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~ La joven y el señor vagabundo.

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~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 30 Jul - 2:33

Recuerdo del primer mensaje :


La Era Tokugawa había llegado a su fin hacía ya diez años. La Era Meiji había comenzado tras la finalización de esas horribles guerras y enfrentamientos tan sangrientos. Battōsai el carnicero llevaba desaparecido desde entonces. Había sido el asesino más despiadado de todos. Un samurái al que no le temblaba el pulso a la hora de arrebatar una vida. Muchos temían enfrentarse a esa mirada asesina… Sin embargo, se había esfumado con el comienzo de esa nueva Era. Nadie le creía muerto, por supuesto. Entonces, ¿dónde se encontraba?

Su nombre real era Himura Kenshin. Con su larga melena pelirroja y una gasa cubriendo su característica cicatriz en forma de X, el samurái había pasado a tener una vida errante. Algunos lo llamarían vagabundo también. A penas tenía dinero y sus ropajes estaban realmente gastados después de tanto llevar el mismo. De hecho, tras un pequeño altercado en una de las calles de la antigua Tokio por llevar su katana, Kenshin conoció a la joven Kaoru.

Tras encargarse de un grupo de hombres que utilizaban su antiguo nombre de Battōsai para atemorizar a la gente e intentar conseguir hacerse con el dojo de los difuntos padres de la chica, ésta le ofreció comida y un techo bajo el que dormir con toda la amabilidad de su corazón. No podía darle mucho, pues la joven huérfana apenas lograba sacar a flote la escuela de Kendo que una vez fue tan famosa. Pero ahí estaba la voluntad inquebrantable de ella, deseando ayudarle de alguna forma.

Fue en ese momento, nada más ayudarla a salvar su herencia, a salvar lo poco que le quedaba ya y por lo que luchaba fervientemente, que esta historia comenzó. Dos personas completamente distintas a la par que semejantes se habían encontrado y quién sabe cuál sería su destino finalmente.

1x1 — CS — Rurouni Kenshin — Kenshin & Kaoru
Himura Kenshin
28 años | Sheena
Kamiya Kaoru
17 años | SapphireDragon


Última edición por SapphireDragon el Jue 4 Ene - 23:42, editado 3 veces
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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Lun 28 Ago - 2:45




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Mediodía — Con Kenshin


El cubo lleno de agua estaba junto a ella. Había bebido un poco con el cacillo de madera para refrescarse como necesitaba. Después de aquello, sencillamente se había sentado junto al pozo, amparada por su sombra, mientras se abrazaba las rodillas con cierta fuerza. Había estado un buen rato con la mirada perdida en un punto frente a ella, hasta que había llegado el momento en que enterró el rostro en sus rodillas, con un largo suspiro.

Aún estaba tratando de asimilarlo. ¿Kenshin… era Battousai? Al menos así le había llamado el extraño hombre contra el que Sanosuke había luchado y perdido. Por unos instantes, creía haber oído mal y cuando supo que no era así, esperó con ansias y nervios que él negase ser quién el contrario aseguraba. Pero no lo hizo. Y ya la forma en la que la miró… y lo que le dijo después le hizo comprender casi de forma absoluta, que era cierto.

No se lo imaginaba. No era capaz de imaginar al joven de largos cabellos pelirrojos y cicatriz en la mejilla izquierda siendo ese asesino despiadado durante la caída del Régimen Tokuwaga, cobrándose la vida de todos aquellos que se interpusieran en su camino sin más, sin importarle nada en absoluto. Ella lo veía con las niñas haciendo la colada o acompañándola al mercado a comprar o ayudándola a mejorar sus dotes culinarias y no había rastro alguno de ese asesino.

Cierto era que cuando se conocieron, Kenshin era un simple rurouni que había vagado por todo Japón. Si había adoptado es forma de vida después del comienzo de la nueva Era… implicaba que llevaba diez años siendo el hombre que ella había conocido. Aquel que la había ayudado sin esperar absolutamente nada a cambio… Entonces comprendió que le daba igual su pasado. Le daba igual quién hubiera sido tantos años atrás. Lo que más le dolía de todo aquello, de haberle abierto las puertas de su casa… y de su corazón, era que no hubiera sido capaz de confiar en ella lo suficiente.

Se sobresaltó cuando escuchó el roce de unas telas no muy lejos de ella. Parecía que alguien se estaba sentando. No se atrevió a alzar la mirada por si era él. Tragó saliva y cerró con fuerza los ojos, antes de que el samurái comenzase a relatar toda la historia. Lo escuchó sin decir palabra. Su inicio para después ganarse esa reputación como Battousai comenzó tan solo como el deseo de un joven por querer detener la guerra que tanto daño estaba causando en el mundo… Era un pensamiento y un deseo bondadoso. Como él lo era ahora, como la filosofía y las creencias que tenía desde que se conocieron. Comprendió también con aquella historia las razones por las que empuñaba una espada de filo invertido. De no ser así su arma, habría incumplido seguramente la promesa que se había hecho a sí mismo de no volver a matar.

Sus últimas palabras estaban cargadas de sinceridad y arrepentimiento. Palabras que lograron el cometido que tenían: llegar al corazón de Kaoru, sin demasiada dificultad. Sin embargo, la joven no habló de inmediato. Pasaron varios segundos hasta que alzó el rostro de su escondite, para poder hablar casi en susurros.

Nunca te he preguntado por tu pasado. No porque no tuviera curiosidad, sino porque no me importaba en absoluto cuál fuese. Porque demostraste ser un hombre bueno y que defiende lo que muchos no hacen –hizo una breve pausa, antes de continuar–. He tratado de verte como Battousai, pero sinceramente, no puedo. Para mi tú eres Kenshin, ese vagabundo que me salvó de aquellos matones, el que permaneció junto a mi para que fuesen arrestados… El que decidió dejar su vida de rurouni para quedarse conmigo, con las niñas. El que trajo a Yahiko a esta familia y el que logró que Sanosuke comprendiese el error de su punto de vista. Ese eres tú para mi y para todos. Di-dices que te despreciaría si hubiera sabido la verdad entonces… –con la frase a medias, Kaoru finalmente se levantó y se dirigió hacia donde él se encontraba sentado–. No. No lo hubiera hecho… Igual que no te desprecio ahora, Kenshin –le aseguró suavemente, esbozando una de sus sonrisas para él.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Vie 1 Sep - 14:06




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Mediodía — Con Kaoru


No le importaba. A Kaoru no le importaban las atrocidades que había cometido en el pasado.

En su cabeza se repetía este pensamiento una y otra vez, sin ser capaz de creerlo. Era mucho más de lo que podía pedir, mucho más de lo que merecía. Y sin embargo ella afirmaba que así era. Que solo le importaba quien era ahora, no quién hubiera sido.

Levantó la cabeza; ya no tenía tanto reparo de enfrentar sus ojos azules. En ellos no halló odio ni desprecio, solo la bondad y gentileza de siempre. El samurái, que siempre mantenía sus emociones bajo control y pocas veces cedía a ellas, se vio abrumado por la gratitud, al tiempo que una cálida sensación se extendía por su pecho. Desde que era muy joven, desde antes de convertirse en Battousai, nadie había mostrado tanta confianza en él. Y ella lo hacía, a pesar de conocer sus deleznables actos. Unas repentinas y desconocidas ganas de abrazarla aparecieron sin previo aviso y Kenshin necesitó de toda su fuerza de voluntad para retenerlas. Eso sería tremendamente inapropiado, por lo que solo le quedaban las palabras para expresar cómo se sentía en ese momento.

- No sabes cuánto significa eso para mí – aseguró – Muchas veces pensé en decírtelo, pero no sabía cómo. No quería decepcionarte. Pensé que podría quedarme y protegerte, aunque hubiera personas sedientas de venganza que todavía me buscan por lo que hice. Pero fui demasiado confiado… y ahora es Sano el que ha terminado pagándolo. Es algo que no puedo perdonarme – añadió, con gesto serio – Por eso… Kaoru-dono, agradezco infinitamente tu comprensión, y que me veas como soy ahora. Ya conoces el porqué de la katana de filo invertido. Ahora debo usarla para asegurarme de que ese pasado no se vuelva contra mí. Ni contra las personas que me importan.

Dicho esto, se puso en pie, quedando frente a frente con la muchacha. Su yukata de colores vivos contrastaba con la palidez de su piel y el largo pelo oscuro que enmarcaba su rostro. Kenshin nunca se había parado a contemplarla con atención, pero en ese momento, cuando no sabía si volvería a verla, le pareció que estaba encantadora. Si tan solo una de sus sonrisas asomara a sus labios…

Dejó de fantasear cuando la realidad cayó a plomo sobre él, de nuevo. Debía ir a ver al comisario de policía para enterarse de lo que había pasado. ¿Por qué estaba Saitō de vuelta? ¿Qué buscaba? Necesitaba respuestas cuanto antes. Su presencia allí no podía implicar nada bueno, por no hablar de lo que le había hecho a Sanosuke. Él mismo se encargaría de que no saliera impune por ello.

- Cuida de Sanosuke y Yahiko. Ellos te necesitan mucho más de lo que piensan – le dijo a Kaoru, ciñéndose la espada al cinto al pasar a su lado.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Lun 4 Sep - 17:18




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Mediodía — Con Kenshin


Todas y cada una de las palabras que la profesora de kendo pronunció eran completa y absolutamente sinceras. Con ellas había querido transmitirle seguridad y tranquilidad. Sabiendo ahora la carga que había estado llevando él solo al ocultar su pasado, sabiendo cuál era ese secreto, comprendía que hubiese temido que se alejase. Pero no lo iba a hacer… Como ya le había dicho, para ella Battousai era cosa del pasado; quien realmente le importaba y al que quería tener a su lado era a Kenshin Himura.

Fueron unos segundos los que pasaron hasta que finalmente, el guerrero alzó sus ojos y clavó su mirada en los de ella. Ladeó ligeramente la cabeza, devolviéndole la mirada sin duda alguna, sin tratar de apartarla. De alguna forma, fue capaz de apreciar cómo esa inseguridad y ese miedo al rechazo que quizás podría haber manifestado, sencillamente desaparecían. Por un momento se había planteado acariciar una de sus mejillas o darle un abrazo, pero lo vio demasiado atrevido. Un gesto quizás demasiado cariñoso y confiado… Igual a él le incomodaba. Eso era lo último que quería en un momento como aquel.

Poco a poco, cuando finalmente pareció atreverse a hablar para expresarle su agradecimiento, su arrepentimiento y asegurar cuál era el objetivo de su vida y de la katana de filo invertido que llevaba al cinto desde hacía diez años, Kaoru no pudo sino comenzar a esbozar poco a poco, una de sus más radiantes sonrisas. Ese era el hombre al que conocía, el que había velado por su seguridad desde que se encontraron por casualidad en una calle de la ciudad, por el que… por el que podría hacer cualquier cosa. Llegar a aquella conclusión logró que un repentino rubor encendiese sus mejillas.

Sí… Ya lo conozco y… —tragó saliva unos segundos, tomando aire antes de atreverse a añadir—. Estoy orgullosa de que hayas logrado todo esto, Kenshin. Estás cumpliendo con el objetivo desinteresado que te propusiste… Soy feliz de ser parte de tu vida ahora —conforme iba hablando, su voz iba perdiendo fuerza. Se estaba dando cuenta de lo que decía y… volvió a sonrojarse, aunque sin perder su sonrisa.

Se separó un poco para permitir que se levantase sin problemas. Se miraron nuevamente durante varios segundos, en completo silencio. No fue mucho lo que la expresión del rostro ajeno pareció cambiar. Parecía haber despertado y estar pensando en lo sucedido. Y entonces le dijo aquello. Sonaba a despedida. Necesitó unos momentos, mientras él pasaba junto a ella y se comenzaba a alejar. Entrecerró los ojos. Tenía que ser una broma…

Y sin previo aviso, Kaoru agarró la larga coleta pelirroja del samurái para detenerlo no sin poca fuerza (a veces no la controlaba y no se daba cuenta de ello…).

¿¡Adónde te crees que vas, Himura!? —le preguntó claramente molesta. Después de contarle aquello, estaba claro que iba a marcharse a buscar a aquel hombre que había irrumpido en el dōjō. Pero al menos, debería tener la decencia de decirle quién era él–. Primero de todo, ¿quién narices era ese hombre? Y segundo… sé que vas a ir a buscarle, ¿pero a dónde? No vas a irte de aquí tampoco sin decirme tu destino —le dejó bien claro la joven—.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Mar 5 Sep - 22:55




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Mediodía — Con Kaoru


Algo en las palabras de la joven maestra, que aseguraba estar feliz de que formara parte de su vida, removió su conciencia. Y no de forma positiva, como cabría esperar, sino todo lo contrario. Es decir, estaba satisfecho con ello pero, por otra parte ¿cómo iba a ser bueno convivir con alguien que podía ponerla en peligro, que había sido un asesino, que le traía problemas? Una vocecilla en su interior le dijo que Kaoru no era consciente de lo que decía.

Trató de acallarla pero, antes de que pudiera hacerlo, la exclamación enfadada de la chica y un terrible tirón en la cabeza detuvieron tanto sus pensamientos como sus pasos. ¡Ouch! ¡Eso dolía! Le llevó unos cinco segundos comprender que Kaoru le estaba agarrando del pelo. Ya sabía que ella era a veces impulsiva y, bueno, algo bruta (al menos en comparación al resto de las mujeres) pero no se esperaba que en esa circunstancia reaccionase de esa manera. Se frotó la cabeza con la mano que no tenía apoyada en la espada mientras dirigía a la muchacha una mirada de lástima, tratando de dar respuesta a todas sus demandas.

- ¡A eso iba! – se defendió – A enterarme de qué demonios quiere y por qué ha aparecido. Tengo una cita con el comisario de policía – explicó – Ese tipo… se trata de Hajime Saitō, te sonará su nombre. Fue una de las principales figuras durante la Revolución, antiguo capitán del Shinsengumi. Nos conocimos entonces. Nunca tuvimos lo que se dice una buena relación. No sé por qué está de vuelta, pero lo que le ha hecho a Sano es demasiado. Te aseguro que lo va a pagar.

Había mucha firmeza en su voz, y no era para menos. La aparición de su antiguo enemigo había despertado recuerdos que en su día a día intentaba reprimir, recuerdos de cuando era Battousai. Lo único que tenía claro en ese momento era que no quería que Saitō estuviera presente en su nueva vida. Bastante era ya que estuviera en libertad después de haber luchado con fervor contra la facción imperialista. De alguna manera le sería útil al nuevo gobierno si estaba libre y además ostentaba cierta autoridad, como parecía ser el caso, pero le daba lo mismo. No quería tener nada que ver con ello.

- Volveré más tarde con información. Y ahora, Kaoru-dono… ¿podrías, ehm… por favor, soltarme? – le pidió, en el tono más amable que pudo, puesto que no quería incurrir nuevamente en la ira de la joven.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Jue 7 Sep - 12:56




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Mediodía — Con Kenshin


La profesora miraba con los ojos entrecerrados la espalda del samurái al que había detenido agarrando se la coleta. No había podido evitarlo, era lo que había tenido más a mano cuando quiso detenerle. Ni siquiera se percató de que quizás había utilizado demasiada fuerza y no le soltó ni cuando el rostro de Kenshin volvió a girarse hacia el suyo, con esa mueca de dolor e inocencia que le caracterizaba cuando ella se ponía de esa forma. Ella había reaccionado de esa forma por las últimas palabras que le había dirigido.

Se mordió el labio con cierta inseguridad e impaciencia cuando empezó a contestarle. Sí. Ya estaba segura de que iba de cabeza a buscar al misterioso y cruel hombre. Pero cualquiera diría que había tenido intención de marcharse sin decirle por dónde iba a empezar... Frunció ligeramente los labios en lo que escuchaba sus palabras. Hajime Saitō, repitió para sí mentalmente. Sin duda alguna, como él ya había supuesto, el nombre le era extrañamente conocido... Del final de la Era Tokugawa. Entonces ella no era más que una niña de siete años... Pero las historias continuaron circulando incluso después del inicio de la nueva Era. Capitán del Shinsengumi durante la Restauración. Entonces se habían enfrentado, de ahí que se conociesen. La cuestión era... ¿qué quería de Kenshin después de diez años? ¿El rencor y el odio que pudieron profesarse en el pasado podría ser la causa? ¿De verdad después de tanto...? El rostro de la joven se contorsionó en una expresión de preocupación y temor por el guerrero, mientras aflojaba el agarre del cabello pelirrojo. Sabía que decía completamente en serio lo de hacérselo pagar... Pero ella lo único que podía pensar era en su seguridad y que pudiera salir malherido, por muy buen espadachín que fuese.

Por favor, t-ten cuidado —le pidió bajando la mirada al suelo y humedeciéndose los labios. Mostró una clara sorpresa ante su petición, momento en que su voz había cambiado, tomando un tono mucho más amable y suave.

Por un momento no supo a qué se refería, pero cuando se fijó en que su mano aun aferraba la coleta ajena, se sonrojó inevitablemente y le soltó rápidamente.

Yo... lo siento. Creía que te marchabas sin decirme adónde ibas a ir… —musitó avergonzada. Ese era uno de sus mayores miedos, despertar un día y que Kenshin hubiera decidido marcharse de allí sin decir nada—. Te estaremos esperando todos —añadió esbozando una pequeña sonrisa, antes de verle marchar finalmente.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Mar 12 Sep - 0:19




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Media tarde — Con Kaoru


El samurái notó cómo el agarre que la chica aún mantenía se aflojaba de inmediato tras formular su petición. Ya conocía las reacciones impulsivas de Kaoru, puesto que más de una vez las había sufrido, si bien la mayor parte de las veces las “víctimas” de las mismas eran Yahiko o Sanosuke. Era un rasgo muy distintivo de ella cuando perdía la paciencia, para lo cual no se necesitaba mucho, pero también muy particular. Ese genio que sacaba en ocasiones era solo un lado de su fuerte carácter y eso agradaba a Kenshin, ya que no era como otras mujeres. De hecho, no era como ninguna otra mujer que hubiera conocido. Alguien con menos fortaleza de espíritu se hubiera venido abajo ante todas las dificultades que tuvo que pasar Kaoru, pero ella había resistido precisamente gracias a esa forma de ser. Y eso no podía menos que admirarlo.

Sin embargo, todo ese carácter pareció esfumarse cuando manifestó su temor a que desapareciera sin avisar, pidiéndole además que tuviera cuidado. Siempre se preocupaba por él, de una u otra manera. Aún no lograba acostumbrarse a la idea de ser de tanta importancia para alguien. Claro que a él Kaoru también le importaba mucho, por eso continuaba a su lado. Pero no estaba habituado a sentirse tan valorado y aún menos después de su sangriento pasado. Y pensó que, aunque quisiera, ya no sería capaz de marcharse sin despedirse de ella. Simplemente, no podría.

- Lo tendré, no te preocupes. No creo que en la comisaría suceda nada, sería una locura – aunque Kenshin era de la opinión de que Saitō no estaba lo bastante cuerdo para su gusto, por desgracia – Volveré lo antes posible, mientras tanto cuida de Sanosuke.

Dirigiéndole una pequeña sonrisa que pretendía ser tranquilizadora pero que aun así no le llegó a los ojos, por la gravedad del asunto, salió del dōjō en dirección a la ciudad. No tardó mucho en llegar, puesto que estaba deseando saber por fin qué estaba ocurriendo. No obstante, las noticias que le esperaban en la estación de policía no eran precisamente alentadoras. Si pensaba que la presencia de su antiguo enemigo era lo peor que podía haberle ocurrido, estaba muy equivocado. Habló largo y tendido con el comisario, en presencia de Saitō.

Cuando terminó, le indicó que necesitaba valorar su propuesta. No disponían de mucho tiempo, pero era algo lo bastante serio para concederle al menos un día de reflexión. El jefe de policía se lo concedió como favor personal, dada la envergadura de lo que tenían entre manos. Asimismo, Kenshin se aseguró de que Saitō fuera como mínimo expedientado por atacar sin necesidad a su amigo. Tras esto, ya a media tarde, regresó de nuevo al dōjō.

- Estoy en casa – anunció nada más cruzar la puerta, pensando en cómo le diría a Kaoru lo que había descubierto. Se le venía encima una época complicada… y lo que menos quería era que ella se viera envuelta.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 16 Sep - 0:55




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Medio tarde — Con Kenshin

Parecía mentira que el samurái de largos cabellos pelirrojos le estuviera diciendo aquello. ¿Que no se preocupase? Como si no supiera que eso era imposible. Era capaz de imaginarse que, después de tantos años siendo un rurouni, sin tener un lugar fijo, sin tener una relación estable con personas a las que ver todos los días, le podría resultar raro que alguien se preocupase por él. Pero bueno… Después de todos los meses que habían pasado ya desde que se habían conocido y había decidido quedarse con ella, debería haberse acostumbrado. Y si no lo estaba, ¡ya iba siendo hora de que lo estuviera!

Sabes que sí que me preocupo, aunque solo vayas a la comisaría, Kenshin —le dijo frunciendo ligeramente el ceño, mientras tomaba sus propias manos por delante de su cuerpo, bajando momentáneamente la mirada al suelo—. Descuida. Me quedaré con Megumi y haré lo que me pida para atender a Sanosuke. Además, también está Yahiko para ayudarme —aseguró esbozando una pequeña sonrisa—. Te estaremos esperando… —añadió en casi un susurro mientras observaba como el guerrero se encaminaba directamente a la puerta del dōjō para salir por ella.

Incluso pasados un par de minutos, la joven se quedó donde estaba, sin apartar la vista de la salida de su hogar. Después con un suspiro y saliendo de su ensimismamiento, se encaminó de vuelta a la habitación de Sanosuke. Para cuando llegó, Megumi parecía haber terminado con sus cuidados y el chico, cubierto de vendas, descansaba finalmente en su futón. Ya no había sudor que cubriese su rostro y su respiración, aunque aún parecía estar débil, era considerablemente regular. Aquello, junto con el informe de la doctora, logró animar un poco a Kaoru, sintiendo así que su pecho dolía un poco menos a causa de la preocupación. Sano estaba fuera de peligro… Solo necesitaba descanso.

Las horas fueron pasando y la profesora de kendo no podía evitar ir y venir con nerviosismo por la casa, acercándose en alguna ocasión a la puerta principal, creyendo oír pisadas. Pero todo resultaba ser cosa de su imaginación y sus ganas de que Kenshin regresara a casa. Ayudó a Megumi en la cocina para preparar algo de comida mientras Yahiko velaba por su amigo.

Habían comido un poco, aunque siguieran sin tener demasiado apetito, guardando las sobras para esa noche, cuando finalmente escuchó la voz que llevaba tanto rato esperando volver a oír. Se levantó presurosa y acudió a recibir al samurái.

¡Kenshin! ¡Al fin has vuelto! —exclamó dedicándole una enorme sonrisa de bienvenida, que fue empequeñeciendo paulatinamente cuando se percató de la seriedad en el rostro ajeno. Tuvo un presentimiento que las cosas no iba a volver a ser como antes…—. ¿Quieres un té mientras nos cuentas qué querían? —le ofreció tratando de actuar normal, sin querer ponerse nerviosa antes de tiempo.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Mar 19 Sep - 23:20




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Media tarde — Con Kaoru


Kaoru estaba tratando de aparentar normalidad, de transmitir una tranquilidad que en el fondo no sentía. Kenshin podía percibirlo en el sutil matiz nervioso de su voz, en su sonrisa un poco más tirante de lo normal, en sus idas y venidas demasiado apresuradas, como si no soportase estar parada en un mismo sitio más de cinco segundos. Todo esto lo notaba el samurái y su ánimo se encogía un poco más solo de pensar que tendría que darle más malas noticias en breve.

Por lo pronto, hizo un gesto afirmativo ante el ofrecimiento de la joven. Mientras ella preparaba el té, fue a dejar la espada en su cuarto y a asearse un poco. Para cuando llegó al comedor, los rayos del sol ya declinaban y se colaban por la ventana de madera enrejada, haciendo brillar las motas de polvo, que bailoteaban ante sus ojos. Se concedió un par de segundos para admirar el peculiar espectáculo antes de sentarse frente a la mesa baja donde solían comer, en la que ya estaban dispuestas la tetera de hierro y dos vasos de porcelana.

Kaoru sirvió el té y él le dio las gracias, esperando a que se enfriara un poco antes de tomárselo. Estaban a solas: Megumi se había marchado ya, asegurando que volvería al día siguiente para vigilar la evolución de Sanosuke, y Yahiko se encontraba haciendo guardia en el cuarto de éste, dispuesto a avisar ante el menor cambio en su estado. Kenshin no sabía ni por dónde empezar, casi hasta deseaba que fuera Kaoru quien preguntase. Pero era consciente de que no tenía ni idea de lo que estaba pasando, por lo cual las explicaciones corrían únicamente de su cuenta.

- El comisario de policía me hizo llamar para pedirme ayuda – comenzó, intentando ordenar sus ideas para expresarse de la forma más sencilla posible – Se suponía que Saitō venía a dar el recado, pero… - no comentó nada más, ya que los dos eran conscientes del estado en que se encontraba su amigo por su culpa – No te preocupes, me han asegurado que será amonestado. Pero eso será cuando finalice la misión que debemos llevar a cabo juntos – hizo una pausa, probando a dar un sorbo a su té mientras dejaba que sus palabras se asentasen. El gesto de Kaoru no podía ser más perplejo y, antes de que iniciara una larga retahíla de preguntas, siguió hablando – Ha aparecido un antiguo enemigo demasiado poderoso para que la policía le haga frente. Además, buscará venganza contra nosotros, en particular contra mí – suspiró - ¿Te suena de algo el nombre de Makoto Shishio?




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Lun 25 Sep - 16:46




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Medio tarde — Con Kenshin

Tan pronto como obtuvo una respuesta afirmativa a lo de la taza de té, la joven acudió a avisar a Megumi. Sin embargo, la doctora había estado recogiendo sus utensilios, preparándose para marchar. Le aseguró que le hubiera encantado quedarse a disfrutar de la bebida revitalizante mientras escuchaban las nuevas que Kenshin traía consigo… Pero por desgracia, la clínica del doctor Genzai requería de su atención. Kaoru la acompañó a la puerta, viéndola marchar tras agradecerle nuevamente los cuidados que había dispensado con tanta rapidez y eficacia a Sanosuke.

Tras aquello, regresó a la cocina y se entretuvo preparando el té. Mientras el agua hervía, colocó un par de sencillos vasos de porcelana sobre una bandeja circular de madera oscura. Y ya, con la tetera preparada, se dirigió directamente al comedor. El samurái parecía estar aun aseándose, por lo que se sentó, en silencio, esperándole para poder servir el té. Finalmente, la puerta corrediza se abrió y le vio aparecer. Su semblante lucía una expresión seria y pensativa. Ante esa imagen, Kaoru sintió su cuerpo tensarse, mientras su corazón comenzaba a latir con fuerza en su pecho, con preocupación. Casi podía estar segura de que, lo que iba a decirle el guerrero, no era nada bueno.

Se moría de ganas por preguntar al respecto… Pero tampoco quería agobiarle. Si necesitaba algo de tiempo antes de hablar… Lo mejor era servir el té y disfrutar de él antes de nada. Con sus pequeñas manos, la profesora de kendo tomó cuidadosamente la tetera y sirvió ambos vasos, acercando respetuosamente uno de ellos a Kenshin. El suyo lo envolvió con ambas manos para calentarlas. No era que hiciese un mal tiempo entonces… pero siempre le había gustado notar cómo el calor del té se transmitía a su cuerpo.

Apenas había dado el primer sorbo a la deliciosa bebida que escuchó la voz del hombre. Así… que eso era lo que sucedía… ¿Pero qué persona, para dar un recado, tenía que dejar malherida a otra? No lo entendía. Eso era el comportamiento de un animal… no de un humano.

Espera… ¿Qué? —las dos palabras salieron sin permiso de su boca. Estaba segura de que iba a proceder a explicarlo. Le miró algo avergonzada y bajó la mirada a su vaso, dejando que continuase sin más interrupciones.

Conforme continuaba hablando, Kaoru tenía más claro que aquello le iba a gustar muy poco. ¿Enemigo demasiado poderoso? ¿Buscar venganza… contra Kenshin? Bueno… ahora ya sabía que en el pasado fue el famoso Battōsai el Carnicero y seguramente se hubo granjeado muchos enemigos en aq uella época. Makoto Shishio… Ese nombre le sonaba. Su rostro se contorsionó en una expresión pensativa, tratando de hacer memoria.

Creo que algo oí hace mucho tiempo… Sin duda el nombre me suena. Y si no me equivoco… Era un antiguo samurái al servicio del gobierno Meiji, algo radical. Se suponía que había fallecido muchos años atrás…




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Vie 29 Sep - 0:27




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Media tarde — Con Kaoru


En parte Kenshin no estaba sorprendido de que Kaoru conociera el nombre de Shishio. El brutal guerrero se había ganado su fama y no precisamente por su bondad y consideración hacia los demás, sino todo lo contrario. Aunque ella fuera una niña en aquella época, no era raro que hubiera oído hablar de él.

- Eso creíamos todos – dijo el samurái, sin soltar su taza de té, más por la necesidad de tener algo entre las manos que por estar tomándose la bebida, pues se le había olvidado beber desde hacía un rato – Digamos que cuando yo me retiré de la escena, Shishio ocupó mi lugar. Muchos le consideran el sucesor de Battousai – hizo una leve mueca; aunque Kaoru ya supiera acerca de su pasado y lo aceptara seguía sin gustarle hablar de ello en voz alta frente a ella – El gobierno aún necesitaba a alguien para hacer el trabajo sucio y se lo encargaron a él. El problema era que ni siquiera los imperialistas sabían mucho sobre Shishio: su origen y su pasado eran prácticamente un misterio. No sabían con quién estaban tratando. Por eso trataron de mantenerle en las sombras. Cuando se dieron cuenta de que su verdadera aspiración era formar su propio movimiento y convertirse en el gobernador de Japón, había ganado mucho poder y seguidores. Asesinaba a sangre fría sin ningún miramiento a los que consideraba demasiado débiles para formar parte de su futuro país ideal. Como esta situación era insostenible y no podían permitir que acumulara más apoyos, los imperialistas acabaron deshaciéndose de él. Le quemaron vivo – finalizó, evitando dar más detalles desagradables que incomodasen a la chica.

Se quedó en silencio después de contar la historia, terminándose, ahora sí, la taza de té antes de que se enfriase. Lo último que quería era enfrentarse a su sucesor, más que nada porque él ya no tenía nada que ver con la persona que era entonces, o eso quería creer. Sin embargo, Shishio seguía anclad en el pasado y, si además buscaba venganza, sería todavía más peligroso. Y Kenshin no tenía ni idea de cómo iba a hacer para vencerle. Para empezar, si consiguió sobrevivir a algo tan terrible tenía que ser tremendamente fuerte. Daba  por hecho que si había aparecido ahora era porque se veía preparado para hacerle frente. Y en ese aspecto, él estaba totalmente en desventaja.

Le pareció extraño que Kaoru se mantuviera tanto rato en silencio, que no le hiciera más preguntas. Si bien el gesto de preocupación en su rostro lo decía todo. Era probable que ya se imaginara lo que venía y cuál era la misión de la que había hablado antes. Aun así, tenía que comunicárselo.

- Actualmente, el cuerpo de policía no puede enfrentarse a un enemigo de tal calibre. El gobierno tampoco quiere involucrar al ejército porque fueron ellos los responsables de lo que le pasó a Shishio, por lo que prefieren lavarse las manos. Por eso nos han pedido a Saitō y a mí que acabemos con él.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Dom 19 Nov - 15:57




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Medio tarde — Con Kenshin

¿Qué tendría que ver Shishio con todo aquello? Quizás algún discípulo suyo estaba siguiendo sus pasos, atentando contra el gobierno nuevamente. Sin embargo, incluso antes de que Kenshin llegase a hablar nuevamente, algo en su interior le dijo que no era eso.

No fue mucho lo que el joven hombre de largos cabellos pelirrojos comenzó a relatar la historia acerca de ese personaje al que todos temían y que siempre se había escondido entre las sombras. Ocupó su lugar. Su sucesor… Si de verdad lo habían llegado a llamar así, el samurái debió de ser verdaderamente cruel y sanguinario. Inconscientemente, se estremeció en su sitio, dejando seguidamente la taza de té sobre la tarima de la habitación. Las manos le temblaban ligeramente y no deseaba verterlo.

A decir verdad… esa era la misma historia de siempre. Un hombre de grandes habilidades que tenía grandes aspiraciones de crear su propio mundo, regido por sus propias reglas. Un mundo en el que el terror, la muerte y la violencia reinasen por encima de todo. Algunos de ellos lograban su objetivo y otros, como parecía ser el caso de Shishio, eran detenidos antes de que llegasen a cumplirlos. La forma en la que se le había parado los pies era horrible. ¿Quemar vivo a alguien? La simple mención provocó que se imaginase la estremecedora escena y tragase saliva.

Pero incluso con aquel plan, había sobrevivido. ¿Cómo era posible? ¿Quién sobrevivía a un incendio en el que estaba destinado a morir? Sin duda lo que estaba sucediendo ahora era su venganza contra aquellos que atentaron contra su vida… Lo que implicaba que todo Japón estaba en peligro, pues la ira de alguien tan peligroso no garantizaba la seguridad de nadie. Haría lo que fuera para alcanzar su objetivo, estaba segura, incluso masacrar a toda la población del país.

Esa era la línea de pensamientos que se sucedía en el interior de Kaoru. Por ese mismo motivo, había permanecido completamente en silencio tras que el vagabundo terminase de hablar. Mantenía la mirada fija en sus manos, cerradas suavemente en puños sobre su regazo. No fue hasta que la voz masculina volvió a llegar hasta ella que salió de su ensimismamiento. Varias veces parpadeó antes de volver a posar su oscura mirada en el rostro serio del contrario.

¿Qué? –tenía que haber escuchado mal. No podía ser cierto que le estuvieran pidiendo eso a Kenshin. Precisamente a él. No le pueden pedir que vuelva a matar. Quiso cambiar, dejar atrás a Battousai… ¿Por qué le hacen eso? Su mandíbula se tensó irremediablemente–. ¿Y qué quieres hacer, Kenshin? Eso… Eso implicaría… –no fue capaz de continuar hablando. Sus ojos brillaban llenos de preocupación por el hombre. Si algo le sucediese… Si sufría más por su pasado (ese que estaba segura que alguna vez le atormentaba) por culpa del gobierno… No quería que pasase por eso. ¿Pero qué podía hacer? No tenía derecho a pedirle que no lo hiciera, por mucho que eso fuese precisamente lo que deseaba.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Sáb 25 Nov - 0:08




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Media tarde — Con Kaoru


Kaoru había entendido a la primera la encrucijada en la que se encontraba desde que le encargasen aquella misión. Una de las más difíciles a las que se había enfrentado. Porque los representantes del gobierno habían sido muy específicos al respecto: querían que acabase con Shishio. No era suficiente con capturarle y que pasara el resto de su vida entre rejas: querían que él terminase el trabajo que dejaron a medias años atrás. Saitō no tenía objeción al respecto; en cuanto a él, era otra historia. No quería volver a matar, no iba a volver a matar. Su espada ya no servía para arrebatar vidas, solo para protegerlas. Ni siquiera la de un asesino sin escrúpulos como Shishio. Sin embargo ¿cómo negarse? ¿Cómo ser conocedor de la amenaza que éste representaba para Japón, para todos ellos, y mantenerse al margen? No era tan sencillo como cerrar los ojos y dejar que otros se ocuparan de él. Además, sentía que en parte era su responsabilidad ayudar a limpiar las cenizas que quedaban del fuego que ardió en su pasado. Si no hubiera actuado como un asesino, quizá Shishio nunca habría compartido su mismo destino.

Por esto mismo había decidido emprender el viaje junto a su viejo enemigo, pese a todo. No sabía si sería capaz de apelar a la bondad que quedase en el fondo del corazón calcinado de Shishio, pero debía intentarlo. Ya haría frente a su dilema cuando le tuviera delante. Tampoco le quedaban muchas más opciones. Incluso en esa circunstancia, era incapaz de negar su ayuda cuando se la pedían. No se retiraría del camino que había elegido.

- Lo sé. Y créeme, no es lo que quiero. Ahora menos que nunca - pronunció estas palabras con firmeza, deseoso de que la muchacha confiara en ellas. Lo último que quería era que pensara que estaba valorando poner fin a una vida justo cuando acababa de enterarse de que había sido un asesino - Pero no puedo dejar que Shishio campe a sus anchas, es demasiado peligroso. No sé lo que va a pasar, pero... acompañaré a Saitō en su búsqueda. Tengo que hacer todo lo posible para deternerle. Ha de existir alguna forma de probarle que está equivocado. Y si no la hay, le derrotaré.

Kenshin no confiaba demasiado en esta posibilidad, si bien no dejó traslucir esta duda en su rostro mientras se terminaba el té. Shishio sería un oponente formidable, tenía que ser tremendamente fuerte no solo para sobrevivir a las heridas que había sufrido, sino para estar en condiciones de pelear de nuevo. No podía tomárselo a la ligera. Pero tenía que confiar en sí mismo también y en sus propias habilidades. Y si fracasaba... bueno, al menos no se podía decir que no lo había intentado. Y al menos, Kaoru no estaría allí para verlo. Aunque, después de los meses que había pasado en su compañía, y en la de los demás, le dolía separarse de ella tan repentinamente. Apenas sabía lo que era tener un hogar, y ahora que por fin tenía uno, descubría lo difícil que era decirle adiós. Se preguntó si no hubiera sido mejor seguir por su cuenta, sin apegarse a nada ni nadie, pero enseguida se dio cuenta de que la respuesta era negativa. No cambiaría lo vivido en esos meses por nada del mundo, aunque tuviera que dejarlo atrás.

- El comisario ha dicho que Shishio se mueve con rapidez: está reuniendo un ejército de seguidores que crece día a día. Por eso partiremos cuanto antes - se obligó a fijar la mirada en los ojos azules de Kaoru, intentando transmitir toda la seguridad de la que era capaz - Tendrás noticias mías, lo prometo. Mientras tanto, cuida de Sanosuke y los demás, por favor.

No quería, no sabía si era capaz de enfrentarse a una despedida con una dudosa posibilidad de retorno. Porque tenía muchas probabilidades de no regresar dado el enemigo que le esperaba. Pero al menos ella debía confiar en que volvería.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Mar 28 Nov - 13:05




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Media tarde — Con Kenshin


Aunque aún no se había cumplido un año desde que Kenshin había decidido quedarse con ella en el dōjō Kamiya, la joven creía conocerle bastante bien. Y más ahora que sabía la verdad sobre su pasado, sobre la identidad que una vez tuvo. Probablemente, cualquier otra persona hubiese huido de su lado o echado de su casa, pero Kaoru no podía hacer eso. Porque era capaz de ver el odio del pelirrojo hacia la figura de Battōsai, una sombra asesina que le iba a perseguir hasta el final de sus días y que solo deseaba dejar encerrar en lo más profundo de su ser para no dejarla salir nunca más. Por esa misma razón, a cada segundo que pasaba, más preocupada se hallaba.

El dilema en el que se encontraba el samurái era muy importante y complicado de resolver: mantener la promesa que se hizo a sí mismo de no blandir su espada para cobrarse la vida de una persona o… hacer una excepción, a riesgo de regresar a su antiguo ser, por el bien común y asegurando (en caso de que la misión resultase exitosa) que miles de personas inocentes no se viesen afectadas por los maquiavélicos planes de Shishio.

Estaba segura de que esa última forma era la que le habían presentado a Kenshin los superiores de la policía, porque confiaban en el buen corazón que tenía y que su dictamen le dijese que aquello era lo correcto: vender su alma al diablo, condenarse a sí mismo para salvar al prójimo… Algo que siempre había hecho desde que se conocían. Y estaba segura también de que esa iba a ser su elección.

No se equivocó. Apretó los puños sobre su propio regazo cuando finalmente volvió a hablar, cuando expresó su decisión final. ¡No es justo! ¿Por qué le hacen eso? ¿Por qué no puede haber otra persona que se encargue de este asunto? Después de todo su esfuerzo… Incluso formulando esas preguntas en su interior, ya tenía respuesta: no había nadie como Kenshin. Era un espadachín excepcional.

Tragó saliva y con manos temblorosas, tomó nuevamente su taza de té caliente. Esperaba que sus propiedades lograsen calmar esos nervios e inquietud que se estaban haciendo con ella poco a poco. Dio un pequeño sorbo y suspiró, atreviéndose finalmente a alzar la mirada hacia el hombre. Su semblante, normalmente amable e inocente, había adquirido una expresión seria y solemne. Si sentía algo de duda o temor, no dejaba que saliese a relucir.

— El comisario ha dicho que Shishio se mueve con rapidez: está reuniendo un ejército de seguidores que crece día a día. Por eso partiremos cuanto antes. Tendrás noticias mías, lo prometo. Mientras tanto, cuida de Sanosuke y los demás, por favor.

Aquello ya fue demasiado. Dejó con cierta brusquedad la taza de arcilla sobre la tarima y le miró fijamente con el ceño fruncido. Lo tenía claro si pretendía marcharse a una misión en la que su vida peligraría de forma continua sin ella. Iba a ir con Kenshin, quisiera o no. En primer lugar porque alguien debía vigilarle y cuidar de él, pues tenía esa dichosa manía de extralimitarse, lo que le ponía en un peligro mayor; y lo segundo… porque no soportaba que se fuese lejos de ella.

No pienso quedarme aquí —dijo con resolución, con un tono seguro y lo suficientemente alto para que le oyese pero sin llegar a gritar—. Me da igual lo que digas, voy a acompañarte, Kenshin. Me has pedido que cuide de Sanosuke, algo que sabes que no puedo hacer porque mis habilidades como médico son nulas. Tendrá a Megumi y al doctor Gensai… Y Yahiko es lo suficientemente mayor como para quedarse con ellos y ayudarles en lo que necesiten. Así como para cuidar del dōjō. —siguió explicando sin un solo atisbo de duda en su voz—. Además… Alguien tiene que cuidar de ti, porque tú mismo no lo harás… —y con ese último comentario, su voz perdió fuerza y sus mejillas se arrebolaron.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Mar 28 Nov - 14:40




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Media tarde — Con Kaoru


Sabía bien que Kaoru era terca, lo sabía de sobra. Y aun así, no esperaba esa respuesta. No esperaba que mostrara tanta resolución en su disposición a acompañarle. ¿Acaso había escuchado lo que había dicho? Seguro que ni se había parado a pensar en lo peligroso que sería. Lo último que quería era exponerla a un riesgo tan grande. Era consciente de que ella era muy capaz de valerse por sí misma, pero esta vez era distinto. Se encontraban ante un enemigo que hasta él mismo dudaba poder vencer. Y aun con todo, no podía detenerla. No era quien para hacerlo. La duda se instaló en su interior mientras intentaba apelar a su buen juicio, convencerla de que era una pésima idea. Al menos tenía que intentarlo.

- ¡Pero, Kaoru-dono! ¡Es muy peligroso! – protestó – No puedo dejar que lo hagas.

Apenas lo había dicho y ya sabía, por la expresión en su rostro, que no había servido de nada. Sus ojos azules mostraban esa resolución de cuando decidía algo, y cuando eso pasaba, jamás se echaba para atrás. No importaba lo que le dijeran, no importaba cuánto intentaran hacerle ver que probablemente lo que tenía en la cabeza era una mala idea, no importaban las consecuencias. Si quería hacer algo lo llevaba a cabo y punto.

Así parecía que sería también en esta ocasión y Kenshin supo que no le quedaba más remedio que rendirse. Intentó convencerse de que Kaoru estaría bien, que se había enfrentado a villanos muy fuertes, que sabía luchar. Pero no podía engañarse a sí mismo: pasaría todo el viaje preocupado por ella. Y eso que era ella quien había dicho que quería cuidar de él… esas palabras le habían llegado hondo, aunque en ese momento no fuera capaz de demostrarlo. ¿De verdad le tenía en tan alta estima? ¿Aun después de saber quién era? No lo merecía. Solo por eso, sabía que no podía contrariarla. Que iría con él dijera lo que dijese. Y supo que tendría que darlo todo de sí mismo para protegerla mientras durase la misión.

- Sin embargo, sé que no voy a convencerte – suspiró, derrotado – Solo prométeme una cosa – le pidió, en tono serio y hasta algo solemne – Si te pido que huyas, lo harás. Sin mirar atrás. Yo te prometo que solo lo haré si lo veo todo perdido. Pero tú tienes que prometerme esto. Por favor.

No se quedaría tranquilo sin esa promesa. Porque, por mucho que supiera que Kaoru no era como las demás, por mucho que apreciara su gesto, no estaba dispuesto a dejar que perdiera la vida por los errores de su pasado. Si algo le ocurría, no podría perdonárselo nunca.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Vie 1 Dic - 13:19




El deber de proteger

DOJO KAMIYA — Media tarde — Con Kenshin


— ¡Pero, Kaoru-dono! ¡Es muy peligroso! No puedo dejar que lo hagas

Como había esperado, Kenshin, utilizando su habitual y educado honorífico a la hora de referirse a ella, se negó en rotundo, expresando un hecho que sabía de sobra: lo peligroso que iba a ser ese viaje, así como el riesgo que su vida iba a correr. ¿Tenía miedo? Sí, era imposible no tenerlo. Miedo al futuro incierto que suponía esa misión, a que el samurái marchase y nunca volviese bien por haber perdido la vida o bien porque había tenido que incumplir su promesa y tomado la decisión de retomar su vida de vagabundo…

También era completamente consciente de que podría terminar siendo una carga para él. ¡Pero sabía defenderse! Ya había derrotado a más de un malhechor (claramente, no tan fuertes como los que Kenshin había enfrentado) que había tratado de aprovecharse de ella o que acompañaba a alguno de los contrincantes del samurái. Sin embargo, el principal propósito de todo aquello era cuidar de él. Ya se lo había dicho y dejado bien claro. Por muy poco tiempo que llevasen juntos, le conocía demasiado bien respecto a ese tema.

Por ello, la mirada que le devolvió era segura y completamente convencida. Podía decir lo que quisiera, y regañarle las veces que quisiera. Pero iba a ir con él quisiera o no. En todo caso, para evitarlo tendría que dejarla encerrada o atada en algún sitio, algo que dudaba seriamente que fuese a hacer.

— Sin embargo, sé que no voy a convencerte —dijo entonces el contrario, dejando escapar un suspiro mientras sus hombros caían en señal de derrota. ¡Lo había logrado! ¡Había conseguido convencerle! Debía utilizar esa mirada más a menudo para conseguir lo que quisiera…

Aunque claro, tenía que haber una condición. Una que no le gustaba lo más mínimo… Porque sabía que iba solo por ella. Sí, a fin de garantizar su supervivencia. ¿Pero de verdad creía que iba a ser capaz de, en una situación tan extrema, darse media vuelta y dejarle atrás? ¿De abandonarle? Tragó saliva y tardó unos pocos segundos en contestar.

Te lo prometo, Kenshin… —no sabía si a la hora de la verdad lograría cumplir, pero era la única forma que había de que le permitiese ir con él—. Pero tú no solo debes prometer eso… También que en caso de separarnos por eso o por cualquier cosa… Volverás a casa —su voz era apenas un susurro.

Su mirada había perdido la fuerza que antes había reflejado, para que la preocupación la sustituyese. La preocupación y el miedo de perderle.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Miér 13 Dic - 23:13




El deber de proteger

Dojo Kamiya — Media tarde — Con Kaoru


Volverás a casa.

A casa… Las palabras de Kaoru, simples pero llenas de significado, resonaban en su cabeza como un eco. Gracias a ellas, le embargó la realización de que ahora tenía un lugar al que regresar. Un lugar al que llamar “casa”, que no se trataba solo de cuatro paredes y un techo. No. Su casa era el dōjō, sí, pero también Sanosuke, Yahiko, el doctor, las niñas, Megumi, y sobre todo ella, Kaoru. La primera que le había abierto las puertas de su hogar para que se convirtiera también en el suyo, que había visto la bondad en él y confiaba en esa parte de sí mismo sin reservas, sin miedo de lo despiadado que podía llegar a ser el otro lado, el que reprimía, el que pertenecía al asesino.

- Lo prometo, Kaoru-dono – dijo en tono solemne, serio, como quien trata un asunto de vida o muerte, pues así era para él.

Poco más tenían ya que decirse. Habiendo llegado a un acuerdo, ambos finalizaron sus respectivas tazas de té, que eran poco más que rescoldos apenas templados. Kenshin le explicó a Kaoru los detalles de la misión que creía que debía conocer: la ruta que seguirían, el plan que había trazado con Saitō, los posibles esbirros de Shishio a los que era probable que encontrasen hasta llegar a él. Era algo nuevo y extraño, compartir con Kaoru esa parte de sí mismo, la del guerrero, una que ella solo había visto cuando peleaba pero nunca tan de cerca. Hasta podía decir que se encontraba un poco incómodo, porque seguía detestando la idea de involucrarla en algo tan peligroso aun cuando era su voluntad. Sin embargo, había prometido respetar su elección y eso haría.

Cuando quisieron darse cuenta, ya había anochecido. Después de un día tan difícil, estaba claro que los dos necesitaban descanso, más aún teniendo en cuenta lo que se avecinaba. Kenshin se encargó de recoger y fregar los utensilios, mientras que Kaoru fue a revisar que todo estuviera bien cerrado. No querían sorpresas desagradables; ser atacados una vez por día era suficiente. De camino a su habitación el samurái pasó por la de Sanosuke: su amigo dormía, al parecer plácidamente, en su futón, recuperándose de sus graves heridas. A su lado, Yahiko se había quedado dormido de cualquier manera velando su sueño. Se le enterneció la expresión al ver la escena, lo mismo que a Kaoru, que justamente apareció en ese momento detrás de él. Se tomaron unos momentos para observarles: parecían dos hermanos, siempre peleaban pero también cuidaban el uno del otro en los momentos difíciles como ese.

- Ojalá estuvieran así de tranquilos cuando están despiertos – susurró Kenshin, dándose la vuelta para enfrentar los ojos azules de Kaoru – Debemos volver victoriosos. Ellos se lo merecen: no quiero que tengan que vivir otra guerra.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 23 Dic - 2:24




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Caminos — Mediodía — Con Kenshin


—Sigo sin saber por qué narices te has traído a una mujer que ni es guapa ni sabe cocinar, Himura. Además de que solo va a ser un estorbo en la misión.

Con un tono de crítica y molestia, esas palabras tan “amables” no podían haber sido dichas por otro que no fuese su nuevo compañero, Hajime Saito. De hecho, lo único que salía de sus labios eran continuas quejas respecto a su presencia en aquel viaje. Kaoru sabía de sobra que lo hacía con el fin de que se hartase de él y se diese por vencida, marchándose de vuelta a Kioto junto al “idiota de Sagara” y al “crío ese”, tal y como llamaba él a Sanosuke y a Yahiko. Pero incluso siendo consciente de eso, no podía evitar entrar en su juego en más de una ocasión, gritándole sin cuidado alguno e intentando arrearle con la espada de madera que había traído para poder defenderse y aportar su granito de arena.

Kenshin trataba de actuar de mediador entre los dos, pidiendo a Saito que se comportase y tratando de tranquilizarla a ella como buenamente podía. Señor, lo que tenía que hacer y soportar una para poder permanecer al lado del pelirrojo y velar por él.

A medio camino del cuarto día, Saito les informó de que se desviaría a uno de los pueblos cercanos donde tenía algunos hombres de confianza. A pesar de que no había transcurrido mucho tiempo desde que habían partido, dada la situación en la que se encontraban y la persona contra la que se disponían a enfrentarse, debían mantenerse informados acerca de sus últimos movimientos para poder actuar consecuentemente a ellos. Por ello, encendiendo un nuevo cigarrillo y echando a caminar en una dirección diferente a la suya, les indicó cuál sería su próximo lugar de encuentro.

—Trata de no morir mientras no estoy con vosotros, señorita… Sería un verdadero problema que mi amigo Himura no se centrase en la misión que le ocupa por una pérdida como la tuya —Y con esa despedida, la alta y desgarbada figura del samurái se perdió entre los árboles.

Kaoru estaba roja de la indignación. ¡Pero bueno! ¡¿Qué se creía?! ¿Cómo podía hablarle así a una señorita como lo era ella? ¿Acaso no le habían enseñado modales o qué? Con un resoplido y grandes zancadas, la joven pillo la manga de Kenshin y tiró de ella con fuerza.

¡Ojalá se lo coma un oso! —masculló cabreada, con la mandíbula apretada y haciendo caso omiso de las quejas de su acompañante. Al menos, hasta que el ruido inconfundible de su estómago la dejó en completa evidencia.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Sáb 23 Dic - 11:07




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En el camino — Mediodía — Con Kaoru


Tan solo llevaban cuatro días de viaje y éste no podía estar haciéndose más cuesta arriba. Y no se refería precisamente al desnivel del terreno, sino a las tensiones que se presentaban entre los miembros del reducido grupo. Tal como esperaba, a Saitō no le hacía ninguna gracia que Kaoru viajara con ellos, a pesar de que no los retrasaba, ni era un estorbo a la hora de pelear. Pero por el simple hecho de ser una mujer, no perdía la oportunidad de molestarla. Kenshin sacaba la cara por ella, pero obviamente la chica no se lo tomaba nada bien y, dada la poca paciencia que tenía, enseguida se enzarzaba en una discusión con el agente de policía. Si bien éste no era precisamente su persona favorita en el mundo, le necesitaban para la misión y por ello le gustaría que fuera un poco más paciente, pero no se daba el caso. Con lo cual, el samurái se veía en medio de reyertas absurdas cada dos por tres. Aunque, por otra parte, teniendo en cuenta lo que les esperaba al final del viaje, tal vez no era tan malo después de todo.

Esa mañana no fue la excepción y, al poco de ponerse en marcha, Saitō lanzó una nueva crítica mordaz hacia Kaoru. Kenshin ya estaba abriendo la boca para adelantarse a ella y evitar otra discusión cuando éste anunció que se desviaba de la ruta para comprobar la información disponible. El espadachín no pudo sino sentirse en gran medida aliviado: al menos tendría unas horas de tranquilidad con Kaoru antes de que regresara. Convinieron con Saitō encontrarse más adelante en el próximo pueblo, por lo que ellos dos continuaron por el mismo camino en tanto que éste le deseaba “suerte” a Kaoru. La chica gruñó, indignada, y se aferró a la manga del samurái, refunfuñando improperios contra su ausente acompañante. Él suspiró, con cierto cansancio, pero en el fondo prefería que ella se distrajese de la tarea que tenían entre manos aunque fuera de esa manera tan poco ortodoxa.

“¡Ojala se lo coma un oso!”

Con estas nada amables palabras despidió al policía, antes de que el rugido de su estómago echara por tierra cualquier irritación presente en su persona. Kenshin se permitió una risita suave y posó su mano con ligereza sobre la que ella tenía agarrando sus ropas.

- Creo que los que necesitamos comer somos nosotros.

Dicho esto, se apartaron un poco del camino para sentarse a la sombra de los árboles que bordeaban el mismo. Kenshin se despojó de su bolsa para sacar de ella unos onigiris que habían adquirido en su última parada. Le tendió uno a Kaoru antes de tomar otro para él. Comieron en silencio en un primer momento, hasta que el pelirrojo se decidió a abordar el tema que tenían entre manos.

- Me parece extraño que aún no hayamos encontrado ninguno de los secuaces de Shishio. No creo que tarde en suceder; ya debe estar informado de nuestros movimientos – así como ellos lo estaban de los de él – Sé que no es agradable estar con Saitō, a mí tampoco me hace gracia y menos con su comportamiento – con estas palabras, quiso dejar claro que la apoyaba – Pero necesito que estés centrada para lo que se avecina ¿podrás?




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Mar 26 Dic - 23:10




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Caminos — Mediodía — Con Kenshin


¿Por qué le tenían que pasar esas cosas siempre a ella? En mitad de una rabieta, su cuerpo decide avergonzarla por completo, quejándose del agujero que el hambre le está produciendo. Al menos ya no estaba el desagradable policía para burlarse y meterse con ella. Se había quedado finalmente a solas con Kenshin… algo que no había sucedido desde que, cuatro días tras, habían partido en ese viaje cuya duración ignoraban por completo.

Completamente sonrojada por la vergüenza del ruido que había emitido, no le pasó desapercibida la risita del samurái y mucho menos el tacto de su mano sobre la suya. De hecho, ese fue el principal motivo por el que su pulso se disparó y su rostro adquirió un tono tan rojizo como el cabello de él. Asintió sin pronunciar queja o palabra a la afirmación de su acompañante, antes de seguirle hasta unos árboles algo alejados del camino que estaban siguiendo.

Una vez sentados sobre la hierba y apoyados en el firme tronco de uno de esos árboles, Kaoru tomó entre sus manos el oniguiri que le ofrecía, musitando un suave “gracias” y un “qué aproveche” antes de atreverse a darle el primer mordisquito. Saboreó su comida en los primeros instantes y llegó a la clara conclusión de que aquella comida no le hacía justicia de ninguna forma a la que Kenshin solía preparar en el dojo. Y probablemente, hasta dentro de varias semanas se tendría que olvidar de ella, hasta que regresasen a casa. Juntos.

Apenas llevaba la mitad de su ración cuando el samurái rompió el silencio en el que se habían sumido desde el inicio de la comida. La joven alzó la mirada del césped a él, percibiendo así la expresión seria que lucía en su rostro.

—Me parece extraño que aún no hayamos encontrado ninguno de los secuaces de Shishio. No creo que tarde en suceder; ya debe estar informado de nuestros movimientos —nada más decir aquello, su voz pareció tomar un tono más ligero, con una pequeña sonrisa dibujada en los labios mientras le decía lo siguiente—. Sé que no es agradable estar con Saitō, a mí tampoco me hace gracia y menos con su comportamiento. Pero necesito que estés centrada para lo que se avecina ¿podrás?

Kaoru había abierto los labios tras tragar el bocado que acababa de darle a su comida y nada más escuchar el nombre de su ahora ausente acompañante, a fin de replicar y ponerlo verde. Sin embargo, lo último que dijo hizo que se avergonzase de sí misma. Desde el inicio del viaje, se había estado comportando como una verdadera cría, entrando en el juego que el otro samurái proponía con sus provocaciones, respondiendo en gritos y cabreándose cada dos por tres. Y no era el momento para algo así. La misión de Kenshin era muy importante…

Bajó la mirada de nuevo al césped, mordiéndose el labio inferior con suavidad a la par que asentía con la cabeza, en respuesta.

S-Sí… —a veces olvidaba la diferencia de edad que existía entre ambos, y con ello, que Kenshin había vivido muchas más cosas y era mucho más maduro que ella. ¿Cómo no le había reprochado nada antes?—. Siento mucho haber estado discutiendo a todas horas con Saitō. Sé que esto es muy importante y que el futuro de Japón depende de que la misión sea un éxito. A partir de ahora trataré de ignorar todos esos comentarios de mal gusto hacia mi. No quiero que te arrepientas de haberme permitido venir contigo.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Lun 1 Ene - 23:17




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En el camino — Mediodía — Con Kaoru


Kenshin estaba disfrutando aquel breve momento de paz a solas con Kaoru. Si bien el viaje no había sido accidentado hasta entonces, quitando las continuas discusiones de la chica y el policía, tal como había expresado, estaba seguro de que muy pronto vendrían problemas.

De todos modos, tampoco había sido su intención reñir a Kaoru. Parecía avergonzada y arrepentida; justo lo contrario a lo que pretendía. Se trataba de un malentendido, por lo que se apresuró a aclararlo:

- No me refería a eso. Quería decir, precisamente, que no le hicieras caso. No sé si alberga la esperanza de que te rindas y te des la vuelta, pero está claro que no te conoce, porque eso no va a pasar. Te está subestimando. Lo que intentaba decir es que no dejes que eso te afecte. Le necesitamos para esta misión pero eso no significa que deba menospreciarte. Sé que eres consciente de la importancia de esto, no te preocupes. Más tarde tendré unas palabras con él, aunque no sé si servirá de algo.

Esperaba que sus palabras hicieran sentir un poco mejor a la joven. Estaba allí para ayudar y no debía ser fácil para ella soportar los desprecios de Saitō constantemente, ni saber que estaba muy por debajo a nivel de lucha que sus dos acompañantes. Y aun así estaba haciendo todo lo que podía, por difícil que fuera, para ayudarle a proteger el futuro de Japón. Una cosa en la que nunca se hubiera mezclado si no le conociese. ¿Cómo no iba a admirarla, a estar agradecido? Se le pasó por la cabeza la fugaz idea de que, cuando aquello acabase, si es que acababa bien para todos, tendría que agradecérselo debidamente. Le parecía que pocas veces le daba las gracias a Kaoru por lo que había hecho y hacía todos los días por él.

La mirada algo más relajada de la chica le hizo saber que había logrado en parte su propósito. Más tranquilo, continuó comiendo su onigiri y tomó una segunda pieza cuando lo terminó. Tras tenderle a ella el último, dobló con cuidado el paño en el que los había envuelto y lo guardó en su keikogi. Al ir a coger su cantimplora se dio cuenta de que estaba casi vacía, por lo que se levantó, sacudiéndose la hakama del polvo del camino.

- Voy por agua – informó a Kaoru – El río está cerca, no tardaré.

Se puso en marcha, mientras se iba terminando el onigiri por el camino. Entretanto, le iba dando vueltas al conflicto que tenía delante. ¿Qué haría cuando llegara ante Shishio? ¿Y si era demasiado fuerte para derrotarle? ¿Y si se veía obligado a matarle por el bien de todo el país? La supervivencia de una nación era más importante que sus propios principios, pero aun así… no era una decisión fácil de tomar. No quería dejar de ser quien era. No quería volver a ser Battousai.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 27 Ene - 17:45




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Caminos — Mediodía — Con Kenshin


— Te está subestimando. Lo que intentaba decir es que no dejes que eso te afecte. Le necesitamos para esta misión pero eso no significa que deba menospreciarte. Sé que eres consciente de la importancia de esto, no te preocupes. Más tarde tendré unas palabras con él, aunque no sé si servirá de algo.

Ante esas palabras, las mejillas de Kaoru no pudieron sino encenderse claramente y su corazón acelerarse en su pecho repentinamente. ¿Cómo podía ser tan bueno? Comparado con otros muchos hombres de su edad, el pelirrojo tenía unos ideales que pocos más demostraban: La valoraba y apoyaba, conocía y aceptaba su forma de ser, velaba por lo que desease y nunca trataba de ponerse por encima de ella…

Es demasiado bueno, humilde e incluso inocente. Aunque en un pasado fuese Battōsai el Carnicero, ahora… ahora solo es Kenshin. Un vagabundo con el que me encontré por casualidad y que me salvó cuando no tenía porqué y que se quedó a mi lado. ¿Cómo no voy a quererle…?

Quererle, repitió la joven para sí misma sorprendiéndose de su propio pensamiento y de comprender que no había forma más correcta de describir sus sentimientos hacia él. A fin de cuentas, le estaba siguiendo en un viaje en el que ambos arriesgaban su vida. Pero quería estar con él, asegurarse de que se encontraba bien y quedarse de brazos cruzados en el dōjō no serviría para lograrlo. Por eso le insistió tanto, incluso sabiendo que durante la travesía, tendría que soportar a Saitō.

Finalmente, asintió despacio con la cabeza, con la mirada fija en el onigiri que sostenía cuidadosamente entre sus finas manos, sin dejar de sentir el rubor tiñendo su rostro. No se veía capaz de decir nada al respecto, solo dar ese asentimiento y sonreír complacida al saber que estaba de su parte y se preocupaba tantísimo por ella. Eso había logrado que ese sentimiento de culpabilidad por un comportamiento infantil desapareciese y volviese a relajarse junto a él.

Dedicaron unos cuantos minutos más a comer tranquilamente a la sombra del árbol junto al que se habían sentado. Caballerosamente, el samurái le ofreció el último onigiri que quedaba en el paquete que habían comprado y comenzó a comérselo poco a poco. Cuando apenas iba por la mitad, el hombre se levantó con una pequeña sonrisa y su cantimplora completamente vacía. Antes de comenzar a alejarse en dirección al río que discurría no muy lejos de allí, le aseguró que no tardaría en regresar de coger algo de agua para continuar el viaje.

De acuerdo, aquí esperaré entonces —le aseguró asintiendo y regalándole una sonrisa. Siguió la figura del samurái entre los árboles hasta que perdió de vista el matiz rojo de su largo cabello o el tono rosado de sus prendas.

Fue entonces cuando Kaoru se incorporó y comenzó a recoger lo poco que habían sacado de su escaso equipaje. Viajaban ligeros para que el trayecto resultase cómodo, y pudiesen moverse con cierta rapidez para llegar cuanto antes a su primer destino: Edo.

Canturreaba mientras se ocupaba de esa labor que se había puesto cuando escuchó el sonido de hojas crujir y algunas ramas partirse… Por unos pasos que eran más de una persona. Se giró en la dirección en que venían y encontró así a varios hombros con espadas al cinto y sonrisas de todo menos amables.

—Vaya, vaya… Pero mirad que tenemos aquí… Un animalillo perdido. Quizás necesita algo de ayuda, ¿no creéis, chicos? —el hombre que iba en cabeza, más corpulento y (considerablemente) más feo, se fue acercando poco a poco a ella, con intenciones más que claras. Kaoru echó mano a su bokken y la empuñó ligeramente nerviosa. ¿Serían esbirros de Shishio y habían esperado a que Kenshin se fuese? ¿O eran simples maleantes?—. Vaya, vaya. Parece que el pequeño animalillo se siente amenazado. Y nosotros que le hemos ofrecido nuestra más sincera ayuda… Se la tendremos que dar a la fuerza entonces… —Su voz perdió el tono burlón para sustituirlo por uno más amenazante y hacer un señal a sus compinches, quienes no tardaron en desenvainar sus katanas y lanzarse a la vez hacia ella.

¡Kenshin! le llamó casi desesperada, deseando que no tardase demasiado en volver. En ese tiempo, se las apañaría para rechazarlos como buenamente pudiese… aunque no sabía cuánto lo lograría con una espada de madera.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Dom 4 Feb - 15:49




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En el camino — Mediodía — Con Kaoru


Poco tardó el espadachín en visualizar el lecho del río, puesto que el discurrir tranquilo de la corriente se podía escuchar desde donde habían hecho el alto. Aprovechó para lavarse un poco del polvo del camino en las manos y la cara, antes de rellenar las cantimploras que habrían de durarles el resto de la jornada.

Estaba dando los primeros pasos del camino de vuelta cuando la voz de Kaoru llegó hasta él, inconfundible… y apremiante. ¿Estaría en apuros? Sin pensárselo dos veces echó a correr, salvando en tiempo récord la distancia entre el río y donde le esperaba la chica. “No tenía que haberla dejado sola”, se recriminó a sí mismo. No dudaba de sus capacidades para defenderse, pero eso no le impedía tener miedo de lo que pudiera pasarle. Y si podía evitar que luchara, prefería protegerla él mismo. Al menos, si alguien salía herido, no sería ella.

En efecto, cuando llegó a su destino se encontró a Kaoru rodeada por un grupo de hombres que obviamente no venían con buenas intenciones. Uno de ellos yacía tendido en el suelo, dolorido y quejándose; otro cruzaba su espada con la joven en ese mismo momento. Los demás observaban la escena, la cual parecían encontrar divertida a juzgar por sus carcajadas. ¿Les hacía gracia amenazar a una muchacha que estaba sola y encima se burlaban de sus intentos por defenderse?

Aquello fue demasiado para Kenshin. No soportaba las injusticias, ni la gente que abusaba de los que eran más débiles, pero si además todo eso iba dirigido contra Kaoru, muchísimo menos. Dejando escapar un grito de rabia, se encaró con el primer maleante que estaba a su alcance. Todos los demás se volvieron hacia él, a todas luces preguntándose de dónde había salido y olvidándose de Kaoru en el acto. Perfecto: así no tendría que reprimirse. En un visto y no visto se deshizo de ellos, pues eran simples matones que no tenían nada que hacer contra un guerrero experimentado.

Cuando el último de los hombres hubo puesto pies en polvorosa, Kenshin envainó la espada y se dirigió directamente hacia Kaoru, que se había mantenido apartada todo el tiempo. La tomó de los hombros, estudiándola de arriba abajo con el semblante serio para comprobar que no había sufrido ningún daño.

- ¡¿Estás bien, Kaoru-dono?! ¿Te han hecho algo?




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Dom 11 Feb - 9:27




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Caminos — Mediodía — Con Kenshin


Me atacan de uno en uno…

El primero de los hombres, siguiendo la orden del cabecilla del grupo, se había abalanzado sobre ella, espada en ristre sobre su cabeza, dispuesto a propinarle un golpe descendente con todas sus fuerzas. Sabía bien que de primeras, ella no podría pararlo. Por desgracia, era consciente de su  propia fuerza y de que no podría hacer frente a ninguna de la de los presentes. “Convierte tus puntos débiles en los fuertes contra el oponente. Aprovéchate de eso que te deja en desventaja para convertirlo en una ventaja para ti”. Eso era lo que siempre le había dicho su padre cuando le entrenaba. Era hora de ponerlo en práctica.

Kaoru, esquivó a tiempo el golpe que le venía. Las risitas del resto del grupo lograban ponerla nerviosa, probablemente algo que buscaban conseguir. Pero no les iba a permitir conseguirlo. Les pensaba demostrar que una chica podía defenderse sola, que aguantaría hasta que el samurái regresase junto a ella. Un gran número de comentarios de mal gusto comenzaron a salir de la boca de su oponente, unos que logrando enfermarla hasta límites insospechados y cabrearla de igual forma. No pensaba permitirle que dijese una sola palabra más. Era un maldito desgraciado…

Con esa resolución, la joven volvió a esquivar el siguiente golpe deslizándose a un lado y aprovechó el momento en el que el contrario recuperaba la posición para atacar. Su bokken adquirió la velocidad suficiente para que el impacto en la muñeca del contrario le hiciera soltar la katana. Esos segundos de sorpresa también los utilizó para propinarle un nuevo golpe, esta vez en el estómago, logrando así que el hombre se doblase por la mitad con una quejido de verdadero dolor.

—Nuestro animalillo es más rebelde de lo que me esperaba. Pero no podrá con el siguiente de nosotros, ¿verdad? —el jefe recibió por respuesta un sonido generalizado del resto de hombres, completamente de acuerdo con él, en lo que el siguiente de ellos se le acercaba corriendo.

En esta ocasión, Kaoru no tuvo más oportunidad que parar la estocada con su espada de madera, retrocediendo inevitablemente por el impacto. Tsk… SE esforzó por mantener el pulso que estaban manteniendo con sus armas, pero su fuerza no iba a permitirle resistir mucho más. Kenshin… por favor, vuelve, rogó mentalmente, apretando la mandíbula.

Y entonces lo escuchó. Un grito incontenible de rabia logró captar la atención de todos los presentes, incluida la propia chica. Estaba ahí, su ruego había sido escuchado, igual que el primer grito que había proferido llamándole como alarma. Kenshin había llegado y se estaba enfrentando a todos y cada uno de los hombres de la banda.

No les dio tiempo a decir nada, no fueron más que un par de minutos los que el pelirrojo tardó en dejarlos a ras de suelo, completamente inconsciente o demasiado doloridos como para poder moverse o incluso hablar. Aún sujetando con fuerza su bokken, Kaoru había observado toda la escena, tan maravillada como siempre por las grandes habilidades de espadachín que el mayor poseía.

Sus grandes ojos oscuros se posaron en los violetas de él, parpadeando repetidas veces cuando la tomó de los hombros y la examinó rápidamente con expresión de preocupación reflejada en el rostro. Antes su pregunta, negó con la cabeza. Al final, se las había apañado para no recibir ni un solo rasguño y antes de que pudiera suceder, él había aparecido.


La adrenalina que había estado recorriendo su cuerpo terminó por desaparecer y dejó escapar un tembloroso suspiro antes de acercarse al samurái y rodear su cuello con los brazos.

N-No me vuelvas a dejar, Kenshin… —le pidió con suavidad, apoyando la frente en su hombro, de forma que no pudiese verla. Se sentía algo estúpida pidiéndole aquello pero… era lo que deseaba. Solo a su lado se sentía verdaderamente segura.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Dom 25 Mar - 19:01




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En el camino — Mediodía — Con Kaoru


Durante la fracción de segundo en que el samurái pudo fijar su mirada en los ojos de Kaoru, leyó en ellos el miedo que había pasado, así como el alivio que sentía por que todo hubiera terminado bien. Luego la joven escondió el rostro entre los pliegues de su keikogi, asustada, avergonzada quizá, a juzgar por el tono tembloroso de su voz. Aunque hubiera querido separarse su lado, Kenshin no hubiera podido hacerlo. No solo por la fuerza con la que ella se aferraba a él, sino porque sus palabras le habían dejado inmóvil.

“No me dejes.”

Ya le había pedido antes que se quedara con ella, en su primer encuentro, sin ir más lejos. Él mismo trataba de cumplir su parte del trato que habían hecho aquella noche, por el cual la protegería a cambio de permanecer bajo su techo. Ya no solo por ser fiel a su palabra, sino porque Kaoru, así como Yahiko y los demás, se habían convertido en su familia. Era su deber cuidar de ellos. Sin embargo, ella nunca había mostrado tanta necesidad. Esto le hizo estremecer, al igual que el darse cuenta de lo cerca que había estado de perderla esta vez. Si no le hubiera alcanzado su llamada de auxilio, si hubiera llegado un poco más tarde, si los villanos hubieran acabado el trabajo de forma directa en lugar de entretenerse… Había faltado poco, muy poco, y Kenshin sentía verdadero miedo al pensarlo. Fue consciente, por primera vez, de que ya no concebía una vida lejos de Kaoru. Y esto le abrumó por completo, pues estaba seguro de que, habiendo sido un asesino sin escrúpulos, ya no podría volver a formar un vínculo tan fuerte y cercano con nadie.

- Claro que no. Ha sido un error por mi parte – se excusó, con la voz tomada, viéndose sobrepasado por unos sentimientos que creía desaparecidos desde hacía mucho – No volverás a estar en peligro. Te lo prometo.

No lo había dudado ni un momento a la hora de pronunciar esas palabras. Era perfectamente capaz de cumplir esa promesa. Tenía que ser capaz. Kaoru no merecía menos. Era todo lo que tenia en mente: se había olvidado hasta de Shishio y de la amenaza que pesaba sobre el país. La joven a la que estrechaba entre sus brazos era lo único que ocupaba sus pensamientos.

Tal cercanía funcionó; al menos, así se lo pareció al notar que la respiración de ella se hacía más calmada y regular. A los pocos minutos volvió a dirigirle la mirada y él la soltó, pues no quería comportarse de forma inapropiada. Le ofreció una sonrisa tranquilizadora esperando restaurar así su ánimo.

Al echar un vistazo a su alrededor se percató de que los malhechores habían huido; tanto mejor para ellos. No quería ni verlos. Ya tenían de nuevo el camino libre para continuar.

- Vamos, Kaoru-dono – llamó con voz suave, al tiempo que recogía el poco equipaje que llevaban – Seguramente Saitō ya nos está esperando.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 31 Mar - 17:04




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Pueblo — Atardecer — Con Kenshin


Hacía varios años atrás que Kaoru se había prometido volverse fuerte y no tener que depender de nadie. Debía serlo para continuar con el sueño de su padre, para que la escuela de kendo continuase abierta, para sobrevivir. Sin embargo… la llegada de Kenshin había supuesto un giro de ciento ochenta grados en su vida. Al principio solo era simple gratitud para con él, por haber logrado todo lo que ella, por sus circunstancias, había tenido dificultades de conseguir. Sabía que de no ser por él… ya no lo quedaría nada. Pero convivir con él y conocerle cada día más, había tornado esa gratitud en cariño; y ese cariño… en algo mucho más fuerte que una simple amistad. Ella tampoco sabría cómo vivir si de repente un día se levantase y se hubiera ido sin decir nada a nadie.

Sí. Kaoru sabía desde hacía bastante que se había enamorado del samurái de largos cabellos pelirrojos y la cicatriz en “X” en su mejilla izquierda. Algo en su interior lo sabía incluso antes de conocer su secreto: antes de saber que era Hitokiri Battōsai, aquel guerrero que tantas vidas se había cobrado con su espada bajo las órdenes del Ishin Shishi. E incluso después de saberlo, a pesar de la repentina revelación para nada esperada, ella no podía más que seguir profesando esos sentimientos por él, porque ya no era ese asesino, lo había demostrado tantísimas veces… Y la prueba irrefutable era su espada de filo invertido. Había cambiado y se había convertido en un hombre bueno que trataba de mantener a todos sus demonios a raya.

—Claro que no. Ha sido un error por mi parte. No volverás a estar en peligro. Te lo prometo —dijo entonces el guerrero con un tono de voz que nunca había escuchado, pero en el que no había rastro de duda.

No… No es culpa tuya, quiso decir en voz alta, sin llegar a lograrlo. Le dolía que se hiciese responsable de algo así. Si tan solo ella fuese un poco más fuerte o hábil no tendría que preocuparse de su seguridad… Podría dejarla aunque solo fuesen unos minutos solas sin el temor de que sucediese nada. ¿Y si Saitō tenía razón? ¿Y si termino siendo solo una carga más en el viaje? Quizás debería regresar y dejarles a ellos continuar Mientras lo pensaba, su agarre en las ropas ajenas se volvió mucho más fuerte y frotó el rostro contra su hombro, mordiéndose el labio con fuerza. No. No puedo. Si le dejo solo… se extralimitará. Le he visto luchar y a veces lo hace arriesgando demasiado su vida. No puedo permitir que lo haga.

Fue así como, recordando su propósito de acompañarle, el miedo y las inseguridades comenzaron a desaparecer lentamente. Su menudo cuerpo dejó de temblar e incluso se relajó ligeramente. Tomando una bocanada de aire, Kaoru volvió a alzar la mirada hacia el joven que la mantenía estrechada entre sus brazos. Aunque no fue mucho lo que tardó en liberarla y regalarle una de sus sonrisas de siempre. Ella le devolvió una muy leve, mientras le observaba recoger los pocos bultos que llevaban consigo.

Ke-Kenshin… —le llamó con cierta inseguridad, logrando que el samurái se volviese con gesto interrogante—. No… no ha sido culpa tuya —atinó a decir finalmente, sintiendo el rubor en sus mejillas—. Sino mía por no poder desenvolverme con más facilidad en un enfrentamiento. Pero… ¡muchísimas gracias y perdóname por causarte tantos problemas! —su voz se alzó un poco más de lo que hubiera deseado, por el apuro que sentía, a la par que se inclinaba en una pronunciada reverencia frente a él.

[...]

La pareja logró llegar al pueblo acordado poco antes del atardecer. Justo a la entrada de éste, la alta y desgarbada figura de Saitō, con su inconfundible informe de policía y un cigarrillo en los labios, les esperaba.

—Y ya pensaba que a la mocosa se la habría comido el oso que me había deseado que me devorase a mi —comentó poniendo los ojos en blanco, antes de dar la siguiente calada—. Pasaremos la noche en un posada. Os pondré al tanto de lo que he averiguado y mañana nos pondremos en marcha de nuevo —informó con sencillez y su habitual tono de indiferencia, justo antes de darse media vuelta y echar a andar por las calles del lugar, sin siquiera molestarse en pedirles que le siguiesen.

Kaoru se había puesto colorada ante semejante saludo. Y aunque su instinto era replicarle, se mordió la lengua y agachó la cabeza, comenzando a caminar junto a Kenshin tras el mayor.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

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