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Mensaje por Veintisiete el Sáb 17 Sep - 23:12

Freedom or love?
Louise Dieter
28 | Astrid BF | 27
Berlín del este. Ella ve con desazón y horror como su querida Berlín es dividida en dos, como el comunismo los va aislando del mundo en general, con la creación de aquel espantoso muro. Toma la decisión de escapar al Berlín del oeste, sabiendo que ponía en riesgo su vida. Sobre todo, con la Stasi vigilando a cada uno de una forma que claramente rompía el concepto de privacidad. El problema llega cuando le conoce a él, un oficial de la Stasi. ¿Podrá escaparse al otro lado o se quedará por amor?
Erich Schneider
35| Michael F | Deus ex
Realista | 1x1 | Drama/Romance | Épocas pasadas.

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Dom 18 Sep - 0:21

Be careful, lil edelweiss
Hacía frío en enero en Berlín. La noche anterior había nevado y un pequeña pequeña capa blanca cubría la hierba. El cielo, sobre su cabeza, tenía ese gris perlado característico de los días de invierno.
Hacía frío, también, en el cementerio. Los poetas habrían hablado de las tumbas y de cómo el recuerdo de los que ya no están toca el alma de los que continúan viviendo (pero no por mucho tiempo, porque la vida siempre es finita). Erich no era un poeta y simplemente opinaba que hacía frío. En Berlín, en enero, después de una noche de nevada y en el cementerio. Y el abrigo largo, oscuro y sin ningún distintivo, protegía contra el clima.

Llegó al cementerio al comienzo del funeral. No demasiado tarde como para llamar la atención, pero no demasiado pronto como para tener que conversar con nadie. Se mantuvo en una de las últimas filas.

No conocía a la mujer que había fallecido. No le importaba la mujer que había fallecido, mientras se pronunciaban las palabras pertinentes en el oficio. Dedicó ese tiempo a buscar, de reojo a una persona en concreto. Tampoco había hablado nunca con ella, pero tenía varias fotografías en su mesa, en una de las carpetas. Y ella sí que tenía interés en el funeral de su propia madre.

Cosas que ocurrían en la vida. Seguro que los poetas tendrían mucho que decir, versos que escribir. Pero Erich Schneider no era un poeta, y su interés en Louise Dieter era uno muy concreto.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Dom 18 Sep - 0:49

Be careful, lil edelweiss
El suicidio de su madre no la sorprendió en absoluto a Louise. Ambas habían sobrevivido a la guerra, no así su padre, un soldado que murió en la batalla de Las Árdenas, pero solamente Louise sobrevivió a la invasión rusa en Berlín, hombres realmente enojados con Alemania, tanto que se dedicaron a violar a cuanta mujer alemana hubiera disponible. Entre ellas, su madre, su adorada madre. Louise recordaba vagamente estar escondida en un mueble, escuchando los gritos de dolor de su madre, más las risas y palabras en ruso de aquellos comunistas.

Tras ese asunto de lo más escabroso, su madre se apagó lentamente con el pasar de los años. Y al quedar su hogar del lado este, del lado comunista, la vida de las Dieter fue bastante sufrida, con períodos largos de casi inanición. Louise comenzó a trabajar apenas cumplió la edad legal, con el fin de ayudar a su madre con los gastos de la casa y de la vida misma. Aún así, la vida en territorio comunista no se hacía fácil. Pero el peor momento había llegado en aquel agosto del 61, cuando el gobierno comunista construyó durante una noche entera un muro que les separaba de Berlín occidental.

La madre de Louise sufrió aquella noticia, observando a su única hija, quien tenía un futuro por delante que no estaba hecho en Berlín oriental. Lentamente fue planeando su muerte con el pasar de los meses, sin hacer caso de las súplicas de su pequeña Louise. Finalmente, la muerte la encontró en los primeros días del nuevo año, liberando así a su hija de las ataduras familiares.

El frío berlinés se le coló bajo el abrigo, erizándole la piel, mientras observaba el ataúd bajar por el hueco recién hecho. El vaho salía suavemente de entre sus labios apretados y azulados por el clima, sin poder retener sus lágrimas de dolor y abandono. Sabía que su madre había hecho ese sacrificio por ella, al igual que la había protegido de los rusos en 1945. El párroco dijo las últimas palabras, antes de dejarla a Louise depositar una rosa blanca, la favorita de su madre.

—Auf wiedersehen, Mutter.—murmuró, mientras el hombre encargado de la pala, cubría el ataúd con la tierra fresca, mezclada con la nieve. Permaneció unos breves minutos, antes de recibir las condolencias de los pocos conocidos de su madre. Luego se encontró sola y decidió marcharse, arrebujándose dentro de su abrigo.

Era hora de escapar y debía planearlo meticulosamente. En su camino hacia la salida del cementerio, resbaló por culpa de la nieve y jamás llegó a tocar el suelo con su trasero, pues unas manos fuertes la sostenían. Louise alzó la cabeza para mirar a su salvador, y se quedó muda. Ese hombre era demasiado guapo para ser de verdad.

—G-gracias.—barbotó, turbada, con el rostro enrojecido por la vergüenza y el frío.

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Dom 18 Sep - 1:03

Be careful, lil edelweiss
He aquí un secreto sobre la presencia de Erich Schneider en el cementerio de Berlín este aquella fría mañana de enero: no era necesaria. No había ninguna orden de ningún superior que le hubiese llevado hasta allí, si no que era una decisión propia.

La chica, Louise Dieter, se aproximó a la tumba cuando el párroco termino de decir sus palabras. Desde donde estaba Erich apenas alcanzó a escuchar las que pronunció la joven a la tumba abierta antes de que el enterrador comenzase a echar tierra sobre el ataúd, pero no había que ser un genio para imaginarlas. Dejó que la mayor parte de los congregados en aquella pequeña esquina del cementerio se aproximasen a darle sus condolencias, como buitres revoloteando al rededor de un cadáver, intentando alcanzar protagonismo, hacer algo justo en aquel momento cuando la chica debía de querer estar sola. Observó la escena aún desde la espalda de ella, examinándola.
La muchacha tan solo tenía veintiocho años. Estaba en la flor de la vida. Tenía el pelo castaño oscuro y la piel muy blanca (o tal vez sería efecto de la pérdida, o del tiempo) con los labios sonrojados pese a la ausencia del maquillaje. Era guapa, dicho claramente. Los hombros finos, la curva de la cintura.
La vio alejarse en cierto momento, separándose de las personas que la rodeaban y arrebujándose en su abrigo y fue entonces cuando se movió él también. Ante aquel gesto la mayor parte de la gente captó la indirecta y la pequeña multitud empezó a dispersarse.
El enterrador ya había terminado de cubrir la tumba y el párroco también se alejó. Erich sintió cómo la mirada del hombre se fijaba en él, tal vez intuyendo que no estaba allí por la anciana mujer que enterraban.

-Su madre parecía una buena mujer por lo que decían los que la conocieron -comentó, como si cualquier cosa. Llevaba las manos en los bolsillos y su porte no era apesadumbrado. Era más alto que ella y tenía el pelo rubio, peinado hacia un lado y los ojos grises, que reflejaban la nieve cuajada a su alrededor. Miraba en ese momento hacia la tumba, pero su atención estaba puesta en la muchacha. Esperó su respuesta.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Dom 18 Sep - 1:23

Be careful, lil edelweiss
El hombre la ayudó a incorporarse, antes de meter las manos en los bolsillos y dejar dicho aquel comentario. Louise recuperó el equilibrio, y apoyó los pies de manera que no volviera a resbalarse. Asintió vagamente al comentario del hombre, encogiéndose de hombros.

—Lo era.—murmuró, mirando hacia la tumba ya cubierta por la tierra húmeda y suspiró, recordando cuánto había sufrido aquella mujer en los últimos años.—Sufrió mucho con la muerte de mi padre.—dijo, recordando el alarido de dolor que había expedido su madre al recibir el telegrama del ejército donde se anunciaba el fallecimiento de su padre. El entierro de él había sido tan amargo, en la misma época que ahora: frío, nublado y doloroso.—Creo que al morir mi padre, ella perdió el norte, a pesar de que me tenía a mí.—continuó hablando. No era del todo cierto, pero nunca iba a revelar verdades a desconocidos.—En fin.—suspiró.

Miró al hombre, le sonrió apenas y cuidándose de no resbalarse otra vez, salió hacia la calle fuera del cementerio. A pesar de hacer ese frío glacial, seguía habiendo movimiento y Louise se mimetizó entre los abrigos grises de la gente que caminaba apresurada. Debía irse ese mismo día, como fuera. No se iba a llevar ninguna maleta, tan solo dinero y objetos personales como las joyas de su madre, y algunas fotos de ella y su familia en tiempo mejores y felices. Era doloroso saber que se iría de allí, donde sus padres estaban enterrados uno al lado del otro y jamás volver a visitarlos. Pero su madre había hecho todo aquello por el bien de Louise y la joven no podía faltar al deseo de su fallecida madre.

Metiendo las manos en los bolsillos, observó la calle antes de disponerse a cruzar. El camino hacia su casa era bastante largo para hacerlo a pie, así que optó por subirse al pequeño tranvía que pasaba por allí y se sentó entre un señor de aspecto adusto y una señora que tejía vigorosamente. No sospechaba en absoluto que alguien la seguía.



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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Dom 18 Sep - 2:15

Be careful, lil edelweiss
Ayudó a ponerse en pie a la señorita, la excusa perfecta para oír su voz por primera vez en voz alta en vez de a través de la línea telefónica y en los auriculares. La voz de ella fue apenas un murmullo, apesadumbrado por la pérdida. Sus palabras flotaron en el aire, pequeños hálitos aislados.
-Estoy seguro de que fue un gran apoyo para ella -respondió. Una respuesta estándar, fácil. Y posiblemente cierta, encima.
Ella se retiró, sin ganas de hablar y él la dejó hacerlo, viendola andar hacia la salida del cementerio.

Erich estaba seguro de a dónde se dirigía, la muchacha, seguramente, ni siqueira esperaba que alguien se estuviese fijando en ella, que sus movimientos los últimos días no hubiesen estado siendo vigilados. Por tanto la siguió a una distancia prudencial.

Había empezado a escuchar las conversaciones telefónicas de aquella muchacha hacía un mes aproximadamente. A simple vista Dieter Louise parecía una simple chica más de la RDA, sin motivo de sospecha. Sin embargo algún motivo debía haber y el chivatazo había llegado a través de un civil informante, uno de los muchos de la STASI en su propio territorio. Personas normales, de a pie, con sus propios trabajos, pero que sentían la camaradería suficiente como para dar parte cuando apreciaban algo sospechoso a su alrededor. Era su deber como ciudadanos.
A raíz de aquel chivatazo Erich había comenzado a escuchar las conversaciones telefónicas de Louise y la mayoría eran normales, cotidianas... salvo las que mantenía con su madre. La vieja mujer siempre le decía a su hija que tenía posibilidades, que merecía un futuro mejor, lamentando aquel Muro que la había encerrado en aquel lado de Alemania.
Sin duda las intenciones de la madre eran las mejores, creyéndose la propaganda capitalista de que al otro lado todo era mejor; pero lo que la madre de Louise no entendería era que dando aquellos consejos tan peligrosos a su hija lo menos que hacía era protegerla.

Siguió a la chica hasta la parada del tranvía, que la llevaría a su casa. Allí Louise Dieter cogería su maleta, una pequeña y con las mínimas cosas posibles, y trataría de cruzar el Muro.
Seguramente creería que tendría éxito.
Su ingenuidad iba a juego con sus ojos grandes y redondos.
Subió al tranvía tras ella y aguardó. Cuando bajó tomó un atajo, sabiendo a dónde se dirigía y por dónde lo haría. Cuando Louise llegó al portal de su casa, estaba esperándola.  Tal vez ella se fijó en él, tal vez recordó el abrigo negro y largo del cementerio. O tal vez no se dio cuenta en absoluto, demasiado absorta en la pérdida de su madre y sus planes.

Pero cuando fue a pasar a su lado para entrar, Erich la detuvo:
-Estoy seguro de que tu madre preferiría que no cometieses una locura arriesgándote para nada, niña -la avisó.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Dom 18 Sep - 2:39

Be careful, lil edelweiss
El viaje a su casa fue amargo, frío y solitario, con recuerdos que la llenaban de angustia y vacío. Desde la ventana del tranvía, Louise podía observar como el lado este de Berlín seguía destruido por culpa de la guerra, y sabía que el otro Berlín estaba mucho mejor, más cuidado y mejorado. Era deprimente seguir siendo testigo de aquel escenario de destrucción, y todo por culpa de un imbécil con mini bigote. No, su familia jamás había sido nazi, pero su padre se vio obligado a formar parte del ejército. Su madre y ella habían tenido que hacer uso y abuso de ser neutras e invisibles para la Gestapo.

No había sido una vida fácil para Louise. Y no la seguía siendo al día de hoy. Con un suspiro triste, se levantó de su asiento para aprestarse a bajar del tranvía, que se detuvo lentamente en la parada indicada. Con un salto ágil y grácil, bajó y echó a andar hacia su viejo hogar, ajustándose más el abrigo. Comenzaba a anochecer, algo típico de las épocas invernales y Louise tembló visiblemente. Había elegido el peor momento para huir, con aquel frío prefería estar en la cama tapada por mil mantas que no tenía. No, lo mejor era irse de allí como fuera.

Sacó las llaves de su bolsillo, apresurando el paso más por el frío que por otra cosa y al llegar a la entrada de su casa, una sombra apareció, haciendo que Louise gritara del susto, retrocediendo. Aquella advertencia le hizo fruncir el ceño, y jadeó recuperando el aliento.—Creo que mi madre vería bien que entrara a mi casa y no me pillase un resfriado.—replicó, consternada.—¿Acaso protegerme del frío glacial que hace en este momento, lo considera una locura?—masculló, con los dientes ya castañeándole. Se estaba congelando hasta el trasero con ese clima.—Ahora, si me disculpa, me iré a prepararme un café y una sopa y meterme a la cama a llorar mi duelo.—espetó, de mala gana, mientras con manos temblorosas buscaba la llave para insertarla en la ranura de su puerta.—A menos que usted considere que es una locura.—ironizó, molesta con las acusaciones de aquel hombre que no conocía de nada.

La puerta decidió en ese momento trabarse, para disgusto de Louise. Intentó forcejear para abrirla, temblando por el frío y a la vez por la pérdida de su madre, sumando el miedo que le había causado aquel hombre.—¡Maldita sea!—soltó, pegándole una patada a la puerta, soltando un gemido de dolor y cayendo de rodillas, con los ojos anegados de lágrimas. Su vida estaba siendo una mierda en aquel momento.



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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Dom 18 Sep - 14:02

Be careful, lil edelweiss
Como esperaba Louise no se había percatado de su presencia, a tan solo un metro y medio de la puerta, cuando apareció y al escucharle la muchacha dejó escapar un grito alarmado. Erich estiró los labios un momento, al escuchar la respuesta de la chica, a la defensiva y claramente malhumorada, la disculpa cargada de sarcasmo que dejaba claro que no se disculpaba por nada y que quería estar sola. Lástima que él no se creyese ni una sola de aquellas palabras ni que su tono la amedrentase.
La muchacha se peleó con la puerta, tratando de abrirla sin éxito. Las manos le temblaban, por el frío, por la impotencia, por el dolor de la pérdida de su madre, y no acertaban a girar correctamente la llave hasta que Louise exhaló una maldición y cayó de rodillas, incapaz de abrir.

Erich la contempló unos segundos. El cabello, ocultándole parte del rostro; los hombros, tan finos y frágiles.
No había esperado que, cuando se acercó al cementerio para encontrarla (por el propio bien de ella), fuese a acabar así, ante su casa y con ella llorando en el suelo.
Aquella niña no estaba en situación de intentar huir de la ciudad.

-Claro que su madre no querría que se resfriase, señorita Dieter -le dijo, cuidadosamente, agachándose a su lado para cogerle la muñeca, deteniendo el temblor, y quitándose las llaves de entre los dedos con un gesto lo suficientemente firme para que ella no pudiese resistirse, pero sin apretar, sin hacerla ningún daño. Igual que sus palabras-. Pero no me refería a que cogiese frío. Lo que es una locura son sus intenciones de huir al otro lado del Muro. Y más en su estado -le explicó.

Se puso en pie, usando la llave para abrir la puerta del portal. Un movimiento de muñeca fácil y sencillo, que a Louise le había costado un mundo. Dejó que la puerta se abriese y se inclinó de nuevo, para cogerla y ayudarla a ponerse en pie.

-Pasemos a su apartamento, señorita -le indicó.
Dejó que fuese ella la que pasase, pese a tener él aún las llaves, pero permanecía atento por si la muchacha intentaba huir. Muchacha. En realidad tenía casi treinta años pero con los ojos llorosos y perdida parecía más joven de lo que era.
-He venido a ayudarla, pero será mejor que hablemos dentro -añadió, para disuadirla de cualquier intento de salir corriendo. Y era cierto.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Dom 18 Sep - 15:49

Be careful, lil edelweiss
A Louise realmente le estaba fastidiando la presencia acusadora de aquel hombre que no conocía de nada, que se creía con derecho de hablar sobre lo que su madre querría o no para ella. Las lágrimas le estorbaban la vista, evidenciando la poca escapatoria que tenía de aquella situación en la puerta de su apartamento. No pudo resistirse ante la quita de sus llaves, oyendo claramente como se abría la puerta con un simple sonido. Pero lo que la empalideció, fue aquella acusación. Mierda, mierda.

Estudió al hombre de abrigo largo, y tragó saliva. Era un maldito agente de la Stasi. Joder, joder. El cerebro de Louise colapsó, aterrada de acabar en uno de esos calabozos de la policía secreta, donde seguramente la desaparecerían, además de hacerle las mismas cosas que le habían hecho a su madre los rusos. Tragó saliva, e hizo uso de la mentira.

—¿Pero qué demonios?—protestó, siendo levantada por el hombre e ingresando a su apartamento. Oyó la puerta cerrarse detrás de ella, pero no estaba sola. Retrocedió, mirándolo de arriba abajo, buscando todas las formas imposibles de diluir esa creencia de que ella se fugaría.—¿Pero quien se cree que es usted?—espetó, enfadada. La mejor actuación era la de enfadarse, e iba a usar aquello hasta que el hombre de la Stasi se fuera. Pero aquello también significaba que tendría que postergar la huida de esa noche.

Se quitó el abrigo, enfurecida y lo echó sobre la pequeña mesa de la cocina. Su apartamento era pequeñísimo, casi un estudio.—Acabo de perder a mi madre, y usted ya cree que me quiero fugar.—le señaló con el dedo índice, riéndose secamente.—Ustedes, los de la Stasi, ven cualquier conspiración donde no la hay.—acusó, manteniendo el enfado.—Y lárguese de mi casa.—añadió, dándole la espalda.

Se dirigió a la pequeña cocina, temblando por varias razones, buscando la pequeña jarra donde calentaría el agua para el café, haciendo demasiado ruido. Dios, ¿porqué tenía que tener tanta mala suerte ese día? Un agente de la Stasi en su apartamento. Y encima tenía que ser ridículamente atractivo. Joder.

Llenó de agua la jarra, poniéndola al fuego y suspirando, por los nervios. Necesitaba algo más fuerte, un coñac y unos cigarrillos. Lamentablemente, a pesar de todo el ruido que había ocasionado, podía sentir que él estaba ahí parado, inmutable cual estatua. Louise maldijo para sí misma y se giró para mirarle, aún enfadada.

—¿Café?—ofreció, sin mucha amabilidad. Era evidente que el tipo no se iba a ir.

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Dom 18 Sep - 16:30

ME MUERO asfsd tenía que decirlo. me he muerto. Tal que "Vayase de mi casa 8(" y luego "¿Quiere café?" xDDDDDDDDDDDD


Be careful, lil edelweiss
Erich vio el momento exacto en el que Louise Dieter entendía qué estaba pasando en sus pupilas, en cómo se detuvo por unos instantes y cómo el pánico asomó a sus rasgos antes de ser borrado rápidamente, tragadolo junto con la saliva y sustituido por la rabia. No era una mala táctica, fingirse ofendida. Mucho mejor que huir porque él la hubiese alcanzado enseguida y solo habría sido un incordio. Sus vecinos, si es que alguien lo escuchase, no hubiesen reaccionado ni siquiera.

-Erich Schneider, encantado de conocerla, ¿pasamos? -se presentó cuando ella le exigió quién se creía que era. La sostuvo por el codo mientras la acompañaba (la conducía) dentro del portal hasta su piso y se encargó él de abrir con las llaves de ella. Una vez la hizo pasar la soltó y dejó las llaves sobre el mueble más cercano.
El apartamento a su alrededor era pequeño, un estudio apenas, y ella se quitó el abrigo. No la imitó en aquel gesto, pero sí se quitó los guantes y los guardó en uno de los bolsillos y sonrió un poco cuando ella le acusó directamente de pertenecer a la Stasi. La muchacha era lista. ¿Por qué intentaba entonces huir? ¿Por la idea de su madre de que sería más feliz al otro lado del Muro? Eso haría que la matasen.

-Precisamente porque ha perdido a su madre, señorita Dieter -respondió con la misma calma que había mostrado abajo en el portal, mientras ella le daba la espalda. ¿Tenía salidas auxiliares el apartamento? Erich ando hacia adelante, contemplando el espacio a su alrededor, las ventanas, los laterales...-. Acaba de perder lo último que le ataba a este lugar, ¿por qué no intentar huír? ¿Qué tiene que perder? He venido aquí a responderle a esa pregunta -declaró mientras ella entraba en la cocina.
No la siguió dentro, pero desde entonces podía ver su espalda y cómo se movía en aquel espacio enano cogiendo la cafetera. Sus movimientos parecían crispados y se detuvo unos instantes, en su imagen.

-Solo -pidió cuando ella le ofreció una taza de café, pese a las horas. Seguramente ambos lo necesitasen, aunque no estaba seguro de si era lo más recomendable para los nervios de la chica.

Sacó del bolsillo del abrigo la cajetilla de tabaco y sacó uno de los cigarrillos, encendiéndolo en el salón. Era un mal vicio y por eso mismo no había publicidad en la RDA que lo fomentase. Sacó también su cartera, dejándola sobre la mesa. Abierta mostraba su identificación, en efecto, como miembro de la policía secreta de Berlín Oeste. Que no era tan secreta porque había rumores sobre ellos en cada esquina de la ciudad, disuadiendo a la ciudadanía de cometer locuras como la que quería llevar acabo Louise.
La dejó sobre la mesita y se sentó en el sofá, esperando que volviese.

-Es muy inteligente, señorita Dieter -la recibió con amabilidad, fumando y con las piernas cruzadas-. Pero no es el momento de mentiras y juegos. Sí, la Stasi sabe de sus intenciones para cruzar el Muro y, seamos francos, no va a tener éxito. Aún está a tiempo de dar media vuelta.
Aquel no era el método habitual para proceder cuando se descubría a alguien sospechoso de traición.
Esperaba que fuese inteligente y supiese verlo:

Que estaba allí para darle una oportunidad.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Dom 18 Sep - 16:48

OFF::
Joder, estoy amando este rol :waaa:

Be careful, lil edelweiss
El hombre se presentó como Erich Schneider, antes de sujetarla por el codo y conducirla hasta el apartamento.—Yo no estoy encantada de conocerle.—bufó, soltándose de su agarre e ingresando a su apartamento.

Su cerebro trabajaba a toda velocidad, buscando ideas nuevas pero se pinchaban a medida que tenía que oír a ese títere de los rusos comunistas. Su cuerpo se tensó visiblemente al oír las preguntas del hombre y apretó los dedos contra sus palmas.—Vaya, no sabía que había salido mi biografía en las librerías.—ironizó, mientras buscaba las tazas para servir el café. Estuvo tentada de echarle veneno al del hombre, pero se contuvo. Louise no era ninguna asesina, ni iba a serlo ahora.—Morir no es tan malo.—murmuró, bastante gruñona.

Si moría en su huida, solo significaba que su alma se reencontraría con sus amados padres y aquella perspectiva no era tan mala de pensarlo. A su taza de café le puso algo de coñac que tenía guardado para emergencias, y se dirigió a la pequeñísima sala que tenía, donde Erich estaba sentado en el sofá. Le entregó su taza con el ceño fruncido y se sentó rígidamente en la silla de madera frente a él.

—¿De dar media vuelta a donde?—remarcó, mientras soplaba su café para no quemarse. El aroma a humo la tentaba a robarle un cigarrillo al hombre, pero nuevamente se contuvo. Quería limitar la visita de ese en su vida.—Como usted ha dicho, nada me ata aquí, así que o tengo éxito o muero intentándolo.—dijo, bebiendo un sorbo de su café y suspirando.—No tengo nada que perder, excepto mi vida y no es como si me importara mucho.—añadió, encogiéndose de hombros.

Dios, tenía que dejar de hacer teleteatro, pero realmente la presencia de Erich la ponía tensa. No ayudaba que fuera guapísimo, como un modelo de esas revistas capitalistas que alguna vez vio en el pasado, antes del cierre al mundo de parte del comunismo.

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Dom 18 Sep - 17:33

Be careful, lil edelweiss
Por primera vez una risa abrió los labios de Erich, cuando ella le respondió con tono feroz que no estaba encantada de conocerle. La muchacha era de armas tomar, pero había que serlo para pensar en huir de la ciudad.
-Espero que eso cambie en un futuro -pronunció entre los restos de la risa que había rasgado sus labios, abandonándolos pronto. Solo había sido un instante.

Morir no es tan malo, afirmó Louise y eso borró lo que podría haberle importado la ironía de la muchacha. ¿De verdad pensaba algo así? Contaba con ello, por eso precisamente se había acercado al cementerio. Su plan había sido interceptarla ahí, en el camposanto que en realidad no era tan santo, y disuadirla pero al final habían terminado en el apartamento de ella. Únicamente por su voluntad. Cuando había sabido que la madre de ella había muerto, había sabido que aquel pensamiento pasaría por su cabeza. Como acababa de decir, había perdido todo lo que le quedaba.
Y había acertado. Louise no lo ocultó cuando dejó las tazas de café sobre la mesa.
Al menos ahora podían hablar de verdad,

-¿Su madre querría que se suicidase para nada? -le preguntó-. Dar media vuelta aquí. Intentar formar una vida, no intentar terminar con ella. Sabe que es improbable que cruce el Muro -estaba seguro de que lo sabía.

Había decidido ir a buscarla porque no merecía morir. Había oído sus conversaciones telefónicas. Su madre la quería, no había duda de ello, pero era una ingenua si creía que meterle pájaros en la cabeza serviría para algo. Y Louise había escuchado. Todas esas promesas, esas ideas de que el otro lado de Alemania era mejor cuando estaba repartido a tres entre el resto de potencias de los aliados. Y Reino Unido, Francia y Estados Unidos nunca habían brillado por su capacidad de llevarse bien entre ellos, siempre discutiendo. Siempre peleando.
Tan capitalistas.
La voz de ella era como el trino de un pájaro.
Tanto que Erich se había planteado, estúpidamente, que podía intentar disuadirla.

-Dígame, ¿qué espera encontrar al otro lado? ¿Qué le prometió su madre? -le preguntó por fin-. ¿Tiene un cenicero? -añadió después-. No quiero quemarle el sofá, no es necesario.
Alguien podría plantearse qué sí era necesario.

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Dom 18 Sep - 19:56

Be careful, lil edelweiss
Louise puso los ojos en blanco, era imposible que estuviera encantada de conocer a ese maldito comunista, por muy guapo que fuera. Que se riera no ayudó mucho a sus intentos de mirarle fríamente, pues la risa masculina de él era muy bonita, agradable.

—Mi madre decidió acabar con su vida, sin hacer caso de mis súplicas, así que dudo que le importe mucho si muero en el intento.—dijo, genuinamente enfadada con su madre por haber tomado esa decisión egoísta. Bebió más de su café, aún con rabia.—¿Formar una vida aquí?—se rió con amargura.—Con lo anticomunista que soy, lo veo improbable.—dijo, mirando desafiante a Erich. Si él la mataba ahí mismo, seguía estando bien para Louise.—Los nazis y los comunistas arruinaron mi vida, así que el mundo capitalista suena mucho más favorable.—continuó, ladeando la cabeza hacia la ventana, donde observaba que nevaba nuevamente. Los recuerdos de la segunda guerra mundial se agolparon en su mente, con pequeños retazos de marchas militares, bombardeos, disparos, gritos y mucho miedo. La llegada de los rusos no había sido un alivio en absoluto, había empeorado más la situación familiar de Louise.

Se secó bruscamente las lágrimas de tristeza, apretando los dientes. Su madre no le había llenado la cabeza de pájaros, en absoluto. Devolvió la mirada hacia el Stasi, con determinación.—Libertad.—fue su mera respuesta antes de levantarse de la silla y buscar un cenicero para el hombre.

Su taza ya se encontraba vacía y decidió mandar todo al diablo, estirándose para robar un cigarrillo a Erich y encenderlo. Sentir la nicotina le causó placer instantáneo, relajando sus hombros.—Puede arrestarme, llevarme a esos calabozos de la Stasi, me da igual vivir o morir.—concluyó, dándole varias caladas al cigarrillo.

Enero de 1962 | Louise's house

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Lun 19 Sep - 15:23

Be careful, lil edelweiss
Louise era un hueso duro de roer. Había un fuego en su mirada que no había esperado cuando oía su trino acariciarle los oídos en conversaciones que no eran con él, que tampoco había imaginado cuando había espiado su espalda en el funeral mientras ella se acercaba a despedirse de su madre. Pero ahora, en la privacidad de su apartamento, estaba cargada de amargura y de dolor que combustía en su mirada y en sus labios, que no temblaban ni dudaban, riéndose amargamente.

Cogió el cenicero que ella fue a buscar y dejó parte de la ceniza del cigarrillo.
-Seamos francos, no es la única anticomunista en Berlín, ni siquiera en nuestra Berlín. Pero continúan con sus vidas, se adaptan. El comunismo no tiene por qué ser malo, señorita. Buscamos la prosperidad para todos, no para unos pocos. ¿Cree que el lado oeste será mejor? La destrozará -le auguró con gravedad. Demasiadas batallas entre el resto de aliados. El otro lado de Berlín no estaba unido, si no dividido en tres. Y al final el monstruo engordado que era Estados Unidos engulliría a las otras dos definitivamente. Reino Unido había perdido buena parte de su gloria en los bombardeos durante la guerra y al otro lado del mar los americanos habían esperado a intervenir cuando les era más conveniente.
La ocupación soviética llevaba demasiado poco tiempo. Quince años no eran tantos y había quienes consideraban tan malos a los comunistas como a los nazis a los que habían anulado. ¡Qué diablos! Había quienes decían que incluso los nazis eran mejores, que al menos con el Führer la economía se había levantado, que había prosperidad y que habían salido del pozo en el que les había sumido el Tratado de Versalles. Con el tiempo Erich esperaba que aquella filosofía cambiase.
No había nada peor que un nazi.
Sus padres habían creído en la liberación del capital y no había sido nada fácil para ellos vivir en el reich, ni en la guerra. Ni para él, que tenía unos años más que aquella señorita.

Libertad, afirmó Louise Dieter, inclinándose sobre él. Erich no movió un solo músculo, dejando que le quitase el cigarrillo de los labios y encenderlo de nuevo.
Cuando ella se acercó para hacerlo pudo oler el aroma que desprendía su piel y su pelo. Nada excesivo, pero estaba ahí. Al alcance de la mano.

¿Qué le habían hecho los comunistas? El odio de Louise hacia ellos no era el que se podía ver en cualquier persona que intentaba escapar de la ciudad. Es cierto, la ocupación soviética no era del agrado de muchos. La mayoría aún notaba el amargo trago de la segunda derrota en medio siglo, de los errores cometidos. Algunos tenían miedo, otros simplemente tristeza. ¿Pero ese odio? No, ese odio no lo había visto muchas veces.
Ese odio era personal.
Podía averiguar de dónde salía.

Sin cigarrillo, pero con algo de nicotina en los pulmones, cogió la taza de café que ella le había servido antes.

-¿Cree que habría venido hasta aquí si quisiese detenerla? -enarcó una ceja al decirlo-. No, niña. No tienes que alarmarte. Nadie va a detenerte. Hoy -puntualizó. Y lo implícito quedaba claro: si decidía seguir con su plan de huir, era bajo su propia cuenta y riesgo.

Se acabó el café de un último trago. La sujetaba solo con los primeros dedos, el pulgar y el corazón y el índice apoyado en el borde, el anular y el meñique sin tocarla, y la depositó sobre la mesa, en el mismo lugar exacto en el que estaba antes. Tras dejarla se puso en pie. Todavía llevaba puesto el abrigo largo negro y recogió su cartera de la mesa.

-Tenga cuidado, señorita Dieter. No merece la pena -le dijo por última vez.
Sabía que no le haría ningún caso.

Enero de 1962 | Apartamento de Louise



FDR:
He tardado peor ha merecido la pena. Estoy especialmente contento con este post  :A:  espero que te guste.
Si quieres postea con Louise y cierro yo está escena y abres tú la siguiente~




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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Lun 19 Sep - 17:29

Be careful, lil edelweiss
La insistencia del Stasi en hablarle de las bondades de la vida en ese lado de Berlín, o Alemania del este mismamente, era entre adorable e irritante. Si realmente él creía que iba a modificar el pensamiento de Louise de fugarse de allí, era un ingenuo completo.

—Bueno, el lado oeste suena mejor, porque no tendría a la Stasi oliéndome el trasero.—espetó, ceñuda y mirándolo muy mal.—Y no estaría viviendo con miedo las veinticuatro horas, calculando cada paso que vaya dando, esperando que la Stasi no me esté siguiendo.—añadió, acusadoramente. Porque si en la época nazi también había un reinado de terror, en la época comunista era el doble de peor, ya que la gente parecía tener menos miramientos en acusar a otros a la Stasi.

Louise acabó el cigarrillo en menos de lo que un gallo cantaba por las mañanas y apagó la colilla en el cenicero. El hombre de la Stasi permanecía en su sofá con ese aire tranquilo que la ponía nerviosa. Estudió a Erich, casi con ojo crítico, grabándose en la memoria el rostro, la forma en que movía sus manos, especialmente aquellos dedos largos y finos, las piernas cruzadas (una encima de la otra). Sí, realmente era atractivo y Louise no entendía para qué había venido a advertirle de que no hiciera ninguna tontería.

Que le dijera que nadie la iba a detener aquella noche, la confundió. ¿Para qué molestarse en intentar convencerla, si aquello no era lo que hacía la Stasi? La policía secreta se llegaba a enterar de un intento de fuga, y se ponían a hacer arrestos a los fugitivos, y luego ya no sabías nada de ellos. Desaparecían. Y siempre quedaba ese mal sabor en la boca, al saber exactamente qué había pasado en esas desapariciones.

Observó sus movimientos, como se erguía del sofá, denotando así su altura demencial. Louise calculó un metro noventa mínimo. El abrigo negro le sentaba muy bien, así abierto por la mitad. Los movimientos de Erich eran estudiados, cuidados, lentos, como si no tuviera prisa alguna. La advertencia final la sacó del ligero trance de observarle en ese estado de hipnosis.

—Mi vida dejó de valer la pena en 1945.—soltó, mirando sus manos pálidas, casi temblorosas. Los recuerdos de la invasión rusa a la tranquilidad del hogar de sus padres seguían turbándola, causándole pesadillas imposibles de apagar. No, debía irse de allí como fuera. No le dijo adiós al hombre, tan solo permaneció en su silla hasta oír la puerta que se cerraba, para echarse a llorar nuevamente, con enorme desconsuelo y un miedo atroz.

Decidió que esa noche no huiría, no estaba en condiciones de hacerlo. Pero lo haría esa misma semana, como fuera. No podía continuar allí.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Lun 19 Sep - 21:12

Be careful, lil edelweiss
Las acusaciones de Louise eran tan despectivas y certeras que le hicieron torcer el rostro incluso a Erich, sin importar tu calma habitual (no, de hecho precisamente por su calma fue capaz de dejarlo solo en una mueca, más de lo que le hubiese gustado pero todo lo que podía evitar). Creía en su trabajo. Había quienes formaban parte de la Stasi como quien desempeña cualquier otra labor, pero en el caso de Erich veía la necesidad de la policía secreta, la función que hacían por el país. El desprecio de Louise fue, por primera vez en toda su conversación, como una bofetada en la cara, que tuvo que esforzarse en no molestarse por ello. Aunque cualquier otro habría tenido en esas palabras pruebas más que suficientes de traición como para golpear como mínimo a la muchacha.
Pero el dolor enajenado de su pasado, fuese el que fuese (y definitivamente Erich estaba decidido a averiguarlo), nublaba el juicio y las palabras de Louise. Lo justifico de esa forma y se cayó que la Stasi permitía que aquel país se mantuviese.

-¿Y crees que en el lado oeste no hay algo mucho peor que nosotros? -preguntó pese a todo, con los labios aún un poco torcidos.

No aguardó la respuesta de Louise, porque además ya anticipaba cómo sería. Era una preguntaba para que reflexionarse.
Cuando se puso en pie, notando la atenta mirada de Louise (como si se tratase de una cámara espía como las que usaba la Stasi. Notaba sus ojos analizando cada detalle). Tenía la mano sobre el pomo de la puerta del apartamento de Louise cuando escuchó sus últimas palabras, cargadas. Eran una bala cargada. ¿Dirigida contra él o contra ella misma?
Erich estaba de espaldas a ella en aquel momento. Pero no necesitaba mirarla para saber cómo seguía quieta, en el mismo sitio.

-Tenga una buena noche, señorita Dieter -se despidió en voz baja, grave. Pero más que suficiente en el silencio del apartamento.

Lo siguiente que se oyó fue el clic de la puerta al abrirse y los pasos de Erich abandonando el apartamento. Afuera había terminado de anochecer, definitivamente. No podía estar plenamente seguro de que Louise no cometería la locura de intentar huír esa noche, pero esperaba que al menos le hubiese dado algo en lo que pensar, una semilla de duda.

A su modo esperaba haberle salvado la vida.

Se perdió a lo largo de la calle sacando un nuevo cigarrillo para que le acompañase en el camino a la oficina. Tenía mucho que averiguar, entre ello qué ocurrió en la vida de Louise Dieter en 1945. La vida de mucha gente se quebró en aquel año. La de muchos ya estaba quebrada de los años anteriores; para los que apoyaban a los nazis la invasión un punto final, sabiendo que no tendrían otra oportunidad; otros muchos eran victimas colaterales que habían sufrido. Pero la forma en que Louise Dieter había pronunciado aquellas palabras iban más allá incluso del cambio político y el fin de la guerra.
Averiguaría qué era.


FIN ESCENA I

Enero de 1962 | Apartamento de Louise





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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Lun 19 Sep - 21:32

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Louise dejó pasar diez días de forma calculada, antes de intentar la fuga al Berlín occidental. La conversación con el Stasi la detuvo por esos breves días, pero no eliminó su intención de huir como fuera. Era noche cerrada, la mejor opción para escapar, en su opinión. Se abrigó meticulosamente, guardando en bolsillos internos que ella misma había cosido, las joyas de su madre, un reloj de su padre y varias fotografías que quería llevarse.

Observó por última vez el pequeño apartamento en el que había vivido y partió hacia el exterior, vigilando a sus alrededores. No habían moros en la costa, y apresuró sus pasos amortiguados por la nieve que cubría las calles berlinesas. El muro quedaba a pocas cuadras a pie, y se encontraba detrás de unos edificios abandonados, pero era el mejor lugar para hacerlo. Louise sabía que otros escaparían por el mismo sitio que ella, situación que aprovechó, pues no le apetecía hacerlo sola. En compañía era mucho mejor. Pronto llegó al punto del encuentro, en la esquina oculta frente al edificio de donde se escaparían.

Tenía que esperar la señal para avanzar, y no faltaba mucho para hacerlo, cuando un grito de alarma resonó en la calle vacía. Louise apretó los labios, cerrando los ojos de frustración y miedo. Redada. Echó a correr entre las calles vacías, pudiendo oír claramente los pasos y disparos de la Stasi a sus espaldas. Alguien le gritó, pero ella ya había girado por una esquina, perdiéndose en la oscuridad de la noche. El problema había sido que había doblado en una calle sin salida, dejándola atrapada. Louise observó con pavor el inmenso edificio que cerraba el paso de escapatoria. Joder, definitivamente iba a morir.

Sabía que nadie iba a abrirle la gran puerta de madera de aquel edificio, por su calidad de fugitiva y se desesperó, maldiciendo todo: desde los nazis, hasta los comunistas, pasando por la Stasi hasta llegar a su madre fallecida. No había forma de esconderse en ese lugar, pero tuvo que hacer tripas de corazón y devolvió sus pasos, buscando la paz mental antes de entregarse a la Stasi. Al llegar al principio de la calle, a punto de girar la esquina, alguien la agarró por detrás, tapándole la boca. Louise forcejeó, por muy mentalizada que estuviera, estaba acojonada.

Enero de 1962 | Muro

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Mar 20 Sep - 20:59

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Un grupo grande iba a intentar cruzar el Muro aquella noche.

En realidad eran apenas cinco o seis locos, siete a lo sumo, según les habían informado (más los que les ayudarían a organizarlo, sin llegar a cruzar, desde un edificio cercano) pero eran locos más que suficientes. El Muro apenas llevaba un año alzado y siempre había insensatos que lo intentaban.
Daba igual los casi cuatro de altura del Muro (esos podían escalarse con mayor o menos esfuerzo). Daba igual que hubiese otro muro ante el propio Muro. Daba igual la alambrada. Daba igual la barrera metálica. Daba igual las torres de vigilancia. O las patrullas militares o los perros. Nada era disuasor suficiente. Siempre había alguien como Louise Dieter, demasiado ciego, demasiado loco. Demasiado, en general. Y que decidían intentarlo.

Una vez habían recibido la información, "anónimamente", la habían rastreado y escarbado hasta averiguar que el grupo de traidores se reuniría esa noche en uno de los edificios abandonados que quedaban más cerca del Muro. Berlín se había ido reconstruyendo tras la guerra, como podía, pedazo a pedazo, pero desde que se había alzado aquella barrera la gente había renunciado a los edificios más cercanos, prefiriendo reconstruir aquellos que no estaban tan cerca de aquel escalofriante espectáculo. Los que quedaban en pie pero que apenas se habían tocado desde la guerra eran el escondite favorito de las ratas.

Erich había insistido en formar parte de la redada pero decidió ser de los que se quedaban fuera, esperando a que las ratas saliesen huyendo en cuanto los primeros Stasi irrumpiesen en el edificio.
Y así fue. En cuanto se derribó la puerta se oyeron gritos en el interior y enseguida varias personas trataron de huir por aquella salida adyacente.
Entre ellas una figura femenina.

Señaló a la izquierda a su compañero, para que fuese a por los otros dos que escapaban en esa dirección y fue detrás de la figura femenina. En la noche era difícil discernir el tono exacto de oscuro de su cabello, solo viendo su ropa agitarse mientras intentaba escapar desesperada y la vio entrar en un callejón sin salida. Esperó, sabiendo que era un animal sin escapatoria y cuando salió aprovechó para vislumbrar, esta vez sí, su rostro.

Le echó la mano a la boca para evitar que gritase y llamase la atención y ella intentó pelear pero su otra mano le rodeaba el cuerpo, atrapándole uno de los brazos. Tiró de ella hacia atrás.

-Haz el favor de callarte -siseó muy bajo contra su oído.  

Enero de 1962 | Muro



Última edición por Deus ex Machina el Mar 20 Sep - 22:09, editado 2 veces




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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Mar 20 Sep - 21:52

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A través del miedo que invadía su cuerpo, reconoció la voz grave de Erich contra su oído y Louise desistió en su forcejeo, alzando ambas manos enguantadas para dar a entender que no lucharía. Sus posibilidades de huir se habían pinchado de forma tan estrepitosa aquella noche y estar atrapada por Erich, no era un panorama favorecedor para ella.

Se quedó quieta, sin dar resistencia, a la espera de que el Stasi hiciera su movimiento. El cual no tardó en arrastrarla hasta el coche aparcado y la metió bruscamente al asiento trasero. Louise se quedó escondida en el suelo del asiento trasero, notando la vibración del motor en acción. No emitió ni un sonido, con la vista clavada en el techo del pequeño coche, entreviendo a través de las ventanas el paisaje urbano. No tardó en reconocer el barrio de su apartamento y se le escapó un suspiro al sentir como frenaban el coche. Tiraron de ella, obligándola a entrar al portal de su edificio, hasta llegar a su apartamento, el cual había intentado abandonar unas horas atrás.

Con los hombros caídos por la derrota, ingresó a su apartamento, se quitó el abrigo que le pesaba y sin hacerle caso a Erich, se retiró hasta su cama para caer boca abajo. No había salido bien el plan, sabiendo que el hombre le había advertido. Recordando que él estaba ahí, alzó la cabeza para verlo en la sala pequeña.

—¿Porqué me salvaste?—murmuró, cayendo en la cuenta que estaba en su apartamento y no en un calabozo frío de la Stasi.

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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Mar 20 Sep - 22:36

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Dio gracias a que Louise no se resistiese. Por unos instantes, mientras le echaba la mano encima para impedir que huyese, hubiese apostado la mano a que se resistiría y trataría de gritar por partida doble al reconocer su voz. Pero en aquella ocasión fue inteligente y se detuvo, alzando ambas manos. No le quitó la suya de la boca en cambio, si no que la arrastró aún agarrándola.

Aún con los guantes de cuero negro le pareció notar el aliento caliente de la muchacha contra la palma de la mano, a pesar de que era imposible.
La hizo entrar en el coche, que estaba aparcado varias calles más atrás (y era una suerte que Louise hubiese huido justo en aquella dirección). Lo hizo con un movimiento brusco, para que no se le ocurriese intentar escaparse o decir nada.

-Estate callada -le ordenó al entrar y en vez de arrancar el vehículo sacó la radio, para informar (y mentir) a sus compañeros sobre la figura que había salido persiguiendo, diciendo que había huido alejándose del Muro y que les informaría más adelante.
Cuando apagó el dispositivo no le dijo nada a la muchacha, solo dio ignición al motor a través de la llave y desaparcó girando el volante. Reflexionó unos instantes a dónde llevar a la muchacha pero enseguida se decidió. La opción más estúpida, tal vez, pero dependería de ella que lo fuese o no y atravesaron parte de la ciudad en silencio, con las casas oscuras y calladas escoltando las calles.

Louise no dijo una sola palabra en todo el trayecto y solo en ocasiones Erich la miraba a través del retrovisor. No había nadie en las calles que sirviese de obstáculo. Al hacerlo la vio mirando por la ventana, igual de silenciosa que la ciudad, sin que fuese sencillo adivinar lo que pasaba por su mente.
Aparcó frente a la casa de ella, al lado del portal cuya puerta le había ayudado a abrir y la hizo bajar del coche. Esta vez fue un gesto menos desagradable que cuando la había hecho montar, pero igualmente firme. El viaje en coche había contribuido a reducir su mal humor pero no lo suficiente, pese a que ya sabía que ocurriría aquello. Precisamente por eso había decidido participar en la redada de aquella noche, ofreciéndose voluntario.

Solo una vez que la hizo pasar al interior del apartamento le habló por fin, ignorando el murmuro apesadumbrado de ella:

-Eres estúpida -le espetó. No la miró, si no que se diriguió hacia las ventanas, echando un vistazo a la calle y cerrando las persianas, para que nadie pudiese ver lo que sucedía dentro del pequeño piso. Lo más probable era que nadie estuviese mirando, dado que nadie sabía hasta dónde había llegado su investigación de Louise Dieter, pero nunca se sabía. Eso era lo que se aprendía trabajando para la policía secreta. Cuando se giró hacia ella el labio superior se le curvaba irritado-. ¿Te crees que iba a salir bien vuestro ridículo plan? ¿Que iba a ser tan fácil traspasar ese muro? ¿Que es como cruzar el bordillo de la acera? ¿De verdad cuando hablabas con esos tipos creís que Nosotros no nos enteraríamos? -le preguntó, una cuestión tras otra. El nosotros tenía énfasis y mayúscula propia en su lengua.

Sacudió la cabeza, decepcionado e irritado, pese a que ya sabía que Louise iba a intentarlo. Había salido de su apartamento sabiendo que lo haría. Pero chasqueó la lengua, examinando con los ojos claros el minúsculo salón, solo callado unos instantes para digerir el enfado, la contrariedad que había sido encontrarla allí.
En el fondo había esperado que ojalá le hubiese hecho caso.

Sacó la cajetilla de tabaco con un movimiento brusco, golpeándola por atrás para hacer salir uno de los cigarrillos.

-¿Por qué te he salvado? -repitió-. Deberías darme las gracias, niña -gruñó, reticente a responder todavía.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Mar 20 Sep - 22:56

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Eres estúpida. La frase insultante le resonó en su mente como si fueran balas mortales. Tragó saliva, sin moverse de su posición, escuchando el descargo de Erich, con todas aquellas cuestiones. Parecía un león enjaulado, con ganas de atacar a lo que sea, sin embargo, Louise observaba que el hombre iba aflojando su cabreo.

—Tú sabías qué iba a hacer, Erich.—dijo, tuteándolo por primera vez. Se incorporó de la cama con suavidad para acercarse a la cocina, y sacar una botella de coñac y dos vasos de vidrio. Sirvió una buena cantidad para Erich y le entregó el vaso, antes de sentarse ella en el sofá, con las piernas metidas bajo su trasero.—Y no me digas niña.—protestó, mirándolo a través del borde del vaso.—Tengo veintiocho años, soy mayorcita para saber lo que me conviene o no.—arguyó, aunque su defensa sí que podría sonar bastante infantil, reconoció mentalmente.

Suspiró largamente, y bastante derrotada para mirar a Erich.—Gracias.—dijo, con una leve sonrisa ladeada. Su destino podría haber sido peor si la hubiesen atrapado otros.—Pero de veras...¿porqué me salvaste, porqué mentiste a tus colegas?—insistió, buscando su mirada.¿Porqué te intereso tanto?, se preguntó a sí misma.

Pues era muy curioso que alguien de la Stasi se tomara tantas molestias en mantenerla viva, en convencerla de hacer una vida en ese lado de Berlín. Louise siguió bebiendo de su vaso, sin dejar de mirar a Erich. Hasta enfadado se veía guapísimo.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Mar 20 Sep - 23:47

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La frustración que se le enroscaba bajo la mandíbula, tensándosela, hizo que no se fijase en cómo ella pasó a tutearle cuando le señaló que sabía perfectamente lo que iba a ocurrir. Y, en efecto, lo sabía. Había estado seguro de que sería tan insensata como para intentarlo, con toda su voluntad de prefiero morir a vivir con los comunistas, y por eso mismamente había mantenido un ojo y un oído sobre ella durante esa semana y media que había pasado desde que la había visitado en el cementerio y en aquel mismo apartamento. Casi había pensado que a lo mejor no lo haría cuando se habían enterado de la operación de aquella noche.

-Por eso mismo vine a advertirte -le masculló, para que no se atreviese a dudar de que era consciente de su inconsciencia.
Se pasó la mano libre por el pelo rubio oscuro y cuando ella presentó la copa de coñac delante de él (enfadado tampoco había mirado cómo la servía) la aceptó. Le venía mejor darle un primer trago largo y quemarse la garganta un poco, y con ella la irritación, que plantearse que aquel hubiese sido el primer movimiento de Louise casi al entrar en casa.

La ignoró deliberadamente cuando le recalcó que no era una niña. Podría haberle respondido duramente ("Mientras te comportes como una niña te llamaré niña") pero el enfado se había comenzado a calmar en sus arterias y decidió no hacerlo.
Había logrado sacar a Louise de la redada, eso era lo importante. Sus compañeros no tenían por qué desconfiar nada. Al día siguiente podía decir que había perdido al fugitivo o coger a cualquier maleante de la calle y presentarlo en su lugar. Eso segundo terminaría el incidente con mucha más eficacia.
Podrían haber salido muchas cosas mal esa noche. Louise podría haber sido atrapada la primera en vez de salir huyendo, o podría haberla cogido su compañero en vez de ir él tras ella...
Si pensaba en la lista de posibles errores volvería a cabrearse y prefería controlar su temperamento.

Dejó el vaso sobre la mesa, a la mitad, y se sentó esta vez en la silla donde estaba ella la anterior. Aún tenía el cigarrillo en la otra mano y le dio tres toquecitos, para finalmente encenderlo. Dejó la cajetilla junto al vaso, por si Louise quería coger.

Finalmente ella le dio las gracias. Finalmente.
Erich gruñó, pero esta vez fue un gruñido mucho menos potente que los anteriores. Que parecía decir por fin sin dejar ir un de nada porque aún tenía que pensarse esa parte.

Y ella volvió a preguntarle porqué lo había hecho y porqué además había mentido a sus colegas. Erich se dio tiempo, inspirando un par de caladas para terminar de relajarse. Todo lo posible dada la situación, reflexivo.
Sin tener claro si quería soltar prenda o no. Finalmente se decidió a decir:

-¿No resulta evidente? -la miró-. No quiero que mueras, Louise Dieter, aunque estés empeñada en hacerlo.

Eres demasiado hermosa para morir disparada en la noche para que hagamos que seas olvidada, pensó para sí mismo.
A favor de ella había que decir que ahora mismo estaba mucho menos beligerante que la anterior vez que se habían conocido. Tenía los hombros más bajos, suspiraba, tenía un aire de derrota que tampoco quería para ella pero al menos no estaba insistiendo en que prefería la muerte. Por fin le tocó a él suspirar contra el humo del cigarrillo, cansado.
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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Miér 21 Sep - 2:41

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Louise no sabía cómo explicar el extraño sentimiento que tenía respecto a Erich. Era un hombre de la Stasi, un cerdo comunista como los rusos que habían violado a su madre, era un NO en mayúsculas y neón. Sin embargo, ahí estaba por segunda vez en su apartamento, hablando con él, como si fueran extraños viejos amigos. Y el hecho de que Erich le dijera que no quería que muriese, le ablandó el corazón ligeramente.

Se quedó en silencio, tan solo bebiendo de su vaso con pausa, observando a Erich. Le había salvado el trasero tres veces, y sí, contaba tres veces, pues mentir a la mismísima Stasi de su existencia, era suficiente como para ir a la horca. No comprendía porqué él estaba empeñado en protegerla de un modo u otro, pero así estaba sucediendo y Louise no sabía cómo interpretar el hecho de que había alguien que se preocupaba por ella. Era muy irónico que fuese un hombre de la Stasi, todo hay que decirlo.

Con un suspiro, acabó su vaso y luego se retiró a la cocina a preparar una cena para los dos. Era lo mínimo que podía hacer como agradecimiento. La idea de fugarse seguía latente en su mente, pero decidió dar tregua a ese asunto y le nació la curiosidad de saber qué haría Erich si ella volvía a hacer una locura semejante. Porque la reacción original de un Stasi, era apresarte y joderte la existencia. Y él no lo hacía.

No tenía mucho para ofrecer de cena, apenas un par de latas de sopa y algo de queso. Su vida de pobre era lo que tenía, pues en los pocos trabajos que había tenido, no ganaba abundantemente. Esa era otra mentira que el comunismo quería implementar, cosa que irritaba a Louise. Pero no iba a discutir de esas políticas con Erich. Preparó rápidamente la cena y luego la sirvió en dos platos hondos. Le alcanzó a Erich su plato, con una media sonrisa de disculpa.—Lamento la escasez de comida, pero espero que sea de tu agrado.—dijo, a modo de disculpas y se sentó en el sofá a dar buena cuenta de su plato.

Comer la sopa la reconfortó de todo, y miró a Erich largamente, antes de hablar:—Asumo que no confías en mí del todo, así que puedo ofrecerte el sofá como cama nocturna.— Esperó la reacción del hombre, bastante curiosa. Jamás habría invitado a nadie a compartir la noche en su piso, y muchísimo menos a un hombre comunista y de la Stasi. Pero había algo extraño en Erich, que la reconfortaba, y debía admitir que le asustaba a la vez que le daba curiosidad de saber quien era él y porqué se preocupaba tanto por ella.


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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Deus ex Machina el Jue 22 Sep - 15:34

Freedom has a price
Louise no respondió en un principio y el silencio se tendió sobre el pequeño apartamento como la noche caía sobre la ciudad. Las persianas estaban cerradas (él mismo las había cerrado) pero no se oía ni un solo ruido desde fuera. La redada quedaba a varias calles más allá, más que de sobra a un cuarto de hora en coche y aquella zona estaba tranquila, dormida y ajena a los traidores que habían intentado huir como ratas al ser descubiertos y que sus compañeros, estaba seguro, habían perseguido hasta apresar al último de ellos. La redada debía de haber acabado ya y ahora quedaba silencio. Erich se echó hacia atrás en el asiento y dio un nuevo sorbo al vaso de coñac que la muchacha le había servido, dejando luego apoyar la mano con el vaso en el reposabrazos de la pequeña silla. A juego con el resto del apartamento. Y ahí se contenía toda la vida de Louise Dieter.

Ella se levantó, sin haber dicho nada aún y desapareció en la cocina. Erich consideró que a lo mejor tendría que haberle dicho algo, que se quedase sentada. Que descansase, que reflexionarse sobre su vida. Entonces podía haberse levantado y haber salido del apartamento, dejándola allí para que pasase la noche y volviese a su vida habitual. Pero en cambio la dejó escapar sin despegar los labios.
Sentado en silencio en el saloncito podía oírla moverse en la cocina.
El rato que estuvo ausente se le hizo más corto de lo que había sido realmente, abstraído en sus propios penamientos. Rescatarla esa noche había sido un gran riesgo que había tomado sin dudar. Es más, que había ido dispuesto a tomar porque había ido esperando encontrarla en aquella redada.

Inclinó la cabeza hacia ella cuando la oyó volver, con el plato de sopa y uno de queso para compartir. Se echó hacia adelante en el asiento.
-No era necesario -le dijo a la chica. No la había llevado a su apartamento para que le cocinase. No tenía planeado cenar aquella noche. Pero aceptó el plato de sopa, removiéndolo-. No importa la escasez, sino el gesto. Gracias -añadió después.

El plato estaba caliente y le sentó bien, era reconfortante aunque al comienzo lo tomaron en igual silencio. Pero el calor de la sopa lo iba disolviendo. Lo que no imaginaba era que Louise le ofreciese su sofá. ¿Por agradecimiento o porque consideraba que pretendía quedarse a vigilarla? Erich la miró alzando las cejas intentando discernir cuál de las dos era, o si se trataba de otro motivo totalmente diferente.

-Solo pretendía ponerla a salvo, señorita. Nada más -le respondió. Su intención había sido volver a la central. O quizá a su propio apartamento. No pretender forzarla a mostrarse hospitalaria.
Escucharla tan silenciosa, sin encontrarse un muro de hostilidad ciega cada vez que le respondía, le hizo preguntarse si Louise se encontraba bien.

-Espero que entienda que lo que he hecho esta noche ha sido solo por su propio bien, Louise -le aseguró.
Enero de 1962 | Apartamento de Louise





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Re: ❆ Ich bin ein Berliner!

Mensaje por Veintisiete el Jue 22 Sep - 16:58

Freedom has a price.
Le escuchaba, pero como lejanamente y al terminar su plato de sopa, le miró de forma sarcástica.—Le recuerdo amablemente que soy yo la que decide que es lo mejor para mi propio bien.—dijo, claramente irritada. Encima, el Stasi no respondía su pregunta original, y se notaba que evadía contestarle aquella pregunta, lo que hizo que Louise dejara de ser tan amable y sumisa.

Con un gruñido, recogió los platos vacíos y los llevó a la cocina para lavarlos a la mañana siguiente. En ese momento, solo deseaba acostarse, y echarse a llorar toda la noche por su fracaso a la libertad, por estar más sola que perro abandonado. Estaba atrapada en una situación que jamás había pedido. Se sentó en el sofá, y sin preguntar absolutamente nada, sacó del paquete un cigarrillo, encendiéndolo con rapidez. Se encogió en su sofá, dándole la espalda, absorta en su cigarrillo, en sus pensamientos que la atormentaban.

—La próxima vez no huiré de ustedes, dejaré que me pongan una bala entre ceja y ceja.—murmuró, con rabia. Sus labios absorbían del cigarrillo, consumiéndolo más rápido de lo que debería ser saludable. Y en pocos segundos, lo acabó. Hundió la colilla en el cenicero, antes de coger otro cigarrillo y repetir la rutina.—No te tomes tantas molestias con una traidora al gobierno.—escupió, de mala leche.

El cigarrillo seguía consumiéndose entre sus dedos, a medida que Louise aspiraba más, con la sensación de irritación subiéndole por el pecho. Nuevamente, acabó el cigarrillo con rapidez, y procedió a encenderse el tercero.—Ya te puedes ir.—dijo, ignorándole. No quería que la viera llorar, de lo sola que se sentía, de lo atrapada que estaba. Estar en el lado comunista de Berlín la ahogaba en los peores recuerdos y no conseguía sobrellevar aquello o sobrevivir a esa angustia intensa que dominaba cada espectro de su alma rota.
Enero de 1962 | Louise's House

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