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It's not his fault to not recognize your face.

Mensaje por Winter Wiccan el Jue 1 Sep - 21:27


It's not his fault to not recognize your face.
Plot | Realista | 1x1

Sam y Petey lo tenían todo. Un apartamento en un pequeño barrio residencial, lejos del centro de una gran ciudad; trabajos estables en dos grandes multinacionales, una de ellas regentada por el padre de Petey; y una promesa de amor cada vez que se metían en su cama conjunta. Todo se fue al traste cuando, tras un día de trabajo, Peter Holtzmann sufrió un accidente de coche tras el cual quedó en coma durante tres semanas y media. Durante ese tiempo, el padre de Peter, receloso de la relación de su hijo con Samuel, impidió por todos los medios que este viera a su pareja. Cuál fue la sorpresa del señor Holtzmann cuando su hijo no recordaba nada de su pasado, solo breves recuerdos donde aparecían rostros desdibujados. Fue entonces cuando el padre, en un intento agresivo de borrar el pasado “enfermo” de su único hijo varón, compró la multinacional en la que Sam trabajaba, echándole al momento y recluyó a su hijo en la gran mansión familiar, donde no vio a nadie autorizado por el padre durante meses.

Tres años después, Peter acude al banquete de boda de uno de sus mejores amigos de la universidad, Edward Swift. Con ciertas secuelas de la amnesia todavía, que estaba tratando con profesionales, se ha presentado en el banquete con su pareja actual y, según ella y su padre, desde hacía ocho años: Michaela Clinton. La chica, que lleva obsesionada con Pete desde el instituto, ha sabido colocarse como la persona de rostro rubio que aparecía en sus sueños, cuando en verdad era otra persona.

En ese mismo banquete, Sam Horton bebe agua. Su hermana le ha sacado a rastras de la habitación de su piso que utiliza desde que le echaron de su apartamento antes compartido. Tras su despido y el “abandono” de Peter, se refugió en el tabaco y en el alcohol. Varias noches de fiesta llevaron del tabaco al cannabis y de ahí a otras drogas duras hasta que su hermana le encontró en una piscina de su propio vómito en la entrada de su casa. Desde entonces, ha estado yendo a psicólogos y a centros de desintoxicación. Precisamente, ese banquete de su mejor amigo de la universidad y confidente es su primera prueba para probar que lo ha superado.

Una mesa en común, un amigo preocupado, cartas sobre la mesa y bocetos desdibujados. ¿Reconocerán los ojos cegados en la neblina la luz de sus cabellos ahora marchitos? ¿Reconocerán sus oídos la dulce voz que le pedía volver a casa? ¿Saldrá del embrujo de la niebla? ¿Será capaz de soportar verle “feliz” y carente de los recuerdos de su amor? Quizá, una caja de fotografías entre los tres amigos consiga reavivar la llama apagada cruelmente tras la tormenta en una sala blanca de hospital.

Peter Holtzmann
34
Michiel Huisman
Amnésico
Vicepresidente
Winter Wiccan
Samuel Horton
35
Alexander Skarsgard
Ex-Drogadicto
En paro
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Re: It's not his fault to not recognize your face.

Mensaje por CaptainHolmes el Miér 7 Sep - 16:35


We keep this love in a photograph
Con Peter
En San Francisco
16:00

La noche anterior a la ceremonia de uno de sus mejores amigos de se le antojó interminable. Se suponía que la mayoría de conocidos acudirían al enlace, lo que llevaba a preguntarse si... él... asistiría también. Mientras que a lo largo del día evitaba que las personan mencionaran a Peter en su presencia, cuando la noche caía su mente ejercía lo contrario. '¿Cómo estará?' '¿Qué estará haciendo ahora?' Esas y más preguntas de similar índole avasallaban su cabeza, impidiéndole coger el sueño.

Si bien tiempo atrás pretendió conocer su estado de salud mediante llamadas, su número nunca estuvo disponible, por no hablar de la imposibilidad de moverse a verle en persona. Qué tontería, si ni siquiera le recordaba. Además, su padre ya le dejó bien claro cuán lejos le quería de él, y las represalias por insistir resultaron ser inmensas.

Pero, maldita sea, le quería.

La mañana del sábado lucía radiante, como también lo hacía su hermana la cuál le acompañaría a la boda. Fue ella la que le alentó a hacerlo tras numerosas negativas procedentes de Sam. Había salido a la superficie hacía tiempo pero aún le intimidaba el hecho de verse rodeado de bebidas alcohólicas y, probablemente, humo. Pero se armó de valor y decidió hacerle frente. No iba a estar rehuyendo de ese tema ni de ningún otro toda su vida. En cuanto a Peter, no estaba seguro si al fin lograría verle después de tanto tiempo, pero de solo imaginarlo sus miembros inferiores eran dominados por un evidente tembleque. Como si fuera un crío.

La tarde caía cuando todos los invitados se congregaron en el banquete al aire libre. Conversaciones, risas, felicitaciones y demás invadían el ambiente. Una atmósfera colmada de ilusión y felicidad incluso para el propio Sam, que estaba encantado por la decisión que Edward había tomado. Y entonces algo en su interior se removió, un resorte se activó. Peter apareció en el evento, y una ráfaga de estupefacción golpeó a Sam hasta arrebatarle el habla y también el control de sus movimientos; se sintió petrificado. Solo se vio capaz de centrarse en el atractivo del que siempre había gozado, el mismo que le arrancó una nimia sonrisa que desapareció al instante.

¿Qué diablos? ¿Qué hacía ella allí? La cuestión se aclaró enseguida cuando la fémina tomó la mano de Peter y dejó un beso en su mejilla. A continuación apreció una rabia tan abismal que sus huesos se hundieron en ella. Algo no andaba bien... Maldita furcia.

Las horas transcurrían y el silencio en la mesa que compartían se hizo sobrecogedor de un momento a otro. Aquel que un día fue su novio se encontraba justo enfrente de él, motivo por el que Sam mantenía la vista en sus manos o moviéndola de un lado a otro en pos de evitar la ajena y el regocijo que brillaba en los ojos de la rubia. No le faltaban ganas de soltarle cuatro cosas, pero conservar la compostura era lo mejor en ese instante. No quería dar una impresión equivocada de él, y menos con Peter delante.

Cuando la de cabellos dorados se retiró al baño, Edward se aproximó a Sam y Peter a quiénes instó a acercarse. El rubio sopesó la idea, tratando de no ser descarado en ello, y al final cedió. Sus manos empezaron a temblar en cuanto acortó cierta distancia, aun cuando no estaba del todo junto a él. Edward se decantó por tomar asiento entre ambos.

—Vamos a recordar viejos tiempos, ¿os parece? —Manifestó Edward para seguidamente descubrir una especie de cofre pequeño, el cuál albergaba numerosas fotos. Una tras otra, las imágenes revelaban experiencias del pasado que jamás se despegarían de su mente. Fiestas, viajes, día a día... —Esto fue en la graduación, aquí estoy yo con la que ahora es mi mujer, increíble. Y ¡mirad! en esta otra estáis vosotros. —La fotografía ante ojos de los tres mostraba a Peter y Sam notoriamente cerca, sonriente, con las miradas clavadas en los labios ajenos. —Se os veía muy tiern... —La garganta del rubio fue rasgada por un carraspeo que salió al exterior más temprano que tarde, a la vez que la humedad predominó en su mirada. No quería derrumbarse en ese sitio y en ese momento, así que se vio en la obligación de interrumpir. —Si... Si me disculpáis, necesito tomar un poco el aire. Tanta gente alrededor... —Se esforzó para que su voz no flaqueara y, entonces, se alzó del asiento con objeto de ir a alguna parte. Los jardines del lugar acogieron la figura de Sam momentos después y las lágrimas llenas de sueños rotos que brotaron en él.



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Re: It's not his fault to not recognize your face.

Mensaje por Winter Wiccan el Vie 9 Sep - 14:20


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Con Sam
En San Francisco
16:00

Aquella mañana amaneció como cualquier otra. Las sábanas revueltas por otra pesadilla inconclusa, una botella de agua al lado del bote de somníferos y Michaela a su lado. La que era su prometida lucía deslumbrante, como de costumbre, con un pijama de seda que él mismo le había comprado. Como todas las mañanas, esperó a que un recuerdo juntos le devolviera aquella pasión que tanto le habían comentado… Sin resultado. Se fue al cuarto de baño, pensando en la boda de uno de sus mejores amigos, Edward. Por increíble que le pareciera, los recuerdos con su compañero de promoción eran mucho más claros de los que tenía con Michaela. Flashes de ellos dos y Sam, su otro mejor amigo, aparecían una y otra vez, pero cuando le llegaba la hora de pensar en sus horas con Michaela, había borrones rubios y manchas azules, que asociaba con el rostro de la chica.

Siempre se encontraba con la misma respuesta borrosa. Un rostro manchado de agua en un papel, una cara que no recordaba, pero que todos los que conocía asociaban a esa bella mujer que estaba a su lado. ¿La quería? No. ¿Pensaba que lo había hecho? Más que todos ellos.

Abrió de par en par el vestidor, colmado hasta las cejas de vestidos de su prometida y con un escueto rincón para su ropa. No le molestaba cumplir los caprichos de la que, en teoría, sería su futura esposa, ya que un vestido no era nada en comparación con su ayuda por las noches, cuando chillaba exhausto por recuerdos indefinidos y tormentas avivadas en su memoria. Buscó un traje formal, con una corbata azul, a juego con sus ojos y se puso unos gemelos en la americana. Salió de aquel armario-habitación de proporciones dantescas y escuchó el ruido de la ducha, señal de que Mica, como la llamaba, se había despertado. Tenía recuerdos en los que una sonrisa traviesa y un impulso le hacía meterse en la ducha con esa persona sin rostro que era ella pero… Era como si aquello hubiera muerto por completo. La llama de la pasión, como la llamaban los poetas, no ardía en él.

Llegó la tarde y Peter apareció en aquel salón de celebraciones de la mano de su prometida. Conocía a muchas de las personas que había por ahí. Compañeros comunes de trabajo, antiguos amigos de la promoción… Se preguntó si Samuel estaría ahí. En sus recuerdos, era la cara que más se repetía. Habían compartido piso, habían sido como dos almas gemelas pero, según su padre y sus amigos, el día antes de su accidente de coche, tuvieron una discusión muy fea que, al parecer, dio al traste con todo aquello. La misma sensación dura y amarga que le atacaba por las noches se alojó en su pecho al recordar eso. Sabía que había sido culpa suya, aún sin recordar aquello.

Michaela le dio un beso en la mejilla y le tomó de la mano, guiándole hasta la mesa. Incluso después de años, podía reconocer a Sam aunque estuviera tan… Desdibujado. La imagen del chico dulce y divertido que habitaba entre las paredes de su mente, ahora estaba apagada, como si le hubieran drenado la energía vital. Mica insistió en sentarse justo en frente de Sam y quien, si no recordaba mal, era su hermana. ¿Cómo podía reconocer a la hermana de su antiguo mejor amigo y no a su prometida? Aquello le devastaba.

Llegó Edward y empezó a sacar fotos. Los recuerdos florecían en su mente conforme las imágenes se iban pasando, soltando suspiros de alivio poco a poco. Recordaba a Sam, recordaba a Ed, recordaba a la prometida de éste, Lily… También encontró extraño que Michaela no estuviera en ninguna foto.

Fue en ese momento en el que vio como Sam salía corriendo y se le hizo un nudo en el estómago. Michaela le lanzó una mirada inquisitorial, que ya conocía. Era como si su prometida chillara a gritos: “No vayas, insensato, idiota.” Sin embargo, sus piernas se movieron solas y salió corriendo tras de él, ante la mirada incrédula de su prometida y una sonrisilla en el rostro del recién casado.

Abrió la puerta que llevaba a los jardines y vio a Sam alejado, cubierto por las sombras. Entre el hombre de ojos azules y su mejor amigo podían haber solo cincuenta pasos, pero a Peter se le antojaron como mil mares. La respiración le pesaba conforme se acercaba, como si la atmósfera se volviera más y más densa al acercarse a él. “Sam…” Dijo, en un primer intento porque le oyera. No sabía por qué, pero estaba llorando. Había tanto oculto tras sus propios ojos, tantos recovecos aislados en su mente. Su propia memoria era un libro a medio leer y, si alguien tenía la clave, suponía que era la persona con la que, al parecer, lo había compartido todo. “Sa-Sam…” Dijo, más cerca del hombre. “No me odies, por favor.” Dijo, tratando de mantener la compostura. ¿Tan dura fue su última discusión para ser solo la primera? “Por favor, ne-necesito tu ayuda.” Dijo, en un intento desesperado por llamar su atención, temeroso de que le diera un bofetón.


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Re: It's not his fault to not recognize your face.

Mensaje por CaptainHolmes el Sáb 10 Sep - 3:08


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Con Peter
En San Francisco
16:00

Estaba llegando a la conclusión de que las sombras eran su verdadero hogar, el lugar donde realmente pertenecía. Se había acostumbrado a ellas y al cobijo pesimista que le ofrecían, aunque protección al fin y al cabo. ¿Tenía miedo de sufrir? Sí, después de tantos contratiempos que una vez constituyeron su vida, todavía se echaba a temblar al dirigir la mirada al pasado. Sin embargo, en aquella ocasión rehusó mostrarse débil y ridículo como ya hizo tiempo atrás delante de la gente. Desde que salió del centro de desintoxicación decidió fabricar una coraza alrededor de su corazón, aislándolo de los ejércitos de sentimientos que desearan asaltarlo. Pero no imaginaba que Peter tuviera la llave que abriera aquel fuerte o, mejor dicho, no quiso imaginarlo. ¿A quién pretendía engañar?

Retirado de la multitud, Sam rezó por transformarse en un ser inmaterial o por que la tierra le hiciera un favor y se lo tragara, detrás de unos árboles que no gozaban de gran envergadura. Todas las sombras unidas en una absorbieron la figura de Sam, aquel que se permitió desprender algunas lágrimas por la impotencia contenida y por el azote de los recuerdos. A esas alturas solo le quedaba tomarse al pie de la letra el proverbio: Si quieres a una persona, debes dejarla ir... No obstante, no contó con que esa persona, la que ocupaba el cien por cien de su mente, optara por hacer todo lo contrario. El rubio que mantuvo la mirada clavada en un punto del suelo en pos de no revelar su anterior llanto, terminó alzándola ante todo pronóstico, enfocando aquellos ojos por los que siempre había lucido embelesado. ¿Cómo siquiera podía pensar en la más mínima posibilidad de que Sam le odiara? Era prácticamente imposible. La imploración en busca de ayuda que salió de su boca resquebrajó en minúsculos pedazos el alma de Sam. Siempre había tratado de darle a Peter aquello que quería antes de que lo necesitara realmente, estando cada día a su lado en las buenas y en las malas pero, ¿cómo lo haría ahora? ¿Cómo podía un alma maltratada reparar otra de similar índole? Lo que tenía claro era que aunque las fuerzas fallaran, aunque el mundo se decantara por ir en su contra, aunque su cuerpo se negara a reaccionar, haría lo que fuera por aquel que tenía delante. Lo que fuera.

—El problema es que no puedo odiarte precisamente... —Consiguió articular a duras penas, y entonces unas comisuras se alzó velozmente en lo que se pudo reconocer como el indicio de una sonrisa afligida. —Pero eso no... importa ahora. —El dorso de su diestra fue encaminada a la altura de su propia mejilla, de la cuál intentó apartar la humedad que se desbordó de sus ojos. —Estoy aquí para lo que necesites, no me importa recordártelo. No me voy a enfadar contigo, no te voy a odiar, pero dudo mucho que actualmente un desgraciado como yo tenga la capacidad de ofrecerte la ayuda suficiente... —Tuvo que hacerle frente a sus deseos y adaptarlos a la cruda realidad, aquella que exhibió mediante unas palabras teñidas de puro abatimiento.
   



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Re: It's not his fault to not recognize your face.

Mensaje por Winter Wiccan el Sáb 5 Nov - 14:27


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Con Sam
En San Francisco
16:00

No se esperaba esa respuesta en absoluto. Según todas las personas a las que preguntaba, Sam y él tuvieron una discusión horrible y el contrario le mandó a la mierda horas antes del accidente de tráfico. Aquella reacción, no obstante, chocaba con todo lo que le habían dicho. Fue como si un castillo de naipes se cayera con la mera brisa de un ventilador. “¿Cómo?” El tono incrédulo salió de su garganta, sin capacidad para que el moreno pudiera modular su voz. Estaba en shock. “Pero, si me odias. Todo el mundo me lo ha dicho. Mica, mi padre, todos.” Respiró con profundidad, tratando de asimilar aquello. ¿Acaso le habían mentido o quizá el rubio había dejado pasar aquel desprecio que, al parecer, había formado hacia su persona?

Pudo haber seguido con su monólogo interno y su pena pero, al ver a Sam enjugándose las lágrimas, no pudo hacer otra cosa que acercarse y tenderle el pañuelo. Una parte de él, inconsciente, quería limpiárselas él mismo, pero se contuvo. “Tú… Eres la única persona que me falta de mi puzle. Mica, Ed, Clara, mi padre, mi familia, todos están ahí pero… Tú no. Solo, solo necesito hablar contigo, como hacíamos antes. Quedarnos hasta las tres de la mañana contándonos historias en nuestro apartamento, salir a cenar y perdernos en medio de la ciudad. Sam… Eras mi mejor amigo y sé que hay algo que me falta, una pieza que no encaja en mi cabeza, por eso te necesito.” Dijo todo eso de golpe, apretando los puños con ira. Era la única persona que le podría ayudar con todo eso, la última persona con la que estuvo antes del accidente y su mayor confidente hasta que todo eso pasara.

Se sentó en un pequeño saliente que había cerca del rubio pero no excesivamente. “No sé que pasó esa noche, pero sé que hizo algo que te enfadó, o eso me han contado. Lo siento, siento no haber podido solucionar o aceptar lo que quiera que falló, pero ahora me doy cuenta de que perderte fue una gilipollez.” Bajó la mirada, enfocada en sus zapatos, mientras su desordenada mente trataba de acordarse de momentos con Sam y, por suerte, todos estaban ahí, o eso creía. “¿Te acuerdas de esa tarde en la que nos dio por hacer pizza casera y casi quemamos el apartamento?” Soltó una breve carcajada, amarga, ya que sabía que le faltaban detalles, aunque no los conociera, como que fue un intento de cena por sus tres meses saliendo juntos. “Sam, ¿qué hice mal?” Dijo, con la voz rompiéndose poco a poco.



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