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And so the wolf fell in love with the bear

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And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Sáb 16 Jul - 16:07

Recuerdo del primer mensaje :


GOT AU, Romance
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And so the wolf fell in love with the bear

Han pasado cerca de diez años desde que Daenerys Targaryen puso fin a la amenaza de los Caminantes Blancos y tomó el trono de hierro. Desde su coronación, Poniente se ha concentrado en sanar sus heridas y recuperarse de aquellos tiempos tan sombrios. Ahora que la paz parece duradera y las cicatrices se han cerrado, las cabezas de las grandes casas empiezan a moverse. No todos están contentos con la reina o con su posición en el tablero político. Consciente de esto, Daenerys se da cuenta de que necesita un esposo con el que afianzarse en el trono y tener herederos que sigan su legado. Sus ojos se vuelven hacia el Norte, cuyo actual gobernante, Jon Stark (legitimado por la propia reina, pero al que muchos siguen llamando Nieve) es uno de los hombres mejor considerados por el pueblo y quien fue uno de sus primeros aliados.

La llegada de la reina significa tener que organizar festejos y entretenimientos con los que agasajarla, lo que también significa invitar a señores y vasallos. La ocasión es perfecta para tender nuevas alianzas y reforzar las existentes, así como para mostrar a los jóvenes caballeros y damas en edad de comprometerse. Invernalia se convertirá en el centro de todas las miradas, le guste o no a su señor.

Entre los nobles que se desplazan al lugar se encuentra la joven Lyanna Mormont. Durante la guerra que, entre otras cosas, otorgó el control del Norte a Jon, Lyanna era una chiquilla, pero ello no impidió que mostrara su fiera lealtad a los Stark, incluido el que antes fue bastardo. Ahora Lyanna ya no es una niña, y aunque los torneos y las fiestas cortesanas no son lo suyo, una vez más acude la primera a la llamada de su señor. Jon no puede evitar fijarse en la muchacha, siempre leal y tan diferente a la mayoría de las damas, capaz de manejar su casa prácticamente desde que dejó sus pañales. Siempre le ha tenido admiración y cariño.

Jon también necesita pensar en contraer matrimonio. Sin embargo, la propuesta de Daenerys no le atrae en absoluto. Quien si llama su atención es Lyanna, que ha dejado de ser la chiquilla que tuvo los arrestos de encararse al resto de señores norteños, pero sigue teniendo ese carácter fuerte que la ha hecho famosa en todo Poniente.

personajes
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Jon Stark (antes Nieve)
29 ♠ Kit Harrington ♠ Lucrezia

Lyanna Mormont
16 ♠ Anna Popplewell ♠ Lyra
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cronología


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Última edición por Harley el Mar 18 Oct - 11:41, editado 1 vez
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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Vie 21 Oct - 4:59


El ambiente era tan pesado que casi podía usar un cuchillo para cortar la tensión. Todas las miradas se clavaron en aquella tríada tan curiosa y variopinta; la intención del Stark no era ofender a sus invitados pero quería dejar en claro cómo estaban los asuntos diplomáticos antes de comprometerse con algo que no podía garantizar. Pese a todo debía reconocer la inteligencia del Lannister, sin duda un hombre adelantado a su época, alguien que iba un paso por delante en cuanto a estratagemas y líos palaciegos se trataba, por lo cual no resultaba extraño que dispusiera las cosas de tal modo que las tierras del norte y sur se unieran. — Los preparativos del enlace siguen un curso favorable, todo gracias a mi prometida. Como habréis de suponer, poco sé yo de esas cosas así que lo dejo en sus manos. — Si la Targaryen supiera que comprometidos no llevaban ni un día y de preparativos no había nada, seguramente se reiría.

Internamente agradeció no participar en el enardecido diálogo entre ambas féminas, a sabiendas del fuerte carácter de una. A la otra no la conocía pero se decía que había heredado la vena de locura propia de su estirpe, consecuencia de largas épocas practicando el matrimonio endogámico. — Estaréis invitada, por supuesto. — Todo dependía de cuán buena fuese la relación entre ambos territorios aunque a leguas se podía vislumbrar el desastre ¿Para qué había invertido tanto en el torneo si las cosas serían exactamente igual? El dinero desperdiciado nadie lo iba a reponer y aunque no tenía sentido llorar sobre la leche derramada, a futuro evitaría los eventos innecesarios para no añadir mayor peso a las arcas norteñas. — El pueblo quiere una reina norteña, quieren herederos que lleven sangre de hielo, no aceptarán otra cosa. — Él también tenía en mayor o menor medida sangre Stark y se enorgullecía de ello como el que más, por mucho que en sus venas ardiera el fuego Targaryen también.

— Los asuntos relacionados con la isla del oso conciernen enteramente a Lady Mormont aun cuando se convierta en una Stark. Yo no deseo inmiscuirme en políticas de una isla que siempre ha mostrado lealtad al Norte, además se ha mantenido como un bastión independiente que pocas veces ha necesitado ayuda en comparación con las ocasiones en que tal cosa fue solicitada por alguna otra casa. — Sesenta y dos soldados habían luchado fervientemente bajo las órdenes del Stark sin pedir nada a cambio salvo mantener al norte unido en un solo estandarte. — Confío en que cualquier decisión será pensando estrictamente en el bienestar he dicho asentamiento y nadie mejor que Lady Lyanna para tal labor. Ni Ser Jorah ni ningún otro podrían decidir ese tipo de cuestiones puesto que son las mujeres quienes llevan la voz cantante en la regencia. — Por otra parte, tampoco le hacía gracia tener a un sureño rondando en tierras norteñas, inmiscuyéndose en asuntos que no eran de su interés. Después de todo había sido él quien sumió a la isla en una crisis económica tan severa que un Mormont decidió exiliarse al Muro para así expiar las culpas que lo acongojaban.

Tal como imaginó, el dothraki acabó por hacer trizas al oriundo de la isla del oso, aunque no llegó a matarlo; el juez designado por Jon acabó deteniendo el combate pues se estipulaba claramente la opción de mutilar o herir considerablemente sin poner en riesgo la vida. En una camilla se llevaron al norteño y el dothraki aprovechó la ocasión para brindar sus respetos a Daenerys.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Vie 21 Oct - 13:50


Lyanna sabía que debía intentar contenerse o acabaría desatando la guerra que tanto deseaba evitar. Pero era dificil mostrarse contenida ante aquella mujer, que suponía que tenía derecho a todo sólo por ser quien era. Lyanna había sido educada para ser leal a su señor... pero también para servir a un señor que mereciese tal lealtad. Si se contenía, era por Jon, por todo lo que le debía, por el cariño que le tenía y porque él sí merecía cualquier esfuerzo que ella debiera hacer.

Casí se le escapó una risa irónica, que disimuló con una tos, cuando Jon habló de preparativos. Él no tenía ni idea, ella tampoco y el compromiso se había acordado la noche anterior. Lo más parecido a preparativos que habían hecho era escoger una fecha. Se dijo que tenía que hablar con Jon de aquello. Si tenía que organizar una boda, lo haría lo mejor que pudiese, pero quería hacerle saber que ella no tenía más idea que él sobre el tema, porque no quería que pensara que sabía qué hacer.

La presencia de la reina en la boda era lo último que deseaba. No la soportaba, y cuando mayor fuese el rango de los invitados mayor tendría que ser la fastuosidad del evento. Pero sabía que tenía que invitarla. Tendrían que invitar a mucha gente, y no todos de su agrado. Ya no era la señora de una isla tan pequeña que a nadie le importaba si recibía o no invitación a sus eventos. La futura reina del Norte (le daba terror pensar en sí misma como tal) tendría responsabilidades más amplias. Lo sabía, y aunque no le gustara, tenía que hacerse a la idea.

Añadió hablar de ello a la lista de cosas que tenía que hablar con su futuro esposo. No estaría de más definir de la forma más exacta posible cuál sería su papel en el gobierno, pues Lyanna no era mujer florero y Jon lo sabía. Saber qué quería de ella le ayudaría a prepararse.

Volvió a sentir orgullo cuando Jon apoyó su discurso. Si todo seguía así, el matrimonio sería sencillo, pensó. Jon parecía respetarla más incluso de lo que ella suponía, y el compromiso, si bien había enrarecido un poco las cosas, no había cambiado la base de su relación.

Sin embargo, todas las cavilaciones que pudiese tener sobre Jon, Daenerys y la boda se esfumaron al ver caer a su hombre.

- Disculpadme - fue lo único que dijo antes de salir corriendo hacia el lugar donde su contendiente había sido apartado para recibir atención médica. Le daba igual si eso no era propio de reinas. Había ciertas cosas en las que Lyanna no cambiaría, y una de ellas era preocuparse por su gente. Aquel hombre estaba lejos de casa, y no iba a permitir que padeciera solo. No, ella se encargaría de saber bien cuál era su estado y de que recibiese los cuidados necesarios. Y si no tenía ningún pariente o amigo que le hiciese compañía, ella misma se sentaría junto a su lecho. Al menos mientras no se la requiriese de forma indispensable en otro lugar. Si Jon la reclamaba, acudiría a su lado. Pero esperaba que no le hiciese desatender a uno de sus guerreros para fingir cortesía (aunque no podía decirse que hasta ese momento lo hubiese hecho) ante una reina tan desagradable a sus ojos.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 26 Oct - 4:03


Era difícil pensar en Lyanna de una manera mucho más personal, sobre todo porque hasta entonces su lazo era puramente fraternal, con el acostumbrado protocolo de por medio que implicaba una relación de vasallaje. Siendo práctico — últimamente lo era más — no existía mejor opción para formar un hogar que con ella: hija del norte, mujer práctica y resuelta, ajena a superficialidades… no era perfecta pero tenía todo lo que cualquier hombre esperaría de una esposa. Además, Lyanna no sería solo su cónyuge, también compartiría la carga que representaba hacerse cargo del destino de alguien más. — Id con él, hacedme saber si necesitáis cualquier cosa. — Los dothraki eran famosos por su salvajismo y sed de sangre, aunque no por ello Jon se mostraba amedrentado, quizás algo sorprendido por la facilidad que tenían los guerreros para moverse en terreno nevado pero de ahí en fuera, no mostró mayor emoción.

Para su desgracia, todavía quedaban algunos combates y debido a la ausencia de Lyanna, tenía que conformarse con la compañía de la Targaryen. No hablaron mucho, en realidad no había necesidad; Norte y Sur no tenían demasiadas cosas en común y menos para compartir después de tantas rencillas. Ambos se mantuvieron en un cómodo silencio, ocasionalmente interrumpido por algunos sirvientes que se acercaban en pos de verificar que nada hiciera falta o que no tuvieran reclamo alguno por las atenciones. El tercer día conllevaría la clausura del torneo, se entregarían los premios y despedirían a la reina, que emprendería su marcha hacia Desembarco con menos éxito del esperado; en nada habían quedado los planes de una posible alianza matrimonial para unir ambos reinos y eso seguro acarrearía problemas pues nadie salía indemne después de desairar a la mujer nacida en la tormenta.

La ausencia de Lyanna fue notoria, sobre todo en el banquete. Acostumbrados como estaban los vasallos a contar siempre con su opinión tan atinada y ese carácter propio de una dama del norte, las preguntas no se hicieron esperar; los Manderly, Umber y los Glover eran los que más extrañaban la presencia de la joven pero al saber que ella había preferido no asistir al banquete por cuidar al herido, los halagos no cesaron. Jon era más parco en cuanto a palabras bonitas o frases de agradecimiento pero había tenido a bien hacerle llegar sus respetos, el reconocimiento pertinente y también un banquete especial. No era precisamente la manera en que deseaba comportarse con ella pero tenía obligaciones que atender, compromisos que lo retenían presidiendo aquel convite cuando estar en otra parte o cuando menos mantenerse al pendiente de su prometida, a quien debía procurar en vez de gastar tiempo con la reina sureña.

Cuando el festejo se volvió insoportable para él, se excusó pretextando tener cosas que hacer aunque sus pasos lo llevaron hasta las habitaciones que había adecuado como enfermería provisional. Un par de camas se hallaban ocupadas pero puso su atención en una, donde un hombre descansaba y a su lado, una joven se mantenía sentada, atenta a cada posible cambio en su evolución. Por un instante, Jon se permitió pensar en si aquello sería o no lo que podría esperar de Lyanna, si él recibiría cuidados así o tendría que conformarse con el respeto y la cortesía propia de un matrimonio conveniente. — Vine a haceros compañía. — Murmuró, cargando una silla cercana para sentarse frente a ella.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Miér 26 Oct - 16:30


Durante los primeros instantes junto a su hombre caído, sus pensamientos y acciones se centraron en él. Le sostuvo la mano, susurrando palabras de aliento, mientras le cosían las heridas y aplicaban remedios para ayudarle a cicatrizar. Se mantuvo a su lado, asegurándose de que no le subía la fiebre, ayudándole a beber y tomar una sopa ligera y vigilando que los vendajes no se cubriesen de sangre. Le lavó las partes sanas, pero sucias de sangre y tierra. Todo ello sin pararse a pensar si era propio de una señora, si los sureños o sus futuros súbditos lo verían con buenos o malos ojos. 

No se paró a pensar en nada que no fuese aquel hombre hasta que se encontró a solas, con el herido durmiendo. Decidió quedarse a velar su sueño. Quería estar ahí si empeoraba o que tuviera alguien a su lado al despertar, si todo iba bien. Ella siempre tenía gente a su lado cuando debía guardar cama. Una sirvienta sugirió enviar a alguien a buscar viandas del banquete, pero Lyanna las rechazó. Estaba cansada y se conformaba con la misma sopa que se repartía a los heridos. Tampoco le desagradaba. Era una comida sencilla, pero el caldo era contundente y estaba delicioso. Además, le apetecía algo caliente y reconfortante.

Tras comer algo, se recostó en el asiento y se perdió en sus pensamientos. Quizá no debería haberle hablado a la reina como lo había hecho, ni haber ido a encargarse de aquel hombre. Otras damas no lo hacían. No respondían y no se manchaban las manos. Pero ella era así. Siempre había sido así. No le gustaba la idea de tener que cambiar. Por Jon lo haría, pero desearía que él no se lo pidiera. 

Esos eran sus pensamientos cuando de repente él se materializó a su lado, con una silla. 

- Mi señor... - se incorporó para sentarse bien, pues estaba dejada caer en su asiento de cualquier manera. Al hacerlo, notó molestias en la espalda. Demasiadas horas sentada, primero en el torneo y luego junto al herido. Además, hacía algo de frio, y a pesar de su vestimenta norteña y de estar acostumbrada a la fría humedad isleña, éste había calado poco a poco en ella. Notaba las manos y los pies fríos y tenía los músculos algo agarrotadas - No es necesario. Podéis volver con vuestros invitados o retiraros a descansar - sin embargo, le gustó verle ahí. Si iba a verla, era porque aprobaba sus actos, ¿no? Lyanna quería pensar que le gustaba su forma de ser y que se preocupaba por ella - Pero si deseáis quedaros, vuestra compañía es bien recibida - añadió pasados unos segundos, con la sombra de una sonrisa en los labios 

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IV. Newly weds

Mensaje por Harley el Jue 27 Oct - 11:15


La joven Mormont se iba agobiando cada dia que pasaba. Los preparativos de aquella boda en la que se vio enredada sin haberlo previsto se le echaron encima, a pesar de que su carácter práctico la hizo ponerse a ello tan pronto como terminó el torneo en el que se había iniciado todo.

El primer paso fue acordar con Jon que se trasladaría a Invernalia tres semanas antes de su boda, para de esa forma tener tiempo tanto de dejar los asuntos de la isla en orden como de llegar con la suficinete antelación para supervisar los preparativos definitivos y acostumbrarse al lugar. Al regresar a su isla, hizo llamar a las mujeres de sus hombres de más confianza (al menos, a las de aquellos que las tenían) para preguntar cómo se organizaba una boda. Recibió mil ideas. Muchas  le parecieron absurdamente fastuosas. Hecho público el compromiso, la Isla del Oso se sentia orgullosa de que su señora fuese la escogida, y todos aquellos a los que Lyanna preguntaba proponían lo que a ella se le antojaban disparates tan fastuosos como innecesarios. Ideas que, además, sólo conseguían perderla más. ¿Debía organizar un torneo de siete días? ¿Repartir montañas de comida entre el pueblo? ¿Ordenar que le hiciesen un vestuario nuevo?

El mejor consejo le vino de manos de una mujer anciana, la madre de uno de sus consejeros. Una mujer fuerte como una roca que rara vez hablaba, pero que solía ser escuchada.

- Lo que se necesita para una boda es un novio que reclame a la novia y un árbol bajo el que jurarse fidelidad. Todo lo demás son adornos destinados a vuestros invitados, y ellos deben tener la cortesía de ceder a vuestros deseos en ese dia. Organizad algo que os sea agradable a vos y a lord Stark. Mientras haya comida y bebida para distraer a los demás, todo estará bien.

Con esa idea en mente, empezó a anotar y a ordenar el resto de sugerencias que le llegaban. Escribió a Jon sugiriendo que deberían procurarse toda la comida y bebida posible, añadiendo que lo sobrante podría destinarse al pueblo llano. Le propuso que organizase una partida de caza con los invitados que pudieran adelantarse al dia de la celebración. Le pidió un presupuesto para encargar farolillos y cintas para adornar el bosque y el salón del banquete y que hiciera un llamamiento para que acudiesen bardos. Le envió también una lista de invitados con todos los nombres que se le ocurrieron, señalando que no era más que un borrador y que esperaba que él supiera mejor que ella quién debería asistir. La lista se componía de los principales señores norteños, algunos de los menores con los que o bien Jon o bien Lyanna tenían más confianza, más la reina y las principales familias sureñas, de la mayoría de los cuales tan sólo sabía el apellido y de las que ni siquiera sabía a cuántos miembros invitar. Y por supuesto, Sansa, como única pariente de Jon que quedaba.

Por último, encargó unos cuantos vestidos nuevos. Necesitaba uno para casarse y se hizo confeccionar un par más, algo más elegantes de lo que acostumbraba, para ejercer de señora en condiciones. Encargó también zapatos, un par de capas y las camisolas que empleaba bajo el vestido y para dormir, pues a pesar del sonrojo que le provocaba la idea, las mujeres de su entorno tenían razón al decir que debía tener prendas nuevas la primera vez que su esposo la viese.

Todo ello parecía poco, pero organizarlo se comió el tiempo y de pronto se encontró camino de Invernalia, acompañada por una multitud de baúles. La Isla quedaba a cargo de su castellano habitual y su tutor. Éste último, que también era su consejero de mayor confianza, acudiría a su lado un par de días antes de la boda y se quedaría hasta que ella se sintiese lista para afrontar el matrimonio sola. Después iría y vendría de la Isla a Invernalia cada ciertas semanas, para mantenerla al tanto.

Al llegar a su nuevo hogar la instalaron en unos aposentos que parecían provisionales, aunque era dificil estar del todo segura. Invernalia era un lugar sencillo, la mayoría de las habitaciones estaban pensadas para ser prácticas y no bonitas. Cierto era que las que más se empleaban estaban mejor decoradas, con tapices en las pareces y muebles delicadamente tallados. Ella estaba en un aposento sencillo, pero confortable. Quizá Jon lo hubiese dejado así para que ella lo decorase a su gusto. O quizá esperase que tras la boda compartiesen el mismo lecho y por eso no se habían decorado aposentos para ella.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 2 Nov - 9:08


— Creo que cincuenta de nuestros mejores hombres serán suficientes para supervisar el camino real.

Jon asintió. Supervisar a diario cada destacamento destinado a salvaguardar caminos y brechas estaba dejándolo exhausto pero claudicar no era una opción; a tres semanas de la boda, no podía permitir una omisión en las medidas de seguridad porque de eso dependía el éxito de aquel convite, no del matrimonio en sí. Además, con Lyanna en Invernalia tenía la obligación de garantizar que su nuevo hogar era tan seguro como el anterior, que él podía proveer no solo una posición estable o un título importante sino también tranquilidad. — Contaremos con otros treinta que vienen desde la isla del oso para proteger a Lady Mormont hasta el día de la boda. — Su señora. Pensaba en ella todavía como parte de la isla pero en cuestión de días pasaría a ser una reina, regente del destino ya no de un asentamiento, más bien de todo un territorio.

— Procurad manteneros alerta, todavía hay demasiados puntos ciegos que cubrir. — Era tarde, más de lo habitual para alguien que procuraba despachar cada asunto con celeridad para no entretenerse más de lo debido. En su lista de pendientes todavía quedaba el encargarse de supervisar el mantenimiento a las criptas, revisar la lista de invitados para agregar o suprimir a quienes consideraba convenientes, además tenía que organizar una partida de caza para quienes acudieran al evento con días de antelación; todas esas cosas debía haberlas previsto meses atrás pero por una cosa o la otra, no había tenido la oportunidad. Aludir a su ignorancia respecto a organizar eventos era desleal y desde luego no una opción, no cuando su prometida había tomado gran parte —casi toda — la responsabilidad en sus manos sin quejarse, sin pedir más dinero del que era necesario, desechando toda idea fastuosa e impráctica.

Siendo escasos los momentos en que podía gozar de su compañía, procuraba ser útil para ella en todo, consciente del arduo trabajo que suponía dejarla a cargo de los preparativos. Cuando no podía verla entonces se mantenía al tanto de sus actividades, dejándole saber que era libre de andar por Invernalia como quisiera, dotándola además de total autoridad para disponer la manera hacer las cosas, de mandar a los criados para que todo fuera hecho a su gusto. Tan alto era el nivel de confianza que Jon le había dado, que los empleados ya se dirigían a ella como Lady Stark. Para los sirvientes que fielmente laboraban ahí, tener a una dama de sangre norteña era casi como una bendición pues estaban acostumbrados a mujeres de estirpe sureña, a otro tipo de costumbres que con el tiempo habían pasado a formar parte de ellos también.

— ¿Y lady Mormont? — Por suerte para él logró interceptar a una de las doncellas que habían acompañado a Lyanna, si es que mal no recordaba. — En sus aposentos, Lord Stark — Asintió al escuchar la respuesta de la joven y hacia allá se dirigió, dispuesto a aprovechar esos minutos libres que tenía antes de marcharse rumbo a los bosques. Por respeto al honor de la muchacha, Jon había dispuesto habitaciones confortables, a una distancia prudente del dormitorio principal. — Lady Lyanna. — Un par de golpes a la puerta para llamar su atención, permaneciendo en el pasillo para no dar pie a murmuraciones. Mantener las formas era primordial y el honor de su futura esposa estaba antes que el suyo. — Solo quería comprobar que vuestras habitaciones os resultaran confortables. — Enunció, manteniéndose de pie en el umbral.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Vie 4 Nov - 19:15


Los golpes en la puerta la sorprendieron. No esperaba visita, y nadie acudía a buscarla a sus aposentos de la Isla. Pero ya no estaba en la Isla. Estaba en Invernalia, pronto sería su señora y había muchas personas que podrían ir a buscarla por una u otra razón. Empezando por el hombre que estaba en la puerta, demasiado respetuoso como para cruzar el umbral sin permiso. 

- Mi señor - saludó, sonriendo sin saberlo - No deberíais molestaros con nimiedades. Los aposentos son perfectos, no tengo queja - por parcos que estos fueran, eran cálidos y confortables. Si Lyanna no los sentía como el hogar era porque carecían de todo lo que podría despertar ese sentimiento. Hizo un gesto, invitándole a entrar - Sin embargo... no voy a negar que extraño mi hogar. Pero no os preocupéis, se me pasará pronto. Al fin y al cabo... este es mi hogar ahora. 

Daba igual como fuese Invernalia, era su nuevo hogar. Tenía que hacerse a la idea, porque seguía sintiéndose isleña, y en realidad nunca dejaría de serlo. Sin embargo, creía posible tener dos hogares y estaba decidida a que Invernalia fuese el suyo. Si allí iba a vivir y gobernar, si iba a parir a sus herederos, tenía el derecho y el deber de considerar esos muros como su hogar. 

- ¿Habéis tenido ocasión de repasar los preparativos de la boda? ¿Está todo a vuestro gusto? Si queréis cambiar algo o... o lo que sea... sólo decidmelo. Todavía hay tiempo de encargar ropas o modificar las que ya están hechas - sus ojos se desviaron hacia el baúl que contenía su ropa nueva durante un segundo. Se sentó en la cama. Fantasma, que había seguido a Jon silenciosamente, como era su costumbre, se acercó a ella y apoyó la cabeza en su muslo, como dándole la bienvenida. La joven empezó a acariciar al huargo distraidamente, como si llevase toda la vida haciéndolo - Creo que deberíais llamarme sólo Lyanna - comentó, tras unos segundos de silencio - No conozco ningún matrimonio que emplee títulos entre ellos... aunque nosotros aún no estamos casados... pero quizá deberíamos intentar acostumbrarnos a ello.

Volvió a pasear la mirada por la habitación. Había casi más baúles que muebles, y apenas había deshecho el equipaje. Estaba tentada de preguntar si aquellos iban a ser sus aposentos permanentes o si debería cambiar de ubicación tras la boda, pero no se atrevía a plantear tal cuestión.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Sáb 5 Nov - 6:46


Debido al trato tan familiar entre los dos, a veces olvidaba que hablaba con su futura esposa y no con su hermana menor. — Tenéis razón, los títulos no son importantes en el matrimonio, lo es la convivencia. — En ese aspecto se sentía culpable por no ser capaz de dedicar tiempo a construir una relación con ella. Obtenida la autorización, Lord Stark avanzó al interior de la estancia, si bien tuvo la discreción de permanecer junto al umbral para no dar pie a los rumores. —Sí, me he dado un tiempo para revisar las listas que me habéis enviado. Sobra decir que estoy conforme e incluso sorprendido por vuestra habilidad de organización. — Ese talento no era extraño si tomaba en cuenta que Lyanna estaba acostumbrada a organizar las cosas relacionadas con su isla y si podía encargarse de un asentamiento, una boda seguramente sería poca cosa.

—Pero no creáis que cargáis con todo el trabajo, ciertos asuntos del festejo corren por cuenta mía y no quiero que veáis el resultado sino hasta después. — Entonces reparó en el equipaje casi completo y en esos baúles donde suponía ella guardaba las prendas. — Siento si encontráis esto poco hogareño o caluroso pero a decir verdad, no consideré necesario adecuar este sitio si vamos a compartir el lecho. — Era lo lógico, lo que dictaba la costumbre y si además tenían la obligación de dar herederos al reino, dormir juntos era el primer paso para tal fin. — Aunque si lo preferís, puedo enviar a una cuadrilla de doncellas y mozos para que arreglen estas habitaciones. — En lo personal, no le veía sentido porque era más práctico estar ambos en una sola estancia que ocupar habitaciones separadas pero respetaría su deseo.

Con pocos días para convivir antes de la boda, tenían mucho de qué conversar acerca de lo que ambos esperaban o de los planes a futuro, por lo cual una hora o dos no alcanzarían para tratar esos temas. — En realidad he venido a invitaros al bosque de arcianos, a pasear ¿Os gustaría? Tengo algo de tiempo libre, después tengo que atender algunas audiencias con el pueblo llano, en donde me gustaría contar con vuestra presencia para que os conozcan y aprendan a trataros como la futura reina. — Murmuró, observándola atentamente. Cuanto más se quedaba mirándola, más se convencía que ella era la ideal, una dama de ley que haría del Norte un sitio mejor. — Sé que ya os conocen pero es distinto ahora, ellos encontrarán en vos un consuelo, una intercesora en los problemas cotidianos. Ya no sois una vasalla, seréis reina y aunque no espero que actuéis con la pomposidad y el derroche de las damas sureñas, os pido que no escatiméis en gastos si se trata de ayudar. — Se apresuró a añadir, más como una sugerencia que otra cosa.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Sáb 5 Nov - 22:13


Mientras Jon hablaba, la muchacha seguía haciendo carantoñas a Fantasma, aunque sin perder el hilo de la conversación.

- Me alegra que todo sea de vuestro gusto. La verdad, organizarlo todo ha sido una pesadilla, porque no tenía ni idea de por dónde empezar y todo el mundo me daba ideas de todo tipo. Creí que me volvería loca intentando organizar algo a la altura del Rey en el Norte, pero sin caer en esa fastuosidad tan banal de los sureños - hizo una mueca. Ninguno de los dos era dado a la superficialidad. Era una de las cosas que tenían en común y que ayudarían a cimentar el matrimonio - Hubo momentos en los que temí que se me fuese de las manos... - rió con suavidad, haciéndole cosquillas a Fantasma tras las orejas - Me intrigan vuestros preparativos. No quisiera que os vieseis sobrecargado, demasiado trabajo da gobernar estas tierras. No penséis que no aprecio que hagáis esfuerzos, pero... no es necesario que lo hagáis, si es que lo hacéis por mi.

Detuvo sus caricias al ver a su prometido observar el equipaje sin deshacer, y sus palabras le produjeron algo de sonrojo. 

- La habitación es perfecta, de verdad. Si no he deshecho el equipaje es porque... - se sonrojó algo más. Bajó la mirada, dejando que parte del cabello le ocultase el rostro, y volvió a hacerle carantoñas a Fantasma, quien estaba dándole golpecitos con el morro desde que había parado, como pidiéndole que siguiera - bueno... no estaba segura de si estos iban a ser mis aposentos definitivos o no. Quiero decir... se supone que los esposos han de compartir el lecho. Yo no estoy segura de si debería tener aposentos propios o no... no tengo el ejemplo de mis padres, desconozco, y no tengo interés en conocer, la vida privada de mis consejeros y no sé cómo lo harán los reyes sureños, pero preferiría no seguir su ejemplo en nada - parloteó, azorada - Por lo que a mi respecta, no es necesario molestar a doncellas y mozos para decorar estos aposentos.

Ni siquiera se atrevía a pensar en la idea de compartir los aposentos y el lecho con Jon durante lo que le quedase de vida. Era algo que sencillamente no podía imaginar. Pero la idea de ser esposa de alguien y no compartir las partes más privadas del hogar con esa persona le parecía estúpido. ¿No era acaso eso una de las principales razones para casarse? Además, los aposentos de los reyes (y los de cualquier señor) se ubicaban en las mejores zonas de los castillos, siempre eran estancias más cálidas y mejor amuebladas y los sirvientes de mayor confianza debían asegurarse de que todo estuviese siempre bien dispuesto, pero sin que su presencia se notase. Y si en su pequeña Isla había tres habitaciones destinadas sólo a ella (un dormitorio, una salita y un estudio), como reina debería tener más aún. Si Jon también debía tener las suyas, eso duplicaba el número de habitaciones, con sus correspondientes pasillos, que quedarían para uso privado, y se le antojaba la pérdida de mucho espacio. Después de todo, tanto Jon como ella eran poco dados a la ociosidad. Necesitaban dormitorios, estudios y salas privadas, sí, porque en algún momento querrían intimidad, como pareja o en solitario, o necesitarían tranquilidad o simplemente querrían alejarse de la vida pública unas horas. Pero pasarían la mayor parte del tiempo fuera, atendiendo sus funciones. Cerrar lo que en la imaginación de Lyanna equivalía a la cuarta parte del interior de Invernalia para dos personas que pasarían más tiempo en cualquier otra parte que en ese lugar le parecía absolutamente absurdo. 

Agradeció que Jon fingiese no darse cuenta de su azoramiento y la invitase tanto a dar un paseo como a acompañarle en sus funciones. Había un lado práctico en la invitación, la joven podía verlo, pues era lo que ella misma hubiese hecho. Pero le gustaba ver que Jon se preocupaba tanto de conversar con ella en privado, algo a lo que debían acostumbrarse si querían que el matrimonio funcionase, como de mostrarla en público y ayudarla a aprender a realizar sus nuevas funciones. 

- Será un honor acompañaros en ambas cosas - se puso en pie, con Fantasma siguiendola - Me enseñaron que el dinero hay que gastarlo, pero no despilfarrarlo - era más fácil hablar de esas cosas que de algo más personale, aunque lo segundo fuese lo que debia y deseaba hacer. Conocía a Jon bastante bien, pero en su faceta de gobernante, su faceta pública. Ahora tenía que conocer la privada y se sentía insegura. Lyanna apenas había tenido intimidad con nadie, en ningún sentido. Era muy buena a la hora de saber en qué debía gastar o no el dinero, pero a la hora de entablar vínculos emocionales era bastante desastrosa.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 9 Nov - 7:05


Fijó su mirada en Lyanna y en la manera en cómo Fantasma recibía sus mimos, sin siquiera dar indicios de incomodidad.  Que se llevaran bien era algo importante para él, aunque no había esperado tal reacción, menos aún que acabaran forjando un lazo tan íntimo. — Preferiría algo más íntimo pero el protocolo nos obliga a volver partícipes del convite a todos los vasallos y casas importantes. — Desde su perspectiva tal cosa era no solo impráctico sino también prescindible, si bien las normas dictaban otra cosa. Lo que más le preocupaba era el tema de Daenerys, su posible asistencia a la celebración y el hecho de que pasado el torneo la correspondencia entre ambos reinos había disminuido bastante hasta ser prácticamente nula. — Sois una dama, no puedo simplemente tomaros como haría un salvaje, merecéis todo el respeto que sea capaz de otorgaros. — La lista de invitados era larga pero tal cosa resultaba lógico si tomaban en cuenta que desairar a algún señor podía derivar en una declaración de guerra o algo peor.


Suspiró. Hablar de compartir el lecho seguía siendo extraño, raro incluso. Lyanna probablemente odiara la manera tan mala que él tenía para dormir — siempre alerta, prácticamente con un pie fuera de la cama y en general durmiendo casi nada — pero confiaba en que ambos acabarían acostumbrándose. —Fantasma puede acompañarnos, no parece que vaya a dejaros sola. — Mientras ofrecía el brazo a su futura esposa, hizo una seña al huargo para ordenar que saliera de la habitación. Últimamente Fantasma pasaba más tiempo con Lyanna que con él, volviéndose más propenso a las demostraciones de cariño por parte de la dama en vez de optar por vagar a solas como solía hacer cuando no estaba con Jon. —En la audiencia se hablará de una disputa entre casas, más bien una solicitud de matrimonio forzado porque una doncella fue raptada, si bien otros dicen que huyó por propia voluntad… — Fue inevitable pensar en su madre, en la versión oficial de su “desaparición”, relato que fue desmentido hasta mucho después cuando Jon y el tema de su legitimación fue puesto en la mesa; aparte de lobo, también llevaba en las venas sangre de dragón y al ser rey, debía intervenir en los asuntos del pueblo llano aunque no le apetecía obligar a nadie a contraer nupcias.

— Desconozco los pormenores pero según me he informado, la muchacha no quiere casarse. — Mientras hablaba, cedió el paso a su prometida para dejarla avanzar por el estrecho pasillo en pos de acudir ante el arciano. — Sin duda preferiría delegar estos asuntos en vos, bien sabéis que de diplomático tengo poco y confío en que podréis desempeñar esa función. El Norte necesita mano de hierro pero también la influencia femenina, puesto que no deseo teneros como un florero que luce bonito pero es fácilmente desechable. — Empoderamiento o no, quería delegar en ella responsabilidades para mostrar que la tomaba en cuenta y apreciaba la sabiduría que poseía a pesar de su corta edad; sabía de su buen juicio, de la empatía para con los menos afortunados y lo determinada que estaba a marcar una diferencia entre las cortes de ambos reinos mediante simpleza y austeridad.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Miér 9 Nov - 20:07


- Nadie que os conozca os tildaría de salvaje, Jon - replicó, aceptando el brazo que le ofrecía. Sus mejillas adquirieron de nuevo un leve tono rojizo. Le resultaba halagador que él pusiera tanto empeño en respetarla, aún cuando ahora era prácticamente de su propiedad. Al menos, desde el punto de vista de algunos hombres, que consideraban a sus esposas poco más que objetos decorativos con capacidad para parir niños. Pasó la mano por el lomo de Fantasma según el huargo pasaba por su lado para salir del aposento - Fantasma es una compañía excelente. Me ayuda a no perderme - el animal parecía rondar siempre cerca de ella, dejándose acariciar en cuanto la joven hacía la más mínima intención de hacerlo. Se había acostumbrado rápidamente a su presencia. Escuchó con atención el caso que le presentaba - No sé cómo de diplomática podré ser. Supongo que podré escuchar a la muchacha, ¿no? Quizá si pudiera hablar con ella y con quien reclama su mano a solas pueda acercarme a lo que realmente ha ocurrido - suspiró - Tener que casarse sólo por cumplir con tu obligación de nacimiento ya es duro, ¿qué necesidad hay de complicarlo de esta manera? 

Se dejaba guiar por Jon. Le gustaba ir de su brazo y hablar mientras caminaban. Era agradable. La mayor parte de las cosas en ese compromiso lo estaban siendo. Echaba de menos su isla, y la echaría de menos cada dia que no estuviese en ella, pero se sentía bien recibida. No sólo eran las órdenes de Jon de que todo el mundo la hiciese sentir cómoda, la joven tenía el afecto de muchos de los norteños, tanto nobles como plebeyos. Su prometido la respetaba y la trataba como a una igual e incluso Fantasma parecía encantado con su presencia allí. Aquello le ponía las cosas más fáciles, sin duda. El compromiso había surgido por accidente, casi por necesidad, pero las cosas marchaban bien, por el momento.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Sáb 12 Nov - 7:11


— Esa es la razón por la que acudo a vos antes que a cualquiera ¿Qué necesidad hay de condenar a una chiquilla casándola por obligación? Es otorgarle una sentencia, un sufrimiento innecesario. — Parte del motivo oculto que tenía para recurrir a ella era que siendo las dos de la misma edad, Lyanna podría tratar el asunto con mayor empatía que él, acostumbrado al trato áspero e indiferente entre soldados y hermanos juramentados. — Por lo que respecta al padre, tendré una audiencia con él para ofrecerle mi ayuda, en el caso de que el matrimonio sea una cuestión puramente económica. — Difícil, sí. Las viejas costumbres seguían siendo algo a lo que atenerse cuando todo lo demás fallaba y casar a los hijos para pagar deudas o no perder terrenos era algo usual, más de lo que le gustaría admitir al Lord Stark. En cierto modo llegaba a ser empático porque dicha situación recordaba en algo lo que él vivía con Lyanna, teniendo razones mucho más lógicas para jurar ante arcianos, sin intereses económicos de por medio aunque si lealtades en juego.

Ralentizó el paso para no apurar a su prometida, aun a sabiendas que ella perfectamente podía acoplarse ¿Por qué? No había sido una treta, más bien un intento por alargar esos escasos minutos de los que disponían para estar a solas antes que algún banderizo o doncella interrumpiera su amena conversación. — Confío en que haréis ver cuán injusto es obligar a los futuros esposos, especialmente siendo manipulados para participar en un teatro, una mala representación. — La frustración hacía mella en él pero procuró no hacérselo ver o al menos no de manera tan obvia; la responsabilidad que dejaba sobre los hombros de su prometida era mucha pero confiaba en verla salir avante de la situación pues a fin de cuentas, sería ella quien gobernara el Norte en ausencia del rey, sería además consejera y si los dioses antiguos lo permitían, también madre. — No es mi naturaleza ofuscarme por cosas así pero incluso viéndolo de un modo optimista, resulta una injusticia. — Cuando las situaciones sobrepasaban su límite de tolerancia — bastante más alto que el de cualquiera —no dudaba en manifestar su rechazo, la firme oposición ante tales atropellos cuyo mayor aporte era medrar los firmes principios de honestidad y rectitud sobre los cuales trataba de cimentar su reinado.

— Tengo que pediros otra cosa, quizás lleguéis a considerarlo como un exceso pero es importante para mí, para los dos. — Detuvo su andar al llegar ante el arciano, buscando ofrecer asiento a la dama sobre unas rocas cercanas, lo bastante anchas para acomodarse plácidamente a pesar de la nieve. Buscando mantener cierta distancia para no incumplir el protocolo, buscó asiento sobre un par de piedras cercanas, con Fantasma entre ellos sirviendo como guardia. — Después de la boda tendré que partir a Aguasdulces para consolidar la anexión de sus terrenos al Norte, conocéis bien la situación y mi presencia ahí es necesaria para que la transición se lleve en paz. — Crear un nuevo asentamiento que dependiera de otro ya era de por sí difícil pero sí encima tocaba lidiar con los “pretendientes” al señorío en las tierras de los ríos, dicha labor se antojaba irrealizable. — Como gobernaréis también y en un futuro los hijos que de nuestra unión deriven lo harán, considero necesario que hagáis acto de presencia cuando todo sea oficial. No os lo dije antes porque desconocía si las negociaciones darían fruto, especialmente teniendo como antecedente el reclamo de Sansa para sumar esas tierras a Roca Casterly, alegando sus derechos por vía materna. — Hablaba y hablaba pero por momentos se mostraba ausente, un tanto ajeno a la conversación; se preocupaba como el que más pero ni siquiera eso bastaba para recomponer la tensa relación entre hermanos.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Miér 16 Nov - 15:35


- La mayoría de las mujeres se casan por obligación - le recordó, con algo de dolor en la voz. Quizá no fuese justo, pero era así. Empezando por las de alta cuna. No conocía a ninguna que se casara por amor, incluida ella misma. Conforme disminuía la clase, había más cabida para el amor, pero aún así muchas muchachas se casaban por conveniencia, con aquel que les asegurara el futuro más prometedor - Aunque si su pretendiente es realmente horrible, deberíamos intervenir. Quizá haya una solución que no implique semejante condena para la muchacha. Si nosotras tenemos la obligación de casarnos con quien sea más conveniente para nuestras familias, nuestras familias deberían procurar encontrar alguien que pueda ser de nuestro agrado - Pensó en sí misma y en su situación. Era una señora por derecho propio, si bien de un asentamiento menor. No tenía familia directa que se preocupase por ella, y daba gracias por haber tenido tutores, maestros y castellanos con honra suficiente para no aprovecharse de una niña huérfana. Y ahora estaba prometida a un buen hombre que la convertiría en reina - Ojalá pudiese garantizar a todas las norteñas la suerte que he tenido yo. Encontrar un hombre dispuesto a respetar a su esposa no es tan fácil como debería - suspiró. Después se le escapó una risita - ¿Qué sabéis del supuesto futuro esposo? A menudo se habla de la desdicha de las mujeres por tener que verse obligadas a contraer matrimonio, pero ¿no se obliga en muchos casos también al esposo? Aunque supongo que como los hombres tienen más posibilidades de escoger y de buscar la felicidad fuera del matrimonio, no se tiene tan en cuenta - le miró con orgullo. Jon llevaba toda la situación de manera admirable. Había propuesto el matrimonio pensando en beneficiarla a ella, en lugar de aprovecharse de sus circunstancias. No le imaginaba humillándola de modo alguno, ni buscando en lechos ajenos lo que en teoría ella debería darle. Y le enternecía que se preocupase tanto por una muchacha cualquiera. Si hacía eso por una súbdita, no tenía que preocuparse de las posibles hijas que pudieran tener. Sin duda, Jon primaría su felicidad a cualquier otra cosa.

Todavía le miraba con los ojos brillantes de orgullo cuando sus mejillas se colorearon de rojo al caer en que había pensado en compartir lecho y darle hijos a Jon con total naturalidad. Poco podía hacer para disimularlo, de modo que siguió la conversación lo mejor que pudo, fingiendo que no notaba calidez en el rostro.

- Mi lugar está a vuestro lado, Jon, y más después de que nos casemos. Si hay que ir a Aguasdulces, iremos a Aguasdulces. No tenéis que pedírmelo como si fuese un favor. No es un favor, es mi deber. Una buena esposa se mantiene junto a su esposo y una buena reina junto a su rey. 

Pronunció aquellas palabras con una asombrosa naturalidad, como si llevase toda la vida preparándose para ello. En realidad, le hubiese seguido aunque no fuese su esposa, si él se lo hubiese pedido. La joven Mormont siempre había acudido a la llamada de su señor sin vacilar. No iba a dejar de hacerlo tras convertirse en su esposa.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Miér 23 Nov - 23:45


Sopesó cada una de las palabras que escuchaba, acabando por dar la razón a su prometida; siendo el matrimonio un asunto de dos, debía pensar también en el muchacho, en su futuro inmediato. — No conozco ese lado de la historia, me temo. Admito que ni siquiera pensé en él hasta que mencionasteis tal cosa, pues comúnmente se cree que el varón es quien define a qué mujer desposará o cuándo lo hará. — En su caso, Jon había tenido oportunidad de elegir a su futura esposa a pesar de la presión popular y no se arrepentía; todavía no estaban unidos tal cual pero sentía una enorme complicidad con ella, especialmente porque su manera de ver la vida coincidía en muchas maneras. —Es un asunto complicado pero hasta no saber, tendremos que proceder con cautela para no ofender a las familias. — Esa parte era quizás lo más difícil de la diplomacia: actuar en conformidad con la justicia, pactando acuerdos que dejaran satisfechas a las partes en conflicto sin dar beneficios completos para no herir el supuesto “orgullo norteño” que tanto alegaban.

— Os lo agradezco pero no quiero que consideréis el estar a mi lado como un deber por mucho que así sea. — Sacudió la cabeza en señal de negación, rehusándose a mantenerla consigo solo porque así debía ser. — Ante todo quiero que os sintáis cómoda con esto. Si queréis acompañarme a Aguasdulces entonces que así sea pero no lo hagáis porque no tenéis opción, no acostumbro forzar a nadie. — Quizás era duro eligiendo las palabras pero quería dejarlo en claro para no tener malentendidos a futuro o que viera en él a un captor y no al esposo que debía ser. — De cualquier modo me adelanté ya al enviar un cuervo, notificándoles del compromiso para que sepan cómo deben trataros de ahora en más, que poco nos conocen a los dos y realmente no sé qué podríamos esperar de todo esto. — Iría a Aguasdulces tan ignorante como ella acerca del trato que recibirían al llegar, pues ciertas facciones de lugareños preferían formar parte de Roca Casterly antes que del Norte.

Poniéndose en pie, ofreció la mano a su prometida para ayudarla a hacer lo mismo pues pronto tendrían que separarse, reuniéndose después cuando llegara el tiempo de conceder audiencias. — Dejaré a Fantasma para que os cuide pero procurad no alejaros demasiado, las ventiscas de nieve arrecian y dificultan que los caminos puedan distinguirse. — Aunque podía cuidarse sola, no estaba de más advertirle el peligro que traían consigo las intermitentes nevadas en el clima extraño que azotaba las tierras cercanas al muro. — Cuidaos, por favor. Y vigilad a Fantasma, que supongo no tiene intenciones de abandonar su sitio junto a vos. — Se dispuso a marcharse y no llevaba siquiera dos pasos cuando optó por devolverse, el frío calaba en el rostro pero no parecía afectarle, acercándose a ella cada vez más. Con cuidado, dejó un beso en la frente de la joven y se desplazó luego a las mejillas para acto seguido, alcanzar sus labios de forma sutil, en apenas un roce que extendió lo suficiente para que fuera notorio sin considerarse vulgar. — Os veré en la audiencia. — Pronunció, apartándose casi al instante para retomar el camino ¿Por qué había actuado así? Ni él mismo lo sabía y eso daba mucho en qué pensar.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Lun 28 Nov - 0:08


- Todas las historias tienen al menos dos versiones. Hay que intentar conocerlas antes de juzgar - aquel era un consejo de persona mayor que casi sonaba extraño en labios de alguien tan joven - No podemos contentar a todo el mundo. Tratemos al menos de evitar un matrimonio-condena - ciertamente, era una cuestión más compleja de lo que pudiera parecer. Muchas veces esos temas se dirimían ordenando la boda o una compensación, pero Lyanna no era capaz de hacer eso. Para el señor que debía escoger, incluso para los padres de los contrayentes, aquello era algo simple. Pero eran los novios los que se verían unidos, para bien o para mal, a otra persona. ¿Qué menos que molestarse en escuchar antes de decidir el destino de otros? 

- Algunas obligaciones no pesan, Jon - le miró con una leve sonrisa de la que no era consciente. Le enternecía lo mucho que él se preocupaba por ella, anteponiendo su comodidad al resto de cosas - Mi deber es acompañar a mi futuro esposo allá donde él crea que debo acompañarle. Eso es un matrimonio de verdad. Tener a alguien que nos acompañe en nuestros deberes, tanto los que nos son agradables como los que no - o al menos, así le gustaría a ella que fuese. No quería ser un florero, ni una muñeca que debía esperar a que su esposo quisiera jugar con ella. No creía que Jon fuese a tratarla así, por supuesto. Pero estaba tan empeñado en que no se sintiese forzada a nada que temía verse apartada por querer evitarle obligaciones que ella asumiría gustosa.

Aceptó la mano que le ofrecía, un gesto que cada vez le gustaba más, y asintió a su petición de cuidarse, sintiendo a Fantasma frotarse levemente contra su mano, como si también quisiera asentir a las palabras de Jon. Se había encariñado rápido con aquel animal. Ya antes se llevaban bien, pero ahora que convivían casi parecía que Fantasma fuese su mascota y no la de Jon. Aunque en realidad lo que ocurría era que el huargo intentaba que la nueva señora se sintiese bienvenida y a gusto, pues sabía que eso era lo que su amo deseaba.  

Lo que no esperaba era lo que vino después. Jon empezó a alejarse, pero de pronto se volvió, y antes de que ella tuviese tiempo de preguntar si ocurría algo sintió sus labios, sorprendentemente cálidos, en la frente. Después los sintió en la mejilla. Y después en los labios. Apenas fue un roce, y para cuando se dio cuenta de que aquel era el primer beso de su vida, él ya se había apartado. 

Se quedó en silencio unos segundos, mirando su figura alejarse y sintiendo la calidez dejada por sus labios como si éstos todavía estuviesen ahí. Lyanna no se había llevado muchos besos en su vida, y desde luego nunca había sido besada de esa manera. No sabía por qué, pero le había gustado.

Volvió a la realidad cuando Fantasma le topó la mano, instándola a moverse. Tenía nieve en el pelo y ya no podía ver a Jon. ¿Cuánto tiempo había estado parada, como si el tiempo hubiese dejado de correr? ¿Sería así cada vez que él pusiera los labios sobre ella? 

Decidió no calentarse la cabeza con esas cosas. Ya lo descubriría con el tiempo. Ahora tenía que concentrarse en la audiencia a la que debía asistir.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 29 Nov - 9:00


—El muchacho debe casarse para reparar la afrenta que ha hecho a mi familia.

— Vuestra hija abrió las piernas porque quiso. Seguramente la habéis instruido así porque buscabais apropiaros de mis tierras… como no he cedido ante vuestros chantajes, ahora buscáis que os la dé para controlarlo todo.


Jon suspiró. Todavía no iniciaba la audiencia pero los gritos procedentes del salón contiguo anunciaban una jornada difícil. Lyanna no había hecho acto de presencia todavía y aunque inicialmente prometió acudir a buscarla, otros asuntos ocuparon el escaso tiempo del Lord de Invernalia, dejándolo con apenas unos minutos que ocupó en dirigirse al salón principal, ocupando su sitio en el trono. A su lado había ordenado colocar una silla rica en adornos alusivos a la historia del Norte, aunque de menor tamaño que la suya. Si bien la corte Stark era más austera comparada con su símil Targaryen, ello no impedía que Jon obsequiara un detalle a su prometida. Catelyn Stark no había tenido un asiento similar y tampoco Jeyne Westerling — algunos rumores sostenían que sí — pero consideraba necesario que Lyanna tuviera un sitial especialmente para ella pues habría de regir el Norte si Jon llegaba a faltar.

El matrimonio estaba a pocos días de celebrarse y la gente de Invernalia ya trataba a Lyanna Mormont como  “Lady Stark”. A efectos prácticos eso sería una vez que pronunciaran votos bajo el arciano, por lo cual resultaba fácil acostumbrarse a tal trato. Ahí, no había nadie que no viera en ella una digna soberana, considerándola capaz de guiar el destino de los norteños tan bien como intentaba hacerlo él. — Traed a los quejosos y buscad a Lady Lyanna, por favor. — En cuanto escuchó la orden, el castellano se retiró para cumplir con el encargo del Lord. Abrió ambas puertas de par en par y dejó entrar a las dos familias antes de marcharse a escoltar a la joven Mormont. Tal como Jon había previsto, el pleito parecía no tener fin pues ambas familias añadían nuevas acusaciones a esa larga lista de razones en pro y contra de aquel matrimonio.

Los jóvenes implicados no hablaban y tampoco se miraban, despertando la curiosidad del Lord ¿Acaso estarían considerando casarse? No tuvo tiempo para seguir conjeturando pues los rijosos persistían en su afán de obtener un fallo a favor. — No podré ayudaros si no guardáis silencio ¿No sois civilizados acaso? Jamás se ha visto que una boda se pacte en medio de insultos y amenazas. — Silenció a los implicados y antes de que pudieran retomar su discusión, indicó que todavía esperaban a alguien más.  Minutos después, el castellano arribaba al gran salón acompañando a Lyanna. Fantasma también la seguía y procuraba mostrarse alerta para impedir que la chica sufriera un percance en medio de esa multitud, dispuesto a saltar en su defensa si así lo requiriera. — Supongo que habréis recibido mis cuervos y estáis enterados de la situación. Lady Mormont es aún mi prometida pero es cuestión de días para que se convierta en dueña y señora del Norte. — Se puso en pie, recibiéndola. — Como habéis dicho que profesáis un sincero aprecio por ella, confío en que también valoréis su consejo. — La instó a tomar asiento e hizo lo propio.

— Conocemos de sobra la situación pero hay algo que todavía no está claro ¿Vuestros hijos realmente desean casarse? Miradlos, parecen cervatillos asustados gracias a vuestro escándalo. — Alzó la mirada en dirección a la joven pareja pero ninguno se percató de aquel gesto. La muchacha temblaba y el varón se mantenía sereno, haciendo crujir los nudillos de vez en cuando.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Lun 5 Dic - 17:55


Había tenido que cambiarse de ropa, pues la nieve había humedecido la suya y consideró que su nueva posición exigía que tuviese buen aspecto. No iba a caer en la superficialidad de las damas sureñas, por supuesto. Pero lo mínimo era presentarse seca. También tuvo que secarse y peinarse los cabellos. Al final, a lo tonto, se le hizo demasiado tarde. No estaba acostumbrada a preocuparse por su aspecto, y no calculaba bien el tiempo que necesitaba para arreglarse. Antes de que se diese cuenta, el castellano de Jon llamaba a su puerta para escoltarla a la sala de audiencias. Casi echó a correr por los pasillos, pero el castellan la detuvo, asegurándole que no era necesario que llegase acalorada y con prisas, que todos aguardarían a que lady Stark estuviese presente. De modo que se dejó guiar, con fantasma pegado a las faldas.

Se sintió algo intimidada (una sensación que no había sentido en mucho tiempo) al ver a tanta gente esperando... y la silla vacía junto a Jon. No se había parado a pensar en si tendría un sitial propio. Era un precioso detalle por parte de Jon. Se sintió abrumada ante sus palabras, aunque trató de evitar que se le notase demasiado. Saludó a los presentes con una pequeña inclinación de cabeza y ocupó el lugar que en pocos días sería el suyo. Fantasma se echó a los pies de ambos, silencioso y atento. 

No necesitaba escuchar la versión de los padres. El castellano la había puesto al corriente de todo. Además, no le interesaban demasiado las peleas entre los patriarcas. Le preocupaban más los jóvenes que podrían o no verse obligados a contraer matrimonio. 

- Hablad sin miedo - les animó - No buscamos más que encontrar la forma de solucionar esto sin que nadie se vea especialmente perjudicado - volvió la mirada hacia los padres - Y quien no esté dispuesto a escuchar y negociar con calma, ya sabe dónde tiene la puerta.

A pesar de los nervios, habló con la firmeza de quien está acostumbrado a mandar. Al fin y al cabo, llevaba en el poder más de media vida.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Sáb 10 Dic - 7:29


Vio a Lyanna hacer acto de presencia en el salón del trono y suspiró. Al menos, ya no tenía que enfrentarse solo a los continuos reclamos de dos familias que no paraban de pregonar su abolengo, alegando derechos que hasta entonces nadie sabía que tenían. — Aunque los títulos importan al momento de concertar un matrimonio, en este particular caso creo que podríais prescindir de ellos en pos de resolver el conflicto. — Quizás ningún cediera porque su orgullo podía más pero Jon confiaba en hacerlos razonar para no acabar arruinando las vidas de dos inocentes. — Ninguno de vosotros ha reparado siquiera en preguntar si ellos desean o no contraer matrimonio ¿Para qué? Ya lo habéis decidido vosotros pero no los tomáis en cuenta, no son más que títeres danzando al compás de vuestros deseos.— Los matrimonios convenientes seguían siendo una costumbre profundamente arraigada en esa región de Poniente, especialmente entre familias de menor linaje para acrecentar el poderío. Jon no era diferente a ellos: su esposa — o futura — había sido escogida mediante aclamación popular pero a diferencia de la situación con la ahí lidiaba, Lyanna había tenido opción de elegir.

— Ninguno de vosotros quiere al hijo del otro formando parte de su familia ¿Queréis continuar así con los planes de boda? — Alzó la ceja y centró su atención en el padre de la joven, fulminándolo con la mirada. — Me atrevo a pensar que no sois tan mal padre y que preferiríais ver a vuestra hija soltera o casada con alguien de menor linaje antes que sufriendo a causa de una familia que no la quiere ni respeta. — Deseaba que sus palabras calaran hondo en los ahí presentes pero era consciente de lo difícil que sería acabar con una tradición tan arraigada. — Y vos — Ahora se dirigía al padre del futuro novio, sin mostrar ni un ápice de sentimentalismo hacia él o el otro. — ¿Qué hay de vuestro hijo? Mirad al muchacho, ni siquiera parece tener deseos de casarse y dudo que pueda mantener a una esposa en condiciones, miradlo. — Negó, algo exasperado por las circunstancias que habían llevado a esas familias a comparecer ahí.

— También podéis hablar vosotros, expresaros sin temor. Os aseguro que no habrá represalias. — Murmuró, ahora en dirección a los muchachos. Aguardó también a la intervención de Lyanna, confiado en que ella podría dar un mejor consejo del que él podría ofrecer en temas como esos. Su buen juicio siempre era respetado por todos y si alguien podía entender a la muchacha, seguramente sería ella. — Debéis considerar todo lo que está en juego antes de someteros a una ceremonia tan seria.— Jurar ante los arcianos era algo muy serio, un acto que ya no se respetaba porque se prefería casarse ante la usanza sureña pero Jon deseaba mantener las tradiciones.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Mar 27 Dic - 22:22


Tras unos segundos de vacilación, los jóvenes parecieron dispuestos a hablar. Sin embargo, los patriarcas de ambas familias se adelantaron y volvieron a enzarzarse en un intercambio de acusaciones varias.

- ¡Basta YA! - todos los presentes se sorprendieron cuando Lyanna alzó la voz. Los que no la conocían bien no imaginaban que alguien tan joven y, comparada con los hombres que solían rodearla, tan pequeño pudiera hablar con tanta potencia y autoridad. Pero Lyanna había crecido gobernando y sabía hacerse oir - El próximo que abra la boca para repetir las mismas estupideces que ya se han dicho será expulsado de la sala. Si no tenéis nada que decir que pueda ayudarnos a resolver esta cuestión, es mejor que no digáis nada - advirtió, cansada de oir las mismas frases repetidas una y otra vez, varias de ellas referentes a cuestiones que no tenían nada que ver con el tema - No estamos aquí para solucionar las ofensas mutuas que hayan podido producirse durante años, sino para determinar si debe haber o no una boda - se dirigió hacia los jóvenes - Y vosotros, perded el miedo y hablad de una vez. Si queréis casaros y vuestros padres se oponen, yo misma me encargaré de costear la boda. Si no queréis, espero que tengáis una explicación y una solución para este embrollo. En cualquier caso, si habéis sido lo bastante mayores para meteros en este jardín, sois lo bastante mayores para salir de él, sean cuales sean las consecuencias.

Los presentes necesitaron unos segundos para asimilar las palabras de la joven. Lyanna había hablado como una mujer más mayor y más experimentada que ella. En parte, porque en ocasiones como esa se sentía un poco así. Su tutor le dijo una vez, cuando era niña, que gobernar era parecido a ser padre. Ella era la madre de sus súbditos, y no debía extrañarse si tenía que regañarles como si fuesen niños chicos. A estas alturas, se había acostumbrado, pero eso no significaba que le gustara. 

Finalmente, la muchacha le echó valor y decidió hablar, dirigiéndose a Lyanna como si no hubiese nadie más.

- Mi señora... nosotros... nosotros nos amamos y queremos casarnos. Pero nuestros padres... - sus ojos se desviaron hacia ellos unos segundos, para luego volver a posarse en Lyanna - ellos... bueno... así que pensamos...

Lyanna asintió, comprendiendo. Tuvo que resistirse a poner los ojos en blanco. Realmente se habían portado como chiquillos, todos ellos, pero no debía decirlo en voz alta. 

- De modo que abriste las piernas para forzar el matrimonio - completó la joven señora, dado que la muchacha parecía incapaz de reconocerlo. Su interlocutora se puso completamente roja, mientras que el muchacho miraba fijamente al suelo. Lyanna suspiró - Dejad que se casen - medio pidió medio ordenó a los padres - Si ellos se quieren, ¿por qué os empeñáis en impedirlo? Así vuestras casas quedarán unidas y podréis dejar de discutir sobre quién ambiciona qué - se volvió hacia Jon, esperando a que diese su opinión, veredicto o lo que fuese. En realidad ella no tenía poder para dar órdenes, todavía no. Era la palabra de Jon la que era ley.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Jue 29 Dic - 3:29


Los pleitos entre las diversas casas eran una manera de debilitar el territorio norteño — bastante simple pero efectivo — y raro era el día en que no escuchaba noticias sobre que algún lugareño había mirado mal a otro u ofendido en mayor o menor grado. El honor pesaba sobre todos como algo difícil de ignorar y en virtud de esa cualidad tan sobrevalorada, el derramamiento de sangre se volvía extrañamente cotidiano. Jon permaneció en silencio mientras Lyanna procuraba hacerse oír, acallando así las voces de quienes no hacían más que pelear por derechos francamente cuestionables. Lo que ya sabía de antemano acabó por comprobarlo ahí, sintiéndose orgulloso por haber tomado la decisión de incluirla en esa audiencia pues había conseguido lo que él o los padres no: hacer hablar al par de muchachos. Grande fue su sorpresa al escuchar las razones que la joven y futura novia exponía ante ellos para justificar el matrimonio; por mucho que desease culparla no habría podido hacerlo y casi apoyaba tal determinación. Quisiera reconocerlo o no, ése era un acto bastante astuto aunque no por ello inteligente ¿Qué habría pasado si las dos familias no hubieran acudido ante su rey? Probablemente el Norte celebraría entierros colectivos en vez de un casorio.

— Considerando las nuevas circunstancias, creo que el matrimonio es la opción más viable. — Pero siendo completamente justos, no sería él y tampoco Lyanna quienes afrontarían los gastos de una boda tan escandalosa como aquella. Él no deseaba utilizar los recursos de la isla en pleitos de familia y por supuesto, tampoco destinaría dinero a algo tan superfluo como una celebración si la consumación era un hecho. — La familia de la novia afrontará los gastos como corresponde, procurando no caer en excesos que ya no tienen razón de ser. — Con ello se refería a que la muchacha no sería mimada en demasía y si bien tendría ciertas consideración, el hecho de no ser doncella era un punto a tomar en cuenta. Como mucho podían darle una ceremonia discreta, lo más acorde posible a su posición como dama de buena familia. — Será el muchacho quien habrá de procurar tener el hogar en condiciones óptimas para recibir a su esposa, así que si consideráis conveniente que se dedique a trabajos destinados a tal fin, estoy de acuerdo. — Confiaba con esa resolución dar por finalizado el asunto.

Si todo salía bien y con el favor de los dioses antiguos, pronto celebrarían la llegada del primer hijo.

— Espero que estéis conformes, os ofrecimos una solución que, lejos de atentar contra vuestro abolengo o posición, os otorga la oportunidad para crecer como familia y territorio. — Se puso de pie y tendió la mano a Lyanna, ayudándola a hacer lo mismo. Quería dar por terminado el día de audiencias para retirarse a descansar o en su defecto, a continuar con los preparativos de su boda.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Miér 4 Ene - 23:44


Lyanna aceptó en silencio la mano que Jon le ofrecía, sintiendo el corazón en los oídos al sentirse observada por todos. Procuró mostrarse a gusto con aquel gesto, pero sin parecer una estúpida niña enamorada. Se estaba acostumbrando a la presencia de Jon, y tenía que reconocer que le gustaba cada vez más estar cerca de él. Le había sorprendido agradablemente comprobar que, a pesar de su apariencia fría, era un hombre cálido, en más de un sentido. Pero no estaban juntos por amor, sino por deber, y no debía perder de vista eso. No debía caer en la fantasía de un amor de cuento. La vida real no funcionaba así. 

Se quedó pensando en la resolución final que su prometido había dado al problema. Simple, práctica y ecuánime, como era de esperar en alguien de su carácter. Incluso el detalle de recomendar (o más bien ordenar) que la celebración de aquella condenada boda fuese discreta pegaba con su personalidad.

A Lyanna le gustaba el carácter práctico y poco dado al gasto de Jon. Encajaba bien con el suyo propio. Sin embargo... empezaba a pensar que tendría que atemperarlo, por más que a ella no le gustara gastar en lo superfluo. Ahora Jon era rey (y pronto ella sería reina) y Lyanna, que en el fondo casi sabía más sobre gobierno que Jon, sabía que un señor debía mostrarse generoso con sus gentes, por más que le molestase gastar en cosas superficiales. A más alcurnia, más necesidad de gastar. No era algo que le gustase, pero era algo que debía hacerse. Sin perder la cabeza, claro, porque había que ser generoso, no despilfarrador. 

- ¿Me necesitáis para algo más? - preguntó, sin reparar en el tono que empleaba, pues estaba pensando en los preparativos de su propia boda y empezaba a sentir la necesidad de asegurarse una vez más de que todo estaba bien encarrilado, a pesar de saber de sobra que así era. 

Jon había puesto a su servicio las riquezas del Norte y a los criados mejor considerados de Invernalia, para que los preparativos se hiciesen son celeridad y buen hacer. Lyanna tardó poco en constatar lo bien que dichas personas trabajaban, y entre eso y su propia habilidad había conseguido organizar algo que, esperaba, estuviese a la altura, pero sin gastar una moneda de más. Sin embargo, era de tendencia perfeccionista y más insegura de lo que aparentaba. Aquello se debía a haber tenido que crecer sentada en una silla de gobierno, con la sombra de Jorah acechando. Había aprendido a no permitirse ni un error, para que nadie pusiese en duda su capacidad. Con el paso del tiempo, adquirió confianza en su buen hacer y dicha tendencia se había atenuado, pero ahora, con la boda, sentía de nuevo la necesidad de que todo fuese perfecto. No quería que nadie pudiera encontrar la más mínima falla en la futura reina. Por sí misma y por el hombre de cuyo brazo caminaba.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Vie 13 Ene - 6:58


Viéndose libre del escándalo que representaba tan apresurada boda, Jon pudo al fin respirar. Las cosas parecían marchar bien y la participación de Lyanna definitivamente resultó de utilidad para dar fin a un conflicto que de otro modo hubiera resultado en sangrienta batalla entre familias. — No, de momento no os necesito para nada más. — Aquel tono generó en el cierto desconcierto pues no esperó que le hablase con tanta indiferencia, si bien no esperaba palabras melosas o frases corteses. Que su unión se basaba en el deber era por todos sabido pero Jon había esperado mejor trato, conociéndose como se conocían y siendo Lyanna su principal apoyo entre los señores del Norte. — Imagino que tendréis que seguir con la boda, no os quitaré más tiempo para dejaros concentrar en los preparativos. — Ciertamente se sentía culpable al respecto. Esas cosas eran asunto de mujeres pero a veces los hombres debían ayudar, sugerir eventos para la celebración y él… ni siquiera lo había hecho.

— Avisadme si en algo os hago falta o precisáis de mi opinión. — Quizás ni siquiera eso. Era perfectamente capaz de hacerse cargo y él desconocía la mayoría de las cosas que implicaban organizar un casamiento; cuando mucho se ocuparía de adecentar el sitio donde la ceremonia tendría lugar pero el resto de cosas las dejaba en manos de Lyanna, para que todo se hiciera según su gusto y criterio. — Si me disculpáis, estaré en mis aposentos. Todavía tengo algunas cosas que resolver antes de la boda, entre ellas vuestro regalo. — Que sí, al menos era la única cosa de la que tenía plena certeza: el obsequio para su esposa. — Apoyaos en la servidumbre y no asumáis más de lo que podéis abarcar ¿Puedo contar con que lo tendréis en cuenta? Conozco de sobra vuestra capacidad pero no deseo agotaros antes del gran día. — Temía ser malinterpretado así que se apresuró a añadir, mirándole. — No sería justo que por no molestar a gente que gustosa os ayudaría, tuviera que llevaros con el maestre enferma de agotamiento. — Observó de nuevo que nadie estuviera cerca y solo entonces, buscó los labios ajenos para apropiarse de ellos en un débil beso.

Saboreó la rosácea carne que los conformaba, se deleitó con el aroma de su aliento y disfrutó el contacto, sin apresurarse demasiado en cortar el gesto; con pocos días para la boda, se permitió tomar cierta libertad al momento de besarla. Nuevamente volvía a sentir esa necesidad de mantenerla junto a sí a pesar de la reticencia que ponía al respecto, hecho que lo confundía aún más.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Mar 17 Ene - 23:54


No era consciente del tono que había empleado, pero sí de la reacción de Jon a sus palabras. Él era un hombre de aspecto neutro, cuyas emociones no solían aflorar. Pero Lyanna había pasado junto a él el tiempo suficiente y tenía la intuición necesaria para detectar las pequeñas variaciones en su ánimo. Sin embargo, ello no significaba que entendiese por qué se producían. 

¿Acaso había dicho algo que le hubiese podido disgustar? Sólo había dicho que debía encargarse de la boda, lo cual ambos sabian que era necesario. Quizá lo que provocó ese cambio fue precisamente que le recordara aquella boda, una idea que hizo que sintiera un agujerito en el estómago. Se casaban por necesidad, por un acuerdo, por una mala mentira... pero no era tan mala idea y ambos habían aceptado libremente. De hecho, la boda había sido idea de él. ¿Acaso iba a arrepentirse ahora? Estaba segura de que no había hecho nada malo, había actuado lo mejor posible hasta aquel momento y Jon no había dado muestras de reprobar su comportamiento. Quizá la viese demasiado niña o... 

De repente Lyanna dejó de pensar. Jon estaba cerca de ella. Demasiado cerca. Tan cerca que sus labios se tocaban. No reaccionó porque no sabía cómo hacerlo. Apenas había recibido lecciones al respecto, y todas se resumían en "dejar que él lleve el mando, porque él sabe qué hacer". Y parecía que Jon sabía bien qué hacer. Sus labios se le antojaron cálidos y gentiles, y si bien no sabía qué se suponía que debía hacer ella, se dejó besar con gusto. Avanzó inconscientemente cuando él empezó a retirarse, buscando evitar separarse, acabando entre sus brazos sin darse cuenta. 

Cuando aquel hechizo bajo el que habían caído se rompió, Lyanna se encontró jadeante y casi pegada a él. Notaba calor en todo el cuerpo, especialmente en las mejillas. Sabía que debería dar un par de pasos atrás y separarse, pero no quería y no lo hizo. 

- Los... los detalles de la boda están todos cerrados - fue lo único que se le ocurrió decir, pasados unos segundos - S-sólo falta supervisar los últimos preparativos y... - le costaba pensar - Si queréis podemos repasarlos juntos... si tenéis tiempo y ganas, claro... si no puedo hacerlo sola... Todos se están portando muy bien, se están volcando en la boda, no tengo duda de que vuestra... nuestra - se corrigió - gente lo tendrá todo tal cual se ha ordenado para el gran día... que es dentro de... muy poco.

Suponía que él no querría repasar todos aquellos detalles. Si a ella le parecían agobiantes y engorrosos, para él debía ser un suplicio. Pero era su boda, era una boda real, y les gustase o no tenían que preocuparse por los preparativos. Por suerte sería al estilo norteño, lo que simplificaba bastante las cosas. Jon la aguardaría bajo el árbol corazón, ella acudiría acompañada por su tutor y... ¿quién iba a oficiar la boda? Hasta entonces no había caido en ese detalle. Un erro absurdo, porque era una de las bases.

- Tenéis que escoger a alguien para que oficie la ceremonia - las palabras brotaron de sus labios al mismo tiempo que pasaban por su mente. Y todo ello sin que la joven hiciese nada por separarse del que en un par de noches sería su esposo - Lo habitual es que lo haga el padre del novio, o el de la novia, o en su defecto un pariente o alguien cercano, y si no alguien con autoridad o prestigio... pero sois el rey, ¿quién tiene más autoridad que vos? Aunque no podéis casaros a vos mismo, eso no... creo que no puede hacerse... así que debéis escoger a alguien. 


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Vie 3 Feb - 0:12


Siguió estrechándola entre sus brazos porque según parecía, ninguno deseaba otra cosa aparte de disfrutar esos instantes donde olvidaban cualquier deber y actuaban como una pareja en condiciones. ― Me lleváis ventaja respecto a estos temas así que delego en vos la mayoría de las cosas así que lamento si os parece un descaro mi total dependencia. ― Acarició la espalda de la joven osa mientras hablaba, intentando no mostrarse indiferente y tampoco adoptando un papel de villano. Con todo lo que se venía encima una vez que contrajeran nupcias, ninguno tendría tiempo para pensar en quién hacía tal cosa o la otra; actuarían como un equipo y así cimentarían las bases de un reino en condiciones o perecerían, víctimas del repudio absoluto entre sus coterráneos. ― Tengo poco tiempo, así que prefiero dedicároslo para llegar a conocernos en la medida de lo posible. ― Lyanna no era una extraña y sabía un par de cosas sobre ella pero quería saberlo todo si es que iban a compartir toda una vida.

― La ceremonia sin oficiante es igualmente válida pero no deseo someteros a tal rito, merecéis algo digno de vos y del cargo que ostentáis así que lo haremos como debe ser. ― Era la primera vez en donde hablaban sin interrupciones sobre temas relacionados con la boda y a pesar de que una ceremonia así implicaba conseguir a alguien cuya reputación fuera célebre, Jon tenía ya a la persona indicada. ― Samwell Tarly. Supongo que le conocéis ¿No es así? Ya no es un hermano juramentado y tampoco logró ser maestre pero entre sus virtudes está la de ser un amigo leal como el que más. Es señor de Colinacuerno así que su sangre noble le confiere el status necesario para aceptar tal encomienda. ― No era necesario explicar por qué prefería a Sam de entre todos pues ambos sabían cómo los norteños podían desatar un conflicto interno únicamente para disputar el honor de oficiar dicha ceremonia. Jon no era indiferente al sentir norteño pero prefería evitar un derramamiento de sangre inútil.

Posó un beso en la sien de la fémina antes de continuar con su retahíla. ― Tampoco debéis preocuparos por la ceremonia de encamamiento, no habrá tal. Jamás os sometería a una humillación así y menos públicamente. ― Con el intercambio cultural, muchos norteños habían hecho suya la tradición de conducir a la novia rumbo al lecho nupcial pero Jon no era como otros; respetaba a Lyanna y por tal motivo había instruido a sus vasallos en la importancia de evitar esa clase de rituales que en nada beneficiaban a los recién casados. Su castellano había enviado cuervos a todas las casas invitadas, haciendo especial hincapié en cómo pensaba hacer escarmentar a aquel que osara siquiera sugerir algo así.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Vie 17 Feb - 14:19


La caricia le provocó un escalofrio que recorrió toda su columna vertebral y le hizo apoyarse más en él. Se olvidó durante un segundo de la boda y de todo lo que implicaba. Estaba inexplicablemente nerviosa y cómoda al mismo tiempo en esa postura. ¿No podía quedarse así todo el tiempo, en lugar de tener que correr de acá para allá con preparativos? Se sonrojó cuando él dijo que prefería dedicar el tiempo que tenía a conocerla a ella en lugar de a preocuparse por la boda.

- Pero... ya me conocéis... y de todos modos... vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos. Tenemos tiempo para conocernos - en cierta manera, ni siquiera Lyanna estaba segura de conocerse. Era quizá demasiado joven para ello, y aunque había demostrado ciertas cualidades a edad temprana y de forma sobresaliente, todavía quedaban muchos aspectos de su personalidad que desarrollar. 

Aunque aquello no la preocupó mucho en aquel momento, ni tampoco el no conocer cada detalle de su futuro esposo. Jon era Jon. Correcto, justo, honorable. Dispuesto a respetarla y protegerla. Era cuanto necesitaba saber. 

Dejó que hablase sobre Sam. A ella el oficiante tanto le daba, no era su tarea escogerlo, aunque lo cierto era que Samwell Tarly le pareció buena opción. Sabía que era una persona importante para Jon, así que era apropiado proponerle que oficiase la ceremonia. Lo único que tenía que decir al respecto era si quería ser él mismo quien le hiciese la proposición o si prefería que lo hiciese ella. Pero la pregunta se le olvidó al sentir sus labios sobre la piel... y cualquier hilo de pensamiento que pudiese tener se bloqueó cuando habló del encamamiento. Sus mejillas empezaron a arder de tal manera que temió que hubiesen estallado en llamas. No había pensado mucho en eso, a pesar de que el matrimonio no estaría del todo validado hasta ser consumado. Pero simplemente no era capaz de imaginarse a sí misma en esa situación. Nunca lo había hecho. Nunca había podido imaginarse junto a un hombre en el lecho. Tampoco era fácil imaginar a Jon con una mujer. Y desde luego, imaginarles juntos era... era demasiado. Pero de repente, la imagen le vino a la mente y la bloqueó. Y después se imaginó siendo desnudada por el camino y... pero eso no iba a pasar, Jon acababa de prometérselo. Se abrazó con fuerza a él, para agradecerle en silencio esa promesa. 

Ese era el último recuerdo realmente nítido que tenía antes de su propia imagen reflejada en el espejo, mostrándola con su vestido de bodas, de un azul tan claro que parecía blanco. Un vestido que marcaba sus formas, aunque estas pronto quedaron ocultas por una capa con los colores de su isla. Sus colores. Unos que no iba a abandonar a pesar de casarse. 

Los dias previos a la boda habían sido confusos y atareados, lo que unido a sus propios nervios hizo que el primer instante de auténtica claridad, desde que Jon la abrazase en los pasillos, fuese aquel, instantes antes de dirigirse al encuentro de su ya casi esposo. 

Su tutor fue el encargado de llevarla hasta el árbol que sería testigo de su unión. Era la novia, de modo que fue la última en llegar. No se sentía capaz de hace frente a los centenares de ojos fijos en ella, de modo que fijó la vista en Jon, que la aguardaba junto a Sam y Fantasma.




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Re: And so the wolf fell in love with the bear

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