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The frayed ends of sanity.

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The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Mar 15 Mar - 21:56


The Frayed Ends of Sanity
Series — 1x1 — Hannibal — AU — +18
Perfectamente se podría comparar a Will Graham con Jack Torrance, aquel alcohólico que sucumbió a las tenebrosas fuerzas del Hotel Overlook, mas sería injusto el explicar de modo tan superfluo semejantes paralelismos. En lugar de ello, ¿Por qué no reflexionar? Si bien el Dr. Lecter y el susodicho ex agente especial son merecedores de estudio, sería una auténtica grosería obviar el papel representado por otros seres.

Seres, que no "humanos". No, nadie que conociese la verdadera naturaleza de Francis Dolarhyde y Matthew Brown les otorgaría la tan sonada característica conocida como "humanidad". Al margen del dilema filosófico en torno a esto, ambos tienen una historia en común.

El Gran Dragón Rojo no vio su final junto al acantilado, y la sangre derramada solo fue un paso más hacia su inminente renacimiento. Lamentablemente para Francis, una bestia de tal envergadura debía permanecer escondida hasta que la tensión suscitada por su aparición estelar volviese a reinar. Por ello pidió ayuda a un curioso hombre que no tuvo reparo alguno en prestarle su ayuda. Después de todo, Brown siempre accedía amablemente a ayudar a sus amistades si se lo pedían.
Matthew Brown
Jonathan Tucker — The Doctor
Francis Dolarhyde
Richard Armitage — Kerouac
Hellcat


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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Miér 16 Mar - 16:08

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
Estuvo a pocos movimientos de conseguir liberar al dragón. De no haber sido por un golpe que le dejó inconsciente, lo habría conseguido. El traidor de Hannibal había defendido a Graham a toda costa; cuando Francis despertó de su letargo seguía siendo de noche, pero no había rastro alguno de sus víctimas, o mejor dicho, atacantes. Había perdido demasiada sangre, pero aún reunía la suficiente fuerza como para, tirado en el suelo, llamar a Matthew Brown. No era la mejor opción del mundo, pero sí la única en la que confiaba. Tal vez porque entre monstruos se entendían.

Llevaba varias semanas en casa del enfermero, pero seguía sin sentirse seguro en ella. Como si fuese un extranjero. Sin embargo, agradecía el hecho de que le dejase quedarse, pues su casa seguramente estaría siendo examinada por el FBI. Cuánto añoraba su pintura, sus distintas dentaduras, sus recortes de prensa; su desván, al fin y al cabo. Pero sabía que quedarse allí era lo más seguro: nadie sabía que conocía a Brown, luego nadie iría a mirar en casa de éste. ¿Y qué hacía, mientras tanto? Mejorar y estrechar su amistad con el enfermero, pasar muchas noches en vela y, algunas de ellas, darle a la bebida, sobre todo las noches en las que Matthew trabajaba o simplemente se ausentaba.

En mitad de la madrugada, salió de la cama y se puso en pie. Necesitaba bebida otra vez, aunque aquella noche Matthew sí que estaba en casa. Con lentitud, ataviado únicamente con la ropa interior y dejando así mostrar casi todo su tatuaje, se encaminó a la cocina. Sin embargo, algo frustró sus planes: un espejo. Se observó en él mientras se llevaba una mano a la cicatriz del labio superior. Poco a poco, su respiración empezó a acelerarse, como si le faltase el aire.
Segundos más tarde, soltó un grito casi gutural a la vez que su puño derecho impactaba contra el cristal una, dos, tres veces. El espejo cayó al suelo, hecho añicos, y al poco tiempo Francis se dejó caer también, quedando de rodillas.

Alzó el rostro a la pared, ahora sin espejo alguno. «Mucho mejor», pensó, aunque más tarde se daría cuenta de lo que había hecho y le pagaría el espejo a Brown. Alzó un poco la mano derecha, con un quejido de dolor. Los cristales clavados en sus nudillos le impedían mover la mano que cada vez se teñía más de sangre. —Lo siento —musitó, como si Matthew hubiese observado todo y fuese a reprendarle. Odiaba darse cuenta como "humano" de los hechos que hacía como "dragón", excepto cuando mataba. Eso jamás le removería la conciencia.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Dom 27 Mar - 1:44

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
La compasión no fue lo que llevó a Brown a ayudar a Francis, sino la admiración, baza que perdió Will Graham al enterarse Matt de quién se hallaba verdaderamente tras los asesinatos. El Gran Dragón Rojo, por el contrario, llamaba su atención de la misma forma en la que las polillas se sentían atraídas por la resplandeciente llama. La diferencia radicaba en que el enfermero distaba de ser un indefenso insecto y se acercaba peligrosamente a la categoría de ave de presa. Por supuesto, disfrutaba de ese calificativo casi tanto como su propia capacidad camaleónica de mimetizarse con el entorno, con esas personas sin ambición que lo hacían enfermar con tan solo tenerlas en su pensamiento. Mundana carroña que solo servía como carne de cañón.

La convivencia entre los dos era grata, y el ejercicio de observarlo al natural lo hacía sentirse realizado. Ver al gran Dragón desde un plano tan íntimo, habría quienes matarían por tal privilegio. El factor del riesgo entrañaba de por sí una diversión plausible teniendo en cuenta que podían ser descubiertos en cualquier momento por las autoridades. El "¿Qué pasaría sí?" daba lugar a multitud de situaciones diferentes en su mayoría muy estimulantes. Cabía aclarar que no delataría a su peculiar amistad, ni se jactaba de ser un traidor ni poseía intención de serlo.

El grito se dejó oír en su habitación, motivo por el cual abandonó su semi intacta cama para acudir en ¿Ayuda? de su camarada; dormía cortos periodos de tiempo y esa noche no sería la excepción. El panorama que presenció al llegar no le causó excesiva preocupación. Hiló los pequeños retazos de escenario hasta formar una conclusión decente que involucraba de manera directa al Dragón. En silencio, metódico, contempló la -a sus ojos- obra de arte, muestra de lo que estaba por llegar.

Descuida. —Murmuró observando cada movimiento del contrario desde la posición privilegiada que le permitía el estar de pie. La sangre no despertó sorpresa en él dada la familiaridad con la que la trataba. Se agachó con medidos movimientos, buscando quedar a su altura e importunarlo lo menor posible—. Si necesitas ayuda, solo dímelo. Estaré encantado de ayudarte.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Mar 5 Abr - 21:03

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
Una agria y ronca carcajada escapó de su garganta ante las palabras del otro, y decidió no contestar. No por el momento. A pesar de que no podía mover los dedos se hizo con uno de los trozos más grandes del espejo roto y se observó en él. Ahora veía a Francis desde los ojos de Francis, no al dragón que no soportaba verse reflejado en nada. Ansiaba colocar los fragmentos más pequeños en los ojos de alguien, pero jamás le haría eso a Matthew. El enfermero le admiraba, si acaso era justo usar esa palabra, y Francis estaba encantado de ser admirado. Eso hacía que su arte tuviese un listón cada vez más alto de superar y que culminaría con la muerte de Graham. El concepto de arte cambiaría entonces para ambos.

Dejó caer el trozo de espejo al suelo y poco a poco se enderezó, observando los cristales clavados en sus nudillos y los hilos de sangre que escapaban de las heridas hasta caer al suelo, casi como raíces que nacían vagas de un árbol en crecimiento. —¿Quitarías todos los espejo de tu casa si te lo pidiese... si te lo ordenase? —. A pesar de la oscuridad reinante y de la poca luz de la luna que se filtraba en la casa pudo observar a la perfección los ojos claros de Matthew, también arte en un sentido u otro. Negó ligeramente con la cabeza y flexionó cuanto pudo sus dedos, gimiendo al instante.

Me vendría bien una ayuda con esto... y un vaso de whisky. Descuida... sé dónde lo guardas. —. Se dio el lujo de sonreír, algo que pasaba apenas una o dos veces al día, y siempre y cuando fuese un buen día. Sin esperarle se dirigió hacia la cocina, pues sus preferencias eran un trago de alcohol antes que el curarle las heridas y el extraerle los cristales de los nudillos. El que Matthew era enfermero le venía de lujo. El destino era curioso, y Francis adoraba la forma en que había entrelazado las vidas de ambos: un enfermero que estaría allí para curar a un monstruo que solía adorar cuando fuese necesario. Tal vez el destino tenía algo más que decirles con ello, pero por ahora ambos parecían ignorarlo.

Se sentó en una de las sillas que había en la cocina y de nuevo valiéndose sólo con la tenue luz que se filtraba por la ventana comenzó a intentar quitarse uno de los cristales con su otra mano. Sin darse cuenta estaba hundiéndolo más en la piel, pero por intentarlo no perdía nada. —¿Crees que el destino nos ha juntado por algo en especial, o crees en el simple y llano azar? —preguntó alzando la voz, interesado en saber el punto de vista del contrario.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Miér 18 Mayo - 20:12

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
Aguardó, procurando respetar su espacio personal en la medida de lo posible. Ya eran bastante mayores como para que tuviese que estar detrás de él diciéndole qué hacer, así que por eso y por respeto, se mantenía lo más al margen que su estatus como camarada permitía. Por otro lado, el silencio no perturbaba a Matthew, acostumbrado a disfrutar de la ausencia de ruido a la par que se sumergía en sus tribulaciones. Tranquilidad. Uno aprendía a saborearla cuando se veía necesitado de emplearla con tal de pasar desapercibido. Extraño uso de semejante herramienta si se observa un rasgo básico de la humanidad: Ama el ruido tanto que uno no concebiría la idea de separar este concepto de ella; unidas por el más primario de los contratos.

No supondría una pérdida muy grande el deshacerme de ellos si es lo que te preocupa. —Habiendo expresado Francis sus deseos, Brown se encargaría más tarde de retirar uno a uno los espejos una vez hubiese atendido a los cortes del primero. Se incorporó con parsimonia, imitando a Dolarhyde. No dirigió su mirada a los cristales rotos ni a la ensangrentada mano, sino que se limitó a captar cada detalle que pudiese almacenar en su memoria sobre las orbes del contrario. Le dejaba quedarse en su casa sin pedir nada a cambio, ¿No? Podía tomarse ese no tan discreto lujo.

Devolvió la sonrisa con relativa calidez y siguió su camino, apresurándose a internarse en el oscuro pasillo. No necesitó encender la luz, conocía a la perfección cada diminuto centímetro de su casa, razón por cual no temía chocarse con ningún objeto en su recorrido.

Regresó junto a Francis justo a tiempo para escuchar sus palabras, acompañado por un botiquín bastante bien equipado. Les dedicó su tiempo de reflexión y se aclaró la garganta antes de emitir sonido alguno. —Pecaría de presuntuoso si me atreviese a contestar a eso, mas no estoy nada decepcionado en lo que concierne a esta unión. —Frunció el ceño al observar de primera mano el estropicio que el contrario agravaba por medio de su tosquedad—. ¿Me permites? Así acabaremos antes.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Miér 1 Jun - 14:10

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Casa de Matthew madrugada
Negó con la cabeza, lentamente, con el dragón volviendo lentamente a su letargo. Poco a poco volvía a ser Francis, ese hombre poco hablador y muy observador que aún tenía mucho que agradecer a Matthew por todo lo que estaba haciendo por él. Fue su respuesta lo que le hizo fruncir el ceño y a la vez articular un amago de sonrisa; esperaba una respuesta más explícita, pero por otro lado le agradaba oír que su unión no les desagradaba. Asintió cuando se ofreció a sacarle él los cristales y extendió en la mesa la mano herida mientras le daba un pequeño trago al whisky.

Te pagaré ese espejo. No hace falta que quites el resto, es sólo que... a veces el dragón actúa de repente, sin darme tiempo a reaccionar. Nunca rompe cristales excepto en... en... —carraspeó, como si le costase—, en las casas de las familias que asesina. Imagino que ya habrás leído qué hace con los trozos más pequeños. —. Lo cierto es que no sabía por qué hablaba en tercera persona cuando era Francis y no el dragón quien llevaba a cabo tales asesinatos, pero en sus momentos más lúcidos prefería echarle las culpas a aquello en lo que se convertiría.

Cada vez que Matthew cogía con sumo cuidado el cristal y le limpiaba las heridas siseaba, flexionando los dedos sin poder evitarlo. Su vista se fijó en el rostro de Matt, a quien veía como alguien no muy distinto de sí mismo. Ambos eran macabros, cada uno en su propio campo, y trabajarían bien juntos. Francis se sentiría extraño dejándole su trabajo a alguien como Matthew, pero había demostrado un buen trabajo cuando casi asesinó a Hannibal. Tal vez había llegado la hora de darle nuevos horizontes, de ponerle bajo las órdenes del dragón y ver hasta dónde era capaz de llegar.

Refréscame la memoria, Matthew —reclamó su atención dando un par de toques con dos dedos en su brazo—, ¿por qué acogiste a alguien tan vil como yo? Y, por otra parte... ¿estarías dispuesto a ayudarme? Ya me entiendes, por supuesto. —. A ojos de Francis serían la versión mejorada de Graham y Lecter, aquellos a los que llamaron murder husbands. ¿Cómo les llamarían a ellos? La idea le parecía divertida, y es que ellos no parecían tener reparo alguno en mostrar su verdadera naturaleza. —Podemos hacer algo grande, Matthew —dijo de repente, con un tono de voz algo más grave, como si el dragón hubiese despertado durante unos segundos; incluso llevó una de sus manos a una de las mejillas de Matthew, clavando en él las yemas de los dedos. No buscaba herirle, pero quería obligarle a que le mirase a los ojos—, hacer Baltimore nuestra. Estoy seguro de que aspiras a algo más que a esa bata blanca de enfermero, ¿o me equivoco? —le retó, con una sonrisa en los labios que no hacía sino darle un aspecto más macabro al hacer algo más notoria la cicatriz de su labio superior.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Jue 28 Jul - 18:00

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Casa de Matthew madrugada
Se ocupó de los cristales haciendo uso de unas pinzas esterilizadas, poniendo absoluto cuidado en no clavar más ningún cristal en su piel por el movimiento de empuje. Su dedicación daba frutos, traduciéndose en un excelente cuidado que otros envidiarían. ¿No trata el género humano la artesanía con mal escondida envidia? ¿Por qué iba a ser diferente en ese campo? Además se contaba con un aliciente: El arte en sí contagia tu alma de emociones, mas no te salva de una posible tumba. O si no que se lo preguntasen a Toulouse-Lautrec.

Escuchó su pequeña historia, asintiendo al reconocer todos los detalles que fueron mencionados en los medios. Quizás se los debieron guardar para prevenir imitadores, mas no contaron con que una insistente Freddie Lounds metiese las narices donde no debía. De todas maneras, ese no era asunto de Matthew por el momento; la pelirroja daría algún día con su merecido. Volviendo al tema de los cristales, el enfermero atesoraba varias teorías, todas excesivamente distintas entre sí. Por ahora no deseaba conocer la verdad al considerar que esta jamás estaría en el producto final, sino en el proceso. El descubrirlo le quitaría valor. Nadie quería eso. —No hay problema.

Sus ojos brillaron con medida intensidad ante el toque, pero no estimó oportuno hasta segundos más tarde cuando hubo dejado las pinzas a un lado al no encontrar rastro de cristal alguno. Tomó un trozo de algodón y lo empapó en antiséptico para después comenzar a vendar la mano con diligencia. —Me temo que difiero con la sociedad en cuanto al uso de algunos términos. Somos únicos.Inimitables—. Y su desprecio no debería frenarnos. Somos dioses entre reemplazables hormigas.— El matiz cuasiausente -en varios intervalos- de su voz se vio aplacado por unos segundos de silencio para nada incómodos en cuanto los dedos de Dolarhyde se afianzaron en su mejilla. Silencio. No necesitó pensárselo; en ratos muertos ensayó hipotéticas conversaciones entre ambos. Por fin le servía de algo.

Una sonrisa dotó de un peculiar matiz a su respuesta que invitaba a cruzar líneas impuestas por la autoridad. —No he podido evitar percatarme de que la prensa te difama. No narra con fidelidad tus hazañas. —Ayudaría a Francis, de eso no le cabía duda.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Mar 2 Ago - 15:46

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
En el fondo, Francis se alegraba de que Hannibal estuviese vivo. Sin él, el dragón no se habría sentido libre, siempre encerrado en aquella prisión de carne que era el propio Francis. Éste quería liberarle del todo, pero no a cualquier precio. Quería convivir con él, obedecerle como desde hacía varios meses estaba haciendo, pero no morir para dejarle del todo libre. Ese sería un camino que no tomaría.

Extendió la mano, a veces flexionando los dedos, mientras el contrario se la vendaba. Había sido un estúpido al hacer aquello, y el dragón se lo recordaría tarde o temprano. No le importaba romper los espejos de su propia casa, pero aquello había sido un error. No podía pagar así la hospitalidad de Matthew.

No tardó mucho en quitar los dedos de aquella mejilla, pues lo último que quería era incomodarle. Francis, aquel que muchas veces rehusaba el contacto, acababa de palpar la mejilla de aquel hombre. Tal vez sus sospechas de que ambos harían un buen equipo no estaban tan equivocadas, sobre todo cuando el contrario afirmó que estaba siendo difamado por la prensa. Su pecho se hinchó de orgullo, acompañado de una sonrisa que deformó su cicatriz y le dio un aspecto más grotesco, si cabe. No era alguien atractivo, Francis lo sabía, de ahí que evitase sonreír y hacer muecas exageradas. Pero aquella situación no era para menos.

Así es. Leo los periódicos cada día... y lo cierto es que no me conocen. Ni siquiera Lecter, ni Graham. Creen entenderme... pero es tarea imposible. Me parece curioso lo que comenta, Matthew... somos dioses entre hormigas, y sin embargo estamos aquí recluidos, casi escondidos, porque si ponemos un pie en la calle sin las precauciones necesarias acabaríamos entre rejas. ¿Qué clase de dioses son aquellos que acaban encerrados?

Se puso en pie, con el vaso de whisky en la mano libre, y tras darle un trago comenzó a pasear por la cocina, rodeando la mesa que hasta hacía segundos estaba ocupando. Parecía estar acorralando a Matthew para interrogarle, pero sólo quería estirar un poco las piernas. —En fin, a lo que iba. Usted tampoco me entiende, aunque ha visto cosas que la mayoría desconoce —el tatuaje era una de ellas; es decir, el dragón mismo—, y sin duda acabará conociéndome a la perfección. Pero... ¿por qué no me deja conocerle a usted?

Su voz pareció oscurecerse al preguntarlo, con la maravillosa casualidad del destino de que se encontraba tras él al preguntarlo. Y allí se quedó, observando los negros cabellos de su cabeza y la tersa espalda que le caracterizaba. No fue una insinuación, sino un ataque directo. Acabaría arrepintiéndose, por supuesto, pero Francis pensaba que Matthew no estaba siendo del todo claro con él. Tenía que haber alguna inspiración para matar a Lecter más allá de la retórica de Graham, y Dolarhyde quería saberlo. Tal vez no era así y la realidad era la que sabía, pero quería estar seguro de ella.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Mar 23 Ago - 17:07

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
Lo que para ambos era una charla con posibles connotaciones filosóficas, para otros habría sido un espectáculo digno de ver. Extraña convivencia la que ambos tenían entre manos, insostenible a ojos de personas de a pie que verían su monstruosa unión como un monumento a lo obsceno, algo que podía poner fin a sus vidas con mayor velocidad que la de un parpadeo. Claro que las críticas durarían poco, pues los mundanos seres humanos solían encontrar algo nuevo que criticar en cuanto una noticia más morbosa sacudía la caja tonta. Qué simpleza.

Dioses a los que temen. —Explayarse en ese tema sería escupir al cielo sobre sus cabezas, tentar a la suerte como los romanos que desafiaban una y otra vez a los invencibles galos; miles de formas de abordar la cuestión que quedarían reducidas a la nada en cuanto se diesen de bruces contra el muro. Brown podía explayarse hablando sobre su opinión en lo concerniente a las deidades, pero no se iría por las ramas a menos que su interlocutor lo viese oportuno.

Hombre práctico se mirase por donde se mirase.

No se mostró intimidado, guardando la compostura sin despeinarse ni un pelo. El recurrir a máscaras sociales ayuda a la larga, aprendiendo a actuar con calma incluso en los más tensos momentos. Qué buen actor sería si un escenario corriente no se le antojase mundano, si no prefiriese hacer gala de sus habilidades sin darles un nombre ni venderlas.

Puedes tutearme, creo que ambos podemos dejarnos de formalidades. —Y lo agradecería. No porque el trato de "usted" lo hiciese sentir mayor, sino porque ya pensaba en ambos como si de un equipo se tratase—. Mis habilidades distan de parecerse a las tuyas, y considero banal el mostrarlas sin poder optar por la canalización de las circunstancias. Como bien has dicho, sigo siendo desconocedor de todo tu potencial, pero sería injusto que me privases de la oportunidad de ver tu potencial si estuviese en ti la idea de confinarlo en cuatro paredes. ¿No sería propio extrapolar eso a mi arte?
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Vie 26 Ago - 19:07

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Matthew le hizo sonreír de nuevo. Dioses a los que temen. Tal idea jamás se le había pasado por la cabeza, pero no podía llevar más razón. Un dios temido era un dios al que pocas veces acudían, un dios al que no sacaban de la parte más oscura de sus pensamientos, un dios al que darle libre albedrío llevaría al caos. Y sin embargo, tanto desde su posición de dios como desde su posición de humano, aquella idea le parecía atractiva. Matthew y Francis sobre un trono de cadáveres, dragón y vasallo con ciertos privilegios, moviendo los engranajes del mundo. Lástima que, por el momento, no parecía ser una idea que pudiese cumplirse.

Al principio asintió con la cabeza, de forma lenta y pausada. Estuvo callado durante varios segundos, tiempo en el que se terminó el licor de su vaso. Luego se puso en pie no sólo para llenar de nuevo el cristal sino para acercarse hasta la ventana de la cocina. Observaba el mundo civilizado tras ella. Observaba, en su imaginación, miles de familias muertas en las casas y apartamentos circundantes. El dragón era bastante selecto, de hecho él era bastante selecto, pero a veces se preguntaba si llegaría el día en el que no le importase qué familia matar. Era el concepto de familia lo que le incomodaba, aquello de lo que él no había disfrutado y que por lo tanto nadie debería disfrutar.

—acabó por decir, tras darle un sorbo a ese segundo vaso de whisky. Sus ojos se movían de ventana a ventana en el resto de edificios, aunque la mayoría, a tales horas de la madrugada, estaban a oscuras—, llevas razón —reconoció arrastrando las palabras—, pero no creo que pueda esperar tanto a verte en todo tu esplendor. Aunque dicen que lo bueno se hace esperar. Tenemos dos semanas antes de la próxima luna llena. Tiempo de sobra para que conozcas parte de mi arte... para que así puedes estar preparado cuando llegue la gran noche —sin pedirle permiso y sin realmente meditarlo, Francis había incluido a Matthew en su siguiente asesinato. Confiaba en él y no era un asesino vulgar, así que sabía que obraba bien—. Te mostraré mis vídeos... y cuando llegue el momento, el padre será para ti. Dejaré que le hagas tuyo.

Con hacerle suyo se refería a practicar su arte, por supuesto. Podía colgarle, como hizo con Hannibal, o hacer uso de sus conocimientos como enfermero y desangrarle poco a poco. A Francis no le importaba. —Además... —se dio la vuelta, encarándose de nuevo a la oscuridad de la cocina, y se acercó a la pálida figura de Matthew, que en tal penumbra parecía brillar como si tuviese luz propia. Quedó junto a él, y llevó su mano libre a su hombro—, despistaremos a los locales, al FBI, a todos. Cuando descubran tu arte les confundiremos. Y así seremos más grandes que nuestros enemigos. El título de maridos asesinos será más burla de lo que ya era; una burla en sí misma.
Usó el mote con desprecio no tanto por el mote en sí sino por las personas a las que se refería. Masajeó el hombro de Matthew antes de apartar la mano. Todos esos planes repentinos parecían haber despertado al dragón, pero hizo acopio de todas sus fuerzas para calmarle. No era el momento ideal.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Dom 18 Sep - 21:03

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Claro que llevaba la razón; solía hacerlo en la mayoría de los casos amparado por su peculiar forma de ver las cosas, merodeador de las sombras con increíbles salidas. La compañía de la soledad ofrecía nuevas perspectivas y la oportunidad de explorarlas todas sin interrupción alguna que lo sacase de sus retorcidos pensamientos. Ahora que vivía con Francis no le preocupaba ser interrumpido pues su compañero solía enriquecer sus ideas hasta hacerlas evolucionar. Alguien que no lo retrasaba.

Estaré preparado. —No era una falsa promesa, sino una afirmación. No desaprovecharía su oportunidad de demostrar lo que valía. Pudiendo volver a la acción a lo grande, ¿Quién se conformaría con el plato pequeño teniendo acceso a un exquisito banquete? Matthew jamás sería tan corto de ambición como Will Graham—. Dos semanas para no dejar ningún flanco descubierto. Puedo hacerlo.— No por nada le faltó poco para acabar con la vida de Hannibal Lecter, caníbal cuya vida tuvo en sus manos.

No volvería a dejar atrás la oportunidad de lucirse.

La visión del tatuaje de Dolarhyde evocó en él la idea de que nada podría salir mal, y que el ojo avizor de su acompañante los favorecería a la hora de deshacerse de cualquier rastro que la policía pudiese usar para rastrearlos. Metódicos, preparados para las adversidades. Por parte del enfermero no existiría problema alguno, su verdadera naturaleza lo ayudaba a ser ordenado y no dejar nada al azar.

No supo si con ese apoyo el subconsciente de Francis lo llevaba a imitar a la foto que Will y Lounds se tomaron, mas lo miró a los ojos y los propios no pudieron ocultar la emoción, la inyección de adrenalina anterior a un salto al vacío. —No será difícil, de por sí no son mucha cosa. Will se limita a seguir a Hannibal como si se tratase de un ciego, y supongo que guardarán un perfil bajo hasta que las cosas se asienten. Una pena, van a caer pronto en el olvido.
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Última edición por Snicket el Miér 12 Oct - 18:03, editado 1 vez


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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Lun 26 Sep - 17:45

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
¿Y si Matthew era su alma gemela? No el concepto de alma gemela romántico que tan explotado estaba, sino la transcripción literal de la expresión: alma gemela. Un alma atormentada cuya única vía de escape eran los asesinatos. Un alma solitaria. Un alma sincera y que la gran mayoría no entendían. Tal vez por eso habían congeniado tanto. Tal vez por eso su reacción cuando rompió el espejo no fue una que acabase en discusión o pelea.

Una suave pero gutural carcajada escapó de sus labios ante su última intervención, y asintió con la cabeza antes de sentarse en la silla que antes ocupaba, volviendo a estar al nivel de Matthew. Observó esos pequeños pero brillantes ojos y esbozó una sonrisa. No se molestó en ocultarse ni en cubrirse con la mano. No cuando esa sonrisa deforme a causa de la cicatriz era su forma natural, su verdadera naturaleza. Si iban a mostrarse tal y como eran, no avergonzarse de defectos físicos era el primer paso.

¿Acaso alguna vez han mantenido un perfil alto? Y pensar que durante varias semanas seguí los consejos de Lecter... —dejó escapar un gruñido. Tenía que haber conocido a Matthew antes. Entonces su plan no hubiese tenido fallo alguno. Pero no era tarde para repararlo. Su vista se fijó en el vaso de whisky del que se había olvidado, y se puso en pie de nuevo. Se acabó el contenido restante de un trago y se acercó a echarle agua para lavarlo. Lo dejó secar, boca abajo.

Él mismo empezó a recoger las cosas del botiquín de la mesa, guardándolo todo con sumo cuidado. Una vez terminó deslizó el botiquín cerrado hacia Matthew y volvió a posar la mano en su hombro. Esta vez no apretó ni masajeó la zona. —¿Por qué no vamos a dormir? —parecía hablar como si estuviese en su propia casa, como si el dragón hubiese hecho suyo aquel territorio, aquel reino, y Matthew fuese su súbdito más leal—. Mañana iré a por los vídeos, y a por el proyector, y comenzarás a conocerme mejor.

Su mano contraria se colocó en el hombro restante de Matthew. Veía en éste una mente maleable. No planeaba hacer de Matthew un Will Graham, pero quizá podía conseguir ciertas cosas de él que no muchos le darían. Al fin y al cabo a él era a quien perseguían, él era a quien Matthew había dado un techo en el que vivir; Francis podría delatarle en cualquier momento tanto como Matthew a él. ¿Por qué no convertir ese pequeño miedo en algo maleable, en pequeñas ideas y acciones que doblegasen un día a Matthew, otro a Francis?
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Miér 12 Oct - 19:54

wicked blood
Casa de Matthew madrugada
La cicatriz de Dolarhyde, bella en su propio campo, no generó mueca alguna de desagrado. Matthew la consideraba un pequeño apunte en el blanco lienzo, una desacertada pincelada que acabaría dotando de mayor belleza a la pintura y la convertiría en algo tan inimitable que ni duchas manos podrían soñar con alcanzar la gloria.

Poética forma de verlo, de hallar en lo considerado obsceno un significado más amplio.

Lo han intentado. Y no te martirices por eso, piensa en ello como en una victoria: Ahora sabes más sobre tu enemigo. —La experiencia como medio para llegar a un fin mayor, un simple trámite. Intuyó que lo comprendería y, quizás, alabaría. Peculiar optimismo en tiempos de guerra con cuyo ejemplo predicaba: Ya no vacilaría, no daría tregua al caníbal.

Con la mano izquierda freno el avance del botiquín y lo asió del asa, alzándolo y sopesándolo con un balanceo. Ninguna tensión extra se apoderó de Matthew, viendo ese contacto como algo natural que, pese a sus connotaciones de dominación, no escondía peligro en sí mismo. —Ni yo lo habría dicho mejor. —Oh, y el proyector. Imágenes inéditas, proyecciones que el propio autor podría comentarle desvelándose así los mayores secretos de las propias. Todo un caramelo al alcance de un niño.

Contempló a Francis por lo que le parecieron horas, quedándose con cada detalle de su rostro. No añadió nada, sería un desperdicio, elevar la palabra a una categoría superior cuando no la necesitaba para comprenderlo. Ya no se trataba solo de sus planes, algo más aguardaba.

Sin ser en absoluto brusco, se separó del contrario y le dio la espalda, encaminándose hacia su habitación. No se despidió y dejó tras de sí una silenciosa invitación en su marcha: Una puerta entreabierta.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Sáb 15 Oct - 14:25

dead end
Casa de Matthew
por la tarde
Francis había desaparecido durante una noche para volver a su casa. Apenas quedaban pertenencias personales más que fotos y cuadernos junto con las grabaciones y el proyector en un escondite que ni siquiera el FBI encontraría. Estaba fuera de la casa en sí, en un compartimento bajo tierra que él mismo había hecho antes de irse a casa de Matthew. No era un desván recubierto de madera y cubierto por maleza para disimularlo; era simplemente un hoyo que volvió a cubrir con tierra cuando echó en él las pertenencias más personales e importantes. Había retirado la tierra y el polvo de la caja que contenía todo y la metió en su furgoneta de nuevo.

Tardó horas en volver a la casa porque se quedó contemplando su antigua casa desde el automóvil. En otra vida, en otras circunstancias, el mundo vería un hogar envidiable allí. Pero estaba tan destrozado como él, metafóricamente hablando. Rozaba el amanecer cuando volvió a la residencia del enfermero, y durmió durante casi todo el día que siguió.

Hacía entonces cuatro días desde aquel encuentro en la cocina, desde aquel acercamiento entre ambos. Francis tardó varios minutos en irse a su dormitorio, pero se había detenido en la puerta entreabierta de Matt. Nunca antes la había dejado así y la curiosidad le hizo acercarse. Sus ojos recorrieron el dormitorio, acostumbrados ya a la oscuridad, pero se centraron en el cuerpo pálido del susodicho. A pesar de que allí la oscuridad era casi total, parecía brillar con la misma intensidad con la que la luna le había hecho brillar en la cocina. Quería entrar, sentarse junto a él, tal vez incluso acariciarle, palparle. Pero cuando dio el primer paso, cuando su pie izquierdo se introdujo en la abertura por la que se asomaba, retrocedió. Aquello era falta de contacto, se dijo; él en realidad no quería eso, se repetía, y tampoco el mismo Matthew, lo de la puerta sería un despiste. No se durmió ni se calmó hasta que se alivió, sin importarle manchar las sábanas de Matt. Si el contrario no se daba cuenta, él mismo las lavaría cuando Matthew no estuviese en casa. Cuatro días después seguía sin entender por qué había hecho aquello, por qué lo había hecho pensando no en Reba ni en las mujeres a las que había asesinado, sino en Matthew, más en él como concepto que atendiendo a su físico.

Seguía dándole vueltas a todo aquello mientras preparaba el proyector, ajeno al cuerpo sentado de Matthew. Se preguntó si aquellas grabaciones no serían para tanto, si él las idealizaba por ser suyas. Si a Matthew le gustaba ver cadáveres y sangre, le gustarían; si le gustaba ver durante varios minutos lo apacible que era una vida en familia para, mediante un corte brusco, pasar a ver cómo esa familia era grabada segundos después de ser asesinada, le gustarían. Si sus gustos eran otros, tal vez le echaba de casa.

Si no te gusta, dilo. Si te da asco, dilo. Pero no me juzgues demasiado —intentó bromear antes de colocar con cuidado el primer rollo de vídeo en el proyector, que reflejaría la imagen en la pared blanca que él mismo había desnudado de cuadros frente a ellos. Activó el aparato y se sentó junto a él, ajeno al ruido que hacía el proyector. Era algo habitual en su vida como lo serían los sonidos de los animales para un granjero.
Y quien estaba en una posición peor era él. El dragón solía despertarse con aquellos vídeos, pero no le apetecía desnudarse allí. No cuando estaba con Matthew. Si estuviese solo, daría rienda suelta al monstruo, pero aún se autocensuraba. No por vergüenza, tal vez por ridículo. Para muchos, ver a alguien contorsionarse como lo hacía él cuando mandaba el dragón sobre su cuerpo sería de chiste. Prefería no arriesgarse, no comprobar que Matthew entraba en esos muchos.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Dom 20 Nov - 23:27

dead end
Casa de Matthew
por la tarde
Tranquilidad. Esta lo acompañó en el transcurso de los días, fiel consejera. El tiempo lo pondría todo en su lugar y, aunque le hubiese decepcionado en su día no recibir la visita de Dolarhyde, lo asumió y se centró en sus planes, los cuales no habían cambiado ni un ápice. Seguiría sin fallar, demostrándole lo que valía. Orgullo profesional, dirían algunos.

No guardaba ningún tipo de rencor extraño hacia Francis, tachando el asunto de nimiedad. Quizás algún hombrecillo de baja estatura, cabello engominado y gran chifle a la hora de alzar la voz se habría enfadado, pero Brown se sabía más listo, más profesional. A diferencia de Frederick Chilton, el enfermero sabía mantener las formas y no poner el grito en el cielo por temas insustanciales. Todo un visionario en una época en la que pocos se encomendaban a la sensatez.

¿Juzgarte? Yo admiraba a Will Graham. —Importante recalcar el tiempo pasado, hacer patente cuán rápido cayó un ídolo de su pedestal—. En lo que a mi respecta, no soy el mejor para juzgar a nadie.— Se encogió de hombros, mostrándose más suelto de lo habitual en cuestión a su lenguaje corporal. Sus toscos movimientos no lo abandonarían, tampoco su manera de escrutar los ojos ajenos a fin de observar el dilatamiento de las pupilas, pero se permitía ser más distendido, llevar las conversaciones a otro terreno.

Se humedeció los labios, observando la blanca pared con disimulada impaciencia. ¿Con qué lo obsequiaría Dolarhyde? Brown no entendía demasiado de planos, por lo que juzgaría con mayor viveza detalles como la ejecución. Por lo pronto no emitiría juicio alguno, prudente. Y no por miedo a Francis. Mucho menos por miedo al dragón, sino porque no poseía una base hacia la que ser crítico.

Gracias por compartir esto conmigo, creo atisbar lo mucho que significa para ti. —Pronto se olvidó del ruido, obviando el traqueteo y sumergiéndose de lleno en la peculiar actividad. Las imágenes comenzaron a surgir, embelesándolo en primera instancia por la aparente simpleza de las imágenes. Escenas cotidianas que cambiarían abruptamente de un momento a otro sin dejar tiempo a asimilar la crudeza de la condición humana—. Extasiante.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Sáb 26 Nov - 16:59

dead end
Casa de Matthew
por la tarde
Aquel recuerdo le divirtió, hasta el punto de casi hacerle sonreír. Había olvidado el pasado que Matthew le contó, su admiración por Graham. Pero no iba a juzgarle; gracias a esa admiración, Hannibal estuvo a punto de morir. De hecho el único a quien podía juzgar era a Will, sin duda la figura más probable que diese el chivatazo al FBI. De haber conocido antes a Matthew habría querido ir tras Graham con más ganas, con más fiereza, y dedicarle el asesinato –de haberse producido–.

No las des, Matthew... —respondió en voz baja, absorto en las imágenes de la pared. Al principio eran imágenes cotidianas, las que grabaría cualquier familia feliz con una cámara en sus manos. Un corte directo empalmaba un plano de la madre sonriendo con otro de la madre muerta con la misma composición y el modus operandi de Francis: las mejillas con ríos de sangre que nacían en sus ojos, y éstos reemplazados por espejos. Las imágenes mostraban luego la resto de los familiares—. Fascinante —respondió él, en un tono que parecía más una rectificación que un adjetivo añadido al propuesto por el enfermero.

El rollo de película pareció atascarse antes de mostrar a otra familia, de cinco miembros. El proceso era semejante, con la diferencia de que Francis se regocijó no sólo en los cadáveres sino en las zonas donde la sangre había salpicado. También se reflejaba su propio cuerpo en los espejos que aún rotos aún conservaban fragmentos de cristal lo suficientemente grandes como para salir en ellos. Y a pesar de la mala calidad de la imagen se veían sus hombros alzados, su espalda marcada, como el lomo de un gato al acecho; sus músculos estaban en tensión, y sus manos aferraban la cámara con fuerza. Sin duda una de las representaciones más cercanas al dragón poseyendo su cuerpo.

Ese es el dragón —pudo decir en voz baja. Tras ello movió la cabeza a un lado, con rapidez. Negó. Matthew se reiría de sus movimientos, de sus chillidos –los movimientos y chillidos del dragón, en realidad–, luego se negaba a hacerlo delante de él. A diferencia del dragón. Francis no estaba listo para ello. Su timidez se lo impedía, y todo por culpa de su querida abuela y su infancia con ella. Tanto la mano que reposaba en el brazo del sofá como la que sujetaba su propio muslo se tensaron, agarrándose a las zonas mencionadas con fuerza—. ¿Te gusta lo que ves, Matthew? —movió el rostro con lentitud y calma hacia él. Tal vez entablando conversación con su compañero consiguiese mantener dormido al dragón.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Snicket el Mar 31 Ene - 0:02

dead end
Casa de Matthew
por la tarde
¿Qué actitud guardarían otras personas de conocer el trabajo de Dolarhyde? ¿Elogiarían su trabajo? ¿Condenarían al autor a la par que admiraban la obra? Matthew no estaba muy seguro del recibimiento que tendría, pero sí sabía algo con certeza: si resultaba ser repudiada, más de una persona correría las cortinas de su ventana y contemplaría con absoluta devoción un mensaje que quizás jamás comprendería. Ahí, a escondidas, buscando significados ocultos entre fotogramas y queriendo deducir las motivaciones del genio de un simple vistazo. Sí. Eso podía ocurrir.

El enfermero no contemplaba aquello con ánimo de condenar, mas pretendía comprender a su compañero en pos de aprender más sobre él y sobre la belleza en estado puro. O, por lo menos, lo que Brown comprendía por belleza. Su retorcida mente sólo veía belleza en lo más sórdido de la sociedad o en aquellas cosas que los demás pasarían por alto.

La familia cambió, pero la fascinación de Matthew quedó intacta. Por mucho que el modus operandi no hubiese sufrido cambios, era divertido fijarse en los matices y tratar de añadir más elementos a los que ya conocía de mano del artista y los informes policiales.

El Dragón. Por fin se hallaba ante él, ante la idea mostrada por su compañero. Brown no alcanzaba a contemplarlo en todo su esplendor, a comprenderlo en su totalidad, pero eso no lo eximía de sentirse deleitado por su presencia. Sabía que debía temerlo, pero algo en él lo llamaba de la misma forma en la que la figura del jugador se veía retratado en la obra de Dostoievski.

—"Gustarme" sería un eufemismo. —A partir de ahí tendría que elegir con cuidado las escasas palabras con las que solía intervenir, no queriendo banalizar la obra—. Me pregunto cómo se mostrará el dragón cuando comencemos a movernos, a elevar todo a un nivel superior en el que no podremos ser frenados.
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Re: The frayed ends of sanity.

Mensaje por Kerouac el Dom 19 Mar - 16:28

dead end
Casa de Matthew
por la tarde
Francis no era un hombre egocéntrico, pero el haber encontrado a alguien que valoraba su existencia, tanto la de Francis Dolarhyde como la del Dragón, le animaba. Le hacía sonreír, como en ese momento. Y sin embargo vivía con miedo de que el Dragón tomase el control de él de forma definitiva. Por una parte reinaría el caos, lo cual le encantaba, pero por la otra, quedaría expuesto. El FBI por fin daría con él, y se llevarían también a Matthew.

No estés demasiado ilusionado... a lo mejor acaba siendo una decepción —suspiró y apartó la vista de la pantalla, mirando el suelo fijamente. Al fin y al cabo era él desnudo, moviendo los músculos de tal forma que el mismo Dragón parecía estar moviéndose. Pero era real. Y la forma en que mataba lo demostradaba.

Pasó la vista con rapidez por la proyección, donde seguía apareciendo la misma familia mutilada, y luego se centró en Matthew y su perfil. ¿Y cómo mataba él? Antes de conocer al Dragón, Francis no se imaginaba matando a alguien. Desde entonces, era aquello en torno a lo que su vida giraba.

¿Y qué hay de ti? ¿Cómo... cómo matas? Quiero decir, ¿sigues siendo tú? —tenía que hacer lo que fuese por no dejar salir al Dragón; hablar de Matthew sería la solución perfecta—. Un Dragón te sentaría bien —se atrevió a bromear, conteniendo una carcajada que transformó en un suave bufido. Tenía la espalda ancha y sin duda sus músculos también serían de gran ayuda. Pero Francis sabía que no sería posible.
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