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And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

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And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 14 Feb - 23:44

And thou art like the poisonous tree that stole my life away.
Él, el libertino más famoso en todo Londres. Ella, la mujer cuyos deseos de servir a Dios le fueron arrancados. Dos personas que nada tenían en común hasta que un acontecimiento social los unió, trayendo severas consecuencias. Bajo el ojo vigilante de la sociedad victoriana y la doble moral de la clase alta, el matrimonio es la única salida, la opción más honorable para no comprometer la virtud de una doncella ni el dudoso honor de un hombre cuyos excesos y pecados le han conferido mala fama entre aquellos que dicen ser amigos.

Forzados a compartir el resto de los días en mutua compañía, cada uno lidia a su manera con los problemas que una unión así acarrea; sorteando todo obstáculo y en medio de intrigas y rumores, ambos luchan por sacar a flote una relación que fracasó incluso antes de pasar por el altar.
Alan Wotton
Conde | Rupert Friend | Batman with claws
Un hombre que lo ha tenido todo: dinero, mujeres y los más exóticos caprichos que alguien puede llegar a desear. Son incontables las aventuras y los líos de faldas en los que se ha visto inmiscuido, pues no son pocos los rumores que lo ligan a la existencia de bastardos e incluso damas repudiadas luego de caer bajo sus encantos.
Mary Frances Wotton
Condesa | Emily Blunt | Lucrezia
Una dama callada y poco dada a las situaciones sociales, entregada a las obras de caridad y a un estilo de vida austero, completamente opuesto al de su marido. Pasa la mayor parte de sus días rezando o atendiendo a los menos afortunados, ofreciendo a Dios las penurias que derivan de su matrimonio y de todo lo que ello conlleva.
Plot | Épocas pasadas, drama. | 1x1
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Última edición por Lucrezia el Lun 16 Mayo - 4:18, editado 3 veces
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Mar 16 Feb - 21:17

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Alan Wotton podía ser definido como un dandi, un hombre muy refinado a la hora de vestirse, proveniente de la burguesía aristocrática, con una fuerte personalidad, y también como un libertino, por lo que a todo el mundo le había sorprendido que se hubiera casado con una mojigata. Evidentemente, no le había quedado otra salida, ya que les habían pillado en la cama. No le importaba demasiado tampoco; ninguno de los adjetivos que les calificaban habían cambiado. Todo el mundo sabía que vivía en un mundo ajeno al matrimonio, mientras que su esposa lo respetaba.

El reto que tenía Alan era meterse en la cama de la que era su mujer. Al fin y al cabo, tenía el derecho, ¿no? Respetaba a las mujeres hasta cierto punto; jamás violaría a una, pero iba a insistir hasta que ella dijera que sí. Era su reto. El machismo era un término desconocido en la época, y por supuesto, ningún juez consideraría que esa presión en el matrimonio fuera ningún tipo de acoso sexual.

Borracho como una cuba, había llegado la noche anterior a su casa, por lo que en cuanto despertó en torno al mediodía, como acostumbraban a hacer tanto aristócratas como burgueses, como parodiaba Alexander Pope en The Rape of the Lock. Se vistió con ropajes limpios después de ir a darse un baño para quitarse el olor a alcohol de la piel.

Su esposa no había llegado aún, o eso es lo que le habían dicho los criados. Seguramente, se hubiera pasado por alguna de las workhouses de la ciudad de Londres para apadrinar a algún niño. Chasqueando la lengua, esperó sentado en una de las sillas del estudio, con un libro entre las manos. Estaban de moda los clásicos, por lo que estaba pasando los ojos por La Odisea. Aunque no lo pareciera, era una persona inteligente y estaba casi sobrecogido ante la fuerta del Canto VI, donde comienza el episodio de los feacios.

En realidad, no estaba aprendiendo cosas por el propio gusto: para eso, ya tenía alcohol y mujeres, sino para tener algo de lo que hablar con su esposa. Quizás para acabar en su lecho, tendría que sacrificarse un poco y no ir siempre a lo bestia.
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 17 Feb - 2:14

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Desde el primer día de su matrimonio, Mary comprendió que no volvería a dormir una noche completa jamás. Aunque no era una mujer vanidosa — porque seguía considerando la exaltación de la belleza como un pecado — había sido forzada a recurrir a los trucos femeninos del maquillaje para disfrazar un poco su desmejorado aspecto. Someterse a rigurosos ayunos como una manera de expiar sus fallos como esposa al no poder enderezar la conducta libertina de su marido no ayudaba demasiado, así como de nada servían las numerosas plegarias que recitaba día y noche en la soledad de su alcoba. A primera hora de la mañana y después de leer la biblia como cada día, la joven se dispuso a ser auxiliada por sus doncellas para asearse y vestirse. Al cumplirse los dos días reglamentarios del ayuno se decantó por un desayuno austero, consistente tan solo en un poco de té y pan.

Al salir de su hogar, el cochero la esperaba ya para llevarla hasta uno de los sectores más desafortunados de la ciudad. El camino fue bastante lento, en gran parte porque sortear los charcos y lodazales de la terracería era primordial si deseaban avanzar. Acostumbrada a que su esposo se despertara hasta tarde, Mary contaba con toda la mañana libre para dedicarla a los más necesitados, esas personas que requerían su ayuda y se esforzaban en salir adelante a pesar de las circunstancias. Acompañada por algunas religiosas de su antigua orden, repartió comida y ropa limpia a diestra y siniestra. En medio de todo el cansancio que significaba atender de tantas personas con tan poco personal, se dio tiempo para auxiliar al médico en el tratamiento de las personas enfermas. Si bien sus conocimientos de enfermería eran limitados, se ocupaba de cargar recipientes con agua y de mojar algunos paños para colocarlos en la frente de quienes tenían fiebre.

No regresó a casa sino hasta la tarde. Casi era la hora de comer cuando llegó y de inmediato fue informada de las condiciones en que se hallaba su esposo, las cuales no variaban nada con el paso de los días.  Al parecer, el estar siempre borracho formaba parte de la rutina matrimonial y a Mary no le quedaba más remedio que aceptarlo. A ella no le eran ajenas las miradas de compasión que las doncellas y toda la servidumbre de la casa dirigía. Lo complicado de la vida con Alan trascendía los muros de su habitación y no compartir el lecho daba pie a rumores sobre la imposibilidad de ambos por engendrar un heredero en el futuro. Al preguntar por Alan fue informada acerca de dónde estaba pasando su esposo el resto del día, sorprendiéndose al saber que no era en un burdel ni en una taberna de mala muerte.  El hecho de tenerle en casa a esas horas ya podía considerarse un progreso, así que ni tarda ni perezosa se dirigió a su encuentro, abriendo sigilosamente la puerta del estudio. — Lamento la tardanza. — Avanzó unos pasos y cerró tras de sí, mirándole fijamente. — ¿Cómo se encuentra? —  El que lo detestara la mayoría de las veces no implicaba que no pudiera ser cortés. Él era solo la oveja descarriada, así que el deber de ella como su esposa era devolverlo al buen camino.
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Dom 21 Feb - 22:07

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Envuelto en la lectura, Alan no estaba pensando en todas las libertades que se tomaba incluso aunque estuviera casado: prostitutas, alcohol e incluso drogas como el opio. La verdad es que jamás había pensado por qué se metió en todos aquellos vicios. Quizás había sido tras la muerte de sus padres en un trágico accidente, de lo cual jamás hablaba con nadie. De hecho, lo primero que hizo cuando alcanzó la mayoría de edad y todo su dinero iba a ser para él fue despedir a los criados que lo miraban con pena. Y entonces fue cuando empezó su camino a la decadencia. Sin embargo, en aquellos momentos se encontraba, por suerte, un poco distraído. Recordaba haber leído la obra cuando era más pequeño, al igual que había tenido que aprender latín para leer a los poetas clásicos, pero nunca le había puesto demasiada atención. Ahora, sin embargo, lo estaba haciendo. Quizás porque le dolía la cabeza a rabia y al hacerlo, le dolía mucho más. Consideraba que se merecía el dolor, que era parte del placer que sentiría al alcanzar su objetivo.

Las últimas palabras del Canto VI sonaban en su mente cuando la puerta se abrió y tras ella, apareció su esposa. No podía creerse que se hubiera casado aún, pero aunque no le importaban los escándalos, no quería ensuciar el nombre de su familia aún más. Además, ahora tenía el reto. Y podían divorciarse cuando quisiera. Sus ojos se clavaron en la piadosa fémina, que no parecía ni siquiera enfadada por su comportamiento. Al menos, había tomado la decencia de darse un baño para eliminar el olor a alcohol y a sudor de su piel. Seguro que la fémina lo agradecía.

Una pequeña mueca tomó el control de su rostro cuando cerró la puerta. El ruido le molestaba. Cerrando el libro, lo dejó sobre una mesa antes de levantarse, sin molestarse en colocar bien sus arrugados ropajes, para ir al encuentro de su esposa—. Me duele la cabeza. Supongo que es el efecto del alcohol que tomé la noche anterior. —Arrastró las palabras como si estuviera degustando algo asqueroso en su boca; era el sabor al alcohol de la noche anterior. Al estar frente a ella, se inclinó para coger una de sus manos y dejar sobre ella un beso, clavando su mirada en el rostro de la fémina fijamente mientras lo hacía.

Después, se acercó a una de las mesas, sobre la que había una jarra de agua y se sirvió un vaso—. ¿Dónde estabas? —Lo sabía perfectamente, pero quería preguntarle aún. Se tomó el vaso de un trago, esperando que ayudara con el mal de sabor de boca y lo volvió a posar sobre la mesa antes de darse la vuelta, sin acercarse a ella de nuevo—. Sea donde sea, no habrás ido sola, ¿verdad?

La pregunta había escapado de los labios del hombre con cierto tono de enfado; no porque se preocupara por ella, porque para qué mentir, no lo hacía de momento, sino porque si le pasaba algo, podían acabar echándole la culpa a él. O al menos, eso era lo que él se decía. Nunca había conocido el amor ni pretendía. Solo quería cumplir su reto de meterse entre las sábanas de la joven. Y sabía perfectamente que iba a acabar consiguiéndolo—. Estaba leyendo La Odisea. ¿Dónde conseguiste esa edición? —Al fin y al cabo, estaba en griego antiguo, un idioma que había aprendido de pequeño, y del que aún se acordaba. Al igual que del francés, del latín o del español, que había sido un idioma importante antaño. Y era la lengua de ese tal Miguel de Cervantes del que había hablado Charles Dickens en sus prólogos. Estaba seguro de que las novelas de ese hombre habían influido en el comportamiento de su esposa.
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Lun 22 Feb - 4:31

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Suspiró con desazón al ver lo arrugado de las ropas que Alan vestía. Si bien era su responsabilidad procurar que él vistiera acorde a su rango y posición, prefería delegar esa tarea a las doncellas o bien a todas esas prostitutas que el conde solía frecuentar. Si estaban dispuestas a desvestirlo ¿Por qué no a lavarle la ropa o a tenerle listos los trajes que debía vestir? Mientras los labios de su esposo se posaban sobre el dorso de su mano, la mujer hacía enormes esfuerzos por disfrazar la expresión de reproche que tenía para él a causa de su comportamiento. — Si bebiera menos y se alimentara como debe ser, tendría mejor aspecto. — Preocuparse por la salud de su esposo era no solo uno de sus deberes como esposa sino también parte de su código moral. Estuvo a punto de sugerirle que bebiera algo más fuerte para combatir los efectos del alcohol en su cuerpo pero se contuvo, a sabiendas de que sus remedios resultarían desagradables para él, sobre todo porque la abstinencia sería primordial.

— No, no fui sola. Me acompañaron mis doncellas, el cochero y algunas religiosas. — No le pasó desapercibido el tono con que aquella pregunta le había sido dirigida, logrando que ella se enfadara a pesar de haber pasado un buen día ayudando a los necesitados. — Sabe que son personas de probada virtud. Lamentablemente no puedo decir lo mismo de las compañías que usted frecuenta. — Respondió ella con tono mordaz. — Desde que me casé con usted la gente se compadece de mí. Ya no puedo salir a la calle sin que alguien me exprese su sentir con respecto a nuestro matrimonio, todo ello a causa de cómo se comporta. Si le preocupa el buen nombre de la familia haría bien en escoger mejor a sus amigos o a las mujeres con quienes pasa las noches. — Claramente se hallaba ofendida ¿Cómo era capaz de insinuar que podía hacer algo para afectar su reputación?

Para la tranquilidad de Mary, Alan cambió el rumbo de la conversación y ella pudo volver a serenarse. Todo lo relacionado con los libros y la biblioteca de casa era del interés de la castaña, que solo atinó a sonreír con levedad. — Fue un regalo de bodas, cortesía de la duquesa de Richmond. — Le resultaba extraño el repentino interés de Alan por la literatura pero suponía que siendo un hombre culto y versado en muchas disciplinas, el leer era fundamental aunque no lo demostrara. — No sé si recuerde a Lady Georgina. Es hija del duque de Beaufort y recientemente entró a formar parte de una congregación religiosa. — Seguramente no se acordaría. Ella no era el tipo de mujer de la que él podría tener algún recuerdo, mucho menos bueno. — Su tío es el abad de Westminster y por medio de ella me ha manifestado su deseo de ayudar a que usted enmiende su vida. — Contar con el apoyo de una persona tan importante como respetada en las altas esferas de la sociedad siempre era bueno, sobre todo porque eso acallaría los rumores acerca de las infidelidades de Alan o la incapacidad de Mary para cumplir con sus deberes en el lecho. — Ha arreglado su admisión en una congregación lejos de Londres, en donde podrá entregarse de lleno a la vida en castidad, bajo votos de pobreza y humildad que le permitirán encontrar su propósito. — Separarse de su marido no iba a ayudar a rescatar el matrimonio pero si al menos lograba hacerle enderezar el camino, se daría por bien servida.

— Dejaría de beber y también se despediría de esas mujeres que lo vuelven indigno ¿No sería eso algo bueno? Tendría la posibilidad de corregir sus errores, de redimirse. — Nerviosa, aguardó la que Alan respondiera, temerosa ante una posible negativa. — Lo único que debe hacer es presentarse. Yo le acompañaré hasta las puertas del lugar, el abad se encargará de lo demás. — Internamente elevó sus plegarias al cielo, rogando porque su esposo aceptara recluirse para vivir decentemente, como todo buen hijo de dios.  
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Dom 6 Mar - 18:16

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Puede que se hubiera casado con una chica que casi podría ser definida como una puritana, si ese adjetivo no llevara la connotación que llevaba, incluso dos siglos después de que los puritanos que viajaron en el Mayflower a los Estados Unidos hubieran decidido luchar por la Independencia —aunque era verdad que las prostitutas a las que habían secuestrado eran más liberales que las del Reino Unido, quizás había cambiado un poco el país con el tiempo, aunque siguiera teniendo ese sector profundamente conservador—, pero eso no quería decir que la fémina no le dijera un par de verdades de vez en cuando, que frecuentemente le encolerizaban por el complejo de inferioridad que sentía frente a ella, algo que nunca pensaría decir en voz alta y en parte, por eso mismo había decidido que esa mañana no la malgastaría con una señora del alterne, sino leyendo esa obra que le había atrapado desde el primer momento, al igual que la fémina le había atrapado (aunque el resultado no había sido el mismo, pues el libro podía cerrarlo y  desentenderse de él, mientras que a su esposa la tenía que seguir viendo día a día).

Ante las verdades de la fémina, el hombre había entrecerrado sus ojos conforme pasaba sus cuidadas y hermosas manos, pues no había hecho ningún tipo de trabajo físico en toda su vida, por sus ropajes para ir alisándolos, ya que se acababa de percatar de las arrugas que tenía en estos, en parte, por haber estado sentado algún tiempo mientras esperaba que la fémina volviera a la casa de ayudar a esas “personas de probada virtud”, como ella decía—. Siempre pudisteis haberos negado al matrimonio impuesto. No sois la única que recibís miradas. Antes las gentes apartaban la mirada turbados y ahora me fulminan con ella por deshonrar a tal esposa como vos, una persona de probada virtud. —Y no lo dijo con ironía, pero sí con cierto tono jocoso, pues ¿de qué le servía a la fémina no disfrutar de los placeres terrenales como él lo hacía día sí y día también?  

Eso sí, decidió que el rumbo de la conversación cambiara, pues una nueva discusión entre ambos no les haría nada de bien. Al menos, no ante una relación tan deteriorada desde un principio como lo habían tenido. ¡Y la fémina nunca consideraría el divorcio como una opción! Iba a ser una molestia en un futuro y realmente lo sabía, pero de momento, no podía hacer nada. Mover a sus abogados para hacerles saber que el matrimonio no había sido consumado no era una opción, sobre todo, porque aunque acabaran divorciados, el hombre quería tomar posesión de la virginidad de la pura doncella costara lo que costara, como si fuera uno de los pretendientes de la diosa griega Ártemis, aunque esperaba acabar mejor que todos ellos, pues la diosa siempre acababa deshaciéndose de ellos solo para preservar su pureza—. ¿Lady Georgina? —Sus cejas se alzaron mientras una mueca de sorpresa se dibujaba en su rostro. Si la fémina que tenía frente a él era Ártemis, Lady Georgina era Afrodita: muchos de sus colegas de altas esferas habían pasado por los aposentos de la fémina y ahora ¿era monja? Evidentemente, su esposa no parecía saber nada de la vida secreta de la fémina, por lo que decidió no abrir la boca sobre el tema—. Tenía entendido que estaba pasando una época en Bath. —Dejó caer el dato como si nada, pues realmente, en su boda había intentado escuchar a todos aquellos conocidos de la fémina que tanto le instaban a que fuera un buen marido.

Buen marido que iba a ser, pues la fémina había logrado que lo admitieran en una congregación lejos de su vida. Primero, un ramalazo de ira llenó su ser y sus ojos irancundos y ofendidos se posaron en el rostro de la fémina mientras sus dientes se apretaban para morderse la lengua. Nunca había levantado una mano a una mujer, aunque de momento, no fuera ilegal, a pesar de las protestas feministas que últimamente habían aparecido en ciertos sectores de la sociedad. Las mujeres querían lograr igualdad de derechos, aunque la reina Victoria ni siquiera les apoyaba. Un resoplido escapó de sus labios—. ¿Cuánto tiempo? —Fue lo que preguntó con cierta curiosidad en su voz mientras un plan se iba formando en su mente. Puede que fuera difícil, pero sabía que podía conseguirlo. Solo tendría que fingir y eso se le daba extremadamente bien—. Y solo aceptaría bajo una condición: debéis darme eso que tanto ansío desde nuestra noche de bodas. —Sus ojos de halcón se clavaron en el rostro de la fémina conforme daba un paso hacia ella, aunque sin invadir aún su espacio personal—. Solo así lograréis acallar los rumores..

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Última edición por BatmanWithClaws el Dom 20 Mar - 20:15, editado 1 vez
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 8 Mar - 5:24

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Ni siquiera ella misma sabía por qué había terminado casándose con él. Atribuía su decisión al querer evitar un escándalo mucho mayor o tal vez al hecho de que su virtud podría verse comprometida si no se casaba con Alan, a quien todos consideraban un excelente partido por muy libertino que fuese. — No lo sé. Me daba miedo enfrentarme a todas esas personas que solo juzgan a los demás. No quería ser la muchacha fácil y deshonrada que tiene lo que se merece por haber pecado, no es así como quiero ser recordada. — Pero el hecho de pasar a la historia en el papel de una esposa infeliz y desdichada no era precisamente lo mejor, sobre todo cuando estaba más que claro que eran incapaces de convivir en armonía ¿Cómo harían para llevarse bien por el resto de la vida? — Si se esforzara un poco más en respetar lo que sea que tiene conmigo, nadie volvería a mirarlo de esa forma. — Culparlo no era algo que hiciera deliberadamente buscando lastimarlo pero ella se encontraba bastante herida y dejar eso pasar no era una opción.

— Al parecer, luego de unos meses en Bath se sintió atraída a la vida religiosa y decidió ingresar a la comunidad. Ahora es una de las jóvenes más entusiastas, bastante comprometida con la vida en castidad, aunque si le soy sincera podría jurar que tiene cierto brillo de tristeza en la mirada. — A ella no le había pasado desapercibido que la ahora religiosa parecía estar poco atenta en casi toda la conversación, participando apenas de las decisiones que Mary y el abad tomaran. — Pero desde luego son figuraciones mías, por supuesto. Supongo que una estancia de casi diez meses en Bath cambia a cualquiera. — Había escuchado rumores acerca del repentino viaje de la muchacha y los motivos que ella tenía para desaparecer de todo compromiso social de la noche a la mañana pero Mary no deseaba creer en nada que no pudiera comprobar. Quizás Alan supiera algo más y aunque así fuera, ella no se lo preguntaría.

Impasible, se mantuvo quieta mientras esos ojos iracundos se fijaban en ella. Había anticipado una mala reacción de su parte pero no una así; temía que la situación se le fuera de las manos y pagara con daño físico la cara osadía de haberle propuesto cambiar. A fin de cuentas ¿Qué era ella para él? Cualquier otra mujer le importaría más que ella, a quien todos llamaban “la esposa” pero desde luego no se sentía como una. Él podría pegarle, nadie le impediría hacerlo e incluso los hombres que se decían sus amigos le aplaudirían tal hazaña.   — No sé si pueda… — Hizo un esfuerzo por modular la voz para evitar delatarse por estar a punto de llorar. — ¿Cómo sé que después de conseguir lo que quiere no me va a dejar como ha hecho con todas? Algunas mujeres incluso tienen bastardos, no son pocas las que aún continúan viniendo a reclamar derechos— Ella había presenciado cómo era cargar con el estigma social de ser madre soltera, incluso había recibido a casi todas las mujeres que pregonaban tener hijos de Alan, ayudándolas de una manera o de otra a sobrellevar tan difícil situación, sintiéndose culpable aunque fuera de forma indirecta por los desastres que su marido causaba.

Porque sin importar cuán sencillo pudiera ser aceptar esa propuesta, no había un solo escenario posible en el que ella saliera bien librada y aun así deseaba decirle que sí para que él pudiera cumplir con su parte del trato, enmendándose y llevando una vida en castidad aunque después se deshiciera de ella del mismo modo que con las demás. — Lo intentaré. — Sus palabras estaban lejos de mostrar convicción pero era la mejor respuesta que podía ofrecerle en ese momento, tal vez la única. — No puedo entregarme a usted si antes no me demuestra que está cambiando o que al menos tiene la intención de ello, con hechos y no solo palabrería barata. — ¿Por qué la quería a ella? Teniendo a tantas mujeres a sus pies, él insistía en que fuera Mary Frances la elegida para tan dudoso honor. Ella, la inexperta y mojigata mujer que ninguna idea tenía acerca de cómo llevar a cabo tal encomienda, una muchacha asustadiza que probablemente se desmayaría si llegaba a verlo desnudo.

—  Si deseamos acallar los rumores, sería bueno que comenzáramos a compartir la cama. — Armarse de valor para decirle eso no era sencillo, menos sería lo que venía después. — Es mi deber como su esposa dormir en donde usted lo haga pero no estoy dispuesta a recostarme en el mismo lecho en donde han dormido tantas otras. — Pensar en las pecaminosas prácticas que se habían llevado a cabo en esa cama casi le hacía tener deseos de vomitar aunque lo disfrazaba muy bien.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Dom 20 Mar - 20:14

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
La respuesta de la fémina era más o menos lo que estaba esperando. Se había casado con él por lo que podrían estar diciendo los demás de ella. En realidad, al hombre aquello le parecía una verdadera gilipollez, pues ¿qué más daba lo que pensaba la gente? A él nunca le había importado y por eso mismo, se comportaba tal y como quería. Una vida de infelicidad iba a suponer casarse con él, o al menos, eso era lo que parecía, ya que la fémina ni siquiera quería acercarse a él. ¡Y no entendía por qué! Estaba seguro de que por muy mojigata que fuera, debía sentir algo. Y él era un hombre extremadamente atractivo, por lo que debía querer meterse en su cama, ¿verdad? O al menos, eso es lo que esperaba su ego. No dijo nada más. ¿Respetar lo que tenía con ella? No tenía nada. Al menos, no de momento. Si se metía en su cama y le gustaba, ya vería lo que acababa pasando entre ellos.

En vez de seguir pensando en el sexo, se concentró en la conversación que tenía con la fémina. Así que la otra fémina se había retirado a Bath, seguramente por un embarazo indeseado, y para tapar todo el asunto, había tenido que meterse a religiosa. Seguramente, algún que otro cura sucumbiría a sus encantos, aunque claro, debía tener cuidado antes de quedar embarazada de nuevo—. Una estancia en Bath sin ir a las fiestas es algo que cambia a cualquiera, sin duda. Usted misma debió acudir a muchas, ¿verdad? Para intentar encontrar a un marido, como todas las chicas de familias respetables. —A él no le dejaban entrar en muchas ocasiones por estar borracho hasta las trancas, pero claro, no le importaba demasiado, pues se iba a un prostíbulo y se quedaba tranquilo.

Su reacción no fue precisamente la que hubiera esperado de él mismo, pues siempre se estaba controlando. Había sido un tanto violenta, pero jamás alzaría una mano a una mujer. De hecho, nunca le habían gustado demasiado las peleas físicas con nadie. Y no maltrataría a nadie, sobre todo, porque su padre sí que le pegaba a su madre. La recordaba llorar, llorar amargamente... Su madre se había intentando suicidar en un par de ocasiones, pero claro, nadie lo sabía. Nadie excepto él. Apretó los labios durante unos segundos, ladeando la cabeza hacia un lado, intentando calmarse de una vez. Cogió aire por la nariz y lo fue soltando luego por la boca, intentando no resoplar tanto. Sabía que debía calmarse y por eso mismo, pensó en esa contraoferta—. No sois igual que las otras mujeres y lo sabéis. —Comentó en un primer momento con sus cejas alzadas, entrecerrando luego un poco los ojos mientras la miraba. Aquel argumento no era válido, al menos, no para ella—. Sois mi esposa, y lo sabéis. No podéis compararos a las demás. De todas formas, puedo firmar un acuerdo si es lo que queréis. —La ironía impregnó sus palabras, pero por supuesto, su esposa no se creía nada que saliera de sus labios. No quería decir que no tenía sus motivos, pero era verdad que le había demostrado que ella no era como las demás (porque no quería acostarse con él, claro, pero eso era otra cosa).

Sus ojos recorrieron los rasgos del rostro de la hermosa fémina durante unos segundos. No se entendía a sí mismo. ¿Por qué no paraba de pensar en acostarse con ella? Era verdad que la quería para sí, pero podía tener a mil otras. ¿Por qué ella? ¿Porque le había rechazado? Puede ser, pero... Apretó los dientes con los labios cerrados, para que la chica no se diera cuenta. Asintió con la cabeza una sola vez—. Un año en Bath. Estaré ingresado, sin tener sexo, alcohol ni otro tipo de drogas. —Eso iba a ser bastante duro, pero siempre podía engañar para seguir haciendo su vida. Sería capaz de hacer todo eso para acostarse con la fémina. ¿Por qué? Eso era lo que no paraba de preguntarse. ¿Qué es lo que tenía la fémina? Algo, algo escondido debajo de esa máscara de indiferencia.

Sus labios se apretaron en una fina línea, en un primer momento—. Cambiemos el lecho, pues. ¿Es eso lo que tanto os molesta? —Sus ojos se clavaron ahora en la cama, tirando de las sábanas y tirando a un lado las ropas de la cama. Miró el colchón, ¿también eso le daba asco? Lo pateó como si nada, tirándolo del soporte. Lo hizo sin demasiada violencia, pues no quería molestarla. Se giró hacia ella, acercándose en un par de zancadas, inclinándose sobre ella, aunque sin rozar sus labios contra los de él —. ¿Ahora mejor? Podemos dormir en vuestra cama si queréis. —Es lo que le dijo con toda la seriedad del mundo. ¿La quería? No, estaba claro que no. ¿Estaba fingiendo? Eso no lo tenía tan seguro, aunque no sabía la verdadera razón para ello.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 22 Mar - 5:34

01. An epic failure.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
¿Tan desesperada se hallaba en el momento en que aceptó casarse con él? Hasta entonces había pensado que la premura de su matrimonio se debía tan solo a la escandalosa situación y a la impaciencia de su padre por concederle un ventajoso enlace pero las palabras de su esposo le daban mucho en qué pensar. — Nunca tuve intenciones matrimoniales ni con usted ni con nadie. — Quizás aquello resultara patético desde la perspectiva de Alan pero Mary era completamente ingenua e inexperta con respecto a esos temas. — La fiesta en la que nos conocimos fue mi primera aparición en sociedad desde que dejé la vida religiosa e incluso  antes de ello no se me conocía por participar en dichos eventos. — En realidad, no podía dar cuenta de ninguna actividad o pasatiempo fuera de sus plegarias y ayunos diarios. — Y usted tampoco quería casarse, lo sé. Su cara de hastío durante la ceremonia es algo que no voy a olvidar. — Sin mencionar que tampoco dejaría de recordar todas las murmuraciones durante la celebración, los disimulados bostezos de algunos invitados  y en general todo aquel día.

— ¿Lo soy? — Aventurarse a cuestionar aquello era como tentar a la suerte pero deseaba saberlo aunque la respuesta no fuera la deseada. — ¿En verdad soy diferente a las demás? — Pero no lo era. Tan pronto como terminara obteniendo de ella lo que necesitaba, la abandonaría como había hecho con las otras.   — Lo único que quiero es una garantía. Una vez que usted obtenga lo que desea de mí ya no podré volver a la casa de mis padres y tampoco con las religiosas.— Sus familiares más cercanos no la ayudarían si su esposo la echaba de la casa y tampoco podía optar por enclaustrarse. De los dos, Alan era quien tenía todas las ventajas de esa situación y a pesar de saber que tenía mucho por perder, Mary estaba dispuesta a seguir adelante para ayudarlo a reformarse.   — Si al cabo de un año usted desea optar por el divorcio, le aseguro que no pondré ninguna objeción. — Si las cosas salían bien, cada uno obtendría lo que deseaba: ella le vería convertido en un hombre de bien y él ganaría su libertad.

Siguió los pasos de su marido hasta la habitación en la que él solía dormir sin comprender del todo sus palabras ¿Había algo que resultara molesto para ella? Sí, tal vez. La lista podría enumerar cientos de cosas y aun así no terminar nunca. — Habría que quemar esta casa hasta los cimientos para que las cosas que me molestan desaparezcan. — Mary se vio sorprendida ante la determinación que Alan mostraba mientras se deshacía de la cama.  Tanto las sábanas como el colchón fueron a dar al suelo y ella tuvo que apartarse un poco para no ser aplastada. Intentó no demostrar el nerviosismo del que era presa al tenerle tan cerca, con los labios a poca distancia de los suyos ¿Iba a besarla? No lo sabía pero se sentía desfallecer ante esa remota posibilidad sin querer pensar en el por qué.   — Estaré esperándole para cenar y después de ello podemos retirarnos a nuestra habitación. — Hablar de esa pieza en plural le provocó un extraño cosquilleo que trató de ignorar con la indiferencia habitual. — Si me disculpa,  debo ocuparme de adecuar el lugar para recibirlo a usted. — Y de ordenar a la servidumbre que se queme esa cama, por supuesto.  Se abrió paso entre el desorden de la habitación para abandonar el lugar y centrarse en las ocupaciones que tenía por delante, evitando pensar a futuro, especialmente en esa noche.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 29 Mar - 1:05

02. Low expectations.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
Observó su pálido reflejo en el espejo pero no logró reconocerse; sin importar cuánto mirara aquella imagen veía a alguien diferente en el reflejo. “Los esposos siempre deben dormir juntos”. Una frase tan simple como imperativa, capaz de lograr que la muchacha sintiera miedo de enfrentar la presencia de su esposo en un lecho que desde el principio debieron compartir. Trenzó el largo cabello y se ocupó de alisar las rebeldes hebras que le adornaban el rostro. Insatisfecha con el resultado, deshizo el peinado para dejar que la larga melena cubriera la mitad de la espalda, resignándose a lucir de la misma manera mientras llegaba a sentir verdadero odio al no ser capaz de cambiar lo mínimo, de ofrecer una imagen diferente. Su corazón dio un vuelco al escuchar pasos en la habitación contigua, seguramente debido a las actividades nocturnas de su esposo o la servidumbre poniendo un poco de orden después del desastre con la cama de Alan.

Sacando provecho del íntimo ambiente que otorgaban las paredes de esa habitación que usaba como un vestidor, elevó las plegarias que noche tras noche pronunciaba, pidiendo por el bienestar de su marido y el de las personas cercanas a ellos, rogando porque todos estuvieran bien. No pedía por ella y tampoco oraba por el propio bienestar porque consideraba que sus preocupaciones y deseos se reducían tan solo a alguien que apenas notaba su existencia: Alan. En lo que a ella respectaba, se daría por bien servida si lograba que su esposo corrigiera esa vida tan escandalosa que llevaba, aún y cuando eso no otorgara garantías para una mejor convivencia entre los esposos. Lo dijera o no, ella se contentaría con ver el progreso de su compañero aunque fuera a distancia. Si bien no podría decir que estaba locamente enamorada del hombre con el que compartiría la cama, se preocupaba por él y manifestaba genuino interés por sus actividades — cuando no estaban relacionadas a los vicios o a las mujeres — teniendo en alta estima sus buenos modales.

Se puso en pie al término de sus oraciones, anudándose la bata con la cual cubría el camisón para no mostrar más allá de lo debido. Lentamente abrió la puerta que daba hacia la habitación que compartiría con Alan, observándole recostado en la cama, tan tranquilo como siempre. — ¿Podría apagar las luces? — Apenas asomaba la cabeza a través de la pequeña rendija, sin dar muestras de querer abandonar su improvisado refugio. — Enseguida iré. — Pero no se sentía segura de cumplir ¿Cómo iba a ser capaz de llevar a cabo su promesa? Lo decepcionaría, lo sabía. Él había estado con muchas mujeres, bastante más de las que Mary podría contar y la gran mayoría de ellas superaban todos los cánones de belleza, dejando que mujeres comunes y corrientes se sintieran menos, simple basura. Inútil resultaba para ella forjarse expectativas acerca de esa primera noche porque sabía que todo acabaría en un desastre. Ella no tenía nada para ofrecerle aparte de su compañía. Si bien no podía considerarse como poco agraciada, no era competencia para las amantes de su esposo.

Decidida a no prolongar el momento — y su agonía — abandonó el resguardo que ofrecían las paredes del vestidor, encaminándose al lecho marital. — Procuraré no molestarle. — Ni siquiera lo veía. Temía encontrarse con su mirada y enfrentar el reproche, la repulsión. Las manos le temblaban mientras torpemente intentaba deshacer el nudo de la bata. Al no conseguir su propósito resolvió quedarse de pie, aguardando pacientemente a que el cansancio venciera a su esposo antes de tener que entrar con él a la cama.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Sáb 14 Mayo - 16:00

02. Low expectations.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Definitivamente, aquello iba a ser una experiencia nueva para Alan. Estaba bastante claro que su esposa no se iba a acostar con él aquella noche, al menos, como él mismo quería. No podía negar ni por un momento que le atraía, y bastante. Parecía que eso era algo que ella no veía. Y no lo entendía. Era preciosa, a su manera. Era una belleza que había llamado la atención del hombre desde un primer momento y esa había sido la razón de decidir cortejarle. No era porque fuera la única fémina que estaba a su alcance en un primer momento. Por supuesto, nunca lo había expresado con palabras, ni pensaba hacerlo. Él no era una persona sentimental. De hecho, se refugiaba en el sexo y en otros vicios de ciertos traumas infantiles. Jamás había querido hablar de ellos. Por ejemplo, se sentía abandonado con sus padres, quienes jamás habían pasado tiempo con él, con sus expediciones a las Indias. De hecho, habían muerto en una de ellas y el joven se había convertido en el heredero de una fortuna inmensa al cumplir la mayoría de edad. Por eso, la gastaba en drogas, alcohol y mujeres, todo lo que le hacía olvidar la mierda de vida que tenía. Evidentemente, nadie sabía de aquello; incluso las personas que le habían cuidado conforme crecía habían muerto. Estaba solo y quizás aquella era la razón por la que no se había opuesto tanto a su matrimonio con Mary como habría podido.

Después de que la servidumbre hubiera quitado las sábanas y hubiera puesto unas nuevas, Alan decidió recoger un poco el desorden que era su habitación, intentando hacerla un poco más presentable. No sabía la razón. Quizás solo quería que le resultara agradable a su esposa Mary. O puede que era porque estaba cansado de la suciedad. Tras esto, es cuando se desnudó. No completamente, por supuesto. Llevaba unos finos pantalones de lino, con los calzones debajo, por supuesto. Imaginaba que su esposa no se metería en la cama a menos que él también lo hiciera. Por eso mismo, abrió las sábanas y se tapó. De esa forma, tampoco vería su pecho descubierto. Seguramente no se metería en la cama si se daba cuenta. Pero Alan quería dormir cómodo; y solía dormir desnudo. Pero no iba a ser agradable para la fémina, por lo que hizo el esfuerzo. Solo por ella. Aunque seguía sin saber la razón.

Cuando escuchó la voz de la fémina, apagó las luces. No se veía nada en la habitación. Y eso iba a ser bueno tanto para una parte como la otra. Al menos, de momento. Con los labios apretados en una fina línea, escuchó de nuevo su voz unos minutos después—. No vas a molestar. —Y viendo que no entraba a la cama, cerró los ojos y empezó a fingir que estaba durmiendo. Todo porque quería tenerla a su lado; seguramente, se acabaría abrazando a ella. Pero después de que esta creyera que lo hacía solo porque estaba dormida, por supuesto. Si no lo hacía sí, seguramente correría fuera de la habitación. No pensaba tocarla; Alan no era de esos, incluso aunque alguno de sus amigos sí que fueran violadores. No quería más contacto que el fino roce de sus pieles. Quizás era porque jamás había tenido algo así con Mary. Simplemente se habían besado el día de su boda, y había sido en la mejilla, pues ella no había permitido otra cosa.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 15 Mayo - 7:49

02. Low expectations.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
Murmuró un escueto “gracias” antes de que las luces se apagaran, dejando aquella habitación en total oscuridad. Las pisadas finas de Mary apenas si dejaban rastro en el suelo de madera aunque el ruido que hacía al caminar era a causa de constantes tropiezos con los muebles del lugar ¿Acaso se podía ser más torpe? Sin importar cuántas veces intentara comportarse como una de esas damiselas delicadas y gráciles, terminaba fallando estrepitosamente. Cuando logró llegar hasta la cama, palpó la orilla de la misma para asegurarse de no estar invadiendo el espacio destinado a Alan. En las escasas semanas que duró su noviazgo y posterior compromiso, se había ocupado de leer cada libro y gaceta que llegaba a sus manos, comprando manuales acerca de cómo ser la “esposa perfecta”, memorizándolos casi todos aunque ningún consejo había empleado todavía; recordaba haber visto por ahí indicaciones precisas sobre cómo presidir una fiesta u organizar una sesión de té pero ningún artículo que hablara sobre las primeras noches en pareja. Contrario a lo libertino de la época, el tema del lecho conyugal continuaba siendo un tabú y aunque su madre le había dado algunas sugerencias, dudaba que eso sirviera en una pareja sin la mínima intención de compartir.

Venciendo sus iniciales temores se recostó al lado de Alan y se cubrió tanto como las sábanas se lo permitían, casi de pies a cabeza. Él parecía dormir plácidamente, ajeno a los miedos de su esposa, seguramente cansado de esperarla ¿Sería así con las demás? Peor aún ¿Era ella como todas? Desechó aquellos pensamientos casi tan rápido como acudieron a su mente no porque fueran una locura sino porque le daba miedo enfrentar la respuesta. En esas circunstancias, conciliar el sueño resultaba imposible; ni siquiera el mullido colchón – infinitamente más cómodo que las duras tablas en el claustro – lograba hacer que la muchacha pudiera descansar. Por consideración a su esposo, permaneció quieta en la oscuridad, decidida a aguardar hasta que amaneciera. La noche no estaba resultando tan mala como había pensado e incluso agradecía el hecho de tenerle cerca aunque desde luego no como le gustaría. Jamás admitiría que estaba acostumbrándose a vivir con él pese a todas las peleas  y disgustos que le ocasionaba pero cuando no lo veía o desaparecía durante varias noches por estar retozando con alguna de sus amantes, Mary se preocupaba en demasía, rogando porque volviera al hogar sano y salvo, incluso si solo lo hacía por mantener las apariencias.

– No puedo dormir... – Susurró, más para sí que para él. Frustrada, terminó por apartar las sábanas que la cobijaban, dispuesta a marcharse de ahí. No pasó demasiado tiempo antes de sentir cómo Alan se movía también, seguramente disgustado por el insomnio de su acompañante. – Lo siento mucho, no pretendía despertarle. – Ni siquiera sabía bien cómo disculparse. Lo había arruinado todo, lo sabía. – Vuelva a dormir, por favor. Le prometo que no haré más ruido. – Pero su ansiedad, lejos de disminuir, aumentaba conforme los minutos transcurrían. Muchas eran las dudas que le acometían y al parecer la noche era el momento idóneo para sufrir por ello. – Alan. – Esa era una de las pocas ocasiones – si no la única – que le hablaba con tanta familiaridad, dejando de lado esa fría formalidad con la que solía dirigirse a él en el trato diario. – ¿Podrá algún hombre llegar a quererme incluso si ya no soy pura? Quiero decir, después de haber cumplido con lo que acordamos. – Las condiciones de su acuerdo eran bastante específicas y una vez que ambos obtuvieran su objetivo, se separarían. Mary no esperaba nada, había descartado desde el inicio cualquier posible lazo entre los dos y consideraba no tener nada que ofrecerle a un hombre cuyo gusto por las mujeres hermosas y sensuales era más que conocido.
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Lun 23 Mayo - 16:50

02. Low expectations.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Alan se hubiera ofrecido sin ningún problema a ayudarla a llegar a la cama, incluso con la luz apagada, pero dudaba bastante que la fémina quisiera que pusiera una mano encima de ella. Siempre había rehusado su contacto, desde se enteró quién era. De hecho, estaba totalmente seguro de que se había casado con él por no manchar el buen nombre de su familia. El hombre conocía bien los rumores que había por los bares; decían que la había dejado embarazada. Sin embargo, la fémina no había desaparecido de la vida social, por lo que pudieron ver que no estaban en lo cierto. Eso daba pie a que alguna gente creyera que había cambiado; ya no tenía tanta libertad como antes, pero menos mal que algunos centros de placer le seguían siendo disponible. Al menos, por el momento, hasta que se fuera. ¿Se escaquearía? Seguramente no. Alan era un hombre de palabra, incluso aunque a veces le categorizaran de mezquino. Sabía muy bien cuándo debía cumplir con ella y aquel era uno de esos momentos. ¿Por qué? Ni siquiera él lo sabía. Tenía bastante claro que no la amaba, al menos, de momento, pero sí que sentía curiosidad por ella. Quería conocerla y eso era algo muy poco frecuente en un hombre como él.

Pronto, el colchón de la cama se hundió un poco cuando el cuerpo de la fémina se recostó a su lado. ¿Le diría algo? No lo sabía. Se estaba haciendo el dormido, tapado hasta el cuello también. Al menos, de momento. Iba a ser una buena sorpresa cuando la fémina se diera cuenta de que no llevaba nada más que unos pantalones y sus calzones. Aquello era infrecuente en una sociedad tan dominada por el puritanismo como era la sociedad victoriana. Por supuesto, los tiempos estaban cambiando; ya se daban los primeros movimientos feministas, las primeras perversiones... de las que él había sido partícipe, mostrando en público su amor por el alcohol, las mujeres y las drogas. Una vergüenza para todos los moralistas, por supuesto. Mary no se movía a su lado, pero tampoco estaba durmiendo; su respiración no estaba pausada, como sí lo estaba la suya propia. Tenía ya bastante práctica en hacerse el dormido en ciertas ocasiones. Seguramente, aquello no le hubiera hecho falta a su esposa en la vida. Quizás, aquello era lo que hacía falta para que por fin, le hablara.

Unos segundos después de que destapara las sábanas, él hizo lo propio. No podía ver nada en aquella oscuridad, aunque sí que acertó a poner una mano en lo que creía que era uno de sus hombros—. No acostumbro a dormir toda la noche de seguido. No me ha molestado. —Informó a su esposa, incluso aunque no acostumbrara a hacerlo por motivos muy diferentes. Apretó los labios mientras volvía a recostarse en la cama, notando que ella también lo hacía. Se puso las manos en la nuca, mirando al techo. Ojalá pudiera encender una vela para verla, aunque quizás, le gustaba tanto la situación por el hecho de que no era capaz de verla, aunque sabía que la tenía a su lado. La voz de la fémina volvió a romper sus pensamientos apelándole por su nombre, aunque sin tutearle luego—. Tutéame, por favor. —Comenzó él en un susurro antes de incorporarse de nuevo, sentándose en la cama. Sus labios se apretaron en una fina línea. ¿Por qué le había preguntado eso? Tenía bastante claro que iban a poder divorciarse después de que ambos alcanzaran lo que quisieran, al parecer—. Diría que el amor es algo que se encuentra donde menos te lo esperas. ¿Por qué no te iba a querer un hombre por no ser virgen? Siempre he pensado que la sociedad está demasiado influida por la religión. Eres preciosa, por eso me fijé en ti. ¿Por qué no lo podría hacer otro? —Reflexionó su marido con el ceño fruncido, chasqueando la lengua después—. ¿Podrías enamorarte tú de un hombre que no sea puro? —Las ideas liberales de Alan no eran acordes a la de la sociedad que les había tocado vivir, claro.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 24 Mayo - 6:45

02. Low expectations.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
Un leve escalofrío le recorrió el cuerpo al sentir la mano de Alan posarse en su hombro. No había esperado aquello — aunque no le disgustaba — y por eso agradecía que la habitación se hallara en penumbras pues así él no podría ver su expresión de sorpresa ni el color carmín de sus mejillas. — Sabes tan bien como yo que las cosas son diferentes si se trata de una mujer. — Tutearlo por primera vez le resultó extraño al principio pero de cierto modo encontró agradable ese avance hacia un trato más cordial. Le costaba trabajo hablarle así y por eso analizaba cada palabra antes de hablar para no herir susceptibilidades. — Cuando nos divorciemos habrá incontables mujeres esperando desposarse contigo. — ¿Estaba celosa? No sabría decirlo. La gran mayoría de esas posibles candidatas irían detrás de su título o sus posesiones como solía pasar cuando un matrimonio involucraba algo más que la atracción física. En el caso de los dos, había demasiados aspectos a considerar en lo referente a una separación, algo que no resultaría sencillo en lo absoluto.

— Por supuesto, podría enamorarme de alguien así si él manifestara el mismo interés en mí. — En un hipotético caso, por supuesto. Mary sabía bien que Alan no estaba hablando de él sino que se refería a cualquier otro hombre, a uno que estuviera dispuesto a aceptar las sobras y despojos que el conde Wotton dejara después. — Me consideraría en deuda con quien aceptara desposarme en segundas nupcias, no creo que sea fácil estar con una mujer que antes conoció a alguien más de forma íntima. — El orgullo masculino solía ser malentendido, de ahí que ella tuviera bien presente que sus posibilidades de conseguir un marido serían pocas por no decir nulas. Ignorar su realidad sería engañarse en vano ¿Para qué? Nada conseguía. Su matrimonio con Alan se había suscitado en medio del escándalo ante rumores de un posible embarazo, solo por eso. Y porque la encontraba preciosa, nada más. Ninguna otra cualidad fue mencionada, supuso que no le encontraría ninguna y ahondar en el tema solo sería para empeorar la pobre imagen que tenía de sí misma.

Dio un largo suspiro al escucharle, aventurándose a buscar una de sus manos. Mientras sus dedos palpaban la sábana y poco más, percibió la piel— seguramente del pecho —, retirándola de inmediato al percatarse de su parcial desnudez. Iba a reprocharle la falta de decoro pero no se atrevió, no le desagradaba la sensación que ofrecía su piel al tacto. — Si nuestras circunstancias hubiesen sido otras, creo que me habría casado contigo por amor. — Inútiles fueron sus intentos por ocultar la tristeza que sentía al tocar el tema de su peculiar relación. —Quizás si hubiéramos tenido tiempo suficiente como para conocernos mejor nuestra situación sería más llevadera. — Ya no le miraba, parecía haberse perdido en esas cursis fantasías de una unión distinta al resto, de un lazo cimentado en el amor y no en la mutua conveniencia. —No todo es malo, Alan. Me siento cómoda hablando contigo, cuando estás sobrio eres un excelente compañero y anfitrión. — Decirle eso significaba renunciar a la frialdad habitual, sincerándose mientras acababa con uno de los tantos secretos existentes entre los dos. Recobró la distancia inicial no porque el contacto le desagradara sino porque no deseaba sentirse vulnerable, no más de lo que ya estaba.

Con la mirada fija en el techo y las manos colocadas sobre el bajo vientre, Mary intentaba serenarse luego de su confesión ¿Cómo iría a reaccionar él? Lo conocía tan poco que era imposible saber lo que haría o lo que diría. — Me preguntaba si… — Se mordió los labios con fuerza, sin saber cómo abordar el tema. — Existe alguna manera o harás algo para no dejarme embarazada. Sé que no quieres hijos y quisiera tener las cosas claras antes de todo lo demás. — Hasta entonces no se había planteado la posibilidad de convertirse en madre pero la descendencia era un tema importante, algo esperado e incluso obligatorio en parejas jóvenes con fortunas cuantiosas o antiguos apellidos.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Sáb 4 Jun - 16:46

02. Low expectations.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Quizás eso era lo que pasaba: ella estaba bastante segura de lo que iba a pasar en un futuro. La expresión sorprendida ahora tomaba el rostro del hombre, aunque acabó frunciendo el ceño. ¿Debía hacer algún comentario? Seguramente ella no quisiera estar casada con él. Siempre se había considerado como una especie de Adonis, un hombre irresistible. En cierto modo, se parecía más a Narciso: estaba enamorado de sí mismo. Aunque fuera algo vanidoso, tampoco era alguien tan despreciable como para no querer tenerlo a su lado, ¿verdad?— ¿Por qué das por hecho nuestro divorcio? —No sabía si aquella pregunta iba a sorprender a la fémina. Él la veía lógica. No se amaban y eso estaba bastante claro, pero él tenía curiosidad sobre la fémina. Eso era algo que no muchas féminas habían conseguido a lo largo de su vida. Y dudaba que un hombre como él se hubiera acercado a su esposa antes. Eso era algo bueno, ¿no?

Alan estaba bastante seguro de que no muchos hombres quisieran casarse con una mujer previamente desposada. Quizás, uno de los viudos ricachones de Londres; no había demasiados así, pero sabía que había alguno. Frunció un poco más el ceño al imaginarla casada con uno de esos ancianos. ¿Estaba celoso? No, no era eso, ¿verdad? Sentía esa especie de rabia porque imaginaba que la fémina no podría ser feliz así y aunque no la amara, había aprendido a querer lo mejor para ella. Quizás el divorcio sí que fuera buena opción por eso mismo: él no era lo mejor para Mary. Cualquier persona en su sano juicio lo haría... menos su suegro, claro. Dudaba que él estuviera de acuerdo en que ambos se divorciaran. De hecho, sería un escándalo. Al menos, él podría devolver la dote de boda; era tan asquerosamente rico que no habría ningún problema.

La tristeza teñía la voz de la fémina. Imaginaba que había algo de miedo en su voz a su vez. Se recostó sobre la cama ladeado, dejando que las sábanas resbalaran sobre su cuerpo, hasta que cayeron hasta su cintura. Apoyó uno de sus codos en una de las lujosas almohadas y apoyó su cabeza en su mano, entrecerrando los ojos para intentar mirarla en medio de aquella oscuridad que les envolvía a ambos. Era una 'bonita' metáfora para la vida de ambos: ninguno de los dos era completamente feliz. No había ninguna luz al final del túnel. Apretó los labios durante unos cuantos segundo, incapaz de reaccionar. ¿Se habría desmoronado todo como un castillo de naipes antes de que lo hubieran construido? Su actitud no había sido la mejor, de eso estaba seguro—. Quizás si nos hubiéramos conocido hace años, cuando era un adolescente. Me solían decir que era una persona decente. Al menos, hasta que descubrí los placeres de la vida y me dí a ellos. Puede que si no me hubiera sentido tan aislado del mundo, puede que si hubiera tenido a alguien como tú en mi vida... —Alan Cotton siempre había querido morir joven. Nunca había tenido nada por lo que vivir. Sus padres siempre habían mirado más por ellos mismos que por su hijo. Una de las desgracias de ser hijo único era que no había tenido familia en la que apoyarse.

Carraspeó levemente antes de contestar a su pregunta—. Dicen que hay métodos. No acabar dentro, por ejemplo. No siempre son fiables. Sin embargo, hay métodos para acabar con el embarazado. Pero sé que jamás aceptarías seguir uno. —Conocía a muchos que habían tenido bastantes bastardos así. De hecho, él no tenía porque las prostitutas tomaban hierbas para cortar sus embarazados la mayoría de las veces. Y las señoras nobles, igual, a menos que quisieran que sus maridos supieran de su infidelidad. Volvió a dejarse caer su cuerpo en la cama antes de tirar de su esposa para abrazarse a su espalda. Apoyó su barbilla en uno de los hombros de la fémina— No te alejes. Por favor. —Pocas veces lo decía; imaginaba que su falta de decoro haría que la fémina abandonara el lecho matrimonial.  

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 7 Jun - 6:35

02. Low expectations.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
Pensar en el futuro siempre producía una incómoda sensación producto de la tristeza e incertidumbre pero en un caso como el suyo era necesario, sobre todo cuando su matrimonio tenía los días contados incluso antes de siquiera iniciar. — No quiero divorciarme. — Admitir tal verdad significaba asumir la derrota, reconociendo que la hechizante personalidad de Alan había terminado por hacer que Mary deseara conocerlo más, algo que solo lograría si los dos convivían más a menudo. — Por lo menos no ahora. Tal vez después de que vayas a Bath las cosas sean más claras para los dos pero de momento no tengo intenciones de que este matrimonio acabe. — Bien sabía que aquello era imposible y la disolución de su vínculo derivaría en un escándalo de proporciones mayúsculas tanto para ellos como para la sociedad de la que formaban parte.

Una mueca de tristeza se formó en sus labios al escucharle, llegando a experimentar verdadero dolor ante las palabras de su esposo; por primera vez estaban hablando  de verdad y Alan mostraba aquel lado vulnerable que hasta entonces ella no conocía. — Lo sé. O al menos lo intuyo… — Con la poca visibilidad que podía permitirse, hizo uso de su instinto para alcanzar la mano ajena, acariciándole el dorso en suaves roces circulares. — Es un poco frustrante ¿Sabes? Porque no hay necesidad de ello, Alan. Para bien o para mal soy tu esposa y eso debería ser suficiente para los dos. — Toda la frustración contenida por semanas e incluso meses se disipaba conforme las palabras afloraban aunque lo que tenían para decirse no era lo que deseaban escuchar.   —Si apreciaras más lo que tienes aquí en casa, yo podría esforzarme con mis tareas como señora y también atendería los asuntos que me corresponden como tu esposa, especialmente si es algo tan importante como lo es la intimidad entre marido y mujer. — Internamente agradeció que las luces se hallaran apagadas porque así él no veía cuán rojo se había vuelto su rostro en cuestión de segundos.

— No quiero atarte a mí usando un hijo. Es el recurso más bajo al que una mujer podría recurrir y solo haríamos infeliz a un niño que no pidió nacer en esta familia. — Hasta entonces había descartado la posibilidad de formar un hogar en toda regla pero comenzaba a considerar la idea vagamente, si es que algún día llegaba a existir amor. Jamás, ni siquiera en sus mejores sueños, había logrado imaginar lo que vendría después; contrario a lo que pensaba, los brazos de Alan aprisionándola en aquel abrazo resultaron ser mucho mejor que cualquier otra cosa que ella conocía. Ni siquiera las caras almohadas de su cama lograban hacer que se sintiera tan cómoda como sí lo estaba en brazos de su esposo. — No lo hagas tú. — Contrario a su suposición inicial, no encontraba escandalosa la parcial desnudez de su esposo y de hecho disfrutaba sentir su cuerpo contra el suyo ¿Se sentiría así de bien siempre? Era difícil saberlo con exactitud pero hasta ese momento, no le disgustaba.  Gratamente sorprendida por las nuevas emociones y lo que la piel ajena le ofrecía en forma de sutiles movimientos que contribuían a aumentar el roce entre los dos.

En medio de la ínfima distancia que aún conservaban, Mary dio la vuelta entre las sábanas para así buscar una mejor postura, llegando a esconder el rostro entre el cuello de Alan mientras fingía dormir. Aunque se jactaba de proceder siempre con rectitud y de actuar conforme a definidos principios de moralidad, se hallaba tan cómoda durmiendo — o pretendiendo que lo hacía — que admitir esa pequeña “trampa” para mantenerse cerca le habría avergonzado.  Aunque más bien dormitaba a ratos ello no le impidió posar un delicado beso en el mentón de su esposo, pensando que tal vez él no se daría cuenta o a la mañana siguiente ni siquiera lo recordaría.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Mar 7 Jun - 11:48

03. Getting Closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Orfeo había tomado el cuerpo del hombre conforme sus dedos volaban por las teclas bicolores del piano, presionando cada una con buen ritmo. Tocar el piano era algo que había logrado dominar cuando era pequeño; al comenzar sus escarceos amorosos, solía usarlo para atraer féminas, al igual que el violín. Sin embargo, su padre había roto este último delante de sus ojos cuando le acusó de llevar una mala vida, una que le condenaría al Infierno. No había vuelto a tocar el piano desde entonces, tampoco. Pero quizás, aquellas semanas le habían devuelto un poco de la inocencia de aquel curioso niño solitario que una vez había sido.

No había dejado de fumar, y seguía tomando alcohol, pero no en las cantidades que tomaba antes. Ya no volvía a casa borracho. Quizás porque aquellas conversaciones que tenía con Mary le resultaban bastante interesantes. Había empezado a conocer un poco más de ella, y viceversa. Puede que fuera algo infantil, pero su espíritu aventurero estaba muy patente en aquellas conversaciones: le proponía, en tono jocoso, hacer viajes a las Indias, a la Nueva Tierra descubierta por los españoles antes llamada Nueva Inglaterra, a aquellos territorios asiáticos llamados China, o a la isla donde hasta hacía poco había samuráis.

Era casi una persona decente, pero sabía que Mary no aceptaría el cambio. No hasta que fuera a Bath, a aquella concentración religiosa. No le apetecía, para ser sinceros. Pero si Mary no fuera su esposa, ¿tendría algo en Londres? No tenía amigos; lo había comprobado desde que había dejado de gastar tanto en bebida. Tampoco las prostitutas que frecuentaban se acercaban a él. Ahora ni le miraban. Aquella falsedad que rodeaba el mundo era algo de lo que siempre se había querido esconder; ahora ya no era capaz.

Escuchó un ruido y por eso mismo, sus dedos dejaron de tocar la entrada de Waldszenen, op. 82. Estaba tenso; había oído de la oleada de asesinatos que había en las calles de Londres por la tarde últimamente—. ¿Sí? —Preguntó con aquella voz grave que le caracterizaba. Apenas eran las cuatro del mediodía; no esperaba a nadie. Mary estaba ayudando con los pobres, o eso creía.   

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Jue 9 Jun - 14:00

03. Getting closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
Agotadoras jornadas ayudando en los hospicios y hospitales de Londres ocupaban gran parte del tiempo del día en la rutina de la joven condesa, quien lejos de hacer evidente su cansancio, aceptaba de buen grado las tareas que le eran asignadas, sin quejarse o rechazar labores. Por lo general solía dejar las cosas resueltas antes del mediodía, tiempo que aprovechaba para volver a casa, ocupándose de los asuntos que surgían en el hogar de los Wotton, especialmente cuando se trataba de aplicar correctivos al personal de servicio con el fin de evitar que las personas siguieran hablando de Alan o de ella. Inicialmente había tenido que lidiar con los rumores acerca de su apresurada boda — evento atribuido a un falso embarazo —, suposición que fue desechada casi de inmediato cuando las mucamas se percataron de la falta de armonía e intimidad entre la pareja.

Producto de un esfuerzo mutuo, los recién casados habían encontrado cierta paz a través de largas conversaciones en las cuales solían disertar acerca de distintas cosas, llegando a permanecer despiertos una que otra noche debido al interés de ambos por ciertos temas, decantándose en su mayoría por aquellos que implicaban literatura, arte o fantásticas crónicas de viaje a lugares exóticos, sitios que le hacían soñar con un recorrido por el mundo en compañía de su esposo, quien parecía adivinar sus pensamientos cuando proponía viajar a todos los sitios mencionados en esos relatos. Cosas buenas estaban sucediendo en su matrimonio y aunque no podía hablarse de amor en esa relación, Mary encontraba la compañía de Alan cada vez más necesaria, llegando a manifestar discretamente el naciente afecto que le profesaba; aplaudía el cambio de hábitos nocturnos de su esposo e incluso se mostraba complacida ante los intentos del conde por no llegar borracho a casa y respetar el lecho que con ella compartía.

Arribó a casa alrededor de las cuatro, bastante más temprano de la hora habitual pero los compromisos de ese día así lo ameritaban. El caos no formaba parte de la rutina familiar pero en aquella ocasión, con una fiesta próxima a realizarse en menos de tres horas era menester tener todo dispuesto para no decepcionar a las familias invitadas. Abriéndose paso entre alfombras y fina cristalería, Mary avanzó por los pasillos de la propiedad para ir en busca de su esposo, a quien no había visto desde el desayuno. Informada por el jefe de mayordomos sobre el paradero del conde, la mujer se dirigió hacia la sala de música para escuchar cómo una melodía ejecutada en piano llegaba a traspasar la puerta, permitiéndole escuchar apenas una parte. Tan absorta estaba disfrutando de la bella pieza que no reparó en la poca discreción; solía ser ruidosa cuando se distraía y tampoco le extrañaba que la interpretación hubiera cesado de inmediato, no cuando a ella se le daba demasiado bien interrumpir así.

—Es lo más hermoso que he escuchado nunca. — Se sentía conmovida por la belleza del sonido y más aún, sorprendida por que hasta entonces llegaba a saber cuán talentoso era su esposo. — Venía a recordarte que la fiesta es hoy pero escucharte tocar el piano me ha hecho olvidar todo propósito. — Se acercó lentamente hacia él para posar un beso en su mejilla, notándolo tenso. — ¿Sucede algo? — Acostumbrada estaba a su extrovertido carácter que verle en ese estado inmediatamente le hizo temer lo peor.
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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Mar 28 Jun - 11:44

03. Getting Closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Alan ni siquiera había recordado la fiesta cuando se había despertado aquella mañana. Estaba acostumbrado a ir a algunas cuando le invitaban, mas nunca era asiduo. Al menos, a las fiestas de la élite de la sociedad londinense. Nunca le habían considerado un “verdadero noble”, pues no escondía esos “hechos amorales”, consistentes en frecuentar prostitutas, beber alcohol o incluso probar aquellas nuevas drogas provenientes de América. Por supuesto, en aquellas escapadas, cada vez menos frecuentes, Alan había reconocido a bastantes nobles. Sin embargo, siempre eran discretos. Él cerraba la boca, precisamente, porque sabía qué podían hacer estos con su poder; podría defenderse de la influencia de uno, pero no de la de todos a la vez. Eso simplemente acabaría por destruirlo.

Por consiguiente, cuando Mary habló, la música paró de golpe, haciéndose el silencio durante unos segundos. El hombre levantó sus glaucas orbes para clavarlas en el rostro de la hermosa fémina que tenía ante sus ojos. Frecuentemente, se había sorprendido observando a su esposa durante largos minutos, sin saber la razón. Era verdad que había admirado la belleza de la mujer desde un primer momento, pero ¿podría estar llegando a descubrir algo más debajo de tanta discreción? Podía ser. Una leve sonrisa se instaló en su rostro al notar los labios de Mary en su mejilla—. Hacía bastante que no tocaba el piano. Echaba de menos la... sensación. —Al fin y al cabo, en aquellos momentos estaba tocando para sí mismo, y no lo utilizaba como ningún tipo de artificio amoroso—. La fiesta... cierto. ¿Alguien ha confirmado su asistencia? —En cierto modo, si alguien aparecía, seguramente sería por la propia Mary, y no precisamente por él.

Tenso como estaba, no podría disimularlo con una excusa barata. Se deslizó un poco sobre el banco delante del piano para que se sentara a su lado. Orfeo volvió a imbuir su ser y cerrando los ojos, la hermosa melodía volvió a resonar en la estancia—. No quiero arruinar tu fiesta; sé que es importante para ti y temo que no aparezca nadie porque eres mi esposa. —No iba a negar que después de todas aquellas conversaciones, había comenzado a preocuparse por la fémina, al menos, no mínimamente. Podría ser un monstruo, pero en el fondo, seguía teniendo su corazón.

Aquella era la primera razón por la que estaba tenso, pero por supuesto, había otra debajo de aquella. Tornó a una melodía más atormentada, intentando expurgar con ella sus propios demonios. Estuvo callado durante unos minutos, dejando que el suave silencio de sus voces fuera sustituido por la música—. Dejé de tocar el piano hace unos años. También tocaba el violín. De hecho, mi padre me rompió el mío, ya que utilizaba la música para seducir damas. —Adoptó un tono impersonal, intentando no mostrar cuánto le afectaba—. Me hubiera gustado tocar en el funeral de mi padre, mas mi madre no me lo permitió. Supongo que recordarás el escándalo producido, ¿verdad? Fue una de las noticias que recorrió la alta sociedad durante meses. —Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro al segundo. De hecho, la muerte de su padre había sido el momento clave para que se hubiera dado a la vida de exceso. Meses después, había muerto su madre. Ni siquiera había acudido al funeral, aunque claro, al ser el hijo mayor, lo había heredado todo—. Ninguno de mis hermanos vendrá, aunque supongo que los invitaste. —Alan tenía un hermano y una hermana menores. Ambos se habían casado antes de que sus padres murieran, bastante jóvenes. Ella había decidido irse al campo, a Bath, si no se equivocaba, para alejarse de él. Su hermano formaba parte de la alta nobleza, mas no tenían relación.   

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Jue 30 Jun - 4:59

03. Getting closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
Conforme pasaban los días, la línea divisoria instaurada en los primeros días de su matrimonio iba tornándose difusa. Poco quedaba del trato distante o la indiferencia habitual con que Mary solía tratarlo, ocupando los días y las noches escuchando a su esposo hablar de cosas maravillosas, cada una más que la otra. — Deberías hacerlo más seguido. — Una tímida sonrisa curvó sus labios mientras veía como sus dedos dejaban de pulsar las teclas. — Es grato escucharte. — Quizás si no tuvieran una fiesta en pocas horas, le pediría que siguiera interpretando toda la noche. En lo que a ella respectaba, encontraba aquel festejo más como un deber que como un disfrute, agobiada por la cantidad de tareas que acarreaba el ser anfitriona de un convite que se suponía reuniría a lo más selecto de la sociedad londinense, en su mayoría amigos de la familia o de Alan, pero ninguno al que conociera con anterioridad.

No pudo menos que sonreír débilmente, recordando el alud de tarjetas que había recibido aquella mañana con las confirmaciones de asistencia. Tal vez el morbo o la falta de entretenimiento nocturno que todos sus invitados habían decidido confirmar casi de inmediato. —Vendrán. Y si no lo hacen, no importa. Sé que tú estarás ahí y eso es lo importante para mí. — Negar que se moría de los nervios sería mentir, especialmente porque sería su primer aparición en público al lado de su esposo. — Incluso, debo admitir que estos días me permití derrochar un poco. Compré un vestido para la ocasión, aunque ignoraba que algo así fuera tan caro. — No era una queja, en lo absoluto. Mary bien sabía que la fortuna de Alan era incalculable, tan así que sus despilfarros representaban una mínima parte de todo el capital pero ella no era alguien acostumbrada a usar el dinero de alguien más en sí misma y se sentía en deuda con él.

— Me casé contigo, no con esas personas. Y si ellos no pueden apreciar tu compañía, no importa. Que estés ahí conmigo es más que suficiente. — Dejó de hablar una vez que la melodía se hizo presente en la estancia. Observaba absorta — y embelesada además — los hábiles dedos de su compañero pasando las teclas de marfil en complicados movimientos que Mary apenas y lograba seguir con la mirada.   — ¿Y lo hacías? — Un ligero atisbo de recelo en su voz delataba su curiosidad, un tanto insegura ¿Eran celos acaso? No sabría decirlo.   — Lo siento, no lo recuerdo. — Si había existido un escándalo, ella lo desconocía; casi nunca leía diarios y no participaba de las reuniones que organizaba su madre, quien sí había llegado a conocer a los padres de Alan. — Tal vez podamos ir a la tumba de tus padres a llevar flores y música para honrar su memoria. — De algún modo o de otro quería lograr que Alan dejara atrás ese amargo momento. Pensar en su familia política le hacía entristecer, sobre todo por la nula comunicación entre los hermanos. — Tu hermana se recupera de un parto difícil, querido. Ha dado a luz a una niña a quien llamó Victoria. Escribí para invitarla pero en tales circunstancias no es posible, aunque sin duda agradece el maravilloso detalle que tuviste al enviarle un sonajero de plata a su hija. — Puede que no lo hubiera hecho él pero la intención contaba, sobre todo cuando Mary había tenido a bien colocar el nombre de Alan en la tarjeta. Evitó sin embargo el hablar de su hermano, pues sus intentos por contactarlo no rindieron frutos, así que terminó por desistir.

— Mi padre jamás quiso instruirnos en lo relacionado a la música. Yo siempre quise aprender a tocar el piano pero él consideraba que eso era demasiado banal para una familia como la nuestra y no lo permitió. — Acarició las teclas sutilmente aunque de ellas no logró arrancar sonido alguno. — El esposo de mi hermana, Thomas, pagó a un profesional del arte para que ella aprendiera a pintar. Ha practicado bastante y sus obras son decentes, tomando en cuenta que no había recibido instrucción previa. — El tiempo transcurría y la conversación aunque amena, los distraía de su deber como anfitriones.


— Luces hermosa, querida. Desde el momento en que vi el vestido supe que estaba hecho para ti. — Visiblemente incómoda, Mary solo pudo sonreír ante los halagos de su madre, quien no dejaba de alabar las perfectas costuras del vestido o lo precioso de la tela. — Gracias. — Ella estaba sorprendida, había cambiado bastante gracias al vestido nuevo y al collar de diamantes que adornaba su cuello, reliquia familiar de los Wotton. — Iré a buscar a tu esposo. —   Ante el tono autoritario de su madre, la joven se puso en pie, negando. — Iré yo. Acordamos que lo ayudaría con los últimos detalles de su vestimenta. — Antes de escuchar una protesta, Mary había dado por finiquitado el diálogo al adelantarse hasta la habitación contigua, aquella que fungía como vestidor para el conde debido a que su esposa todavía mantenía cierta reticencia a observarle mientras se vestía.

Un par de golpes en la madera bastaron para que el ayuda de cámara abandonara sus labores en pos de abrir la puerta. — Gracias, Rupert. Creo que el señor no te necesitará más por hoy, yo me haré cargo de todo. — Se veía tan decidida que el hombre no pudo replicar. Después de todo ¿Quién podía oponerse a los deseos de la señora? Ciertamente, él no lo haría.  Nerviosa, avanzó a paso lento por la habitación, procurando que las pisadas no la delataran. —Mis padres nos esperan. — Murmuró, procurando sonar tranquila. Sentía el estómago hecho un nudo mientras estaba de pie, dispuesta a soportar juicio y escrutinio ahora que vestía como una dama y no como la típica mujer de campo que solía representar. — Si no es adecuado… puedo volver a mi habitación para elegir otra cosa. — Él sí que lucía bien las prendas que vestía. Cada parte de su indumentaria estaba hecha a medida para resaltar su gallardía, el porte orgulloso que lo caracterizaba. Se le veía jovial, alegre; en cambio, Mary se sentía como una anciana. —Di algo, cualquier cosa estará bien… lo menos que deseo es avergonzarte ante los invitados. — Ansiosa, pasó los dedos por la tela de su vestido para alisar inexistentes arrugas.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Mar 12 Jul - 1:47

03. Getting Closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Las palabras de la fémina todavía resonaban en su cabeza mientras se estaba vistiendo frente a aquel espejo. Había contactado con su hermana, que había tenido a una niña, a la cual había llamado Victoria, como la reina. Le había enviado un sonajero por él y eso abría la puerta a que pudiera visitarla, a que pudiera conocer a su sobrina. Si no se hubiera controlado en aquellos instantes, la habría besado con todas sus fuerzas. Sin embargo, no había sido el momento de hacer algo así. De hecho, jamás la había besado y conociéndola, querría que fuera en un momento íntimo, especial, y no precisamente en un arrebato de pasión. Con otras féminas, el hombre no se hubiera preocupado del cómo o del cuando, pero Mary era especial. No iba a arruinar a una chica especial, no después de lo bien que se estaba comportando con ella.

De hecho, ya tenía en la cabeza cuál iba a ser el regalo que le iba a hacer a la fémina: unas lecciones de piano, impartidas por él, por supuesto. No necesitaba que pagar a ningún europeo para que viniera a hacerlo. Se estaba poniendo de moda contratar a extranjeros, sobre todo franceses o italianos para pintar y alemanes para la música. Pero cualquier persona podía ser talentosa en ella si simplemente le ponía bastante empeño, intentando mejorar cada vez más y más sin desistir en algún momento. Y conociendo a Mary, acabaría siendo mejor pianista que él mismo; ella era todo constancia. Él no lo había sido; él había dado todo por hecho y seguramente, por eso hubiera acabado tan alejado de su familia. Por eso mismo, se encontraba solo en aquellos momentos. Incluso había dejado que los criados se fueran para vestirse él mismo; aquello era Alan Wotton: soledad.

Sin embargo, puede que no tuviera que ser siempre así, ¿no? Ahora tenía a Mary a su lado. Lo único que tenía que hacer era no arruinar demasiado la relación que habían mantenido desde su boda hasta aquellos momentos. Al fin y al cabo, había conseguido que mejorara, ¿no? Y eso era algo que cualquier hubiera categorizado como imposible después de la boda tan fría y distante que hubieron protagonizado, como si nada bueno pudiera salir de allí. Seguramente, el cura pensó que menos mal que aquella era la iglesia anglicana, por lo que podrían divorciarse cuando quisieran. Pero quizás, aquella ya no era una opción. Quizás querían intentarlo.

Un par de golpes en la puerta hicieron que se sobresaltara. Un ayudante de cámara se había quedado dentro de la habitación por si acaso su esposa llamara. Acabó marchándose cuando su esposa le obligó a irse. No le quedaba más que ponerse la chaqueta, mas siempre tenía bastante problemas con el cuello. Nunca quedaba alisado, tal y como quería él. No acostumbraba a llevar aquella nueva prenda que llevaban algunos: la corbata. No le sentaba demasiado bien.

Después de girarse, abrió los ojos sorprendido al ver a su esposa; Mary estaba absolutamente preciosa. Escuchó sus palabras impasible, mientras se colocaba lentamente sus ropajes. Cuando lo hizo, se acercó dando unos cuantos pasos hacia ella. No podía resistirse más. Esperaba que no le odiara por ello. Puso un dedo debajo de su barbilla para que le mirara a los ojos—. Deberías poder verte con mis ojos para saber lo preciosa que estás. —Su ronco susurro destilaba sinceridad por doquier. De hecho, se inclinó para atrapar sus labios en un casto beso. Simplemente, posó los suyos sobre los de ella por unos segundos, llegando a cerrar los ojos incluso.

Como pudo, se colocó bien su ropajes, mirándola después con aire algo avergonzado. Esperaba que la fémina no estuviera demasiado azorada como para salir. Le ofreció uno de sus brazos antes de esbozar una nueva sonrisa; solo Mary se las podía sacar últimamente—. Vamos, tus padres nos esperan. —Esperaba no decepcionarles aquella vez como sí que hizo durante su boda.   

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 13 Jul - 7:47

03. Getting closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
En una sociedad como en la que vivía, no sorprendía que se celebraran matrimonios entre personas que o bien se conocían poco o no lo hacían sino hasta el día de la boda, lo que derivaba en uniones frívolas sostenidas únicamente por un interés económico pero incluso en circunstancias así, Alan y Mary eran la excepción a la regla; a pesar de las adversidades iniciales habían conseguido mantener un trato cordial, cercano. Ya no hablaban del divorcio y aunque eran cautelosos con respecto al futuro se notaban cómodos al convivir, descubriendo que compartían más de lo que cualquiera e incluso ellos habrían podido imaginar. Si bien no consideró el divorcio como una opción tampoco negaba esas ocasiones en que dicha posibilidad le resultó tentadora, descartándola casi de inmediato por considerar que si accedía a separarse terminaría dando la razón a quienes apostaban por la incorregibilidad de Alan.

No se consideraba hermosa, de hecho había relegado a un segundo plano toda cuestión relacionada con la belleza física para centrarse en lo verdaderamente importante pero al casarse, se había forjado el firme propósito de lograr que su marido encontrara cuando menos, agradable a la vista. Sonrió, como no podía ser de otro modo mientras sus mejillas se teñían de un leve carmín. Alzó la mirada de forma instintiva, imperturbable ante el contacto visual. Lo que sucedió pocos instantes después la sorprendió, sin llegar a causarle desagrado. A veces, cuando se permitía un poco de libertad, solía imaginar distintos escenarios o situaciones en donde Alan llegaba a besarla pero nunca, ni en sus más elaboradas fantasías habría imaginado que fuera así, tan natural. Cerró los ojos casi al instante, notando los labios ajenos posarse sobre los suyos durante escasos segundos que deseó convertir en una eternidad. En ese preciso instante se olvidó de lo demás, de sus padres y el resto de invitados, de sus deberes como anfitriona… únicamente importaban los dos.

Gratamente sorprendida — y apenada — se separó con lentitud cuando sintió que debía hacerlo. No era una mujer especialmente adepta al maquillaje pero dudaba que existiera algún polvo o truco femenino capaz de disfrazar el tono carmesí que lucía en los pómulos. — No deberíamos esforzarnos por impresionar a nadie.— En el fondo, Mary temía no ser suficiente para él; su círculo de amistades incluía a importantes aristócratas, nobles, banqueros e incluso músicos de renombre habituados a fastuosas celebraciones presididas por una mujer hermosa, elegante y distinguida. Mary era… distinta. Apoyándose en su esposo, reunió la fuerza necesaria para caminar a paso firme por las escaleras a fin de descender hasta el sitio de reunión. La mayoría de los invitados se encontraban ya congregados en el salón principal, algunos caballeros con bebida en mano conversando sobre negocios y política mientras las mujeres se entretenían con algunos cotilleos de última hora.   —Buenas noches. — Murmuró, intentando no sonar nerviosa. — No existen palabras para describir cuán agradecidos estamos con su presencia. — Observó de reojo a Alan, animándole también. Ella no estaba del todo convencida acerca del éxito que la fiesta tendría pero al menos ahí estaba él para ayudarla a pasar el trago amargo fácilmente.

Si algo bueno podía sacar de la falsa cortesía era la facilidad con que se unía a las personas. Dejándose guiar por su esposo, atendió las presentaciones de rigor entre los amigos más cercanos. En poco menos de una hora había memorizado más nombres y títulos que en toda su vida, así que se esforzó por recordarlos.  Empero, se vio forzada a prescindir de la compañía de Alan cuando el duque de Richmond insistió en llevarlo a reunirse con los demás, argumentando tener importantes temas que discutir. Un poco divertida ante la situación, Mary vio marchar a su esposo en compañía del duque, en tanto ella era requerida por su madre y hermanas para compartir con las otras damas. La condesa no se distinguía por ser especialmente conversadora pero se esforzaba participando en esos temas que tan bien conocía, limitándose a escuchar cuando ignoraba algo en particular.

La frugal cena transcurrió entre algunas bromas y en general el buen ambiente reinaba entre los invitados; salvo algunos comentarios sobre temas sensibles, pocas intervenciones habían tenido que hacer para evitar el caos. A las viandas siguieron los postres y la sobremesa para después volver a la sala, en donde los invitados participaban contando alguna anécdota, o recitando una poesía. — Si me lo permiten, quisiera interpretar para ustedes mi canción favorita. — En compañía de su hermana Evangeline — quien se encargaría del piano — Mary ocupó un sitio junto al piano, comenzando a cantar cuando las primeras notas sonaron. Si de algo podía enorgullecerse era de su voz, talento que había aprovechado bastante durante sus días en la congregación religiosa como parte del coro. A la distancia, una mujer poco conocida en esas altas esferas de la sociedad observaba a los ahí presentes, especialmente al conde, a quien se acercó cuando se aseguró de contar con algunos minutos para conversar sin la intervención de alguien más. — De modo que es ella la mojigata que desposaste. — Marie de Albret, personaje célebre en la nobleza francesa era más conocida por lo afilado de su lengua que por su linaje o méritos. Algunos ingleses y coterráneos la calificaban como “arribista”, cosa que no le preocupaba. Aunque se le conocían pretendientes por doquier, en su lista de conquistas figuraba Alan Wotton como el principal, aquel hombre al que no había podido atrapar después de tórridas noches en diversos sitios de Europa. — Esperaba algo mejor, es poca cosa para alguien de tu clase. — Quizás por resentimiento o efecto secundario del alcohol pero Marie se sentía con el ánimo de externar su inconformidad con el matrimonio de su antiguo amante.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Miér 13 Jul - 21:13

03. Getting Closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Aquel había sido el primer beso de verdad que le había dado a Mary y por eso mismo, le había salido de forma tan espontánea, tan natural. No es que fuera muy dado a ellos. Cada vez que frecuentaba a una prostituta, el tiempo era oro, por lo que no hubo ni besos ni caricias nunca. Simplemente, puro sexo. Había tenido bastante suerte, ya que nunca desarrolló ninguna enfermedad de transmisión sexual, aunque por supuesto, estas no se conocían demasiado en la época. En el fondo, aquello había sido un bonito contraste con lo que había sido su vida siempre. El Conde estaba mediatamente feliz al fin, después de todo lo que había tenido que pasar. Muchos consideraban que simplemente había sido un niño mimado, pero esos no eran los motivos que le habían empujado a esa vida. Lo único que había querido siempre es no tener tanta presión social en su persona, algo de comprensión, tanto de sus padres como de sus hermanos, pero al no conseguirlos, había volado en una espiral de mala vida, que hubieran llevado al fin de esta si no le hubieran obligado a casarse con Mary. Lo agradecía, y lo agradecía bastante. Por eso mismo, no quería decepcionar a los padres de la fémina.

Sin embargo, asintió con la cabeza ante sus palabras, aunque las compartiera—. Estoy seguro de que aunque no nos esforcemos por ello, acabaremos impresionando a todos. Primero, porque no vamos a parecer tan distantes como en nuestra boda. —Durante el enlace, todo el mundo se había percatado de que ni una ni el otro querían estar allí; era un matrimonio obligado, como el de muchos de los asistentes, pero encima, aquel había estado envuelto en escándalo público, ya que la persona de Alan era un tema de conversación en cada reunión social que había. De hecho, aquella era la primera vez que quizás no fueran a hablar tan mal de él, aunque por supuesto, de eso no estaba demasiado seguro. Solo esperaba no empeorar la reputación de Mary.

Incluso aunque ya no pensara en el divorcio, estaba seguro de que la fémina siempre tendría aquella carta en mente. Se lo concederían demasiado rápido por la mala fama que tenía su marido, así que ni siquiera comprobarían si sus alegaciones fueran verdad o mentira; serían verosímiles siempre. Con la fémina apoyada en él, el hombre había caminado fuera, sabiendo que las primeras palabras las tendría su esposa. No iba a quitarle ese honor; además, era su fiesta, no la de él—. Buenas noches. —En ocasiones, el hombre había usado un acento americano, pues aún seguía doliendo la independencia del nuevo país. En aquella ocasión, usó su acento británico de nacimiento; seguramente, también sorprendiera—. Esperamos que se lo pasen bien durante la velada que muy amablemente os ha brindado mi esposa. Todos los agradecimientos los merece ella. —No tomó crédito del trabajo de su fémina. La miró de reojo, dedicándole una cálida sonrisa unos segundos después. Se mereció el discreto aplauso de los invitados.

Por fin, habían comenzado a aceptarle en la sociedad de nuevo y todo gracias a la Condesa. Esbozaba sonrisa sin parar, presentándole a todo el mundo que había conocido cuando vivía con sus padres. Muchos parecían orgullosos, en cierta manera. De hecho, estaba seguro de que el duque de Richmond había sido arrastrado por su esposa allí; nadie le había aguantado demasiado. Tuvo que dejar sola a su esposa durante un momento para hablar con él; quería decirle algo importante y era básicamente que le gustaba el cambio que había hecho. Le habló de sus padres, de lo orgullosos que hubieran estado. Eso hizo que se le formara un nudo en el estómago. Agradeció cuando llegó la hora de la cena.

A mitad de la cena, sorprendido, observó cómo su esposa comenzaba a cantar. Esta mirándola, con aire divertido hasta que llegó ella. Su sola voz hizo que se estremeciera. De reojo, pudo observar a Marie de Albret colocándose a su lado—. Marie —Murmuró en un susurro ronco, mientras por la cabeza se le pasaban todas aquellas noches de sexo que había pasado en Europa junto a la fémina. No había tenido a otra mujer en la cama tan salvaje como ella. Se la notaba celosa, celosa de que no se hubiera casado con ella. Siempre había estado detrás de su fortuna, y lo sabía, pero él también había tenido beneficios en aquella especie de relación que había tenido con la fémina.

Apretó sus labios en una fina linea; sabía que tenía que contestar, ya que algunos nobles que les rodeaban estaban bastante atentos a la conversación—. En realidad, el que soy poca cosa para alguien como ella soy yo. —Aquello lo murmuró en voz más alta para que todos lo escucharan; solo esperaba no distraer a la fémina—. Si esperabas a que me casara con una cazafortunas, estabas muy equivocada, querida. El único que podría malgastar mi dinero soy yo. —Para aquello, ya bajó un poco más la voz, aunque la fulminó con la mirada sin esforzarse en disimularlo; había ido a intentar hacerle algo de daño. No le había sentado bien que juzgara a Mary. Nadie podría juzgarla; era la mejor persona que había conocido nunca—. Siempre ha sido una señora muy inteligente, Marie. Creo que debería dejar de beber. —Era verdad que a lo largo de la frugal cena, Alan también lo había hecho. El puntillo que tenía le había llevado a contestar a la fémina, a no disimular el fulminarla con la mirada.    

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por Lichtgestalt el Jue 14 Jul - 3:47

03. Getting closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Noche
Marie no pareció sorprenderse al recibir aquella respuesta pero quienes estaban cerca, sí. Ella estaba acostumbrada al trato rudo, especialmente si venía de Alan. En compañía del conde había pasado innumerables noches rindiéndose ante el deseo carnal y aunque sus idílicos encuentros no trascendieron a la prensa rosa, estaba convencida de haber sido alguien importante en su vida. — Resulta interesante que debas gritar a los cuatro vientos cuán afortunado eres para conseguir  credibilidad. — De no estar rodeados por tanta gente le habría sugerido arreglar la disputa en la alcoba, aunque suponía que la rechazaría si acaso lo insinuaba. — Me pregunto cómo reaccionaría tu mujer al saber todas las cosas que hicimos juntos. — No se libraría así como así de ella y quería dejarlo claro. Sin importar cuán diferente luciera, seguía siendo el mismo libertino de siempre.

Con cautela, deslizó entre la mano de Alan una delicada tarjeta en la que podía leerse “Marie de Albret. Habitación 202, hotel Savoy”. — Búscame cuando hayas dejado de jugar al esposo devoto. — Para Marie, todo el asunto del matrimonio entre Alan y Mary no era más que una farsa bien orquestada para entretener a viejos aristócratas. Antes de marcharse se permitió beber una copa más a pesar de estar bastante alcoholizada ya. Tenía resistencia pero no tanta como en sus años mozos y el hecho de haber bebido antes de acudir a la fiesta tampoco ayudaba demasiado, aunque lo disimulaba bastante bien. Al menos, pensaba ella, había conseguido generar incomodidad en él, así que su noche ya no sería tan perfecta.

Instantes después las notas del piano cesaron y la voz de Mary, también. Los aplausos no se hicieron esperar, tampoco las felicitaciones por la hermosa interpretación. Era la primera vez que cantaba para un público propiamente dicho y estaba feliz, radiante. — Muchas gracias a todos. — No podía negar que había disfrutado de la fiesta, de ser el centro de atención sin cotilleos relacionados con su matrimonio o sobre los escarceos de su esposo así que tal vez podrían repetir la ocasión. Algunos de los invitados se retiraron en busca de más vino o tabaco, pocos despidiéndose de la pareja argumentando cansancio pero no sin antes expresar el beneplácito por la armonía en el matrimonio y el cambio de actitud que había tenido el conde para bien.

Uno a uno los invitados abandonaron el recinto, deseando lo mejor para la joven pareja,  animándolos a tener hijos cuanto antes dadas las circunstancias. El resto de la noche que ocuparon agradeciendo asistencias, Mary prefirió pasar ese tiempo en compañía de su esposo, buscando compartir con él esa felicidad que la embargaba. — No estoy acostumbrado a este tipo de eventos pero debo admitir que han acallado cualquier rumor sobre posibles desavenencias entre ustedes. — De los dos, su padre era el más complacido después de ver el éxito de aquel convite. — Bienvenido a la familia, hijo. — Mary sonrió. Su padre no era muy dado a las cumplidos pero comenzaba a apreciar a Alan y eso era bueno para todos.

— Nosotros nos retiramos, ustedes deben descansar también. — Con dos besos a las mejillas de Alan y dos más a su hija, su madre fue la primera en salir, seguida por su padre. — Creo que nos merecemos un descanso. — Las piernas le dolían y el vestuario pesaba más conforme pasaban los minutos, tal vez debido a su cansancio. El lugar era un desastre pero no tenía el corazón para despertar a los empleados — su doncella o el ayuda de cámara incluidos —  para que los ayudaran. Mañana habría mucho que hacer pero lo llevarían a cabo una vez que hubieran descansado.

Al llegar a la habitación que compartían, se aproximó hasta el taburete del tocador para retirar las alhajas, guardando cada una en el estuche que correspondía; una por una, las horquillas que sujetaban su cabello cayeron también. Su larga cabellera cubrió la espalda del vestido, otorgándole un aspecto relajado, natural. — ¿Podrías ayudarme, por favor? —  Ya que había decidido prescindir de los servicios de su doncella, requería ayuda de su esposo para despojarse de las prendas pues una larga fila de botones colocados en la espalda impedía que pudiera moverse libremente. Para facilitar la tarea, ladeó el rostro y colocó el cabello sobre uno de los hombros, sonriéndole con nerviosismo en tanto se acercaba más.

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Re: And thou art like the poisonous tree that stole my life away.

Mensaje por BatmanWithClaws el Mar 19 Jul - 13:21

03. Getting Closer.



Alan Wotton
Con Mary Frances Wotton – Casa de Alan y Mary Frances - Mediodía
Alan sabía que debía haber cerrado la boca, pues noticias de aquello acabarían llegando a los oídos de su esposa. No quería decirle nada, al menos aquella noche. No quería arruinarlo todo por culpa de su pasado; eso querría decir que no era capaz de cambiar; eso volvía a poner el divorcio en mesa. Por eso mismo, lo único que hizo fue fruncir el ceño y aceptar la delicada tarjeta. Iba a ser chantajeado y lo sabía perfectamente. Aún así, cuando la fémina desapareció de su vista, lo único que hizo fue romperla en mil trocitos, dejándola en algún sitio discreto. De todas formas, ya había memorizado la información; el hotel Savoy tampoco es que le fuera extraño ni a ella ni a él.

El simple hecho de sentirse mal mostraba que Alan había cambiado, al menos un ápice. Anteriormente, se hubiera deshecho de su ligue aquella noche y hubiera ido al hotel para yacer con la fémina. Sin embargo, en aquellos momentos no seguiría aquel impulso. Ella no merecía que le hiciera algo parecido y si era verdad que no estaba enamorado aún, también era verdad que por primera vez había comenzado a respetar a una mujer que no fuera parte de su familia cosanguínea. Eso era un paso bastante grande; de hecho, ya no quería irse a Bath, como habían hablado antes. No quería separarse de Mary. Ella era quien le hacía ser mejor persona, así que ¿quién sería si alguna vez se alejaba de ella? Ni siquiera quería pensarlo.

Al menos, aquella conversación con Marie no había arruinado la velada; habían acabado acallando los rumores que circulaban por la capital sobre ambos. O al menos, eso era lo que pensaba su suegro. Acabó estrechándole la mano con una sonrisa algo falsa; aún tenía a Marie en la cabeza. De todas formas, aquello era precisamente lo que quería, ¿verdad? Entonces, ¿por qué pensaba que seguía sin ser suficiente para Mary? Todo lo que había hecho en el pasado no le importaría a la fémina y lo sabía perfectamente. Seguramente, si hubiera encontrado a un hombre más decente, la fémina estaría felizmente casada ya, embarazada, incluso.

Sin embargo, sabía perfectamente que la fémina no quería hijos del hombre equivocado y aunque no lo quisiera admitir, ese podía ser él. Después de darle los dos besos a la madre de la fémina, acabaron solos en la casa. Todos los invitados se habían ido, lo que quería decir que la prueba de fuego había comenzado: ahora, nuevos rumores se extenderían por toda la capital. ¿Eso haría salir a más ratas de sus agujeros? Antiguas amantes iban a intentar destruirles como venganza. Al fin y al cabo, Alan había destruido la vida de la mayoría sin haber pensado en las féminas ni un momento; como persona egoísta, solo había pensado en él mismo una y otra vez.

Todo aquello se le olvidó cuando llegó a su habitación; los ayudantes de cámara estaban dormidos ya, así que les iba a tocar desnudarse a ellos mismos. No iba a ser ningún problema. Después de quitarse la chaquetilla y dejarla sobre una silla, se acercó a la fémina por la espalda, comenzando a desabrochar con bastante cuidado cada uno de los botones, manteniendo la vista clavada en ellas—. Creo que deberíamos tener... cuidado, ahora que se ha limpiado mi reputación. Sabes que tuve bastantes amantes. Muchas de ellas pueden sentirse celosas. —Sabía que no debería estar sacando el tema en aquellos momentos, pero no pudo evitarlo.

Alzó su mirada para clavarla en el espejo, mirando los ojos de Mary a través de este antes de esbozar una sonrisa avergonzada—. No dejes que te hagan pensar que no eres suficiente para mí. Es al revés. Yo no merezco a alguien como tú en mi vida. No después de todo. —Volvió a bajar la mirada hasta los botones, desabrochando el último de estos antes de comenzar con los de su camisa, aunque parando al segundo—. ¿Me ayudas tú también?    

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