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Vivre à en crever.

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Vivre à en crever.

Mensaje por Space Voyager el Sáb 2 Jul - 23:51

Recuerdo del primer mensaje :

Vivre à en crever.
W.A. Mozart, 30.
Mikelangelo Loconte, Mozart.
1x1 | crackship | au!reencarnación | mozalieri


Uno se aferra al hilo de nuestros deseos. Si tenemos que morir, vivamos mientras podamos. Aferrémonos a todo antes de que perezca. Si hay que morir, en nuestras lápidas quiero grabar que nuestras risas desafiaron a la muerte y al tiempo. Nos veremos de nuevo. Nada es importante, entenderemos de dónde venimos. Si tenemos que morir, será mejor vivir mientras podamos.

¿Qué hay después de la muerte? ¿Crees en la reencarnación?

Dicen que las estrellas nunca dejan de serlo. Aun cuando su luz se desvanece y cumpliendo un último deseo se desploman hasta perderse en el basto y poco misericordioso universo, una más reemplaza su destello. Wolfgang Amadeus Mozart llegó a ser uno de los más grandes compositores de la música clásica, pionero de diversas técnicas. Antonio Salieri fue un músico cuya impecable trayectoria lo posicionó en uno de los puestos más altos que durante el Clasicismo Musical de Viena podía ofrecérsele. Ambos se conocieron bajo circunstancias meramente profesionales y, aunque su relación no fue del todo impecable, con el tiempo llegaron a profesarse un respeto certero. Hoy, a más de doscientos años de su existencia, la teoría de la reencarnación pudiera ser confirmada con la presencia de dos músicos contemporáneos cuyos caminos se cruzarán en el momento menos inesperado.
antonio salieri, 36.
Florent Mothe, L'assasymphonie.






Última edición por Mozart el Mar 23 Ago - 4:43, editado 10 veces



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Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Dom 6 Nov - 18:17


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
Cuando escuchó la respuesta, estaba seguro de que incluso desde el otro lado de la línea se podían escuchar los latidos de su corazón. Aquello era tan... inesperado, tan increíble que no podía ser real.

¿Y si era una broma? Tenía mucho más sentido pensar que se tratara de algo así que de un deseo genuino por verle. Era incapaz de creer que todo fuera tan fácil. No le caía bien a Zachery, ni siquiera le conocía lo suficiente. Quizás había sido amable en el concierto, y quizás habían intercambiado un par de palabras, pero nada que justificara aquello. Era imposible que quisiera verle ya. O le plus tôt possible. Entendería que le dijeran aquello tratándose de algún fan, pero sabía de sobra que Zachery no era, precisamente, su fan. Y, desde luego, que no le gustaba su música.

¿Cómo le iba a gustar, de todas formas? Probablemente a Mozart tampoco le había gustado ninguna de sus óperas, ni de sus conciertos, ni de nada que hubiera salido de su pluma. No podía culparle, porque el sentimiento era mutuo. Y, incluso casi trescientos años después, dudaba que algo hubiera cambiado.

Voy a ver. —  consiguió decir, después de un silencio que, quizás, fue demasiado largo.

¿Y si era todo una broma más? Quedaría como un idiota, sin duda. ¿Y si no era una broma? ¿Y si realmente Zachery quería verle y enseñarle su música? Pensar que aquello era posible le hacía sentir más estúpido de lo que lo sería de caer en la hipotética trampa.

De una forma u otra, quedaría como un imbécil. De modo que... prefería arriesgarse. Pero aquello era algo que había sabido que acabaría pasando desde el primer momento. Porque su obsesión le arrastraba a la locura. Lo había hecho en Viena, lo haría en esos momentos y lo seguiría haciendo hasta que pudiera descansar en paz, si es que aquello era posible.

Mañana por la tarde estoy libre — Por la mañana también. Y al día siguiente, y al siguiente y... —Dime la dirección.

Wolfgang ߡ Diciembre ߡ Modern!au





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Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Space Voyager el Miér 7 Jun - 4:47


El vestigio de una sonrisa acechó sus labios. Aquella fría pero permisiva sentencia le hizo saberse victorioso, capaz de abrirse paso entre las nuevas oportunidades que el encuentro con el cantante le traería. Dicha era la única posible razón de su insistencia y de la inexplicable ansiedad por volverle a ver. Fue esa misma idea la que lo orilló a revelar el punto de encuentro que le estaba siendo inquirido. Zachery le comentó animoso que sería mucho más ameno encontrarse en un bar cercano al centro de la ciudad, en donde la atmósfera distaba de ser desabrida e irritante. La elección debió haber sonado inusual para la hora en la que se encontrarían, mas no pareció haberle importado demasiado cuando terminó por darle la dirección.

Aquella misma noche tras haber colgado, se encerró en el pequeño estudio que había improvisado a un lado de su recámara, en el cual varios retratos de compositores clásicos descansaban sobre la losa. Componiendo y de vez en cuando tocando el teclado, durmió apenas cuatro horas, ansiando que los minutos transcurrieran más rápido y que el reloj marcase las cinco en punto de la tarde. Lo que enseguida aconteció le hizo olvidarse (al menos un poco) de Gabriel... ¿Cuál era su apellido? ¡Qué más daba! Zachery se entretuvo con los demás integrantes de su banda durante la práctica de medio día.  

Una ducha rápida hizo el truco. Cuando el reloj marcó las cinco en punto, Zac seguía acicalándose en su apartamento. Asediado por la prisa se vio obligado a montarse en un Uber, emprendiendo camino hacia el bar en donde su cita aguardaba. De modo que al presentarse en el inmueble debió escanear cada rincón con el fin de divisar la familiar silueta del italiano. No lo encontró por ningún lado. Echó un vistazo a su reloj de mano: 5:45 p.m. Seguramente se había cansado de esperar. ¿O era probable que le hubiese dictado una dirección errónea?



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Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Miér 6 Sep - 14:10


on se reverra
Là où rien n'est plus rien
No había dormido en toda la noche, pero aquello no era ninguna novedad, con o sin Mozart a la vista, aunque, a decir verdad, su insomnio siempre se había debido en gran parte a éste, independientemente de los nuevos acontecimientos, aunque quizás sus demonios habían vuelto con más fuerza que nunca, si es que alguna vez se habían ido.

Por suerte, años y años de inestabilidad emocional y necesidad de ofrecer una imagen pública completamente opuesta a la realidad le habían enseñado a saber disimular sus ojeras con maquillaje, de modo que cuando salió de casa nadie tendría por qué notar el estado en el que se encontraba. Un gorro, una bufanda que ocultaba la mitad de su rostro y unas grandes gafas de sol que no tenían sentido en pleno diciembre completaban su look que no solo servía para disimular su cansancio sino para pasar desapercibido. No era que odiara a sus fans (aunque en sus peores momentos opinaba que tenían un gusto pésimo) pero prefería no tener que ver interrumpida su vida por ellos, especialmente aquel día. Tenía miedo de tantas cosas que pudieran salir más que tomó más precauciones que nunca para asegurarse de llegar a tiempo a la cafetería, aunque sabía que el otro llegaría tarde. Siempre llegaba tarde, al fin y al cabo. Quizás incluso ni siquiera llegaba, algo que no le sorprendería, a decir verdad.

Precisamente por eso había decidido que no iba a entrar en la cafetería hasta que el otro hiciera acto de presencia. Se negaba a hacer el ridículo en un sitio donde mucha gente pudiera verle, e incluso reconocerle. Si entraba en aquellos momentos a tomar algo y se quedaba toda la tarde esperando, iba a resultar patético, principalmente porque sabía que no podría evitar alzar la cabeza cada vez que la puerta se abriera, esperando que se tratara de Mozart, Zachery o como diantres se quisiera llamar. Si entraba en aquellos momentos, tomaba algo, se cansaba de esperar, se iba y por algún motivo se encontraba con el otro por el camino, quedaría en evidencia entrando dos veces en el mismo sitio. Así que optó por meterse en una cafetería al otro lado de la calle, con un gran ventanal desde el que podía observar la entrada del sitio donde habían quedado. Si no llegaba nunca no pasaba nada, y si llegaba tan solo tendría que cruzar la calle y saludarle.

Y así estuvo esperando casi dos horas, convencido de que definitivamente no llegaría y de que todo había sido una broma patética (pues ni siquiera su móvil mostraba mensajes de disculpa por llegar más de media hora tarde), cuando descubrió la silueta inconfundible de Mozart al otro lado de la acera. Sentía un nudo en la garganta y el pulso acelerado, mientras se preguntaba si realmente merecía la pena ir a su encuentro o si era mejor renunciar a aquello, un sueño que resultaba demasiado hermoso para ser cierto. Probablemente nunca se acordaría de él y, de hacerlo, le odiaría y no querría saber nada más de él en su vida. Salieri no sabía cuál de las dos opciones le destrozaría más, si es que quedaba algo por destrozar. Sentía que no tenía derecho a volver a formar parte de la vida de aquel hombre, que no tenía ningún derecho a redimirse y que solo acabaría estropeándolo todo otra vez.

Sin embargo, cuando quiso darse cuenta, estaba en la calle. Se maldijo internamente por ser demasiado débil, demasiado patético, demasiado egoísta.

¿Zachery? — le llamó desde atrás, sin alzar demasiado la voz, mientras entraba en la cafetería.


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Re: Vivre à en crever.

Mensaje por Space Voyager el Miér 13 Sep - 20:29


Resignado a que su cita se había cansado de esperar, Zachery estaba a punto de acercarse a pedir un capuchino para degustarlo en soledad. Aprovecharía la oportunidad e intentaría componer alguna que otra canción. No obstante, al saborear de antemano la idea de su futura bebida caliente, escuchó que lo llamaban. Se dio media vuelta y se encontró con quien hace apenas unos días era tan solo una figura pública más— Gabriel —contestó con lo que parecía ser una sonrisa asomándose por su comisura. La energía solía brotar a borbotones de él, por lo que no fue de extrañarse que fuese el primero en acercarse con tal de erradicar la distancia que los separaba.

Y yo pensaba que era impuntual —bromeó sin evidenciarlo; poco le importaba de qué forma tomaban sus palabras los demás (ni siquiera se detenía a pensar si afectaba o no su descarada honestidad). No terminó por lucir como un  reproche debido a que acto seguido intervino con una palmada en su hombro, incitándolo a buscar asiento— Suelen decir que siempre hay alguien peor que tú. Vamos, estoy muriendo por un capuchino. Esta tarde ha sido maravillosa.

Sin más dilación escogió la mesa que se hallaba cercana al ventanal y dejó la guitarra que colgaba de sus hombros reposando sobre la silla que tenía a un lado. El ajetreo del establecimiento otorgaba una sensación cálida, pese a que sintiera algunas miradas sobre la silueta elegante del cantante moreno de la "bella" Italia— ¿Te gusta el lugar? —inquirió una vez que se hubo acomodado recargando sus codos sobre la tabla de madera.



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Re: Vivre à en crever.

Mensaje por L'Assasymphonie el Vie 15 Sep - 20:48


Sintió un nudo en el estómago al ver aquel indicio de sonrisa. Por lo general, la sonrisa de Mozart siempre le había parecido irritante, siempre le había enervado. Era una sonrisa que solía indicar superioridad, que iba pasos por delante de él o que sabía en qué estaba pensando. De una u otra forma, siempre había odiado (odiado, amado... los sentimientos que Mozart provocaba eran demasiado confusos, demasiado fuertes como para saber qué eran) aquella sonrisa, o al menos así había sido hasta que había dejado de verla.

En aquellos momentos, la nostalgia, la tristeza y el miedo se arremolinaban dentro de él. Nostalgia porque echaba de menos aquella mueca, tristeza porque no podía evitar recordar el momento en el que Mozart dejó de sonreír de aquella manera, cuando todas sus sonrisas eran tristes y forzadas. Miedo porque temía que desapareciera de nuevo, que nunca volviera, él, Mozart. Miedo a que si volvía le odiara, a no poder ver aquella sonrisa nunca más. Miedo a que le recordara, a que no pudiera vivir una vida normal, a vivir como él, entre dos épocas sin pertenecer a ninguna, porque el siglo XVIII quedaba demasiado lejos y el siglo XXI no era donde él quería estar. Quizás Mozart fuera diferente, siempre lo había sido, pero... Pero no podía evitar temer que le arruinaría la vida una vez más. Que aquella sonrisa volvería a desaparecer, y que sería por su culpa.

Lo eres — respondió, tratando de no dejar entrever aquel remolino de sensaciones sofocantes que amenazaban con delatarle.— Pero supongo que yo más. — era menos humillante darle la razón a Zachery, por mucho que le molestasen aquellos aires de superioridad, que reconocer que llevaba casi una hora esperándole.

No hizo ningún comentario a aquel "siempre hay alguien peor que tú", pero se obligó a esbozar una sonrisa de disculpa, preguntándose hasta que punto aquel comentario iba sin maldad, o si era una nueva forma de hacer patente su mediocridad como músico. Tampoco era mentira, de todas formas. La historia lo había dejado claro, Mozart era el Gran Músico, y él... Él preferiría no haber pasado a la historia si con ello se hubiera librado de aquellas acusaciones.

Tomó asiento en silencio mientras Zachery continuaba parloteando. Se moría de ganas por preguntarle por qué aquella tarde había sido maravillosa, no porque le interesara, sino porque sabía que sonreiría contándoselo, porque escucharía su voz, tan alegre e irritante como siempre; porque era la prueba de que Mozart podía tener una vida feliz. Una vida sin él, pero feliz. Quizás tan solo quería disfrutar del dolor que aquello le proporcionaba, el saber que era prescindible, que sin él todo era mejor. Saber hasta dónde llegaría sin volverse loco, o sin echarse a llorar delante de todo el mundo, de Mozart. Quizás encontraría una amarga catarsis al ver su carrera hundiéndose mientras Zachery se elevaba sobre él, brillante y orgulloso. Llegados a aquel momento, no solo le daba igual qué pasaría con él, casi que deseaba aquello. Que Mozart le destruyera completamente. Con sus propias manos.

Es acogedor — respondió simplemente, clavando la mirada en el otro, sin ser consciente de su alrededor.

Confiaba en que su disfraz le hiciera pasar inadvertido, pero probablemente llevar gafas de sol, gorro y bufanda en un sitio cerrado,  en pleno diciembre y con calefacción no era, precisamente, discreto. Y, aún así, tampoco parecía ser muy eficaz a la hora de ocultar su identidad. De todas formas, estaba demasiado centrado en Zachery como para preocuparse de otras cosas. Por suerte las gafas ocultaban su mirada, por lo que no tenía que molestarse en disimular cómo observaba al otro, o lo enfermizo que podía resultar.

¿Qué desean tomar? — la voz del camarero lo sacó de sus pensamientos, y se giró para mirarle.

Chocolate caliente. Y un trozo de tarta de chocolate, si es posible. — quizás su amor al chocolate era la única cosa que no había cambiado en su vida. Antaño había tenido la religión y la música también, pero tanto Dios como Euterpe le habían abandonado, y si bien seguía recurriendo a la música porque la necesitaba para vivir, ésta había cambiado demasiado en los últimos dos siglos como para que pudiera considerarse un pilar sólido en su existencia.



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