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Mensaje por Veintisiete el Sáb 30 Jul - 5:36

Catch me if you can.
1x1. Realista.
Romance/drama
John Graves.
49 años. Detective privado.
Dandelion.
Eva Parker.
27 años. Estafadora.
Veintisiete.
Una estafadora llevaba un año haciendo su plan maestro de conseguir dinero de un político importante. Y estaba a punto de lograr su cometido, si no fuera porque un maldito detective privado la estaba siguiendo, peligrando así su tapadera. Eva Parker tendrá que utilizar todas sus armas posibles para evitar que John Graves la ponga al descubierto. En el juego del ratón y el gato, ambos darán todo de sí mismos para ganar. ¿Pero serán capaces de ignorar los sentimientos por el otro?

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Days of Wine and Roses

Mensaje por Dandelion el Lun 1 Ago - 2:36

Days of Wine and Roses


Vernon Marcel Wills. Tesorero del Partido Republicano en el Ayuntamiento de Washington D.C. Vaya, lo que viene siendo un pez gordo de toda la vida. John golpeó el volante de su Land Rover con los dedos, de forma rítmica. Frente a él se encontraba el ayuntamiento, un edificio de estilo colonial. Blanco y con columnas. En el asiento del copiloto, un sobre con algunas fotos que había tomado durante la semana. Si resultaban reveladoras o no, dependería de lo que el detective averiguara de ahora en adelante.

Rebobinemos. Hacía dos días que la señora Jeanine Wills se había presentado en el despacho de John Graves, con su collar de perlas y cara de malas pulgas. Pronto entendería por qué. La respetable señora Willis sospechaba que su esposo le era infiel, y debía ser con alguien del trabajo, porque era donde más tiempo pasaba. Ni siquiera se molestó en fingir que la posibilidad de que el político tuviese una amante le resultaba dolorosa. Había dicho, textualmente «Presiento que va a dejarme. Y no he estado aguantado a ese capullo 25 años para que ahora use mi dinero en un crucero por el Mediterráneo con alguna niña tonta.» Así que ella quería dejarle antes. Y para eso había acudido al detective. No dejaba de ser un caso rutinario. En los últimos años había tenido unos cuantos trabajos de detectar fraudes a empresas, como seguir a trabajadores para comprobar si su baja era por motivos médicos o no, pero en general, los casos de infidelidades seguían siendo un clásico en el oficio. Lo único distinto en este era que se trataba de una personalidad importante, y que el tiempo corría en su contra. Pero Jeanine Wills le había ofertado una cantidad de dinero considerable, con la que tal vez no tuviera que abandonar su cómodo despacho por uno más pequeño y barato.

Aparcó no demasiado lejos. Resopló y se puso la cazadora antes de salir del coche. El viento otoñal soplaba con helor, y las hojas anaranjadas crujían bajo sus pies. ¿No podían haberle contratado en primavera, cuando resultase agradable hacer el trabajo fuera de la oficina? Dada la situación, no podía acomodarse ni elegir. No como en los viejos tiempos. Ahora, con internet, el negocio estaba en declive, y le tocaba resignarse y pasar por el despacho del Sr. Wills a hacer las típicas preguntas que llevaba años haciendo. Con suerte, lo seguiría al salir del trabajo y lo pillaría entrando en un motel con una veinteañera rubia- o tal vez pelirroja, pero seguro que morena no, porque la señora Wills era morena.- Le echaría un par de fotos y caso cerrado. Un intrincado proceso legal para divorciarse, y él sacaría una buena tajada. Sonrió. Se había vuelto un poco gruñón con los años y la soledad. Y sus pocos amigos ya no entendían su humor ácido. Tenía que dejar de darle tantas vueltas a todo y arreglarse con lo que se le presentara.

Metió las manos en los bolsillos y se presentó en el ayuntamiento.— Buenas tardes, me llamo John Graves, estoy buscando al señor Vernon Wills. ¿Se encuentra por aquí?— la recepcionista de la entrada, una muchacha pecosa, lo miró con aburrimiento por encima de sus gafas.— Ha salido. Dudo que vuelva en lo que queda de día. Puede pedirle cita a su secretaria. Segunda planta a la izquierda.—y señaló el ascensor, casi sin mirar al detective. Este le dio las gracias. Podría pensarse que había perdido la mañana, pero en realidad le beneficiaba que él no estuviera, así podría investigar su entorno sin que el tesorero se percatase.

Ding. Segunda planta. Sobre el escritorio de madera de nogal, un cartel gris rezaba «Eva Parker». Y  sentada en una silla acolchada, la susodicha. Una mujer que nadie esperaría encontrarse trabajando en una oficina del ayuntamiento. Ondas doradas, labios gruesos, y en cuanto alzó la mirada pudo comprobar que sus ojos no eran menos encantadores que el resto de su persona.— Lamento molestarla señorita... ¿Parker, cierto?.— Graves señaló el cartel con la cabeza.— Tengo entendido que es usted la secretaria del señor Wills. Venía a hablar con él, pero me han dicho que no está. ¿Le importaría que hablara con usted en su lugar?

Ayuntamiento | 16:30 h| CON EVA




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Re: — Catch me if you can

Mensaje por Veintisiete el Lun 1 Ago - 3:18

Days of Wine and Roses

Llevar a cabo una estafa de tal calibre requería de mucha paciencia y de aguantar el asco que le daba besarse con aquel vejestorio. Le daban escalofríos de solo pensar en los encuentros íntimos que ella misma había suscitado, con el fin de continuar su estafa. Era sacrificado, pero a fin de cuentas siempre seguía dando sus frutos, pues las cuentas bancarias que tenía bajo su nombre real, abundaban como para darle una vida más que holgada. Incluso, podría estar jubilándose a tan joven edad, pero la vida de las estafas era adictiva y ahí se encontraba, como secretaria de Vernon Wills.

Ese trabajo en particular no había sido fácil de conseguir, pues cualquier acercamiento a algún funcionario público del estado, requería de demasiadas investigaciones. Lo que hizo que Eva trabajara previamente en una buena pantalla, donde no hubiera elementos sospechosos en su historia de vida. Se dedicó seis meses a esa preparación, estudiando cada detalle, hasta acabar siendo Eva Parker, secretaria del tesorero. Había superado exitosamente las pruebas sometidas por el servicio secreto y tras un año como empleada, estaba cerca del objetivo.

Su jefe bebía los vientos por ella, y en los últimos meses le prometía que dejaría a su esposa para huir con ella a algún lugar perdido de Las Bahamas. Eva sabía cómo alimentar ese deseo masculino con sencillos aleteos de pestañas, susurros al oído y caricias no tan discretas en la entrepierna masculina. Por lo poco que había podido investigar, Vernon había abierto una cuenta privada para ambos, pero no había llenado la cantidad de dinero que deseaba Eva. La estafadora tuvo que redoblar los esfuerzos para meter un poco de presión al funcionario público y parecía haber logrado su objetivo, pues Vernon había anunciado que estaría fuera en lo que quedaba del día, por cuestiones bancarias.

Eva se había asegurado de compensarle con un escote generoso y un beso bastante erótico, en el que había incluido una masturbación al miembro flácido del hombre. Era bastante patético ver el pene de un hombre de sesenta años, pero Eva hacía lo que debía hacer para conseguir su estafa. Naturalmente que en el momento en que Vernon se retiraba con una sonrisa de idiota, la joven se lavaba las manos casi con lejía.

La parte aburrida de la estafa, era pretender trabajar como secretaria, atendiendo teléfonos, respondiendo correos electrónicos y otros quehaceres de lo más deprimente. Por fortuna, no le faltaba mucho para dar cierre a su día laboral y regresar a su piso de lujo en el centro de Washington, donde se consentiría con champagne y algún baño de burbujas caliente. Lo que fuera para quitarse el mal sabor de la boca. Estaba pensando en aquello, cuando una voz masculina y firme interrumpió sus divagues, obligándola a levantar la cabeza.

Vaya, aquello era un hombre con todas las letras. Eva sonrió de forma enigmática, apoyándose en el escritorio de manera que se notara su escote generoso.

—Puedo concertarle una cita, señor Graves.—dijo con tono de voz cadencioso. Parte de ser estafadora, era utilizar todas las armas seductoras posibles, para que el incauto cayera bajo sus encantos y acabara haciendo lo que ella se propusiera.—El señor Wills tiene disponible el lunes siguiente a las catorce horas.—comentó, mirando la agenda y jugando con la pluma en su canalillo del escote. Eva sabía bien que los hombres eran muy visuales, así que estaba determinada a que aquel John Graves cayera bajo sus encantos y se largara. Porque quería acabar con el maldito día.—¿Le viene bien?—preguntó, batiendo las pestañas y frunciendo ligeramente los labios carnosos.


Ayuntamiento | 16:30 h| CON John


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Re: — Catch me if you can

Mensaje por Dandelion el Mar 2 Ago - 3:07

Days of Wine and Roses


La oficina de la señorita Parker, que no era más que el hall de entrada a la oficina del señor Wills, olía a perfume femenino. Una deliciosa mezcla  jazmín y miel, suave y delicada, que evocaba a lencería de encaje color pastel. El detective tuvo que carraspear  para no dejarse llevar por el magnetismo que desprendía la secretaria.  La luz parpadeó, tintineante, sobre ellos, devolviéndole a su estado natural: el de la duda. Se trataba de descubrir quién era la amante del esposo de su cliente. Y de momento, tenía una candidata.

Es usted muy amable.— no pasó por alto el hecho de que ni siquiera le había preguntado quién era ni qué quería antes de intentar librarse de él. No le sorprendió que supiera su nombre, seguramente la recepcionista la habría avisado de que tenía visita. Pero un nombre no significaba nada. No se había interesado por qué asunto le traía a la oficina del tesorero. Vaya secretaria, pensó.— Pero, entre usted y yo, prefiero hablar con usted.— sonrió de lado, con cierta picardía. Acababa de conocerla, pero estaba seguro de que estaba acostumbrada a que todos los hombres se comportaran como bobos a su alrededor, así le haría bajar la guardia. Además, no es que no disfrutase flirteando un poco.

No hay necesidad de ocupar la ya apretada agenda del señor Wills.— añadió, con voz relajada.—  Sólo necesito que me responda a unas breves preguntas.—el bolígrafo que la rubia  sujetaba dirigió los ojos castaños del detective hacia su escote, durante unos breves segundos.—¿Puedo sentarme?—pero no le dio tiempo a que respondiera, porque agarró la silla frente a ella y tomó asiento, mirándola directamente a los ojos.

Había visto algunas fotos de el tal Vernon, y no es que se caracterizase por su atractivo precisamente. Y en persona, al menos de lejos, tampoco es que tuviera un porte ejemplar. Seguro que un hombre como él quedaría embelesado cada mañana con los atrayentes jueguecitos de una mujer como Parker. Sólo quedaba saber si ella habría cedido a los deseos del político, y poder demostrarlo.

Oh, qué maleducado soy.— se pasó la mano por la cara, sonriendo como si acabara de acordarse de algo importantísimo.— Discúlpeme, señorita Parker.— la miró a los ojos de nuevo— He olvidado decirle el propósito de mi visita. El ayuntamiento me ha contratado para estudiar los hábitos de trabajo de sus empleados y funcionarios. Algo meramente rutinario, para comprobar que todo funciona correctamente.— aprovechó la pausa para sacar un pequeño cuaderno de anillas, con la tapa negra, y una pluma que pareció diminuta entre sus enormes manos. Ahora tenía una excusa para anotar datos. No era muy ortodoxo, pero él no era un policía, no estaba obligado a identificarse como detective, y menos aún si no le habían preguntado. Pero si no se inventaba algo, ella sospecharía cuando él preguntara detalles como— ¿Cuántas horas diarias trabajan usted y su jefe en el ayuntamiento?

Ayuntamiento | Por la tarde| CON EVA




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Re: — Catch me if you can

Mensaje por Veintisiete el Mar 2 Ago - 20:20

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Vale, no estaba funcionando su técnica de echarlo de su escritorio. Eso hizo a Eva repensar en sus estrategias, cuando el hombre decidió sentarse sin más frente suyo, sacando una libreta para anotar datos. Que le dijera que había sido el ayuntamiento quien solicitaba ese tipo de información, disparó todas sus alarmas y su cuerpo se tensó lo suficiente.

Estaba así de conseguir su dinero de la estafa y venía este hombre de la nada a hacer preguntas que no deberían ser hechas. Eva sonrió de forma encantadora, obligándose a relajar su espalda contra la silla y miró al hombre de forma bastante aburrida. Tenía que usar alguna de sus tantas estrategias, pues no quería revelar verdades y en el fondo, temía que fuera alguien de sus estafas del pasado quien buscara venganza.

La primera pregunta le hizo enarcar una ceja bien delineada y ladeó la cabeza, escapándosele un suspiro bien estudiado.—Yo trabajo de nueve a cinco, mi jefe trabaja más horas, prácticamente vive para esta oficina.—respondió jugando con la pluma en sus dedos. Tenía que cuidarse con la información que dejaba, para evitar que alguien sospechara de los movimientos bancarios de su jefe y que nada la guiase hacia ella o se acababa el juego. Y a Eva el naranja no le sentaba nada bien.—Es curioso que el ayuntamiento quiera saber datos como este, cuando todos tenemos que marcar ficha de entrada y salida según nuestros horarios.—indicó, mirando al tal John. Era bastante atractivo, pero le daba mala espina.—¿Alguna otra pregunta más?—inquirió con leve impaciencia.—Tengo que terminar unas cosas antes de irme y eso es en...—dijo, mirando el fino reloj de su muñeca.— En veinte minutos.—

Nuevamente miró al hombre, dejando la pluma en el portaplumas y se centró en la computadora, para terminar de comprobar unas cosas laborales, y de esa forma darle a entender a John que no iba a responder preguntas. Eran años utilizando esas estrategias para mantener el mínimo contacto con personas ajenas a las víctimas de sus estafas. Y no le gustaba cuando le hacían preguntas a ella.

—Si realmente quiere hablar con el señor Wills, le recuerdo que tiene disponible el lunes siguiente a las catorce horas.—recordó con leve insistencia. Las prisas por irse eran muchas, y seguía sin darle buena espina aquel John Graves, por muy atractivo que fuera. Lástima que no se hubiesen conocido en otro momento, quizás en un bar, porque definitivamente Eva le daría un polvo a John. Sobretodo, para quitarse de encima todo lo referido a Vernon. Trató de contener un escalofrío al pensar en su jefe desnudo e intentando tirársela a ella. Dios, era repugnante.


Ayuntamiento | 16:30 h| CON John





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Re: — Catch me if you can

Mensaje por Dandelion el Dom 14 Ago - 3:40

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Su presencia incomodaba a la secretaria, a John no le hizo falta el uso de sus capacidades detectivescas para darse cuenta. Tampoco ella se molestó mucho en disimular las ganas que tenía de quitárselo de encima. Él se había topado muchas veces con trabajadores que no tenían tiempo para preguntas o a los que incomodaban las visitas imprevistas, eso era comprensible, pero algo en la actitud de la atractiva rubia le hacía sospechar. No parecía olerse de qué iba realmente la investigación, y a no ser que de verdad tuviera algún problema de irregularidad en el trabajo, no tenía motivos para estar tan molesta.

Tomó nota de las horas que le indicó la señorita Parker, con una fingida mirada de interés. Las horas que pasaban Vernon y ella en la oficina eran relevantes hasta cierto punto. Ahora tendría algo que contrastar con la versión de la esposa. Apuntó también el hecho de que los empleados del ayuntamiento fichaban al entrar y al salir. —Querida— sonrió, alzando su mirada por entre las gafas para fijarla en los ojos azules de la muchacha— usted sabe tan bien como yo que una cosa es lo que la gente dice hacer y otra muy diferente es lo que hace, ¿verdad?

Era más lista de lo que podía parecer, si es que era posible juzgar la inteligencia de alguien por su aspecto, algo en lo que Graves nunca había confiado del todo. Si algo había aprendido durante sus veinticinco años ejerciendo como detective, eso era que las apariencias no siempre engañan, pero tampoco son muy de fiar. Se estiró un poco en la silla, colocando el codo en el respaldo. No tenía prisa por marcharse, y su lenguaje corporal así lo indicaba. La secretaria, por el contrario, sí parecía impaciente. Podía tratarse del cansancio tras una larga jornada, pero un vistazo a los ojos profundos y misteriosos de Eva Parker hizo sospechar a John que había algún motivo más. Intuición de viejo sabueso. — Vaya, no me gustaría interferir en sus tareas, si tan ocupada está. — fijó su atención entonces en los dedos largos y delgados de la rubia, tecleando en el ordenador con las uñas pintadas de color granate. — Así que no se preocupe por mí, puedo esperar durante veinte minutos hasta que acabe. No tengo prisa. — Graves no pudo evitar una pequeña y mal disimulada sonrisita maliciosa, aunque encantadora. — Y cuando acabe, dentro de veinte minutos, la invitaré a un café en el local de la esquina, para compensarla por las molestias y hablar con calma. —se estaba pasando el bolígrafo entre los dedos, y lo dejó sobre la mesa, extendiendo también su enorme mano. — ¿Qué le parece? —y la sonrisa maliciosa se tornó cautivadora.


Ayuntamiento | 16:35 | CON EVA




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Re: — Catch me if you can

Mensaje por Veintisiete el Mar 16 Ago - 2:20

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Mientras esperaba que el hombre se retirase de una maldita vez, se centró en teclear unas cosas en la computadora y cuidándose de no revelar nada, lo googleó a él, para encontrar datos ínfimos pero claves. Era un maldito detective privado y Eva podía sentir como le sudaba la espalda por aquel descubrimiento. En todos sus años de estafa, jamás había sido pillada por nadie, pues ella misma cuidaba todos los detalles para no ser atrapada por la Interpol, agencia que más temía por ser inglesa. Su mente trabajaba a toda velocidad, intentando buscar dónde había dado un paso en falso, y resarcir como pudiera ese descuido.

Sus dedos dejaron de teclear al oír que el detective la estaba invitando a tomar un café por las molestias causadas y que la esperaría sin problemas. Eva se desconcertó con total transparencia, antes de soltar un resoplido que sonaba a risa mal disimulada.

—Es usted un descarado, ¿lo sabía?—acusó, enarcando su perfilada ceja y sonriendo bastante divertida. Apagó la computadora, girando la silla hasta estar frente al hombre.—Y respondiendo a su invitación, es un no.—añadió, negando con la cabeza, sin dejar de reírse por lo bajo.

Empujó la silla hacia atrás para levantarse, luciendo así un conjunto de camisa de seda y falda lápiz que marcaba sus curvas, acentuando su cintura pequeña. Sus piernas estaban cubiertas por medias negras hasta el muslo y unos tacones de vértigo de marca Louboutin. Se alejó del escritorio para ingresar al despacho de su jefe y revisar que todo estuviera en orden, dándose así los minutos necesarios para recomponerse ante la invasión de aquel detective. No podía desaparecer en ese momento, pues levantaría sospechas y el naranja de prisión no le sentaba nada bien. Intentó calcular las mejores opciones para ese caso repentino, y solo le quedó optar por hacer vida normal, no llamar la atención demasiado hasta que pudiera largarse a su casa en el Caribe.

Una vez que todo estuviera bajo control en el despacho de su jefe, apagó las luces y salió, cerrando la puerta con llave. El detective aún seguía allí, causándole irritación. Sin decir nada, recogió su bolso y su abrigo, alistándose para dar finalizada la jornada laboral.

—Buenas tardes, señor Graves.—dijo con voz cadenciosa, mientras se alejaba de su sector de trabajo, contoneando las caderas y sus tacones hacían el clásico sonido de 'clac clac' en el suelo.


Ayuntamiento | 16:30 h| CON John


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