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The little princess & The young wolf

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The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Sáb 28 Mayo - 11:44


The little princess & The young wolf
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Tras la muerte de Lord Arryn, el rey Robert y su familia visitan el Norte, en busca de Eddard Stark. Ned acepta ser la próxima mano del rey, además de acordar la unión de su familia con la de Robert a través del matrimonio de sus hijos: Joffrey y Sansa.

El señor de Invernalia se instala en el Sur, acompañados de sus hijas, y una vez allí Cersei empieza a hacer lo que puede por anular el compromiso que unirá a su hijo con Sansa, asegurando que los norteños ya son fieles y que deberían buscar otra candidata. Recurre a todo el que se le ocurre para que la ayude, empezando por su padre. Al final Tywin da con la solución: cambiar el matrimonio de Joffrey y Sansa por el de Robb y Myrcella. A Cersei casi le gusta menos, pero Tywin ha decidido que es mejor plan y mueve todos los hilos a su alcance para convencer a Robert. Después de mucho tiempo lo consigue y Robb es invitado a Desembarco, para celebrar el compromiso por todo lo alto.

A él no le hace ninguna gracia, porque ve a la princesa Baratheon como la niña que aún es. Aún así acude al llamamiento y se comporta como todo un caballero ante su prometida. Myrcella es tan inocente que se enamora de él, de una forma dulce e infantil sin sospechar que a él le mueve la cortesía y el deber.

Terminados los festejos, Robb regresa al Norte, pero como Myrcella aún es demasiado joven para casarse se queda en la capital, acordándose que esperarán a que ella sangre.

El tiempo sigue pasando y en los años en que Robb tiene varios amoríos, aunque ninguno tan fuerte como el de su actual amante. Mientras tanto Myrcella crece y se convierte en una joven hermosa e instruida, ya que mientras esperaba a estar lista para el matrimonio y como gesto de buena voluntad, ha aprendido cuanto ha podido sobre el Norte y sobre llevar una casa.

Myrcella sangra a los quince años, pero Cersei se las arregla para retrasar un poquito más su marcha, hasta que Robert muere, Joffrey hereda el trono y Tywin dice que necesitan que Myrcella vaya al Norte, se case y empiece a parir cachorros Stark, con el fin de tener la lealtad del Norte asegurada. De modo que  la princesa viaja al Norte cuyo destino será el Bosque de Dioses donde se convertirá en la legítima esposa de Robb Stark.

PERSONAJES
Myrcella Baratheon | Indiana Evans | Lyra
Robb Stark | James Madden | Tinker
Cronología
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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Sáb 28 Mayo - 15:31

The Little Princess &

The Young Wolf



 
La comitiva avanzaba despacio. Al menos, para la princesa que, acurrucada en el mayor de los carruajes, aguardaba a que anunciaran que por fin habían alcanzado su destino.

El viaje era largo. Desembarco del Rey e Invernalia eran lugares lejanos. A pesar de darse toda la prisa posible, era inevitable tardar unas semanas. La princesa viajaba con una pequeña corte y miles de objetos de todo tipo. Que la reina se opusiese a su partida no significaba que fuese a dejarla marchar con las manos vacías. Al contrario, parecía que Cersei había querido asegurarse de que su hija no tuviera necesidad de pedir nada al que sería su esposo en lo que le quedase de vida, o al menos esa era la sensación que tenía la princesa. 

Madre e hija viajaban juntas. Había habido un intenso debate sobre la conveniencia o no de que la reina se desplazara a un lugar tan lejano, donde se sabía que no sería bien recibida, para pasar poco más que unos dias. Pero Cersei se había mostrado inflexible: su hija no acudiría al Norte sola. 

A Myrcella el viaje se le hacía eterno, aunque una parte de ella esperaba no llegar nunca. Llevaba media vida soñando con ese momento... pero era inevitable sentir algo de vértigo. Llevaba prometida a Robb Stark desde los doce años. Ahora tenía dieciséis. Eran cuatro años de compromiso en los que sólo se habían visto una vez e intercambiado alguna que otra carta. A pesar de ello, recordaba bien a su prometido. Alto, fuerte, atractivo, con una voz profunda que podía sonar increíblemente dulce, una sonrisa luminosa que parecía reservar para ella y unos ojos azules en los que podría perderse durante horas. 

La primera vez que lo vio fue precisamente en Invernalia, el lugar que pronto sería su hogar. Entonces era ella una niña de apenas diez años, y él no le dedicó más de un par de miradas corteses que la hacían sonrojarse. Pero esas miradas bastaron para que en su corazón infantil se encendiera una pequeña llama, un amor inocente e iluso, propio de una niña impresionada por un joven apuesto como era el heredero Stark. 

En realidad no eran ellos los que deberían casarse. El plan original era que Sansa, la hermana de Robb, se casara con su hermano Joffrey. Pero su madre se había opuesto a ello desde el primer momento, hasta el punto de recurrir a todos los que estaban a su alcance para convencer al rey de anular ese compromiso. No hubo forma de lograrlo, hasta que Tywin Lannister propuso una alternativa: casar al mayor de los Stark con la pequeña Myrcella. Su madre mostró un descontento similar. Myrcella era su única hija, el único cachorro del que realmente no esperaba desprenderse, al menos no tan pronto. Sin embargo, todos convinieron que doce años eran demasiado pocos para el matrimonio, de modo que, aunque se celebró el compromiso, se acordó que la boda esperaría hasta que la princesa sangrara. 

Ello ocurrió a los catorce años, aunque la reina se las arregló para que no se hiciese público hasta que cumpliera los quince. Robert se había enfadado mucho al enterarse y Myrcella llegó a creer que la llevaría él mismo al Norte a la grupa de su caballo. Pero poco antes de que pudiera forzar los preparativos, murió en circunstancias un tanto extrañas, por lo que la boda se aplazó. La excusa fue que no era apropiado que una princesa se casase estando el reino de luto por su padre, dado que eso empañaría los festejos, y que debía quedarse para ser testigo de la coronación de su hermano. Luego Cersei intentó poner los asuntos de Joffrey por encima de los de Myrcella, para así retrasar más la boda... pero no le fue posible. Hubo un altercado con Ned Stark, del que la princesa apenas conocía los detalles, pues desde la muerte de Robert, Desembarco del Rey funcionaba de una forma caótica a la que no tuvo tiempo de adaptarse. Cuanto sabía era que Ned Stark no era del agrado de su hermano y que el puesto de Mano había pasado a manos de su abuelo, aunque Ned seguía en Desembarco con sus hijas. 

No pudo enterarse de mucho más porque, de un dia para otro, se encontró inmersa en los preparativos para su partida, y su inminente boda ocupó todos sus pensamientos. Cersei había protestado, gritado, amenazado y llorado, pero nada pudo hacer. Tywin había decidido que era el momento de unir las casas Stark y Baratheon (quizá, pensaba Myrcella, debido a los malos modos con los que Joffrey trataba a los Stark en Desembarco, con constantes desplantes que a ella le parecían impropios de un rey, especialmente para quien había sido el mejor amigo de su padre) y cuanto Cersei pudo obtener fue permiso para acompañar a su hija al altar.

Mejor eso que nada, pensaban ambas. Myrcella quería casarse con su caballero de ensueño, sí, pero como toda muchacha que está a punto de convertirse en mujer, en todos los sentidos, tenía miedo. Además, el único defecto de su futuro esposo era la lejanía de sus tierras. De haber sido cualquier otro, la separación sería menos dolorosa para aquella niña, unida a su madre por un fuerte vínculo. Pero el Norte estaba lejos y el acceso podía ser dificil, por lo que tendrían que aprender a estar separadas. 

A Cersei aquel viaje le partía el alma. Seguía viendo a Myrcella como a una niña, su niña, el único de sus cachorros que era enteramente suyo. Y ahora tenía que entregarla nada más y nada menos que a Robb Stark, el hijo de Eddard, que llevaba la misma sangre que aquel fantasma que había ennegrecido su matrimonio con Robert. Le costaba imaginar a su niña, que parecía hecha de oro y porcelana, entre los norteños, a los que ella tenía por grandes y rudos. Lo único que la tranquilizaba un poco era el famoso honor de los Stark, ese del que ella se había burlado tanto y que ahora agradecía, pues esperaba que el joven hiciese justicia a la fama de su padre y, como mínimo, respetara y tratara bien a su futura esposa. 

Ambas recordaban todos los detalles de los festejos celebrados con ocasión del compromiso, aunque con versiones diferentes. Myrcella tenía un recuerdo romántico, de ensueño, mientras que su madre tenía una visión más realista. No podía negarse que Robb, que había acudido por primera y única vez en su vida a Desembarco, se había mostrado solícito y encantador con aquella niña de doce años que iba a ser su esposa. En aquel entonces, Myrcella, a pesar de esforzarse en comportarse como una dama adulta y de empezar a dar signos de la belleza que alcanzaría, aún tenía cuerpo y cara de niña. Los últimos años habían redondeado su cuerpo en los lugares adecuados, aunque no había perdido el aire angelical y ligeramente infantil que tenía, en gran parte debido a su constitución delicada y sus ojos grandes y brillantes. Un rostro dulce y luminoso junto a un cuerpo bien proporcionado del que la princesa no era del todo consciente, pero que atraía las miradas de cuanto hombre anduviera cerca. Cersei no tenía dudas de que el joven Stark quedaría impresionado por la belleza de su hija, como tampoco dudaba de que Myrcella era lo bastante inteligente como para saber manejarle, una vez aprendiese a usar las armas de las que disponía.

La reina había aprovechado el viaje para instruir a su cachorro en todo aquello de lo que una dama no habla en voz alta. Fue duro para ambas, ya que para una madre no es fácil hablar con su hija de lo que realmente significa ser mujer. No buscaba asustarla, sino prevenirla. Le dijo todo aquello que ella hubiese deseado que le fuese dicho antes de ser introducida en el lecho de su esposo. Le habló de lo que un hombre espera de su esposa, tanto dentro como fuera de la alcoba, de lo que ello puede suponer para ella, de cómo intentar que fuese lo menos gravoso posible. Después la abrazó, la mantuvo junto a su pecho, como si así pudiera protegerla, y le susurró lo que era estar con un hombre que realmente la amara. Era la primera vez, desde que Myrcella descubriera el secreto siendo demasiado niña para entender bien qué hacían los mellizos Lannister, que Cersei hablaba abiertamente de ello. 

Myrcella escuchó todo atentamente, acurrucada en brazos de su madre como cuando era niña, agradeciendo todas y cada una de esas palabras. Sabía que para Cersei aquella conversación era peor que una tortura. Hasta entonces, la princesa desconocía muchos detalles íntimos sobre su madre, a pesar de haber pasado toda su vida pegada a sus faldas, hasta el punto de que era más habitual verla en los aposentos de la reina que en los suyos. Sabía que antes no le había hablado de ello para protegerla, para no preocuparla, para que no sufriera. Sabía también que Cersei haría cuanto estuviese en su mano para asegurarse de que su hija no sufriera el infierno que ella vivió, y que esa era una de las pocas pocas que podía hacer para garantizarlo. 

Hablaron mucho durante aquel viaje, siempre bien cerca la una de la otra. Se hicieron todo tipo de confidencias y Cersei se esforzó por aconsejar y prevenir a su pequeña, intentando no romper toda su inocencia en el proceso. La reina intentó, con escaso éxito, que la princesa tuviera una visión menos romántica y más realista de su compromiso y respondió lo mejor que pudo todas las dudas de su niña. 

Para cuando la comitiva alcanzó Invernalia, Myrcella estaba en un curioso estado de excitación, mezcla de emoción y miedo. Ella quería casarse, por supuesto que quería. Era lo que más deseaba. Pero no podía evitar sentir miedo. Miedo por abandonar la protección de su madre, miedo por tener que quedarse en un lugar lejano y desconocido, miedo por unir su vida a un hombre al que realmente apenas conocía, miedo porque estaba a punto de abandonar definitivamente la niñez. 

Pero era una leona, como su madre, y cuando bajó del carruaje lo hizo con la cabeza alta y una sonrisa, negándose a temblar, ni siquiera de frío. 

Su llegada se produjo en un dia gris que amenazaba lluvia, o quizá nieve, aunque Lady Stark, encargada de recibirla, aseguró que el tiempo aguantaría bien para el dia en que se habían fijado los esponsales. También fue la encargada de decir que, siguiendo una costumbre antigua, el novio no vería a la novia hasta la boda, fijada un par de dias después de su llegada, para dar tiempo a la comitiva a asentarse, a que las pertenencias de Myrcella se pusieran en su lugar. Ni siquiera se la alojó en sus aposentos definitivos, que no vería hasta estar casada, sino que pudo compartir esas dos últimas noches con su madre en el ala de invitados. Lady Stark, a pesar del desagrado evidente que sentia por la reina (que además era mutuo) se mostró cortés con su futura nuera, quizá por encontrar en una una niña dulce y algo asustada, como ella había sido cuando se casó con Ned, quien también en su momento fue un desconocido. Le explicó paso por paso cómo se celebraría la ceremonia, lo que esperaban de ella y le aseguró que Robb sería un buen esposo. Prometió a Cersei que la cuidaría como a su propia hija y la guiaría para que, como ella, aprendiera a hacerse querer y respetar en aquellas tierras frias. Fue un ofrecimiento sincero que Cersei supo ver y aceptar, aún a su pesar. 

Lady Catelyn no se equivocó al decir que el tiempo aguantaría. Aunque entre la llegada de la princesa y el dia de la boda cayó nieve suficiente para dejar un suave manto blanco, los dioses tuvieron que el gran dia estuviese despejado. 

Con ayuda de su madre y de su futura suegra, Myrcella se preparó para su momento. No tardó en darse cuenta de que su vida en Invernalia sería mucho menos protocolaria y rígida que en Desembarco. El Norte era más austero y más libre. En la Fortaleza Roja, un pequeño ejército de sirvientes iría de acá para allá. En Invernalia pudo disfrutar de los preparativos en una intimidad que le permitió calmar sus miedos y disfrutar del calor materno por última vez. Incluso pudo dedicar unos minutos a pensar en su prometido, en qué estaría haciendo y en si estaría tan nervioso como ella.

Cersei y Catelyn la ayudaron a bañarse, la cubrieron con una suave esencia de naranja y canela, y la ayudaron a ponerse su vestido, rojo y dorado, hecho con los mejores materiales para la ocasión. Había sido elaborado para que cada centímetro de tela realzase las formas de su cuerpo de una forma sutil, pero evidente. La propia Myrcella se sorprendió al verse en el espejo, mientras su madre le trenzaba los cabellos de una forma elegante, pero sencilla. 

Lady Catelyn no pudo evitar sonreir al verla. Había pasado el día entre sus antiguos aposentos, que pronto serían los de la pareja (dado que Ned estaba en Desembarco, consideró apropiado que el dormitorio principal pasase a manos de los jóvenes esposos), que estaba acondicionando para que fuesen acogedores para esa primera noche; los aposentos de Robb, en los que se había asegurado de que su hijo estuviese listo y le dio las últimas lecciones maternas que podía darle; y los que ocupaban Myrcella y Cersei, donde ayudó a la novia a prepararse. La dama sabía que su hijo no era muy partidario de esa boda, cosa que entendía en parte, pues recordaba a la princesa como a una chiquilla. Sin embargo, y aunque la muchacha que tenía delante tenía cara de niña, no quedaba duda de que era una mujer, y estaba segura de que Robb sabría apreciar su belleza y su dulce carácter. 

La ceremonia tendría lugar con la puesta de sol. La princesa, como gesto hacia las que serían sus nuevas gentes, había pedido que la boda se celebrase según las costumbres norteñas, en el Bosque de Dioses, en lugar de un Septo, como se hacía en el sur. Una decisión que le granjeó algunas simpatías, que le iban a hacer falta. Los Lannister no gustaban en el Norte, y aquella niña no podía ocultar que era una leona, por mucha piel de venado bajo la que quisiera ocultarse. 

Fue Cersei la que acompañó a Myrcella hasta el árbol corazón, donde Robb aguardaba rodeado por sus norteños. El suelo estaba cubierto de nieve, por lo que ambas caminaban despacio para evitar resbalar... y para arañar unos últimos minutos juntas. 

La princesa temblaba suavemente, hecho que quedaba disimulado por la capa que la cubria, pero que su madre podía notar perfectamente al llevarla sujeta del brazo. Su rostro brillaba de emoción, una dulce sonrisa se extendió en sus labios en cuanto pudo poner los ojos sobre su prometido. 


Mientras avanzaba hacia el hombre con el que compartiria su vida a partir de esa noche, Myrcella sintió que su corazón se desbocaba, y apretó el brazo de su madre, aferrándose a ella para mantener la compostura. Se esforzó por caminar erguida, con la cabeza alta, tan hermosa como el mismo sol, dispuesta a enfrentar lo que viniese con la valentía de una leona.

Camino a Invernalia —> Bosque de Dioses | Con Robb Stark 
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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Miér 1 Jun - 1:51

The Little Princess &

The Young Wolf



 
Su rostro permanecía inexpresivo mientras contemplaba el paisaje nevado a través de las ventanas de su cuarto, unos aposentos que dejarían de ser de su propiedad en breves, junto a su libertad. Su madre había dispuesto que el joven matrimonio que se uniría ese mismo día, compartiera el lecho que hasta hace poco pertenecía a Lord Eddard y su mujer. Por supuesto las sábanas habían sido cambiadas por unas de seda, bordadas con las iniciales del Robb y Myrcella, un exceso según el joven lobo, que seguía las antiguas tradiciones del norte y se sentía reacio a los agasajos que compartían los sureños. Lady Catelyn había insistido en tener ese detalle con la princesa, demasiado cambio sería ya para ella dejar el confort de la Fortaleza Roja por las frías tierras que se extendían más allá del cuello, eso le había dado una idea al heredero de Invernalia y una excusa para alejarse de la fortaleza.

Había pasado varios días de caza con algunos hombres de confianza antes de que la princesa llegase a su hogar. Su larga ausencia, junto a la cercanía de la comitiva real, había hecho circular numerosos rumores, que se acallaron cuando el joven volvió portando la piel de un gran oso, cuyo pelaje pardo descansaba sobre el lecho nupcial, como presente para su prometida. El invierno llegaría y allí sería más duro que cualquiera de los que la joven de cabellos dorados habría experimentado. Puede que Robb no la amase, pero su buen corazón hacía que se preocupase por ella, sin apenas conocerla.

Sin embargo el acto del lobo no había sido altruista, y había parte de verdad en los rumores de los sirvientes y vasallos. Su mirada azul seguía siendo inexpresiva, al igual que sus facciones, frías como el mismísimo Muro. Pero su interior ardía ante el recuerdo de esa partida de caza. Recordaba la espalda desnuda de Jeyne iluminada por los rayos del astro rey en la madrugada, sus labios tiernos entre los suyos y el delirante movimiento de sus caderas al compás de las suyas. Aquel había sido su último adiós, lejos de Invernalia, donde no tendría que soportar la mirada de su madre, aquella mirada. A veces intuía en ella una advertencia, otras una decepción, pero Robb no podía evitarlo. No conocía a su prometida, no la quería ¿Cómo podía serla fiel? El último recuerdo suyo era el de una niña, mientras que él amaba a una mujer. La primera vez que pasó intentó romper el matrimonio concertado, sintiéndose culpable por haberla deshonrado, pero era imposible. No podían ofrecer a cambio a Bran, él era el heredero, cualquier otra opción habría sido un insulto. Y todos sabían lo que pasaba a quienes insultaban a los Lannister. Robb no les tenía miedo, pero no podía olvidar la delicada situación de su padre y sus hermanas en Desembarco.

Él nunca la mintió, Jeyne sabía que estaba prometido y ahora también sabía que no volvería a tenerle entre sus sábanas. No podía por respeto a la princesa Myrcella, a los valores que le habían inculcado sus padres, incluso a los dioses ante los que pronunciaría sus votos. Saber todo esto no hacía que la decisión de dejar de verla hubiese sido más fácil.

–¿Quieres saber cómo es? –preguntó la voz de su señora madre a su espalada mientras le ayudaba a ponerse la capa.

Se había pasado buena parte del día con la joven y la otra intentando que su hijo mostrase interés por ella. Algo absurdo en opinión del novio, quien creía que todo lo que su madre pudiese revelarle podría averiguarlo por si mismo durante el resto de su vida. Además, seguro que no había cambiado tanto ¿Cuántos años habían pasado? Recordaba la sonrisa dulce de la Baratheon y el suave rubor que impregnaba sus mejillas cuando él la elogiaba. Dulce, inocente, pura…

–Seguro que huele a verano –dijo por toda respuesta ajustando él mismo su capa.

Sin duda eran virtudes que él apreciaba. También veía con buenos ojos las escasas decisiones que la rubia había tomado respecto a la boda, seguramente no la habían dejado hacer mucho más, pero el hecho de que quisiese casarse ante los Antiguos Dioses en vez de frente a los suyos decía mucho de su predisposición para que aquello saliese bien. Él también estaba dispuesto, pero la herida era aún reciente, y la sensación de ser obligado a algo que él no había decidido asfixiante.

–Tal vez te sorprenda –dejó caer Lady Catelyn. Que conocía a su hijo lo bastante bien como para saber que teclas debía tocar para despertar su curiosidad.

Giró su rostro hacia ella, esperando que dijese algo más, pero por toda respuesta depositó un beso sobre la mejilla de su primogénito y abandonó sus aposentos, dejándole solo con sus pensamientos. Tal vez la idea de aquel matrimonio no había sido tan mala, puede que con su unión lograsen disminuir la tensión mantenida entre la casa del león y la del lobo, que se había instaurado desde la muerte de Robert Baratheon. Ellos cerrarían un círculo, al fin sus casas se unirían por lazos de sangre, tal y como sus abuelos habían deseado al comprometer al Usurpador con Lady Lyanna. Y tal vez fuesen felices juntos.

Con aquella nueva esperanza Robb acudió al Bosque de Dioses. Se trataba de un pequeño bosque dentro del recinto de la fortaleza, plagado de fuertes robles, altos centinelas y palos santos, en su centro se situaba el árbol corazón, junto a un estanque de aguas claras, sorprendentemente calientes teniendo en cuenta la temperatura del esterior. Fue allí donde Robb Stark esperó a la novia, frente al antiquísimo arciano de cara tallada. Allí también se congregaron los Vasallos asistentes a su boda y por supuesto, parte de su familia: Su madre, Rickon y Bran. Le habría gustado que Jon también acudiese, pero más al norte los caminos se encontraban repletos de nieve señal de que el Invierno se les echaba encima. También recordó a su tio Benjen, que se daba por muerto. Viento gris tampoco podría estar a su diestra, teniendo que aguardar en las perreras, sabiendo lo poco acostumbrados que estaban los que no vivían en Invernalia a la presencia de un huargo y el odio que despertaban en la reina.

Demasiadas ausencias en una boda de tan alta envergadura, quizás las más destacables fuesen las del propio rey y la de Ned. En el primer caso Robb casi agradecía que así fuera, sobra señalar la escasa simpatía que despertó el soberano en él desde que estuvo por primera y última vez en Invernalia. Pero quizás ella sí lo echase de menos, nunca la había oído quejarse de su hermano, ni de nadie en realidad. Se preguntó si seguiría siendo así cuando volviesen a conversar.

Pronto lo descubriría. Nobles de Occidente y la Corona hicieron su acto de presencia, se adentraron en el Bosque de Dioses para contemplar el enlace, los colores brillantes de sus vestiduras contrastaban con los de los norteños, haciendo que alguna esposa tomase buena cuenta del próximo capricho que pediría a su marido por su día del nombre. Ninguna de sus telas llamó la atención de Robb, que esperaba ver el blanco inmaculado de su prometida confundirse con la nieve.

Sin embargo la princesa no vestía de blanco. El murmullo de las conversaciones de los asistentes cesó cuando de entre los árboles surgió una figura angelical. Un pequeño pasillo se formó frente a él, formado por los invitados que ahora silenciosos tenían fija su atención en Myrcella Baratheon, al igual que él. Su vestido rojo contrastaba con la blancura del mato nevado que se extendía bajo sus pies y los detalles dorados hacían juego con sus cabellos, los cuales enmarcaban un rostro de facciones delicadas. El hielo que cubría el semblante de Robb pareció derretirse ante el sol de Occidente. Abrió ligeramente los ojos ante la sorpresa, sin duda había crecido. Se intuían sus curvas femeninas allí donde antes imperaba la linealidad y donde antes se intuía una belleza similar a la de Cersei ahora era más una promesa. Su sonrisa era tan dulce como recordaba, pero esta vez la breve sonrisa que esbozó para ella fue genuina.

El sol comenzaba a ocultarse entre los árboles centinela cuando madre e hija llegaron frente a él. Casi había olvidado cuales eran las palabras. – ¿Quién viene? –preguntó procurando que su voz sonase con claridad para todos los presentes. Hasta entonces sus ojos no se habían despegado de la figura de la joven, pero esa vez lo hicieron para fijarse en la reina Cersei quien debía responder.

–La princesa Myrcella, de la Casa Baratheon viene aquí a ser casada. Una mujer crecida, florecida, doncella y noble que viene para rogar por la bendición de los dioses. ¿Quién viene a reclamarla?'
–Yo. Robb, de la Casa Stark, heredero de Invernalia –Anunció, tal y como había ensayado para si esa misma mañana –. La reclamo, ¿Quién la entrega?
-La Reina Cersei de la Casa Lannister, madre de la princesa Myrcella. ¿Tomareis a este hombre?

Entonces volvió a mirarla, e intuyó la valentía tras la fragilidad aparente que la envolvía.
Quizás sí que le sorprendiera.

Bosque de Dioses | Con Myrcella Baratheon y asistentes a la boda. 
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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Miér 1 Jun - 12:20

The Little Princess &

The Young Wolf



 
Mientras caminaba hacia su futuro esposo, pensó en todos los que no estaban presentes. Le hubiese gustado tener a su familia a su lado. A los leones, claro. La princesa, a pesar de llevar el apellido Baratheon, se había criado como una Lannister, rodeada de Lannisters, y a penas había tenido contacto con la familia de Robert. De Stannis sabía más por los comentarios de la corte que por haber tratado con él (y el recuerdo que tenía de él era de un hombre que parecía de piedra). A Renly lo conocía algo más. Había estado en el consejo de Robert y no se perdía una fiesta. Más de una vez le había hecho algún regalo, la había sacado a bailar, incluso la había coronado con flores. Pero eran gestos superficiales, más destinados a quedar bien que auténticas muestras de cariño.

Le hubiese gustado que fuese su padre (su verdadero padre, no Robert) quien la acompañase. Jaime nunca había podido ejercer como un verdadero padre, y la joven intuía que aquello le pesaba como una losa. Hubiese sido hermoso que él la entregara, pero no pudo ser. Las cosas en Desembarco estaban revueltas (como siempre) y Jaime no podía dejar su puesto en la Guardia. Aunque no le parecía mal ser entregada por su madre. Ella la había criado, la había protegido y la había enseñado.

También echaba de menos a sus hermanos, si bien más a Tommen que a Joffrey. En el fondo, agradecía que su hermano mayor no estuviese presente. Seguramente haría algo que estropearía aquel dia, que la princesa quería que fuese perfecto. Pero Tommen, el bueno de Tommen... era una lástima que no le hubiesen permitido acompañarla. Estaban muy unidos y aquel era el momento más importante de su vida. Le entristecía pensar que su hermano no estaba presente.

Las ausencias de Tywin y Tyrion le pesaban igualmente, aunque algo menos. Su abuelo no hubiese sido bien recibido en Invernalia, y aunque a ella le pesara, porque era su abuelo y le quería, era mejor así. Además, Joffrey le necesitaba en Desembarco. En cuanto a Tyrion... la princesa sentía un afecto sincero por su tio. Un afecto que era mutuo. Tyrion no era un mal hombre, y con sus sobrinos pequeños siempre tenía bonitos detalles. Había sido él quien le consiguió una excelente recopilación de historias y leyendas de la casa Stark, desde sus origenes hasta la Rebelión. Tyrion formaba parte de esa infancia de risas, juegos y calor familiar que estaba a punto de abandonar, pero, como su abuelo, hacía más falta en Desembarco que en su boda.

Pensar en todas aquellas personas a las que echaba de menos le hizo pensar también en las ausencias por parte de su casi esposo. Tampoco él tenía a su padre, también a él le faltaban hermanos presentes... fue entonces cuando se dio cuenta de que aquel enorme lobo que le seguia a todas partes no estaba presente. Aquello la extrañó. Sabía que los Stark estaban muy unidos a sus huargos (Sansa aún lloraba la muerte del suyo) y no comprendió por qué el de Robb (¿Se llamaba algo así como Gris? Grisáceo?) estaba ausente. ¿Dónde estaría? ¿Cazando? No se le ocurrió que su ausencia se debía precisamente a ella y a los invitados sureños.

El trayecto hasta el árbol se le hizo largo y breve al mismo tiempo. No podía apartar los ojos del joven Stark. Era aún más guapo de lo que lo recordaba.

Apretó el brazo de su madre inconscientemente cuando Robb empezó la ceremonia, presa de la excitación y el miedo. Era una mezcla extraña, como si estuviese a punto de lanzarse por voluntad propia al vacío. Quería que ocurriera y a la vez le daba miedo. ¿Se sentirían así todas las novias en su boda?

Tan encandilada estaba mirándole y pensando en el futuro que estaban a punto de empezar a compartir que casi se saltó el momento en el que le tocaba hablar a ella. En ese momento, debido a los nervios, no recordaba la frase que se supone que tenía que decir a pesar de haberla ensayado mil veces.

- - respondió, intentando imprimir a su voz toda la firmeza posible - Le tomo por esposo.

No estaba segura de si esas eran las palabras exactas o no, pero esperaba que lo fuesen. En cualquier caso, le daba igual la frase. Quería ser la esposa de Robb Stark, eso era lo que importaba.

Aguardó al siguiente paso, que no recordaba con claridad. ¿En esa ceremonia se intercambiaban capas o no? Creía recordar que sí, pero en aquel momento estaba más pendiente de mantenerse erguida y mirar los hermosos ojos de su prometido (no, esposo. Ahora era su esposo), intentando averiguar qué estaba pensando, si estaba contento con la que ahora era su esposa. Entonces recordó que sí, que en teoría Robb debía cubrirla con su capa y luego debían arrodillarse ante el árbol que representaba a los dioses antiguos y rezar para pedir sus bendiciones. No tenía ni idea de cómo se le rezaba a un árbol. Estaba acostumbrada a rezar plegarias dirigidas, mucho más formales, por septones en un septo. Aquella ceremonia era mucho más simple y rápida que las de la Fe de los Siete... pero a la princesa le gustó. Nunca había sido especialmente devota (su familia tampoco lo era), pero le pareció más fácil encontrar a los dioses bajo aquel árbol que en las palabras pronunciadas por un septón.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Lun 6 Jun - 21:46

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La religión en el norte no estaba tan protocolarizada como la que dictaba el libro de las Siete Puntas, algo que los Norteños encontraban confortable, pero que no resultaba tan fácil de comprender para la mayoría de las personas. Ni siquiera su hermana Sansa, que era hija del Norte, había sentido la devoción hacia los antiguos dioses que sí sentía hacia los Siete. Probablemente todo se debiese a la facilidad de la joven por seguir las normas dictadas o al cariño que le tenía a su septa o a su madre, fieles devotas ambas. Justo lo contrario a lo que pasaba con Arya, siempre indómita.

En aquella ocasión, pese a que el intercambio de capas no tenía porqué formar parte de la ceremonia Robb había aceptado. Al heredero de Invernalia no le importaban tanto las consideraciones religiosas, pero le parecía un gesto simbólico. Ya que ella había abrazado a los Antiguos Dioses, él no solo aceptaría una tradición que resultara familiar para la joven, sino que al cubrirla con el lobo huargo la estaría protegiendo bajo los ojos de sus vasallos nombrándola Stark. Varios de los suyos opinaban que debía casarse con una joven del Norte y no con una medio-Lannister, algo que Robb habría secundado si no temiese deshonrar a sus padres, al fin y al cabo fueron ellos quienes idearon aquel enlace, y fue el difunto rey Robert fiel amigo de su padre.

Robb se situó tras la princesa, tal y como debía hacerse se desprendió de su capa, cubriendo a la joven con ella. De color blanco, con un fiero huargo plateado lucía la hermana del rey. Al fin, dirían muchos, sabedores de la inusual duración de aquel compromiso. Robb no habría sabido que decir, no era un momento esperado con ilusión, pero… lo cierto es que tenerla tan cerca por primera vez hizo que sintiese una sensación de vértigo. Su mujer, ahora era su mujer. Todo resultaba muy extraño ¿Quién se lo iba a decir a él el primer día que la conoció? Si alguien lo hubiese hecho no le habría creído.

–Bienvenida –
dijo en voz baja situándose a su lado –, ya eres una Stark –anunció, esta vez en voz más alta, para que los asistentes le escuchasen. Depositó un beso sobre su mejilla y alzó la mirada en dirección a la reina madre. Cersei tras unos segundos se apartó de su hija, probablemente con algún gesto cariñoso que a Robb le pasó desapercibido –. Es hora de que te presente a los dioses de mis padres… y de nuestros hijos.

Resultaba difícil usar esa palabra, cuando meses atrás había soñado con que sus hijos tuviesen otra madre, pero debía tener un heredero y debía darle una oportunidad a aquel matrimonio. Ahora era Myrcella Stark, debía comportarse como su padre lo hizo con su madre, incluso mejor ¿Acaso no habría preferido Lady Catelyn a su tio Brandon? ¿O su padre a la madre de Jon? Y aun así habían sido felices.

Ofreció su mano, para que ella la tomase y juntos se arrodillasen ante el árbol corazón. Un gesto tan antiguo que se remontaba a los tiempos en los que los Niños del Bosque vivían en esas tierras. También sería un buen momento para estar a solas antes de estar en sus aposentos, ya que los invitados podrían entrar en la sala del banquete mientras los novios elevaban sus plegarias y los dioses derramaban sobre ellos sus bendiciones.

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Mensaje por Harley el Lun 6 Jun - 23:15

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Ahora eres Myrcella Stark

Aquellas palabras hicieron que un nido de mariposas se instalara en su vientre. Era Myrcella Stark. Era la esposa de Robb Stark. Llevaba su capa, estaba entre su gente y ante sus dioses. Las mariposas se pusieron a revolotear cuando sintió los labios de Robb, de su esposo, en la mejilla. Sintió calor en su rostro y supo que se estaba sonrojando. Aquellos que sentían algo de simpatía por la joven esbozaron leves sonrisas. El sonrojo añadía encanto a su rostro, si es que eso era posible, y la hacía parecer más niña. 

Intercambió una mirada con su madre. En sus ojos vio orgullo, pena y preocupación. Su pequeña estaba desempeñando su papel de forma sobresaliente. Estaba perfecta, hermosa, con sus cabellos dorados cayendo sobre la capa blanca. Una capa algo grande para ella, y Cersei imaginaba que pesada. Rezó a aquellos dioses que le eran ajenos para que protegiesen a su niña, para que esa capa que le quedaba grande y parecía pesada no acabara convirtiéndose en una metáfora de su matrimonio. Tenía un aspecto tan dulce y delicado envuelta de blanco y con las mejillas sonrojadas... 

La reina tuvo que obligarse a apartarse de su cachorro. Ya no era suya, se dijo. Ahora le pertenecía a ese norteño... y más le valía tratarla bien. Myrcella la observó apartarse lentamente, haciendo un leve asentimiento para hacerle saber que estaría bien. 

Entonces llegó el momento de, como dijo Robb, la presentara a los dioses de sus padres y sus hijos.

Sus hijos.

No había pensado en eso hasta que oyó la palabra "hijos" de labios del norteño. Era su esposa...y uno de sus deberes sería darle hijos. Y para ello... 

Las mariposas de su estómago fueron sustituidas por una sensación de vértigo. Se aferró a la mano de Robb, como si ese contacto fuese lo único que podía evitar que cayese en alguna clase de agujero negro. La encontró cálida y reconfortante, y se preguntó si todo él sería así. 

Siguiendo sus movimientos, se arrodilló ante el árbol corazón. Seguía sin saber cómo rezarle, si había unas palabras o si se suponía que tenía que sentir algo. Pero rezó, de una forma sencilla y sincera. Pidió a quien quiera que la escuchara que la ayudara a ser la esposa que Robb esperaba. Pidió valor para afrontar esa noche y el resto de las que seguirían. Pidió que su vientre se llenara pronto y que sus hijos estuviesen sanos. Y pidió paz. Paz para su esposo, para sus hijos, para la familia en la que acababa de entrar y para aquella en la que creció. 

No supo cuanto tiempo estuvo arrodillada junto a aquel árbol, confesando en silencio sus miedos y preocupaciones y pidiendo fuerzas para afrontarlos, pero de repente el bosque estaba en silencio. Completamente en silencio. Por el rabillo del ojo le pareció ver que estaban a solas, ella, su esposo y sus dioses. La ceremonia, al menos la parte pública, había terminado. A partir de ahora su vida, su felicidad y su futuro estaban unidos al joven arrodillado a su lado.

La sensación de vértigo regresó. 

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Vie 10 Jun - 16:42

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Su mirada descendió hacia sus manos entrelazadas ¿Se habría imaginado ella que sería así el tacto de su mano en la suya? Robb tenía que reconocer que sí, aunque no esperaba sentirla tan fría y suave. Era normal teniendo en cuenta lo poco preparadas que estaban sus palmas al trabajo duro, muchos dirían que las de Robb tampoco, y tendrían razón. Pero el contacto del mango de su espada las había endurecido sufriendo el roce y presión de cada choque, de cada estocada, pues al fin y al cabo había sido criado para ser un guerrero. Myrcella era todo delicadeza, alta cuna y fragilidad, que se reflejaba incluso en sus manos. Una bella flor del sur, que tendría que echar raíces profundas si quería sobrevivir en aquella tierra de lobos y hielo. Un trabajo que debía ejercitar por si misma, pero durante el cual Robb había prometido ayudarla, en forma de juramento matrimonial. Sintiendo el peso de tal responsabilidad sobre sus hombros se arrodilló sobre la nieve a la par que la dama.

Frente a ellos asomaban las nudosas raíces del arciano, cuyo grueso tronco se alzaba fuerte y majestuoso, alzando sus ramas al cielo encapotado, desafiando a las nubes. ¿Cuántos años había visto desde que su semilla cayó en la tierra? ¿Cuántas parejas se habían arrodillado ante él? ¿Cuántos rostros había contemplado la cara pintada sobre la madera? Pensarlo hacía que uno se sintiese demasiado pequeño como para atreverse a hablar con los antiguos dioses. Pero Robb, con la seguridad de dirigirse a los dioses de su padre, del padre de su padre,  del padre de este… y así hasta los tiempos de los niños del bosque, elevó a ellos sus pensamientos. Pidió por aquel matrimonio, por ser un buen esposo, pidió por Myrcella, porque fuese feliz en aquel lugar,  pero también tuvo unos segundos para su padre y la situación en Desembarco, pidiéndoles que el matrimonio contraído aquella noche sirviese para la paz, incluso pensó en Jeyne… deseando que fuese feliz. Alzó la mano y apoyó sobre la corteza su palma con cautela, Robb no era muy devoto,  debía reconocer que acudía a ellos en busca de ayuda y  apenas para dar las gracias, pero aquella era una ocasión especial de modo que agradeció en silencio que todo hubiese salido bien y contemplando el rostro del arciano alzó la voz.

—Soy Robb Stark de Invernalia, hijo de Eddard Stark —su voz rompió la quietud del solitario Bosque de Dioses, todos los invitados, se habían ido retirando dejando a la nueva pareja a solas con los viejos dioses y sus silencios —Ya sois testigos de este matrimonio, bendecidlo también.

Siempre se preguntaba si sus palabras estarían siendo escuchadas, o si simplemente le hablaba a un árbol. Pero una repentina ráfaga de viento hizo crujir las altas ramas del arciano, removió sus cabellos y jugó con sus ropajes, haciéndole creer que era posible que sí hubiese alguien escuchando. Giró el rostro en dirección a la recién nombrada Lady Stark, mientras su mano se alejaba de la rugosa corteza del arciano.  Myrcella era en muchos aspectos la niña que conoció aquel día, en el lugar donde ahora vivirían. Pero también había cambiado, quizás lo suyo fuese posible.  Esbozó una sonrisa para su esposa.  No era alegre, al menos no de la forma en la que se supone que el marido debía sonreír a su mujer. Había cierta tristeza en su gesto, por todo lo que dejaba a tras junto a su soltería, entremezclada con la esperanza del futuro. Respiró hondo poniéndose en pie , sus invitadsos les esperaban y hasta esa noche no podrían gozar de unos minutos a solas de modo que el heredero del Norte tenía la intención de alargar esos momentos para conocerla un poco más, pero no podía dejar que cogiese frío y tampoco estaría bien visto que pasasen mucho tiempo a solas antes del banquete.

Extendió el brazo ofreciendo su mano de nuevo para ayudarla a ponerse en pie —¿Estáis nerviosa, mi señora? —preguntó con la intención de comprenderla un poco mejor, quizás lo estaba pese a que la ceremonia había pasado. No eran pocos los rostros desconocidos que observarían cada uno de sus gestos aquella noche, ni era cosa menor perder la doncellez con un hombre al que, a pesar de recordar, apenas conocía –. Espero que os hayan tratado bien desde vuestra llegada —Confiaba en que así hubiese sido, todos sabían que aunque medio Lannister, sería su esposa, por no hablar de la intensa atención que le constaba había puesto Lady Catelyn en no les faltase nada a sus invitados, especialmente a la princesa y su madre.

Pese a ser la madre de cinco norteños Lady Catelyn tenía la sensibilidad y modales de una Tully, lo cual Robb agradecía en momentos como aquel, en los que él no había podido estar a la altura de la situación.

Esperaba estarlo ahora.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Vie 10 Jun - 18:33

[quote="Lyra"]
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Se sorprendió al oirle hablar. Le gustaba su voz. Se preguntó si siempre sonaría tan serio y tan formal, o si sólo actuaba así por la solemniadad del momento... o porque apenas la conocía y quería dar buena impresión. Se preguntó también si ella debería decir o hacer algo. Hasta donde sabía, no había ceremonias cuando se rezaba a los Antiguos, cada quién lo hacía a su modo. Ella se sentía extraña en aquel bosque, al igual que se sentía extraña en aquella tierra. Era su hogar, pero todavía no lo sentía como tal.

Se le erizó la piel al sentir la brisa, no tanto por el aire frio como por tener la sensación de que aquello era una especie de respuesta. Quizá aquellos dioses que le resultaban extraños fuesen más dados a escuchar que los que conocía. Por si acaso, se dijo, debería intentar acercarse a ellos, al menos para evitar ofenderles. La joven creía que uno podía ser tan devoto o tan escasamente devoto como deseara, pero siempre intentando no ofender a los dioses, no fuesen a estar escuchando.

Cuando se volvió a ella, con una sonrisa y el brazo extendido, ella también sonrió. Una sonrisa algo vacilante, pero dulce y cálida. No era tan ingenua como para no notar que la sonrisa de su ahora esposo era triste, en lugar de radiante como a ella le gustaría. Lo atribuyó a los nervios y a que, después de todo, ella era una desconocida que hasta hace poco era una niña. Iba a cambiar esa sonrisa triste en la que también podía ver algo de esperanza, por una radiante y orgullosa. No sabía cuánto tardaría, pero estaba decidida a conseguirlo.

- Un poco - confesó, tomando su mano y levantándose. Por supuesto que estaba nerviosa, tanto que agradecía poder tomarse de su brazo para sostenerse - Un nuevo hogar, un nuevo esposo... y espero que pronto una nueva familia - Su nerviosismo era más que evidente, aunque ella intentó en todo momento mantener la sonrisa - No tengo queja alguna del trato recibido, todo lo contrario. Vuestra madre me ha tratado casi como a una hija. Incluso mi propia madre ha tenido que reconocer que Lady Catelyn no podría habernos recibido mejor. Espero saber corresponder su gesto siendo una buena nuera. Me dolería decepcionarla. Y me dolería más decepcionaros a vos.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Dom 12 Jun - 20:44

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Cierto era que sus familias podían enorgullecerse de haber traído al mundo vástagos sanos y fuertes. Al igual que lo era que Lady Joanna Lannister había dado a luz a dos gemelos y a un enano…El gesto de Robb se torció al recordarlo. Tyrion le parecía un hombre capaz, un hombre astuto, pero ante todos seguía siendo “El gnomo”. Tywin había tenido suerte de que Tyrion no hubiese sido su primer hijo ¿Quién le haría señor teniendo a Jaime Lannister como opción? Aún podía ser Lord si su hermano no dejaba la Guardia Real, pero Robb no querría que su heredero sufriese una situación parecida.

—Eso podría ser un problema —
Se vio obligado a decir, consciente de que Myrcella habría captado su cambio de actitud —, dos mellizos varones darían muchos quebraderos de cabeza —añadió tratando la parte menos preocupante de las posibilidades que se planteaban. Uno de los niños tendría celos del otro, su hermano lo heredaría todo solo por nacer unos segundos antes, pero así era la vida. Negó con la cabeza, buscando con ese gesto ahuyentar los pensamientos que comenzaban a amontonarse en su cabeza. Era inútil pensar en ello, ya se preocuparía si se daba la situación —. Es mejor no obsesionarse, lo importante es que los niños vengan y que tanto vos como ellos gocéis de buena salud.

Lo único que cualquier hombre decente desearía.

El bosque de dioses terminó, llegando al patio donde se situaba la entrada de Invernalia. La fortaleza levantada por Brandon el Constructor parecía casi mágica a la luz de la luna. Al menos a Robb se lo parecía —Seguro que acaba gustándote incluso más que la Fortaleza Roja —dijo, afirmando algo que en realidad dudaba que fuese así. Myrcella olía a verano ¿Podría llegar a amar el Norte como los suyos lo hacían? Apenas se percató de como Viento Gris surgió de la oscuridad en cuanto abandonaron el lugar sagrado y de que este se situó junto a Robb, flanqueando a la pareja. A veces hombre y bestia estaban tan sincronizados que el heredero de Invernalia sentía al animal como una prolongación de su propio cuerpo. Era difícil de explicar.

—Dentro de estos muros estáis a salvo, pero no debéis salir sin acompañamiento —advirtió volviendo el rostro hacia su joven esposa. Sinceramente no creía que la idea se le hubiese pasado por la cabeza, pero era mejor prevenir que curar, tampoco en la capital la dejarían vagar por las calles por su cuenta, pero esas tierras no eran conocidas para ella —Cerca está el Bosque de Lobos, su extensión es inmensa, es peligroso y sería fácil que os perdieseis.

Respiró hondo cuando los recuerdos acudieron a él y desvió su mirada de sus orbes verdes —Está de más decirlo, pero estoy seguro de que si fueseis como Arya con decirlo una vez no bastaría —Desde luego que no lo era pero… realmente no lo sabía, no la conocía —¿Las chicas están bien? —preguntó al recordar a sus hermanas —Seguro que Sansa sigue odiándome por no poder casarse con tu hermano.

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Última edición por Tinker el Mar 28 Jun - 20:07, editado 1 vez



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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Dom 12 Jun - 23:02

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Los ojos verdes de la joven se iluminaron al ver que la sonrisa de su esposo se volvia más cálida y natural. Aquello aplacó parte de su nerviosismo. La tensión que había notado antes debía ser a causa de los nervios, porque por la forma en que sonreía era evidente que no estaba disgustado con ella. 

Myrcella había heredado de su madre (y de casi cualquiera con genes Lannister) la capacidad de comportarse como si todo fuese bien y siempre fuese a obtener el resultado que buscaba con sus acciones, pero eso no significaba que fuese tan ingenua o tan tonta como para creer que realmente fuese así. No había querido reconocer que temía no gustarle a su esposo, pero lo cierto era que ese temor la había acompañado desde la fiesta de su compromiso. Al fin y al cabo, aunque ella quisiera vivir un cuento de hadas, no le conocía. No sabía si le gustarían las formas de su cuerpo, el color de su cabello o la forma de sus labios, ni sabía si la encontraría encantadora o irritante. Comprobar que él parecía satisfecho con ella, al menos por el momento, era un alivio. Todavía quedaban muchas cosas que podrían ir mal, pero prefirió no pensar en ellas. Era mejor pensar en lo bonita que era la sonrisa de su esposo.

- Sí... mi madre no tuvo grandes problemas para dar herederos al rey - salvo que el rey prefería hacer lo necesario para tener herederos con cualquiera que no fuese ella, pero eso no era culpa suya. Había parido tres niños saludables, dos de ellos varones, lo que era una buena señal - Y tengo entendido que tanto los Stark como los Tully tienen hijos sanos y  vuestra madre se la ve estupenda, después de cinco hijos - era un poco extraño hablar con él sobre sus futuros hijos en esos términos. Se mordisqueó el labio, sin saber bien cómo seguir - En mi familia incluso nacen de dos en dos - Entonces recordó a su abuela, que había parido mellizos sanos y hermosos, pero que había muerto trayendo al mundo a un bebé que resultó ser enano. Y parte de su felicidad se convirtió en turbación al pensar que ella pudiese correr un destino parecido. ¿Cómo reaccionaría Robb si uno de sus hijos acababa por parecerse a Tyrion? 

Por suerte para ella, Robb siguió hablando. Sintió algo agridulce cuando dijo que no veía la forma en que podía decepcionarle. Ella sí encontraba unas cuantas formas y posiblemente él lo dijese para tranquilizara, pero era bonito oirlo. 

Se cogió de su brazo cuando la invitó a entrar en su nuevo hogar, contagiándose de su cálida sonrisa, a pesar de sus temores.

- Mejor, sí. No sea que los invitados acaben con toda la comida y la bebida antes de que lleguemos - bromeó, caminando a su lado. Miró la fortaleza, que cada vez se distinguía menos debido a la oscuridad - La Fortaleza Roja es mucho más grande - comentó, por llenar el silencio - En el fondo me alegra que Invernalia sea más pequeña. Tengo un sentido de la orientación pésimo, si fuese más grande me perdería constantemente por los pasillos y tendríais que dedicaros a buscarme y llevarme de la mano todo el tiempo para guiarme al lugar en el que se supone que debería estar - Aquello era una verdad a medias. Conocía bien el ala de la Fortaleza donde se ubicaban sus aposentos y los de su madre, conocía cada palmo de los jardines y sabía llegar sin grandes problemas a los principales salones y a la Sala del Trono. Pero sí era cierto que, fuera de las zonas que frecuentaba, se perdía con facilidad. Por no hablar de su incapacidad para guiarse por las calles de la ciudad. 

Se quedó pensando en el lugar en el que debería estar a partir de ahora. Robb ejercía como señor de Invernalia, pero su padre seguía con vida (al menos, estaba con vida cuando ella partió de Desembarco), por lo que no era el señor legítimo todavía. Y Lady Catelyn era la esposa de Ned, la señora titular. Estaba en buena forma y no había dejado sus funciones desde que se casara. Seguramente no querría dejar su hogar en manos de una chiquilla extraña. De modo que, aparte de ser complaciente con su esposo y parir pequeños Stark, ¿cuál iba a ser su función en aquel lugar? 

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Mar 28 Jun - 20:08

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Cierto era que sus familias podían enorgullecerse de haber traído al mundo vástagos sanos y fuertes. Al igual que lo era que Lady Joanna Lannister había dado a luz a dos gemelos y a un enano…El gesto de Robb se torció al recordarlo. Tyrion le parecía un hombre capaz, un hombre astuto, pero ante todos seguía siendo “El gnomo”. Tywin había tenido suerte de que Tyrion no hubiese sido su primer hijo ¿Quién le haría señor teniendo a Jaime Lannister como opción? Aún podía ser Lord si su hermano no dejaba la Guardia Real, pero Robb no querría que su heredero sufriese una situación parecida.

—Eso podría ser un problema —
Se vio obligado a decir, consciente de que Myrcella habría captado su cambio de actitud —, dos mellizos varones darían muchos quebraderos de cabeza —añadió tratando la parte menos preocupante de las posibilidades que se planteaban. Uno de los niños tendría celos del otro, su hermano lo heredaría todo solo por nacer unos segundos antes, pero así era la vida. Negó con la cabeza, buscando con ese gesto ahuyentar los pensamientos que comenzaban a amontonarse en su cabeza. Era inútil pensar en ello, ya se preocuparía si se daba la situación —. Es mejor no obsesionarse, lo importante es que los niños vengan y que tanto vos como ellos gocéis de buena salud.

Lo único que cualquier hombre decente desearía.

El bosque de dioses terminó, llegando al patio donde se situaba la entrada de Invernalia. La fortaleza levantada por Brandon el Constructor parecía casi mágica a la luz de la luna. Al menos a Robb se lo parecía —Seguro que acaba gustándote incluso más que la Fortaleza Roja —dijo, afirmando algo que en realidad dudaba que fuese así. Myrcella olía a verano ¿Podría llegar a amar el Norte como los suyos lo hacían? Apenas se percató de como Viento Gris surgió de la oscuridad en cuanto abandonaron el lugar sagrado y de que este se situó junto a Robb, flanqueando a la pareja. A veces hombre y bestia estaban tan sincronizados que el heredero de Invernalia sentía al animal como una prolongación de su propio cuerpo. Era difícil de explicar.

—Dentro de estos muros estáis a salvo, pero no debéis salir sin acompañamiento —advirtió volviendo el rostro hacia su joven esposa. Sinceramente no creía que la idea se le hubiese pasado por la cabeza, pero era mejor prevenir que curar, tampoco en la capital la dejarían vagar por las calles por su cuenta, pero esas tierras no eran conocidas para ella —Cerca está el Bosque de Lobos, su extensión es inmensa, es peligroso y sería fácil que os perdieseis.


Respiró hondo cuando los recuerdos acudieron a él y desvió su mirada de sus orbes verdes —Está de más decirlo, pero estoy seguro de que si fueseis como Arya con decirlo una vez no bastaría —Desde luego que no lo era pero… realmente no lo sabía, no la conocía —¿Las chicas están bien? —preguntó al recordar a sus hermanas —Seguro que Sansa sigue odiándome por no poder casarse con tu hermano.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Mar 28 Jun - 23:59

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La turbación que había experimentado al pensar en su difunta abuela y en la sangre que corria por sus venas aumentó cuando vio que el ánimo de Robb se ensombrecía. Tuvo la delicadeza de no comentarlo, pero la joven supo que temía que pariese enanos. En la posibilidad de parir dos varones a la vez no había pensado, pero Robb tenía razón. Podía ser un problema.

Maldita sea. Al final su esposo lamentaría haberse casado con ella antes incluso de saber si su vientre era realmente fértil o no.

- Tenéis razón, no es momento de pensar en esas cosas - Se forzó a recuperar la sonrisa - Los Dioses son quienes deciden qué pasará, no merece la pena preocuparse antes de tiempo 

Se sobresaltó cuando algo grande y peludo emergió de las sombras. Viento Gris le dirigió una mirada seria, formal, aunque no hostil. Aquello calmó parte de su miedo, pero el huargo era, literalmente, más grande que ella. Si se pusiera a dos patas sería más alto y no hacía falta más que un vistazo para darse cuenta de que también pesaba más. Myrcella era una joven bastante menuda, sobretodo comparada con los norteños, y aquel animal parecía ser capaz de partirla en dos de un bocado. Pero la princesa sabía que los Stark estaban muy unidos a sus huargos, de modo que, pasado el sobresalto inicial, se esforzó por fingir que la presencia de Viento Gris no le imponía como lo hacía.

- Invernalia siempre me ha dado la sensación de ser más cálida de lo que sería esperable - no se atrevió a afirmar que le gustaría más que la Fortaleza Roja, porque no estaba segura de si eso sería cierto o no. Pero era cierto que le parecía más cálida. No en el sentido de temperatura, sino una sensación dificil de describir. Como si Invernalia fuese un verdadero hogar, mientras que, fuera de los aposenos de su madre, la Fortaleza Roja no fuese más que un escenario donde representar un papel. - No temáis, no iré a ningún sitio sin vuestro permiso o el de vuestra madre. No quisiera que tuvieseis que preocuparos por mi más de lo necesario. No me costará quedarme en el interior. Apenas salía de la Fortaleza en Desembarco.

Se quedó pensando en el lugar en el que debería estar a partir de ahora. Robb ejercía como señor de Invernalia, pero su padre seguía con vida (al menos, estaba con vida cuando ella partió de Desembarco), por lo que no era el señor legítimo todavía. Y Lady Catelyn era la esposa de Ned, la señora titular. Estaba en buena forma y no había dejado sus funciones desde que se casara. Seguramente no querría dejar su hogar en manos de una chiquilla extraña. De modo que, aparte de ser complaciente con su esposo y parir pequeños Stark, ¿cuál iba a ser su función en aquel lugar? 

- La última vez que las vi, parecían felices. Lady Sansa se disgustó con el cambio - y había salido ganando, aunque Myrcella evitó decir eso en alto - aunque Desembarco está lleno de hombres apuestos con buenos apellidos. Los Tyrell, sin ir más lejos, mi primo Lancel... por no hablar de los que no se encuentran en la capital, pero que tienen la categoría suficiente como para merecer a vuestra hermana. Confio en que los Dioses serán benévolos con ella y cruzarán en su camino un pretendiente adecuado. En cuando a Lady Arya... apenas tuve trato con ella. Con Lady Sansa algo más, pero Lady Arya se pasaba el dia tomando lecciones de danza con un profesor particular. Lo cual era un poco extraño, porque nunca danzaba en las fiestas. También sé que correteaba por los pasillos y perseguia a los gatos. A Tommen le preocupaba que fuese a hacerles daño, pero parece que sólo quería ir tras ellos y los dejaba en paz una vez los alcanzaba.
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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Sáb 9 Jul - 13:42

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No se molestó en explicarle la presencia del huargo, no solo porque era conocida la estrecha unión de los Starks con los grandes lobos, sino porque para él era tan natural que Viento Gris caminase a su lado que solo cayó en el miedo que su presencia podía provocar cuando la vió sobresaltarse. Tuvo sin embargo la deferencia de no comentarlo y siguió que la joven siguiese hablando.

—Probablemente no sea tan fría como tendría que serlo porque bajo su suelo circula agua caliente —explicó alzando la mirada hacia las torres más altas de la fortaleza, incluso allí arriba una chimenea para que el ambiente resultase confortable, o al menos Robb lo percibía así.

Más pronto de lo que le habría gustado llegaron a la gran puerta que daba acceso al salón principal. La puerta se encontraba entreabierta, arrojando una línea de luz sobre el suelo y permitiendo que el sonido de las carcajadas, el murmullo de las conversaciones y el chocar de las jarras llegase a ellos. Esperaba que hubiesen sido lo suficientemente educados como para no comenzar a comer sin ellos, ya que eso causaría muy mala impresión a la comitiva real, de seguro que su señora madre ya se había encargado de controlar a los señores norteños en su ausencia.

Se detuvo allí frente a la puerta y se volvió a ella sonriendo cuando sus palabras evocaron el recuerdo de sus hermanas. Esperaba que realmente estuviesen bien. Durante su infancia siempre había estado acompañado de Jon y de Theon, pero siempre sacaba un rato para aleccionar o tomarle el pelo a Bran, incluso para reírse de las ocurrencias de Arya pero Sansa siempre había estado preocupada por sus “cosas de chica”, cuando dejaron Invernalia no sospechaba que iba a echarlas en falta a las dos por igual.

—Sabía yo que ni en la capital lograríais hacer de ella una señorita —comentó divertido al escuchar las andanzas de la menor de los Stark— Me alegra que estén bien. Supongo que mi padre estará barajando ya algunos nombres para comprometerlos con Sansa, o lo hará pronto… —Aquel era un tema delicado, no por el compromiso de Sansa, suponía que por ese lado no habría ningún problema, la pelirroja era hermosa y su padre era el Guardián del Norte. Era delicado por la situación de Ned y su tensa relación con la corona. También sería mejor no pensar en eso.

—Entremos —propuso sabiendo que no podían alargar ese momento mucho más. Desvió la mirada de la joven posándola en su huargo, eso le recordaba lo poco que le gustaban a la reina los lobos desde que uno de ellos mordiese a su primogénito. En la defensa de Nymeria tenía que decir que de haber sido un lobo también habría mordido a ese crio petulante—. Supongo que recordarás a Viento Gris, aunque ha crecido un poco —comentó sin desviar su mirada del anima—Quédate fuera.

La cola del animal, que hasta entonces permanecía medianamente alzada, descendió al recibir la orden. El lobo bajó la cabeza ante la mirada severa de Robb, sabía que no estaba bromeando, pero él quería entrar. No entendía por qué siempre podía acompañarle y esa noche no, además, el olor que le llegaba desde las cocinas anunciaba suculentos platos de carne y hasta los perros más idiotas sabían que donde hay carne hay huesos. Tras unos segundos se sentó sobre el suelo y apartó la mirada, resignándose a cumplir la orden.

—No quiero que te sientas como una prisionera, Myrcella —explicó tomando su mano, resultaba suave al tacto en comparación con la suya, endurecida por las largas horas entrenando con la espada—. Podéis ir donde gustéis, pero hacedlo en compañía.

Sus dedos se entrelazaron con los suyos.

—Los invitados nos esperan —recordó al tiempo que empujaba la puerta con la mano libre e ingresaba en la sala acompañado de su mujer, por extraño que sonase.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Dom 10 Jul - 13:56

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Agua caliente circulando bajo el suelo. Nunca había oído hablar de algo así y se dijo que debería averiguar cómo era posible en otro momento, porque no le pareció que fuese una conversación adecuada para el dia de su boda, por mucha curiosidad que sintiera.

- Lady Sansa no tendrá problemas para encontrar esposo, de eso estoy segura - Arya era otra cuestión. Pero no era problema suyo. Encontrar esposo para sus hijas era tarea de Lord Stark.

Agradeció que Robb se detuviera en la puerta, dándole, quizá sin pretenderlo, unos segundos extra para prepararse antes de ser presentada como oficialmente como la esposa de Robb Stark. Seguía pareciéndole extraño que una mujer cambiase de familia en cuestión de segundos, tras intercambiar unas palabras. Ella no se sentía diferente, seguía siendo Myrcella. Quizá cambiara cuando la noche terminara. Por suerte, el huargo la distrajo de esos pensamientos que le atenazaban el estómago.

- Cómo olvidarlo. Los huargos de los Stark son famosos en todo Poniente - miró al animal, con la extraña sensación de que éste entendía las conversaciones humanas y de que era capaz de ver su interior. Sintió lástima al ver a la criatura entristecerse y resignarse por tener que quedarse fuera. Entonces Robb entrelazó los dedos con los suyos y sonrió, y algo cálido se extendió por su vientre - No me importará ir acompañada si la compañía es buena.

Se dejó guiar al interior, donde la fiesta había empezado a medias. Era evidente que les aguardaban para comer, pero algunos ya habían empezado a beber y reír y la llegada de la joven pareja fue recibida con vítores y aplausos, tan estruendosos que Myrcella se encogió un poco, impresionada. Las personas, los sonidos, los animales... todo en el Norte parecía ser más grande que ella, y también menos refinado. Se sentia pequeñita y delicada. Buscó a los invitados que se habían desplazado con ella, en concreto a su madre. Cersei estaba en la mesa principal, junto a los parientes de Robb que estaban presentes, en la que había un hueco que debía ser ocupado por los jóvenes esposos. La vio sonreirle, con la barbilla alzada, para infundirle valor. Iba a echar mucho de menos a su madre y el apoyo que encontraba en ella. Y sabía que Cersei también la echaria en falta.

- ¿Por qué Viento Gris no puede entrar? - preguntó en voz baja mientras avanzaban por la sala, para después morderse el labio. En ocasiones era demasiado curiosa. Quizá a Robb le molestase la pregunta.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Miér 20 Jul - 18:02

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La pregunta de la joven le desconcertó. Acaso no lo sabía? ¿No era evidente? Su gesto se ensombreció ante el recuerdo de la noticia recibida años atrás y del aullido desgarrador de Viento Gris justo el día en que Dama murió. Aún se preguntaba si su huargo podía sentir a sus hermanos, si era todo una casualidad, o simplemente un aullido normal que Robb interpretó de forma errónea, quizás todo fuese fruto de su imaginación. Aun así los hechos eran los hechos, gracias a La Reina Madre uno los lobos Stark estaba muerto. Rencor eso sentía aún y eso había en los ojos del norteño cuando su mirada tropezó con los orbes esmeraldas de su suegra, que se mostraba altiva, e incluso amenazante pese a tener el honor de sentarse en la mesa principal.

—Creí que estaríais al corriente de la animadversión de la reina hacia los huargos —respondió. Él habría insistido en mantener al lobo consigo si no fuese porque no quería empezar su matrimonio haciendo más complicada aun su relación con la corona. Uno de los lobos había mordido al rey y temía que la reina mostrase su desdén frente a los norteños de forma que él tuviese que defender su postura, aquello habría sido incómodo para todos pero sobre todo para Myrcella—preguntadle a vuestra amiga Sansa si precisáis de más detalles.

Al poco se arrepintió de la dureza de sus palabras, Myrcella no tenía culpa de nada, pero cuando quiso decir algo agradable ya habían acabado con la distancia que les separaba de la mesa principal. Retiró una silla para su esposa aún con el semblante serio, pero sin atreverse a mirarla para no ver su reacción a sus palabras. Ya habría tiempo para aclarar las cosas en la intimidad.

En cuanto se sentaron los sirvientes trajeron los platos humeantes de las cocinas, inundando el salón con los suculentos olores. Había cochinillo asado, salmón especiado e incluso una empanada de venado con pimiento y zanahoria, entre otros platos  que fueron sirviéndose a los comensales mientras la música (tan escasa en Invernalia) inundaba la sala. Después de comer algunos invitados aguardaron para degustar los postres, mientras que otros preferían dar buena cuenta de sus bebidas a la salud de los novios.

Robb no supo que decirle a la recién casada, de modo que permaneció la mayor parte del tiempo pensativo, en silencio. Sin embargo, gracias a los dioses su madre intervino varias veces para charlar con su nuera y hacer aquel silencio menos incómodo. Al final, mientras se servía el postre el heredero de Lord Eddard se obligó a mirar a su prometida, hermosa incluso bajo la luz de las antorchas.

—Espero que el banquete sea de vuestro gusto —aseguró con amabilidad—Si preferís puedo pedir que os preparen algo antes de… que nos retiremos.

Dioses, ¿Con Jeyne había sido tan torpe? No, con ella había sido natural pero lo de Myrcella era nuevo para ella. Quizás debía olvidar que se casaba por obligación, olvidar que era hija de la reina Cersei y hermana de Joffrey. Debía recordar que ahora era una Stark.

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Mensaje por Harley el Mar 26 Jul - 10:42

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Durante un segundo, la princesa adquirió el aspecto de un cachorro bajando las orejas. Supo que esa pregunta iba a molestar a Robb en el mismo instante en que la hizo en voz alta. Tenía que aprender a controlar esa curiosidad felina suya. Ya no era una niña y ya no estaba rodeada de leones dispuestos a dejarle meter su naricita en todo lo que quisiera y hacer cuantas preguntas se le antojaran. Pero la expresión sólo le duró un segundo. Estaba en público, era la protagonista, y su madre le había enseñado bien a mantener las formas. Se rehizo tan rápido que sólo Cersei y Catelyn, ambas madres expertas en leer el rostro de sus cachorros, fueron realmente conscientes del cambio. Para los demás, Myrcella era una joven hermosa y encantadora que estaba visiblemente afectada por su boda.

- Pero este es el hogar de los huargos - murmuró cuando Robb le apartó la silla, como la niña acostumbrada a decir lo que pensaba que era. Un pequeño acto infantil por el que también se autoregañó al segundo de cometerlo. Robb no era Joffrey y no debía competir con él por tener la última palabra.

No tenía mucho apetito, pero agradeció que la comida se sirviera. Pronto la gente se centró en comer y beber y Myrcella se sintió algo más tranquila, aunque el nudo de su estómago no se deshacía. Su matrimonio no parecía empezar con buen pie, y comenzaba a pensar que Robb desearía cualquier cosa antes que tenerla por esposa. Le observó de reojo, silencioso y pensativo, y se preguntó qué le pasaría por la mente. Intentó reunir valor para preguntárselo, pero no fue capaz.

Por suerte, lady Catelyn tomó cartas en el asunto y se puso a conversar con ella, preguntándole si todo era de su gusto. Myrcella se dio cuenta de que estaba comiendo poco y se apresuró a afirmar que le gustaba la comida. No era mentira, realmente todo lo que le ponían delante estaba delicioso, pero los norteños parecían consumir mucho más alimento que la gente del sur. Los platos eran demasiado grandes para ella, que siempre había sido de comer poco. Además, había muchas cosas que, aunque de aspecto delicioso, no sabía qué eran o cómo estaban cocinadas. Lady Catelyn, con paciencia y una sonrisa, le explicó cada una de las cosas que probaba, sugiriéndole con qué continuar.

Los ojos de la princesa se iluminaron cuando llegaron los postres. Se sentía bastante llena, más de lo habitual, pues aunque había comido apenas unos bocados de cada plato, lo había probado casi todo, pero tenía tal debilidad por los dulces que no pudo evitar alargar la mano hacia la primera bandeja de pastelitos que estuvo a su alcance.

- ¿Um? - para su sorpresa, Robb le habló, y además con gesto amable. Se sonrojó, porque la pilló con la boca llena de pastelito de miel - No, todo está bien - afirmó, tras tragar apresuradamente el pastelito e intentando limpiarse la miel de los labios - La comida es deliciosa, es sólo que no suelo comer tanto - y a pesar de sus palabras, le faltó tiempo para probar el pastel de bodas en cuanto se lo sirvieron. De todas formas, aunque ninguno de los platos servidos le hubiesen gustado, no lo habría dicho.
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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Sáb 12 Nov - 13:19

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“Este es el hogar de los huargos”. Escuchó aquella frase, aunque fingió no hacerlo. No hizo ningún gesto que lo indicase pero ese reconocimiento le aplacó de alguna forma. Puede que fuese una princesa sureña, de apariencia dulce y frágil, pero seguía corriendo por su sangre la misma que la de los Lannister y el Joven Lobo no estaba dispuesto a dejar que la zarpa del león aplastase su hocico contra la nieve. Que la joven reconociese Invernalia como propiedad del Lobo y no como un rincón más de su reino era algo que tenía que valorar positivamente.

La pequeña Myrcella ya no era una Baratheon, aunque en su mente no pudiese aún concebir su propio apellido tras el nombre de la dama. Y para ser justos había que admitir que tampoco era tan pequeña, tal y como Robb había apreciado en un par de ocasiones a lo largo de aquella velada. Y aun así, cuando respondió a sus preguntas tuvo que sonreír ante aquella dulzura genuina que irradiaba. Si finalmente resultaba ser un león con piel de cordero, era un buen disfraz.

—No os forcéis si no tenéis hambre –aconsejó con prudencia. Mala cosa sería que a la novia le sentase mal el banquete después de tanto preparativo—Puedo pedir que nos sirvan lo que no hayáis podido probar hoy mañana.

Aquella sugerencia hizo sonreír a su madre, aunque simuló que no prestaba atención a la pareja llevándose a la boca un trozo del pastel. Robb hizo lo propio, no queriendo ofender a nadie al no probar la tarta nupcial, aunque lo cierto es que el dulce no le agradaba demasiado, allí en el norte no abundaban los dulces aunque había más de manteca que de miel, un ingrediente muy apreciado, pero no para él. El heredero de Invernalia alzó la mirada y observó como el resto de invitados no tenían tantos reparos como ellos a la hora de dar buena cuenta de los últimos platos, aunque la velocidad con la que se engullían había descendido considerablemente.

—Si sobra algo… —murmuró al percatarse de aquel panorama.

Con el banquete a punto de concluir algunos comensales se atrevían a levantarse del asiento y a bailar, mientras otros golpeaban la mesa al son de la melodía valiéndose de sus manos o de las jarras para tal fin. Tal vez la dama deseaba ser parte de aquello y esperaba una proposición formal, de modo que giró la cabeza en su dirección y se aproximó unos milímetros a ella para hacerse escuchar sin tener que alzar la voz.

—¿Os apetece bailar?

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Miér 16 Nov - 16:23

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- Tenéis razón - agradeció el consejo con una pequeña sonrisa. Que se preocupase por ella era bueno, aunque fuese en algo tan simple. Mejor que se preocupase un poquito a que no se preocupase nada - De todas formas tengo tiempo para probar todos los platos típicos del Norte y decidir cuáles son mis favoritos, ¿no? - iba a pasar allí el resto de su vida. Tenía tiempo de sobra para probar todos los caldos, guisos y asados que supiesen hacer.

Sin embargo, los dulces demostraron que, aunque la princesa abultaba aproximadamente la mitad que un norteño medio, si se le ponían dulces delante era capaz de comer con la misma buena gana. Era un rasgo infantil que aún no había perdido. Todavía tenía unos cuantos, al igual que ese aire de dulzura e ingenuidad que tenía desde niña. Al fin y al cabo, había crecido protegida y amada. Había podido ser todo lo niña que una dama podía ser, y su madre no había sido capaz de sacarla de su felicidad infantil antes de tiempo, como sí le había ocurrido a ella. Cersei había perdido a su madre demasiado pronto, y había crecido como había podido sin ella. Había vivido guerras y desengaños. Había tenido sueños y se los habían roto. De modo que había procurado ahorrarle a su princesa esos sufrimientos. La había preparado lo mejor posible para ser mujer, sí, pero sin forzarla a dejar de ser una niña hasta que fuese imprescindible. De modo que Myrcella, aunque no era del todo ajena a lo mala que podía ser la vida, había llegado al dia de su boda llena de la candidez propia de quien apenas tiene traumas en su pasado. 

En cuanto empezó a sonar música, empezó a seguir el ritmo con el pie, sin darse cuenta. Miraba a su alrededor con curiosidad. Aunque intuía que la fiesta se había organizado para agradar a los sureños, era diferente a todas a las que la joven había asistido a lo largo de su vida. Todo en el Norte era diferente a todo cuanto ella conocía, y despertaba su curiosidad. Otro de esos rasgos infantiles de los que no se había deshecho, y probablemente nunca lo haría. Era curiosa por naturaleza, igual que un gatito. Preguntaba por todo, quería saberlo todo. En ocasiones llegaba a ser impertinente con tanta pregunta, algo que Cersei había intentado corregir... con poco éxito. 

Sus ojos brillaron cuando su ahora esposo la invitó a bailar.

- Me encantaría - se limpió las manos antes de tomar la de él y dejarse conducir entre la gente, a un lugar donde pudieran moverse. Bailar siempre le había resultado divertido. Hasta ese momento, su pareja habitual era su tio Jaime. Jaime no podía sacar a bailar a Cersei ni honrarla como su dama, como desearía, de modo que, desde que Myrcella fue capaz de ponerse en pie, la pequeña se convirtió en el objeto de sus cortesías. Era la única forma que tenía de ejercer algo parecido a la paternidad en público, sin que nadie sospechase. Todos encontraban encantador que el Lannister jugase a las galanterías con su sobrina y envidiaban a la niña por tener toda la atención de uno de los caballeros más apuestos de Poniente. 

Aunque en ese momento Myrcella no pensaba en su tio. Pensaba en su esposo, que a pesar de verse forzado a unirse a una niña se estaba comportando como cualquier dama soñaría. Quizá era demasiado formal, pero poco podía hacerse al respecto. Al fin y al cabo, apenas la conocía y no la había escogido por amor. Myrcella no era tan ingenua como para entristecerse en demasía porque su esposo no había caido prendado de ella nada más verla, como ocurría en los romances que narraban los bardos. Al contrario, estaba feliz. Las cosas estaban yendo todo lo bien que podían ir. Y Robb era terriblemente guapo. Le encantaban sus ojos. Podría pasarse horas mirándolos.
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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Jue 18 Mayo - 17:43

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Robb sonrió ligeramente ante las palabras de su esposa. Una ligera elevación de sus comisuras, pero una sonrisa al fin y al cabo —Tendréis tiempo —confirmo, aunque no estaba seguro de que esperase respuesta a su comentario—. Puede incluso que termineis aborreciéndola.

El heredero de Invernalia se sentía en sintonía con el norte, conocía cada casa, cada terreno y cada historia de su territorio igual que cualquier maestre. Había sido educado para ello y como tal actuaba. También apreciaba su comida, pero era consciente de su poca variedad en comparación con la gastronomía del sur y la consistencia de algunos de sus platos, preparaciones que sin duda se agradecían cuando el invierno llegaba. Tal vez se equivocaba y aquellas cosas no eran importantes para la princesa, tal vez la subestimaba, pero no podía evitar pensar que olía a verano.

La joven aceptó su invitación como no podía ser de otra forma. Robb se puso en pie, tendiendole la mano a la radiante novia, ayudándola a ponerse en pie y guiándola hasta la pista de baile. La pista no era más que un gran hueco entre las largas mesas a las que se sentaban sus invitados, pero era una pista a fin de cuentas.

En cuanto ella aceptó su mano el ruido y los murmullos descendieron considerablemente, a nadie se le había escapado el gesto del joven lobo. Su señora madre podía estar contenta, una vez más desplegaba sus galanterías, y si no llegaba a descubrir que los días anteriores había dormido con la westerling, podría asegurar que estaba siendo un recien casado ejemplar.

Robb fingió que no era consciente de la atención recibida, su mirada se clavaba en el verdor de los ojos de Myrcella. Había ilusión en sus ojos, mientras que en los de él no imaginaba que podría leerse. No había amor, claro, tampoco cariño, pero sí aprecio y un deseo incipiente de protegerla, al fin y al cabo la muchacha parecía demasiado buena para ese mundo y no pretendía hacerla daño.

Myrcella Stark, eso era importante debía recordarlo.

A pesar de que los invitados habían desviado su atención los músicos no lo habían hecho. La alegre música sonó mientras caminaban hacia el centro de la sala, rodeando a los asistentes al enlace, que curiosos se giraban en sus asientos para contemplarlos. Caminarón uno al lado del otro, Robb lo hacia con decisión llevándola del brazo, tal y como sucedió al salir del bosque de Dioses. Se situaron uno frente al otro al llegar a la pista y por primera vez el norteño sintió aquel nerviosismo que todo novio se suponía que sentía el día de su boda, no es que fuese un desastre en la danza, pero tampoco era su elemento, al contrario de lo que sucedía en el patio de entrenamientos.

Dubitativo colocó su mano en la espalda de Myrcella, sintiendo bajo sus dedos las delicadas telas blancas que componían su vestido. Casi tenía miedo de romperlas si realizaba un gesto equivocado. Su otra mano tomó la pequeña de su esposa, este geste fue acompañado de la sonora carcajada de Theon Greyjoy. El hijo del hierro debia estar pasándoselo en grande viendo como su compañero de armas vacilaba ante algo tan inocente como un baile, ya imaginaba las bromas con respecto al cumplimiento de sus deberes maritales, si la circunstancia hubiese otra le habría amenazado con la mirada, mas por una vez decidió ignorarlo.

Y danzaron. Se movieron al son de la música sin apenas pretenderlo. No, no es cierto, Robb intentó dirigir sin mucho tino a su pareja de baile, pero al final acabó amoldándose el a sus pasos, más acertados sin duda que los suyos. Ligeramente avergonzado procuró mirar a otra parte, a cualquier parte, que no fuera ella. Aunque finalmente lo hizo y descubrió que ella le devolvía la mirada.

-Se os da muy bien esto —
apreció, haciendo un esfuerzo por no distraerse, por suerte tenía una buena coordinación aunque le faltaba ritmo— ¿Habéis aprendido por vuestra cuenta?

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Sáb 26 Ago - 12:36

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Myrcella esbozó una sonrisa enternecida al comprobar que, a pesar de ser mayor que ella, Robb no parecía llamado para el baile. Probablemente, ella hubiese practicado bastante más. Pero se notaba que se esforzaba por hacerlo bien. La princesa aceptó sutilmente el control que Robb le cedía. No apartó la vista de él ni un instante, como si estuviese hipnotizada. Era la primera vez que estaba tan cerca de alguien que no fuese de su familia.

- Lo creáis o no, me enseñó mi tio - reconoció. El mencionado tio se hallaba cerca de Cersei, y parecía a punto de saltar sobre el Stark. Le parecía que el joven estaba demasiado cerca de su niña, y sabía que esa noche estaría aún más cerca. La idea de Myrcella dejando de ser niña era tan horrible para Jaime como para su mellia, aunque éste tuviese que sufrirla en silencio - Siempre me ha sacado a bailar, desde que fui capaz de sostenerme sobre sus pies. Era la envidia de las damas de Desembarco, porque ser Jaime no dedicaba tiempo a nadie más.

Jaime era muy popular entre las damas, a pesar de ser un guardia real y haber hecho voto de castidad. Pero ningún voto había hecho que se apartase de los príncipes. Compartía momentos con ellos en cuanto era posible. Con Myrcella había sido fácil. Con la excusa de proteger a la princesa o a su madre, y dado que nadie daba excesiva importancia a una niña pequeña, Jaime pudo disfrutar de su hija de un modo que no pudo hacer con los varones.

Alrededor de los recién casados empezaron a moverse otras parejas, pero Myrcella estaba tan centrada en su esposo que apenas si era consciente de ello, ni de si la música seguía o no sonando. No era consciente tampoco de que la mayor parte de las miradas estaban puestas en ellos. Ni de las miradas homicidas de sus progenitores. 

Se preguntó una vez más qué pensaría Robb. Se había dado cuenta de lo mucho que se esforzaba por complacerla, y a juzgar por algunas miradas de lady Catelyn, probablemente había sido aleccionado por su madre sobre cómo tratar a una esposa. También Myrcella había recibido las lecciones correspondientes. Pero estaba segura de que unas y otras eran muy diferentes.

Se le hacía extraño pensar en que ahora pertenecía a otra familia, y durante un segundo una gran tristeza apareció en sus ojos al pensar que no volvería a ver a su madre en mucho tiempo. Eso era lo peor de casarse, tener que estar tan lejos de la mujer que había sido el centro de su universo hasta ese momento. Pero al menos Robb era atractivo y galante, y los Stark tenían muy buena fama. Myrcella sabía que no debía tener miedo a lo que ocurriese después del baile. Estaba segura de que Robb sería tan gentil con ella en el dormitorio como lo había sido en la cena. Pero a pesar de ello... no pudo evitar sentir un nudo en el estómago cuando pensó en ello, y como si de alguna forma alguien hubiese leido sus pensamientos, la palabra "encamamiento" se empezó a murmurar por el salón.

Los Stark no eran muy partidarios de tal tradición (y los Lannisters presentes parecían capaces de destripar a cualquiera que osara acercar las manos a la novia), pero los invitados, norteños y sureños, no perdían la esperanza de poder ver algo más que el rostro de la criatura que ahora era la futura señora del lugar. Su juventud y lo que se intuía bajo el vestido prometían un cuerpo hermoso e inmaculado, y más de uno tenía interés en verlo. Envidiaban al joven Stark, que iba a tenerlo en exclusiva a partir de esa noche. 

A menos que la niña saliese como la madre. Había rumores sobre la fidelidad de Cersei, y el parecido de la pequeña con la reina era tal que algunos se preguntaban si tras ese rostro inocente se ocultaba la misma maldad que se le presumía a su progenitora. Algunas damas resentidas por el enlace empezaron a comentar que quizá la novia fuese más experta de lo que parecía. 

En cualquier caso, la palabra "encamamiento" empezó a sonar cada vez más fuerte. 

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Vie 8 Sep - 23:30

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Poco a poco comenzó a ser consciente de que no estaba bailando con la pequeña Myrcella, la dama que había visto en un par de ocasiones y con la que sabía que tendría que casarse pero cuyo matrimonio parecía lejano. No, Robb sabía que en poco tiempo no habría tela que separase su mano de la piel de su espalda y que ya no la vería como lo hacía ahora. Aquel pensamiento hizo que perdiese el compás, por suerte ella había tomado el control con maestría y el joven lobo no pudo hacer otra cosa que sonreír fugazmente en disculpa a su torpeza.

No era tan buen bailarín como Jaime. Tampoco es que se hubiese interesado antes en aprender, por suerte sus hijos la tendrían a ella para que les enseñase. Hijos, hasta el último momento había pensado que algo sucedería, algo que hiciese que la boda finalmente no se celebrase, pero allí estaban bailando por primera vez como marido y mujer. Sus padres tampoco se habían casado por amor y sin embargo habían sido felices, había esperanza para ellos.

—Sé que vuestro tío es bueno con la espada, desconocía sus dotes de bailarín —admitió, cediendo de paso un cumplido con el que esperaba limar las asperezas que pudiesen existir. De hecho según decían Ser Jaime no era simplemente bueno, era el mejor. Por supuesto que había otras muchas cosas que se decían del Matarreyes y que el heredero de Invernalia no podía elogiar, pero era lo bastante educado como para que no se le ocurriese mencionarlo.

Siguieron danzando. Varios sentimientos que Robb no fue capaz de discernir cruzaron los ojos verdes de la Baratheon, no era el único que se había visto obligado a aquella situación y para la joven debía ser incluso peor que para él. El momento del encamamiento llegaba y esa sería otra prueba de fuego que la princesa tendría que pasar, para Robb sería más fácil, tendría menos miedo pues no sería la primera vez que yacía con una mujer, y si algo no iba como debiera siempre podría evadirse en sus pensamientos y terminar con su deber. Sabía que para las doncellas era más complicado.

Pronto el presentimiento de Robb se materializó, no solo eran rumores y risas indiscretas; sino que los hombres comenzaron a golpear la mesa con las jarras y a dar palmadas mientras coreaban la palabra.

Encamamiento

Con el fin de aquella canción se detuvo, la mano que tenía en la espalda de la joven se deslizó, buscando la mano que ella apoyaba sobre su hombro. Tomó sus manos y miró por encima del cabello rubio de su esposa. El gran Jon y el pequeño Jon gritaban aquella palabra también, Robb se lo esperaba de los sureños, incluso de algunas familias menos pegadas a la tradición norteña, pero no de los Umber. El joven lobo entrecerró los ojos, dirigiéndoles una mirada severa. El gran Jon la captó y calló avergonzado, dándole un codazo a su hijo para que siguiese su ejemplo. Poco a poco los asistentes enmudecieron, los que bailaban dejaron de hacerlo y los músicos dejaron sus instrumentos.

–Mi esposa y yo deseamos retirarnos —
anunció, intercambiando una rápida mirada con la joven, a la que pese al plural de su oración no había preguntado—. Continuad.

Soltó una de sus manos y la guio por la pista de baile improvisada, pasando por detrás de la mesa principal camino a la puerta de madera que daba lugar a los pasillos internos de Invernalia. Un murmullo de decepción cruzó la sala, alguien silbó y un muchacho imberbe al final de la sala gritó una grosería que Robb ni siquiera recordaría. Lo que jamás podría olvidar fue la mirada asesina que le lanzó la reina cuando pasaron a su lado, prometía torturas inimaginables para aquel que pusiese las zarpas sobre su pequeña y sabía que si los dioses no lo impedían él haría más que eso.

Empujó la puerta y la atravesó llevando a Myrcella de la mano. Recorrieron los pasillos vacíos de la fortaleza y subieron las escaleras que daban a los aposentos. Abajo, la música volvió a sonar, llegando a sus oídos de forma distante y distorsionada. Un silencio tenso comenzó a formarse, tenía que admitir que estaba nervioso, ¿Quién no lo estaría? Aparentaba serenidad pero en el fondo era muy diferente. Quería que las cosas fuesen bien, necesitaba que las cosas fuesen bien. Esa unión era importante y consumarla también.

Se detuvo frente a la puerta perteneciente a la habitación de sus padres, a partir de entonces sería la suya. Era la misma que horas antes había usado para vestirse, todo parecía haber cambiado. Con esta idea abrió la puerta con la mano libre, por fin soltó la de Myrcella e hizo un gesto a la dama para que ingresase en su habitación.

—No es como vuestros aposentos en Desembarco —admitió Robb, rompiendo el silencio que se había instaurado entre ellos—, pero es acogedora.

Siguió a la princesa hasta el interior y cerró la puerta tras de sí, apoyando su espalda en la misma. Era una habitación amplia, de decoración sencilla. En la chimenea crepitaba el fuego, iluminando con llamas anaranjadas y rojizas la sala. No pudo evitar que su mirada se desviase hacia la cama matrimonial, en ella descansaba el espeso pelaje pardo del oso al que había dado caza, sobre las sábanas de seda con sus iniciales y las de su mujer.

—Un presente —comentó refiriéndose a la piel. Aunque el agua caliente recorriese los suelos del castillo las noches seguían siendo frías para alguien que no estuviese acostumbrado a aquellas temperaturas—. La reina no me perdonaría que os resfriaseis.

Volvió la mirada a ella. Los nervios parecían haber desaparecido.

—Y yo tampoco.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Lun 18 Sep - 20:34

The Little Princess &

The Young Wolf



 
De no estar tan cerca de Robb, con éste sosteniendo sus manos con delicadeza, quizá Myrcella se hubiese derrumbado al oir los cantos. Su rostro perdió un poco de color. Saber que ese momento tenía que llegar tarde o temprano no evitaba que tuviese miedo.

Pero tampoco iba a dejarse arrastrar por ese miedo. Era una leona, como su madre, y las leonas no retrocedían ante nada. Además, Robb, su esposo (se le hacía rarísimo considerarle como tal, y sin embargo no podía parar de llamarle así mentalmente) hizo callar a los presentes con una mirada. Un gesto que le infundió valor y respeto por el Stark. Se aferró a su mano cuando él anunció su retirada y tiró de ella con suavidad, guiándola hacia el que a partir de entonces será su aposento. 

¿Su aposento o el de Robb? No acababa de tenerlo claro, y no se atrevía a preguntar al respecto. Sabía que era frecuente que los matrimonios mantuviesen sus respectivas estancias separadas, y uno de los dos acudiese al otro cuando era necesario. Pero también se había dado cuenta de que Invernalia era bastante más pequeña que la Fortaleza Roja, y parecía bastante más habitada proporcionalmente. Y el Norte no era el Sur, ni los Stark eran como los Baratheon o los Lannister. Quizá allí fuese diferente. 

Paseó la mirada por la estancia al entrar, separándose por primera vez de su esposo. Era austera, pero parecía confortable. Por los objetos y la decoración, supuso que ese era el dormitorio de Robb, de modo que quedaba la duda de si ella pasaría allí también sus noches o no. 

- Es... cálida - comentó, ligeramente sorprendida. En Invernalia, el frio parecía capaz de colarse por todas las rendijas y traspasar los gruesos muros. Salvo en aquella estancia, donde la calidez parecía salir de las paredes. 

Sus ojos, como los de Robb, se dirigieron hacia el lecho. Al oir sus palabras, durante un segundo pensó que se refería al propio lecho. Luego cayó en la piel de oso que cubría las sábanas. Se acercó y la acarició con cuidado. 

- ¿Lo habéis cazado vos? - preguntó, algo asombrada al ver el tamaño de la piel. Los caballeros de Desembarco salían de caza, claro, pero jamás había visto a nadie volver con una presa tan grande. Estaba segura de que podría desaparecer por completo bajo esa piel - Es un detalle hermoso - sintió su mirada sobre ella, y se volvió para hacerle frente, aunque en ese momento hacerle frente era lo que más miedo le daba. Sus palabras hacían más referencia a las de Robb que a la piel de oso. 

Sentía una extraña combinación de miedo con algo más, que no era capaz de identificar. El momento más aterrador para una joven se acercaba, y que Robb se interpusiese entre la puerta y ella aumentaba su nerviosismo. Pero al mismo tiempo, el Stark no había dejado de dar muestras de preocuparse por ella. Se dijo que no debía tener miedo. Robb no le haría daño. 

- Yo... no sé qué se dirá de mi por estas tierras... - se mordisqueó el labio, nerviosa - Sé la fama que tienen mis parientes y... bueno... sé que hay rumores sobre... - respiró hondo. Debía ser valiente, como buena leona - No sé qué habréis oido sobre mi, esposo. Pero no sé qué se supone que debo hacer ahora - reconoció, deseando al instante morirse de vergüenza.


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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Mar 3 Oct - 11:14

The Little Princess &

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Asintió sin encontrar palabras que expresasen mejor aquel gesto. La habitación era cálida sin duda, tal vez debería haber comenzado a explicar el sistema por el cual aquella estancia resultaba tan confortable, pero no lo hizo. Estaba demasiado ocupado observando cada gesto de Myrcella, analizando cada expresión y cada cambio en el tono de su voz como para ser capaz de pensar algo más. Era extraño. Sentía que estaban invadiendo su intimidad al dejar que una extraña entrase en su habitación, pero había sido él quien la había animado a entrar, y ella no era una desconocida, aunque a veces sentía que así era. Resultaba irónico, probablemente la joven sintiese lo mismo al sentir su mirada sobre ella, pues Robb no ocultaba su escudriño.

Volvió a asentir, desviando esta vez su mirada hacia el lecho sobre el que descansaba la piel del animal. Estaba seguro de que estaba aburrida de los nobles que se pavoneaban ante las damas asegurando el gran valor mostrado frente a una feroz criatura. Habría sido mentida. Había tenido miedo al ver a aquel animal, pero el valor fue más fuerte, las ganas de probarse a sí mismo y el apoyo de sus hombres también.

Apartó la mirada de la cama de nuevo ¿siempre había sido tan grande y él tan pequeño? Así se sentía, pero al mantener la mirada de la dama se dio cuenta de que no era el único. Sus ojos verdes hablaban de fragilidad. Contenía tantas dudas en su menudo cuerpo que Robb temió que si la tocaba se rompería en mil pedazos arrojando sobre él todos aquellos interrogantes. Le habría gustado tener claro que hacer o que decir, pero no podía ofrecerla una respuesta clara y concisa. La creía, creía que lo que decía era cierto, que aquella era la primera vez que se enfrentaba a esa situación, pero… para él tampoco era sencillo. Lo había hecho con Jane, pero eso era diferente, había surgido sin más y se había dejado llevar. Ahora no podían hacer eso, tendrían que forzar un poco la situación.

—Yo… —comenzó pasándose la mano por el pelo hasta rascarse la nuca.

Finalmente soltó un suspiro y dejó caer su mano. Se apartó de la puerta y se acercó a ella. Su esposa permanecía de pie frente a él, aunque el joven lobo temía que pudiese asustarla y saliese corriendo, por ello sus gestos fueron sosegados pero decididos. Se acercó, hasta que la distancia que les separaba podría haberse salvado con un paso más. Y allí se detuvo.

—Vamos a probar ¿vale? Lo haremos poco a poco y sí quieres que paremos, paramos —aseguró, dando medio paso más en su dirección—. No voy a enfadarme.

No quería que le tuviese miedo. Siempre había pensado en ella como esa niña que bien podría ser su hermana, aquello no era lo que pensaba en esos instantes, pero aquel instinto protector que la dama despertaba en él seguía estando ahí. No era una niña y gracias a los dioses, no era su hermana. La luz anaranjada de la lumbre se reflejaba en su rostro, arrancando destellos de los detalles dorados que adornaban su vestido, un vestido que se amoldaba a su figura. Aquella imagen lograría que cualquier hombre de poniente contuviese el aliento y Robb no era la excepción. Colocó una de sus manos sobre la cintura de la rubia, bajó la mirada hacia sus labios y se acercó hasta que sus narices se rozaron.

—Hueles muy bien —susurró sonriendo ante el descubrimiento del olor a naranja y canela. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? De pronto las dudas se evaporaron, sabía lo que tenía que hacer. En realidad estaba deseando hacerlo.

Unos milímetros más y sus labios se fundieron con los suyos. Fue todo lo cuidadoso que se había propuesto ser. Sus labios acariciaron lentamente los suyos por primera vez, se mostraron indecisos antes de atrapar el labio inferior de la dama pero su mano libre no vaciló al alzarse acariciar su mejilla y finalmente hundirse en su cabello dorado.

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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Harley el Mar 3 Oct - 13:04

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Robb parecía tan nervioso como ella, y no sabía si eso la tranquilizaba o la alteraba más. Que estuviese nervioso era bueno, porque significaba que le preocupaba lo que estaba a punto de pasar. Si le diese igual que fuese bien o mal, o no le importase hacerle daño, no estaría nervioso. Pero se suponía que era él quien tenía que guiarla. 

Contuvo el aliento cuando se acercó. Fuesen cuales fuesen sus dudas, parecía que las había solucionado. Ojalá ella pudiera decir lo mismo. Aguantó las ganas de salir corriendo, quedándose clavada donde estaba, sosteniéndole la mirada. Asintió a sus palabras, casi temblando.

Y de repente estaban muy, muy cerca. Tanto que sus narices se rozaban. Notaba la mano de Robb en su cintura, como sosteniéndola. Dijo algo, pero Myrcella no llegó a entenderle. Aún estaba intentando entender por qué ya no había distancia entre ambos cuando sintió sus labios sobre los propios. El primer beso que recibía en su vida. Algo lento, cálido y extremadamente agradable. Tanto que se le escapó un pequeño jadeo. Los primeros segundos (no supo cuantos) no tenía ni idea de qué hacer. Sintió sus dedos deslizándose entre sus cabellos. ¿Sabría Robb lo mucho que le gustaba que le acariciasen el pelo? 

Sin darse cuenta, se acercó a él lo poco que aún podía, apoyando las manos primero en su torso y luego en sus hombros y alzando los talones para alcanzar mejor sus labios. Empezó a imitar instintivamente lo que él hacía, de forma torpe debido a su inexperiencia. No pensaba en lo que hacía, simplemente se dejaba llevar.
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Re: The little princess & The young wolf

Mensaje por Tinker el Vie 3 Nov - 17:28

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 El jadeo inesperado que se escapó de los labios de la princesa avivó el deseo del Joven Lobo.

Tuvo que esforzarse para no aumentar la intensidad de aquel beso, pues no quería asustarla. Al momento sintió las manos de la joven en su torso y sobre sus hombros, la sintió más cerca y cuando ella respondió a su beso no se detuvo. Se aferró a cintura de la dama, atrayéndola hacia él, pegando su cuerpo con el suyo.

Más, quería más de aquello, quería más de ella. Más de sus labios, carnosos, suaves y cálidos contra los suyos, de su cuerpo contra el suyo y del tacto de su cabello entre sus dedos. Unos dedos que  sujetaron su nuca, mientras se separaba unos instantes de sus labios, no lo haría por mucho tiempo. Atrapó el labio inferior de la joven entre sus dientes, antes de volver a besarla, con mayor intensidad. La mano en su nuca descendió a lo largo de su espalda y la de su cintura recorrió el mismo camino, a la inversa. Cuando sus manos se encontraron comenzaron a desabrochar los botones del vestido nupcial.

Uno a uno, hasta sus caderas, los botones se abrieron, revelando la espalda de la Luz de Occidente. Fue entonces cuando cortó el beso, abriendo los ojos hasta entonces cerrados y separándose unos centímetros de su rostro. Aún sentía sus labios pese a la distancia, como una huella invisible. Quería observar sus gestos y ver que todo iba bien.

Sus manos se alzaron hasta sus hombros tomando la tela de su vestido y deslizándola hasta dejar al descubierto sus hombros, acariciando su piel en el proceso. Alzó la mirada, desde sus hombros hasta los orbes verdes de su esposa. En sus ojos podía adivinarse las ganas que tenía por volver a acortar la distancia entre ambos y besarla allí, en la piel que acababa de ver por primera vez y en la que ningún hombre había visto jamás.

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Re: The little princess & The young wolf

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