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Porque las casualidades no existen

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Porque las casualidades no existen

Mensaje por Red Panda el Dom 24 Abr - 23:59



De cómo empezó  todo
1x1/CrackShip/Crónica del Asesino de Reyes
Porque las casualidades

 
─ No existen ─

 
Todo el mundo sabe que a día de hoy Kvothe y Bast no son uno sin el otro. ¿Pero cómo empezó todo? ¿En qué momento desde la Universidad se conocieron? ¿Qué pasó para que acabaran siendo durante dos años profesor y alumno? Tal vez todo haya sido pura casualidad, o tal vez hay cosas que simplemente están destinadas a ser.

kvothe
30/Simon Baker/Mumford


bast
150+/Tom Payne/Red Panda



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Re: Porque las casualidades no existen

Mensaje por Mumford el Jue 8 Jun - 14:03

En la soledad de su habitación; un joven tocaba el laúd. Si estuviese con amigos; estos verían como sus ojos pasaban de verde hierba a verde oscuro; como un sauce en la penumbra.
Pero allí no estaban sus amigos.
Si hubiese un bardo cerca escuchando; oiría como la música iba llenando su corazón de una profunda melancolía.
Pero allí no había ningún bardo.
Si hubiese alguna mujer en su cama, hubiese podido consolarle, pero claro… allí no había ninguna mujer.

Kvothe dejó de tocar al ver el brillo de la luna llena reflejada en las cuerdas de su laúd; como una sonrisa que trataba de disipar la tristeza de la música que había estado sonando, bailando entre las cuerdas que brillaban como plata. Con la seguridad que le daba sus avances con el maestro Elodin; miró, intentando ver el nombre de la luna. Por un momento, quizás… pero ese instante se le escurrió entre los dedos, al intentar agarrar ese pequeño brillo de luna juguetón, como hacia tanto tiempo, en las sombras de los bosques de Fata; con Felurian.

Los recuerdos despertaron en el ansia de viajar; de saber una de las dudas que se ocultaban en su pasado. ¿Cuantos años había estado en Fata? ¿Y cómo sería volver allí; sabiendo todo lo que sabía ahora? Dándole vueltas fue cayendo en un sueño sin sueños.

Al día siguiente todo fue de mal en peor. El último ciclo había sido un desastre. Sus proyectos en la Factoría no recibían el visto bueno; no se concentraba en las clases; Denna había desaparecido otra vez;… Ni siquiera Will y Sim le podían animar mucho, pues ambos estaban muy ocupados con sus propios problemas. Will acababa de ser ascendido en el Arcano; y ahora tenía muchas más responsabilidades; andaba demacrado desde hacía varios días. Sim iba a ir con Fela a visitar a su familia y estaba con los nervios a flor de piel. No eran el trio más animado de la Universidad últimamente. Después de una jornada exhaustiva en la Clínica; subió a los tejados, Buscando a Auri, pero no la encontró. Ni siquiera tocando consiguió que apareciese. Finalmente, cansado, se sentó en uno de los tejados del Patio del Viento, viendo como este movía las hojas perezosamente. Oyó un crujido detrás de él; y al darse la vuelta vio a Elodin; de puntillas, a punto de darle con un pequeño pescado que; por como olía; había sido capturado el bimestre anterior.

-Le quitas la gracia a acechar, joven Re´lar- dijo con un suspiro mientras acomodaba al pescado y le susurraba algo; antes de sentarse junto a su aprendiz- Seguro que por eso los gatos hablan mal de ti

-Maestro- saludé con un gesto de la cabeza- ¿Cree que debería ir a Fata?

-¿A Fata?- dijo mirándome con ojos risueños- Joven Kvothe, si lo que echas de menos es la compañía de Felurian, yo puedo prestarte a mi compañero- y cogiendo el pescado se lo acercó- Huele mejor que el aliento de Felurian, hace compañía en las noches frías – compuso una sonrisa picarona- y como a ella; te lo puedes comer.

- No quiero ver a Felurian, maestro, no estoy locoAún; apuntó Elodin hablándole al pez- pero quiero saber cuánto tiempo estuve allí. Y quiero buscar… otras respuestas.

- Si son respuestas lo que buscas, Kvothe, ya te lo dije tu primer bimestre. Haz una pregunta y deja que el Patio del Viento te responda. Pero no esperes más sabiduría por su parte que aquella de quien hace la pregunta. – Y se puso en pie; dejando el pescado a mis pies - Pasadlo bien, chicos.- Dijo marchándose.
Kvothe se quedó mirando las hojas bailar; hasta que no vio nada mas.

Al día siguiente; se estaba poniendo en marcha antes de comer. Había avisado a sus amigos y profesores de su ausencia de un par de días; aprovechando los últimos días del ciclo. Hizo un trato con una caravana que iba de camino a Tamberlan; apalabrando quedarse hasta uno de los pueblos que limitaban con el bosque.
Llegó a un pueblo cerca de Tamberlan la noche de Prendido. Había una fiesta en el pueblo; y toda la caravana decidió hacer un alto. Kvothe se sentó fuera del círculo de luz; mirando como un joven moreno bailaba con una campesina sonrojada. El bailaba como si fuese agua en movimiento.
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Re: Porque las casualidades no existen

Mensaje por Red Panda el Sáb 17 Jun - 19:19

Smart, misled, dark and wasted


Aquel día hizo un calor de espanto. Más tarde Bast lo recordaría por otros muchos motivos, pero en ese momento sólo podía pensar en huir del sol y refugiarse en el agua o en la sombra. Acababa justo de salir justo de darse un baño, tendido en la hierba con su camisa al lado de él, secándose ambos al sol. Su mente divagaba en todo y en nada, porque a decir verdad no tenía muchas preocupaciones ni mucho en lo que pensar. La cuerda que un día tirase de él para salir de Fae y recorrer mundo le había dejado tranquilo hacía tiempo, y él, viviendo en base a sus propios deseos, se había mezclado con el resto de seres humanos como uno más, viviendo primero en un lado, luego en otro, sin llegar a asentarse nunca, y sin necesidad de ello.

Un par de niños le esperaban cerca de los árboles, pero Bast se permitió ignorarles un buen rato. Más tarde atendería a sus peticiones y requerimientos, a cambio, por lo general, de información que él pudiera considerar valiosa. Aquella práctica, que había iniciado hacía no mucho, era básicamente lo más productivo que hacía durante el día.

Al atardecer se acercó al centro del pueblo, donde poco a poco la gente empezaba a reunirse. Cogió un vaso de licor, bebiéndolo a sorbos mientras inspeccionaba a su alrededor. No tardó en reconocer a la hija del mercader, con su vestido blanco y una de las amapolas que él le había regalado horas antes por consejo de uno de los niños. En concreto de Ren, un chiquillo de 8 años pero una mente más despierta que la mitad de los adultos. Tardó en acercarse a ella, esquivando a los músicos que iniciaban su concierto en el centro de la plaza.

-Bonita flor -dijo al fin, cuando llegó. Ella, prevenida, se había alejado de sus amigas hacía un rato para no impedir el acercamiento del joven.

-¿Cómo sabías que eran mis favoritas?- miró a su alrededor, ligeramente nerviosa, aunque él no sabia si era porque sus amigas estaban cerca o por qué.

Él se encogió de hombros. No podía mentirle, pero tampoco tenía por qué decirle la verdad.
-Te pegan- dijo al fin- Tienen un color intenso y nada aburrido, como tú. -Ella sonrió, haciéndole ver que se la había ganado. Aunque él sabía que se la había ganado mucho antes.- ¿Me harías el honor de bailar conmigo?-preguntó antes de que a ella se le ocurriera otra pregunta con difícil respuesta. Cuando asintió la tomo de la mano, llevándola casi al centro. No había mucha gente bailando, pero tampoco eran los primeros. Fue ahí, en medio del baile, que entre todas las chicas que había conocido tenía que admitir que ella lo hacía muy bien, cuando la besó aprovechando la algarabía general. Fue un beso breve, pero que bastó para que la muchacha se sonrojase. Bailaron un rato, bastante pegados, a ratos en silencio, a ratos diciendo tonterías, riendo. Cuando terminó la sexta canción le susurró al oído, antes de pedir permiso para escaparse un momento.

Entonces respiró hondo, intentando quitarse de encima aquella sensación extraña que había comenzado poco antes del baile. Estaba acostumbrado a manejarse perfectamente entre aquellas personas ciegas y mundanas, pero la sensación de sentirse reconocido por parte de alguien del lugar había disparado todos sus sentidos de alerta. Miró inconscientemente a sus piernas, de forma y tamaño normal. Nadie pudo haberse dado cuenta de su ausencia repentina, de todas formas. Bast presumía, entre otras muchas cosas, de ser sutil y silencioso cual ratón cuando se lo proponía. Una vez pasado aquel desasosiego inicial, pudo concentrarse en lo que estaba buscando. Como un espectador que sin embargo parece tener la mente en otra cosa, había un joven pelirrojo sentado fuera del círculo del baile. Solitario y silencioso, parecía de esas personas que no estaban ahí hasta que de repente estaban ahí. Para él fue obvio, como no debía serlo para muchos otros, que aquella persona no era un simple pueblerino más. Ni siquiera tenía nada que ver con el resto de gente que había llegado en aquella caravana. Aquello le inquietó brevemente, ya que en su esquema de plan para aquel día no contaba con encontrarse con nada tan particular. Pensó en obviar su existencia, pero la cuerda que hacía tiempo que no tiraba de él se despertó tras su larga hibernación. Optó por coger un par de jarras de cerveza, aproximándose al chico con su silencio característico. Estudiándole, de alguna forma. Se dejó presenciar cuando se sentó a su lado, acercándole una de las jarras.

-¿Quieres?-soltó abruptamente, pero con su sonrisa más encantadora-Las festividades no son festividades sin un buen vaso en la mano.


Con Kvothe
Cerca de Tamberlan
Al atardecer

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Re: Porque las casualidades no existen

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