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And so the wolf fell in love with the bear

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And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Sáb 16 Jul - 16:07


GOT AU, Romance
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And so the wolf fell in love with the bear

Han pasado cerca de diez años desde que Daenerys Targaryen puso fin a la amenaza de los Caminantes Blancos y tomó el trono de hierro. Desde su coronación, Poniente se ha concentrado en sanar sus heridas y recuperarse de aquellos tiempos tan sombrios. Ahora que la paz parece duradera y las cicatrices se han cerrado, las cabezas de las grandes casas empiezan a moverse. No todos están contentos con la reina o con su posición en el tablero político. Consciente de esto, Daenerys se da cuenta de que necesita un esposo con el que afianzarse en el trono y tener herederos que sigan su legado. Sus ojos se vuelven hacia el Norte, cuyo actual gobernante, Jon Stark (legitimado por la propia reina, pero al que muchos siguen llamando Nieve) es uno de los hombres mejor considerados por el pueblo y quien fue uno de sus primeros aliados.

La llegada de la reina significa tener que organizar festejos y entretenimientos con los que agasajarla, lo que también significa invitar a señores y vasallos. La ocasión es perfecta para tender nuevas alianzas y reforzar las existentes, así como para mostrar a los jóvenes caballeros y damas en edad de comprometerse. Invernalia se convertirá en el centro de todas las miradas, le guste o no a su señor.

Entre los nobles que se desplazan al lugar se encuentra la joven Lyanna Mormont. Durante la guerra que, entre otras cosas, otorgó el control del Norte a Jon, Lyanna era una chiquilla, pero ello no impidió que mostrara su fiera lealtad a los Stark, incluido el que antes fue bastardo. Ahora Lyanna ya no es una niña, y aunque los torneos y las fiestas cortesanas no son lo suyo, una vez más acude la primera a la llamada de su señor. Jon no puede evitar fijarse en la muchacha, siempre leal y tan diferente a la mayoría de las damas, capaz de manejar su casa prácticamente desde que dejó sus pañales. Siempre le ha tenido admiración y cariño.

Jon también necesita pensar en contraer matrimonio. Sin embargo, la propuesta de Daenerys no le atrae en absoluto. Quien si llama su atención es Lyanna, que ha dejado de ser la chiquilla que tuvo los arrestos de encararse al resto de señores norteños, pero sigue teniendo ese carácter fuerte que la ha hecho famosa en todo Poniente.

personajes
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Jon Stark (antes Nieve)
29 ♠ Kit Harrington ♠ Lucrezia

Lyanna Mormont
16 ♠ Anna Popplewell ♠ Lyra
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cronología


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I. Game of lies.

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 17 Jul - 22:36


“La reina no desea esperar más”. Ante las palabras de su castellano, el Lord de Invernalia se limitó a asentir con levedad, ocupado como estaba en acomodarse la piel de oso pardo que solía llevar como abrigo. Sin querer ser descortés, tenía la intención de hacer esperar a la reina tanto como fuera necesario, toda vez que las condiciones del clima no eran las mejores, sobre todo para los sureños. Una guerra librada y diez años después no habían aleccionado a los guerreros de la reina, a los que suponía vestidos a la usanza dothraki o con ligeras armaduras, que poco servían al tiempo de paliar el gélido clima del Norte. — Iré. — Enunció como toda respuesta. Iría, por supuesto que lo haría; más que desearlo, estaba obligado por el consabido honor Stark a no desairar a la reina ni a su comitiva durante su estancia en Invernalia.

Hipocresía, falsedad. Todo aquello lo era, incluso la correspondencia intercambiada entre la reina y él o en su defecto, con Tyrion Lannister. Sin importar cuán corteses fueran mediante las cartas, él conocía — o al menos intuía — sus verdaderas intenciones. Ciertamente resignado, avanzó por los pasillos de la fortaleza para acudir al encuentro de la reina, a quien había destinado los mejores aposentos en el área de invitados, aquellos que antaño habían albergado a lores y ladys durante distintas épocas. Fiel a la costumbre, el castellano de Lord Stark seguía sus pasos a prudente distancia, llevando consigo uno de los muchos regalos que Jon otorgaría a Daenerys, quisiera o no. A partir de ese momento, se limitaría a fungir como anfitrión para la multitud, algo en lo que no destacaba especialmente.

Un par de golpes en la puerta de los aposentos reales bastaron para captar la atención de Missandei, quien acudió solícita a atender el llamado; a Jon no le pasó desapercibida esa sonrisa tan extraña que la había visto esbozar la noche de su arribo a Invernalia, suceso que se produjo dos días antes de lo estipulado, situación que se convirtió en el desagrado de la servidumbre, poco habituada a los cambios de planes. — Antes de escoltaros al torneo, vuestra reina y vos querréis usar esto. — Se apartó para dejar paso a su castellano, quien se adelantó unos pasos en pos de entregar a Missandei un par de pieles, una de lobo que habría ella de usar y una más grande, de oso negro, para Daenerys. — El agua nieve ha amainado, es buen momento para comenzar con las festividades. — Intentó sonreír, en verdad que lo intentó. Tal vez debido al frío o porque su semblante era así desde siempre pero no consiguió esbozar más que una fina y tensa línea en los labios.

Escoltada por Missandei, la reina — ataviada con aquel pelaje que Jon había obsequiado cortésmente — se reunió con el anfitrión, quien ofreció el brazo casi por inercia, costumbre quizás adoptada gracias a Eddard, al que seguía considerando un padre. — Los justadores del Norte ciertamente se distinguen entre los demás, alteza. — Muchos intentarían deslumbrarla, ganar su favor o hacerse con un cuantioso premio cuando menos. — He oído mucho acerca de la bravura de los oriundos del Norte y ciertamente estoy deseando verlo. — Daenerys parecía animada ante la perspectiva de presenciar justas sobre la nieve, lo que añadía dificultad si el jinete no era lo bastante experto para controlar el caballo. — ¿Participaréis? — Ante esa pregunta, Jon se vio obligado a ladear la cabeza, negando. — Soy más guerrero que justador, alteza. Y más guerrero que señor, por supuesto. — Con cuidado, la ayudó a subir hasta el palco destinado para ellos, dejando que la reina ocupara el sitio en el centro, con él a su derecha y Missandei a la izquierda.

Le disgustaba estar ahí, prefería pasearse alrededor del campo nevado para convivir con sus vasallos pero estaba dispuesto a soportar la tediosa jornada a fin de no decepcionar. A pesar de la distancia, era capaz de distinguir los estandartes pertenecientes a las distintas casas del norte: Glover, Manderly, los Giantbane de Fuerte Terror — creada a raíz de la extinción de los Bolton — , Umber, Cassel, Cerwyn y Mormont. Pensar en esa isla del oso logró hacerle sonreír ¿Seguiría Lady Lyanna rigiendo su casa con mano de hierro? Suponía que sí, habiendo confirmado su asistencia al torneo de inmediato. Continuaba siendo leal a los Stark y eso, Jon lo agradecía bastante.


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Jon Stark
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I. Game of lies

Mensaje por Harley el Lun 18 Jul - 11:05


Como a todos los norteños, recibir el cuervo convocándoles a un torneo en honor a la reina sorprendió a Lyanna y a sus hombres. Jon (la joven se permitia llamarle Jon, como él le había pedido cuando apenas era una chiquilla) no solía organizar eventos. De hecho, apenas lo había visto desde la guerra, aunque se escribian casi a diario. El nuevo Norte, el que había tenido que renacer de entre los restos de batallas terribles y se había enfrentado a sí mismo con saña, encontraba muy tierna la relación entre el nuevo Stark y la joven Mormont. Eran como hermanos que se hubiesen separado para cumplir sus deberes. Ella mostraba una fidelidad y lealtad tan férreas que recordaban a las que un niño siente por aquellos a los que admira y él vigilaba su entorno desde la distancia para asegurarse de que estuviese bien y a salvo.

Aunque Lyanna no necesitaba que cuidasen de ella. Desde bien niña había demostrado ser capaz de hacerse con el mando de su casa y sus tierras, sin que ningún hombre pudiera amedrentarla. Ahora había crecido, ya no era una niña, pero seguía siendo igual de fuerte. Además, se había convertido en una joven hermosa, aunque su afición a las ropas de montar y la necesidad de vestir prendas gruesas para evitar el frio disimularan sus formas. Sin embargo, a pesar de todo se había ganado el respeto y admiración de muchos norteños. Habia muy pocas mujeres como ella.

Por supuesto, Lyanna acudió a la llamada de su señor, y no fue la primera en llegar únicamente por la distancia que separaba sus tierras. Pero estuvo entre las primeras en alcanzar Invernalia y acomodarse entre sus muros. Le gustaba aquel lugar, casi tanto como su propio hogar.

Dado que era una ocasión especial, su tutor le hizo ponerte un vestido azul y cubrirse con su mejor piel, colocada de forma que dejase entrever el vestido. También se había tenido que peinar y dejar el cabello algo suelto, sólo recogido por algunos mechones trenzados con cintas y sujetos en la parte de atrás de su cabeza. El vestido era precioso y el cabello así recogido le sentaba bien... pero Lyanna era una mujer práctica, y hubiese preferido las ropas que solía llevar y el cabello completamente trenzado para que no le molestase. Sin embargo su tutor tenía razón, era una ocasión especial y ella era una dama. Debía demostrar que las damas norteñas eran tan bonitas y elegantes como las sureñas. Aunque tuviera que pasar algo de frio para ello.

Aguardó la llegada de Jon y de la reina junto a sus tutor y un par de sus hombres de mayor confianza. Destacaba entre los vasallos de Jon, todos ellos hombres grandes y recios (incluso los más jóvenes), que abultaban aún más al ir cubiertos de pieles. Ella, con su vestido azul, su piel de oso clara y su menor tamaño, era como un punto de luz entre un mar de pieles pardas, grisáceas y negras. Una sonrisa apareció en sus labios al ver a Jon. Era tan apuesto como recordaba, y seguro que seguía siendo igual de caballeroso. Estaba orgullosa de servir a un señor como él. La reina no tendría queja en su visita.

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Lyanna Mormont
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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 19 Jul - 5:52


Como una brillante mancha azul en medio de tonalidades blanquecinas, grisáceas y oscuras, la figura de Lyanna Mormont destacaba  entre todos los señores del Norte. Ante tan curiosa estampa, Lord Stark se permitió esbozar una ligera sonrisa que no pasó desapercibida para la reina. — Parece tan frágil… — Si no fuese la reina quien hablaba, Jon y el resto de norteños habrían considerado esas palabras como una afrenta pues tal era el cariño que profesaban por Lady Mormont. — Que no os engañe su apariencia. Hay más valor en ella de lo que creéis. — Su intención era zanjar el tema cuanto antes, consciente de las tensiones entre la señora de isla del oso y Jorah Mormont, antiguo regente y guerrero al servicio de la reina. Había escuchado rumores que de ser ciertos, pondrían a la joven doncella en una complicada situación. Jon la conocía bien, sabía que podría salir avante de cualquier dificultad pero como medida precautoria había optado por asignar una cuadrilla de sus mejores hombres para vigilar los alrededores de la isla.

— Mis intenciones son las mejores, Lord Stark. La fortaleza ancestral de los Mormont debe estar en manos de su legítimo dueño. — Sobre temas de legitimación, Jon sabía y bastante; él mismo había recorrido un largo camino para lograr cierto reconocimiento, llegando a morir — y nunca mejor dicho — en el intento. — Vuestras intenciones son loables, cualquier señor con dos dedos de frente puede darse cuenta de ello. — Enternecedoras pero no justas, idealistas pero carentes de practicidad en el día a día ¿Acaso no podía verlo? — El Norte recuerda. Jamás compartirán el pan y la sal con un Mormont que fue exiliado por su antiguo señor. — Dicho esto, volvió a posar la mirada en las gradas, concretamente en la osa de piel blanca como la nieve. Prefería centrarse en la competición que tenía lugar a escasos metros de donde se encontraban, con un guerrero perteneciente a las islas del oso  combatiendo cuerpo a cuerpo contra Tormund, que a pesar de todas esas batallas libradas seguía conservando ese espíritu combativo, digno como el que más y mucho más honorable que algunos miembros de la guardia real.

<< Cásate con la reina, con una norteña, con una sureña o incluso con una salvaje si deseas >>. Las palabras en la última carta de Sansa acudieron a él sin desearlo, incapaz de olvidarse de ello. << Es tu deber darle hijos al Norte, continuar el legado familiar o todas las pérdidas serán en vano >>. Deber. Todo se reducía a eso, a cumplir con las expectativas que otros se forjaban en torno a cómo debía actuar o regir sus tierras, fingiendo confiar en él o en sus reformas mientras se mantenían vigilantes, en espera de verlo cometer un error para pedir su cabeza ¿Podría casarse con ella? Él y Daenerys eran completamente distintos, tan opuestos entre sí que no imaginaba cómo algo bueno podría resultar de su unión. Aunado a eso, su reducida experiencia con mujeres otorgaba poca referencia al momento de querer poner las cosas en perspectiva. — No pretendo que vuestros vasallos se alcen contra mí si eso es lo que creéis. Debo ser justa con todos, especialmente con aquellos a los que la vida ha robado tanto… — Jon asintió, dándole la razón. Después de todo ambos tenían ciertos temas en común, aunque no los suficientes como para considerar una unión matrimonial. — Haced honor a vuestro sentido de la justicia, alteza. No despojéis a la muchacha de aquello que ha ganado por derecho propio. — Exasperado por el rumbo que tomaba la conversación, resolvió permanecer en silencio durante las dos primeras rondas, aprovechando el momento de descanso en que guerreros y vasallos buscaban ganar el favor de la reina.

Al verse libre, se escabulló entre la multitud para alejarse de la algarabía general; Fantasma lo seguía de cerca y solo se detuvo una vez que el viejo arciano apareció ante ellos. Ahí, en ese pequeño  bosque de dioses encontraba la paz que había perdido dos días atrás y que creía no volvería a recuperar.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Mar 19 Jul - 19:10


Se dio cuenta de que Jon la observaba, aunque estaban a demasiada distancia como para saber por qué lo hacía. Su tutor, que seguia siendo su principal consejero a pesar de que ya no necesitaba un tutor, le sugirió que quizá quería que se acercase. Lyanna, al verle acompañado por la reina, no se atrevió a hacerlo, dado que a esa distancia no estaba segura de si eso era lo que su señor quería.

Además... la joven no sentía especial afecto por la reina. Uno de sus hombres más cercanos era Jorah Mormont, el hermano de su madre... quien se empeñaba en reclamar la Isla del Oso. ¿Cómo se atrevía? Había perdido su derecho sobre ella cuando Ned Stark lo exilió. Había sido su madre primero y luego ella misma quienes habían reparado el honor de su casa y mantenido la Isla y a sus habitantes a través de los turbulentos tiempos que el Norte había vivido. No, no permitiría que su tio se quedara con su isla. Si la quería, sería por encima de su cadáver.

Quizá Jon la miraba porque Daenerys estaba reclamando la isla para Jorah. No obtendría nada, estaba segura. Lyanna confiaba en Jon, él no permitiría que le arrebatasen lo que era suyo. Ni él ni la mayoría de norteños, los antiguos y los nuevos (muchas casas extintas o castigadas por traición habían sido reemplazadas por salvajes aliados de Jon), lo consentirían. Lyanna se sabía apreciada ente los norteños, que respetaban su valor y lealtad a pesar de su corta edad. Sin embargo, sabía lo suficiente de política como para saber que una isla gobernada por una niña era un precio pequeño por algo más grande. Daenerys no tenía nada que ofrecerle a Jon, pero...

Empezó a darle tantas vueltas al tema que acabó perdiendo las ganas de ver el torneo. Se escabulló con la primera excusa que se le ocurrió y se alejó de la muchedumbre. Caminó sin rumbo, pensando mil y una respuestas para cualquiera que osara decir que su tio debería gobernar su isla. Para cuando se dio cuenta, estaba en el Bosque de Dioses... y no estaba sola.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 20 Jul - 8:21


Que solo fuese capaz de encontrar cierta paz en el bosque de Dioses era, cuando menos, irónico. Cruentas batallas se habían librado, incontables vidas perdidas durante el transcurso de la guerra y Lord Stark únicamente hallaba tranquilidad al pie del viejo arciano. Quizás por las secuelas de tantas peleas o por la  llamada sangre de lobo que corría en sus venas, su sentido de alerta se activó de inmediato. Pisadas ligeras, firmes… pasos de mujer pero no cualquiera, de una que conocía bastante bien. — Lady Lyanna. — Si bien apelaba a las formalidades por encima de todo, el trato con la regente de isla del Oso era diferente, tomándose ciertas libertades al momento de dirigirse a ella por su nombre en virtud de la confianza adquirida con el paso de los años. — Os recordaba mucho más pequeña. — Casi habían transcurrido dos días del nombre desde el último encuentro entre los dos y aunque se escribían con frecuencia nada podía reemplazar esas conversaciones tan interesantes que solían mantener.

El tiempo le había hecho justicia: ahí donde antes se intuían líneas curvas en su anatomía ahora lograban vislumbrarse formas femeninas a pesar del amplio vestido y la gruesa piel con que se guarecía del frío. Su peculiar gesto al fruncir el ceño continuaba ahí pero sus facciones se habían suavizado, no así su carácter. — Habéis crecido. — Y él se hacía más viejo. Cada herida recibida le sumaba años al cuerpo así como se los restaba a su tiempo de vida. — Probablemente el resto de lores no os reconozca en un principio, creo que siguen esperando ver a la niña que consiguió unificar la lealtad del Norte bajo mi estandarte. — Él no olvidaba, recordaba ese día como un antes y un después en su historia personal, más aún en la de Invernalia junto con las tierras circundantes. — Habría deseado veros antes del torneo pero diversos deberes me impidieron escribiros para concertar una reunión. — En los últimos días toda labor se enfocó a ultimar los preparativos del torneo, uno cuya realización no garantizaba nada pero dejaba a su paso basura, sangre, barricas de vino por doquier y dinero dilapidado a más no poder.

Muy a su pesar, Jon había hecho a un lado sus medidas de austeridad en aras de complacer a una reina cuya pretensión amenazaba con despojar a una joven mujer de sus dominios, de todo un legado. — Creo que podréis imaginar el motivo por el que la reina ha decidido poner un pie en estas tierras —. Se puso de pie con cuidado y ofreció el brazo a la dama, si bien no lo necesitaba; siendo una norteña de pura cepa, abrirse paso entre la nieve no resultaría problema. — Ser Jorah Mormont reclama los derechos sobre Isla del oso pero desconozco cuáles sean sus argumentos. — Dirigió una fugaz mirada a la mujer antes de volver a centrar su atención en el campo nevado. — Su majestad, la reina Daenerys, desea devolverle el asentamiento y los derechos que  derivan con él. — Escogió cuidadosamente las palabras, evitando sacar a relucir el tema de un posible enlace entre la reina y él. De momento, había sorteado  exitosamente toda conversación que pudiera derivar en la discusión de los términos para la realización del matrimonio, esperando continuar así. — Podría alegar cualquier tontería y la reina lo tomaría como válido pues tal es el grado de amistad que lo une a ella. — Sí, era cruel pero igualmente realista. Jorah Mormont contaba con la reina pero Lady Lyanna tenía a una legión de norteños dispuestos a pelear por su causa, como tantas otras veces ella había atendido el llamado de otros.

— Me gustaría hospedaros aquí dos noches junto con vuestra comitiva para que tengáis oportunidad de parlamentar con la reina, conmigo como mediador. De algún modo u otro debemos conseguir que desista en su propósito o nos veremos en la necesidad de tomar medidas… drásticas. — Llevaba días sopesando esa posibilidad, calificándola de arriesgada pero efectiva si es que procedía con cautela, anteponiendo la racionalidad y el sentido común ante las deudas adquiridas por propia voluntad.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Dom 24 Jul - 8:51


Al principio, se sintió una intrusa en aquel lugar. Quizá Jon necesitaba rezar, o buscaba paz, y ella estaba interrumpiendo. Pero su señor la saludó con esa extraña mezcla de formalidad y cariño que empleaba con ella, haciendole saber que su compañía no le molestaba. De modo que se acercó, dejando una caricia entre las orejas de Fantasma cuando el huargo se acercó a saludarla.

- Han pasado... ¿dos dias del nombre? desde la última vez que nos vimos - respondió, con las mejillas sonrosadas. Todo el mundo se había dado cuenta de que Lyanna Mormont ya no era una niña. El vestido que llevaba lo hacía más evidente, al menos desde su punto de vista. Aunque los norteños que habían luchado en la guerra seguían tratándola como a la niña admirable que fue - No me deis un mérito que no tengo. Los norteños no se hubiesen agrupado en torno a vos si no os considerasen digno de ello - Sin embargo, esbozó una sonrisa. Le gustaba que Jon le reconociese su papel en la guerra, aunque en aquel momento ella no fuese del todo consciente de que estaba echándole más valor que muchos hombres más mayores. Simplemente hizo lo que le habían enseñado. Ser leal a su señor - Sé que sois un hombre ocupado, y yo soy la pequeña señora de la isla del Oso. No me ofende que vuestras obligaciones os impidan reuniros conmigo.

Aceptó el brazo de Jon de buen grado. Era de los pocos hombres de los que aceptaba tales galanterías. Estaba acostumbrada a valerse por sí misma y detestaba los gestos que parecían querer decir que una dama necesita apoyo para realizar cualquier cosa. Pero sabía que Jon le ofrecía el brazo principalmente por la relación que les unía y no por considerarla una damita débil. De hecho, Jon no la trataba como a una damita, sino como a toda una señora... y casi como a una hermana. Era correcto con ella, pero también familiar, sobretodo cuando estaban en ambientes tirando a íntimos.

Arrugó la nariz con desagrado cuando salió el maldito tema de la propiedad de su querida isla del Oso.

- Ser Jorah puede dar todos los argumentos que quiera, pero la Isla es mia. Él perdió sus derechos cuando Lord Eddard lo exilió. Yo la heredé de mi madre de forma legítima. Mi madre, que vertió su sangre por el Norte y por su señor - no necesitaba recordarle a Jon todo aquello. Lo sabía tan bien como ella - Si mi tio quiere mi isla, tendrá que ser por encima de mi cadáver - no era una forma de hablar. Lyanna estaba decidida a pelear con uñas y dientes, tanto en el sentido metafórico como en el literal, por defender lo que era suyo.

Sin embargo, a pesar de estar molesta por tener que enfrentar una vez más ese tema, intuyó que había algo más que Jon callaba y le gustaría saber qué era y por qué callaba. ¿Acaso no iba a apoyarla si le necesitaba? No, no podía ser eso. Jon era un buen hombre, justo y leal, que la apreciaba y sabía cuánto le había costado a ella y a su familia el apoyo a los Stark. No dudaba de él.

Las siguientes palabras de Jon confirmaron que hacía bien en confiar en él.

- Será un honor ser vuestra invitada, mi señor. Permaneceré aquí tanto como deseeis, como siempre he acudido a donde se me ha convocado - le gustaba Invernalia, le gustaba Jon... ojalá la invitase simplemente por disfrutar de la compañía mutua unos dias y no por culpa de la reina - Me esforzaré por no dejaros en mal lugar, ni tampoco a mi gente. Pero no cederé - advirtió. Una cosa era aceptar negociar y otra entregar la isla. Eso jamás - La Isla del Oso me pertenece.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 27 Jul - 21:10


La reacción de la joven Mormont era la que él había anticipado, así que no le sorprendió. — El día que os dé por ceder, ya no me gustaréis tanto. — Su determinación y coraje no solo le habían valido el respeto y cariño de los norteños, también el del guardián del norte que mantenía su estima por ella muy alta. — Que los vasallos estén aquí no es casualidad, tampoco se debe al torneo en sí.  — Detuvo su andar abruptamente para cerciorarse de no tener a alguien merodeando por ahí. Por lo que sabía, los inmaculados eran sigilosos como ningún otro guerrero y tenerlos rondando en terreno norteño no le hacía gracia. Fantasma tampoco detectaba nada así que de momento, podía estar tranquilo. — En tiempos como estos, las alianzas se vuelven parte primordial de las familias que desean mantener el poder. Como bien sabéis, el Norte ahora está unido a Occidente gracias al matrimonio de Lady Sansa y Lord Tyrion Lannister. — Si bien no era necesario recordarle todo eso, sentía que estaba obligado a ello en virtud de lo que pensaba decirle después.

— La reina se ha dado cuenta de la vital importancia que tienen los enlaces entre las distintas casas, ella busca un marido para afianzar su posición en el trono.— Lyanna captaría enseguida, lo sabía. Pocos eran los que ignoraban las verdaderas intenciones del torneo aunque daban por hecho un compromiso que aún no existía. — Al parecer, el hecho de que ella contraiga matrimonio la predispone también a considerar que ninguna otra mujer es capaz de regir un asentamiento sin tener un hombre al lado, ni siquiera vos. — La correspondencia entre la reina y él no contenía esas exactas palabras pero fácilmente se podía intuir. — Bajo esa mentalidad, está empeñada en conceder la isla del oso a un hombre que pueda hacerse cargo. — Asintió. Los dos sabían que se estaba refiriendo a ser Jorah, por eso no pronunció su nombre, considerándolo como una ofensa para su invitada debido a las tensas relaciones entre su tío y ella. — Ella está dispuesta a escuchar vuestro reclamo y me he ofrecido a mediar entre vosotras, como anfitrión y guardián del Norte. — Toda aquella situación le parecía risible, absurda ¿Acaso Daenerys deseaba provocar una confrontación? Esperaba que no. Nadie con un poco de sentido común se metería en la boca del lobo… o del oso, en ese caso.

El desarrollo de los acontecimientos a partir de entonces dependía enteramente de ellos, de la manera en que se condujeran al tratar con la reina. — He convocado a cada vasallo, a todas las casas cadetes del Norte y todos ellos apoyarán vuestro reclamo. Si la reina osa despojaros de aquello que os corresponde, será acero norteño lo que pruebe. Pelearemos por lo justo, empleando la fuerza solo si es absolutamente necesario.— La ofensa, aunque tácita, estaba presente en el corazón de los vasallos e incluso del propio señor, quienes no tolerarían que se cometiera una injusticia. — Contaréis con nosotros así como hemos contado con vos en los momentos de necesidad. Toda espada en el Norte estará a vuestro servicio si las cosas se salen de control. — Lo temía, por supuesto. Incluso todos esos festejos parecían ser el preludio a un conflicto mucho mayor, uno que se fraguaba desde los primeros días de la Targaryen en el trono de hierro. — No será sencillo, por eso os pido que confiéis en mí, en que haré lo que sea mejor para todos. —  En un gesto fraternal, Jon posó los labios sobre la nívea frente de la chica, intentando confortarla.

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Última edición por Lucrezia el Jue 4 Ago - 6:29, editado 1 vez
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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Miér 3 Ago - 23:56


Escuchó las palabras de Jon con atención, como hacía siempre que alguien a quien ella consideraba digno de ser escuchado le dirigía la palabra. Era una de las muchas características por las que Lyanna se había ganado el aprecio de hombres más grandes y más viejos que ella. Sabía escuchar con atención cuando era el momento de hacerlo, sabía dejarse aconsejar, sabía cuándo los demás sabían más que ella y cuándo eran otros los que tenían razón. Algo que muchos jóvenes (y otros no tan jóvenes) no eran capaces de ver.

El discurso le provocó varias emociones. La primera, un leve azoramiento cuando él dijo que si fuese mujer que cediese con facilidad no le gustaría tanto, que se tradujo en un leve sonrojo y un amago de sonrisa. Estuvo a punto de decir que jamás cedería en lo que era suyo por derecho, pero Jon siguió hablando y ella escogió dejarle terminar, asintiendo a sus palabras. Por supuesto que conocía la conexión entre el Norte y el Occidente, al igual que el resto de lazos entre familias y territorios. Terminada la guerra, Lyanna consideró importante mantenerse informada de la situación de todos los enclaves principales de Poniente y de las familias que los ostentaban o que los ostentarían a partir de entonces. El mapa político ponienti había cambiado radicalmente desde la muerte de Robert Baratheon y la llegada de la Targaryen lo terminó de poner del revés. Lyanna creía que el conocimiento era un arma importante, y dado que ella jamás podría empuñar una espada como hacían los hombres (carecía de la constitución apropiada para ello), decidió compensar con otras virtudes que sabía que muchos norteños no desarollarían.

Frunció el ceño cuando surgió la palabra "matrimonio", pensando que Jon le sugeriría de una forma más o menos directa que tomase esposo. No era el primero que lo hacía y no sería el último. Nadie se atrevía a decir que no podría gobernar sin un hombre, pero lo cierto era que los hombres bajo su mando empezaban a insinuar la necesidad de un heredero, varón o hembra, para la isla que tanto se esforzaba por mantener. Sus ojos se abrieron de sorpresa al darse cuenta de que Jon parecía hablar más de sí mismo que de ella. ¿Acaso la reina pensaba casarse con él?

Esa idea le aceleró el pulso. No, Jon no podía casarse con la Targaryen. Jon no podía abandonar el Norte, no podía alejarse de su gente. Su lugar estaba en Invernalia, para eso habían luchado tanto. La reina podía exigir todos los torneos que quisiera, pero no al señor de los norteños. Tendría que volverse al sur tan soltera como llegó.

Y cuando ya pensaba que la conversación iba a girar en torno a su matrimonio o el de su señor (sin estar segura de cual de los dos le gustaba menos)... volvió a salir el tema de su tio y la isla. Ante las palabras de Jon, en los ojos de la muchacha apareció un brillo de orgullo y agradecimiento. Después de todo lo pasado, después de tanta sangre y tanto esfuerzo, era muy reconfortante ver que tanta gente la apreciaba y no vacilaría a la hora de defenderla, aunque no fuese más que una niña a cargo de una isla sin mucho que ofrecer. Ella había puesto todo cuanto la Isla del Oso tenía a servicio del Norte y de su señor, y ahora el Norte y su señor le correspondían como era de justicia. No podía pedir más.

Entonces sintió los labios de Jon en la frente y sus mejillas se pusieron aún más rojas.

- Confio en vos, mi señor - respondió tras unos segundos de perplejidad por aquel gesto - Siempre lo he hecho, y sé que no me fallaréis ahora que necesito vuestro amparo. Mi isla no tiene mucho que ofrecer, pero sabéis que cuanto hay está a vuestro servicio - se humedeció los labios - Me reuniré con la reina y haré cuanto esté en mi mano para evitar que el acero norteño tenga que salir de su vaina. Soy muy joven, pero sé perfectamente lo que es un conflicto y lo que supone para quienes deben sufrirlo. No quiero que el Norte vuelva a pasarlo mal, no por mi causa. Agradezco vuestro apoyo y el de el resto de los señores de esta tierra, y confio ciegamente - bueno, no tanto como ciegamente. Era joven, no estúpida - en que estaréis dispuestos a defenderme si es necesario... pero deseo de corazón que nunca sea necesario que lo hagáis.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Jue 4 Ago - 8:01


— En el momento de mayor necesidad, vos me disteis sesenta y dos soldados sin pedir nada a cambio. — Aquel gesto de lealtad era algo que jamás olvidaría y desde entonces se había propuesto corresponder de la misma manera algún día, aunque hasta ahora contaba con la ocasión para saldar su deuda. — Ahora soy yo quien pone a los banderizos norteños a vuestra disposición. — Tampoco esperaba nada a cambio por ello. Él le era leal también aunque no era algo que dijera, mucho menos tan abiertamente. — Como ya os he dicho, espero no llegar a tanto. Lord Manderly ha expresado también su preocupación por una futura pelea y Tormund aunque desea que los sureños prueben el acero norteño es consciente de cuán mermados quedarían todos los asentamientos si se desata una guerra. — Pensaba en su hermana también, en el conflicto que tendría si las relaciones entre el norte y la corona volvían a tensarse: Sansa seguía siendo una Stark sin importar el apellido que ostentaba en el presente pero su marido era leal a la reina y se creía en deuda con ella. Jon consideraba que eso era al revés, que Daenerys debía toda posesión, poder e incluso respeto al Lannister y a su prodigiosa habilidad política, alabada en todo Poniente.

Sin Tyrion de su lado — pensaba Jon — Daenerys de la tormenta no sería nada; gran parte del ejército bajo su mando yacía bajo campos nevados más allá del muro. Restando a los dragones, todos sus éxitos se sustentaban en la suerte y en los talentos de sus consejeros pero nada más. — Acompañadme, por favor. Es menester que os presente a la reina para que podáis evaluar de qué manera proceder en esta situación. Yo podría daros infinidad de consejos pero ¿Quién mejor que vos para saber qué es conveniente para vuestra persona e isla.— Él la ayudaría, por supuesto. Había empeñado su palabra en ello y no la dejaría desamparada pero sabía tan bien como cualquiera que Lyanna era capaz de poner a quien fuese en su sitio, que ni siquiera una reina famosa por haber hecho eclosionar tres huevos de dragón sería capaz de intimidarla. — Si se marcha, lo hará llevándose desalentadoras noticias para Ser Jorah. — A esas alturas, Jon dudaba que lo hiciera. Si los días pasaban y la Targaryen no se iba, resultaría difícil hacerle entender que su presencia era prescindible, innecesaria.

De nueva cuenta se encaminó hacia el sitio del torneo, sumiéndose en sus pensamientos e ignorando casi todo, con excepción de la dama que caminaba a su lado. — Vuestro tutor debe estar preocupado por vos. — Un poco, sí. Más bien era ella quien se preocupaba por todos antes de siquiera pensar en ella misma. — Pero confío que a partir de mañana todas las preocupaciones sean insignificantes y no hagamos sino festejar el triunfo de la razón por encima del capricho. — Añadió, cediendo el paso a la joven mujer mientras él caminaba también, ofreciéndose a guiarla a su mesa.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Vie 2 Sep - 8:33


- Os di lo que podía daros, como debe hacer un buen vasallo con un buen señor - replico. No consideraba que hubiese aportado gran cosa a la guerra. Su isla era demasiado pequeña para ello. Pero sí había dado una buena lección de valor y lealtad, que no era poco. 

Caminó a su lado, dejándose guiar mientras escuchaba sus palabras y dejaba que una cálida sensación la inundara. Su isla era demasiado pequeña para merecer una guerra, pero le gustaba saberse tan apreciada por su señor. Ojalá los dioses se sintiesen complacidos por la lealtad que ambos se profesaban (aunque Jon no tuviera razón alguna para serle leal. Sólo era la niña a cargo de una pequeña isla sin gran valor) y permitieran que aquella cuestión se solucionara sin que las armas debieran volver a ser empuñadas. 

- Aprecio vuestros consejos, mi señor - realmente lo hacía, como se valoran los consejos de un ser querido. Lyanna consideraba a Jon parte de su familia, aunque sabía perfectamente que no lo era y, aunque la relación entre ambos era a todas luces más estrecha e íntima que la que pudieran tener con cualquier otra persona, Lyanna se cuidaba cuanto podía para evitar escenas que pudieran poner a Jon en un compromiso. Claro que la joven estaba tan acostumbrada a rondar entre hombres y a que los norteños evitasen hacer comentarios sobre la cercanía entre su señor y la joven que no era consciente de que tras ser vistos abandonar los festejos con escasa diferencia y regresando juntos del bosque las murmuraciones se dispararían, especialmente entre los sureños acompañantes de la reina - Lo que más nos conviene a la isla y a mi es que la reina se vuelva al sur y se lleve a mi tio con ella - refunfuñó, dejando entrever que a pesar de haber tenido que madurar temprano, había una parte de ella que seguía siendo algo niña - Mi tutor dejará de preocuparse en cuanto sepa que estoy con vos. Aunque... me ha criado como a una hija. Supongo que nunca dejará de preocuparse, cosa que le agradezco. Le debo mucho, no estaría aquí sin sus consejos, enseñanzas y cuidados. Me es tan fiel como Fantasma os lo es a vos. Quizá deberíais recompensarle - bromeó - Si os he sido tan leal como decís, es porque tuve un buen ejemplo en él.
 
Contuvo un suspiro cuando regresaron al lugar del torneo y Jon la guió hacia su lugar. Estaba mucho más a gusto conversando a solas con él que en medio de todo aquel barullo. Intentaba hacer gala de la mejor educación posible, para no dejar en mal lugar a su isla, a su señor y a todos los que se habían dejado la piel para criarla y protegerla, pero no podía evitar que le desgradaran los sureños y, por ello, ser parca en palabras y sonrisas con ellos. 

Aunque a decir verdad, Lyanna, como Jon, no era alguien que sonriera mucho. Salvo cuando estaba cerca de su señor... pero de eso ella no era consciente.

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II. Decisions.

Mensaje por Lichtgestalt el Jue 8 Sep - 5:16


— ¡Esto es un ultraje! ¡Una ofensa para todos nosotros!

La voz de Wyllhem Manderly resonó por las cavernosas paredes de las criptas en Invernalia en una proclamación poderosa, lanzando consignas en contra de los sureños que ocupaban un lugar en las habitaciones de la ancestral fortaleza. Jon concordaba también y se manifestaba indignado por razones obvias, aunque no lo exteriorizaba de forma tan abrupta como sí lo hacía el Lord de Puertoblanco. Comprendía que la afrenta era demasiado seria para dejarla pasar y por ello había reunido a todos sus vasallos en el sepulcro de los Stark, símbolo de la grandeza y poderío no solo de una familia, también de una región. — Estoy de acuerdo con vos, Lord Manderly. Esto bien puede ser tomado como una provocación para crear nuevas rencillas entre Norte y Sur, cosa que no resulta agradable pero no podemos ignorar. — Contrastante con el gélido clima, el ánimo de los norteños ardía como nunca, intensificado además por la presencia de sureños en sus tierras.

— Las espadas de la casa Stark están a vuestro servicio, Mi lady. — En aquella reunión, Jon había otorgado un estratégico lugar a Lyanna Mormont pues tanto su casa como la isla del oso eran tema central de toda la polémica. — Y sabéis bien que toda espada y guerrero en el Norte también está a vuestra disposición. Pelearemos por vuestra causa aunque la vida se nos vaya en ello. — Lord Glover tomó la palabra, animando al resto de vasallos a presentar sus respetos ante la muchacha, a quien veían como un igual pese a su edad. — Cierto es que contamos con valerosos guerreros que no dudarían defender las posesiones de Lady Lyanna. Vosotros sabéis tan bien como yo que sería el primero en pelear por la causa que hoy nos atañe pero el Norte no puede soportar otra guerra. — No se podía decir que él fuese pacifista en su totalidad pero si podía evitar el conflicto, haría todo cuanto estuviera a su alcance para no tener que recurrir al uso de las armas.

El tema de las relaciones entre el Norte y Sur de Poniente se mantenía como una herida abierta que todavía escocía en el corazón de aquellos guerreros especialmente reacios cuando de olvidar se trataba. — Algo debemos hacer para protegeros, mi lady. — Añadió Manderly, que había cogido mayor interés en la conversación. — Si no ha de correr la sangre entonces que sea el vino ¿No creéis? Pensad en las últimas guerras, el Norte era vulnerable porque cada una de las casas se hallaba en contra de su Lord, todas excepto la casa Mormont que tuvo a bien creer en los Stark para retomar el control de estas tierras. — La manera en que Lord Manderly  se expresaba captó la atención de los ahí presentes, quienes se mantenían a la espera de seguir escuchándolo. — Seguimos vuestra causa, Lord Stark. Confiamos en vos y sabemos bien que no permitiréis que una reina sureña con ínfulas de grandeza os imponga algo para que a su vez, os lo impongáis a Lady Mormont. — El Stark asintió al saberse aludido en la conversación, mirando a los ahí presentes.  No iba a decepcionar a quien le había sido leal desde principio a fin y menos por el capricho de un hombre cuyo mayor mérito era ser amigo de una mujer con tres dragones. — Coincido con vos, Lord Manderly. Soy enemigo acérrimo de las injusticias y eso bien lo sabéis, he hablado con la reina y también con Lady Lyanna, aquí presente. — Con un ademán, desvió esa atención que recibía para dejar a la joven convertirse en el centro de miradas.

— Los norteños no volveremos a doblar la rodilla  ante alguien que venga del sur. Os hemos hecho rey, no aceptaremos menos que una reina nacida en vuestras tierras. — Lord Umber se alzó de pronto, envalentonado por los reclamos de sus colegas. — Debéis desposar a una mujer norteña, una que sea de pura cepa y que pueda defender esto que nos pertenece a todos. —  Observó a los ahí presentes en espera de verlos reaccionar, aunque notaba la parquedad existente en cada expresión. — ¿Quién mejor que Lady Mormont? No encontraréis mujer más capaz que ella para ayudaros en la tarea de regir estas tierras. — Dicho eso retomó el lugar que le correspondía. Jon se había mantenido en silencio durante la proclamación, mirando de reojo a la joven que se encontraba a su izquierda, acompañada del tutor. Si se ponía a pensarlo bien, la idea no era mala y sí muy ventajosa. — Sabéis que no haría nada sin el consentimiento de la dama. — No era un hombre especialmente bueno con las palabras pero estaba decidido a no tomar elecciones que no le correspondían. — ¿Qué pensáis de todo esto? — Conocía que era sincera y por ello esperaba una respuesta natural, sin el ensayado discurso sobre el gran honor que suponía o cuán halagada se encontraba. No, ella no le diría frases de manual y menos trataría de engatusarlo con sonrisas coquetas.

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II. Decisions

Mensaje por Harley el Lun 12 Sep - 17:54


Lyanna había asistido al inicio de la conversación con el mismo aplomo que había mostrado cuando, siendo una niña que apenas llegaba a la cintura de la mitad de los presentes, tenía que asistir a reuniones de guerra. Pero a medida que fue constatando de forma fehaciente el cariño que todos aquellos señores le profesaban, la joven fue emocionándose, casi a su pesar, hasta quedar al borde de las lágrimas.

La conversación siguió sin que ella interviniera, demasiado ocupada intentando contener sus emociones. Y entonces Lord Umber hizo una propuesta. Una propuesta tan inesperada para la muchacha que no reaccionó, aunque se dirigieron directamente a ella, hasta que su tutor le apretó levemente el hombro.

- Yo... - le costó encontrar las palabras. Aunque ella jamás se había imaginado casada, hubiese aceptado un compromiso si Jon se lo hubiese propuesto, como buena vasalla. Pero aquello... aquello era demasiado. Y dado que consideraba a Jon como a su hermano, rozaba lo incestuoso. Y sin embargo... - Agrezco todas vuestras palabras. Significan para mí más de lo que sé expresar... - sus ojos mostraban la emoción que su discurso no sabía explicar - Y lo que proponéis, Lord Umber... es... es... Yo jamás me he imaginado casándome y teniendo niños, como las otras damas... - una sonrisa tímida apareció en sus labios - No soy como las otras damas. No sé si sabría... ser una esposa - respiró hondo - Tampoco quiero una guerra. Nuestras tierras y nuestras gentes ya han sufrido demasiado, y aunque amo mi isla con toda mi alma, no quiero ser la causa de nuevas desgracias - por fin reunió el valor que necesitaba para mirar a Jon, cuyos ojos había evitado desde que  Umber sugirió el matrimonio - Vos sois el señor del Norte. Mi señor. Si una esposa norteña es lo que deseáis, yo soy tan norteña como la que más, y si vos me juzgáis digna... - apretó la tela de su vestido con las manos para evitar que éstas le temblaran - Si me juzgáis digna de ser vuestra esposa... no seré yo quien os contradiga. Si reclamáis mi mano, la tendréis, y me esforzaré por ser una buena esposa... aunque no sepa qué se espera de una - añadió en voz baja. Después se aclaró la garganta - Pero... no quiero que me desposéis para protegerme. No quiero ser una imposición, J... Lord Stark.

Se pasó la lengua por los labios de forma inconsciente. Sentía la boca seca y daba gracias por estar sentada porque, por primera vez en su vida, no estaba segura de poder aguantar en pie. En su interior se agolpaban demasiadas emociones que la muchacha apenas comprendía. Ni el amor ni el matrimonio habían formado nunca parte de sus prioridades. A diferencia de otras damas, que sólo se preocupaban de su futuro esposo, Lyanna siempre había tenido mil cosas que atender desde bien niña. Y de repente... ambas cosas parecían haber cobrado la mayor importancia.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Sáb 17 Sep - 5:50


Podía notar la tensión existente entre los ahí presentes y los instantes que transcurrieron entre su pregunta y la posterior respuesta de la dama no hicieron sino aumentar el suspenso. Como había supuesto, era sincera con él y con el resto de vasallos que veían en ella a una candidata idónea para gobernar el Norte. — No solo yo os considero digna, todos aquí lo hacen y es por eso que la idea de desposaros no resulta una imposición para mí. — Contraer nupcias no era precisamente una prioridad pero debía hacerlo tarde o temprano y qué mejor que eligiendo como esposa a una dama que le era leal, que conocía de sobra los problemas con los que debía lidiar y además ofrecía siempre el consuelo de una amistad y compañía gratuitas, esperando únicamente reciprocidad. — Pero deseo hacer las cosas bien, por lo que si vos y vuestro tutor estáis de acuerdo, pactaremos el matrimonio para que resulte conveniente a ambas partes y al Norte mismo. — Sus palabras bien podían tomarse como una advertencia velada en referencia a los invitados sureños pero incluso en tierras como las suyas, existían todo tipo de amenazas a la orden del día.

— Quisiera reafirmar la seriedad del compromiso con vos ante quienes son testigos del afecto que os profeso. — Dio un par de instrucciones al castellano en voz baja, instándole a marcharse rápido para instantes después volver con pluma, tinta y un enorme pergamino. — Que conste por escrito mis intenciones para con vos, enfrente de vuestro tutor y también de los fieles vasallos norteños que han tenido a bien lo conveniente de este enlace. — Por supuesto quedaba por definir muchas cosas igualmente importantes pero confiaba en hacerlo cuando estuvieran rodeados por menos personas y en un entorno que favoreciera el bien común por encima del conveniente acuerdo que pudieran arreglar. Como todos los nobles, no se casaban por amor pero tenían en cambio la satisfacción de encontrar alegría en la mutua compañía, situación que haría de la vida conyugal algo más tolerable. La diferencia de edad era un factor a tener en cuenta y si terminaban prometiéndose formalmente habría que obviar tal detalle para borrar esa sensación implícita de incesto.

Los ahí presentes aguardaban con serenidad, de vez en cuando asintiendo ante las palabras del Stark, que se mostraba dispuesto a contraer matrimonio respetando siempre a la joven Mormont, sin restarle autoridad o importancia a su opinión como solían hacer la mayoría de hombres. — Siendo mi esposa o no, tendréis de igual modo la garantía de que nadie atentará contra vuestra isla mientras el Norte siga en pie y podréis conservar su autonomía siempre y cuando permanezca leal a la casa Stark, lo que supongo no será problema. — Por lo general era cosa de hombres tratar los acuerdos en privado pero nadie mejor que ella para decidir lo que considerara conveniente para su isla. — Os conmino a disfrutar de los mullidos lechos de Invernalia y las actividades del torneo para el día de mañana. — Enunció, cansado. Despidió a la gran mayoría de los vasallos que se retiraban a dormir, no así al castellano y a Lady Mormont además del tutor de la dama. — Si estáis de acuerdo, os pido que me acompañéis a tratar los asuntos que nos atañen a fin de convenir algo justo para ambos. — Era tarde ya pero confiaba en que un par de horas de desvelo valdrían la pena al día siguiente.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Mar 20 Sep - 16:30


Era de agradecer que Jon tomase las riendas y empezase a atarlo todo sin necesidad de que ella abriese la boca. De esa forma pudo ordenar un poco sus pensamientos. Tenía que ser práctica, se dijo. Siempre lo había sido y no era el momento más apropiado para dejar de serlo. Ya pensaría en sentimientos más tarde, ahora tenía otras cosas que atender. Al fin y al cabo, aquella boda era por interés. Por el bien del Norte y de su Isla. Jon no le había declarado su amor, le había ofrecido la mayor alianza que podía.

Intercambió una mirada con su tutor, mientras Jon daba órdenes al castellano. Era tarea suya negociar. Ella era quien debía velar por los intereses de la isla y ella era quien iba a unir su vida al señor del Norte. Ella era quien debía fijar los términos, aunque sintió alivio al leer en los ojos del hombre que la había criado casi como un padre que estaría ahí para ella, como siempre había estado.

Volvió la vista hacia Jon cuando éste habló sobre fijar términos, asintiendo a sus palabras.

- Dudo que alguien de los aqui presentes dude de vuestra palabra, y menos en un asunto tan importante. Pero sí, por el bien de todos es mejor que quede constancia del acuerdo y de que éste se ha celebrado ante testigos - era una cosa apresurada, y probablemente algunos alzarían sus voces en contra. Incluso algunos de los presentes podrían poner pegas más adelante. El Norte se mostraba unido cuando se mostraba ante el exterior, pero internamente todos tenían sus propios intereses, y por mucho que los presentes la apreciaran y en ese momento se mostrasen conformes con la idea, más de uno tenía hijas. Sin duda, algunos preferirían a alguien de su sangre como primera dama del Norte. Además... tenía la sensación de que a cierta reina sureña no le haría gracia el acuerdo y más valía que se cubriesen las espaldas.

El castellano iba escribiendo los primeros acuerdos, señalando el compromiso público entre su señor y lady Mormont. Al ver esas palabras por escrito, Lyanna se sintió algo sucia. Jon había sido (y era) el hermano que nunca tuvo, y por alguna razón aquello le parecía incestuoso. Era absurdo, se dijo, pues no había lazos de sangre entre ellos (no recientes, al menos). Apenas hizo caso a las primeras propuestas de Jon, aunque eran totalmente razonables. De todas formas, no era necesario reafirmar su lealtad. Lyanna era posiblemente la única persona de la que jamás se había dudado en ese aspecto.

No sabía si sentir alivio o si ponerse más nerviosa al quedarse a solas (aunque técnicamente no estaban a solas. Quedaban su tutor y el castellano, pero su silenciosa presencia hacía que la joven se considerase a solas con su... ¿prometido?) Sabía que Jon no haría nada para incomodarla, y no iba a aprovecharse de las circunstancias en modo alguno. Más bien pensaba que sería al contrario. Ella era quien tenía más posibilidades de aprovecharse... pero no lo haría. No era capaz de hacerlo.

- Cuanto antes lleguemos a acuerdo mejor - asintió a sus palabras. Aunque les llevara toda la noche - Mis... mis peticiones son sencillas. Mi Isla. Quiero que siga siendo mia y poder visitarla cuando se me necesite o se me antoje. Y quiero poder escoger quien quedará al cargo cuando yo no esté y quién ha de sucederme - quizá pedía demasiado. Por lo que ella sabía, las damas perdían el control de sus herencias cuando se casaban, al menos la mayoría lo hacía. Pero Jon debía saber que ella siempre había sido independiente y cambiar eso era imposible - A cambio yo... yo... - ¿qué podía ofrecer a cambio que no le hubiese dado ya? - La Isla os seguirá siendo fiel y podréis considerarla vuestro hogar también. Y yo os daré lo que sea que esperéis de mi. Me esforzaré por ser una buena esposa y... y todo eso - iba a ser una esposa calamitosa. Sabía gobernar su Isla y sabía participar en planes de guerra, pero no sabía nada de matrimonios. Le miró algo perdida - Perdonadme. No tengo idea de cómo se hacen estas cosas - esbozó una débil sonrisa - Esto... esto es lo último que hubiese imaginado. Pero... confío en vos y sé que vos confiáis en mi y voy a esforzarme para estar a la altura de lo que se espera de mi

Jon era una de las pocas personas ante las que Lyanna mostraba sus debilidades. Era una joven excepcional que había sabido gobernar desde bien joven, pero eso no significaba que no tuviese dudas y temores. Especialmente cuando se enfrentaba ante cosas que se le hacían tan extrañas como el matrimonio y los acuerdos que le acompañan.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Vie 23 Sep - 4:39


Cubrir los posibles vacíos en aquella unión tan repentina era necesario para proteger no solo el honor de la muchacha sino también el propio y las tierras que ambos regían. — Es un trato justo pero creo que podemos llegar a un acuerdo con respecto a ello. — Mientras el castellano se apuraba a redactar el contrato, Jon sopesaba todas las opciones; debía pensar no solo en el futuro inmediato, también a largo plazo y eso implicaba más cosas todavía. — Conservaréis el dominio sobre vuestra isla, con plena autoridad para nombrar heredero tal como queréis, únicamente si no hay hijos de por medio. — Aunque la idea de compartir el lecho con una mujer que era casi su hermana derivaba en un sentimiento de culpabilidad e incesto a partes iguales, no podía ignorar su deber. Debían — sí o sí — consumar el matrimonio y engendrar hijos, otorgar una progenie fuerte al Norte para continuar el legado familiar. — En vuestro asentamiento existe el matriarcado y eso es algo que no voy a cambiar, así que será una mujer quien herede, sangre de mi sangre pero Mormont como vos, renunciando a mi apellido a no ser que consideréis conveniente la creación de una nueva casa. — La casa Stark de isla del oso, motivo suficiente para que Jorah Mormont se escandalizara nuevamente.

— El Norte será para el primogénito, como es costumbre. Si me dais una hija, tendrá la isla del oso y será una Mormont tal como sois vos. — Por supuesto no buscaba restarle autoridad pero sí quería hacer las cosas conforme dictaba la tradición, siguiendo lo aprendido de Eddard Stark. — Pero si hay más de un heredero, quedan todavía varios terrenos de los que ocuparse. — Que era distante hablando sobre temas sucesorios resultaba obvio pero ello no lo hacía indiferente ni despreocupado. — A cambio del matrimonio, como ya sabéis, tendréis todas las espadas que el Norte pueda proveer para defenderos, autoridad suficiente para reinar en mi nombre si llego a faltar y seréis regente si los hijos aún cuentan con la minoría de edad. — ¿Cómo actuaría siendo reina? La conocía por ser bastante práctica y resuelta, ajena a los grandes lujos que cierta sureña acostumbraba. — Aunque espero no faltaros nunca, los dos sabemos que puede pasar, por una cosa o la otra. — No era el mejor con las palabras, jamás lo había sido y no estaba dispuesto a comenzar en ese momento. — Confío en vos, en vuestra capacidad para regir estas tierras tan bien como yo lo haría, así que no me decepcionéis. — Podía haber elegido a cualquier otra entre la multitud de doncellas en edad casadera pero Lyanna reunía cualidades que no tenía alguien más, rasgos que Jon admiraba y aplaudía también.

Aguardó pacientemente mientras el castellano y la muchacha consideraban esa cláusula por si deseaban o no discutir dicha condición. — Cada vasallo firmará este acuerdo para que el día de mañana, ninguno pueda poner en entredicho su validez. — Brindar protección era lo que mejor se le daba, especialmente cuando de cuidar de otro se trataba. — ¿Cuándo os gustaría casaros? Si tenéis alguna fecha especial o pensáis en cierto día… lo que decidáis estará bien para mí, solo os pido que sea pronto. — Su urgencia no era tal, más bien obedecía a motivos externos que nada tenían que ver con él. — Para que vuestra parentela no tenga ocasión de reclamar derecho alguno sobre las tierras que os pertenecen. — Fijó su mirada en el grupo de velas que alumbraban la estancia, contando las gotas de cera derramadas en el recipiente; era tarde, bastante tarde y más para arrepentirse o dar marcha atrás.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Mar 27 Sep - 15:42


Agradeció que Jon tuviera la delicadeza de ignorar sus titubeos y le hablase como siempre que trataban algo importante. Bastante estúpida se sentía al notar cómo sus mejillas se sonrojaban cuando habló de herederos. Ella había hablado de la sucesión de la isla, pero no se había parado a pensar realmente en que ella pariría a quienes habrían de sucederles a ambos... y que para ello necesitaría que él compartiese su lecho.

Era demasiado extraño pensar en Jon y en sí misma en esos términos. No era algo que se hubiese planteado nunca. Pero formaba parte de su deber, era algo que se esperaría de ella como esposa. Aunque le costaba imaginar a Jon con algo parecido al deseo sexual. Había visto a hombres dejarse llevar por esa clase de instintos, no le era algo ajeno. Pero Jon no estaba entre ese tipo de hombres. Sin embargo, estaba segura de que llegado el momento él (no sabía como y no quería saberlo) cumpliría, igual que lo haría ella. Ambos sabían cumplir con su deber, cualquiera que este fuera, aunque la mera idea les provocase un agujero en el estómago.

- Es un trato muy generoso, no puedo pedir más - aceptó. Se le ocurrían cosas. Tener voz y voto en cómo deberían educarse esos herederos, por ejemplo. O en el gobierno en general, no sólo en su ausencia. Lyanna estaba acostumbrada a ser escuchada y si había algo imposible, era convertirla en una esposa florero. Aunque dudaba que Jon tuviera esos planes para con ella. Siempre la había tratado como a una igual, y si estaban en esa situación era porque buscaba protegerla. Estaba siendo muy generoso con ella. Una de las cosas que le había enseñado su querido tutor era a saber cuando dejar de exigir - Tened por seguro que desde este momento, me desvelaré por vuestras tierras como me he desvelado por las mias. Haré cuanto esté en mi mano por no decepcionaros, mi señor, tenéis mi palabra - curiosamente, no eran las tareas de gobierno las que le asustaban, sino el aspecto más íntimo y doméstico de un matrimonio. Pero Lyanna era una osa fuerte que enfrentaba sus temores. 

- Creo que la boda debería celebrarse lo antes posible - respondió a su última pregunta, tras meditarlo un poco - Sin embargo, creo también que merecéis una boda digna de un rey, y esos preparativos conllevan tiempo, según creo. Apenas sé cómo se organiza una boda, en realidad, pero supongo que necesitaremos ropas nuevas, un gran banquete... - intentó pensar en a quién podría preguntarle todas esas cosas. No tenía mucha confianza con las esposas de otros vasallos norteños, pero tendría que recurrir a ellas, dado que dudaba que los hombres supieran qué hacer - Aunque a mí me gustaría algo sencillo, en el Bosque de Dioses - reconoció - Pero eso quizá traiga problemas a largo plazo. Supongo que vuestros vasallos y vuestros iguales se sentirán ofendidos si no son invitados a compartir el evento con nosotros. Además... una boda rápida y sencilla podría dar pie a habladurías. 

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 2 Oct - 5:46


Era extraño tratar temas relacionados con la descendencia cuando él no estaba habituado a develar sus asuntos personales con alguien más; el tema de los hijos era delicado, sobre todo para dos personas que se profesaban un cariño semejante al de dos hermanos. — Resulta bastante conveniente para ambas partes, sí. — En el fondo, si algo podía esperar de toda esa situación era ser un buen marido para Lyanna, alguien en quien ella encontrara el consuelo necesario al final de un largo día ¿Funcionaría el matrimonio? Esperaba que sí, conforme el tiempo pasara seguramente terminarían logrando una unión fuerte. — Seréis una buena esposa y madre, de eso no me cabe la menor duda. — << El amor vendrá después >> , o cuando menos el cariño; pocos matrimonios en Poniente se celebraban teniendo como base un afecto mutuo. Lord Eddard Stark y Catelyn Tully tampoco se profesaban sentimiento alguno al momento de casarse pero habían hecho funcionar las cosas. Probablemente algo así sucedería para los dos, sin ser malo ni bueno.

— No deseo comprometer vuestra reputación y tampoco poner en entredicho la virtud que poseéis, por lo que debemos fijar una fecha que no levante sospechas entre nuestros detractores. — Respecto a temas como ese no estaba muy versado pero confiaba en proponer un día que resultara del agrado de su ahora prometida. — ¿Qué os parece el décimo mes? Son seis meses, suficientes creo yo para planear una ceremonia en condiciones. — Si se detenía a pensarlo bien, la idea no era del todo descabellada, más bien resultaba una fecha razonable porque así podrían despejar los rumores acerca de un embarazo no deseado o de una treta, por si la Targaryen le daba por protestar cuando se enterara del futuro matrimonio. —El día os lo dejo a su elección, elegid aquel que os guste más, tomando en cuenta que para entonces debéis haber resuelto los asuntos de la isla para que podáis venir a vivir aquí, lo que incluye designar un heredero temporal. — Al percatarse del tono autoritario en su voz, procuró suavizarlo un poco para hacerle notar que era una opción, no una imposición.

Deseando dar la reunión por terminada para que cada uno se retirase a descansar, Jon se puso en pie lentamente. — Si estáis de acuerdo, mañana haremos el anuncio oficial. Así podréis sentaros a mi lado como corresponde pues así será cuando estemos casados. — Tal consideración no pasaría desapercibida para los sureños pero Jon deseaba poder otorgar a su prometida un trato amable ahora que compartirían más que una vida juntos. — Si no deseáis añadir algo más, retirémonos. Mañana será una larga jornada. — Aunque él no iría a dormir todavía, teniendo algo de correspondencia por contestar, la noche se le antojaba demasiado larga, especialmente porque su hermana Sansa solía extenderse en cada misiva que le enviaba, aunque ahora Jon sí que tenía cosas que contarle, especialmente lo del compromiso. Como señora de Roca Casterly, la ahora Lannister seguro tenía mucho que decir al respecto, especialmente cuando había sido su marido el artífico de aquel intento de compromiso entre Daenerys y él.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Jue 6 Oct - 21:48


De nuevo agradeció la forma que tenía Jon de tratar esos temas tan delicados. Era más fácil así, intentando ser prácticos y tratando rápidamente, pero sin soslayarlos, los temas más difíciles. 

Le hizo gracia que Jon hablase de proteger su reputación y su virtud. Jamás se le hubiese ocurrido que él pudiera hacer algo que la perjudicara. Ella no temía por su propia reputación, sino por la de él. Aunque en realidad, desde ese instante ambas irían de la mano, como muchas otras cosas. 

- El décimo mes me parece bien. El dia concreto podría ser a final de la primera semana.  Habrá margen para retrasarla si surge algo entretanto - hizo unos cálculos rápidos. En realidad no sabía cuánto tiempo era necesario para planear una boda de cualquier tipo, pero si seis meses no bastaban, es que la cosa era de locos. Tendría también tiempo de solucionar los asuntos de la isla. En realidad, dejando de lado las reclamaciones de sir Jorah, dichos asuntos eran bastante simples y ella era una mujer bien organizada. Sólo tenía que encontrar unas cuantas personas en las que confiase lo suficiente para dejar la Isla en sus manos, y en realidad ya tenía algunas en mente. Las mismas que siempre le habían sido leales y la habían protegido y apoyado. Designar heredero, hasta que llegasen los hijos (esa idea seguía pareciendole demasiado extraña) sería más complicado. No podía escoger a la ligera, y debía ser cuidadosa al plantearlo, porque podía herir a algunos. Y además, estaba el condenado Jorah. Quizá no tuviese derecho sobre la isla mientras ella viviese, pero seguia siendo un Mormont. Si a ella le ocurría algo, él vería reforzada su pretensión. Por mucho que ella prefiriese que la Isla del Oso se hundiese en el fondo del océano - Intentaré dejar esas cuestiones atadas lo antes posible. Antes de la boda, por supuesto. Cuanto antes deje mi Isla en orden, antes podré preparar el enlace, y así vos tendréis menos en lo que pensar - prometió, sintiendo la absurda necesidad de probar que era capaz de administrar sus tierras. Jon sabía que lo era. 

Le sorprendió el gesto que contenían las siguientes palabras de Jon. Imaginaba que aquello se haría oficial lo antes posible, pero no se le había ocurrido pensar que él tendría deferencia (más de la habitual) para con ella a partir de entonces. Sentarse a su lado, como si ya fuese su esposa... quizá fuese lo mejor. Así podría aprender lo que se esperaba de ella antes de verse convertida en Lady Stark.

- Por mi parte, creo que todo está solucionado - se puso en pie, sin saber bien cómo proceder a partir de ahora. Resultaba un tanto ridiculo. En otras situaciones, al quedarse hablando a solas con Jon de cualquier cosa, el trato había sido cercano, familiar, e incluso había habido pequeñas muestras de cariño entre ellos. Ahora sencillamente no sabía si debía hacerle una reverencia, ofrecerle la mano o sencillamente marcharse - Se... será mejor que ambos descansemos.

Jon tendría razón, la jornada siguiente sería muy larga. Y lo que quedaba de noche también. Quizá Lyanna no tuviese asuntos que atender, pero estaba segura de que no podría pegar ojo.

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III. Tournament.

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 12 Oct - 3:12


Con el segundo día del torneo en honor a la reina a punto de comenzar, las ocupaciones aumentaban también y no solo para él; cocineras, mucamas, herreros e incluso el maestre se veían sobrepasados por la cantidad de trabajo que implicaba atender a toda la horda de norteños, gente del sur y a la reina, que no era especialmente fácil de complacer. A primera hora, Lord Stark se paseaba ya por los campos de Invernalia, supervisando que todo marchara como debía ser para no atraer sobre sí miradas interrogantes o rumores que pusieran en duda su capacidad como anfitrión, sobre todo cuando daría a conocer oficialmente el compromiso con Lyanna Mormont, aquel que se había fraguado en medio de las criptas, teniendo como testigos a los vasallos y bajo el más absoluto secretismo por temor a avivar viejas rencillas con la gente del sur, especialmente con Daenerys Targaryen.  En definitiva, aquello no iba a gustar ¿De qué manera podía lidiar con ello? No lo sabía y eso daba mucho en lo que pensar.

Aunque no deseaba torturarse con tales pensamientos, las implicaciones de un matrimonio como el que tendría no le habían permitido pegar ojo en toda la noche; casarse no le preocupaba tanto como sí lo hacía el pensar en lo que vendría después, una vez que Lyanna y él fueran marido y mujer. Jamás la había visto como algo que no fuera una hermana pequeña, aunque a raíz de lo sucedido la noche anterior, pudo percatarse de que ya no era una niña, que los rasgos infantiles se habían ido en su mayoría; donde antes había líneas propias de un cuerpo propio de una niña, ahora se adivinaban formas curvilíneas en zonas específicas, realzando su belleza. Queriendo apartar esa imagen de su mente, el Stark sacudió la cabeza y resolvió ocuparse de asuntos mucho más importantes, a sabiendas que de continuar así entonces no podría verla sin sentirse apenado por haber cedido a pensamientos nada propios de un hombre como él. Así pues, con eso en mente continuó su ronda de supervisión, situación que ocupó gran parte de su día, dejándolo con el tiempo justo para volver a sus aposentos, adecentarse y vestirse para la ocasión.

Tan pronto como estuvo listo, abandonó la estancia en que dormía para acudir al sitio del torneo, evitando acudir a las habitaciones de la reina para no despertar habladurías en torno a su trato con ella; buscaba evitar cualquier posible confrontación con los norteños y a su vez, no deseaba volver cuestionable su actuar, menos aún frente a su prometida. En consideración a ella, Jon había mandado colocar un par de sillas más en el palco principal, una destinada a Lyanna — justo a su izquierda — y una para el tutor de la joven, dejando el espacio a su diestra para Daenerys mientras él se ubicaba al centro. Así, aunque ambas mujeres estarían cerca, no tendrían que convivir más de lo estrictamente necesario. A pocos minutos de dar inicio la competición, el rey en el Norte ocupó el sitial que le correspondía, poniéndose en pie al ver llegar a la Targaryen, saludándose conforme el protocolo exigía pero nada más. Cuando Lyanna Mormont hizo acto de presencia, hizo lo propio también, sin demostrar mayor preferencia en el trato que daba una a la otra. — Bienvenida seáis, Lady Lyanna. Por favor, volved a vuestro asiento y disfrutad del torneo. — Como no podía ser de otro modo, ignoró las miradas que la reina dirigía, intentando mantenerse neutral.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Vie 14 Oct - 23:21


Lyanna llegó a la segunda jornada del torneo acalorada y ligeramente tarde.

Se había pasado la noche en vela, dando vueltas en el lecho. No paraba de darle vueltas a esa boda que no sabía cómo preparar y a la sensación de que, desde que el compromiso fue acordado, tenía que hacer lo posible por ser un alivio para Jon en lugar de una carga más. 

Acabó por levantarse y tratar de hacer una lista, pero sólo consiguió un montón de bolas de pergamino que lanzó a la chimenea desde el lecho. No sabía organizar bodas, pero tenía buena puntería, pensó. 

Cayó rendida cerca del alba, y tras un par de horas tuvo que levantarse. Incluso una dama tan poco dada al culto a la belleza como ella necesitaba algo de tiempo para asearse. Entonces recordó que pronto sería anunciada como la prometida de lord Stark, y pensó que se esperaría de ella que estuviese lo más hermosa posible. Lo cual era algo bastante complicado, porque no tenía ropa como la que llevaban las sureñas, ni sabia peinarse y arreglarse el rostro. Sólo podía darse un buen baño, cepillarse bien los cabellos y trenzarlos con cintas para adornarlos y ponerse su mejor vestido y sus mejores pieles. Y eso hizo, esperando que al menos Jon valorase el esfuerzo. 

No le gustaba la idea de gastar en ropa, zapatos y afeites, pero si iba a ser una gran señora quizá debería empezar a preocuparse más por su aspecto. O quizá no. El carácter de Lyanna le hacía revelarse ante tales cosas, pero no quería defraudar a su... su... prometido (qué extraño pensar en él en dichos términos). Quizá debería pedir la opinión de Jon. Aunque pensar en preguntarle sobre si debería renovar su vestuario le hacía sentir excesivamente estúpida.

Entre el aseo y sus tribulaciones, las horas pasando volando y de repente se encontró apresurándose hacia el lugar del torneo (caminando tan rápido como podía, pero sin llegar a correr, para evitar acalorarse en exceso y sudar). Maldijo el momento en que se había dejado convencer de apretar su corset un poco más. Quizá así el vestido marcase más sus formas, pero respirar y moverse era más complicado. 

Cuando por fin llegó al lugar, con el rostro ligeramente sonrojado por las prisas y el apuro del retraso, aún tuvo que ser empujada con suavidad y disimulo hacia su nuevo lugar: junto a Jon. El dia anterior, su sitio estaba entre el resto de norteños. Pero desde la noche anterior, su lugar estaba junto a él. Había pensado mucho en ello, pero no fue realmente consciente hasta que se vio sentada a su lado. Jon la trató con tanta neutralidad como le fue posible, y ella se esforzó por corresponderle de la misma forma, como si nada hubiese cambiado. Pero todo habia cambiado, pensó, mientras se sentaba. Podía sentir las miradas de los norteños, en su mayoría amables (todos los que estaban al tanto de lo ocurrido la noche anterior parecían querer apoyarla, los que no parecían algo extrañados, pero nadie dijo nada) y las de los sureños (estas sí confusas y alguna cercana a la hostilidad). Sentía también que la reina la miraba de tanto en tanto, seguramente preguntándose el porqué de su presencia. Sentía a su tutor atento a sus movimientos, buscando apoyarla y anotando mentalmente las cosas que más tarde le comentaría a fin de mejorar su actitud en público. La única mirada que no se posaba en ella era la de Jon.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 18 Oct - 0:18


Quizás por el reciente cambio que implicaba el haberse comprometido en matrimonio con Lyanna Mormont, Jon se había vuelto un tanto más observador con respecto a la belleza fría de la mujer, poco apreciada hasta entonces pero igualmente célebre entre los norteños que aspiraban a conseguir su mano y por ende, la isla del oso como parte de la dote. El ex comandante de la guardia real no tenía entre sus planes tal cosa, le bastaba con que Lyanna demostrara ser una digna representante de su casa y también del Norte pues a partir de entonces las exigencias irían en aumento; se esperaba que contrajeran nupcias durante la segunda semana del décimo mes, que la muchacha fuera tan fértil como jovial y que los herederos Stark representaran dignamente su bastión, el blasón del lobo huargo y todo su linaje familiar.

No era precisamente poseedor de una mirada crítica, mucho menos solía prestar atención en los complicados rituales de belleza que las mujeres llevaban a cabo, aunque en esa ocasión sí que lo hizo. Daenerys Targaryen vestía a la usanza sureña, colores vivos, finas telas que seguro valían mucho más ahora que ella las vestía. Salvo por el hecho de llevar el enorme abrigo que Jon le obsequió, todo cuanto el Lord podía apreciar era un homenaje a la fastuosidad, a la exageración. Lyana era todo lo contrario: prendas gruesas y pieles que igualaban en grosos a su vestimenta en general; cabello liso, anudado en un sencillo peinado que adornó con cintas de colores distintos. Aunque parecía no estar prestándole atención, llegó a notar que tampoco lucía maquillaje alguno, que su piel conservaba la palidez natural en vez de ocultarla con menjurjes propios de mujeres vanidosas. Y sin saber por qué, Jon comenzó a gustar de su renuencia a caer en las redes del culto a la belleza, de su desdén por esas normas que imponían invertir considerables horas tratando de brindar la mejor imagen de sí misma ¿Qué caso tenía? Ella era hermosa de por sí y él quería una esposa que pudiera trabajar codo a codo con él para restaurar la antigua gloria del Norte, no a una mujer que tuviera pájaros en la cabeza o que solo pensara en vestidos.

Por esa razón, él no podía casarse con Daenerys; sin importar cuán grande fuese el esfuerzo, no podía verla como algo más que una aliada conveniente. Con ella no había nada en común e incluso los temas diplomáticos sumían a los dos en una gran tensión. Si era hermosa o no, él no podía decirlo. Suponía que lo era a juzgar por cómo la mayoría de hombres buscaban ganarse su favor o la llenaban de presentes y halagos pero Jon no era capaz de apreciar la hermosura de sus ojos violáceos o su cabello platinado. — Parece ser que nos esperan grandes jornadas este día ¿No es así, mi lord? — La voz de la Targaryen consiguió sacarlo de sus pensamientos, entretenido como estaba en buscar diferencias entre las mujeres del norte y sur. — Los justadores de la Isla del oso son guerreros diestros en campos como estos, espero que vuestro dothraki pueda lidiar con ello. — Jon casi sonrió. El justador representante de los Mormont era célebre por desplazarse bien en todo tipo de terreno y se le recordaba por ser un combatiente activo durante la batalla de los bastardos. A pesar de sus años, al de la casa cadete todavía le venía bien batirse en duelo de vez en cuando. — La isla Mormont es pequeña, espero que el talento de sus huestes no haga honor al tamaño del asentamiento. — La Targaryen no pudo evitar fijar su mirada en Lyanna, a quien encontraba poca cosa para ocupar un sitio de honor en el palco. — Si no es indiscreción, mi Lord… encuentro curioso el hecho de que Lady Mormont nos acompañe en esta ocasión. Quizás la memoria me falla pero creo haberla visto ayer tomando parte con los vasallos norteños. — La ponzoña fue lanzada pero Jon, haciendo gala de su habitual indiferencia se dispuso a zanjar el comentario.

— Habéis visto bien, sí. Lady Lyanna se encontraba conviviendo con los vasallos, tal como se espera de la futura reina en el Norte. Que esté ahora en el palco no es casualidad, después de todo se convertirá en mi esposa pronto. — Asintió, retomando el interés por el combate. — Si queréis saber cómo de buenos son los de la isla del oso, nadie mejor que ella para decirlo. — Se giró entonces hacia Lyanna, brindándole toda su atención. —Describid las virtudes de vuestros soldados para los invitados de la reina y para ella, por favor. Quién mejor que vos para hablar abiertamente sobre los hombres de la isla que tenéis bajo vuestro mandato. — Murmuró, ofreciéndole la mano.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Mar 18 Oct - 11:33


Se sabía el centro de todas las miradas. Cientos de pares de ojos, conocidos y desconocidos, evaluando sus movimientos y pendientes de sus palabras. No sólo tenía que enfrentarse al juicio de los sureños. Sabía que también los norteños, su gente, iban a juzgarla a partir de ahora. Algunos serían benévolos, otros no tanto. Lyanna sabía que tenía el cariño de sus paisanos, pero también que más de uno desearía ver a cualquiera de sus hijas o sobrinas en su lugar. Tenía que desempeñar su nuevo papel a la perfección, por sí misma y por Jon. Confiaba plenamente en sus capacidades como gobernante y administradora. De lo que no estaba tan segura era de sus habilidades como (futura) esposa. 

Evaluándose desde esa perspectiva, la de "esposa de", no pudo evitar sentirse algo inferior a la reina sureña. Lyanna era inteligente y práctica, sí, pero los hombres esperaban otra cosa de las mujeres. Esperaban que fuesen bonitas y agradables, y estaba segura de que la Targaryen sabía mucho mejor que ella cómo encandilar a un hombre. Sólo había que verla, con esas ropas tan delicadas... tenía que estar pasando frío, a pesar de ir cubierta de pieles norteñas. Una de las razones por las que Lyanna no llevaba ropas delicadas, pensadas para hacer que sus encantos fuesen evidentes, era el frio norteño. Preferia no ser considerada hermosa y evitar los resfriados. Aunque quizá debería tomar nota de sus peinados, bastante más elaborados que los de ella, y el maquillaje que adornaba su rostro. ¿Le gustaría a Jon que se preocupase más por su aspecto? Sabía que muchos hombres querían presumir de esposa ante los demás.

La reina abrió la boca y de un plumazo las preocupaciones de Lyanna por su aspecto se evaporaron. Sólo podía pensar en estamparle personalmente un escudo con el emblema Mormont en el rostro, para mostrarle lo duros que podían ser los isleños. 

Que Jon hablase en su favor y en el de la Isla aplacó un poco su mal humor. Lo suficiente para que dejara de apretar los dientes. Y entonces dejó caer la noticia, impactando a ambas damas. Lyanna, a pesar de conocer el compromiso, se le subieron los colores al verse expuesta de ese modo tan directo. Daenerys, por su parte, palideció. La joven norteña tomó la mano que su prometido (ahora que era oficial debía pensar en él como tal), lo que le dio el valor suficiente para poder hablar. 

- Mis hombres no necesitan que yo loe sus habilidades, las han demostrado en más ocasiones de las que puedan contarse - había orgullo en su voz. Su ejército era pequeño, pero valeroso y leal, y todos cuantos habían combatido por el Norte habían hecho un buen papel - Estoy segura de que mi combatiente hará un buen papel en este torneo, como lo hizo en el campo de batalla. Somos un isla pequeña, pero de gentes valientes y leales. Mis hombres entrenan a diario, pues desean estar siempre listos por si son llamados. Y cuando no entrenan, trabajan duro para que en la isla no falten alimentos, madera ni objetos, lo que contribuye a su buena forma. Mis hombres no sólo viven para la guerra, también son diestros en otros campos - al ser tan pequeña, la Isla del Oso solía recurrir a todos los hombres capaces de luchar, no sólo a aquellos con ansia de lucha, cuando era necesario reunir un ejército. Por ello, la propia Lyanna financiaba los gastos de quienes no podían permitirse los aparejos para la batalla y era costumbre que todo hombre, desde campesinos a nobles, supiera manejar una espada, una lanza o cualquier clase de arma - Y sus mujeres hacen mucho más que criar hijos y cuidar de sus esposos. En la Isla del Oso, todo el mundo aprende al menos una tarea. Somos gente sencilla, quizás pobre a vuestros ojos, pero somos fuertes y trabajadores, y procuramos que nada nos falte sin recurrir a la caridad de otros o exigir que se nos de aquello de lo que no disponemos. Lo que tenemos, aunque sea poco, nos lo ganamos con el sudor de nuestra frente.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Jue 20 Oct - 20:54


La respuesta de Lyanna enmudeció a la Targaryen y suscitó murmullos entre los ahí presentes, que solo atinaban a mirarse entre ellos intentando asimilar tal contestación. — Un soldado de la isla del oso pelea por diez y su resistencia es admirable. — Poco después volvió a soltarla, confirmando una vez más que Lady Mormont era capaz de salir victoriosa en cualquier circunstancia. — En ese caso, enhorabuena por vosotros. Sabéis mantener un secreto, eso explica por qué nadie conocía el compromiso. — Los ojos violáceos de su interlocutora se clavaron en ambos, mostrando un descontento evidente para cualquiera con un poco de sesos. Haber viajado hasta el Norte para pactar un compromiso que uniría ambos reinos solo para descubrir que Jon se hallaba prometido a una mujer de un asentamiento menor era un fracaso a sus labores diplomáticas, sobre todo por la gestión de Tyrion como artífice del posible enlace ¿Acaso él no mantenía correspondencia con Jaime Lannister o con Sansa? De cualquier modo algo turbio había en ese repentino anuncio.

— Nos pareció el momento adecuado para darlo a conocer. El Norte necesita de una reina y quién mejor que alguien nacida aquí para hacerse cargo de todo en mi ausencia. — Que el día anterior hubiera hecho partícipe a los vasallos no era casualidad, así se aseguraba tenerlos de su lado por si a los sureños les daba por hacer preguntas.   — Lady Lyanna es  respetada no solo en la isla que rige sino también por el resto de las casas vasallas. Nadie mejor que ella para entender la problemática existente en una tierra tan hostil como lo es esta. — No era solo el clima lo que desmotivaba a los extranjeros, también las revueltas presentes entre los antiguos clanes de salvajes y los nuevos formados por la interacción de norteños y el pueblo libre. Aduciendo viejos derechos sobre tierras o caminos, varias veces habían llegado a las armas, por lo cual el Lord del Norte acabó interviniendo en más de una ocasión, siempre cargando el estigma de ser demasiado justo, honorable en exceso e incorruptible.  A veces, ni su propia gente quedaba conforme ¿Cómo hubiera sido gobernar todo Poniente? No se veía en esa posición.

Prefirió entonces concentrarse en el torneo, con el oriundo de las islas del oso peleando al tú por tú contra un dothraki que había resultado más fiero de lo que su reina pregonaba. — Es interesante saberlo. Ahora que os casaréis, Lady Lyanna pasará a ser una Stark y siendo ser Jorah su heredero más próximo, habréis resuelto el problema de sucesión con un simple trámite.— La reina se sintió aliviada al saber que ya no tendría que preocuparse por aquello. Había perdido a un buen hombre  como marido pero con el asunto de la isla solucionado, bien podía retirarse en paz. — Me complace escucharlo. Esto ayudará sin duda a que el Norte retorne a formar parte de la corona. — Anexar el territorio a los dominios bajo la bandera del dragón tricéfalo era primordial pues esa región era el único bastión independiente. Dorne y las Islas del hierro conservaban cierta autonomía pero bajo el auspicio de la corona. — No hay tal compromiso y lo sabéis bien; habéis ayudado al Norte para hacer frente a la amenaza de los caminantes blancos pero  jamás a cambio de una rendición. — No le gustaban esas conclusiones tan apresuradas por parte de la reina sureña, mucho menos sus delirios de grandeza. — Seguimos siendo independientes,  reconocemos vuestro mandato en las tierras del sur pero no acatamos vuestros designios. Todavía soy rey, lo seré mientras el pueblo así lo quiera y Lady Mormont será mi reina. — Enunció con  firmeza.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Jue 20 Oct - 21:42


La mirada de la reina no amilanó a la norteña. Todo lo contrario, estuvo a punto de saltarle encima. Sólo el hecho de que Jon, que ahora esta su prometido y contaba con ella, estaba en medio evitó que le saltara encima. Eso, y las palabras de su señor, que consiguieron que sintiera calor en las mejillas. 

- Los norteños tenemos por costumbre ser discretos. Somos gente sencilla. No nos gusta que gente ajena a nuestros asuntos intervenga en ellos. Lord Stark es quien gobierna el Norte y a él le corresponde escoger quién ha de hacerlo a su lado. Me ha escogido a mi. No es algo que haya buscado, yo no soy como una de esas damas que sólo piensan en encontrar esposo. Pero me ha escogido y yo he aceptado. Los detalles son algo que nos atañen a nosotros. El anuncio ha tenido lugar cuando mi prometido - casi pudo oir los dientes de Daenerys rechinando al oir esa palabra - ha juzgado oportuno hacerlo ahora, y yo no tengo nada que objetar. 

Volvió la vista hacia el combate. Su hombre estaba haciendo un buen papel, pero se enfrentaba a un rival muy fiero. No estaba segura de que fuese a ganar, pero en realidad no era eso lo que más le preocupaba. Podía tragarse su orgullo ante la Targaryen si era necesario, aunque no había nada deshonroso en perder si uno luchaba bien. Sufría más pensando en las consecuencias que el combate pudiera tener para el hombre. Lyanna sentía cada herida y cada muerte como si le ocurriese a un miembro de su familia. Así era como sentía a los habitantes de su isla. No tenía familia, pero tenía a sus gentes. Si éstas sufrían, ella también.

- Nunca dejaré de ser una Mormont - le hirvió la sangre ante aquel absurdo intento de quedarse su isla sólo por el hecho de estar prometida - La isla seguirá siendo mia, y algún dia la heredará uno de mis hijos o hijas, como debe ser. Lo lamento por vuestro querido ser Jorah, pero la isla no será para él - se volvió para mirar a Daenerys, con los ojos frios y duros como témpanos - Jamás tendrá mi isla, así tenga que hundirla en el mar yo misma - empezaba a calentarse y a alzar la voz de verdad. Ahora sí que le faltaba poco para lanzarse sobre la reina - Y el Norte jamás será vuestro, si buscáis imponer vuestra voluntad. Las gentes de aqui son como el clima, fuertes como tempestades, capaces de ser terribles, aunque también leales. Tenemos un rey justo, un rey que comprende nuestra idiosincrasia, un rey que se ha ganado ser llamado tal. Vos no conocéis nada de estas tierras ni de sus gentes. Vos no merecéis gobernar sobre ellas.

Por lo general, Lyanna sabía controlarse. Pero estaba nerviosa por las circunstancias y cada segundo que pasaba cerca de esa mujer la odiaba más. Para ella no era más que una extranjera que había aparecido cuando Poniente estaba ya ahogado en su propia sangre y había aprovechado los despojos, como un animal carroñero. No era sólo que quisiera quedarse con su isla, o que pusiera en entredicho su compromiso con Jon. Cuanto más la conocía, menos creía que se hubiese ganado el derecho a gobernar las tierras que su familia y tanta otra gente había bañado con su sangre.

Lyanna no era consciente, pero los norteños situados lo bastante cerca para oirla la miraban con orgullo. El comportamiento de la joven no era lo que exigia el protocolo, no era lo que solía esperarse en una reina. Pero era lo que los norteños esperaban de ella.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

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