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And so the wolf fell in love with the bear

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And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Sáb 16 Jul - 16:07

Recuerdo del primer mensaje :


GOT AU, Romance
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And so the wolf fell in love with the bear

Han pasado cerca de diez años desde que Daenerys Targaryen puso fin a la amenaza de los Caminantes Blancos y tomó el trono de hierro. Desde su coronación, Poniente se ha concentrado en sanar sus heridas y recuperarse de aquellos tiempos tan sombrios. Ahora que la paz parece duradera y las cicatrices se han cerrado, las cabezas de las grandes casas empiezan a moverse. No todos están contentos con la reina o con su posición en el tablero político. Consciente de esto, Daenerys se da cuenta de que necesita un esposo con el que afianzarse en el trono y tener herederos que sigan su legado. Sus ojos se vuelven hacia el Norte, cuyo actual gobernante, Jon Stark (legitimado por la propia reina, pero al que muchos siguen llamando Nieve) es uno de los hombres mejor considerados por el pueblo y quien fue uno de sus primeros aliados.

La llegada de la reina significa tener que organizar festejos y entretenimientos con los que agasajarla, lo que también significa invitar a señores y vasallos. La ocasión es perfecta para tender nuevas alianzas y reforzar las existentes, así como para mostrar a los jóvenes caballeros y damas en edad de comprometerse. Invernalia se convertirá en el centro de todas las miradas, le guste o no a su señor.

Entre los nobles que se desplazan al lugar se encuentra la joven Lyanna Mormont. Durante la guerra que, entre otras cosas, otorgó el control del Norte a Jon, Lyanna era una chiquilla, pero ello no impidió que mostrara su fiera lealtad a los Stark, incluido el que antes fue bastardo. Ahora Lyanna ya no es una niña, y aunque los torneos y las fiestas cortesanas no son lo suyo, una vez más acude la primera a la llamada de su señor. Jon no puede evitar fijarse en la muchacha, siempre leal y tan diferente a la mayoría de las damas, capaz de manejar su casa prácticamente desde que dejó sus pañales. Siempre le ha tenido admiración y cariño.

Jon también necesita pensar en contraer matrimonio. Sin embargo, la propuesta de Daenerys no le atrae en absoluto. Quien si llama su atención es Lyanna, que ha dejado de ser la chiquilla que tuvo los arrestos de encararse al resto de señores norteños, pero sigue teniendo ese carácter fuerte que la ha hecho famosa en todo Poniente.

personajes
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Jon Stark (antes Nieve)
29 ♠ Kit Harrington ♠ Lucrezia

Lyanna Mormont
16 ♠ Anna Popplewell ♠ Lyra
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cronología


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Última edición por Harley el Mar 18 Oct - 11:41, editado 1 vez
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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Vie 17 Feb - 14:21


La caricia le provocó un escalofrio que recorrió toda su columna vertebral y le hizo apoyarse más en él. Se olvidó durante un segundo de la boda y de todo lo que implicaba. Estaba inexplicablemente nerviosa y cómoda al mismo tiempo en esa postura. ¿No podía quedarse así todo el tiempo, en lugar de tener que correr de acá para allá con preparativos? Se sonrojó cuando él dijo que prefería dedicar el tiempo que tenía a conocerla a ella en lugar de a preocuparse por la boda.

- Pero... ya me conocéis... y de todos modos... vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos. Tenemos tiempo para conocernos - en cierta manera, ni siquiera Lyanna estaba segura de conocerse. Era quizá demasiado joven para ello, y aunque había demostrado ciertas cualidades a edad temprana y de forma sobresaliente, todavía quedaban muchos aspectos de su personalidad que desarrollar. 

Aunque aquello no la preocupó mucho en aquel momento, ni tampoco el no conocer cada detalle de su futuro esposo. Jon era Jon. Correcto, justo, honorable. Dispuesto a respetarla y protegerla. Era cuanto necesitaba saber. 

Dejó que hablase sobre Sam. A ella el oficiante tanto le daba, no era su tarea escogerlo, aunque lo cierto era que Samwell Tarly le pareció buena opción. Sabía que era una persona importante para Jon, así que era apropiado proponerle que oficiase la ceremonia. Lo único que tenía que decir al respecto era si quería ser él mismo quien le hiciese la proposición o si prefería que lo hiciese ella. Pero la pregunta se le olvidó al sentir sus labios sobre la piel... y cualquier hilo de pensamiento que pudiese tener se bloqueó cuando habló del encamamiento. Sus mejillas empezaron a arder de tal manera que temió que hubiesen estallado en llamas. No había pensado mucho en eso, a pesar de que el matrimonio no estaría del todo validado hasta ser consumado. Pero simplemente no era capaz de imaginarse a sí misma en esa situación. Nunca lo había hecho. Nunca había podido imaginarse junto a un hombre en el lecho. Tampoco era fácil imaginar a Jon con una mujer. Y desde luego, imaginarles juntos era... era demasiado. Pero de repente, la imagen le vino a la mente y la bloqueó. Y después se imaginó siendo desnudada por el camino y... pero eso no iba a pasar, Jon acababa de prometérselo. Se abrazó con fuerza a él, para agradecerle en silencio esa promesa. 

Ese era el último recuerdo realmente nítido que tenía antes de su propia imagen reflejada en el espejo, mostrándola con su vestido de bodas, de un azul tan claro que parecía blanco. Un vestido que marcaba sus formas, aunque estas pronto quedaron ocultas por una capa con los colores de su isla. Sus colores. Unos que no iba a abandonar a pesar de casarse. 

Los dias previos a la boda habían sido confusos y atareados, lo que unido a sus propios nervios hizo que el primer instante de auténtica claridad, desde que Jon la abrazase en los pasillos, fuese aquel, instantes antes de dirigirse al encuentro de su ya casi esposo. 

Su tutor fue el encargado de llevarla hasta el árbol que sería testigo de su unión. Era la novia, de modo que fue la última en llegar. No se sentía capaz de hace frente a los centenares de ojos fijos en ella, de modo que fijó la vista en Jon, que la aguardaba junto a Sam y Fantasma.




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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Dom 26 Feb - 6:56


Los preparativos habían llegado a su fin y la fecha esperada por todos en el Norte por fin se cumplía, desatando un sentimiento de algarabía generalizada poco usual en aquel territorio gélido y hostil, caracterizado por la supuesta falta de ánimo entre sus habitantes. Sí, la tierra de los Stark quizás pareciera un paraje frío y desolado pero su gente sabía ofrecer hospitalidad, calidez e increíble espíritu festivo cuando la ocasión lo ameritaba.  Por doquier, pueblerinos junto a señores ocupaban su tiempo en disfrutar los preparativos con que se pretendía homenajear los esponsales que unirían dos ancestrales familias: Mormont y Stark.  Si bien casi todos mostraban complacencia ante la beneficiosa alianza, otros tantos mantenían cierta reticencia respecto a ello, considerando ― con suma discreción ― que existían candidatas mejores y con una boda así únicamente se acentuaban las malas relaciones con las tierras sureñas.

Sin embargo todos se habían congregado ahí para ser testigos de tal acontecimiento, dejando de lado cualquier disputa existente debido a las exigencias del rey en el Norte para hacer que la fiesta transcurriera en santa paz, amenazando con represalias a todo aquel incapaz de acatar sus disposiciones. En consideración a Lady Mormont se había instaurado un voto de silencio para no tocar el tema referente a las islas del oso o a Jorah Mormont, so pena de ser alejado del convite si tal cuestión llegaba siquiera a mencionarse. No, aquel día debía ― y merecía ― ser perfecto a pesar de la austeridad con que se manejaba todo, característica inequívoca en el Norte y diferencia notable con respecto al sur, famosos por derrochar dinero que no tenían en fiestas que duraban días, sumiendo las arcas de la corona en deudas imposibles de pagar.

Con esos pensamientos en mente, Jon Stark avanzó acompañado de su castellano y de Samwell Tarly, quien fungiría como oficiante en ese rito, dado su experiencia como aprendiz de maestre. Aguardó pacientemente bajo aquel arciano, procurando mantenerse tranquilo pese a los nervios que amenazaban con hacerle preso. Aquella era la primera vez ― esperaba fuera única ― que contraía nupcias y como tal, era entendible tener dudas al respecto, si bien no dudaba que su prometida contaba con suficiente distinción para destacar entre el resto de damas. Una vez que Lyanna hizo acto de presencia, todas las miradas se posaron en ella y también la de Jon, que contempló absorto aquella imagen donde no reconocía a esa niña cuya lealtad le era incondicional desde siempre.

Los asistentes tomaron sitio en sus respectivos lugares y él se mantuvo imperturbable, esperando estar a la altura de la ocasión si bien estaba hecho un amasijo de nervios y ansiedad. ― Lamento haber llegado tarde. ― Enunció, guardando compostura una vez que Tarly anunció el comienzo de la ceremonia.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Lun 27 Mar - 16:51


Los nervios de la joven eran más que evidentes, para diversión de quienes la conocían desde que era niña. Una niña que no se había amedrentado ante los Caminantes Blancos, pero que temblaba ante la perspectiva de contraer matrimonio.

No obstante, Lyanna cumplió bien el papel encomendado, caminando hacia el altar con la cabeza bien alta y el paso tan firme como era posible. La ceremonia se desarrolló rápido y a la vez se le hizo eterna. Siguiendo las costumbres norteñas y tomando ejemplo de la austeridad del Rey en el Norte, se pronunciaron pocas palabras, apenas las justas para respetar la ceremonia. Sam anunció su llegada y su intención de contraer matrimonio, como era costumbre, preguntó si había alguien dispuesto a tomar su mano. Jon respondió anunciándose como aquel que iba a tomarla en matrimonio. Seguidamente le tocó a ella. Debía aceptarle como esposo y tomar su mano. Y eso hizo, porque era lo que debía hacer, pronunciando su frase con la voz alta y clara, aunque algo temblorosa. Acto seguido, Sam pidió la bendición de los dioses y de los presentes y anunció a los nuevos Lord y Lady Stark.

Ya estaba. En teoría, estaban casados, sólo quedaba rezar a los pies de ese árbol para pedir el favor de los dioses, para que les guiasen durante el matrimonio. Pero, en teoría ya era la esposa de Jon. O casi, pues aún faltaba el encamamiento... pero aún quedaban unas cuantas horas para eso. Sin embargo, Lyanna no se sentía diferente. Seguía siendo la misma muchacha que había caminado hacia el punto donde se convirtió en Lady Stark hacía unos minutos. Quizá se debiese a que el matrimonio no estaba consumado, o quizá sencillamente nunca llegaría a sentirse Lady Stark. En cualquier caso, podía notar la mano de Jon aferrando la suya y tirando de ella con suavidad para que se arrodillase ante el árbol. Mientras lo hacía, pensó que, aunque no se sintiese diferente, no estaba mal ser Lady Stark.



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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Lichtgestalt el Mar 11 Abr - 6:56


La ceremonia matrimonial transcurrió tan rápido que apenas lo notó; cada parte de aquel rito fue realizado con total apego a la tradición por Samwell Tarly, quien entendía la importancia de respetar las costumbres aunque no pertenecía a esas tierras. Tras pronunciarse los votos, los ahora esposos se arrodillaron bajo el arciano que había escuchado cómo aceptaban pasar toda una vida juntos. Si los dioses antiguos así lo permitían, esperaban tener un matrimonio tranquilo y procrear hijos que enorgullecieran a la casa Stark y al Norte, dando buena cuenta del linaje ancestral en cuya estirpe se contaban grandes hombres y mujeres. Sin expresarlo abiertamente, Jon también sabía que Lyanna llegaría a ser una digna señora y sabría regir aquellas tierras tan bien como cabría esperar de alguien en su posición. Mediante sus plegarias pidió por ambos, por la vida en común que estaban iniciando aquel día y rogó porque los dioses otorgaran buen juicio a los dos, evitando cometer errores que no pudieran remediar.

Tras haber orado, ayudó a su ahora esposa a ponerse en pie, siendo tan caballeroso como era posible, pese a no estar acostumbrado a tratar damas. A partir de entonces tendría que referirse a Lyanna Mormont como Stark y emplear el término de “esposa” pues en eso se había convertido. — ¿Estáis bien? Puede que parezca raro que os lo pregunte pero a decir verdad, creo que va a llevarme tiempo acostumbrarme a esto, por eso quiero saber si os encontráis si no feliz, al menos satisfecha. — No era su intención pasar por inoportuno pero sentía la necesidad de conocer su sentir al respecto, después de todo acababan de jurar que estarían juntos hasta que la muerte disolviera el vínculo que ahora los unía. — Los invitados aguardan al convite, es lo único importante ahora. Confío en que será del agrado de todos y así olvidarán las rencillas un rato. — Con suerte, también dejarían el tema del encamamiento en segundo plano, Jon había dado su palabra a Lyanna sobre no someterla al escarnio público y cumpliría lo pactado pero sabía bien cómo se las gastaban sus invitados, quienes no dudarían en insistir para honrar esa vieja costumbre.

Bajo tales pensamientos es que se encaminó — llevando del brazo a la recién ungida Lady Stark — al salón principal, donde fueron recibidos entre vítores y un sentimiento de algarabía, quizás producto del alcohol. Ocupando el sitio de honor que correspondía como anfitriones y dueños del lugar, ambos presidieron la mesa y dieron inicio al banquete, ordenando así que corriera el vino a la par que compartían el pan y la sal. — ¿Veis como parece todo tan perfecto? Se atribuye mayormente al alcohol pero no deja de resultar curioso como todos actuamos como grandes amigos en esta ocasión. Mirad bien, los que se peleaban ayer hoy se abrazan, se ríen e incluso cantan. — Sonrió.

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Re: And so the wolf fell in love with the bear

Mensaje por Harley el Mar 25 Jul - 1:15


Lyanna pensó cuidadosamente su respuesta. ¿Estaba bien? ¿Qué era estar bien? ¿Qué se supone que tenía que sentir? Ahora era Lady Stark, pero ella seguía sintiéndose Lyanna. Sólo Lyanna. Se suponía que ahora era una gran señora, una reina, la Reina en el Norte. Pero no se sentía diferente a cuando sólo era la niña al mando de la Isla del Oso.

Quizá se debiese a que, en cierto sentido, seguía siendo una niña. Quizá cuando, en unas horas, eso cambiase, se sentiría distinta. La idea ruborizó sus mejillas.

- Hemos cumplido con nuestro deber - respondió al fin, deslizando el brazo alrededor del de Jon, para caminar como se supone que debía caminar una pareja recién casada. Aunque lo cierto era que quedaba aún un detalle para poder considerar que dicho deber había sido cumplido. Por lo visto, no iba a quitarse ese detalle de la cabeza, lo que iba azorándola y poniéndola nerviosa por momentos.

Se dejó conducir hasta su lugar destacado en el salón del banquete. No era la primera vez que lo ocupaba, pues durante la soltería de Jon sus más fieles se habían ido turnando, y ella se había sentado a su lado en más de una ocasión. Pero ahora ese era su lugar por derecho. Nunca se había fijado en que desde allí se podía ver lo que ocurría en prácticamente toda la sala (sólo los rincones de las paredes quedaban ocultos a su vista). Parecía que todo Poniente estaba allí. Todos celebrando con alegría su unión, a pesar de que al menos la mitad de los hombres presentes la hubiesen cambiado de buen grado por alguna de sus parientes.

El único que no parecía compartir la alegría era Jorah Mormont. Lo cual no le extrañaba. Incluso ganó algo de su favor por ello. Si hubiese fingido una alegría que era imposible que sintiera, Lyanna le hubiese perdido el escaso respeto que le tenía. Por supuesto, ser Jorah tenía razones para tener una cara amarga. Esa boda había blindado a Lyanna. Al menos, en teoría. Por experiencia, Lyanna sabía que en la práctica uno podía llevarse más de una buena sorpresa.

- Deberíamos celebrar nuestros esponsales una vez al mes - murmuró, con cierto sarcasmo - Así quizá nos ahorraríamos guerras. Aunque dudo que nuestras arcas soportasen esto con frecuencia.

Ella siempre había sido una mujer frugal, acostumbrada a contar con pocos recursos y a que estos tuviesen que destinarse principalmente a la guerra. De modo que, al organizar su boda, había procurado no gastar más de lo necesario, si bien puso buen cuidado de no quedar como una tacaña. Negoció con paciencia y toda la mano izquierda que pudo con todos los proveedores del evento, regateando los precios en lo posible. No le parecía justo vaciar las despensas y las arcas de Invernalia por su boda. No cuando ese dinero podría financiar el adiestramiento de nuevos caballeros o la construcción de hogares para los desamparados.

El banquete parecía desarrollarse en calma (bueno, había tanto ruido que temía que los gruesos muros de Invernalia acabaran temblando, pero era un ruido alegre y festivo), de modo que se permitió el lujo de relajarse un poco y disfrutar de la comida. El personal de cocinas se había esmerado, todo estaba delicioso. La joven comió con ganas, y no se dio cuenta de lo que bebía hasta que empezó a sentirse ligeramente mareada, como si sus sentidos estuviesen embotados. Hasta aquel dia, siempre habia bebido agua, o vino rebajado con ella. Ahora que era una mujer casada por lo visto no había impedimento para que bebiese el vino como lo hacían los hombres. Se dijo que debía tener cuidado con eso. No estaba acostumbrada y no quería empezar su reinado beoda.

Pasado un buen rato, se acomodó en su asiento, mirando la sala de lado a lado. Los músicos contratados para la ocasión empezaban a tocar piezas pensadas para animar a los presentes a levantarse, y Lyanna se preguntó si Jon la sacaría a bailar. Quizá no era la única que lo pensaba, porque a medida que el banquete avanzaba empezó a notar que miradas furtivas se iban dirigiendo hacia ellos. Era como si todos los presentes esperasen... algo. Una señal. Lyanna intuía que no era precisamente el inicio de un baile, pero no quería pensar en lo que iba después del banquete de bodas.


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Re: And so the wolf fell in love with the bear

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