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▶ Descensus averno facilis est. ◀

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Mensaje por Invitado el Miér 6 Abr - 17:20

Descensus averno facilis est.
ROL SOBRENATURAL | 1x1 |  



Ser un demonio no es fácil. Y mucho menos si eres el hijo bastardo del Dios Hades y la Diosa Afrodita.

Gabriel sabe muy bien qué significa esto, pues nació fruto de una aventura entre estos dioses. Para ganarse el afecto de su padre, quien no le considera su vástago, el joven demonio es enviado a La Tierra en numerosas ocasiones con el propósito de cumplir ciertos trabajos que le son encomendados por Hades.

Estos trabajos han consistido durante años en ascender a La Tierra a reclutar a las criaturas sobrenaturales y humanos que Hades solicite.

Durante uno de sus encargos, su destino se entrelaza con el de una chica que tiene como propósito arruinar sus planes.
A partir de ahí, se suceden una serie de encuentros con esta joven que parece ser un... ¿ángel?

© by Farah.



___________________________________



GABRIEL HADLEY | 27 AÑOS APARENTES | EDAD DESCONOCIDA | DEMONIO | ZOERETH

BIOGRAFÍA


Gabriel es hijo bastardo del Dios del Inframundo y Afrodita, diosa con la que tuvo una "aventura" y ésta quedó embarazada. Afrodita es asesinada a manos de Hades poco después del nacimiento del joven demnio, para esconder su traición, por lo que , al ser criado por Hades, jamás conoció el concepto de amor.

Al ser bastardo, no es reconocido como vástago de Hades. Desde que tiene consciencia ha tenido que intentar labrarse un puesto en el Infierno para ser reconocido por su padre, quien le obliga a ascender a La Tierra a realizar trabajos para él.

Hades pretende hacer descender al mismísimo Infierno a todas aquellas criaturas sobrenaturales y humanos que osen cometer lo que él considera como delitos en el Inframundo, haciendo que éstos sean sometidos a un juicio y a una sentencia. Es Gabriel la persona encargada de realizar estos trabajos, sin importar lo que tenga que hacer para sacarles información antes de su juicio, hasta que su destino se ve entrelazado con el de un molesto ángel que tiene como propósito interferir en todo esto.


© by Farah.


___________________________________



ELIZABETH HAWTHORNE | 25 AÑOS APARENTES | EDAD DESCONOCIDA | ÁNGEL | STRAWBERRY

BIOGRAFÍA


Elizabeth es una de las tantas hijas engendradas por Zeus y la oceánide Eurínome para la protección del mundo y de los seres mortales y sobrenaturales que allí vivían.

Como sus hermanos, pasó su tiempo en el Olimpo hasta que el equilibrio entre el bien y el mal se rompió, y tuvo que unirse a éstos para acabar con el caos que se había desatado en la tierra. Para eso, debía mezclarse con los seres que allí vivían y ocultarse, como otros sobrenaturales de los humanos que no conocían sobre su existencia. Todo con el fin de protegerlos.

Ella se volvió una de las favoritas de su padre por ser una fiel servidora que cumplía con las tareas que él mismo le encomendaba con total diligencia. Y así pasó toda su eternidad hasta llegar a la actualidad.

Lo que no sabía era que las guerras pasadas y los crímenes simples no tendrían comparación a lo que se avecinaba y que eso le permitiría formar parte de un selecto grupo destinado a acabar con el origen de todo el mal.


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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Miér 6 Abr - 20:16

Stop right there!
Elizabeth – Calles de la ciudad – Por la mañana
Elizabeth había dedicado toda su existencia a cumplir con la tarea que le habían encomendado. Para eso había nacido. No conocía lo que era tener una familia o amigos como todos los seres que protegía. Sólo era consciente del amor profundo que sentía por todas esas criaturas. La gran mayoría era pura e inocente, pero fácilmente podían manchar su alma, y su tarea era evitar que eso sucediera.

La maldad se extendía como una sombra sobre cada una de las criaturas que se veían tentadas a cometer pecados, o más bien crímenes. Y así como existían seres de buen corazón, también los había malos, criaturas tan crueles que no les importaba arrastrar a los inocentes  hacia la oscuridad.

Con sus hermanos, había pasado toda su vida luchando contra eso. Parecía un esfuerzo en vano puesto que sin importar cuánto batallaran con el mal, siempre revivía de las cenizas como el ave fénix después de los períodos de paz. No obstante, comprendieron con el tiempo que lo importante era mantener el balance, mismo que en el último milenio se había perdido. El mundo estaba en peligro.

¿Qué podían hacer? La cantidad de guardianes no daba abasto, y aún así, no se rendirían, pelearían hasta las últimas circunstancias, pero debían permanecer alertas y continuar con su labor.

Eso mismo hacía la joven a diario: vigilar que, en el sector que le tocaba controlar, nada malo sucediera. Podía pasar el tiempo sobrevolando las calles sin que nadie la notara. ¿Por qué? Porque contaba con un poder, una suerte de manto que le permitía ocultarse de la vista de los mundanos cuando mostraba su verdadera forma. Fue el mejor regalo que su padre les hizo alguna vez.

Creyó por un segundo que ese día sería uno tranquilo como los demás, puesto que en la zona que le habían asignado, rara vez tenía que lidiar con conflictos. Por esa razón solía ayudar a sus hermanos cuando lo requerían. Pero ese día vio algo que llamó su atención y la hizo descender en una de los callejones aledaños para observar qué ocurría. Si no sabía con lo que se enfrentaba, no se expondría así sin más; así que se mantuvo en silencio mientras contemplaba la escena.

A unos metros de distancia, en lo que parecía ser un viejo depósito que por años había permanecido cerrado, ingresaban un cargamento mientras un grupo de hombres hablaba en un tono elevado y gesticulaban en forma exagerada. ¿Estaban discutiendo? ¿Y de qué se trataba todo eso? ¿Una nueva empresa en ese barrio tranquilo? ¿Y qué contenían las misteriosas cajas? Quería acercarse y averiguarlo, usar su fachada de oficial de policía para hacerlo, pero ¿sin refuerzos? No. Debía ser paciente. Si la situación se complicaba, saltaría a escena sin dudarlo.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Miér 6 Abr - 23:34

Descensus averno facilis est.

No sé si podré cumplir con lo que me pide, padre. – dijo el joven demonio arrodillado ante su padre, quien se encontraba sentado en el trono que le pertenecía.

¡No te atrevas a llamarme padre si no puedes cumplir con algo tan simple! – El dios se levantó rápidamente de su trono elevando tanto la voz que incluso Caronte, el barquero del Inframundo, le escuchó desde la otra punta del lugar.

Gabriel llevaba tantos siglos cumpliendo con lo que se le encomendaba, que jamás tuvo que rechazar una tarea debido a lo fácil que le resultaba por su experiencia. Pero después de tantos años, creía no estar capacitado para lo que se le había mandado.

Perdóneme la ofensa. – el joven de pelo blanco no se movió ni un solo centímetro y allí permaneció honrando a su padre durante todo el tiempo que duró aquella agitada conversación.

¡Lárgate de aquí y haz lo que debes hacer! – sentenció finalmente un malhumorado Hades, quien volvió a establecerse en su trono con un rostro de irritación.

El demonio se levantó de manera lenta y se dirigió hacia el Río Aqueronte, un lugar que separa el mundo de los vivos con el Inframundo, el cual tenía que atravesar cada vez que volvía a La Tierra.

Hades parece disgustado, ¿no cree, joven? – comentó el barquero.

Gabriel estaba cansado de aquella situación y del poco reconocimiento que obtenía por sus esfuerzos, así que consideró que mejor no debería seguir con aquella conversación para no comentar algo que no debía.

Cuando llegó a su nueva localización, una pequeña ciudad llamada Vestfold, todo parecía tranquilo. El lugar estaba plagado de humanos que podrían ser fácilmente corrompidos si así él lo desease. Pero no estaba allí para eso.

Dio un corto paseo a pie, mezclándose con esos humanos que consideraba muy inferiores a cualquier criatura sobrenatural. Sin embargo, Gabriel admiraba mucho el sitio en el que vivían, pues el venía de un lugar lóbrego y sombrío. En parte agradecía ser enviado a La Tierra a realizar aquellos trabajos, pues era un lugar muy tranquilo.

Cuando llegó al lugar, usó el poder que Hades le había otorgado en su nacimiento, la "umbrakinesis". Es también conocido por la capacidad de manipular las sombras, de manera que se puedan manejar y crear una sensación irreal de invisibilidad para el ser humano.

Pero si hay algo que se le daba bien al muchacho de pelo ceniciento, era entrar en un estado de calma para sentir la presencia de otros seres, lo cual le era de gran ayuda cuando debía buscar a alguien.

Desde luego, en aquel lugar, había alguien. ¿Dónde? No estaba tan seguro, pero podía notar su penetrante mirada sobre él.

VESTFOLD | INFRAMUNDO / CIUDAD | MAÑANA
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Jue 7 Abr - 1:20

Stop right there!
Vestfold – Calles de la ciudad – Por la mañana
Lo había visto entre el gentío y todo el movimiento que realizaban los hombres con la extraña operación que realizaban, pero él no la miraba. Había algo en él que había captado su atención, incluso más que las cajas. Notó algo peculiar; una energía oscura que los humanos de esa ciudad no poseían. ¡Claro que no! Eran simples mortales sin poderes, ¿cómo podrían tener poderes?. Pero entonces ¿quién era ese ser?

Frunció el ceño y entrecerró los ojos, como si de esa forma pudiese verlo mejor. Si había algo que poseía era una vista excepcional, como la de los halcones. Una característica que venía con la especie. ¿Cómo podrían proteger el mundo y ver lo que sucedía en la Tierra sin esa habilidad? Pero ese no era el punto en cuestión. La realidad era que ese ser no pertenecía allí. Debía marcharse.

Como ella, estaba oculto de la vista de los humanos. Era su oportunidad; debía aprovecharla para no armar ningún tipo de alboroto. Así que siimplemente, se acercó con determinación, sin preocuparse por sus alas. ¿Para qué hacerlo si nadie podía verla?

Pasó entre los hombres que antes había estado vigilando, sin cambiar la expresión de enfado de su rostro. Ni el sonido de sus pasos ni el movimiento de su cabello se hicieron perceptibles. Era como el aire mismo que respiraba.

Tú… No deberías estar aquí —sentenció con voz seca y autoritaria cuando se paró a espaldas del albino—. ¿Quién te envía? ¿Qué buscas de éstos inocentes humanos? —cuestionó con una mueca de desagrado y una mirada que lo fulminaba. Conocía bien a esas criaturas. Viles monstruos que disfrutaban de corromper a los humanos que con tanto amor y devoción pretendía proteger. Pero no se lo permitiría.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Jue 7 Abr - 2:22

Descensus averno facilis est.

Gabriel hizo un gesto de media sonrisa en su cara antes de girarse a comprobar a quien pertenecía aquella voz tan suave que pasaba inadvertida para los humanos.

Hola, preciosa. – dijo irónicamente mientras sonreía, casi pretendiendo reírse de ella.

Una jovencita como tú no debería estar aquí. Lárgate. – continuó mientras la miraba a los ojos y metía sus manos en los bolsillos de sus vaqueros negros y se alejaba de un salto.

El demonio sabía que ella no era una criatura normal, ni siquiera estaba al cien por cien seguro de qué naturaleza tenía. Dedujo que al no haber podido percibir su presencia entre las calles de la ciudad, tal vez era porque no se encontraba ahí, sino sobrevolándolas. – ¿Será un ángel? – pensó para sí mismo mientras la examinaba de pies a cabeza.

Imposible. – concluyó. Los pocos ángeles con los que se había cruzado no tenían esa forma ni esos poderes, así que la idea pronto se le fue de la cabeza.

Gabriel la inspeccionó completamente intentando averiguar qué hacía allí y qué quería de él o de la situación.

Mira, hermosa. Ahora mismo estoy ocupado con un pequeño... "trabajo", ya sabes. Puedo darte mi número y nos tomamos luego un café, ¿vale? – Guiñó un ojo y la vaciló con frases del mismo índole un rato, siendo completamente sarcástico durante toda la conversación.

Pero ahora, te aconsejo que te marches. – Su rostro se transformó a uno con gesto serio y nada vacilante. Las bromas para él habían acabado y ella debía irse.

Elevó su mano derecha hasta casi llegar a su pecho y situándola delante de su camisa de cuadros roja y negra, chasqueó los dedos, produciendo una leve llama de color azul, casi como advirtiéndola de que debía marcharse si no quería salir herida.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Jue 7 Abr - 7:17

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Vestfold – Calles de la ciudad – Por la mañana
La fémina se cruzó de brazos y se quedó mirándolo fijamente. Era claro, por la expresión de su rostro, que él no le agradaba. De todos los que estaban alrededor, él era el único que podía verla —al igual que ella a él— y no tenía la pinta de ser alguien confiable. Su energía negativa y completamente corroída lo decía todo, y eso mismo la repugnaba, como si estuviese oliendo un huevo rancio.

Cuando escuchó su saludo, tan sólo enarcó una ceja. ¡Qué irritante! Se estaba burlando y no iba a permitirlo de ninguna forma.

¿No debería estar aquí? ¿Por qué? ¿Acaso escondes algo? —sonrió de medio labio por unos leves segundos—. Puedo estar aquí tanto como quiera. No eres quién para decirme qué hacer. ¿Quién te crees? —respondió tajante, sin siquiera sacarle la mirada de encima.

Cuando él mismo imitó su accionar al analizarla con la mirada, el ceño de ella se frunció aún más. Ese hombre comenzaba a hastiarla. Podría parecer pequeña, joven y débil, pero no lo era, y tampoco toleraría que la hiciera sentir menos. Hacía mal en subestimarla, muy mal.

¿En serio? —resopló—. Mira, galán, no necesito tu número ni nada de ti —se detuvo y cubrió la boca con una mano—. ¡Oh, no! Espera... ¿Sabes qué es lo que necesito? Que te vayas y dejes a los humanos en paz —pronunció, ignorando por completo sus gestos provocativos y respondiendo con una expresión de disgusto y asco.

Con cada palabra que él decía, cada gesto, cada movimiento, todo en él le generaba rechazo. ¿Sería porque eran de razas diferentes? Esa podía ser una de las razones, la otra era su personalidad. No lo quería cerca, y era evidente que él tampoco a ella. ¿Por qué no se iba entonces? ¿Qué pretendía hacer en esa ciudad? Podía volver de donde vino y continuar con su "trabajo" allí si así lo deseaba.

¿O si no qué? ¿Me harás daño? ¿A mí? ¿A una dama inocente como yo? Que poco caballero eres... —si creía que iba a intimidarla con sus palabras, estaba muy equivocado. Y así como él se había valido del sarcasmo para fastidiarla, ella lo había usado también como arma—. Vete tú... —concluyó amenazante.

Sabía lo que se avecinaba. La tensión entre ambos era palpable. Pero ¿de verdad creía que su poder la atemorizaría? No. Eso nunca pasaría. Su único miedo era que esa llama lastimara a un inocente. Así que no lo pensó dos veces. Actuó por impulso, abalanzándose sobre él para tomar con fuerza y firmeza su mano. No le importaba salir ella lastimada, después de todo, sanaría pronto, pero sus amados humanos no podrían soportar algo así. Eran simples e inocentes mortales que perecerían si se desataba un conflicto entre ellos dos.

Llegas a hacer algo, cariño, y te arrancaré los ojos —apretó la mano que sostenía, para mostrar que no era débil como él había pensado. No, no era una humana; era mucho más poderosa. Era hija de Zeus, y un simple demonio como él no podría hacerle frente ni en un millón de años—. Piérdete... —encerró la llama dentro de su propia palma para que la misma se apagara por falta de oxígeno. Ni siquiera se preocupó en ver su piel chamuscada cuando la abrió al fin, ni mostró dolor en su semblante. Lo escondió en lo más profundo de su ser, y él nunca lo vería. Después de eso, soltó su mano y le dio un empujón—. No te temo.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Jue 7 Abr - 13:21

Descensus averno facilis est.

Vaya, vaya. Así que la señorita tiene carácter, ¿eh? – dijo carcajeándose.

Lo que Gabriel realmente pretendía con aquello, era adivinar la naturaleza de la chica que acababa de conocer. Si todo salía como él había planeado, la joven vería su llama como una amenaza para los humanos que se encontraban tras él y ella sola se delataría al intentar salvarlos.

Gabriel no podía ponerles una mano encima a aquellos simples humanos por órden de Hades, a pesar de que lo deseaba.
En el momento en el que produjo aquella leve e inocente llama, la joven se abalanzó sobre él tirándolo al suelo y quedando bajo ella.

Algo en Gabriel cambió en aquel momento. Había estado con muchas y diferentes mujeres antes, pero el aura de aquella desconocida era completamente diferente. Su corazón frenó en seco antes de que Gabriel reaccionase y volviese a soltar uno de sus irónicos comentarios con los que molestarla.

Primero invítame a una cita, ¿no? – comentó a la chica mientras arqueaba una ceja y sonreía de manera provocativa.

Cuando ésta se alejó de él, no había duda. Ella debía ser un ángel. Pero no era como los que había conocido y eso le provocaba un gran enfado. No sabía bien qué hacía ella allí ni qué pretendía, solo esperaba que no interfiriese en sus planes. ¿Es que acaso aquella zona estaba protegida por una especie de ángeles superiores? ¿Tenía aquel lugar algo especial para Zeus? Muchas preguntas rondaban por su cabeza y para ninguna encontraba respuesta.

No pienso irme. Quizás deberías hacerlo tú, ¿no crees? – dijo mientras se paseaba por aquel almacén sin quitarles la mirada a los humanos que tenía detrás, vigilando que hiciesen correctamente lo que les había mandado a hacer.

Qué chica tan maleducada... aún no te has presentado. – comentó finalmente el demonio. Le encantaba molestar a las mujeres con sus comentarios provocativos y sus sonrisas picaronas. Era algo que en el Inframundo le venía genial, pues sabía que todas las mujeres que se encontraban allí, tenían el deseo de estar con él.

Le encantaba controlar la situación.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Jue 7 Abr - 19:13

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Desde un principio sospechó que ese hombre no iba a decirle nada de lo que necesitaba saber y que, para colmo de males, iba a seguir con sus jugarretas y sus bromas de mal gusto sin siquiera considerar la idea de irse. Volvía a subestimarla y eso hacía que le hirviera la sangre de las venas.

Decir que tenía carácter era poco. Realmente lograría que en un arrebato de bronca le cortara esa lengua tan filosa e irritante que tenía. Y sus burlas sólo echaban más leña al fuego.

Pudo haberlo estrangulado cuando lo tuvo a su merced, debajo de ella. Pobre criatura indefensa. Pero no, esa no era su intención. Sólo quería que se marchara, y a pesar de sus esfuerzos y de sus amenazas, no lo logró. ¿Y luego qué? ¿Había escuchado bien? ¿Otra vez con esas frases hechas de galantería? Si pensaba que iba a caer rendida a sus pies, estaba muy equivocado. Nunca se fijaría en un demonio.

¿Una qué? No iré a ninguna parte contigo, criatura despreciable —espetó con el odio grabado en su rostro—. ¿Por qué mejor no vuelves al agujero de donde viniste? Allí podrás conseguir muchas damas con las que podrías pasar el rato —forzó una sonrisa, antes de chasquear la lengua.

¿Acaso no hablaban el mismo idioma? ¿Tan difícil era cumplir con lo que se le pedía? Era una tonta. ¿Qué más podía esperar de un demonio? Esas criaturas hacían lo que querían y sólo escuchaban razones cuando los vencían en una pelea. ¿Tenía que gastar sus energías para eso? Sin dudas lo haría por el bien de los humanos.

Te irás de aquí y volverás a tu agujero, cueva o lo que sea —dijo al mismo tiempo en que lo fulminaba con la mirada—. Ya lo he dicho antes. ¿Cuántas veces me harás repetirlo? ¿O será que no entra en esa cabecita tuya? —cuestionó con el ceño fruncido. Poco le importaba lo que fuese a pensar. ¿Un ángel hablando así? No tenía nada de malo. Cada uno tenía una personalidad marcada y ninguno hablaría amablemente con seres como él.

Nunca te lo diré. En tu hogar, no necesitas saberlo, ¿verdad? —volvió a forzar una sonrisa—. No tienes nada que hacer aquí —puso los brazos en jarra y se quedó observándolo fijamente mientras daba vueltas por el almacén. Estaba cansada. Quería gritar. Su paciencia se estaba acabando—. Ven aquí —lo tomó de repente del brazo y lo arrastró fuera del depósito y de los humanos que allí había—. Comienzas a agotarme. ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué estás aquí? —lanzó en un tono serio y tajante—. No... ¿Sabes qué? No me importa. Sólo quiero que te vayas —frotó el puente de su nariz con sus dedos, como si eso fuese a calmar su furia—. Éste no es un lugar para monstruos como tú... No eres bienvenido —concluyó al fin. Si no comprendía eso, buscaría la forma de que cumpliera con sus órdenes.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Jue 7 Abr - 20:01

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¡Pero cómo osas llamarme criatura despreciable! – dijo carcajeando de nuevo. –¿Es que acaso no ves que somos ambos muy parecidos? – le increpó a la joven.

Que ella fuese un ángel no significaba que él no la considerase despreciable. ¿Tratar a los humanos como iguales? ¿En qué pensaban esas criaturas? Los humanos eran seres muy inferiores a cualquier criatura y era algo de lo que podían sacar provecho. Sin embargo, los del Olimpo se empeñaban cada vez más en proteger a esos débiles mortales.

Desde luego, aquella joven se empeñaba en continuar intentando hacerle marchar de allí y aquello repugnaba al demonio. ¿Quién se creía ella que era para darle órdenes?

Mira, cariño. No sé quién eres y parece ser que jamás lo sabré, pero déjame con mis asuntos y sigue revoloteando por ahí, ¿sí? – continuó con sus provocativos gestos.

Cuando aquel ángel se atrevió a posar sus manos encima de él y obligándole a salir, el demonio casi estalló en furia.
¡Ni se te ocurra volver a tocarme! – los ojos del chico de repente se tornaron de un color tan rojo que casi podía notarse el odio que corría en su interior. Quizá fuese porque el previo encuentro y roce que había tenido con el ángel había despertado algo en él que no sabía controlar, pero desde luego, no estaba dispuesto a dejar que volviese a ocurrir.

¿Sabes qué? Ni siquiera tengo tiempo para esto, encanto. – volvió a alzar su mano y chasqueó los dedos, creando bajo él una sombra de color oscuro y de la que salía una especie de humo del mismo color. Aquella nube oscura lo envolvió completamente y cuando desapareció, el chico ya no estaba allí.

Gabriel gritó lo más alto que pudo, haciendo temblar todo a su alrededor. Se encontraba ahora de vuelta en el Inframundo, junto al barquero Caronte, un hombre tan anciano que nadie sería capaz de calcular su edad ni asemejarse a ella.

A Gabriel le gustaba tener todo bajo control y aunque bien era cierto que podía controlar aún a los humanos desde el Inframundo, prefería tenerlos cerca por si algo salía mal.

Mientras navegaba por el río junto al barquero en completo silencio, el brazo derecho del joven empezaba a quemarle de una manera incontrolable.

¿Qué es esto? – miró la parte superior del brazo y sobre su cadavérica piel blanquecina, notó una especie de luz que parecía ser él el único capaz en percibirla. –¿Será esto cosa de aquel estúpido ángel? – Gabriel comenzaba a preocuparse de qué se trataba aquello que le producía molestia en el brazo que había tocado el ángel, pero se bajó la camisa que llevaba puesta, tapando aquella marca.

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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Vie 8 Abr - 0:19

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¿En qué nos parecemos? Somos completamente distintos. Opuestos —respondió con una ceja enarcada. ¿Qué clase de ideas tenía? No le importaba que tuviera poderes como ella. Eso no los hacía iguales. Siempre se sentiría más cercana a los seres que tanto amaba.

¿Cómo podía ser similar a un ser tan oscuro? Ni siquiera era capaz de deducir qué planeaba hacer, o en realidad sí. ¿Qué podía esperar de un demonio como él? Nada bueno. Todo lo que pasaba por su cabeza eran ideas crueles y despiadadas; completamente distintas a las intenciones de los ángeles como ella. Eran enemigos, eso era seguro.

Estaba muy equivocado si pensaba que iba a dejarlo así como así. Sabía que algo se traía entre manos y no era tan tonta como para dejarle el camino libre; ni aunque le diera una gran suma de dinero a cambio. Si creía que iba a escuchar y hacerle caso a sus palabras, se equivocaba. ¿Él lo había hecho acaso? No, allí seguía, provocándola con cada una de sus palabras.

Ignoró por completo todos los comentarios que hizo o, mejor dicho, pretendió hacerlo. Sólo lo contempló con cara de pocos amigos. Y cuando él se quejó cuando ella lo alejó de su sitio de negocios, lo soltó sorprendida y casi boquiabierta. Debía haber esperado una reacción así, pero teniendo en cuenta que jugaba a ser galán, creyó que su respuesta sería otra.

No pudo decir nada. Sólo lo vio desaparecer. ¡Al fin había sucedido! Ella había ganado. Sonrió victoriosa en respuesta y volvió sobre sus pasos para investigar a los misteriosos hombres. Algo escondía y ella quería averiguarlo. Pero cuando iba a entrar, cerraron la puerta en su cara.

Nadie la había visto. Era como un espíritu que no podía atravesar las paredes y, por más que intentara abrir el portón, era inútil. Suspiró frustrada y revolvió su propio cabello. ¿Qué haría ahora? En ese momento una idea se encendió en su mente.

Emprendió el vuelo. Sabía con quién podía acudir. Iba a investigar a ese demonio, pero no lo haría sola. O no, claro que no. Conocía a alguien que podría seguirlo en cuanto volviera como si fuese una sombra. Ese demonio caería tarde o temprano.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Sáb 9 Abr - 1:10

Descensus averno facilis est.

Gabriel volvió a arrodillarse ante su padre, quien se encontraba posicionado en su trono junto a Perséfone.

El demonio no estaba dispuesto a comentarle a su padre lo que había pasado, y mucho menos que había "huído" en cierta manera, si no, jamás podría obtener el honor que creía merecer.

Padre, debo comentarle algo. – comenzó a hablar mientras su voz temblaba levemente. – Creo que la zona que hemos elegido está vigilada y ocupada por Zeus.

Sabía que aquellas palabras habían calado hasta en lo más profundo de su padre y probablemente éste no entendería por qué Zeus volvía a entrometerse una vez más en sus planes. Sin embargo, Hades se tragó sus palabras y fingió desinterés.

Creo que deberíamos... – antes de que Gabriel pudiese terminar aquella frase, su padre acabó por estallar de ira y bajó de su trono hasta donde se encontraba su hijo.

¡No me importa lo que tengas que hacer! ¡Simplemente haz lo que te he mandado! – gritó el Dios.

Gabriel sabía que tenía que cambiar el plan si quería que aquello funcionase, así que tras disculparse, se levantó de nuevo y se dirigió hacia un pequeño y oscuro habitáculo donde poder concentrarse en lo que pretendía hacer. Se sentó en el suelo en posición de flor de loto y cerró los ojos. Pronto comenzó a verse a su alrededor un pequeño aura de color negro que le rodeaba.

Dentro de su mente, podía visualizar lo que hacían los humanos en la Tierra y manejarlos a su antojo. Pasó horas allí sentado en completo silencio, trazando un plan que esperaba que saliese bien ya que de momento, no podía regresar a la Tierra.

Cuando el demonio entraba en esta fase de concentración, le era casi imposible percibir lo que pasaba a su alrededor en ese momento, pero en un instante se desconcentró porque creyó haber escuchado un ruido en aquel habitáculo.
Abrió los ojos y lo único que pudo percibir por el rabillo de su ojo, fue una sombra que se marchaba del lugar.

¿Había alguien allí espiándole? Cuando Gabriel recorrió aquel sitio con la mirada, se dio cuenta de que la cicatriz que le había dejado el ángel estaba al descubierto. Sin duda, alguien la había visto.

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Mensaje por Strawberry el Sáb 9 Abr - 2:03

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Vestfold – Calles de la ciudad – Por la noche
Luego de su último encuentro con el ser oscuro, día tras día, visitó el sitio donde todo había iniciado. Varias veces intentó entrar, pero sin importar lo que hiciera, no podía lograrlo. Estaba completamente cerrado y lo peor de todo era que no quedaban rastros de los humanos y del misterioso cargamento. No hubo ni un solo sonido ni movimiento procedente de ese lugar. Era como si todo se hubiese esfumado, pero ¿cuándo sucedió eso?

Estaba preocupada. Sabía perfectamente que ese hombre había aparecido en ese sitio por algo, pero ¿qué? Podrían ser muchas las opciones y ninguna era buena. Los demonios siempre tenían fines oscuros y, por esa razón, debía evitar que cualquiera de esas criaturas cruzaran a ese mundo. Si uno ya lo había hecho, ¿cuántos más podrían haberse mezclado?

Lizy —escuchó que la llamaban, cuando observaba el depósito desde el techo del edificio que se encontraba frente a éste—. Aquí estabas... —el hombre descendió y se paró a su lado.

¿Dónde más podría estar? —contestó con una sonrisa amarga—. ¿Has visto algo? ¿Descubriste dónde se esconden? —cuestionó frenética tras levantarse de un salto—. ¿Cómo pudieron haberse escapado así! —mordió la uña de su dedo pulgar y frunció el entrecejo.

¡Cálmate! —el castaño posó las manos sobre los hombros de la joven y la zarandeó levemente hasta que ella dejó en paz su uña y lo miró con una expresión de reproche—. Necesitamos tiempo. Aún no ha sucedido nada malo. Hablaré con los demás —sonrió para tranquilizarla—. Sea lo que sea, los detendremos. Ahora, ve a casa. Ya es tarde —le revolvió el cabello con total naturalidad y se apartó para emprender el vuelo—. ¿Dónde ha quedado tu confianza y determinación? —y con una última mueca divertida, se alejó volando.

Idiota... Ya verás cuando te vea de nuevo —protestó por haberse quedado con las palabras atoradas en su garganta. Suspiró y acomodó su cabello. No quería ni siquiera enfrentarse a su padre. Le avergonzaba el no haber podido acabar con el problema de raíz y, encima de todo, haber perdido de vista a la amenaza y su supuesto séquito de "zombis". Estaba segura de que esos humanos trabajaban para él y eso le preocupaba. ¿Qué le diría su padre? Seguramente ya lo sabría. ¿Estaría decepcionado?— Te encontraré... Así sea lo último que haga —masculló finalmente, con la mirada fija en el enorme portón del depósito.

Sin más dilación, hizo caso al consejo de su compañero y emprendió el camino de regreso a su hogar. Tarde o temprano, ese demonio cometería un error y allí estaría ella.
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Mensaje por Invitado el Dom 10 Abr - 17:46

Descensus averno facilis est.

Gabriel pasó días sentado en aquel habitáculo con los ojos cerrados, concentrándose en el control total de los humanos a los que había poseído en la Tierra, los cuales realizaban el trabajo por él.

Cada día durante unas semanas, un sátiro, esclavo de Hades, entraba en el lugar para dejarle algo de alimento a su lado, pero Gabriel no probó bocado durante aquel lapso de tiempo.

Debido al desgaste físico que estaba sufriendo por todas aquellas condiciones juntas, el joven demonio comenzó a marearse y cayó rendido al suelo. Quién sabe cuánto tiempo pasó hasta que el chico volvió a abrir los ojos.

Cuando lo hizo, se encontraba rodeado de algunos súcubos, quienes también estaban bajo órdenes de Hades. Los súcubos eran demonios con forma de mujer que seducían hombres y se introducían en sus sueños y fantasías, pero en aquel momento se encontraban al cuidado del demonio.

No, joven, aún no puede levantarse. – comentó una de las mujeres con una voz seductora a la par de su mirada. – Hades nos ha encargado que le cuidemos. – finalizó aquella mujer.

Gabriel estaba completamente desorientado y se levantó del camastro donde le habían recostado y salió de aquel lugar tan rápido como pudo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Qué le habrá sucedido a aquellos estúpidos humanos? Por la mente del chico pasaban una gran cantidad de preguntas a las que no encontraba respuesta.

Debo ascender de nuevo. – susurró en voz baja mientras caminaba a un ritmo rápido en busca de Caronte, el único que podía dejarle volver a la Tierra de nuevo.

Una vez subió a la barca y durante todo el trayecto, el barquero no hizo ningún comentario, lo cual era sumamente extraño en él. Gabriel realizó todo el trayecto con su mano derecha cubriéndole la marca que aún poseía en el brazo.

Cuando llegaron al otro extremo del río y el joven se disponía a volver a la Tierra, escuchó una voz tras él, la cual le advertía que corría un grave peligro. El joven se giró rápidamente sin comprender muy bien lo que había sucedido, pero cuando lo hizo Caronte ya se había marchado y no quedaba nadie allí.
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Mensaje por Strawberry el Mar 12 Abr - 2:10

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Vestfold – Calles de la ciudad – Por la tarde
Los días pasaron, y ella los ocupó realizando un seguimiento de tantos humanos como pudiera. Parecía una tarea imposible, teniendo en cuenta la cantidad de habitantes, pero priorizaba ver cualquier tipo de actitud sospechosa. Nada. No había nada extraño.

Desde la partida del demonio invasor y la desaparición de los empleados que llevaban el cargamento al depósito, todo volvió a la normalidad. ¿Será que se habían marchado a otro sector? Pero, de ser así, seguramente, alguno de sus compañeros se lo habría informado, ¿o no?

Algo extraño sucedía y quería averiguarlo, pero se había quedado sin pistas. Por más que volviera a diario al sitio donde todo comenzó, no había nada. Era como si se hubiesen esfumado en el aire. ¿Cómo pudo pasársele por alto algo así? ¿Por qué no vio otro camión que pudiese transportar el cargamento? Indudablemente, allí intervino una mano sobrenatural. No existía otra posibilidad.

Decir que estaba frustrada era poco. ¿Cómo iba a descubrir lo que sucedía si las pistas habían sido borradas? Parecía que el suelo se derrumbaba bajo sus pies. Presentía que algo malo sucedería, pero no sabía cuándo ni dónde. La impotencia y la desesperación la invadió. Y justo cuando creyó que todo iba a acabar, vio a alguien familiar.

Caminando entre el gentío, durante uno de sus recorridos diarios, vio a un hombre de mediana edad. ¿Por qué había captado su atención? ¡Pues claro! Era uno de los hombres que estaba en la puerta del depósito discutiendo aquella vez. En ese momento, su rostro se iluminó y, sin dudarlo, lo siguió de cerca. ¿A dónde se dirigía?

Se comportaba extraño. Estaba muy pendiente de su entorno y volteaba cada tanto para asegurarse de que nadie lo seguía. De no haber tanta gente en la calle ocupada con sus propios pensamientos, habría resaltado fácilmente. Lamentablemente para él, aunque los demás lo ignoraban, ella lo había visto. No se le escaparía.

Te atraparé —masculló con una sonrisa orgullosa y confiada. Estaba convencida de que finalmente podría llegar al fondo del asunto, pero cuando ese hombre logró escaparse y ya no pudo seguirlo, se odió a sí misma por su torpeza. ¿Qué rayos pasaba con ella?

¡Lo encontraría! Pero no a pie. Era tiempo de alzarse en vuelo y apresurarse antes de que se escondiera en quién sabe qué callejón oscuro.

No importaba para dónde mirara, ese hombre se había esfumado. “Rayos”, pensó, mientras mordía su labio para contener una protesta. Sus palpitaciones habían aumentado en todo ese rato. Era extraño, pero sentía como si le quemara y como si algo la llamara. ¿Qué era? ¿Su padre? No. Imposible. Sólo hablaban cuando se veían de vuelta en su hogar. Pero de todas formas, se dejó llevar. La curiosidad era más poderosa.

Estando en el aire, no se demoró mucho en llegar, y cuando vio lo que era, se quedó muda, pálida como un papel.

¿Por qué tú? —masculló. ¿Qué rayos había sucedido? Pero eso no importaba. De una u otra forma, lo había encontrado y no lo dejaría escapar—. ¡Tú, demonio! Recuerdo haberte dicho que no eres bienvenido aquí —sentenció con voz firme. Podría llamarla cobarde, pero no descendería, no luego de esa extraña agitación que sintió. ¿Y qué era eso? Los orbes de la joven se abrieron cuando vio una extraña luminiscencia en el hombre—. ¿Qué rayos? —murmuró atónita tras ver la imagen. Y lo peor de todo era que el ardor de ella misma incrementó y eso lo obligó a ponerse en peligro. Sus pies habían tocado el suelo.
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Mensaje por Invitado el Mar 12 Abr - 2:50


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Ascender a la Tierra era levemente doloroso para un demonio, pues ellos no poseen un cuerpo humano. Así que cada vez que Hades obligaba a uno de éstos a ascender, cada demonio adquiría en el proceso un poco de humanidad que le serviría para vivir en la Tierra.

El proceso no duró demasiado y pronto Gabriel se encontraba de nuevo en Vestfold.

Maldita sea, ¿dónde se habrán metido estos inútiles? – pensó para sí mismo mientras aceleraba el paso entre los callejones de la pequeña ciudad.

Hacía un sol radiante aquel día en la ciudad, tanto que calentaba a ratos la pálida y cadavérica piel del demonio. De vez en cuando, el muchacho se paraba a sentir los rayos del sol sobre su cuerpo. Sin duda aquella temperatura le ponía de mejor humor, pero esto no duraría demasiado.

Aún estaba débil, pero conservaba algunas fuerzas para continuar buscando al hombre que había poseído semanas atrás.

Dos calles por debajo del almacén donde había sucedido todo, logró encontrar a aquel señor de mediana edad y comenzó a guiarle a través de la posesión, indicándole en todo momento el lugar al que debía ir.

Esto podría ser muy peligroso si lo hago a plena luz del día. He perdido demasiada energía. – comentó en sus pensamientos. Optó finalmente por caminar entre los callejones hasta que aquella voz retumbó de nuevo en su mente.

¡Encanto, ya comenzaba a echarte de menos! – gritó entusiasmado mientras abría los brazos en forma de bienvenida.

Pronto tuvo que bajar su brazo debido a la gran molestia que llevaba días sufriendo. Aún así solo le sonrió a la chica sin nombrar el tema.

Al chico aún le quedaba mucho por jugar con aquella jovencita. Ser un demonio le otorgaba grandes ventajas como la posesión o un aumento sobrehumano de la velocidad y aprovechando un despiste de la muchacha, Gabriel se abalanzó sobre ella y la posicionó con una muy leve brusquedad contra la pared de cemento del callejón, quedando él en frente de ella y acorralándola con sus brazos pegados a la pared.

¿Me echabas de menos? – susurró al oído de la chica con un tono muy sugerente. Casi podía escuchar los latidos de su corazón al tenerla tan pegada a él y eso significaba control, algo que le encantaba.

Si hay algo que Gabriel disfrutaba más que ser un demonio, era coquetear con las chicas. Así que antes de que la joven pudiese reaccionar, Gabriel posó levemente sus labios en el cuello de la chica y respiró de forma suave el olor de su cabello.

Sin duda esto es bastante divertido. – comentó el chico mientras carcajeaba y daba un salto hacia atrás que le separó de la muchacha.

Y cuéntame, querida, ¿me estabas siguiendo? – preguntó Gabriel mientras arqueaba una ceja y metía sus manos en los bolsillos, casi queriendo ignorar lo que había ocurrido con su brazo.

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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Mar 12 Abr - 4:04

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Vestfold – Por la tarde
Maldijo el preciso momento en el que su cuerpo flaqueó. No conocía la razón, pero era tarde ya. Había quedado a merced de lo que ese demonio pudiese hacer y, seguramente, después de su último encuentro, no sería algo bueno.

En todo el tiempo en el que estuvieron frente a frente, aún cuando él no estaba cerca de ella, lo observaba con completa desconfianza. Con los ojos achinados y fijos en él, pretendía leer cada uno de sus movimientos.

¿Echarme de menos? —cuestionó con un dejo de ironía. Era obvio que lo único que pretendía él era vengarse por lo que había sucedido tiempo atrás—. ¿Ah, sí? Dudo que los seres como tú sientan algo así —remató con el ceño fruncido.

La partida se dio vuelta en cuestión de segundos y, cuando menos se esperó, él la acorraló contra la pared. Ahora sí que estaba perdida. Esa cercanía, el calor del cuerpo masculino. ¿Realmente se pensaba que la atraía y que era como las demás? Estaba muy equivocado. Sí se le había dificultado la respiración, se le había acelerado el pulso y sus mejillas habían tomado un suave tinte rosado, pero no era por él. ¡Claro que no!

Era todo producto de la impotencia que sentía, de haberse mostrado débil y, en consecuencia, haber quedado tan vulnerable. Y había algo más… Ese ardor que volvió a quemarle. ¿Qué sucedía con ella?

¿Extrañarte? ¿A ti? —contuvo una risa. Haciendo un esfuerzo por ignorar la cercanía y el aliento que chocaba contra su oreja y cuello—. Siento si rompo tu ennegrecido corazón, si es que tienes uno, pero te equivocas —respondió tajante. No quería mostrar ningún signo de debilidad. Ese hombre era un enemigo y, como tal, no debía ser conocedor de información como esa.

Sólo un poco más, unos pocos segundos más y habría dado un golpe certero contra sus partes bajas. Ya había soportado demasiado de su juego cuando él se atrevió a hablarle al oído y a atraparla contra la pared, pero ¿besarle su cuello?

El rostro de la joven se transformó en cuanto lo sintió. Pasó de la pena y la sorpresa, a la ira. ¿Cómo se había atrevido a jugar con ella de esa forma? Con un semblante enrojecido por la rabia, el ceño fruncido y hasta la nariz arrugada, contemplaba al hombre con evidente odio y asco. Cubrió la parte del cuello donde había recibido el contacto y la frotó con la mano, en un intento por limpiarla.

Te equivocas conmigo, demonio pestilente… —protestó en un arrebato de furia—. Vete a tu agujero a jugar con tus fans locas y déjame en paz. Bastante has conmocionado mi vida con tus macabros y misteriosos planes —bajó ambas manos y apretó los puños—. Vete de una vez y llévate a tu séquito.

Era definitivo. No quería a ese hombre cerca y poco le importaba lo que intentara hacerle. Le daría pelea sin lugar a dudas.

Sí, te seguía para poder mandarte de vuelta a tu agujero —admitió, mordiendo su labio con fuerza. Era tanto el enojo que sentía, que parecía estar a punto de estallar—. Ahora que lo recuerdo… La vez anterior chillaste como niña cuando toqué tu brazo —mencionó con una sonrisa triunfal y burlona—. ¿Será ese tu punto débil? —se acercó y extendió su mano—. ¿Tantas ansias tenías por tocarme antes? ¿Por qué no dejas que lo haga yo? De esa forma podría guiarte para que vuelvas a tu hogar sano y salvo —forzó una sonrisa amable y sin dudarlo más, tomó el brazo que tanto veía brillar para evaluarlo de cerca y apretó los dientes. ¿Qué era todo eso? Su cuerpo volvió a arder y lo soltó para ver su propia mano que le temblaba—. ¿Qué demonios fue eso? —masculló atontada—. ¿Ves lo que provocas, criatura despreciable? —chasqueó la lengua y retrocedió.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Mar 12 Abr - 14:48

Descensus averno facilis est.


Una chica tan guapa y tan impertinente... ¡Qué desperdicio! – comentó en voz alta el joven mientras paseaba por el lugar.

El chico no le quitó los ojos de encima en todo el rato que duró aquella breve conversación. Sabía que ella no soportaba su actitud chulesca y maleducada, pero él tampoco aguantaba su descaro.

¿Es que a los angelitos no os enseña papi un poco de educación? – preguntó Gabriel con tono burlón. Ya empezaba a cansarle bromear tanto, pero le encantaba jugar con ella.

El chico se alejó un par de metros más de ella y sintió un leve calor en la mano con la que la acababa de tocar. Era una sensación muy extraña y desconocida para él. Se sentía casi... humano

¿Es esto lo que se siente al estar «vivo»? – pensó para sí mismo mientras sentía cómo su sangre recorría su mano derecha y la calentaba como si, por un momento, hubiese humanidad en él.

Pronto los comentarios de la descarada chica volvieron a interrumpir sus pensamientos y la marca de su brazo comenzó a brillar con una pequeña intensidad.

¡Esto es culpa tuya, engendro! – le replicó a la muchacha. — ¿Qué pretendes con esto? – gritó furioso mientras se levantaba la camiseta color rojizo que llevaba puesta, dejando al descubierto una pequeña marca color blanco que brillaba con más intensidad a medida que la chica se acercaba.

Gabriel sentía como si le hubiesen condenado, sentía al mismo tiempo que había sido marcado como un animal cualquiera y no entendía muy bien por qué había sucedido eso, pero parecía por el rostro de la chica que ella tampoco entendía muy bien lo que ocurría.

Cuando la chica osó tocarle por un momento, la cara de Gabriel se tornó a un rostro de ira casi incontrolable.

¡Ni se te ocurra volver a hacer eso! – gritó el demonio y su cuerpo no tardó en exhalar una especie de humo negro cargado con toda su perversa energía.

¡Arregla esto de una vez! – su voz en ese momento se sentía como si pudiese atravesar todos los mundos existentes y, cargado de rabia, no paró de inculpar a la chica de todo lo que estaba sucediendo.

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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Mar 12 Abr - 21:25

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Vestfold – Por la tarde
Me alegra de que me veas así —chasqueó la lengua y sonrió al escuchar el comentario de él. Si realmente era un desperdicio, como él decía, podría estarse tranquila de que no volvería a intentar otra cosa con ella. Ya había dicho antes que no lo quería cerca. ¿Cómo podría? Si era tan irritante.

No había nada bueno en él, a excepción de su apariencia. Podía ser atractivo, pero su lengua, su descaro, su actitud y, por si fuera poco, su naturaleza, le restaban muchos puntos. Pero, ¿en qué estaba pensando? No tenía por qué buscarle aspectos positivos a un ser oscuro. Era una completa pérdida de tiempo y, además de eso, parecería como si le interesara aunque fuese un poco, hecho muy alejado de la realidad.

La educación es lo primero que aprendemos, pero es una pérdida de tiempo usarla con seres oscuros —mencionó en respuesta al interrogante. Poco le importaba lo que él opinara. En su mente, las criaturas como él no merecían nada bueno, y mucho menos si se metían con los seres que ella debía proteger.

Debía agradecer que era educada, aunque él no lo viera de esa forma, porque si no lo fuese, hacía tiempo habría saltado a su yugular y habría acabado con él sin hacer preguntas. ¿Acaso no se daba cuenta de eso? Pero claro, él no la conocía, no podría saberlo nunca, y ella no pretendía tampoco que la conociera.

Era evidente que ambos habían empezado con el pie izquierdo. Se sentía la tensión en el aire cada vez que se cruzaban, y las miradas y gestos lo decían todo. No era un hecho que le preocupara realmente, pero ese día algo había despertado su curiosidad. Ese brillo que vio en su brazo y todo lo que antes había sucedido. ¿Cómo hizo para encontrarlo y por qué se sentía tan incómoda estando cerca de él, incluso más que antes?

Las palabras se habían quedado atoradas en su garganta cuando lo escuchó culparla. Lo había tocado aquella vez, sí, pero eso no implicaba que hubiese sido la causante de eso. Y, de ser así, no sabía por qué. Le hablaba como si ella supiera cuando no era así; como si ella fuese la responsable de la extraña reacción del brazo de él. Ni siquiera ella misma se sentía bien al ver eso, ¿o era por estar cerca?

Cuando lo tocó segundos después, la sensación de incomodidad y ardor aumentó. Su mano le temblaba mientras ella la contemplaba atontada por todo. Los gritos y protestas de él no ayudaban tampoco. ¿Por qué no había acabado con él cuando se lo cruzó la primera vez?

Entonces, tú tampoco te atrevas a tocarme o a... —todo empezó con un grito que se ahogó en silencio en el preciso momento en el que recordó lo que había hecho cuando la acorraló. Llevó su mano al cuello una vez más y frunció el entrecejo—. Tú eres el que provocó todo esto. Tú viniste aquí a acabar con mi paz —bajó la mano que se transformó en un puño y dio un pisotón al suelo—. No tengo nada que arreglar. Si buscas un culpable, ese eres tú —él no iba a ser el único que le gritara. La ira contenida de ella la había provocado él desde el mismo momento en el que sus caminos se cruzaron.

Te crees la gran cosa, demonio —siguió gritando. Parecía que nada podía detenerla—. Arrogante y despreciable. Pero ¿sabes qué? Tal vez así aprendas a respetar y a dejar los juegos de lado —rodó los ojos y se cruzó de brazos—. ¿Quieres que sea amable? Bien... —forzó una sonrisa—. ¿Podrías por favor volver a tu pestilente y sombrío hogar, y dejar a los humanos en paz? —afiló la mirada—. ¿Debo pedir "por favor" también? —fue lo último que dijo, con una voz cargada de ironía. No sabía cómo él reaccionaría, pero todo cuanto decía parecía una declaración de guerra.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Miér 13 Abr - 1:48

Descensus averno facilis est.

Aquella situación empezaba a cansar al joven. Las dos veces que se habían encontrando solo resultaban en una serie de réplicas y peticiones para que se marchasen del lugar y el chico no paraba de plantearse si aquello realmente merecía la pena. Definitivamente, no estaban haciendo ningún avance.

Mira, preciosa... esto empieza a cansarme. – dijo Gabriel tras un largo suspiro. – Te propongo un... trato. – sentenció finalmente volviendo a sacar esa perversa sonrisa suya que tantas veces atrás le había mostrado a la muchacha.

Déjame terminar con mi trabajo y me largaré de aquí. No tendrás que verme más. – le explicó mientras la miraba profundamente a los ojos. Su miraba delataba que decía la verdad y esperaba que la chica pudiese notarlo. – ¿Qué te parece? – preguntó finalmente.

El demonio volvió a alejarse de un salto de ella, creando un espacio entre ellos de unos pocos metros. Volvió a chasquear los dedos como anteriormente había hecho delante de la joven, pero esta vez no creó ninguna llama, sino su habitual humo negro. Pronto el soleado cielo de aquella tarde se tornó gris y el callejón se volvió oscuro.

Esto es lo que vamos a hacer. Tú me dejarás terminar mi trabajo o- – antes de terminar la frase, Gabriel formó una silueta difuminada en el aire, que poco a poco empezó a obtener forma humana. Al ser una simple silueta, era casi imposible de reconocer de quién se trataba o de qué hablaba el chico, pero pronto le explicó que era un humano que llevaba semanas controlando. – o lo mataré. – argumentó finalmente.

Gabriel ya había perdido toda la capacidad de compasión que poseía al nacer. Los trabajos de su padre y todos los asesinatos que habían cometido le quitaron la poca humanidad que tenía y la chica sabía perfectamente que él no dudaría en matar a aquel hombre.

Un segundo chasquido de dedos bastó para que aquella silueta se mezclase con el aire y desapareciese.
El sol volvió a brillar de nuevo en aquel atardecer y el chico esperaba paciente una respuesta.
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Última edición por Zoereth el Miér 13 Abr - 23:13, editado 1 vez
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Miér 13 Abr - 13:33

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Vestfold – Por la tarde
¿Que sucedería después de la petición que le hizo? ¿Le haría caso y se iría? No. Era imposible. Se llevaría una desagradable sorpresa si creyera por un segundo en que lo haría. Los demonios eran seres corruptos y egoístas. Él era un claro ejemplo de la especie y, por si fuera poco, era egocéntrico y desagradable.

Si creía él que era el único al que le agotaba la situación, estaba muy equivocado. No escuchaba nada de lo que decía, ¿y ahora pretendía hacer un trato con ella? Ahí estaba la famosa negociación de los demonios. ¿Qué le pediría?

¿Por qué debería hacerlo? ¿Qué clase de trabajo? —cuestionó con los ojos afilados. Era notable la desconfianza que su rostro evidenciaba. Por muy sincero que él se mostrara, sabía que nada bueno saldría de todo esto. ¿Por qué no acabó con él cuando pudo? ¿Por qué no lo hacía en ese mismo instante? ¿Qué la retenía?

No era alguien que conociera o le importara. ¿Por qué dudaba tanto? Ese no era el momento preciso para hacerlo. Estaba perdiendo el tiempo y eso la desesperaba. Y, lo peor de todo, era que había despertado su curiosidad cuando vio el brillo de su brazo. Definitivamente era una tonta, y su error le costaría mucho en el futuro.

La oscuridad de ese hombre y la que se había cernido sobre el callejón la dejaron sin aliento. ¿Iba a permitir que hiciera lo que quisiera? Toda la bronca contenida y su frustración estaban dejando marcas en sus palmas, mientras apretaba con fuerza los puños y las uñas se clavaban en la carne.

Cuando vio al humano, o lo que era la imagen de uno, su corazón se precipitó. ¿La amenazaba con la vida de un humano? ¿Cuán bajo podía caer? Era tonto preguntarlo. Él era un demonio que no sentía compasión por nadie, mucho menos por los humanos.

Tan sólo lo dejó hablar mientras lo miraba con cara de pocos amigos. Había llegado a su límite.

Con un rápido movimiento, cuando el ambiente volvió a iluminarse, corrió en dirección del demonio y con su antebrazo en alto, tomó su ropa para afirmarse mejor y atraparlo a él contra la pared. La diferencia era que ella tenía el control y que su antebrazo diestro comprimía el cuello del hombre, mientras que su mano izquierda había capturado la opuesta de él.

¿Tú dime por qué no debería matarte en este preciso instante? —sonrió y afirmó más su agarre—. ¿Qué es lo que quieres de estos humanos? ¿Crees que me dejaré amedrentar por algo así? Y aunque lo hicieras, tu cabeza terminaría rodando por el suelo —ladeó el rostro y acercó su rostro más al de él, haciendo puntillas para alcanzarlo—. Te lo dije, cariño, no soy como las demás chicas —mencionó en tono de burla—. Intenta provocarme y conocerás lo que realmente es el infierno. Aunque seguramente eso no te preocupa —afiló los orbes—. ¿Cuál es tu opuesto? ¿El paraíso? ¿La luz como la que quema tu brazo? —bajó apenas la mirada para confirmar sus palabras. Él no era el único que experimentaba esa misteriosa reacción—. Si no logro convencerte por las buenas, supongo que tendré que usar la fuerza, ¿verdad? —su sonrisa se amplió—. Así no tendré que preocuparme de nuevo. Dime entonces... ¿Qué es lo que tú y tus amigos oscuros pretenden? —no tenía intenciones de soltarlo. Si moría en ese preciso momento, al menos lo habría intentado y no se quedaría sin dar pelea. Sabía muy bien que la luz podría causarle más daño del que él creía. Y antes de acabar con él, debía conseguir respuestas y alertar a los demás.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Miér 13 Abr - 14:40

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Sin duda esto no va a ninguna parte. – comentó en sus pensamientos. El chico llevaba allí apenas un rato y ya tenía que lidiar con aquella incansable muchacha.

De nuevo con las manos en sus bolsillos, siguió paseándose por el callejón casi dando vueltas en círculo y de vez en cuando echando una mirada a la chica por si aceptaba el trato que le había propuesto.

¿De verdad piensas que voy a contarte a ti lo que he venido a hacer? – preguntó sonriente ante la ignorancia de la contraria.

En cuanto bajó un poco su guardia y se relajó ante ella, la chica aprovechó para acorralarlo contra la pared como él mismo había hecho unos minutos atrás.

Pronto ambos volvieron a estar cara a cara. Gabriel se sintió un poco más cómodo ante esta situación al haber estado ya en esa posición. Había algo en ella que le transmitía calma... paz.

Sonrío suavemente a la chica, la cual no paraba de lanzarle amenazas una y otra vez y suspiró profundamente.

No vengo a hacerte daño, preciosa. – ni él mismo entendía cómo podía haber pronunciado esas palabras. Había algo en ella que le atraía cada vez más y no era precisamente en el sentido sentimental ni físico, era más bien como si estuviesen... unidos. O al menos así lo sentía el. Aunque esto no quitaba para nada el odio que sentía hacia ella ni el hecho de que quisiera matarla en ese momento.

Gabriel cerró los ojos durante unos segundos y se acercó suavemente a su oído por segunda vez.
Volveremos a vernos pronto. Deberías haber aceptado el amable trato que te ofrecí. – comentó en voz baja a la chica.

Antes de que la joven pudiese siquiera darse cuenta, la figura del chico se desvaneció en el aire, desapareciendo entre sus dedos.

Te lo advertí, pequeña. Tú lo has querido así. – dijo el chico a las espaldas de la joven. Para cuando ella se girase a ver lo que había ocurrido, el chico ya habría desaparecido del lugar.



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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Miér 13 Abr - 22:29

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Vestfold – Por la tarde
El hombre no confesaría sin importar la situación en la que había quedado expuesto. Lo supo desde un principio, pero al menos lo intentó. Le desesperaba la idea de no saber qué estaba pasando o qué planeaba hacer, motivo por el cual terminaba desquitándose con él.

Él era el culpable de todo. Había acabado con la paz de sus días y no conocía las razones. Y lo peor era que sus esfuerzos por descubrir y develar ese misterio habían sido en vano. Incluso en ese preciso momento perdía el tiempo. Entonces ¿por qué le daba una oportunidad de hablar?

Aunque lo tuviese a su merced, él seguía estoico. ¿Y luego qué? ¿Intentaba tranquilizarla? Realmente eso no lo vio venir. Nunca imaginó que diría aquello. Y fue tal su sorpresa, que su agarre se aflojó.

¿No le harás daño a quien te ha amenazado? —cuestionó confundida, sin apartar sus ocelos de los de él—. ¿Qué dices?

¿Cómo podía ser posible? Definitivamente debía tratarse de una especie de juego. Tiempo atrás, había sido lo suficientemente cruel como para amenazarla con asesinar a un humano, ¿y después le decía que no la dañaría? Había incluso gritado cuando ella lo tocó las dos veces anteriores y creyó que esa vez el accionar del demonio no acabaría con un simple grito, pero... Nada. No hizo absolutamente nada malo. ¿Por qué?

La curiosidad aumentó. ¿Qué haría? ¿Irse así como así? No podía comprender cómo un ser oscuro se comportaba de esa forma.

Espera... —le suplicó antes de que se fuera. Apretó su mano para retenerlo, pero la misma se disolvió en el aire. Cuando se dio media vuelta al escuchar su voz, él ya no estaba. ¿Por qué quiso retenerlo? Frotó la oreja donde él le había hablado como si quisiera limpiarla.

Había sido una tonta. Creyó por un segundo que desistiría de lastimar a los humanos si la tomaba a ella como su juguete de tortura, pero había fallado y ahora, por su culpa alguien sufriría. Ni siquiera pudo explicar cómo su corazón se rompió al pensar eso.

¿Qué haría? No tenía ninguna pista ni indicio que la guiara hasta el paradero de ese hombre y del demonio que trataría de lastimarlo.

Apoyó su espalda contra la pared y suspiró con pesar. Estaba muy jodida. No se perdonaría ese error. La única salida que le quedaba era reiniciar la búsqueda desde el sitio donde había visto al otro hombre. Tarde o temprano, pasaría una vez más por allí y podría seguirlo.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Miér 13 Abr - 23:13

Descensus averno facilis est.

¿Me echabais de menos, señoritas? – comentó Gabriel con un tono muy sugerente a las súcubos que le habían cuidado antes de su marcha. Las chicas se limitaron a hacerle gestos insinuantes y le invitaron a unirse a ellas, gesto que amablemente el demonio rechazó.

No había dejado de pensar en aquella extraña voz que le había susurrado antes de su vuelta a la Tierra, es como si algo le estuviese persiguiendo en su mente y no terminaba de entender qué o por qué le sucedía eso.

Caminó recto hasta el habitáculo donde había estado semanas encerrado, tratando de evitar a su padre. Seguidamente se recostó en el oxidado camastro que allí había y miró pensativamente al techo durante un largo rato.

Ni siquiera se atrevió a decirme su nombre. – pensó para sí mismo. Gabriel no estaba acostumbrado a matar a otros seres humanos y no-humanos sin antes conocer su identidad. Amaba conocer a las personas a las que haría sufrir para siempre recordarlas.

Esto empieza a cansarme y debe acabarse ya. – comentó en un tono casi inaudible mientras se sentaba en un borde de la cama, posando sus pies en el gélido suelo. Volvió a crear aquella figura humana de niebla oscura. Esa forma no poseía rostro y apenas se distinguían sus extremidades, se trataba únicamente de una silueta que podía manejar a su antojo y que manipulaba en la Tierra. – Es hora de divertirse un poco.

En aquella oscura habitación, Gabriel comenzó a manejar la silueta como si de un títere se tratase. El demonio permanecía inmóvil pero reía como si aquello fuese lo más divertido que había hecho en toda su vida.

La difuminada silueta comenzaba a verse más nítida y se movía tal y como el demonio ordenaba. Aquella figura no medía más de unos quince centímetros y era el único ente que acompañaba a Gabriel en aquel lugar.
La pequeña silueta que ahora se había convertido en la mascota del chico, cobró voz de repente y comenzó a gritar de angustia y dolor. Sus lamentos hacían disfrutar al demonio como ninguna otra cosa en el mundo.

Permaneció así durante unos largos minutos en los que la habitación se había colmado de la agonía del humano.
Me pregunto si aquella jovencita volverá a buscarme al callejón. – comentó en sus pensamientos –Vamos a dejarle un pequeño... regalo. – le comentó a la pequeña figura que tenía delante, la cual no paraba de agonizar.

Si aquella mujer se atrevía a volver al callejón donde habían intercambiado algo más que palabras, encontraría a su querido humano ensangrentado y tirado en el suelo, visiblemente maltratado y con signos de haber cometido suicidio, aunque ella sabría perfectamente que no se trataba de ello.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con esto. Espero que lo disfrute. – expresó entusiasmado a la vez que se levantaba y estiraba el cuerpo, como si aquello le hubiese llevado un gran esfuerzo.

Finalmente, ordenó a una de las chicas que se encontraban fuera que pasase a la habitación y permaneció allí adentro unas pocas horas, ignorando lo que ocurría en la Tierra.

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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Sáb 16 Abr - 12:54

Stop right there!
Vestfold – Por la noche
Después del día en el que se encontró inesperadamente con ese hombre, no volvió a experimentar esa extraña reacción. Era la primera vez que sentía algo similar y no comprendía la razón ni naturaleza del mismo. Algo sumamente nuevo para ella. El ardor era una de las sensaciones y la siguiente era una especie de familiaridad, un magnetismo que la dejaba sin aliento. Se le retorcía el estómago de sólo pensar en aquello y recordarlo.

Nunca consideraría como algo grato el sentir curiosidad por un demonio, y peor aún si se trataba de otro tipo de sentimiento que pudiese llamarse positivo. La fémina vivía por y para los seres que debía proteger, y eran éstos los objetos de su amor y devoción. Por eso era de esperarse que quisiera mantenerse lejos de esa criatura.

Un ser oscuro y sin escrúpulos como se había atrevido a amenazarla con dañar a un humano, y rogaba que eso no sucediera, que todo fuese parte de un mal sueño. Había sucedido todo tan rápido, que por un instante llegó a creerlo, pero no fue así. Él había vuelto para atormentarla.

¿Cabía alguna posibilidad de que hubiese despertado interés en ella luego de su último encuentro? Definitivamente, la respuesta era “no”. Eso nunca sucedería, no con un hombre como él. Lo único que le preocupaba era descubrir qué tramaba y por qué lo había encontrado tan fácilmente. En ese momento, pareció como si alguien la llamara y, de repente, se topó con él. Y ese brazo luminoso… No podía dejar de formularse esos interrogantes.

Quien se metiera en su cabeza, creería que estaba obsesionada con aquello, pero no podía evitarlo. Tenía un mal presentimiento y, por primera vez en su vida, estaba desconcertada. ¿Dónde ir, qué hacer? Al final de cuentas tomaba decisiones impulsivamente cada vez que lo veía. Y eso mismo se repetiría ese día.

Nunca imaginó que, ese día, luego de terminar su última ronda, escucharía alaridos de dolor tan fuertes como esos. Eran tan desgarradores que sintió cómo su corazón se partía en pedazos. Condenada empatía, ¿por qué tenía que ser tan tortuosa para su alma?

Alguien sufría y no sabía quién. De repente, una imagen cruzó su mente y su rostro palideció. No… ¡No podía ser él! ¿Qué había hecho?

Su cuerpo se movió sólo, como aquella vez, aunque ese día lo que la guió no fue una fuerza magnética extraña, sino los gritos y quejidos de dolor. Cuando llegó al lugar. Ya era demasiado tarde. Se podía sentir el olor nauseabundo y metálico de la sangre que estaba regada por todo el suelo, en un charco que rodeaba al cuerpo inerte.

Al acercarse, vio lo que no debería. El cadáver estaba completamente maltratado, lleno de múltiples laceraciones y cortes por donde salía más sangre. ¿Se había desangrado vivo? ¿Era ese el hombre que el demonio le había mostrado en su minúscula imagen?

Su corazón pareció desgarrarse y partirse en múltiples pedazos. Le dolía, sí, porque ella era amante de la vida, protectora de todas las criaturas; y le había fallado. Se sintió verdaderamente miserable, tanto que las lágrimas amargas brotaron de sus ojos y, como ríos, descendieron por las mejillas. ¿Por qué no se había desquitado con ella? ¿Por qué tuvo que tocar a ese humano inocente?

Se derrumbó a un lado del cuerpo y cubrió su rostro. No había nada que pudiera hacer y lo peor de todo era que ese monstruo seguro lo estaba disfrutando.

Condenado demonio… —protestó entre dientes—. Criatura cobarde. ¿Cómo te atreviste a dañar a alguien más débil? Despreciable y vil monstruo... —las palabras parecían atragantarse en su boca. Estaba acongojada. Definitivamente, ya no tendría más piedad.

Estaba segura de que ese pobre hombre había quedado varado en el Inframundo. Lo habían obligado a pecar y a manchar su alma por ninguna razón aparente. ¿Y qué sucedería con su familia? Toda la sociedad sería testigo de que algo sucedía. Aunque se escondiera o no el cuerpo, nadie podía evitar lo que se desataría.

Demonio… Juro que te castigaré por lo que has hecho —lo provocó. Presentía que podía estar cerca u observando la situación y si aparecía, se las vería con ella. Esa vez, no salió con las manos vacías. Ese monstruo lo pagaría. No sabía quién era ni quién lo enviaba, pero tarde o temprano lo averiguaría, y la ira de los cielos descendería sobre los culpables.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Sáb 16 Abr - 20:23

Descensus averno facilis est.

Cualquiera que pensase en el Inframundo, se lo imaginaría como un lugar desértico, oscuro y sombrío, aunque desde luego no era así. La expansión de aquel lugar era prácticamente infinita, un lugar donde nunca había salido el Sol. Se encontraba cubierto de espesos bosques donde vivían criaturas casi inimaginables y todas éstas estaban al servicio de Hades.

En aquel lóbrego y tenebroso lugar, existían también incontables villas y aldeas, donde residían todas aquellas criaturas y humanos que habían logrado pasar el juicio de Hades. El demonio aprovechó aquellos días en los que recomponía sus energías para vagar por aquellos lugares.

No muy lejos de donde había comenzado su expedición, se topó inesperadamente con una especie de población de sátiros con un número de habitantes algo reducido. Juraría que el día en el que se encontraba en su habitáculo, fue uno de ellos quien vio la marca de su brazo. Mientras paseaba tranquilamente por aquel lugar con aires de superioridad, uno de los pequeños sátiros que residía allí, le tomó del brazo y lo alejó del pequeño poblado.

Señor, debo hablar con usted. Es por su brazo. – le informó alterado aquel humilde hombre. Por su rostro, parecía que el señor se encontraba un poco agitado y necesitaba darle la información que conocía.

¿Cómo sabes tú eso? – gritó aún un más alterado Gabriel. Al fin había descubierto quién era la criatura que no había alcanzado a ver aquel día y eso en parte le calmaba un poco. Pero le molestaba en gran parte que aquel hombre le hubiese espiado. — Sabes que puedo hacer que os expulsen a todos de este lugar, ¿verdad? – sentenció finalmente de manera amenazante el demonio.

Aquel sátiro de corta estatura se empezaba a arrepentir de haber informado a Gabriel de lo que estaba ocurriendo. Mol'och, que así se llamaba, conocía de primera mano lo que le estaba sucediendo al chico.

Mis disculpas si le he ofendido, señor. – dijo con una voz suave mientras hacía una pequeña reverencia. — Sé lo del ángel. – susurró Mol'och en voz casi inaudible.

Gabriel no pudo decir nada, simplemente se quedó atónito ante las palabras de aquella criatura. ¿Cómo podía conocer él lo que había sucedido? No encontraba explicación alguna para lo que acababa de escuchar.

Escucharé todo lo que tengas que decir, pero como te atrevas tan siquiera a mentirme en lo más mínimo, no dudes que haré sufrir a tu familia por toda la eternidad en la que se os permita seguir aquí. – comentó finalmente con el ceño fruncido y los brazos entrelazados.

¿Habría encontrado su querido ángel el regalo que le había dejado en el callejón? Ya había perdido muchos días lejos de la Tierra y no quedaba mucho para que regresase de nuevo.
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