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There's a crack in my soul. You thought was a smile.

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There's a crack in my soul. You thought was a smile.

Mensaje por Invitado el Lun 30 Mayo - 11:45

There's a crack in my soul. You thought was a smile.
Plo | 1x1 | Romance


Dicen que para el amor no hay edad, pero esa es una garrafal mentira.

Los años son como distritos sociales, tú nunca veras a un niño y a un adulto siendo tratados de la misma manera, sobrellavando las cosas de las misma forma: no importa qué, las experiencias siempre acabarán haciendo cambiar a la gente. Y eso era algo que Luan tenía más que claro, no solo por su carrera profesional, sino también por todo lo vivido fuera de un instituto; no hay manera de que un adolescente y un adulto estén en la misma liga, es completamente imposible. Pueden convivir, pueden interactuar, pero jamás estarán a la misma altura, viven en realidades diferentes.

O al menos, así era como pensaba antes de conocer a Will, el joven más problemático de su clase y el blanco de todas sus quejas, que caían sobre él como dardos. Intentó de todo para remediar al muchacho, pero nada funcionó. Faltas a clase, peleas, problemas y un largo etcétera solían ser las cosas en las que ella pensaba cuando alguien le hablaba de Will, por lo que un día, decidió ponerle punto final al asunto.

Encarar a los responsables, a aquellos que hacían oídos sordos.

La profesora Denneth mandó a llamar a sus padres, pero las cosas no resultaron como ella había planeado. Los progenitores de su estudiante resultaron ser un par de energúmenos incapaces de mostrar aptitudes para parecer merecedores de la custodia de un casi adulto.

Y desde ese día, Luan se adjudico la tarea de reformar a William. Descubrió su talento académico y decidió no desaprovecharlo, después de todo, se había convertido en profesora por razones como esas, ¿no?

Quizás no. Quizás su decisión no tenga nada que ver con lo profesional, quizás arrastre sombras de su pasado y problemas en el presente, pero de todas formas: lo hecho, hecho está.

Aunque sea una lástima que ella no pueda prever las consecuencias que tendrán sus actos.

Will Herman
19 años | Luke Tracey | Peril
Luan Denneth
30 años | Angelina Jolie | Medusa
Cronología

Chapter 01. Nombre del capitulo.

© by Farah.


Última edición por Medusa el Sáb 4 Jun - 19:12, editado 1 vez
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Re: There's a crack in my soul. You thought was a smile.

Mensaje por Invitado el Lun 30 Mayo - 21:53



I DON'T NEED
YOUR HELP

Primer día de clase... después de haber sido expulsado cuatro días por no asistir las horas reglamentarias. No lo hacía por complejo de adolescente rebelde, ni tampoco porque la fama de chico malo le ayudara con las chicas —todo lo contrario, era un completo desastre con el género femenino—, sino porque su situación familiar le impedía llevar una vida normal como la de cualquier otro chico de su edad.

Para muchos, el timbre del instituto era una especie de salvación que se traducía en cambiar los libros por sustancias ilícitas durante el fin de semana, pero para Will, aquel sonido sólo significaba una cosa: volver al infierno en el que había nacido. Sabía que en casa —una vieja caravana asentada en el bosque— su padre le estaría esperando para mofarse de él por perder el tiempo estudiando a Shakespeare y no hacer cosas importantes como follarse a una puta o meterse una raya. Pero si estaba borracho, lo más probable es que intentara meterle una paliza por no involucrarse lo suficiente en los negocios ilegales de la familia. Su madre no tenía voz ni voto en las trifulcas familiares; se pasaba el día tumbada en el sofá esnifándose cualquier porquería que hallara en el suelo. Ante aquel panorama, no era la primera vez que Will había optado por fugarse, pero su padre, junto a sus socios, siempre econtraba la forma de dar con su paradero. Huir del pueblo no era fácil, y con lo poco que ganaba arreglando coches, las probabilidades de empezar de cero en otro lugar se reducían considerablemente.

Tras varios intentos fallidos de arrancar el coche, decide abrir el capó de aquella chatarra, de donde se escapa una gran humareda que le hace retroceder unos cuantos pasos. Una vez el humo se disipa, se arremanga la sudadera hasta los codos y se inclina para tocar la batería y observar el motor con el entrecejo fruncido. Puede arreglarlo, desgraciadamente no allí, sino en el taller. Genial, piensa con retintín. Chasquea con la lengua y baja el capó soltando un resoplido. Le va a tocar caminar un largo tramo para llegar hasta su casa...

Había estado ignorando las risitas provenientes de un descapotable rojo ubicado en frente de su vehículo. Era Trevor y su grupito de perritos falderos. Unos gilipollas. No está en posición de meterse en más líos, por ese motivo prefiere ignorarlos. Sin embargo, su indiferencia no es aceptada por el grupo, y cuando Trevor obstaculiza su camino no tiene otra alternativa que hacerle frente. Lo observa con lasitud.
Oye, tío, no quiero problemas...
¿No? ¿estás seguro? —pregunta jactanciosamente y lo empuja cuando hace el ademán de pasar de largo—. ¿Y si me apetece romperte la nariz? Tú me la rompiste la otra vez, ¿no?
Will recibe otro empujón que le hace retroceder, haciendo que su mochila se descuelgue de su hombro y caiga al suelo. Aprieta la mandíbula y respira hondo, empapándose de paciencia. De pronto, antes de que pierda el control y la cosa se ponga fea de verdad, alguien los interrumpe.

PARKING DEL INSTITUTO. CON LA PROFESORA DENNETH.
© RW FOR SS


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Re: There's a crack in my soul. You thought was a smile.

Mensaje por Invitado el Sáb 4 Jun - 20:04



I WOULD NOT BE
SO SURE

30 malditos años. La vida había pasado volando y ella no se había dado cuenta. Había estado demasiado ocupada enseñándole a una panda de descerebrados cosas que les iban a preguntar en su examen para la universidad, y que luego no volverían a ver en su pútrida vida. Porque como la profesora más odiada del instituto, obviamente tenía que enseñar la peor de todas las materias: matemáticas. Y aquel día Luan no estaba de un humor particularmente agradable, las gafas de sol que el director constantemente le pedía que se quitara tapaban las marcadas ojeras y las bolsas que cubrían sus ojos. Ya pasaría al baño de profesores para borrarlas de nuevo con maquillaje, porque no podía permitir que sus alumnos percibieran ninguna clase de cambio físico en ella.

Luego, se subiría a su coche e iría director con el doctor. Después se tragaría un puñado de pastillas, repasaría un par de exámenes y se acostaría para empezar con la misma rutina horas después. Aún le quedaban al menos 20 años antes de empezar a repasar la idea de acabar en la camilla de un hospital, a pesar de las incesantes indirectas de su doctor, esas palabras neutrales y vacías que le decían que quizás, la enfermedad podría agraviarse. Que todo dependía de como se comportara su organismo en los próximos días. Aunque en realidad, mantener la idea de que todo de lo que le hablaba no era nada más que un futuro lejano, no era más que un acto infantil y Luan lo sabía muy bien. No podía escapar de lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos, tenía que enfrentarlo, y quizás no de la forma que los demás esperaban. Pues no había soltado una sola lagrima, no había pedido la ayuda de nadie: nada. Tan solo guardado en un lugar recóndito de su cajón su examen médico, como si fuera un secreto.

Nadie lo sabía, nadie tenía porque saberlo.

No era ajena a ese mundo, a las paredes blancas de un hospital, a los pasos fuertes y rápidos de los doctores, a sostener la mano huesuda de alguien que se debate entre la vida y la muerte, no. Los podía recordar bien, los pequeños detalles de aquella tortura. Porque cuando las probabilidades caen en picada, cuando repentinamente el destino, la casualidad, o como muchos le llaman, "la vida misma", decide joderte, entonces eso es todo: estás jodido. Nadie va a ir a explicarle a Dios que tú eres especial, nadie va a ir a explicarle a Dios lo mucho que deseas vivir. No, a lo mucho tu doctor tendrá la mano de un puto santo y entonces será capaz de arrancarte de la muerte con un bisturí. Cada vez que lo pensaba se le revolvía el estomago.

Después de acabar de repasar la montaña de papeles que habían sobre su escritorio, Luan guardó la mitad debajo de la mesa y la otra mitad en su cartera, dispuesta a llevarla a su casa y así terminar con su labor. Otra día acababa y los colores del atardecer traspasaban la ventana y se posaban sobre los asientos vacíos de sus alumnos. La mujer suspiro, se acomodo las gafas de sol y salió por la puerta. Se despidió con un gesto casual de todos sus colegas, aunque con ninguno de ellos se llevaba particularmente bien: todos tenían la mala costumbre de dejar al instituto entero hacer lo que se le diera la gana, solo les importaba impartir su materia y ya estaba. La profesora Denneth ya estaba harta de ver muchachos teniendo relaciones sexuales a escondidas, fumando en la cancha de fútbol o hablando de cosas desagradables a cuatro vientos en los pasillos. Hacía falta disciplina, hacía falta mano dura, porque a todos esos mocosos no les habían enseñado en sus casas como comportarse.

Bajó los escalones, sintiendo que los tacones la estaban matando, y sin embargo no pudo evitar repasar con la mirada todo el estacionamiento mientras se dirigía a su coche, solo para estar segura de que nada malo estaba ocurriendo. Después de todo, esos niños tenían toda la libertad del mundo para hacer lo que quisieran... fuera del instituto. Y para Luan, la excusa del estacionamiento no era suficiente para pasar de largo frente a un alumno que prendía un cigarrillo como si nada. A unos pasos, la voz de Trevor —otro descarriado— llamó su atención y casi por instinto, sus pies comenzaron a acercarse a él, enérgicos y autoritarios.

Solo fueron necesarias dos oraciones para saber que estaba ocurriendo allí. —Señores. —dijo, alzando la voz lo suficiente como para cortar con toda aquella tontería. —La violencia no es la solución a nada. —el tipico discurso. —Pero una anotación y otra expulsión —recalco, observando intencionalmente a Will. —si puede serlo. Tengo que hablar con el señor Herman a solas y ustedes tienen que irse a su casa, así que si nos disculpan...  —finalizó, con ese tono desinteresado y desagradable que caracterizaba a la profesora Denneth, uno que no aceptaba objeciones o acababa volviéndolo todo muchísimo peor. Se quedo mirando a Trevor y sus amistades un par de segundos, hasta observar como retrocedían y entraban en su coche. Espero hasta que el auto desapareció del estacionamiento para finalmente, mirar a aquel muchacho.William. —murmuro, con ese otro tonito, que guardaba dentro de si todas las amenazas y discursos posibles. El arma que todo profesor debe tener. —¿Qué sucede? —trato de preguntarle, sin sonar esta vez tan fría. —¿Por qué no te has ido a tu casa ya?
PARKING DEL INSTITUTO. CON WILLIAM.
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Re: There's a crack in my soul. You thought was a smile.

Mensaje por Invitado el Dom 5 Jun - 13:26



I DON'T NEED
YOUR HELP

Una voz femenina y autoritaria capta la atención de Will y la de sus contrarios. Todas las miradas que buscaban provocar al repetidor de la clase durante dos años consecutivos terminan dirigiéndose a la profesora más déspota y rigurosa del instituto: la señorita Denneth. El terror para muchos, el sueño húmedo para otros. A la profesora de matemáticas le basta con una amenaza bien empleada para que Trevor y sus amigos huyan con el rabo entre las piernas, pero Will no se libra de recibir una mirada fulminante del cabecilla del grupo cuyo significado puede traducirse en: esto no va a quedar así, Herman.

La amenaza de Trevor se la pasa por el arco de triunfo, pero la advertencia de la profesora se la toma con la debida seriedad. Ha empezado el curso con mal pie, y no puede permitirse otra expulsión cuando solamente lleva un día de vuelta. Esta vez quiere hacer las cosas bien, pero parece que el mundo se empeña en ponerle trabas en el camino. En la vida de William Herman nada es sencillo.

Con la resignación pintada en su rostro con forma de mueca desdeñosa, permanece junto a la profesora Denneth para escuchar el discurso de siempre, como si sus palabras apáticas y protocolarias pudieran servirle de algo. Lo último que necesitaba en aquellos momentos, con el coche averiado, su padre borracho en casa y una hora de camino a pie, era que ella le impartiera lecciones de moral. Para su sorpresa, lo único que recibe es una pregunta aparentemente fácil de responder.

Frunce un poco el ceño y la mira a los ojos, pero sólo se encuentra con unas gafas oscuras que acentúan aquella imagen de profesora severa que pretende infundir respeto entre sus alumnos.

Will endereza la espalda inconscientemente.

Luan Denneth es alta —con tacones alcanza prácticamente su metro ochenta—, delgada y pálida. No es precisamente el tipo de mujer que pasa desapercibida; es más, se la imagina habiendo hecho sus pinitos como modelo durante su adolescencia. A veces se pregunta si su eterno gesto altivo es mera fachada o si, sencillamente, se cree superior a los demás.

Deja escapar un resoplido y se inclina para recoger su mochila del suelo, colgándosela al hombro.
El coche no arranca. Lo he intentado varias veces, pero voy a tener que llevarlo al taller y cambiarle el motor —le explica con la mirada puesta en aquel viejo automóvil que si todavía funciona es gracias a él—. Bueno... tengo que irme a casa.

Sin más dilaciones, empieza a caminar.

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Re: There's a crack in my soul. You thought was a smile.

Mensaje por Invitado el Sáb 18 Jun - 7:43



I WOULD NOT BE
SO SURE

Era perfectamente consciente de la opinión que tenían sus alumnos respecto a ella. Pero siendo honesta, resultaba la menor de sus preocupaciones. Aquel odio general que había provocado desde el momento en que pisó con sus tacones un salón inmerso en la bulla y los insultos, para Luan, no era más que la reacción de un niño pequeño cuando se le niega un capricho. Era estricta, lo suficiente como para protagonizar la mayoría de visitas al director a la semana, anotaciones al libro y repeticiones de año, de cada curso del instituto.  No porque así lo quisiera, sino porque la profesora Denneth era incapaz de aceptar algo tan simple como la insolencia. Y en su lugar de trabajo, aquello abundaba.

Se acomodó las gafas de Sol, mientras escuchaba las palabras de William. Además, era radical. A la segunda advertencia ya tomaba cartas en el asunto. Estaba acostumbrada a acabar con todo lo “malo”, que le rodeaba, de un solo golpe. Quizás porque cuando fue joven, su modus operandi era todo lo contrario. Dejaba cada cosa, desde  las más pequeña hasta la más grande, para después. Tenía la ingenua idea de que todo podía solucionarse con el paso del tiempo, que no hacer nada era un remedio divino. Pero estaba terriblemente equivocada, y con el paso del tiempo y los errores, había acabado adoptando el rasgo de jamás dejar pasar nada, una vez que algo llamaba su atención, así se quedaba hasta verse solucionado o eliminado.

Y Will era uno de aquellos casos, por supuesto.

Los tacones de la mayor comenzaron a seguirle, provocando el mismo sonido que antes. Con la mayor sutileza que le permitía su cuerpo, tomo el brazo del menor con su mano y lo detuvo. Luan conocía las reglas del instituto: nada de pasar tiempo con un alumno o alumna fuera del horario de clases. Hacerlo entrar en su coche era lo mismo a que la despidieran, pues los ojos ajenos aún continuaban deambulando por el estacionamiento.

La castaña chasqueó la lengua. —¿Y tienes dinero? —preguntó, porque se había enterado, por bocas viciosas, que el joven no vivía precisamente cerca. Y peor aún, que su situación familiar tampoco era… la más agradable. Luan le soltó, mirando de soslayo a sus compañeros de trabajo entrar en sus coches y partir, a uno que otro estudiante quedándose para conversar con sus amistades. En fin, no había posibilidad alguna de que ella le acompañara. Pero podía procurar que no le pasara nada desagradable en el viaje.
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Re: There's a crack in my soul. You thought was a smile.

Mensaje por Invitado el Dom 19 Jun - 16:30



I DON'T NEED
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Apenas alcanza a alejarse un par de metros cuando la profesora de matemáticas detiene su caminata al sujetarle del brazo. Will había escuchado a sus espaldas aquel taconeo inconfundible que se introducía en las pesadillas de medio instituto, pero no imaginaba que frenaría su marcha pese a que una parte de él lo sospechara levemente. Después de todo, no conocía a nadie tan insistente y testarudo como la profesora Denneth, y él sabía mejor que nadie que estaba en su punto de mira desde hacía algunos años. Mientras que otros profesores habían sido más compasivos con su situación, aquella profesora jamás cedería en su postura de hierro ni aunque un rayo le friera el cerebro.

Voltea hacia ella preso por la confusión y la mira con gesto serio. Esperaba una riña por su parte, quizás por no haberse despedido de ella educadamente o cualquier otra chorrada que ya no recordaba, pero su pregunta le pilla por sorpresa. Intuye que aquella repentina y extraña preocupación por él se debe a la reunión que había tenido con sus padres días atrás. Podía llegar a imaginarse la situación. Su madre muy pocas veces se encontraba lúcida y tenía por costumbre mostrar sus delgados brazos con cardenales y marcas de pinchazos. Su ropa de prostituta callejera dejaba mucho que desear, como su aspecto descuidado. El corrimiento del lápiz de ojos siempre resiguiendo sus arrugas parecidas a telarañas. Luego estaba su padre, con pintas de rockero desfasado; probablemente se habría lucido con sus comentarios retrógados durante la reunión...

Ante aquel panorama, podía llegar a comprender la preocupación de la profesora, pero no su implicación. Aquello le avergonzaba. No era un mono de feria, ni tampoco un caso de estudio. Simplemente era un chico de casi diecinueve años con una situación familiar complicada.

Puedo arreglármelas —contesta con brusquedad—. No necesito la caridad de nadie. Mis problemas son cosa mía.

Una vez más, es incapaz de poder descifrar la expresión de la mujer porque aquellas gafas negras se lo impiden. ¿Por qué alguien como ella se empeñaba en ocultarse tras aquellos cristales oscuros? Parece inmutable a todo, y eso le saca de quicio. Sin añadir nada más, prosigue con su camino y abandona el párking del instituto.

Tras veinte minutos deambulando por el arcén de la carretera, algunas gotas de lluvia empiezan a caer del cielo encapotado anunciando una inminente tormenta. Will resopla con fastidio y se sube la cremallera de su sudadera hasta arriba. Es entonces cuando un vehículo se detiene a unos metros por delante de su posición. Entrecierra la mirada y se acerca, pero en cuanto reconoce el coche y a su propietaria, una sonrisa incrédula termina instalándose en sus labios.

Se inclina para ver a través de la ventanilla ya bajada del copiloto.
¿Si me niego a subir va a suspenderme? —le pregunta con un tono burlón y desafiante.

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Re: There's a crack in my soul. You thought was a smile.

Mensaje por Invitado el Dom 10 Jul - 4:48



I WOULD NOT BE
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En menos de medio segundo, Luan se dio cuenta de que había cometido un error garrafal. De que su intento por retenerlo había acabado clavando una daga directo en el orgullo del muchacho. Chasqueo la lengua, disgustada, reprochándose mentalmente su propia estupidez e impulsividad. ¿Cómo no se había detenido 5 segundos a pensar en la posible interpretación que le daría William a sus palabras? La respuesta del joven fue suficiente para que la profesora cerrara la boca y tensara la mandíbula.

Podía entender que quisiera alejarse de ella, la propia Luan habría hecho lo mismo a su edad. Dejó de lado su postura seria por un momento, en lo que lo analizaba tranquilamente. La mirada que le dirigía, el tono que utilizaba el hablar. Sinceramente ayudar a aquel muchacho no era algo que podría hacer tan solo amenazándolo o tratando de alejarlo de los problemas, él ya estaba inmerso en ellos. Dejó que se alejara, observándolo partir por lo pocos minutos que le costó tomar una decisión y acabar por caminar hasta su propio coche. Si dejaba las cosas así, ya podía ir despidiéndose de cualquier intento por reformarlo.

Mientras la lluvia comenzaba a caer sobre las ventanas de su auto, Denneth mantenía la música a un volumen bajo, aún con las gafas puestas y siguiendo a la distancia al joven. Su pie apretó levemente el acelerador, hasta quedar frente a él. Conocía muy bien las consecuencias de sus actos, pero su terquedad era mayor. Bajo la ventana del copiloto y observo su sonrisa desafiante asomar en el interior de su vehículo. Luan no respondió a su sonrisa, tan solo guardo silencio. —Soy yo o la lluvia. —no quería seguirle el juego, pero; —Y si, te voy a suspender. —agrego con cierto sarcasmo, antes de abrir la puerta del copiloto y esperar que el castaño entrara.

Meter a un adolescente en su coche no era la mejor idea del mundo, aún si solo lo era por el título que poseía, el de estudiante, pues ya tenía 19 años y era lo suficientemente mayor como para que Luan no tuviera que decirle las cosas con una enorme muralla entre ambos. O eso pensarían sus colegas, eso pensarían sus conocidos, pero para la mayor no era así. Aún existía un largo trecho entre ambos, pero no lo suficientemente largo como para hacer oídos sordos y solo “dejarlo estar”.

Dejarlo estar era una de las mayores estupideces que podían cometer las personas, y ella ya estaba vieja como para no poder tomar responsabilidad de sus decisiones.

Condujo en silencio, mientras la lluvia se volvía más potente. Era dejarlo en su casa y ya estaba, sin que nadie lo supiera. —¿Dónde es? —pregunto mirando al frente, pensando en que ya era momento de ordenar las cosas entre aquel muchacho y ella. —Lo de recién, fue una idiotez. No trato de ayudarte por algo como la caridad o la compasión, William. Si fuera así créeme, no estaría solo yo metida en esto. Lo hago porque creo tienes potencial, no eres una bala perdida como quizás muchos te hacen creer. Puedes hacer con tu vida lo que quieras, lo que quieras. —recalco, doblando en una esquina. —No dejes que nadie te haga creer lo contrario. —ella no era Manuel, ella no podía inspirar a los jóvenes a seguir sus sueños y toda esa mierda con la que se había metido al bolsillo a media universidad. De hecho, Luan no recordaba a ninguna alma caritativa que hubiera sido capaz de arrancarla del agujero del cinismo y la autodestrucción en el que estuvo metido con 23 años de edad. Pero, aun así, había acabado arrastrando sus pies lejos del pestilente pantano, para perseguir una vida diferente, siendo otro ciudadano cualquiera, capaz de valerse por sí mismo y jodido por las mismas cosas que todos los demás. No fue ni Jesús, ni un profesor, ni nada lo que la inspiró a dejar atrás los vicios. Solo enojo, cansancio, pensar que se le había negado un futuro desde temprana edad, un futuro que tenía hambre por poseer. Y que ahora que poseía, resultaba repetirse en la piel de alguien más.

No quería que William tuviera que tocar hondo, como había pasado con ella. Quería que se diera cuenta de las cosas antes de cometer los errores que ya no se pueden borrar ni olvidar. Pero no era la señorita simpatía y sus años de vida solo la habían hecho más y más desagradable, fría de pensamiento, estancada en una monotonía llamada realidad donde los altibajos y los subidones resultan solo el pan de cada día. Aquel carácter fuerte no era más que el residuo de lo que una vez fue una llamarada, una persona llena de pasión. Si la hubiera conocido 10 atrás lo más probable es que hubiera visto en William a alguien que solo necesitaba un poco de “diversión”, en su vida.

Había sido tan estúpida. Tan estúpida. No como él, que a pesar de su situación parecía tener los pies bien puestos sobre la tierra. Al menos por ahora.

Apretó con más fuerza el volante, sin dejar de observar al frente. —¿Nunca has pensado en vivir solo?
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Re: There's a crack in my soul. You thought was a smile.

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