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Mensaje por Nyadeh el Jue 18 Feb - 19:39

Recuerdo del primer mensaje :

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Realista — Drama — Angst — +18
Noviembre de 1997.

Grand Island, Nebraska.


Siempre hay un renglón en cada crónica, tan torcido como deshonesto. Uno sobre el que escribir con caligrafía inteligible aquello que esperas jamás llegue a cambiar.

Tal vez nadie te dijera que no deberías tratar de borrarlo.
Que existen cosas indelebles.

Fingir es el primer código de un agente de la Central de Inteligencia. Fingir, simular, tergiversar. Que el gobierno solo te preocupa el día que hay elecciones, que no empleas tu tiempo desempeñando ese cargo en ocasiones tan ingrato, que vives despreocupado. Que estás casado. ¿Sencillo, verdad? No lo sería tanto, si ya lo hubieras estado. Casado. Con la misma persona con la que te ves forzado a trabajar, años después y continuar fingiendo, que nada se rompió entonces.

Norman Markham
42 — CIA — David Duchovny — Nyadeh
Amelia morgan
37 — CIA — Gillian Anderson — Hellcat
Cronología


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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Sáb 26 Mar - 19:02

2
moist [+18]
Ducha — tarde — Con Norman
Probablemente—Murmuró en respuesta. Mentiría si respondiese algo diferente, eran varias las cicatrices que cubrían su cuerpo y habrían podido provocarle la muerte. De hecho, aquella era la más inocente de todas y también la más sensible a sus atenciones. La piel húmeda trasmitiendo escalofríos por cada toque, por cada beso y, pronto, la fuerza de lo inevitable los consumió a ambos. Una invitación aceptada sin reparos, su pierna reposando sobre su hombro con la audacia de quien sabe que tiene un equilibrio innato. Dos viejos amigos que se reencontraban en el fragor de una batalla estallando en su cuerpo. Si tan solo Norman emplease esa lengua afilada así todo el tiempo Amy estaría más que satisfecha.

La respiración errática elevándose junto al vaho hasta el techo, los gemidos descontrolados que bailaban en sus labios y en los oídos de Norman por cada preciso toque. No había perdido ese don de volverla loca a pesar de la distancia, y se sintió celosa al pensar cuantas más habrían disfrutado de las atenciones del agente así como ella lo hacía. Su mano se aferró a su cabello castaño, posesiva y demandante. Dos simples letras pujando por escapar entre sus labios, una batalla que de momento perdieron aunque no en su nublada mente: Es mío. De no ser por la fuerza de sus manos sujetando sus caderas la pelirroja habría jurado que su única pierna apoyada en el suelo de aquella ducha no habría sido suficiente para mantenerla en pie. La mano libre extendida sobre la fría pared, deseando poder aferrarse a algo que no existía.

El temblor de sus músculos, la contracción involuntaria de su abdomen y la ausencia repentina que la hizo gruñir. Con cualquier otro habría pecado de egoísta, incluso con él mismo en otro momento de su trayectoria, y habría enterrado su cabeza entre sus piernas hasta calmar el fuego de aquel orgasmo que había empezado y se había quedado agónicamente deseando un final. Había algo que deseaba con más fuerza que eso, y era a él. Sus ojos abiertos, las pupilas dilatadas deseando devorar al hombre que tenía ante ella. El sonido de su voz demandante explotando en su bajo vientre como una estocada precisa de su lengua.

No—Respondió con seguridad. Sus piernas sosteniéndola de nuevo, menuda y arrinconada pero no por ello atemorizada. Sus uñas arañando la piel de su abdomen hasta encontrar su pantalón empapado que no dudo en abrir y arrancar con un precisó tirón que barrió también con sus bóxers.—No pienso ser una sombra a la que puedas ponerle otra cara—Añadió devorando su desnudez con la mirada, un deseo ferviente y su lengua humedeciendo sus labios con un hambre que había olvidado. Una caricia lánguida de su mano, la piel ardiente y pulsátil contra su palma. Otro saludo de viejas amigas que término rápido para ser sustituida con el calor de sus caderas y la ternura de sus muslos rodeando su cintura.—Mírame—Pidió, exigió con una demandante mano tironeando de nuevo de su cabello. Había un reto en sus ojos azules, algo que por el momento no se atrevería a pronunciar en voz alta:Toma lo que es tuyo Norman.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Sáb 26 Mar - 23:06

2
moist {+18}
Salón — por la tarde — con Amy
Un recuerdo más que poder llevarse a la tumba, uno luminoso a través de la bruma nebulosa que tenía el nombre de Amy esculpido en esos últimos tres años. Agente, amante, esposa y después, no más que una desconocida. La alusión de una vida efímera de la cual no había sido capaz de vislumbrar su final; en otro estado, en otro hogar, la sonrisa que quizá él ahora había fusilado sombreada en los labios rosáceos, templando ese lugar en el pecho, bajo las costillas que latía solo por ella, más de lo que el agua caliente había conseguido confortarlo jamás. Los dedos extendidos en sus caderas, cumbres por las que había deseado escalar sin reposo y recrearse en morder la espalda descubierta para él, empujándola contra la cerámica resbaladiza con nada más que el peso de su propio cuerpo.  

Por un instante, un solo pestañeo que escondió su mirada temió el rechazo, un aguijonazo en el esternón. Pero los ojos de Amy eran marismas de azul eclipsado y márgenes difuminados a la penumbra de sus pupilas, amplias de manera insólita; y las manos inalterables, de experta enfilando un arma, tan anhelantes como las suyas, afiladas sobre la piel. —Amy… —Joder. Si tan solo supiera en cuantas ocasiones su consciencia, ingrata y delatora, había evocado sus facciones tras los párpados cerrados cuando no debiera haberlo hecho. Si tan solo lo supiera, comprendería cuánto de él, todavía le pertenecía.

Quiso rebatir que fuera una sombra, tras años de matrimonio evitaba pensar en ella como eso, únicamente una sombra. Sin embargo lo era; no una, un millar de ellas vigilantes en la oscuridad de todo recoveco, cada día que había malgastado sin ella.

Le rozó una de las mejillas encendidas con los dedos, todo ineptitud ante el no saber qué declarar. —Amy, no…No es como crees. Poco o nada importó justificarse, porque sus manos delicadas de yemas ligeras fueron todo lo que pudo sentir, invidente a lo demás. La memoria de sus labios sedosos desfilando por esa misma travesía le atravesó el juicio, de un extremo a otro y no hubo más que un gruñido casi animal en su garganta.

Ella no había consumado su mandato, él sí satisfizo el suyo. Arremetió una sola vez, contra ella, dentro de ella y resistió su mirada, la mandíbula tensa y los dedos como alcayatas en su cintura. Pero era cálida, sofocante y persistió insignificantes segundos antes de exhalar el prolongado gemido que había confinado desde que la había contemplado de nuevo apenas oculta por su ropa, los dientes incrustados en el tierno arco de su cuello.

Sigues siendo… —Lo mejor que había tenido, aunque tampoco eso se arriesgó a pronunciar.

La colisión de sus caderas resultaba eléctrica, minúsculas sacudidas navegando por su cuerpo, aquí y allá. Demasiado tiempo había pasado entre ellos e intuyó, por las convulsiones de Amy y su propio placer, que aquel oasis en mitad de dunas polvorientas, no iba a perdurar.  
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Lun 28 Mar - 1:56

2
moist [+18]
Ducha — tarde — Con Norman
La unión perfecta de sus cuerpos, la comunión de sus más oscuros deseos colisionando como siempre lo habían hecho. Su cuerpo abriéndose para él, regalando cada gemido sin preocupaciones. La fuerza de sus músculos, tensos aferrados a su cintura y sus brazos a su cuello. Las uñas que dejaron surcos sobre su piel no tan profundos como el recuerdo de aquel momento que había escondido, custodiado bajo tantos candados en un intento de no salir mal herida. Ahora la cascada de agua caliente que caía sobre ellos era un desierto al lado de la cantidad de encuentros y palabras que Amy fue capaz de recordar. Una frase por cada una de las que Norman no había logrado terminar, un afilado aguijón que agujereaba de nuevo su corazón. Casi era mejor que sus labios fueran incapaz de encontrar la coherencia porque no quería oírlo, al igual que ella se limitó a dejar escapar los gemidos cada vez más lánguidos y altos sin atreverse a darle la forma de su nombre.

Sus cuerpos oscilaban en un ritmo perfecto, el baile de dos amantes que se conocían perfectamente. La pared fría contra su espalda, el choque constante contra la misma como acción de la vehemencia de sus acciones. No había sido consciente de la necesidad de volver a sus brazos hasta ese preciso instante, como si el mundo comenzase a girar en el sentido adecuado de nuevo Amy se sintió completa. Los engranajes de dos vidas rotas volviendo a moverse al unísono, sonando al unísono en la fricción de sus cuerpos. El placer abriéndose paso con el fuego del pasado y el sabor de su piel encarnándose en cada arremetida contra su cuerpo menudo y trémulo. Una intensidad que pronto la empujó fuera de toda jaula terrenal, un gemido atascado en su garganta y la explosión de su cuerpo alrededor de Norman.

Remolinos de electricidad corriendo bajo su piel, la sensación plena y la sonrisa producto de las endorfinas derramadas des de su hipotálamo. Fruto de aquella felicidad química dejó un beso perezoso, por la falta de aire, sobre los labios de su mejor amigo, su amante, el único hombre que había amado, su marido y su mayor verdugo. Le supo a poco pero no fue capaz de alargarlo, en su lugar terminó apoyando la cabeza en el hueco de su cuello que tantas veces la había acunado y protegido. Aún abrazada a él de brazos y piernas como una fiera que se negaba a abandonar aquel Oasis en mitad del desierto. Lo había echado de menos, tanto que dolía admitirlo. Tanto que una fría lágrima se descolgó de su oscuras pestañas camuflándose con el resto de gotas que salpicaban su piel. Aquello, ahora que la razón le ganaba la carrera al deseo, había sido una muy mala idea porque querría morir en la agonía de sus cuerpos cada noche que compartiesen en aquella casa.

No se atrevió a decir nada, no quiso decir nada mientras él le permitiese seguir ceñida a su cuerpo como una segunda piel, le permitiese unos cuantos segundos más de volver a su hogar.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Lun 28 Mar - 18:23

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Salón — por la tarde — con Amy
Hubiese deseado que fuera diferente. Más devoto, menos desesperado. Que sus dedos se transformaran en las gotas de agua y confeccionar trazas de sus huellas dactilares sobre la piel húmeda, tener tiempo —todo el de ese universo, y el del siguiente— para anidar entre sus piernas hasta percibir su voz afónica y dejar de sentir su propia lengua. Hacerle olvidar que una vez le pidió que se fuera, hacerse olvidar que lo lamentaba. Pero hacía demasiado que no se permitía ser un idealista.

Su falta de entereza colmaba la atmósfera abrasadora, intrínseca burbuja de muros endebles que se había moldeado tan solo con el roce de sus miradas y estallaría con una exhalación de más cuando ambos tocasen el suelo, Amy carbonizaba cada paraje de su cuerpo que acariciara con las manos y Norman se había habituado a ello, a ansiar más, a pesar de las cenizas.

Era toda una visión, ese clímax casi silencioso, toda su figura contraída y el deleite retratado en los labios inflamados que no vaciló en besar, tan imperioso como el errático encuentro de sus cuerpos. La necesidad, cruda y afilada, le abría el tórax y cercenaba en su interior, ágil, los órganos sangrantes. La necesidad de ella, de confesarle que la quería, que todavía la quería aunque no pudiera estar a su lado era opresiva. Tanto que tuvo que morderse la lengua y maltratar la de ella, urgente e insaciable, uno de sus puños tropezando con la pared de azulejos.

Abrumado en el placer de sus espasmos y en la sacudida de la pelvis, que vibraba hasta las extremidades, se dejó llevar al fin con una ronca exhalación y su nombre en los labios. Si fuera budista, hubiera creído que aquello sería lo más cerca que estaría de alcanzar el Nirvana.

Él la alejó primero, tras contar un centenar de latidos reverberantes contra su pecho, suave y reposado, pero puso una distancia entre ellos que Amy no anhelaba a juzgar por el modo de aferrarse a su espalda. —Amy. —Le acarició los pómulos con los dedos, besando su frente a la altura del nacimiento del cabello que, pese al agua y el sudor, olía a ella. Había sido él quien había determinado esa vida sin ella y debía ser quien se reafirmase—. Tenemos que irnos. —Ahora parecía haber despojado palabras de su boca, siempre preocupada por el trabajo. Tenía que irse, porque si no lo hacía entonces, no lo haría.

La ropa empapada le pesaba, así que la arrojó al suelo dándole la espalda y después, cerró la puerta tras él, dejándola sola.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Lun 28 Mar - 19:37

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Central de la CIA — mañana
Tres semanas. Hacía tres semanas que Amelia Morgan había salido de aquel apartamento por la mañana, fingiendo que iba a por pan para poder desayunar en su encierro involuntario. No podrían salir con aquellos documentos del país por las vías habituales, estaban confinados. Encontraron como pasar el tiempo en aquellos largos siete días del frío invierno ruso. No era tan malo quedarte en aquel apartamento si era con tu esposo y si, además, ambos gozabais de un feliz y pasional matrimonio. Fue al quinto día cuando, al fin, contactaron con la agente Morgan. Había una forma de sacarla del país pero uno de los dos debía quedarse como señuelo, cuanto habría querido en ese momento Amelia correr a contárselo a Norman. No pudo. Los estaban vigilando, probablemente escuchando y todo debía quedar en el más absoluto secreto para que saliese con éxito.

No había dormido apenas en las tres siguientes semanas, siempre esperando que Norman volviese, que le comunicasen que ya lo habían sacado del país como prometieron. Insomne e irritada, cada minuto que pasaba era una agonía. Lo había dejado atrás con la promesa de que lo sacarían de allí, con la certeza de que Norman era un gran agente que saldría de aquella casa antes de que la redada se diera lugar. Norman era inteligente, saldría bien. Saldrá bien, está a salvo se repitió una y otra vez la agente Morgan. Necesitaba creerlo para no volverse loca entre las sábanas blancas de su solitaria cama de matrimonio. Lo echaba de menos, más de lo que jamás su orgullo le permitiría admitir.

Vueltas y más vueltas daba a la alianza que colgaba de su cuello, en la misma cadena de la que una vez desterró la cruz que su madre tanto se había empeñado en cargarle. Y, finalmente, un agente joven asomó la cabeza en la puerta de su despacho sacándola de la nube de recurrentes pensamientos que no la habían abandonado en las últimas tres semanas.—Está subiendo, ha vuelto—Cuatro palabras que significaron un todo para la pelirroja. De inmediato se levantó y salió de su despacho, sus piernas cortas y diligentes abriéndose paso por el pasillo en pos de aquel ascensor que abrió sus hojas de metal para descubrir, al fin, a Norman. Estaba bien, estaba vivo al menos y los últimos metros fueron recorridos a la carrera. Obligada a frenar por la fuerza del choque contra su pecho, sus brazos al fin aferrándose a su cuello donde dejó un beso—Estás bien, estás bien…—Murmuró más para sí misma que para él cerrando los ojos. Estaba en casa, de nuevo en sus brazos.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Mar 29 Mar - 22:09

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Central de la CIA — mañana
Le temblaban las manos, incontrolables y lívidas bajo la iluminación artificial, titilante de aquel ascensor cuyo zumbido le rechinaba en los oídos aún cuando tal trayecto había sido una rutina casi diaria en su existencia. Exhausto, hastiado y con más vetas encarnadas en el blanco de los ojos que botones en la camisa, producto de las noches sin reposar y los contratiempos; y la oscuridad y la pólvora. Dos horas, insuficientes, habían pasado desde que su avión había tomado tierra y la seguridad le había embargado, al aspirar de nuevo Virginia. Apenas cinco minutos desde que había atravesado las puertas giratorias y dejado su arma en el vestíbulo. Podría regresar a casa, le habían garantizado, tras ofrecer su declaración al Directorio de Operaciones sobre la empresa que casi había finalizado con su vida. Entonces no hubiera importado su testimonio, si hubiese fallecido, pero volvía a estar en territorio libre y el servicio que brindaba a su país volvía a ser esencial. Sabía que no era el primero en quedar atrás, por qué sacrificar a dos agentes cuando existía la ocasión de conservar al menos uno. No era eso lo que lo mortificaba.

La sintió antes de izar la mirada, la fragancia que exhalaba y se mecía en el corredor era la misma que su ropa había absorbido, que su memoria había asimilado a la levedad de las manos pequeñas y la calidez del roce de los labios. Se dejó cegar por el destello cobrizo de su cabellera, arrebatado de las bombillas incrustadas en los paneles del techo, que le exigió parpadear por la agilidad con la que se arrojó hacia su cuerpo. Las manos que había escondido en su ropa, se apresuraron a cercar la angosta cintura femenil por inercia de su propia constante universal mas no pasó inadvertido el ademán contrariado que se perfiló en las comisuras de su boca, las costillas fracturadas no eran todo lo que dolía.

Estoy bien. —Se preguntó cuándo se había convertido en un farsante, si los ojos de Amy eran el único interrogatorio al que había cedido nunca.

Se permitió un instante para abrazarla, sosteniéndola contra su torso, alzándola casi sobre sus pies; el rostro extraviado en las hebras sedosas de su cabello, inhalándola cerca del desaliento y una de sus manos enfilando la columna de su espalda, por encima de su indumentaria. Él también se hallaba aliviado por tenerla a su lado, la percepción de no volver a verla había aflorado en más de una ocasión en su pensamiento, durante las últimas semanas.

Oprimió los dedos en las curvas deleitables que podían adivinarse bajo las capas de ese tejido, comprendiendo que no era capaz de hacer aquello, no allí. Besarla y distanciarla después, reclamar que él no la hubiera dejado, que hubiese aceptado cualquier acuerdo con tal de alejarla de todo riesgo.

¿Por qué no me esperas en casa? —Dio un paso atrás. Sin promesa de que no se demoraría, sin la garantía de que el retraso merecería la pena. No sabía cuánto tiempo iba a malgastar en ese cuartel, ni siquiera sabía si quería regresar a su residencia, con ella. Se preguntó cuándo se había convertido en un cobarde.  
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Jue 31 Mar - 18:14

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Estaba ahí. De nuevo entre sus brazos, seguro en casa. Si hubo un momento, una décima de segundo en la que se arrepintió de haberlo dejado atrás, fue ese instante en el que se tragó el lo siento que quería escapar entre sus labios. Ella no había hecho nada malo, no podía dejarse llevar por la culpabilidad porque era su trabajo. Eran espías, tenían que tomar decisiones y ella había tomado la más lógica. Estando segura de que Norman lograría salir de allí no podía perjudicar la misión por las decisiones emocionales, simplemente no podía. Es lo correcto, es lo correcto se repitió una y otra vez dejándose embargar entre los brazos de su marido. De nuevo juntos, estaban bien. Estarían bien, o eso creía.

Un nuevo beso tímido, esta vez en su mejilla controlando la necesidad de cubrirlo de besos y asegurar con la yema de sus propios dedos que estaba bien. Quiso algo más que aquel par de frases, quiso un beso, quiso volver a casa de su mano pero solo encontró profesionalidad. La entendió pero la desconcertó igualmente viniendo de Norman. Sus brazos aflojaron el lazo en torno a su cuello y sus talones se posaron en el suelo que sintió tembloroso, incierto. Buscó su mirada enarcando una ceja y solo pudo asentir con levedad. No era el lugar de pedirle explicaciones y robarle el aliento.— Aún tengo un par de cosas que hacer aquí—Mencionó soltándolo finalmente. La presión de una gran roca sobre su pecho sabiendo que algo no iba completamente bien, aquella no era la efusividad y la estupidez de su marido. Era más bien la frialdad propia— Pero está bien—Soñadora de algo que sentía que se le escapaba de las manos estiró el brazo para cazar su mano dándole un apretón. Un apretón que, junto al brillo de sus ojos claros, gritaba: te he echado de menos.

Poco o nada más podía hacer salvo verlo perderse en el pasillo y volver a su propio despacho. La esperanza de verlo aparecer por la puerta de su despacho para llevarla a casa marchitándose con cada hora que pasó y, finalmente, su propio coche recorriendo en solitario el camino al apartamento que compartían. Vacío sin la presencia de Norman, aún más ahora que sabía que volvía a estar a salvo ¿Qué lo estaba entreteniendo de volver a su lado? Amy quiso pensar que burocracia, explicaciones y cuentas a sus superiores. Quiso distraerse con una copa de vino, un baño relajante e incluso pidió comida del Tailandés predilecto de Norman como cena de bienvenida. Cena que se enfrío en los platos así como las velas se consumieron y la agente Morgan terminó por quedarse dormida en el sofá del salón.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Lun 4 Abr - 1:39

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Las noches eran duraderas, un minuto más por cada día y la frialdad, tardía en manifestarse, había terminado por adueñarse de la temperatura de la localidad como una antigua compañera. La ventisca le castigaba en el rostro, forzándolo a pestañear y las manos ateridas, sutilmente inestables, que indagaban en la exigua oquedad de los bolsillos como sondeo de las llaves del inmueble.

Bienvenido a casa.  

Pero era todo, cualquier cosa excepto aquello. Excepto un grato recibimiento.

El examen lo había extenuado anímicamente casi hasta el desvanecimiento, desmesuradas cifras que evocar, datos que rememorar en un período regido por la anarquía y la perspectiva de, tal vez, no retornar. El licor  —denso, candente— tampoco había contribuido a templar su aliento, ni paliar la pétrea punzada en el pecho, la que los analgésicos no adormecían. Una coartada que a su propia razón le sirviera, para no hallar a Amy despierta en su cama. El licor y la nicotina, que percibía etérea en el cuello de su abrigo, pese a haber pasado años sin tentar un cigarro.

No habían tenido que descender la reja, ni sofocar los acordes de los altavoces en los locales que había visitado. Aún huraños solitarios descansaban en la barra, comunicándose con nada más que un chasquido de los dedos. Y el último pub, el del aroma a tequila en el ambiente, le había recordado al hilo de sal sobre el vientre de Amy y el limón entre los labios rosáceos, la noche de su boda. Y, qué estás haciendo aquí sin ella, Norman.

Tanteó en la oscuridad de su apartamento, dejándose guiar por los sentidos sobrantes. La ropa de más se desmoronó en el entarimado del vestíbulo, las llaves todavía en la mano que encontró la lámpara de la sala de estar, alumbrando la estancia. No se había preparado para eso, para apreciar de nuevo a su mujer ovillada en el sofá, una posición en apariencia incómoda y el cabello haciendo de telón sobre su semblante. Reveló con los dedos parte de su rostro, recreándose en el roce de las hebras entre ellos y el pulgar acariciador, osó probar fortuna en la delicadeza de sus labios. El anhelo de besarla era semejante a la intensidad con la que se obligó a reprimir una nausea, insignia de que esa detestable madrugada solo podía agravarse.

La cubrió con el suéter que aún su mano sostenía y se retiró, moderando sus pasos. Velas que palpó con las yemas, verificando por su falta de calidez que se habían extinguido hacía horas y vajilla dispuesta sobre la mesa, frenaron su evasión al dormitorio. Desmañado en sus ademanes, la porcelana se quebró de manera inminente al tocar el suelo, formando eco en cada metro cuadrado de la vivienda.

Lo siento. —Por costumbre, tan solo por costumbre—. No quería despertarte. —Sintió la voz espesa a través de la garganta estéril, desértica en busca de un poco de agua.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Lun 4 Abr - 14:45

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Piso del matrimonio — noche
El peso del cansancio pudo con ella, sus párpados se cerraron y el mundo onírico la absorbió por completo. Vio cosas que desearía no haber visto, sintió el peso de la culpabilidad arremetiendo con fuerza contra su corazón. La visión de aquella carta que a todo agente aterrorizaba: Norman ha muerto. No podía dejar de oír la voz de su subconsciente susurrarle eso al oído, incluso cuando ya lo había visto a salvo. Las pesadillas la habían acosado en las últimas tres semanas y, ni siquiera ahora, parecían querer dejar de agobiarla cada vez que cerraba los ojos.

Como buena agente entrenada, y porque el ruido había sido claro, Amy se levantó prácticamente de un salto. Sus nervios a flor de piel y los músculos tensos preparados para defenderse, probablemente hasta se habría llevado una mano a su arma si no hubiese sido porque la había dejado en la habitación. Estaban entrenados para reaccionar rápidamente, y con la experiencia aprendían que dormir a pierna suelta podía significar no volver a despertar jamás. Amy no conocía a ningún agente que durmiera realmente de forma profunda, excepto ella y Norman cuando estaban juntos en casa, pero eso hacía mucho que no disfrutaba el sonido del corazón de su esposo bajo su cabeza para dormir.

Norman…—Sus labios acariciaron aquel nombre sin darse cuenta e, inmediatamente, se relajó pasándose un puño cerrado por los ojos somnolientos.—Es tarde… ¿Dónde has estado?—Preguntó con intención de volver a arrojase en sus brazos. Era una necesidad que no controlaba, algo que necesitaba casi tanto como besarlo. Rápida, eficaz. Sus dedos se enredaron en su cabello y su aliento bañó los labios contrarios antes de captar el alcohol que goteaba con cada palabra que su esposo pronunciaba. Amy ni siquiera fue capaz de diferenciar una marca o tipo. Confusa retrocedió un paso, aunque no soltó la calidez de sus mejillas, ni dejó de hacer pequeños círculos con los pulgares sobre su piel.—¿Estás bebido?—Interrogó con algo más de dureza, sus cejas ascendiendo hasta casi toparse con el inicio de su cabello de fuego. No entendía qué diablos estaba pasando, o más bien no quería entenderlo porque le daba miedo la realidad.

En sus peores pesadillas había contemplado la posibilidad de que Norman se hubiese enfadado, de que no terminase de entender qué había pasado pero Amy siempre trataba de ser optimista. Trataba de recordarse que se querían, que nada era más fuerte que eso ¿verdad?

Pobre, pobre Amelia Morgan. La princesa de hielo que aún creía en los cuentos de hadas donde el amor lo podía todo
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Lun 4 Abr - 22:03

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Central de la CIA — mañana
«Huía de esto».

De ellos.

Trató de proyectarlo a través de los párpados cerrados, crispados a la armonía del pulso que los sedosos dedos avivaban, de proyectarlo entre los dientes oprimidos y el hueso de la mandíbula tenso. Pues carecía de decisión suficiente para moldear esa certeza en palabras que la herirían, más de lo que haría rechazo.

Pensé que estarías dormida. —Musitó en su lugar, cínico quizá, pero menos incisivo. Lo había deseado. Enzarzar uno de sus brazos en la cintura flexible y dejarse abatir por la somnolencia, rozando los delicados huesos que despuntaban a cada lado de su figura; los dientes hundidos tenuemente en la tierna carne de un hombro descubierto, inhalando la fragancia de su cabello enjabonado. Desorientarse en el curso de sus apacibles latidos e imaginar que todavía sería capaz de dejar su vida en esas manos que ahora le sostenían, aproximándolo a ella.

Cercó sus muñecas con los dedos, firme y súbitamente seguro de sí mismo pese al alcohol, mas edulcorado en el modo con el que acarició la piel allí, como si tratara de templarla. No le permitió a ella tocarle, ni a él recrearse en ese tacto. Menos se permitió mirarle a los ojos. —Estoy sobrio. Casi. —Perseveró para después doblegarse, un poco, si iban a zozobrar igual que navíos en una tempestad, que fuese a causa de la franqueza.

Sus rodillas tropezaron con el sofá y el resto de su cuerpo aterrizó en el mismo, obstinado en contemplar sus palmas cicatrizadas por no descubrirse observándola a ella. —Soñaba contigo. Todos los días. —Lo expulsó sin meditar, sin comprender con precisión por qué aquello. Y dolió, justo en dichas palmas gracias a las uñas incrustadas—. Estabas muerta. —Y por cohesión, él también.

Como esa novela de Hemingway.
Por quién doblan las campanas; doblan por ti.

No sé por qué no lo recuerdo. Todo. Al detalle. —Su aptitud para la evocación, solía ser excepcional—. Supongo que estaba demasiado preocupado por ti. La misión se convirtió en un caos y nadie sabía decirme dónde estabas, o no querían. Creí que te había perdido, pero lo único que perdí fue tiempo.

La carcajada que saturó ese instante de silencio, le arañó la garganta. Incrédula, mordaz. —Porque tú ya estabas a salvo.Necio. Se había sentido como un necio.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Mar 5 Abr - 2:05

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Piso del matrimonio — noche
Y de hecho había estado dormida. Se había quedado completamente traspuesta en el confort del sofá tratando de no pensar en que el mundo podría caerse encima de su marido, de su matrimonio. El despertar no estaba resultando mucho más placentero que el mundo onírico. Las piezas de dominó comenzaron a caer de golpe y Amy fue capaz de empezarlas a ver balancearse en el momento que él atrapó sus manos, no peleó aunque podría. Nuevamente Norman la estaba apartando de su lado, cruel frialdad que una parte de ella no quería entender y la parte que sí al entendía clamaba furiosa. Era casi un deseo egoísta de exigirle un beso, un abrazo. Exigirle el calor de su cuerpo que tanto había añorado en las frías noches en la distancia, pero él se lo estaba negando todo y huyendo furtivamente de ella.

No, no lo estás. Y es tardísimo—El amor disipándose, la dulzura extinguiéndose como la llama de aquellas velas que se habían consumido sin ningún comensal al que alumbrar. Así se extinguía su cariño y paciencia, así el orgullo enfriaba su corazón y le daba paso a la razón capaz de soportar más estoicamente los golpes que, sabía, su marido no tardaría en darle. Las manos aterrizaron sobre su cadera, perfilando el borde del pantalón con dedos hábiles solo para aplacar la frustración. Cuanto habría deseado mandarle dormir en el sofá y perderse, de nuevo, en sus solitarias sabanas por tal de evitar la culpabilidad que Norman le escupió en la cara. Dolía oír el miedo en su voz, dolía saber que había padecido bajo la desesperación y la angustia pero sus días tampoco se habían visto privados de esa cruel enfermedad.

Norman no estábamos de vacaciones, fue necesario—No era una excusa, o sí, pero había llegado el punto en el que se la creía completamente. No había otro camino y, por supuesto, jamás lo habría dejado atrás sabiendo que podría suponer un problema real para él.—Y claramente no estás en condiciones de hablar esto así, vamos a la cama ha sido un día muy largo—Y así la valiente agente Morgan trataba de huir de todo aquello. Solo quería que la abrazase una vez más, necesitaba su cuerpo meciéndola hasta que por fin pudiera quedarse dormida sabiendo que estaba de nuevo a salvo, que no había sacrificado su corazón. Que fácil habría sido encontrar una forma, contárselo absolutamente todo antes de desaparecer de aquel piso en Moscú pero tenían un deber para con su trabajo, para con el país.

Habían elegido vidas donde el amor terminaba asesinado a balazo en un callejón, ellos se habían arriesgado a ello creyendo que podrían pero el mundo estaba a punto de caerse sobre sus hombros. Por favor Norman, por favor ámame solo una noche más suplicaban sus ojos azules. Una petición que jamás sería capaz de hacer en voz alta pero que podría entregar su vida por algo tan simple como eso: Un abrazo en la quietud de su cama.
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Mensaje por Nyadeh el Mar 5 Abr - 22:02

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Central de la CIA — mañana
Así solía descargar el cargador de su arma, veloz y certero; pretendiendo ignorar el volumen del metal en sus manos, la evidencia de que algo tan insignificante podía arrebatarle la vida a alguien y no importaría tanto si solo lo tuvieran ellos. No lo había meditado con rigor semejante antes de conocerla, que tal vez habría de temer asimismo a los dedos sobre un gatillo que no era el suyo y no por él, no por su vida. Amy disparaba del mismo modo, lo había advertido en las pruebas en las cuales había alardeado de su destreza, tiempo antes de saber que terminaría casándose con ella. Tarde. Era tarde incluso para la misma noche, trataba de achacar; ebrio para él, para lo que solía ser, ebrio e insufrible y exhalando ese efluvio a tabaco amarillo. Era tarde para ellos, también.

A la fracción de sí mismo que no detestaba estar allí, con ella, —ninguna lo hacía pero si fantaseaba que sí, resultaba más sencillo cebar su amor propio, malherido— se le ocurrió en un instante de enajenación que le hubiera gustado, de verdad, viajar a esa ciudad sin cargos o cometidos. ¿Cuánto hacía que no degustaban la palabra vacaciones?

Se vio forzado a darle la razón, una anomalía en el espacio entre ellos. —Lo sé. Sé que era necesario. —No existía códice de honor en circunstancias de riesgo, la decencia era para quien no servía a algo más trascendental que su supervivencia—. Pero pensé que nosotros estábamos juntos en... esto. —Comprendió con un ademán de las manos inestables la extensión de la sala de estar. Y más allá. Hasta los límites de ese planeta—. Al menos nosotros. —Porque si no podía confiar en ella, entonces no lograba entender estrictamente qué estaban haciendo. Juntos.

El itinerario de sus pensamientos era adverso y escarpado, y presagiaba que el destino sería aún menos placentero. Pero no se sentía capaz de frenarlo. —Eres brillante. —Siempre respetando órdenes. Y si no lo hubiera sido, alguien sobresaliente, quizá no se hubiese enamorado de ella—. A mí nunca me habrían llamado. —No por la ausencia de talento o disposición, si no porque Amy también estaba implicada—. Saben que no te hubiera dejado. Ya ves, parece que soy un libro abierto.

Era el único argumento factible, porque Amy era tan prescindible como él, como todos los demás. Pero el servicio de inteligencia no querría perder a dos de sus agentes, existiendo otra probabilidad.

No voy a ir a la cama, Amy. —Así solía disparar. Pero tan certero fue, que podía haber jurado que la estaba desangrando. El matiz vulnerable de su voz le hirió, orificio de salida en la espalda, tras perforar las costillas y extendió una mano hacia ella, vacilante; sin discernir si anhelaba rozarla, serenarla o deseaba que se acercase a él.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Miér 6 Abr - 2:39

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Piso del matrimonio — noche
Allí estaban, bajo la tenue luz de una lámpara de pie encendida junto al sofá en el que su marido se había dejado caer. Amy ni siquiera se atrevió a acercarse, apenas se atrevía a respirar por el temor de que su lengua se soltase de que las compuertas de sus emociones cediesen a la inclemente presión. Enfrentarse a una realidad que no quería, a una culpabilidad que no admitía y ver, con la angustia arañando su espalda con garras de acero, como el suelo a sus pies se rompía en pedazos y la distancia, oscura y fría, comenzaba a hacerse pronunciada entre ellos. No solo tres semanas, una vida entera en la que las almas habían llorado la pérdida de su compañera.Era necesario se repitió mentalmente apretando los dedos sobre su propia cintura. El aire entró fuerte y ardiente por su garganta y, después, sintió como si ningún oxígeno hubiese alcanzado sus pulmones.

Para ella nada había cambiado, ella no dudaba de cuanto quería a Norman pero, al parecer, Norman sí había vuelto con ciertas dudas sobre los cimientos de aquella casa, de su matrimonio. Fue un bofetón que trató de encajar lo mejor posible—Sigo siendo la señora Markhan, pero mi placa sigue diciendo agente Morgan—Y era una distinción que no siempre hacía. Estaba empleando la ley que más le convenía porque, jamás, había dudado de compartir con Norman más que profesionalidad fuera de las paredes de su apartamento. Por el amor de Dios, costaba encontrar ya países que no los hubiesen oído gemir en una habitación de hotel.

Norman… ¿Por qué tienes que hacer esto ahora?—Protestó pasándose una mano por la frente, los dedos ocultando el tono vidrioso de sus ojos. Temerosa mujer haciéndose pedazos bajo la máscara de dureza y entereza que se obligaba a portar siempre—Eres brillante, no te habría dejado si no hubiese estado segura de que sabrías salir de allí—Y eso era una realidad. Ella confiaba plenamente en las capacidades de Norman y, aunque reconocía que tenía una mente más práctica y organizada que él, no confiaría su vida a nadie más—Deja de decir tonterías y vámonos a la cama, de verdad, estoy muy cansada para esto ahora y me niego a seguir hablando contigo y el alcohol—Añadió tajante. No quería seguir, su embriaguez solo era una excusa para repeler todas las balas que irían dirigidas a ella.

Chasqueó la lengua, fruto de la frustración que estaba empezando a desquiciar sus nervios. Era demasiado a lo que afrontar, demasiados sentimientos encontrados y muy pocas certezas porque no conseguía terminar de ver entre las palabras de su esposo.—Está bien, puedes dormir en el sofá—Terció mirando aquella mano con desgana. No sabía a qué estaba jugando, pero sí sabía que ella iba a ser el blanco. La tierna cervatilla que era consciente de ser observada por una precisa mira que terminaría poniendo una bala en su corazón. Incapaz de reprimir el anhelo de volver a tocarlo, de cumplir su egoísta deseo una noche más, terminó por tomar su mano de forma suave. Sus dedos temblaron contra su piel y tuvo que tomar una gran bocanada de aire para mantenerse completamente serena—Deja de comportarte como un crío, ha sido un día largo y necesitamos dormir—Un intento de convencerlo, de llevar aquel barco al puerto que conocía y podía llamar seguro para protegerse de la tormenta.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Mar 12 Abr - 20:05

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Central de la CIA — mañana
Los ojos de Amy eran océanos en pleamar, intranquilos y un poco más apagados de lo habitual, oleaje que amagaba con partir los diques tras los que se hallaba contenido y desbordarse. La gravedad acentuada en el bajo abdomen, pese a la retahíla de su lengua osada y la neblina velando su juicio por efecto del licor. No iba a ser capaz de soportar que vertiese una sola lágrima por su cruda sinceridad, no esa noche y lo sabía. Si debía ser plenamente franco, él también se hallaba cerca de romperse.

Se aferró a sus dedos, náufrago de una fragata que él mismo había condenado a la tempestad, el estremecimiento de su piel le devolvió un poco de esa familiar vehemencia contra la que había estado pugnando desde que desembarcó de nuevo en aquella ciudad. Por qué ahora.He vuelto. Estás despierta. —Miserable pretexto. Y había bebido. Y cuando había comenzado a descarnarse, a descarnarlos a ambos, había sentido que no podía —no quería— detenerse—. Parecía un buen momento para esclarecer por qué decidiste dejarme allí.

Tan mal momento como cualquier otro.

Cerró los ojos, repentinamente abstraído en la actividad de sus dedos, esbozando patrones esféricos en la zona interior de la femenina muñeca. Reclinado en el sofá, la atrajo hacia él, la privación de su cuerpo durante todos aquellos anocheceres, había hecho mella en Norman. La necesidad en las entrañas era imperiosa, más que la bilis iracunda serpenteándole por la tráquea. —Amy. —Y la espiración sonó extenuada, tal como el peso de los músculos cuando la acomodó sobre él; extenuada y no carente de inflexión taciturna—. Nunca se está seguro, lo sabes. —No en ese trabajo. Los proyectiles de plomo abriéndole el pecho, hubieran dolido menos. Menos de lo que dolía la realidad.

Acarició el eje de su cuello, como un montacargas en la misma dirección, uno, dos y tres dedos de yemas sutiles palpando el curso de su pulso. Inhalaba, turbado aún, mas el matiz placentero de sus inspiraciones no debía pasarle inadvertido a la mujer que, por instantes parecía estar más cerca; lo estaba, reparó en su otra mano, junto a la cintura ceñida, comprimiéndola contra su cuerpo. —Veintitrés días. Han sido veintitrés días largos. —Corregirle por el regocijo de saber si para ella también habían aparentado extenderse cada uno más allá de las veinticuatro horas establecidas. Mil cuatrocientos cuarenta minutos, y contando.

Te he echado de menos. —Musitado a roces en la piel por debajo de las orejas con los labios ardientes, a ligeros toques de la lengua húmeda en los hombros apenas descubiertos, a delicadas dentelladas sobre el esternón, tropezando con el tercer botón de su blusa. La lencería era ostensible bajo la diafanidad del tejido y no pudo someter el gemido de su boca, ni la irreverencia de sus dedos, desabotonando con cierta calma la tela a la altura del arco de su vientre—. Te he echado tanto de menos.  
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Última edición por Nyadeh el Mar 12 Abr - 23:22, editado 1 vez



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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Mar 12 Abr - 23:05

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Piso del matrimonio — noche
Los segundos pesaban en sus consciencias, los minutos que los acercaban y separaban a la vez. Amy sabía, intuía, que había mucho más bajo aquellos dardos tan bien lanzados que habían hecho diana en su corazón. Se desangraban con lentitud vestidos de indiferencia, tratando de ignorar el ácido limón vertido sobre los primeros arañazos. Amy deseaba dejar que se hiciera una costra y seguir con su vida, deseaba refugiarse en sus brazos y fingir que todo iba bien pero, entre la nube de palabras embriagadas, supo ver el dolor y quizás el rencor. Norman no bebería por cualquier tontería, no habría dejado pasar el tiempo tan beligerante en la barra de un bar en lugar de correr a sus labios, sus piernas. Ahora, ahogándose en el whisky y a saber qué más había surcado su garganta, se aferraba a la mano de su esposa. Sediento en mitad de un desierto porque al parecer no había tenido suficiente.

Sabes el porqué, o lo sabrías si no hubieras bebido—Murmuró en respuesta queriendo ganarle en sabiduría, queriendo eludir la responsabilidad de responder las preguntas que tanto daño le hacían. Era su trabajo, era importante y él debía entenderlo. Amy necesitaba que Norman lo entendiese, quizás cuando estuviera sobrio y sus sentimientos no escapasen a borbotones de aquellos labios que tanto había echado de menos en las largas y frías noches. En cada una de ellas había abrazado una camisa de su esposo, imaginando que de alguna forma los brazos volverían a rodear su cintura para protegerla durante el sueño. Imaginando los dedos traviesos de Norman encontrarían la ruta sondeando su ombligo y descendiendo por el hueso de su cadera hasta perderse entre sus muslos ansiosos. Había estado sola y ningún recuerdo cálido había arrancado las estelas de frío hielo de su piel.

Y tenía razón, no podía responder a menos que quisiera arrojar más oscuridad a aquella conversación. En su lugar tan solo se arrojó ella misma sobre su regazo. Sus muslos, fuertes bajo la tela de su pantalón, sosteniendo el peso de su cuerpo. Tensa en cada pestañeo, sin querer ceder completamente a sus caricias por mucho que su piel quemase con urgencia, la empujara a dejar de pensar en conquistar la voz y los deseos de Norman una noche más. No quería eso, no cuando el olor a alcohol la rodeaba como una nube tóxica que no la dejaba olvidar que las cosas no estaban bien, que su mundo se estaba parando y no encontraba el pedal del acelerador. La esperanza de encontrar carbón para encender de nuevo la caldera era lo único que le quedaba.

Veintiuno—Corrigió sintiendo su voz quebrarse bajo el deshielo de sus labios. Piel oxidada recreándose en su única fuente de oxígeno y vida. Se esforzó por no dejarse caer completamente sobre su regazo, por mantener sus piernas como torres sosteniendo su cuerpo lejos de lo que sería una combustión espontánea. Cayeron los párpados pesados, anhelantes de dejarse llevar por la ola cosquilleante que se formaba tras cada roce. Era una vela que se encendía dando pie a sus fantasías, dándole tan solo unas pocas migas de pan al hambriento para dejarlo con ganas de más. Un deseo que rugía como el hambre en el estómago. Una gula que no obtendría satisfacción aquella noche—Norman para—Pidió sujetando sus muñecas con fuertes dedos, rígidos como esposas de acero. Luceros ardientes perdiéndose, de nuevo, en la mirada opacada de su esposo.

Despacio aquellas manos escalaron por sus brazos, recordando la fuerza de sus bíceps, la textura de su piel, el ángulo de su mandíbula hasta que sus pulgares delinearon la curva de su labio inferior. Un beso en la distancia captura en un suspiro arrancado de sus pulmones— Yo también te he echado de menos—Confesó en baja voz, un secreto entre amantes—Suéltame y vamos a la cama—Pidió a continuación haciendo un leve ademán de bajarse de sus piernas, esperando no encontrar la oposición por su parte a ponerse en pie.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Jue 14 Abr - 22:51

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Central de la CIA — mañana
Podía hacer aquello, consentir que su lengua no se enredase en oraciones dolientes sino en la periferia de su ombligo, sintiendo la piel sensible bajo la humedad sometida. Más de lo que podría sobrellevar un alegato más de Amy, cada cual menos persuasivo, incluso sonaban exánimes en sus labios. Era familiar, era dominio conocido, las manos sobre su vientre y la mirada desorientada un poco más abajo, donde se perdían las palabras y solía encontrarse a sí mismo; mejor aquello, que un ajeno e insólito campo de minas, improbables de sortear.

Siendo minuciosos… veintitrés. —Las comisuras de sus labios sabían a vino suave y a maquillaje difuminado. Y a irracional añoranza, como si la hubiera perdido—. Si contamos con hoy, puesto que es de madrugada. Y con… —Y con la mañana en la que no volvió a contemplarla entre sábanas a su lado y temió a la demencia, si hubiera aguardado otro segundo más sin saber de ella.

No la había perdido. No deseaba siquiera recelar de esa posibilidad.

Los dedos, insolentes, peregrinaron bajo el filo de sus pantalones admirando la sedosidad de la piel cuanto más se acercaba al eje entre sus piernas. Aferrándose con ímpetu al cuerpo de su mujer en una característica manera de declarar que lo sentía. Sentía haberle hecho daño y sentía no ser capaz de olvidar las semanas no tan lejanas. Tal vez, si dejaba que la desnudase, si le dejaba ser absorbido por su figura y el delirio y sus besos, todo seguiría el mismo rumbo. Tal vez, ellos no se quebrarían, ni un ápice.

Un engaño más, pero qué importaba si el entarimado, la edificación desde los cimientos a la cubierta y toda la extensión de la placa tectónica, se dispersaba bajo ellos.

El gruñido de disconformidad de un animal carnívoro al que le había sido vedado devorar a sus presas, hizo eco en el busto de Amy, por encima de las costillas y cuya carne se hallaba ya padeciendo la leve tortura de sus dientes. Cedió a su demanda reacio, inhaló la fragancia de espuma de baño que la piel desprendía y reunió aplomo suficiente para alzar el mentón y mirarla a los ojos. No estaba entre sus pretensiones detenerse, no quería reemprender el escabroso sendero al que de nuevo les guiaría esa hiriente conversación. Solo dios sabía por qué ella quería hacerlo.

Su confesión, casi a hurtadillas, debiera haber resultado balsámica mas lo único que dejaba era una cavidad en su pecho, polvareda de cenizas donde antes había crepitado el deseo de ella. Por qué. Sencillamente por qué. Si le había extrañado con semejante magnitud a la propia, por qué se había aventurado a quizá perderlo, por qué había regresado sin él.

Vete a la cama. —Una invitación, más que un mandato. Delicada y un poco rasgada en la última de las vocales. Las manos sobre la cintura, distanciándola lo indispensable para poder inspirar sin aquella opresión en los pulmones. La acarició con los labios, no más de lo que perdura un mísero latido, tan fugaz que creyó haberlo imaginado—. No puedo ir contigo. Esta noche no.

Y todo ese aplomo y compostura, se desmoronaron con la gravedad del silencio.

Mañana puede que sea otro día. —Se estremeció, vacío y derrotado y le dio la espalda recostado sobre el sofá.   
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Vie 15 Abr - 20:34

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Piso del matrimonio — noche
Zarcillos eléctricos corrían bajo su piel allá donde sus dedos la tocaban, donde el calor y la humedad iban reconquistando lo que no dejó de ser suyo. Ni por un instante. Habría sido tan sencillo balancearse sobre su regazo, perder su cinturón y el de su esposo, la ropa y la respiración en aquel sofá. No sería la primera vez, desde luego, pero quizás habría sido la última. El velo del deseo se rasgaba, se traslucía para permitir a Amy ver el dolor y la amargura que los dedos ansiosos querían silenciar. Lo conocía, se conocía. Sabía cuando estaba herido, sabía cómo herirle. El frío cañón de un arma contra su pecho, jugando a una ruleta rusa pues no sabía cuando la bala le pondría el punto y final. Cada beso robado, cada frase sustraída apretaba el gatillo. Heridas, tensión. Amelia quería sanar sus dudas, quería protegerlo entre sus brazos casi tanto como quería perderse en su pecho y olvidarse del mundo.

El miedo, traicionero y frío, recorriendo su espalda. Espirales de ansiedad carcomiendo su alma. No quería al Norman hecho trizas y ahogado en alcohol que tenía bajo su cuerpo. No podía echarle un polvo a un cuerpo hueco, ella quería hacerle el amor al hombre con el que se había casado. Eso, al parecer, no iba a poder ser aquella noche y la confirmación de aquel vacío disparó la bala. Fría, rápida y letal. La sangre derramándose por su pecho desnudo, los labios secos tras el beso que sabía a arsénico. Almendras en el paladar y la muerte en la garganta. Moría entre sus brazos igual que había vivido, serena e inexpresiva. La tristeza que se agolpaba tras sus ojos claros como el cielo y temblaba en su garganta por el esfuerzo de mantener la fortaleza, como una presa, reteniendo sus emociones. O casi todas.

Iracundas manos que se aferraron a sus mejillas, los dedos clavándose en su piel y los labios quemándose contra su frente. Segundos que corrieron, rápidos y sin permiso, mientras la agente Morgan trataba de retener aquel momento gravado en sus pupilas ocultas tras sus párpados. No fue el beso agresivo y hambriento en los labios que su estómago pediría, fue el de la amante destrozada que necesita sentirse querida, más que eso, necesitaba transmitir que cada latido es un nombre. Su nombre.

No dijo nada cuando se levantó, temerosa de perder el sabor de su piel. Una última mirada y se perdió hacia su habitación. Puños cerrados por la rabia y lágrimas acariciando sus mejillas en lugar de los dedos de Norman. Fuera de su vista la presa se rompió y la angustia la devoró. Acorralada contra la puerta firmemente cerrada de su habitación, tirada en el suelo la presión de tres semanas pudo con ella. La fría agente Morgan se rompió en cientos de pedazos que no fue capaz de recoger por mucho que sus manos se contrajesen contra su pecho. Lágrimas y sollozos que le arrancaron la respiración, pulmones y corazón sangrando a base de saladas lágrimas. Amargas lágrimas. La esperanza de que, de verdad, la mañana siguiente fuese mejor era incapaz de tocarla. El desconsuelo la torturó hasta que rendido su cuerpo quebrado cedió a la presión y dejó de estar despierta.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Sáb 16 Abr - 0:00


3. You made a slow disaster out of me
en casa | noche | con Amy



La sangre explotó como semillas de granada bajo los caninos agudos en el corazón de su boca. El reverso interior de las mejillas lesionado y el sabor del óxido en la médula de la lengua. Confiaba en que ella no fuera la observadora que había conocido, que el tiempo y la vida —y su divorcio— la hubieran cambiado. Confiaba en que no reparase en las endebles fisuras de la piel agostada de sus labios, ni en los nudillos desgarrados tras limarlos sobre la superficie de gotelé, como si su puño cerrado fuera una brocha y la pared del dormitorio un espacio desconchado que tuviese que tapizar. Una y otra vez, hasta que se cercioró de que las palpitaciones en su torso, aunque vertiginosas, no lograrían hacer detonar su cuerpo. Dinamita de kamikaze exaltado.

Porque Amelia Morgan era demasiado, demasiado para él. No había dejado de serlo nunca y se cuestionó por qué llegó a creer lo opuesto, tan solo un instante.  

No había limpiado su aroma de la piel rociada, esencia femenil y apacible, el Edén de cualquier Adán y Eva en ráfagas imprevistas, embriagadoras en neblina de crepúsculo lluvioso, adherida al arco de su cuello, viajando por el itinerario de la carretera 61 en el descenso de sus hombros y los músculos de la espalda. Acordes de blues en el pentagrama esbozado con las uñas delicadas, que escocía solo un adarme menos que la llaga mal cicatrizada de su pecho.

No había regresado al cuarto de baño, propiedad acotada por la cinta de balizamiento que no traspasaría ni tan siquiera credencial en mano. Vestido de modo apropiado —esperaba— para la cena, había abandonado el piso superior de la vivienda igual que un tránsfuga, después de haber ametrallado a su compañero —compañera—. En busca de asilo en la embajada de la nación fronteriza.

Cobarde, cobarde, cobarde.

El vinilo de Bryan Adams virando en el tocadiscos, las palmas sudadas en un turbado roce contra los siniestros cojines del sofá que el jamás hubiera escogido, cuando vislumbró su figura en el último de los peldaños.

Ni la mejor canción de rock pudiera haberlo abstraído de igual manera. Amy era la voz rasgada del solo más agudo y el hipnótico punteo de un bajo recién estrenado, todo al mismo tiempo. Tensaba las cuerdas de Norman al ritmo de su propia tonalidad y la íntima fricción originada, resultaba imposible de reproducir de nuevo, sin ella. No sabía si volvería a ser el mismo, tras esas cuerdas rotas.

En otro año, uno en el que Clinton no hubiera dado comienzo a su segundo mandato, en otro estado, uno que no entendiera de llanuras; hubiese dejado escapar algo de sus labios. Una expresión ocurrente, un silbido distraído, una sonrisa. En aquel año, en aquel estado y en aquella residencia, tan solo se aproximó a ella eludiendo su mirada y alcanzó sus dedos, atrapándolos entre los propios.

Debían ser un matrimonio tras ese umbral.



Última edición por Nyadeh el Sáb 16 Abr - 18:50, editado 3 veces



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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Sáb 16 Abr - 1:06


3. You made a slow disaster out of me
en casa | noche | con Norman



El polvo de la vasija hueca. Así se sintió cuando Norman la bajó a la tierra de golpe. Sus pies resbalando de nuevo en aquella ducha vacía y la estela de su ex marido aún vibrando entre sus piernas. Se había frotado la piel hasta dejarla en carne viva, asqueada. Relegada al polvo fácil contra las frías losas de la ducha. Herida, el agua había arrancado la sangre invisible de las heridas que se habían abierto como si de alcohol se tratase. Dolía, escocía como si le arrancasen la piel a tiras de sus músculos. Ni sabía porqué había sucumbido al delirio de sus dedos, porqué se había dejado conquistar de esa forma tan precaria y animal. Hasta lo había invitado y ahora se arrepentía. Se arrepentía de ser tan débil, de haber caído en la trampa del cazador, de haber permitido que Norman le hiciese daño de esa forma.

Por suerte o por desgracia Amy tenía una misión que cumplir y no se rendiría, las emociones contenidas tras aquella presa de alta presión que había mejorado con los años. Crionizada hasta encontrar un momento mejor en el que dejar fluir sus emociones. Arreglarse para aquella cena fue mucho más importante, evitar a Norman también. Mal gastó su tiempo en el baño, ocupa de un refugio improvisado que convirtió en su hogar durante el tiempo que transcurrió el secado de su pelo y el maquillaje. Leve pero presente, el cabello lacio y brillante. Intenso color del fuego. Encerrada más allá del tiempo, aguardando mientras se secaba el esmalte de sus uñas a que Norman abandonase la habitación que debían compartir. La única habitable en la casa teniendo en cuenta todo lo que habían montado en la otra.

Sus pasos traicioneros la dejaron salir envuelta en una suave toalla. Lencería, medias y el enguantado vestido negro recién sacado del armario ceñido a sus curvas. Negro asfalto en una carretera de montaña sin quita miedos. Elegante y sensual, a la altura de la cena que debían compartir con personas de una posición social elevada. Acomodada por sus negocios. La alta burguesía actual llena de cuentos y sonrisas falsas. Amy habría preferido cualquier cosa menos aquella tortura, menos tener que descender los peldaños de las escaleras con los tacones en la mano y volver a encontrarse a aquel hombre cuya visión la torturaba en el salón.

Atractivo, como siempre había sido a pesar de la pesadez que Amy adivinó sobre sus hombros. Tomó una bocanada de aire, dos, preparando el papel que tendría que representar el resto de la noche y se subió a sus altos tacones. No lo suficiente para alcanzar la altura de Norman, nunca era suficiente nada de lo que hacía para alcanzarlo por eso lo había perdido. El contacto de sus dedos anudó sus cuerdas bocales, su mirada cayó rápidamente en la unión de sus manos y el enrojecimiento de la sangre maquillando sus nudillos. Tiró de su mano, alzándola a la altura de sus ojos y chasqueó la lengua, siempre esquivando aquellos orbes grises—Te has raspado la mano moviendo muebles, cosas que pasan en las mudanzas—Ella decidió la mentira por los dos.

La tentación de rozar sus labios contra sus heridas, de fingir que así las cerraría latente en la pulsación de la carne pintada de suave carmín—Vámonos—Anunció tomando su pequeño bolso de la barra americana así como un chal con el que cubrir sus hombros, soltó la mano por el temor a consumirse en contacto y salió por la puerta aguardando en el porche a su flamante esposo con una gran sonrisa. Se volvía a abrir el telón.







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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Sáb 16 Abr - 19:38


3. You made a slow disaster out of me
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Un cliché de la gran pantalla afamado de la década que se les escapaba entre los dedos, de falaz porvenir que había aparentado soñador y no había perdurado más que un miserable lustro hasta el ocaso de su defunción, de palomitas de mantequilla y bebidas isotónicas. «Estás preciosa». Como la última noche del final de un curso, con toda la vida por delante. Ponche en un bol de cristal, estrellas en el firmamento y despedidas en los labios. Un patético ritual que solo tenía importancia cuando no alcanzabas los veinte años. Frecuente y reiterado en cada filme de sesión juvenil.

Aunque ridículo, no era menos cierto. Que la débil luz de la bombilla arrojaba bengalas encendidas de las raíces de su cabello, que haría parecer artificial una hoguera. Que la distancia entre las aristas de su vestido y las curvas que forjaban su figura exhibía un lienzo inmaculado que deseaba tiznar, los dedos de grafito sobre la piel albar. Que los huesos de cúspides prominentes originaban oquedades en la carne cuya única voluntad era ser descubiertas, acariciadas.

Se lamió los labios, cautiva la lengua del anhelo de paladear las perlas de su cuello y discernir si aún eran agua o sudor o perfume. No trató de esconder el gemido que le burbujeó en la garganta ante el soplo de su espiración candente, no hallaba razón para ello, acababa de prodigar su propio hálito entre esos muslos de cerámica pulimentada. Simular que no la deseaba sería una sandez más, y estaba cansado de ellas. Dependiente como era del opio de su esencia.

O podría haberme visto envuelto en una pelea por proteger tu honor.

Si tal circunstancia se diera, Amy no requeriría que la protegiese como era propenso a hacer, de todos modos. Necesitaba reírse de su situación, sin embargo, reírse sin clemencia porque si no lo hacía, iba a terminar por sacrificarlos a ambos y eso dolería más.

La siguió, procurando no observar cómo el raso oprimía sus caderas de la manera que él ansiaba hacerlo con sus manos. La sonrisa más fraudulenta que alguna vez hubiera ostentado y el ademán altruista de su brazo sobre los hombros, reclinándola junto a su cuerpo. —No trabajas, no lo necesitas. Te ocupas de la casa, sales con tus amigas. A veces te desbocas, un poco, o no resultará verosímil. —La puntualización no era necesaria, mas la elección de sus palabras le chispeó en los labios, aquella vez de verdad. Solo un poco. Como si no conociera su naturaleza, de guerrillera en una trinchera—. Yo lo hago por los dos. Normalmente desde casa, aunque debo viajar de cuando en cuando. ¿Puedo tener una aventura con cualquier mujer del trabajo? Creo que eso me haría parecer más natural.

El aliento se le convertía en cúmulos de vapor en la frialdad de la noche al evadirse de su boca. El calzado de Amy en menudos pero resueltos pasos, escoltaba a su mitin satírico en el quebrar del silencio a la intemperie. —¿Tienes frío? —La contempló, un instante, las yemas extraviadas en un derrotero incoherente por la piel contraída de su espalda.




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Mensaje por Hellcat el Dom 17 Abr - 18:36


3. You made a slow disaster out of me
en casa | noche | con Norman



Sus palabras se le antojaron irónicas y, casi ciertas. Él que había arrancado a mordiscos su honor y había dejado que los pedazos se fuesen por el desagüe de la mancillada ducha. Él que había sucumbido al placer animal y la había dejado, cual inútil herramienta, bajo el agua caliente. Él que había machacado sus huesos y piel contra alguna pared. Sí, has defendido mi honor pero ni siquiera te has dado cuenta pensó la pelirroja pasando la suave tela por encima de sus hombros, cubriendo sus brazos del frío de la noche. Debería haber cogido una chaqueta, un abrigo con el que crecer cinco tallas y no tener que dar la cara. Un muñeco de nieve a escala natural –o escala llavero según el humor de quien la mirase-. Aunque podría encontrar mil excusas, mil razonamientos más o menos válidos de porqué no llevaba dicha prenda, la respuesta era tan simple como la vida misma: No los había encontrado.

El calor de su cuerpo la embargó de tal forma que le fue imposible resistirse a inclinarse contra él, protegerse del frío contra su piel apreciando el gesto como su esposa real haría. Incluso las comisuras de sus labios vibraron con honestidad diluida. Asintió despacio, no era una vida muy elaborada o especialmente interesante. La típica vida que se esperaba de la pareja que fingían ser. Allan y Teresa Hyde no tenían nada que especial excepto un bonito chalet en una urbanización de lo más elitista.—Desbocarse un poco para estas mujeres es tomarse más de un Martini—Se mofó. La primera burla que no iba dirigida a Norman, más bien al concepto de alta burguesía de lo más insulsa que ahora la rodeaba—Recuerda que soy un desastre en la cocina, no intentes vender ese cuento de mujer perfecta porque no colará—Añadió apartando la vista, coqueta y vergonzosa. O algo semejante. Sus dotes de cocina alcanzaban solo a la velocidad y práctica que tenía con los cuchillos. Fin. Algo más allá de eso podía convertirse en un potencial veneno chamuscado.

El dulce humor de la nostalgia se esfumó, o casi. Rodó los ojos y bufó. Quiso creer que su propuesta no era ningún tipo de indirecta por aquellos rumores, quiso creer que no era el intento desesperado de Norman por cobrarse algún tipo de venganza humillándola al menos en la ficción—Te recuerdo que estamos recién casados y que dudo mucho que Allan quiera hablar de su aventura con todo el vecindario, o sí… jugaré entonces la carta de víctima—Respondió queriendo aparentar profesionalidad, escondiendo sus propias indirectas entre sus palabras de profesional contenido. Los papeles invertidos en aquella realidad ficticia. Amelia se podría convertir en la engañada que, en realidad, jamás había engañado.

Trémulo escalofrío recorriendo su espalda como respuesta silenciosa, reacción a su pregunta que no pudo más que contestar con una afirmación casi muda——Su hombro encajó contra su costado aún mejor, buscando más en un intento de frenar los temblores que querían despertar sus dientes y amoratar sus labios bajo la pintura—Pero no importa—Ahí estaba la fortaleza orgullosa de Amelia Morgan. Ahí estaba la fiera incapaz de dejarse ver de vulnerable aunque fuese de lo más evidente—Estamos al lado, y podrás lucirte como un caballero cuando salgamos tras la cena cediéndome tu chaqueta—Si es que seguía sintiendo los dedos para cuando llegasen a aquella casa. Comenzaban a dolerle aferrados a su bolso.

No estaban tan lejos era cierto. Y duraron realmente poco caminando hacia su destino. Una puerta de noble madera blanca aguardándolos, el timbre que Amy tuvo que controlarse para no pulsarlo con la urgencia de guarecerse de la nocturnidad alevosa compañera que trataba de devorar su piel.







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Mensaje por Nyadeh el Dom 17 Abr - 21:41


3. You made a slow disaster out of me
en casa | noche | con Amy



El cosmos era un elemental rompecabezas y ellos fragmentos de corte similar, patrones en cada una de las astillas deterioradas que concordaban con la simplicidad del engranaje de un reloj suizo. Las líneas de los hombros contraídos y los brazos menudos en contacto con su abdomen, por encima de las cubiertas de tejido que eran nada al roce de su piel, inclusive entumecida. La cabeza en su búsqueda particular de un espacio esponjoso sobre su torso donde poder reposar. —Sí importa. —El son de su resuello era el ronroneo de un felino que se transformaba en feroz por la mujer que paseaba junto a él—. No voy a dejar que te congeles. —Apresó los dedos trémulos con una de sus manos, desmedidas a su lado. Tentativa de brindarle un poco de calor anatómico en la fricción de los nervios conocidos—. A lo mejor, si estuviéramos en Alaska. —Pero Amy, como resultaba ser habitual, tenía razón. La americana sobre su espalda desabrigada en una gélida noche, qué hombre de temperamento protector no cedería.

Allan y Teresa. El matrimonio Hyde, no tenía mucho en común con ellos. La ausencia de progenie y ni tan siquiera un embarazo en el horizonte, sí. Una de las admisibles cuestiones a las que deberían responder en aquella cena, aunque hubiera sido sencillo, justificar que nadie que se juega la vida cada día, debería dejar esa carga en manos de unos críos.

Allan y Teresa se querían y era natural, simular que ellos también, tan natural como la oscilación del sistema solar.

Nadie tiene por qué saber que un día llegué a marcar el teléfono de los bomberos. Será nuestro secreto. Parecía manifestar su sonrisa y lo era, uno de los tantos que habían abatido su relación, acerbos, intrincados. Y no pensaba en ellos, sino en los demás, en los del cofre de los recuerdos exiliados porque dolían más, lo plácido siempre dolía más.

«¿Qué estamos haciendo?».

No importaba, pues no se encontraba capacitado para detenerse. Para liberar del presidio sus dedos entrecruzados o dominar el impulso de descansar su mentón sobre el nacimiento de su cabello, más y más cerca de ella porque ni la proximidad era suficiente.

Esta urbanización de apariencia inmejorable… es todo una función de teatro. Nadie es tan feliz. —Ellos no lo eran, aunque ahora pareciera no rememorarlo—. Dos de cada tres vecinos se están acostando con la secretaria. O una alumna. O una de sus pacientes. Y ellas no dicen nada, tampoco creo que verdaderamente les importe. —Se unió a formar un juicio retorcido sobre esa sociedad clausurada, embebida en sí misma, incapaz de atisbar dos palmos más allá de sus propias fronteras ya que Amy había señalado el disparo de salida.

A mí sí me importó.

Quiso decírselo, se alejó de ella para hacerlo, el decoro de al menos devolverle la mirada. El manifiesto ya se había engendrado en sus labios, cuando escuchó zancadas al otro lado de la puerta de entrada, el lado templado.

¡Vaya, sois puntuales! Mi mujer y yo no os esperábamos tan pronto.

Su nuevo vecino le saludó, un acostumbrado manotazo en los hombros y él se apresuró en tantear la mano de Amy a su espalda. —No tiene importancia. Íbamos a traer una botella de vino pero con el desorden de la mudanza aún tenemos cajas sin desembalar.

Mi esposa, Teresa. Harvey es el gerente de la inmobiliaria por aquí, con quien hablamos por teléfono para preparar el contrato, ¿te acuerdas?  




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Mensaje por Hellcat el Vie 29 Abr - 1:19


3. You made a slow disaster out of me
en casa | noche | con Norman



La caballerosidad cayendo sobre sus hombros junto al frío gélido de Noviembre. El corazón honesto y atento de Norman tras la fachada de fiero agente, de tenaz y duro agente de la CIA. A menudo los espías no debían tener corazón, eran números y papeles en archivos censurados peor él era diferente. Siempre había sido diferente, como un cordero paseándose en mitad del matadero sin saber que hasta una brisa podría hacerlo pedazos. Agente capaz, hombre sentimental. Desnudo ante uñas letales y armas de fuego, Amy jamás quiso hacerle daño pero siempre supo que era su talón de Aquiles, que era su corazón por mucho que pecase del cursi tópico. Norman había volcado ternura en aquella relación por los dos y, con el tiempo, Amy había sido capaz de relajar sus hombros y compartir los juegos de la infancia robada, la inocencia del amor adolescente casi rozando la treintena al principio.

Como necesidad de protegerse a sí misma Amelia se recordó que solo se dejaba abrazar para sobrevivir al frío, que era necesario igual que todo lo que había hecho en su vida por el bien de la misión. Sería necesario reír las bromas de su marido aquella noche y fingir que el mundo no se caía a pedazos cada vez que encontraba la decepción en el fondo de los hombros del hombre que caminaba a su lado. Esquirlas de afilado pasado que resquebrajaban su semblante cada vez que lo miraba, por eso evitaba el contacto de sus ojos hasta que volvía a necesitarlo casi más que el aire que respiraba. Masoquista, eso era. El dolor le demostraba que era real, y que estaban ahí. A extremos del mundo, a gritos contra la tormenta sin poder oírse pero estaban.

Apegada a su cuerpo, contagiándose del calor contrario el pasado la golpeó con la fuerza de una leve carcajada. Se le olvidó dónde estaban, qué había pasado entre ellas. Sonó tan sincera, lo miró de esa forma de antaño tan dulce e indignada a la vez—Lo tenía todo controlado, no deberías haber llamado a los bomberos para empezar—Lo amonestó ofendida de la forma más infantil que guardaba para él. Ese juego que solo esperaba un toque, un beso y una caricia para que el mundo siguiese girando. Aquellos días habían muerto y, para cuando se dio cuenta, se encontró luchando contra el impulso de alzarse sobre la punta de sus pies, tirar de su camisa y probar sus labios de nuevo.

Desolada ante lo que ella misma se negó, entendiendo que las clausulas de su nuevo contrato de divorcio estarían en contra de una reacción tan falta de juicio. Ya había tenido suficiente con perderse entre sus brazos en aquella ducha, había sido un recordatorio de lo más preciso de cuanto lo echaba de menos y como de abiertas seguían sus heridas. Con cada beso, con cada mordisco y gemido se habían abierto un poco más. Goteando sobre el porche delantero de aquella casa de corte simétrico a la propia. Asintió despacio, impasible. Las palabras anudadas en la boca de su estómago y la risa extinta en sus labios. Junto a Norman todo era como estar subida en una montaña rusa, terminaría vomitando tras la farsa de aquella noche. Lo sabía.

A mi me importaría Norman—Y la puerta se abrió de par en par. La luz artificial bañando a la pareja para darles la bienvenida a aquel acogedor hogar. Sus palabras imposibles de responder, su nombre real había rodado por sus labios negándose a dejarse llevar por el falso matrimonio. Quizás a Teresa jamás le molestaría, a Amelia le habría arrancado el corazón del pecho una traición de ese calibre por parte de Norman.

Se obligó a sonreír, y lo consiguió, era una excelente agente al fin y al cabo—¡Por supuesto!—Mintió—Es un placer ponerle cara a la voz del teléfono—Cordial, agradable. Casi tanto como la esposa del susodicho que apareció por el pasillo de la entrada unos segundos después—Harvey, vamos, vamos haz pasar a nuestros invitados o se helarán en la puerta—Le apremió y las presentaciones se repitieron. Un beso en la mejilla, sonrisas cálidas, el armario para dejar los –el- abrigo y, por supuesto, una invitación directa a tomar asiento en la mesa. Amy tuvo que ocultar el gruñido en el fondo de su garganta cuando la señora Gibbs le pidió ayuda para terminar de poner la mesa, lo típico, y rodó los ojos mirando a Norman antes de desaparecer en la cocina porque con él no necesitaba fingir. Seguro que se lo pasaría en grande.







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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Sáb 21 Mayo - 16:31


3. You made a slow disaster out of me
en casa | noche | con Amy



Creyó haber hallado un espejo, donde antaño no había existido más que el vacío. El pesar figurado quebró el sello de los labios de Amy, serpenteando en forma reptiliana a través de la tráquea contraída, lesionando la piel en el interior de la boca, a juzgar por su afonía. Como si pudiera comprender un ápice de su calvario, daño semejante en esa mirada líquida. Espejo que se cuarteó, bajo la serena conciencia de Norman. Ella no hubiera tenido que alarmarse por aquello, por otra mujer; pudiera haber encontrado desahogo en labios femeninos, en lugar de sí mismo, pero había respetado su matrimonio inclusive cuando solo un escrito firmado quedaba de él. El cristal se derrumbó en un centenar de fragmentos afilados, incisivos en la carne, porque él siempre demandó conocer, masoquista de su creatividad desmesurada, conocer el cómo, el cuando y el por qué. Por qué había necesitado abandonarse a otro, por qué había consentido hacerlo sin confesarle antes que se había acabado. Amy nunca había otorgado una respuesta y eso, había resultado una laceración aún mayor.

Deseó poder lograr una sentencia, un cese para aquel sumario que era secreto del acusado. Allí, en la destemplanza nocturna y el relente de la luna, aunque tuviera que extirpársela del torso desvestido. Pero la oportunidad se evaporó, tal como la propia Amy entre sus dedos, en aquella farsa desalentadora.

Tuvo tiempo de captar algunos detalles en las presentaciones. Instantáneas en marcos ostentosos de críos que descansarían en la planta superior, pulcritud en cada superficie amueblada por aparentar de puertas afuera, la calidez de la tonalidad de cada tapizado de hogar acogedor. Nada peculiar en el modelo de familia tradicional.

Su acostumbrado «no, gracias, no bebo», convertido en el consentimiento de una o dos cervezas ofrecidas por su anfitrión, mientras ambas mujeres, sin asombro por su parte se ocuparan de la velada. No fue capaz de brindarle a Amy la sonrisa que, con seguridad, esperaba obtener. La obstrucción en la garganta, la aridez en la lengua se lo impidió.

Entonces, Allan. ¿Dónde me dijiste que trabajabas?

Soy asesor financiero. Puedo trabajar desde casa y a Teresa le gusta que esté con ella. —Nunca un engaño había brotado con tal facilidad—. Solo me ausento cuando es necesario. No es un mal trabajo.

Accedió a que el tiempo corriera, entre sorbos de alcohol y el tintineo de la vajilla al ser dispuesta sobre la mesa, antes de revelar interés, por cortesía, por el empleo del hombre. —Una inmobiliaria en una urbanización notoria como esta, debe quitarte mucho tiempo. ¿Cuántos inquilinos nuevos, tenéis cada mes? Imagino que no seremos los únicos tratando de adaptarnos a una nueva residencia. Nos vendría bien conocer a más gente por aquí.

Reparó en la conducta hogareña del matrimonio frente a ellos y se percató de que Amy estaba sentada junto a él y ni siquiera la había mirado. Desvió sus dedos en una ligera caricia por su brazo desnudo, incondicional como era de tenues roces por encima de manifestaciones melosas, antes de colocar una mano sobre la de ella. Quizá por anhelo de garantizar que todo saldría bien, aunque no fuera una promesa que pudiese hacer.

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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Miér 25 Mayo - 0:12


3. You made a slow disaster out of me
en casa | noche | con Norman



Ver sus manos en contraposición con la cuidada vajilla solo le aseguró lo que ya sabía: Ella no estaba hecha para esa vida. A pesar de la fuerza y de la eficiencia a la hora de portar platos sin que le temblasen los dedos, a pesar de que las copas ni siquiera se rozaron a pesar de que sus manos eran menudas y el espacio ínfimo, a pesar de que sus pies eran ligeros y silenciosos. Eso no era lo que le agradaba, servir la mesa mientras los hombres tomaban una copa, hablar de la posibilidad de tener un hijo o dos, sobre las rosas del jardín y la veracidad de las perlas que colgaban del cuello de su anfitriona. Por suerte fue capaz de esquivar los temas que tenían que ver con la cocina, hasta algo tan simple como saber poner el horno terminaría pisoteando toda su eficiente coartada.

Le dolía la curva de los hoyuelos de mantener la sonrisa en sus labios, le cansaba la vitalidad de la señora Gibbs en las retinas. Habría chasqueado la lengua infinidad de veces si no fuese una de las mejores agentes. Una y otra vez se recordó que era a Teresa y que, como tal, le agradaba charlar sobre el color de las cortinas del salón y elogiar a su marido por encima de sus posibilidades, y no del estilo sexual que habría casado más con sus comentarios y su estilo algo más desenfadado en reuniones sociales, sino del estilo: Oh sí, Allan es un genio en el trabajo y por suerte puede mantener mis caprichos.

A pesar del agujero que estaba haciendo en su estómago la incesante conversación de la señora Gibbs habría sido mejor que enfrentarse a sentarse junto a Norman, casi como en los viejos tiempos, y fingir ser un matrimonio feliz cenando con otro matrimonio feliz. Amy coqueteó con su copa, trató de mantener la conversación entre mujeres y darse a sí misma una excusa para no prestarle atención a su esposo. Sin embargo, ambos sabían que debían –y sabían- hacerlo mucho mejor que eso. Despertó de su letargo al sentir los dedos cálidos corriendo por su piel fría y no lo dudó al separar los dígitos para cazar los de su esposo y acariciar el contorno de su pulgar con el propio de manera casual.

Destensó sus hombros y ladeó la cabeza hacia su marido, el que había sido su marido, dedicándole una sonrisa cariñosa y leve. El contacto rápido de una pareja capaz de entenderse con una mirada, cuanto dolía descubrir que no necesitaba fingir eso. Dolía recordar que dedicarle un guiño era suficiente, dolía la claridad de sus ojos azules que, antes de la rápida caída de sus pestañas, gritaron te quiero con toda honestidad. Sus manos unidas, las risas livianas de una cena entre amigos, conocidos y la sangre de viejas heridas goteando sobre los platos. Por supuesto Amy era una profesional y no permitiría que nada la derrotase, ni siquiera su corazón.

Por suerte o desgracia aquella noche no iba a terminar pronto, siguiendo las palabras de Norman y como resultado de lo que parecía una gran velada fueron invitados a un local cercano, en la misma urbanización, donde los vecinos solían tomar algo. Algo que ninguno de los dos pudo rechazar, por mucho que Amy se esforzó en echarse de forma cansada contra el pecho de Norman mientras jugueteaba con su trozo de tarta de queso en el plato y garabateaba dibujos sin sentido sobre el pantalón de Norman con la otra mano, bajo la mesa.







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