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~ Once a King of Narnia...

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~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Vie 30 Sep - 0:05


Once a king of Narnia...

Edmund Pevensie

Skandar Keynes
17 años

Avalon

Lynette Clark

Freya Mavor
17 años

SapphireDragon
A pesar de todo lo que pasó, a pesar del tiempo que trascurriese, Edmund Pevensie pensaba a menudo en aquel mundo mágico donde muchas de las criaturas fantásticas de las que se hablaba en las fábulas y los cuentos, existían. Minotauros, centauros, grifos, gigantes, faunos, sirenas, animales parlantes, brujas y magos… Ese mundo era Narnia. Allí donde su forma de ser cambió radicalmente, donde se convirtió en un chico atento y amable con sus hermanos, justo con todo el mundo.

Había pasado un tiempo desde que viajaron por segunda vez al mundo fantástico cuando, una vez su misión estuvo completada, regresaron a Inglaterra, junto con unos pocos Telmarinos que deseaban encontrar una nueva vida en ese lugar desconocido, lejos de toda la guerra que aconteció. A pesar de que ninguno de los Pevensie fuera realmente rey o reina en su mundo, Peter y Susan, durante los primeros meses, se preocuparon de aquellos que habían cruzado el portal, ayudándoles en lo que podían a instalarse.

Fue así como Lynette tuvo el primer contacto con los monarcas de Narnia. De pequeña, mil historias le fueron contadas cuando vivían allí sobre la guerra que libraron contra la Bruja Blanca, para deshacerse del eterno invierno, las legendarias historias sobre su reinado. Más de una vez deseó poder conocerlos, pero desaparecieron sin dejar rastro, de forma repentina, abandonando el reino a su suerte. Sin embargo, aquel deseo se cumplió. Conoció al sumo Monarca y a los Reyes Susan y Edmund en una de las últimas ocasiones que estos fueron a asegurarse de que todo iba bien…

No obstante, poco después de que la rutina comenzase en su nuevo hogar, la desgracia azotó el seno de la familia y un accidente se cobró la vida de sus padres. Tras aquello, Lynette se quedó sola, bajo la tutela de una tía materna con dudosa salud mental. Además… Ya apenas recordaba su historia, la de sus antepasados. Algunos libros y documentos se habían llevado de Narnia y se encontraban en el ático guardados. Sería a partir del instante en que la joven los volviera a hallar, que comenzase con su búsqueda de los Pevensie. Deseaba saber más de la historia de su pueblo, y ellos eran los únicos que se lo podrían relatar de forma fiable. El destino querría que aquel por esos motivos, su camino se cruzase con el de Edmund y una curiosa historia se iniciase.
1×1 • CS • Las Crónicas de Narnia




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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 1 Oct - 2:09

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Londres | Una mañana | Con Edmund
Siempre habían sido ellos los que habían acudido a su hogar para velar por su correcta adaptación. Los legendarios Peter el Magnífico, Sumo Monarca y Susan la Benévola, Reina de Narnia, durante el primer año que transcurrió tras su llegada al extraño mundo que denominaban Londres, los iban a ver cada dos semanas. Lynette era por entonces, demasiado tímida y vergonzosa como para salir de su escondite, desde donde admiraba a ambas personas de ls que tanto había oído hablar. En un par de ocasiones, el siguiente de los hermanos, un muchacho de aproximadamente su edad, con el cabello castaños oscuro y el color de sus orbes a juego, les acompañó. Edmund, el Justo.

En cierta medida le pareció guapo, sin embargo, el mayor de los hermanos siempre había sido al que más atención había prestado. Rubio, apuesto, amable, seguro de sí mismo... varias fueron las ocasiones en las que sus padres se rieron de ella al escucharla suspirar cuando volvían a quedarse solos en el hogar.

Esas visitas poco a poco se fueron haciendo más esporádicas,  hasta el punto de que hacía ya casi un año -incluso más- que no recibían una. Fue en ese periodo, en el que el terrible accidente tuvo lugar; uno que se cobró la vida de sus dos progenitores, dejándola sola, bajó la tutela de su tía materna. No obstante, era ella la que cuidaba de la adulta y no al revés,  puesto que la buena mujer siempre vivía en un mundo que mezclaba las ilusiones y la fantasía con la realidad.

Un día, varios meses después de aquello, con el dolor de la muerte mitigándose poco a poco, Lynette sintió el impulso de subir al desván. Allí, en una gran caja de madera, encontró unos volúmenes de aspecto antiguo que no tardó en reconocer, pues habían ocupado durante gran parte de su infancia, un sitio en las estanterías de su hogar en Narnia. Sentada en el suelo polvoriento, la chica de cabellos rubios tostados pasó las páginas lentamente, observando las trabajadas ilustraciones que narraban la historia de Narnia, desde su creación, pasando por la llegada de los Hijos de Adán y las Hijas de Eva y su victoria frente a la Bruja Blanca hasta... ¿Cómo...? ¿In-Invasión telmarina? Los grandes ojos azules de la muchacha leyeron algunos párrafos por encima... Creía que la guerra que aconteció antes de su partida a aquella ciudad, en la Tierra había sido por la intolerancia radical que los últimos líderes habían mostrado frente a los narnianos. Jamás se imaginó aquello...

Habían invadido un mundo imbuido en magia y que armonizaba un gran número de especie mágicas. Sus padres siempre habían procurado ocultarle aquello, ¿no? ¿Por qué? ¿Acaso se avergonzaban de los actos de sus antepasados? Cerró de golpe el enorme libro, tosiendo al segundo por la nube de polvo que levantó al hacerlo. Podría preguntarle a su querida tía,  pero no sacaría nada en claro... y ella necesitaba saber la verdad sobre sus propios antecesores... pero no había nadie que pudieses ayu---. Mentira. Sí había alguien.

Apresuradamente, bajó las escaleras mientras sacudía sus ropas, se peinó y salió a la calle. Los Pevensie, los reyes de Narnia, podrían contarle la verdad... a pesar de su desaparición durante varias décadas. Alguna vez mencionaron la zona donde residían... Quizás era tentar demasiado a la suerte, pero no perdería nada por presentarse allí y darse una vuelta. El destino podría estar de su parte aquella vez... Así pues, tras asegurarse de que su única pariente estaba entretenida con la televisión y tejiendo, Lynette salió por la puerta de casa.

No tardó mucho en llegar al barrio referido. Había varias cafeterías y librerías, a estas últimas no se pudo resistir y entró con una tímida sonrisa. 


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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Dom 2 Oct - 19:56

1.- Origins


Londres | Una mañana | Con Lynette
Se pinzó el puente de la nariz con los dedos índice y pulgar. —Venga, Lu, piensa. Susan ha tenido que decir algún título en las últimas dos semanas —pidió mientras trataba de que su cerebro recordarse. El cumpleaños de su hermana mayor se acercaba y Lucy y él habían decidido volver a unar fuerzas para comprar un regalo. Los gustos de Susan se habían vuelto ligeramente más costosos y, por ello, ambos optaban por compartir gastos y hacerse con algo que la chica realmente quisiera. Y regalarle un libro a Susan era siempre una apuesta segura. Lucy, sentada en el sillón de en frente, hizo una mueca y volvió a sugerir que cambiaran de regalo. Siempre le regalaban libros a Susan, ¿por qué no le compraban estaba vez otra cosa? Edmund le recalcó que ya le habían obsequiado con un arco unas navidades y con la figurita de un león otras. Por supuesto, la menor de los Pevensie no tardó en mencionar la sala llena de libros que habían podido permitirse comprarle en Narnia, cuando habían podido hacer de una de las dependencias de Cair Paravel, el lugar preferido de Susan.

Finalmente, la conversación fue derivando en otros temas y dejaron de lado el regalo de Susan. Edmund no se preocupó, tenían todavía unos días y estaba seguro de conseguir algo que sorprendiese a su hermana. O, al menos, algo que consiguiera reír al ver el presente. Lucy acabó marchándose argumentando haber quedado con unas amigas y Edmund se quedó en el salón con la radio encendida. Apenas escuchaba lo que el locutor retransmitía, sus pensamientos habían volado a otro lugar. Como de costumbre. Pasó casi una hora hasta que el moreno se estiró en el sofá y optó por salir de la silenciosa casa. Ninguno de sus hermanos se encontraba allí, y sus padres también habían salido. Se colocó la chaqueta y se caló el gorro en la cabeza antes de salir al exterior.

No tenía un destino fijo al que ir, por ello, acabó decidiendo que lo mejor era volver a incidir en el regalo de Susan. Quizá, si le llevaba una buena propuesta a Lucy, su hermana acabará accediendo a su idea. O, quizá, Edmund no encontraría nada que le recordarse a Susan y acabaría acompañando a la valiente a la joyería más cercana. Lucy solía tener razón, pero él conocía mejor a Susan. Entró en una de las librerías a las que Susan no solía acudir, esperando así encontrar algo que su hermana no hubiera visto antes o que no tuviera ya. Saludó al librero y, luego, ingresó en el interior de la librería. No era excesivamente grande, pero Edmund consiguió perder de vista al hombre. Sin embargo, no se quedó solo entre los libros. Una joven rubia paseaba también entre las estanterías. El moreno se quedó mirándola directamente. La conocía. Y cuando pasó a su lado, mantuvo su vista sobre ella. No la ubicaba. Finalmente, acabó por girar el rostro al darse cuenta de lo descarada que estaba siendo su mirada. Entrecerró ligeramente los ojos al pararse frente a una estantería cualquier. Comenzó a leer los títulos de los libros sin ser consciente, realmente, de lo que leía. Su mente había comenzado a correr a toda velocidad. Sabía que tenía que conocer a esa chica pero, ¿de qué?



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Lun 3 Oct - 0:45

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Londres | Una mañana | Con Edmund
Con su llegada a ese nuevo lugar, Lynette pudo descubrir un nuevo mundo en lo que a literatura se refería. Desde que tenía uso de razón, había sido una amante empedernida de la lectura; siempre que podía reposar sin ser molestada, secuestraba uno de los libros que reposaban tranquilamente en la estantería de su hogar y se escabullía a su rincón preferido, junto a una ventana. Podía pasarse horas leyendo sin problema alguno abstrayéndose por completo del mundo real.

Por ello, cuando descubrió las librerías de esa ciudad, se emocionó como una niña pequeña con un juguete completamente nuevo y que le encanta. Con la opinión de varios dependientes, había descubierto el mundo de Lord Byron, de Charles Dickens… También a Shaskespeare con sus obras verdaderamente trágicas. Los gustos de Lynette se ampliaron. Un género que también le encantaba era el detectivesco y la novela romántica del siglo XIX de Jane Austen la enamoró por completo.

En esos instantes, iba libro por libro, leyendo el título de su lomo con curiosidad. Sacó alguno, lo ojeó u posteriormente volvió a dejarlo en su sitio. Si al menos tuvieran ella y su tía un poco más de dinero… Pero no era que nadasen en la abundancia… Dejó escapar un suspiro mientras se mordía el labio con suavidad y continuaba su recorrido por entre las estanterías del local. Fue cuando giró en una de ellas que escuchó una voz masculina, sin embargo, no le hizo caso.

Estudiaba con detenimiento la edición antigua de Romeo y Julieta cuando sintió una mirada fija posado sobre su persona. ¿Quién estaba observándola tan detenidamente? Sus ojos grandes y azules recorrieron el pasillo, pero la única persona aparte de ella que pudo encontrar fue a un muchacho de su edad, con un gorro cubriendo su cabeza y entretenido –o al menos lo parecía– con los libros que tenía en la estantería de madera frente a él.

Fue entonces cuando la muchacha de origen narniano frunció el entrecejo de forma pronunciada y se mordió el labio inferior. Aquel chico… ese porte, ese perfil… Le sonaba de algo, sin embargo, tan solo verle de lado no serviría para confirmar sus sospechas.

Suerte fue la que tuvo cuando el muchacho moreno y de rostro apacible reemprendió la marcha por el pasillo y pudo distinguir finalmente su rostros. No podía ser… Sus ojos se abrieron de forma desmesurada por la sorpresa. Era imposible que le estuviera ocurriendo aquello… El Rey Edmund el Justo se encontraba ante ella, como otras veces había estado en la habitación de estar con sus padres. Un Pevensie al que preguntarle al respecto todas las dudas que tenía. No iba a desaprovechar la situación, ni mucho menos.

Así pues, de forma decidida, le cortó el paso al muchacho, con una pequeña y encantadora sonrisa en los labios.

Perdone… –dijo con suavidad, en un intento de llamar su atención-. Si no me equivoco después de todo este tiempo… ¿Es el Rey Edmund el Justo?

No esperaba que él se acordase de su nombre, ni mucho menos que se acordase de que se conocían… Pues realmente, Edmund no la había llegado a ver demasiado… muy brevemente cuando sus padres le pedían que les trajera algo de la habitación contigua.

Parpadeo un par de veces, esperando su reacción, su respuesta a aquello, con cierta inquietud e impaciencia. Podría haberse equivocado… podría haber un joven muy similar a él en el barrio, y que no lo fuese realmente.


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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Lun 3 Oct - 13:43

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Londres | Una mañana | Con Lynette
No era extraño que Edmund se sintiera, en ocasiones, desubicado. Aquellas extrañas sensaciones que le erizaban la piel y le hacían recordaban diversos escenarios, momentos y sentimientos habían comenzado a desarrollarse tras su primer viaje a Narnia. Había tardado un par de meses —desde que volvieran de Narnia y recuperaran sus cuerpos infantiles— en preguntarle a Peter, si a él le ocurría algo parecido. Al final, todos sus hermanos habían acabado reconociendo que tenían tantos recuerdos imprimidos en sus mentes y cuerpos que era imposible que no explotasen ante el menor estímulo. Habían vivido demasiado para sus jóvenes cuerpos, en todos los sentidos.

Sin embargo, y pese a que la sensación que notaba en la punta de los dedos era la que solía significar Narnia, su mente no evocaba ningún recuerdo, su cuerpo no parecía tensar sus músculos en alguna antigua manía y sus sentidos no recuperaban un sentimiento anterior. Pero estaba seguro de que la chica rubia tenía relación con el mundo del armario. O estaba volviéndose un paranoico. Quizá, Susan tenía razón y todos se dejaban llevar por un sueño que había llegado a su fin para los Pevensie. Cerró los ojos unos segundos y trató de enfriar su mente. Cuando los abrió, sus orbes leyeron con esmero los títulos que tenía delante. Su intención aseguraba que había dejado de lado aquel presentimiento —aunque en el fondo supiera que a veces no era malo hacerle caso a ese tipo de cosas—.

Había alargado la mano para coger un libro sobre constelaciones que había llamado su atención, cuando la curiosa sensación volvió a coger fuerza. Sabía a quién pertenecía la voz femenina incluso antes de girarse y descubrir a su lado a la chica que había estado rondando su mente los últimos minutos. Perdone. El moreno no pudo evitar enarcar una ceja, había algo en su tono que le imprimía un respeto impropio para dos jóvenes de su edad pese a la época en la que vivían. La primera frase de la chica consiguió captar el interés de Edmund. Después de todo aquel tiempo. Comprendió que no había estado tan equivocado, sí que debía conocer a la chica. Sin embargo, la pregunta que ella hizo despertó todas las alarmas del joven.

Miró a su alrededor, sin saber que esperaba pero cómo anticipando algo. Narnia siempre tenía una forma peculiar de colarse en su vida pero, desde luego, nadie —que no fueran sus hermanos o alguna persona eventual— se había referido a él con aquel viejo título. Volvió a detener sus ojos sobre la chica y la examinó detenidamente. Había pocas opciones para que alguien supiera aquello y estuviera en Londres. Salvo que algo extraordinario estuviera volviendo a ocurrir y Edmund no creía que fuera eso. —¿Eres la hija del matrimonio Clark? —preguntó. Creía haberla ubicado por fin. Visitar a los telmarinos que habían vuelto a la Tierra había sido parte de las responsabilidades que Peter y Susan habían aceptado. Pero Lucy y él habían insistido en alguna ocasión para echarles una mano. Edmund creía recordar a una chica rubia de su edad entre los telmarinos, creía recordar haberla visto en alguna de las visitas a los nuevos hogares de los narnianos. Tenía que ser ella.

Pero, ¿qué hacía allí? Su brazo dejó de estar alzado cerca de los libros y pasó a cruzarse de brazos. Se giró de cara a la chica, prestándole toda su atención en aquel instante. —No es muy buena idea ir llamando rey a la gente por la calle —comentó—. Seguro que a Peter le gusta pero... —terminó frunciendo los labios. A pesar de todo, Edmund no podía desaprovechar una oportunidad para picar a su hermano mayor, estuviera él presente o no. Tampoco es que le molestase ser conocido por su viejo cargo, de hecho, había una parte de él que lo añoraba; pero Edmund había aprendido a ir con los pies de plomo. —¿Cómo está tu gente? —se aventuró a preguntar. Sabía que hacía alrededor de un año que sus hermanos habían cortado la relación con los telmarinos. Narnia había soltado sus lazos —en la medida en la que era posible que Narnia abandonase a uno— y cada cuál había seguido su camino. Como debía ser. Sin embargo, las coincidencias no pasaban porque sí.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Lun 3 Oct - 17:04

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Londres | Una mañana | Con Edmund
Quizás abordarle de aquella forma no había sido la mejor de las opciones. Y menos aún utilizar el antiguo nombre por el que era conocido en la tierra de Narnia, así como en los reinos circundantes. Recordó ligeramente las historias que le contaron sus padres acerca de los Hijos de Adán y las Hijas de Eva que derrotaron a la Bruja Blanca, siempre se recalcó que gobernaron durante largos años… y cuando regresaron nuevamente para ayudar a los narnianos contra los telmarinos (historia que manipularon sus padres sin razón aparente), había vuelto nuevamente siendo niños. ¿Cómo era aquello posible?

Lynette se mordió ligeramente el labio inferior, cuando los ojos del contrario se posaron sobre su pecoso rostro. Se mostraba serio, ligeramente confundido por aquella repentina intromisión. Era un adolescente, de su edad; y sin embargo, hubo un tiempo en el que ya fue un hombre. ¿Cómo sería repetir aquellos años que ya había vivido con anterioridad en un lugar tan diferente como lo era Narnia? A penas habían intercambiado un saludo, y las preguntas se agolpaban en la mente de la fémina, deseosas de ser contestada para poder saciar su creciente curiosidad.

Nuevamente la sonrisa iluminó su semblante y asintió lentamente, mientras se colocaba un mechón rubio y rizado tras la oreja.

Sí, así es. Mi nombre es Lynette. Siento haberle abordado de forma tan repentina… Pero le he reconocido y… –su voz fue disminuyendo poco a poco hasta el punto de apagarse, mientras contestaba. Se ruborizó repentinamente y desvió la mirada a una de las estanterías durante unos segundos. A todo ello se le sumaba el creciente dolor provocado por un repentino pinchazo en el pecho, causado al recordar a sus padres. Se tomó unos segundos para poder continuar-. No voy llamando a la gente majestad o rey por la calle. Sin embargo, usted lo fue, lo es y lo será… O eso decían los antiguos escritos de Historia narniana. Además, era la única forma de que comprendiera que vengo de allí… y que lograra recordarme… A pesar de que en sus visitas a mi hogar solo apareciese en momentos puntuales… -me daba vergüenza estar frente a los queridos reyes de Narnia, pensó en su fuero interno.

Entreabrió los labios, soltando un leve suspiro, mientras se preparaba para preguntarle amablemente si podrían hablar, en otro sitio… Necesitaba resolver tantas dudas y comprender tantas cosas que creía conocer ya y realmente no era así…

Sin embargo, no tuvo oportunidad alguna de ello, puesto que un repentino carraspeo al otro lado del pasillo le hizo dar un respingo en su sitio. El dueño, no parecía muy contento de tenerles ahí hablando sin comprar realmente nada. La muchacha miró con soslayo la estantería frente la que había estado antes, donde se encontraba el libro que realmente deseaba leer. Hizo un pequeño gesto de disculpa mientras se dirigía hacia la puerta, no sin antes pararse en seco, volverse y contestar a su última pregunta.

Mis padres fallecieron hace unos meses, mi señor –respondió viéndose incapaz de mirarle al decir aquello. Resultaba verdaderamente doloroso pronunciar esas palabras en voz alta. Además, inconscientemente, continuaba tratándole con el respeto que sus padres le enseñaron a mostrar frente a las personas importantes y Edmund el Justo, lo era.

Tras decir aquello, reemprendió la marcha, atravesando la portezuela del local y saliendo a la calle, donde el frío del otoño comenzaba a asentarse en la ciudad de Londres.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Miér 5 Oct - 0:34

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Londres | Una mañana | Con Lynette
Posiblemente, y aunque Edmund se hubiera extrañado al ser reconocido como rey, había pasado tantos años ocupando aquel alto cargo que parte de sus acciones iban acorde a él. Ni siquiera fue consciente que había pasado directamente al interrogatorio, sin el saludo. Había vivido más años acostumbrado a que se contestasen sus preguntas y estar al día con todo que acostumbrado a tener una conversación diáfana y cómun entre dos jóvenes. Las viejas costumbres siempre acompañaban a uno y, de todas maneras, Edmund nunca había sido el más extrovertido ni educado de sus hermanos antes de Narnia. Todo lo contrario. Las personas se moldeaban y crecían pero había pequeños detalles que recordaban el pasado. Y, sin embargo, la calidez de su voz, la atención de su tono y la cercanía de permitirse preguntar antes de tomar auténtico contacto —todo aprendido en sus años de reinado— imprimían un carácter humano y agradable en el ser del moreno.

Lynette Clark. Guardó el nombre en la memoria y se mordió la lengua antes de decir que ya había conocido alguna que otra Lynette en Narnia, que era un nombre que gustaba a los narnianos. Los suyos habían abandonado Narnia y tenían que hacer de la Tierra su hogar, cuánto menos vínculos tuvieran con Narnia más fácil les sería. Aquello era lo que siempre habían dicho Peter y Susan, incluso cuando Lucy había tachado semejante hecho de injusto y había buscado en Edmund un aliado. El moreno no se había posicionado. —No te preocupes —aseguró. No le había importado ser abordado, más bien le había sorprendido aquella repentina aparición. Al ver el sonrojo en el rostro de la chica, volvió a abrir la boca. —Es agradable encontrarse con gente que entiende... lo que hemos sido —dijo con cuidado, eligiendo las palabras con tiento. No quería contradecir las premisas que sus hermanos mayores habían establecido desde el principio para su contacto con los telmarinos.

Escuchó las palabras de la chica y comprendió. —Al rey Jorge no le haría gracia saber que hay cuatro reyes más correteando por su país —comentó antes de ladear una sonrisa. En el fondo, Edmund estaba hinchándose como un pavo, orgulloso de lo que había sido y siempre sería. Odiaba el olvido o intento de ignorar que se había ido instalando en las palabras de Susan respecto a aquello, odiaba que Peter le recordase que tenían que forjarse una vida en aquel lugar y odiaba ver como los ojos de Lucy relucían con los recuerdos y no podía alcanazarlos. Aun así, le alarmó que ella hiciera referencia a antiguos escritos históricos narnianos. Edmund esperaba que se refiriese a algo que había leído en Narnia antes de irse de allí y no algo que estuviera en su poder en aquel momento. Aslan os concedió venir a cambio de dejar Narnia para siempre.

El carraspeo del librero consiguió que Edmund se relajase y perdiera su atención durante unos segundos de la chica. Los suficientes para que ella decidiese abandonar su empresa. El moreno la observó marcharse y la última frase que le dirigió se le quedó grabada a fuego en la mente. Abrió los ojos y la boca para decir algo, pero ella ya se había marchado. —Maldición —soltó por lo bajo. Suponía que ni Peter ni Susan se habrían enterado de aquello. Aunque, en realidad y pese a lo duro que pudiera sonar, poco podrían haber hechos ellos; ni siquiera entraba dentro de sus responsabilidades mantener con vida a los telmarinos, solo tenían que ayudar a su integración y, después, alejarse. Como habían hecho. Como debía hacer. Edmund volvió su atención a la estantería por unos segundos. Pero sabía que su mente no le dejaría tranquilo. Además, lo abrupto de su interacción con la chica le había dejado mal sabor de boca. Se rodó a sí mismo los ojos y con un escueto despido, salió de la libreria.

Miró por la calle hasta dar con el cabello rubio que buscaba. —Lynette —llamó antes de alcanzarla. Caminó con prisa y se colocó al lado de la chica. —Siento lo de tus padres —dijo con sinceridad. Permaneció callado un momento, dudoso de cómo decir lo que quería soltar. Se pasó la lengua por las labios antes de volver a hablar, en un gesto de ligero agobio. —¿Tienes a alguien o estás sola? —preguntó. La experiencia que los años le habían dado en Narnia habían plasmado una madurez en el chico que a veces chocaba con la adolescencia que mostraba su cuerpo —y mente en ocasiones— y, además, Edmund nunca había sido de los que suavizaban las cosas, para bien o para mal. Su pregunta tenía una intención clara. El joven Pevensie había llegado a la conclusión de que ella no estaba allí por casualidad, los había buscado, porque si sus padres habían muerto, quizá estaba sola. Y si estaba sola, los Pevensie eran los encargados de que los telmarinos encajasen en aquel mundo. Edmund desconocía los lazos que pudieran unirla a ella con el resto de telmarinos. Y para ser justos era su resposabilidad enterarse. O, al menos, así lo sentía.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Miér 5 Oct - 22:54

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Londres | Una mañana | Con Edmund
Seguís siendo las mismas personas que fuisteis en el pasado, cuando reinabais los cuatro sobre las tierras narnianas. No entiendo porqué debería ser olvidado… De igual modo que yo nací en Narnia donde he pasado la mayor parte de mi vida. –comentó sonriendo ladina durante unos segundos, antes de dejar escapar una suave risita por la pequeña broma que el chico de cabellos oscuros había hecho al respecto del actual Rey de Inglaterra-. No, no le haría ni la más mínima gracia. Además, probablemente se sentiría amenazado… Pues fuisteis grandes reyes que os hicisteis querer. Y dudo mucho que nadie consiga algo así allí o aquí…

No trataba de hacerle la pelota, ni mucho menos. Esas palabras habían sido sinceras. Así creía que eran las cosas y no dudaba en expresarlo si era preciso. Sin embargo, la sonrisa y el buen humor que la rodearon se esfumaron de golpe cuando el tema de sus padres regresó.

Salir de la antigua y pintoresca librería tras darle la respuesta a su pregunta, claramente repentina y de la cual estaba segura que no era conocedor, lo hizo por pura necesidad; también había quedado algo dramático, incluso algunos podrían pensar que lo había hecho para llamar su atención y hacerse la interesante –a fin de cuentas, había de todo en ese mundo-, pero nada más lejos de la realidad. Cada vez que la joven pensaba en sus padres, en su sonrisa y su alegre carácter, se le partía el alma… Y más aún sabiendo que su tía se encontraba en una situación como aquella… Muchas de las veces que pensaba en ellos, cuando el fallecimiento del matrimonio Clark era aún reciente, Lynette sentía que se ahogaba en ese pequeño piso. Por ello, salía a la calle a pesar de ser ya bien entrada la madrugada.

Ese fue la misma sensación que la arrolló con fuerza y que la obligó a salir del local con cierta prisa, a pesar de que su intención, desde el primer instante, había sido abordar a uno de los hermanos y rogarle que le explicasen toda la verdad de su tierra natal y de las acciones que sus antepasados llevaron a cabo. Necesitaba unos momentos a solas, unos segundos para desterrar todo aquello que la perjudicaba.

Caminó por la acera, con las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo negro, una vez se lo hubo abrochado rápida y adecuadamente para no dejar que ese frío viento otoñal calase en sus huesos. Lo cierto era que no esperaba que el muchacho que una vez fue rey la siguiera. A fin de cuentas, ella ya no era su problema y no se conocían más que de vista.

Por ello, se sorprendió de sobremanera al escuchar su nombre. El ritmo de sus pasos no disminuyó, pero sí que volteó la cabeza para poder confirmar que era él, y así era. Por poco, debido a que iba mirando hacia atrás mientras el chico se acercaba con largos pasos a su lado, se dio con una farola de la calle… Soltó un sonidito de alerta al percatarse y se paró en seco antes de que ocurriera. ¡Por Aslan! ¿Cómo podía ser tan torpe? El rubor ascendió a sus pecosas mejillas con mayor rapidez de la esperada, y realmente deseaba que la tierra se la tragase ahí y en esos precisos instantes. ¿La habría visto? Esperaba que su primera impresión de ella no fuese tan mala como ella misma pensaba que estaba siendo.

Se estremeció ligeramente al escuchar sus sentidas palabras. ¿Qué podía decirle?

Muchas gracias… –musitó obligándose a esbozar una de sus ambles y agradecidas sonrisas.

Continuaron su camino por la calle, antes de llegar a una de las avenidas principales, donde los coches iban y venían, donde la gente caminaba con prisa allá donde fuesen. El ruido era algo implícito en las ciudades, en ciudades como Londres de las que Narnia carecía. Lynette a veces extrañaba la tranquilidad que se respiraba allí, el silencio tan solo roto por el canto de los pájaros, por el relinchar de un caballo o por el sonido que sus herraduras hacían contra la dura piedra que conformaba los pavimentos de la ciudad telmarina, incluso a las afueras de ésta.

Se mordió con cierta fuerza el labio inferior, sin saber qué contestar a su última pregunta. No estaba exactamente sola pues tenía a su tía… La había tenido desde que la tragedia ocurrió… Pero no era lo mismo. Llegar de clase suponía siempre tener que cuidar de ella: cocinar, darle de comer cuando se abstraía tanto que se olvidaba de ello, procurar que estuviera cómoda todos los días… Esa era su vida en aquellos instantes. Sentía que había crecido de golpe, como si se hubieras saltado varios años de forma repentina y hubiera pasado de ser una adolescente a una adulta a cargo de una persona que no se podía valer por sí misma.

Desde que ocurrió hace unos meses… vivo con mi tía –terminó por responder, mientras caminaba observando el suelo y la punta de sus pies-. No es muy fácil… Ella no está bien desde hace mucho tiempo –se encogió de hombros como si así pudiera quitarle importancia. Resultaba tan fácil hablar con Edmund… la forma en la que la trataba, su preocupación, sus palabras… Todo en él la incitaba a confesarle hasta su más íntimo temor o deseo egoísta.


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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Sáb 8 Oct - 12:30

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Londres | Una mañana | Con Lynette
Las palabras de la chica todavía resonaban en su mente —"...no entiendo por qué debería ser olvidado..."— mientras caminaba por la calle para alcanzarla. Sobresaltarla, y que casi se comiera una farola, no entraba en sus planes. Los labios de Edmund se crisparon y estuvo a punto de dejarlo pasar al ver la vergüenza en el rostro de la chica. Pero caballerosidad había sido una de las cualidades esenciales de los reyes en Narnia. —¿Te has hecho daño? —preguntó ladeando suavemente la cabeza. Luego, asintió al agradecimiento de ella y trato de sonreír consoladoramente. Nunca había sido demasiado bueno en aquellas situaciones.

Se caló el sombrero con mayor fuerza en la cabeza y caminó al lado de la chica. No podía negar que se sentía algo incómodo. A Edmund no le gustaba demasiado tener contacto con personas nuevas, le costaba de hecho; aunque hubiera tenido que aprender por activa y por pasiva a relacionarse con gente que no pertenecía a su círculo cercano. El moreno siempre había sido muy suyo y solo se sentía cómodo cuando conocía a alguien después de un tiempo, pero sabía que así no eran las cosas. Había moldeado su carácter ligeramente. Además, tenía que reconocer que sí había sabido llevar bien el acercarse a desconocidos por interés —lo que no significaba que se sentiera en su salsa—, pero los esfuerzos debían merecer la pena.

La respuesta de la chica terminó por descolocar al antiguo rey. Si ella sí tenía a alguien, ¿por qué estaba allí? Edmund creyó que su suposición había sido equivocada. Quizá, todo era cuestión de una coincidencia. Mantuvo su fija en el ir y venir de los vehículos que se había incrementado considerablemente en los últimos años y observó a las personas que se cruzaba. La conversación no era algo habitual entre dos extraños. —Ya veo... —comentó, aunque en realidad no lo hacía—. ¿Y el resto de los tuyos... no son de ayuda? —preguntó. El tercero de los Pevensie se sentía cómo si estuviera interrogando a la chica, pero no conocía otra forma de comprender y llevar aquella conversación. —Quizá, el gobierno de Inglaterra pueda echarte una mano. He oído que hay una nueva política de ayuda para... tu caso —comentó. Por supuesto, no era exactamente que ella tuviera que ir a pedir ayuda a los dirigentes en sí como habría ocurrido en Narnia; pero había expresiones que todavía revelaban el pasado del muchacho.

Removió sus hombros y, entonces, volvió su atención a la chica. La examinó atentamente. Se preguntaba cómo sería no haber conocido otra cosa que Narnia y haber sido lanzado a la Tierra para pasar el resto de su vida allí. Él había pasado por lo contrario —de la Tierra a Narnia— y, sin embargo, había acabado volviendo a su viejo hogar —aunque a veces, realmente, no sabía cuál era más su lugar—. Ella no podría volver. Se aclaró la voz buscando que saliera firme y neutral. —Si no es meterme dónde no me llaman... ¿qué hacías por esta parte de la ciudad? ¿Te has topado con un rey de Narnia por casualidad o...? Dejo inconclusa la frase, aunque esperaba que ella lo comprendiera. Además, le concedió mencionar rey por la calle buscando aligerar el peso de la conversación haciendo referencia a la observación que él había hecho en la librería. Quizá a sus hermanos le gustaba la parnafernalia y el tomar contacto pero Edmund era bastante más directo y de ir al grano.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Dom 9 Oct - 16:32

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Londres | Una mañana | Con Edmund
Lynette sentía su rostro arder. Estaba segura que el sonrojo estaba ocultando la mayor parte de las pecas de sus mejillas. ¿Cómo podía ser tan torpe algunas veces? Frente a sus compañeras de clase, o en casa nunca lo era… Y si se daba el caso, no se moría de la vergüenza como en ese preciso instante. Estar frente a uno de los Reyes antiguos de su país natal, al que sabía que jamás regresaría, parecía tenerla tan nerviosa como cuando sus recurrentes visitas a su hogar en el tiempo pasado.

Se mordió suavemente el labio inferior, volteando la cabeza hacia su acompañante. Una sonrisita nerviosa volvió a aparecer en sus labios antes de que asintiese lentamente a su pregunta.

Sí, sí. No te preocupes. Estoy perfectamente. Sigo entera… aunque una farola haya decidido ponerse en mi camino… -¿Una farola? ¿Ponerse en mi camino? ¿Pero qué diantres estoy diciendo? Debe de creer que soy tonta… Aquellos fueron los pensamientos inmediatos que tuvo la joven cuando se calló de golpe, para evitar decir cualquier otra tontería.

Durante los primeros minutos que retomaron la marcha tras ese pequeño e inocente incidente, se hizo un silencio entre ambos. Cuando ya le tenía a su lado, cuando ya la suerte o el destino había permitido que sus propósitos de encontrar a uno de los hermanos Pevensie, no era capaz de expresar todas las dudas, todas la preguntas que flotaban en su mente de forma continua. Empezar de forma directa con ellas no le parecía lo más apropiado, la verdad; pero tampoco tenía muy claro otra forma de hacerlo.

Hizo una ligera mueca a la siguiente pregunta. Al mes de haber llegado al nuevo mundo, a esa nueva ciudad, los telmarinos con los que siempre habían mantenido relación, cortaron cualquier contacto con los Clark. Lynette no sabría hasta más tarde que la razón de ello había sido la decisión del matrimonio de llevarse consigo algo que no pertenecía a la Tierra, aquel libro de Historia narniana que hacía alguna horas había estado leyendo en el desván de su hogar. Los telmarinos consideraban esa nueva vida como un regalo y haber incumplido los términos del acuerdo para llegar hasta allí, no les había entusiasmado lo más mínimo. Además temían que, en caso de que Aslan se enterase de alguna forma de esa pequeña traición, lo devolviera nuevamente a Narnia a todos, por la acción de tan solo dos de ellos. De ahí que decidieran cortar cualquier tipo de comunicación.

Después de llegar aquí, el resto de los telmarinos se apartaron de nosotros. Nunca he comprendido la razón, la verdad. Algunas veces que me los he vuelto a cruzar por sorpresa, nos lanzaban miradas que me dejaban helada. Y siempre que preguntaba, mis padres evadían mis preguntas y cambiaban de tema… Sé que ocultaban algo. Me han ocultado muchas cosas y no entiendo las razones…

Aquella respuesta dada por la rubia permitiría dar paso a entrar en el tema que le interesaba. Eso y la última cuestión que Edmund Pevensie le planteó.

Abrió y cerró la boca un par de veces antes de conseguir volver a hablar. Deseaba encontrar las palabras apropiadas para no ofenderle ni parecer una loca.

Yo… –tragó saliva, como si aquel gesto pudiera remediar los ligeros nervios que la tenían presa-. No, no ha sido casualidad… Bueno, en parte sí. Pero lo que quiero decir es que me encontraba por el barrio porque… deseaba poder hablar con alguno de los hermanos Pevensie.

Se pararon unos segundos, mientras el semáforo de peatones aún indicaba que no tenían aún el turno de cruzar.

Tengo tantas dudas… tantas preguntas del pasado de Narnia… Y no tengo a nadie que me las conteste, Edmund Pevensie. Necesito conocer las respuestas. Lo que me ayudaría a saber si mis padres me mintieron en algo más aparte de en las razones que llevaron a la última guerra en la que participastéis con vuestros hermanos…

Aún continuaba tratándole con sumo respeto, pues temía ofenderle al tutearle sin conocerse si quiera.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Vie 14 Oct - 22:23

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Londres | Una mañana | Con Lynette
Los labios de Edmund se alzaron automáticamente al escuchar la palabra farola y una ligera risilla se escapó dede lo más profundo de su garganta. —Los faroles a veces indican muy bien el camino —soltó cripticamente, sin intención alguna de revelar nada más—. Y son señal de buenos comienzos —terminó por añadir. Al joven Pevensie hacía tiempo que le daba igual lo que pensarán otros sobre aquellas frases repletas de sentido para él y vacías de significado para cualquier terrestre. Él no sabía hasta que punto el Erial del Farol había sido recordardo y localizado en Narnia. Desconocía si era un lugar al que solo él y sus hermanos habían conseguido llegar (y otros antes que ellos según les había informado el profesor Kirke) o seguía siendo un punto relevante a nivel de leyenda —encontrarlo nunca había sido fácil, de hecho, él y sus hermanos lo habían reencontrado por casualidad— en las historias de Narnia. Palmeó la farola con la que se había chocado la chica con cierta nostalgia.

Sin embargo, la agradable sonrisa que se había formado en los labios del moreno fue desapareciendo a raiz de las palabras de la chica mientras avanzaban por la calle. —Que extraño... —murmuró. No sabía qué más decir. Peter y Susan eran los que habían tenido contacto con los telmarinos y si ellos no lo había sabido o no lo había solucionado, dudaba que él pudiera hacer algo al respecto. Volvió a mirar directamente a la chica cuando mencionó que se le ocultaban muchas cosas y frunció los labios. Permaneció en silencio. Edmund había llegado a comprender con el paso del tiempo que a veces no era cuestión de no entender razones, era cuestión de que esas razones no podía ser dichas. Y mucho se temía que aquella era una de esas situaciones.

Lynette siguió hablando, pese a que fue evidente para él que trataba de encontrar las palabras. Edmund no era consciente de que su pregunta había abierto un bucle que no sabría cerrar con propiedad. Todavía seguía siendo el Pevensie que se metía en líos pese a todo. Sonrió de medio lado al saber que aquello no había sido una coincidencia y no tardó en abrir la boca como un resorte, se le hacía difícil no soltar cualquier comentario siempre que tenía oportunidad. —¿Alguno de los hermanos Pevensie? ¿O alguno en especial? ¿Buscabas a Peter, quizás? —preguntó divertido. No había malicia en sus palabras, ni aquella vieja envidia que había corroído sus entrañas al inicio de su adolescencia. Pero Edmund era terriblemente realista y práctico y siempre había sido consciente del hecho de que todo el mundo buscaba siempre a su hermano mayor. En especial, cuando se trataba de mujeres.

Al pararse en el semáforo, volvió a bajar sus ojos para observar con atención a la rubia. Se percató en aquel instante de que tenía la cara completamente salpicada de pecas y se dijo a sí mismo que ni siquiera aquello era capaz de esconder los nervios y el apuro que tenía por lo que estaba a punto de decir. Le molestó el saber que alguien hubiera mentido acerca de los motivos de la última guerra que había vivido en Narnia, pero las palabras de la chica le alertaron y alarmaron. Alargó una mano para cogerla del brazo e impedir que cruzará la calle cuando las luces se lo permitieron. Suspiró con pesadez y la miró a los ojos. —Deberías olvidarte de eso —dijo. Y aquello le partió el alma.

Las palabras le supieron artificiales en la lengua y le quemaron todo el paladar. Pero era lo que tenía que decir. Conocía la promesa. Conocía las consecuencias. Conocía la realidad. Narnia se había escapado ya de sus manos y solo estaba en sus mentes como decía Susan. Aslan lo había dejado claro. Y ellos tenían que aceptarlo y cumplir con ello en la Tierra. Cerró los ojos para evitar el contacto visual con la chica y, luego, miró hacia otra parte. —Vives en la Tierra. Olvida Narnia y las respuestas. Aprovecha esta oportunidad. Es lo mejor —sentenció. Entonces, soltó el brazo de la chica que había estado sujetando hasta aquel instante.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Dom 16 Oct - 21:14

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Londres | Una mañana | Con Edmund
Faroles, repitió Lynette mentalmente para sí, quedándose unos segundos con la mirada alzada y fija en la que casi se había llevado por delante a causa de su falta de atención. Después, la desvió nuevamente a su acompañante, descubriendo que su rostro se veía adornado por una misteriosa sonrisa, mientras continuaba hablando, más para sí que para ella. Estaba claro que había algo… relacionado con los faroles que… ¡Claro! ¿Cómo se podía haber olvidado de ello? Esa historia se la habían relatado sus padres desde que tenía uso de razón (esperó que al menos, aquello no lo hubieran modificado a su gusto también…)

Se decía que los dos Hijos de Adán y las dos Hijas de Eva que derrotaron a la Bruja Blanca, aquella que impuso un eterno invierno sobre las tierras narnianas, llegaron desde su mundo a través de un armario y que, lo primero que se encontraron, fue un faro solitario, en medio de la nieve, iluminando el sendero del bosque… –relató recordando las palabras que su madre le repitió cada vez que le rogaba que le contase la historia de los cuatro hermanos reyes de Narnia. No eran exactamente las mismas, pero se aproximaban bastante-. Supongo que eso que me relataron sí que era cierto, ¿no? De ahí esas palabras, ¿verdad?

La muchacha siempre había sido curiosa por naturaleza y si sospechaba algo, necesitaba confirmarlo. De ahí que hubiera tomado la resolución de buscarles para averiguar si le habían estado mintiendo la mayor parte de su vida… y de ahí también que preguntase aquello para confirmarlo.

Los ojos grandes y azules de Lynette pudieron apreciar ese cambio en el semblante del joven (o no tan joven) rey. Sabía que aquella historia no le encajaba a él… pero a ella mucho menos. Simplemente había aprendido a dejarlo pasar.

No se percató hasta segundos después, cuando Edmund clavó sus ojos castaños en los de ella, que había estado observándole de forma continua, sin pestañear casi. ¿Por qué? Rápidamente volvió la vista al frente, sintiendo un leve calor en sus mejillas. Nuevamente se había sonrojado… como una chiquilla cualquiera.

Lo cierto era que lo que no se esperó fue que, tras admitir el encontrarse allí -en el mismo barrio donde los antiguos reyes vivían- no había sido del todo una coincidencia, el chico soltase aquello. Se quedó claramente perpleja, parpadeando repetidas veces en consecuencia.

Y-yo… emmms… –durante los primeros segundos se quedó completamente en blanco, sin tener muy claro como contestar a aquello. Se mordió el labio para posteriormente colocarse un mechón tras la oreja-. Realmente no buscaba a alguno en concreto… ¿Por qué preguntáis si era a vuestro hermano mayor? Es cierto que fue el que más pendiente estuvo de nosotros, mas eso no significa nada. Todos fuisteis monarcas al fin y al cabo… Todos conocéis el pasado de vuestro reino… No tenía preferencia –fue nada más terminar de hablar que Lynette se percató de cuáles podían haber sido las razones para esa pregunta y quiso aclararlo cuanto antes-. No buscaba a vuestro hermano porque sea el Sumo Monarca ni por su gran atractivo o cosas similares –Vale, definitivamente, en vez de aclarar las cosas… las estaba empeorando-. Qu-quiero decir… Vos también sois muy apuesto…

Hizo una clara mueca claramente apurada y optó por callarse de forma definitiva, al fin y al cabo, si continuaba hablando, tenía claro que lo empeoraría más si cabía.

Fijó la mirada en el suelo, sobre la punta de sus pies cuando llegaron a la altura del dichoso semáforo. Se hundía en su propio abrigo, buscando encontrar un refugio en este mientras la vergüenza por su mala pata la carcomía por dentro. Sin embargo, todo ello se evaporó de un plumazo cuando sintió el agarre en su brazo, esa mirada severa, dura y también sabia.

¿Qué? ¿Olvidarse? Eso era imposible. ¿Cómo podía decirle aquello? El semblante de Lynette se contorsionó en una mueca de molestia y sacudió la cabeza a modo de negación.

No. No quiero olvidarme de Narnia. Nací de allí. Soy de allí. De no existir, lo más probable… es que yo no existiría, y vos no seríais como sois. Forma parte de nosotros y no puedo coger… y simplemente olvidarla –comenzó a hablar con el ceño fruncido de forma pronunciada-. Decidme sinceramente si os veis capaz de hacerlo. Si lo habéis conseguido desde que regresasteis con nosotros aquí, a vuestro mundo. Sinceramente, lo dudo. Y puesto que parece que no me vais a ayudar a buscar respuestas, no os importunaré más. Ya encontraré a su hermano Peter… o a la reina Lucy. –dijo apretando ligeramente la mandíbula, contrariada por lo que en los últimos minutos había acontecido, dispuesta a darse media vuelta y regresar a casa. Ya llevaba fuera un largo rato… Y su tía no podía pasar mucho tiempo desatendida, por desgracia.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Mar 18 Oct - 0:37

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Londres | Una mañana | Con Lynette
Hijo de Adán, Hija de Eva, Bruja Blanca. Aquellas palabras traían recuerdos amargos y dulces a los pensamientos de Edmund. Demasiados recuerdos. —Correcto —dijo a la pregunta de la chica. La leyenda seguía perviviendo a pesar de los siglos que habían pasado en Narnia—. Y si quieres un dato adicional y poco conocido: los hijos de Adán y las hijas de Eva jugaron una batalla de bolas de nieve en la zona. Habia que aprovechar el eterno invierno —comentó. Edmund no acostumbraba a relevar nada a nadie salvo que fuera necesario o se sintiera cómodo y le extrañó hacerlo en aquel instante. Se dijo que todo era debido a que ella le recordaba a Narnia, y el tercero de los Pevensie echaba de menos aquel lugar.

Amplió la sonrisa torcida que había dibujado al ver la sorpresa de la chica por sus palabras, la dificultad de ella para responder a su cuestión sobre Peter. Lo que ella dijo evidenció que había ido allí en busca de respuestas, esas que él no podía dar. Esas que nadie debía dar. Asintió con la cabeza cuando ella enumeró las razones por las que alguien buscaría a su hermano y negó que hubiera ido por aquello. Había abierto la boca para soltar algún comentario irónico respecto al atractivo y poderío del Pevensie rubio, cuando fue ella la que sorprendió a Edmund. Muy apuesto. Enarcó una ceja y soltó aire con brusquedad por la nariz, no esperaba aquel halago. —Bellezas distintas decía Susan. El día y la noche —comentó—. Pero Peter es el caballero de brillante armadura que cabalga sobre un corcel blanco a salvar a todos —dijo con un tono que daba a entender lo que quería decir—. Peter salvaba y yo conseguía que no hubiera que salvar a nadie. Y así está bien para mí —aseguró, porque era la verdad.

La conversación, sin embargo, cambió de tono rápidamente. El ambiente se cargó y Edmund comenzó a sentir más incómodo por momentos. Cuando ella le replicó, quisó marcharse de allí. Forma parte de nosotros. La voz de la chica repiqueteaba en su mente y se abría paso a través de su interior. Su corazón parecía dispuesto a vitorear las palabras de ella. La miró cuando lo retó. Y él se envaró. —No tengo que rendirte cuentas a tí, y no eres quién para juzgar de lo que soy o no capaz —soltó. No llevo bien las palabras de la chica porque ella tenía razón. Pero él tenía un deber y él sabía lo que tenía que hacer. A veces el camino correcto no era el más fácil. Y, como animal herido que no puede defenderse ante la inclemencia del tiempo —porque lo que ella decía tenía tanto peso y veracidad como el clima—, Edmund prefería alejarse. Siempre se le había dado bien mantener a la gente a raya.

Efectivamente. Además, no hay respuesta que buscar. La Tierra es tu respuesta y solución —dijo antes de que ella mencionase a sus hermanos—. Ellos tampoco te ayudarán. De hecho, nuestro tiempo vigilando vuestra adaptación paso hace casi un año, no tenemos porque estar pendientes de vuestros deseos ya —determinó. Era dura y frío, y la realidad y la obligación hacían teñir su tono con una ligera crueldad lingüística que Edmund aborreció al instante. Pero era firme y creía en lo que hacía. Era justo con ella. Cuánto antes comprendiera la situación que vivían, antes dejaría de soñar. —Ha sido un placer —dijo, aun así, antes de calarse con fuerza el gorro y apresurarse a cruzar de acera. El semáforo se pusó en rojo cuando él todavía iba por la mitad de la vía y tuvo que correr para alcanzar el otro extremo sin sobresaltos.

Se volvió para verla marcharse desde el otro lado de la calle. Era consciente que cualquier de sus hermanos hubiera llevado la situación de mejor manera, pero le había tocado a él, y había obrado de acuerdo a lo que debía hacer. Lo que Lynette Clarck pedía estaba vetado, lo habían prometido y Aslan había sido muy conciso con todos: Narnia se había acabado para los telmarinos y para Peter y Susan tras la victoria de Caspian. Lucy y él había acabado sus visitas al otro mundo en la travesía del Viajero del Alba, el león se lo había dicho. Tenían que aceptar la realidad. Y, sin embargo, el rey Edmund seguía queriendo soñar.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Miér 19 Oct - 0:13

2.- The book


Londres | Una mañana | Con Edmund
El final del encuentro entre Lynette y Edmund no fue precisamente algo que dejara a la muchacha con un buen sabor de boca, sino todo lo contrario. La verdad era que había regresado a casa enfadada de sobremanera con el rey de Narnia por sus últimas palabras, duras, frías y crueles. ¡Qué ilusa había sido al pensar que con la suerte que había tenido encontrando a uno de los reyes, éste le resolvería sin más sus dudas! Era frustrante saber que muchas de las cosas que se creía saber sobre el lugar natal de uno, realmente habían sido patrañas que los padres inventaron para ocultar una vergüenza del pasado.

Algunas de las palabras del chico continuaban grabadas en su mente. No tengo que rendirte cuentas a ti, y no eres quién para juzgar de lo que soy o no soy capaz. Tenía razón. ¿Ella que sabía de él? Solo fue una figura que apareció por el umbral de la puerta de su hogar apenas un par de veces desde que se instalaron. Pero… todo lo que había dicho para obtener como respuesta aquello… Fue por la necesidad de encontrar a alguien que comprendiese como se sentía. Quería creer que el menor de los Hijos de Adán era como ella… Y no era capaz de dejar atrás un lugar tan mágico como Narnia. Pero debía equivocarse… Era la única en ese mundo extraño que no sería capaz.


Un suspiro se escapó de sus labios. Habían pasado tres o cuatro días tras aquello. Desde entonces, Lynette no había vuelto a subir las pequeñas, carcomidas y empinadas escaleras que llevaban al desván. No se había vuelto a acercar al libro de Historia Narniana. De hecho, incluso se había obligado a olvidarse de él, al menos. Quizás lo mejor fuese seguir el consejo de vivir en la Tierra, de dejar Narnia solo para el recuerdo… aunque las dudas continuasen ahí…

Había terminado de limpiar el pequeño piso donde su tía y ella vivían. Agradecía que no fuera tan grande como una vez lo fue Cair Paravel… Sino le llevaría siglos limpiarlo por completo…y para cuando terminase, tendría que volver a empezar. Se dejó caer sobre el sofá gastado frente a la mesita de té, donde un libro -Oliver Twist-, reposaba esperando a ser leído. Abstraerse entre las palabras y las letras impresas en una novela era la única forma que tenía de evitar pensar en lo muy enfadada que estaba con Edmund, a la par que decepcionada y desilusionada. Siempre había halagado al chico por ser un rey justo y comprensivo… Pero esas cualidades no parecía haberlas mostrado con ella… a excepción de cuando le informó del fallecimiento de sus padres.

Con el murmullo de la radio de fondo, la pecosa se sentó cruzando las piernas y tomó el libro, con la intención de ponerse a leer un rato, antes de que sus estudios la absorbieran nuevamente. Sin embargo, tan solo hubo abierto la novela por la página donde se había quedado, que alguien llamó a la entrada de su hogar.

Su cuerpo entero se tensó y clavó la mirada en la puerta, como si mirándola fijamente fuera a permitirle ver a través de ella. ¿Quién podría ser? Sus amigas estaban tan ocupadas con sus estudios que no podían haberse pasado… ¿Entonces? Allí no quedaba nadie de interés para el resto de los habitantes de la ciudad de Londres…

La sorpresa sobrevino nada más se puso de puntillas y miró a través de la mirilla. Era Edmund Pevensie, que esperaba paciente a que le abriesen la puerta. Quieta se quedó, paralizada sin poder moverse durante unos segundos, sin saber qué hacer. No podía dejarle ahí plantado… Pero tampoco deseaba hablar con él…

No obstante, Lynette terminó tomando una profunda bocanada de aire antes de girar las llaves y posteriormente el picaporte, abriendo la puerta.

Majestad, no esperaba una visita… suya, precisamente… ¿Qué hace aquí? ¿Por qué ha venido? –interrogó con dureza, apoyada en la puerta, sin haberle ofrecido aún entrar a la casa



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Miér 19 Oct - 10:58

2. The book


Londres | Una mañana | Con Lynette
Aquella noche había soñado con Narnia. Nada en específico creía y apenas conseguía recordar que había sido exactamente pero conocía la esencia de aquel sueño. Sabía que, con toda probabilidad, aquello era producto de las indagaciones que había estado haciendo aquellos días. Cuando había llegado a su casa después del encuentro con Lynette, se había encontrado con Susan. El pequeño de los Hijos de Adán siempre había encontrado el sosiego y la tranquilidad de manos de la mayor de las Hijas de Eva. Sin embargo, por una vez, Susan no había conseguido que Edmund quedará satisfecho. Su hermana mayor había asegurado que apenas recordaba a los Clarck y, menos, a una supuesta hija. Son muchos telmarinos para poder identificar a uno por uno. El moreno sabía que todo aquello era mentira, Susan tenía una mente brillante y podía recordarlos y localizarlos, pero había aceptado lo que decía su hermana y había tratado de llevar la conversación a otra parte —buscando sonsacarle que le gustaría como regalo de cumpleaños—.

Por la noche, Lucy había sido informada del encuentro de Edmund y Lynette y su reacción había sido exactamente la contraria a la de la mayor. Salvo que Lucy no había tenido apenas contacto con los telmarinos terrestres y no podía ayudar. Aunque estaba más que por la labor de empujar al moreno a casa de los Clark y hacer que se disculpase. Si bien su hermana pequeña también sabía que la decisión de Edmund era la acertada, no dejaba de creer que un par de respuestas fueran inocentes y que Aslan no debía tenerlas en cuenta. El chico había terminado por picarla y burlarse ligeramente de ella para que dejara el tema de lado. Le dolía no ser capaz de dejarse por el entusiasmo y la sinceridad de su hermana pequeña.

Y él también había acabado recurriendo al Sumo Monarca. Edmund había conseguido un rato a solos con Peter a la tarde siguiente cuando el mayor le había invitado a ir con él y algunos amigos. Mientras acudían al punto de encuentro, Edmund había preguntado por los Clark, diciendo que se había cruzado con la hija. No había llegado a detallar tanto el encuentro como cuando se lo había contado a sus hermanas, cuando Peter le dijo lo que quería oír. Eran una pareja agradable. Es una pena que los telmarinos los dejaran de lado por aquellas sospechas. Él había preguntado por aquellas sospechas y, entonces, se había alarmado y comprendido a la vez.

Desde aquel momento, no había podido dejar de pensar en Narnia y en la telmarina rubia. Su mente no dejaba de vagar de un lado al otro: lamentándose por haber optado por lo que parecía más correcto en lugar de lo que creía verdadero, decidiendo la culpa que realmente pudieran tener los Clark, sopesando si realmente las preguntas y las respuestas estaban permitidas como creía Lucy... Edmund trataba de adivinar si su juicio había sido acertado. Y cada vez empezaba a tenerlas menos consigo. No por su decisión —porque su lealtad a Aslan se había hecho tan increbrantable que la anteponía a cualquier cosa—, si no por la confusión que todo aquel asunto generaba en él. Y, en el fondo, sabía que la chica merecía respuestas, aunque no fueran todas. La razón y la cabeza no era siempre la mejor compañera de la justicia, la intuición y el corazón también tenían un peso importante.

Quizá, por eso, acabó llamando a la puerta de los Clark tres días después de haber visto a Lynette en la librería. Cuando la puerta por fin se abrió, Edmund se preguntó si estaba haciendo bien. Cerró los ojos y apretó los labios cuando ella empezó a hablar como si le hubiera atacado o golpeado. —Deja lo de majestad, no estamos en Narnia —dijo como todo saludo. La observó y, después, suspiró dejando caer sus hombros hacía abajo. Fue al grano, como de costumbre y porque no terminaba de sentirse cómodo allí. —Creo que tengo la respuesta a una de las cosas que planteaste —informó. La única cosa que también había despertado la duda de Edmund. No estaba diciendo que fuera aceptar la petición de la chica, pero sí que estaba dispuesto a ceder en algo. —Siento las maneras del otro día, pero no puedo hacer otra cosa —terminó, evidenciando que su postura no había cambiado tanto como podía parecer. Se sentía mal y, en el fondo, quería saber si lo que Peter le había contado podía ser verdad —aunque su hermano aseguraba que no—. De serlo y sin querer admitirlo, Edmund quería volver a tener entre sus manos cualquier cosa u objeto que hubiera pertenecido a Narnia.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Miér 19 Oct - 21:04

2.- The book


Londres | Una mañana | Con Edmund
Tenerle ahí, frente a ella, con el abrigo abotonado y la misma gorra con la que le había encontrado la vez anterior, le estaba resultando verdaderamente inverosímil; sobre todo, teniendo en cuenta cómo había acabado su anterior encuentro, tan abruptamente y sin posibilidad a albergar esperanza alguna.

Había una cuestión que no paraba de repetirse en su mente de forma continuada mientras le miraba fijamente, procurando permanecer completamente impertérrita, aunque sin tener muy claro si lo estaba consiguiendo. ¿Qué diantres hacía allí el chico? Ya le había dejado bien claro que no le contestaría a nada, que sus hermanos tampoco lo harían en caso de que los buscase. También le había sugerido, en un tono algo autoritario, que olvidase Narnia de una dichosa vez. ¿Entonces?

Dejó escapar un sonoro suspiro prácticamente a la par que él lo hizo, y aquello consiguió ponerla ligeramente nerviosa.

De acuerdo… Nada de Majestad a partir de ahora. Tomo nota –dijo asintiendo mientras lo decía. Si no lo trataba tan formalmente… ¿Lo llamaba por su nombre de pila? Se iba a sentir extraña si lo hacía. Pero tampoco podía decirle señor Pevensie, ¿no? Sonaba demasiado mayor… y ambos tenían la misma edad. Además, seguro que ese denominativo era el que utilizaba la gente para referirse a su padre…

A penas unos segundos después, esa máscara de imperturbabilidad que lucía y que había comenzado a resquebrajarse con ese leve sonrojo, se fragmentó por completo. Sus ojos azules se abrieron desmesuradamente al escucharle. ¿Qué? ¿Una respuesta? ¡Por Aslan! Y no solo eso estaba obteniendo, sino también la disculpa del comportamiento que mostró al final de su para nada esclarecedora charla. ¿De verdad estaba ocurriendo eso? ¿O era otro sueño más donde sus más anhelantes deseos tenían lugar y al despertar, toda la alegría y la esperanza se desvanecían cuando la realidad caía sobre una como una jarra de agua congelada?

Poco a poco, conforme comprendió que aquello formaba parte de la realidad, Lynette fue esbozando una pequeña sonrisa en sus labios, iluminando su rostro… con un nuevo brillo en sus ojos azules. Incluso si no podía resolver todas sus dudas, algo… era algo, ¿no? A fin de cuentas, podía haber pasado de ella olímpicamente, haber continuado como si jamás se hubieran cruzado en esa librería, y sin embargo, allí estaba.

Fue entonces, cuando sus labios se entreabrieron a fin de disculparse también por sus palabras tan atrevidas y ofrecerle pasar y tomar asiento mientras preparaba un té, que unos gritos le hicieron volverse bruscamente. Era su tía. Se había alterado escuchando a los que retransmitían por la radio y parecía como si estuviera discutiendo con ellos. Se mordió el labio verdaderamente apurada. De todos los momentos del día en que eso podía ocurrir, tenía que ser cuando Edmund se encontraba allí.

Yo… Tengo que ir a atender a mi tía un momento. Se altera con facilidad si lo que escucha por la radio es algo que choca con sus intereses… –la voz de Lynette apenas era un murmuro avergonzado. Se hizo a un lado entonces-. Por favor… pasa y acomódate. En cuanto todo esté calmado prepararé un té para ambos… Tengo también pastas si lo deseas.

Comentó viéndole traspasar el umbral de la puerta de su hogar. Una vez hubo cerrado la puerta, guió al muchacho hasta el pequeño salón, donde le rogó que le esperase antes de desaparecer rápidamente por la salita contigua, donde su tía continuaba hablando en un tono bastante alto.

Apagó rápidamente el aparato y tomó las manos de la mujer con suma delicadeza y cariño. Palabras susurradas, en un tono tranquilo y apacible, salieron de los labios de Lynette, teniendo el efecto esperado. Tras varios minutos así, charlando ambas en murmullos conspiratorios, las dos dejaron escapar una risita por el comentario de la mayor. Finalmente, besó la frente de su tía, para regresar allí donde el menor de los Hijos de Adán le esperaba.

Perdóname te lo ruego… Tanto por lo que has tenido que presenciar como por mi comportamiento de hace unos días… Mis contestaciones no fueron las adecuadas, no debí hablar como si te conociera… como si supiera tus más profundos anhelos…

La rubia, con los rizos recogidos en ese improvisado moño, miraba compungida a su invitado, mientras jugaba con las manos por delante suya y se mordisqueaba graciosamente el labio inferior.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Vie 21 Oct - 1:05

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Londres | Una mañana | Con Lynette
La mirada de la chica pesaba sobre él pero Edmund no demostró que aquello le ponía nervioso. Había tenido que aguantar tantas miradas sobre sí a lo largo de su extensa vida que había aprendido a fingir que no le importaban. Asintió lentamente cuando ella accedió a dejar de su usar su título para referirse a él. Al moreno le extrañaba que alguien lo hiciera en Inglaterra, solo entre sus hermanos lo habían hecho alguna vez y había sido de manera jocosa o cariñosa.

Con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo, observó a la rubia y terminó por abrir los ojos una chispitina más de lo habitual y apretar los labios esperando que reaccionará en lugar de quedársele mirando. Los silencios con ella no se le hacía cómodos, todavía al menos. Aunque suponía que no tendría razón alguna para que aquello cambiase. Pero ella acabó por reaccionar a sus palabras y Edmund obtuvó una cantida de información desorbitada procedente del rostro Lynette. Prefería aquello a la mirada que había tenido cuando se habían separado hacía tres días. El moreno todavía seguía sorprendiéndose de lo fácil que era conseguir que alguien cambiase de humor repentino. Sin darse cuenta, estaba sonriéndole de vuelta al verla enseñar los dientes y al comprobar que aquellos profundos ojos azules se volvían eufóricos. era una sonrisa utomática como cuando esperas impaciente a que alguien abra el presente que le has llevado y no puedes evitar deslizar una media luna en los labios expectante por la reacción al encontrar su mirada. Exactamente la sonrisa cómplice del que hace feliz. Edmund se sintió bien. Y aquello era justicia para él.

Pero unos gritos recogieron toda la atención de Edmund, que se contuvo a tiempo de mirar por encima del hombro de Lynette al interior de la causa sorprendido por aquello. No tardó demasiado en conectar parte de lo que la chica le había dicho el día anterior y ella misma no se demoró en confirmarle que se trataba de su tía. Frunció los labios. No esperaba aquello. —Tranquila, no hay problema. Si no es el momento, puedo vol... —empezó, pero no llegó a decir que estaría disponible en cualquier otro rato. Ella ya le había ofrecido pasar. —Lo que sea, estará bien, no quiero ser un incordio —aseguró ingresando. Había sido famoso por tomar más de lo que necesitaba en otro tiempo y, desde entonces, Edmund se había vuelto mucho más precavido y humilde. Además, se le antojaba que estaba invadiendo el hogar de los Clark al haber aparecido sin avisar y haber llegado en un momento delicado. ¿Y si él había perturbado la tranquilidad de la tía de Lynette?

La siguió hasta el interior. —Si necesitas que te ayude...—comentó casi en un susurro, pero ella ya había desaparecido de la habitación. Edmund se deshizó del abrigo, con el jersey fino que llevaba le era suficiente en el interior de la casa. No se sentó porque se le hacía de mala educación hacerlo, le habían enseñado en otro momento que las esperas de aquel tiempo —las que implicaban a un enfermo que debía ser atendido— debían hacerse de pie para mostrar la empatía con el cuidador. Se quitó la gorra mientras daba un par de pasos por la habitación y la observaba con atención. Hasta él llegaron los sonidos de murmurllos y, después, risitas. Supusó que el problema habría sido solucionado y alzó ambas cejas al ver volver a la chica, preguntando con aquel gesto universal si todo estaba bien.

No tienes de qué disculparte —aseguró moviendo una mano—. ¿Está bien tu tía? Lamento si he llegado en un mal momento —se excusó y terminó por preguntar. Luego, sonrió y dejó que el aire saliera de su nariz con fuerza como si estuviera conteniendo una risa divertida. —Ni siquiera yo creo conocer mis más profundos anhelos —comentó con cierta suavidad. Le divertía el hecho de que ella se disculpase de aquella manera tan curiosa o, más bien, se sorprendía gratamente de qué alguien tuviera en cuenta aquellos detalles. —Creo que ambos nos cerramos demasiado en nuestras opinios y no nos escuchamos mutuamente —dijo tratando de mirarla a los ojos, extrañamente le gustaba aguantarle la mirada—. Pero el tema es lo suficiente delicado... e importante como para que ambos pongamos de nuestra parte y lleguemos a... buen puerto —sentenció. No dijo acuerdo porque no creía que lo hubiera, dado que él no podía ceder por viejas promesas y ella tampoco por principios. Y solución se le antojaba una palabra demasiado fuerte.

Caminó hacia un sofá y, entonces, sí que se sentó como ella le había indicado antes de marcharse con su tía. Tragó saliva y dio una profunda respiración. —He hablado con mis hermanos —dijo—. Al parecer si eran conscientes de la separación entre tus padres y el resto de los tuyos. Y sí parece que hay un detonante de todo ello —explicó con lentitud. Edmund se preguntaba si tenía que elegir las palabras con cuidado y podía hablar con claridad, él siempre había preferido lo segundo. —No sé si eras participe o consciente de ello pero, según los demás, tus padres no cumplieron las normas. Hicieron algo que provocó el enfado de su grupo y les llevó a separarse por miedo. Después de aquello, el moreno decidió guardar silencio. Quería saber que tenía ella que decir a aquello antes de continuar, quería saber si llegaba a entender por dónde podía ir o sus padres la habían mantenido en la ignorancia, y quería saber si ella estaba segura de querer escuchar todo aquello. Por muy directo y rápido que Edmund fuese, había aprendido a proceder con delicadeza y cuidado. En Narnia había sido un gran diplomático.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Sáb 22 Oct - 15:54

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Londres | Una mañana | Con Edmund
¿Un incordio? ¿Acaso había oído bien las palabras del moreno cuando le siguió al interior de la casa antes de ir con su tía? ¿Cómo podía decir aquello? A fin de cuentas, había ido hasta allí, hasta su propia casa, para pedirle disculpas por cómo acabó todo la primera vez que se vieron. Y no solo eso. Acababa de animar la de forma indudable al saber que alguna de sus preguntas obtendría respuesta. Con todo ello, era imposible considerar a Edmund Pevensie un estorbo en aquellos momentos.

No eres un incordio, de verdad. No estamos acostumbradas a las visitas desde… hace bastante tiempo la verdad. Me hace ilusión poder atender a alguien… –comentó mientras terminaban en el pequeño salón. Ya de camino a la habitación contigua, antes de tranquilizar a su tía, Lynette se paró en la puerta y, apoyándose en el marco, volvió la mirada atrás, hacia el chico-. No te preocupes. No es necesario. En seguida estaré de vuelta, de verdad.

No fueron necesarios más que cinco minutos para tranquilizarla. A su vuelta, las miradas de ambos adolescentes se cruzaron. Comprendió la pregunta que expresaban esos ojos castaños y asintió levemente, mientras se acercaba hasta quedar frente a él.

Sí, todo ha ido bien… No le ha gustado la entrevista que le estaban haciendo a una diseñadora de moda al parecer… Lo sé, algo absurdo pero… –se encogió de hombros, e incapaz de continuar sosteniéndole la mirada, la desvió a sus pies-. Ahora el que no tiene nada de qué disculparse eres tú. Estas… situaciones se dan de forma esporádica… Hay días que son buenos, otros que no… Pero no se puede controlar, así que… Cualquier momento era buena para venir a visitarnos –hizo una breve pausa y se atrevió a añadir bromeando-. A excepción de altas horas de la noche o demasiado temprano en la mañana.

Hubo un momento en el que Lynette volvió a alzar la mirada al antiguo rey. La forma en la que había espirado le había llamado la atención y entonces se percató de que sonreía. ¿Acaso había dicho algo gracioso durante su disculpa sin haberse percatado de ello? De ahí que un atisbo de confusión cruzase sus facciones de forma momentánea.

Sobrerreaccioné demasiado cuando me negaste las respuestas… Acababa de averiguar que mis padres llevaban mintiéndome desde siempre sobre ciertas cosas y… No tener nadie que me disipase las dudas me… me enfurecía. –respondió entonces haciendo una ligera mueca, claramente avergonzada-. Han pasado ya varios días… e incluso me había hecho a la idea de que no obtendría ninguna respuesta. Así que hoy sé que sabré comprender mejor las razones de que me digas ciertas cosas. Pondré lo que sea preciso de mi parte.

Ya por fin, Edmund tomó asiento y ella hizo lo propio también a su lado. Se humedeció los labios con claro nerviosismo cuando el moreno comenzó a hablar. Lo miraba expectante, escuchando cuidadosamente cada palabra, analizándola en su mente para no… malentederla y exhaltarse como la última vez.

Frunció el entrecejo. Hicieron algo que provocó el enfado del grupo. Definitivamente no se había equivocado. Era cierto lo que les preguntaba a sus padres cada vez que se encontraban con sus antiguos amigos. La cuestión era qué era lo que habían hecho…

Yo… de verdad que no sé qué fue lo que llevó al resto de telmarinos a separarse así… a mirarnos con odio. Nunca quisieron decírmelo. Y si ocurrió algo, yo no fui consciente de ello. De hecho, no he vuelto a ver nada relacionado con Narnia desde…

Calló de forma súbita. Acababa de caer en la cuenta, acababa de comprenderlo todo. Inevitablemente, su mente voló de manera momentánea al pasado, justo antes de que viajaran a la Tierra para su nueva vida. Nada perteneciente a Narnia debe atravesar el portal. Nada que no sean vuestras ropas y vuestras personas. Debéis dejar atrás este país de forma permanente, vivir una nueva vida al margen de estas tierras mágicas. Y así, es cómo deberá de hacerse. Las palabras del sabio y majestuoso león, el gran Aslan, resonaron en su cabeza.

Sus padres no habían cumplido las condiciones y todos lo sabían, todos menos ella. La prueba de aquello continuaba guardada en el desván polvoriento, y donde la gran mayoría de cosas se olvidaban. El libro.



Última edición por SapphireDragon el Mar 25 Oct - 0:40, editado 1 vez


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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Lun 24 Oct - 15:05

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Londres | Una mañana | Con Lynette
Edmund se había preguntado qué clase de vida llevarían Lynette y su tía, todo a raiz del comentario de la chica sobre no estar acostumbrada a las visitas. Se preguntaba qué vida podría llevar una persona separada de los suyos y su pasado y sin ser capaz de terminar de habituarse a su nuevo presente. Era evidente que la rubia no había terminado de integrarse en la Tierra y, aquello, era lo que preocupaba a Edmund. ¿Aslan les habría dado la libertad de elegir sin darse cuenta del dolor que aquello podía causar en su gente? Pero el moreno no preguntó ni dijo nada sobre aquello. Sonrió a la Clark cuando esta la indicó cual había sido el motivo del desequilibrio de su tía, pero ella había decidido mirar a otra parte.

Por eso, cuando ella trató de aligerar el ambiente de la habitación, Edmund correspondió a su broma. —Si te dijera la de veces que me han despertado a esas horas... —comentó esperando dejar atrás las palabras de disculpa. Ambos estaban aparentando ser tan maduros que al moreno comenzaba a agobiarle tanto formalismo. Siempre lo había hecho, pese a entender la necesidad del mismo. Luego, asintió a las palbras de Lynette. No tardó en comprender que la actitud de ella se había debido a un arrebato —bastante justificado, teniendo en cuenta lo mucho que sabía él de aquellas cosas— y que la confusión entre ambos había obrado el resto. Edmund se percató de aquel día en la librería probablamente se había dado de bruces con el huracán que podía ser la rubia de ser preciso. Con su asentamiento dio por sentado que llegaba el momento de hablar de aquello. Cuánto antes acabasen con todo, mejor. Rapidez y precisión. Aquellas siempre habían sido parte de las premisas diplomáticas de Edmund.

La sentencia de inocencia de Lynette, en cierta medida, le alivióy Edmund no comprendía por qué. Se dijo a sí mismo que era porque, quizá, así sería posible que Peter tuviera razón. Pero el chico entendía que había algo más que el no errar de su hermano. El hecho de que ella se quedase cortado, lo alarmó. Y, posiblemente, lo puso sobre la pista. Enarcó una ceja y dejo que pasaran unos segundos para asegurarse de que ella no iba a continuar hablando. Se removió en su asiento y se echó hacia adelante. —¿Desde? —aventuró. El moreno también se planteó la posibilidad de ser un paranoico y que la chica hubiera dejado inconclusa la frase porque hacía mucho tiempo de aquello. Pero había algo en la expresión del rostro de Lynette que hizo creer a Edmund que había más. Mucho más. Y no pudo dejar de sentir un deje de expectación. Quería ver algo de Narnia. Por muy ilegal que fuera.

Volvió a hablar, sin saber muy bien si se lo decía a sí mismo para volver a ser consciente de cuál era su deber o si era para la Lynette. —Peter dijo que un tal... ¿Bruce?... le había dicho que los Clark habían traído consigo más de equipaje del permitido —dijo lentamente—. ¿Lo entiendes? —preguntó. Su pregunta bien podría tener un doble sentido. ¿Recuerdas la prohibición? ¿Hay un objeto aquí? Edmund se pasó la punta de la lengua por la labios. —Eso podría cambiarlo todo. Aslan prohibió que cualquier cosa de Narnia viniese a la Tierra. Una... ofensa como esa, podría haber supuesto la separación de tus padres de los demás —explicó. No tardó en recuperar la voz. Estaba nervioso. —Eso es todo lo que puede decirte. Un objeto así está tan prohibido cómo el que yo, o cualquiera de mis hermanos, responda a tus preguntas. Los lazos con Narnia debían cortarse en un tiempo. Narnia tiene sus propias normas —sentenció. El problema era que Narnia dejaba un peso demasiado nostálgico en el pecho como para ser tan restrictiva.

Edmund se dijo a sí mismo que estaba allí para solucionar lo que Peter y Susan no habían podido finalizar y para cumplir con su deber.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Mar 25 Oct - 0:39

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Londres | Una mañana | Con Edmund
Los grandes ojos azules de la joven fémina revelaron un ligero destello de diversión cuando su invitado correspondió su broma. Se mordió el labio, sonriendo ligeramente de lado, mientras mantenía posada la mirada en el rostro ajeno.

Esos últimos días, había estado pensado en lo desagradable, parco y directo que había sido el menor de los Hijos de Adán. Se suponía que había sido un rey comprensivo y había llegado a hacer honor al título que se le dio -el Justo-, sin embargo, Lynette no había podido comprobar aquello con la situación tan acalorada que terminó por darse entre ambos. Regresar ofuscada, molesta, sin respuesta alguna y con un ultimátum de olvidar Narnia, no ayudó para nada a que su primera impresión de Edmund mejorase de alguna forma.

No obstante, en esos instantes, la opinión de la rubia parecía estar cambiando rápidamente… Y más aún al darse cuenta de que no había sido para nada objetiva, ni mucho menos razonable por el estallido de emociones que tuvo. Edmund había ido hasta allí, de propio, para pedirle disculpas y poder brindarle algo de claridad dentro de la oscuridad y la maraña de mentiras que sus padres habían entretejido en su cabeza, sin tener claro qué era cierto y qué no lo era.

Así pues, Lynette se encontraba sentada junto al antiguo rey, alternando su mirada entre el rostro ajeno y sus manos, las cuales no se estaban quietas. De hecho, era un pequeño tic el juguetear con sus dedos cuando estaba quieta y nerviosa. Acababa de confirmarle que ella había permanecido en la ignorancia desde que llegaron a la Tierra… Pero también había caído en la cuenta de todo. Lo comprendía, y sabía que no podía reprocharles nada al resto de sus compañeros.

Abrió y cerró los labios en varias ocasiones, buscando las mejores palabras para expresarse, para poder admitir que había un tesoro narniano prohibido en el desván de aquella casa. Si ya de por si, la telmarina se encontraba claramente nerviosa, escucharle decir aquello no le ayudó ni un ápice. Comenzaba a agobiarse, a tener miedo de las represalias que pudieran tomar contra ella y su tía por algo que no hicieron. Por ello, se puso en pie de golpe, pasando la mano por su cabello recogido, mientras caminaba por la sala con el rostro reflejando clara preocupación.

L-lo sé… Sé bien que no debería estar aquí, que jamás debió llegar aquí, Edmund. Ahora soy yo la que tiene miedo. ¿Y si somos castigadas por el delito cometido por mis padres? ¿Y si Aslan se entera? ¿Qué pasará entonces? –sentía la garganta seca y las manos le temblaban quizás demasiado-. Recuerdo a Bruce… era un buen amigo de mis padres… Jugaba conmigo cuando era apenas una canija… Por ello me sorprendió ese distanciamiento. ¡Maldita la hora en que decidieron traerse ese dichoso y prohibido libro! –exclamó antes de apoyarse en la estantería más cercana, tapándose el rostro, avergonzada del comportamiento que sus padres tuvieron tiempo atrás, apurada por sus propias reacciones-. L-lo siento… –terminó por añadir con un hilillo de voz, sin tener realmente claro por qué se disculpaba. Simplemente sentía que debía hacerlo…




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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Mar 1 Nov - 2:14

2. The book


Londres | Una mañana | Con Lynette
El moreno se había sentido tentado de alargar la mano y coger las de la rubia, para que esta dejara de moverlas y juguetear con los dedos. Cosa que le estaba distrayendo y poniendo la mar de nervioso. Posiblemente, era lo único que la espectación de Edmund conseguía focalizar para no estallar. Sin embargo, la chica se levantó antes de que él alargará la mano y tratará de calmarla. Sus ojos no dudaron en seguir la figura de ella haya por donde se movía en la sala. Empezaba a sentir la necesidad de pararla por completo —ya no solo las manos—, levantarse y cogerla para que estuviera quieta. Edmund nunca había sido bueno viendo que alguien tenía la solución, la repuesta, la ocasión en las manos y se demoraba con ella. Sabía que era bueno pensar, pero no cuando había un aplomo brutal pensando sobre los hombros. O, quizá, simplemente, necesitaba que Lynette hablase.

En cuanto comenzó a hablar, el Pevensie fue consciente de que Bruce había estado en lo correcto y de que Peter no había sido lo suficiente avisapado como para encontrar la causa de la discordía. Se llegó a preguntar cómo era posible que aquello se le hubiera pasado a Susan por alto, pero tampoco le extraño demasiado. Su hermana tendía a obviar cualquier cosa relacionada con Narnia cada vez con mayor frecuencia. Notó como su garganta se secaba por la impresión de la revelación. Hablaba de algo que estaba allí y que no debía estarlo. Ni siquiera era necesario que ella revelase lo que había en su casa. Por Aslan. El rostro, casi siempre imperterrito, de Edmund plasmó a la perfección el nerviosismo que estaba sintiendo. Posiblemente, la confusión y el dilema interno también quedaba plasmado en aquel rostro repentinamente petrificado. ¿Qué voy a hacer?

No fue capaz de contestar a las preguntas de la chica de primeras. No cuando estaba más ocupado sopesando lo que se le venía encima y lo que debía hacer. Siempre lo que debía hacer, no podía permitirse fallar otra vez, decepcionar a los demás una vez más. Errar estaba prohibido en su diccionario. Y, sin embargo, cuando ella le dio corporeidad al objeto —un libro para la sorpresa de él—, Edmund reaccionó. Se levantó del asiento con premura y se acercó a ella con una par de zancadas rápidas. Alargó sus manos para coger las muñecas de la chica e intentar bajar las manos que cubrían aquellas pecas diseminadas por su pálido rostro. —Tranquilizate —pidió, aunque por segunda vez en aquella mañana, Edmund no sabía si lo hacía para ella o para sí.

Vamos a solucionar esto —aseguró con más aplomo del que sentía, pero él ya había aprendido a no causar el pánico en los demás—. Aslan es sabio y es justo. Aslan debe saber que tú y tu tía —supongo que ella tampoco— estáis implicadas en esto. Puede que quizá en omisión o complicidad, pero no te habías dado cuenta de ello hasta ahora —comentó con tranquilidad. Como si él nunca hubiera dicho eso de que el desconocimiento del delito no redimía.  —Dudo mucho que Aslan no superia desde el principio que el... libro estaba aquí. No veo razón para que ahora cambie de parecer o proceder —explicó. Aquello era verdad. Edmund se preguntaba cómo era posible que aquello hubiera podido ocurrir, no creía que nadie pudiera engañar a Aslan. Como mucho, el león no había tenido oportunidad de solucionar aquel problema. Pero él había estado en Narnia —viajando con Caspian por el mar— después de que aquel libro llegase a la Tierra y el león no había dicho nada. ¿Por qué?

Soltó con lentitud a la chica y carraspeó ligeramente. Luego, aspiró con fuerza tratando de serenizarse y afrontar aquello con tranquilidad y cabeza. —Enseñámelo —ordenó con esa voz que había roto por el Salón de los Tronos en Cair Paravel. Acompañó todo aquello con una sonrisa, tratando de que la chica comprendiera de que no estaba allí para hacer justicia por una vez. De hecho, la solución al problema que se le había colado a Edmund en la cabeza era bastante simple y un tanto injusta. Quedarse él y sus hermanos con el libro era la manera de que el peligro fue suavizado. O eso creía. Hacerse con el libro se le antojo la mejor solución para todos, en especial para su corazón añorante.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Mar 1 Nov - 22:38

2.- The book


Londres | Una mañana | Con Edmund
En momentos como aquel, cuando los nervios podían con ella, cuando el agobio la dominaba por completo, siempre se había encontrado sola. Ni siquiera sus padres habían presenciado algo así en Lynette, por lo que no era consciente de hasta qué punto hacía gestos nerviosos… Y mucho menos sabía que con ellos podía contagiar su estado de ánimo. Y eso era precisamente lo que estaba sucediendo en esos instantes… Su estado estaba afectando al propio rey, que hasta el momento se había mantenido tranquilo y templado frente a la situación.

No habían pasado más de un par de segundos desde que había comenzado a maldecir el libro y la errónea decisión de sus padres de llevarlo consigo hasta la Tierra, cuando el joven moreno de ojos castaños se había posicionado frente a ella. Estaba avergonzada por sus padres, por el comportamiento que estaba mostrando… Se sentía tan sola también… Por eso ocultaba su rostro, aunque por poco tiempo.  Se vio obligada, por el suave y cálido tacto de los dedos ajenos alrededor de sus muñecas, a apartar las manos que ejercían de escondite. Tragó saliva y sus grandes ojos, como otras tantas veces en el poco tiempo que habían compartido, se encontraron. Parpadeó despacio un par de veces, tras escuchar su petición, terminando por asentir despacio, mientras tomaba aire despacio.

Tenía razón, no podía dejarse llevar por la situación ni por todas las emociones que parecían estar atravesándola en esos momentos. Como había hecho esos últimos meses desde el accidente, debía sobreponerse y encontrar una solución. Y esta vez no estaba sola… Le tenía a él consigo. Edmund le ayudaría.

Mientras el chico, que mostraba una sabiduría inusitada para alguien tan joven, razonaba al respecto del gran león, Lynette no apartó la mirada de su rostro.

Al igual que tú, se decía que Aslan era un ser de lo más compasivo y comprensivo. Quiero creer que es cierto… Que de verdad sabe de mi situación… Y que no tome represalias… –además, todo lo que el muchacho decía tenía sentido. Aslan era una entidad que sabía bien todo lo que sucedía en el reino de Narnia… nada escapaba a su conocimiento, estaba más que segura.

Finalmente, el agarre de sus muñecas desapareció. Edmund soltó con suavidad sus muñecas, liberándola. Con sus palabras y su voluntad para tranquilizarse, lo había conseguido, ya no necesitaba retomar esos gestos.

Sin embargo, fue inevitable que su rostro reflejase una expresión de pura sorpresa con el imperativo de su invitado. De no haber visto esa encantadora sonrisa en su rostro, habría pensado que estaba enfadado o molesto, que había hecho algo mal. Asintió entonces, sintiendo como las comisuras de sus labios se curvaban ligeramente

De acuerdo… Tenemos que subir al desván… Me disculpo de antemano por el polvo que hay. Las tareas domésticas diarias más importantes y la escuela no me dejan mucho tiempo para dedicárselo a la parte superior… –comentó haciendo una mueca.

Quizás fuese algo atrevido, quizás no era consciente de lo que hacía realmente, pero la rubia tomó con suavidad la mano ajena para guiarle por la pequeña casa hasta las escaleras de madera que ascendían hasta su destino. Una vez allí, Lynette se dirigió a una pila de cajas, quitó la superior con algo de esfuerzo por el peso, dejando así al descubierto la segunda, donde se podía apreciar el enorme volumen de historia narniana.

Aquí está… Aún no me creo que esto sea el causante de nuestro aislamiento con el resto de telmarinos… –admitió arrugando la nariz y con un gesto apenado.

Quizás pudieran deshacerse del libro, regresarlo a Narnia… y eso igual les permitía retomar antiguas amistades. Sin embargo, Lynette no era consciente de la añoranza que Edmund también sentía… y que aquel libro era un tesoro que podía atraerle mucho más que el oro o cualquier otra riqueza.




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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Jue 3 Nov - 0:26

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Londres | Una mañana | Con Lynette
Edmund observó con atención como la chica volvía a descubrir su rostro con el ligero empuje que sus manos hacían sobre las muñecas de ella. Se sorprendió mirando las pecas que recorrían el rostro de la chica y se preguntó si el tacto de su mejilla sería diferente al del resto de su piel —como el de las muñecas que estaba rozando al sujetarla—. Las pecas de Lucy nunca había sido un misterio para él, pero había algo en la pálida piel de la chica y en el contraste con sus grandes ojos azules que hacía lucir aquellas manchas de una manera diferente. El moreno cogió aire a la vez que la chica, como si creyera que acompasar las respiraciones podrías servir para infundir serenidad. O, simplemente, sin darse cuenta realmente de ello. Y Lynette pareció tranquilizarse.

Se le hizo extraño escuchar cómo su figura, su pensamiento, su actitud había pervivido durante siglos en Narnia. Había una especie de sensación que se hacía con su pecho que él nunca había sido capaz de descifrar cada vez que alguien se refería a él de aquella manera. Por supuesto, aquello no era algo que ocurriera en la Tierra y, por eso, se le hacía todavías más ajeno a la piel escuchar las palabras de la chica. Edmund no podía dejar de maravillarse al saber que la imagen que había vivido sobre él había sido una de calibre tan positivo, cuando él había entrado en Narnia con él pie izquierdo. —Créeme. Sé de primera mano hasta dónde llega la bondad y el perdón de Aslan. Si sabe que no has tenido culpa, lo comprenderá. No tienes que temer al Gran León, si no has hecho nada malo —aseguro. Incluso cuando obras mal es compasivo. Había cosas que habían quedado grabadas a fuego en la piel y el alma de Edmund Pevensie.

Cuando la chica accedió a cumplir su orden, el moreno asintió. —Tranquila, no voy a asustarme por un poquito de polvo. Además, ¿que sería de un desván digno sin polvo? —bromeó mientras la seguía por la casa para alcanzar el piso superior. Quizá soltó aquello por la confianza que Lynette parecía haber depositado entre ambos al cogerle de la mano. Sería mentir decir que Edmund no se había sorprendido ante el roce de la mano de la rubia, pero la había dejado hacer. Comprendía que reusarse a hacerlo sería todavía más extraño y que ella lo estaba guiando a algo importante. No importaba lo poco que a Edmund le gustase el contacto físico con desconocidos. Además, había algo en Lynette —posiblemente su procedencia narniana— que lo hacía sentir más seguro y menos recluido en sí mismo. El joven sabía diferenciar su actitud en Inglaterra y su actitud en Narnia, y una telmarina le hacía ser el Edmund narniano que tanto añoraba.

Los ojos del moreno brillaron mientras la chica se hacía con el ejemplar. Tragó saliva con fuerza cuando vio el gran tomo en las manos de Lynette. —¿Puedo —preguntó mientras alargaba las manos para que le pasase el libro. Edmund no quería parecer demasiado autoritario, pero aun así cogió con suma delicadeza —un gesto casi reverencial— el objeto y no tardó en cargárselo en un brazo para abrirlo y poder ojearlo con la mano libre. —Es comprensible. Los telmarinos que accedieron a venir a la Tierra querían una nueva vida... no se puede empezar algo nuevo cuando todavía se está anclado a lo demás —comentó. Posiblemente, de no haber estado el libro de por medio, Edmund hubiera vuelto a buscar los ojos de la telmarina, pero en aquel instante solo tenía atención para el tomo.

El moreno se sentía como si estuviera en otro lugar. Allí delante tenía uno de los libros de historia de Narnia, por supuesto, uno que no había visto nunca, pero que lo cautivaba de igual manera. Estaba convencido de que sus hermanos también admirarían aquel descubrimiento. ¿Y si Aslan había consentido que el libro cruzase la barrera para que siempre quedará algo de Narnia en la Tierra? ¿Y si no había sido un error? Edmund quería creer que el libro estaba allí por algo y que no era algo que tuviera que solucionar, sino una solución. Un sonido gutural salió de sus labios cuando una imagen apareció en el libro. —¡Lucy! —dijo—. Y el señor Tumnus —reconoció enseguida. Acarició la figura del fauno que tanto tiempo atrás había traicionado. Los gestos y el rostro de Edmund fueron incapaces de ocultar toda la añoranza que sentía. —En reliadad Lucy no iba vestida como una reina cuando encontró a Tumnus. Posiblemente llevaba un abrigo robado del armario, como nosotros después, y las zapatos viejos de Susan —rió ante la imagen de su hermana esquisitamente vestida a su llegada a Narnia. Pasó más hojas en las que aparecían imágenes de él y sus hermanos. Esquivó la imagen que había de la Bruja Blanca para que ni siqueira Lynette pudiera verla. Se paró en el dibujo del día de la coronación y señaló lo pequeño que había sido entonces. Y continuó pasando páginas.

Edmund vio como él y sus hermanos crecían a lo largo de la larga historia de su reinado. Y antes de llegar al final de este apareció una de las imágenes que tanto había estado esperando. Aslan. —Míralo. Aslan. ¿Lo habías visto alguna vez? —preguntó mirnado por primera vez desde que había cogido el libro entre sus manos a Lynette. En dos segundos volvía a estar atendiendo la imagen del Gran León. Acarició la imagen con la punta de los dedos—. Parece cómo si estuviera vivo —murmuró. Edmund no sabía cómo de acertado estaba en aquello de que la imagen se estuviera moviendo.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por SapphireDragon el Jue 3 Nov - 16:19

2.- The book


Londres | Una mañana | Con Edmund
Antes de ascender por las escaleras al desván, cuando Edmund admitió que de primera mano había experimentado la bondad de Aslan, la rubia sintió un ligero retortijón en el estómago. Creía saber a qué se refería… Pues en el libro todo venía. Desde antes de la llegada de los que se convertirían en futuros reyes hasta la invasión de los Telmarinos y su historia una vez allí. Eso incluía… la mención de la traición que Edmund llevó a cabo. Fue por ello que se mordió el labio y bajó la vista sin saber qué más añadir a aquello.

Ya de camino, Lynette se permitió el lujo de esbozar una pequeña sonrisa, quizás algo nerviosa, debido a la broma de su invitado. Inconscientemente, apretó su mano con suavidad, como si así se asegurase de que continuaba allí y no lo había perdido por el camino. Conforme caminaba, era más consciente de que había sido ella misma la que, sin permiso alguno, sin saber si le importaría un contacto físico directo e inocente, había tomado su mano para guiarle. Sintió entonces sus mejillas arder… y agradecía el no estar cara a cara con él en esos precisos instantes, pues así no podría percatarse de su rubor.

Lynette se sintió extraña cuando traspasó la portezuela de madera vieja que daba al desván. Hacía tres días que había subido allí, ya ni recordaba exactamente las razones que la llevaron a ello, pero había salido confusa, dolida y enfadada con sus difuntos padres, también determinada a encontrarse con alguno de los Pevensie… Y no había fracasado en su deseo. Lo que no había esperado para nada había sido el hecho de que uno de ellos la acompañase en esos instantes, que se encontrase con ella en su hogar, a punto de volver a echar un vistazos al enorme volumen que contenía la historia narniana.

Resopló y tosió ligeramente por culpa del polvo que se había levantado al quitar la caja superior… tuvo que rascarse graciosamente la nariz para deshacerse de ese picor momentáneo que sentía, para después tomar el libro en sus brazos y quedarse parada, frente a Edmund, volviendo a morderse el labio inferior.

Claro… –musitó antes de acercarse un poco más y poder entregárselo con facilidad.

Tras aquello, los grandes ojos azules de la muchacha percibieron esa expresión en el rostro del chico, entre emocionado y anhelante. Comprendió entonces que lo que le dijo hacía unos días atrás era cierto: él continuaba sin olvidar Narnia, lo echaba de menos tanto como ella lo hacía… y el libro era el único vínculo que les quedaba con ese mundo.

Yo… Yo tuve que venir aquí sin que se me preguntase si lo deseaba. Habría duda al principio… de hecho me sentía asustada… Venir a un lugar completamente distinto y desconocido… Me gustaba mi vida en Narnia, pero aquí me encuentro ahora. No tuve ni voz ni voto. Supongo que por eso a mi me está costando más que al resto todo, ¿no? Sé que debo seguir con mi vida y dejar de soñar con imposibles… Pero… -hizo una mueca sin llegar a terminar la frase. De hecho, su voz se había ido apagando poco a poco hasta quedar en silencio.

Se colocó junto a Edmund, viendo como pasaba lenta y delicadamente las páginas. Las ilustraciones coloridas, junto a hermosas letras de una pulcra caligrafía se podían observar. No tardaron demasiado en llegar al capítulo donde Lucy Pevensie –la reina Lucy para ella-, aparecía por primera vez… El comienzo de la historia de los dos Hijos de Adán y las dos Hijas de Eva.

¿Un abrigo robado? –repitió ella a modo de pregunta, sorprendida de escucharlo-. Supongo que muchas de las cosas que aquí se escribieron no son del todo veraces… Los detalles como ese me refiero…

Dejó que sus ojos vagasen por las ilustraciones y sin poder evitarlo, se sintió como si volviera a tener tres años, cuando aún no había aprendido a leer… Y le pedía a sus padres que le permitieran ver las coloridas figuras de ese libro. Finalmente, la imagen preferida de Lynette apareció frente a ellos. Una imponente representación del león. No pudo evitar sonreír con amplitud.

Cuando era pequeña siempre pensé que era parte de las fábulas y cuentos. Solía hacer el tonto, intentando rugir como siempre imaginé que lo haría. Esta es mi ilustración favorita la verdad… y no le hace justicia a como es en persona realmente. Solo tuve oportunidad de verle antes de venir a Londres –admitió en respuesta a su pregunta-. ¿Vivo? A mi siempre me trasmitió esa sensación, sí…

Sin embargo, Edmund no se refería a eso. Y cuando se fijó un poco más en la página del libro, se percató que era cierto, que literalmente parecía vivo… Pues había comenzado a moverse dentro de la página, como si intentase salir de ella y saltar hacia ellos.

N-no… N-no puede ser… –tartamudeó alzando la vista del libro a su compañero, con los ojos abiertos desmesuradamente-.



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Re: ~ Once a King of Narnia...

Mensaje por Avalon el Dom 6 Nov - 23:03

2. The book


Londres | Una mañana | Con Lynette
Sentir el libro entre sus manos había despertado mil sensaciones en el cuerpo de Edmund. Demasiadas sensaciones y recuerdos le atravesaron. En realidad, había vivido más años en Narnia que en su propio mundo y aquello tenía que dejar secuelas en alguna parte. El Pevensie paso sus dedos por encima de la cubierta con un gesto reverencial. No podía dejar de pensar en sus hermanos. En lo que habría ocurrido si Peter hubiera encontrado aquel libro. O en lo que hubiera pasado de haber sido Susan la que se hubiera hecoh con él. Quizá, nunca habría empezado a pasar del tema. Estaba seguro de que Lucy le diría que podrían darle una sorpresa a su hermana mayor con aquel libro. Con cierta culpabilidad, Edmund necesitaba hacerse con aque libro. Aunque fuera con la excusa de tener que requisarlo para hacer cumplir la ley de Aslan.

Era consciente de las palabras que Lynette decía a su lado, pero de una manera más bien asuente y automática. —Claro. La decisión la tomaron tus padres —comentó Edmund. Para él la oportunidad que Aslan le había dado a los telmarianos había sido una de esas cosas que había asumida que eran perfectas porque las había pronunciado el gran león. Sin embargo, no se había parado a pensar que también había gente que indirectamente no podía hacer uso de su libre albedrío. Sí que le había dicho a Lucy, por lo bajo mientras veía como los telmarinos empezaban a marcharse de Narnia, que le extrañaba que alguien tomara aquella decisión. Pero nunca había cuestionado el procedimiento. —Aslan os ofreció volver al lugar de vuestros ancestros... —murmuró ausente, estaba más ocupado en pasar hojas y leer por encima—. Pero quizá ya os habíais arraigado demasiado. ¿Quién no iba a echar raices en Narnia? Incluso él lo había hecho cuando apenas había humanos en aquel lugar más que los de los reinos colidantes y gente que comenzaba a llegar.

Los recuerdos que le provocaron la imagen de su hermana de pequeña le hicieron tragar saliva. Su relación con Lucy había cambiado muchísimo. En la actualidad, no había casi nada que su hermana pequeña dijera que Edmund no creyese o tratase de creer, darle la razón a su hermana se había convertido en un objetivo para él. Si no podía hacerlo, buscaba la manera de entender a la Valiente o de alcanzar a tener su visión sobre algo. Lucy y Edmund se habían acercado mucho con la madurez. Rió ante las palabras de la rubia. —Llegamos a Narnia a través de un armario que había en casa del profesor Kirke, ¿lo del armario se sabe, no? Recuerdo que los narnianos ya lo decían en nuestra época —explicó el antiguo rey—. Y Narnia estaba pasando por su invierno sin fín. ¡Hacía mucho frío! Y en Inglaterra no. Nosotros llevábamos nuestra ropa de diario, tuvimos suerte de que el armario guardara los abrigos de la casa. Tuvimos que hacer uso de ellos, nos hubiera dado una hiportemia o una pulmonía, si no —comentó.

Sus ojos sí que pasaron a mirar el rostro pecoso de la chica cuando contó la anécdota infantil. —¿Imitabas a Aslan rugiendo? No tienes pinta de ser muy fiera —sentenció enarcando una ceja y sonriendo divertido. Asintió. Ella debía haber visto al león cuando paso de Narnia a su mundo, pero Edmund sabía que aquello no bastaba para conocer al león. Como mucho para sorprenderse por su presencia. Devolvió la mirada a la ilustración de Aslan cuando ella barboteó. La expresión del moreno se estiró.

El león estaba moviéndose en las páginas que lo retrataban. Edmund no puedo evitar contener el aliento. —¿Aslan? —preguntó autómaticamente. Había tenido demasiados contactos con aquel mundo como para saber que algo estaba pasando. Miró a los ojos a Lynette como si pretendiera preguntar si alguna vez más había pasado aquello. Sin embargo, algo estaba ocurriendo en el libro. Cuando volvió a mirar, la figura del Gran León rugió y Edmund sintió la necesidad de cerrar los ojos como había hecho la primera vez que había visto al león, aunque ya no se sentía asustado en presencia de Aslan. Entonces, el viejo felino volvió a moverse y dejó ver nuevas imágenes a su espalda. Una especie de playa cerca de unos pequeños acantalidos repletos de bosques se dejaban entrever y el león les dio la espalda para caminar hacia el interior. Entonces, comenzaron los sonidos. El sonido del mar. El sonido de la brisa. Luego, fue el olor, del salitre, de un espacio abierto que no correspondía con aquel desvnán. Y, luego, el viento. Aslan fue desapareciendo en la imagen del paisaje y este comenzó a hacerse más grande y el aire comenzó a remolinear.

Edmund alargó con rapidez la mano libre para coger la de Lynette. El armario. La estación de tren. El cuadro. Y ahora un libro. Sabía lo que aquello significaba. Narnia volvía a reclamarlo, y no iba a ir solo. A Narnia siempre se viajaba acompañado. Su corazón se paró por unos minutos como si supiera que su anhelo más grande iba a verse satisfecho. Apretó la mano de la telmarina con fuerza cuando el aire cobró toda la fuerza de un huracán.



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