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Every rose has its thorns.

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Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 3 Jul - 20:57



1x1
Plot
Épocas pasadas/Drama
Every rose has its thorns.
Entre intrigas y golpes por debajo de la mesa, transcurre la vida en la corte inglesa. Amigos y enemigos beben del mismo cáliz a la par que dedican falsas sonrisas a aquellos que desean ver muertos. En medio de las hipócritas adulaciones, la joven pareja encargada de regir los destinos de toda una nación, sortea las dificultades que la vida les presenta en los dos aspectos que tratan de compaginar: matrimonio y deber.


Atrás quedaron las épocas en que los esposos solían disfrutar de la mutua compañía, ahora atrapados en un trato indiferente donde la distancia parece ya insalvable; ninguno de los dos es capaz de rectificar los errores que mantienen su unión en vilo y la aparición de nuevas mujeres para satisfacer al rey no ha hecho sino empeorar las cosas. La tensión existente alcanzará su punto máximo cuando alguien del pasado regrese para atormentar a la joven reina, poniendo todo su mundo de cabeza.

¿Se habrá equivocado ella al priorizar la estabilidad sobre el amor?
Constance White
Reina consorte · 18 años · Rebecca Fergusson
Lyra


Constance, proveniente de una familia noble aunque poco importante jamás imaginó cuál sería su destino. Siendo poco más que una niña, John Stafford se fijó en ella y empezó a cortejarla, haciendo que ella se enamorara perdidamente de él. Su sueño de un matrimonio feliz se vio truncado cuando su amado tuvo que partir y ella se convirtió en el objeto de interés del hermano de éste, William. Constance, aún con el corazón roto por la marcha de su amado, pero aún suspirando por él, le hubiese rechazado... de no ser porque William es el rey, y al rey no se le rechaza. Como esposa y reina, Constance se esfuerza por cumplir lo que se espera de ella, aunque su corazón roto le da un aire melancólico que ha hecho que su esposo pronto busque compañías más divertidas.
William IV.
Rey de Inglaterra y Señor de Irlanda · 33 años · Henry Cavill
Lucrezia


William James Henry Stafford, mejor conocido como William IV, soberano de Inglaterra e Irlanda, Duque de York, Duque de Normandía, Duque de Cornualles y Defensor de la fe, nació como el primogénito de la familia real, con un hermano nacido pocos minutos después que él, a quien llamaron John, Duque deRichmond y Somerset. Tuvo además una hermana llamada Elizabeth, cinco años menor. Fue criado con todas las comodidades a las que podía aspirar, instruido en toda disciplina que debía dominar a fin de convertirse algún día en el gobernante ideal.

Conforme los años transcurrieron, se distinguió como un fiero guerrero, valiente como el que más e impulsivo por igual. Fueron muchas las escaramuzas en que arriesgó la vida con tal de hacerse con la victoria, acarreándole la fama de "siempre ganador" de la que tanto alarde hacía. Acostumbrado a no perder en el campo de batalla, tampoco admitía derrotas en el lecho, llevándose a la cama a cuanta mujer deseaba. Gustaba de su vida de soltero pero sabía bien que su mayor deber era casarse para dar herederos al reino, eligiendo como esposa a Constance White, una noble venida a menos de un reino enemigo, con el que se pactó la paz mediante la vía matrimonial.

Elegir a Constance no fue casualidad: era sabido por él que su hermano John y la dama habían sostenido un amorío de pocos meses, razón de más para que William se obsesionara con ella. Al principio, parecían llevarse bien pero el constante anhelo de la reina por el amor perdido terminó por alejar al rey, que se refugió entre las piernas de cuanta dama conseguía.


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Lun 4 Jul - 3:33



Constance con William
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
La reina Constance era una mujer hermosa. De piel blanca, cabellos dorados y formas agradables, no era de extrañar que el rey la hubiese escogido como esposa. Pero había un pequeño problema. Aunque su esposo era un hombre apuesto, galante y poderoso, el corazón de la reina suspiraba por otro hombre.

Hacía años que no lo veía. Era poco más que una niña cuando cayó perdidamente enamorada de él, y estaba segura de que sería su esposa. Soñaba con ello. Hasta que el destino lo había apartado de su camino... y la había casado con su hermano... que para colmo era su gemelo. Quizá si el parecido entre ambos no fuese tan acusado, la joven lamentaría menos la ausencia de su amado.

Sin embargo, aparte del aire melancólico que siempre tenía, no había tacha en el comportamiento de la joven. Había aceptado el matrimonio (¿quién se negaba a casarse con un rey?), había aceptado la corona y había cumplido de sus deberes como esposa y reina de forma intachable... al menos desde su punto de vista y del de la mayoría de quienes la rodeaban, pero que no conocían a su esposo lo suficiente como para saber que la eterna pena por la ausencia de su primer amor estaba alejando a su esposo de ella.

Constance no era del todo ajena a la distancia que se había instalado entre ambos. Ni al hecho de que su esposo buscaba calor entre los brazos y las piernas de otras. Parte de ella desearía ser capaz de darle a su esposo lo que deseaba, de evitarse la humillación de dormir sola, sabiendo que él compartía el lecho de otra. Por eso cada noche se ponía un camisón bonito y delicado y se cepillaba bien los cabellos, por si él aparecía. Pero la melancolía seguía ahí, el recuerdo de John seguía ahí, como un fantasma, impidiendo que Constance le diese a su esposo el calor que éste anhelaba.

Quizá otra mujer se hubiese esforzado más, o hubiese exigido mayor respeto. No era sólo que su esposo fuese infiel, es que la corte empezaba a ser consciente de ello. Y no era la única muestra de que William estaba cansado de la actitud de su esposa. Pero ella tenía el corazón demasiado tierno y el carácter demasiado suave como para hacer otra cosa que aguardar a que el rey recordarse su existencia (y la necesidad de tener un heredero), sumiéndose en sus recuerdos mientras tanto.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Lun 4 Jul - 9:00



William con Constance
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
Las últimas gotas de tinta se dispersaron por el papel en forma de una rúbrica elegante, propia de un monarca como él. Desde su ascenso al poder nunca había tenido que llenar tantos decretos pero a últimas fechas prefería concentrarse en todo tipo de cuestiones diplomáticas si ello ayudaba a evadir los problemas que aquejaban a su vínculo matrimonial, frágil y maldito desde el primer día. Gran parte de la culpa era suya y lo sabía, estaba consciente de  los problemas que suponía agregar una nueva mujer a la lista de amantes, pero ¿Acaso no lo había propiciado su esposa también? La culpaba a ella porque podía — con toda autoridad — y  porque a final de cuentas, resultaba ser verdad. Ella era hermosa, mucho más que la mayoría de mujeres en la lista de conquistas del rey a pesar de tener siempre un semblante acongojado,  tan pálido que se decía vivía continuamente enferma.

Dio por terminada la jornada nocturna y se dispuso a marchar hacia su habitación, desistiendo de llamar a una de las cortesanas para que acudiera a hacerle compañía. Al final, como bien sabía él, terminaría aburriéndose de  cualquier amante y volvería con la reina hasta que ella terminara cayendo de nueva cuenta en la depresión. Contrario a sus  acciones, él estaba lejos de odiarla pero tampoco podía decir que la amaba; durante los primeros meses de su matrimonio había descubierto que su mujer era apasionada, que se entregaba a él sin condición alguna e incluso había llegado a sentir paz al tenerla entre sus brazos, sensación que se desvaneció cuando las primeras comparaciones surgieron, al principio como pequeños detalles hasta causar severas peleas en el matrimonio. A mitad de camino, desvió sus pasos para dirigirse hacia la  alcoba de la reina, a quien no visitaba hacía bastante tiempo ya.

Sin la necesidad de anunciarse o solicitar permiso, William abrió la puerta lentamente, procurando que sus pasos fueran silenciosos; con todos los problemas que tenía, hacer que toda la corte cotilleara acerca de sus visitas nocturnas a la alcoba de su esposa era algo que debía evitar. — Mi señora. — Lucía arrebatadora, hermosa como ninguna otra y sin embargo él era incapaz de hacérselo saber. — No os vi en todo el día ¿Dónde habéis estado? — Se despojó de la pesada bata que le cubría y se acercó a la cama, ocupando el sitio destinado para él. No era un animal pero tampoco el hombre más paciente, pues ni bien había logrado una cómoda postura cuando ya buscaba desatar los nudos del camisón de su esposa. — El médico me ha dicho que no habéis ido a revisaros. Debéis darme hijos, es vuestro deber. — Tiró del listón sin mucho interés, dejando al descubierto aquel escote, aunque no dio muestras de ir más allá.



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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Lun 4 Jul - 23:44



Constance con William
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
Una leve luz apareció en los ojos de la reina, aunque no consiguió iluminar del todo su rostro. Le alegraba recibir a su esposo en la alcoba. Así debería ser todas las noches. Una de las pocas cosas que aliviaba su pena era sentir el calor de William, sus caricias, sus besos... En esos momentos conseguía olvidar al ausente John. Olvidaba el mundo entero, en general. En brazos de su esposo, el mundo pasaba a reducirse a ellos dos y al calor que desprendían sus cuerpos.

Pero William cada vez la visitaba menos y la relación estaba instalada en un círculo vicioso en el que ella se sentía sola y abandonada primero por el hombre al que no había dejado de amar y después por aquel a quien se esforzaba por amar, y él se sentía rechazado y hastiado por la tristeza de una esposa a la que quería pero no sabía amar.

- He estado... atareada - murmuró, dejando que su esposo la desnudara sin oponer ni la más mínima resistencia. Nunca le había negado su cuerpo y nunca lo haría. No sólo porque era su deber como esposa, sino porque disfrutaba - Pequeñas cosas de la corte que no deben preocuparos, mi rey. Para eso estoy yo - apretó los labios y respiró hondo. Hijos. No era la primera vez que discutían sobre eso. El médico insistía en que su tristeza podría ser la causa de que su vientre estuviese yermo, pero Constance sabía, igual que el médico y que su esposo (quisiera reconocerlo o no) que estar triste o alegre importaban poco si su esposo no la visitaba - Me distraje con mis obligaciones y olvidé que me esperaba.

Temía seguir con el tema. No quería que discutiesen. Había pasado demasiadas noches sola. Deseaba el calor de su esposo y el alivio que encontraba al entregarse a él. Y quizá esta vez consiguieran engendrar el heredero que parecía que nunca llegaría. Sin embargo, no pudo evitar dedicar un último pensamiento al médico, que proponía remedios absurdos para la melancolía. No necesitaba bebedizos ni paseos por los jardines, ni trasladarse cerca del mar o de la montaña. Si algo podía aliviar su pena era que William la amara. Pero no lo hacía. No como la había amado John.

Normalmente dejaba toda la iniciativa a su esposo, limitandose a colaborar de buena gana y a seguir sus deseos, si es que los indicaba de alguna forma. Pero aquel dia fue ella la primera en buscar sus labios. Lo hizo por no discutir, por dejar de pensar en John y en el dulce amor que los unía, en su vientre vacío y en las amantes de su esposo. Y sobretodo, lo hizo porque anhelaba perderse entre sus brazos.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 5 Jul - 6:21



William con Constance
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
Ignoró toda palabra que salía de la boca de la reina, a quien calificaba como una mala mentirosa y alguien que se valía de excusas baratas para justificar la falta de fertilidad. —No debéis desairar al médico, trata de ayudaros para que seáis capaz de darle un heredero al reino. — Ya no era el interés de un hijo tal cual sino de otorgar un primogénito varón para garantizar el tema de la sucesión. Quizás de nada sirviera discutir esos temas con ella, sobre todo cuando era consciente del poco interés que demostraba a su esposa. En otro tiempo, en otra vida tal vez, estaba seguro de haber hecho funcionar el matrimonio pero no en esas circunstancias. — Ocupaos de eso cuanto antes y haced caso de las recomendaciones médicas. — Más que una petición, aquello resultó ser una orden.

Sorprendido por la iniciativa que Constance mostraba, el monarca respondió a sus besos con la misma urgencia, ansioso por un mayor contacto; todos esos días de distanciamiento impuesto voluntariamente habían hecho mayores estragos en su relación, tanto que fue dejando de lado la cautela y el trato cortés para centrarse únicamente en el cuerpo ajeno. — Sois tan hermosa… — Él era débil siempre que se trataba de ella, volvía a buscarla e intentaba meterse en su cama a pesar de tener en claro que no lo amaba, que únicamente se entregaba por deber. William no era tonto, más allá de todas las cosas que provocaba en él, era consciente del constante anhelo en que vivía Constance, suspirando por John aunque el hombre no se diera por aludido ni hubiera dado señales de vida en todo ese tiempo.

La besó con prisa, recorriendo su rostro y parte del cuello, retirando el estorboso camisón al deslizarlo por las piernas de su esposa, haciendo que toda la tela se hiciera un desastre en torno a la cintura. —¿Él te ha besado así alguna vez? — No necesitaba saberlo pero aun así insistía, llevado quizás por la malsana obsesión que mantenía hacia ella. — ¿O así? — Un beso más que fue a parar al inicio del escote, tomándose el tiempo necesario para dejar un sutil rastro de saliva en la piel, llegando a morder la piel que sus labios tocaban.


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Mar 5 Jul - 12:31



Constance con William
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
Consiguió ignorar la orden respecto al médico, besándole para evitar decirle que si quería un heredero, lo que tenía que hacer era pasar todas las noches con ella, hacerla sentir amada y hacerla sentir mujer.

Entonces él, entre besos que le erizaban la piel y hacían que de sus labios se escaparan unos jadeos suaves, le preguntó por él. Esas preguntas fueron una puñalada y llevaron al extremo físico los sentimientos encontrados de Constance por los hermanos. Su cuerpo reaccionaba complaciente a sus besos, pero la pregunta provocó un nudo en la garganta de la joven, que tuvo que reprimir un sollozo. Deseaba entregarse a él y a la vez no deseaba hacerlo, lo cual era confuso y extraño.

- No - respondió, con la voz ahogada - Nadie más que mi esposo me ha besado así. Y nadie más que mi esposo lo hará. 

Sus palabras eran sinceras, y no sabía si eso le aliviaba o le dolía aún más. Había llegado a manos de William inmaculada, nadie salvo él había tenido el privilegio de desnudarla y explorado sus curvas con detalle. No era que John no lo hubiese intentado, pero ella tan sólo le permitió un par de besos y caricias furtivos, casi robados, por encima de la ropa y mucho más castos que nada que hubiese hecho con su esposo. Constance había sido educada para entregarse al hombre con quien se casara y sólo a él, y aunque John había intentado deslizar las manos bajo sus faldas y dentro de su escote, ella siempre se lo había impedido. 

En su dulce enamoramiento, Constance confundió el deseo de John con amor desesperado, y por eso no se extrañó cuando él, en vista de que sólo la conseguiría pasando por el altar, insistió en presentarla a su familia cuanto antes. Para ella todo se debía a un amor sincero e irrefrenable que se había visto truncado cuando él hubo de marchar. No había vuelto a saber de él, lo que añadia peso a su pena. No era capaz de concebir que la hubiese olvidado. Quizá se sentía traicionado porque se había casado con su hermano, aunque Constance no estaba segura de si John conocía el enlace o no. 

Recordaba los gestos furtivos de John con más dulzura de la que en realidad había. Él no había sido tan suave y caballeroso como aparecía en sus recuerdos y ella no había sentido tanta necesidad de entregarse a él como recordaba. El primer y único hombre que había conseguido que le temblaran las piernas y deseara entregarse a él sin reservas era William. En su noche de bodas, su esposo aplacó sus nervios y temores con besos y caricias que encendieron su cuerpo de una forma hasta entonces desconocida. Y ese fue el principio real de su calvario, pues parte de ella sentía que le era infiel al hombre (o mejor dicho, recuerdo) que amaba al entregarse con tanta complacencia a su hermano y otra parte sentía que era infiel a su esposo por preguntarse si, de estar en brazos de su primer amor, sentiría lo mismo o se sentiría mejor o peor.

Así pues, su cuerpo buscaba el de William, deseando entregarse a él, mientras su alma herida lloraba sin tener claro a cual de los dos hermanos sentía que estaba engañando realmente. 
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Vie 8 Jul - 6:31



William con Constance
Noche
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Every rose has his thorn
¿Le creía? No podía decir que no lo hiciera, aunque había aprendido a no fiarse de las palabras de una mujer. Él podía constatar que Constance había llegado pura al matrimonio y que no conoció a nadie más en terrenos tan íntimos como el lecho marital pero desde luego no podía afirmar lo mismo en cuanto al pensamiento. Sabiendo que jamás llegaría a ocupar un espacio en el alma y la mente de la fémina, se conformaba con mantener frecuentes encuentros con amantes a las que podía comprar mediante joyas, favores o dinero, algo que no podía hacer con la reina. Incluso aunque pudiera poner el mundo a sus pies, ella seguiría pensando en John, añorando su historia en común. — Me consta que vuestras palabras son sinceras. — No así sus recuerdos y tampoco anhelos.

Quería poseerla ahí y en ese momento, hacerla suya como tantas otras veces en que los dos habían disfrutado del cuerpo del otro sin reparo alguno, entregándose a los placeres terrenales. Por mucho que el deseo apremiase, la razón le impedía ir más allá de esas caricias y besos furtivos que había tenido ocasión de robar. Como todo hombre que se preciara de alguna experiencia con las mujeres, se sentía listo para hundirse entre la carne de sus piernas pero algo más allá de él se lo impedía. — Podéis haber llegado pura físicamente pero vuestro corazón nunca lo ha sido ni lo será. — Frustrado, se apartó  de Constance, liberando su delicada anatomía del peso que suponía tenerle a él encima. Volvía a comportarse indiferente, retomando esas facciones serias, habituales en él.

— John ha escrito desde tierras americanas. — Murmuró en tanto se ponía de pie. — Retornará a la Corte para traer novedades y es probable que se quede un tiempo. — No era algo que le agradara pero desterrar a su hermano definitivamente tampoco sería bien visto por los demás. — A falta de un heredero, él es el siguiente en la línea de sucesión. Vuestro deber como reina es buscarle una esposa digna de él, de su posición como posible monarca. — Mientras hablaba, iba recomponiéndose las ropas.  A ella podría no hacerle gracia encargarse de esas cosas pero era su deber y cuanto antes lograran concertar un matrimonio para John, mayor distancia pondría entre la reina y él.

Evitó mirarla en todo momento porque sabía que la entristecería. Cualquier conversación que involucrara al menor de los hermanos bastaba para cubrir su semblante con una melancólica expresión. — Quizás Francia o España, pero aseguraos de hacerlo bien y cuanto antes. Tan pronto llegue quiero celebrar los esponsales. — Añadió, mirándola de reojo.



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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Sáb 9 Jul - 12:57



Constance con William
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
William jamás la había rechazado. Al principio de su matrimonio, pasaba horas junto a ella, después, a medida que las cosas se enfriaban, empezó a marcharse al terminar, permaneciendo junto a ella lo justo para recuperarse. Siempre sentía un horrible vacío en el estómago cuando él se marchaba, siempre acababa abrazada a la almohada mientras extrañaba su cuerpo. Pero ahora... ahora no es que se hubiese separado de ella a toda prisa, ahora la había rechazado directamente. Y eso hizo que una lágrima rodara por su mejilla, sin que ella se diera cuenta. Jamás imaginó que William la rechazaría de esa manera.

- Eso no es cierto - murmuró, con la voz quebrada. Al menos no totalmente. 

No es que no amara a su esposo. En realidad no estaba segura de si lo que sentía por él era amor o no, pero le quería. Quería hacerle feliz, darle hijos y ser su compañera hasta que sus días acabaran. Le gustaba ser su esposa. Sabia que había damas que no soportaban a sus esposos, que odiaban tener que compartir sus lechos y les importaba bien poco complacerles dentro y fuera de la alcoba. No era su caso. Pero... ¿era eso amor o era otra cosa? No tenía la respuesta a esa pregunta. Cuanto sabía era que lo que sentía por William no era lo mismo que lo que sentía por John y que no conseguia arrancarse a su primer amor del corazón por mucho que lo intentase. 

Hizo ademán de acercarse a él y abrazarle, pero William se levantó y siguió hablando. Y sus palabras la dejaron helada. John, el fantasma que habia maldito su matrimonio, la sombra que la sumía en la tristeza del amor perdido, iba a regresar. La noticia le encogió el corazón de tal forma que sintió dolor y se llevó una mano al pecho, intentando contenerlo.

No supo qué decir. Vivía aferrada al recuerdo de John, pero se dio cuenta de que no deseaba su regreso. El recuerdo era hermoso y temía que se rompiera. Además... ahora era la esposa de su hermano. ¿Cómo iban a mirarse ahora? Apenas tuvo tiempo para pensar en ello, porque William seguía hablando, y ahora le pedía que buscase esposa para John. Pedirle aquello era demasiado cruel incluso para su esposo. Pero no protestó. No tenía el carácter necesario para ello. En lugar de negarse, asintió.

- L-lo haré - su voz quebrada reflejó lo roto que estaba su corazón en ese momento. Por el rechazo de su esposo, por el regreso de John por tener que buscarle esposa... Le miró desde el lecho, pálida y con aspecto desamparado, al borde del llanto - Lo haré... - repitió, con un sollozo - pero... regresad a mi lado - suplicó, con una voz tan débil que ni siquiera estaba segura de haberlo pronunciado en voz alta. Necesitaba que lo hiciera. Necesitaba que regresara junto a ella, que reparase el rechazo. Necesitaba algo que aliviara su dolor y sabía que sólo hallaría consuelo en sus brazos.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 10 Jul - 4:35



William con Constance
Noche
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Every rose has his thorn
Él no era cruel, al menos no se consideraba así. En sus hombros pesaba el destino de toda una nación y la responsabilidad de un matrimonio que en sus inicios había sido bueno pero que en tiempos recientes se sumía cada vez más en ese abismo de desconfianza y malos tratos del rey hacia su esposa.  Aun cuando deseaba pasar noches y días a su lado sin salir de la alcoba, el orgullo del que tanto se jactaba se lo impedía. — Sabéis que sí, es cierto. — Al menos, en sus retorcidos pensamientos la imaginaba a ella en brazos de John, siendo cariñosa y complaciente entre las  sábanas, así como no lo era con él.   — Pero hoy no estoy aquí para  pelear. — Estaba tentado a volver al lecho y deseaba mantenerla cerca aunque fuera para reparar su ego un poco.

—  Tendréis semanas bastante ocupadas. — Añadió, reacomodándose las ropas para volver al lecho, ocupando su sitio en la cama para así hacerle compañía a su esposa. — Confío en que encontraréis una candidata adecuada para Jhon, pero más que una esposa, una aliada política importante. — Al retomar la cercanía entre los dos, abrazó a Constance por la cintura y la atrajo hacia sí, acariciándole la cadera de forma parsimoniosa, desinteresadamente. — Y si lo hacéis bien, la corte dejará de murmurar acerca de vuestra incapacidad como casamentera. — Sonrió. Los rumores en la corte no le eran ajenos y de la reina solían decirse muchas cosas, generalmente sobre su desinterés en cosas que involucraran diplomacia y política, falsedades desmentidas por el propio William, que valoraba los consejos de su reina por encima de sus colaboradores más cercanos.

Acomodándose en el mullido lecho, el monarca pasó sus dedos por la cabellera rubia de Constance para apartarla un poco, dejando su cuello al descubierto. — Debéis interesaros más por las bodas ¿No se interesó toda la corte cuando os casasteis? Si no demostráis el mismo interés por vuestros súbditos, perderéis el aprecio que os tienen. — Mientras hablaba, la mano que anteriormente rodeaba la cadera femenina se deslizaba rauda y veloz entre los pliegues de su camisón, abriéndose paso bajo la tela para recorrer sus piernas. — Os noto bastante dispuesta, querida mía. — Constance podría no amarlo pero en definitiva William todavía era capaz de despertar sus bajos instintos, hecho que comprobó al notar un leve rastro de humedad entre los muslos. Había pasado bastante tiempo desde la última vez que habían mantenido contacto carnal y la rigidez del miembro de William así lo demostraba. — Sois mía, de nadie más. — Besó su nuca y se dedicó a pasear la punta de la lengua por toda la zona circundante, lamiendo la piel que hallaba a su paso en tanto buscaba excitarla, torturarla con  preliminares caricias que derivarían en algo más. Pocas eran las veces en que ambos disfrutaban la compañía del otro pero esos escasos momentos sobre el lecho de alguna manera ayudaban a mantener el frágil vínculo entre los dos. Sin importar cuántas amantes tuviera, William era incapaz de sentir ese deseo por alguien que no fuera Constance, quien más que una necesidad se había convertido en su obsesión, en el delirio personal de un hombre cuyo inconmensurable poder concedía todos sus caprichos pero no le otorgaba el amor de la reina.


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Dom 10 Jul - 18:33



Constance con William
Noche
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Every rose has his thorn
Sintió tanto alivio cuando William, a pesar de todo, regresó al lecho y la atrajo a su lado que no replicó a sus palabras. Se acomodó contra él, guiada por sus caricias, dejando que la tocara a su antojo. Sin embargo, su esposo no dejaba de hablar de bodas y eso le provocaba un nudo en la garganta. Ya no lloraba, pero le dolía el corazón.

No sentía especial inclinación por las bodas. Eran algo que se celebraba por interés, no por amor, y en la mayoría de casos los esposos no se conocían o incluso se odiaban. El único matrimonio que le preocupaba era el propio. Ella no había escogido a su esposo. Es más, la boda se le había impuesto. Pero quería ser una buena esposa y apreciaba al hombre al que había unido su vida, aunque este quisiera hacerle daño. Aunque parte de ella no creía realmente que él buscara dañarla. Su corazón era tan tierno que pensaba que él no se daba cuenta de lo mucho que la hacía sufrir, porque era un hombre ocupado que nada entendía del corazón débil y blando de una dama como ella. Eso, junto a la atracción que sentían el uno por el otro, cimentaba su matrimonio.

Constance se decía que William no era realmente consciente de sus sentimientos, y que era culpa suya por no ser capaz de explicárselos o de liberarse de ellos. También se sentía egoista en ocasiones por querer que él aliviara su pena. ¿No era acaso el rey? Tenía cosas mejores que hacer que preocuparse por su melancolía, sin duda. O de eso se convencía a diario, consiguiendo sólo aumentar su pena por todas las cosas que tenía que tragarse y justificar de la forma más cándida posible.

Sus mejillas se tiñeron de rojo cuando su esposo deslizó la mano entre sus piernas y descubrió su humedad. ¿Cómo podía dudar de ella, cuando nunca nadie había provocado eso en ella? Ni siquiera John llegó a provocarle aquello. Sí sintió algo de calor y un leve cosquilleo con sus besos robados... pero había sido William el primero y el único en despertar en ella el deseo sexual.

- Claro que soy sólo vuestra - murmuró, ladeando el cuello y sintiendo la piel erizarse allá por donde su esposo pasaba - Jamás he pertenecido a nadie como os pertenezco a vos. Jamás me he entregado a nadie como me entrego a vos. Me duele que lo pongáis en duda.

Aunque su corazón doliera y su alma llorase en silencio, su cuerpo estaba listo para entregarse a su esposo. Demasiado tímida y demasiado deprimida como para mostrarlo de la forma atrevida que sus amantes empleaban, intentó hacérselo ver pegándose más a él y terminando de deshacerse de su camisón, ofreciéndole su cuerpo desnudo.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Lun 11 Jul - 0:07



William con Constance
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
Sin tener palabras para describir esa sensación que lo embargaba al contemplar la desnudez de su mujer, William se permitió acariciar las delicadas formas del cuerpo ajeno, recreándose en la sensación que ofrecía su piel al tacto. Aunque no se lo dijera, agradecía su disposición a pesar del recato inicial, sabiendo que para ella representaba un gran esfuerzo el abandonar su melancólica actitud y aun así lo intentaba.  Él era cuidadoso en cada caricia que le prodigaba, se tomaba el tiempo para anteponer el placer de su mujer al propio sin perder el dominio de la situación. Poco importaba lo demás teniéndola entre sus brazos. Cuidando de no dejar caer todo su peso en ella, buscó acomodarse entre sus piernas, moviéndose de a poco para acceder a ese recóndito e íntimo lugar, sin que hallase resistencia alguna por parte de su amante.

En momentos así dejaba de lado su faceta del monarca indiferente, volviéndose el esposo devoto que Constance merecía, el que quería ser todo el tiempo pero no podía. La miró a los ojos durante un breve instante antes de atrapar sus labios en un beso profundo, apasionado; pequeños y suaves mordiscos cerca de las comisuras se intercalaban en los escasos segundos en que ambos se distanciaban con el único propósito de respirar. Sujetándola por la cadera, la acercó hacia sí para intensificar el cadencioso movimiento entre los dos, abandonando su intimidad durante unos instantes solo para volver a entrar con renovadas fuerzas, deseoso de más. En tanto, sus manos rodearon la espalda baja de la reina y se dedicó a recorrerla con la punta de los dedos, descendiendo hasta llegar al inicio de sus nalgas sin preocuparse por mantener las formas.

— Sois preciosa… — Murmuró contra sus labios, sin perder un ápice de la fuerza con que embestía su interior, deseando recuperar el tiempo perdido. Sin cesar en su empeñó, abandonó la boca de la fémina para aventurarse más allá, ocupándose de repartir besos alrededor de sus hombros y clavícula en tanto bajaba hacia el escote, en donde se detuvo para llenarle de besos, clavando los dientes en la piel con sumo cuidado, dejándole sentir aquellas mordidas que no buscaban dañarla sino todo lo contrario. William era perfectamente consciente de lo delicada que Constance podía ser, por eso controlaba cada cosa que hacía pues solo deseaba hacerla disfrutar, lograr que fuera su nombre y no el de su hermano el que ella pronunciase al alcanzar el clímax.

Con los espasmos propios del momento cúlmine, se rindió ante el cuerpo de su mujer, derramando en ella su simiente. Sudaba copiosamente y los jadeos delataban su disfrute pero eso no lo detuvo. Arremetió nuevamente para renovar el vaivén, plenamente entregado para proporcionar a Constance igual o más placer del que él había sentido. La notaba temblar, veía su rostro enrojecer y podía sentir lo entrecortado de su aliento. Casi a la par que ella, se abandonó a los espasmos mientras la abrazaba con fuerza, reclamando sus labios con renovada ansiedad. Aun temblando, demoró un poco en recuperar la compostura y la atrajo hacia sí, acomodándose bajo ella para recostarla sobre él, entrelazando las piernas con las suyas. Jadeante, besó sus labios una y otra vez con mimo, ascendiendo hasta tocar la punta de la nariz.


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Lun 11 Jul - 10:19



Constance con William
Noche
Dormitorio
Every rose has his thorn
Las caricias de su esposo no sólo sirvieron para que su cuerpo estuviese aún más preparado para recibirle, sino que apartaron a John, a los herederos que no llegaban, a la Corte y al resto de preocupaciones de su mente y de su corazón. Se llenó de sentimientos cálidos y dulces, en cuyo centro se encontraba el hombre que la acariciaba y que se acomodaba entre sus piernas con cuidado. Piernas que ella abrió para él con una alegre docilidad.

En esos momentos, Constance se convencía de que William la amaba, y ese convencimiento la salvaba y hería a partes iguales más adelante, cuando el calor y la ternura se disipaban. Tenía que amarla para tratarla así, para buscar complacerla en lugar de limitarse a tomarla. Más tarde se sentiría mal por pensar en John y por creer que William buscaba herirla, cuando sabía que la amaba de esa forma tan dulce y cálida. Pero en ese momento estaba feliz. El mundo se redujo a su esposo y a ella, y a las cálidas sensaciones que despertaban el uno en el otro. 

Siguió todos sus movimientos, devolviendo sus besos y acompasándose a sus caderas, dejando que la guiara y gozara de ella. Le rodeó con brazos y piernas, enredó los dedos en sus cabellos y dejó que la hiciera gemir, primero suavemente y luego, con cada nuevo roce, un poco más fuerte. Varias veces sus labios dibujaron el nombre de su esposo, pero entre besos y jadeos no llegó a pronunciarlo. Un jadeo más fuerte que el resto escapó de sus labios al sentir su semilla inundándola y haciéndola sentir completa. Temblaba entre sus brazos, con la respiración y el corazón tan acelerados y la mente tan nublada por el cálido placer que él le proporcionaba que apenas era capaz de pensar. Lo único que alcanzó a hacer fue balbucear su nombre, un "William" dulce y húmedo, cuando sintió que él no se detenía hasta dejarla completamente satisfecha y que apenas tuvo tiempo de pronunciar antes de que él reclamara sus labios. 

Rendida por el placer, dejó que él los reacomodara, inmensamente feliz cuando la abrazó y la cubrió de besos, colocándola sobre él, en lugar de apartarla y marcharse. No pudo evitar reir suavemente entre los jadeos que aún salían de sus labios, mirándole con adoración. Su esposo era perfecto. Absolutamente perfecto. Le amaba. Quizá no lo hacía todo el tiempo, pero en ese momento sí. Le amaba con cada fibra de su ser. Quería decírselo, movió los labios para ello, pero aún tenía la respiración demasiado alterada, y que pequeñas risas de pura felicidad escaparan de sus labios no ayudaban. Cuando más lo intentaba, menos lo conseguia y más reía. Al final intentó decírselo besándole, de una forma lenta y dulce, hasta que tuvo que separarse para respirar, retirándose lo justo para hacerlo y rozando la nariz con la suya.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 13 Jul - 3:42



William con Constance
Día
Salón del trono
Blood is thicker than water.
El desconcierto y la sorpresa se apoderaron de toda la corte cuando fue anunciada la presencia de alguien más que conocido en el castillo. John, el llamado “príncipe errante” volvía a pisar suelo inglés desde su exilio. Se sentía bien estando en tierras conocidas pero sabía que la sensación duraría poco, que se marcharía si a su hermano le daba por volver a desterrarlo otra vez. En cuanto las puertas del salón del trono se abrieron de par en par, los murmullos se reavivaron con mayor fuerza hasta que William, sentado en aquel trono adornado a base de intrincados grabados y joyas preciosas, acalló a la muchedumbre sin más. A su lado, en una silla de menor tamaño, Constance aguardaba en silencio. El tiempo parecía no haber pasado por ella y al verla, esos viejos sentimientos producto de sus años mozos se avivaron en él.

— Bienvenido a la corte, hermano mío. Espero que vuestra estancia en tierras lejanas haya sido provechosa. — El sarcasmo era notorio en las palabras de William y no pasó desapercibido para John, que optó por sonreír falsamente ante la hipocresía que su hermano mostraba. De poder elegir, habría preferido estar a solas con Constance pero sabía que eso no sería posible y que William lo decapitaría antes que permitir un encuentro entre los dos. — Se os ve bastante bien, majestad. — Fue toda su respuesta. Acto seguido, se giró a mirar a la reina, adelantándose unos pasos para acercarse y así tomar su mano entre las suyas para dejarle un beso en el dorso. — Alteza. — Añadió, incapaz de apartar la mirada. Era hermosa, eso no podía negarse. Y era suya, aunque las circunstancias demostraran lo contrario.

Manteniendo el gesto indiferente, el rey se limitó a observar la escena porque de haber interrumpido, los rumores sobre viejas rencillas entre el príncipe y él por el amor de la reina volverían a tomar credibilidad. — Su alteza y yo confiamos en que vuestra estancia sea provechosa. Instalaos en los aposentos que se os han preparado y cuando lo hayáis hecho, os estaremos esperando en el torneo que se organizó en vuestro honor y del que mi reina ha supervisado cada detalle para que seáis agasajado como corresponde. — Al ponerse en pie, William caminó en dirección al trono de Constance, ofreciéndole el brazo para ayudarla a levantarse, dispuesto a marchar rumbo al sitio en donde tendría lugar el torneo. — Hace mucho que no compito en justas, creo que este día será una excelente oportunidad. — William parecía renovar sus fuerzas al hablar del torneo, pues en su adolescencia y primeros años de adultez se había distinguido como un justador formidable, aunque John también destacó en dicha disciplina, lo cual aumentaba las tensiones entre los dos hermanos.

— Será un placer competir contra vos. — Murmuró John, animado ante la posibilidad de derrotar a su hermano. William, que marchaba con Constance del brazo, parecía no dar importancia a lo demás mientras escuchaba a la reina hablar del torneo y las expectativas que tenía.


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Vie 15 Jul - 23:26



Constance con William
Dia
Sala del trono
Blood is thicker than water
Desde que William anunciara el regreso de su hermano hasta que este realmente se produjo pasaron semanas suficientes como para que Constance perdiese la cuenta. Al fin y al cabo, habían tenido que pasar los dias suficientes para que la correspondencia llegara y el viaje se organizara y se realizara. Constance no sabía cuánto se tardaba exactamente en ir y venir de las Américas, ni cuánto costaba hacer los preparativos, pero calculaba que fácilmente habrían pasado dos o tres lunas.

No puede decirse que fuese tiempo muerto. Al contrario, tenía mucho que organizar. William quería recibir a John con tanto boato como fuese posible, y dado que en lo referente a festejos y visitas prefería disfrutarlos a organizarlos, la tarea recayó sobre Constance. Acabó siendo un trabajo masoquista, pues cuanto más se sumía en los preparativos, más le pesaba el alma, pero era incapaz de delegar nada. Escogió personalmente sus aposentos (eso sí, cuidándose de que estuviesen a una distancia prudencial de los suyos), las sábanas, las cortinas, las alfombras y todo cuanto en ellos había. Hizo listas de invitados y de actividades, preparando unos festejos que sólo quedaban por debajo de los que se celebraron con motivo de su propia boda. Mandó y recibió correo a nobles tanto de las islas como del continente. Se hizo vestidos nuevos y encargó ropas para su esposo, cuidando también todos los detalles. Esto último aumentó la losa que cargaba en el corazón, pues dedicó tanto interés a las nuevas ropas de William y a una armadura algo más moderna y ricamente decorada para que la luciera en el torneo como a preparar los aposentos de John.

Si era posible amar a dos personas, Constance debía ser víctima de tal maldición, pues era incapaz de renunciar a uno de los dos hermanos. Antes eso la sumía en una melancolía constante, una tristeza que le hacía añorar a ambos hombres cuando no estaban a su lado y que sólo se aliviaba en brazos de su esposo. Sin embargo, en los últimos días además de su tristeza habitual y del estrés propio de preparar un gran recibimiento para el que era el príncipe de Inglaterra, su ánimo estaba extrañamente alterado. Constance vivía sumida en la melancolía, sí, pero no solía llorar ni exaltarse para bien o para mal en modo alguno. Siempre había sido buena conteniendo sus emociones. Sin embargo, recientemente parecía estar perdiendo ese control y en ocasiones estallaba en llanto, en risa o en enfado, de una forma que nadie recordaba haber visto.

El momento más evidente fue cuando John estuvo ante ella. Tan guapo, tan galante... tan parecido a su propio esposo y a la vez tan diferente... El tiempo fuera debía haberle cambiado. Recordaba más calidez en sus ojos y en su sonrisa. Antes la miraba con adoración. Ahora... no estaba segura, pero tenía la sensación de que la miraba como se mira a un juguete que se desea y que no se puede tener. Aunque quizá fuesen imaginaciones suyas. A raíz de su pérdida de control y de su ánimo extremadamente alterado, Constance no se fiaba ni de su mente ni de sus sentimientos.

Se le humedecieron los ojos cuando John le besó la mano. Esperaba sentir mariposas, como hacia tanto tiempo atrás... pero lo que sintió se pareció más a una náusea.

- Bienvenido, príncipe John. Espero que lo encontréis todo a vuestro gusto. Si algo no os place, no dudéis en pedir que se cambie - la frase casi se le atragantó, pero consiguió pronunciarla con su voz suave y dulce. Sintió que sus mejillas adquirían un suave tono rojizo al sentirse observada por todo el mundo, sobretodo por los hermanos. Empezó a agobiarse. Algo que tampoco le había pasado hasta entonces. Sentía un torbellino en la mente que parecía querer extenderse a su estómago. Y entonces William se puso en pie y le ofreció el brazo. Constance lo aceptó con ojos agradecidos.

- Me alegra que queráis participar en el torneo, porque aprovechando los preparativos del mismo me he tomado la libertad de encargar un regalo para vos - casi balbuceó, aferrándose al brazo de su esposo como si eso fuese lo único que la ayudase a caminar - Aunque os aconsejo que no participéis en las primeras justas. Aún quedan algunos invitados por llegar, de modo que los primeros combates tendrán lugar entre gente de nuestro reino. Me alegra poder decir que prácticamente todo el mundo ha aceptado la invitación. Francia, España, varios Estados germanos e italianos, Austria... todos van a mandar al menos a un representante de alta categoría. Parientes de sus respectivos gobernantes, si es que el propio gobernante o su heredero no puede venir. Creo que este torneo sólo estará por debajo de nuestra boda. ¿Os place, mi rey?

Por increíble que pudiera parecer, William y Constance apenas habían hablado de los preparativos. Habían pasado tiempo juntos, sí, pero no habían hablado de ese torneo. Hablaban de cosas domésticas, y además hablaban poco.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Sáb 16 Jul - 18:41



William con Constance
Día
Salón del trono
Blood is thicker than water.
No sabía precisar el qué, pero había algo diferente en Constance. William sentía cierta diversión ante el tono maternal que la reina solía adoptar en ocasiones para dirigirse a él, tratándolo como un niño pequeño aunque estaban casados. — Sois una caja de sorpresas, querida mía. De más está deciros que deseo ver el regalo que me habéis hecho, sacando el mayor provecho posible de vuestra generosidad. — Ignoraba qué podía ser. Quizás se tratara de ropa nueva porque él era poco dado a gastar en esas cosas, delegando esa tarea en la reina y en su buen gusto a la hora de elegir telas. Si de William dependiera tal labor, seguramente hombres y mujeres por igual vestirían armaduras o montarían a caballo. Él era un guerrero hecho y derecho, así como John era el de los dones diplomáticos, ninguno de los dos podía cambiar eso aunque destacaran también en las otras disciplinas. — Guardaré suficientes energías para el final ¿Qué os parece? Y debéis tener lista vuestra prenda, mi señora. — Quería lucir algo que a ella le perteneciera, eso era importante. El último torneo había sido el de los esponsales y a él no se le había permitido participar pues era su boda y nadie deseaba verlo herido en una ocasión tan especial.

Anterior a ese, justas de menor importancia fueron realizadas en las casas de sus vasallos aunque ahí solo fue un mero espectador. — ¿Sabéis qué? Encargad más comida, que los cocineros trabajen el doble o el triple y que preparen todo cuanto puedan y repartan viandas a todos mañana. Compartir con el pueblo nunca viene mal. — Por supuesto, pensaba pagar el doble o el triple según las horas que los cocineros trabajaran. Más dado a convivir con el pueblo llano que con muchos nobles, William tenía en cuenta a quienes no gozaban de tantos privilegios como ellos, destinando parte del dinero que llegaba a las arcas para construir hospitales, un par de escuelas y algunas casas para los menos afortunados. — Sin duda habéis superado toda expectativa que podría haber tenido con respecto a esta celebración. — Debido a que se hallaban expuestos al ojo público evitó hacer alguna demostración de su afecto por ella, aunque bastante agradecido y en deuda estaba con la reina.

Pero si había algo que empañara su buen ánimo aquel día era la preocupación que Constance le generaba; había terminado por acostumbrarse a su habitual melancolía, al llanto que solía derramar por las noches cuando creía que él dormía pero desde un par de semanas atrás la notaba extraña, cambiante ante cualquier estímulo por nimio que este fuera. — Vos debéis descansar un poco, noto que no os encontráis bien y me preocupa que vuestro estado de salud se vea afectado por todo esto. — Rehuyendo a la comitiva que los secundaba, William dio la orden para que avanzaran sin ellos hasta el sitio del torneo en tanto él llevaba a su reina por los pasillos que conducían a la alcoba principal, aquella que solo compartían cuando las obligaciones maritales reclamaban ser cumplidas. A una distancia prudencial, un par de doncellas destinadas a servir a la reina seguían a la pareja. El no poder gozar de cierta privacidad cuando estaba con su mujer le disgustaba pero poco podía hacer, sobre todo en un sitio donde las paredes eran capaces de escuchar. — ¿A qué esperáis? — Apremió. Podía ser bastante duro cuando se lo proponía y en ocasiones gritaba como el que más. — Traed al médico ¿O pensáis quedaros ahí mirando? — La brusquedad no le gustaba pero a veces era necesaria si es que deseaba espabilar a los cortesanos, que vivían de formalidades y cortesías fingidas. Lo dijera o no, amaba a Constance y todo lo relacionado con ella era motivo de preocupación para él. No la había hecho su reina solo por su hermosura o su importante apellido, no, todo se debía a ese amor que profesaba por ella incluso si no lo demostraba abiertamente.

— Estáis pálida, más que de costumbre. — La sujetó con firmeza y la ayudó a acomodarse en la cama, sintiéndose culpable de su lamentable estado, habiendo delegado todos los asuntos del festejo en una mujer con salud frágil.  


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Dom 17 Jul - 23:54



Constance con William
Dia
Dormitorio
Blood is thicker than water
Sintió calidez cuando William le encargó que pidiera más comida. No había pensado en el pueblo, aunque la costumbre era que los restos del castillo se distribuyeran entre los que en él trabajaban y un hogar para niños desamparados que el propio William había financiado cuando aún era el heredero al trono. Era una de las cosas que le gustaba de su esposo. Aunque no lo pareciese, se preocupaba por los más desfavorecidos más de lo solía hacerlo la gente de su clase. Si tan solo se preocupase lo mismo por el corazón de su esposa...

- Así se hará mi rey. Habrá comida para todos - asintió - Tengo una prenda especial para entregaros antes de la justa - estaba muy orgullosa de una preciosa cinta que llevaba bordadas sus iniciales y su escudo de armas, hecha para que fuese a juego con el vestido que ese dia. La había bordado ella misma, pero prefirió guardar ese detalle - Y espero que mi regalo os guste.

Podía notar los ojos de John siguiendo sus movimientos y se preguntó si podría oirla. No quiso volverse para averiguarlo. Era más fácil si centraba la atención en su esposo. Por mucho que la apenara hasta enfermar, John y ella ya no podrían tener ninguna clase de historia. Constance jamás le sería infiel a William... y además le amaba. Su corazón era lo bastante grande y tierno para amarles a ambos. 

Le sorprendió y alivió a partes iguales que William despidiera a los cortesanos, enviándoles al lugar de los festejos, mientras que a ella la guió a sus aposentos ¿Quizá querría decirle algo en privado? pensó en primer lugar. O quería ver su sorpresa, y había supuesto que estaba allí. Entonces mandó llamar al médico y la hizo acomodarse en la cama. Quiso protestar, pero estaba tan enternecida por una preocupación que no esperaba ver en él que no lo hizo. No con la vehemencia que hubiese deseado.

- Estoy bien, sólo un poco cansada por el ajetreo de estos días - intentó defenderse. 

El médico llegó en pocos minutos. Siempre acudía solícito a las órdenes del rey. Era un pelota, y por ello a Constance no le caía especialmente bien. Cuando William ordenaba que lo visitara para arreglar su infertilidad, siempre se ponía de su parte, aunque sabía tan bien como ella que la falta de herederos se debía a que William pasaba más noches en cama ajena que en la propia. O solía pasarlas, al menos. Sin embargo, también era un hombre versado en su trabajo, Constance no podía negar eso, y se preocupaba por cumplir su tarea de forma eficiente y concienzuda.

El galeno hizo salir al servicio y pidió al rey que también lo hiciera, para poder examinarla y hacerle las preguntas necesarias con calma. Constance nunca supo si las respuestas que le daba eran después reveladas a su esposo o no, pero el hecho de que el médico intentase crear una atmósfera de confianza entre su paciente y él, sobretodo cuando tenía que tratar temas o partes del cuerpo delicadas, era de agradecer. 

Mientras la examinaba le hizo las preguntas de siempre: si le molestaba algo, si comía bien, si dormía, cuándo había sangrado por última vez... y cuando hizo esa pregunta, Constance se dio cuenta de que había pasado más tiempo del que pensaba. Se había distraido tanto con los preparativos y había estado tan sumida en sus pensamientos y tan volcada en William cuando no estaba organizando nada que el tiempo había pasado y... 

El médico procedió entonces a pedirle, con amabilidad, que la dejara examinarle el pecho y la zona por debajo del vientre. Aquello consternó a Constance, pero accedió, soltando un pequeño quejido cuando el médico palpó sus pechos y aquello le hizo algo de daño. La siguiente pregunta fue cuanto hacía que sentía náuseas. 

El diagnóstico dejó a la reina desconcertada, tanto que su primera reacción fue ponerse a contar dias, intentando recordar la última vez que sangró. Después el galeno fue a hablar con William.

- Es un poco pronto... pero creo que debo daros la enhorabuena, alteza, pues parece que hay un príncipe en camino- anunció al rey - No debería hacerse público aún, está en un punto muy delicado y algo podría salir mal, aunque es poco probable. La reina es joven y más fuerte de lo que parece. Es importante que descanse y se cuide, y sobretodo que esté tranquila. Aparte de eso, no veo razones para temer por el estado de ambos, al menos por el momento. 


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 19 Jul - 4:29



William con Constance
Día
Salón del trono
Blood is thicker than water.
Nervioso y expectante, William no encontró mejor manera de matar el tiempo que pasear de un lado a otro. Él no sabía de medicina o remedios pero si de algo estaba seguro era que las enfermedades o posibles infecciones eran incontables; además, la complexión física de Constance la predisponía a una salud frágil, un detalle que William solía pasar por alto la mayoría de las veces pero que comenzaba a ser motivo de discordia en el matrimonio, todo ello debido a la ausencia de progenie para continuar el legado.  Tal vez el médico terminara por confirmar el diagnóstico fatal y ambos tendrían que resignarse a vivir juntos, teniéndose como única compañía mientras el trono pasaba a manos de John o de sus hijos si es que los tenía. Instantes que le parecieron una eternidad se vieron por fin terminados cuando el médico acudió a su encuentro, aunque  ni siquiera todo su autocontrol pudo prevenir su reacción luego de recibir la noticia.

Un bebé. Un hijo suyo, suyo y de la mujer a la que amaba, aquella que por tanto tiempo había intentado concebir.   — ¿Estáis seguro? — No, por supuesto que no lo estaba pero la simple esperanza bastaba para infundir un poco de luz donde hasta ahora solo había  oscuridad. — ¿Sabéis cuánto tiempo? ¿Sabéis qué es? — Muchas eran las preguntas que tenía para hacer pero se contuvo, pues le bastaba con saber que su reina estaba bien y el niño en su vientre también. —Gracias. — Añadió, manteniendo el tono sereno a pesar de querer gritar la buena nueva  por todo el reino, noticia que debía callar por temor a malograr el embarazo de Constance si se apresuraban demasiado. Al cerciorarse de volver a estar a solas, volvió sobre sus pasos para aproximarse a la cama en donde ella descansaba.

— Me habéis hecho el hombre más feliz del mundo, querida mía. — En un gesto tierno, posó los labios sobre la frente ajena para depositar un casto beso al tiempo que su mano descansaba ahí donde creía debía estar el fruto de su unión, el futuro heredero de un reino consagrado.   — Será un príncipe digno de la familia, el pueblo lo amará y no habrá varón más esperado que él. — No percibía nada todavía, puede que por lo abultado de sus ropas o su gestación tan temprana pero si algún bebé existía, dios sabía que William amaría a su hijo más de lo que se amaba a sí mismo.



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II. Blood is thicker than water

Mensaje por Harley el Mar 19 Jul - 18:14



Constance con William
Dia
Dormitorio
Blood is thicker than water

- No será del todo seguro hasta que el vientre de la reina se hinche, pero tiene todos los síntomas. En cuanto al resto...en seis o siete meses, más o menos, tendrés respuesta - el médico se despidió con una pequeña reverencia, consciente de que el rey apenas le prestaba atención.

Constance seguía confusa cuando su esposo regresó a su lado. Sin embargo, sonrió al escuchar sus palabras y recibir el beso... y sintió tanta ternura que se echó a llorar. Apoyó la mano sobre la que William tenía sobre su vientre, entre sollozos y sonrisas.

- ¿Y si es una niña? - balbuceó, ligeramente preocupada por la respuesta. Él parecía asumir que sería varón, y ella no tenía medio de asegurarlo, aunque en todo caso, concebir una vez significaba que podía volver a hacerlo. Podría darle un varón más adelante, si ahora tenían una niña... pero quizá William no regresara a su lado si tenía una princesa en lugar de un príncipe - ¿Qué os ha dicho el médico? Dice que estoy bien, que los síntomas son normales, pero temo que me oculte algo... si es así decidmelo, no quiero que le pase nada a... a nuestro bebé - "nuestro bebé" sonaba tan hermoso...
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 20 Jul - 5:55



William con Constance
Día
Salón del trono
Blood is thicker than water.
En temas de sucesión, cualquier rey esperaba tener siempre hijos varones para asegurar el legado; las hijas eran siempre bienvenidas también pues podían destinarse a forjar alianzas matrimoniales con reinos vecinos o en su defecto, casadas con parientes importantes que pudieran costear una buena dote para el padre, además de una manutención decente para la futura esposa. —  Os aseguro que amaré a todos los hijos que podáis darme, niños y niñas por igual. — A efectos prácticos existirían ciertas distinciones por razones de género pero el amor que como padre pudiera profesar hacia sus hijos, ese sería incondicional. — Es el primero de muchos hijos que habréis de darme, amada mía. El primogénito de una larga línea familiar con que recompensaréis al pueblo. — Si John y sus pretensiones sobre el trono no fueran más que un simple rumor, William no tendría mayor interés que ver a su primer hijo nacer sano pero con una posible abdicación debido a la ausencia de herederos, sus prioridades se hallaban comprometidas totalmente.

— El médico dice que tenéis todos los síntomas que una mujer en vuestro estado debe tener pero que es poco el tiempo y debéis extremar los cuidados para que no suceda nada con nuestro hijo. — William no le mentiría. Por difícil que fuese la verdad, él estaba dispuesto a cargar con el estigma de ser cruel pero prefería eso a ocultar las cosas que consideraba importantes, atributo por el que se había ganado la enemistad de muchos, incluido su hermano. —Ahora que estáis embarazada quizás sea mejor que os marchéis a la casa de campo, el ambiente es mejor ahí y el aire más puro.  La ciudad es un foco de infección para alguien como vos, máxime aun cuando os encargáis de asistir a los pobres de la ciudad. — La sola idea de separarse ahora que ya eran tres se le antojaba detestable, una posibilidad  entre tantas que podían salir mal. Ahora William y Constance debían velar por algo que era mucho más importante que el reino, John o su matrimonio en crisis: un bebé.

Imaginaba brigadas exhaustivas de limpieza, cuadrillas de saneamiento dispersas por todo el reino y barberos yendo de casa en casa para cortar los cabellos plagados de piojos: haría lo que fuera necesario a fin de proteger la salud de la reina y el bebé que gestaba en el vientre. — Descansad, querida. Dadme vuestra prenda y vuestros buenos deseos para ser capaz de triunfar en las justas. Os dedicaré esta victoria, también a mi hijo. — Una vez más, se permitió acariciar el vientre de la reina, asumiendo un gesto protector. — Sé cuánto deseáis presenciar el torneo pero no deseo someteros al cansancio de tan larga jornada. — En competiciones como esas, cualquier accidente era posible y no pocas veces alguien del público había salido herido por culpa de una lanza mal rota o una daga mal dirigida. Todo podía suceder y no iba a ser él quien colocara a su esposa en una situación de riesgo.


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II. Blood is thicker than water

Mensaje por Harley el Jue 21 Jul - 23:14



Constance con William
Dia
Dormitorio
Blood is thicker than water

La sugerencia de que se marchase al campo le provocó una grieta en el corazón que, en su estado, no fue capaz de disimilar y acabó reflejándose en su rostro.

Constance tenía el corazón lo suficientemente blanco como para creer que William la quería, pero también sabía que había otras mujeres en su vida. No dudaba de su amor, pero pensaba que la amaba mal y no se daba cuenta del daño que le hacía. En las últimas semanas se habían acercado un tanto, y aunque hacía apenas unos minutos que sabía de la existencia del bebé, esperaba que sirviera para unirles aún más, dado que la falta de herederos había sido uno de los peores reproches que su esposo le había hecho.

Pero no era así. Lo primero que había sugerido relacionado con el embarazo era apartarla de su lado. Claro, pensó, ahora que su vientre estaba lleno ya no tenía razones para permanecer junto a ella por las noches. Podía regresar a los brazos de sus amantes, y con ella lejos tendría más libertad aún. Aquello le partía el corazón.

- No deseo marcharme - murmuró débilmente. Ese era su máximo nivel de protesta. William podría haberla arrastrado en ese mismo instante a un carruaje y ella se hubiese dejado, sin gritar ni armar ningún escándalo. Sentía celos y dolor, pero la única forma en que era capaz de expresarlo era con protestas débiles y lágrimas que casi siempre eran silenciosas.

El corazón le dolía desde que William pronunció las palabras "marcharos a la casa de campo", por lo que apenas prestó atención a las explicaciones de su esposo. No llegó a darse cuenta de que esa sugerencia era la forma que él tenía de expresar su preocupación por la salud tanto de ella como del bebé. No escuchó apenas hasta que sugirió que también debería ausentarse del torneo. Y de nuevo sintió que una grieta se abría en su corazón. ¿También quería apartarla de eso?

- Pero... soy la reina... yo lo he organizado... t-tengo todo listo, el vestido, la prenda, vuestro regalo... la gente murmurará si no estoy presente - la corte enseguida pensaría que el rey la apartaba y empezaría a cuchichear sobre qué amante había conseguido que la presencia de la reina fuese ingrata. O hablarían de su pasado con John. O ambas cosas. Al menos, eso pensaba Constance - Y... quiero veros con... con lo que he encargado para vos... - de nuevoera una protesta débil, y si William insistía en que se quedara acabaría por ceder, como hacía siempre. Cedería, permanecería en sus aposentos, sóla y llorando hasta quedarse sin fuerzas.

Bajó sus ojos tristes hacia su vientre. Su mano seguía sobre la de su esposo, ninguno de las dos las había apartado del lugar que cobijaba a su futuro hijo. Apartó la suya lentamente, dejándola caer a un lado del cuerpo.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Sáb 23 Jul - 6:48



William con Constance
Día
Salón del trono
Blood is thicker than water.
En cuestión de minutos, William vio cómo el semblante de Constance se ensombrecía después de escucharle hablar y no pudo evitar sentirse exasperado ¿Acaso su matrimonio estaba condenado a ser de la misma manera?  Que pudiera pasar de la alegría al llanto de un instante a otro le hacía dudar de su cordura pero quería pensar que todo era a causa del embarazo, que las mujeres actuaban de modo irracional durante la preñez. Tal vez  por la manera tan precaria en que ambos se comunicaban o por las diferencias de opinión pero no llegaban a entenderse y se veían sumidos en constantes desacuerdos. — Sé que sois la reina, me casé con vos ¿O no os acordáis? — La amaba y mucho, pero su falta de carácter y determinación frecuentemente terminaban por hacer que la apartara de su lado, especialmente cuando lloraba. William no podía soportar que nadie llorara, él no lo hacía. — Si deseáis quedarte, quedaos entonces. Pero no me culpéis después si enfermáis o si vuestro hijo lo hace porque no voy a perdonaros. — Negó con la cabeza y la ayudó a ponerse de pie, no muy convencido.

No pudo evitar reprocharle con la mirada. Él quería que se fuera, que se retirara al campo para que el aire puro ayudara a su salud y a la del niño. Después de tanto tiempo luchando por tener un heredero que continuara su linaje, no podían permitirse perderlo a causa de una enfermedad o de algo que bien pudo evitarse. —Marchemos al torneo en ese caso, que todos deben veros como la reina que sois, como queréis que os vean. — A veces le era complicado disimular su molestia, especialmente en una situación así. Sí quería exhibirse y presumir de sus dotes como organizadora, no sería él quien se lo impediría. No la comprendía ¿Acaso no le había pedido en incontables veces que cumpliera sus deberes como reina y prefería sumirse en la tristeza? Ahora que él manifestaba preocuparse por el bebé en su vientre, ella no quería guardar reposo. — Prometedme al menos que al término de las justas guardaréis reposo. — Tanto la amaba que de algún modo u otro acababa cediendo a sus deseos, incluso aunque la molestia fuera evidente.

Ofreció el brazo a la dama en un intento por apaciguar las cosas, al menos de cara a la gente. Debían verse bien, felices como nunca antes para acallar los rumores. Quería arreglar las cosas pero al no saber cómo remediar lo sucedido, intentó establecer algún tipo de conversación. — ¿Me diréis cuál es el regalo? Admito que habéis estimulado mi curiosidad lo suficiente como para no esperar a verlo. — Se adelantó unos pasos para ayudarla a avanzar, cuidando que nada entorpeciera los pasos de la reina. Tenían todavía un buen trecho antes de llegar a la zona de justas, en donde habría de celebrarse el torneo en honor a John. — ¿Cómo os ha ido con el matrimonio del príncipe? ¿Habéis hallado ya una candidata adecuada? — Y con ello se refería a alguien con buena dote, de familia importante, preferentemente de un reino con el que forjar alianzas y hermosa, aunque prefería que no lo fuera tanto. A la larga, eso supondría mayores problemas en su matrimonio si comenzaban a hacerse rumores y sumaban a su futura princesa a la larga lista de amantes del rey.

El ruido de trompetas y liras les dio la bienvenida mientras uno de los juglares anunciaba con bombo y platillo la llegada de los reyes. — Mi lady, por favor. — Le tendió la mano para ayudarla a subir al improvisado palco de madera, cuidando de no tropezar. Con John a su izquierda y Constance a su derecha, William ocupó el sitial del centro, dando la venia para comenzar las justas luego de obtener el beneplácito de su esposa.


Última edición por Lucrezia el Vie 21 Oct - 8:33, editado 1 vez
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II. Blood is thicker than water

Mensaje por Harley el Vie 29 Jul - 13:12



Constance con William
Dia
Dormitorio
II. Blood is thicker than water

El ánimo de la reina mejoró levente cuando su esposo consintió que la acompañara y la ayudó a incorporarse. Pero le dolía en el alma que lo hiciese tan a regañadientes y que incluso la acusara de ponerse en peligro a sí misma y al bebé. Se aferró con fuerza a su brazo, dejándose guiar.

- No me privéis de veros lucir mi regalo, mi rey - replicó en tono suave, intentando apaciguarle - Cuando hayáis ganado las justas y me dediquéis la victoria, os prometo que regresaré a mis aposentos para que nuestro bebé descanse y crezca fuerte y sano. Pero seguro que también el bebé desea estar presente hoy.

Caminaba a un paso algo más lento de lo habitual, en parte por notarse un tanto extraña, en parte por no querer apresurarse y querer asegurarse de no tropezar o dar un mal paso. Quizá William pensara que era una inconsciente que no se preocupaba por su embarazo, pero lo cierto era que lo hacía, y mucho. Acaba de conocer la existencia del bebé, pero ya lo amaba con todas sus fuerzas. Si le pasaba algo, no se lo perdonaría, y sabía que William tampoco lo haría. Pero la idea de quedar recluida hasta que el bebé naciese, mientras su esposo disfrutaba de la compañía de otros... y otras... se le hacía demasiado dolorosa.

Pensar en el matrimonio de John también le resultaba doloroso.

- No he tenido mucho tiempo para encargarme de ello, dado que tenía que organizar el torneo - de hecho, se había volcado en los preparativos más de lo que nadie esperaba precisamente para poder evitar aquel tema. Aunque dejarlo en un segundo plano no significaba que lo hubiese ignorado - Pero he enviado cartas a toda casa europea de renombre, preguntando por las damas casaderas. No creo que tardemos en recibir respuesta... quizá algunos aprovechen el torneo para aportar dichos detalles. He... he pensado que sería mejor saber primero cuántas candidatas hay y luego pensar quién sería la más adecuada. Creo que las mejores opciones serán las germanas o las italianas. Quizá una dama danesa... forjar alianzas con esos territorios podría reforzar nuestra posición ante Francia. Pero no quiero pensar mucho en ello hasta saber cuántas candidatas apropiadas hay, de dónde provienen y qué ofrecen - no quería pensar mucho en ello, en general. Pero puestos a hacerlo, lo mejor sería buscar una esposa que trajese algo bueno a la corona. Los matrimonios servían para forjar alianzas, después de todo. Le buscaría una buena chica, de carácter dulce y amable, a ser posible rica y bien posicionada. John no tendría queja de la esposa escogida, y tampoco William. O eso esperaba.

Se dejó conducir hasta el lugar de honor reservado para ellos. Todo a su alrededor estaba decorado con los colores de su esposo, por expreso deseo de la joven. Cintas de colores, música... incluso el dia se mostraba soleado y con una ligera y agradable brisa. Todo era tan perfecto que el ánimo de Constance mejoró aún más y se propuso hacer cuanto estuviese en su mano para que el de William también lo hiciera.

- Si os dijera cuál es vuestro regalo, no sería una sorpresa - comentó, inclinándose sobre él ligeramente y esbozando una dulce sonrisa - Sólo puedo deciros que os aguarda para acompañaros en las justas y que yo misma he supervisado cada detalle.

Sintió los ojos de John mirándola fijamente, y por absurdo que pareciera de repente tuvo la sensación de que esforzarse en ser una buena esposa era algo malo. Entrelazó los dedos con los de William y apretó su mano con suavidad, buscando su apoyo para deshacerse de esa sensación. Aunque la reina volvió el rostro hacia las pistas, seguia sintiendo los ojos de John clavados en ella, aún más hostiles. No estaba haciendo nada malo, se dijo. No era justo que John la mirase así.
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 3 Ago - 5:27



William con Constance
Día
Salón del trono
Blood is thicker than water.
La situación se le antojó irónica, divertida de por sí. Evidentemente él era el rey y aquella corona que portaba era la ostentación física de su cargo; gobernaba un próspero reino pero a efectos prácticos era la reina quien regía en él ¿Cómo si no se explicaba la incapacidad de negarle nada? De modo que había terminado por consentir que lo acompañase al torneo a pesar de la preocupación inicial debido a su salud y a la del bebé. — Estoy dispuesto a concederos ese gusto pero en cuanto acabe mi participación, os ruego que marchéis a descansar. — Con el tiempo se había ido dando cuenta de cómo el día a día afectaba la relación entre los dos: ambos eran expertos negociando, intentando siempre buscar un punto de equilibrio en el frágil vínculo que conservaban todavía, ahora reforzado por la llegada de un integrante más a la familia que se empeñaban en formar.

Estaba tan de buen humor que se sentía dispuesto a dejar pasar la actitud tan insistente de John por ganarse el favor de la reina. Si bien no deseaba suscitar mayor escándalo, aun así se permitió posar su mano sobre la ajena, acariciando los delicados nudillos de su esposa. — El príncipe debería ser el primer justador ¿No creéis? — En realidad casi estaba sugiriendo que alguien debería romperle los huesos tan pronto como se presentara la ocasión, aludiendo al espíritu deportivo en la competición para justificar ese grado de violencia. — ¿Recordáis a Lord Howard? Es muy anciano ya pero eso no significa que no ame las justas como el primer día. — Señaló a uno de los caballeros a poca distancia, un hombre joven y gallardo blandía el escudo de su familia. — Ese es su hijo, Lord Charles Howard, futuro duque. Puede que parezca escuálido dentro de esa armadura pero así como lo veis, es capaz de  levantar un tronco para usarlo como lanza. — Explicó, siendo él uno de tantos que habían tenido ocasión de probar sus peculiares maneras en el campo.

— Tal vez mi hermano no os lo diga, mi lady. — Intervino Jon, interesado de pronto en la conversación, dirigiendo exclusivamente su atención hacia la reina. — Pero su majestad casi pierde un ojo en una justa contra Charles Howard antes de que os casarais con él. Normal que no le tenga mucha estima. — Añadió entre suaves risas, como si acabara de contar la broma más graciosa del mundo. En eso estaba cuando el ruido de trompetas interrumpió su conversación, anunciando el inicio de la primera ronda en justas, con Charles Howard y James Richmond como primeros competidores.    — Será en la tercer ronda cuando veáis lo del tronco. Howard lo hace siempre en ese turno, no sé por qué. — Murmuró, evitando sacar a colación el tema de su ojo.


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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Harley el Vie 19 Ago - 17:30



Constance con William
Dia
Torneo
II. Blood is thicker than water

La caricia de su esposo le provocó un suave y dulce escalofrío que le erizó la piel del brazo. Al recordar la presencia de John, se sintió avergonzada por disfrutar de una caricia tan sencilla. Y al mismo tiempo, se sintió absurda, pues como esposa de William tenía todo el derecho al disfrutar de cualquier gesto cariñoso que él le prodigara, por nimio que fuese.

- El príncipe hará un buen papel cuando le toque combatir, sea en el turno que sea - aquella respuesta era un intento de conciliar sus contradictorios sentimientos al respecto, ya que por un lado desearia que John estuviese en las pistas y no junto a ellos y por otro temía que sufriera algún daño - Igual que vos, esposo - apenas prestó atención a John, intentando marcar algo de distancia, pero el sonido de su voz la impulsó a entrelazar los dedos con los de William, buscando seguridad - Supongo que todo caballero tiene sus manías, aunque vos sabéis más de eso que yo - fijó los ojos en la primera justa, sin dejar de sentirse observada por ambos hermanos.

Constance nunca había sido especialmente aficionada a esos eventos, aunque era capaz de emocionarse en ellos, ya fuese sintiendo preocupación cuando alguien a quien apreciaba combatía, ya fuese alegrándose por su victoria o entristeciéndose por su derrota, ya fuese simplemente por sentir que se le aceleraba el corazón ante una liza especialmente intensa. La razón por la que le desagradaban ligeramente era la sangre, las heridas y los accidentes que en ellas se producían. Le gustaba oir al público aclamando a los contendientes, pero disfrutaría más si el dia se saldara sin nadie requiriendo atención de un galeno o curandero. De modo que, como todo, los torneos despertaban en ella sentimientos contradictorios. Se moría por ver a William luciendo la armadura que había encargado para él, siendo aclamado por el público y derrotando a sus enemigos, para luego brindarle la victoria a ella. Pero le aterrorizaba pensar en la posibilidad de que fuese herido. 
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Re: Every rose has its thorns.

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 7 Sep - 17:13



William con Constance
Día
Salón del trono
Blood is thicker than water.
Aleccionado durante toda su vida para ser rey, William había desarrollado con los años una tolerancia digna de admirar aunque no perfecta; podía tolerar muchas cosas pero las impertinencias que su hermano cometía, no. — Mantened la distancia, estáis hablando con vuestra reina. — Que todos mostraran el debido respeto a Constance era primordial y se aseguraba de ver cumplido su mandato. John podía ser el príncipe pero no estaba por encima de la mujer que gobernaba Inglaterra a la par que el rey. — Disculpaos con ella o haré que os encierren en la Torre, estoy seguro que sabréis encontrar el lugar confortable. — Amenazar no era su especialidad pero por una vez deseaba disfrutar un evento tan importante como aquel sin que las interrupciones de su hermano arruinaran el festejo. Aun así, miró de reojo a Constance y le ofreció una disculpa también, excusándose por su comportamiento tan impropio. — Me lo habréis de perdonar pero  alguien tiene que ponerlo en su sitio de vez en cuando. Además ver la sangre correr termina calentando el ánimo de cualquiera. — Por lo menos el suyo.

Que Howard tenía sus manías eso estaba claro y todos lo aceptaban. William también contaba con rituales propios a la hora de justar que solo sus allegados conocían: elegía siempre al mismo caballo, él mismo supervisaba la elaboración de sus lanzas e incluso se daba tiempo para probar un par antes de aprobarlas por fin. — No temáis, querida. Esto apenas comienza. — Un grito de júbilo se dejó escuchar por los ahí presentes, que no tardaron en vitorear a Richmond cuando vieron cómo quebraba la primer lanza del contrario. El escándalo fue tal que William desistió de continuar la plática, consciente de que su reina no sería capaz de escucharle en medio de toda la algarabía. — Pocas veces el combate dura más allá de la tercer lanza, especialmente con Howard como contrincante. — Explicó, acercándose a su oído para susurrar y que así escuchara lo que tenía para decir. No hablaba por hablar, sabía bien cómo se las gastaban ambos contendientes, por lo cual auguraba una lucha bastante pareja entre ese par.

Los dos caballeros se posicionaron en su respectivo sitio y tras unos segundos que aprovecharon para replantear la estrategia individual, se lanzaron al ataque sin prestar atención a lo demás; nuevamente Richmond volvía a colocarse en el primer sitio, destrozando así la segunda lanza de Howard. — Hará lo del tronco. — Hizo una seña al copero real y pidió que les llevasen algo para beber, indicando que no fuese alcohol. Había pedido agua preferentemente porque no era bueno que Constance consumiera vino, no en su estado.


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