Últimos temas
» Pedido de afiliaciones Normales
Hoy a las 4:05 por Invitado

» Signed, sealed.
Hoy a las 1:50 por Songbird

» Pedido de afiliaciones Élite y Hermana
Hoy a las 0:58 por Invitado

» ♠ You left me in the dark
Hoy a las 0:24 por Nightingale

» ~ La joven y el señor vagabundo.
Ayer a las 23:56 por Sheena

» I remember everything about you
Ayer a las 23:08 por Nyadeh

» Where demons hide
Ayer a las 23:04 por Nyadeh

» ~ Blind Heart
Ayer a las 21:52 por Sheena

» V. How do you want me?
Ayer a las 21:46 por Heartrender

» Us against the world
Ayer a las 20:53 por Thrath

» You were my lesson I had to learnt
Ayer a las 20:49 por Sheena

» A penny for a missery
Ayer a las 19:18 por Snicket

» Seeing yu smile, make me feel so happily, too.
Ayer a las 18:26 por SapphireDragon

» ~ Together, forever and ever
Ayer a las 18:26 por SapphireDragon

» × Hope
Ayer a las 18:05 por Kerouac

Créditos...
La idea y fundación de Skipping Stone es de la antigua usuaria y administradora Aqua. Diseño de gráficos y redacción de normas, guías, etc, corre por parte del Staff. El skin, el tablón de anuncios, los perfiles y el tablón de afiliados han sido diseñados y cedidos al foro por Oswald. Las imágenes no nos pertenecen, han sido recolectadas en Deviantart en especial de faestock, So-ghislaine (dados) y webvilla (medallas), moon0727 (png Sherlock Holmes), andie-mikaelson (png Raven Reyes), Tube danimage (png Lagertha) y el tumblr fandomtransparents (png Sansa Stark). Damos también un agradecimiento en especial a los foros de recursos Glintz y Serendepity cuyos tutoriales han ayudado a crear las tablillas.
DIRECTORIOS
The X project

Vivre à en crever.

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Sáb 2 Jul - 23:51

Vivre à en crever.
W.A. Mozart, 30.
Mikelangelo Loconte, Mozart.
1x1 | crackship | au!reencarnación | mozalieri


Uno se aferra al hilo de nuestros deseos. Si tenemos que morir, vivamos mientras podamos. Aferrémonos a todo antes de que perezca. Si hay que morir, en nuestras lápidas quiero grabar que nuestras risas desafiaron a la muerte y al tiempo. Nos veremos de nuevo. Nada es importante, entenderemos de dónde venimos. Si tenemos que morir, será mejor vivir mientras podamos.

¿Qué hay después de la muerte? ¿Crees en la reencarnación?

Dicen que las estrellas nunca dejan de serlo. Aun cuando su luz se desvanece y cumpliendo un último deseo se desploman hasta perderse en el basto y poco misericordioso universo, una más reemplaza su destello. Wolfgang Amadeus Mozart llegó a ser uno de los más grandes compositores de la música clásica, pionero de diversas técnicas. Antonio Salieri fue un músico cuya impecable trayectoria lo posicionó en uno de los puestos más altos que durante el Clasicismo Musical de Viena podía ofrecérsele. Ambos se conocieron bajo circunstancias meramente profesionales y, aunque su relación no fue del todo impecable, con el tiempo llegaron a profesarse un respeto certero. Hoy, a más de doscientos años de su existencia, la teoría de la reencarnación pudiera ser confirmada con la presencia de dos músicos contemporáneos cuyos caminos se cruzarán en el momento menos inesperado.
antonio salieri, 36.
Florent Mothe, L'assasymphonie.






Última edición por Mozart el Mar 23 Ago - 4:43, editado 10 veces


AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Dom 3 Jul - 20:43

On se reverra.
Un suspiro escapó de sus labios, esperando que llegara su turno. En el escenario, una chica cantaba una de esas horribles canciones modernas que tenían más de software electrónico que de música. Era una lástima, porque tenía una voz bonita, pero aquellos efectos a arruinaban.

A juzgar por lo aplausos que se escuchaban desde el backstage, debía ser bastante conocida y, probablemente, en otro tiempo se hubiera molestado en buscar quién era pero... En aquellos momentos solo quería irse de allí. Por desgracia, era la gran estrella de la noche y, aunque aquella gala se emitiría en diferido en Navidad, apelando al espíritu navideño para que las donaciones fueran más copiosas, huir no era una opción.

De modo que allí estaba, tamborileando los dedos sobre el asiento del sillón en el que había acabado sentándose, esperando que le llamaran para poder salir y acabar con aquello. Solo tenían que decir su nombre, y todo habría terminado. Su nombre... o el nombre con el que le conocía todo el mundo, el nombre con el que había nacido. Sin embargo, ese no era él, no del todo.

Pero, desde luego, no podía presentarse como Antonio Salieri. Con suerte, la gente creería que estaba riéndose de ellos. Con menos suerte, acabaría con una camisa de fuerza. Siempre y cuando alguien supiera quién fue Antonio Salieri.

A decir verdad, incluso él mismo dudaba seriamente de que algo así pudiera ser verdad. Es más, había empezado a creer que se estaba volviendo loco, algo que no sería de extrañar; nunca había tenido, precisamente, alta autoestima, y padecía depresión desde hacía tantos años que había perdido la cuenta. Un problema más no sería ninguna sorpresa, y quizás no era más que una secuela de los otros, dotarse de un pasado glorioso para equilibrar lo horrible que parecía su vida.

Solo que aquello carecía de sentido. Salieri no era, en absoluto, recordado con gloria. De hecho, no era ni recordado, y la mayoría de gente que sabía quién era lo tildaba de asesino de Mozart, de mediocre, de malvado. Por otro lado, Gabriel era uno de los cantantes más exitosos de la década, no tenía por qué inventarse ninguna vida pasada. Y, desde luego, eso no explicaba por qué sabía tanto sobre Salieri cuando nunca había estudiado nada relacionado con él porque nadie hablaba de él, excepto cuando se mencionaba la muerte de Mozart.

Eso era lo peor, la muerte de Mozart. Se sentía enfermo cada vez que pensaba en ello, o cuando escuchaba a alguien relacionar a Salieri con ésta, como si fuera cierto, o como si lo único importante de él fuera su relación con Mozart, y no su música. Salieri había pasado del músico más importante de Viena a... no ser nadie, mientras que Mozart había mantenido su posición, o incluso la había mejorado con los años. Le resultaba frustrante y, aunque saber que Gluck -su compositor preferido- había corrido la misma suerte de caer en el olvido, no podía dejar de sentir un nudo en la garganta cuando pensaba en todo aquello.

Y nada de eso podía explicarse con ninguna fantasía que buscaba darle un significado importante a su existencia, por lo que había acabado aceptando que, de alguna forma inexplicable, era así. No obstante, nunca había dejado de buscar información sobre la "reencarnación". Lamentablemente, la mayoría de las cosas que encontraban eran relacionadas con el karma, animando a la gente a comportarse bien para no acabar siendo una rata cuando muriera; con locos que decían ser Jesucristo o con niños que decían recordar vidas pasadas y acababan siendo un fraude ideado por sus padres para lucrarse a costa de llevar a sus vástagos a programas de televisión.

La música del escenario fue sustituida por aplausos, lo que le sacó de sus pensamientos. Quizás era su turno por fin. Giró la cabeza, expectante, pero el encargado no le llamó. Tratando de reprimir una expresión de frustración, volvió a levantarse del sillón, dirigiéndose al pequeño catering que habían dispuesto para los invitados en busca de una botella de agua. En aquellos momentos, a decir verdad, hubiera dado cualquier cosa por una botella de alcohol, pero no podía ni debía beber. Y el agua era buena para la voz.

Si es que iba a cantar en algún momento, claro.
Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Miér 6 Jul - 3:34

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Dotaba de besos nerviosos el rostro carialegre de su pareja, Aloysia Wagner, quien ocupaba el puesto de segunda voz en la banda que hace más ocho años hubiera montado con la esperanza de, en menos de lo esperado, poder hacerse de un nombre y una reputación en el mundo de la música internacional. Hasta ahora, sin embargo, Zachery no había corrido con suerte, pese a los grandes esfuerzos de todos los integrantes por destacar entre el sinnúmero de agrupaciones que luchaban por medio de brazadas desesperadas evitando el naufragio.

La razón principal de su aparente fracaso era, con probabilidad, la renuencia del intérprete a imitar los estilos más sobresalientes de la época, la cual consideraba, además de excesivamente monótona y comercial, muy poco vanguardista. En efecto, Zack –como solían llamarle sus allegados–, buscaba el reconocimiento y la fama, pero no a costa de la imitación; no a costa de someterse a un género musical cuya esencia sencillamente no le transmitía ni un mísero cosquilleo. Más de un integrante hubo abandonado sus filas gracias a dicha ideología.

No obstante, por primera vez en muchos años, la oportunidad de volver a presentarse ante una saturada concurrencia se les otorgó. Y no sólo se trataba de un simple evento al cual quienquiera que se cruzara por la circunstancia pudiera presenciar. No, "Los Flatulentos", nombrados después de un accidente gástrico durante una de sus primeras grabaciones, cortesía del baterista, estaban a unos cuantos minutos de subir al escenario más importante del invierno; del año, quizás.

Era Zack quien se desplazaba intranquilamente sobre la revestida tarima detrás de las laterales, en busca de liberación. No intentaba ahuyentar el espanto para evitar cohibirse, sino canalizar toda su energía para dejarla emerger en el momento de su salida. Cuando por fin les llamaron y el sol amenazó con ocultarse en el horizonte, dotando el ambiente de un color azafranado y aplastante, Zach besó nuevamente a Aloysia y salieron despedidos cual proyectiles hacia el escenario. Los gritos en principio no fueron estridentes, ya que Los Flatulentos eran muy poco conocidos por la región –y en general–, mas fueron engrosándose apenas el coro de «Tatoue-Moi» tocó el punto más alto.

En el último segundo su sonrisa se amplió de par en par, despidiéndose de la muchedumbre con un abrazo emulado. Se alimentaba de las voces reverberantes. De modo que, al dirigirse hacia la zona designada a los participantes del festival, la adrenalina seguía corriendo por su cuerpo. Daba tumbos por el pasillo en compañía de su pareja, a quien rodeaba con un brazo por encima de los hombros. Era tal su efusividad que no pudo medir sus movimientos, culminando con un tropiezo inevitable que fue recibido por una figura que no logró discernir, mas se notaba oscura y distante.

¡Mi error!

Exclamó al viento seguido de una risa, más por reflejo que por verdadera culpa. Sin obsequiarle un mínimo vistazo a la persona con quien chocó, siguió avanzando como si nada hubiese pasado, dirigiéndose hacia la pequeña mesa de bebidas.






AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Lun 11 Jul - 12:07

On se reverra.
Los Flatulentos. ¿De verdad habían dicho Los Flatulentos? ¿Qué demonios hacía un grupo llamado así allí? O, más bien, ¿quién demonios llamaba a su grupo así? O todo a la vez. Realmente, no sabía por dónde cogerlo.

A juzgar por las caras a su alrededor, todos debían estar pensando lo mismo, especialmente todos aquellos que estaban esperando su turno. Que alguien llamado Los Flatulentos fuera antes que ellos era, cuanto menos, cuestionable. Quizás estaban dejando lo bueno para el final, y Los Flatulentos no eran más que una especie de teloneros...

En realidad, aquel razonamiento tendría sentido si los que habían tocado antes no fueran, en su mayoría, conocidos. En cambio, estos... Nunca había escuchado hablar de ellos (de haberlo hecho, no se le habría olvidado, con un nombre tan... original).

Probablemente sólo eran un grupo humorístico, o algo así, para amenizar la velada. En realidad, él no era muy partidario de aquello (la música era más que amena por sí misma, no necesitaba distracciones, y si a alguien no le gustaba, podía cambiar de canal cuando se retransmitiera aquello) pero, una vez más... Su percepción del mundo no coincidía con la del resto de personas, y dudaba que esto fuera solo por el hecho de haber... ¿nacido? ¿existido? hacía más de dos siglos. De una forma u otra, la organización de aquella gala estaba siendo más que cuestionable, no había motivos para extrañarse de que metieran a un par de cómicos.

O, al menos, eso pensaba hasta que empezaron a tocar. No eran cómicos. En absoluto. Eran músicos, músicos de verdad. Era lo mejor que había escuchado en... toda la noche. En mucho tiempo. Era algo nuevo e, indudablemente, era música. ¿Por qué no había escuchado aquello antes? ¿Cómo podía haber pasado desapercibido? ¿Cómo había estado él encabezando las listas de ventas cuando... cuando existía algo así? ¿Por qué se llamaban así, por qué se contentaban con un nombre horrible, una posición mediocre, cuando podían tenerlo todo? Aquella música... aquella música era, simplemente, sublime. La melodía le erizaba la piel, le hacía sentir cosas que pensaba que había olvidado: fascinación, admiración, placer... Y, por supuesto, dolor, envidia, amargura, odio... Amargura porque nunca crearía algo tan dolorosamente hermoso; odio porque sabía que sería su perdición, pero necesitaba más.

Por primera vez en toda su vida, su ¿nueva? vida, volvía a sentirse como en Viena, como si Euterpe hubiera abandonado el Párnaso y hubiera vuelto al mundo mortal porque alguien la había invocado, y ahora bailaba al son de aquella música que había inspirado, a sólo unos metros de él. Podía escucharla reír, feliz de haber vuelto. Una risa tan armoniosa como hiriente, porque también se reía de él, esquivándole con la gracia que caracteriza a las bailarinas.

Pero... ¿cómo culparla? Lo que estaba escuchando no era uno de aquellos virtuosos que se limitaban a tocar con una precisión intachable en un instrumento una pieza ya escrita. Aquello diferente, estaba floreciendo, creciendo con delicadeza, pero con fuerza. Era como una rosa que se esmera en crear y perfeccionar cada uno de sus pétalos, y de sus espinas, para, al abrirse el capullo, convertirse en la flor más hermosa del jardín. Era como escuchar a...

¿Mozart? — la música había cesado, y Los Flautulentos habían bajado del escenario. Su voz sonó ahogada, imperceptible bajo el sonido ensordecedor de los aplausos. Sin embargo...

Era él. Tenía que ser él. Era igual, se movía igual. Tenía la misma expresión eufórica y pretenciosa que cuando estrenaba una nueva obra, sabiendo que había triunfado. Quizás entonces no cogía a Constanze de la misma forma que a aquella chica, ni llevaba aquella ropa, pero aquello eran simples diferencias culturales.

Esa música... ¿cómo había podido siquiera dudarlo? ¿Cómo había estado tan ciego, tan sordo? ¿Quién más había logrado hacerle sentir tan insignificante? Nadie. Era Mozart, siempre era él. Y, sin embargo, parecía costarle asimilar la idea, como si aquello fuera un sueño del que iba a despertar de un momento a otro, o una ilusión, un espejismo que podía romperse en cualquier momento, dejando ver otro rostro bajo aquellas facciones tan similares.

Porque aquello era... increíble, casi imposible, y si no se le había ocurrido antes era porque... Incluso él mismo dudaba a veces de si todo lo que le pasaba era cierto o no, ¿cómo iba a ser posible que Mozart también estuviera allí? La mera idea de pensar en ello le provocaba un nudo en el estómago. No iba a negar que había deseado que aquello pasara, e incluso había buscado en Google "Reencarnación de Mozart", aún sabiendo que si encontraba algo, no serían más que simples metáforas, gente con un talento musical por encima de lo normal, no una reencarnación literal.

A eso había quedado reducido Mozart, a un genio, aún cuando estaba más que claro que, si bien su talento musical estaba muy por encima de la media, su don era el producto de la explotación a la que le había sometido su padre, no algo que había llegado a él por ciencia infusa. Era, cuanto menos, llamativo, que pese al escepticismo moderno y a la creación de términos como explotación infantil, se siguiera mitificando de aquella manera a Mozart, ignorando todo el esfuerzo que había hecho para ser quien fue.

Aunque... quizás a él no le parecía tan mal. Ser tratado como alguien especial, alguien único, era algo que siempre había parecido encantarle. Sin embargo, era algo que ya no le podría preguntar, como tantas otras cosas... O, al menos, eso había pensado hasta aquel mismo momento.

Pero allí estaba, delante suya. Y se acercaba a él, que seguía parado en el sitio como un idiota, desde el momento en el que había escuchado los primeros acordes. Había tantas cosas que le había querido decir... Pero había muerto tan pronto... Sí, habían ignorado  sus diferencias y no había habido más complots, no había habido más disputas, ni más acusaciones de plagio, Mozart le había invitado al estreno de su última ópera, La Flauta Mágica y él había aplaudido como nunca, como si con aquello pudiera compensar todo lo que había hecho.

Porque la culpa no se iba. Durante el resto de su vida se había arrepentido de tantas cosas que había acabado volviéndose loco. Pero quizás ahora podía disculparse, arreglar el pasado y escribir un nuevo futuro. Aquella idea atravesó su mente como un rayo. Por primera vez en años encontraba el sentido de su existencia: todo aquello era una segunda oportunidad para enmendar sus errores, para poder descansar en paz. Cuando Mozart llegó a su altura, se sentía más optimista que nunca y estaba a punto de hablar cuando...

...Pasó de largo o, más bien, pasó por encima suyo, apartándole de en medio, como si no le hubiera visto. Exclamó una disculpa, pero ni siquiera se dignó en volver la vista atrás para ver quién era la persona con la que se había tropezado. Y, a decir verdad, casi que agradeció que no viera su expresión en ese momento.

Pese a soler mostrar una máscara de indiferencia y frialdad, aquello había sido... demasiado. Había sido como si le hubieran clavado un centenar de cuchillos al mismo tiempo, pero peor, porque, al menos, los cuchillos lo habrían matado. Aquello simplemente dolía, como si algo dentro de él, que llevaba mucho tiempo agrietado, se hubiera roto finalmente.

Era patético, y lo sabía. Se había emocionado y se había ilusionado. Había creído que aun tenía esperanzas...  Pero, una vez más, estaba equivocado. Que pasara de él como si no existiera, como si fuera un fantasma, le dio la certeza de que no había redención posible, de que estaba condenado. Aquel era su castigo, no su segunda oportunidad. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? ¿Por qué iba Mozart a estar allí? ¿Acaso pensaba que también necesitaba una segunda oportunidad?

No, no la necesitaba. Había tenido una vida breve pero intensa, y nunca había parecido ser de los que se arrepentían de sus actos. Mozart no se había tirado el resto de su vida lamentándose, incapaz de escribir una ópera en años, porque... ¿qué derecho tenía él a escribir música cuando quien de verdad merecía escribirla no estaba allí para hacerlo? No, no había sido Mozart el que se había arrastrado por los pasillos del palacio real como un alma en pena. Había sido él. Él, que había cavado su propia tumba cuando creía haber estado cavando la ajena. Él, siempre era él.

Y aquello era una condena, su condena. Estaba condenado a vivir en un mundo donde Mozart había triunfado y Salieri no existía más que para ser el villano de la historia del genio. Y estaba condenado a vivir, una vez más, un éxito fugaz, a saborear el triunfo que, posteriormente, le arrebatarían. Había escuchado a ¿Mozart? y su grupo, y sabía que era cuestión de tiempo que se alzaran sobre el panorama musical, revolucionando el mundo, haciéndole caer en el olvido. Una vez más.

Sin embargo, aquella vez no tenía fuerzas para luchar. Conocía el final de la historia, y sabía que no había forma de evitarlo. Lo mejor que podía hacer era aceptarlo desde el principio. Podía seguir aguantando hasta que ya no hubiera nada a lo que aferrarse. Entonces se rendiría, aceptaría la derrota y... ¿Acaso importaba qué haría después? Ni siquiera sabía si habría un después.

Miró a la pareja que se alejaba entre risas, ajenos a todo, ajenos a él. Quizás esta vez tendría una vida larga, pensó. Quizás esa chica y esa banda era todo lo que necesitaba. ¿Quién era él para tratar de buscar un lugar en un sitio donde no tenía cabida? Él no era nadie y lo mejor que podía hacer era volver a su sillón, esperar que fuera su turno, volver a casa y, con suerte, desaparecer durante mucho tiempo.

Sin embargo, era demasiado débil, demasiado egoísta. Quería ver su cara una vez más, y quería que le mirara, aunque en sus ojos hubiera odio, asco o rencor. Prefería aquello a ser tratado como si no existiera.

Espera — Le llamó, alzando la voz.

Quizás le ignoraba una vez más. Si lo hacía, se daría por vencido. Quizás era parte de su castigo, no existir para la única persona viva que le importaba. Podía sonar surrealista pero... ¿qué en su vida no era surrealista? Si se había rendido a aceptar que las reencarnaciones eran posibles, ¿por qué no aceptar que podía ser invisible para alguien?

De ser así, lo aceptaría. Sin embargo, si había una mínima posibilidad... Jamás se perdonaría el no haberlo intentado.

Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Lun 18 Jul - 2:15

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Aún podía sentir la adrenalina corriendo a lo largo de todo su cuerpo, invadiendo cada movimiento, provocando cada espasmo, induciendo cada risa proferida con el más inmaculado regocijo. La emoción lo abrasaba como si de un incendio legítimo se tratase, amenazando con incinerar hasta el último de sus órganos internos. No los necesitaba; no después de haber experimentado tremendo placer.

En el fondo se alzaba una nueva melodía que hacía retumbar la construcción de hierro, madera y cuerdas a su alrededor, así también el murmullo in crescendo de la concurrencia alabando sin distinción las notas musicales que emitían los instrumentos. Y, sin embargo, las imágenes que circundaban su campo de visión se reproducían en cámara lenta.

Sólo él y Aloysia existían, así como la energía resonante de los vítores que le pertenecían únicamente a su música, a su trabajo arduo. Después de décadas volvía a sentirse extasiado como ningún otro. Según su punto de vista, el único amor que importaba dentro del ámbito musical era el propio, pero, en definitiva, la retroalimentación del público jamás la rechazaría, a pesar de que no lo admitiera en voz alta.

Mantenía la idea de que, tanto los halagos como las críticas, son insulsas en comparación a la percepción personal por la música. Mas en esos descabellados momentos, las aclamaciones le supieron a gloria. Había olvidado la última vez en que el desenfreno se apoderó de su público. Es más, había olvidado la última vez en que se hubieron presentado ante un auditorio tan ciclópeo. Definitivamente se permitió ser arrollado por la excitación, además de que su naturaleza espontánea no le permitía actuar de ninguna otra manera ante el fenómeno suscitado.

Moría de sed porque el desgaste emocional estaba resultando excesivo. No obstante, sin importar cuán absorto se encontrase, llegó a percibir el susurro a sus espaldas. Por poco lo deja escapar al igual que se ignora el zumbido de un insecto en la lejanía.

Y, de hecho, si no hubiese sido por la influencia de su mujer, Zach jamás habría sucumbido al sumiso estímulo. Aloysia se detuvo de golpe, y giró el rostro unos cuantos grados como para convertir el ceño de Zach en un campo sinuoso de extrañeza. Al seguir con la mirada el trayecto en donde los ojos de la joven trigueña se posaban, se percató de que les estaban llamando a ellos.

¿Sí? —inquirió confundido, examinando de forma imprevista los rasgos de quien le hablaba. Al entrecruzarse sus miradas, Zach ladeó sutilmente el rostro y su entrecejo se arrugó todavía más. Si se hubiera hecho el silencio, se habrían podido escuchar los mecanismos de su mente trabajar cual maniáticos. Era una imagen que durante un segundo le pareció familiar, hasta que un destello de discernimiento lo acometió repentinamente. El trance previo no duró más que un parpadeo.

Ah, el famoso Gabriel. —exclamó como si hubiera experimentado la más grande revelación, y entonces prosiguió— Ya entiendo. Escucha, has sido tú quien no se ha quitado de mi camino, no tengo por qué disculparme dos veces. Será mejor que lo dejes, nosotros tenemos un banquete que degustar.

Esto último lo dijo puntual antes de plantar un beso sonoro en la mejilla de su risueña acompañante. Planeaban arrasar con todos los snacks. Un músico de renombre, absorbido por la arrogancia de su posición, no iba a terminar amargando su noche. ¡Que les dieran! A él y a todos ellos.






AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Mar 19 Jul - 17:11

On se reverra.
Fue la chica la que se giró, no él. Era de esperar, de alguna forma sabía que aquello pasaría, que no era nadie y que nunca lo sería. ¿Qué importaba que los demás te admirasen cuando las personas que importaban no lo hacían? En realidad, no era solo que no lo hicieran, era que... te ignoraban, como si no existieras. Ahogando un suspiro, estaba a punto de darse la vuelta, consciente de que no había sido una buena idea, cuando Mozart se giró.

Realmente, Salieri ignoraba cuál pensaba que sería la reacción del otro cuando lo viera, pero, sin duda, aquella no. Durante unos breves segundos en los que se cruzaron sus miradas, le pareció que volvía atrás en el tiempo, a la Viena de finales del XVIII. Sentía cómo el corazón le martilleaba el pecho, víctima de la necesidad de que le reconociera, de tener la certeza de que no estaba loco, ni solo, que no era el único al que aquello le había pasado.

Sin embargo, una vez más, sus ilusiones desaparecieron con una velocidad abrumadora. Si el otro le había reconocido, no era por su vida pasada, sino por la vida presente. Casi se le había olvidado que allí se llamaba Gabriel y no Antonio, que era cantante y no maestro de capilla y que aquello era un backstage y no un salón de palacio. Volver al presente era doloroso, pero no tanto como escuchar su nombre, su otro nombre, con la voz de Mozart. Desde hacía años, se sentía incómodo presentándose como Gabriel, pero nunca había odiado su nombre. Nunca hasta aquel momento. Porque era la confirmación de que, si aquel hombre era Mozart (y estaba convencido de que lo era), no le recordaba.

Siempre le había frustrado el hecho de que nadie conociera a Antonio Salieri, de que sus óperas estuvieran más que olvidadas y que, si le conocían, fueran por aquellos rumores malditos que lo tachaban de asesino, pero entendía que eso era producto de cómo le había tratado la historia y de que la gente no había vivido en la misma época que él. Sin embargo, que alguien que sí que había vivido cuando él, con el que había pasado horas hablando y junto al que había trabajado le olvidara... Era descorazonador.

Desde luego, cabía la opción de que no recordara nada, él tampoco había nacido sabiendo que antaño había sido uno de los músicos más importantes de su época. Sin embargo seguía siendo igual de frustrante, porque sabía que no era el único pero, a efectos prácticos, sí que lo era.

Lo único que tenía claro era que sí que era Mozart. Aquella contestación era Mozart en estado puro, un estado al que, si no había llegado en Viena, era porque las reglas de protocolo eran mucho más estrictas y no respetarle le podía costar caro. Pese a su rivalidad, siempre había habido una especie de fría cortesía entre ellos, ya fuera por educación, por admiración o, simplemente, por instinto de supervivencia y cuestión de jerarquías. Fuera de una forma u otra, nunca habría esperado aquella contestación. Sí, era cierto que había estado en su camino sin moverse, como un idiota, pero también podrían haberle esquivado. Además, antes había dicho que era "su error", ¿por qué iba a culparle a él entonces?

Sin embargo, aquella hipocresía no era lo que más le molestaba. Era el hecho de que asumiera que le estaba llamando la atención por el golpe, cuando aquella era la menor de sus preocupaciones. Y, desde luego, el que decidiera que comer era más interesante que hablar con él.

Quizás era cuestión de orgullo, pero no estaba acostumbrado a que le trataran así, como si no fuera importante. De hecho, estaba seguro de que si le trataba así era, precisamente porque era importante. Lo más probable era que despreciara su música, que le pusiera verde en su grupo de amigos criticando cada una de sus canciones. ¿No era, acaso, lo que había hecho en Viena?

De repente, sintió como si todos sus remordimientos se evaporaran, siendo sustituidos por una oleada de rabia y odio. ¿Cómo había podido lamentarse durante toda su vida de la muerte de alguien así? ¿Qué demonios le había pasado para olvidar todo aquello? Sí, él había actuado mal, pero Mozart tampoco había sido, precisamente, inocente. Después se habían reconciliado, y él, como un idiota, había olvidado todo, las humillaciones, las acusaciones, la burlas... Solo había recordado sus malas acciones, no las de Mozart. Se había autodestruido por culpa de una persona que le odiaba y disfrutaba riéndose de él.

Quería felicitarte por tu música, pero veo que la comida es más importante para ti. — respondió, con frialdad y desprecio, nada que ver con el tono casi suplicante de su petición anterior. —  Lamento haberte molestado, no volverá a ocurrir. — Si hubiera estado en Viena, habría hecho una reverencia (no sin cierta ironía), pero aquello no tenía sentido allí. Simplemente, se dio media vuelta para volver al sillón.

Pese a que parecía haber olvidado la culpa, no se sentía mejor, más bien lo contrario. Se sentía como si hubiera desperdiciado su vida despreciándose a sí mismo en lugar de luchando por su dignidad, dejándose caer en el olvido porque no tenía fuerzas para pelear. Ni siquiera había hecho mucho por acabar con los rumores de envenenamiento que habían acabado finalmente con él.

Tampoco se sentía mejor tras decirle aquello a Mozart, o como se quisiera hacer llamar, porque sabía que era mentira, que apreciaba la música tanto como él mismo y que en ningún caso habría antepuesto un banquete a hablar sobre sus composiciones. Sabía que podía ser un golpe bajo, pero que no había nada de genuino en él y que, pese a haber sido una especie de venganza, no había ninguna catarsis en ella.



Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Jue 21 Jul - 9:57

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Fue una dosis de sorpresa la que azotó sus hombros y ornamentó su faz con el más genuino estupor. El hombre profirió la última de sus sentencias y Zachery pudo sentir a su novia jalando de su brazo para que retomasen su camino en dirección a la mesa, pero el intérprete no se movió de su sitio, no pestañeó siquiera. Sin importar que hubiese escuchado distantemente cómo Aloysia murmuraba un despectivo «infeliz» en referencia a la actitud del músico más famoso del momento, Zach se permitió escudriñar desde su rígida postura los pasos sobrios del moreno, quien ahora le daba la espalda.

Lo conocía, por supuesto que lo conocía. Había que ser un Neandertal para no saber quién era Gabriel, autor de L'Assasymphonie y el único capaz de llenar auditorios de talla internacional. Gabriel, el mismo cuyo primer sencillo se apoderó de la radio durante meses, ni qué decir de las redes sociales; también poseedor de riquezas con las que ellos sólo podían soñar. La primera vez que escuchó de él supo que tenía talento, no por nada estaba en donde estaba, pero también llegó a pensar que podía superarlo, que podía hacerlo cien veces mejor debido al gran esfuerzo que ponía en cada cosa que hacía para conseguir y perfeccionar sus aptitudes musicales.

En resumidas cuentas, la fama de Gabriel fue el motivo de su actitud, de su hostilidad. Había supuesto que, tratándose del monarca del festival, ¡el rey de reyes!, aquel que cerraría con broche de oro y a quien el público esperaba con gran inquietud, lo único que buscaría sería reñirle por haberse atrevido a chocar contra su cuerpo. Resultaba evidente que así sería, que debido a las ínfulas de grandeza que pudiese poseer, Gabriel usaría su poder y su posición para aplastarle como a un insecto. Zach no estaba dispuesto a permitir que eso ocurriera. No podía importarle menos la posición del hombre. Él era un genio, y por lo tanto debía ser tratado como tal, no como un músico de relleno más, aunque nadie allí le conociese. Ni el mismísimo Beethoven iría a alzarle la voz sin que Zach hiciera algo al respecto (conociendo el carácter irascible del compositor alemán).

Así, pues, abstraído por la sorpresa de recibir un halago a medias y percibir cierta decepción que desfiguró el rostro ajeno, se dejó arrastrar por Aloysia hasta la mesa de aperitivos. Sin embargo, no dejó de pensar en cómo la expresión ajena fue quebrándose conforme sus palabras hubieron brotado de sus labios en el afán por defenderse. Comió en silencio, escuchando por encima la conversación de su novia con el baterista de Los Flatulentos. Zack no se unió a la charla. Por el contrario, comió taciturno mientras desviaba la mirada de forma constante hacia la zona en donde Gabriel se encontraba aguardando por su turno. Pasaron aproximadamente veinte minutos hasta que uno de sus amigos sacudió su hombro.

Tierra llamando a Zach. ¿Quieres dejar de mirar a ese petulante? —dijo uno de ellos—. Sé que te gustaría ir a plantarle cara, pero no es lo ideal, sobre todo estando en su territorio.

En ese momento volvió de su trance y se enfocó en la persona que había dicho eso. En silencio parpadeó y, luego de unos cuantos segundos, le quitó de la mano su vaso rojo de cerveza y se levantó de su sitio, dirigiéndose hacia el lugar en donde el moreno reposaba.

Que le den a lo ideal.

Dijo mientras caminaba, alzando la voz para ser escuchado. Una vez que llegó hasta su destino, se posó frente a él y le extendió el vaso que sostenía para que lo tomase. Él, por su parte, llevaba su propia bebida. Aclaró su garganta y relamió sus labios antes de pintar una de sus mejores sonrisas, nunca afables, siempre divertidas.

Así que... música —sugirió—. No es difícil creer que le haya gustado a alguien como tú, lo increíble es escuchar que lo hayas admitido. Por lo que me atrevo a preguntar, ¿lo decías en serio? Porque, amigo mío, desde ahora lo digo, no me gusta jugar con ello.

Cabía la posibilidad de que estuviese mintiendo. Hipocresía, hipocresía, ¡hipocresía!






Última edición por Mozart el Mar 27 Sep - 12:29, editado 1 vez


AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Jue 21 Jul - 18:46

On se reverra.
A sus espaldas, escuchó a la chica llamarle infeliz, probablemente sin tener ni idea de cuán cierto era aquello. Era difícil recordar cuál había sido la última vez en la que había sido feliz de verdad, no una felicidad fugaz que desapareciera cuando sus demonios volvían para atormentarle. Había llegado un momento en el que había abandonado cualquier esperanza de superar la depresión, por muchos medicamentos que tomara. Había aceptado que aquella enfermedad era algo que formaba parte de su ser, así como su necesidad de hacer música, sin importar lo mucho que ésta le destrozara.

Se dejó caer en el sillón, sacando su teléfono. Estaba repleto de notificaciones de mensajes... que borró sin siquiera molestarse en mirar. Aquellas palabras de admiración sonaban huecas, insulsas... Sabía que sin sus fans no sería nada, y, sin embargo, se sentía nada pese a ellos. Alzó la cabeza, dirigiéndole una débil mirada a Mozart, rodeado de amigos, de risas, de diversión. Y él... Él estaba solo, ya fuera porque nadie se atrevía a acercarse a él o porque era lo que se había buscado aislándose cada vez más en sí mismo y en la música. ¿Cómo podía culpar a Mozart de decirle aquello, cuando era probablemente la imagen que proyectaba? Una vez más, se sentía culpable y miserable, si le quedaba alguna oportunidad de recuperar a Mozart, la había perdido con su soberbia.

Entonces alguien se puso delante suya, lo que hizo que volviera a levantar la cabeza. Para su sorpresa, quien se había acercado a él era Mozart, tendiéndole un vaso que cogió por acto reflejo, presa del asombro porque, desde luego, no se esperaba aquello. El vaso contenía cerveza y, por tanto, lo mejor era no tomar la bebida. El alcohol era depresivo y tampoco era recomendable beberlo mientras tomaba medicación. Sin embargo, no tenía por qué saber aquello, nadie tenía por qué saberlo.

Gracias — respondió, porque, pese a todo, era un gesto que debía agradecer. — Pero no bebo.
decir aquello probablemente era más educado que no probarlo sin dar explicaciones, lo cual solía dar a entender que desconfiaba de la otra persona. «Mozart envenenando a Salieri, eso sí que sería irónico» pensó, con amargura.

A continuación, el otro habló. ¿Era eso lo que quería, que le halagara? ¿Qué le dijera que era bueno? ¿Y a qué se refería con "una persona como tú"? ¿Era eso un halago a su "buen gusto" o una forma de hacerse notar, como si a todo el mundo le tuviera que gustar su música?

Nunca opino sobre música ajena... — respondió, y aquello era cierto. Nunca lo había hecho, prefería guardarse sus opiniones para sí mismo, para no ofender a nadie y no crearse enemigos. ¿Cómo le habían llamado los historiadores...? El mayor diplomático musical. Le había hecho gracia leer aquello, pero era cierto, solo hablaba de otros músicos con gente en la que confiaba ciegamente, y esa gente no abundaba. — ...porque no me gusta mentir, la música no lo merece. Sin embargo, con la tuya no hay necesidad de hacerlo. Eres bueno y lo sabes. Probablemente creas que eres mejor que nadie y, posiblemente, lo seas. Pero no te estoy diciendo nada que no sepas, ¿verdad? — inquirió, mirándole fijamente. Nadie humilde habría respondido así a uno de los músicos más importantes del panorama musical del momento, además... ¿cuándo había sido humilde Mozart? — Así que... ¿por qué te interesa mi opinión?

Probablemente la respuesta aquello era tan sencilla como su ego, que ansiaba escuchar que era un genio, que era el mejor, de la boca de alguien tan importante como él. Si era eso lo que quería, ya se lo había dado. Sin embargo, algo dentro de él esperaba que hubiera algo más. Si, por el contrario, se conformaba con aquello... Bueno, no necesitaba a alguien tan simple en su vida, o al menos, quería convencerse de aquello. Si no recordaba quién era, no había nada que les uniera, y si, además, tan solo pensaba en sí mismo no merecía la pena hacerse ilusiones que, una vez más, se fragmentarían hasta quedar reducidas a meras esquirlas.

Si había accedido a elogiar a Mozart de aquella forma, no era solo por necesidad de redimirse, o de ser sincero de una vez por todas. En realidad, lo estaba poniendo a prueba.


Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Sáb 23 Jul - 4:31

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Dio un pequeño sorbo a su bebida al mismo tiempo que lo dejó hablar, y al escuchar que el moreno corroboraba la versión que desde un principio Zachery había asumido, o que más bien se había obligado asumir, en sus pupilas se pintó un brillo de inmodestia, pero no lo interrumpió. Después de todo se había acercado a él por respuestas, y respuestas es lo que obtendría.

Su honesta confesión le hizo perdonarle la insinuación acerca de que la música para él no era importante en comparación a otras trivialidades, tales como la comida, cuando en realidad lo que consideró irrelevante fue la posible opinión de una persona cuyas formas y pretensiones no admiraba en lo absoluto. El único punto de vista que valía la pena era el suyo.

No, no particularmente. Sin duda soy consciente de mi genio. —admitió de inmediato y sin rechistar, sin otorgar un mínimo pensamiento a su respuesta, la cual se había disparado con la misma rapidez de una bala. Nadie tenía que decirle lo talentoso que era para que Zach supiera el valor de su trabajo, el cual, dándole la razón, estimaba por sobre cualquier otro. Que Gabriel llegara a dicha conclusión sin siquiera conocerle resultó inquietante, además de divertido.

Pero al proseguir con la pregunta se cuestionó a sí mismo por qué, en efecto, le concernió lo que tuviera que decirle. ¿Cuál era el motivo de su interés? Es decir, no hace menos de una hora había considerado su punto de vista totalmente intrascendente. ¿Qué le había hecho tocarse el corazón para acercarse y, sobre todo, buscar saciar su curiosidad?

Caviló durante algunos segundos, fundiéndose en el moca de sus ojos e intentando dilucidar los porqués de sus incógnitas. No era consiente de que probablemente su mirada rayaba en lo invasiva, tan directa y escrutadora que podía llegar a intimidar. Entonces, después de que la seriedad lo invadiera, tomó asiento a un lado suyo, justo en la única plaza que sobraba. Se giró hacia él y extendió su brazo a lo largo del respaldo, cruzando la pierna derecha.

Tengo la impresión de que tu opinión no es lo que me inquieta, sino tu actitud. El hecho de que te molestes en felicitarme si no sueles hablar de música ajena. El que me digas algo que, supones, ya sé de antemano.

De nada te sirve lamer las botas de alguien a menos que quieras algo de esa persona, concluyó. Pero, ¿qué es lo que querría de él, si Zach no era una persona influyente per sé? Y no es como si no disfrutara de los elogios, ¡por el contrario! Bienvenidos fueran. Pero había hablado irreverente con la intención de expresar su inquietud. Jamás le representó un problema vivir sin filtros, aunque más de una vez las consecuencias resultaron devastadoras. Nada que no se viera en la condiciones de superar, sin embargo. Y, tras aguardar un poco, la sentencia que había estado guardando y que hasta ahora no había sabido formular, escapó de sus labios.

Dime, ¿nos hemos visto antes? —inquirió pese a que sonaba ridículo. Si lo hubiese visto antes lo recordaría, sobre todo tratándose de la persona que era... O probablemente haya sido algún momento en el que Gabriel todavía no llegaba a la fama. También era una pregunta tonta, ya que no había razón alguna para sorprenderse de que su rostro le fuera familiar. Es decir, ¿para quién no lo era?






Matádme por usar la pregunta cliché.


Última edición por Mozart el Mar 27 Sep - 12:28, editado 2 veces


AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Dom 24 Jul - 15:20

On se reverra.
«Sin duda soy consciente de mi genio.» repitió internamente, con tono de burla. ¿Se podía ser más pretencioso? Salieri lo dudaba. Sin embargo, no era eso lo que le molestaba, lo más irritante era que lo dijera sin más, sin pensar, sin tener en cuenta lo desagradable que era aquella falta total y absoluta de modestia. Suponía que, cuando uno era omo Mozart, podía permitírselo, sin embargo... No tenía dudas sobre por qué Los Flatulentos no habían llegado lejos. En cuanto su cantante abriera la boca, a cualquiera se le quitarían las ganas de contratarlos.

Sorprendentemente, Mozart, tras decir aquello e inspeccionarle con la mirada de una forma que, si no fuera porque él estaba haciendo lo mismo, resultaría tremendamente incómoda, se dignó a sentarse a su lado, algo que agradeció, pues era símbolo de que no solo quería que le dijera que era un genio, sino que quería hablar, por lo que se giró para mirarle. Tras sus siguientes palabras podía deducir que no estaba siendo, precisamente, discreto. Sin embargo, ¿cómo podía reaccionar a algo así? Llevaba años creyéndose que estaba loco, o que estaba solo, y mucho más tiempo odiándose por no haber podido disculparse, por no haber podido compartir más tiempo con una persona que estaba muerta. Y, ahora, se lo encontraba, delante suya, pero no recordaba nada y su primer contacto era ignorarle, tropezando con él. Después se volvía aún más desagradable, con aquella contestación´y finalmente venía a preguntarle que si decía en serio que su música era buena. Ya había dicho suficientes veces que no lo era, o había cambiado de tema por mero orgullo. Y no había logrado nada con ello, nada salvo aquella horrible culpa ¿Por qué no cambiar, aunque fuera una vez, una -posiblemente- última vez?

Pero aquella explicación era algo que, sencillamente, no podía darle.

Me recuerdas a alguien que conocí hace mucho tiempo. Tienes la misma actitud prepotente y el mismo ego devastador. Pero también tienes el mismo talento. —explicó, acomodándose en el asiento. — A él no se lo pude decir lo suficiente y me arrepiento. Supongo que no quiero que pase otra vez.  — finalizó, encogiéndose de hombros. Estaba simplificando la historia y haciéndola parecer una redención... Algo que probablemente fuera cierto, aunque había mucho más. Mucho más que no podía decir.

La siguiente intervención de su interlocutor hizo que se le detuviera el corazón un instante, para a continuación martillear con toda sus fuerzas. ¿Le recordaba? Es decir, aquella pregunta carecía de sentido teniendo en cuenta quién era, por lo que si su rostro le resultaba familiar y le formulaba aquella pregunta, podía ser por otra cosa... Pero estaba convencido de que no le recordaba. Aquella pregunta no era una que buscaba complicidad para saber si podían ser sinceros, aquella pregunta era genuina. Quizás tenía recuerdos vagos e imprecisos, pero nada real, nada que le asegurase que Mozart, el que él conocía, volvería.

Es probable, salgo mucho en la televisión  — trató de bromear, algo que, desde luego, no era lo suyo.

Pero... ¿qué podía decir? "Sí, hace más de doscientos cincuenta años en Viena. Componíamos óperas, saboteé algunas de las tuyas porque era imbécil, tú me acusaste de plagio porque tenías que llamar la atención. Ahh, y te llamabas Wolfgang Mozart, yo Antonio Salieri, es genial volver a verte por estos lares". Lo más probable es que acabara en un manicomio, una vez más. O que Mozart se creyera que estaba gastandole una broma y se riera en su cara, algo de lo que no podía culparle, aunque resultaría descorazonador igualmente.  

No había escuchado a tu grupo jamás, si es a lo que te refieres.  —por supuesto, no se refería a aquello, pero era la mejor respuesta que podía dar. No quería mentir, porque tenía la esperanza de que recordara algo, pero tampoco podía decir la verdad. Aquella respuesta parecía lo suficientemente lógica, teniendo en cuenta el ego de su interlocutor, como para pasar por válida, y sin tener que decir algo de lo que pudiera arrepentirse.

Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Mar 26 Jul - 8:11

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Las sospechas se apoderaron de él mientras aguardaba la respuesta que pudiese formular a continuación. Pasaron por su mente un sinfín de probabilidades, desde un interés profesional hasta una banal mofa. Si en verdad había gustado tanto de su música como mencionó, ¿sería entonces que deseaba formar alguna especie de colaboración? Si resultaba que en verdad se habían conocido tiempo atrás, ¿había sido esa la razón de su acercamiento? No iba a dejar de ahondar en el asunto hasta obtener una respuesta convincente.

Lo que no esperó, sin embargo, fue esa clase de respuesta. Un golpe bajo, dentro de toda la extensión de la palabra, y por motivos distintos. Si había querido halagar su trabajo era simplemente por una especie de arrepentimiento, y encima le recordaba lo poco conocida que era su banda, lo poco que hasta ahora habían conseguido, a pesar de que no se tratase ni por falta de ganas ni porque el público detestase su música, sino porque sencillamente rechazaba las formas que le eran exigidas. No todos los estudios musicales recibían con los brazos abiertos aquello que va contra sus normas, pese a que en el mundo actual predominara la idea de que, entre más insólito, mejor. Hipocresía. Se negaba a tocar lo que ellos dispusieran.

Y también estaba el hecho de que su teoría había muerto tan pronto como surgió: por supuesto que no lo conocía, al menos no personalmente. Lo más probable era que estuviera experimentando una especie de déjà vu; mas ateniéndose a la explicación científica, esa que asegura que son producidos por una desconexión visual, proceso de información tardía.

Zachery se echó a reír y dio otro sorbo a su cerveza, disponiéndose a contestar de manera irreverente.

Ya veo, se trata de culpa. Pues, bien, acepto tus elogios, Gabriel, pero no diría que es prepotencia, sino una humilde aceptación de los hechos. Si unos míseros necios triunfan, ¿por qué no iba a hacerlo yo con mi talento? —comentó sin ningún reparo, dejándolo a libre interpretación; daba lo mismo— Ahora que nos has escuchado y me conoces, me aseguraré de que no me olvides... —aseguró confiado en el efecto de su música y en el prometedor futuro. Extendió su mano para que la estrechara al presentarse formalmente— Zachery Kaufman, un placer.

En realidad, Zachery era un seudónimo que salió de un juego, pero era también el mismo con el que se presentaba ante toda persona relacionada con la farándula. Su verdadero nombre lo reservaba, y no porque lo detestase o le avergonzara, sino porque sencillamente le pareció más divertido usar aquel apodo. Joannes, después de todo, no sonaba tan extravagante como quisiera.






Última edición por Mozart el Mar 27 Sep - 12:28, editado 2 veces


AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Mar 26 Jul - 15:23

On se reverra.
Es culpa. — reconoció. Probablemente lo había dicho como algo hiriente, pero no era más hiriente que el arrepentimiento en sí. — Pero no quita que el halago sea genuino. Me has preguntado por mi actitud, por qué me molestaba en decirlo cuando no suelo hablar de música ajena, y esa es la respuesta. Mi opinión no te interesa porque con la tuya tienes de sobra.

Y, aún así, le había elogiado con el mayor halago que existía. ¿Cuántos músicos querrían ser comparados con Mozart? Probablemente, todos. Ser considerado "el nuevo Mozart" se había convertido en el elogio más codiciado por cualquiera que tuviera aspiraciones en el terreno de la música. Por supuesto, no era lo mismo ser "el nuevo" que ser Mozart. Mozart con otra vida, otros recuerdos, otro nombre... Pero Mozart, al fin y al cabo.

Triunfan porque saben cerrar la boca — respondió, con dureza —y ser humildes de verdad. — «Y sus grupos no tiene un nombre que de vergüenza ajena pronunciar en voz alta» pensó, aunque no lo dijo en voz alta.

Por supuesto, podría haber hablado en primera persona. Sin duda, Mozart se refería a él, le incluía en el saco de "míseros necios". Sin embargo, Salieri pensaba que él era aún más necio por decir aquellas estupideces. La astucia era algo de lo que nunca había podido presumir, aquella impulsividad le iba a costar cara tarde o temprano. Era mejor callarse ciertas opiniones delante de ciertas personas que soltarlas sin pensar en las consecuencias. Porque las habría, sin duda.

A decir verdad, había llegado un momento en el que las pullas de Mozart no parecían afectarle tanto como su... estupidez. Si tan solo consiguiera callarse aquellas opiniones llegaría lejos, muy lejos. Y era un total desperdicio que por cosas así no pudiera mostrar su potencial al mundo. Si había reaccionado y respondido de forma tan agresiva no era porque se sintiera insultado, sino porque le gustaría que olvidara aquella actitud infantil, aquella necesidad de llamar la atención y se centrara en su futuro... Probablemente aquella era una diferencia más que añadir a la lista. La diferencia entre morir a los treinta y cinco años o morir anciano, tras años y años de reflexión y experiencia.


No lo haré — prometió. ¿Cómo olvidarle, de todas formas? Sin duda, de haber podido, hasta hacía poco hubiera dado lo que hiciera falta para olvidarle. Ahora... No estaba seguro de qué quería. — Gabriel... — no estaba acostumbrado a presentarse, todo el mundo le conocía y no era necesario, Pero no hacerlo en aquellos momentos sería, ciertamente, de mala educación. Aún así... Sentía que se le atragantaba aquel nombre. Si no fuera conocido, podría presentarse como Antonio y el otro no creería que se estaba riendo de él. Siempre le había molestado que le llamara Antonio, en aquellos momentos lo hubiera preferido mil veces a aquel maldito Gabriel. — Gabriel Leclair, encantado. — se obligó a esbozar una sonrisa mientras le estrechaba la mano.

Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Miér 3 Ago - 8:48

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Estrechó su mano devolviendo la sonrisa efímera. Ladeó el rostro, apreciando los destellos multicolores del lugar reflejándose en la faz ajena.

Bueno, Gabriel, me compadezco de aquellos que no tienen criterio propio y se dejan arrastrar por el gusto común —respondió a su previo comentario, completamente seguro de sí mismo. Cuando soltó su mano, se acomodó en el sillón y añadió—: Sólo recuerda que las mejores obras no se hicieron por seguir los patrones arcaicos, mismos que le convienen al que presume de tener el poder.

Su convicción respecto al tema era firme, y nadie que le conociera sacaría a relucir dicha discusión sin haberse preparado previamente a recibir una buena dosis su ideología, la cual se basaba en la libertad y la progresividad, tanto artística como moral.

Tal vez no era el mejor sitio para discutirlo, pero fue inevitable que no subrayase, al menos superficialmente, su punto. Era demasiado fácil cuando las circunstancias lo disponían, sobre todo al hablar con alguien que sabía a lo que se refería. Es decir, no estaba hablando con el cantante más famoso del momento por nada.

Joseph Hadyn, por ejemplo, el padre de las sinfonías y del cuarteto de cuerdas. Nada de eso hubiese sido perfeccionado si no fuese por él. Monet, Dalí, Rimbaud. ¡Un sinfín de ellos! Revolucionarios... —guardaba una profunda y casi íntima admiración por el primer mencionado. Dio el último trago a su bebida, y se limpió los labios con el dorso de la mano— ¿Acaso no es sensato pensar que todo el que haya formado parte de los conformistas quedará eventualmente en el olvido?

Quedar en el olvido era probablemente su peor temor. Había trabajado tanto, se había esforzado de manera impresionante para poder sobresalir y ser el músico que cambiaría las cosas, que llegaría al corazón de las personas a través de verdaderos sentimientos, del amor, de la pasión, de su música. Eso no se lo conferiría ninguna actitud subyugada, como si de un esclavo se tratara.







Última edición por Mozart el Mar 27 Sep - 12:28, editado 1 vez


AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Vie 5 Ago - 14:26

On se reverra.
Se sentía como si hubiera vuelto atrás en el tiempo. Había escuchado tantas veces aquello de boca de Mozart que, escucharlo de nuevo, era dolorosamente agradable.

Sabía que no iba a conseguir convencer al otro de lo contrario, así como que el otro tenía razón... A medias. Por supuesto, la originalidad se agradecía siempre, la irreverencia, no tanto. Él se había quejado del hecho de que no supiera guardarse sus opiniones, no de que siguiera las reglas del estilo impuestas hasta el momento. Por suerte, y por desgracia, el hombre que tenía a su lado no iba a cambiar de opinión en ninguno de los dos aspectos.

¿Qué hay de Mozart? —  inquirió, ignorando deliberadamente el resto de argumentos, en especial el último. Nadie sabía mejor que él lo que era ser olvidado, al fin y al cabo. No necesitaba que nadie se lo dijera, especialmente Mozart, o Zachery, o como se llamara. — Haydn dijo que el estar aislado del resto de músicos le había obligado a ser "original", Monet no lograba mucho dinero con sus cuadros, Rimbaud solo publicó por sí mismo Una temporada en el infierno y dejó de escribir muy joven, optando porun trabajo seguro al final de sus días, y Dalí traicionó a sus amigos y a sus ideales para poder llevar una vida cómoda. Sin embargo, Mozart cumple todos tus requisitos: innovador, rebelde, original, irreverente, brillante, exitoso y el músico más importante de la historia. ¿Por qué no Mozart?

Dicho aquello, le tendió el vaso de cerveza que le había traído, por si lo quería para él, ya que parecía haberse terminado el suyo. Él no iba a beber, al fin y al cabo, y el otro parecía capaz de beberse todo lo que le pusieran por delante. Además, en cierto modo, aquel gesto parecía quitarle importancia a aquella pregunta, una pregunta cuya respuesta le interesaba mucho más de lo que quería mostrar.

Resultaba, cuanto menos, curioso que se ignorara a sí mismo, por mucho que no supiera quién era (porque a esas alturas, Salieri estaba totalmente convencido de que era él). Si se tratara de otro músico, quizás podía habersele olvidado. Pero era imposible ignorar la existencia de Mozart, especialmente si uno era músico.  ¿Por qué Haydn antes que Mozart? Desde luego, no dudaba del talento de Haydn, ni del de ninguno de los mencionados, pero seguía siendo... llamativo.

Por otra parte, Salieri era consciente de que Mozart siempre había admirado a Haydn y que habían sido buenos amigos en Viena. Pero... incluso Haydn había dicho que Mozart era el mejor compositor que conocía, y los sonetos que le había dedicado le habían fascinado. Quizás Haydn hizo mucho por los cuartetos, pero Mozart supo aprovechar sus enseñanzas e, incluso, mejorarlas.

La única persona a la que Mozart nunca había podido superar era a Gluck, pero ¿quien podía hacerlo? Tras años y años de historia musical, seguía sin encontrar a alguien como Gluck. Quizás Haydn era para Mozart lo que Gluck para él, quizás por eso lo anteponía. Aún así no podía evitar formular aquella pregunta, no podía evitar sacar aquel tema. En cualquier momento tendría que despedirse de él, y no sabía hasta cuando. Quizás no volverían a verse, quizás el otro no le recordaría jamás como Antonio Salieri, quizás sería Gabriel para siempre. Pero si había alguna posibilidad de dejar de serlo, de poder hablar con Mozart, y no con Zachery... iría a por ella, por muy egoísta que fuera.

Al fin y al cabo, siempre había sido egoísta.

Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Mar 20 Sep - 11:14

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Mozart...

Zach sopesó las palabras de Gabriel. Sus ejemplos, sus explicaciones, la forma cuidadosa en la que lo miraba y le extendía la botella de cerveza. Se perdió en la lenta transición de los acontecimientos, como si de pronto todo se manifestara en slow motion; una jugarreta de su cerebro, de sus sentimientos. Cada vez que pensaba en Mozart, un extraño vacío oprimía su pecho.

Le había escuchado, por supuesto. ¡Quién no!

Sin duda se trataba del músico más exitoso y mayestático de todos los tiempos. Incluso el hombre más ignorante y salvaje debió haberlo escuchado al menos un par de veces en su vida, ya sea por accidente. Y siendo el caso, aun en su mundo inculto, el individuo agreste tendría que haberlo disfrutado como el más grande de los placeres.

No obstante, Zach, lejos de sentirse seducido por su música, se sentía... incompleto, ansioso, confundido. Comprendía su complejidad y el porqué le tildaban como el más grande de los genios, pero, aun así, experimentaba una extraña necesidad por sanar una parte de sí que no la sabía rota.

De sus manos querían salir las notas cada vez que escuchaba, dentro de la quietud de su hogar, alguna sonata del compositor en YouTube. Rememoraba ciertos detalles como si él mismo los hubiera escrito. Inclusive podía pronosticar la llegada de una variante cada vez que escuchaba alguna de las obras que hasta ese momento no había tenido la suerte de escuchar.

Todo de memoria.

Aceptó, entonces, la cerveza, mas no dio ningún sorbo. Su mirada se adhirió al suelo, recordando aquellos inexplicables sucesos. Luego de un rato, alzó la vista y sonrió.

Me encanta Mozart. Es el mejor, sin duda alguna. —comentó lacónico pero sincero, perdiendo su típica energía y, en cambio, adoptó una postura bastante casual. Tomó un sorbo por fin, levantándose de inmediato, como si alguien repentinamente hubiera presionado el botón correcto— ¡En fin! Estoy ansioso por ver tu presentación. Quizás podamos toparnos en algún otro momento. Ha sido divertido charlar contigo.

Le miró desde arriba, acomodándose una de las pulseras de tela. Hace unos minutos se había propuesto preguntarle acerca de sus planes para la noche, pero la mención de Mozart le dejó completamente disperso. A juzgar por lo poco que habían conversado, Gabriel no parecía ser el músico pretencioso que siempre imaginó. No que pudiese decírselo de buenas a primeras, aunque no le costara en absoluto. Sencillamente ya carecía de importancia. El nombre del compositor austriaco seguía resonando en su cabeza.






Última edición por Mozart el Mar 27 Sep - 12:26, editado 1 vez


AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Vie 23 Sep - 18:29

On se reverra.
Una de las cosas que más echaba de menos de su vida anterior era el cielo nocturno, las estrellas. El cielo de ahora carecía de ellas. Algunas veces era hermoso, cuando la luna aparecía, grande y brillante, o cuando la ocultaban algunos jirones de nubes, levemente iluminados por aquella luz espectral.

Pero no había estrellas, las luces y la contaminación de la ciudad las ahogaban.

En aquellos momentos, Salieri se sentía como aquellas luces artificiales, como aquella contaminación asfixiante. Sentía que su egoísmo y su estupidez habían apagado a las estrellas que eran Mozart.

Había pensado que intentar recuperar a Mozart era egoísta. Probablemente para él era mejor tener una vida nueva, una vida que nada tenía que ver con la anterior, salvo la música; una vida en la que ignorara el hecho de que sobre sus hombros recaía gran parte de la cultura musical de la Edad Contemporánea, una vida en la que no echara de menos a todos aquellos que habían formado parte de lo que era porque estaban todos muertos, desde hacía siglos.

Aquella había sido la razón por la que había intentado hacerle recordar. Estaba solo, horriblemente solo. Pertenecía a dos épocas y a ninguna, y no tenía a nadie con quien compartir sus pensamientos. Y, por supuesto, le echaba de menos. Lo había hecho desde que había muerto. La ópera de Viena había muerto con Mozart. El fallecimiento de José II lo había anunciado, pero La Flauta Mágica le había dado esperanzas. Quizás, pese a que Leopoldo no parecía tan amante de la música como su hermano, se seguiría creando arte. Pero Mozart había muerto y la época dorada de la ópera austriaca con él y él... Él se había dado cuenta de cuánto había necesitado a Mozart. Tarde, estúpidamente tarde.

Y, estúpidamente, había tratado de hacerle recordar. Como si fuera tan sencillo, como si fuera posible hacerlo escuchando tu verdadero nombre. Como si no hubiera escuchado su nombre, su música y su vida mil veces porque Mozart... ¿Cómo no conocer a Mozart? Y cómo ignorar al compositor más importante de la historia si eras músico. Realmente, no sabía en lo que había estado pensando, o quizás no había estado pensando en absoluto. Y, desde luego, no había creído que la respuesta fuera... así. Distante, pausado... Parecía otra persona, y parecía no estar allí. Pese a que cogió la cerveza, parecía más un impulso que algo voluntario, y en lugar de mirarle a él, o a la bebida, su mirada se dirigió al suelo, y allí permaneció durante unos segundos. Segundos que se le hicieron eternos.

A él nunca le había pasado algo así, pero tampoco era como si hubiera escuchado Antonio Salieri muy a menudo, a decir verdad. Su nombre se había hecho conocido cuatro años después de que él naciera, gracias a aquella infame película que le había convertido en un villano espantoso. Pero cuando él tenía cuatro años las películas de Hollywood sobre compositores le eran, más bien, indiferentes. La había visto años después, por supuesto, y, si bien se había sentido realmente enfermo al verlo, en su día había pensado que era porque la historia no tenía ni pies ni cabeza (hasta un niño de tres años sabía que el Requiem lo acababa un alumno de Mozart, no Salieri, entre otras muchas cosas) y que, por tanto, la película era mala. Después de descubrir quién era, había supuesto que se trataba más del hecho de que se le redujera a un ser tan simple y malvado que solo buscaba destruir a Mozart que al hecho de que se hablara de él sin más.

Pero... Mozart era diferente. Su música estaba por todas partes, bandas sonoras, anuncios, canciones populares... No se podía hablar de música ni estudiarla sin mencionar a Mozart. Si Zachery reaccionaba así cada vez que su otro nombre era mencionado... ¿Cómo debía ser su vida? ¿Qué sentimientos se esconderían tras aquella mirada perdida? ¿Frustración, incapaz de entender qué le pasaba? ¿Tristeza, si sentía que le faltaba una parte de él? Quizás no sentía nada, quizás era un mecanismo de defensa de su cerebro, tratando de hacer que olvidara porque ser Zachery era mejor para él.

La impotencia y el autodesprecio le invadían. No sabía qué tenía que hacer, ni si tenía que hacer algo, ni qué estaba pasando. Lo único que sabía era que era su culpa, y aquello empeoraba todo, porque siempre era su culpa, ¿verdad? No pudo evitar pensar en la última vez que lo había visto, con la mirada vidriosa, diciendole que iba a morir, que iba a morir sin acabar su Requiem. Parecía tan perdido como en aquellos momentos y, aunque sabía que no era igual... No podía evitar sentirse de la misma forma: miserable.

Finalmente, Mozart volvió a la vida, pero no eraél, era el cielo sin estrellas, el cielo apagado por la estupidez humana. Su estupidez. La respuesta que dio pareció tan mecánica y forzada que sintió cómo algo dentro de él se rompía. Estaba acostumbrado a escucharse a sí mismo hablar de su música de una forma completamente diferente a como él la sentía, obligado a decir cosas que no era capaz de creer. El hombre que tenía delante no sabía fingir, ni disimular. Quizás el sentimiento de desprecio no existía en su declaración, quizás realmente pensaba lo que decía pero... Le faltaba la luz. Aquella luz cegadora que tan incómoda le había parecido y a la que había odiado por ello, sin darse cuenta de que incluso aquel que no puede ver necesita una luz que le guíe.

Entonces se levantó, y parecía que había vuelto a su ser, pero Salieri sintió que había perdido toda oportunidad de hablar con él. Casi parecía que quería huir de allí. Era, en cierto modo, irónico cómo se habían cambiado las tornas. Pero él no sabía, quería ni podía retenerle más tiempo. Lo único que había sacado en claro de todo aquello era que, si Mozart volvía, no sería gracias a él ni mucho menos, así que no era nadie para intentarlo. Quizás lo mejor era que dejara de pensar en él como Mozart, porque realmente no lo era. Era Zachery, vivía la vida de Zachery, respondía a nombre de Zachery y era feliz como Zachery. Que su vida no fuera feliz no le daba ningún derecho a arruinar la de otra persona, especialmente cuando ya la había arruinado años atrás precisamente por el mismo motivo.

Salieri se levantó de su sillón, casi por acto reflejo. Aquello sonaba como una despedida, una que no aseguraba ningún reencuentro, tan solo era una formula de cortesía, algo que sabía porque, al fin y al cabo, él lo había dicho muchas veces, casi siempre sin realmente desearlo. Aquel pensamiento le hizo un nudo en el estómago que trató de disimular con una sonrisa.

Claro. — asintió. — Lo mismo digo. — sus palabras sonaban tan huecas como ridículas. Había tantas cosas que le hubiera gustado poder decirle que desperdiciar aquellos momentos con palabras tan... vacías le resultaba odioso. Pero... ¿qué podía hacer? — Espera... — sentía que se estaba cavando su propia tumba cuando sacó de la cartera una de sus tarjetas de visita, que le tendió sin dejar de mirarle. — Por si te apetece charlar de nuevo.

Al parecer, a él le apetecía que le diera un ataque al corazón cada vez que su móvil vibrara, lo cual ocurría a menudo, aún sabiendo que aquella tarjeta acabaría en la papelera. Moza... Zachery no era como el resto del mundo, no le importaba la fama si no era a través de sí mismo, de su propio arte, por lo que no le interesaría su amistad (si es que a aquellas relaciones basadas en el mero interés se le podían considerar tal). Se sentía patético depositando todas sus esperanzas en aquel pequeño trozo de cartón, especialmente teniendo en cuenta la cantidad de veces que sus esperanzas habían sido reducidas a cenizas en menos de una hora (todo un récord), pero era lo único que se le ocurría.

Una voz le sacó de sus pensamientos, informándole de que finalmente era su turno. Casi se le había olvidado que estaba allí para cantar, que estaba allí para ser el protagonista de la noche, título que en absoluto se merecía.

Ha sido un placer, Zachery. — se despidió, dirigiéndole una última mirada antes de dirigirse al escenario.

El público le recibió con gritos y aplausos, y se obligo a sonreír y saludar a sus fans, aunque en aquellos momentos lo único que quería era estar solo. Por suerte, cantaría su canción y se podría ir a casa.

Los acordes de L'Assasymphonie empezaron a sonar, y se dejó llevar por la música. Por suerte había elegido la canción, si bien no la más reciente, más popular y aquella con la que había logrado sacar todo lo que sintió... sentía. Jamás podría olvidar la música de Mozart, jamás podría librarse de lo que provocaba en él, igual que jamás podría amar sus propias creaciones. Había pensado que el enemigo era Mozart, pero después había descubierto que era él mismo, destrozándose internamente porque no era capaz de encontrar nada bello en lo que creaba. Quizás Mozart había sido su rival, quizás Mozart había despreciado su música... Pero el verdadero villano era él. Tanto de la historia de Mozart como de la suya propia. Y, aún así, lo único que le quedaba para lograr liberarse era la música, su música, aquella que tanto despreciaba.

El reencuentro con Mozart había avivado aquellos sentimientos de nuevo, le había recordado realmente qué trataba de transmitir en aquella canción. Quizás para el público estaba representando su mayor éxito mejor que nunca, pero lo que realmente pasaba era que lo estaba sintiendo más que nunca. Sentía que necesitaba gritar todo lo que había ocultado al mundo, y qué mejor forma que hacerlo delante de tanta gente, gente que creía que aquello era una canción sin significado real. Y de Mozart, aquel al que nunca podría decirle nada de aquello, al igual que no le podría decir que la mayoría de sus canciones las había inspirado él, porque sus canciones escondían todo aquello que nunca había sido capaz de decir.

Cuando acabó, sintió que tenía los ojos húmedos, así que parpadeó tratando de contenerse mientras hacía una reverencia, se despedía del público con una sonrisa y salía corriendo hacia el backstage, para evitar que le pudieran preguntar nada, porque dudaba que fuera capaz de decir nada sin que se le rompiera la voz. Aún así en el corto trayecto no dejó de mirar a su público, ni de saludar con la mano, porque tenía que disimular.

Cuando llegó a la parte trasera del escenario, se sintió más seguro. Al fin y al cabo, si nadie se había parado a hablar antes con él, no lo haría ahora. Como era de esperar, estaba equivocado, pues varios de los allí presentes se acercaron para felicitarle. Salieri se deshizo de ellos articulando varios "gracias" y sonrisas forzadas mientras se abría paso hasta la salida.

Finalmente, logró llegar al aparcamiento, donde estaba su coche. Echando la vista atrás, quizás debería haberse esforzado en disimular más, pues sin duda se había ido demasiado rápido, pero ya er tarde para arrepentirse. Siempre lo era. Si alguien le preguntaba, diría que tenía una cita y temía llegar tarde.

El cumpleaños de su tía abuela segunda parecía una buena excusa, pensó, con ironía, mientras arrancaba el vehículo en dirección a su casa.
Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Mar 27 Sep - 13:36

on se reverra
wolfgang a. mozart
con antonio, diciembre.
Decir que no se sorprendió de haber recibido aquella tarjeta de presentación sería una absoluta mentira. Fue, si bien no imposible, sí inverosímil. Había escuchado rumores, los había leído también a través de toda la web; rumores en los que se aseguraba la actitud frívola y en demasía hermética del músico que ahora le tendía su número.

Según las planas, el cantante italiano era ése tipo de celebridades que preferían limitarse a realizar su trabajo y no involucrarse demasiado en cualquier tema de índole sensacionalista, así como tampoco se le veía confraternizando con demasiadas personas del espectáculo (no de forma recurrente).

Su duda se vio reflejada en el tiempo que tardó en aceptar el papel, mas Gabriel no parecía tener intención alguna de retirar su ofrecimiento y mermar su determinación.

Zach llegó a la única conclusión que podía ocurrírsele, y es que quizás Gabriel querría recurrir, eventualmente, a algún tipo de colaboración. Es decir, anteriormente no había titubeado en manifestar cuánto le había gustado el trabajo de Zachery, y a juzgar por el interés que mostró durante su conversación, diría que aquella conclusión debía ser la más acertada, o al menos la más cercana.

No que realmente sintiera deseos por realizar ninguna asociación con el músico del momento, pese a los beneficios que ello le acarrearía. Zach se caracterizaba por ser un músico versátil, y la música de Gabriel tampoco podía ser tildada como deplorable, pero en definitiva no se sentía realmente tentado por la idea.

Sin más, terminó por aceptar su tarjeta y asintió levemente cuando su acompañante se despidió, listo para emprender camino hacia el escenario.

El placer ha sido mío, Gabriel. Rómpete una pierna.

Le deseó suerte de una manera peculiar, dirigiéndose posteriormente hacia una de las zonas en donde fuera capaz de observar su presentación. Había algo en él..., y no precisamente encontraba familiaridad en el tono de su voz ni en la forma en que interpretaba la canción, sino en su esencia propia, en sus movimientos, en la mirada penetrante e indescifrable que poseía, en la forma en que contaba historias.

Una vez más sintió como si fuera víctima de un déjà vu, de un suceso bastante hilarante al cual no sabía poner nombre e ingenuamente lo adjudicaba a la popular imagen de quien ante sus ojos desempeñaba una de las actuaciones más auténticas que hubiera visto jamás. El dolor, transmitido como si miles de aguijones estuviesen siendo clavados en cada parte de su cuerpo, se antojaba realmente palpable.

Lo que aconteció segundos después de que Gabriel desapareciera de la tarima fue bastante vago, casi nubloso. Habiendo pasado dos semanas después del festival, Zach todavía no podía recordar con precisión la secuencia exacta de sucesos posteriores. Algo semejante a una fiesta de clausara y un after party que duró hasta las cinco de la madrugada. Se dejó llevar por la sensación de libertad, porque siempre se trató de un hombre que amaba disfrutar la vida; la gozaba con implicaciones de carácter desinhibido y cualquier excusa era suficiente para entregarse al placer y al esparcimiento.

Lo que sí recordaba con exactitud fueron los días que le siguieron, esos en los que encontró en el bolsillo de su pantalón una pequeña tarjeta maltratada que llevaba el nombre de Gabriel. Zachery tardó 15 días en encontrarla y, por supuesto, caviló un poco antes de tomar su teléfono celular en una noche sabatina y marcar el número impreso.

Entretanto la línea sonaba, jugueteó con una de sus baquetas recién adquiridas.






AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Miér 28 Sep - 20:22

On se reverra.
Lo primero que hizo a llegar a casa fue buscar al grupo de Zachery en Youtube, y escuchar su música hasta que las letras perdieron significado, hasta que solo escuchaba música, música en estado puro. Soberbia, hermosa, desgarradora... ¿Cómo podía haber ignorado su existencia? ¿Cómo no era más conocida? ¿Cómo podía triunfar él, y otros muchos, habiendo cosas así?

Aquella música se había convertido en su nueva obsesión, y no podía dejar de escucharla. La melodía era sublime y el cantante... Podía escuchar su voz. Sabía que era enfermizo, y sabía que aquello debería parar, porque tan solo se estaba haciendo daño torturándose de aquella manera. Sabía que Zachery no quería tener nada que ver con él. Lo había sabido desde que se había levantado del sillón, y, aún así, le había tendido la tarjeta. Sabía que no había esperanzas y, aún así, no había podido dejar de mirar su teléfono cada minuto que pasaba, asegurándose de que le avisaba de las notificaciones, de que tenía cobertura o de que le llegaban los mensajes.

El primer día había supuesto que estaría de fiesta y que, desde luego, no iba a pensar en él. Al día siguiente había querido creer que estaba de resaca, y al siguiente que estaría ocupado, y al siguiente y... Y así había pasado una semana, hasta que había perdido completamente las esperanzas de volver a encontrarse con él. En realidad, había sabido siempre que aquello pasaría, simplemente, había una parte de él (estúpida, horriblemente estúpida) que se encargaba de alimentar sus esperanzas. Aquella parte de él que le hacía despertarse repetidas veces a lo largo de la noche y le animaba a comprobar las notificaciones... Para nada. Nunca había nada.

Lo único que le quedaba era su música... Y su voz, lo cual era todo un avance. Cuando Zachery había sido Mozart, las grabadoras de voz no existían, ni las cámaras de vídeo. Ahora podía escucharle, podía hacerlo todas las veces que quisiera porque... Porque jamás conseguiría volver a hablar con él, porque lo había arruinado todo, como siempre hacía. Así que se limitaba a escuchar sus canciones una y otra vez, porque era lo único que podía hacer.

Sabía que estaba actuando como un adolescente con las hormonas revolucionadas por su ídolo musical pero... era diferente, era mucho más. Y, probablemente, mucho peor. Su comportamiento era lamentable, era ridículo, era repugnante. Sabía que no tenía ningún derecho a hablar con él, y sabía que le odiaba, y lo único que se le ocurría era torturarse escuchándole, sumergiéndose en aquella espiral de autodesprecio y culpa, en lugar de tratar de pasar página de una maldita vez.

Lo había intentado, por supuesto. Había tratado de escuchar otra cosa, de pensar en otra cosa, de centrarse en su trabajo y en las entrevistas... Y había fracasado. Había fracasado porque era débil y estúpido y cuando volvía a quedarse solo, volvía a ponerse aquella música, porque no tenía fuerzas para nada salvo para seguir haciéndose daño. Encontraba cierta satisfacción en ello, no merecía nada bueno, así que se castigaba a sí mismo de aquella manera. Nunca podría redimirse, así que no le quedaba otra, visto que ni siquiera le aceptaban en el infierno.

El hecho de que faltaran pocos días para Navidad tampoco ayudaba, más bien lo contrario. Salir a la calle era sinónimo de ver a la gente comprando regalos para sus seres queridos. Era luces, risas y diversión. Era niños emocionados con la llegada de Santa Claus y familias pasando las fiestas juntos. Él no tenía nada de aquello, sus padres habían muerto hacía años, sus amigos celebraban la Navidad con sus familias, la felicidad era algo que hacía años que le rehuía y hacía mucho que había dejado de creer en Dios como para poderle buscar un sentido espiritual a aquellas fechas. Y, además, era diciembre.

Mozart había muerto en diciembre. Era un mes frío y desolador, al cual le habían añadido la Navidad para hacerlo menos inhóspito. Así que se había encerrado en su casa, de la que solo salía cuando algún compromiso lo requería. También le había dado vacaciones adelantadas a la mujer que limpiaba su casa, pensando que quizás hacer por él mismo las tareas le ayudaría. Como era de esperar, no había mejorado nada salvo su total y absoluta soledad.

Cuando su teléfono sonó aquella noche, había perdido completamente las esperanzas de que le llamara, de modo que ni por un instante se planteó que el que pudiera estar al otro lado de la línea fuera él. De hecho, cuando descolgó, pensaba que sería el restaurante al que había encargado la cena para decirle que no podrían servirle algo porque no les quedaba. Llevaba tantos días pidiendo comida a domicilio que no sería la primera vez que le pasaba. Hacía dos días había tenido que cambiar el batido de arándanos por uno de chocolate, y la semana anterior no quedaba brownie, así que había tenido que optar por tarta de queso. Cuando las cosas salían mal, salían mal en todo.

¿Sí?


Antonio Salieri
Wolfgang. A. Mozart - Diciembre.







By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Vie 30 Sep - 12:20


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
En lo que aguardaba tras la línea, siguió girando la baqueta y se dirigió hacia la batería de su estudio. El lugar era muy poco convencional, asemejándose más a una gran bodega que a un hogar en particular. Gustaba de mantener las cosas regadas por doquier, y no había un solo adorno navideño a su alrededor. Nunca solía celebrar las fiestas en su casa, solía hacerlo, más bien, en los bares o en los restaurantes, rodeado de un sinfín de desconocidos, así como de los tantos amigos que con el tiempo fue adjudicándose.

Uno, dos, tres tonos. Por fin una voz detrás del auricular se pronunció mientras jugaba con el pedal del instrumento. Fue suave, ausente, lacónica, pero pudo reconocerla sin ningún esfuerzo.

Aquella noche en el festival, durante su momentánea conversación, la voz ajena era opacada por el estruendoso sonido del festival. Tanto el clamor del público como la sonoridad de las bocinas convirtieron su intercambio de palabras en un suceso excesivamente impersonal, mas las entrevistas que los medios publicaban fueron suficientes para darle un silbido de familiaridad.

Signore Gabriel? –sonrió para sí mismo y se mordió el labio inferior intentando contener la risa– Hablo de parte de su veterinaria local. Lamento decirle que su perro ha muerto, muerto. Mas no se preocupe, tenemos un par de conejos que podrían sanar el dolor de su pérdida —estaba enteramente seguro de lo absurdo de sus palabras, mas poco le importó— ¡Pero le advierto, deberá ser extremadamente precavido! Se cagan por aquí y por allá, aunque puede usar su mierda como abono para sus plantas. En ocasiones es muy, muy comestible.

Burlesco de naturaleza solía gastar diversas bromas sin pensar en las consecuencias, o si eran divertidas o no para su interlocutor. La oportunidad se le presentaba gratuita, así que no dudó en tomarla. En un principio no pensó en ello siquiera, quizá recurrir al típico y aburrido "¿cómo te va?"... ¿Pero dónde estaba la diversión en eso? Probablemente hasta le seguiría la broma, o quizá ni siquiera notaría que se trataba de una... en caso de que (y lo dudaba demasiado) su perro estuviera, efectivamente, en la veterinaria.

A decir verdad, no le sorprendía que a Gabriel le hubiese gustado su música, mas sí le sorprendió que le diera su número personal, como si fueran un par de desconocidos con verdadera intención de tratarse, como si no hubiera segundas intenciones de por medio, como si una celebridad de su nivel no tuviera inconveniente en regar por doquier su número, aun a sabiendas del riesgo que corría haciéndolo (sobre todo al tratarse de alguien relativamente inaccesible).

Sorpresa, sorpresa.

Sintió, honestamente, un poco de ansiedad al corroborar que se trataba de él, que no había sido una broma de muy mal gusto. Podía besarle el culo si se hubiera dado el caso: no necesitaba ni las mofas ni la lástima de nadie, incluso si se trataba del músico más popular o la mismísima Reina de Inglaterra.

Dio un par de toques a la batería mientras se regocijaba con su genialidad.
Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au




AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Sáb 1 Oct - 0:40


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
Para su sorpresa, por primera vez en... Dios sabía cuánto tiempo, pese a estar equivocado, se alegraba de estarlo. La voz al otro lado, aquel horrible acento italiano, aquellas bromas sin gracia y aquel uso de la escatología como si fuera algo divertido... Era él. Salieri pudo notar cómo se le hacía un nudo en el estómago, cómo su corazón se detenía y cómo las lágrimas volvían a aflorar en sus ojos, y no por la muerte de su perro, precisamente.

¿Mo... — Empezó a decir, con la voz ahogada, antes de darse cuenta de que estaba mal. No, no era Mozart. Sabía de sobra que no era Mozart, que no respondía a aquel nombre y que no podía decirlo. Sin embargo, aquella broma era tan... Tan él que, realmente, tenía que dar gracias por el hecho de que en el siglo dieciocho los teléfonos aún no se hubieran inventado. — ...Molto spiritoso, Zachery.  —  se corrigió, tratando de poner un tono de voz neutro, haciendo especial hincapié en el nombre ajeno. No porque quisiera recordarse a sí mismo que se llamaba así (no Mozart, y quizás nunca sería Mozart, así que debería quitarse aquella idea lo antes posible), sino para hacerle ver que le había reconocido, que podía ahorrarse aquellas bromas... Y el italiano.  Sobre todo el italiano.

En realidad, sabía que podía parecer... extraño que reconociera su voz pero, a decir verdad, poca gente le llamaba a ese teléfono y, de los que lo hacían, ninguno era un número desconocido, y recientemente solo le había dado su teléfono a él.  En realidad, se le ocurrían mil excusas para ocultar el hecho de que estaba obsesionado con él... con su voz, con su música. No había querido buscar nada sobre su grupo, ni sobre su vida. Por supuesto, sentía curiosidad, pero sabía que era lo peor que podía hacer. Mientras menos supiera de Zachery, menos enfermizo resultaría todo, o eso quería pensar. A él le importaba su música, no su vida, porque no pertenecía (ni pertenecería) a ella.

O, bueno, eso era lo que había pensado hasta hacía unos segundos. Y, en cierto modo, quería seguir pensándolo. Que le llamara no quería decir nada, realmente. Quizás era algo mejor que el que le ignorara completamente, pero seguía sin ser algo que pudiera darle esperanzas. Y, aún así... Sentía que su mundo, en aquellos momentos, giraba en torno a su móvil, que no  importaba nada más.  Pese a que aquella broma había sido tan horrible que se preguntaba seriamente cómo podía importarle tanto una persona que tenía un sentido del humor tan pésimo, era lo mejor que le había pasado en... semanas.

Y precisamente por ello, sintió un ataque de pánico durante unos segundos. Había sido tan desagradable que temía que el otro le colgara por ello. En realidad, era la reacción más natural pero... Pero quizás no podía permitirse ser natural, no cuando todo dependía de un hilo.

Entonces... ¿en tus ratos libres de dedicas a vender conejos rompiendo el corazón de miles de dueños de perros o simplemente te aburren las fórmulas protocolarias y quieres saludar de forma original? — inquirió, descubriendo, una vez más, que ser gracioso no era lo suyo y que quizás debería encerrarse para siempre en su casa para evitarse hacer el ridículo delante de Mozachery cada maldita vez que abría la boca.



Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au




Última edición por L'Assasymphonie el Sáb 1 Oct - 20:56, editado 1 vez



By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Sáb 1 Oct - 2:19


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
No le conocía en absoluto como para ser capaz de predecir cualquier tipo de reacción. Las opciones eran infinitas. Bien podría haberle colgado el teléfono o puntualizar que su broma no era otra que una de muy mal gusto.

¿Cuántas veces había recibido incontables tipos de reprimendas debido a su comportamiento pueril? Irreverencias de su parte, puertas cerradas, uno que otro miembro de su banda optó por quejarse y manifestar su descontento –los más zurcidos– mientras que el resto simplemente se reía con él. Por eso, entretanto aguardaba por una respuesta, no supo pronosticar ni servirse de suposiciones.

Aguardaba, solo aguardaba con una risa contenida que, finalmente, estalló en cuanto escuchó su sentencia. Rió en una carcajada que le hizo apretar los párpados e iluminar sus facciones. Incluso se encogió levemente al no ser capaz de soportar la hilaridad de la situación.

No se molestó en ocultar el sonido o siquiera ahogarlo. Le dejó escapar de la misma forma en que un león libera su rugido: de forma natural. Al cabo de unos segundos que se antojaron eternos, se relamió los labios y aclaró su garganta, tomando aire.

Grazie mille, signore. —volvió a tomar la baqueta y, aunque no pudiese verlo, encogió los hombros, totalmente casual— No, no. Diría que ambas. Honestamente buscaba confundirte, y debo reconocer que tu respuesta ha sido magnífica. Esperaba cuanto menos que colgaras el teléfono. —todavía había residuos de diversión en su voz: suave, casi cantada y totalmente distendida, carente de embarazo o tensión. El moreno no lo sabía, pero Zachery seguía sonriendo.

Cuando se acomodó en el banco, un tic se apoderó de su pierna derecha, probablemente debido a la inquietud de querer decir tantas cosas pero no saber precisamente cuáles. Sentía cierta necesidad por soltar una de sus típicas verborreas sin sentido que, al mismo tiempo, tenían demasiado sentido. Inexplicable acontecimiento sin duda, porque aunque no era una persona de carácter introvertido o seco, lo cual convertía su anhelo en algo perfectamente usual, realmente no sabía cuál era la relevancia o el punto de dicha sensación, si es que no tenían nada que discutir de buenas a primeras.

En los días previos jamás recordó que en su chaqueta de cuero se encontraba el número de Gabriel, ni un destello. Sin embargo, al encontrar su tarjeta, no caviló en tomar su móvil y llamarlo sin haber pensado en lo que pudiera decirle, o en inventar alguna excusa detrás de su llamada. Lo más seguro era que se tratase de llana curiosidad, de un típico impulso; duda.¿Qué era aquello que coaccionó a Gabriel para ofrecerle un posible contacto, una posible relación?

¿Cómo te va, Gabriel? ¿Cómo has sabido que era yo?

No era una pregunta que tuviese mucha relevancia, simplemente se le ocurrió de repente. Sonaba genuinamente cordial, contrario a la desfachatez previa.
Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au




AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Sáb 1 Oct - 20:40


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
Dejó caer la cabeza en el respaldo del sofá, mientras cerraba los ojos, haciendo que dos lágrimas rodaran por sus mejillas. Era patético que se pusiera a llorar simplemente por escuchar la risa de otra persona, otra persona que ni siquiera le conocía, que le había intentado gastar una broma horrible por teléfono. Era patético porque estaba aferrándose a una persona que ni siquiera existía tratando de encontrarle un sentido a su propia existencia.

Cuando Zachery volvió a hablar, se reincorporó, secándose las lágrimas, porque sabía que tarde o temprano tendría que hablar, que tarde o temprano tendría que hacer como que estaba tranquilo, perfectamente tranquilo, como que aquella llamada no significaba nada para él.

Tomó aire, tratando de tranquilizarse mientras el otro le ¿felicitaba? por su respuesta. Realmente, no sabía a dónde quería llegar Zachery. ¿Le había llamado para que le colgara? ¿Significaba aquello que no quería realmente hablar con él? ¿Quería ahora hacerlo al haberle dado una "respuesta magnífica"?

Nunca había entendido a Mozart. Lo había intentado, por supuesto, pero mientras todo el mundo le había parecido siempre relativamente fácil de leer, Mozart siempre había sido... diferente. No era como el resto de la gente, ya fuera algo genuino o simplemente que se esforzaba en apartarse de todo aquello considerado "correcto". Salieri, gran defensor de los valores y de lo "correcto", siempre se había topado con un sinfín de incógnitas al intentar entender aquello que se salía del molde, aquello a lo que no estaba acostumbrado.

Y le frustraba, desde luego. Le frustraba no saber qué ocurría, qué tramaba, qué quería. Y, aquella vez no era diferente. Pero llegados a aquel punto, descifrar las palabras del otro se había convertido en algo secundario. Quería aprovechar aquel momento.

Si algún desconocido supiera este teléfono, lo último que haría sería colgar y darle carta blanca para molestarme siempre que le viniera en gana. — añadió, simplemente.

No había nada como dar a entender que algo te había molestado para que se recurriera varias veces al mismo truco. Podía bloquear el teléfono que le llamara, pero el otro siempre podía hacer público en internet el suyo para vengarse,  teniendo en cuenta su repercusión mediática, aquello no se reduciría a cuatro llamadas de un par de personas tratando de hacerse las graciosas. En realidad, aquella era solo una excusa, pero era lo suficientemente verosímil como para no tener que justificar nada más.

Bien — mintió. Como si no llevara dos semanas llorando mientras escuchaba la voz de una persona que probablemente le odiara. — ¿Y a ti? — preguntó, más por cortesía que por otra cosa. Como si algo le pudiera ir mal, o como si algo le fuera mal y se lo fuera a contar a una persona con la que había hablado diez minutos, dos semanas antes.

Y ahí estaba la pregunta que había supuesto que le haría, aquella con la que tenía que mentir y para la que había ideado mil excusas. Se le daba bien mentir, se dedicaba a hacerlo. Tan solo se permitía ser sincero con la música.

Siempre había ocultado sus sentimientos en público, pero la música... Su música era expresiva, demasiado expresiva, incluso. Quizás por eso la había odiado tanto, porque era el reflejo de todo aquello que había dentro de él, todo aquello que odiaba.

Su música era mala porque sus sentimientos eran malos, eran asfixiantes, eran venenosos. Mozart, en cambio, no era malo. Podía ser irritante, podía ser rebelde, podía querer sembrar el caos, pero no había maldad en él. Y por eso su música era brillante, colorida y hermosa.

Eres la única persona que tiene mi número pero cuyo teléfono desconozco. Podrías haber tirado la tarjeta y que la hubiera encontrado otra persona, pero de ser así me hubiera llamado antes, probablemente. Aún así no podía estar seguro, pero prefería arriesgarme a aceptar que un perro que no tengo hubiera fallecido. Supongo que... intuición. — O simplemente obsesión, pero no era algo que pudiera decirle.

Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au





By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Sáb 15 Oct - 11:13


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
Me va estupendo —exclamó y sonrió de par en par aunque no pudiera verlo—. Esta semana viajaré a USA. Presentaremos nuestro nuevo sencillo en televisión. Creo que es la oportunidad perfecta para darnos a conocer en aquellos lares.

Deseaba con todas sus fuerzas poder hacerse de un nombre y triunfar haciendo aquello que más pasión le provocaba. La música, el más grande amor de su vida. La emoción y la intriga por saber qué pasaría en tierras norteamericanas lo tenían mucho más inquieto que de costumbre. No dudaba, por supuesto, que su exorbitante talento lo llevaría a conseguir las estrellas, siendo él la más grande de todas.

Se frotó la nariz y, haciendo uso de las baquetas, volvió a dar  unos cuantos golpes descuidados a la batería mientras le escuchaba hablar. La agudeza y seguridad con las que Gabriel respondió a su tentativa de mofa fueron en verdad dignas de las críticas e interpretaciones que los medios de comunicación solían divulgar respecto a su personalidad.

Sin embargo, no tomando en cuenta la falta de humor en sus sentencias, ni la prudencia de sus palabras, el músico que le había ofrecido su teléfono no parecía ser el hombre presuntuoso y 100% cerrado que los periodistas presumían. Desde el primer momento creyó que sería completamente inaccesible, y sin embargo allí estaba, recibiendo respuestas que, si bien seguían siendo cuidadosas, también eran obsequiosas, casi melancólicas.

A Zach le producían una curiosidad estratosférica, y ése era el motivo por el cual había decidido no tirar su tarjeta de presentación desde el comienzo. Además, nunca fue enemigo de las relaciones casuales entre colegas. Tampoco es como si tendiera a creer en las palabras de sujetos basados en las apariencias con ánimo de lucro.

Suena lógico. ¿Sabes? Estaba pensando que antes de irme podrías escucharlo primero. ¿Un café te parece bien? Escuché de una nueva cafetería en donde preparan un capuchino exquisito.

Para aquel entonces ya había dejado las baquetas a un lado y ahora mordía las pulseras de cuero que colgaban de su muñeca. Comúnmente no se abriría tan fácilmente ante una persona que podría representar un peligro para su carrera. Plagios eran el principal motivo. No obstante, la idea se le antojo maravillosa; sobre todo al experimentar la imperante necesidad por explicar la curiosidad que Gabriel le producía, así como por sentir unas ganas tontas de verlo otra vez.

¿Era acaso algo normal? No podía denominarlo como simple atracción física, la cual comúnmente sería la explicación obvia debido a sus aficiones pseudorománticas. No, había algo más, algo que definitivamente lo adjudicaba al arrepentimiento de una impresión errónea y de los prejuicios que alguna vez tuvo.
Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au




AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Dom 16 Oct - 20:22


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
Eso es... es fantástico. Enhorabuena. — respondió, y, por una vez, pudo permitirse ser sincero.

Quizás demasiado, demasiado cercano, demasiado alegre para estar hablando con alguien a quien supuestamente no conocía pero, quizás, aquello era una ventaja. Zachery no tenía ni idea de cómo era realmente porque habían hablado solo una vez, y muy poco tiempo. Aún así, él sí que se conocía a sí mismo como para darse cuenta de que parecía que tenían mucha más confianza que la que realmente había entre ellos.

Y, a quién iba a engañar, nunca nadie le había pintado, precisamente, como la persona más amable y cercana que podías encontrarte. Sin duda Zachery habría escuchado aquello...¿Y si se pensaba que estaba actuando de aquella manera porque quería aprovecharse de él, o algo por el estilo? ¿Y si se daba cuenta de que estaba obsesionado hasta llegar a niveles enfermizos con él? Y lo peor no era eso, lo peor era que aquello ocurría porque creía que era la maldita reencarnación de una persona que había conocido hacía dos siglos porque él también creía ser una reencarnación. Aquello parecía digno de una pelicula de serie B, o de que le encerraran en un manicomio con camisa de fuerza incluida.

Sin embargo... No quería tampoco ser distante, frío o desagradable. No quería que pensara que era, precisamente, lo que era. Solo tenía que recordar las primeras palabras que le había dirigido Zachery para saber que despreciaba a la gente como él (como si no lo supiera de antes). No quería perder aquella pequeña esperanza, aquella luz que brillaba al otro lado de la línea. Sin embargo sentía que, hiciera lo que hiciera, volvería a quedarse solo, si no empeoraba la situación.

Y entonces, la voz de Zachery volvió a hacer que se le parara el corazón, e incluso se olvidara de sus paranoias. Casi sentía estar soñando. Casi, porque él no soñaba, él tenía pesadillas. Sin embargo, aquello era tan... Tan increíble que no podía ser cierto. Es decir, habían hablado dos veces, contando con aquella, y de nada especial. No sabían nada el uno del otro (al menos desde el punto de vista de Zachery) y, sin embargo, parecía confiar en él lo suficiente como para enseñarle una canción que nadie había escuchado aún. Y no solo eso, sino que significaba volver a verle.

Aquello quería decir, por otra parte, que quizás su comportamiento estaba siendo el correcto, o que, al menos, no estaba asustando a Zachery. Realmente, tampoco podía entender por qué ocurría aquello pero, una vez más, ¿cuándo había entendido a Mozart? Simplemente tenía que sonar no-tan-desesperado-por-escuchar-aquella-canción como lo estaba en realidad cuando respondiera.

Sería todo un honor poder escucharla — respondió, haciendo una pausa pensando qué decir a continuación.— Dime cuándo te viene bien e intento buscar un hueco. — añadió, aún sabiendo que no tenía nada en su agenda aquella semana porque...

Porque era Navidad, la mayoría de la prensa estaba de vacaciones, sus conocidos estaban ocupados y él no tenía planes salvo quedarse en su casa comiendo dulces, escuchar a Los Flautulentos y odiarse.

Aún así, sonaba mucho menos desesperado decir aquello, como si realmente estuviera ocupado y como si mientras antes le dijera cuándo, corría menos peligro de que le saliera otro compromiso, que simplemente preguntar la fecha y la hora como la persona ansiosa por escuchar aquella canción que realmente era.

Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au





By Snicket ♥

Tu Vas Me Détruire:


By Mozart♥
AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
267

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Wolfgang el Mar 1 Nov - 4:38


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
Cualquiera creería que la agenda de Gabriel estaba repleta de compromisos laborales y personales debido a los tiempos que corrían. Cualquiera hubiera pensado que aceptar una sencilla invitación para tomar el café no era más que un evento de poca importancia al cual no aceptaría ir, mucho menos tratándose de una persona a la que acababa de conocer y que no le aportaba beneficio alguno.

Y, sin embargo, Gabriel aceptó sin vacilar. Probablemente se debiera a que no sabía cómo decir no, por tanto su personalidad le obligaba a actuar de manera cortés. Comoquiera que fuera, Zachery se conformó con su respuesta, no habiendo esperado demasiado desde un principio, de modo que una sensación de inquietud recorrió su espina dorsal.

El hecho de que aceptara solo comprobaba la falta de arrogancia que alguna vez le adjudicó, ignorando el verdadero carácter del cantante y dejándose llevar por aquello que los medios decían de él. Gustoso, sonrió pese a que el italiano no pudiera verlo, levantándose víctima de la ansiedad, recorriendo su estudio mientras hablaba.

¡Excelente! Ahora mismo me viene bien. —intervino sin pensar en lo que decía, hasta que por obra del cielo pudo escuchar el eco de sus palabras, asimilándolas. Se enredó un poco para volver a abrir la boca, producto del típico impulso— O mañana por la tarde. Pasado mañana, como más te convenga. En lo personal preferiría verte antes, le plus tôt possible.

Hablaba rápido, con entusiasmo. No es como si se hubiera estado comiendo la cabeza durante la semana posterior a su encuentro. Las negociaciones del viaje le habían tenido sumamente ocupado, así como las reuniones con familiares y amigos.

Sin embargo, sentía demasiada ansiedad por apresurar su encuentro, pero no por querer librarse de ello lo antes posible, sino porque de esa manera podría exponer su trabajo mucho antes de lo esperado y, aunque solía importarle más su propio reconocimiento que el ajeno, no estaba de más presenciar en primera fila la reacción de un tercero al escuchar su sencillo. O al menos eso era lo que se decía a sí mismo.

Porque... ¿qué otra explicación podría haber?
Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au




AvatarCamposContacto
avatar
USER
Mensajes :
443

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
AvatarCamposContacto

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.