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La petite mort

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La petite mort

Mensaje por Magik el Lun 25 Abr - 22:05

La petite mort

EEUU, 2015, Baltimore.

"Desde hace unos años, la policía de Biltmore ha encontrado una serie de cadáveres, sin embargo, ninguna pista sobre quién es el responsable de dichos crímenes. Uno de estos motivos se debe al modus operanti de dicho responsable, el cual parece haber cambiado además de de haber aumentado la frecuencia de dichos asesinatos, han ido cambiando las formas en las que se han encontrado los cadáveres.

Es por eso que la policía no encuentra ningún hilo conductor entre las variaciones de dicho criminal para poder encontrar al responsable de dichos actos. La búsqueda del responsable continúa y no se piensa abandonar hasta que el criminal sea encarcelado."

La policía de Biltmore está algo desencaminada en su búsqueda ya que no es un responsable, son dos cuyos métodos son tan similares en su finalidad como distan en sus formas. Ambos frecuentan los mismos círculos, así como encuentran los gustos en la perfección. Los dos orientan sus vidas en las altas esferas de la ciudad, permitiéndose ciertos placeres que únicamente conocen ellos mismos, permitiéndose ese secreto como un pequeño juego para ellos mismos.

Casi podía considerarse como una ironía que dos personas tan parecidas, no hubiesen pensado jamás en el responsable de los crímenes que ellos no han cometido, ¿verdad?


Bedelia Du Maurier | Gillian Anderson |  Hell

Hannibal Lecter | Mad Mikkelsen | NTH
Cronología

Tablilla perteneciente a nicole-studios


Última edición por Magik el Sáb 21 Mayo - 13:11, editado 2 veces



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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Mar 26 Abr - 0:48




1. Art is not what you see.
El arte era abstracto, cambiante y poético. Bedelia había visto los cánones de belleza cambiar y se había ajustado a ellos con una belleza de antaño, algo indescriptible pero que sabía que poseía. Quizás era el aleteo de sus oscuras pestañas o el peso de los años acumulados en el fondo de sus ojos azules. Era un misterio como el de la Gioconda, y se apoyaba en la expectación que sabía que levantaba para seguir sobreviviendo, para esconder su realidad a plena vista. Una mujer que prefería ser invitada a cenar que a desayunar, una mujer de gustos tan refinados como el porte elegante que mantenía sobre altos zapatos de tacón. Era sencillo cuando podías elegir a tus propios pacientes, sus horarios y hacerlos venir a tu propio hogar. Siempre pasadas las ocho, cuando el sol ya no podía dañarla y, por supuesto, ninguno de ellos había pasado del amplio salón donde tenía sus terapias. Si bien podría haberse dedicado a ver pasar los años la mente humana la intrigaba, la evolución de una raza que parecía evocada a la extinción ya fuese entre ellos mismos o agotando sus recursos. Cruel ironía de la vida que Bedelia los necesitase para sobrevivir.

Entre sus pacientes había destacado un nombre, brillando con su propia oscuridad marchita de sangre fresca: Hannibal Lecter. Afamado psiquiatra, colega antes que paciente y, ahora, principal objetivo de su adormecida curiosidad. Entre un rebaño de ovejas Bedelia había encontrado un cazador –otro- que no dudaba en extinguir a sus congéneres –y tampoco era el único- por algún tipo de compensación emocional que la psiquiatra no había logrado alcanzar a descubrir. Las evidencias a sus sentidos eran sencillas, la muerte era su colonia y la sangre el after shafe. Detalles imposibles de rastrear para inútiles policías, patéticos intentos de cazar al monstruo despiadado que creían estar buscando. Eran incapaces de encontrar la belleza, la elegancia y la sabiduría en los pasos del asesino. Cosa que Bedelia apreciaba, más por simple curiosidad de una vida aburrida que por real interés. Por ahora.

Quiso la casualidad que el sujeto de su estudio irrumpiese en aquella galería de arte. Una nueva exposición en honor a Edgar Alan Poe, concretamente a su cuento de “La Máscara de la Muerte Roja”. De ahí se debía que cada sala de la exposición estuviese iluminada con alguno de los colores del cuento: Azul, púrpura, verde, naranja, blanco, violeta y, cómo no, rojo escarlata. La séptima habitación que los invitados de Próspero no se atrevían a pisar y, sinceramente, muchos de los invitados a aquella inauguración tampoco excepto Bedelia. La luz rojiza, oscura la llamaba con una sed que no tenía.

Hannibal—Sus labios se despegaron aún cuando sus ojos no lo hicieron del cuadro que tenía en frente—Que casualidad verte aquí—Esta vez sí se giró, lo justo para dedicarle una amable sonrisa sobre su hombro cubierto por la seda de su blusa roja—Aunque no diré que me sorprenda—Añadió devolviendo la mirada al cuadro. Bedelia siempre había sido consciente del aura intimidante, casi sofocante, que Hannibal emitía. Era un acecho que siempre estaba ahí, que hacía correr espirales de miedo y nerviosismos por la espalda de cualquiera. Excepto la suya.
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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Mar 26 Abr - 14:16




1. Art is not what you see.
Los colores que inundaban las diferentes salas provocaba en las personas la sensación de verse acechadas por una muerte silenciosa, que a medida que recorrían el lugar se iba aproximando cada vez más hacia ellos y cuyo rostro se encontraba oculto bajo una máscara, haciendo así que el gélido aliento les persiguiera siguiendo sus pasos por la galería, esperando su presa en la final. Algo obvio, en opinión del psiquiatra, el recurso de las habitaciones iluminadas de los diferentes colores, tal vez escogido en el último momento como forma de atraer al público y que se creyesen dentro de la obra. Cosa que, al parecer, parecía funcionar a la perfección.

No podía negar que el recurso de embaucar los sentidos no fuese una mala elección, bien sabido estaba que él se consideraba un gran amante de las sensaciones más placenteras que puede experimentar un ser humano, independientemente de las connotaciones que le acompañasen. Pero el emplear un basto juego de luces como forma de ensalzar una obra no hacía más que demostrar la necesidad de un atractivo para valorar la exposición. Desde luego, no había logrado convencer al psiquiatra.

Caminaba por la sala de forma silenciosa, fijándose más en las reacciones de los invitados a la galería que en los propios cuadros. Lo verdaderamente interesante de la noche no era la impresión que pudiesen tener de las pinturas, ya que era terriblemente obvio que las críticas proclamarían a la mañana siguiente la sensación que les había provocado la exposición, por supuesto ensalzarian la correcta elección de colores que jugaba con los colores en los lienzos y un párrafo que explicaría la intención del artista para hacer sentir a los visitantes encontrarse entre las letras del mismo Edgar Alan Poe. Cegados por las luces no pueden ver la verdad que ocultan las sombras.

Por supuesto, la última sala se encontraba prácticamente vacía. De su rostro apareció una pequeña sonrisa ladeada, apenas imperceptible. Las causas de la diversión que el psiquiatra sentía en aquel momento se debían a día razones. La más básica y burda de ellas eran los gestos del resto de invitados a lo largo de la sala, los cuales trataban de disimular sus reparos para visitar la última de formas bastante obvias, así como mostrando ciertos signos de nerviosismo solamente con atisbar las luces rojas. Sin embargo, la segunda razón de su gesto tenía connotaciones mucho más elegantes, así como el aura que caracterizaba a la mujer a la cual se iba acercando a paso lento, despreocupado.

Obviamente, ella notó su presencia a pesar de que muchas de las personas con las que se había cruzado ni siquiera habían sido conscientes de que el doctor pasaba junto a ellos, pero la rubia no era como nadie que hubiese conocido. — Bedelia.— Saludó él a su vez, llegando hasta su altura, con la vista fija en el lienzo, tratando de adivinar los colores que se encontraban tras el aura roja de la sala. — Debo admitir que tampoco me extraña verte aquí. — Precisamente en la sala roja, hubiera añadido, pero Hannibal no cazaba mediante un tiro certero.

No era la presa que huía y a la que había que disparar para que no huyera la mejor caza, sino el estar acechando a su presa durante el tiempo necesario para que se acostumbrase a su presencia hasta que se da cuenta de en la trampa en la que ella misma se había metido. Era su favorita, tenía que reconocerlo. Sin embargo, con Bedelia no perseguía a un ciervo, sino a otro cazador, lo que complicaba el juego, no obstante, era mucho más excitante.

Y bien, ¿cuál es tu opinión con respecto a la exposición?
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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Mar 26 Abr - 18:37




1. Art is not what you see.
La pintura perdió todo interés para la rubia, aunque no la conexión de su mirada. Tan aparentemente distraídos por el arte como aburridos de los lienzos de temática oscura y demasiado obvia. Bedelia entendía el esfuerzo del autor por plasmar el torrente de oscura decadencia propia de Poe, el misterio y la tragedia que goteaban de la tinta que había impreso sus libros. Sin embargo, en opinión de que había visto muchos pintores en el nacimiento de su arte, había caído en todos los posibles clichés respecto al escritor. Negro, muerte y cuervos. Había cierta magia en la decoración, una manera de enturbiar los sentidos y adormecer opiniones, debía admitir que la puesta en escena era útil y muy inteligente para atraer las miradas. El matiz tenebroso lo captaban las luces más que los cuadros, distracciones válidas en una sociedad continuamente distraída con asuntos menores. Eran como gatos que seguían el primer punto de luz que encontraban.

Uñas de porcelana, dignas del Carbono 14, repiqueando sobre el cristal de segunda calidad de su copa de champagne. Burbujas afrutadas contra su paladar y cenizas en su garganta pero la eternidad era demasiado larga para dejar de lados ciertos caprichos. Apegar se la humanidad era uno de ellos, fingir aún que tenía algo en común con la raza a la que había pertenecido tiempo atrás y ahora no era más que un recuerdo de días peores, otra época y otros olores. La sociedad había avanzado, el mundo había cambiado arrastrando a criaturas que dejaban de contar los años cuando pasaban la primera centena. Siglo arriba, siglo abajo solo representaba un número que no marcaría nunca más su piel, tampoco un final inminente.

Que el incienso habría ayudado a enturbiar aún más el ambiente—Respondió alzando la copa hasta posar el vidrio sobre su labio inferior y dar un pequeño sorbo. Había olvidado en qué momento el dorado líquido había dejado de estar a la altura del borgoña caliente, el éxtasis de un corazón deteniéndose con cada nuevo sorbo—Supongo que ambos hemos visto mejores exposiciones, pero no esperaba encontrar las pinceladas suaves de Botticelli precisamente—En los nuevos tiempos no esperaba encontrar nada de su pasado a decir verdad. El arte había caído en la falta de originalidad, la belleza clásica se perdía para ensalzar el modernismo, en su opinión, destinado al fracaso por su falta de técnica –en la mayoría de los casos- y esa corriente de lo abstracto que, como mucho, solo representaba lo perdida y caótica que era la sociedad actual.

No podía negarme a venir—El artista era un paciente –Información que no podía dar, ambos lo sabían- y con un poco de suerte se convertiría en su desayuno. La joven promesa del arte desaparecido sin dejar ni rastro ¿Qué más quería? Bedelia convertiría su obra póstuma en una maravilla. Tal y como hacían aquellos colores, ensalzaría sus cuadros de forma con el color escarlata—¿Curiosidad o también estás en un compromiso?—Preguntó como de costumbre de lo más interesada en sus motivaciones, tanto que por fin sus ojos se posaron en el elegante hombre a su lado.
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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Miér 27 Abr - 0:34




1. Art is not what you see.
Los ojos del castaño, si bien no se habían desviado del cuadro, habían dejado de prestar atención a la pintura desde hacía tiempo. Su opinión con respecto a la exposición se había mantenido firme prácticamente desde que había entrado lo suficiente en la sala como para poder prever la composición de esta, así como lo que ocultaban los colores que adornaban la sala. A lo largo de su vida el doctor había visto lo suficiente como para poder intuir cuando algo sería digno de llamar su atención o no. Era cierto que su gusto era demasiado exigente como para poder dejarse embaucar ante los juegos baratos de estética, no por ello solía perdérselas. Cada vez era más complicado que el arte contemporáneo le deleitase, sin embargo, prefería ser él quien lo decidiera y no basarse en las opiniones de exposiciones pasadas.

Creo que también ha pensado en eso al deleitar a sus invitados con semejante bebida.— Cierto era que el champán que servían no era de los peores que había probado, lo que solía dejar claro que no era de mala calidad precisamente, ya que el peor gusto para él, podía ser el mejor para alguien que no fuese tan sumamente exigente con aquel tipo de detalles. Y es que, para Hannibal, la perfección no era una elección y, cualquier cosa que no llegase a los estándares del doctor era tachado de mediocre por el mismo. Por eso mismo, en cuanto sus labios rozaron el dorado líquido, sus manos volvieron a dejar la capa en la bandeja del camarero que se lo había servido.

Los ojos morenos del hombre únicamente se desviaron del lienzo lo suficiente como para poder captar que el autor de las obras, el cual se había rodeado de un grupo de aduladores que le seguían a cada paso que daban alabando cada una de sus palabras, se iba acercando hasta la sala donde ambos se encontraban mientras daba una especie de tour explicando cada cuadro así como la historia que había afirmaba que había detrás.

Absurdo en su opinión, no solo le valía con esconder la banalidad bajo luces deslumbrantes, sino que además alardeaba de ello. Pero ese era el gran chiclé de los artistas mediocres, necesitan hacerse oír para que los demás caigan en la cuenta de que están ahí. Eso, junto con un puñado de billetes, claro estaba. — Curiosidad.— Respondió sin pensárselo dos veces, ya que por suerte, no se había comprometido con nadie para asistir, así que tenía la dicha de poder marcharse de allí cuando se le antojase. — La cual parece que no ha quedado satisfecha esta noche.— Pero aún era pronto como para pensar en aquello.

Tu compromiso parece acaba de llegar.— Anunció el psiquiatra aunque sabía de sobra que su acompañante no requería de dicha información pues ya se habría dado cuenta por sí misma, ni que el artista hubiese sido sutil precisamente. — Tal vez quiera enseñarte su intención de las salas, por si no habías entendido el mensaje.— El doctor esbozó una sonrisa cargada de ironía, así como de un sentimiento oculto bajo las capaz más profunda de esta.

Sí, desde luego aún era pronto como para afirmar que la noche no había merecido la pena, además, se le había ocurrido una forma mucho más eficaz para ensalzar la obra del artista, así como mucho más artística que todo lo que podía albergar aquel lugar.
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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Miér 27 Abr - 11:14




1. Art is not what you see.
Tras varias, muchas, sesiones. Bedelia conocía al otro psiquiatra lo suficiente para saber que pocas cosas eran dignas de su paladar, o simplemente de su interés. Bedelia, sin embargo, aunque refinada se mostraba bastante más flexible. Conocía los fallos de la humanidad, conocía su banalidad así que había dejado de ser tan exquisita hacia lustros. Si él supiera lo poco que aquella bebida ligera satisfacía a la mujer a su lado, chispeante pero para nada sabroso. En unas horas estaría vomitando todo lo que se le ocurriese comer o beber aquella noche, un precio relativamente bajo a pagar por un poco de humanidad. No es que fuese una condición que echase especialmente de menos, solo le gustaba disfrutar de pequeños placeres como el vino, el caviar y las ostras.

Imaginaba su aburrimiento, entre capaz de supuesta honestidad hacía tiempo que la rubia había visto mucho más bajo el velo de supuesta moralidad de Hannibal. Aquello era demasiado simple, demasiado cotidiano para un hombre de su nivel intelectual y cultural, no había sutileza en la exposición y probablemente, Hannibal, conocía mejor las palabras de Poe que el propio autor. Ella veía al Hannibal real y le gustaba. Un monstruo entre humanos, un rey entre insectos. Sus prejuicios morales estaban tan desdibujados como los de la propia vampiresa, si bien ella se había visto obligada a ello por simple supervivencia ¿Qué había convertido a Hannibal en lo que era? Solo podía adivinar, buscar entre las palabras dichas y las no dichas en sus sesiones. Completar los huecos con su intuición. Misha era la clave, lo sabía. Qué pena que no pudiese preguntarle directamente, eso descubriría las cartas de ambos y aún era pronto.

Nunca te has deleitado en lo evidente Hannibal, y esto lo es—Tan obvio como los pasos de su anfitrión rodeado de loros sonrientes y aduladores. Un suspiro quebró sus labios y no le quedó más remedio que girarse, lo justo, para encajar en el papel social de recibir al artista.—Serás un caballero y no dejarás que me consuma ¿verdad?—Preguntó enredando un brazo en el del psicópata. Un movimiento natural, confiando. Sus dedos ejerciendo una presión liviana sobre la tela de su traje y una sonrisa en sus labios tan brillante como soberbia.

Doctora Du Maurier—Tan solo con la forma tan horrible con la que trató de imitar el acento francés al pronunciar su apellido Bedelia juraría que podría consumirse tan rápido como una llama el oxígeno—Frank—Saludó de vuelta sin mostrar ninguno de sus pensamientos que variaban entre el hastío y lo sencillo que sería apretar los dedos en torno a su cuello y no tener que volver a oír nunca más sus quejas contra el mundo cada quince días. El mundo era un lugar cruel, cierto, aún más con caprichosos, egocéntricos que necesitaban la adoración de las masas continuamente—Vaya viene acompañada, yo que esperaba secuestrarla esta noche—Era tan cliché que alguno de sus pacientes, independientemente del sexo, terminasen tratando de usurpar más tiempo del que sus horas semanales estipulaba. La lacra de los psiquiatras.

Me temo que esta noche ya he sido cazada Frank—Su lengua se entretuvo en aquella palabra y lo miró, buscó su reacción. Probablemente no debería poner a prueba a dos hombres ligeramente inestables en situaciones extremas pero la curiosidad siempre podía con ella—Frank Teller, este es el doctor Hannibal Lecter—Las normas de educación exigían una presentación formal, por castigo que fuera a ser para el otro doctor.
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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Vie 29 Abr - 0:05




1. Art is not what you see.
Desde luego, sus intenciones distaban mucho de ser las que Bedelia anhelaba. Por supuesto que no, no quería estar más tiempo del estrictamente entre aquellas salas, ya había visto todo cuanto el lugar podía ofrecerle y, como bien había intuido nada más poner un pie en el lugar, había sido ciertamente decepcionante. Estaba claro que su primer impulso era el de salir de allí bajo una disculpa cortés caminando de la misma forma silenciosa con la que había entrado. Sin embargo, había quedado atrapado en las firmes redes de la psiquiatra que, pese a que sus planes se habían quebrado aun estando tan cerca de cumplirse, tenía que admitir que el gesto de la rubia fue tan elegante como efectivo a la hora de lograr sus deseo, el de mantenerle junto a ella.

¿Acaso me has dejado otra opción?— Susurró el psiquiatra segundos después de que ella hiciese su movimiento maestro en el que este acabó frente al autor de aquello que, sí, podría llegar a denominarse exposición de arte. Por supuesto, pese a las opiniones nada positivas que este pudiera tener del artista, Hannibal era capaz de disimular lo suficientemente bien como para ocultar su opinión.

Además, contaba con que su expresión, así como su aura, era lo suficientemente intimidante como para que el contrario no preguntara más de lo que no quería saber por miedo a su reacción... De hecho... Tal vez hasta la futura conversación se le podía antojar interesante. ¿Qué sería de los pequeños placeres de poder ver la expresión de terror de un artista mediocre que intentaba recrear las salas descritas por el propio Poe? Igual incluso empezaba parecerle más interesante la exposición.

Tras la presentación de Bedelia, extendió la mano para poder saludarle con un breve apretón de manos. — Lamento que no pueda cazar a la doctora, pero no soy alguien que le guste compartir.— La voz del psiquiatra sonaba fría y distante, ligeramente más marcada que segundos atrás, pero apenas imperceptible para alguien que no tuviese un contacto más cercano con él.

Encantado, Doctor Lecter.— Por supuesto, Hannibal únicamente sacudió la cabeza asintiendo, sin decir ningún comentario que dejase claro que él estaba en la misma situación que el pintor. — ¿Qué os parece mi obra? Os habréis dado cuenta de que los colores están puestos con la intención de poder envolver al espectador para que pueda sentirse como si estuviese dentro de la novela.— El pintor hablaba como si de un discurso ensayado se tratara y, no le sorprendía, si tenía que explicar lo obvio a cada persona que veía, hasta el más estúpido de los humanos podría memorizar un párrafo mediante la eterna repetición. — De hecho, doctora, insisto en que me acompañe y le cuente la historia de cada uno de los cuadros expuestos personalmente. Es una oportunidad que pocos rechazarían— El artista le dedicó un guiño a Bedelia a juego con una amplia sonrisa.

Por suerte para el pedante, una persona como Hannibal era perfectamente capaz de planificar cada uno de sus movimientos para no hacer nada que este no quiera y, así, poder manipular al contrario a su antojo. — Ya que ha mencionado los colores de la sala, me gustaría saber qué significa para usted el color rojo de esta sala. Conocerá tan bien como yo el significado del lugar, por lo que comprenderá mi interés por los cuadros que ha expuesto en esta zona.
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Última edición por Not The Hawkguy el Vie 29 Abr - 1:08, editado 1 vez



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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Vie 29 Abr - 0:47




1. Art is not what you see.
La comisura de sus carnosos labios perfectamente pintados se curvaron, orgullosa y victoriosa. Por supuesto que no le había dado otra opción, solo había sido una petición en apariencia. Todo para ella, y sabía que para él también, era apariencias tan opacas o traslucidas como las situaciones ameritaban. A menudo, quizás demasiado, en sus sesiones se veía inclinada a dejar de lado los aspectos más vulnerables de su supuesta humanidad, se mostraba mucho menos frágil y mucho más experimentada. Un misterio intenso que caía de rodillas ante la curiosidad que la carcomía al estar frente a un hombre como Hannibal Lecter. Hombres como él había uno cada siglo, quizás cada década ahora que los registros de las nuevas tecnologías eran más específicos: Jack el Destripador, Charles Manson, El Carnicero de Milwaukee, El Vampiro de Düsseldorf –este resultaba de lo más irritante para ella- y, ahora, Hannibal Lecter entre una lista que podría alargarse bastante más. Todos tenían en común el baño de sangre, la falta de moralidad y la búsqueda de algo más satisfactorio que la simple vida que les había tocado vivir. Curioso.

Una nueva sonrisa, sus ojos brillantes fijos en el ángulo varonil de la mandíbula del doctor y un leve sonido, agudo y divertido, en el fondo de su garganta. No rompió en una risa, pero bailó en sus ojos casi como un reto hacía su salvador. La posesividad propia de Hannibal frente a la obsesión infantil de Frank, por peligroso que pudiese ser mostrarse como el juguete favorito de dos niños, Bedelia no dudó en extender el brazo libre y darle un ligero apretón a su otro paciente, un pequeño premio de consolación por la pérdida—En ese caso, diría que la Muerte debe estar en esta estancia—La escarlata, la que ningún invitado de Próspero se atrevía a pisar y precisamente donde el final comenzó. Una burla a la muerte nunca pasaba en vano y, en este caso, Frank estaba mirando a la muerte directamente a los ojos sin darse cuenta. No solo estaba frente a Hannibal, que la psiquiatra estaba segura de que era muy capaz de arrebatar una vida, sino ante ella que vivía regando el suelo de cadáveres desangrados.

El hombre parpadeó, nervioso por un instante bajo el peso de la mirada de su psiquiatra y la imponente figura de Hannibal a su lado. Bedelia se preguntó quién de los dos le daría más miedo, probablemente Hannibal puesto que ella no era más que el cordero inocente a ojos de todos—No sería nada educado para con el doctor Lecter abandonarlo ahora Frank—Le recordó como la madre que instruye a sus hijos en las normas de etiqueta, con Frank solía serlo. Así como con pacientes como Hannibal simplemente les hablaba de igual a igual, con otros debía estar bastante por encima. Es decir, siempre estaba por encima, pero remarcarlo con mayor énfasis.—Por supuesto, el doctor Lecter… está invitado—Y era más que obvio el tono regañadientes de sus palabras que se esfumaron en un carraspeo que infló su pecho de aire. Todo su orgullo acumulado en una bocanada de aire probablemente para impresionar o solo para demostrar, con la testosterona por bandera, que podía rivalizar. Que equivocado está pensó la doctora.

Es evidente, que la pasión y la sangre del destino final. El final de la exposición, como de la vida, concluye en la muerte. Poe fue muy acertado al ligar esta al color de la sangre ¿No la pone ni un poco nerviosa el color de la sangre reflejado en cada pared?—Preguntó concluyendo por centrar, de nuevo, toda su atención en la psiquiatra que tuvo que hacer un real esfuerzo por no responder con la verdad. El color de la sangre más bien le parecía excitante—No, el color de la sangre empata al de la pasión, sin duda es curioso pero haría falta mucho más que una luz para ponerme nerviosa—Respondió dejando escapar una risa liviana, el sonido esperado en una conversación cordial y agradable.
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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Mar 3 Mayo - 14:55




1. Art is not what you see.
Hannibal encarnó una ceja al escuchar al poeta. Si bien su porte seguía manteniéndose serio, tenía que reconocer que las palabras del artista, que solo remarcaban lo evidente de la situación, lograban que incluso en la expresión que bien podía parecer tallada en piedra del psiquiatra, aparecieran algunos signos que reflejaban su claro escepticismo. Podía llegar a entender que no todo el mundo poseyera las capacidades intelectuales para poder entender y apreciar el arte, sin embargo, lo que no podía tolerar era la mofa que este, contando además con que el susodicho artista parecía de lo más orgulloso de aquella lamentable exposición. Incluso en alguien como Hannibal, aquello no podía pasar desapercibido.

Su vista únicamente se desvió para centrarse en la psiquiatra, la única que parecía intentar entablar una conversación para con el artista. De hecho, si lo pensaba detenidamente, él no tenía ningún deber para con la conversación. No era su paciente, de hecho, si la rubia no le hubiera aprisionado, probablemente ya estuviese de vuelta a su apartamento para poder servirse un vino mientras escuchaba música clásica; eso sí que era arte. Eso sin contar con el hecho de que el artista tampoco estaba entusiasmado por su presencia, de hecho, el sentimiento de disgusto podía considerarse como mutuo. Sin contar, por supuesto, que las acciones del contrario estaban basadas en un sentimiento absurdo, sin duda, propios de un hombre tan simple como él mientras que las de Hannibal en la propia elegancia, así como el análisis de su conducta.

Venga, Doctora, tiene que admitir que el lugar desprende un aura aterradora. Pocos se atreven a entrar en esta sala en particular e imagino que será la primera en vaciarse cuando cierre la galería.— Frank presumía del logro frente a la rubia, sin embargo, para el psiquiatra fue el toque que le faltaba para un plan que había comenzado a formarse poco a poco en su mente nada más poner los pies sobre el local.

Los ojos de Hannibal brillaron con un cierto toque aterrador que encajaba perfectamente con la intención de la sala. — Estoy convencido de ello.— La idea de su plan había sido el aliciente perfecto como para hacer que participara en la conversación en lugar de tratarse de un mero espectador de esta. — Pero tengo curiosidad, señor Teller, si su obra se centra en el sentimiento aterrador que se esconde bajo el rojo de esta sala, ¿por qué ha mencionado que es apasionado?— Cualquiera podía pensar que se trataba de una pregunta estúpida, pero no para él, pues bajo la respuesta podía encontrarse lo que necesitaba para completar su pequeño juego.

Frank, que parecía caer en su existencia únicamente cuando este se dirigía únicamente a él, le dirigió una breve mirada que, en cuanto pudo, volvió a desviarse hacia Bedelia. Artistas mediocres, únicamente se alimentan de su ego y esperan tener bajo sus sábanas a quienes les veneran como dioses. Era ridículo el hecho de que intentara persuadir a la psiquiatra para ser una de ellas, pero claro, aquel hombre no brillaba por su inteligencia, precisamente.

Porque, claramente, doctor, el color rojo desprende  pasión. Y debo decir, doctora, que bajo esta luz se encuentra muy atractiva, pero estoy convencido de que estaría igual de cualquier forma.— El tono del pintor variaba de un toque hostil cuando se dirigía a Hannibal y, por supuesto, buscaba cualquier excusa para poder echarle de la conversación.

Sin embargo, para él, era cuanto necesitaba.

El doctor carraspeó, como forma de que Frank volviese a caer en la cuenta de que este existía. — Por supuesto. Ahora, si me disculpa, Bedelia me ha hablado de ese champán y quiero probarlo.— La mirada del doctor volvió a posarse en la de la rubia, arqueando ligeramente una ceja como forma de preguntarle qué era lo que esta pretendía hacer. Desde luego, su tiempo ya había sido lo suficientemente desperdiciado con aquel ser y ya había buscado la forma perfecta para hacer que la colección de aquel artista mediocre brillase un poco, lo que aún no tenía claro era si de verdad quería algún órgano de ese ser para su cocina; seguro que su sabor era peor que la de la carne de oferta de los supermercados.

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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Mar 3 Mayo - 22:00




1. Art is not what you see.
Bedelia asistía a aquel circo por mera curiosidad. Burbujeando bajo su piel, oculta en las leves miradas que intercalaba entre ambos hombres. Era casi como si estuviese esperando el momento en el que uno se echaría al cuello del otro rasgándolo con dientes de acero. Por supuesto la psiquiatra siempre apostaría por su colega de profesión, no porque físicamente lo viese más capacitado –que lo estaba-, sino porque tras los cuadrados hombros y el porte elegante sabía que había un alma suficiente hueca como para derramar sangre sin pestañear. Frank, en cambio, como mucho podía tener una arrebato nervioso y chillar de forma estridente, no sería la primera vez. Se crecía con el sexo débil –o lo que él creía sexo débil- y Bedelia alguna vez lo había sufrido, pero no le plantaría cara directamente a Hannibal. O eso pensaba.

La mujer río, de forma comedida y coqueta ocultando sus labios tras su mano y el brillo de su copa. Podía ser tan inocente y dulce como una orquídea, hermosa y de aspecto tremendamente frágil. Que lejos de la realidad quedaba el aspecto que Bedelia mostraba, la cara de la moneda más iluminada para ocultar sus muchos –y sangrientos- defectos—Hay formas más rápidas de provocar escalofríos en mi espalda—Mencionó jugando con las palabras, con su tono de voz y con las fantasías de su paciente ¿Serían las fantasías de ambos pacientes?

Un nuevo sorbo de su copa, el carmín pintando el borde del vidrio y la atención puesta en la conversación de lo más accidentada entre ambos hombres. La intención de Frank por ignorar a Hannibal era tan obvia que comenzaba a rozar la grosería, un hombre con demasiado ego para tratar de sentar frente a un caballero como el Doctor Lecter. Era evidente cuan amenazado se sentía, quizás en más de un aspecto a juzgar por la mirada siniestra que Bedelia había captado de reojo. Aquella exposición se había convertido en todo un espectáculo a sus ojos que nada tenía que ver con los cuadros—Eres muy amable Frank, supongo que el rojo va muy bien con mi piel—O simplemente le gustaba, de ahí que llevase una blusa de dicho color. Acentuaba el color de sus labios y el deseo oculto de la sangre que tanto ansiaba.—Pero me temo que de cualquier otra forma nunca podrás saberlo—Añadió con una amable sonrisa a pesar de sus palabras. Marcando límites, siempre tenía que marcar los límites.

No puede culpar a un hombre por intentarlo—Respondió el artista guiñándole un ojo. El anuncio de Hannibal solo le hizo sonreír aún más, al contrario que Bedelia que enarcó una fina ceja en su dirección. Sus labios se curvaron en una mueca irónica y soltó su brazo con la misma elegancia y facilidad que lo había enredado. Ladeándose en su dirección apoyó tres dedos de la mano que sostenía la copa –porque no le quedaban más libres- en su mejilla y los labios en la contraria cerca de su oído—Mentiroso—Murmuró dejando un beso como mero encubrimiento de su acusación—Gracias por acompañarme en esta velada Hannibal, siempre es un placer—Dijo esta vez apto para el oído de Frank que había terminado por mirar la escena con los ojos entrecerrados. No tardó en tenderle el brazo a Bedelia viendo su estelar oportunidad de cumplir sus deseos. Con la eterna sonrisa cordial la rubia aceptó aunque muy poco después elegiría una adecuada excusa y terminaría saliendo de aquella galería para no volver, a poder ser, nunca.
Inaguración galería de arte — Pasadas las 10 de la noche.



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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Mar 3 Mayo - 22:38

Local Baltimore

Muerte Roja
Freddy Lounds.
La recién estrenada exposición del artista Frank Teller no ha dejado indiferente a nadie, y no precisamente por las críticas de sus cuadros, si bien estas no han sido del todo malas, esperaban una chispa innovadora por parte del autor. Al parecer, la exposición no va a dejar indiferente a nadie, y no precisamente por los cuadros, sino por el hallazgo  del cuerpo del artista en la última sala.

El cadáver de Frank Teller ha sido encontrado esta misma mañana en la sala Roja, la cual era la única iluminada del local. La foto del cadáver se ha visto retirada por la editorial debido al impacto que podía producir en los lectores, sin embargo, no ha dejado a nadie indiferente.

El cadáver se encontraba sobre el último cuadro de la sala, se le encontró sin ojos en sus cuencas, sin lengua así como sin ninguna de las falanges de sus manos. No solo esto ha sido remarcable al encontrar el cadáver, sino que parecía que el hombre había sido desangrado por los diversos cortes encontrados a lo largo de su cuerpo. Si bien estos no eran tan mortales como para hacer que Frank muriese en el acto, sí lo suficiente como para que durante un tiempo hubiese estado agonizando, o esas han sido las primeras declaraciones de la policía forense.

De lo que no hay duda de que el asesino, premeditadamente, le ha desangrado con el objetivo de llenar la sala de color rojo. A lo que aún no hay respuesta ha sido a la exportación del sentido de la vista, del habla y del tacto. Informaremos en caso de encontrar nuevas pistas.

No se descarta que el autor de dichos crímenes se trate del mismo que ha estado amenazado Baltimore los últimos meses, sin embargo, la policía no da fe de ello ya que el asesino siempre se lleva algún recuerdo de la víctima, pero esta vez parece que todo lo que faltaba, lo que hemos mencionado anteriormente, se ha encontrado a lo largo de la galería roja.

¿Hay un nuevo asesino en Baltimore o sencillamente ha sido una forma de dar reconocimiento a una obra que no recibía tantas buenas críticas como se esperaba? Seguiremos informando.




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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Miér 4 Mayo - 0:58




2. Sweet, sweet wine.
No sabía qué la había llevado a aceptar, pero lo había hecho. Durante mucho tiempo había declinado sus invitaciones, todas y cada una de ellas, excusándose en que no sería demasiado profesional –y no lo era- pero el periódico la había empujado a aceptar antes de que pudiese ser consciente de que sus labios, al fin, estaban dando un sí. Frank Teller estaba muerto, según la descripción había sido una muerte de lo más elaborada que había dado un toque de arte macabro a su propia exposición. El mundo lo pondría en tela de juicio pero Bedelia estaba muy segura de que el culpable era Hannibal, no tenía pruebas pero simplemente lo sabía porque conocía al depredador bajo aquellos caros trajes Un cazador vestido de seda, pero no por ello menos letal.

La congoja no llegó a afligir su corazón, pocas cosas lo hacían, cuando descubrió que tenía un paciente menos. Frank podía llegar a ser realmente aburrido, tan ensimismado en sí mismo y con tan pocas oportunidades de destacar realmente. Ya había sido todo un Infierno en vida –o no vida- tener que soportarlo en soledad tras el abandono del psiquiatra como para no sentir, en cierta manera, un pequeño alivio al saber que jamás volvería a poner un pie en su casa. Era una mera pérdida monetaria que no causaría estrago alguno en las cuentas de final de mes de la psiquiatra. Sus cuentas estaban bien abastecidas para darse la vida de lujos y brillos que tanto le gustaba.

Al caer la noche, como no podía ser de otra forma, Bedelia había cogido un taxi –porque sabía conducir pero no lo hacía- hacia casa del doctor Lecter. Y allí estaba, tras esperar unos segundos a que le abriese la puerta, plantada en su recibidor dejando que le quitase el abrigo de los hombros— Espero que hayas planeado esto como una disculpa—Lo dejó caer con total indiferencia hacia la falta de Frank. A menudo solía dejar de fingir por entero cuando estaba en su presencia, diluía la monstruosidad en simple vanidad y arrogancia para darle una cara más humana—Me abandonaste, no fue nada caballeroso ni cortés por tu parte Hannibal—Añadió enredando los dedos de su diestra en los bucles dorados de su cabello.

Negro. Había elegido negro aquella noche, ceñido. No era luto ni mucho menos por la reciente pérdida, aunque podía darse a entender, simplemente era un color elegante que rompía con la estética perlada de su piel y el dorado de su cabello. Perla, oro y ónice. Desde luego Bedelia hacía muchas cosas pero intentar pasar desapercibida, años de experiencia y aún quería seguir siendo el centro de todas las miradas en cuanto ponía un pie en una habitación. Por suerte, con Hannibal no tenía que pelear para ganarse su mirada. Ya la tenía, principalmente porque aquella noche era su única invitada—Imagino que has visto la noticia, podría haberme pasado a mi…—Y aunque sus palabras quisieron parecer asustadas, típicas de una mujer que se quebraba ante la idea de la muerte su mirada buscó con tal intensidad la del asesino que casi parecía gritarle: ¿Me lo habrías hecho a mi?
Inaguración galería de arte — Pasadas las 10 de la noche.



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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Lun 23 Mayo - 1:04




2. Sweet, sweet wine.
Dobló el periódico dejándolo en la mesa del salón. La noticia que había logrado llamar su atención no era nada que no sabía de antemano, no por algo había sido él el protagonista de aquel artículo. Sin embargo, la policía se encontraba lejos de sospechar que se trataba de él por el modo en el que había realizado su obra aquella vez. Cierto era que se podía penser que se desviaba un poco del modus operanti que podría tener, sin embargo, nada más lejos de la realidad. Hannibal no era alguien que se permitiese dejar nada al azar, eso estaba claro. Pero siempre se quedaban en los trivial, en lo que podían agarrar con sus propias manos y, aquella vez, el psiquiatra había sido mucho más sutil que eso.

Si tuviese que escoger una parte favorita, hubiese escogido la parte en la que el mediocre pintor perdió su lengua. No solo por el placer de despojarle así de esa verborrea inútil de la que tanto le gustaba alardear sino también por la dificultad de lograr realizar ese tipo de extracciones sin que se desangrara; si bien era cierto que ese era el toque de su crimen, no iba a permitir que el pobre artista no recibiese su última clase magistral sobre cómo se hace una obra de arte.

Desde luego, era lo más difícil, pero el miedo paralizaba a su víctima, era irónico que se mostrase tan superior a él y que, en ese momento, no hiciera otra cosa que suplicar por su vida, como si eso fuese a funcionar. Obviamente, el psiquiatra había visto demasiadas escenas similares a esas como para sentirse mínimamente conmovido o culpable y, desde luego, no lo estaba.

Aunque sí que estaba agradecido al fotógrafo del periódico, había logrado captar la idea del moreno a la perfección; una muerte roja que no estaba iluminada por unas bombillas baratas, sino que la decoración de la sala roja en la que la muerte esperaba, estaba decorada con la sangre de los muertos. Ojalá hubiese aprendido algo, antes de que le sacase los ojos de las órbitas, claro.

El sonido del timbre, el cual estaba esperando, no tardó en llenar la mansión del psiquiatra, levantándose segundos después para ir hacia la puerta donde se encontraba su psiquiatra, la persona a la que había estado esperando durante toda la noche. — ¿Disculpa?— Hannibal arqueó levemente una ceja mientras le quitaba el abrigo que portaba para poder guardarlo y que esta pudiese pasar al interior de la casa. Obviamente, lejos estaba de arrepentirse por nada de lo que había hecho. — Creo debería ser al revés pues no fui yo el que atrapó al otro antes de que tuviera escapatoria.— Replicó el doctor mientras seguía a Bedelia hacia el comedor, donde había prometido servirle una cena memorable, desde luego, tenía el punto de rojo que a la sala le faltaba.

Pero tienes razón, no fui lo suficientemente cortés, permíteme solucionarlo.— Acto seguido, tomó la diestra de la rubia y, con una reverencia suave le depositó un beso en el dorso de la mano. — No podrías estar más bella esta noche, Bedelia.— Dijo aún contra su mano antes de erguirse de nuevo para poder sacar la silla que le tenía preparada a su acompañante y dejar que se sentara.

Justo hace unos segundos estaba leyendo la noticia.— No daba ningún tipo de información más que la necesaria para dar a entender que sí sabía lo que había ocurrido. — ¿Acaso sospechas de alguien? Por lo que parecía, no le veías demasiado a menudo como para ver peligrar tu vida.— Su voz era muy fría, distante, totalmente desligada al hecho de, no solo estar hablando de una muerte violenta de una persona con la que ambos habían hablado, sino de que él mismo había sido el autor del crimen. — Espero que no te haya quitado el apetito, te he preparado un menú algo especial, te ayudará a animarte por la pérdida de tu paciente.
Casa de Hannibal — De noche.



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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Miér 25 Mayo - 14:22




2. Sweet, sweet wine.
Bedelia podía sentir el cosquilleo del inicio de la partida incluso en el movimiento de sus largas pestañas oscuras. Las segundas intenciones de cada palabra, la sutilidad en la que se movían entre velos de inocencia y elegancia. Era una pareja de lo más agraciada, de lo más admirada cuando se encontraban por casualidad en eventos sociales y, sobre todo, de lo más letal. Cada uno a su manera, emitían ese aura terrorífica que atraía y repelía a partes iguales a todos aquellos que los rodeaban, excepto a ellos mismos. Puede que solo se sintiera atraída por el efluvio de la muerte, o puede que la curiosidad más escabrosa manejase cada una de las palabras pero, el caso, es que seguía jugando entre sus dedos, cual bailarina sobre la punta de sus pies danzando para un público de ojos hambrientos.

Ella no se sentía en peligro y a él, probablemente, le sorprendería saber con cual facilidad podrían cambiarse las tornas en presencia de la rubia. No podía negar que la idea de clavar sus colmillos en la carne del doctor no había pasado por su cabeza. Sangre caliente, fresca pintando sus labios y alimentando su cuerpo que debería estar muerto, lo estaba en cierta manera.

Sonrió ante el roce del abrigo contra sus bucles dorados, le dedicó esa sonrisa por encima del hombro de forma inocente—Te brindé la oportunidad de salvar a una damisela en apuros y ser un héroe, me dejaste en manos del centauro—Casi, casi, parecía ofendida por toda la situación. Solo divertida en realidad por el cinismo goteante de cada una de sus palabras. Ni ella era una damisela en apuros, ni mucho menos Hannibal un héroe. No del tipo de brillante armadura al menos, pues Bedelia sí lo consideraba valiente para cumplir sus deseos sin preocuparse de la opresiva sociedad que había instaurado una moralidad que podía saltarse a la ligera, una normas de conducta que parecían ir en contra de la propia naturaleza salvaje del ser humano.

Los pasos de ambos los guiaron hasta el comedor, la mesa pulcramente colocada y, el ya conocido exquisito gusto del doctor, puesto en cada mueble de su hogar. A pesar de ser la primera vez que pisaba la casa del doctor Lecter no se sentía fuera de su círculo de confort, no por su condición, sino más bien porque le recordaba a su propia casa. Sentía que era un lugar donde ella misma podría vivir, donde podría ser quien realmente era e, irónicamente, no tenía ni idea de cuanto ese ensueño iba a cumplirse aquella noche.

La vampiresa se tomó el lujo de rozar el mentón del psiquiatra con el dorso de sus dedos al retirar la mano de sus labios despacio, así como de alzar el mentón orgullosa. Los cumplidos solían hinchar su pecho cual pavo real, acentuaban su sonrisa y, absolutamente nunca, tomaba el camino de la humildad—Lo sé—Respondieron sus labios mientras tomaba asiento alisando su vestido antes de sentarse correctamente. Hablaban de la muerte como si ninguno hubiese estado presente momentos antes con el fallecido, con total falta de empatía por lo ocurrido. Podrían haber estado perfectamente hablando del tiempo, o de la obra de Dante.

Oh, no. Ese es trabajo de la policía—Mintió. No sospechaba de alguien, tenía la certeza de quién había sido—Una vez cada dos semanas, sus aires de grandeza comenzaban a sobrepasarme y estaba pensando en recomendarle otro psiquiatra. De hecho, fui a la galería para suavizar el impacto—Comentó mientras jugueteaba con un dedo por el borde de su copa vacía—Confío en que todos esos rumores sobre tu cocina serán ciertos—Y que por desgracia terminaría vomitando cualquier cosa que le sirviese algunas horas después, pero todo fuese por fingir naturalidad, humanidad ante alguien que claramente no lo era—¿Puedo saber al menos que vino has elegido?—Preguntó siguiendo la tranquila conversación.
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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Jue 16 Jun - 23:51




1. Art is not what you see.
Las palabras de Bedelia no provocaron en él nada más que una ligera encarnación de la ceja. Era sarcasmo, lo sabía de sobra ya que la rubia distaba mucho de ser una dama en apuros que requiriese de alguien como él para poder salvarla de un, ¿centauro? Tenía que admitir que la comparativa era bastante apropiada. Sin embargo, la absurda idea que la doctora ofrecía no merecía más que el sutil gesto que le había dedicado en un principio, ni siquiera un comentario sutil y esquivo por su parte.

Desde luego, era mejor centrarse en la cena, especialmente, en la especial bebida que había pensado como plato principal de la cena. Tenía que admitir que estaba bastante orgulloso de su trabajo, emplear la sangre que había logrado drenar del cuerpo del artista patético como parte de una de sus famosas comidas. Por eso mismo la urgencia de realizar el encuentro cuanto antes la cena, no quería que la sangre se estropease, era mejo hacerlo cuando aún podía usarse como bebida, sino debería esperar para que se coagulase y cocinarla de otra forma. A pesar de que el mensaje seguía conservando su esencia, no era tan poética como Hannibal deseaba.

Había mantenido la bebida caliente y ya condimentada, lista para servir y tomarse. El olor del líquido estaba impregnado de las hierbas que había empleado para darle un toque especial. Por eso mismo iba con cuidado a la hora de manipular el recipiente que aún estaba caliente para poder servir las copas de ambos con toda la elegancia que se permitía al tener que manipularlo con cuidado debido al calor que desprendía. — Supongo que sería un duro golpe para él, o así parecía por lo que vi en la galería. Espero que la lisa de psiquiatras a los que te gusta pasar tus clientes más especiales.— Si no había podido soportar la soberbia del pintos durante una breve conversación, dudaba mucho que pudiese hacerlo durante un par de sesiones.

No sé cuales son los rumores que has oído sobre mi cocina, pero estoy convencido de que no se acercan a la realidad.— Esbozó una media sonrisa en sus labios. Si bien podría sonar bastante arrogante, y lo era, conocía de sobra las maravillas de su arte culinario y por supuesto qué era lo que le hacía tan especial. — De hecho ha sido el vino lo que he seleccionado con más cuidado.— Le tendió la copa a la rubia, colocándola frente a ella, dejando la propia en el asiento que iba a ocupar. — Pero debes esperar al primer plato para probarlo.— Añadió el moreno mientras colocaba en medio de la mesa un asado de carne, esa vez de cerdo, nada de trucos, condimentado con diferentes tipos de vegetales así como una salsa que recubría la carne.

No tardó un suspiro en cortar la carne y servirla con diferentes verduras en ambos platos, dejándolo de nuevo frente a la rubia. — Aquí tienes.— Añadió sentándose frente a ella, ocupando su sitio y cogiendo la copa acto seguido. — Una buena cena merece un brindis y dados los últimos acontecimientos, ¿qué te parece brindar por la vida que corre por nuestras venas demostrando que estamos vivos?— Un breve brillo apareció en sus ojos. — Por la sangre.

Acto seguido, se llevó la copa a los labios.
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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Vie 17 Jun - 19:11




2. Sweet, sweet wine.
Hebras de la conversación que se desprendían sin importancia para sus interlocutores, siempre había sido fácil entre ellos conversar más allá de las horas estipuladas como paciente y terapeuta. Probablemente porque eran muy semejantes, o porque tenían gustos comunes así como opiniones. No tenían en muy alta estima a la humanidad más mundana y disfrutaban de la excelencia, la poca que destacaba.

Sinceramente, estaba pensando en pasártelo a ti Hannibal—Confesó. Aunque no soltó prenda sobre el verdadero motivo de la argucia. Ver la paciencia del asesino viniéndose a bajo habría sido un digno espectáculo, comprobar cómo socavaba su excelente profesionalismo hasta enseñar las verdaderas fauces del monstruo. Habría sido un juego a largo plazo que Hannibal se había cobrado en una sola mano. Adiós a su diversión, otro entretenimiento menos sangriento supliría a la anterior. Bedelia era diestra en buscar nuevas fuentes de entretenimiento, zapatos y ropa la entretenían en los últimos siglos. Teatro y ópera también, la alta sociedad de Baltimore ocupaba sus noches tratando de hacerle el paso del tiempo eterno más llevadero.

Se encontró distraída por algo que no pudo terminar de calificar, era un olor que la llamaba y a la vez la desconcertaba. Algo familiar y distinto, frunció el ceño ligeramente. Una arruga de imperfección marcando el valle entre sus dos cejas y dos más junto a la comisura de sus labios—Todos han sido rumores excelentes—Confirmó. Había un banquete de halagos tras cada una de las cenas que el doctor había dado en su residencia, todos salían de su hogar más que complacidos con la comida y el buen vino. Ella había terminado por sucumbir a la tentación de algo que no podría catar tan extensamente como el resto de sus invitados. Al menos lo degustaría contra su paladar y ya afrontaría las cenizas en su estómago más tarde.

Enarcó una ceja, movimiento sutil al comprobar el contenido de su copa. Vino tinto, no. Especias y algo más, de nuevo se distrajo y apenas atinó a seguir el hilo de la conversación. Tenía aquel olor impregnado en el paladar y no se atrevió a ponerle nombre porque, simplemente, no podía ser. Atinó a seguir de forma perezosa los movimientos de su acompañante y le dedicó una sonrisa de agradecimiento al servir su plato—Haces de una cena un arte, al menos visual eso no te lo negaré—Admitió deseando terminar con aquel brindis que repicó contra sus oídos. Irónico, y muy inapropiado. No sabría cuando hasta que no se llevó, al fin, el borde del cristal fino a los labios y su lengua chocó con lo que, efectivamente, era sangre. Una droga, un delirio del que ningún vampiro podía librarse. La pena por su vida eterna.

La segunda mano se unió a la primera sujetando aquella copa y pronto la decencia abandonó su comportamiento al alzar ambos codos vaciando hasta la última gota de sangre caliente en su garganta. Tenía la temperatura de una presa viva, aunque podía jurar que no era tan fresca como debiera. Pupilas dilatadas ocultas sus párpados en los breves segundos que tardó en terminarse su copa. Bajó el cristal, relamió el borde así como sus afilados colmillos y volvió a abrir los ojos para enfrentarse a la realidad. Allí estaba Hannibal, con esa mirada que Bedelia podría jurar que era una puerta a la oscuridad. Tomó un aire que no necesitaba despacio, recomponiendo su figura y devolvió la copa vacía a la mesa sin apartar la mirada de su anfitrión. Pensar que había sido pura casualidad viniendo de él sería estúpido, ergo solo quedaba una posibilidad—¿Qué sabes?—Preguntó.
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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Miér 17 Ago - 2:05




2. Sweet, sweet wine.
El doctor arqueó una ceja. No creía que precisamente, fuera a pasarle ese paciente en particular cuando había saltado a la vista que no iban a llevarse precisamente bien y Bedelia era lo suficientemente buena psiquiatra como para haber podido prever la relación de ambos sin necesitar verlos interactuar entra ellos. No necesitaba creer en las posibilidades para saber que era un sutil intento para recabar información. Desde luego, la rubia era alguien a tener en cuenta, lamentablemente, él también. No hacía falta mencionar que una pequeña mueca de disgusto, por supuesto perfectamente fingido, apareció reflejada en su rostro.

Y yo te lo hubiese rechazado educadamente incluso sin conocerlo.— Replicó él como quien hablase de cambiar objetos de una colección y no de pacientes.— Te conozco lo suficiente como para saber que si querías quitarte un paciente es por algo.— El Doctor aprovechó su oportunidad para poder cambiar de tercio en la conversación para centrarse en un tema mucho más interesante a su parecer: en la doctora Du Maurier. No por nada había preparado todo un banquete para ella, así como un elemento especial del que, ¿por qué no decirlo? Estaba verdaderamente orgulloso. Incluso dentro de sus característicos gustos culinarios estaba bien innovar, estancarse en los mismos elementos al final hacía que sus comidas rozasen casi lo monótono, cosa que Hannibal no podía permitir. Pudiendo sacar tanta materia prima de una misma presa, ¿por qué centrarse en lo obvio? Ese había sido su elemento distintivo de aquella cena, un giro inesperado dentro de su propia cocina. — Es todo un arte, el cual, si se me permite añadir, creo que no ha albergado todo su potencial. Aunque creo que he llegado a rozarlo.

El rojo elemento bañó sus labios por unos segundos, lo cierto era que no estaba acostumbrado a ese tipo de trofeos como la policía se molestaba en llamarlo. Al dar el primer sorbo, se dio cuenta de que, si bien el leve sabor metálico de la sangre seguía presente a pesar de las especias así como del calor que desprendía, tanto su sabor como su textura no bajaban de la exquisitez. Desde luego, había sido todo un acierto el haberse molestado en desangrar a su víctima tanto como para dar el toque que la exposición, si bien no merecía, necesitaba, como en emplearlo para agasajar a una invitada tan especial.

Su mirada castaña se desvió hacia los ojos cristalinos de la rubia, esperando su reacción casi con anhelo. Sin embargo, no estaba preparado para ninguna de las reacciones que se encontró. Por un lado, la acción casi primaria de sostener la copa para poder beber, por definirlo de esa forma, sorprendió a Hannibal, el cual jamás había imaginado un movimiento en en Bedelia que no fuera elegante. Si bien tenía elegancia a su manera, nunca lo habría achacado a ella. Demasiado sofisticada para ese tipo de acciones. Pero era en el segundo donde radicaba toda la sorpresa. "¿Qué sabía?", desde luego, el doctor Lecter no era alguien ajeno al mundo que le rodeaba, claro estaba que conocía demasiadas cosas. Pero jamás admitiría que esa pregunta le dejó completamente en blanco por unos segundos.

Por suerte, pudo rectificar a tiempo, esperaba que lo suficiente como para que su pequeña sorpresa pasara por alto. — Bien sabes< querida Bedelia, que soy un hombre bastante culto, sin embargo, me permitiré el lujo de formular la siguiente pregunta.— Y dicho eso, carraspeó, llevándose la servilleta a los labios, en la cual quedaron impresas un par de gotas de sangre. — ¿Qué me ocultas?

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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Miér 11 Ene - 13:36




2. Sweet, sweet wine.
El velo de seda se rasgó, rápido y sin arreglo. Ese que con tanto esfuerzo la psiquiatra portaba fingiendo ser humana, fingiendo parecerse más o menos al conjunto de piel blanda y sangre caliente. Más fría y con un corazón más muerto, había que ser realmente observador para reparar en todos los detalles. Debería haberlo sabido, Hannibal era así de observador. Sus ojos oscuros buscaban más allá de lo ordinario y, ahora, Bedelia tenía que lidiar con aquella mirada bajo su piel.

A pesar de todo el miedo no logró abrirse espacio en aquella cena. Ella era demasiado confiada y Hannibal, quizás, demasiado temerario. Sin importar cuánto supiera o que la doblase en tamaño la vampiresa seguía estando completamente segura de que podía impedir que saliese de aquella casa, no importaba que fuese su territorio. Estaba tan encerrado como un ratón en un terrario junto a una serpiente. Ni siquiera hizo ademán de levantarse, tan solo se pasó la servilleta sobre la comisura de sus labios y volvió a depositarla sobre su regazo.

Se tomó su tiempo antes de responder, sus ojos azules prendados de los del doctor y sus manos sujetando los cubiertos— Habitualmente hago yo las preguntas Hannibal —Respondió llevándose el primer bocado a los labios. Jugoso, probablemente de lo mejor que había comido –excluyendo su real fuente de alimento- en los últimos siglos. No había estado errada al decir que Hannibal hacía de la comida un arte, visual y gustativo.

Además, no tendría lógica ocultar algo si lo cuentas. Eso ameritaría confianza, una que tu tampoco tienes en mi ¿me equivoco? —Confiar plenamente en Hannibal Lecter era como escribir tu nombre en la lápida, irónicamente su nombre ya estaba en una lápida. Claro que seguía habiendo formas de terminar con su existencia y pillarla por sorpresa. Pocas, pero sí de alguien creía tal sagacidad y astucia era de ese hombre.— ¿De quién es? —Preguntó pasando el índice por el borde de su copa.

Puede que ella hubiese quedado expuesta pero no dejaría que Hannibal se creyese a salvo de sus pecados.
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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Lun 1 Mayo - 18:09




2. Sweet, sweet wine.
Lo que podía haber empezado únicamente como una cena amistosa y haber acabado como tal, no iba a desembocar así. De todos modos, jamás se hubiera considerado como tal la reunión que estaba teniendo lugar. ¿Qué insensato hubiera llegado alguna vez a creer que, probablemente las que podían considerar como las dos mentes más peligrosas del país, pudieran tener una cena tranquila? Desde luego, únicamente un iluso o un necio habría llegado a pensarlo, y ninguno de los presentes poseía ninguna de esas dos corrientes características. Claro estaba, no había nada usual en ambos.

Los ojos oscuros del hombre no tenían nada que envidiar al cazador más peligroso de la sabana. Había encontrado a una presa digna de su tiempo y entera atención y no iba a dejarla escapar. Cualquier otro, dominado por el primitivo instinto de supervivencia que caracterizaba no solo a los animales sino a los seres humanos, habría salido corriendo muy a pesar de estar luchando en su propio terreno. La única pega era que a Hannibal nunca le había gustado considerarse como el resto, por mucho que ahora le pudiera costar algo tan preciado para él como lo era su propia vida.

Los movimientos del hombre eran tranquilos, sin embargo, en ningún momento dejó de mantener el contacto visual con la fémina. — Tenía entendido, querida Bedelia, que las comidas informales tenían como fin el conocerse mejor el uno al otro.— Dejó entrever una pequeña sonrisa en sus labios con unos tonos burlescos en su breve y casi imperceptible gesto.

Su delicado gesto se acentúo cuando le devolvieron la pregunta que él mismo había formulado segundos atrás, acompañada de otra mucho más directa que le dejaba a él sin más salida a la hora de responder. Aún así, el moreno no dio muestra alguna de encontrarse en un estado diferente al que se había encontrado segundos atrás. — Formular ese tipo de preguntas es un poco extraño viniendo de ti, creo que ya sabían la respuesta incluso antes de haberte bebido la copa.— La ceja de Hannibal se arqueó a la par que dejaba descansar la cabeza en sus brazos.

Así que será mejor centrarnos en las preguntas que aún no están resueltas. Pero, primero, la cena, no me gustaría que se enfriase.—  Con una calma ajena a la situación en la que se encontraban, Hannibal bajó sus ojos oscuros hacia su plato, tomando un par de bocados de este. En sus movimientos, calculados hasta el más mínimo milímetro, en su rostro, frío como el hielo, apenas sí se podía descifrar su auténtica estado. Aún sí, ¿había algo detrás de la máscara que siempre le había acompañado o, tras años con esta, se había convertido en parte de él? Tal vez, si la máscara caía, no habría nada que revelar tras esta pues se habría llevado la piel que cubría.

Casa de Hannibal — De noche.



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Re: La petite mort

Mensaje por Hellcat el Vie 19 Mayo - 22:05




2. Sweet, sweet wine.
Monstruos compartiendo una velada, como si el mundo les hubiese dado permiso a poner sus más horribles pecados sobre la mesa y tragarlos entre risas. Si el mundo no les daba permiso ellos lo tomarían. Peligro corriendo bajo sus pieles. Si se miraba fijamente en el fondo de sus pupilas podía encontrar cada gota de sangre derramada, un inmenso lago de demencia y calaveras. Habían olvidado a sus víctimas, las habían consumido y convertido en parte de sus organismos. Bedelia lo hacía por estricta necesidad, no había nacido así y Hannibal, siempre sería ese misterio que no terminaba de descifrar, a pesar de sus muchas sesiones. El suceso de su pasado seguía siendo un misterio sin resolver.

Ya te conozco Hannibal. —Le recordó paladeando otro pedazo de carne. No había probado nada igual, y desde luego no había consumido antes un humano de tal manera. Lo supo, no hasta ese instante, pero en cuanto tragó el primer bocado supo que la carne tierna procedía del mismo lugar que la copa que había vaciado en su garganta. Espeluznante, vomitivo para cualquiera que no llevase siglos alimentándose de aquella raza débil y vulnerables a el gran depredador que resultaban ser los vampiros. No estaban por encima de la cadena alimenticia como ellos pensaban. Hannibal trataba de saltarse aquella norma. Increíble.

Tengo muy claro que eres peligroso, siempre lo he sabido pero… —Hizo una pausa solo para sonreír, complacida por palabras que aún no había pronunciado.— Me gustas. —Confesó. A pesar de los últimos sucesos seguía gustándole, lo más interesante que le había ocurrido en varias décadas. Quizás solo otro capricho pasajero que terminaría drenado, o quizás Hannibal lograse marcar una diferencia. Entretenerla por un tiempo, devolverle una fe retorcida en la humanidad.

Bedelia puso los ojos en blanco, tan solo uno segundos y asintió concediéndole aquella vía de escape momentánea. Concentrándose en el plato que tenía por delante. Movimientos lentos en cada bocado, premeditados.— Toda cena necesita una charla Hannibal, y puesto que he caído en la trampa te concederé esa pequeña victoria —Indicó ladeando ligeramente la cabeza.— ¿Qué crees que te oculto?
Casa de Hannibal — De noche.



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Re: La petite mort

Mensaje por Magik el Jue 29 Jun - 21:32




2. Sweet, sweet wine.
Si bien la cena había tomado un giro que ni él mismo había sido capaz de imaginar, y eso que Hannibal no era precisamente conocido por dejar algo al azar o que escapase de los límites de su conocimiento. Sin embargo, no iba a dejar que eso lo achantara lo más mínimo, jugaba con fuego y no sabía hasta que punto, pero no era algo que no le gustase hacer.Había algo, un gran secreto, que portaba la rubia bajo su piel tan bien escondido que ni siquiera alguien como él había sido capaz de verlo... Hasta ahora.

Había tantas variables de esa conversación que algunas hasta escapaban de su mente, pero no por ello perdió la calma que tanto le caracterizaba, es más, en situaciones en los que cualquier mínimo gesto puede cambiar el transcurso del tiempo, la paciencia y la tranquilidad son las más valiosas virtudes que se podían pedir.

Al escuchar su pregunta, no pudo hacer más que sonreír de medio lado. Con pausada calma, tomó su copa con la diestra, sin embargo, no se la llevó a los labios, pues estaban ocupados manteniendo el mismo calculado gesto que, a pesar de parecer espontáneo, estaba lejos de serlo. De la misma forma, alzó la vista de su plato hacia ella antes de pronunciar palabra. — Verás, Bedelia, no me gustaría pecar de pedante, ni muchos menos parecer un ignorante a tus ojos, sin embargo, si algo está oculto, no se encuentra al alcance de mi conocimiento.— Respondió con tranquilidad, tras dar un breve sorbo a su copa y dejarla nuevamente en la mesa, exactamente en el mismo punto que donde le había dejado.

Colocó ambos antebrazos en el borde de la mesa, tomando sus cubiertos de nuevo. — Así que, dímelo tú, Bedelia, ¿qué es lo que me estás ocultando?— Antes de realizar ningún otro movimiento, clavó su vista en la de ella, sin intención alguna de apartarla. Esperaba que, tras volver a formular la pregunta, esta le fuera sincera. Estaba claro que algo sucedía, si bien estaba claro que la mente de Hannibal, aunque brillante, jamás sería capaz de imaginar que la criatura que tenía frente a él no era humana.

Casa de Hannibal — De noche.



Muchas gracias por el pack, Oswald


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