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Don't go where I can't follow.

Mensaje por CaptainHolmes el Mar 13 Sep - 19:07


Don't go

where i can't follow



• Plot • Fantasía/Drama/Romance • 1x1 •
La falta de suministros en el navío suscitó a los navegantes a lanzar el escaso instrumental de pesca a las aguas con el propósito de lograr algo que llevarse a la boca. Para sorpresa de todos, lo que sus redes atraparon se escapó de cualquier imaginación a bordo a pesar de las leyendas; algunos peces que les servirían de alimento y... ¿qué era lo otro? ¿Un tritón? Por lo visto la mitología nunca se había equivocado. Algunos quisieron matarlo, pero la mayoría se decantó por mantenerlo en pos de sacar beneficios de él, ya fuera para preguntarle respecto a la presencia de tesoros en el fondo oceánico, o para venderlo en tierra. Las ganancias serían inmensas.

Un miembro de la tripulación no estaba de acuerdo siquiera en conservarlo fuera de las aguas, mas poco podía hacer sin que las represalias cayeran sobre él como si de toneladas de roca se tratasen. Keiran se limitó a marcar la diferencia entre el resto de piratas en cuanto al trato hacia Dathan respectaba. Aunque éste último al principio manifestó cierto recelo en el momento que Keiran pretendía entablar conversación alguna con él, a la larga descubrió que él era distinto al resto, al igual que halló similitudes entre ambos. Keiran también lo hizo, y conforme los meses transcurrían la lealtad y el aprecio que sentía hacia el tritón empezó a evolucionar a un sentimiento más profundo que jamás fue revelado. Un sentimiento mutuo.

La situación dio un giro de ciento ochenta grados en el momento menos esperado. Dathan comenzaba a presentar síntomas de rápida deshidratación, así como dificultades para mantener un ritmo respiratorio medio. Estaba muriendo, y el futuro no jugaba exactamente a su favor. El pirata prefirió devolverle al mar antes de que perdiera la vida frente a sus ojos, antes de que su existencia se difuminara para no saber nunca más de ella. Cuando creía que nadie sospecharía de él, el azar le dio una bofetada mandando a un chivato a presenciar el hecho en cuestión.    
personajes

Keiran Prescott • Pirata • Luke Evans • CaptainHolmes


Dathan • Tritón • Henry Cavill • Miss Hook

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Re: Don't go where I can't follow.

Mensaje por CaptainHolmes el Mar 13 Sep - 19:20


Fate has intertwined

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Con Dathan • Por la tarde
El octogésimo tercer día surcando los mares, el pirata Keiran Prescott tomó la decisión que cambiaría su vida para el resto de sus días. No iba a permitir que aquel con el que más había compaginado desde que tenía uso de razón perdiera la vida sin poder remediarlo. No se iba a quedar de brazos cruzados mientras Dathan luchaba por mantener el aliento. Muy a pesar de Keiran, el tritón volvió adonde pertenecía con la ayuda del primero el cuál le liberó de las garras de la piratería sin pensarlo demasiado.

Pero no iba a salir impune de semejante acto pese a que llegó a pensar lo contrario. Él, ingenuo, pensó que no había ojos observándole debido a las altas horas de la noche cuando en realidad el contramaestre se hallaba entre las sombras siendo testigo de las circunstancias.

En la proa de la nave, la vista de Keiran se perdía entre las aguas que se abrían paso con el débil avance del barco. No había pasado siquiera una hora, en el momento que empezaba a preguntarse qué sería del tritón en esos instantes. Estaba desconcertado solo de pensar cómo congeniaron, cómo llegaron a comprenderse tanto en un corto espacio de tiempo. Su mente le atrapó a lo largo de unos minutos, los suficientes que el resto de la tripulación necesitó para atraparle, sirviéndose de su ensimismamiento. Gracias al chivatazo del contramaestre, todos eran conocedores de la fuga de Dathan y de quién se la facilitó. Si bien la persona que contempló la acción juraba que lo que sus ojos vieron era cierto, tenían que hacer cantar a Keiran. Para ello, diversos métodos de tortura eran bastante apropiados. Latigazos y otras laceraciones le fueron practicadas al cuerpo del traidor, como ya empezaron a llamarle.

De nada sirvió fustigarle durante varias horas, en las que Keiran perdía la conciencia continuamente producto del dolor infligido y de la sangre perdida, ya que la boca del pirata se mantuvo cerrada en todo momento, negándose también a emitir quejido alguno. Sin embargo, de poco le ayudó tal comportamiento.

Un golpe a la altura del estómago le devolvió el conocimiento de mala manera, viéndose en la obligación de ponerse en pie en cuanto se le instó a ello. «¡Camina, escoria!» Aquel grito le taladró el oído, augurando su final. Los empujones efectuados por la aglomeración le incitaban a avanzar a trompicones por la cubierta en dirección a la pasarela. Cuando su silueta se situó al borde de la tabla, un último impulso procedente de unos de los navegantes le precipitó al mar, exactamente a una de las zonas más profundas y usualmente frecuentadas por tiburones. No contentos con ellos, se encargaron de apresar sus extremidades inferiores con grilletes, arrebatándole cualquier oportunidad de sortear a la muerte. Cada centímetro del pirata se encontraba dolorido por las palizas a las que fue expuesto, y aunque en un principio intentó salir a la superficie, el peso de las cadenas y el tormento reflejado en cada músculo de su anatomía jugaba en su contra. El oxígeno apenas existía en sus pulmones y la perdición acechaba por las proximidades de Keiran.
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Re: Don't go where I can't follow.

Mensaje por Miss Hook el Miér 14 Sep - 21:28


Fate has intertwined

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Con Keiran • Por la mañana
¿Quién le iba a decir que aquella calurosa mañana, en la que había decidido abandonar el castillo, acabaría siendo atrapado por la red de un par de piratas que no dudarían en usar su cuerpo como medio para conseguir dinero? ¿Quién imaginaría que uno de ellos sería diferente y que entablaría, por primera vez, relación con un humano? Y… ¿Quién hubiera imaginado que acabaría perdidamente enamorado de él?

Bajo la superficie del mar se extiende un mundo completamente diferente al relatado en los cuentos o historias, un mundo cuyos únicos resquicios de verdad aparecen en leyendas y mitos que todos catalogan como ficticios. Al igual que todo lo hallado en la tierra era distinto a como lo narraban los que no habían subido nunca a ella.

Había oído hablar a su padre y a aquellos afortunados súbditos del reino que habían sido partícipes de excursiones cerca de los humanos, que todo lo que ahí arriba se expandía era destrucción, muerte, egoísmo y crueldad. Y, probablemente, de no haber conocido a Keiran hubiera mantenido dicha opinión que durante tanto tiempo le habían obligado a creer. Pero aquel hombre de pelo oscuro y clara mirada, era diferente.

Llevaba demasiado tiempo sin tocar el agua, y podía sentir como su cuerpo le pedía a gritos volver al océano, a pesar de que en aquel momento hubiera vendido incluso su alma, para poder quedarse con el varón mucho más tiempo del que se le estaba ofreciendo.

Sin embargo, algo dentro de él le decía que así sería, que volvería a verle. Fue aquel pensamiento el que logró que sus ojos permanecieran entreabiertos aun cuando la fuerza que obligaba a sus párpados a ceder, resultaba demasiado intensa como para luchar contra ella.

Sus labios comenzaron a adoptar un ligero tono morado, señalando que su tiempo se acababa, que su vida no dependía de meses o días, sino de unos pocos minutos.

Quería decirle algo a Keiran, agradecerle el tiempo que le había brindado, agradecerle aquel ligero cosquilleo que florecía en su estómago cada mañana que acudía a hacerle compañía.

Pero su garganta se negaba a musitar palabra alguna, guardando las últimas reservas de energía para mantenerle despierto, tiempo durante el cual se dedicó a contemplar las perfectas y marcadas facciones del hombre, intentando memorizarlas en su cabeza, para aun cuando ambos estuvieran lejos, tenerlas siempre presentes.

Y, entonces, ocurrió lo inesperado. A sabiendas de las posibles consecuencias que su imprudente acción podrían acarrearle, el pirata se hizo con el cuerpo del tritón, devolviéndolo a su lugar de origen.

Dathan tardó un par de segundos en recuperar la conciencia, en corroborar lo que hasta entonces meramente había sido una corazonada: Keiran le había salvado.

Su pecho volvía a subir y bajar con regularidad, aliviado, aunque aun ligeramente dolorido por el tiempo que había pasado alejado de ese material que tanto le fortalecía. Ni si quiera había sido capaz de contar los días que había pasado lejos de su hogar, lejos del mar, de sus amigos, de su familia,… Aunque, en aquel momento, ni si quiera la incertidumbre de saber si estarían preocupados por él o buscándole por los siete mares, lograba alejar de sus pensamientos al pirata.

El tritón, entreabrió los labios, dejando que un pesado suspiro se escapara de ellos. Se sentía estúpido, estúpido por haberse enamorado de un humano, estúpido por haberse enamorado de un hombre y estúpido por ser incapaz de pensar en una cosa diferente que no fuera volver a la superficie para verle una vez más.

Tras nadar durante varias horas sin un rumbo fijo, con el mero objetivo de aclarar sus ideas, de evadir todas aquellas preguntas sin respuestas que invadían su cabeza, de deshacerse de aquellos recuerdos que le nublaban la vista y le impedían continuar; tomó una decisión.

Su parte racional bramaba que debía volver a palacio y eliminar la preocupación que probablemente surcaría el rostro de todos y cada uno de sus allegados. Sin embargo, una parte mucho más fuerte, le forzaba a dar la vuelta, a rehacer el camino que había dejado atrás. Bajo el pobre pretexto de que debía hacerlo con el fin de agradecerle a Keiran que le hubiera salvado la vida, nadó con agilidad hacia donde recordaba haber caído, a sabiendas de que probablemente el barco habría avanzado y de que, quizás, no daría con él. Aun así, aquella no resultaba ser una razón de suficiente peso que detuviera los movimientos de su aleta.

Pero, para su sorpresa, tras largos minutos de incesante nado, no fue el barco lo que halló, sino una familiar figura que descendía lentamente desde la superficie hasta el oscuro fondo del mar.

No puede ser…

La actividad de su única extremidad se hizo aún más rápida e intensa ante el ligero presentimiento que comenzaba a extenderse por su organismo. Con el ceño ligeramente fruncido y cuando la distancia que separaba su cuerpo del contrario fue mínima, Dathan identificó a aquel hombre hundido, lleno de magulladuras y heridas.

Sus ojos se abrieron de par en par al mismo tiempo que un invisible puño impactó contra su pecho, arrebatándole la respiración. Se trataba de su pirata.

¡Keiran! —Gritó, a pesar de que sabía con certeza que el varón sería incapaz de oírle, pues sus ojos se hallaban cerrados y su cuerpo descendía sin ninguna clase de fuerza que lo impulsara en la dirección contraria, signo de que se hallaba inconsciente.

En cuanto llegó a él, envolvió con uno de sus brazos su cintura, acercándole lo máximo posible hacia su pecho, antes de nadar con velocidad hacia la superficie del mar. Por suerte para ambos, apenas se hallaban a unos metros de la orilla más cercana, por lo que fue cuestión de un breve espacio de tiempo lo que tardó en llevar al pirata hasta ella.

Dejó descansar su cuerpo en la arena. Las olas rompían contra la planta de sus pies, sin embargo, el agua no llegaba a tocar su cintura.

Dathan se acercó hasta quedar a la altura de su rostro, sentándose a su lado. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, amenazando con descender y humedecer sus mejillas. No sabía qué hacer, no sabía cómo podía reanimarle. La desesperación junto a la impaciencia y la frustración por su inutilidad, generaron que todo su cuerpo temblara.

Sus manos se desviaron hacia el herido rostro del contrario, acunándolo. Con sus elegantes dedos acarició sus mejillas, dejando que las lágrimas que finalmente habían decidido abandonar su mirada, impactaran contra el rostro ajeno.

Por favor, Keiran despierta… No puedes dejarme, por favor.

Pedir auxilio sería estúpido, pues se hallaban lo suficientemente lejos de cualquier clase de individuo, como para ser escuchados.

Al ver que no respondía a su llamada, el tritón aferró sus manos a la camiseta del pirata, agitándolo con suavidad aunque exasperación. Pero, al comprobar como aquello tampoco daba ningún resultado, dejó caer su cabeza sobre el pecho contrario, apoyando su mejilla sobre él, dejando su mano descansar a tan solo unos centímetros. Sus párpados cedieron y siguió llorando en silencio, rezando todo lo que sabía para que el muchacho despertara.

Por favor…
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