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4. The Lady and The Ghost.

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4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Nat Xavier el Miér 20 Jul - 16:58

The Lady and The Ghost
I hate everything about you.
CON JON SNOW, EN INVERNALIA.

Invernalia, 00:45.

Incluso en la oscuridad de la noche, el cabello pelirrojo de Sansa brillaba como las llamas del fuego. La luna llena se reflejaba en cada mechón del color de la lava, delatando la presencia de una chiquilla que llegaba a deshoras a casa. Le habían dicho que no debía estar fuera a más de las once a pesar de tener ya veintiún años, y es que la familia de Sansa era demasiado sobreprotectora con ella. Pretendían serlo también con Arya, aunque la menor era muy escurridiza. En cuanto a los chicos, solían tener mayor libertad. ¿Machismo? Odiaba pensar que se tratara de algo tan deleznable, pero ya había aprendido que por más que discutieran, las normas serían las mismas: “Mientras vivas bajo mi techo, estas son las normas, jovencita.” Una sonrisa irónica aparecía en los labios de la pelirroja siempre que oía aquella frase de boca de su padre, pues, ¿acaso alguna vez podría salir de Invernalia? Parecían presos, siempre recluidos dentro del distrito. Por supuesto, los Stark tenían sus razones, pero Sansa era incapaz de verlas.

Entró por una de las puertas traseras, la del patio que daba directamente a la cocina de la mansión. Sansa lucía un abrigo negro que hacía resaltar aún más su cabello, y unos guantes del mismo color, pero el verdadero motivo por el cual vestía aquellas prendas que cubrían todo su  cuerpo, era para ocultar la ropa que llevaba debajo: una falda demasiado corta para gusto de su padre, un top demasiado ajustado en opinión de su madre. Una ropa que no debería ni tener en el armario, pero poco a poco, cierta rebeldía comenzaba a teñir el impecable carácter de Sansa. No había hecho nada malo, tan solo había quedado con un par de amigos a las afueras del distrito, pero a veces debía tomar medidas tan drásticas como era escabullirse sin ser vista o, como en aquella ocasión, regresar a hurtadillas al llegar tarde.

Un ruido la alertó. ¿Quién estaba allí?

«Mierda, mierda…»

Si era alguno de sus padres, estaba perdida. Si se trataba de Arya, estaba perdida pues se chivaría sin dudarlo tan solo por fastidiarla. Bran y Rickon estarían durmiendo y el segundo era demasiado pequeño como para bajar solo a esas horas de la noche. Su única esperanza era que se tratara de Robb, quien quizá se apiadaría de ella y le guardaría el secreto. Se escondió tras la puerta, hasta que su inesperado acompañante reveló su identidad.

¿Jon? ¿Qué diablos estaba haciendo en casa?

La última vez que se vieron, las cosas entre ellos fueron un auténtico desastre. Jamás habían mantenido una relación de hermanos, y aunque Sansa era consciente de que era la única culpable, tampoco es que le importara demasiado. Estaba resentida con él por el mero hecho de existir, tan solo porque lo estaba su madre y porque había visto el sufrimiento en la mujer que le había dado la vida. La última discusión fue unos meses atrás, y empezó por algo tan estúpido que ni lo recordaba.  Pero lo que sí recordaba era la tensión que se apoderaba de su ser cada vez que discutían, como conseguía que la sangre le ardiera en las venas y estallara con lo mínimo. Apretó los labios, saliendo de su escondite.

¿Qué estás haciendo aquí? —Procuró no elevar la voz.

Frunció el ceño, recorriéndolo con la mirada en un fugaz repaso. Allá en el ejército debían ser bastante exigentes, pues cada vez que Jon regresaba, parecía más cambiado que la vez anterior. Le notaba más adulto, más maduro físicamente; parecía todo un hombre, aunque eso nunca lo admitiría en voz alta.




Última edición por Nat Xavier el Mar 30 Ago - 18:18, editado 1 vez





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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Crabneto el Miér 27 Jul - 19:28

The Lady and The Ghost
I hate everything about you.
CON SANSA STARK, EN INVERNALIA.

Invernalia, 00:45.

El joven bastardo de la familia Stark jamás llegó a pensar que su vida mejoraría al ir a parar al Muro. Alistarse en el ejército no fue precisamente idea suya, pero en cuanto su padre le habló de ello cuando cumplió la mayoría de edad, fue tan estúpido e ingenuo como para aceptar, creyendo que así podría ganarse algo de su aprecio. Que lejos estaba de aquel chiquillo que se esforzaba por impresionar a un hombre que siempre se mantenía distante con él y una mujer a la que jamás podría llamar madre, pues nunca le querría, ni siquiera lo justo como para disimular que su presencia le resultase irritante. Lo único bueno que tenía llevar una vida como esa, era que ya vivía con la idea de que no sería querido, no al menos por ser quién era, así que no se llevaría más decepciones.

Muchos le decían que desde su alistamiento, había cambiado. Tenían toda la razón del mundo. Él mismo había notado ese cambio. Empezando porque ya no buscaba desesperadamente la aprobación de los demás, ya no intentaba dar con su sitio en el mundo. Tras unos años, comprendió que su lugar estaba en el Muro, entre los repudiados de toda la región, rodeado de aquellos a los que nadie quería tener cerca. Eran una panda de bastardos, delincuentes y tipos nada simpáticos, pero era imposible no desarrollar cierta camaradería. Allí, eran como una familia, una a su propia imagen y semejanza.

Los permisos para visitar sus respectivos hogares no es que fuesen muy solicitados, por eso cuando alguien deseaba irse, no costaba demasiado conseguir unos días libres. A la mayoría de ellos no les querían ni ver en su hogar, ¿así que cómo iban a querer disfrutar de sus días libres, yendo a sitios donde eran tratados a patadas? Si en algo no había cambiado Jon, era en su sentido de la lealtad y su enorme paciencia. Cada vez que le necesitaban, iba a Invernalia, e incluso en ocasiones como esa, lo hacía sin más, para poder ver a sus hermanos, o al menos a aquellos con los que tenía buena relación.

Cuando llegó a la mansión familiar, ya era bastante tarde. Algunos miembros de la familia seguían despiertos y fue a los que saludó antes de retirarse a su habitación a descansar. La casa estaba en absoluto silencio, su cama era infinitamente mejor a las que frecuentaba ahora en el ejército, y a pesar de eso, él no conseguía conciliar el sueño. Frustrado, salió de la cama, poniéndose una camiseta negra que conjuntaba con los pantalones de pijama, para dirigirse a la cocina. Tomar algo le ayudaría a dormir o al menos, eso esperaba.

En cuanto entró a la estancia, vio una sombra e inmediatamente se puso alerta. Encendió la luz con rapidez, relajando su postura cuando “el intruso” reveló su identidad. Sansa. ¿Qué demonios hacía ella ahí? Se suponía que estaba durmiendo o eso le habían dicho a su llegada.

Joder, Sansa. —Masculló entre dientes, volviendo a retomar su tarea inicial, que era buscar un vaso por el armario. — ¿Qué hago yo? Creo que la pregunta sería, ¿qué haces tú aquí cuando se supone que estás en tu habitación durmiendo? —Dejó el vaso vacío sobre la encimera, girándose hacia ella para mirarla con ambas cejas enarcadas en un gesto claramente suspicaz.

No iba a llevarlo a su terreno, ya no. Estaba harto de su comportamiento hacia ella y no se le había olvidado aquella última pelea que tuvieron, aunque tampoco es que recordase el motivo exacto, solo que ahí se dijeron cosas que no debían y que no le gustó nada aquella tensión que volvió a surgir entre ambos.

Oh, no me lo digas… —Mantuvo una ceja alzada, señalándola con el índice de arriba a abajo. — Te has escabullido para irte por ahí, ¿verdad? ¿Es que estás loca? —Espetó lo último en un claro tono de desaprobación, aunque intentando mantener el tono lo más bajo posible.





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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Nat Xavier el Miér 3 Ago - 13:35

The Lady and The Ghost
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CON JON SNOW, EN INVERNALIA.
Si bien entre Jon y Sansa -o al menos por parte de la pelirroja- siempre había existido una hostilidad bastante evidente que les había hecho preferir evitarse el uno al otro en la medida de lo posible, ahora las cosas parecían un tanto diferentes. La joven Stark no sabía cuándo, ni por qué, ni cómo había pasado, pero desde hacía un tiempo había nacido en ella una especie de necesidad por retarle continuamente, por picarle cada vez que tenía oportunidad. Le gustaba ver su reacción, regodearse en como conseguía salirse con la suya cuando Jon caía en una de sus trampas y terminaba crispado por su culpa. Le resultaba divertido y satisfactorio, lo cual a veces le hacía preguntarse si era una mala persona pues, crecer, implicaba adquirir cierto nivel de madurez, y en el fondo -muy en el fondo- comprendía que Jon no tenía la culpa de ser un bastardo.

Pero ese era otro tema, y uno que no estaba dispuesta a reconocer ante nadie. Era mucho más sencillo aferrarse a la costumbre. Y precisamente eso fue lo que hizo.

Le dio tantísima rabia que su medio hermano se creyera con derecho a reprenderla, que no vaciló en quitarse los guantes y el abrigo, revelando así el inapropiado atuendo que lucía. Soltó ambas prendas sobre el respaldo de una silla para acto seguido acercarse a uno de los muebles donde guardaban los dulces y demás porquerías, como las llamaba su madre. Sacó una tableta de chocolate ya empezada y cortó una onza, llevándosela a los labios para darle un mordisco. Sus ojos azules fijos en los del militar mientras masticaba con parsimonia.

No tengo por qué contestarte a eso. Ya no soy una niña y hago lo que quiero. —Respondió con hastío, poniendo los ojos en blanco. Por supuesto, Sansa era muy consciente de que no hacía lo que quería, de que a pesar de tener veintiún años, solía obedecer a sus padres aunque, en ocasiones como esa, se saltaba las normas.

Se subió sobre la encimera de la cocina de un pequeño salto, ayudándose con la mano libre a impulsarse. La falda corta no era la más apropiada para eso, pero no le importó lo más mínimo. Aquella actitud chulesca le nacía cuando estaba frente a Jon, era algo de lo que no se daba apenas cuenta, pero no podía evitarlo.

Y no, no estoy loca. De hecho, estoy bastante cuerda. Algo de lo que creo que tú careces, por cierto. ¿No te han pegado algo raro en el Muro o es que simplemente no conocéis lo que es la higiene ahí arriba?

Una sonrisa divertida cruzó los labios de la pelirroja. A pesar de ver impecable a Jon, e incluso hasta más atractivo que meses atrás, era mucho más fácil atacarle aunque fuera entre mentiras, que admitir algo bueno hacia su persona.







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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Crabneto el Sáb 13 Ago - 22:59

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CON SANSA STARK, EN INVERNALIA.
El bastardo era plenamente consciente de que no podía ponerse a la altura de su hermana menor. Sabía bien que lo que le habían enseñado era a callar, aguantar cualquier insulto o reprimenda que le pudiera caer, hasta cuando no tenían motivo alguno y simplemente los recibía por algo que no era culpa suya.

Y a pesar de saber que no debía caer en esas provocaciones, su temperamento ya no era el de antes. Ya no era ese chico tímido y casi sumiso que aceptaba las decisiones de sus padres y sus hermanos como si fuese una ley inquebrantable. Le habían enseñado a defenderse y no solo físicamente, puesto que ahora era mucho más fuerte psicológicamente. Su carácter estaba dejando entrever el fiero animal que tenía dentro y habían intentado domesticar durante años. Y a ese animal no le gustaba nada la actitud de Sansa.

Por mucho que la pelirroja se jactase de ser mayor y hacer lo que quisiera, hablando de ese modo solo sonaba como una chiquilla caprichosa. Sin embargo, bastaba con echarle un vistazo para comprobar que de chiquilla solo tenía la actitud. Se sorprendió a sí mismo al quedarse algo absorto durante unos segundos cuando su medio hermana se sentó en lo alto de la encimera con aquel descaro que no sabía de dónde había sacado. Su ropa no era adecuada. No lo era para nadie y menos todavía para una señorita de una familia importante.

Salió de su momentáneo estupor al escuchar su siguiente comentario. Uno con el que se pasó de la raya y seguramente lo hizo adrede, pero aquello no lo hizo menos dañino. No iba a seguir tolerando sus ataques solo porque se creyese con derecho a ello por ser la princesa de la casa. Soltó el vaso sobre la encimera con un golpe sordo, algo violento, y se acercó a ella, acorralándola contra la encimera al posar ambas manos sobre esta, flanqueando su cuerpo.

Escúchame bien. No voy a seguir tolerando que te diviertas a mi costa solo porque creas que eres mejor que yo. Quizá no sepa quién es mi madre, quizá no sea alguien importante en esta familia, pero no voy a seguir siendo el saco de boxeo. —Habló casi a gruñidos, apretando los dientes en pos de controlarse. Tenía suerte de ser su hermana, sino…

Lo cierto es que no tenía la menor idea de qué quería hacer con ella, pero tenía miedo de ponerse a pensar en ello, porque algo le decía que no le apetecía solo gritarle o darle una bofetada.

Resopló por la nariz, mirándola con tal fijeza a los ojos y a una distancia tan escasa, que parecía querer atravesarla con sus orbes negros. — Si quieres que te traten como a una adulta, empieza a comportarte como tal. —Empleó la diestra para darle un tirón al borde de su falda, aunque mantuvo la mirada fija en sus ojos, por el bien de ambos. — Y esto no es comportarse como una adulta. El hecho de que lo creas, ya dice mucho sobre tu madurez.





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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Nat Xavier el Dom 14 Ago - 17:49

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CON JON SNOW, EN INVERNALIA.
Sansa podía fingir muy bien ser una chica de carácter a la que no le importaba lo que pudieran decirle. Podía, como en aquella ocasión,  burlarse de Jon en sus narices y jactarse de ello. Sin embargo, la realidad era que la pelirroja no poseía un mal fondo. Era una buena persona, sus padres se habían encargado personalmente de educarla como tal, pero es que Jon… Simplemente, la sacaba de sus casillas. Ya de niños solía hacerlo, pero ahora, ya siendo adultos, la cosa se había incrementado considerablemente.

A veces hasta ella misma se había parado a pensar en ello y se había preguntado el por qué. ¿Era por ser un hijo bastardo de Ned Stark? ¿A esas alturas de la vida, todavía no había comprendido que no era culpa de Jon? Había algo más. Algo que, por supuesto, no se reconocería a sí misma nunca; no de momento.

La cuestión era que Sansa no pensaba tratarle como a un hermano jamás. Eso lo tenía muy claro. Buscaba excusas, buscaba riñas y broncas con tal de dejarle muy claro que él nunca sería su hermano. Ponía demasiado empeño en demostrarlo… Demasiado.

Y la fachada se vino abajo.

En cuanto Jon la acorraló contra la encimera, clavando sus ojos oscuros en ella como si quisiera matarla allí mismo con solo un pestañeo, Sansa se tensó. Todo rastro de sonrisa desapareció por más que ella se esforzara en lo contrario. Se sobresaltó en cuanto el mayor le tiró de la falda, lo que provocó que se sonrojara inmediatamente, avergonzada al saber que sus pintas no habían pasado desapercibidas. Que, probablemente, Jon pensaba que era una fresca que Dios sabe qué hacía cuando salía de casa. Nada más lejos de la realidad.

Sansa apretó los labios y frunció el ceño, sosteniéndole la mirada a pesar de que el pulso le temblaba. Aquella cercanía entre ellos resultaba sobrecogedora y un poco incómoda. Jon la intimidaba, algo que nunca antes había conseguido, lo que probaba que El Muro realmente le había cambiado.

Me… Me da igual lo que tú pienses sobre mi madurez. —Balbuceó. Un comentario demasiado pobre e infantil que, por desgracia para ella, le daba la razón a Jon.

La respiración caliente de su medio hermano le golpeaba el rostro, entremezclándose con la propia, y poniéndola terriblemente nerviosa. Tenía que salir de esa cocina cuanto antes, desaparecer antes de que sus pensamientos le jugaran una mala pasada y engañarse a sí misma ya no sirviera de nada. Sansa no quería descubrir el por qué de ese empeño en hacer ver constantemente que Jon, para ella, no era su hermano. No quería averiguar si había algo más que odio hacia el bastardo.

Apártate. No tienes ningún derecho a soltarme todo ese sermón. No eres Robb. —Masculló, apoyando las manos sobre el pecho del contrario para empujarle.







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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Crabneto el Dom 14 Ago - 19:30

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El joven militar estaba ya tan acostumbrado a los desplantes y faltas de respeto, no solo por parte de su familia sino de todo el que se creía con derecho a juzgarle, que le resultaba extraño estar comportándose de ese modo. Rebelándose al fin. Quizá su reacción fuese algo desproporcionada en el momento, pero habían sido ya demasiadas faltas de respeto por parte de Sansa. Y aunque en el fondo supiese que de haberse esforzado podría soportar todo cuanto tuviera que decirle y más, ya que era algo que hacía en el ejército, la sensación de liberación era tal, que temía no poder reprimirse nunca más.

Y a pesar de estar sufriendo lo que todos podrían calificar como un ataque de ira, fruto de años aguantando golpes emocionales que ahora parecía querer devolver a base de fuerza, aquello no podía estar más lejos de la realidad. Él mismo intentaba convencerse de que solo quería hacer pagar a la pelirroja por sus malos tratos y ojalá fuese así. Ojalá solo albergase hacia ella rencor e ira.

Era consciente de que su medio hermana solo vestía así para llamar la atención, del mismo modo en que solo se juntaba con compañías poco recomendables para así hacerse notar en la familia. Su rebeldía era comprensible, en parte, pero no podía quedarse a mirar cómo se destrozaba la vida solo para que le hiciesen caso. Era ridículo. O quizá es que él lo veía como una soberana estupidez porque siempre fue el centro de atención sin querer serlo y no comprendía la necesidad de Sansa de pasar por algo así.

De un modo u otro, se había enfrentado a ella y ya no había marcha atrás. Fue como abrir la caja de Pandora. Ser consciente del modo en que le miraba y le temblaba ligeramente la voz, denotando sus nervios y hasta podría decir que su miedo, al verse cogida por sorpresa, hizo que el momento fuese todavía más satisfactorio.

Y aquellos pensamientos, aquel atisbo de satisfacción, junto con la peligrosa cercanía entre ambos, empezaron a tener el efecto que el bastardo había temido desde que puso un pie en la cocina y descubrió que ella era su desafortunada acompañante. En lugar de retroceder, cuando la menor le empujó, se inclinó hacia delante, luchando contra su empuje con pasmosa facilidad, acorralándola del todo contra la encimera y pegándose a su cuerpo de un modo que no había planeado. A decir verdad, no estaba planeando nada de eso, actuaba sin pensar y probablemente eso sería su ruina.

Tengo el mismo derecho que tienes tú a tratarme así. —Sentenció, percatándose entonces de que no había distancia alguna entre sus rostros. Su nariz casi tocaba la ajena y sus respiraciones se entremezclaron por completo. Le llegó el olor de su perfume, entremezclado con el de su champú y el suyo característico. Inspiró hondo, embriagándose de aquel aroma que pareció nublarle la mente durante unos segundos, puesto que en cuanto exhaló el aire con lentitud, ahogó dicho suspiro contra los labios ajenos, asaltándolos en un arrebato.





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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Nat Xavier el Mar 30 Ago - 16:42

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Sansa tenía miedo. Por primera vez desde que tenía uso de razón, tuvo miedo de Jon; de qué podría decirle o incluso de qué podría hacerle, pues jamás le había visto de esa manera. Parecía un lobo agresivo a punto de saltar a por su presa, dispuesto a desgarrarla hasta hacerla pedazos. No podía negar que el bastardo tenía motivos más que suficientes para odiarla, pero hasta ese justo momento jamás se había atrevido a alzarle la voz, y mucho menos se había mostrado de esa manera tan amenazante con ella.

No le reconocía… En absoluto podía reconocerle. La pelirroja se sentía acorralada, como un animalillo indefenso a punto de ser devorado. Cortada por las palabras del mayor, sin saber de qué valerse para mantener aquellos aires de altivez que se gastaba. Por más que lo intentaba, sabía que había sido derrotada por Jon, y aunque aquello la llenaba de una rabia terrible, seguía sin ser capaz de mover ni un solo músculo de su cuerpo.

Y lo peor de todo no fue sentir miedo, sino ser consciente de que aquella cercanía entre ambos la estaba seduciendo poco a poco. El diablo había aparecido en la estancia donde se encontraban, usando su magia negra para llevarlos a un terreno lleno de espinas. Sansa acabaría sangrando hasta perder la vida si continuaba por aquel sendero, y como devota católica que siempre había sido, sabía perfectamente que lo que estaba ocurriendo era un pecado mortal que le cerraría las puertas de San Pedro.

Todas y cada unas de las terminaciones nerviosas del cuerpo de la fémina se tensaron, y su corazón latía tan bruscamente que podía sentir las palpitaciones en los oídos. Sansa se removió, tratando de apartarle al flexionar las rodillas y alzar las piernas, pero solo consiguió dejarle mayor espacio para que Jon se encajara entre estas. La falda volvió a remangarse ante tal movimiento brusco, dejando a la vista el encaje de sus braguitas blancas sin que ella se diera cuenta de dicho detalle. Apoyó una vez más las manos en el pecho ajeno, presionando para quitárselo de encima con el poco ímpetu del que podía disponer, mientras sus labios eran totalmente dominados por los de su medio hermano.







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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Crabneto el Miér 12 Oct - 14:15

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Una parte de su mente, muy pequeña y algo apartada, allí donde se encontraba su conciencia, intentaba hacerle ver que aquello no estaba nada bien. Rendirse a sus instintos primitivos y sucumbir sin más a algo que claramente no era ir por el buen camino en que se había encauzado al entrar en el ejército, no era en absoluto una buena idea. No lo era de ningún modo.

Esa misma parte de su conciencia intentaba averiguar qué había ido mal exactamente para que se viese inmerso en esa situación sin ser capaz de controlarla. ¿Cuándo había perdido la cabeza? Y peor aún, ¿cuándo la había perdido por su medio hermana?

Pero su cuerpo obraba por cuenta propia, guiado por una parte mucho más dominante de su ser que estaba harta de ir acatando normas, comportándose como era debido y haciendo todo cuanto los demás parecían ignorar, siguiendo sus deseos sin mayores preocupaciones. Si todos tenían libertad de hacer y deshacer a su antojo, ¿por qué él no? Era un hombre hecho y derecho. Quizá no el mejor, quizá sus orígenes no eran buenos o simplemente no estaban claros, pero eso no podía impedirle dejarse llevar de vez en cuando. Tenía el mismo derecho que los demás.

Le costó mucho llegar a esa conclusión. Valorarse a sí mismo por encima de la opinión que tenían los demás sobre él, incluida Sansa, pero cada vez le resultaba más fácil dejarse llevar por su carácter y esa fuerza interior que era mayor de lo que cualquiera pudiera pensar. Y esa fuerza, cual animal salvaje, era indomable.

Puede que parte de aquel arrebato fuera deseo y otra simple venganza, pero de un modo u otro, estaba ahí, besándola y disfrutando como un canalla del roce entre sus cuerpos, ese que la misma pelirroja provocaba sin parecer quererlo. Presionó sus labios con insistencia, hasta conseguir acceder a su boca y buscar así su lengua con la propia, hambriento a la par que descontrolado. Llevó la diestra hasta la nuca de la menor, sujetándola con firmeza para mantener sus rostros unidos pese al forcejeo que seguía provocándose entre ellos, optando por aplacar del todo su conciencia e ir a por lo que de verdad ansiaba y quizá desde hacía más tiempo del que estaba dispuesto a asumir.





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Re: 4. The Lady and The Ghost.

Mensaje por Nat Xavier el Lun 24 Oct - 17:37

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Lo que había comenzado como el habitual juego que Sansa se tomaba la libertad de iniciar siempre que estaba a solas con Jon, se acababa de convertir en otro mucho más peligroso. Ni en sus más remotos pensamientos hubiera imaginado que existía la mínima posibilidad de que aquello pudiera pasar. Nunca fue capaz de reconocer que, con el paso del tiempo el odio y el desprecio que albergaba hacia su medio hermano se habían convertido en algo diferente. Algo que hacía de ella una demente, una enferma. Y Sansa Stark no estaba dispuesta a ser ninguna de esas cosas, aunque tuviera que vivir toda la vida callando. Además, confiaba en que sería algo pasajero, producto de la adolescencia. Igual que el amor que creía haber sentido por Joffrey Baratheon, transformado ahora en temor, desconfianza y confusión.

Sin embargo, sin saberlo, el bastardo había activado una bomba de relojería que amenazaba con explotar en cualquier momento. Por más que su mente le gritara que parara, que se detuviera, su corazón -y sobre todo su cuerpo- le pedían justamente lo contrario. Jamás la habían besado como lo hacía Jon, jamás la habían tocado como lo hacía Jon… Y era delicioso. Por más que en medio de aquel forcejeo Jon la tratara con brusquedad e incluso con rabia, la joven pelirroja se sentía atraída hacia él como las abejas hacia la miel. En el fondo siempre había deseado algo así; aventura, pasión, peligro. Una historia digna de la mejor novela de amor.

Mas no con su medio hermano. Eso no tenía ni pies ni cabeza… Y aún así, las fuerzas de Sansa comenzaron a abandonarla poco a poco. Sucumbía por momentos, ahogando pequeños jadeos contra los carnosos labios de Jon. Poseía un sabor dulce, más adictivo que los pasteles de limón que tanto adoraba la chica. No supo cómo acabó renunciando a la imposible tarea de empujarle para, en su lugar, tomarle de las mejillas, permitiéndose el entregarse a ese beso del que, con toda probabilidad, acabaría arrepentida. ¿Cómo le iba a mirar a la cara después? ¿Cómo iba a mirar a sus padres y a sus hermanos después?







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Re: 4. The Lady and The Ghost.

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