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Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Dom 21 Ago - 3:12


Don’t give me ideas
it’s nice to have an old friend for dinner
No es raro que en los tiempos que corren la ambición nuble completamente al sentido común, convirtiéndolo en el menos común de los sentidos. Hay quienes se asoman al abismo con tal de conseguir lo que ven como la exclusiva de sus vidas, la única oportunidad de llegar a lo más alto. Después de todo, ¿No es eso lo que merecen tras una vida en la que no han levantado la cara del frío abrazo del barro?

Como no podía ser de otra forma dado su historial, Frederick Chilton se atrevió a buscar a un viejo conocido, uno que lo puso contra las cuerdas en alguna que otra ocasión y hacia el que guardaba gran resentimiento: Hannibal Lecter.

El famoso caníbal se hallaba en libertad, y no era conocido por mostrar indulgencia hacia sus víctimas, lo que no evitó que un ambicioso escritor prendiese la llama y edificase los cimientos de un retorcido juego para el que quizás no estuviese preparado.


Hannibal Lecter
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Frederick Chilton
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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Lun 22 Ago - 17:37


Amat victoria curam
Victory favors those who take pains
Retirar el traje de persona tenía sus consecuencias, consecuencias que su círculo cercano en Baltimore había sufrido en primera persona. La huida fue arriesgada pero acertada. Si se concentraba, aún podía saborear la carne del policía al que había mordido, y una traviesa sonrisa decoraba sus labios. Se había despedido de Will, dejándole a cargo de la tarea de acabar con el Dragón Rojo, y con un coche de policía se puso rumbo al este. No tenía destino fijo por el momento.

En las semanas venideras se sintió como en su infancia. Se vio obligado a abandonar el coche y cambiarse los ropajes. Cruzó la frontera del estado de Baltimore a pie, entre los pequeños bosques que aún sobrevivían a la mano de la civilización. En todo este tiempo su barba creció, cubriendo así su mandíbula con una fina capa de pequeños cabellos canos, y su pelo se volvió algo salvaje por el poco cuidado que le dedicaba. Cuanto más irreconocible estuviese, mejor.

Se había visto obligado a dejar atrás su vida: no llevaba dinero alguno, y empezaba a echar de menos su dieta particular. Pero aguantaba. Hacía autostop con aquella gente que parecía más alejada de las noticias como granjeros, ganaderos, camioneros cuya vida sólo consistía en llevar y traer encargos, etc. Llegaba a sentirse como ese escritor e ídolo americano de los años 50, Jack Kerouac; un tipo tan grosero que el lituano no tendría problemas con servirle en una de sus cenas.

Fue así como, semana tras semana, siguió la carretera 99 y carreteras secundarias, dirigiéndose siempre hacia el sur, hasta adentrarse en los frondosos bosques donde buscó signo alguno de civilización. El destino le sonrió por primera vez en mucho tiempo, pues tras tres días de caminata y de comidas rudimentarias a base de plantas, un pequeño claro con una cabaña se presentó ante él. No parecía del gobierno, y la torre de troncos coronada por un hacha que había en la cara occidental de la casa le daba las pistas suficiente para saber que allí vivía un leñador. Hannibal disfrutó más con la ironía de que el susodicho muriese por su propia herramienta de trabajo que con el hecho de matarle en sí.

Allí iniciaría una nueva vida.

Una nueva vida con retazos del pasado. ¿Quién sería Hannibal Lecter sin riesgo alguno en su vida? Había mentido a todos aquellos que le habían recogido, pero sólo en ciertos datos. Había hablado de su reputación como psiquiatra. Había hablado de su hermana, sin mencionar que él se la había comido, por supuesto. Había hablado de cuánto odiaba a los vegetarianos. Había hablado de su repulsión a los periodistas. Y, lo más arriesgado de todo, había hablado de su país de origen. ¿Quién sería el primero en dar con él? ¿Jack Crawford? ¿Un Will Graham retirado que buscaba explicaciones? ¿El codicioso de Frederick Chilton?

No había pensado en que podían haberle seguido la pista en el momento en el que huyó, por supuesto, pero ahora poco le importaba: sus fuerzas estaban renovadas y la leña que aquel hombre solía mandar a diversos puntos del país seguía saliendo del bosque –al fin y al cabo a los empresarios valoraban más el producto que otra cosa, sin fijarse en quién lo vendía–, permitiéndole así tener ganancias de nuevo. Su cabello volvió a la calma de antaño y su rostro estaba de nuevo imberbe. Había vuelto a ponerse el traje de persona.

Fue el codicioso el primero en llegar, y Hannibal confiaba en que también fuese el último. No se fiaba de él, pero le sorprendió verle tras la puerta de madera y cristal en aquel ambiente otoñal que empezaba a invadir el bosque. «Dichosos los ojos», le había dicho con una sonrisa, y le había dejado entrar a la sala principal de la cabaña. Tenía mucho que envidiar tanto a su antigua residencia como a su consulta, pero uno podía notar que había hecho unos cuantos cambios. Los dos sillones estaban enfrentados con un par de metros de distancia entre sí, tal y como los asientos de su consulta, y entre ambos había una pequeña y rústica mesa para café, probablemente hecha por el leñador de quien ya no quedaba resto alguno.

Le había recibido como si fuesen amigos de toda la vida, como si no hubiese habido problema alguno entre ellos, o como si aquel nuevo traje que se había puesto –a pesar de que su rostro y su nombre seguían siendo los mismos– no conociese a Frederick y simplemente estuviese siendo un buen vecino.
Se encontraban sentados en los sillones mencionados, uno frente al otro. Hannibal había cruzado las piernas y había reposado sus manos en su regazo. —¿Por dónde quieres que empiece?


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Última edición por Kerouac el Mar 23 Ago - 12:28, editado 1 vez








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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Lun 22 Ago - 23:58


Amat victoria curam
Victory favors those who take pains
Solo se vio con fuerzas para actuar cuando la calma venció al atenazante miedo en un duelo bastante reñido. Por un momento creyó que las aguas no se calmarían y se vería envuelto -de nuevo y sin quererlo- en un macabro juego que acabaría con lo poco que le quedase. Por suerte fue Freddie Lounds quien pagó el precio de bailar con entidades que escapaban a su comprensión, seres que harían al mismísimo Diablo llorar.

El carbonizado cadáver de la periodista no disuadió a Frederick, quien estimó oportuno dedicar sus esfuerzos a buscar al hombre que convirtió su vida en un auténtico infierno. Lo atribuyó a la sed de venganza, pero se negaba a sí mismo el verdadero detonante: Su obsesión.

El psiquiatra siempre quiso sobresalir, ser ese alguien por el que todos bebiesen los vientos y que su nombre acariciase los paladares del gentío como el más dulce de los caramelos. Pero la vida se encargó de pararle los pies con una cruda ración de realidad que no dejó indiferente a nadie; cayó con todo el equipo por un error que costó la vida a un tercero. Negligencia que acalló dedicándose a otro campo de la medicina en el que su falta de carácter no atrajese miradas de indignación.

¿Qué mejor que rodearse de auténticos monstruos en el día a día? Hasta el más falto de virtudes puede sentirse como un rey, quitando importancia a sus propios pecados y contentándose con ser mejor que las alimañas. Por no hablar de lo que atraen los monstruos, fiel reflejo de una sociedad basada en guardar las apariencias. Mas la decadencia es atrayente, y los misterios de la degradación del alma atraían público. Justo lo que Chilton anhelaba, el reconocimiento. Un solo descubrimiento en ese peligroso campo y los merecidos aplausos camelarían sus ingratos oídos.

Inocencia y codicia, maliciosa mezcla que llevó al ahora escritor a buscar a un auténtico caníbal, a seguir cada pista de su huida en un desesperado intento de recibir la atención que creía merecer. Sus días de imitar a Hannibal en cuestiones estéticas quedó atrás, sustituido por la necesidad de ser el hombre que despejase todas las incógnitas sobre el lituano, el que arrojase luz sobre sus deleznables acciones. No lo llamó obsesión, sino curiosidad clínica.

Quiero saberlo todo. —Codicia que su ávida mirada no ocultó. Sus ojos no mentían, y aun así Frederick seguía tratando de aparentar—. Ya no tienes motivos para ocultarte: Eres famoso. Felicidades.— ¿Sentía envidia? Quería creer que no dado que sus libros se trataban de bestsellers. Lástima que la realidad volviese a atacarlo cuando se creía en lo más alto: Lo que vendía era le morbo, la cara del caníbal en la portada. Y del Dragón Rojo, sí, pero Hannibal presentaba un carisma mayor.

Hizo una pausa de varios segundos. Un poco de alcohol lo envalentonaba, aunque los resquicios de su cobardía no desaparecerían así como así. —Me debes una explicación. Y no precisamente de tu repentino amor por lo rústico.

La característica mancha en su mejilla izquierda, la prótesis que evitaba que la deformación se hiciese perceptible y un ojo ciego oculto bajo una lograda lentilla así lo pedían.

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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Mar 23 Ago - 12:23


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La fama le quedaba demasiado grande, pero no podía evitar saborearla un poco cada día. Bufó con diversión, un bufido que fue acompañado por una sonrisa y ladeó ligeramente el rostro ante su exigencia por una explicación. De vez en cuando, en el silencio que siguió, realizaba alguna mueca, como fruncir los labios o negar con el rostro, igual que si estuviese meditando y hablando consigo mismo.

¿He de recordarte por qué soy famoso, Frederick? ¿Cómo era...? Ah, sí... —sabía las palabras de memoria, pero fingió olvidarse de ellas para poder saborearlas; chasqueó la lengua con suavidad antes de decirlas:— Hannibal el caníbal. ¿Has venido en busca de un «gracias»? ¿O piensas escribir la segunda parte?

Se puso en pie y rodeó el sillón para acercarse a un mueble-bar con las puertas de cristal. Giró dos vasos y virtió en ellos whisky rebajado con agua. Dejó los licores en la mesa y volvió a sentarse en la misma posición de antes, dejando escapar un suspiro. —¿Quieres saber cómo llegué hasta aquí? Por primera vez en mi vida, fue pura suerte. No llevaba rumbo fijo. Pensé en volver a Europa... pero con el revuelo que tú y tus amigos montasteis, creo que tengo la entrada vetada en todos los países. Así que me dije: improvisa. Dejé el coche de policía en el que escapé a unos metros de la frontera entre Maryland y Virginia Occidental y me dediqué a la vida en la carretera. No sabes la cantidad de groseros que me encontré. Lástima que no estuviese en mis mejores días.

Acababa de hacer una broma sobre su canibalismo y no se arrepentía de haberla hecho. Se estiró a por su copa y tras olerla, una rutina que hacía hasta con un vino que conocía a la perfección, le dio un pequeño trago. —¿Qué más tengo que explicarte? ¿El por qué de tu cicatriz? No me culpo de eso... y menos aún cuando no la vistes con orgullo. ¿Cuánto dinero malgastaste en esos aparatos que fingen devolver a tu rostro su antigua gloria?

Había dejado su historia a medias: la caminata de casi tres días hasta dar con la cabaña, la forma en que acabó con el leñador, el festín que se dio con su carne y el cómo se había habituado a ese nuevo modo de vida. Pero no sería Frederick el único que obtuviese información. Hannibal, poco a poco y con cautela, deseaba entrar en su mente. Lo primero de todo era descubrir por qué se empeñaba en tapar heridas que, por mucho que deformasen su rostro, estaban allí como una cruel burla hacia la muerte. «Podría haber muerto, pero mírame, no lo he hecho y éste es el precio a pagar». Era cierto que él había vestido su traje de persona, pero ahora se arrepentía. El remedio había sido peor que la enfermedad, de ahí que a partir de entonces estuviese decidido a mostrarse tal y como era. Ya no tenía nada que perder y su reputación siempre le precedería de ahora en adelante, si es que acaso se dejaba ver de nuevo por las grandes ciudades.


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Jue 25 Ago - 0:55


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El brillo en los ojos de Chilton se diluyó, perdiéndose cual fuego fatuo al acercase un insensato. Fina arena filtrándose entre trémulos dedos afectados por el frío. Frío. El psiquiatra se quedó helado hasta el tuétano gracias a que los perturbadores movimientos del lituano lo asustaron. Debía permanecer en todo momento por si las cosas se torcían y debía salir corriendo. No olvidaba que tenía algo presente en la agenda: Sobrevivir.

Una segunda parte. Todo irá bien ahora que no puedes volcar en mi tus frustraciones y tratar de sabotearme. —¡Cómo lo odiaba por eso! Por sentirse moralmente superior a él en tantos sentidos. Con tan solo recordar el día en el que una carta de rechazo proveniente de una editorial llegó por error a Lecter, se sentía enfermo. El rubor propio de la vergüenza se acumulaba en su rostro como el inicio de una horrible infección y la angustia surcaba su boca dejando tras de sí un sabor amargo. La derrota—. Te firmaré un ejemplar y pensaré con detenimiento en la dedicatoria. Tú mismo lo has dicho, tengo que darte las gracias. ¿Qué mejor forma de hacerlo?

Mecanismo de defensa el incluir en la conversación pullas, una bonita forma de liberar la tensión y ganar terreno. Qué humano el pasear por la cuerda floja sin más protección que una presuntuosa sonrisa, el creerse capaz de sortear los mayores obstáculos solo con creer en ello.

Y qué duro era luego reconocer sus propios restos en la calzada estando ya todo perdido, el telón acariciando el suelo tras la función y unas funestas caras observando desde la distancia con fingida complacencia.

No es tan interesante como imaginaba. —Si no le daba detalles ya improvisaría algo delante del ordenador. Tomó el vaso de whisky y le dio coba; evidenciar uno de sus vicios significaría aparentar mayor debilidad. Sus esfuerzos se vieron truncados por un pequeño temblor que evidenciaba las ansias—. Tengo un jaguar, el dinero no es problema alguno. Aun así te sugiero ir con cuidado, no creo que tú pudieses pagarlos. ¿Me equivoco?— Contraataque para desviar el tema de conversación a campos placenteros.

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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Vie 26 Ago - 21:58


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Cada comentario del antiguo director del Hospital Psiquiátrico de Baltimore le hacía sonreír sin él querer hacerlo. Un acto que no podía reprimir en presencia de alguien a quien ya conocía tan bien. En su mente visualizaba mil escenarios en los que contraatacar, a veces con palabras, a veces con actos.

¿Y si le hacía lo mismo que al leñador? Nadie sospecharía de él, no en aquel frondoso bosque perdido en Virginia Occidental por donde nadie parecía pasar. Se había instalado en el estado contiguo a Maryland, pero no tenía miedo. Quizá se le daba por muerto. Al fin y al cabo dejó el coche del policía en una cuneta, con la sangre que resbalaba de su boca; no se había detenido ni a limpiarse. Pero no, no podía darle ese final a Frederick. No cuando, además, ambos habían hecho un pacto no hablado según el cual se respetarían, al menos por el momento. Ambos estaban en un limbo en el que no importaba hacia qué lado cayesen, pues acabarían mal tanto en uno como en el otro.

Puedo sabotearte ahora mismo, Frederick. Tú no lo notarías, porque el morbo vende, pero puedo contarte mil páginas de mentiras. Estarías vendiendo una segunda parte llena de engaños. Si eso no es un sabotaje a tus creencias, a tu moral, sin duda has terminado de sorpenderme. —. Chasqueó la lengua antes de suspirar, dejando a un lado ese tema. Sería sincero, por una vez en su vida. Se estiró una vez más a por el vaso, que tras aquel trago dejó descansar entre sus manos.

¿Qué esperabas? ¿Una historia de un salvaje en taparrabos a través de los bosques, devorando carne cruda y atemorizando a los campistas? Ni siquiera mi verdadera esencia es tan vulgar y salvaje. Quieres saber si he comido carne humana desde mi desaparición. Es eso, ¿verdad? —clavó la mirada en los ojos de Chilton. Los propios parecieron brillar durante unos segundos, un brillo de satisfacción—. Pero ahora me pregunto si realmente tengo que contestar a esa pregunta. No he construido esta cabaña. Estos no son mis muebles. Realizo un trabajo que empezó otra persona. Aquí vivía un leñador. Sin familia, con una vida feliz. Estoy seguro de que se sentía en contacto con la naturaleza, y que se cuidaba. No te imaginas el sabor tan delicioso que adquiere un costillar sano. Hace poco terminó de curarse el jamón... te serviría un plato si no fuese por tu peculiar problema.

Sus planes eran mucho más grandes de lo que a simple vista parecían. En esa vida simple que le ofrecía la cabaña iba a seguir siendo el mismo. Tal vez construía una bodega junto a la casa, un cuarto rectangular bajo tierra cuya entrada y techo al mismo tiempo cubriría de césped para camuflarlo, y en ella prepararía sus alimentos; había comenzado incluso con los planos. En efecto, también había pensado en su alimentación. La noche anterior había recorrido unos seis kilómetros para colocar un cepo en las cercanías del sendero que los propios campistas y excursionistas habían trazado con el paso de los años. Estaba en un pequeño terraplén que los helechos parecían camuflar. Así, en plena noche, cuando algún campista que necesitase apartarse para pasear o hacer sus necesidades, descendería el terraplén con naturalidad y el cepo le engancharía a la altura de la rodilla. Era media pierna que se desperdiciaba, pero merecía la pena por el resto del cuerpo. ¿Tendría alguien agallas para separar tal pierna del resto de su cuerpo y arrastrarse hacia el campamento sin morir desangrado en el camino? Si lo hacía, Hannibal lo lamentaría, pero lo único que haría sería mejorar sus métodos. Hacer un cepo más grande, para poder abarcar ambas piernas, o crear trampas más sofisticadas. Tal vez una ballesta camuflada que se accionaba al tirar de un cordel invisible. Imaginación no le faltaba, y no era mal constructor a pesar de que él mismo reconocía sus fallos.

¿Quieres más detalles? ¿Quieres saber cómo balbuceaba cuando le clavé su propio hacha en la columna vertebral? ¿O los espamos que su cuerpo hacía? Acabé partiéndole el cuello. No me apenaba, pero a nadie le gusta que su futuro plato esté incomodándole. Como con las langostas, ¿sabes? Se recomienda que se metan en la cazuela vivas, pero en cuanto sienten las burbujas... hay que saber tratar con ellas o acabarás con unas buenas heridas. Por cierto —añadió tras respirar e hinchar su pecho, en un gesto de orgullo; no había olvidado su última intervención—, no intentes desacreditar a alguien por su nivel económico. Es un descenso demasiado bajo incluso para ti, Frederick. No intentes vanagloriarte así, o lo único que conseguirás será humillarte. —. Ladeó el rostro, satisfecho de sí mismo. Había visto su casa y sabía que, como antaño él, era muy pudiente. Qué cerca estuvo de perderlo todo. Ojalá lo hubiese perdido todo, pensó. Su rostro se endureció de repente ante tal deseo. Aún podía hacer que lo perdiese todo, con paciencia, inteligencia y destreza.


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Dom 18 Sep - 21:05


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No te atreverías. —A pesar de que le daba bastante igual que el otro le mintiese, debía mantener las apariencias o el caníbal podría usarlo en su contra. Por lo demás, el primer libro estaba repleto de mentiras en las que ensalzó su propia figura y dejó al resto como inútiles peones; el mismísimo Gilderoy Lockhart habría estado orgulloso de no ser un personaje de ficción—. Estás demasiado orgulloso de tus actos como para tergiversarlos, y seguro los has idealizado tanto que considerarías el manipularlos una osadía.— Se atrevió a formular esa teoría pese a que sus historiales como psiquiatra no lo amparaban, siendo calificado como inepto por diversos compañeros. Un auténtico colegial intentando desvestir a su compañía para esa noche pero fallando por sus dedos torpes y la emoción del momento, cosa que lamentará hasta que el alcohol difumine el recuerdo.

El escenario pareció cambiar ante los ojos de Frederick, desdibujándose hasta devolverlo a días oscuros que habría borrado de su memoria si tan solo pudiese desanclarse del pasado. La sequedad de su garganta al despertarse, su lengua abriéndose paso por un árido paraje y párpados perezosos que lucharon por permanecer cerrados hasta que contempló el horror. La ansiedad brotó en su pecho, puñalada en el plano psicológico que trascendió rápidamente hacia otros campos.

Deseó irse con tan solo escuchar la parte inicial del relato, pero en lugar de eso se terminó de un trago su bebida y dejó el vaso en la mesa. No estaba preparado para encarar escenas tan violentas y aun así continuaría adelante por el futuro de su equipo. Testarudez no le faltaba. —Me apuesto lo que sea a que sentiste poderoso, sí. ¿Tratas de compensar algo? —La ansiedad se convirtió en un sonido sordo, en punzadas discordantes que asolaban su pecho sin pedir permiso ni perdón. Las imágenes seguían presentes, casi tangibles. Fingir lo contrario resultaba abrumador.

Las cenas. Me estoy acordando de los banquetes que organizabas, esos en los que servías a un poco infeliz. No te olvidabas de un solo detalle, hasta la decoración se disponía especialmente para la ocasión. Por no hablar de tus trajes... En ese momento sí te vanagloriabas, regodeándote frente a todos, presumiendo de tu posición social y bromeando sobre comerte a los presentes mediante sutilezas. —Se encendió progresivamente, aumentando un tono que se veía incapaz de controlar. Rencor concentrado saliendo parcialmente a la superficie. Diablos, le faltaba el aire—. Siempre tenías que estar por delante de mi, eclipsarme con cada comentario. Pobre de mi cuando publiqué mi primer libro y creí que las cosas se arreglarían. Tuviste que refutarlo, ¡Cómo no! Seguir siendo el centro de atención en el único lugar en el que gané yo.

Las manos le temblaban. Temía haber cometido una estupidez.

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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Lun 26 Sep - 18:08


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Que Hannibal se enorgulleciese de sus experiencias y las llenase de detalles era tan conocido como su manía por tergiversarlas según la persona o situación en la que se encontraban. Y sin embargo, estaba siendo sincero. Quería que la gente supiese que seguía entre ellos. Que no había huido a Europa, o a Sudamérica, sino que seguía entre ellos. Bastaba con que Frederick omitiese la localización y el Estado –lo cual conseguiría con sutiles amenazas, o con ataques a su orgullo–, y para cuando el libro llegase a manos de los federales, Hannibal habría huido de nuevo.

Meditó aquella pregunta. ¿De veras necesitaba compensar algo? Tal vez el desastre que dejó a sus espaldas. Tal vez su antigua vida, escribiendo una nueva de cero. No, aquello último era imposible. De sera sí, el prólogo no habría comenzado con el leñador en forma de asado, o de jamón curándose, o de chuletas a la plancha, o de estofado. Además, ¿qué utilidad tenía esconderse, ahora que estaba solo y podía vivir sin el traje de persona que tanto le habían llegado a recriminar?
Quiso responder, pero el ataque de rabia y ansiedad de Frederick le pareció más interesante. Lo observó con una pequeña sonrisa en sus labios.

¿Has terminado? —preguntó en ese silencio roto por la respiración del contrario, y observó la forma en que movía sus manos. Se puso en pie casi de un ágil salto, y volvió a llenarle el vaso—. Cálmate, Frederick. No estoy aquí para que revivas experiencias del pasado, ni para que sufras el mismo destino que el leñador. Estás tan roto, eres tan frágil, que no me aventuraría ni siquiera a hacer un caldo con tus huesos. Y llevas razón. Esas fiestas eran la expresión materializada de mi estatus social, de mi renta. La diferencia es que la gente las disfrutaba, mientras que tú... bueno, me reprochas el origen de estos muebles recordándome que posees un Jaguar. Como dije, es un golpe muy bajo. Intentas, en vano, tener una clase que nunca te ha pertenecido.

Habló dirigiéndose a la cocina, separada de la estancia en la que se encontraban por una barra y varios armarios que colgaban del techo. Sujetó el afilador de cuchillos con la mano izquierda mientras con la derecha pasaba por éste repetidas veces uno de los mejores cuchillos que había en esa cabaña. —¿Por qué necesitabas tanta atención? ¿De dónde viene ese deseo de ser como yo? Me desprecias, y durante años estuviste aferrándote a mis pies, intentando vivir mi vida y ser como yo. ¿No te basta con haberte lucrado a mi costa?

Sacó de la nevera un trozo de lomo y con un sonoro golpe lo dejó caer en la tabla de madera, en esa barra que separaba ambas estancias. Así podía observar todos sus movimientos, todas sus reacciones. Empezó a cortar filetes, con sumo cuidado. —Además, ¿a quién pretendes engañar? Cuando te di la oportunidad de ser quien querías ser, huiste. Huiste mal, quiero decir. —. Dejó escapar un suave bufido por la nariz, con diversión. Aún recordaba el entretenimiento que le supuso cometer uno de sus muchos crímenes para luego pintar a Frederick de tal forma que pareciese el culpable. Que pareciese él. Que tuviese todo lo que ansiaba.

Espero que te quedes a cenar —añadió en el último momento, como si no estuviesen en medio de una interesante discusión, como si fuesen dos amigos a los que la tarde se les había pasado volando rememorando viejos tiempos.


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Dom 2 Oct - 23:05


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Estoy calmado. —Afirmación no respaldada por hechos. El caníbal ganaba terreno, y Frederick no podía percibir esto por las circunstancias que lo rodeaban. Su propio ego lo cegaba una vez más, trampa mortal contra la que no conocía defensa. Y todo por pensar en que su carta bajo la manga -ese farol que constituía la "llamada"- disuadiría al contrario de sobrepasarse para con él. Si esa falsa fortaleza bajo la que se guarecía se quebraba tan solo con los relatos del lituano, ¿De verdad duraría más de un encuentro bajo el mismo techo que un ser de esa naturaleza?— Muy calmado.— Insistió con su mantra  particular.

Miró el vaso. ¿Llegaría a terminar la conversación sobrio? De perdidos al río. Bebió, mas los nervios seguían a flor de piel. El trago más amargo degustado en lo que llevaba de día.

Los cuchillos. Los habría ignorado de no conocer las inclinaciones alimenticias del ahora dueño de la casa, pero al ser plenamente consciente de estas, el sonido llamaba a la alarma. Inquietud traducida en constante prensamiento de labios y miradas de reojo. Su respiración, lejos de equilibrarse, se convirtió en pequeños resoplidos sin orden ni concierto. —Te equivocas respecto a mi. No necesito atención, y mucho menos parecerme a ti. —Apartó de su cabeza episodios no tan remotos de su vida en los que, mirándose al espejo con expresión adusta, comprendía que ni los caros trajes ni forzadas sonrisas lo elevarían al estatus de Lecter. Cabrón suertudo—. No emitas juicios sin conocerme realmente.

¿La carne sería del leñador al que asesinó con tanta frialdad? El no tener la oportunidad de comer carne no quitó que se sintiese amenazado por el gesto, el cual le recordó lo acontecido en su propia cocina.

¡Me tendiste una trampa! Will te siguió el juego, os pusisteis de acuerdo para hundirme. Lo tenías todo pensado para machacarme, y creo que te hace gracia. No conocía las reglas, pero aun así sobreviví. Supongo que eso me hace mejor que tú.Sobrevivir. Qué mala elección de palabras.

Sabes muy bien qué puedo comer y qué no. Además no sé cómo ha podido pasar siquiera por tu cabeza que tenga estómago para ver cómo te comes al antiguo dueño de esta casucha sin clase.

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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Lun 3 Oct - 20:06


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El lituano escuchaba los gritos de Frederick mientras el cuchillo bajaba por la carne. Lo hacía lentamente, asegurándose de que el corte era limpio y recto. De vez en cuando cerraba los ojos, recreándose en el olor que emanaba de aquel lomo. A pesar de haber estado congelada, parecía seguir siendo fresca. Cuando cortó cuatro filetes se dedicó a cubrir el trozo restante con papel transparente, con lentitud y cuidado. Había callado cuando Frederick terminó de hablar, y así seguía; el silencio se rompía por el papel enrollando la carne y algún que otro sonido del bosque que conseguía colarse por alguna ventana entreabierta.

Cuando guardó la carne en la nevera se apoyó de nuevo en la barra y suspiró, con algo de diversión. —Oh, Frederick... no hace falta conocerte para saber qué piensas, qué sientes, qué ansías. Eres tan obvio... —negó con el rostro—; y sin embargo, cualquier psiquiatra estaría encantado de navegar en tu mente, yo incluido. Ven, por favor. —. Interrumpió su relato para coger un taburete y colocarlo en el otro lado de la barra, el que daba a aquel salón. De tal forma podía sentarse ante él y observar el arte que haría de aquel trozo de carne.

¿Sobreviviste? ¿Realmente piensas eso? Fue pura suerte. Si Miriam hubiese alzado un poco más el brazo... —extendió el brazo y apoyó su dedo índice en la frente de Frederick, representando así el sitio por el que habría entrado la bala en el caso que había propuesto—. Pero supongo que no habías terminado con tu papel en este juego, como tú mismo lo has llamado. Pero si piensas que eres mejor que yo, es que has vivido en una nube todo este tiempo. Alguien peor que tú no estaría donde yo estoy ahora.

¿Orgulloso, egocéntrico? Lo justo en una conversación con Frederick Chilton. Sacó de un armario diversas especias al terminar de hablar y comenzó a pintar la carne con ellas. Realmente parecía estar pintando ésta sin brocha alguna, pues extendía las especias con la mano extendida, casi acariciando los trozos, mimándolos como quien le otorgaba una última cena suculenta al condenado a la silla eléctrica. Una vez terminó con el primer trozo, lo extendió hacia Frederick para que lo oliese.

Es una pena que tu condición te impida disfrutar de esto; solías adorar mis platos, ¿te acuerdas? Dime, ¿vale la pena sobrevivir al juego así? —su mirada viajó de su mejilla a su estómago, donde sabía que tenía una cicatriz curiosamente semejante a la de Graham—. Aunque supongo que una pieza rota y defectuosa que se pueda mantener en pie es igual de válida que una entera. —. Él había dejado de ser una pieza entera tiempo atrás, pero lo disimulaba extremadamente bien cuando se ponía el traje de persona.

Con el mismo esmero que antes, realizó la misma tarea con los tres filetes restantes. —¿Cuál es tu siguiente movimiento en el juego, Chilton? Yo hace semanas que me retiré del tablero —le sonrió, una sonrisa llena, casi sincera, no un amago de sonrisa como los que había hecho hasta entonces—. ¿Te gusta Chopin? —no quería cambiar de tema, simplemente conocer los gustos del contrario para amenizar aquella curiosa velada. Cuando acabó con los filetes, los dejó aderezados en un plato para cuando los friese. Ahora tenía que pensar un plato vegetariano para Frederick, y sobre todo, resistir las ganas de no darle carne del leñador en dimensiones minúsculas. No hacía falta que el contrario se alimentase de humanos para que se convirtiese en un monstruo. En su modo particular ya lo era.


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Vie 14 Oct - 19:24


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Frederick se sentía ignorado, lo que era mucho peor que verse obligado a enfrentar el pasado y observar el impacto de Hannibal en cuanto a todo lo que lo rodeaba. Necesitaba ser escuchado, y que lo hiciese un hombre con el que compartía tantas cosas le haría sentirse, de alguna forma, comprendido a un nivel de implicación mayor. Por algo Lecter lo mantuvo con vida y lo incriminó, dándose la casualidad de compartir ambos vivencias similares. O eso quería pensar, mas siempre les quedaría algo: Su amor por lo poco ortodoxo.

Una sonrisa ladina apareció solo para ser aplastada por la gravedad del momento. ¿En qué momento le pareció buena idea hacer una visita a un manipulador? Por primera vez en bastante tiempo se reconoció estúpido, habiendo llegado demasiado lejos en su intento de seguir siendo la sensación de la temporada. —No te dejaría acercarte. Me niego a ser como Will Graham, no soy tan débil. —Forzó más el gesto. Había conseguido calmarse un poco y bajar el tono, pero la carga seguía ahí—. Sin contar que ahora te conozco, estamos en igualdad de condiciones.

Abandonó su cómodo asiento, aventurándose y ocupando el taburete con cierta resignación. Estaba escrito: No escaparía, tendría que compartir cena con su enemigo, como en los viejos tiempos.

El dedo le quemó en el plano simbólico, no dejándolo abandonar ni por un segundo el fatídico episodio. —Arrebatándole la casa a un leñador, asesinándolo y residiendo en un lupanar. Qué encantador, me encantaría estar en tu posición. —De haberse encontrado bebiendo, habría escupido el líquido en gesto grosero, incapaz de mantenerse sereno ante su propia ironía.

Negó y se inclinó levemente hacia atrás, reticente a entrar en el juego de la comida. —Los disfrutaba hasta que descubrí los ingredientes y me di cuenta de que podía ser el próximo. No hace falta que te explique en qué consiste mi agenda.

Dio varios golpecitos con los nudillos de la mano derecha en la barra, centrándose así en los ruidos e ignorando la forma en la que lo miró. O intentándolo. —No tienes derecho a hablar así de mi.

Solo tenía que inventarse una excusa convincente -pese a que antes se hubiese hecho a la idea de tener que cenar con el lituano-, poner un pie fuera de la cabaña, llegar a su coche y marcharse de allí a toda prisa. Una buena ducha en el hotel haría milagros. —Tú no estás al margen, te gusta jugar a ser Dios. —Lo acusó, no maquillando su opinión. Oh, qué bien sonaba la idea de volver al hotel—. ¿Sinceramente? Me da igual tu elección musical mientras no vuelvas a bromear con comerte mi lengua.

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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Sáb 15 Oct - 21:55


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Sentía ganas de chasquear la lengua repetidas veces para después rebanar el cuello de Frederick por las respuestas que éste le ofrecía, por el orgullo con el que hablaba. Pero no podía hacerlo. No quería huir de nuevo. Disfrutaría de aquel duelo. —Te noto muy a la defensiva, Frederick —comentó sin borrar la sonrisa; parecía ser el Hannibal que todos conocían años atrás, aquel que celebraba fiestas y tocaba el piano en éstas con su mejor sonrisa, aquel que se vanagloriaba de sus conocimientos y no de su modo de vida—; deberías calmarte. Jamás serás como Will Graham. Jamás caerás tan bajo. Por otra parte, sí que tengo derecho a hablar así de ti porque sí que eres una pieza rota. Pero qué importa mientras sigas en pie, Frederick.

El susodicho le daba lástima, pero cómo disfrutaba jugando con él. Rodeó la encimera y salió de la cocina mientras se limpiaba las manos en un paño. Se acercó al reproductor de música, poniendo en un tono bajo las sonatas de piano de Chopin. Volvió a su sitio, pasando antes por la nevera. Se hizo con varias verduras –calabacines, judías verdes, zanahoria, berenjenas–, especias para salsas y aceite de oliva de uno de los armarios. De nuevo ante Chilton, comenzó a preparar su plato. El espectáculo era menos bello que con la carne, pensaba Hannibal.

Sí, es cierto, me gusta jugar a ser Dios. Pero ya no puedo. ¿Qué controlo desde aquí? Nada —nada más aparte de aquellos excursionistas que caían en sus trampas, claro, y nada más aparte de a Chilton en ese instante, aunque estaba siendo una tarea difícil; interesante, sin duda—. Dato para tu libro: sí, echo de menos mi antigua vida. Pero hay que renovarse o morir, según dicen. Ah, a quién engañar, añoro leer a, por ejemplo, Maquiavelo. Añoro mi cocina, añoro ese comedor que podía albergar a más de diez comensales. Pero aquí estoy.

Todo rastro de sonrisa había desaparecido de su rostro. Cortó las berenjenas en rodajas y troceó el resto de verduras, que a fuego lento echó a reogar a la sartén con algo de aceite. Mientras tanto, preparó dos salsas, una más dulce y otra con el toque picante que la pimienta y el ajo ofrecerían.

¿Por qué has venido realmente, Frederick? —le miró a los ojos. Intentaba traspasarlos, meterse en su mente. Lo del libro era cierto, lo sabía; típico de Chilton. Pero también sabía que había algo más. ¿Acaso le echaba de menos? ¿Era eso posible? Jamás antes se le había hecho tan difícil entender al cien por cien a Frederick. Le faltaba práctica, y al instante supo que sus cenas y encuentros con Frederick eran dos cosas más que añadir a la lista de aquello que añoraba de su antigua vida. Viéndole con tanta frecuencia le tenía más controlado. Ahora la cuerda de la correa con la que solía sostenerle empezaba a debilitarse, y tendría que cambiarla con rapidez si no quería que Frederick lograse todo aquello que siempre quiso: ser él.


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Mar 8 Nov - 1:10


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Si con "a la defensiva" quería decir "intentando no parecer un blanco fácil", así era, no quería sufrir el mismo destino que Abel Gideon. Si bien Chilton había escuchado cómo Hannibal negaba tener interés en devorarlo, el antiguo director del Hospital Psiquiátrico temía que eso solo fuese un intento de reconfortarlo y hacerle bajar la guardia. Porque el lituano cumplía sus promesas, sí, mas en la utilización de las palabras radicaba el peligro; una acepción podía condenarlo a la muerte, esconder en sí misma un vacío legal mediante el cual lanzarse a su yugular sin remordimiento alguno.

Tampoco es muy difícil quedar por encima de un perro. —Eso era Will Graham, una mascota con la que el caníbal se cansó de jugar, una criatura que buscó comprensión en un ser cuasi lovecraftiano y pagó el precio—. Le has hundido la vida, mas supongo que no es asunto mío.— Apunte referido a la conversación mantenida años atrás con Hannibal en la cocina de su lujosa casa. Las circunstancias habían cambiado, pero algunos elementos se mantenían intactos, ajenos al paso del tiempo. La percepción de Frederick respecto a su interlocutor, también. Y, sin embargo, allí estaba, tan movido por su obsesión como el primer día.

Contempló el espectáculo culinario con medida satisfacción, reservándose su opinión tal y como haría un infante por temor a que sus padres descubriesen que, tras armar tanto revuelo a raíz de un berrinche, no todo llamaba al llanto.

Es una auténtica pena, dudo poder dormir esta noche. Abandonar el BSHCI y seguir sin tener un acceso correcto a tus obras favoritas. Trágico. —Que aguantase el vendaval derivado de sus acciones—. ¿No tenías dinero escondido? ¿No engañaste a alguna pareja de ancianos? Para que te cediesen su fortuna, algo que pudieses esconder por ahí. A lo mejor no eres tan listo como te crees.

La pregunta lo desubicó, derribando sus defensas. Se le antojó difícil responder, desconocedor de la verdadera respuesta. Desde que entró por la puerta se le plantearon preguntas que o bien ignoró o bien merecían respuestas para él ignotas. —Ha sido solo por el libro, no le des más vueltas. Y, si por alguna razón no te gusta, te recuerdo la existencia de cierto Dragón Rojo que te sustituiría de un plomazo. —No correspondió adecuadamente al contacto visual, sintiéndose abrumado por la intensidad de este. Lo sentía en su cabeza, algo imposible. Atribuyó eso al alcohol y, buscando la forma de evitar el malestar fruto de la mirada, abandonó el taburete con la premisa de estirar las piernas. El suspiro de Chilton no se hizo esperar.

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Última edición por Snicket el Sáb 4 Feb - 15:25, editado 2 veces


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Sáb 19 Nov - 17:33


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Si segundos atrás la sonrisa había desaparecido de su rostro, los ataques de Frederick a su orgullo le hicieron fruncir los labios hasta hacer con ellos una fina línea llena de rabia. Si en sus manos hubiese tenido un cuchillo en lugar de la varilla con la que removía la salsa, su cena habría sido un suculento plato Chilton al horno. En realidad no lo haría, pues le divertían más aquellas charlas con el antiguo director del psiquiátrico de lo que le divertiría devorarle con platos exquisitos realizados en su honor. ¿O era la dura realidad que Chilton, destrozado como estaba, no merecía un sitio en su mesa? Aquel pensamiento devolvió movimiento a sus labios, que dibujaron casi una sonrisa de nuevo.

Es curiosa tu forma de ver la inteligencia, cuando escribiendo libros sensacionalistas la desprecias más que la propia Freddie Lounds. Ah, sí, el Dragón Rojo... Debí de haberle dado tu nombre, en lugar del de Will. Ese desodorante que usas tiene pinta de arder muy bien. —. La sonrisa volvió a su rostro según iba ganando terreno de nuevo. Apartó las salsas y comenzó a freír los filetes; en lo que se hacían, comenzó a poner la mesa, un pequeño rincón lujoso en tan rústica decoración: servilletas de seda, vino de primera marca que había encontrado en una cada vez más vacía despensa del leñador, cubiertos de plata y platos de barro perfectamente moldeados y acabados. Apartó una silla a la espera de que Frederick la ocupase.

Si hubieses venido por el libro, habrías traído más cosas. Quizá incluso ropa nueva —aprovechó los movimientos de Frederick para observar de cerca su traje, averiguando la calidad de éste sin siquiera tocarlo—, para los días que fueses a pasar aquí, quiero decir. ¿No sería eso interesante? «Un fin de semana con Hannibal el Caníbal». Un reality show hecho libro. —. Se permitió soltar unas cuantas carcajadas al imaginar su vida reducida a algo así. Se dirigió a darle la vuelta a los filetes y en lo que se hacían por ese lado abrió la botella de vino, dejando que se airease entre el sitio de Frederick y el suyo, en ese momento vacío.

Retiró su comida, decorando el plato con salsa y guarnición de verduras. Dejó las salsas restantes para Frederick, por si quería acompañar sus verduras con alguna de ellas, y entonces llevó todo a la mesa. Sirvió el vino una vez sentado y alzó su copa; por unos instante se imaginó estar vestido con su mejor traje en su lujoso comedor. —Bon appétit, Frederick. ¿Dónde piensas pasar la noche? —preguntó, curioso, tras partir el filete de lomo y llevarlo a sus labios, ligeramente mojado de salsa. Tan delicioso como habitualmente.


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Sáb 4 Feb - 21:39


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Se sorprendía por las respuestas aun sabiendo que trataba con un psicópata de la envergadura de Lecter. A pesar de haber sufrido el peligro de acercarse a aquel hombre en su propio pellejo, en ocasiones su cerebro lo remitía al apoyo que Hannibal tiempo atrás le mostró. Por eso le molestaba tanto su forma de desprestigiarlo, de reducir todo su trabajo a simples comentarios de la categoría del Tattler. Todo era más difícil cuando la persona en la que deseabas convertirte mostraba su verdadera cara—. Siempre tan amable, Hannibal.

Ante los comentarios hirientes, sarcasmo.

Lo que no le extrañó fue que los modales del ex-psiquiatra siguieran intactos. El lituano podía amenazar con servirte de cena y, tan solo segundos después, comportarse como un perfecto caballero. Frederick lo contemplaba como un equilibrio macabro de fuerzas de inusual naturaleza. ¿Acaso era aquello lo que tanta curiosidad le despertaba? El poder compaginar dos aspectos tan diferentes de forma tan carismática incluso en situaciones adversas.

Ocupó su asiento no sin cierta reticencia inicial. Iba a compartir mesa con la persona que le hundió la vida indirectamente. Se necesitaba valor para ello o, en el caso de Frederick, ganas de continuar alimentando su particular red de mentiras.

Tal vez para ti. No hace falta que te diga que tienes gustos bastante retorcidos. —El olor de la carne obligó a Chilton a cerrar los ojos por unos segundos e inspirar profundamente. Conocía la procedencia de la carne, sabía que no podía comer y aun así anhelaba el sabor. Se obligó a centrarse al repasar las circunstancias y aguardar a su anfitrión.

Alzó la copa, correspondiendo al gesto, y su mirada se iluminó al contemplar su plato como correspondía. No sólo el olor llamaba a degustar el plato, sino que también entraba por los ojos dada su delicada presentación. Tendría que dedicar unas palabras al chef a su debido tiempo. —En un hotel. No me parecía viable nada similar a la idea que planteaste anteriormente. No te lo tomes como algo personal. —Prefería llamarlo "ser precavido".

No hace falta que te preocupes por mi. Tengo dinero, lo que conlleva la posibilidad de elección.

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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Mar 14 Mar - 12:49


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En un hotel. Su vista se dirigió entonces a la ventana más cercana a la mesa. El cielo pronto pasaría de estar púrpura a estar azul oscuro, y el bosque que les rodeaba, sumido en una casi total oscuridad. Tras comerse otro trozo de filete, fijó su vista en Chilton y negó con la cabeza.

No lo hagas. No creo que fueses capaz de salir de aquí y llegar intacto a la carretera. Y sería una pena que murieses, llegado a este punto —sonrió, de forma sincera. Si de algo se había caracterizado Chilton hasta entonces era de su entereza, de su supervivencia. Además, estaban sus trampas. No las solía colocar cerca de la cabaña, para no levantar sospechas, pero en cuanto el contrario perdiese el rumbo, podría pisar una de ellas con facilidad.

Dime, Chilton, ¿desde cuándo el dinero te da más posibilidad de elección que a alguien que tiene menos que tú? —cogió la copa y tras darle un trago señaló su plato—. ¿Y si te he puesto escopolamina en la verdura? ¿Y si el vino lleva somníferos? ¿Y si un ciervo te ataca ahí fuera? ¿Dónde está entonces tu posibilidad de elección? En el caso más extremo, podría matarte ahora —con destreza, giró el cuchillo entre los dedos de su mano izquierda; tras esa pequeña exhibición, volvió a dejarlo apoyado contra el borde del plato—. Dime, entonces, qué podrías elegir en esas situaciones sólo porque tienes dinero.

Su vista se quedó fija en el rostro de Chilton. Si se fijaba con detalle, podía observar qué zonas de su rostro eran parte de la prótesis y cuáles no. ¿Por qué se empeñaba tanto en vestir su traje de persona? Él lo había hecho durante años, no le culpaba, pero el mundo ya le había visto sin él, tal y como a Hannibal le habían visto en su forma real.
Si conseguía que se quedase a dormir allí, le pediría que mostrase su verdadero yo.


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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Snicket el Jue 22 Jun - 22:33


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¿Debía interpretar aquello como una amenaza o, por el contrario, como un sincero aviso? Los ambiciosos ojos del psiquiatra escudriñaron el rostro del lituano en pos de una pista que arrojase luz sobre su particular situación. En lo más hondo deseaba creer que lo comprendía, que leía sus movimientos con pasmosa antelación.

Nada más lejos de la realidad.

Yo... —Se coartó a sí mismo. Compartir su tiempo con Lecter era extenuante, una tarea titánica. El caníbal poseía capacidades asombrosas con las que Frederick ni tan siquiera se atrevía a soñar, habilidades que sobrepasaban con creces lo común. Todo lo que él jamás lograría ser.

Se imaginó a Hannibal abandonado su asiento con parsimonia, rodeando la mesa con una ingeniosa mueca grabada a fuego en su rostro, dedicándole unos segundos de su tiempo cuchillo en mano. ¿Y con qué fin? Existían tantas respuestas a esa pregunta que lejos de responder de forma adecuada, acabaría derrotado por la incertidumbre. Aun así, la idea que más barajó resultó ser la más básica: su vida se vería truncada por la acción de la herramienta y la mano ejecutora de su agresor.

Por suerte nada de eso ocurrió, lo que no le ahorró el sentir cómo unas simples palabras le afectaban tanto. Éstas, acompañadas del ya mencionado gesto, le robaron el aliento, lo perturbaron.

Incómodo, se apresuró a degustar su plato. —No lo harás. Tienes las manos atadas. Tus intentos de quedar por encima de mí dada tu inferioridad son fútiles. —Manos atadas con un hilo tan invisible como el traje nuevo del emperador, un hilo que sólo sería tangible si su inventada amenaza se volvía contra él. Se estaría ahorcando con su propia cuerda—. Retomando el punto en el que pareces tan interesado, necesitaré una linterna para no tener ningún percance en mi vuelta al hotel.— El tono de su voz se quebró por unos instantes. Temor.

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Re: Don’t give me ideas.

Mensaje por Kerouac el Mar 26 Sep - 19:12


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Tuvo que hacer un esfuerzo más que titánico para no reír. ¿Realmente estaba en una situación de inferioridad? Chilton había entrado en su territorio, y a menos que le hubiese mentido, nadie lo sabría. Si le mataba y preservaba en el congelador las partes más valiosas de Chilton –a pesar de su infección, pues para Lecter ya era un cuerpo infectado–, ¿quién le echaría de menos? Tal vez su editor. Sus lectores carroñeros. Pero a nadie se le ocurriría buscarle en la profundidad de un bosque de West Virginia.

Querido Frederick, eres más inteligente de lo que estás demostrando hoy, muy a mi pesar. Al menos, eres lo suficientemente inteligente para saber que el autoengaño en exceso deja de funcionar. Puedes vivir en tu fantasía de superioridad si así lo deseas, pero no quiero reproche alguno cuando la realidad te golpee. —. Detuvo su discurso para seguir degustando aquella carne, cerrando los ojos con cada mordida.

No necesitarás linterna alguna. ¿Para qué? Los ciervos y demás animales son inteligentes. Se alejarán de la luz y te atacarán por detrás. ¿Qué necesidad hay de poner en riesgo tu vida? No merece la pena que hagas el camino dos veces. Porque mi intuición me dice que mañana volverás a visitarme. ¿Acaso quieres volver a tu hotel para intentar pillarme infraganti... haciendo qué? Lo sabes todo de mí. Dejar de hacer el tonto, Frederick. Te estoy haciendo una invitación formal a quedarte aquí esta noche. Puedes fiarte de mi palabra y confiar en que mañana despertarás vivo, o ser inútil y dejar que te maten peligros peores que yo. No seas irrespetuoso.

Cuando finalizó los filetes, lamió el cuchillo. No fue un gesto obsceno; no daba la sensación de ser alguien pobre a quien le habían dado su primer plato suculento en meses. Fue, de hecho, algo elegante. Saboreaba los restos de sangre que aún pudiesen quedar en el cubierto al haberlos hecho en su punto, con la cantidad perfecta de jugo.

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