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Mensaje por Invitado el Miér 6 Abr - 17:20

Recuerdo del primer mensaje :

Descensus averno facilis est.
ROL SOBRENATURAL | 1x1 |  



Ser un demonio no es fácil. Y mucho menos si eres el hijo bastardo del Dios Hades y la Diosa Afrodita.

Gabriel sabe muy bien qué significa esto, pues nació fruto de una aventura entre estos dioses. Para ganarse el afecto de su padre, quien no le considera su vástago, el joven demonio es enviado a La Tierra en numerosas ocasiones con el propósito de cumplir ciertos trabajos que le son encomendados por Hades.

Estos trabajos han consistido durante años en ascender a La Tierra a reclutar a las criaturas sobrenaturales y humanos que Hades solicite.

Durante uno de sus encargos, su destino se entrelaza con el de una chica que tiene como propósito arruinar sus planes.
A partir de ahí, se suceden una serie de encuentros con esta joven que parece ser un... ¿ángel?

© by Farah.



___________________________________



GABRIEL HADLEY | 27 AÑOS APARENTES | EDAD DESCONOCIDA | DEMONIO | ZOERETH

BIOGRAFÍA


Gabriel es hijo bastardo del Dios del Inframundo y Afrodita, diosa con la que tuvo una "aventura" y ésta quedó embarazada. Afrodita es asesinada a manos de Hades poco después del nacimiento del joven demnio, para esconder su traición, por lo que , al ser criado por Hades, jamás conoció el concepto de amor.

Al ser bastardo, no es reconocido como vástago de Hades. Desde que tiene consciencia ha tenido que intentar labrarse un puesto en el Infierno para ser reconocido por su padre, quien le obliga a ascender a La Tierra a realizar trabajos para él.

Hades pretende hacer descender al mismísimo Infierno a todas aquellas criaturas sobrenaturales y humanos que osen cometer lo que él considera como delitos en el Inframundo, haciendo que éstos sean sometidos a un juicio y a una sentencia. Es Gabriel la persona encargada de realizar estos trabajos, sin importar lo que tenga que hacer para sacarles información antes de su juicio, hasta que su destino se ve entrelazado con el de un molesto ángel que tiene como propósito interferir en todo esto.


© by Farah.


___________________________________



ELIZABETH HAWTHORNE | 25 AÑOS APARENTES | EDAD DESCONOCIDA | ÁNGEL | STRAWBERRY

BIOGRAFÍA


Elizabeth es una de las tantas hijas engendradas por Zeus y la oceánide Eurínome para la protección del mundo y de los seres mortales y sobrenaturales que allí vivían.

Como sus hermanos, pasó su tiempo en el Olimpo hasta que el equilibrio entre el bien y el mal se rompió, y tuvo que unirse a éstos para acabar con el caos que se había desatado en la tierra. Para eso, debía mezclarse con los seres que allí vivían y ocultarse, como otros sobrenaturales de los humanos que no conocían sobre su existencia. Todo con el fin de protegerlos.

Ella se volvió una de las favoritas de su padre por ser una fiel servidora que cumplía con las tareas que él mismo le encomendaba con total diligencia. Y así pasó toda su eternidad hasta llegar a la actualidad.

Lo que no sabía era que las guerras pasadas y los crímenes simples no tendrían comparación a lo que se avecinaba y que eso le permitiría formar parte de un selecto grupo destinado a acabar con el origen de todo el mal.


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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Vie 22 Abr - 0:08

Stop right there!
Vestfold – Por la tarde
Tal y como lo había predicho, la histeria se desató en ese pacífico pueblo al día siguiente cuando hallaron el cuerpo. ¿Había obrado bien? Ciertamente pudo haber elegido otra opción, una que quizás implicaría recibir una denuncia por un desaparecido, pero ya era tarde. De todas formas, el drama iba a hacerse oír y creyó que lo mejor sería que la familia de la víctima, si es que la tenía, supiera qué había sucedido con él.

A simple vista, el humano pareció haberse arrojado de una de los techos linderos al callejón. Un simple suicidio. No había señal de resistencia, y las marcas que presentaba el cadáver eran simples rasguños, magulladuras por la caída y un cuello y cráneo rotos.

Cuando ella, con su fachada de simple humana que aportaba sus servicios a la comunidad como detective y oficial de policía, propuso la idea de que podría tratarse de un asesinato, dadas las marcas de uñas presentes en la parte frontal de su torso y en los brazos, los forenses terminaron por desechar la opción puesto que no encontraron huellas, rastros ni nada que sirviera para atribuirle el hecho a un tercero.

Bajo las uñas de la víctima que también se encontraban manchadas de sangre, quedaban restos de su propia piel y su mismo ADN. Con todos esos datos, cerraron el caso y todos quedaron satisfechos; todos menos ella. Incluso la familia que apareció luego confirmaba que él había mostrado un comportamiento extraño que evidenciaba algún tipo de trastorno que culminó con la muerte. ¿Qué habían dicho? ¿Depresión? ¿Esquizofrenia?

Definitivamente ella estaba convencida de que el culpable era ese demonio que hacía tiempo había conocido, pero ¿cómo iba a ponerlo en evidencia? Los humanos ni siquiera sabían que ella no era uno de ellos y que, además, había sido la primera en encontrar el cuerpo cuando todos dormían plácidamente en sus casas.

En un pueblo tan tranquilo como ese había sucedido un crimen y ella era la única consciente de ello. La impotencia y la furia no tardaron en abordarla. Pero ese no era el único sentimiento que amargaba su alma, sino también la angustia y la culpa. Ella había sido la causa del terrible final de ese humano inocente y, cada vez que lo recordaba, su corazón volvía a partirse.

Tenía que encontrar una forma de detener todo aquello, pero ¿cómo? Había pasado los días siguientes al hallazgo, recorriendo los alrededores con sus compañeros oficiales en busca de pruebas y la única concluyente fue ese suicidio sin sentido. Pero uno de esos días, aquél en el que decidieron levantar todo y liberar la callejuela de la presencia policial, mientras ella intentaba fervientemente encontrar pruebas que le dieran la razón, vio a alguien misterioso que observaba a lo lejos el rastrillaje.

Cubierto por las sombras, el hombre de ropa oscura y gafas negras, se dedicó a inspeccionar lo que hacían. ¿Quién era? No podía afirmarlo. No recordaba haberlo visto y tenía una extraña sensación al respecto. Un aura oscura parecía emanar de él. ¿Sería quizás el demonio? Y lo peor de todo es que los días anteriores también había percibido esa misma sensación. Aunque había algo distinto.

Recordó la última vez que se encontraron. Ella pareció sentir una especie de magnetismo que la guió hasta su objetivo, pero con ese misterioso ser no ocurrió lo mismo. Simplemente desató una serie de pequeñas descargas por toda su médula. Algo no andaba bien. Su cuerpo y su razón se lo decían, y aún así, buscó una excusa tonta para dejarle la escena del supuesto accidente desafortunado a sus compañeros y así poder seguir al sujeto que, en cuanto la notó acercarse, corrió a toda prisa hasta esconderse entre las sombras de los callejones. No se le escaparía y cuando diera con él, seguramente obtendría las respuestas que la guiarían hasta su presa despreciable.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Dom 24 Abr - 23:43

Descensus averno facilis est.

El joven demonio pasó días hablando con aquel pequeño sátiro llamado Mol'och, al parecer, sabía más de lo que debería. Mol'och en ningún momento le confesó cómo había adquirido toda aquella información, pero parece ser que a Gabriel eso tampoco le interesaba demasiado. El chico estaba más interesado en conocer lo que él tenía que decir.

Gabriel había arrastrado a la criatura lejos de donde pudiesen localizarles para hablar más tranquilamente y no le dejó marchar hasta que le sacó hasta la última gota de información que podía poseer Mol'och. Pasaron días sentados hablando, mientras Gabriel intentaba comprender tantas cosas que jamás podría haber imaginado.

Ya es hora de que me vaya. Tengo un asunto que atender. – dijo Gabriel mientras se incorporaba y extendía su mano al sátiro en modo de agradecimiento. – Es un tema bastante complicado, pero le agradezco habérmelo contado. – finalmente Gabriel entrelazó su mano con la de Mol'och, dio media vuelta y procedió su camino de vuelta a casa.

Gabriel, tenga cuidado... – dijo con una voz cortada el sátiro mientras veía al muchacho alejarse por el sendero, aunque el demonio no respondió y siguió su camino con las manos en sus bolsillos como de costumbre.

Va siendo hora de volver al trabajo. – dijo el chico en sus pensamientos mientras estiraba su espalda al caminar y ésta hacía ligeros ruidos por sus huesos sonando al recolocarse. – Esa monada al final va a darme más problemas de los que pensaba. – El chico continuaba dando un paso detrás de otro por una especie de camino rocoso, el cual estaba mohoso y bastante desgastado.

Parecía ser que los dos jóvenes finalmente estaban unidos por alguna clase de conexión que ni siquiera el sátiro comprendía en su totalidad. Hubo un tiempo, cuando los sátiros vivían en los bosques sirviendo a Dionisio, en el cuál aprovechaban cualquier situación a su favor para sacar información. Ya fuese emborrachando con vino a sus víctimas o de alguna manera moralmente inaceptable. De ahí Mol'och había sacado tanta información, en su mayoría proporcionada por las ninfas.
Sin duda Gabriel debía hacer algo al respecto.

Ya estamos de vuelta. – comentó el chico mientras la luz del Sol le daba directamente en su cadavérica y pálida piel. Estaba muerto, sí. Pero eso nunca le impidió disfrutar de las nimias cosas que hacían los humanos en la Tierra.

Voy a encontrarte. – susurró Gabriel con una voz enfadada mientras fruncía el ceño, claramente agitado por la situación y se apresuró a caminar en busca de la chica, como si la conexión que la unía a ella fuese tan fuerte que pudiese saber en qué lugar exacto se encontraba.

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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Mar 26 Abr - 19:53

Stop right there!
Vestfold – Anochecer
Como acto de completa inconsciencia y siguiendo su impulso como tantas otras veces lo había hecho, siguió a la sombra por el sendero que tenía frente a sus ojos. Una figura difusa que ya había ganado terreno y se había alejado, pero no lo suficiente como para perderle el rastro.

¿Por qué siempre terminaba persiguiendo de esa forma al mal? Estaba cansada de todo. Quería acabar de una buena vez con esos seres que le causaban problemas. ¿Por qué estaban tan interesados? ¿Qué pretendían? Tantas podían ser las respuestas y ninguna era positiva. No se podía esperar menos de esos seres.

Ahora, a falta de uno, un segundo demonio había aparecido en escena. ¿Serían socios? ¡Pero claro que sí! ¿Por qué otra razón aparecería allí, cuando su hogar era el Inframundo? Ya el primero lo había dejado bien claro, tenían planes, y ella no podía permitir que cumplieran con su objetivo.

No habiendo nadie cerca, gritó que se detuviera, mientras apretaba el paso. Prefería fingir debilidad antes de mostrarse tal cual era, pero si quería atraparlo, debía dejar atrás su apariencia humana. Gracias a eso y a un fuerte aleteo de sus alas, logró derribar al demonio e inmovilizarlo. Aprisionó ambas manos detrás de su espalda e hizo palanca para que empezara a hablar. El demonio chilló y se retorció y bajo las manos de la joven que estaban iluminadas, lo había dejado vulnerable. Ese hombre era más débil que el primero. Tonto de él por contratar a alguien como él.

Dime, demonio, ¿qué haces aquí? No eres bienvenido —sentenció, ajustando más la llave en el proceso.

¿Piensas que hablaré, angelito? —el demonio rió en forma socarrona antes de dejar escapar un quejido gutural de dolor.

Si no lo haces, el que perderá serás tú —expresó con una media sonrisa. No importaba cómo, pero tenía que hacerlo hablar.

Perra… —escupió el demonio, pero aún así, no dijo nada más, sólo se rió, y eso despertó furia en ella.

Cuando se dispuso a torturarlo de nuevo, sintió algo que se clavó en su espalda y dejó escapar un quejido de dolor. Llevó su mano izquierda al omóplato contrario y notó su humedad. ¿Qué había pasado? ¿Cómo no se había dado cuenta? Cuando se dio media vuelta había tres demonios más que se acercaban para hacerla a un lado y así poder ayudar a su compañero.

Ángel, serás un delicioso bocado para el jefe. Pronto sabrás de nosotros… —dijo uno de ellos con una sonrisa burlona mientras la tomaba por el cabello y la hacía a un lado, como si fuese una muñeca.

¿Qué diantre le habían hecho? ¿Por qué se sentía tan débil? Pero más importante que eso, ¿por qué volvía a sentir ese extraño ardor? Ni siquiera podía ver la herida, sólo sabía que estaba, y apenas si pudo ponerse en pie cuando esos hombres desaparecieron en la distancia. Definitivamente el demonio había llegado a ese mundo para arruinarle la vida...
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Jue 28 Abr - 17:29

Descensus averno facilis est.


Caminó durante casi media hora antes de los vellos que recorrían todo su cuerpo se pusiesen de punta. Inspiró profundamente y se concentró todo lo que pudo para agudizar sus sentidos al máximo. Aquella conexión era más fuerte de lo que podía haber imaginado y casi podía escuchar a aquella chica hablar a lo lejos.

A la vez que escuchaba cómo la desconocida amenzaba a alguien que no distinguía, logró escuchar una voz familiar que sonaba agonizante. Gabriel estaba confundido, era como si las voces estuviesen dentro de su cabeza y no sabía exactamente a dónde debía acudir. Se llevó las manos a la cabeza y cerró fuertemente los ojos intentando que las voces callasen, pero cada vez eran más fuertes. El joven hizo un leve quejido casi de dolor intentando que aquello parase, y de repente, lo hizo.

Su cuerpo se movía casi involuntariamente llevándolo directo unas calles más abajo de donde se encontraba inicialmente, guiado por la atracción que estaba sintiendo. Unos pocos minutos después volvió a encontrarse encerrado en otro de los callejones de Vestfold. Se topó de frente con una escena que le era bastante conocida, pero esta vez solo estaba de espectador ante lo que estaba ocurriendo.

Unos 10 metros delante del joven, se encontraban 3 demonios que él conocía perfectamente. ¿Qué hacían allí? Gabriel seguía sintiendo dolor en su brazo derecho y cada vez éste era más intenso. Ordenó a los 3 hombres que se apartasen con un grito casi desesperado y cuando lo hicieron, volvió a tenerla de frente.

¡Marchaos! Yo me encargaré de esto. – dijo Gabriel mientras en su rostro se dibujaba media sonrisa. Los 3 hombres asintieron y se marcharon del lugar sin poner ninguna queja al respecto. A lo lejos se difuminaron sus siluetas hasta desaparecer.

¿Te das cuenta que esta es la tercera vez que te salvo la vida? – comentó el demonio mientras se inclinaba de rodillas delante del ángel, quien se había desplomado en el suelo después del ataque de sus compañeros. Gabriel no pretendía en ningún momento que la situación terminase así, pues aquella chica era demasiado valiosa como para atacarla de esa manera. El chico tenía planes mejores para ella.

El ángel apenas podía articular palabra cuando Gabriel la interrogaba y parecía bastante debilitada. El chico tenía una expresión de desagrado por tener que lidiar con la chapuza que habían hecho aquellos hombres y supo que no tenía más remedio que curarla, aunque aquello fuese contra sus principios y los de su padre.

Nos vamos, preciosa. – susurró Gabriel a la chica mientras con sus brazos la cargó contra su pecho y la levantaba del suelo. Aquello estaba muy mal y si su padre se enteraba de que había hecho eso, podría desterrarle del Inframundo. Pero Mol'och le había contado algunas cosas que hicieron que el chico no tuviese otra opción sino salvarla, a pesar de que lo único que deseaba era acabar con la vida de la chica que tantos problemas le estaba causando.

Abrió la puerta del departamento con una fuerte patada mientras seguía con la chica inconsciente en brazos y caminó por el largo y oscuro pasillo del lugar hasta la habitación de él. Con mucho cuidado la recostó y ató sus manos y piernas a los hierros de la cama, con la seguridad de que cuando ella despertase, no podría escapar de él.

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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Dom 1 Mayo - 21:51

Stop right there!
Vestfold – Transcurso de la noche
Se sentía débil, sí, pero aún a pesar de eso intentó mostrar su entereza. Se levantó tambaleante para hacerles frente. No iba a dejar que ganaran o que acabaran con ella sin pelear antes, aunque en ese momento ella tuviera las de perder. ¿Qué iba a hacer en ese estado?

Volvió a caer sobre sus rodillas cuando el extraño veneno que entró por su herida hizo efecto. Los demonios la miraban con aire triunfal. Estaba perdida. Los ojos le pesaban, la cabeza le estallaba. Sentía que sudaba, como si le hubiese dado fiebre. Su respiración y palpitaciones aumentaron. Pero eso no era lo peor. De nuevo sintió ese ardor que le quemaba el cuerpo.

Llevó su mano a su pecho y presionó la chaqueta que tenía puesta. ¿Qué le habían hecho? ¿Cuándo habían llegado y por qué no se percató de su presencia? Eso no era normal. Era sumamente perceptiva y más cuando se trataba de seres oscuros.

Los hombres, que por un momento habían iniciado su camino de partida, parecieron retractarse de su decisión. Se dieron media vuelta y retrocedieron para enfrentarse a la joven caída.

Ella sólo los miraba amenazante. Sus manos se encendieron y las chispas las rodearon. Era como su padre.

Los hombres rieron y pronunciaron burlas. No se habían intimidado, eso era claro.

Cuando estuvo a punto de defenderse, una voz masculina la alertó. Ahí estaba el origen de parte de su agonizante condición. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué esos hombres le obedecían como si fuesen simples sirvientes? Él debió ser quién los envió. Sus palabras lo demostraron. Quería acabar con ella con sus propias manos. Y siendo consciente de eso, trató de apartarse, pero fue inútil. Ya no le quedaban más fuerzas, ni siquiera para protestar. Perdió la conciencia finalmente, en los brazos de su enemigo y no había nadie que la socorriera.

En el instante en que sus ojos se abrieron, se vio rodeada de paredes. ¿Dónde estaba? La vista nublada, en un comienzo, empezó a aclararse con el paso del tiempo. Percibieron muebles desconocidos y un ambiente lúgubre que le helaba la sangre.

Se removió en el suave colchón que tenía debajo; estaba inmovilizada. Tensó los puños y tiró de sus ataduras torpemente. No consiguió nada. Estaba acabada. ¿Qué iba a hacerle? ¿Torturarla hasta que estuviera satisfecho? ¿Aprovecharse de ella? Se sintió abatida. ¿Por qué le pasaba todo aquello cuando sólo quería proteger a las creaciones de los dioses? ¿Qué había hecho mal?

Exploró la habitación con sus ocelos en busca del demonio y, en cuanto lo halló, tragó seco. Necesitaba encontrar su voz, su resistencia a pesar de que se sintiera débil y cansada.

Tú… —empezó a decir en un hilo de voz suave, casi como un susurro ronco—. Tú debes ser su jefe… —lo acusó con convencimiento. Volvió a tirar de sus ataduras y chilló cuando, por el movimiento, su herida se resintió—. ¿Por qué me has traído aquí? —sus ojos lo miraban con desconfianza. No podía esperar nada bueno de un demonio, mucho menos de alguien que había sido tan bajo para torturar hasta la muerte a un simple humano. Seguramente eso quería hacer con ella. Pudo haberse arrepentido de enviar a su séquito de matones para encargarse él mismo, ahora que tenía la oportunidad, pero ¿por qué no hacerlo donde la había encontrado?— ¿Seguirás jugando o me matarás como tanto lo deseas? —lo provocó con el entrecejo fruncido. Podía aspirar a hacerlo, pero si ella caía, él también lo haría con ella.
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Última edición por Strawberry el Miér 4 Mayo - 6:52, editado 1 vez


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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Mar 3 Mayo - 19:58

Descensus averno facilis est.


Gabriel observó a la chica que aún seguía inconsciente en la cama y decidió ir a tomar algo. Dio media vuelta y caminó de regreso por aquel lúgubre pasillo que conectaba la habitación con una pequeña y desaseada cocina que apenas tenía algo de alcohol y restos de comida rápida.

Los demonios no necesitaban comer, pero a Gabriel le gustaba probar las exquisiteces que podían encontrarse en la Tierra. Abrió el frigorífico y sacó de él una cerveza. Buscó entre algunos cajones el utensilio para abrir aquel botellín y antes de proceder a la apertura de éste, escuchó a lo lejos como los grilletes de metal chocaban directamente con el camastro, haciendo un ruido bastante prominente.

Caminó lentamente de nuevo a la habitación, casi como queriendo que aquel ángel escuchase cada paso que daba y cómo la suela de su zapato rozaba fuertemente el suelo de madera carcomida del lugar. Se quedó parado en la puerta mirando directamente a la chica mientras daba un sorbo a aquella cerveza de miel y se relamía la espuma de sus carnosos labios.

Bienvenida de nuevo. – dijo Gabriel con una sonrisa enfermiza mientras se sentaba en una silla que colocó al lado de la cama, a unos pocos centímetros de la chica. – No intentes desatarte, es imposible. – le informó mientras se acomodaba en el asiento.

De verdad que eres una chica muy maleducada, como mínimo me deberías dar las gracias por haberte salvado, ¿no crees?– dijo el demonio a la vez que sonreía de manera irónica.

Gabriel se terminó la cerveza de un trago mientras la chica lo miraba atenta. Suspiró profundamente y dejó la cerveza en el suelo. Seguidamente, acercó un poco más la silla para estar cara a cara con la chica.

Podemos hacer esto por las buenas o por las malas, tú decides. – le informó el joven mientras volvía a poner esa sonrisa amenazante tan característica en él. – Solo quiero hablar, ¿te parece bien, preciosa? – le preguntó finalmente.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Miér 4 Mayo - 6:49

Stop right there!
Vestfold – Por la mañana
¿Cuánto tiempo había pasado? Para ella tan sólo había sido un instante, pero estaba desorientada. No reconocía la habitación, ni tampoco podía levantarse para comprobarlo ella misma. Estaba amarrada a una cama, con grilletes pesados y cadenas oxidadas que la conectaban con ese condenado mueble. Sin importar cuánta fuerza hiciera, no podía soltarse. Y dada su condición, debía contenerse si quería salir de allí con vida. En una situación como esa, era primordial que guardara fuerzas.

Miraba a su alrededor, buscando una salida, y lo único que podía ver era una puerta y una ventana cerrada. Ese sitio olía a humedad y encierro; un ambiente sumamente pesado que le sacaba el aliento, la intoxicaba. Necesitaba luz y aire fresco. Quería salir de allí. Era como si las paredes se cerraran. No era claustrofóbica, pero esa sensación le transmitía la habitación. Quizás se debía a la oscuridad proveniente de su supuesto propietario; algo que ella no podía tolerar.

Luego de escuchar su afirmación, rodó los ojos y suspiró. No era tonta como para no darse cuenta de ese hecho. Aunque se equivocaba en pensar que dejaría de buscar la forma de liberarse. Quizás sus poderes ayudaran, pero debía ahorrar energía, por mucho que le pesara.

¿Para qué me has amarrado? ¿Tanto me temes? —cuestionó con una media sonrisa, antes de tironear de nuevo de las cadenas. La idea de estar atada y a su merced no le agradaba para nada. ¿Quién podía asegurarle lo que tenía planeado para ella? Lo único que se le venía a la cabeza eran futuras torturas. ¿Qué demonio no se regocijaba con ver el sufrimiento ajeno?

¿Salvarme? Lo tenía controlado, hasta que apareciste —bufó y frunció el ceño. No necesitaba su ayuda. Era la hija de Zeus, siempre saldría airosa en las contiendas, incluyendo el presente encuentro con el demonio.

Lo observó con hastío mientras bebía la cerveza. De sólo verlo, se le hacía agua la boca. Tenía sed, pero era muy orgullosa como para admitirlo y tampoco quería nada que proviniese de él. Podía darle un veneno más potente y letal que el que parecían haberle inyectado antes y que comenzaba a alzarle la temperatura.

¿Te crees que me quedaré de brazos cruzados? No te temo. Intenta tocarme un cabello y no quedará nada de ti —respondió con la mirada afilada y un tono que denotaba su odio—. ¿De qué quieres hablar? ¿Otra de tus extrañas negociaciones? ¿Me contarás cómo pretendes matarme y torturarme? —espetó sin quitarle la mirada de encima. En ese momento recordó al humano y tiró de las cadenas que aprisionaban sus manos, en un intento inútil por sentarse. Ese movimiento, que volvió a retorcer sus brazos, irritó una vez más la herida y la hizo gemir de dolor. A regañadientes, se quedó quieta y miró hacia otro lado, con el entrecejo fruncido. Si no hubiese estado atada, por más que tuviese esa horrible herida sangrante, habría tomado por el cuello al demonio sin dudarlo.

Cualquiera le reprocharía su accionar o, más bien, sus palabras. Ella era quien estaba en desventaja, y esa misma la incitaba a luchar. Sin importar cuán escasa fuese la energía restante en su sistema, no se doblegaría ante un demonio. No podía confiar en ese hombre. Él estaba cómodo en su silla, había disfrutado de su dichosa bebida, ¿y ella qué? Estaba encadenada a una cama, herida y cansada, y a pesar de todo eso, la llama de sus ojos no se extinguía. Seguramente él terminaría cansándose y la amordazaría, pero, de ser así, no contaría con el placer de escuchar los gritos de dolor: el placer de todo demonio.

Se había convencido a sí misma de que todo tenía una razón de ser; una muy buena. En ese caso, el demonio no podía culparla por comportarse así después de lo que había hecho.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Jue 5 Mayo - 18:48

Descensus averno facilis est.


Sí, Gabriel no podía engañar a nadie, ni al ángel ni a él mismo. Disfrutaba teniendo a su merced a aquella chica. Podía hacer lo que quisiese con ella. Torturarla, violarla o incluso obligarla a hacer cosas que ella no quería. Gabriel tenía al alcance de sus manos todo aquello que desease hacer con ella en ese preciso instante.

Las múltiples mujeres que habían compartido cama con él no eran para nada parecidas a la que tenía delante de él. En el Inframundo podía tener a quien quisiese, pues cualquier chica haría lo que hiciese falta para salir de aquel lugar, incluso acostarse con el hijo del Hades. Las chicas no oponían resistencia, sobretodo las súcubos, quienes siempre estaban dispuestas a algo más que una conversación con el joven. Pero por una vez, la curiosidad de Gabriel superó las ganas que tenía de matarla, a pesar de que podría haberlo hecho sin hacer ninguna pregunta.

Querida, no estás en posición de ponerte de esa manera. No creo que lo tengas todo tan controlado al fin y al cabo. – comentó Gabriel mientras echaba un vistazo a aquel lugar sin mirar directamente a los ojos de esta. Volvió a acomodarse en la silla para continuar aquella conversación, si es que aquello iba a algún lugar.

Algo dentro del chico deseaba matarla de la forma más cruel, habiendo torturado aquel débil cuerpo previamente. Deseaba por encima de todo acabar con ella, hacerla sufrir hasta que su sangre corriese por cada rincón de aquel lugar. ¿Pero qué se lo impedía?

Creo que te lo dejé claro la última vez que nos vimos. – dijo el chico de forma amenazante mientras la atmósfera del lugar se volvía más pesada. La poca luz solar que alcanzaba a entrar por la ventana, se había esfumado del lugar rápidamente mientras el chico hablaba y el lugar se oscureció.

Gabriel empezaba a cansarse de aquella situación, no parecía que aquella chica fuese a responder a sus preguntas por mucho que él continuase interrogándola. Pero intentó darle una última oportunidad. El chico se levantó de la silla de una manera muy brusca, tirándola al suelo cuando hizo el movimiento de levantarse.

Allí parado, miró a la chica con aires de superioridad y antes de que ella pudiese decir algo, se acostó encima de ella, agarrando sus manos a ambos lados de la cama mientras éstas continuaban atadas. Apenas unos centímetros separaban aquellos dos cuerpos mientras Gabriel se encontraba imponente encima de aquella joven.

Un silencio algo incómodo se produjo en aquella situación, mientras los latidos de los corazones de ambos resonaban cada vez más acelerados. El demonio, que seguía con su habitual sonrisa perversa y sugerente, acercó su cara a la de la contraria y apenas un margen de dos centímetros separaban ambos rostros.

Te lo preguntaré por última vez, preciosa. ¿Cuál es tu nombre? – el demonio se acercó al oído de esta para pronunciar aquella pregunta, sonando con un tono algo atrayente y esperando que, al fin, pudiese conocer el nombre del ángel que tantos problemas le había causado.

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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Dom 8 Mayo - 21:28

Stop right there!
Vestfold – Por la mañana
Él pensaba que estaba indefensa. Podía estar débil y cansada, pero si debía sobrevivir, haría todo lo que estuviese a su alcance. Estaba muy equivocado. Siempre la subestimaba, desde que sus caminos se cruzaron por primera vez. ¿Y qué había ganado con ello? Una marca misteriosa en su brazo. Ella, por el contrario, había perdido mucho. Sólo quería deshacerse de él.

En todo ese tiempo, aún cuando luchaba por ocultar su propio dolor, no había dejado de estar pendiente de sus acciones. Cada una de las palabras que pronunciaba no hacía más que irritarla, y las cadenas eran el condimento en esa sopa de sensaciones.

Cuando él volvió a hablarle, lo miró desafiante. Una muy mala idea. La habitación se inundó de un clima pesado y avasallador. El minúsculo rayo de luz que se colaba, desapareció como si nunca hubiese existido.

Si pensó que la acción anterior era mala, la que vino después le provocaron escalofríos. Fue todo tan rápido que apenas si podía unir las piezas en su mente. El estruendo de la silla en ese oscuro universo la paralizó. ¿Había llegado su fin? Debió haberse mordido la lengua antes, pero no pudo.

El hombre se abalanzó sobre ella y la aprisionó con su cuerpo, sus manos y su tortuosa cercanía. Estaba tan cerca que podía sentir su calor y su respiración. La estaba sofocando.

El ardor de su cuerpo volvió a abordarla. Su respiración y palpitaciones se desbocaron, pero no era la única que experimentaba aquello.

Su oído cosquilleaba con el aliento cálido que lo golpeaba y, en ese momento, volvió a paralizarse. Estaba incómoda. Sentía como si estuviese encerrada en una pequeña caja, y el aire empezara a agotarse. No estaba asustada por él sino por la punzante sensación que taladraba su cuerpo. Quería huir, pero sabía que si no cooperaba, tendría que gastar sus energías. El futuro era incierto. ¿Qué otras piedras se interpondrían en su camino?

Elizabeth... —pronunció en un hilo de voz suave—. Ahora que ya lo sabes, apártate de mí, demonio —sentenció con el ceño fruncido—. ¿De esta forma pretendes hablar? —quería que se apartara de ella. Su cercanía le quitaba el aliento y empeoraba su estado físico. No quería desfallecer una vez más. ¿Qué pasaría si eso sucedía?

Notaba por su actitud que creía que todo el mundo estaba bajo sus pies. Estaba completamente equivocado. No iba a sucumbir al temor ni mucho menos por él. No la iba a vencer. ¿Podía ver él la llama encendida en sus ojos? ¿Creía realmente que él tenía el poder? Era un iluso. Gracias a él, su instinto de supervivencia la había animado de nuevo; ese era su único mérito.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Dom 15 Mayo - 20:53

Descensus averno facilis est.


Gabriel carcajeó durante un rato mientras observaba a la joven debajo de él con aquella mirada desafiante y deseosa de que se apartase de su lado.

Eres una chica difícil... Elizabeth. – le comentó mientras se apartaba de su posición y volvía a erguirse nuevamente, a la vez que estiraba sus manos por encima de su cabeza y hacía resonar los huesos de su columna.

Elizabeth, Elizabeth... ¿dónde he escuchado yo ese nombre?– se preguntaba para sí mismo mientras seguía mirando desafiante a la indefensa chica que tenía recostada en su cama. No recordaba bien donde había escuchado ese nombre anteriormente, pero desde luego parecía importante. No podía matarla, al menos no en ese preciso momento.

La herida que la chica tenía en su espalda comenzaba a empeorar bastante, pues las sábanas bajo ella se empezaban a tornar de un color negro, como si la herida supurase o no fuese capaz de cerrarse por sí misma y manchaba la tela bajo ella.

Elizabeth... no creo que la idea te guste, pero debemos cerrar esa herida y no creo que vaya a gustarte la manera de hacerlo. – por primera vez desde que se conocían, el demonio había cambiado su tono de voz a uno más serio y preocupante. Parecía que había dejado a un lado las ironías y el sarcasmo que tan característico era en él. ¿Sería aquello suficiente para que la chica confiase en él para sanar su herida?

El chico salió de la habitación mientras se frotaba la cara con las manos, casi como queriendo despertar de un mal sueño. Pero al contario de eso, solo intentaba centrarse en lo que tenía que hacer. El odio de los demonios era suficientemente grande para que no tuviese ni replantearse dejar morir a aquella chica en la cama, ¿pero qué se lo impedía? Había tenido ocasión en varios momentos y había dudado. De nuevo, volvía a encontrarse en la misma situación.

La chica comenzaba a tener algo de fiebre y el corte de su espalda cada vez se hacía más ancho. Solo había una forma de sanar aquello y sabía perfectamente que el ángel no accedería a su ayuda.

Desde luego no confiaban ninguno en la palabra del otro. Gabriel suponía que si desataba las manos de la chica, ésta trataría de deshacerse de las cadenas de sus tobillos y huir desesperadamente de aquel lúgubre departamento. El joven solo podía confiar en que Elizabeth dejase de ser tan terca y aceptase la única ayuda que el demonio estaba dispuesto a ofrecerle.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Mar 17 Mayo - 8:46

Stop right there!
Vestfold – Por la mañana
Después de sus palabras, el hombre se apartó por fin, y ella pudo exhalar un suspiro de alivio. El contacto que había llegado a incomodarla tanto había terminado. El no tener su cuerpo y el calor sofocante de su cuerpo a escasos centímetros del otro la relajó; bueno, si es que realmente podía hacerlo dado su deplorable estado físico.

¿Se había dado cuenta al fin de que se había topado con una rosa llena de espinas? ¿Por qué no tenía cuidado? Podría pincharse en cualquier momento. Incluso en ese mismo instante. Si tan sólo pudiera liberarse de sus cadenas, pero debía contenerse. Era la única forma de salir de allí.

Tener frente a ella a su opuesto, no le generaba confianza. Estaba segura de que todo lo que hacía o decía tenía un determinado fin que ella desconocía. Aún no se había olvidado de su sospecha. ¿Él había enviado a sus atacantes? ¿Qué pretendía de ella? Y más importante: ¿De qué quería hablar?

No había respondido a sus preguntas cuando ella sí lo había hecho. La irritaba sin duda alguna. ¿Y pretendía ahora curarla? Cuando escuchó esas palabras, sus ojos se abrieron como platos y, segundos después, se afilaron. ¿Por qué quería ayudarla?

¿De qué hablas? ¿Pretendes curarme? ¿Cómo? —cuestionó confundida por toda la situación. Intentaba unir las piezas, pero no encontraba la forma de hacerlo—. ¿No querías matarme? —frunció el ceño. Era evidente que no le creía. Si él era su opuesto, un demonio que mostraba tanto odio hacia ella, sería lógico que pretendiera dejarla morir o que acabara con ella con sus propias manos—. No es necesario que lo hagas. La herida sanará sola —sabía que no lo haría, pero era demasiado terca como para aceptar la mano de ese hombre.

¿Y qué era esa mirada que él le dirigía? ¿Por qué la veía de esa forma? Le daban escalofríos. ¡No! No podía creer en él, no podía mirarlo con otros ojos. Él era un demonio, ella un ángel. No estaban destinados a confraternizar, sino a odiarse. Así había sido por siempre.

Cuando él salió de la habitación, volvió a intentar liberarse, pero era inútil. Sentía que las fuerzas la abandonaban con el pasar de los minutos. La cabeza le daba vueltas y su cuerpo le pesaba. Sin embargo, no quería perder la consciencia. Debía mantenerse despierta puesto que no sabía qué sucedería si cerraba los ojos. Era una lucha constante que temía perder.

No había forma que pudiera ganar. La extraña sustancia, el misterioso veneno que había penetrado su piel, se extendía por su cuerpo a un ritmo preocupante. ¿A quién quería engañar? ¿Por qué seguía buscándole pelea al albino? Era su orgullo el que la obligaba a actuar de esa forma; su orgullo y su desconfianza.

Necesitaba salir de allí y que la viera alguno de sus pares. Sólo así se sentiría tranquila y sabría que está en buenas manos, porque ¿qué ganaba él con ayudarla? Y si realmente quería hacerlo, ¿por qué la amarró? ¿Temía que fuese a escapar o que lo atacara? Eran tantas las preguntas que en su cabeza se formulaban y ninguna tenía una respuesta lógica.

Ya no podía procesar nada más. Su cabeza estaba a punto de estallar, y los párpados le pesaban. Esa no era una buena señal.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Jue 19 Mayo - 2:28

Descensus averno facilis est.

Querida, ya deberías saber que lo que más deseo es acabar con tu vida. – respondió Gabriel a las preguntas de la contraria. A pesar de que tras aquella frase debería haber añadido un "pero", no dejaría que la chica supiese que no podía matarla por razones que ni siquiera conocía.

El demonio se retriró de la habitación y con un paso acelerado, caminó hasta la pequeña cocina del departamento. Gabriel no necesitaba grandes lujos para sobrevivir en la Tierra y sería por eso que gran parte del lugar estaba en pésimas condiciones: electrodomésticos oxidados, suciedad en cada rincón... Al chico poco le importaba todo aquello, pero más bien le preocupaba tener que lidiar con las quejas de la joven cuando se despertase.

Alzó la mano hacia una de las estanterías que reposaban encima de la vitrocerámica y de allí sacó un par de cuencos de madera que se encargó de rellenar con agua. Después de ello, el chico agarró unos paños blancos con el fin de limpiar la secreción de la herida que manchaba las sábanas de la cama.

Los sentimientos de Gabriel en aquel momento eran más que confusos. No sabía qué pensar, decir o hacer. Era la oportunidad perfecta para acabar con la vida de aquella chica indefensa e incluso él mismo sabía que no sería capaz. ¿Qué pensaría su padre si supiese todo aquello? El solo hecho de reflexionar sobre ello provocaba que por la totalidad de su columna vertebral se produjesen escalofríos uno tras otro.

Volvió de nuevo a la habitación y se sentó junto a la cama donde reposaba la chica. La alta fiebre que se apoderaba de ella debería haberla debilitado lo suficiente como para dejarla adormecida en aquel lugar.

Elizabeth. – Gabriel enunció varias veces su nombre y no obtuvo respuesta ninguna, la chica definitivamente debía estar muy agotada. – ¡Elizabeth!

Desató sin pensar las cadenas que sujetaban las muñecas de la chica esperando que ésta no fuese a rebelarse contra él o fuese alguna especie de engaño para lograr escapar de allí. Con la poca fuerza que le quedaba tras aquel día tan agitado, agarró a la chica y le dio la vuelta para poder apreciar la herida que tenía en la espalda. Sin duda, no tenía mucho tiempo para solucionar aquello.

Gabriel no estaba hecho para sanar, sino para herir. No tenía la menor idea de cómo solucionar aquello pero era su deber hacerlo. Inspiró profundamente y procedió a limpiar las heridas de Elizabeth, quien de vez en cuando se quejaba de la molestia que estaba suponiendo aquello.

Lo siento, no tengo otra opción.. – le susurró a la chica con la esperanza de que ésta siguiese consciente y pudiese escuchar las palabras que salían de su boca.
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Última edición por Zoereth el Dom 12 Jun - 23:08, editado 1 vez
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Miér 25 Mayo - 11:53

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Vestfold – Por la mañana
Luego de semejante aseveración no era de extrañarse que la dejara confundida. Si quería matarla, ¿para qué curarla? ¿Qué ganaba con eso? Él mismo había expresado con anterioridad que debía ocuparse de la herida cuanto antes. Nada de lo que decía tenía sentido y eso mismo hacía que desconfiara de él.

Era como si ocultara algo, pero su cabeza no estaba en las condiciones de unir las piezas de ese rompecabezas. Pensar no era la mejor opción en ese momento porque debía preocuparse más por mantenerse despierta.

Inténtalo entonces... —masculló en respuesta, y lo siguió con la mirada hasta que abandonó la habitación. Luego de eso, alzó la mirada para contemplar los grilletes que tenía en sus muñecas.

Con cada segundo que pasaba se sentía aún más débil y dolorida. Esa sustancia misteriosa la consumía desde adentro; definitivamente la habían envenenado y, afortunadamente para él, podría regocijarse al verla perecer. No tenía intenciones de que la viera sufrir, pero ¿cómo lucharía cuando ni siquiera podía liberarse?

Durante el tiempo que él estuvo fuera de la habitación, luchó por manterse despierta. No quería dormir porque temía que sus ojos no volviera a abrirse y que él le hiciera algo. Prefería estar consciente para poder defenderse si la situación lo ameritaba.

No obstante, cuando él volvió a la habitación los párpados ya se le habían cerrado. Su mente le daba vueltas, ni siquiera soñaba; muy por el contrario, era como si viviera una pesadilla que pronto acabaría.

Le pareció escuchar su nombre, pero no reaccionó. Todo lo que percibía parecía formar parte de sus alucinaciones. Hasta ese momento nada se compararía con lo que vendría después, un accionar que pondría fin a su corto descanso.

Cuando él la movió para exponer su espalda herida, chilló por el dolor que sintió en el preciso instante en el que la carne se despegaba de la sábana. Una sensación que nunca había experimentado. Y ¿cómo hacerlo?, si sus heridas siempre se regeneraban en menos de lo que cantaba un gallo.

Él continuó con su labor. Y, a pesar de ser un demonio, fue bastante gentil en el proceso, un tanto torpe, pero gentil a fin de cuentas. Aún así, eso no evitó que ella sufriera en el proceso. Por más que quisiera ser fuerte, no podía evitar quejarse. Le ardía, y su estado maximizaba toda sensación desagradable.

¿Por qué? —musitó al escuchar sus disculpas. ¿Por qué la estaba curando? ¿Realmente creía que podría hacerlo? Y ¿por qué se disculpaba? Era un demonio y se suponía que la odiaba y que quería deshacerse de ella. Nada le cuadraba y tampoco podía hacer más que retorcerse y apretar las sábanas entre los puños—. ¿Qué me han hecho? —cuestionó frustrada y abatida por su desgarradora experiencia. ¿Por qué no había sanado aún? Y, más importante aún: ¿por qué sus atacantes respondieron a él? Eran tantas las preguntas, y ninguna parecía tener una respuesta lógica.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Dom 12 Jun - 23:24

Descensus averno facilis est.

Si ella moría, él estaba perdido.

Gabriel no estaba seguro de cuanta información tenía la chica sobre la especie de vínculo que los unía a ambos y éste era probablemente más poderoso de lo que él había imaginado. Quizá la joven sabía perfectamente todo lo que estaba pasando con la marca de su hombro, por qué pasaba todo eso y cual era la manera de sanarse. ¿Era Gabriel el único confuso en aquella situación?

Por un momento había dudado si de verdad debía ayudar a la chica que tenía delante, como si sus instintos renaciesen de lo más profundo de él y solo debía terminar aquello de la forma más rápida posible y proseguir con su cometido en la Tierra.

El tiempo pasaba demasiado lento para el chico, quien parecía no tener suficiente para poder ayudar a la chica. La herida cada vez se veía peor y la chica dejaba de estar consciente por momentos. Gabriel inspiró profundamente antes de introducir su mano casi por la mitad en la herida de la chica. Sabía que aquello le dolería a Elizabeth más que cualquier cosa en el mundo, pero el demonio necesitaba que aquello saliese bien, sobretodo por su bien personal.

Casi como buscando fragmentos de bala a alguien que acababa de ser disparado, el chico buscó en la herida algo que extraer de ella. Los demonios podían infectar en cierta manera a otro ser sobrenatural si arañaban su piel. Bajo ésta dejaban un residuo oscuro y viscoso que se asemejaba un veneno.

Vamos, Elizabeth... – Gabriel no paró de sacar aquel residuo durante un buen rato hasta que creyó haberlo extraído por completo. Pero para cuando él había terminado, la chica ya no estaba consciente. ¿Había salido bien? El joven no paró de dar vueltas por aquella habitación llevándose las manos a la cabeza. Sin duda si aquello no había funcionado, Gabriel estaba perdido.

¿Significaba aquel vínculo que Gabriel moriría también? No estaba seguro de cuanto poder tenía la unión que ambos tenían, ni si eran dependientes el uno del otro, pero deseaba que aquello no fuese así. Estaba cabreado, y mucho. ¿Seguía Elizabeth viva?

Quien sabe cuando despertaría aquella chica, o peor aún, si lo haría.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Mar 14 Jun - 9:46

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No había nada que deseara más que ese sufrimiento fuese parte de un mal sueño y que, al despertar al día siguiente, estuviese perfectamente sana, haciendo sus patrullas habituales. Quizás los cuestionamientos que le había hecho al demonio habían sido parte de su mente atormentada por el dolor y nunca los había pronunciado.

Lo que estaba viviendo era tan irreal que debía ser parte del mundo onírico. Ella estaba débil, tenía una herida que no lograba sanar sola y yacía en el lecho de un demonio que pretendía ayudarla. ¿Era posible? Estaba ante una criatura que, a pesar de sus deseos por matarla, se había dedicado a tratar su herida. ¡Imposible!

El dolor que sentía lo había ver como una tortura. Seguramente él se enorgullecía por hacerla chillar con cada acción que hacía. ¿Estaba limpiándole la herida o le pasaba un cuchillo por la carne para abrirla más? Porque así se sentía. Deliraba por la fiebre y gritaba de dolor constantemente. ¿Cuándo terminaría todo?

El calvario llegó poco después, cuando él introdujo la mano en su herida sangrante. Fue como si la hubiese hecho descender a lo más profundo del infierno, y el tiempo se detuviera. El grito, mezclado con las lágrimas que brotaban de sus ojos, producto de su padecimiento, no se hizo esperar. Pataleaba y se retorcía, con el único objetivo de librarse de la tortura del demonio. Pero era imposible. Su mente no pudo resistirlo más. Dejó de escuchar y de sentir cuando sus ojos se cerraron, trasladándola a un mundo repleto de sombras.

Se sentía encerrada, perdida y sofocada. Nada distinto a lo que había experimentado antes en la habitación, la única diferencia era que allí no podía hablar y eso la desesperó. Luchó por escapar. Corría por un vasto mundo oscuro hasta que halló un destello, una salida. Al abrir los ojos, se vio sumida en más negrura.

Espantada, rodó en la cama y se levantó de un salto. Había perdido la noción del tiempo. Sólo recordaba el dolor que punzaba su hombro y el sudor que recorría su piel. La herida parecía estar mejor, pero eso no significaba que ella estaba completamente recuperada. Aún así, se escabulló de la habitación, tratando de hacer el menor ruido.

No sabía dónde estaba ese hombre, pero quería salir de allí y descansar en la seguridad de su propio hogar. Caminaba con cuidado, tanteando el terreno con las manos. Paredes, puertas y algunos muebles con los que sus pies chocaban. La pared fría le servía de sostén para mantenerse en pie mientras se aventuraba en el apartamento. Al menos hasta que encontró una puerta por donde se colaba un pequeño destello de luz. ¡Esa debía ser la salida!

Se aproximó a la misma e intentó abrirla sin éxito. Estaba cerrada. ¿Quería mantenerla como rehén? ¿Qué pretendía de ella? Buscó en los muebles cercanos. Necesitaba la llave, pero ¿dónde podía estar? Si quería escapar, necesitaba encontrarla antes de que él se despertara y la viera.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Invitado el Mar 14 Jun - 23:41

Descensus averno facilis est.

Habían pasado ya varios días desde lo sucedido y la situación no parecía ser favorable para él. Desde que trató de sanar en la medida de lo posible las heridas de Elizabeth, la energía del chico se había visto casi completamente desvanecida. Sentía como su fuerza era menor por momentos y no comprendía del todo por qué ocurría aquello.

Aquellos días de espera se le estaban haciendo eternos a pesar de lo irónico de la situación. Apenas había pasado a ver si la chica que aún seguía acostada en su cama seguía respirando, porque las esperanzas que tenía caían en picado cada vez que se asomaba a comprobar si había despertado. Las horas se hacían infinitas y las agujas del reloj parecían ir cada vez más lentas. ¿Se preocupada por ella o por sí mismo? Cada vez que se replanteaba esa pregunta, se acababa autoconvenciendo de lo segundo.

Cansado de seguir esperando en aquel sucio y antiguo apartamento, cada día iba a dar una vuelta por la ciudad en busca de los demonios que habían causado aquello, quizás en busca de respuestas o alguna solución inmediata que arreglase todo aquel desastre. Pero no tuvo suerte en ninguna de las ocasiones en las que lo intentó.

Como cada tarde después de intentar aquello, volvió al departamento con las esperanzas casi a cero. Tras abrir la cerradura del lugar, lo que encontró fue desde luego lo que menos esperaba. De espaldas a él, la chica ya había despertado y parecía tratar de encontrar algo casi desesperadamente. ¿Cuánto tiempo llevaba así?

No vas a ir a ninguna parte, Elizabeth. – Gabriel mencionó su nombre con un tono de enfado bastante notable y en su conjunto sonó bastante amenazante. Se le había escapado otras veces, pero esta no sería igual.

Cerró la puerta de la entrada al departamento y se aseguró de que ésta estuviese asegurada para que la chica no intentase salir, aunque con las pocas fuerzas que el ángel tenía, podría decirse que era una misión casi imposible. La chica no paraba de tambalearse por toda la sala y luchaba a duras penas por mantenerse en pie.

El demonio se apresuró a recogerla en sus brazos antes de que volviese a caer rendida al suelo y la situación pudiese volverse peor. ¿Desde cuándo se había vuelto el niñero de la chica? Por otra parte y aunque no lo expresaba, Gabriel se alegraba de que la chica volviese a estar consciente. Con cuidado, el chico agarró los brazos de Elizabeth y los entrelazó por su cuello para que quedase bien sujeta a él y no hubiese manera de que cayese nuevamente al suelo. A pesar de que ya había sentido a la chica tan cerca de él, esta vez lo había sentido diferente. El ángel estaba completamente indefenso y por primera vez no sentía la necesidad imperiosa que tenía siempre de lastimar a otras personas.

Volvió a recostarla de nuevo en la cama tal y como había hecho unos días atrás aunque esta vez sin las ataduras que la mantenían atada a la cama.

Ni se te ocurra volver a moverte de aquí. – pronunció finalmente con un tono amenazador.
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Re: ▶ Descensus averno facilis est. ◀

Mensaje por Strawberry el Miér 15 Jun - 20:10

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Vestfold – Por la mañana
Durante su frenético intento por encontrar las llaves, sus pies se chocaban con los muebles y debía sujetarse cada tanto de los objetos para no caer. Estaba débil, sí, pero con su mente despierta, su espíritu de lucha había regresado. El mismo que la impulsaba a buscar la forma de escapar de ese lúgubre y pesado lugar.

Estaba desesperada. ¿Qué pasaría si la encontraba? No. No quería ni considerar esa posibilidad. Tendría suerte, encontraría la llave y podría volver a su hogar. Estaría segura. Más que allí con ese demonio que había manifestado cuánto quería deshacerse de ella.

En todo ese tiempo de búsqueda, rogaba por que el albino no despertara —si es que aún dormía—, pero nunca imaginó que lo vería entrar por la puerta principal. El sonido de una llave la alertó y, como acción reflejo, volteó el rostro hacia el origen del mismo. Cuando lo vio entrar, se quedó boquiabierta, se dio media vuelta y retrocedió. ¿Por qué tenía tanta mala suerte? ¿Qué le haría?

No tuvo tiempo para escapar. Él se había aproximado a ella luego de sellar frente a sus ojos la única esperanza que tenía de salir de allí. Notó la furia que ocultaba la advertencia del hombre. ¿Por qué no la dejaba en paz de una buena vez? Aunque retrocediera, no tenía a donde ir. Él la había tomado en sus brazos y, como si ella fuese una muñeca, le manejó los brazos a su antojo. ¿Por qué se comportaba así?

Apartó la mirada, con el ceño fruncido y sin querer pensar en la proximidad que ambos mantenían. Y una vez más, sintió cómo su cuerpo ardía, pero ¿era por el contacto o por la fiebre? ¿O podía deberse a la misteriosa sensación que tenía cada vez que él estaba cerca? Quiso creer que se trataba de la segunda opción.

Se mantuvo en silencio durante el corto trayecto. Pero cuando le dirigió nuevamente la palabra, poco después de depositarla en la cama, le dirigió una mirada fulminante. Su extraña pretensión la enfureció. ¿Por qué la quería mantener allí? Se sentía claustrofóbica y abatida por el ambiente.

¿Por qué no? —protestó con el ceño fruncido—. ¿Qué quieres de mí? —en su voz y su mirada se notaba cuán confundida estaba. Pero eso no era todo. No podía confiar en él. Estaba segura de que debía haber una razón para su peculiar comportamiento.
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