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Mensaje por Phoenix el Mar 5 Abr - 1:41

his heart & her soul
PLOT: 1x1
REALISTA
DRAMA

Amsterdam, Holanda.

Es en la ciudad caracterizada por los vicios en donde dos jóvenes de edades similares, de destinos totalmente dispersos, de realidades completamente diferentes y de una vida de la cual no se puede estar completamente de acuerdo.

El chico por su lado, parecía tenerlo todo, una vida relativamente cómoda, una casa donde llegar en donde la especificación de casa se asimilaba más a una mansión en su rededor, una tibia cama esperándole y una familia sonriente que le tranquilizara en aquellos malos momentos, malos de los cuales en su mayoría poca relevancia adquiría cuando la realidad topaba de frente a sus ojos, todo parecía ir perfecto en aquella secuencia hasta que la realidad asaltó su raciocinio para darse cuenta de que no todo es tan agradable cuando lo inspeccionas de manera más nítida. Tyrion era un joven con fortuna, una herencia cuantiosa asegurada de la cual se podía desprender, no necesitaría trabajar para nadie jamás en su vida, es por eso mismo que su vacío era constante, pues cuando se trata de alguien con dinero, las sonrisas fingidas y las intenciones indecorosas rodean y rebalsan la realidad de cada quién para luego cuestionarte, inclusive con o sin dinero entre medio, ¿había alguien que enserio se preocupara por él?.
Estudió, se realizó en su carrera de Medicina y poco después de salir de su quinto año de universidad para pasar al sexto, se le ofreció una ayudantía de la cual disfruta gran parte de su juventud, pidió, para demostrar que aunque si se le daba todo en bandeja, algo podía sacar de toda su inteligencia. Sin embargo Tyrion seguía siendo Tyrion, un chico altanero, millonario, con el las chicas, el dinero y el mundo completo a sus pies.

Ahí es entonces cuando aparece ella... Deborah, aquella chica de cabellos ondulados y sonrisa agradable que si bien parecía destacar en todo lo que se proponía y de la cual todo parecía presagiar y señalar que tendría éxito en todo lo que se propusiera, no era totalmente así... era plenamente consciente de que no existían los recursos pero la ansia de superación estaba ahí y la ausencia o carencia de un elemento tan básico y asequible no le limitó en lo absoluto, recurriendo a todos los extremos para conseguir dinero y poder así, continuar pagando la carrera de su universidad... quizá todo falló para tener que llegar hasta tal punto, el de bailar en un lugar que jamás ella habría pensado con tal de salir de aquel hoyo pero, al menos la intención era buena ¿no?.
Aquello no fue ningún tipo de alivio para ella cada día que pasaba ahí, dentro de ese club, en donde por el simple hecho de danzar en prendas menores parecían tener el derecho de humillarle y tratarle en un mal gusto que ella despreciaba, pero del que de todos modos, ella debía sonreír como si nada sucediera, pero no se engañaría a si misma... eternas noches lloró, eternas noches se preguntó si valía todo aquello la pena, las experiencias eran cada vez más degradantes hasta que una noche llegó él, alguien distinto a todos aquellos que les habían presentado jornada tras jornada.

Tyrion era mucho más joven de lo que ella hubiera podido imaginar desde un principio y si bien la actitud de la muchacha fue igual de reacia que con todos, simplemente destinada a cumplir con su trabajo y asqueando todo tipo de contacto extracurricular... las cosas se iban tornando complicadas, él no era como cualquier hombre que pisaba el lugar, teniendo en consideración que era alguien que estaba acostumbrado a tenerlo todo y que ella se le hiciese difícil fue el punto culmine para desencadenar una gran suma de dinero con tal de poseer a tal mujer que tanto le había encandilado.

Pagó por ella, para poseerla a su gusto sin un mero romance y sexualidad, había mucho más detrás, mucho más de lo que jamás habría predispuesto en sus nociones y entre ellos surgió algo, no meramente de negocios, sino que algo más, no explícitamente enfermizo, pero sumamente real.


DEBORAH RYBNER
24 años | Holland Roden | Estudiante & Bailarina | Lykaios

TYRION BRUSKO
26 años | Dylan O'brien | Ayudante Universitario | Phoenix
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Re: — She took his heart, he took her soul »

Mensaje por Invitado el Miér 6 Abr - 12:25



Get out of my sight

BAR NOCTURNO.
MADRUGADA.
CON EL NIÑO DE PAPÁ.
Una noche más, Deborah tenía que poner esa sonrisa fingida que parecía que todo el mundo deseaba ver. Otro día más, debía subirse a aquel escenario y bailar, escuchando de aquellos comentarios grotescos y que, al final del día, le pesaban como nadie podía imaginar. Otro día más, debería golpear manos que quisiera propasarse con ella y de tíos que quisieran llevarla con ellos. Pero ese no era su cometido. El suyo tan sólo era el de bailar, el de animar el ambiente. Animar a los hombres. Nada más. Nada menos. Pero parecía que todos confundían sus bailes, posiblemente considerados eróticos, con ser una mujer de compañía. Ella no era eso. No pensaba seguir cayendo tan bajo para poder continuar con sus estudios.

El baile, el cual había sido su hobbie desde niña, estaba empezando a ser algo que, si bien tenía que hacerlo por obligación, ya no le hacia sentir de la misma manera; libre, tranquila, calma. Antes lo usaba como medio de escape para descargar rabia, ira o estrés acumulado. Ahora, simplemente, debía de regalar aquellos bailes, por dinero.

Su cuerpo se movía, sensual. Debía disfrutar el baile, sentirlo. Pero al hacerlo... ya no se reconocía. Agitó varias veces su cabeza, meciendo su larga melena ondulada en el aire y al enfocar sus verdosos ojos en el frente, se encontró con ese hombre, nuevamente, entrando en el bar y examinándola con aquellos ojos que le daban miedo. No estaba segura del por qué, pero sentía que nada bueno podía ocurrirle si estaba cerca.

Para cuando terminó el baile, Deborah lo había perdido de vista. Lo agradeció. Pensó que, quizá, se había ido tras verla bailar. O quizá se había enganchado con alguien, y no tendría que lidiar con su presencia. Se fue detrás de la barra, y se escabulló en uno de los cuartos, donde podría cambiarse de ropa. Debía hacerlo, a fin de cuentas. Al tiempo que bebía un poco de agua.

Alguien entró en la sala y el corazón de la bailarina se aceleró gradualmente.

Giró sobre sí misma, tapando su cuerpo con la ropa que estaba por colocarse, encontrándose con aquel joven de cabellos alborotados, y camisa de cuadros, cruzando el umbral de la puerta.

¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado?— se apresuró a decir, rodeando ligeramente, una mesa que había para poner distancia entre ellos. —Deberías irte, no puedes entrar aquí. ¡Me estoy cambiando, vete!

¿Qué demonios estaba haciendo ahí? ¿Por qué nadie lo había detenido?

Llamaré a seguridad— amenazó, sin ningún tipo de miedo aparente ya que tenía el presentimiento de que no pensaba hacerle caso.
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Última edición por Lykaios el Dom 17 Abr - 18:46, editado 2 veces
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Re: — She took his heart, he took her soul »

Mensaje por Phoenix el Vie 15 Abr - 20:43



Get out of my sight

BAR NOCTURNO.
MADRUGADA.
CON LA BAILARINA
Paseó su mirada lenta y minuciosamente por cada rostro que se anticipaba hasta las cercanías del escenario en donde la música parecía resonar con más fuerza de lo habitual y en donde el taconeo constante de los movimientos declaraban que se llevaba a cabo ahí un sensual baile del cual solo él podía pender sus sentidos sin ningún tipo de remordimiento, porque a fin de cuentas, aquella muchacha estaba destinada a ser completamente de él en una posesión que se podía considerar enfermiza, pero mucho más allá de eso, necesaria.

Aguardó pacientemente a como comúnmente lo hacía, deleitando su mirada y el chasquido suave contra su paladar declarando que la situación no le atraía meramente por el posible contacto físico que pudiese mantener con ésta, sino que por el simple hecho de apreciarla en su lejanía, en su cercanía, en esa constancia que tanto le había encandilado para declarar ahí de que aquella muchacha de rasgos naturalmente tocados por la inmensidad glorificada de la perfección era mucho más que cualquiera que antes hubiese si quiera cruzado delante de sus ojos, ya que no hacían muchos meses atrás desde que el joven se había inclinado a asistir a lugares de tal categoría que jamás en su vida pensó que tocaría, pero, ¿y sin embargo?. Ahí estaba y más encima, claro estaba, que si de él dependiera, mucho rato atrás ya habría dejado sus andanzas, pero era esa melena pelirroja, aquellos sutiles movimientos de sus caderas los que les convencía de que nada habría jamás valido totalmente la pena si no la tenía.

Terminando su presentación, Tyrion se dispuso a darle una pequeña visita en la que se adentró por el costado superior del local, ése en donde ya su presencia parecía ser lo suficientemente reconocida y respetada como para no llegar a poner impedimento alguno en su avance por las instalaciones, pues, a fin de cuentas, ¿no había pagado lo suficiente por ello?. Su reacción fue graciosamente recibida por el castaño, quien elevó en un deje cerrado su mentón, apenas entreabriendo los labios para reír suave en lo que ladeaba su cabeza. — Entré por la puerta, al igual que tú, Deborah. masculló con naturalidad, una en la que le trataba como si fuese una par más con la que tenía una relación de años, cuando lo cierto era que probablemente ella ni enterada estaba de su nombre.

Para cuando la chica volvió a hablar, Ty cambió el gesto a una mueca algo sopesada en la imposibilidad, como frunciendo los labios y arrugando el gesto en una clara expresión de que lo que decía no tenía sentido. — Mhmm, yo que tú no haría eso. — anticipó relamiendo su comisura inferior disimuladamente en lo que posicionaba su mano sobre la mesa que les separaba y comenzaba a rodear de esta en lo que repiqueteaba sus dedos curiosamente, inspeccionando su expresión, su figura y el ropaje que traía.
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Re: — She took his heart, he took her soul »

Mensaje por Invitado el Dom 17 Abr - 19:03



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MADRUGADA.
CON EL NIÑO DE PAPÁ.
Deborah sabía tratar con clientes que trataban de pasarse de la raya con ella. Eran unos cuántos los que se habían colado cuando ella trataba de descansar o de cambiarse, y estaban totalmente alcoholizados, pidiendo bailes privados o incluso, mucho más. Y ella, si bien al principio no sabía muy bien como defenderse, terminó por aprender defensa personal que podía salvarla de algún apuro. Detestaba ese lugar, ese trabajo pero lo necesitaba para poder continuar con sus estudios... Sólo un poco más, es lo que terminaba diciéndose noche tras noche, para intentar sopesar aquellos momentos de la mejor manera posible.

Pero, precisamente, ese tipo, parecía que fuese de oro. Todos parecían que lamían el piso allá por donde pasaba o que se lo dejaban totalmente disponible. ¿Quién era? No lo sabía, ni quería saberlo. Seguro era alguien con tanto poder y dinero en sus bolsillos que a Deborah le daban ganas de vomitar, por el ego que debía de tener. Pero la mirada con la que sentía que era observada, siempre le hacía sentir intimidada. Escalofríos recorrían su cuerpo cuando, al terminar, lo veía recreándose en ella.

Y ahora, sin ir mucho más lejos, lo tenía a escasos metros de ella.

Ya, de eso he podido darme cuenta yo sola. No soy estúpida— escupió las palabras mientras levantaba con confianza su rostro para encararlo.

Se estaba acercando y sintió a su cuerpo vibrar por un momento.

No sé que quieres, pero mejor vete.

Insistió, en un intento absurdo de que le hiciera caso. No iba a prestarle la menor intención, eso ella bien lo sabía. Así que, tras ver que sus pasos acortaban cada vez menos la distancia, Deborah desistió y giró sobre ella misma para terminar de colocarse el próximo vestido que debía llevar para el siguiente número.

Giró sobre ella misma y vio la tan cercana distancia de ambos. La proximidad hizo que todas sus alertas saltaran, sin embargo, seguía manteniendo aquel tipo de valiente que era tan característico de Deborah. No pudo evitar fijarse en aquellos ojos avellana, en sus labios, en aquellos lunares de su rostro...

La bailarina esbozó una sonrisa ladina y acarició su rostro con una mano para luego descenderla por su pecho, donde la dejó reposar por unos segundos.

¿Te dijeron que podíamos pasar un rato juntos? Lamento decirte que te engañaron, cariño.
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Mensaje por Phoenix el Dom 24 Abr - 5:10



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CON LA BAILARINA
Tyrion desde el instante que había centrado su mirada en ella al entrar por primera vez en el local, sabía que no era como cualquier otra chica, sabía que no era como las demás que se situaban ahí y también sabía que no se asimilaba mucho menos con nadie a su al rededor que él llegara a conocer por el simple talante que ésta reflejaba a leguas de distancias, como si un enigma en particular merodeara su aura, como si algún tipo de eclipse en particular hiciera de su pequeña figura un atractivo supremo para los ojos curiosos de un joven cautivado por los dotes naturales de tal belleza.

Siguió su paso con una calma que solo un hombre seguro de su vida, de sus movimientos, de sus palabras sería capaz de reflejar. Su corazón palpitaba con calma, su respiración era tranquila, sus labios merodeaban una sensación de complicidad propia en la que los secretos se perfilaban en el deseo de tenerla cerca, en la intención de mantener aquel aroma próximo, aquella voz enfundando de dulzura sus oídos, aquella mirada atrevida exigiendo un respeto que él entendía, pero que su cordura no le permitía sopesar por completo, porque con ella ahí no existía la cordura.

— ¿Engañarme?. — susurró cuestionando la relatividad de sus palabras. Una sonrisa en particular dibujada en sus comisuras se transformó en el eco agraciado de una risa baja, ronca, sumamente minuciosa, encauzada de pronto por el roce febril de su mano sobre su pecho que hizo descender la mirada del chico hasta seguir el camino de sus dedos, esos a los que él no aguardó por acariciar con los propios ascendiendo su mano hasta la ajena, aprisionándola así en un agarre suave, nada invasivo, casi endulzado por la sutileza, pero que aún así guardaba un grado de posesión en él. — Tú eres la única que se está engañando con aquellas precipitadas conclusiones, cariño. le imitó con solemnidad en lo que humedecía ligeramente el inferior de sus labios.

En su mirada se encontraba tal confianza y control de la situación que de pronto Tyrion temió de si mismo, temió de tener tal posesión de la situación que el control se le escapara de si mismo de entre sus manos por el simple hecho de que ésa chica le traía loco.
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Mensaje por Invitado el Miér 27 Abr - 18:43



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CON EL NIÑO DE PAPÁ.
Aquel tipo se veía muy seguro de sí mismo, tenía una confianza que creía que podía derribar la de Deborah. A fin de cuentas, sabía que podía tener las de perder en cualquier momento. Por suerte, no la criaron para que fuera una mujer que tuviera que ser salvada por un galán. Ella misma se bastaba y se sobraba para protegerse y para salir de los problemas. O al menos, siempre había sido así. La mirada que emanaba aquel muchacho, estaba provocando que su corazón latiera un poco más rápido por el simple hecho de que tenía la sensación de que era más peligroso de lo que aparentaba. Y aún así, ella decidió meterse en la boca del lobo.

Deborah no era como caperucita. Lo sabía. No se convertiría en ella.

Aham— el sonido de su garganta fue mucho más notorio que sus propias palabras. Un sonido que tanteaba el terreno, que lo incitaba a algo que realmente no estaba segura. Sus manos, que comenzaron practicamente en sus hombros, recorrieron con suavidad el pecho del muchacho. Alzó su mirada verdosa y pudo notar como observaba el paseo de sus manos. Fue a retirarlas cuando sintió como las tomaba, y aunque no fue un agarre muy forzoso, si pudo notar en él algo que no le agradó. Aún así, ella continuó en aquel papel en el que se había enfundado y una sonrisa se asomó por sus labios rojizos, humedeciendo sus labios durante un instantes. —Oh, ya veo...

Deborah fue quien tomó el control de la situación o, al menos, eso es lo que empezó a pensar cuando, sin hacer ningún forcejeo para apartar sus manos del pecho del muchacho, lo empezó a llevar, disimuladamente, hacia una silla que había en una silla. Lo empujó allí y se llevó un dedo a su boca, como si estuviera pensando en jugar con él un rato.

Entonces, ¿vienes a ver como me cambio? Dudo que quieras solo eso, pero no me importa—  terminó por decir, encogiéndose de hombros.

Giró sobre ella misma dispuesta a continuar con el cambio de su vestuario. También de retocar su maquillaje y por ello, delante de ella tenía colgado un enorme espejo por el que podía controlar los gestos y las acciones de aquel tipo.

Puesto que conoces mi nombre, deberías decirme el tuyo.

Dado que el vestido ya lo tenía puesto, se puso unas medias negras hasta por encima de la rodilla. Recogió su cabello y se acercó para retocarse, pues veía que seguía estando estupenda. Giró para mirarlo y no dudó en hacerse ver.

¿Qué tal me veo?— caminó hacia él, a paso lento, contorneando sus caderas y giró antes de llegar hasta él para evitar cualquier tipo de contacto. Podía tomarla de la mano, de la cintura o algo, y no le apetecía verse arrinconada de él. No le gustaba que nadie la arrinconara. —Ve a la barra y que me anoten una copa. Te invito— le guiñó un ojo y le hizo un gesto hacia la puerta.

Quiero largarme ya de aquí.

Pero, ¿qué tan controlada podías llegar a tener la situación, Deborah?
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Mensaje por Phoenix el Sáb 30 Abr - 3:42



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CON LA BAILARINA
Si había algo que a Tyrion le volvía loco era ver algún método alejado de la realidad como un medio de imponer la propia conmoción, tal como lo hacía en ése instante la muchacha desconocida a cercanías para él completamente hasta ése entonces, quien con una tranquilidad en particular que el chico podía detectar como un perspicaz método de defensa le guió hasta posicionarle y sentarle en un asiento que le mantuviera lo suficientemente lejano a ella pero atento a los movimientos realizados por la misma, lo que no sabía si comenzaba a distar de una característica en particular que le agradaba, o un método que le complicaría la vida para el cometido que la maquinada mente del joven tenía en práctica, sin embargo, obedeció.

Con calma se acomodó sobre el taburete en lo que entreabría sus piernas y dejaba recargar por completo su espalda contra el respaldo de la misma que le daba un panorama general de lo que sucedía a su al rededor. No había nadie más en el lugar excepto por ellos y el resto de bailarinas parecían haber encontrado misteriosamente otro lugar en donde concretar la manipulación de su apariencia que no les llevara precisamente a arruinar el momento que ahí estaba entablando precisamente el joven con la aún más agraciada muchacha. ¿Casualidad?, poca creía Tyrion, quien relamió sus labios con suavidad y una sutileza en particular en lo que se regodeaba vislumbrando la magnificencia ajena, observando a través del espejo la acción de sus manos y delante de sus ojos el contorno atractivo natural de su figura, pero en la mirada del chico no había una perversión invasiva, sino que una peligrosa, una que le divertía porque sabía que en el fondo no estaba jugando a probar suerte, sino que estaba jugando a probar la suerte de ella. — Si no quieres saber nada de mi, ¿por qué haces ése tipo de preguntas Deborah?. — le preguntó del mismo modo que lo hace un irónico padre cuando advierte que no se debe hablar con extraños, y es que, ¿no lo eran ellos acaso?. Sí, y en eso precisamente estaba toda la gracia detectable por parte del travieso Tyrion, quien sin dejar ver atisbo de sorpresa, simplemente se regodeó observándola como quien mira a las estrellas, sin responder a su pregunta con palabras, pero sí con una expresión de completa entrega, una que ella le quitó con las esperanzas cuando se volteó antes de llegar hasta donde él se situaba y no fue hasta cuando oyó lo siguiente que algún tipo de sutil cólera se apoderó de él, dejando a la paciencia apiadarse de ella cuando, antes de que ésta se pudiese alejar del todo, él pudo sujetar su antebrazo sin dejarle partir, sin dejarle arrancar de lo que ya estaba escrito... de lo que él había escrito.

En un movimiento tan fugaz como desgarbado se paró, y sin soltar su mano ni mucho menos sujetó su cintura haciéndola retroceder, un, dos, tres largos pasos con su cuerpo casi encima hasta retenerla en el mueble del mismo tocador que ella, segundos atrás, se había arreglado. Impactó así la parte trasera de la cadera de la muchacha con suavidad contra la madera haciendo que ésta se sacudiera suavemente y el chico se posicionó así a un par de centímetros de distancia apenas... centímetros que mantuvo en lo que descendía su mirada por el cuerpo ajeno en un viaje rápido y volvió a mirarle a los ojos... a aquellos enigmáticos ojos. — ¿Crees que he venido aquí solo por un trago?. — su voz sonó ronca, de pronto, mucho más mal intencionada de lo que usualmente ocupaba y explícitamente, peligrosa.
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Re: — She took his heart, he took her soul »

Mensaje por Invitado el Mar 3 Mayo - 15:26



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Pareciese que todo estaba sumamente calculado con ese tipo por el simple hecho de que, nadie entraba, nadie estaba cerca. ¿Lo habría planeado todo? No creía que fuera capaz de haber manipulado todo a su alrededor. Vamos, ¿tanto poder podría tener ese muchacho desgarbado y con esa mirada feroz, que podía intuir que nada bueno podía pasar si seguía estando cerca de él? Creía que, todas sus alertas, estaban haciendo que se imaginara más de lo que debería ser en la realidad. Pero sus alertas estaban perfectamente en su sitio. Su intuición le decía que no estaba teniendo paranoias.

La mirada que sentía sobre su espalda, le erizaba la piel. No era misteriosa, tampoco era especial. Era peligrosa. Y, como si Deborah pudiera presentir el peligro, su cuerpo estaba en modo de defensa. Por suerte, no se consideraba de una damisela que tuviera que pedir ayuda para ser rescatada. Deborah era una mujer de armas tomar, así tuviera miedo, no se achantaba ante nada ni ante nadie. Y si ese tipo se pensaba que iba a poder conseguir aquello que estuviera pensado, es que, realmente, no la conocía de nada. Nada más lejos que la realidad. Por no conocer, la bailarina no conocía, siquiera, su nombre.

Su mirada verdosa, miró a través del espejo, viendo la comodidad del chico, de aquella mirada que se entremezclaba la diversión. Deborah terminó de pintar sus labios en un color rojo carmesí y volteó, depositando con suavidad el pintalabios en el tocador. Dejó reposar, con suavidad y delicadeza su cuerpo en la madera, con sus manos apoyadas en ésta e hizo un gesto de aprobación. —Tienes razón, no me interesa— su seguridad era más de lo que ella pensaba, empezaba a estar como un camaleón; fusionándose con la situación. Entremezclándose con el enemigo, porque así es como empezaba a verlo. Le dedicó una sonrisa, antes de volver a pensar en cómo tenerlo ahí, sentado, alejado de ella así pudiera sentir como la admiraba con la mirada. Sentía como, en cualquier momento, todo podía ponerse del revés.

Más, todo dio un cambio cuando pareció comprender que aquel momento de “tú y yo” se había acabado. Que ahora iba a ser él y la copa. Que no iba a seguir adorándola con la mirada, que no seguiría perdiéndose en su silueta, en el contorno de su cintura al pasearse por aquel pequeño espacio, ni en el movimiento que realizaba con su cabello rizado. Así intentó ella reaccionar y echar pasos hacia atrás, su mano fue apresada y los ojos verdosos de la bailarina, se quedaron atrapados en el rostro del muchacho que parecía haber cambiado casi drásticamente.

Todo se había puesto del revés.

Suéltame— musitó, en un intento de soltarse.

Pero no pareció escucharla. O de haberlo hecho, ni siquiera le hizo caso. Sintió su propio cuerpo retroceder, a voluntad de él mientras trataba de liberarse. Pero sintió también su cintura atraerse hasta el cuerpo contrario. La mano libre de la pelirroja, se colocó en el pecho, para mantener la distancia.

¿Qué estás haciendo?

Inquirió al tiempo que sentía el tocador tras de ella. Su mano fue allí, como si sintiera que ésta iba a volcar y con ésta, ambos. Pero no lo hizo y tras observar su situación, regresó su mirada hacia el joven que volvía a pasear su furtiva mirada por su cuerpo, mucho más descarado que antes.

Las palpitaciones de su corazón se aceleraron y respiró profundo, tratando de mantener la calma. La compostura. La tranquilidad. Porque no estaba todo perdido. No podía estar todo perdido. Se encontró con su mirada, y le dedicó una sonrisa, casi irónica ante su pregunta. ¿Necesitaba una respuesta? Era obviamente que iba a decir un claro no. Pero, sin embargo...

¿Y tú crees que yo soy una cualquiera?— contrarrestó, enarcando levemente una ceja, con ironía al tiempo que con el índice de su mano libre se colocaba en el pecho del muchacho. —Te lo he dicho antes. Y te lo diré las veces que sea necesario. No soy de esas— insistió, pudiendo notarse que no le iba a tener miedo a plantar cara o a defenderse si hacia falta.

Así se le saliera el corazón por la boca y tuviera la sensación de que temblaba en algunas ocasiones. Ella nunca se mostraría débil. Menos, con un hombre de su calaña.

Así que, suéltame— repitió y sonó, ligeramente, a una orden, casi sin pretenderlo. —No quieres hacer las cosas de esta manera.

Tironeó, en un intento de que le permitiera la suficiente libertad como para no sentirse entre la espada y la pared. Porque, en esos momentos, lo estaba. Completamente.
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Mensaje por Phoenix el Jue 9 Jun - 2:26



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CON LA BAILARINA
Su resistencia resultaba ser para el muchacho, demasiado persistente, pero no por eso menos agradable a lo que sus expectativas formaban en cuanto a su actitud.

Era una mujer empoderada, eso él y cualquiera a su al rededor lo podía notar a leguas sin siquiera tener que precisamente conocerle en circunstancias más cercanas que no fueran las del mero hecho de verle bailar con tal seguridad y contorneo de la realidad que la sequedad completa de sus movimientos podían azotar tus expectativas respecto a qué es la verdadera sensualidad y qué es lo que no se adapta a la calificación que aquella muchacha de orbes verdosos, poseía casi en su instinto, por naturaleza.  

Quizá era por éso precisamente que ella tanto le gustaba, quizás era por esas preguntas que se le ocurría hacer cuando ella bien sabía a la perfección lo que él tenía o quería hacer, porque aparte de ser sumamente bella, tenía la apariencia de ser sumamente inteligente y la pregunta del muchacho terminaba por ser entonces, ¿qué es lo que una mujer como ella, de tal altiva percepción y capaz ingenio hacía en un lugar cómo ese?, ¿en un antro en el que solo las chicas despechada con la vida, perdidas de las esperanzas venían a caer?. Tyrion jamás se había entrometido con ninguna de ellas y probablemente jamás lo haría porque no existía en él necesidad alguna de hacerlo, no al menos cuando las chicas parecían volar a su al rededor por su situación económica y posición universitaria. Le faltaban dedos y extremidades para contar la cantidad de veces y alumnas que intentaron algo con él, quizás con tal de recibir una buena bonificación en notas pero de lo cual él aún así repelía con naturalidad.

Era un hombre que adoraba la sapiencia y ella parecía tenerla de sobra, por lo que cuando hizo tal pregunta, una sonrisa graciosa se escapó de sus labios que pareció entornarse en un ritmo mucho más ronco de lo habitual, con un deje de curiosidad y misterio respecto al ambiente sumamente tenso y acelerado que se respiraba en el ambiente, ése que cesó para cuando intentó zafarse de él entre tironeos que retuvo, envolviendo ambas manos contrarias en la parte contraria del propio cuerpo femenino, recargándole aún más en la mesa y con éso, él cada vez más cercano a ella. — Si quisiera a una cualquiera probablemente estaría ya con una de tus compañeras. — aclaró con complicidad, esbozando en sus comisuras una sonrisa perpetuada por la gracia que de pronto le hacía la situación en la cual ella no parecía terminar de comprender que sus intensiones eran muy distintas a lo que su interior regocijaba.

— Pero tú no eres como ellas, ¿o sí lo eres Deborah?. — musitó en la proximidad de sus labios, manteniendo una altura cercana a la de ella que le permitía apreciar los detalles de su rostro en su totalidad y sentir la respiración acompasada contraria tan próxima a la suya. Oh, no le gustaba tan calmada. — Y yo no soy como ellos... — señaló en referencia al montón de hombres que llenaban el local día a día en busca de una conquista y desperdiciar dinero, mientras él parecía haber hecho la mejor inversión de su vida. — por lo que sabrás que ésto no es un juego. — una de ambas manos que sostenía las ajenas, la soltó, no sin antes asegurar bien su partida para ascenderla y acariciar suavemente su mentón, despejando su rostro de rebeldes cabellos y en donde más tarde bajó con la tersura de sus yemas, apenas en un roce, por su cuello, clavícula y más tarde nacimiento de sus senos, sin tocar nada realmente más que despejando la vista de la que se regocijaba.
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Mensaje por Invitado el Miér 27 Jul - 17:55



Get out of my sight

BAR NOCTURNO.
MADRUGADA.
CON EL NIÑO DE PAPÁ.
Fuera lo que fuere que tuviera ese hombre para con ella, no era bueno. Lo notaba en su actitud, en su forma de mirarla, en sus misteriosas palabras. A veces, casi parecía que no dijera nada, pero, entre líneas, Deborah era capaz de descubrir muchas más cosas de lo que pareciera. Y no le gustaba nada. La inquietaban y la ponían nerviosa, así estuviera manteniendo de aquellas apariencias que, si bien duraban muy bien, en algún momento, quizá, cayeran. Y no deseaba que eso ocurriera. Porque en cuanto fuera débil, sabía que él terminaría de dar el último ataque.

Te estoy diciendo que no— gruñó, casi golpeando su frente contra la contraria. Estuvo tentada, pero se contuvo. Estaba empezando a tener una pequeña rabia en su interior. Rabia por no poder defenderse como quisiera. A fin de cuentas, él era un cliente de aquel antro y ella tan solo era una empleada que debía de satisfacer a los clientes. Tratar mal a uno, podía llevar al despido. ¡Y Dios! Necesitaba ese asqueroso trabajo para poder continuar cursando su carrera en la universidad. Si no fuera por eso, entonces...

Podía sentir la respiración ajena casi sobre la suya. Podía notar su mirada cerca, sus labios. Se humedeció los labios, apretándolos después con fuerza. Intentando pensar una escapatoria para tan incómoda y tensa situación. Pero ahora mismo, sólo podía pensar en una cosa; soltarse de aquel amarre y alejarse tanto pudiera de aquel loco psicópata.

Miró de reojo la señalización que aquel tipo estaba teniendo para el resto de hombros. Y regresó su mirada verdosa hacia aquel desconocido del que, ni siquiera, conocía su nombre.

Si no eres como ellos, entonces, ¿qué quieres?— inquirió, frunciendo el ceño. —¿Qué te hace diferente de todos ellos?— ¿unos cuantos billetes podían marcar esa clase de diferencia? Lo dudaba. Para Deborah, todos eran iguales cuando estaban en aquel lugar. Porque todos, absolutamente todo, buscaban algo.

Liberó su cintura para sentir la caricia en su mentón y en sus cabellos rojizos rebeldes. Miró con recelo aquellos dedos y lo miró, con la misma determinación que siempre. Sin achantarse.

Entonces dime de una vez que es ésto y déjemonos de rodeos... Tengo que salir ahí afuera a terminar mi trabajo...— un show más, sólo uno, y podría marcharse a casa. Es lo que se repetía, intentando que todo aquello pasara lo antes posible.

Liberarse de él, liberarse del baile, de las miradas lascivas de los hombres que buscarían formas de tocarla y de tener momentos a sola con ella.

Y Deborah solo podía maldecir el tener que estar pasando por ese tramo en su vida.suficiente libertad como para no sentirse entre la espada y la pared. Porque, en esos momentos, lo estaba. Completamente.
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