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Mensaje por Eadred el Mar 9 Ago - 23:15

BULLETS AND WORDS
PLOT
1x1
HISTÓRICO
La guerra civil convulsionó España. Eran momentos difíciles en toda Europa y unos pocos decidieron aprovechar la debilidad reinante para hacer imperar su ley. La inestabilidad política de la que sufría España fue la razón que los miembros del ejército necesitaron para dar un golpe de estado. El país se dividió a la mitad, en dos ideales: los que estaban a favor de la república y quiénes se oponían totalmente a ella.

Se inició un periodo de violencia, en el que hermanos y amigos se verían obligados a matarse, a huir y a pasar hambre. No había tregua posible y la desesperanza se instaló sobre todo el país.

El transcurso de la guerra y el avance del fascismo en el territorio español logró salir de las fronteras y llegar hasta oídos extranjeros, algo que favoreció la llegada de personas de otros países dispuestas a luchar por los ideales libertarios. Mientras tanto, otros españoles decidieron dejar todas sus comodidades, sacrificando incluso a su familia y lo que tenían, con la intención de participar en la lucha por un país más justo. Es así como Carolina y Diego se encontrarán y conocerán, cuando sus dos mundos entren en contacto de la forma menos esperada.

Cronología
1. Y desde entonces fuego, y desde entonces sangre.

CAROLINA GASCÓ
24, GUERRILLERA, ALICIA VIKANDER, MARTE

DIEGO ARAGÓN
23, PERIODISTA, TARON EGERTON, ALAÏA
MONA


Última edición por Marte el Dom 21 Ago - 19:53, editado 2 veces
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Re: — bullets and words

Mensaje por Alaïa el Miér 10 Ago - 9:39

y desde entonces fuego, y desde entonces sangre
pueblo fronterizo, 21 de octubre de 1937

El traqueteo de la furgoneta no era capaz de disimular el temblor de piernas que el joven Diego arrastraba desde su subida, en la ciudad de Barcelona. El sol aún no había comenzado a asomar tras las montañas que al horizonte decoraban un hermoso paisaje nada acorde a la negrura de la que la situación se teñía, pero el cielo ya había comenzado a abandonar su luto, y la claridad saludaba un día más, con el cantar de sus pájaros, a un país acostumbrado a la melodía de los disparos.

Deja de preocuparte, muchacho. Esta zona es nuestra, nada malo va a pasarte.

Pero la preocupación de Diego no había cesado desde que Madrid quedó a sus espaldas —junto a su familia, amigos e incluso conocidos— y Barcelona lo acogió con cierto recelo. Claro que, sus preocupaciones, habían virado descaradamente de rumbo desde el 36, cuando temió deber sustituir su pluma de escribir por el fusil.

El trayecto dentro del vehículo no se hizo largo, aunque tal vez sí algo pesado debido a la incansable lengua parlanchina del conductor encargado de acercarle al punto de encuentro. Pero a hora y media de la salida de la gran ciudad, un pequeño cartel les indicó que acababan de entrar en el pequeño pueblo acordado. Y el nudo en el estómago de Diego ascendió a la garganta, y la pierna temblorosa parecía querer salirse de sí con tanto movimiento.

Se bajó en cuanto pudo, temiendo con el cierre que la puerta de aquel furgón se rompiera en mil pedazos por el pésimo estado en el que se conservaba. Caminó en silencio, acompañado por el hombre que no se tomaba ni un respiro en su monólogo, y que continuaba narrándole quiénes eran los milicianos con los que iba a encontrarse, qué debía y que no debía —bajo ninguna circunstancia— hacer una vez estuviera ante y con ellos, y cuál sería su papel los días que pasase dentro del grupo.

Porque, en teoría, sólo eran unos días.

Diego jamás había visto un fusil de cerca, y no pudo disimular su asombro cuando un hombre grandullón en altura y complexión salió a recibirles con una diminuta sonrisa en su rostro.

Diego Aragón, señor —se presentó, arrancando una carcajada en la garganta del hombre por tanta formalidad. Juntos entraron en la vivienda, que mantenía un estado semejante al del vehículo que les había transportado, aunque por dentro se mantenía sorprendentemente impoluta. Le condujeron a un comedor donde, aparte de los dos hombres a los que ya había conocido, cinco personas más se encontraban dispersas por la sala. Diego se limitó a saludar alzando breve y tímidamente su brazo.

Ya está aquí el muchacho.

Aquí comienza todo.



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Re: — bullets and words

Mensaje por Eadred el Miér 10 Ago - 13:05

y desde entonces fuego, y desde entonces sangre
Pueblo fronterizo, 21 de octubre de 1937

Sentada en una mesa, la joven catalana se dedicaba a otear los exteriores que rodeaban la casa, con una curiosidad que bullía cada vez con más insistencia tras cada minuto que transcurría. Se había mostrado contraria a recibir a aquel periodista del que nada sabían, pero a medida que la fecha del encuentro se acercaba, su escepticismo inicial se había ido disipando.

Era innegable que sentía cierta desconfianza hacia aquel hombre desconocido, ése era un sentimiento que se había apoderado de ella en los últimos meses. A menudo sentía que no podía confiar en nadie de forma plena, que solamente ella era la única depositaria de su total confianza. No estaba ciega a lo que sucedía a su alrededor. Los chivatazos, los asesinatos y la tortura eran el pan de cada día en un país destrozado por los alaridos de la guerra. También ella era colaboradora de ese caos que reinaba, si bien la diferencia radicaba en que ella, Carolina, buscaba un bien mayor: la libertad.

Cuando el destartalado furgón se detuvo delante de la casa, ella se bajó de la mesa de un salto. No se permitió contemplar a su invitado desde la furtividad de la ventana, esperaría a que apareciese por el quicio de la puerta. Las carcajadas del bueno de Ramón, el más grande del grupo, resonaron en la vivienda, algo que produjo que Carolina frunciese el ceño. El sonido de unos pasos acercándose provocó que se pusiese recta, justo cuando su camarada entraba el primero, seguido de un joven que no supo reconocer y que comprendió se trataba del extraño. Se esperaba a alguien de mayor edad.

Espero que no te dé miedo ensuciarte un poco las manos —siguió Ramón, girándose hacia el periodista y dándole una palmada en la espalda. El tono del hombre era amistoso y con un gesto de mano, abarcó al resto del grupo. Carolina por su parte, se había vuelto a apoyar contra la mesa en la que se había sentado, mientras esperaba expectante a que el muchacho hablase. No le habían especificado qué labor iba a desempeñar él mientras estaba con ellos, durante esos días que iban a compartir. Simplemente que se encontraba allí para conocer un poco cómo era la milicia—. ¿Qué es lo que te han pedido tus jefes? Me imagino que no querrán que te metas en la boca del lobo si no hay necesidad —aún no habían iniciado la ronda de presentaciones, pero a Carolina le agradó que la conversación fuese por esos derroteros. Al fin iba a conocer de qué se trataba todo aquello.



Última edición por Marte el Miér 10 Ago - 23:00, editado 1 vez
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Re: — bullets and words

Mensaje por Alaïa el Miér 10 Ago - 14:41

y desde entonces fuego, y desde entonces sangre
pueblo fronterizo, 21 de octubre de 1937

Se sentía incapaz de abrir la boca y pronunciar todo lo que le habían explicado ante aquellos desconocidos. A él se le daba bien estar detrás del papel, con su pluma en mano, hablando en silencio, diciendo sin pronunciar. Pero hablar en público jamás había sido su fuerte, y aunque sus oyentes no superasen el número siete, para él era un enorme esfuerzo el hecho mismo de estar de pie frente a ellos y que sus piernas sólo temblasen un poquito.

Paseó con presteza la mirada por todos y cada uno de los presentes en la sala. Se notaba la guerra en sus ojos, en el latir de sus corazones, en la desconfianza que algunos —en especial la mujer— le lanzaban directa al pecho.

Soy un simple periodista, habría querido aclarar.

Pero en tempos de guerra cualquier lobo podía revestirse con la piel de la inocencia.

Esto... —comenzó, apretando uno de sus puños para dirigir más confianza a sus palabras, tratando de sentirse seguro consigo mismo en un ambiente que le transmitía de todo menos tranquilidad. Volvió la mirada a un hombre bajito que se encontraba a unos metros frente a él, y que, de brazos cruzados, no pestañeaba más que lo suficiente, temiendo perderse cualquier palabra que saliera de los labios del que era allí el desconocido.

Y ella. No quería ser blanco de sospecha de nadie, y ella... Con aquella mirada hacía que todo su cuerpo se tensara y desease no haberse sumergido nunca en aquella aventura.

Entonces se dio cuenta de que había pasado demasiados segundos mirándola fijamente a los ojos, y la timidez le invadió por dentro.

Propaganda —alcanzó a decir, en un tono algo más elevado de lo acostumbrado. Tras eso, se aclaró la garganta y tomó aire con disimulo en un intento de calmar un nerviosismo que comenzaba a convertirse en un obstáculo—. En un principio, la labor propagandística es el fin de todo esto. El periódico en el que trabajo ha ido ganando bastante reputación desde el 34 por oponerse al gobierno de la CEDA, y desde el estallido de la guerra es uno de los más leídos en esta región —explicó, sorprendiéndose a sí mismo por haber sido capaz de hablar de pronto con tanta fluidez, aunque en algunos momentos había sido posible apreciar un cierto temblor en su voz—. La idea es conocer la guerrilla desde dentro para conocer el enfoque propagandístico más... adecuado hacia el bando republicano, y acercar a la población qué es lo que hacen aquellos que les defienden —añadió.

Sabía que se estaba dejando demasiadas cosas en el tintero, que sus palabras podían malinterpretarse e incluso despertar una mayor desconfianza en el grupo.

Por supuesto, se mantendría el anonimato de las personas y las posiciones —puntualizó, no queriendo cometer ningún error—. Serían entrevistas, hazañas... ese... ese tipo de cosas.

Tenía la garganta seca y el pulso acelerado, pero sentía cómo la tranquilidad iba poco a poco invadiéndole tras haber soltado el primer bombazo de información.



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Re: — bullets and words

Mensaje por Eadred el Vie 12 Ago - 12:42

y desde entonces fuego, y desde entonces sangre
Pueblo fronterizo, 21 de octubre de 1937

Le gustaba considerarse a sí misma como una mujer firme, que se había ido abriendo paso por el mundo gracias a sus propios medios. Estaba acostumbrada a estar rodeada de hombres, algunos mucho más corpulentos que ella, o a los que les gustaba hablar usando su vozarrón para imponerse a quiénes le escuchaban. Carolina había logrado hacerse un hueco entre esos hombres, no sin haber hecho un gran esfuerzo. En cambio, en ese momento, tenía que contenerse para no cruzarse de brazos delante de aquel periodista. No estaba acostumbrada a que la mirasen tanto tiempo a los ojos y menos alguien como él.

Cuando él comenzó a hablar, Carolina se permitió relajar su cuerpo y prestar atención a lo que les estaba contando… pero esta vez mirando hacia sus botas, sucias por el barro de los caminos. No sabía qué pensar acerca del cometido que había traído a aquel muchacho allí. ¿Propaganda, dar a conocer la guerrilla? Tenía sus dudas sobre qué efecto podría tener aquello sobre la población. Podía ser muy positivo, acercando a más gente a la resistencia contra el ejército, pero también podía dar al traste con todas sus operaciones.

Ella había carecido de oportunidades para ir a la escuela cuando era pequeña, por lo que no había podido aprender las letras. Nunca había abierto un periódico como tal, lo que causaba que fuera totalmente ajena a la actividad periodística que existía en España, más aun en el momento que vivían. ¿Podía ella, desde su carencia, cuestionar lo que el periodista proponía? Dirigió una mirada furtiva a sus compañeros, observando las reacciones que sus caras dispensaban. Algunos de ellos parecían de piedra, sin dejar escapar ninguna pista sobre lo que pasaba por sus cabezas.

¿Por qué te han elegido a ti para esto? —su voz sonó pausada, interrumpiendo el silencio que se había formado en la habitación. No se trataba de una pregunta malintencionada, intentaba descubrir qué tipo de persona era él. Estaba claro que era de izquierdas, pero tenía claro que no era igual que ellos. Había estudiado para ser periodista, y eso solamente podía significar que su familia tenía el dinero suficiente para darle una oportunidad así a su hijo. Carolina había aprendido a dividir el mundo en blanco o negro: obreros o burgueses. La joven reparó en la mirada que Ramón le dirigía. Mantente callada y no lo estropees.

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Re: — bullets and words

Mensaje por Alaïa el Sáb 13 Ago - 18:54

y desde entonces fuego, y desde entonces sangre
pueblo fronterizo, 21 de octubre de 1937

Temía no sonar creíble, aún siéndolo; temía que le tomasen por un impostor, por un suplantador, por alguien que quería investigarles para luego vender las informaciones a los contrarios. Tenía bien presente que los periodistas no eran bien acogidos ni en un bando ni en el otro, más por la reputación que se había ganado la profesión a lo largo de décadas que por las intenciones de los periodistas como individuos en sí. Pero el silencio que ahogó la sala en cuanto su voz dejó de sonar le inquietó más de lo que ya estaba.

Por eso la voz de la mujer fue como una salvación. Daban igual las palabras, pues había conseguido romper la ausencia de sonido en el lugar, y eso para Diego, demasiado temeroso, era suficiente.

Llevo desde el 34 con ellos —respondió, consiguiendo disimular el temblor que su garganta quería añadir a sus palabras—. Confían en mí, supongo. Tal vez creen que un muchacho joven puede hacer la labor que un periodista mayor, por las condiciones en las que nos podamos encontrar. —Su respuesta fue inocente, pero arrancó una nueva carcajada en el hombre grandullón que les había recibido, el cual pareció encontrar algo entretenido en la explicación de Diego, cosa que le dejó un tanto desconcertado, pero también le ayudó a relajarse y sentirse un poco más cómodo en el lugar.

Entonces, el hombre dirigió una palmada en el hombro derecho del muchacho, tambaleándole ligeramente hacia delante, y se unió al resto de sus compañeros, presentándose tras unos pasos bajo el nombre de Ramón.

Diego Aragón, señores —se presentó él, con presteza, inclinando educadamente la cabeza hacia abajo a modo de saludo—, y señorita —corrigió, percatándose de su torpeza al no haberla incluido, dirigiendo de nuevo su mirada hacia ella en el proceso de alzar de nuevo la cabeza hasta su posición natural. Sus ojos eran incapaces de pasear por su rostro como meros observadores de algo cotidiano; se veían en la obligación de detenerse, y quedarse allí fijos unos instantes, tal vez por la sorpresa de toparse con una mujer en un contexto como aquel, o quizás por el efecto aún desconocido que causa su mirada sobre ellos.

Saben que cualquier problema... o duda, o... bueno, cualquier cosa, tienen el teléfono de la redacción a su disposición. Ustedes marcan los límites, yo los cumplo —añadió, queriendo recalcar, una vez más, que su intención no era dañina para la guerrilla en absoluto.



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Re: — bullets and words

Mensaje por Eadred el Lun 15 Ago - 17:06

y desde entonces fuego, y desde entonces sangre
Pueblo fronterizo, 21 de octubre de 1937

Aunque las palabras del joven sonaban convincentes, a Carolina le costaba deshacerse de la desconfianza inicial. Sentía mucha curiosidad por Diego, no podía negarlo, se veía en la manera en cómo lo miraba y cómo no apartaba la vista de él cada vez que hablaba... pero algo le imponía ser cauta y no podía aceptarlo sin más.

Sí se permitió mostrar una sonrisa cauta cuando a Ramón le dio por reírse, observando de reojo a aquel periodista. Lo miró fijamente cuando la incluyó en el saludo, algo que la dejó desconcertada. Estaba acostumbrada a que la invisibilizasen, a que no tuviesen en cuenta su presencia en determinados entornos. Así fue durante mucho tiempo, cuando comenzó a interesarse por la política. Los sectores izquierdistas solían abogar por la presencia de la mujer, pero la teoría a menudo no se llevaba a la práctica, y es que a los hombres no les gustaba ceder sus espacios.

Nos fiamos de ti, muchacho —la voz de Ramón volvió a inundarlo todo. Allí él solía ser el que llevaba la voz cantante. Era uno de los milicianos de más experiencia en el grupo y, en el fondo, Carolina lo consideraba lo más parecido a un padre que había tenido nunca—. Me parece que no nos hemos presentado como es debido...

El hombretón se levantó y empezó a señalar a cada uno de los que allí se encontraban. Mencionó a Andrés, a Juan y a Gustavo, que eran quiénes se encontraban más cerca del invitado. Después señaló a un hombre que no se había separado del rifle en todo momento, Francisco. Por último restaban Marcial y ella.

Carolina —respondió antes de que el jefe pudiese decir su nombre. Detestaba cuando la gente intentaba hablar por ella, especialmente si se trataba de un hombre. Ella era ella y tenía voz propia—. Yo soy Carolina.

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