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Daddy's girl.

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Daddy's girl.

Mensaje por Volko el Vie 4 Mar - 15:01


DADDY'S GIRL
1x1 — realista — drama — romance

«¿Señor Leifsson, puede salir Abby a jugar?»

Esta es la historia de un padre ejemplar. También es la historia de una hija modélica. Es la historia de dos almas infelices separadas por tres cuadras, una ley de protección del menor y veinte años de diferencia entre sus primeros llantos en el mismo mundo.

Un hombre pasando como bien puede la crisis de los cuarenta, dedicando todo el tiempo que tiene a ser un fuera de serie social. Una chica que no halla su lugar en una familia moderna que no le dedica el tiempo que merece. Una amistad entre dos adolescentes. Una amistad entre dos cabezas de familia. Los encantos de mujer floreciendo en una chica joven ante los ojos de alguien que se cree muy distinto a Humbert Humbert.

«Claro. Espera aquí, iré a avisarla.»

MR. LEIFSSON  
ESCRITOR Y ACTIVISTA
nikolaj c-w. — volko
ANGELA
ESTUDIANTE
jemima kirke — quimera
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Última edición por Volko el Sáb 5 Mar - 19:14, editado 1 vez


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Re: Daddy's girl.

Mensaje por Songbird el Sáb 5 Mar - 19:05

Candy girl
Angie — casa de los Leifsson — fisgoneando.
Un disperso asentimiento dándole la espalda y el cuerpo viró sobre sus pies con la gracilidad propia de una bailarina —de algo había servido el empeño materno por aquellas clases de ballet más allá de tener una excusa para ponerle un tutú perpetuado en el álbum de fotos— junto al acompañamiento del entrechocar de los collares de su madre de los cuales se hubiera apropiado a hurtadillas, cayendo larga en el sofá verde pastel.

Procura no tardar tanto como para que me dé tiempo a planear mi suicidio. —Ronca y melodramática, recibió como respuesta unos ojos en blanco que minaban las esperanzas por las que su amiga se apiadara de ella. Le correspondió con una sonrisa y parpadeo exagerado.

Los pasos descalzos de Abby se perdieron por el pasillo y, con ella, también se fue el ritmo de las manecillas del reloj. La espera no era su mayor afición. Los dedos se entrelazaban con los cuarzos turquesas del collar, perdida la mirada en la profundidad del techo con un meneo por inercia de los pies colgando, bañados por la calidez del sol vespertino de fines del verano.

El mundo se puso del revés al paso de su mirada cuando echó la cabeza hacia atrás apoyada en el reposabrazos y, de lleno, se reencontró con el tocadiscos siempre preso de un sueño imbuido; reducido a un segundo plano junto a los altavoces del ovaladamente estilizado reproductor de música, invisible a sus ojos. Aquél era el momento idóneo para desvelar el misterio que albergaba. ¿Acaso esa antigualla funcionaría? No le hizo falta mucha meditación para incorporarse y toquetear las fundas que reposaban alineadas detrás, destilando sus dedos fascinación al desnudar uno de aquellos vinilos de su protección. Titubeó desviando la vista hacia ambos francos de puertas, hasta donde sabía, las chicas estaban solas en la casa de los Leifsson.


La euforia reflejada en el florecimiento de una sonrisa en los labios la llevó distraída a dejarse hechizar por The Archies y bailotear con los gestos vaporosos de la túnica playera hacia la mesa de centro y birlar uno de esos caramelos de limón que siempre dejaba a disposición la señora de la casa saboreando el ácido regusto del triunfo.
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Re: Daddy's girl.

Mensaje por Volko el Sáb 5 Mar - 19:52

Candy girl
Mr. Leifsson— mi casa
— recién llegado.

Viajaba siempre ligero, pues con el ejemplo predicaba el señor Leifsson los principios de austeridad en el nuevo mundo. Apenas una mochila colgada al hombro, con los cuatro básicos, y una maleta que solía volver con algún que otro recuerdo de lo que algunos llamaban aventuras donde él creía entender su deber. Echó un vistazo distraído a la radio del taxi en el que se desplazaba desde el aeropuerto. Siempre que marchaba terminaba por echar en falta el "rigor periodístico americano".

¿Puede subir el volumen? —pidió al taxista mientras se llevaba las manos a la patilla de las gafas de leer redondas que se veía obligado a vestir para no agotarse la vista. Agradeció de forma autómata. Bastaron los veinte minutos y los cinco dólares de propina para ponerse al día tras aquellas tres semanas viviendo y combatiendo la situación en Gambia. Rechazó la ayuda para sacar el equipaje del asiento y se encaminó por la acera de aquel vecindario. No era el más concurrido, pues no era céntrico, pero se vivía bien si uno tenía coche.

Rebuscó bajo las macetas por la llave que su mujer se creía que él se llevaba en los viajes. Nunca lo hacía, realmente, temeroso de perderlas o algo peor. Giró la muñeca dos veces y empujó la puerta con la cadera para entrar la maleta. Lo que le había parecido oír desde la puerta se confirmó cuando avanzó por el pasillo hasta asomarse al salón, donde una jovencita de cara familiar bailaba al son de uno de sus discos.

No su favorito, pero no era una mala elección.

Dejó la mochila sobre el mueble más cercano, haciendo ruido a propósito para arrancarla de su ensimismamiento, pero no lo hizo a modo de regañina. El barbudo de camisa azul con los dos primeros botones entreabiertos y mangas remangadas hasta el codo la miraba con una sonrisa entre incrédula y cómplice. Él también había sido joven, años atrás.

No me digas que ha vuelto a ponerse de moda la música de mi época. —La broma vino acompañada de un indicativo que no apagara la música. El señor Leifsson siempre había sido amante de ese arte. Volteó para abrir su mochila y rebuscó en su interior, en una rutina ya memorizada—. Está Abbigail arriba, ¿cierto... Annie? No, ehm, ¿Andy? Perdona, soy un imposible con los nombres. —Hundió hasta el codo dentro la mochila, acabando por sacar un montón de papeles.

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Re: Daddy's girl.

Mensaje por Songbird el Dom 6 Mar - 0:36

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Angie — casa de los Leifsson — fisgoneando.
Los labios mudos seguían la letra en los movimientos absortos entre los que se tomaba la libertad de saciar su espíritu tentado por la confidencialidad con la diversa decoración de fotografías, figuras y títulos de libros que completaban las estanterías mientras mordisqueaba el caramelo ya deshecho. Incluso en el sobresalto por la intrusión, dio la vuelta deslizando los pies, quedando cruzados con cierta gracia y expresión de circunstancias.  

No mientras la selección natural no afecte al gusto musical —dijo relajándose, correspondiendo al torcer las comisuras.

A pesar de los años que llevaba compartidos con Abbigail, no conservaba recuerdo de haber coincidido a solas con su padre. Sobre quien no le había pasado por alto a lo largo del mes que se lo hubiera tragado la tierra. Angela había sonsacado lo necesario a su hija con latente fastidio. De manera más genérica conocía, por lo que había oído en boca de su informante, por ejemplo, que era hombre de política. Algo que aún la descolocaba cuando para el colectivo social eran rostros como el de Donald Trump lo que caracterizaban al gremio. Debía ser uno de esos casos aislados como el afro ochentero de Obama.

Perdonado, has estado cerca. Angie. —Asomó a su vera mirándole de soslayo la cabellera.

Estaba segura de que “en su época” la melena habría sido más larga, de lo contrario, prefería seguir viviendo del engaño. Apoyó el trasero en el reposabrazos del sofá dejando extendidas las piernas con la soltura que sólo se aprecia en quienes más confianza en sí mismos aparentan. Mérito extra teniendo en cuenta la escalofriante etapa vital de erupciones de acné y presión juvenil por la que debiera pasar. Más bien parecía que no fuera con ella.

En la ducha, calcula unas tres horas —exageró estirando el cuello, ladeando la cabeza, denotando el afán curioso que arrastraba consigo. Desconocía el significado del pudor, las continuas correcciones de su madre no habían podido con su naturaleza. —Pensaba raptárosla, hay una fiesta en la playa. Tranquilo, cero alcohol, confía en mí. —mintió sin intención de eclipsar la evidencia cuando le mostró los dedos entrelazados.

Lo que podía haberse esperado del silencio que prosiguió sería el que suele acompañar a estas situaciones.

¿Negocios o placer, señor Leifsson? —Dejo de perder la vista en el esmalte de las uñas de los pies para contemplarlo directamente. Sí, intentaba muy cinematográficamente hacerse la interesante con una sonrisa burlona que lo condimentaba.
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Re: Daddy's girl.

Mensaje por Volko el Dom 6 Mar - 14:03

Candy girl
Mr. Leifsson— mi casa
— recién llegado.

Angie, claro. —Chasqueó los dedos como si hubiera llegado él solo a la eureka. No pareció incomodarse ante la curiosidad escrita en la cara ajena. Estaba acostumbrado, solía ser el bicho raro allá donde iba en sus incontables viajes y a raíz de ello solía despertar curiosidad. Eso sí, agradeció que no hiciera como los pequeños indígenas africanos y tratara de tocarle la cara para ver si ese color pálido era tan diferente al tacto.

Concentrado en su tarea, pasó los papeles de una mano a otra para acabar amontonándolos en aquel mueble de color caoba. Los documentos de identidad y pasaporte coronaron aquella desordenada montaña. No, no era la persona más meticulosa del mundo. El que aquella casa estuviera inmaculada y perfecta era cosa de la señora Leifsson. Él sólo la llenaba de trastos.

Rió la broma de la ducha entre dientes, haciendo ir y venir las cremalleras de la mochila. Un vistazo de soslayo, esquivando los mechones de su propio flequillo largo, analizó a la muchacha para mirar con descaro sus dedos cruzados.

Está bien, pero nada de hacer mezclas. Ni drogas. —Iban a beber de todos modos, y nada de lo que dijera podría frenarlo. Volvió a su mochila, sin cargos de conciencia sobre lo que acababa de decir. Sabía que un padre corriente habría censurado tal plan, pero el señor Leifsson no era corriente. Su mujer, sí. Pero ella no se enteraría. Lo mejor era aceptarlo de antemano y apelar a la responsabilidad de aquellas hormonas.

Dejó una figurita de madera tallada con hierbajos enredados a modo de vestimenta. Tenía evidentes motivos africanos, y según le habían dicho al regalárselo, protegía de los malos espíritus. Había otra cosa, además. La figura estaba definitivamente bien dotada. En exceso, tal vez.

Algo había entendido sobre la vigorosidad masculina.

Deber. Deber lo llamaría yo —respondió a su pregunta, para pausar lo que hacía y mirarla con las cejas enarcadas—. Ya veo lo orgullosa que está Abby de su padre, que no cuenta ni a su mejor amiga de sus viajes. —Finalmente se olvidó de aquella vieja mochila y salió al pasillo para guardarla en uno de los armarios del recibidor sin abandonar la conversación con aquella muchacha. Alzó la voz para ser escuchado—. Supongo que está en esa edad de pasar de todo, beber cero alcohol en la playa y cotillear de chicos en fiestas de pijamas. —Era demasiado difícil no ridiculizar aquella adolescencia moderna, aunque realmente no distara mucho de la propia.

No puedo arriesgarme a que te deshidrates, si vas a estar aquí tres horas bailando. ¿Qué puedo traerte? —Preguntó con aquella sonrisa siempre presente, centrada en medio de aquella espesa barba de tres semanas. Se sentía con el repentino deber de hablar con ella, aunque no negaría que le picaba la curiosidad averiguar más sobre el tipo de gente con la que su hija se codeaba. Nunca pasaba de moda ser paternal.

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Re: Daddy's girl.

Mensaje por Songbird el Dom 6 Mar - 21:14

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Angie — casa de los Leifsson — fisgoneando.
Ni en sueños vería a George, su padre, reaccionar ante una declaración como aquella sin conllevar encerrarla en su cuarto bajo llave para asegurarse del acato. Era más fácil ignorar ese tipo de detalles, para él y para ella, un acuerdo tácito de conformidad. Dado la escasez de vocablos a permitirse compartir con alguien como su padre, nunca se estaba seguro de lo que se firmaba con silencios.

¿Seguro? —rebatió mordaz enarcando una ceja ante la visión de la superdotada pieza lignea a la que recobró sus análisis una vez que el padre de familia desapareciera de su campo de visión y ella torciera el tronco apoyando brazo sobre barbilla en lo alto del respaldo para deslizar la yema —rebasando un cartel imaginario rezando “no tocar”— por la trabajada talla y prenda vegetal. —Es una forma ingenua de verlo, pero sí. —Dibujó una ladina sonrisa en los labios en toda esa intención de sembrar un poco de duda al velo paternal y punteó la hombría fértil de la escultura como si de la aguja de la Bella Durmiente se tratara.

No le sobrevino ningún sueño.

¿Qué tal… una cerveza? —Una enredadera dorada se formó en el dedo sonriendo con pillería. —Ni mezclas, ni drogas —repitió intentando ganárselo, recuperando el semblante de niña buena. A desaparecer el padre de familial, su culo inquieto la instó a incorporarse hasta quedar sujeta al umbral de la puerta, soltando las palabras al aire, alzando la voz:

¿Haces muchos viajes?, parece africana esa figura no apta para mentes sensibles. —Giró encajando la columna en el mismo marco, contemplando la habitación en ángulo. Sabía apañárselas para hacer suya la información de Abby. Tampoco había por qué ser un erudito para ser capaz de reconocer los rasgos de la escultura aborigen, como mucho se necesitaba ser algo observador. —Tiene que quedar fascinante al lado de una foto de familia.

Esperando se entretuvo inmersa por el canto de sirena que el tocadiscos descifraba de los surcos que lo guiaban, allí inclinada tamborileando con la zurda el mueble siguiendo el ritmo de la música, repasando la colección de vinilos en busca de una nueva opción a la que hincarle el diente de lo que ahora podía confirmar pertenecieran, como ya pensaba idealizando, al señor Leifsson. No levantó la vista una vez que los pasos volvían.

Señor Leifsson —reclamaron sus labios de fresa—, necesito la recomendación de un experto. —Lo buscó con la mirada debiendo alzar la cabeza cuando ya de normal, a su altura, la diferencia era acusada. Se reservó unos instantes los pensamientos, escudriñándolo, mordiéndose el labio tanteando si morderse también la lengua. —¿No quieres impresionar a una jovencita con los pasos de la vieja escuela? Es tan triste bailar sola —dijo haciendo selección de sus mejores pucheros para la ocasión.
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Re: Daddy's girl.

Mensaje por Volko el Mar 15 Mar - 11:12

Candy girl
Mr. Leifsson— mi casa
— recién llegado.

Como si quisiera competir en un concurso de gracilidad con ella, perdiendo ya de antemano, pivotó sobre una sola pierna para interrumpir su caminata una vez cruzado el umbral de la puerta que daba a la cocina. Apareció enmarcado por la puerta con una ceja enarcada, perdiéndose bajo el flequillo leonino.

Marchando un zumo de manzana —se la devolvió el adulto, recordando con especial cariño que a Abby solía gustarle beberlo por afán a compartir color con el brebaje espumoso con el que su padre solía acompañar las ingestas de comida. Combatió la mueca de la adolescente con una sonrisa de esas que los adultos pueden permitirse dibujar en su rostro por el simple hecho de ser mayores y más fuertes que un infante.

Con el asalto ganado, aunque sin mérito en la victoria, retomó su excursión a la cocina. Abrió la nevera y rebuscó un botellín de cerveza, que tintineó entre sus hermanas al ser arrancada del grupo, y el brick de zumo. Espió a la muchacha asomada a la puerta mientras alcanzaba un vaso de un estante alto haciendo gala de una altura más propia de un nórdico que de un americano. Su apellido corroboraba sus orígenes.

Esta vez he estado en Gambia, junto a Senegal. Africa, efectivamente. —Premió con una sonrisa silenciosa el acierto de la muchacha. —Viajo mucho, la verdad. Lo único que puedo lamentar es que no sea por ocio, aunque cuesta quejarse después de ver cómo está el mundo por allí. —Las dictaduras no eran cosa de broma. Con el jugo ya en el vaso, y el botellín perdiendo su chapa por el camino con un psst, el padre de Abby apareció de nuevo con una carcajada en la boca—. Si tanto te fascina, te dejo buscarle sitio. Siéntete libre.

Admiró las rodillas huesudas que aparecían bajo la túnica playera cuando Angie se acuclillaba a buscar vinilos. Buscó los rasguños propios de alguien joven y despreocupado, pero eran impecables y pálidos. De aspecto frío. Alzó la mirada hacia ella, dando un suave golpe de cabeza para retirar el flequillo del rostro, aún sosteniendo ambas bebidas y trató de rehusar.

No, de verdad que no quieres que baile. Hace años que no bailo —se disculpó el adulto—. La última vez que bailé, Abby acabó naciendo. —Rió, cómplice—. No, bromeo. Pero, de verdad, estoy desentrenado. —Se sorprendió a sí mismo encontrando cierto gusto en bromear con una adolescente del modo en que su hija ya no le permitía nunca hacer, siempre demasiado avergonzada de su padre. Quiso creer en la inocencia de aquellas bromas, como no era capaz de concebir maldad y madurez en alguien que compartía la edad de Abby.

Dejó el zumo sobre un posavasos tejido en la mesa y se acercó mirándola de reojo hasta el estante de los vinilos. Empinó el codo para beber un trago y se pasó los nudillos por el labio inferior con tal de secarlo, acuclillándose a rebuscar.

¿Tu padre nunca te pone música de su época?

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Re: Daddy's girl.

Mensaje por Songbird el Dom 3 Abr - 12:15

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Angie — casa de los Leifsson — fisgoneando.
Allí menuda y toquiteando las pertenencias ajenas era el vivo reflejo de sí misma pocos años atrás, cuando no era más que una niña en cuyas pequeñas manitas parecieran resbalarse las formas redondeadas de una de las figuras de cristal de su madre con las que no le dejaban jugar. «Porque no», ¿qué clase de justificación era esa? No fue un accidente, lo tiró con todas sus fuerzas aunque, por supuesto, después mintiera. Realmente liberador.

No dejándose amedrentar por cualquier rubor o la previa derrota en la tramposa tiranía adulta alzó el mentón para observar al adulto directamente, recorrer las facciones en livianas marcas de edad que le daban un aire interesante. Estaba segura de que lo sabía, aunque fuera en el inconsciente. Chasqueó la lengua pasando a torcer una sonrisa sintiendo el colmillo clavarse levemente en la carnosidad y su rostro se perdió a ambos lados bajo hileras doradas contemplando el surtido musical un instante antes de incorporarse.

Siempre bailo seguro, señor L. —La manera de incorporarse, la soltura del giro de su cuerpo curvilíneo, la sonrisa burlona escondite de todo un mundo interior y el seguro tono de las palabras formaron una plena composición de descaro y segundas interpretaciones donde no cabía duda le tomara el pelo en su oportunidad de revancha de la fácil jugada que él había tomado momentos antes con el zumo de manzana.

El sabor frutal explotando en su garganta le supo mejor con el aditivo triunfal de su comentario en cuya expresión aún mantenía la señal de los hoyuelos que determinaban su divertimento mirando de reojo. Torció la expresión arrugando el ceño por su pregunta.

¿George? —De manera natural sus labios habían perdido el conocimiento de cómo pronunciar el apelativo paterno, y el materno al mismo tiempo. Ella era una mujer, toda una mujercita, no los necesitaba. —Nunca pone música, como mucho la radio con los deportes. —Se encogió de hombros habiéndose apoyado de nuevo en el sofá no por el suficiente tiempo como para temblarlo con el calor corporal.

Con el vaso en una de sus manos y la figura en la contraria, dio una vuelta sobre sí misma en su intención por encontrarle un lugar. Dejo sobre una estantería, olvidándose del posavasos, reposando el vidrio mientras se ponía de cuclillas para poder colocar la escultura señalando una sonriente fotografía de Abby. Inmersa la decoradora de interiores en encontrar la posición idónea, retomó la atención en su acompañante:

No lo entiendo, ¿qué se supone que haces en Gambia? ¿Les lees la Biblia? ¿Los Derechos Universales? —A tan temprana edad ya se estaba convirtiendo en una reivindicativa de agudo cinismo que hablaba más de lo que sabía pero que maniobraba en base al aprendizaje intrínseco para ocultar esos huecos. —Las palabras no se comen, es un poco una gilipollez. —No midió las propias, no acostumbraba a hacerlo aludiendo a su derecho a la libertad de expresión, esa gran mentira del mundo democrático con lo que se ganaba el calificativo de antipática.

Digas lo que digas siempre será inadecuado. Por fortuna, entre los chicos de su edad no solían seguirle el juego por absoluto desinterés tergiversándolo a la comodidad adolescente y, los adultos, no solían escuchar, porque no era más que una cría. Bendita y maldita simplicidad. Recobró el zumo y puso la mano contraria en la cadera, las pulseras de la muñeca emitieron tenues chasquidos melódicos.

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