manos. Si iba a permanecer allí no iba a permitir que escogiese una aburrida película de ésas que él solía mirar, claro que no, antes muerta. Prefería ver algo que consiguiese sonsacarle una risotada a ambos. ¿Y qué mejor que hacerlo con una de esas malas películas de terror, donde los efectos cutres dejaban mucho que desear? — . A eso llamo yo aprovecharme de ti — canturreó victoriosa con cierto tinte de diversión en la entonación de su voz en lo que regresaba a su posición inicial para así poder revisar la variedad múltiple de películas que Netflix ofrecía para ellos — ¿Sabes? Comienzo a pensar qué tendré que emborracharte cada vez que quiera arrebatarte el control, te vuelves más lento que de costumbre — finalizó con regocijo, sumida en su búsqueda.
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Mensaje por Phoenix el Jue 9 Jun - 2:25

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CHAPTER II| 22:20 HRS | penthouse de Vince

La miró un tanto confundido al principio para más tarde, simplemente, encogerse de hombros con la naturalidad que su estado de ebriedad apenas le podía permitir dilucidar, porque lo cierto era que si bien habían varias cosas de las que ella le hablaba y él no terminaba de entender del todo o que por otro lado, le costaba un buen rato procesarlas en su totalidad, siempre lograba dejarlo pasar con la usual mirada de desaprobación de Vince, la cual se incorporó hacia ella cuando le dijo que no planeaba marcharse aún... y entonces, ¿por qué quería dejarlo a él dormir?, ¿dormir?, ¿Vince?.

Terminó por rodar sus ojos graciosamente al oír la idea más tardía de llamar a Dante para que le fuera a recoger y de pronto el moreno tuvo noción de que no recordaba haberla visto llegar con carro, lo que en definitiva y para gracia suya, resultaba ser un punto a favor para la disputa respecto a si ella debía quedarse a salvo en el guarecimiento del hogar masculino o ir por la suerte y llamar a su hermano, aquel del cual el chico no tenía muchas ganas de tratar, menos en el estado que se encontraba, pues nuevamente ahí encontraría él la manera de sacarle en cara, una vez más y a como recurrentemente hacía, el título de hijo bueno del cual el mayor de los Swartchz no disponía en lo absoluto y que el menor siempre encontraba la manera de acentuar, por lo que, ¿qué otro discurso se mandaría si lo viera así?. Usualmente a Vince poco le importaban las palabras de quien en ése entonces era el novio de su mejor amiga, ni porque fuese relativamente cercano, ni porque fuese un miembro de su familia, pero oír sus regaños delante de ella era una película nueva que él no tenía ánimos de presenciar, por lo que su negativa sería rotunda, una y otra vez. — Que ni se te ocurra, de seguro si llega me empezará a dar el sermón del alcohol que él no tiene derecho a profesar. — se indignó apenas por unos segundos a como comúnmente sucedía cuando de Dante se trataba, aquel hijo predilecto que Vince sabía, había cometido tantos o más errores de los que él había llevado a cabo pero que se había preocupado de ocultar a la perfección y a pesar de todo aquello, era su hermano, por lo que la estima le impedía devolver con la misma mano su actitud.

Una risa graciosa se esparció por la habitación al sentir como la muchacha parecía tomar el control de la situación con aquel narcisismo poco común que bien le salía pero del cual si él predisponía, podía magullar, pues todos sabían que el dueño del orgullo en la prodigiosa familia era él precisamente. — Huele a chiste aquí, ¿no lo sientes tú igual?. — bromeó carcajeándose en lo que arrugaba su nariz e intentaba morder su mano, esa que le fastidiaba con aquel gesto que ya ni su abuela llegaba a concretar.

— ¡E-eh!, ¿qué haces? — se quejó por lo pronto cuando ésta se apoderó del control dejando escapar un sutil bufido que expresaba su claro descontento, fingido, por lo pronto, pues cuando de Peyton se trataba a él le daba lo mismo quien terminaba por controlar la situación y quién no. Ella siempre había sido algo así como la mujer predilecta de su vida, aquella a la que consentiría sin barreras y le permitiría el mundo si así lo quería, siempre con discusiones entre medio, claramente.

Guardó silencio por el instante en que ella proclamaba su victoria y seguía con el parloteo, concentrando su mirada en la televisión y las andanzas de Pey con el control en mano por el programa para luego concentrar su atención en ella con una mirada divertida. Se acomodó un tanto en la cama para quedar más próximo a su presencia pero inclinado hacia atrás en donde pudiese dejarse caer en el respaldo y observó desde ésta cercana pero trasera perspectiva como la camiseta que cargaba, de lo grande que era en comparación para su delgado cuerpo, dejaba caer en la parte del hombro una de las esquinas redondeadas del cuello, dando muestras de la tersa piel a la que Vince se acercó, erigiendo su cuerpo en un lateral más cercano. — No sabes lo que es realmente aprovecharse, Peyton. — rió dejando caer su cálida respiración en la proximidad de su cuello y clavícula, depositando un beso, seguido de una suave mordida en su hombro, en un juego que podría haber sido rutinario años atrás en su inocencia, pero que ahora cobraba un sentido distinto, por supuesto no en la mente del ligeramente desconcertado Vince que lo hacía en una función automática a su amistad, pero que aún así evocó en su interior el cosquilleo particular de la emoción.
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