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~ La joven y el señor vagabundo.

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~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Sáb Jul 30, 2016 2:33 am

Recuerdo del primer mensaje :


La Era Tokugawa había llegado a su fin hacía ya diez años. La Era Meiji había comenzado tras la finalización de esas horribles guerras y enfrentamientos tan sangrientos. Battōsai el carnicero llevaba desaparecido desde entonces. Había sido el asesino más despiadado de todos. Un samurái al que no le temblaba el pulso a la hora de arrebatar una vida. Muchos temían enfrentarse a esa mirada asesina… Sin embargo, se había esfumado con el comienzo de esa nueva Era. Nadie le creía muerto, por supuesto. Entonces, ¿dónde se encontraba?

Su nombre real era Himura Kenshin. Con su larga melena pelirroja y una gasa cubriendo su característica cicatriz en forma de X, el samurái había pasado a tener una vida errante. Algunos lo llamarían vagabundo también. A penas tenía dinero y sus ropajes estaban realmente gastados después de tanto llevar el mismo. De hecho, tras un pequeño altercado en una de las calles de la antigua Tokio por llevar su katana, Kenshin conoció a la joven Kaoru.

Tras encargarse de un grupo de hombres que utilizaban su antiguo nombre de Battōsai para atemorizar a la gente e intentar conseguir hacerse con el dojo de los difuntos padres de la chica, ésta le ofreció comida y un techo bajo el que dormir con toda la amabilidad de su corazón. No podía darle mucho, pues la joven huérfana apenas lograba sacar a flote la escuela de Kendo que una vez fue tan famosa. Pero ahí estaba la voluntad inquebrantable de ella, deseando ayudarle de alguna forma.

Fue en ese momento, nada más ayudarla a salvar su herencia, a salvar lo poco que le quedaba ya y por lo que luchaba fervientemente, que esta historia comenzó. Dos personas completamente distintas a la par que semejantes se habían encontrado y quién sabe cuál sería su destino finalmente.

1x1 — CS — Rurouni Kenshin — Kenshin & Kaoru
Himura Kenshin
28 años | Sheena
Kamiya Kaoru
17 años | SapphireDragon


Última edición por SapphireDragon el Jue Ene 04, 2018 11:42 pm, editado 3 veces
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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Dom Abr 15, 2018 5:29 pm




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En la posada — De noche — Con Kaoru


Con el incidente de los bandidos ya relegado a un simple mal recuerdo, Kenshin y Kaoru llegaron a la villa un par de horas más tarde. Fueron recibidos por las nada amigables palabras de Saitō, pero ninguno de los dos estaba de humor para iniciar la enésima discusión. Se limitaron a seguir las órdenes del policía y a adentrarse en la posada, donde ya había un cuarto reservado a su nombre.

Después de asearse, se reunieron para cenar. Kenshin le ofreció a Kaoru retirarse a descansar primero, ya que solo iba a discutir con Saitō los próximos movimientos, pero ella insistió en estar presente. No valía de nada tratar de convencerla, sabía de sobra cuan terca era, así que se limitó a asentir dando su aprobación.

Resultó que mientras ellos dos se “entretenían” por el camino (como lo denominó Saitō, haciendo que el espadachín frunciera el ceño de forma pronunciada), él se había reunido con algunos de sus contactos en Kioto. Al parecer Shishio ya tenía noticias de su llegada, porque había empezado a moverse con rapidez. Su elenco de asesinos de élite, los Juppongatana, había sido visto dirigiéndose a puntos estratégicos de la ciudad y las afueras, solos o por parejas. Estaba claro que se preparaban para cortarles el paso apenas llegaran allí. Tampoco podían subestimar la red de espías que el asesino renegado había establecido por la antigua capital. En resumen, llegar hasta él no iba a ser nada fácil.

Saitō le dio mucho en qué pensar para cuando se retiró, indicando que haría la primera guardia. Quizá estaba de más, ya que se estaban quedando en una posada, pero tras las recientes noticias preferían ser precavidos en exceso. Había un único cuarto con dos futones. El pelirrojo dejó que Kaoru se ocupara de extenderlos, perdido en sus propias cavilaciones hasta que la joven le llamó la atención por su nombre en voz alta y chasqueando los dedos bajo su nariz.

“¡Kenshin! Kenshin, estás en las nubes” le regañó. El samurái parpadeó un par de veces, regresando de golpe a la realidad, y comprendiendo de pronto por qué Kaoru lo miraba con una expresión entre molesta y avergonzada. “Puedes… por favor… ¿darte la vuelta? ¿Ahora?”

En circunstancias normales, tal como mandaban el decoro y la corrección, nunca hubieran compartido la misma habitación. Pero estaban en una misión y no era momento de pensar en eso; bastante era que pudiesen pasar algunas noches bajo techo. Y total, después de dormir a la intemperie en el mismo espacio aquello no era muy diferente. Sin embargo, no dejaba de ser algo fuera de lo común. Kenshin le dio la espalda a Kaoru hasta que le dio permiso para dejar de hacerlo; cuando volvió a mirarla ya se había deslizado dentro de su futón y sus mejillas mostraban un leve tono rojizo. Fue entonces su turno de volverse, mientras él hacía lo mismo que ella momentos atrás.

- Voy a apagar la luz, Kaoru-dono. Intentemos descansar todo lo posible; ya estamos a poca distancia de Kioto.

Dicho esto, con un suave soplido extinguió la llama de la única vela iluminando la estancia. El pequeño cuarto quedó a oscuras y también en silencio, salvo por la respiración acompasada de la muchacha acostada a menos de un metro de distancia. Se veía tan tranquila y en paz… ojala pudiera hacer que estuviera así para siempre.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Mar Mayo 29, 2018 11:32 pm




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Pueblo — Atardecer — Con Kenshin


Cansada como estaba después del ataque de aquellos bandidos y el camino hasta aquel pueblecito, agradeció verdaderamente poder tener unos minutos para ella sola mientras se aseaba y disfrutaba de esos poderes curativos que parecía tener una buena tina de agua caliente, logrando hacer desaparecer los dolores de su agotado cuerpo.

Tras una buena cena, Saitō y Kenshin comenzaron a hablar de los detalles para las próximas etapas del viaje. Era consciente de que ella no podía aportar mucho realmente en aquello –como realmente en la mayoría de ese viaje, tal y como había señalado nuevamente el policía cuando había insistido en permanecer allí junto a ellos–. La información que el hombre había recabado de sus contactos no eran nada alentadoras ni favorables. Tampoco esperaba que fuese a ser fácil… Y más teniendo en cuenta que el Gobierno ha acudido a Kenshin para solucionar el problema. De no ser así, no estaríamos haciendo este viaje… Y por lo que él mismo me contó de Shishio al principio… Kaoru no pudo evitar morderse suavemente el labio inferior, preocupada.

No, no iba a ser fácil llegar hasta su objetivo, ese pensamiento era común a ambos. Y lo iba a ser aún menos con todos esos asesinos de élite recorriendo las calles de su destino, probablemente tratando de encontrarles para deshacerse de ellos antes de que pudieran llegar hasta su amo.

Al menos hora y media más tarde de que terminasen la cena, Saitō se marchó para montar guardia. Tras regresar juntos a la habitación que tenían reservada, Kaoru se ocupó de extender los dos futones cuidadosamente sobre el suelo, estirándolos y asegurándose que estaban bien puestos. Al fin vamos a poder dormir en un lugar más cómodo que a pie de camino, pensó con una pequeña sonrisa, aunque sintiéndose algo culpable después, puesto que aquello era una nimiedad comparado con lo que tenían que enfrentar y que, claramente, tenía a Kenshin muy pensativo. Tanto que no parecía oírle mientras le llamaba.

Kenshin… Kenshin —pronunció varias veces su nombre, tratando de atraer su atención. A la quinta vez que lo repitió, se terminó por acercar a él, arrodillándose a su lado y alzando una mano para chasquear los dedos justo enfrente de su nariz. Fue así como finalmente rompió el hechizo en el que parecía estar atrapado, logrando que se volviese hacia ella y sus miradas se encontrasen—. ¡Kenshín! Estás en las nubes… —y la verdad era que no le culpaba lo más mínimo. De hecho, le encantaría poder serle de ayuda para aliviar las posibles preocupaciones que pudiera tener, hablando con ella. Pero sabía que no lo iba a hacer, porque así era él. Tras un largo suspiro, Kaoru se tomó unos segundos más para hablar, pues lo que le iba a pedir le daba demasiada vergüenza—. Puedes…. Por favor… ¿darte la vuelta? ¿Ahora? M-Me gustaría poder cambiarme para dormir… —la voz le tembló al final, mientras un ligero rubor comenzaba a teñir sus mejillas.

Tras obtener por respuesta un asentimiento, la joven se apresuró a deshacerse de sus prendas de viaje y ponerse las de dormir; no sin volver la mirada en varias ocasiones hacia atrás, para asegurarse de que el samurái no intentaba nada extraño. Al terminar, dobló todo cuidadosamente, dejándolo al lado de su futón, en el que se apresuró a meterse. Sentía aún el rubor tiñendo sus mejillas, por los nervios y la vergüenza. Voy a dormir con Kenshin… En la misma habitación, a su lado… Cerró con fuerza los ojos, y se tapó hasta la cabeza, mientras el procedía a cambiarse. Cuando terminó y le informó acerca de que iba a apagar la luz, respondió con un simple asentimiento de cabeza y un suave “Buenas noches…”.

A penas la habitación se hubo quedado en penumbras y ella hubo cerrado los ojos, se quedó dormida.

El inicio de su descanso no tuvo sobresaltos. Durmió profunda y tranquilamente. No obstante, apenas habían pasado dos horas, la joven muchacha comenzó a tener sueños nada agradables: pesadillas. Unas que probablemente eran el producto sugestivo de la información que había estado recibiendo acerca del enemigo. Una pesadilla en la que Kenshin, aun demostrando su gran habilidad como espadachín, no lograba hacer frente al propio Shishio. Una en la que el pelirrojo se encontraba entre sus brazos mientras dejaba escapar su último aliento. Y ella… ella no paraba de gritar su nombre y de llorar. No paraba de rogarle que permaneciese con ella, como le había prometido.

Para cuando despertó de golpe, con el corazón acelerado, el sudor perlando su frente y las lágrimas surcando su rostro, se percató de que Kenshin estaba allí, al lado de su futón. A pesar de la oscuridad, la luz de la luna lograba filtrarse por la pequeña ventana de la habitación, lo que le permitió distinguir el gesto preocupado en sus facciones mientras la mirada.

Ke-Kenshin… ¡Kenshin! —su cuerpo se movió por si solo y, antes de que pudiera darse cuenta, se encontraba escondida en el pecho del samurái, mojado la tela de su prenda superior con sus lágrimas y mientras se aferraba con fuerza a él—. ¡Estás bien! ¡Gracias al Cielo! —sus palabras fueron amortiguadas y su cuerpo comenzó a temblar. Perderle era lo peor que podría soñar, porque resultaba inconcebible una vida sin el guerrero ahora—. No me dejes… Por favor, no me dejes… —le rogó con la voz quebrada.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Sáb Jun 09, 2018 1:48 pm




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En la posada — De noche — Con Kaoru


Nada más apagar la luz, Kenshin cerró los ojos, dispuesto a descansar todo lo posible ya que en unas horas tenía que relevar a Saitō en la guardia. Sin embargo, aunque su cuerpo acusaba el cansancio de las largas caminatas y las peleas que habían tenido por el camino, su mente le negaba el reposo que tanto deseaba.

Le preocupaba mucho Shishio y los malvados planes que tenía para el país. Su triunfo significaría el retroceso de todo lo que se había conseguido con la Restauración. No estaba dispuesto a que los actos horribles que había cometido dejaran de tener sentido; no podría mirarse a la cara. Esto le atormentaba más que el hecho de que, además, la victoria de Shishio implicaba su propia muerte. El problema no era tanto morir sino enfrentar la muerte sabiendo que había fracasado. Simplemente, no podía aceptar algo así.

Por este hecho, estaba despierto mientras escuchaba a Kaoru revolverse en su futón, repetidas veces, como si algo perturbara su sueño. ¿Pesadillas? Obtuvo la respuesta afirmativa cuando ella se despertó de repente. No tuvo tiempo ni de alarmarse puesto que, inmediatamente después, se encontraba abrazándole con tal fuerza que pensó que se iba a romper en dos. No solo eso, sino que además... ¿lloraba? Y sollozaba desconsolada, pronunciando su nombre, pidiéndole que no se fuera. ¿Adónde tendría que irse? Como acto reflejo la abrazó también, notando cómo su menudo cuerpo temblaba, aferrándola con la misma fuerza en un intento de transmitirle seguridad.

- Está bien, Kaoru-dono. Estoy aquí. Estoy bien ¿ves? No pasa nada – quiso separarla un poco de su cuerpo, para que pudiera mirarle a cara y se quedara tranquila, pero ella solo se agarró más fuerte. Así que optó por quedarse como estaba, rodeando sus hombros con un brazo mientras que con su mano libre acariciaba suave y gentilmente su cabello. Cuando dormía se lo recogía en una trenza baja; pocas veces la había visto así. Tampoco nunca habían estado tan cerca... - No pasa nada... Estoy aquí. ¿Te sientes mejor?

La verdad, él también estaba alterado. Claro que en todo el tiempo que llevaban juntos había formado un vínculo importante con Kaoru, algo que no esperaba, algo que le alegraba los días de una forma que no recordaba desde su infancia. Pero no había imaginado que ella pudiera tener tanto miedo a separarse de él. Por supuesto, él tampoco podría soportar que a la joven le pasara algo, sobre todo no podría perdonarse no haberlo evitado. Sin embargo, su corazón latía rápido, muy rápido, demasiado para que fuera por simple preocupación.

- Kaoru-dono... Kaoru, mírame – le pidió entonces, utilizando por primera vez su nombre sin el honorífico que siempre lo acompañaba. Los ojos de la chica estaban brillantes por las lágrimas y Kenshin odió verlos así – No voy a dejarte ¿me oyes? No te dejaré. Te lo prometo.

Solo después de pronunciarlas, fue consciente del peso de sus palabras. Pero no se arrepentía y tampoco quería retractarse. Kaoru se había convertido ya en la persona más importante que tenía en su vida.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por SapphireDragon el Jue Jun 21, 2018 6:50 pm




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En la posada — Madrugada — Con Kenshin


¡No…! Por favor, no te alejes… no ahora

La mente de Kaoru no dejaba de repetir esas palabras. El desasosiego del sueño seguía arraigado profundamente en ella, logrando que su menudo cuerpo no dejase de temblar a pesar de los brazos del samurái a su alrededor. Sentía su calor y escuchaba el latido algo acelerado del corazón de Kenshin mientras continuaba resguardada en su pecho. Al principio, a pesar de todos esos indicios de que estaba despierta, de que él estaba ahí, sano y salvo con ella, temía que aún estuviera en un macabro sueño en el que, al abrir los ojos, toda la sangre fuese real y los ojos del guerrero hubieran perdido todo rastro de vida.

Escuchaba su voz, cercana y a la vez lejana. Alarmada y preocupada. Pronunciaba su nombre, le asegura que estaba bien y le preguntaba sobre cómo se encontraba ella. Sin embargo, la muchacha era incapaz de pronunciar palabra todavía. Mantenía los ojos cerrados fuertemente, igual que sus dedos lo estaban alrededor de la tela, mientras las imágenes de su pesadilla se repetían una y otra vez en su mente. La simple visión provocaba que su propio pecho doliese como nunca antes había experimentado. Resultaba insoportable. Si eso sucediese… Si él… Y-Yo… Yo no… Ya no sabría cómo continuar.

“Kaoru, mírame”

Su llanto pareció remitir de golpe, más por la sorpresa de escuchar de sus labios su nombre sin el apelativo tan educado y respetuoso que había utilizado desde que se habían conocido, que por cualquier otra cosa. No obstante, cuando alzó ligeramente su lloroso rostro, completamente colorado y congestionado, con sus grandes ojos oscuros brillantes a causa de las lágrimas, se topó con el rostro de Kenshin iluminado ligeramente por la luz plateada de la luna. Sus facciones estaban contraídas en esa preocupación que había impregnado su voz, acompañadas de una seriedad que en pocas ocasiones había visto, puesto que en el dōjō siempre lucía esas sonrisas suyas que resultaban contagiosas.

“No voy a dejarte ¿me oyes? No te dejaré. Te lo prometo.”

El dolor en su pecho se detuvo. Ya no continuaba creciendo, ya no la ahogaba y le impedía respirar como había sentido momentos atrás. Sino todo lo contrario: comenzaba a remitir, liberando su pecho y haciéndolo más liviano. Kaoru mantuvo su mirada, percatándose de que no había rastros de duda o de arrepentimiento. Lo dice en serio… Esa promesa... Deseaba que la cumpliese. Necesitaba que la cumpliese.

Finalmente, antes sus vehementes palabras, asintió despacio y mordiéndose con fuerza el labio. Sin embargo, no soltaba era capaz de alejarse. A pesar de aquello, de confiar ciegamente en él y en su promesa, aún tenía pavor a separarse y que desapareciese entre sus dedos.

E-Es una promesa… No la olvides, Ke-Kenshin —musitó mientras apoyaba su frente en el hombro del pelirrojo. Se humedeció entonces los labios. No quería volver a su futon, no quería volver a dormir… Al menos no quería hacerlo completamente sola. Por algún motivo, sabía que la pesadilla se repetiría—. N-No quiero dormir sola… No esta noche. Por favor… Por favor, Kenshin… Quédate conmigo, no me sueltes…

Aquella petición podía ser demasiado atrevida, podía no ser apropiada… Sin embargo, no soportaba dejar de sentirle a su lado. Solo de imaginárselo, se echaba a temblar nuevamente.




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Re: ~ La joven y el señor vagabundo.

Mensaje por Sheena el Miér Jul 04, 2018 1:24 pm




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En la posada — De noche — Con Kaoru


Es una promesa, no lo olvides.

Por supuesto que no ¿cómo podría? Se dio cuenta de que, mucho antes de que ella se lo pidiera, mucho antes de esa noche, inconscientemente ya se lo había prometido a sí mismo. Ya se había jurado que no abandonaría a Kaoru, porque ni su cabeza ni su corazón podían concebir semejante perspectiva. Todo había empezado por casualidad; así se había entretejido su destino. Y a esas alturas, estaba ya demasiado enredado como para intentar deshacer todo lo vivido, como para que cada uno siguiera con su vida sin el otro. No se trataba de ninguna decisión: solo podía aceptarlo, porque era así y no había posibilidad de cambiarlo. Ni tampoco voluntad de hacerlo.

Las manos de Kaoru resbalaron por las mangas de su yukata; su frente quedó apoyada en su hombro. La tensión que se había adueñado de su cuerpo parecía empezar a desaparecer. Sin embargo, el miedo aún seguía agarrado a su voz cuando le pidió que no se alejara de ella. Kenshin no podía condenar su actitud, ni pensar que, en otras circunstancias, habría sido quizá inadecuado. Se encontraban en esa situación y todo lo que le importaba era hacerla sentir mejor.

- Está bien… si eso te tranquiliza – murmuró, apoyando una mano sobre su cabeza.

Le costó convencerla de que debía salir, tan solo un momento, para indicarle a Saitō que no le relevaría en la guardia. El policía, dado su gesto grave y el revuelo que debía haber escuchado desde fuera, no puso pegas más allá de una mueca de disgusto, aunque no le cabía duda de que ya le cobraría ese favor más adelante. En ese momento le daba completamente igual, por lo que se apresuró a volver al lado de la chica. Solo había pasado un minuto, pero ella le recibió con una expresión de alivio como si fueran varias horas las que se había ausentado. Ya se había encargado de juntar los dos futones para que ambos pudieran tumbarse uno al lado del otro, y así lo hicieron.

Solo entonces, la respiración de Kaoru volvió a ser más pausada y regular. Kenshin dejó que se acercara a él cuanto quisiera, hasta terminar rodeando sus hombros con el brazo para que ella pudiera recostarse cómodamente sobre su pecho. Él, por su parte, miraba el techo de madera, todavía preocupado. Aún no había empezado lo peor y aquello ya le estaba pasando factura a la chica… quizá no debió dejarla venir. Quizá debió ser más inflexible. Lo último que quería era que sufriese. No obstante, en ese punto, ya no se veía capaz de enviarla de vuelta a casa. Seguramente, ella tampoco lo permitiría. Y aunque era peligroso, allí, a su lado, era como mejor podía protegerla.

- Kaoru-dono – la llamó con suavidad, volviendo a utilizar el apelativo educado de siempre - ¿Te encuentras mejor? ¿Quieres… contarme algo de lo que has visto?




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