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Mensaje por Alaïa el Vie 20 Mayo - 14:24

God's gonna cut you down
Plot | 1x1 | Realista

Montana, Estados Unidos. 2016. Las reglas fueron escritas hace más de un siglo. El libro donde el Padre Martin las plasmó permanece constantemente iluminado a un lado de la iglesia, y los más devotos no abandonan el lugar sin encender una vela en honor a su legitimidad después de cada misa. Noah nunca le prestó más atención que la reglamentaria; nunca, hasta que el peso de sus dictámenes cayó sobre los hombros de la familia Dorsey.

Una aldea de menos de trescientos habitantes, y que basa su modo de vida en la interpretación más estricta del catolicismo, es el escenario donde se desarrolla la historia. Una familia a punto de derrumbarse, la protagonista del conflicto. Noah jamás quiso ser padre, pero su vida estaba escrita desde el momento de su nacimiento. Su personalidad no tenía lugar en una zona como aquella, pero una de las normas más estrictas ligadas a la familia era que donde nacías, morías. Terminó, por ese motivo, asumiendo parte de la vida que le había sido impuesta: se enamoró, se casó, y, efectivamente, a los veintiséis años de edad su mujer, Mary Ann, tuvo entre sus brazos a lo que, al parecer, sería su hija por el resto de su vida.

La relación entre ambos jamás fue la acostumbrada entre padre e hija. Ella rara vez recibió una mínima muestra de cariño por parte de Noah, cualquier signo que le hiciera ver que, en el fondo, la quería. La relación entre ambos fue conformándose, entonces, como la de dos desconocidos obligados a vivir bajo el mismo techo. El único elemento de unión entre ambos era Mary Ann, que debía soportar ver cómo las dos personas que conformaban su vida crecían casi sin mirarse a la cara.

Hasta que la noticia les fue dada. Cinco meses atrás, el sacerdote les informó de que la mujer padecía una grave enfermedad y que se celebrarían misas en honor a la llamada que el Señor le estaba enviando. Los tratamientos, los medicamentos, estaban completamente prohibidos. Mary Ann había sido llamada por el Señor, y ella debía acudir ante tal honor. Ahora, padre e hija se enfrentan a la idea de perder no sólo a una persona amada, sino al único vínculo que sostenía la relación de desconocidos que habían construido durante años.

EMMA DORSEY
DIECISIETE | SAOIRSE RONAN | MIDORI
NOAH DORSEY
CUARENTA Y DOS | MADS MIKKELSEN | ALAÏA
Cronología

Chapter 01. Ashes.
Chapter 02. Safe in His arms.

© by Farah.


Última edición por Alaïa el Sáb 6 Ago - 14:13, editado 1 vez


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I. Ashes

Mensaje por Midori el Vie 20 Mayo - 14:44

Ashes
El entretejido algodón ennegrecido por las sombras provenientes de la ventana robaron la atención de Emma. Las observó como un artista critica la obra propia, sin hallar talento alguno o satisfacción suficiente que ensalzara el buen trabajo llevado al cabo. La insatisfacción cubría sus facciones, sin ser capaz de levantar la vista más allá de esa porción de tela hacia su propia progenitora, la mujer que alguna vez le hubo enseñado a tejer cada hilo torpemente entrelazado de la aglomerada bufanda. Tal vez, en un hospital no habría tenido que verse provista de aquella acalorada prenda; pero en una habitación tan arcaica y fría, en una época en la que a veces la electricidad fallaba y los calefactores no daban más de sí; Emma aún mantenía su ropa de calle dentro de las viviendas.  

Padre Martin había sentenciado dichoso panorama con la simple pero efectiva frase: El Señor así lo ha querido. A pesar de ello, Emma se negaba a no cuidar hasta el último hálito a su madre, llegando a traer una enorme cantidad de pertenencias de la susodicha a su nueva habitación. Fotografías, libros, juegos de mesa, sábanas recién limpias, su cojín favorito, y toda la horda de pequeños pero maniáticos objetos que la habían caracterizado durante los días en los que aquella mujer mantuvo un espíritu inquebrantable y no ese aspecto abatido donde su propia hija no encontraba al ser humano que acompañó sus pasos desde que tuvo uso de la razón.

La mirada se apartó de la bufanda; tocó la mano de su madre y la notó fría. Gélida. Por más acolchados con los que la rodeara, por más bebidas calientes que le ofrecieran... simplemente las llamas no crepitaban. ¿Cuándo se convertirían en mero polvo? Su comunidad no estaba a favor de la cremación, pero, en ese momento, Emma pensó que su madre merecía mecerse por el viento eternamente; ser parte del mundo. Sentirse acompañada por ella allí adónde fuera, libre.

Quebrada, el mero pensamiento provocó que temblara y  apretara la mano casi suplicando.

"¿Por qué no abres los ojos?

Es fácil. Solo tienes que mirarme, y sonreírme. Nunca te costó hacerlo."


El silencio, junto a aquella intimidad tan estrecha, se vio interrumpida por el sonido de una puerta. No hizo falta alzar la cabeza del rostro de aquella mujer para saber quién era el que la acompañaba. Los labios los mantuvo endurecidos; en una postura en la cual podría percibirse la tensión de quien siente una incomodidad invisible. Quería estar sola, sola con su madre. Deseó que los papeles se cambiaran. ¿Por qué ella, y no él? ¿Por qué?

¿Por qué, Dios, por qué?

Las lágrimas le nublaron la vista, obligando a Emma a tener que soltar la mano ajena para llevarla hacia su cara.

… No te he visto llorar desde entonces.

Ni reírte, ni enfadarte, ni hablarme, ni escucharme. Nada.

¿Qué sientes cuando ves esto?... ¿Acaso sientes algo?  
En sus últimos días, con Noah.




Última edición por Midori el Vie 3 Jun - 21:45, editado 1 vez


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Re: + God's gonna cut you down.

Mensaje por Alaïa el Vie 20 Mayo - 18:10

Ashes
Silencio. Él siempre había deseado que aquel hogar se llenase de silencio, un silencio que le otorgase la calma que tanto apreciaba. Ahora estaba de pie, con la vista clavada en la nieve que se iba amontonando sobre el alféizar de la ventana, sujetando con fuerza un vaso que contenía un líquido por el que nadie preguntaría, y soñando con no haber imaginado jamás tal sandez. Su creencia en Dios y en los valores del catolicismo había estado desde su niñez altamente cuestionada; tal vez los sermones y las lecturas no habían logrado convencerlo, pero aquello le estaba devorando poco a poco. ¿Existían, entonces, los castigos divinos ante el pecado mayor de no Creer?

No podía ser cierto. La pesadilla se estaba prolongando más de la cuenta. De no ser por el constante y repetitivo sonido de las manecillas del reloj, habría creído con firmeza que se trataba de una alucinación fruto de un mal sueño.

Se terminó de un trago el líquido transparente del vaso, contrayendo los músculos de la mandíbula al sentir la quemazón deslizándose por su garganta; de no haber sido por su templanza, habría estallado el cristal contra el suelo dividiéndolo en mil pedazos. Contenido, caminó con lentitud hacia la cocina para dejarlo sobre la mesa, y se tomó unos segundos para reflexionar. Sabía que Emma estaba dentro de la habitación que ahora ocupaba Ann, una habitación para ella sola, siguiendo las obligadas recomendaciones del sacerdote, que se preocupaba por la salud del resto de los familiares. A ella le gustará sentirnos juntos, a pesar de que no pueda vernos. Fue caer enferma, y que Noah comenzase a creer en las sensaciones que su cerebro racional siempre había calificado como absurdas.

Pero irrumpir en aquellos momentos se le hacía un mundo. La incomodez que sabía que sentiría en un habitáculo tan pequeño junto a su hija y su esposa enferma se oponían a su idea como un obstáculo casi mayor al amor que sentía por su mujer. De no haber sido por éste último, no habría girado el pomo de la puerta para introducirse como una sombra que no pretende alterar en absoluto la atmósfera ya creada en la sala.

Sin embargo, lo hizo.

Em... —murmuró, rascándose un par de veces el cuello. No fue un apelativo cariñoso hacia su hija, sino el único monosílabo que pudo soltar por su boca tras procesar las palabras que ésta le había dedicado nada más entrar. Ni siquiera era capaz de fijar su mirada en su rostro. En el de ninguna de las dos, en realidad.

Entró directo hacia la ventana, como si en los últimos días les hubiese cogido un cariño especial a estas. Se colocó de espaldas a ambas, con las manos cruzadas sobre la espalda con la intención dar una sensación de serenidad al exterior. Mientras, su interior iba derrumbándose poco a poco.
En sus últimos días, con Emma




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Re: + God's gonna cut you down.

Mensaje por Midori el Vie 20 Mayo - 19:41

Ashes
Los pasos de Noah repiquetearon contra la entereza de la más joven. Obligó a recoger la mayor cantidad de oxígeno que cabía en sus pulmones y soltarlo acompasado a cada pisada más lejana de la alcoba; como si de un espectro se tratara o, un objeto más de todos los que rodeaban la estancia. El silencio se extendió dubitativo, obligando a Emma a mover los ojos desde la espalda de Noah hasta la mano de su madre; repitiendo aquél circuito por al menos cinco veces, las suficientes para llegar a la conclusión de que quien hacía llamarse su padre no daría respuesta a las preguntas que tanto le costaron pronunciar. Porque nunca hablaban; y cuando lo intentaban –o intentaba- una desconocida ansiedad se agolpaba sobre su pecho ante una duda jamás resuelta. Una duda, la de siempre, la que ahora flotaba entre los dos.

Ese nerviosismo fue creciendo sobre una Emma que lloraba en silencio, odiándose así misma por llorar. No lo hacía por el estado de su madre. Lo hacía por Noah. Por ella. Pensaba que era odio lo que tenía guardado bajo llave pero lo que más le molestaba era que no era odio aquello sino un amor nunca comprendido. ¿Cómo podía decirle padre? Y a pesar de no querer nunca hacerlo o no admitirlo... Noah era su padre.  Era su padre el único que se suponía que cuidaría de ella. Era él, el hombre de los labios cosidos, con el que compartiría techo y hogar. El problema era que la definición de hogar nunca fue bautizado por Noah; fue bautizado por Ann.

Y eso le daba mucha rabia.

Una rabia que en una adolescente era peligrosa.


Ojalá hubieras sido tú al que le hubiera pasado esto. — Escupió, mirándole la espalda. En un tono árido, uno que una buena chica y dulce como lo era Emma jamás utilizaría. — P-por qué... p-por qué... —Pero el llanto no pudo aguardarse más; la joven se vio impedida de los fonemas que se acoplaban sobre su paladar por culpa del miedo y la tristeza que acarreaba desde que su madre enfermó.  

Ella nunca le deseó la muerte a nadie. No estaba bien desear eso. Odiaba comportarse así; la moral con la que la educaron se lo impedía. ¿Quién quería en el paraíso a un alma tan fea, y sucia como lo era la suya al desear eso? ¿Cómo podía estar limpia si odiaba a su propio padre con tanta fuerza?

Echa un ovillo; encorvó la espalda hasta que sus brazos se apoyaron sobre un extremo del colchón en el que descansaba su madre, temblando, dejando que las lágrimas recorrieran y marcaran cada herida no cicatrizada.
En sus últimos días, con Noah.




Última edición por Midori el Vie 3 Jun - 21:45, editado 1 vez


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Re: + God's gonna cut you down.

Mensaje por Alaïa el Lun 23 Mayo - 17:29

Ashes
Sus labios permanecieron apretados, formando una perfecta línea recta que no parecía torcerse ante nada; ni siquiera ante las provocaciones, o tal vez reproches, de su hija. Ni un solo músculo de su cuerpo se movió aquella vez para cambiar de expresión su rostro o dar la más mínima señal de que aquello le había afectado lo más mínimo. Él siempre había sido así, su exterior hablaba demasiado poco. Lo extraño fue sorprenderse a sí mismo sintiendo un ligero ahogo en el pecho, una momentánea sensación de que el aire no quería llegar a sus pulmones, porque no lo merecía.

Hizo que el silencio perdurase en la sala. Continuó tenso y erguido, pero esta vez fijando su mirada en el tenue reflejo que el cristal de la ventana ofrecía de Emma. La sensación de ahogo incrementó, favoreciendo que un todavía ligero dolor aflorase en su sien. Era una imagen tan familiar... Y no porque la escena comprendiese a su mujer y a su hija, sino porque era capaz de verse a sí mismo en la posición que estaba ocupando en esos momentos la chica. Cierto era que aquella noche se había terminado una botella de whisky en tiempo récord, pero no pudo evitar caer al lado de Ann, agarrándola con firmeza de la mano, y rompiendo en llanto como pocas veces en su vida había hecho. Aquella fue la primera de las múltiples roturas que había experimentado Noah en el proceso de la enfermedad.

Guardadas en secreto, todas y cada una de ellas, bajo el techo de la habitación que en esos instantes les acogía.

Nunca fue un hombre cariñoso o fácil de tratar. Sus actos y respuestas eran complicadas de digerir, y por aquel motivo se acostumbró a ser la oveja negra de todo rebaño que pisaba; la reproducción de los rasgos que socialmente se le achacaban era ya algo innato en él. Pero lo aparente no podía luchar eternamente con lo interno, y que llevase un rostro agrio por el pueblo no eliminaba que por las noches se quedase mirando el hueco que siempre había ocupado su mujer en la cama.

No es esa forma de hablarle a un padre, ni desear la muerte algo propio de una señorita —respondió, exagerando el tono neutral de su voz para disimular la sensación que se expandía por su cuerpo. Tragó saliva, intentando que el aire entrase como de costumbre en sus pulmones—. ¿Qué pensaría el sacerdote de ti? Siempre ha alardeado sobre tu modélica actitud —ironizó, pese a que su tono de voz continuó imperturbable, y sólo una persona que conociera sus inclinaciones y opiniones sobre el catolicismo atisbaría la real intención con la que la frase iba disparada.

Ella lo sabía, y tal vez así estaba iniciando una guerra. Una guerra en el único lugar que consideraba santo en aquel mundo: allí donde su esposa se encontraba.
En sus últimos días, con Emma




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Re: + God's gonna cut you down.

Mensaje por Midori el Vie 3 Jun - 21:44

Ashes
Emma quiso responder un sin fin de sandeces ante lo que aquella voz de la claridad le inculcaba. Quería maldecirlo, hacer magia negra con cada una de sus palabras para retorcerlas lo suficientemente en su contra, hiriéndolo de una forma mucho más grave a lo que  podría ser un simple dolor físico. Quería resquebrajarle el alma, porque tal vez así, sentiría algo.

Pero no fue eso lo que salió de su cuerpo.

… Tienes razón — Murmuró, aún en aquella forzada postura sobre su postrada madre. Fue intentando recuperar su dignidad; apartándose las lágrimas, arreglándose los mechones desprolijos de pelo y sentándose en la silla como lo haría alguien normal. Ann no abrió los ojos durante la escena. Es más, desde hacia bastantes horas que no lo había hecho. Podría considerarse un milagro, si los llegaba a abrir. ¿Qué pensaría de ella de haberla visto en esa situación?

¿Quería llevarse esa última imagen de su madre?

… No lo hago por ti, ni por mi. Lo hago por ella. —Concluyó, aún observándola.

Emma se levantó de la silla, provocando un espontáneo chirrido que duró apenas unos segundos. Llegó hasta el otro extremo de la habitación, serena. Llevó una mano al pomo de la puerta, dispuesta a irse sin haber añadido nada más. Llegó a abrir la puerta; pero cuando se dispuso a abandonar la trinchera, con los ojos hinchados, no dio ningún paso hacia el pasillo. Se giró hacia su padre, uno que todavía se mostraba ajeno a lo que sucedía en aquella habitación. Uno que seguía mirando un paisaje impertérrito. Miró esa imagen de sus dos progenitores unos segundos en silencio –unos que se le tornaron eternos- y se preguntó quién era aquél hombre. Se preguntó de qué se había enamorado Ann, porque estaban enamorados, ¿no? Se suponía que estaban enamorados.

… Tú me hubieras cambiado a mi también por mamá, ¿verdad? — Preguntó, aunque en un tono que no se atribuía a la interrogativa. Era casi como una triste conclusión.  
En sus últimos días, con Noah.




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Re: + God's gonna cut you down.

Mensaje por Alaïa el Vie 8 Jul - 14:09

Ashes
Necesitaba llevarse su pipa a los labios y aspirar la dulce humareda que desprendía el tabaco; se sentía apresado contra las cuerdas, atrapado en un callejón sin salida y bajo la atenta y, al mismo tiempo, ausente presencia de su mujer como jueza imparcial de aquella contienda. Un agobio comenzaba a nacer en el hombre que rara vez podía ser perturbado por alguien, en el hombre serio de escasas palabras.

Ver llorar a una hija sobre el lecho de su madre moribunda —¡su esposa!— no era plato de buen gusto para ningún padre, ni siquiera para él, pero había sido incapaz de mostrar el mínimo apoyo hacia ella, del mismo modo que en esos momentos permanecía aparentemente imperturbable ante su palabrería.

Cuando Emma se levantó, la mirada de Noah se desvió de inmediato hacia el rostro de su mujer, conmovido en su interior por la bochornosa imagen que estaba dándole, aunque ella no pudiera verla. Pero Ann le conocía, había pasado gran parte de su vida junto a él; no habían sido pocas las noches que se había acostado llorando por la incapacidad de su marido para tratar con la pequeña Emma, o las múltiples discusiones fruto de las comparaciones con otros padres de los alrededores. Pero él jamás había querido tener una hija, jamás había querido casarse y recluirse en aquel pueblo hasta su tumba, y Ann tuvo que vivir con ello hasta la muerte.

Fue la pregunta de su hija la que lo despertó de sus cavilaciones. Repitió sus palabras en su cabeza un par de veces, sopesando el interrogante, y sintiendo cómo el nudo de su garganta se hacía cada vez más grande. Cuando por fin se atrevió, condujo su mirada a los ojos de Emma, una mirada cargada de asentimiento, pero también con restos de culpabilidad.

¿Qué ves cuando me miras, Emma? —preguntó, tratando de mantener su seriedad y su característico tono neutro. Sin embargo, aquella pregunta rompía toda una tradición de indiferencia hacia la chica. Parecía una pregunta inocente, pero estaba cargada de interés en la que era su hija sólo porque había nacido del vientre de su esposa, pero a la que no se veía unido por ningún vínculo emocional. Ella se había interesado por su mundo, se había adentrado en una amarga respuesta afirmativa; ahora era él quien quería conocer, por primera vez, cómo era visto por su hija.
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Re: + God's gonna cut you down.

Mensaje por Midori el Jue 21 Jul - 0:55

Ashes
La pregunta la tomó completamente por sorpresa.

Los ojos de la más joven se abrieron ligeramente, a pesar de la hinchazón que les hacía palpitar, presentes. Observó a su padre como si aquella pregunta no hubiese sido formulada por él sino, por algo ajeno. Darle nombre a ello, no entraba dentro de sus planes, pero fuera lo que fuese, era inusual. "Simplemente evádelo" Pensó. "No dejes que te controle, no dejes que te manipule... no le permitas que te haga sentir"

Pero sentía. Sentía las emociones aflorar por cada poro de su piel, por cada esquina que cubría sus órganos. La consumían, le agitaba el alma más de lo que había sido agitada.

Emma, absorta en esa marabunta anímica, tuvo que apoyarse ligeramente contra el marco de la puerta; apartó la mirada hacia algún punto unánime que no fuera su padre. Apretó los labios, sin saber qué contestarle. La pregunta se volvió a reformular constantemente dentro de su cerebro y cuando pretendió exteriorizar la respuesta; cayó en la cuenta que lo que resonaba dentro de su mente no era más que una definición guiada por su rencor, por su repentina ira. Monstruo. Aquello fue lo que a punto estuvo de expulsar sus labios. "Para mi, eres un monstruo". Aunque en realidad, aquello no acababa de ser del todo cierto. Un verdadero monstruo las hubiera torturado a ella y a su madre, juntas, pero este no era el caso... él...

... N-no veo nada. — Contestó, notando cómo aquella entonación que quiso mantener firme, se evaporó a través de la distancia que les separaba en un fino hilillo, quebrado. — ... Absolutamente nada. — Alzó su vista hacia la de Noah. — Eres un desconocido para mí.

Tras ello, sin aguantarlo más; le dio la espalda y cerró la puerta. Sentía el corazón en mitad de la garganta.

Nunca, nunca, nunca, nunca antes desde que tuvo uso de la razón, se atrevieron a formular aquél tipo de cercanía ni cuestiones tan importantes el uno con el otro. Cuestiones que siempre estuvieron presentes, tensiones que podían percibirse; pero que no llegaban a cobrar vida a través de las palabras porque esas palabras simplemente jamás lograron intercambiarse y al final, nunca halló el valor para poder hacerle frente.

Y justamente por eso, Emma tuvo que llevar sus dedos hacia sus párpados, luchando por frenar las lágrimas. Lágrimas que volvían a repetirse en nombre de su padre.
En sus últimos días, con Noah.




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Re: + God's gonna cut you down.

Mensaje por Alaïa el Sáb 6 Ago - 11:27

safe in his arms
Calor. El calor húmedo y asfixiante de la sala se colaba en su interior por cada poro de la piel, obligándole sin remedio a pasarse cada cinco minutos una mano por la nuca y parte de la espalda, tratando de airearse. ¿Cómo era posible que en pleno invierno la sensación térmica fuera tan contraria?

Hacía tiempo que había dejado de escuchar el sermón del sacerdote; por suerte, sus años en aquel frenopático le servían de práctica en aquel momento. También había dejado de observar a los patéticos vecinos que se secaban —falsas o no— pequeñas lágrimas de los ojos con la palabra del Señor, que murmuraban las bondades que su esposa había cometido en vida, y se lamentaban al cuello de sus propias camisas por la pérdida de la mujer.

Él se había limitado a mantener silencio durante toda la mañana, abriendo sus labios sólo para soltar lo estrictamente necesario. Ni siquiera había intercambiado palabra con Emma, que permanecía, por imperativo religioso, a su lado; apenas lo había hecho desde el último encuentro que habían tenido en la habitación de Ann.

El calor no hacía más que aumentar.

Alguien estornudó a su espalda; alguien susurró un Jesús que no le dejó indiferente. No pudo evitar dejar caer su cabeza hacia atrás con disimulo, elevando su mirada al techo, clavándola en la vidriera con Su rostro que con cierta transparencia permitía observar el cielo, y quiso ver más allá. Quiso saber si ella ya estaba allí, si estaba presenciando su propia despedida, pese a que aún no yaciera bajo tierra.

Un pinchazo sacudió el pecho de Noah al pensar aquello. No podía soportar la idea de que su esposa fuera a permanecer eternamente encerrada en una caja de madera; la decisión la habían tomado los familiares. Él, como era de esperar, no había tenido ni voz ni voto en el asunto.

... pérdida. Ahora, descansa en los brazos del Señor —sentenció el sacerdote, alzando a todos en pie para rezar y después dar paso a las palabras de los familiares. Noah se había negado rotundamente a decir nada en aquel lugar, y no tenía cuerpo para escuchar las estupideces de sus suegros y familiares políticos varios. Lo que dudó en ese momento, al no haberse interesado por ello, fue si Emma tendría algo preparado.

E inevitablemente otro pinchazo sacudió su corazón.
funeral, capilla del pueblo




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