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The 21 Sacrifice

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The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Jue 27 Oct - 5:21

— The 21 Sacrifice —
crackship • 1×1 • silent hill


Hay muchas maneras de describir a Silent Hill, unos los llaman “el lago de descanso de la costa este”, para otros es el lugar perfecto para vivir después de la jubilación, y para unos cuantos un lugar acogedor donde pasar unas vacaciones en familia; para muchos otros es el mismísimo infierno. Walter Sullivan era un niño de seis años cuando residía en el Orfanato de Silent Hill.

Durante aquél tiempo, cuando Walter era un niño, los directivos del cruel Orfanato le confesaron la realidad: había sido abandonado en un Apartamento en la Ciudad de Ashfield. El chico pronto empezó a creer que el apartamento 302 era su "madre", y le fue dicho por Dahlia Gillespie – una de las líderes de la Secta-, que podría "despertar" a su madre completando los 21 Sacramentos, tal vez no porque eso fuera a suceder, si no porque ella necesitaba que Walter ofreciera sacrificios a los demonios y entes que adoraban.

Conocido por ser un asesino, su objetivo entonces, era el de completar el ritual de los 21 sacramentos. No obstante, terminó extrañamente suicidándose. Su expediente policíaco se encuentra lleno de fotografías de sus crueles asesinatos.

Para tener éxito, Walter debía completar el ritual de la Santa Asunción en el cual debería obtener la sangre de diez inocentes  para poder así desmaterializarse de su cuerpo y también poder crear un mundo basado en sus recuerdos y pensamientos; un mundo en donde él lo controlara todo y pudiera atrapar y alejar de la realidad a sus víctimas, en un mundo alterno donde Walter pudiera materializarse como un ente inmortal para poder asesinar a los que quedaban atrapados en él. Claro, todo era un ritual, algo que tachaban de locura.

En los primeros diez asesinatos, Walter Sullivan eligió a sus víctimas por venganza, bondad, o porque vivían en el apartamento 302. Los diez primeros sacrificios del ritual fueron completados tres años atrás; Walter esculpió números en su piel, y se quitó su corazón.

Para la policía había varias cuestionantes ¿Que significaban aquellos números? Y la otra pregunta quedaba en el aire, ¿Por qué Walter se había suicidado si necesitaba 21 víctimas? ¿O es que era parte del plan?

Como cualquier caso inactivo, el expediente pasó de la Policía de Ashfield a la carpeta de Casos Cerrados por falta de pruebas – o en este caso – porque el asesino estaba muerto. Tres años después, la carpeta fue reabierta por Damon, un Agente del FBI que había seguido el caso en búsqueda de pruebas de que Sullivan no había trabajado solo, sin tener éxito alguno. No obstante, una llamada a las tres de la mañana lo alertó: había descubierto un cadáver, y el modus operandi era el mismo. ¿Un "Copycat"? ¿O se estaban encontrando con algo más? Con la ayuda del Agente Ferguson, Damon pretende no dejar impune ese nuevo asesinato.

Skin like blood and blood like flesh

Walter Ferguson • Boyd Holbrook • 35 • Roanoke

Damon Aftalion • Jensen Ackles• 37 • Sagittarius







Walter Ferguson
Hijo de un detective de homicidios de la policía municipal, y una enfermera, Walter se criaría en Brooklyn, NY, con la temprana esperanza de ser un reflejo digno de su padre. Lo cierto era que ambos compartían muchos aspectos en común: desde sus gustos, a cosas tan simples como ser los dos zurdos. Hechos que cumplían el objetivo de convertirles en dos gotas de agua. Tal vez por eso, nunca se sintió tan apegado a su madre como lo hacía hacia él, con el que compartía días y noches el tiempo que este podía pasar en casa.

Fue ese el motivo, de hecho, por el que Walt se prometió, con apenas diez años, que él nunca tendría hijos. Le dolían profundamente los largos días de incertidumbre, en los que se preguntaba si regresaría sano y salvo a casa. Ningún chico de su edad, se decía, se merecía vivir con el miedo constante de quedarse huérfano. Las misiones; las puestas en seguridad especial por el riesgo que corrían, estando en el punto de mira del asesino del caso que su padre estuviera resolviendo... Todo esto le pesaba sobre los hombros casi tanto como el hecho de verse joven e indefenso. Él no quería ser un niño: él quería crecer; servir de ayuda de algún modo, en lugar de esconderse.

Cuando cumplió la mayoría de edad, su determinación le llevó a querer hacer las pruebas para convertirse en policía. Sin embargo, su padre le instó a estudiar primero una carrera universitaria. Sin eso, afirmó, nunca podría aspirar a conseguir entrar en los altos cargos. Y él quería que su hijo fuera, decía, "el que dirigía el barco, no el que remaba sin saber a dónde iban". Más tarde aprendería la verdad que ocultaban sus palabras; la importante información que solía ocultarse "a los de abajo" por "el bien de la operación".

Criminología. Esa fue su elección. Había buscado extensa información al respecto: en ella, mostraban a los estudiantes la naturaleza, control, causas, consecuencias y formas de prevención del comportamiento criminal. Aprendería cómo pensaban sus enemigos, para predecir sus pasos antes de que pudieran llevarlos a cabo. Era perfecto.

Ya en el último año de carrera, se inscribió en la academia para ser agente del FBI. El estudio resultó ser mucho más complejo de lo que creía: no sólo era teoría, había mucha práctica. Contaba, incluso, con un pequeño pueblo ficticio, creado sólo para sus simulacros. Por suerte, Walter contaba con cierta ventaja: habiendo sido su padre policía, le habían enseñado desde temprana edad a emplear armas, y alguna que otra técnica de comportamiento o supervivencia, aunque pronto descubrió que algunas de ellas eran tachadas como "anticuadas" en relación con otras mucho más efectivas.

Todo parecía apuntar en una dirección cuando se graduó. Le ofrecieron un empleo, y terminó ejerciendo como agente especial. Su vida hubiera sido tal y como la había planeado, si no fuera porque cometió el "gran error": se enamoró. Su nombre era Astrid Dahl. Estaba bajo protección oficial. Se encontraba bajo peligro de muerte: era un caso acerca de tratos de cuestionable moralidad entre mafiosos. Habían asesinado a toda su familia, pero ella, que había viajado a su Suecia natal en esa misma semana, escapó de las garras del asesino. La modelo estaba en un periodo muy vulnerable, y encontró en el agente un refugio en el que sentirse segura. Él, simplemente, era joven e ingenuo.

El problema fue que nunca encontraron al asesino. Con el paso del tiempo, la falta de recursos hizo que se dedicaran menos a Astrid, con lo que la responsabilidad cayó sobre los hombros de Walter, que se sentía culpable por no poder pasar a su lado todo el tiempo que le hubiese gustado.

Llegada la treintena, habían tenido a su primera hija: Dorothy, cuya vida fue la última en ser sesgada por aquel monstruo sin nombre. Walt apenas llegó a tiempo para pegarle un tiro en la nuca mientras el culpable seguía machacando el cráneo de su pequeña con el teléfono fijo de la vivienda. Al parecer, los años le habían vuelto más violento y errático; nunca se había perdonado que hubiera vidas pendientes que no se hubiera cobrado (al menos, eso decía en la nota que llevaba encima, a modo de testamento). La gota que colmó el vaso, fue saber que Astrid había tenido descendencia, y ahora, iba a hacer "lo correcto".

Su esposa, que había estado trabajando, sufrió la reapertura de todas sus viejas cicatrices al enterarse. Actualmente está internada en un hospital psiquiátrico, recuperándose de sus traumas. Fue en ese periodo cuando Walter se dio a la bebida. Llevó a cabo un par de espectáculos delante de su jefe que le llevaron a una baja forzosa. Hace apenas unos pocos meses que ha vuelto a trabajar en homicidios. Se sintió con fuerzas de ir a rehabilitación de una vez por todas hará cosa de dos años, y desde entonces ha estado totalmente sobrio. Aun así, y por si acaso, le mantuvieron lejos de la acción. Le ha costado mucho convencer a su jefe de que está capacitado para participar en el caso del asesino ritual, y hará todo lo que está en su mano por demostrarle que no se equivocó dándole esa oportunidad.





Damon Aftalion
Oriundo de Ashfield, Damon es hijo de una Profesora de la Universidad de Ashfiel y el dueño de un restaurante, "Le Pisa", famoso por elaborar la comida italiana más deliciosa de la región de Nueva Inglaterra.

Su niñez fue toda la que cualquier niño hubiera querido: una familia sana, atenta, simpática, que era conocida por ser caritativa y participativa en todos los eventos sociales altruistas. Su padre, un orgullo para él. No obstante, aquél pensamiento cambió aquel diciembre, en que su padre salió de viajé a Silent Hill y no volvió.

Aquél pueblo, apenas a 180 millas de distancia de la ciudad de Ashfield era el un nuevo prospecto para su padre, ya que al ser un lugar turístico, era ideal para abrir una sucursal de su famoso restaurante. No obstante, nunca llegó a la cita de negocios con los inversionistas. Su vehículo, fue encontrado estacionado a la orilla de la Carretera montañosa que discurre entre ambas poblaciones, con las luces delanteras encendidas, las luces traseras parpadeantes y la puerta totalmente abierta. Dentro del vehículo se encontraron todas sus pertenencias, su móvil, sus carpetas y una foto familiar de su esposa y su hijo.

La noticia fue enseguida replicada por todos los habitantes de la región; policías, bomberos, granjeros, y algunos voluntarios utilizaron los recursos a su alcance para realizar una búsqueda exhaustiva que no obtuvo resultado alguno.

El veredicto final fue que su padre se había suicidado, pues entre sus pertenencias encontraron medicinas calmantes y antidepresivas, algo que había ocultado a su esposa e hijo. La teoría de la policía fue que el restaurantero se bajó del vehículo en un momento de crisis y fue a meter al lago, donde pereció arrastrado por la corriente. No obstante, jamás encontraron el cuerpo, ni siquiera una señal de que aquello hubiera sido la realidad.

Damon creció creyendo que su padre no hubiera hecho aquello, estando seguro de que había desaparecido por otra causa. Su madre, devastada, sucumbió a los placeres del alcohol y murió pocos años después, mientras que él decidió convertirse en un eminente Agente Policíaco, al que pasados los años, le ofrecieron un puesto en el FBI fuera de su ciudad. Sin pensarlo se mudó, dejando Ashfield atrás. ¿El negocio italiano? Fue vendido a otra familia y para Damon ya no había nada que lo atara a la ciudad. Eso le llevó a dedicar su vida al rescate y encuentro de personas desaparecidas y casos sin resolver, donde se topó con el caso de Sullivan que le llamó la atención, no solo porque había sido en la región que tan bien conocía, si no que era de esos casos – como el de su padre – en el que final no era ni el esperado y no tenía un punto lógico desde la perspectiva de la víctima.  

La búsqueda de respuesta lo llevó a cerrar el caso de nuevo, hasta que aquella llamada de parte del Agente de Washington D.C. le alertó. Había encontrado un cadáver, y el modus operandi era el mismo. Damon aceptó el caso, tomó sus pocas pertenencias y se dirigió a Ashfield, donde conocería a un nuevo compañero.





Última edición por Sagittarius el Jue 27 Oct - 6:21, editado 3 veces


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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Jue 27 Oct - 6:18

DAMON
La sangre caía gota a gota. El ruido ensordecedor de los gritos de aquella mujer parecían querer resquebrajar cada una de las ventanas de la extraña mansión, mientras que la espesa niebla no daba claridad a lo que Damon veía ante sus ojos. Unos ojos se clavaron sobre él en aquél momento, y del suelo, una a una, decenas de manos empezaron a aparecer y a salir de la tierra, cada una marcada con un número, del uno al diez consecutivamente. Las manos de las victimas se fueron acercando al Agente, palpando su cuerpo con sus frías y esqueléticas manos, primero sobre sus piernas y posteriormente sobre su cuello, apretando lentamente, hasta que la sangre emanó de su piel.

- ¡Ashfield! - la voz del chofer despertó al Agente de su letargo. Confundido, asomó la cabeza por la ventana para percatarse de que se encontraban en la ciudad, específicamente en la estación de South Ashfield. Vestido de un traje oscuro, el agente bajó del autobús de pasajeros que había salido desde Nueva York hasta Maine. Cinco horas de trayecto habían bastado para llegar el mismo día en que aquella llamada había despertado su interés.

- Agente Aftalion. Por aquí. - dijo al bajar del autobús, donde lo esperaba una patrulla de policía del Estado de Maine. - Su Compañero ha llegado antes que usted y se encuentra en la escena del crimen.- Aftalion odiaba los aviones, y siempre que podía usaba los transportes terrestres para su desplazamiento, sobre todo cuando sus distancias se encontraran a menos de seis horas de camino, al final de cuentas, esperar en una sala durante dos horas perdiendo el tiempo en trámites no era lo más productivo para él - y eso en caso de que existieran boletos de avión disponibles. - "El autobús es lo mío" - pensaba a cada momento que tenía que decidir en que viajar.

El vehículo oficial lo llevó hasta el hotel South Ashfield, y en el camino, Aftalion remembró demasiadas historias que había vivido en la ciudad; para su suerte, el restaurante de su familia que había pasado de generación en generación y donde había pasado parte de su crianza ahora pertenecía a otros inversores y se encontraba en North Ashfield, por lo que no tendría que tocar esas fibras sensibles de su pasado.

- Gracias, desde aquí yo puedo solo.- dijo con amabilidad al llegar a las afueras del hotel; había cuatro patrullas, una ambulancia, el servicio médico forense, peritos de criminalístíca, gente curiosa, otras más evacuadas, y otros policías más interrogando a posibles testigos, o personas lugareñas. - Hay mucho que hacer.- se dijo a la entrada de la recepción, tomando valor para cruzar el umbral, una vez del otro lado ya no habría vuelta atrás.

Mientras tomaba el elevador recordaba el expediente que su Jefe había enviado por correo electrónico justo después de la llamada en el que le pedía supervisar el asesinato, y sobre todo, tomar la decisión si reabrir el caso de Sullivan, ¿pero como abrirlo nuevamente si el asesino estaba muerto? ¡Era una locura!

La victima: Peter Walls.
Profesión: Estudiante.
Sexo: Masculino de piel clara.
Altura: 180 cm
Hobby: Drogadicto, estuvo preso unos días por importación de mariguana.
Muerte: Golpeado hasta morir.
Marca: 12121 tallada con un cuchillo en su muñeca.


Si no fuera por la marca, aquél asesinato habría sido como cualquiera, no obstante, aquél símbolo era el mismo que portaban las diez victimas que fueron asesinados tres años atrás. ¿Entonces, de que se trataba?

Afuera de la habitación se encontró a varias personas. - Busco al Agente Ferguson. - murmuró esperando que uno de ellos fuera el susodicho.



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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Roanoke el Jue 27 Oct - 14:00

Walter
Han encontrado a uno en Ashfield. No la jodas, Ferguson.

Esas escuetas palabras fueron todo lo que necesitaba; lo que llevaba esperando desde hacía semanas. Walter le había comunicado a un viejo amigo de su padre los problemas por los que estaba pasando: su baja, la rehabilitación… Y la desconfianza. Sí, su jefe ya no confiaba en él. No podía esperar que voluntariamente pusiera la mano en el fuego dándole un caso, porque daba por supuesto que aún podría derrumbarse en cualquier momento. De ahí que buscara ayuda. El plan era sencillo, en realidad: intentar enterarse de un caso antes de que se lo asignaran a otro, e ir a arrastrarse como un perro delante del Jefe del FBI para convencerle de que estaba capacitado. Sin embargo, aun en su simpleza, resultó ser una hazaña mucho más difícil de lo que creía. El  cabrón parecía estar despierto las 24h, y siempre que acudía ya tenía clara su respuesta.

En esa ocasión, eran las 4 de la mañana. Sabía dónde encontrarle, así que cogió su coche y fue directamente al departamento, para tocar la puerta de su despacho. En cuanto sus miradas se cruzaron, los dos supieron en qué consistiría todo aquello: Walter empezaría a enumerar la cantidad de cosas que había hecho para redimirse desde el incidente, además de sus viejos logros. Después su jefe le echaría, y allí se acabaría todo. ¿Acaso nada sería tenido en cuenta? ¿Para qué le habían readmitido, si iban a relegarle constantemente a un segundo plano, haciendo papeleo detrás de un jodido escritorio? Pero no. Esa vez fue distinto. Al parecer, sabía que muchos agentes no querían verse involucrados: por sus distintas creencias, tratar con asesinos rituales no les era plato de buen gusto. Así que le usó como último recurso. Sabía bien que él no creía en lo sobrenatural. Ni lo religioso, ni lo místico. Por toda información, le dio una dirección y el nombre de su compañero. Un agente que, al parecer, había estado obsesionado con el caso, buscando un cómplice del que nunca se obtuvo pruebas. Poco después de que se diera por vencido, aparece la excusa perfecta para que se cumpla su teoría, que hasta entonces no había ido a ninguna parte. ¿Casualidad? No podía saberlo aún, pero le daba la sensación de que, más que como agente especial, le enviaban como la niñera de un posible psicópata.

Walter sabía que no avisarían al otro agente de lo ocurrido hasta, al menos, un par de horas más tarde. No sólo era cuestión de papeleo: de nada servía enviar a alguien que estuviera medio dormido. La eficiencia era mucho menor, y resultaba más cómodo permitir que los agentes de policía locales hicieran los primeros informes, que más tarde les transmitieran con su llegada. Por eso se dijo que lo propio sería descansar un poco, antes de ponerse en marcha. Sólo que… No pudo. Rodó sobre la cama sin propósito, con los ojos abiertos y la mente barajeando hipótesis sin sentido, sobre el caso. Al final terminó rindiéndose: estaba claro que no conciliaría el sueño. Un portatrajes y un termo lleno de café fue todo lo que se llevó consigo.

Cuando llegó por fin a la escena del crimen, los pasillos estaban hasta los topes de agentes de la ley tomando fotos o recogiendo pruebas. Fue directamente a hablar con el que estaba al mando. Resultó fácil reconocerle, porque a su alrededor se amontonaban un puñado de individuos haciendo diferentes consultas. Sin embargo, tan solo hizo falta enseñar su placa para que se hiciera el silencio. La incomodidad era palpable en el ambiente, y Walter sabía por qué: la policía y el FBI nunca se habían llevado demasiado bien. Intentó esquivarle, relegándole a hablar con uno de sus subordinados, que al principio se negó a entregarle un informe de lo que habían descubierto hasta entonces. El humor de W, que de por sí estaba irritado por la falta de sueño y la cafeína, fue empeorando a medida que pasaban los minutos y notaba la falta de colaboración. La gota que colmó el vaso, fue cuando empezaron a aparecer los periodistas. Pero, ¿cómo demonios se habían enterado? ¿Y quién les había dejado entrar?

Deme su móvil. – Le ordenó a uno de los agentes de policía. Había sido el primero en ofrecerse a ir a hablar con la prensa. Aún tenía una mano próxima al bolsillo, y Walter supuso por qué. A pesar de las múltiples protestas por parte del jefe de policía, logró arrebatárselo a la fuerza. ¡Qué sorpresa! Pensó con sarcasmo. Al darle al botón de rellamada, sonó el teléfono de uno de los fantoches que estaba empujando para abrirse paso con su cámara. – ¿Aún cree que puede arreglárselas con sus hombres, agente? – Preguntó con amargura al jefe de policía, chocando a propósito su hombro con el de él al pasar por su lado. A medida que se alejaba, acercándose con más propiedad a los forenses para consultar lo que hubieran encontrado, oyó con satisfacción cómo tomaban las medidas para arreglar ese desastre que habían ocasionado ellos mismos. Él no iba a ayudarles.

¡Agente especial Ferguson! – Le avisó un joven de no mucho más de veinte años, que debía estar aún en prácticas. Le había visto pasear por allí con una bandeja de cafés. A esas alturas, era el único que tenía ánimos de acercársele. El resto, rencoroso por el ridículo en que les había dejado, prefería mantener las distancias. – Agente Ferguson, ha aparecido su compañero, señor. Ha preguntado por usted. – Le dijo el chico, sin aliento. Walter dio una última larga calada a su cigarrillo antes de aplastarlo contra el suelo. Se hallaba en una de las salidas de emergencia, mirando hacia la nada con miles de cosas en mente.

No le hizo falta que le dijeran quién era, para reconocerle: sólo ellos dos iban vestidos de traje. Estiró su mano para estrechar la de él con firmeza. – Presumo que es usted el agente Aftalion. – Comentó por pura formalidad, el par de segundos que duró el saludo. Le echó un rápido vistazo de arriba abajo. – Veo que ya le han dado el expediente. Al pobre desgraciado le han destrozado mitad de la cara. Venga, le acompañaré hasta la escena. – Le instó, emprendiendo el corto camino que les separaba. Deseaba librarse de la presencia de terceros lo más pronto posible. – Llevan toda la mañana tomando pruebas y fotos, pero aún no se han llevado el cadáver. Estábamos esperando a que lo viera, antes de trasladarlo al laboratorio.
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Última edición por Roanoke el Lun 23 Ene - 19:24, editado 1 vez


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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Lun 31 Oct - 0:50

DAMON
Sin duda alguna, el hecho de haber leído tanto acerca del expediente de Walter Sullivan había hecho que el propio agente estuviera un tanto obsesionado con la historia de los asesinatos del hombre. A veces se preguntaba sus razones, pero ¿haber matado dos niños? ¿Que mente tan macabra debía haber tenido el asesino para arrebatar la vida de dos inocentes?; no solo eso, si no que Sullivan había perpetrado los asesinatos en un lapso corto de tiempo, tres años atrás.

Las investigaciones en los años recientes lo habían hecho visitar Silent Hill, el Orfanato e incluso el lugar donde se encontraba la secta, sin tener ninguna pista acerca de Sullivan; lo único que había descubierto era que una de las victimas del asesino había sido su Maestro en la Secta, aunque era propiamente algo de lo que Aftalion no quería enterarse a fondo.

Conforme atravesaba el pasillo central del hotel los números de las habitaciones se revelaban una a una, y el simple hecho de enumerarlas, le hizo recordar cada una de las victimas de las que había leído.

01. Jimmy Stone. Sacerdote de la Secta Valtiel. Disparo en la cabeza.
02. Bobby Randolph. Estudiante. Estrangulado.
03. Sein Martin. Estudiante. Estrangulado.
04. Steve Garland. Dueño de tienda de mascotas. Acribillado.
05. Rick Albert. Gerente de tienda "Albert Sports". Atacado a golpes con un palo de golf.
06. George Rosten- Sacerdote Secta. Apaleado con un tubo.
07. Billy Locane. Niño. Asesinado con un hacha.
08. Miriam Locane. Niña. Descuartizada.
09. William Gregory. Dueño de tienda de relojes. Apuñalado con destornillador.
10. Eric Walsh. Cantinero. Disparo en la cara.

A todos y a cada uno de ellos se les había extraído el corazón de una manera ruin y despiadada, pero el hecho de que el asesino en serie hubiera realizado sus actos en un lapso corto de tiempo hizo que los agentes policíacos locales no tuvieran los recursos para encontrarlo de manera rápida y eficaz. Cuando ya tenían el nombre era demasiado tarde, Sullivan se había suicidado, y con ello, se había llevado todos sus oscuros secretos. De alguna manera, la policía había ocultado todas las pruebas y éstas fueron poco accesible para cualquiera que estuviera investigando el caso; bastantes peticiones de ciudadanos y reporteros se habían acercado a la comisaría para saber que era lo que realmente había pasado con Sullivan y sus asesinatos, ansiosos por conocer cuales habían sido las razones, ¿tendría que ver con la secta? ¿O era simplemente que el asesino perdió los estribos? Para cualquier civil era difícil tener acceso a esos datos, pero para el FBI, la solicitud para ver el expediente fue respondida de forma inmediata, y desde entonces Damon había tratado con sus recursos de tratar de dar respuesta a todas las cuestionantes, no obstante, no lo consiguió, llegando a un callejón sin salida.

Los meses pasaron de forma repentina mientras que Aftalion se preocupaba por sacar adelante otros misteriosos casos de desapariciones en el sur de California y una serie de asesinatos en Arkansas. Para su suerte, ambos casos tuvieron finales acordes a la justicia, pues el primer caso había sido de trata de blancas en la ciudad de Los Angeles y el segundo, un maniático al que habían conseguido atrapar antes de que pudiera lograr realizar su cuarto asesinato.

No obstante, el caso Sullivan era algo que siempre trataba de esquivar en su mente, pero había algo respecto a él que no lo dejaba dormir en paz, no sabía si era el hecho de no tener pruebas de que Sullivan había trabajado solo, o si habían más detalles que la propia gente de Silent Hill y de Ashfield ocultaban, sobre todo, los allegados a las victimas; de alguna u otra forma cuatro de ellas estaban directamente relacionadas con la Secta...¿acaso valdría la pena volver a hacer otra visita?

- Esto es un caos. - murmuró en forma de regaño a la pequeña corporación policíaca de Ashfield. - Personas no autorizadas en la escena del crimen. Periodistas en el exterior.   en aquél momento, de la habitación del crimen salieron los peritos en la materia de criminalística, los cuales habían tomado ya muestras de sangre, fotografías, y habían colocado las famosas letras dividiendo la zona del crimen en varios sectores. - Falta de equipo adecuado de su propia gente. Carajo.- dijo un tanto molesto, aunque su principal razón era el hecho de las pesadillas que invadían sus pensamientos incluso en la hora del día.

Tuvo que alejarse del primer grupo de policías hasta que un hombre de traje se acercó a él, estrechando su mano con firmeza. Damon siempre pensaba que el primer contacto con su compañero era el más importante, porque allí se daba cuenta de la seguridad con la que contaba el Agente en cuestión; ya le había tocado trabajar con flamantes leyendas de la agencia que habían salido de los aprietos más grandes en materia de crimen, y por otro lado, con novatos inexpertos que habían sido seleccionados después de un arduo trabajo de ingreso.

De su nuevo compañero no sabía mucho, pero una de dos: o el propio Ferguson empezaría a dejarse conocer, o tendría que buscar algún contacto que le pasara su expediente, cosa que implicaba pedir favores y arriesgarse a sacar información confidencial. - "Dejemos que la primera opción haga lo propio" - pensó con singular tranquilidad mientras que hacía contacto visual con su nuevo compañero.

- Es correcto.- su seriedad absoluta se notaba. - Gracias........solo que antes de entrar, quiero que me responda algo agente. - se acercó a él para que nadie escuchara su pregunta, incluso muchos de los policías de apoyo tardarían días en enterarse de como había terminado el cadáver, después de la autopsia. - ¿Le han extraído el corazón? - decir aquellas palabras le hizo volver a recordar a las diez victimas de Sullivan y temía que la respuesta fuera positiva.

No esperó demasiado y se adentró - a solas con su compañero - a la escena del crimen. Suspiró a ver el caos que se había desarrollado allí dentro; era una habitación sencilla, pero daba mucho de que hablar del huésped. Del lado derecho había una pequeña mesa de soporte donde se sostenía la televisión, y donde había, con claridad, bastante hierba y papel para elaborar porros. - Mariguana quiero suponer. - dijo haciendo mayor soporte visual a lo demás, la ventana que daba al edificio frontal estaba cerrada, al igual que las cortinas. Y sobre la cama, estaba colocado aquél individuo, con el rostro destrozado y una mancha bastante amplia de sangre, sangre por doquier, la extracción de su corazón era evidente, con la camisa abierta y en su pecho, marcado con sangre, un número. - 12121- dijo tratando de tomar toda la seguridad en sí mismo para no rabiar. Alguien estaba jugando con él, alguien se estaba haciendo pasar por Sullivan; por aquél peligroso asesino que había sido bastante hábil en su forma de asesinatos, pero lo que más le preocupaba era que el expediente con sus peores pesadillas se había reabierto en ese instante. - Maldición. - dijo resoplando y mirando al Agente con preocupación, llevando su mano a su propio labio, pensativo. - Sin duda esto es un copiador..... - murmuró llevando sus ojos analizar otras partes de la habitación. - ¿Está familiarizado con el caso Sullivan, Agente Ferguson? ¿Sabe las consecuencias que tendrá sacar esto a la luz, dejar que esos "pseudoreporteros" empiecen a indagar? La ciudad se convertirá en un caos, y no solo esta ciudad, si no, sus alrededores, desde Silent Hill hasta la costa este.- la palabra "asesino serial" no era algo muy positivo para el turismo de las ciudades.

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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Roanoke el Jue 3 Nov - 9:33

Walter
Se detuvo en seco al oír que antes quería algo de él, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de traje mientras se giraba en su orientación, con el ceño ligeramente fruncido, como si eso le permitiera concentrarse en mayor medida. En realidad, se sintió un tanto ridículo hablando en susurros a poca distancia, como si no fueran más que un par de niños jugando al escondite con un tercero. “¿Le han extraído el corazón?” De inmediato se formó en su cerebro la imagen del fallecido la primera vez que lo vio, haría unas horas. Había sangre por todas partes, además de un aterrador agujero en su pecho, allí donde habían reventado costillas para acceder a lo más profundo de su ser. Casi podía oír el sonido de los huesos quebrándose; fragmentos volando por los aires. Un escalofrío azotó su columna vertebral.

Será mejor que lo vea usted mismo. Acompáñeme. – Fue todo lo que diría por respuesta, sin ánimos de entrar en detalle, por miedo a volver a experimentar esa terrible sensación. Mientras se adentraban en la habitación, que ya había quedado desalojada, se palpó disimuladamente su propio pecho, como intentando comprobar que todo había sido producto de su imaginación, y él no estaba herido. No fueron sus huesos lo que había oído.

Mientras el agente Aftalion analizaba el cadáver, Walter, que ya lo había hecho con anterioridad, se limitó a observar lo que hacía. Quería ver en qué se fijaba primero; qué le llamaba la atención. Si él fuera el asesino, no… “Joder, deja de pensar en eso. Él no es el asesino” se reprendió. Un hecho que tan solo se vería exteriorizado por la momentánea tensión que adoptó su mandíbula. Se forzó a centrarse en el presente y no dejar divagar su mente en el silencio. En cambio, se centró en su respiración pausada, además del ruido de los agentes de policía echando aún a algunos de los periodistas, que se colaba por la ventana. Se preguntó si alguno más habría sabido lo que hizo su compañero; si estuvieron de acuerdo. ¿Tanta era su necesidad de alcanzar fama con su trabajo?

En efecto. – Contestó pese al carácter retórico de la pregunta, estirando un poco el cuello en la dirección en que miraba. Había un porro a medio hacer, y material suficiente para prepararse otros tantos. – Al parecer, era un consumidor habitual. Hasta ahora no han encontrado evidencias de que estuviera acompañado en el momento del crimen. La empleada que le encontró afirmó reconocerle como Peter Walls, un joven al que veía consumiendo droga a menudo en un callejón cercano cuando salía del trabajo, aunque de igual manera están programadas las pruebas correspondientes, sólo para cerciorarnos. Ya hay algunos agentes en el callejón. ¿Quiere ir a echarle un vistazo, agente? – Inquirió, aunque tenía la sensación; más bien, la certeza, de que había perdido su atención haría al menos unos segundos, puesto que de sus labios salieron los números que estaban grabados en el pecho del cadáver, y sus ojos verdes estaban muy lejos de mirarle. En silencio, continuó observando.

No volvió a mirarle directamente a la cara hasta que le oyó maldecir. Parecía… enfadado. Como si se hubiera tomado por una ofensa personal que alguien se atreviera a intentar imitar los pasos de Sullivan. ¿Y no había sido esa su visión desde el principio? “Copiador”, esa fue su sentencia. “Copiador”, y no “aprendiz” o “cómplice”; alguien a quien le hubiera encargado terminar con su trabajo una vez se hubiera suicidado, enviando su alma a allá donde sólo el Cielo o el Infierno, si es que existían, pudieran juzgarle por lo que había hecho. – ¿Cómo sabe que no se trata de alguien cercano a él? Una persona a la que Sullivan le hubiera enseñado lo que sabía para… Finalizar con el ritual. – Preguntó con interés, volviendo su mirada una vez más hacia la atroz escena, intentando, esta vez, encontrar cualquier indicio que pudiera haber visto su compañero. Después de todo, él llevaba años analizando el caso. Walter, sin embargo, apenas había oído lo poco que salió en su día en las noticias, o los rumores que circulaban en el centro de trabajo. Sólo los verdaderos implicados tenían detalles en profundidad al respecto.

Sus últimas palabras, le sonaron a acusación. Se cruzó de brazos, desviando su atención a las manchas en el suelo. Tenía razón, tenía que haberse hecho cargo de esa panda de entrometidos él mismo. Cuando les vio llegar, estaba tan molesto con los agentes de policía locales, que sólo pensó en vengarse de su falta de profesionalidad. Y ahora, por culpa de ello, había pasado ni siquiera sabía cuánto tiempo, y seguía habiendo alrededor del mismo número, haciendo lo imposible por ser quienes tomaran la mejor instantánea. – Les he dicho que se encarguen de ello. Esta mañana uno de esos fantoches les llamó. Quería hacerse el “héroe” porque fue el primero en acudir a la llamada. Como si esto fuera un juego. – Esa última frase la pronunció en voz más baja, con rabia. Detestaba a las personas que subestimaban la importancia de lo que estaban haciendo, ¿qué más daba quién quedara mejor o peor a ojos de las masas? Lo único que habían de tener en cuenta; lo único que debía satisfacerles, era irse a la cama sabiendo que había un psicópata menos en las calles. No su cara estampada en los titulares. – ¿Quiere que me haga cargo personalmente?
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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Jue 10 Nov - 5:52

DAMON
Se necesitaba estar demasiado consciente de que cualquier cosa podría pasar o podría descubrirse, sobre todo para no perder la cordura en ese trabajo, en donde el tener un motivo personal afectaba la relación con el caso. Siempre que observaba una escena se imaginaba todos los posibles movimientos que la víctima realizó para tratar de liberarse de su asesino, pero en muchas ocasiones la droga estaba implicada y ésta hacía que sucedieran cosas extrañas o que normalmente no haría la persona asesinada. Las manos de sangre impregnadas en la pared le hacían pensar en que habían forcejeado. No necesitó decir palabra alguna al momento en que el Agente decidió llevarlo hasta la escena del crimen.

Aftalion se encontraba pensativo en cada momento, remansos del expediente de Sullivan llegaban a su mente, los cuerpos desmembrados de los pequeños asesinados tres años atrás, las fotografías de ellos entre los arbustos de un pequeño suburbio de Ashfield habían horrorizado al propio agente, y ahora entre su responsabilidad se encontraba encontrar al culpable del asesinato de Peter Walls - Según el expediente de este joven, era solitario, ¿no es así? No me imagino que tuviera problemas con alguien, tendremos que investigar quien le administraba las drogas, tal vez a la prensa le gustaría saber que fue un ajuste de cuentas.- el Agente sabía que aquello mantendría ocupados a los medios y en general a la gente, pero ¿que se debía de hacer en esos casos? ¿Hablar con la verdad o simplemente hacerles creer que todo estaba bien? - Aunque habrá que indagar con gente cercana, ¿que tal la recepcionista? - posiblemente había sido de las últimas personas que había visto a Walls con vida. - ¿Tiene familia que reclame su cadáver? - preguntó observando la marca de sangre en la pared, cosa que le hizo recorrer un escalofrío.

Enseguida su mente se traslado a su pesadilla, una donde Jimmy Stone, la primera victima de Sullivan lo atacaba y salía de la pared de su habitación de hotel en Nueva York, el último lugar donde se había hospedado. Simplemente no era algo que pudiera contarle a su nuevo compañero, no iba a arruinar el nulo avance que tenían en el momento pero que posiblemente pudiera llevar a nuevos descubrimientos.

Los músculos de sus brazos se tensaban cada vez que veía aquellos números grabados en sangre. "12121....12121, ¿serán unas coordenadas?" sabía que existían las coordenadas geográficas UTC que más o menos usaban algoritmos de diversos números, tal vez mezclando todos los números de los diversos cadáveres podían llegar a descubrir algo; aunque también podían ser una especie de pista; bastaba con recordar los famosos asesinos en serie como el Zodiaco, a los que les gustaba dejar ese tipo de cartas o pistas con algún afán de su psicópata mente.

Por la ventana pudo observar como los policías locales empezaban a echar a los periodistas, mientras que el ambiente no ayudaba, era como si las nubes ocultaran al sol para que no pudiera ver semejante atrocidad; el clima de Maine tenía especialmente chubascos y neblinas durante la mayor parte del año.

- Bien hecho agente, no hay nada que podamos hacer en el cadáver y en la escena del crimen mientras que no realicen las pruebas correspondientes, pero mientras tanto podríamos buscar testigos, personas de las otras habitaciones que hayan podido escuchar algo, personal del hotel, ¿tenemos algo al respecto? - tragó saliva con dificultad al oler el aroma que expedía el cadáver justo cuando caminaba frente a la cama. - Será mejor irnos de aquí y dejar ya que el forense haga lo suyo. Vamos al callejón y a interrogar a quién podamos. - la cosa era simple, cuando había un caso como aquél, los agentes tenían que quedarse durante días indefinidos, hasta que los llevaran otro caso. - También pienso que lo mejor es que nos quedemos en un hotel, y como veo la situación, este es uno de los pocos existentes en la ciudad. Llamaré a la Agencia para que hagan la reservación correspondiente. - el hombre pensaba que le gustaría poner al hombre al tanto. - Hagamos las investigaciones durante el día y en la noche nos podemos reunir en la planta baja del hotel o ver el expediente en nuestra habitación para ponerle al tanto de Sullivan y el caso...pero créame, puede ser un poco....abrumador. - explicó sin querer agregar "tanto como para volverte loco". Las cosas del Agente Aftalion habían sido dejados en el automóvil del policía que lo había llevado hasta la escena del crimen, para su suerte, su maletín tenía todas las contraseñas posibles: detector de huellas dactilares, de iris y contraseña, por lo que no le preocupaba que el contenido tratara de ser infiltrado.

- He estudiado a Sullivan de una manera que pocos conocen, era un hombre al parecer tranquilo, pero con un pasado oscuro...desde pequeño estuvo implicado en la Secta de la Orden, posiblemente pudiera tener un aprendiz, tal y como dos de sus victimas fueron en parte sus Maestros de Secta, George Rosten y Jimmy Stone. Era un chico que siempre estaba solo, incluso se sabe que era acosador...y su perfil no era de compañerismo, dudo mucho que fuera un aprendiz o alguien cercano. - cuando escuchó la palabra "ritual" sus vellos de las manos se erizaron. - Tenemos que estar atentos, rodear el perímetro de la ciudad. Walter Sullivan realizó los diez asesinatos en dos días, lo más probable es que este imitador traté de hacer lo mismo, y si es así no nos podremos confiar en nada.....ni en nadie. - dijo cruzando el umbral de la puerta para comenzar a bajar las escaleras, quería ver aquél callejón.

Las palabras de Ferguson estaban llenas de razón, él no confiaba en los periodistas, ni en los policías que se vendían al mejor postor o querían estar en la toma principal. - Para ellos, esto es un juego, un negocio. - aseguró en el mismo nivel de voz que su compañero, empezando a bajar las escaleras, pero no las principales, pues no quería toparse con periodistas. Mientras bajaba los escalones negó con la cabeza. - No, has hecho bien, compañero. Y por eso ya los periodistas se estaban alejando.  Pero no nos vendrían mal saber quienes están implicados con los periodistas, solo podemos contar con un puñado de personal policíaco y necesitamos saber quienes. - explicó con sinceridad mientras que bajando el segundo nivel fue que encontró algo que le llamó la atención. - Mira esto....- allí, en uno de los barrotes del pasamanos, había sangre. - Sangre...parece fresca...-

FDR: La sangre los guiará al callejón..allí habrá algo.


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Mensaje por Roanoke el Dom 13 Nov - 13:12

Walter
Vivía con su madre y su hermana. No hemos avisado a la familia todavía. Como comprenderá, hacerlo sin saber aún con seguridad si se trata de él, sólo serviría para hacer cundir el pánico. Por ahora el público no conoce los detalles, y es mejor que sea así. Sólo saben que ha habido un asesinato en el hotel. ¿Qué ocurriría si se propagara la información de que “ha vuelto”? Ya sabe dónde estamos. Maine. Hasta el menos famoso de los libros de terror está ambientado en este sitio. No quiero ni imaginarme cómo se relamería la prensa. – Negó con la cabeza, peinando su cabello rubio hacia atrás. En el fondo tenía que agradecerlo. Si no fuera por todas esas habladurías, hubiera habido más agentes especial con pocos reparos en participar, y él no estaría allí. – El único miembro del personal del hotel que tuvo contacto con la víctima, fue la empleada que le encontró. En el interrogatorio no ha dejado de repetir que es Peter, pero el recepcionista afirma no haberle visto entrar, y tampoco aparecen sus datos en los registros. También por eso es tan importante que corroboren que se trata de él. De lo contrario, todo apunta a que usaron alguna entrada secundaria para entrar. Quizás incluso todo esto – Señaló a su alrededor a los montoncitos de droga y los papeles de liar. – no sea más que un montaje; algo que pusiera el asesino para hacernos creer que Peter Walls se hospedaba aquí. Los forenses han estado buscando huellas, y van a cotejarlas. En cuanto a Peter… Esperan tener los resultados para la hora del almuerzo.

Walter se limitó a asentir a su sentencia, haciéndose a un lado para dejar que el agente Aftalion fuera el primero en pasar en dirección hacia la puerta. Antes de ponerse en marcha él mismo, recorrió por última vez la escena del crimen con la mirada. Si no fuera por aquellos condenados números tallados en la carne, en realidad no parecía un caso demasiado fuera de lo común: para bien o desgracia, en Estados Unidos los drogadictos y las prostitutas eran los dos grupos clave para los asesinos. Personas débiles, necesitadas… Ya fuera por dinero, o en busca de satisfacer su punto débil, les perseguirían a sitios apartados sin oponer resistencia, sirviéndose en bandeja para cumplir sus más macabras fantasías. Sin embargo, allí estaban. Grabados a conciencia en trazos regulares. Incluso el hecho de carecer de corazón hubiera podido verse como, simplemente, uno de tantos actos morbosos; el tratar a una persona como si fuera un animal. Pero no, era evidente que allí había algo más. – Jodido psicópata. – Murmuró en un suave movimiento de sus labios segundos antes de ponerse en marcha, con las manos metidas en sus bolsillos. Su compañero resultó haberse ido hacía un rato, así que tuvo que apretar el paso para alcanzarle, pasando entre los grupos de agentes, que no dejaban de mirarles recelosos. Los últimos forenses habían llegado, dos de ellos con la camilla y la bolsa negra en la que se llevarían a la víctima. Al parecer, estaban molestos por haber tenido que esperar a que salieran. Y no podía culparles: cada minuto que pasaba el cadáver se descomponía más y más, destruyendo con él las pruebas que pudieran quedar.

¿Quedarnos en el hotel? – Repitió estupefacto, apenas rescatando esas últimas palabras de lo que fuera que hubiera estado diciendo. Su ceño se frunció al momento, extrañado. Consideraba una locura quedarse a dormir en el mismo sitio en el que hubiera ocurrido el crimen; una práctica bastante… inusual. Pero la verdad aplastante de que en aquella ciudad apenas existían alternativas le empujaba hacia el precipicio de aceptar. A regañadientes, emitió un gruñido, aferrándose a la barandilla mientras bajaban al callejón. En el suelo aún podía verse su colilla aplastada contra el suelo: aquel era el descansillo en el que había estado fumando. – Cuando tengan los resultados – Comenzó a decir, deseando quitarse el nudo en el estómago que le decía que dormiría a apenas unos metros del lugar en el que aquel pobre muchacho había sido abierto por la mitad. – podríamos ir a visitar el instituto en el que estudiaba; interrogar a sus amigos. Según la empleada, solía acudir a drogarse con ellos. Quizá vinieron con él. Alguno podría haber visto si se fue con alguien.

Y si lo crees imposible, ¿por qué te has esforzado tanto en intentar demostrar lo contrario?” pensó Walter acerca de la declaración de su compañero, que había sentenciado como improbable que se tratara de un aprendiz del asesino original. Era como si intentara encubrir su pasado; engañarle. Le hubiera gustado replicarle algo, porque, honestamente, semejante palabrería le había dado muy mala espina, y no le entusiasmaba en absoluto tener que pasar las noches junto a alguien en quien no confiaba, pero no pudo, porque sus palabras fueron interrumpidas por un inesperado hallazgo. – ¿Sangre fresca? No es posible, ha habido agentes en este callejón hasta hacía unos minutos. – Murmuró el agente Ferguson, hablando más bien para sí mismo. Enseguida sacó su arma de la funda que llevaba en la sobaquera, colocándose en posición mientras buscaba a su alrededor la posible fuente. – Yo le cubro. – Dijo con tono seguro. Ya habían salido por la puerta de emergencia. Hacía rato que el aire frío acariciaba sus mejillas. A medida que descendían por las escaleras, el hierro desvencijado emitía  quejidos a intervalos. Pero no se oía más que eso. La puerta hacia el interior del hotel había sellado la entrada, y ya ni siquiera las lejanas conversaciones entre los policías locales podrían brindarles cierta sensación de apoyo; de que no estaban solos.
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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Mar 20 Dic - 23:25

DAMON
La mente de un asesino era sin lugar a duda, un mundo desconocido para los psicólogos, para los psiquiatras, los policías y la sociedad misma, ¿Qué podía llevar a hacer que una persona asesinara libremente a un par de niños, junto a otras personas más, en un lapso de veinticuatro horas? Lo peor era pensar que alguien se había atrevido a imitarlo. Simplemente el hecho de imaginar lo que atravesaba la mente del asesino le revolvía el estómago. El Agente había conocido casos extraños en los que la gente que no tenía antecedentes penales solía cometer los crímenes más despiadados. Si bien Walter Sullivan desde joven había sido un chico problemático, había indicios de que se volvería un asesino – "más si estuvo siendo criado por una sarta de ideologías de sectas, que podrían dañar la mentalidad de cualquier niño inocente". – Aftalion había crecido con el amor de una familia, y aun así, tenía problemas mentales que lo llevaban a visualizar horribles asesinatos, producto de cada una de las escenas de crimen de las que había sido testigo; había simplemente cabezas que no toleraban la idea.

El único problema de Peter Walls había sido encontrarse solo, porque el Agente sabía que era posible que se hubiera salvado de haber estado acompañado.

Al escuchar las palabras de su nuevo compañero suspiró, en efecto, no era bueno dejar que la familia tuviera acceso a la noticia, no hasta descubrir que efectivamente las muestras de ADN eran las correctas. El vello de sus brazos se erizó al escuchar a quién se refería. – Sullivan está muerto, su tumba se encuentra en el Cementerio a las afueras de Silent Hill. – dijo con seriedad, había sido un proceso de entierro muy extraño, e incluso se preguntaba porque no había cremado el cadáver de aquél asesino. – Aunque con esto, a la gente le dará el morbo de pensar que ha vuelto; ya veo a los chicos de secundaria bromeando sobre esto.- pero para nada era un juego, había un asesino y sus vidas estaban en peligro a cada momento. – Por eso tenemos la responsabilidad de dar con este asesino y de informar a la población de quien es el farsante. – dijo imaginándose a ambos frente al estrado del Ayuntamiento ofreciendo entrevistas después de que atraparan al asesino.

"12121"

Eran sin dudas unos números extraños, que no tenían ciertamente una razón de ser, un significado, podría ser que usaran la ayuda de algunas otras organizaciones o instituciones. - Agente, creo que es necesario enviar fotos de los números incritos a un encriptologo, tal vez él pueda ver la asociación de todos símbolos, tanto de los asesinatos de Sullivan, como de este nuevo individuo. - murmuró sacando el móvil y enviando los datos a un asistente del cuartel del FBI.

Mientras tanto escuchaba la explicación de como fue que encontraron el cadáver de Peter. - Una entrada secundaria no suena descabellado.- no había pensado en la cuestión de que todo se tratara de un montaje. - Si eso fuera cierto, nos enfrentamos a alguien que no debemos subestimar; en el mejor de los casos, será bueno que los policías patrullen la ciudad 24 por 7. - suspiró al escuchar la frase de Walter, tenía razón al llamar jodido al psicopata.

Asintió ante la pregunta sorpresiva de su nuevo compañero, no estaba del todo de acuerdo en pasar la noche en aquél hotel, pero la mayor parte de los primeros asesinatos de Sullivan habían sido en la propia zona, así que pensaba que si trataban con un copiador, lo más seguro es que el siguiente fuera bastante cerca. - No nos quedan muchas opciones, además, es una zona de fácil acceso a todos los puntos de la ciudad.....por si acaso.- y aquellas últimas palabras le hicieron que su estomago se revolviera, ¿acaso existirían más victimas? ¿Niños? ¿Como los asesinados años atrás de aquella forma tan ruín? - Interrogar a sus amigos, lo haremos, en cuanto lleguen los resultados. - ya para entonces, los forenses ya se encontraban en la habitación del crimen, mientras que los dos agentes seguían el rastro de sangre, de aquellas pequeñas manchas frescas en el suelo; asintió al escuchar la pregunta sobre la sangre fresca, no era para nada imposible. De pronto, la puerta lateral del hotel sonó con fuerza; Aftalion prosiguió a bajar las escaleras lo más rápido que pudo sabiendo que su compañero lo cubría; al abrir la puerta de emergencia, una pared de ladrillos se alzaba a lo alto; giró el rostro hacia la derecha para observar, desde lo alto, la calle principal, en donde había un cerco policial, en el cual nadie tendría acceso, así que al girar hacia su izquierda lo vio: un hombre alto que caminaba al estacionamiento y se perdía entre la neblina de la ciudad; apenas había podido ver que portaba una chaqueta azul y tenía el cabello largo, bastante largo. Para entonces, su compañero aún no salía al exterior, pero no podía decir nada, tenía que alcanzar al hombre a como diera lugar. Corriendo cada escalón de metal de la escalera de emergencia, el ruido hizo lo propio en intervalos irregulares, hasta que sus pies tocaron la acerca del callejón.

- ¡Deténgase! - Sin pensar en su compañero, comenzó a correr hacia la neblina, con el corazón acelerado y el arma desenfundada, mientras que los flashashos reinaban en su mente, fotografías de Walter Sullivan, de los asesinatos, de los gritos que posiblemente cada una de las victimas emitió al ser asesinados invadieron su memoria. Aquellos dolores de cabeza regresaron, mientras que el mundo a su alrededor comenzaba a convertirse en un mundo diferente, lleno de paredes y suelo de metal desgastado, el ruido de una sirena se hizo presente y la oscuridad llegó, invadió todo; fueron apenas diez segundos los que transcurrieron cuando empezó a sentir un miedo que difícilmente era familiar. Cerró los ojos, y al abrirlos, cinco pistolas estaban apuntando al agente. "QUE SE IDENTIFIQUE" - fueron las palabras de un agente policial; en ese momento Aftalion se hallaba desconcertado, percatándose de que la ciudad se encontraba normal, todo había sido una ilusión. - Agente Aftalion. FBI. Estamos siguiendo a un sospechoso!! Chaqueta azul, cabello largo, ahora. Informen a su personal.- bajó el arma y al dar media vuelta se encontraba su nuevo colega. Tragó saliva con dificultad y caminó hasta él, como si nada hubiera pasado, pero su rostro denotaba cierta confusión. ¿Se estaba volviendo loco? - Sé lo que vi. Observé a un hombre. Tu, escuchaste el ruido de la puerta, no es así? - tal vez estuvo mal incluir la palabra "estamos" a la persecución de un sospechoso que difícilmente pudo haber acceso allí, era obvio que a su compañero no le preguntaría acerca de la sirena y aquellas imágenes, porque sabía que lo tomaría por un loco.

Avanzando de nuevo al callejón, fue abriendo uno a uno los botes de basura que se encontraban allí, como un desposeído, como si hubiera algo allí que el sospechoso de largos cabellos hubiera podido depositar. Respiró hondo observando que su compañero no hacía nada. - ¿Quieres ayudarme???! - casi dijo alzando la voz y lanzando al suelo uno de los botes de basura, dejando que toda la basura cayera al suelo....sin saberlo, en uno de ellos, estaba, ni más ni menos, que el corazón de Peter Walls, y eso, cambiaría toda la esencia del caso.

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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Roanoke el Jue 22 Dic - 14:11

Walter
A medida que los segundos transcurrían, y la carrera a través de las escaleras se hacía más frenética, la realidad iba perdiendo sentido para Walter. No oía pasos de terceros; veía la mancha borrosa de una figura huyendo ni, al menos a primera vista, las marcas de sangre a las que se refería su compañero. ¿Qué era exactamente lo que estaban persiguiendo? La adrenalina del momento, además de la seguridad que acompañaba a los movimientos del agente Aftalion, era lo único que impulsaba ya los suyos propios. Avanzaba de forma ciega, aunque a una distancia considerable del otro agente, con la pistola en alto por si se daba una situación en que tuviera que usarla.

Nada encajaba. Era la mejor forma de describirlo: como un puzzle carente de sentido. Ya en el callejón, fue presente de cómo el agente Aftalion continuaba persiguiendo solo a un fantasma, al que sólo su imaginación lograba dar forma, pues allí no había nada, salvo niebla y el eco de sus propios gritos. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? ¿Acaso estaba bajo la influencia de algún tipo de drogas? Si la habitación del crimen hubiera estado lo suficientemente cargada, le hubiera echado la culpa a esta.

No hicieron falta muchos pasos hasta que los policías, que estaban haciendo guardia para evitar que nadie se colara en la escena del crimen, detuvieran su carrera, identificándole a él como al intruso. Había quedado claro: tampoco ellos vieron nada. A esas alturas, Walter había bajado su pistola, aunque aún no se había decidido a volver a guardarla. Avanzaba, en cambio, hacia la escena de discusión con el ceño fruncido y pasos cortos, pausados. Si se ponía agresivo, o intentaba herir a alguno de los policías… No quería pensar en lo que sucedería, porque jamás pensó que tendría que vivir esa clase de situación, pero si Damon era el lunático que se había figurado, tampoco le dejaría una alternativa.

Yo me encargo, chicos. – Comentó en voz alta por encima de su conversación, alzando una mano en la que mostraba su identificación, en un gesto apenas lo bastante lento para que pudieran echarle un vistazo antes de volver a guardarla y tener bien sujeta su pistola. Sin embargo, aquel intento de muestra de control, que pretendía disminuir la falta de confianza que estaba desarrollando el cuerpo de policía hacia ambos dos, apenas serviría de nada, puesto que segundos más tarde el agente Aftalion perdería de lleno los estribos, y empezaría a destruir una escena clave del asesinato: el más probable punto de partida. No iba a dispararle; no podía hacerlo si no había hecho daño antes a nadie, así que su instinto inmediato fue poner el seguro a la pistola y enfundarla de una vez por todas. De unas pocas zancadas alcanzó a su compañero, con el que forcejeó unos cuantos segundos, hasta ganar cierta ventaja y poder arrastrarle varios metros hacia las profundidades del callejón, tomándole del brazo. – Venga conmigo, agente. Estos policías se harán cargo. – Dijo con la mayor tranquilidad posible. Quería disimular, pero evidente que de nada serviría.

El maldito lo estaba destrozando todo, ¡todo! Tan solo en unos pocos minutos de desenfreno había estado a punto de hacer añicos la credibilidad del cuerpo. Era increíble, pensaba, lo rápido que podía irse todo al traste. Le había costado muchísimo convencer al director del FBI para que le dejara participar en ese caso, y no iba a permitir que un desequilibrado destruyera su oportunidad de volver a ejercer el trabajo de sus sueños. Ni él, ni nadie le alejarían una vez más de su puesto. Una vez a solas, le soltó, tomándole de los hombros. – Míreme a los ojos, agente Aftalion. Tranquilícese y míreme a los ojos. – Susurró, sosteniéndole con un poco más de fuerza de la debida, por si acaso volvía a la carga. No continuaría hablando hasta que le hizo caso, y los ojos verdes de él se perdieron en los azules de Walter. – ¿Confía en mí? Vamos, me han asignado este caso, al igual que a usted. Los dos somos agentes competentes; con experiencia. Confía en mí, ¿no es cierto?

Agentes, hay algo que deberían ver. – Se oyó de fondo la voz de uno de los policías que antes les habían estado apuntando. Al dirigirles un breve vistazo, enfadado, Walter se percató de que su atención ya no se centraba en ellos, sino en algo que había en el suelo. Aun así, la posibilidad de que Aftalion volviera a hacer de las suyas le tenía tan agobiado, que contestó de malas maneras.

Denos unos segundos. – Vociferó, volviéndose de nuevo hacia su compañero. – No había nadie en este callejón. – Por si acaso le sostuvo un poco más fuerte, apoyando su antebrazo contra su pecho, lo que hizo que la espalda de este chocara contra la pared fría de ladrillo. Pese a lo que hacía, su voz seguía sonando tranquila, y no había rabia en sus expresiones. Tenía experiencia tratando ataques, debido a las recaídas y traumas de su esposa, así que sabía cómo comportarse con dominancia mientras transmitía calma. – Escúcheme bien, el edificio está lleno de policías; los había también en la salida del callejón, ya lo ha visto usted mismo. Era imposible que aquí hubiera nadie. – Se relamió los labios, aflojando un poco la fuerza con que le sujetaba. – Cuando salgamos de aquí iremos a comer, y después interrogaremos a los amigos de la víctima. Esta panda de idiotas me están volviendo loco. – Le sonrió con complicidad. De algún modo, insultar a los que habían descubierto su locura era una forma de mostrarle su apoyo.

¡Agentes! Es importante. ¡Tienen que verlo, ahora!

Walter, molesto, soltó al agente Aftalion y se dirigió de vuelta en dirección al montón de cubos de basura, ahora desparramados por el suelo. Si antes la procedencia de cada cual hubiera servido para identificar algo, ahora toda esa ventaja había sido echada por tierra. Al alcanzar el punto en el que se hallaban, le arrancó de inmediato el walkie de las manos a aquel que les había avisado. Todos, acostumbrados a casos pequeños, se habían quedado de piedra ante la imagen del corazón, que se vislumbraba saliendo de una bolsa oscura de plástico, entre montones de servilletas y comida china. – Al habla el agente Ferguson. Avisad al equipo forense de que deben bajar al callejón. Que traigan recipientes grandes, van a tener que llevarse todo el contenido de los contenedores de basura. No haga preguntas, joder. Lo entenderán cuando bajen. Estaremos esperando. – Por si acaso, extendió una mano hacia el brazo del agente Aftalion, temiendo que hiciera alguna otra tontería.
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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Lun 23 Ene - 18:05

DAMON
Haciendo una introspección, el agente creía que estaba lejos de encontrar al verdadero asesino; se necesitaban horas de investigación y mientras más tiempo pasara, sería menos probable encontrar al asesino. Por esa razón habían tardado en descubrir a Walter Sullivan en su primer tanda de asesinatos, ya que en aquél entonces las pistas fueron llevando a callejones sin salidas.

Pensar que alguien pudiera descubrir sus problemas mentales y las visiones que tenía de vez en cuando, le hacía rabiar, no precisamente por el hecho de que lo descubrieran, si no, porque se sentía débil y vulnerable. Era como si Walter Sullivan a través de sus acciones hubiera roto una coraza en su interior, y lo hubieran llevado a pensar cosas innimaginables; a ver y sentir cosas que realmente no existían, y sobre todo a pensar que, de alguna forma, Sullivan seguía siendo el único y verdadero asesino. ¿Que pensaría su nuevo compañero al descubrir que su nuevo aliado era simplemente un hombre que tenía toda clase de visiones relacionadas a los asesinatos de Walter Sullivan?

Por la mente del confuso Agente no pasó por su cabeza la posibilidad de que los policías - desconociendo que se trataban de agentes especiales - pudieran lograr hacer una batalla campal; pero aquello estaba lejos de ser lo que realmente le preocupaba, incluso, apenas escuchó las palabras de su nuevo compañero, su mente aún se encontraba buscando respuestas a lo que había visto minutos atrás.

Si, sus acciones estaban siendo las de un novato de Academia y no las de un experimentado agente, pero más fue su sorpresa al sentir las manos de su compañero sobre su abrigo, forcejeando con él. Aquello lo había sacado de su trance. Más cuando Walter le pidió que le mirara a los ojos, aferrando sus manos a sus propios hombros. - Sus ojos, sus ojos.- pero los únicos ojos que veía eran los del asesino. Aftalion volvió a cerrar los ojos con fuerza, apretando sus parpados, y dejando que las malas ideas se disiparan; al abrirlos, notó aquellos profundos orbes de su compañeros, unos que sin duda alguna, podían ponerlo nervioso, situación que se acrecentó con los susurros. Entre los flashes que pasaron, nació uno más, que nada tenía que ver con el caso, ni con Sullivan, si no, con su vida personal, con su exnovio, uno con el que había tenido una relación de cinco años, pero quien no había tolerado las visiones, los trances y las palabras de Damon, abandonándolo una mañana de septiembre. Aftalion subió las manos hasta postrarlas en ambos brazos del Agente Ferguson. Respiró hondo, concentrándose en el tacto, en las palabras, en sus sentidos, dejando entonces que sus ojos se perdieran en los azules de su acompañante. - Si, confío, quiero confiar...- la realidad era que esa parte era difícil de aceptar por parte de Damon, la confianza era algo que se ganaba, pero también algo que debía de atravesar su coraza.

Frunció el ceño al ver que alguien les llamaba, uno de los policías, mientras que su mente luchaba con sus demonios internos; la visión de su padre apareció de pronto, recordaba grandes cosas de él, administrando el restaurante al que le tenía aprecio. Su padre, un hombre al que había amado pero que supuestamente se había suicidado.

De algo estaba seguro Damon, y era que todo había empezado con Walter Sullivan y todo debía de acabar con él. - Si, estaba Sullivan, Sullivan esta vivo.- murmuró sabiendo que era una locura, Walter había sido enterrado en el cementerio de Silent Hill años atrás. - O el imitador...- las manos ajenas le sostuvieron más fuerte, y de nuevo, el dejavu de haber vivido eso con su exnovio al perder su consciencia por el caso de Sullivan. "Dejas el caso de Sullivan o esto termina ahora" - habían sido las amenazas de su pareja; desde entonces se encontraba solo y su vida se había vuelto más turbia.

El tacto frío de los ladrillos traseros le hizo volver a sus sentidos de alguna manera, además de que la voz del agente le relajaba y tranquilizaba. - La lógica me dice que en efecto, nadie pudo ingresar.....pero....estaba allí, ¿que explicación me puedes dar? ¡Tu escuchaste la puerta abrirse, debiste de hacerlo! No me mientas...por favor, no lo hagas. No me dejes.- y eso último era lo que trataba de decirle a su exnovio aquella mañana de septiembre.

- Comer suena bien.....necesito tu apoyo en esto...- interrogar a los amigos de la víctima no se le haría algo demasiado complicado. - De acuerdo, tal vez tengo que hacerte una confesión.- si iban a trabajar juntos necesitaba hablarle de sus problemas mentales, de como habían iniciado las visiones y sobre todo, hablarle del caso. En ese momento fueron interrumpidos - nuevamente - por uno de los policías. Walter se notaba molesto, sin duda alguna Aftalion lo pudo notar.

Entonces sintió una punzada en el pecho al ver aquél corazón, justo entre las bolsas y basura de comida china. Trató de impulsarse pero el agarre del agente Ferguson lo sostuvo por suerte. - ¿Será el corazón...de Walls? - en cuestión de minutos el callejón estaba lleno de policías y forense, se habían llevado el corazón para pruebas de ADN.

Aftalion ya se encontraba un tanto más tranquilo, tratando de desviar de su cabeza los pensamientos respecto a la silueta que minutos antes había presenciado; se encontraba con un té de hierbas relajantes en la mano, cortesía de uno de los asistentes policiales; una vez hubieron terminado los trámites, el Agente apartó a Ferguson de los policías. - ¿Podemos hablar? - entonces se llevó al Agente empezando a caminar por la calle contigua, la investigación no podría seguir hasta que todas las piezas embonaran y el ADN de Peter Walls coincidiera en todas partes. - Eso que viste...de mí...prefería que lo dejáramos aquí, entre nosotros. No lo menciones al personal, ni a nuestro Jefe Delegacional...por favor. ¿Crees que puedas hacerlo? Tengo algunos problemas que he tratado de evitar, es una larga historia....- el hombre, más tranquilo respiró hondo, mientras que trató de concentrarse en el caso. - ¿Puedes llamar al laboratorio? Tal vez ya tengan los resultados.- lo siguiente sería interrogar a los amigos de Walls, si es que tenía alguno.

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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Roanoke el Sáb 28 Ene - 13:57

Walter
Después de aquella intervención, ambos agentes cumplieron su promesa de hacer guardia hasta que aparecieron los forenses y empezaron a tomar las pruebas. No muy contentos, (como era de esperar) con que su situación hubiera sido manipulada. La única razón por la que no dijeron nada al respecto, fue porque bien podía cuestionarse el hecho de que, llevando allí tantas horas, no hubieran prestado atención a la zona que, ya había advertido una de las empleadas, solía frecuentar la presunta víctima, y la mirada crítica del agente Ferguson demostraba el hecho de estar dispuesto a usar esa baza en su contra en cualquier momento. No sentía simpatía por Aftalion. De hecho, cuanto más tiempo pasaban juntos, más estaba seguro de que su compañía terminaría siendo más una carga que una ayuda. Lo que hacía, lo hacía por preservar el valor del digno nombre de la agencia del FBI. Nada más.

Por supuesto. – Pronunció antes de seguirle fuera del callejón, hacia la calle que le señalaba. Sabía de qué quería hablarle. Después del espectáculo que acababan de presenciar, cualquiera sería capaz de reconocer que el juicio de Walter hacia él debía estar cargado ahora de connotaciones negativas. La pregunta era: ¿podía decirle algo que remediara lo que pensaba sobre él? Igual que había intentado calmarle durante su ataque con palabras dulces que no significaban nada, lo mismo estaría dispuesto a hacer las veces que hicieran falta; se pondría una máscara, y sería la persona que quisiera que fuera, los días o semanas que tardaran en resolver el caso, si eso lograba devolverle a su antiguo estatus en el cuerpo. Ahora bien, sus sentimientos eran totalmente opuestos. Y mientras Aftalion le suplicaba que no dijera nada, en su mente sólo se sellaba la promesa de que, de torcerse demasiado las cosas, le dispararía. Sin remordimientos, ni dudas. Sólo su dedo en el gatillo. La única razón por la que todavía no lo había echado ya a los lobos, era porque aquel desequilibrado recibía mayor respeto por parte del jefe del FBI que él mismo, y no podía arriesgarse a echar por tierra la carrera de otros, cuando tanto su credibilidad, como la suya propia, pendían de un hilo.

La escena que hemos visto en la habitación de hotel… Ha sido dura. Mira, los dos teníamos ganas de pillar al malo, y está claro que la mente puede hacernos vivir muy malas pasadas cuando se nos nubla el juicio. – Chasqueó la lengua. Esperaba que entendiera qué era lo que pretendía transmitirle con esas palabras: demostrarle que estaba de su parte al justificar sus acciones, pero no estaba seguro de estar expresándose lo suficientemente claro, así que simplemente añadió. – Cuenta conmigo. – Tras esto, un breve silencio incómodo, en el que Walter metió la mano en el bolsillo para sacar las llaves del coche, mientras repasaba dónde recordaba que lo había aparcado. – Claro. ¿Te importa si vamos en mi coche? A almorzar. – Le recordó, comenzando a caminar en dirección a este. Tomó el camino más largo, procurando darle tiempo para terminarse el té de hierbas, y aprovechó el breve paseo para llamar al laboratorio.

Agente Ferguson al habla. – Contestó al oír que por fin le habían atendido. Cuando lo hicieron, ya estaban junto al vehículo. Presionó los botones necesarios en el llavero para retirar los seguros, y se sentó en el asiento del piloto. Una vez dentro, puso el móvil sobre el salpicadero, con el altavoz activado para que ambos agentes pudieran escuchar la conversación. Metió la llave en el contacto, y puso el motor en marcha para que se fuera calentando.

Agente Ferguson, estábamos a punto de contactar con usted. Ya tenemos los resultados de las muestras de sangre. Las pruebas confirman que el sujeto es, en efecto, el joven Peter Walls. Había consumido altas dosis de cannabis sativa pocas horas antes de la muerte, pero por ahora no hemos podido confirmar que la marihuana encontrada en la escena del crimen fuera la misma que había estado utilizando la víctima.

De acuerdo. ¿Han recibido ya el cuerpo?

Acaban de traerlo al laboratorio, agente. Aún estamos preparando la sala para estudiarlo a fondo.

Los ojos de Walter buscaron el contacto con los de Aftalion al oír aquello. Ineficiencia. Eran demasiado lentos. Como no quedaba nada más que decir, se puso el cinturón de seguridad. – Avísenos cuando hayan finalizado el resto de pruebas. Ahora mismo deben estar llevándoles también el contenido de varios contenedores de basura. Creemos que pueden encontrar información importante en ellos.

Descuide, le mantendremos al tanto. – Y justo después de eso, ambos colgaron. El móvil volvió a su bolsillo, y sus manos se concentraron en el volante. Iba a llevarle a una cafetería restaurante que había visto de camino hacia allí esa mañana.

Bueno, ahora sabemos que haremos lo correcto yendo a visitar a sus amigos. – Comentó en voz alta, pese a saber de sobra que aquella era una obviedad. Debía admitirlo: descubrir que se trataba de aquel crío, no le producía ninguna lástima. Al parecer, era un irresponsable que malgastaba su vida con malas compañías. Para él, la orientación o valor del caso no había cambiado un ápice con esa nueva información. – ¿Te sientes mejor? – Preguntó, señalando con un gesto de su cabeza la taza vacía. – Si te soy sincero, creo que te dará más ánimos comer una buena hamburguesa donde pienso llevarte, que tomar esas hierbas. Nunca he confiado en esa clase de bebidas. – Bromeó, dedicándole una sonrisa ladeada a través del espejo retrovisor.
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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Jue 2 Feb - 2:55

DAMON
Siendo un caso de importancia nacional, sin duda alguna el hecho de resolverlo aportaría que las puertas laborales de ambos agentes se abrieran enormemente hacia una dirección o un cargo importante dentro de las delegaciones federales de la institución; pero Damon no hacía eso por trabajo, si no, por orgullo; por demostrarse que podía resolver un caso que evidentemente no había terminado tres años atrás.

La única explicación que tenía acerca de porque anteriormente los agentes policíacos y de forense no había encontrado el corazón era porque según Damon, Sullivan había depositado el corazón al salir al callejón. Era una locura. "Sullivan no estaba....no estaba", se decía una y otra vez para tratar de acallar sus pensamientos respecto al tema, pero ¿de que otra manera pudo haber llegado el órgano hasta allí? El agente pensaba que simplemente Walter estaba ayudándolo solo para salvar su propio pellejo; recordaba bien sus primeros días como el agente experimentado que tenía que capacitar a nuevos miembros y a enseñarles todo lo que sabía; recordaba la carga que ellos representaban para él, pero ahora todo era diferente, los años lo habían llevado a ser un agente reconocido, por lo que se sentía avergonzado de haber perdido los estribos frente a su nuevo compañero, y no sabía como remediar ese hecho.

Conocía los antecedentes de su compañero, de alguna manera, la mayor parte de los agentes pedían referencias de sus compañeros, sobre todo para conocer sus debilidades. Minutos antes había recibido la llamada de su amigo, el Subcoordinador del FBI, un hombre que se podría que era la mano derecha del Jefe del FBI. Su viejo amigo no solo era eso, si no que había sido un amorío del pasado, y gracias a él había vuelto a tener el caso en sus manos; consciente de los problemas de Aftalion, el Subcoordinador lo sentenció a que resolvieran el caso en un lapso no máximo de un mes, de lo contrario, Damon tendría que firmar su renuncia y no volver jamás. -" Me lo debes.-" le había dicho por teléfono. - Una más de tus crisis y le daré el caso a alguien más". le había amenazado. "Esto solo lo hago por el cariño que te tengo, pero debes de seguir adelante Damon, no puedes quedarte en el pasado".- las palabras de su amigo fueron como una cachetada, y una que realmente dolía. Su trabajo no solo tendría repercusiones en su persona, si no, en toda la institución.

- No entiendes, Walter.- el tono de su voz denotaba molestia, enojo, pero más consigo mismo que con su nuevo compañero. - He estado en escenas peores que esa.- lo apuntó con el dedo índice como si quisiera reclamar algo, pero al darse cuenta de lo que estaba haciendo, simplemente bajó la mano, el problema no era Walter, era él mismo. - El asesinato de dos pequeños a manos de Sullivan, ese sin duda alguna fue fuerte.- su voz volvía a la tranquilidad, y sin duda alguna se odiaba a sí mismo por tener esos cambios de humor tan repentinos.

- Gracias.- asintió ante la solicitud de almorzar juntos, el té lo estaba ayudando, pero consideraba que las medicinas eran todavía mejores. Escuchó la conversación mientras observaba al individuo, tan seguro de sí mismo - o eso creía Damon - que le recordaba a sí mismo, cuando las voces en su cabeza no estaba presentes; aquellos habían sido buenos tiempos. Las pruebas habían confirmado que era Peter Walls y que su muerte había estado rodeada de hierbas, aunque el agente pensó por un momento, que tal vez, si no hubiera caído ante el vicio, hubiera tenido sentidos para defenderse del asesino.

Los ojos de ambos agentes se observaron por un instante, y el hombre maldijo por lo bajo al ver la pobre rapidez que los forenses eran capaz de tener. - No creo que vayamos a encontrar nada con sus amigos si te soy sincero, ¿que crees que nos digan? Que el chico era un adicto, tal vez que no tenía dinero. Dudo mucho que el asesinato se pueda tratar de un ajuste de cuentas entre proveedores de hierbas......pero apuesto a que la Fiscalia nos dirá que manejemos esa hipótesis. - la información era poder y decir aquello ante la población sin duda alguna pondría fin a cientos de especulaciones que un asesinato podía darse; más aún si se tenían algunos sospechosos, que hasta el momento, los agentes no tenían. - Habrá que buscar a su proveedor de cannabis.- seguro la Fiscalia estará encantada.

- Si, me siento mejor, gracias. - desvió la mirada a la ventana para observar las pequeñas calles de la ciudad, en sus manos estaba la tranquilidad de la población. - Sé a donde me llevas, hace tres años estuve aquí, resolviendo el caso de Sullivan.- suspiró para después sonreír y girar el rostro de nueva cuenta al Agente. - Y debo decirte que son muy buenas esas hamburguesas y también esta bebida. - entonces el hombre tomó seriedad de nueva cuenta. - Sé que no me conoces, pero este caso en particular es importante para mí, como también la ciudad. No te hubiera pedido el favor de no haberse tratado de este caso, soy profesional, créeme. Vas a pensar que estoy loco o algo así, y no te culpo, yo mismo pensaría eso de una persona así, pero, sé lo que hago, y sé que soy capaz de sacar este caso, con tu ayuda.- aquellas palabras las decía de nuevo el viejo agente experimentado. - Tenemos tiempo para almorzar, luego deberíamos interrogar a los amigos y buscar al proveedor, mientras tanto el laboratorio seguirá con sus pruebas. En la noche, en el hotel te enseñaré todo el expediente, ¿de acuerdo? - sin saber, que en algún punto de la ciudad, un asesino estaba analizando a su siguiente victima.

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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Roanoke el Sáb 4 Feb - 21:53

Walter
Trato hecho. – Contestó. A partir de entonces, el resto del trayecto lo pasarían en silencio. Habían transcurrido muchas cosas en apenas unas horas, y Walter, por su parte, necesitaba un tiempo para analizarlas y ordenar sus ideas. Como qué preguntas hacer en el interrogatorio, pues, si siempre habían visto a la víctima con ellos rondando al hotel, existía una gran posibilidad de que hubieran estado con él antes de su desaparición; además, no dejaba de darle vueltas sobre qué hacer con Damon; cómo conseguir librarse de más sustos. Él vio cómo consiguió volver en sí cuando habló con él. Cómo supo tranquilizarse. ¿Habría alguna forma de mantener esa conexión de forma permanente? ¿Conseguir que siempre tuviera los pies en la tierra?

Esperó a un semáforo en rojo para poner la radio, y que el sonido de la música llenara el silencio que se había establecido en el coche, por si eso hacía que su compañero se sintiera incómodo. Cuando por fin pudieron divisar la cafetería, el agente Ferguson le pidió al otro agente que le ayudara a encontrar un puesto libre. Sólo que, al hacerlo, no se limitó a abrirle la puerta y permitir que se fuera. Mantuvo los seguros puestos unos minutos de más. No podía simplemente cargar todo sobre sus hombros. Sus disculpas no eran suficiente, y si él no podía pensar en algo… Quizá fuera lo mejor poner un poco de confianza en él, y que lo hicieran juntos. – Mira, yo… No diré nada, ¿de acuerdo? – Comentó al cabo de unos segundos, con la mano aún sosteniendo la llave, sin llegar a retirarla del contacto. – Pero eso no puede volver a suceder. Lo sabes, ¿no? No se trata de mí, ni de ti. Se trata de la credibilidad que puede estar perdiendo el cuerpo del FBI por culpa de esto. Y si de por sí la policía local no es muy propicia a colaborar con nosotros, no quiero ni siquiera pensar qué... – Se detuvo, presionando los labios y negando con la cabeza. Su intención no era hacer que se sintiera culpable. – Escúchame, tenemos que pensar en alguna forma de evitarlo. No lo sé, quizás debería ir yo primero en las operaciones, o podríamos dar con alguna señal para comunicarnos. Así, si yo no veo lo que me dices, sabremos que es una falsa alarma. – Por fin retiró los seguros, quitó la llave, y se volvió a mirarle. Esta vez directamente a los ojos, sin un retrovisor de por medio. – Vamos a arreglarlo. – Añadió antes de bajarse del coche, con una seguridad que pretendió transmitir en cada una de sus palabras. Necesitaba que pensara que creía que era posible. Porque si no le transmitía esto, y lo conseguía sentir el propio Damon, sus esfuerzos no servirían de nada.

Una vez dentro, el olor a café del local hizo que se hincharan sus pulmones. Sin duda aquella era una cafetería de las de antes: con sus camareras vestidas en uniformes de delantal de colores pastel, y faldas de un corto bastante modesto; sillones de cuero rojo, y un puñado de lugareños esperando su café detrás de la barra. – Por cierto, no te lo he preguntado. ¿Te molesta que fume? Vamos a pasar mucho tiempo juntos, y tengo que saber si debo buscarme un rincón en el hotel o puedo hacerlo contigo. – Se justificó, sentándose por fin en una de las primeras mesas que vio libres, próxima a la puerta y con un ventanal que daba en dirección al lugar en que habían aparcado el coche, a su lado. Nada más tomar asiento, lo primero que hizo fue cerciorarse de que todo siguiera en orden. Desconfianza. Era una de sus mayores características. Y qué podía esperarse de un hombre que, un día cualquiera, al regresar a su casa, encontró a otro asesinando a su hija. Nunca se sentía a salvo. Ni siquiera cuando dormía, por eso su pistola siempre estaba cerca, y él, completamente alerta. Puede que hubiera una época en la que su confianza podía ganarse. ¿Ahora? Ni siquiera existía. Era un sentimiento ajeno a él.

¿Sabéis ya lo que queréis tomar? – Una voz dulce interrumpió sus pensamientos. Apenas acababan de tomar asiento, y ya se había acercado una de las camareras a pedirles nota. ¿Acaso creían que tenían súperpoderes? Molesto, estaba dispuesto a contestarle con una frase cortante, cuando se giró hacia ella y… Bueno… Todo se fue al garete. La mujer tenía un escote bastante pronunciado, y se había inclinado hacia delante con su libreta para tomar nota, de tal forma que podía apreciarse más de lo que haría que cualquier hombre heterosexual se sintiera cómodo. De repente, las palabas empezaron a colisionar en su cerebro, haciendo que se le trabara la lengua. En realidad tan solo fue una fracción de segundo. Lo justo, sin embargo, para que, cuando recobrara la consciencia y fuera capaz de mirarla a los ojos, no tuviera ni la más remota idea de qué decir.

Ehm. No. Acabamos de llegar. Gracias. – Su voz sonó bastante más seca de lo que pretendía. Simplemente porque sus labios parecían haberse adherido entre sí. No tenía práctica. Era eso. Desde lo ocurrido con su esposa, ni siquiera se había permitido pensar en mujeres. Seguía enamorado de ella. Después de todo, había sido la culpable de que hubiera dejado atrás su promesa de jamás tener una familia. ¿Y acaso otra sería capaz de cambiar su mundo de aquel modo? Sin embargo, el paso de los años había hecho que la esperanza de que algún día la mujer a la que amaba, y la que visitaba en aquel psiquiátrico, volvieran a ser una sola, se había ido desvaneciendo. Y con ello, al parecer, empezaban a hacerlo las barreras que hasta entonces consiguieron verla como la única; como si el resto de mujeres ni siquiera existieran.

Vaya, qué despiste. Vendré dentro de un par de minutos, entonces. – Contestó ella, con una agradable sonrisa. Por toda respuesta, Walter esbozó una sonrisa vacilante, y agarró una de las cartas para esconderse detrás de ella. Sólo rezaba por no haberse puesto rojo como un colegial. Por el borde de esta, no pudo evitar seguir sus andares mientras se alejaba. – ¿Por qué no me dijiste que las camareras estaban tan buenas? Apuesto a que te pusiste las botas la última vez. – Bromeó con Damon apenas se sintió seguro.
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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Lun 6 Feb - 0:29

DAMON
Durante su travesía se ponía a imaginar su futuro, ¿acaso encontrarían al asesino o volverían a pasar otros tres años hasta algunas pistas salieran a la luz? Tantos años y tan poca información. Damon consideraba que había sido una torpeza de parte del FBI el cerrar el caso, sin haber resuelto las cuestiones principales. Principalmente, su objetivo ahora era que esas crisis no regresaran, que les permitiera al menos acabar con el caso, observara lo que observara, tal vez lo mejor era no decir nada a Walter, así viera al propio Sullivan de frente, al menos hasta determinar si era la realidad o simplemente una ilusión.

Lentamente llevó su mano hasta el tablero del vehículo, allí donde se encontraban las salidas del aire acondicionado, sintiendo las texturas fabricadas, dejando que sus yemas exploraran la superficie: esa era la realidad, y no cualquier imagen que el agente pudiera ver a través de sus ojos. Los ojos muchas veces mentían.

- Gracias por no decir nada, en verdad entiendo lo difícil que ha de ser.- no se imaginaba que alguien como Walter mintiera a sus superiores, pero él lo había hecho ¿no? Al final de cuentas, aquella persona del pasado que depositó su confianza en él ya había sido engañada; claramente le había advertido que si tenía un ataque de crisis, debía de dejar el caso y Aftalion no lo iba a permitir. - No puede volver a suceder....- se repitió, dejando las manos en el tablero, y luego las llevó a sus propias piernas apretando, como si aquello le hiciera comprender a su cuerpo que debía de dejar de ver cosas inexistentes. - No es necesario que lo digas. Te prometo que no volverá a pasar, y si lo hace, tu serás el primero en decirle a mis superiores, ¿te parece una buena promesa? - era como tirar una moneda al aire, si fallaba o no dependía de su cuerpo, no de su corazón; tener una enfermedad mental era algo que no podía simplemente accionar o alejar como si tuviera un interruptor. Sin embargo, sabía que las medicinas ayudarían, así que esa noche, seguramente se drogaría con bastantes pastillas, sin que su compañero tuviera que darse cuenta. - ¿Crees que no me importa la credibilidad? Es algo que considero oportuno, sobre todo cuando siento que invadimos el lugar de la policía local, que como sabes, son unos inútiles que tenemos que guiar, no hay más. la intención de su colega era una buena oportunidad para formar lazos y confianza. - Bien, tu irás primero en las operaciones y si veo algo, te lo diré, ¿de acuerdo? Y tu me dirás si es real o no; no es que me pasé todo el tiempo, debes de saberlo. La última vez que sucedió fue hace.....hace tiempo.- la última vez que había leído el expediente de Sullivan.

El lugar era clásico, sin duda alguna, los pisos contrastaban en cuadros de color negro y blanco, como conmemorando las famosas cafeterías de los años 50s. - No me molesta, puedes hacerlo, y de paso, darme uno.- la nicotina, sin dudarlo, era algo que lo podía calmar. - Puedes hacerlo cuando este yo, pero de preferencia no cuando este dormido..- sonrió de lado escogiendo un lugar acogedor y terminando su bebida, dejando el bote vacío en la mesa para que la camarera se lo llevara. Al ver que su compañero había elegido un lugar cercano al vehículo le dio algo de curiosidad. - ¿Temes que se lo vayan a robar? - preguntó ahora pensando que el dramático era su compañero.

La mujer pronto llegó, pero el agente Aftalion no la miró, no le prestó la mínima atención, al menos no por unos segundos hasta que su compañero se trabó, era bella pero no le interesaba. Al notar que su compañero la observaba y se ponía - de alguna manera, nervioso. - el agente lo corrigió - Lo que mi compañero quieres decir es que queremos dos cafés, uno descafeinado. ¿Vale? - expresó a su compañero, ¿que demonios le sucedía? Enseguida la chica asintió y se retiró con la misma sonrisa que le había dado segundos atrás.

El hombre observó como su compañero se ponía colorado y se ponía a leer el menú; sin saber de que se trataba le tomó unos cuantos segundos atar los cabos sueltos, así que observó a la camarera de arriba a abajo unos segundos. "Ya veo" pensó a manera de burla, aunque al mismo tiempo, sacar ese tema le llevaba cierta incomodidad. Salvo su superior, y dos parejas pasadas, nadie sabía de su preferencia, ni siquiera su madre o sus parientes lejanos; no era alguien que compartiera sus experiencias. No mucho tiempo atrás, justo después de haber terminado su relación de muchos años, había usado una aplicación para conocer chicos, pero no le había funcionado, todos eran demasiado superficiales o buscaban solo sexo, y el hombre no se encontraba a favor de continuar con el vacío que tenía su vida.

- Ammm......por que.... - trató de buscar otro tema de conversación. - ...la comida...es buena, mira las hamburguesas, a ver si alguna te gusta. - ¿había sido demasiado obvio con su explicación o tenía que ser más especifico? Aftalion suponía que la confianza entre ellos debería ser fuerte desde el comienzo, y si tenía que contarle sobre su situación, tal vez ganaría puntos. - Nadie sabe, o bueno, no muchos...- carraspeó esperando que nadie más le escuchara mientras que su corazón se aceleraba. Tomó la carta e hizo el mismo gesto que su compañero, no quería que viera su rostro cuando dijera aquella confesión. - Yo soy gay.- lo dijo fingiendo que veía el menú, pero a la vez cubriendo su rostro. - Y no te preocupes de que durmamos juntos en la habitación, la habitación es doble....dos camas....aunque jamás te vi con esa intención....o sea.........yo y tu.....bueno......no somos compatibles....tu sabes...ni anteriormente jamás hubiera pensado que tendría algo con mi nuevo compañero....nunca pienso en eso....al menos no cuando trabajo....bueno, tampoco cuando no trabajo.- estaba divagando y tenía que parar, así que alzó la mano y gritó. - CAMARERA! - enseguida ella llegó. - Traiga lo más delicioso. Gracias - le dijo para tratar de cambiar de tema.


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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Roanoke el Lun 6 Feb - 11:46

Walter
Vaya, ¿nuestra primera cita, y ya me das calabazas? Y yo que pensaba que al menos antes íbamos a echar un polvo. – Bromeó con tono serio ante el nerviosismo de su compañero, echándose hacia atrás en el asiento, con uno de sus brazos estirado sobre el borde del respaldar del sillón. Como si pudiera alimentarse de su propio nerviosismo, a cada titubeo de Damon, él se sentía más fuerte. Básicamente porque le hacía recordar que no era el único que se ponía nervioso cuando le tocaban un tema sensible. Por mucha pinta de tipo duro que tuviera el agente Aftalion, le sucedía exactamente lo mismo y eso le tranquilizaba.

Más gracia le haría aún que intentara excusarse en la camarera, el punto débil de W, como una especie de “contraataque”. Pronto llegaría con la misma libreta sujeta contra su pecho. Sólo que en esta ocasión, Walter ni siquiera se molestó en  mirar hacia su dirección. Le divertía demasiado la situación tal y como ya era, así que en su lugar, contestó mirando todavía fijamente a Damon, con el único objetivo de ponerle más nervioso aún. De todos modos, hacía un par de minutos que había elegido lo que quería, así que no le hacía falta volver a mirar la carta para decirlo en voz alta. – A mí tráigame la hamburguesa grandburguer, con doble de bacon. Gracias. – Fue marcharse la camarera, y no pudo aguantar más. Rompió a reír. Estaba siendo cruel con él al tener esa reacción bromista, lo sabía. Seguramente era un momento importante para Damon, aunque Walter no le diera importancia, así que, por si se molestaba, le cogió de la muñeca para que no se levantara y empezó a mascullar “lo siento” entre risas. Al acabar, se limpió el rabillo de los ojos, ahora húmedo.

No te lo tomes a mal, ¿de acuerdo? No te juzgo. Es sólo que… Me ha hecho gracia cómo lo has dicho. Me lo has puesto muy fácil. – Tomó  el café que les había traído la camarera en la segunda ocasión que vino a tomarles nota, y dio un sorbo para aclararse la garganta, carraspeando a continuación para hablar con mayor claridad. – En el fondo incluso te admiro. Hace al menos un par de años que sólo me masturbo viendo porno gay, pero nunca he tenido los huevos de salir a la calle y ligarme a un hombre, ¿sabes? – Después de un segundo sorbo, apartó por fin su mano de la del agente Aftalion. Por lo menos confesando eso, y sosteniéndole al mismo tiempo, había conseguido que no se fuera, pero apostaba a que debía encontrar asqueroso que le estuviera agarrando con la misma mano con la que se estimulaba, aun estando ahora completamente limpia, así que en ese aspecto, había sido suficiente. – Aunque no me considero gay por hacer eso. Es más bien que… Bueno… siempre he sentido curiosidad. (Llámala curiosidad, o alguna que otra erección en los vestuarios). – Al decir eso último, se frotó la cara. Nunca había admitido eso en voz alta. Mierda, ahora sí que se estaba poniendo rojo. – Pero no fue hasta que… Mi esposa… Tuvo un accidente – Su ceño se frunció ligeramente al pronunciar esas palabras. No era la verdad, pero tampoco confiaba lo suficientemente en Damon como para revelarle todo sobre su pasado. Si lo hacía, sabía que dejaría de pensar en él como en su igual,  y empezaría a considerarle el “pobre diablo con una mujer pirada y una hija muerta”. No iba a permitir que sintiera por él más lástima de aquella con la que estaba dispuesto a lidiar. – cuando acepté explorar esa faceta de mí. Me sentía mejor, ¿sabes? Me sentía mejor masturbándome viendo a hombres que a otras mujeres; menos culpable. – Cuando se dio cuenta, había dejado de beber a cortos intervalos, para simplemente observar su propio reflejo en el líquido negro, mientras giraba la taza entre sus manos sobre la mesa. De inmediato se detuvo, dando un último gran sorbo para vaciarla, dejarla a un lado y dejarse de niñerías. ¿Cuándo les traería la camarera su maldita comida?

¿Sabes lo que creo que me atrae menos de tener sexo con un hombre? – Preguntó al cabo de un rato. Por fin pudo verse al fondo del local que la camarera traía sus dos hamburguesas, intentando hacer equilibrio mientras esquivaba clientes y mesas. – Tener que decir que soy “virgen”, con treinta y cinco años a mis espaldas. Porque se me consideraría virgen, ¿no? Por no haberme acostado antes con otro tipo. – La camarera, que ya les había alcanzado cuando el agente Ferguson pronunció esas últimas palabras, les dirigió una mirada de disgusto al escucharlas, aparentemente decepcionada.

Aquí tienen, caballeros. Si desean algo más, sólo denme una señal.

Ehm, sí. Espere. Tráigame un vaso de agua, por favor. – Añadió Walter antes de que se marchara por tercera vez, mientras se frotaba las manos, con sus ojos azules ahora pendientes únicamente de la comida. Especialmente de las patatas fritas.  
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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Mar 7 Feb - 5:04

DAMON
Por unos minutos, Walter le hizo olvidar que se encontraban cazando a un asesino y eso de alguna manera lo hizo sentirse en confianza; era realmente difícil que alguien que fuera su compañero tuviera tanta confianza con él, posiblemente por la forma de ser de Aftalion todos terminaban hastiados de él.

Las palabras de su compañero ciertamente lo hicieron ponerse rojo, pero no pudo aún centrar su mirada en los ojos ajenos. No quería ni siquiera pensar en si Walter le atraía o no - que sabía que era atractivo para la vista de cualquiera, hasta la propia camarera se había dado cuenta - pero al final de cuentas, el rubio había hecho el comentario en tono de broma, ¿no era así? - Yo no salgo en citas. - murmuró de forma tajante, colorado, aún mirando el menú de alimentos y después revisando el teléfono celular, como si rogara recibir una llamada del caso en esos momentos como para desviar toda la atención de su homosexualidad. - Y evidentemente tampoco echo polvos. - seguía concentrado en su móvil, revisando información vieja de su correo electrónico, correos que ya había leído anteriormente, porque de alguna manera, tenía un pequeño trastorno obsesivo-compulsivo, logrando que todo su móvil estuviera al día. - Pero pensaré que lo que has dicho es una broma...- dijo moviendo su pulgar nerviosamente, mirando hacía la pantalla de su móvil. "Por favor, que venga la camarera, que me llamen por teléfono o que caiga un rayo...no a mí, aquí cerca.- pero no, el cielo estaba muy despejado. ¿Podría hablar del clima como para desviar su atención?

Walter lo miraba fijamente, y hasta que no lo hiciera, Damon no dejaría de ver la pantalla. Sentía su mirada penetrante hacía él, pero también trataba de sacar su porte y seguridad de alguna manera. "- Soy un agente del FBI, he estado en escenas de crímenes, he charlado en conferencias....no me puede poner este tema nervioso."- pero claro que lo hacía, puesto que discretamente había tenido dos relaciones amorosas con hombres, una con un viejo compañero de la Academia, y otro - por sorprendente que fuera el caso - con un sospechoso que había resultado ser bastante inocente. Después estuvo el lío con su Delegado, quién le había dado la oportunidad de tomar el expediente de asesinato. Y nada más. De alguna manera sus deseos sexuales estaban reprimidos y eso era bueno de alguna manera, no podía dejar salir todos sus problemas al mismo tiempo.

El golpe llegó cuando Walter carcajeó. Damon miró a la ventana, tratando de aguantar para no golpearlo ¿se estaba burlando de su homosexualidad o sobre su estado intimidatorio? Estuvo a punto de levantarse cuando recibió el tacto de la mano ajena; fue en ese preciso momento que los ojos hicieron contacto con los de su compañero. - No entiendo que es lo que te da risa. - cuando empezó a explicar que se lo había puesto muy fácil, se preguntó si su compañero que no entendía que estaba tratando de ser un aliado sincero; después de la crisis necesitarían confianza, y más que eso.

El aroma del café que aspiró Damon lo tranquilizó, sabiendo que el suyo no contenía cafeína alguna, así que le dio un sorbo, pero en el momento en que su compañero exclamó las palabras acerca de la masturbación, el agente tosió, escupiendo parte del sorbo, haciendo que resbalara por su mentón y cayera a su propia camisa, corbata y pantalón, tratando de asimilar ese hecho. En un movimiento rápido tomó una servilleta con la mano libre y empezó a limpiarse la piel, aunque la mancha de la camisa no se quitaría tan fácil. - "Mierda.-"

Volvió a tratar de hacer hincapié en las cosas que habían sucedido. Su compañero se masturbaba viendo porno gay, y el simple hecho de imaginarlo le hizo pensar dos cosas: primera, que la mano con la que seguramente lo hacía, estaba aferrada a la suya; así que la retiró de su lugar - y parecía que Damon se había dado cuenta de ello también-. Segunda, que indudablemente ser testigo de aquello sería sumamente sexy y que cuanto antes tendría que acallar esos pensamientos a como diera lugar. - Oh....- dijo dejando que el silencio volviera a hacerse presente, dando oportunidad a sus pensamientos de ordenarse. Por instinto, volvió a desbloquear la pantalla de su móvil. Nada. Ni siquiera un correo electrónico de SPAM.

- Bien.......debo decir que todo esto me toma por sorpresa.- no sabía por donde empezar, las dos últimas veces que había hablado de su homosexualidad, había sido porque las otras personas había dado el primer paso, y en esta ocasión, él era quién debía de guiar al otro, de alguna manera se sentía con esa responsabilidad. - No se necesitan tener huevos, se necesita simplemente dejar ser. No es que yo sea un buen hombre ligando......creo que se nota. Pero al menos me he dado la oportunidad de experimentar, de tener una relación estable...- no podía ponerse en el lugar de su compañero, simplemente porque no era gay, solo le había dado las ganas de ver porno gay. - Pero, ¿te atraen los hombres? Bueno, si en los vestuarios has tenido....- se rehusaba a usar la palabra, pues no quería imaginarse - por su salud sexual mental - a su compañero empalmado. - "sorpresas", puede ser que si te atraigan....algunos.- él también había sufrido esa parte, pero por lo mismo, trataba de ducharse cuando no había otro compañero.

Sentía que volvía a ganar partido al notar que su compañero se ponía un poco sonrojado, desconociendo la situación de la esposa, ya que el expediente que había leído de Walter era meramente laboral. - Lo lamento...- volvía a tocar un tema delicado y no supo precisamente que decir, ¿su esposa vivía? ¿estaba muerta? La confusión del hombre era evidente, su rostro lo denotaba, pero no quería ser otra incomodidad.

- Te gusta decir esa palabra, ¿verdad? - dijo cuando la palabra masturbación estuvo presente nuevamente. - ¿Menos culpable? ¿De sentirte atraído? - la camarera había regresado con su comida y cuando supo que los había escuchado Damon se rascó la parte lateral de su cabeza. - Tienes que empezar a ser más discreto.- dijo en voz baja cuando la chica se retiró amablemente. - Bueno...no se...supongo que te podrías no considerar virgen porque has tenido sexo antes, aunque con un hombre sería algo nuevo. No se cual sería la terminología correcta. Tan solo tendrías que decir que es tu "primera vez", cuando la tuvieras. Seguramente el otro te daría una explicación detallada de que es lo que tienes que hacer.- y aquellas palabras hicieron que por primera vez sonriera, por lo que lo había dicho con tono de broma. - ...aunque debes de saberlo ya, si has visto porno...así que debes de saber por donde....introducirla y dejarte introducir...- los ojos azules del otro se postraron en la comida, así que Damon prosiguió a darle una mordida a su hamburguesa, disfrutando del sabor y la consistencia de aquella cocina. En efecto, eran justo las hamburguesas que recordaba. - Hablando de discreción...es evidente que también te pediré no decir nada acerca de esto...nadie sabe sobre mi sexualidad, salvo......bueno, no importa.- dijo dando otra mordida antes de cometer uno de los errores más grandes de su vida, ¿sería obvio que decir que el delegado del FBI era homosexual y su amorío anterior tendría que ver con la asignación del caso?

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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Roanoke el Mar 7 Feb - 11:30

Walter
De sentirme atraído por otra persona que no fuera mi esposa. – Aclaró, queriendo confirmar el hecho de que no creía que hubiera nada de malo en encontrar excitante el sexo entre hombres. – Antes solía masturbarme pensando sólo en ella, o en cosas que hubiéramos hecho juntos… Tú me entiendes. Pero desde que pasó lo que pasó, sentía que hacerlo era aferrarse a la nada. Y ver porno hetero, era como intentar sustituirla por otras mujeres. No lo sé, sé que puede sonarte estúpido, pero cuando quieres tanto a alguien, incluso algo tan simple te parece una traición.

En sus labios se dibujó una sonrisa traviesa ante el comentario de Damon. Le encantaba lo incómodo que se sentía hablando de ese tipo de asuntos sexuales. En el fondo, le hacía preguntarse si no había algo más que le ocultase; alguna especie de fetiche extraño que tenía miedo que descubriera si seguían profundizando en ese tema. En su caso, hablar de sexo con otros hombres no era nada de otro planeta, de ahí su falta de censuras. O incluso con algunas de sus más viejas amigas. Recordaba que en el instituto, en una época en la que el internet era apenas un invento nuevo de posibilidades limitadas, quedar con sus mejores amigos para hacerse pajas juntos cuando alguno encontraba alguna revista vieja de su padre escondida en el garaje, era un acontecimiento habitual. Ese tipo de joyas era prácticamente una ley compartirlas, y en el fondo a todos les gustaba competir por a quién se le ponía más grande, o cuál duraba más antes de correrse. ¿Tradiciones poco ortodoxas? Puede que sí. Alguna vez se había preguntado si no sería lo corriente. Sobre todo cuando su padre les pilló, y Walter recibió la azotaina del siglo, sin comprender el porqué de esa reacción por su parte. ¿Acaso no hizo él lo mismo a su edad? El caso es que todo esto hacía que ese tipo de cosas se le antojaran de lo más naturales. Sólo los sonrojos y pausas de Damon, habían hecho que no le ofreciera ver juntos alguna de sus ya clásicas películas para pasar la noche.

Tranquilo, no se lo diré a nadie. – Le aseguró después de que se hubiera ido la camarera, sacando una de las tiras de bacon del interior de la hamburguesa para mordisquearla como si fuera una patata frita. El bacon era una de sus obsesiones, y la principal razón por la que estaba convencido de que, como no siguiera haciendo ejercicio una vez se jubilara del cuerpo, terminaría pesando una tonelada. – Aunque no creo que el resto de compañeros tuvieran una reacción distinta a la mía. Bueno… – Se corrigió, ahogando una carcajada al cubrirse la boca con la mano, para que no saliera parte de la comida que masticaba, despedida por los aires. – Dudo que todos te digan que en sus tiempos libres les gusta ver cómo dos tíos hacen el perrito. Sabes a lo que me refiero. No son tan cabrones como parece.

No fue hasta haberse acabado la mitad del bacon, cuando empezó al fin a comerse la hamburguesa entera. Había pedido una variedad que traía huevo, así que pronto la ruptura de la yema hizo que todo su plato se llenara del líquido amarillo, que usaría a modo de salsa para sus patatas, y sería la culpable de que terminara gastando la mitad de las servilletas que había en el dispensador de la mesa para limpiarse las manos. – Qué rica está la condenada. Cuando pasé por aquí con el coche esta mañana, no me imaginaba que sería para tanto. – Gruñó en voz alta, procurando no llamar mucho la atención, puesto que sabía que eso le molestaría a Damon, y ya le había fastidiado suficiente por lo que quedaba de mañana. – Hm, gracias. – Le dijo a la camarera cuando por fin le trajo su vaso de agua. Pese a tener ganas de soltarle que a esas alturas ya no le hacía falta, pues se había comido prácticamente todo el almuerzo. – Cuando acabemos vamos a tener que ir al baño. Estamos quedando hechos un asco.

Cómo no, la voracidad del agente Ferguson haría que fuera el primero en terminar de comer. Al hacerlo, dejó el cuchillo y el tenedor cruzados sobre el plato, como señal de que podían llevárselos, y se recostó hacia atrás en el sillón de cuero rojo, con la mirada clavada en cómo terminaba de comer Aftalion. – Eres demasiado cuidadoso. Creo que hay niñas de diez años que dan bocados más grandes que tú. – Bromeó, atento a cómo volvía a llevarse la hamburguesa a la boca. Ahora que sabía qué era lo que le gustaba, no pudo evitar preguntarse si se metería con tanto cuidado todo lo que entraba ahí dentro. Después de todo, tenía unos buenos labios. Normalmente los hombres tenían más grueso el inferior que el superior, pero Damon compartía el mismo grosor en ambos. ¿Le ayudaría eso a chupar mejor cuando…? – Bueno, ya me he cansado de tener las manos pegajosas. – Soltó para forzarse a cortar aquel hilo de pensamientos. A ese paso, iba a acabar poniéndosele dura ahí mismo. Y entonces sí que no iba a estar dispuesto a levantarse de la mesa. Por Dios, ¿a quién en su sano juicio le ponía cachondo ver a alguien comiéndose una hamburguesa? – Ahora vuelvo. Y no te olvides de vigilar mi coche mientras no esté. – Añadió antes de levantarse, con voz gruñona y autoritaria. Y es que en el fondo, le echaba la culpa de su estado. Si no estuviera tardando tanto, nunca se habría fijado tan en detalle en su boca, o cómo el sol arrancaba destellos dorados de sus ojos verdes cada vez que alzaba la mirada.
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Re: The 21 Sacrifice

Mensaje por Sagittarius el Sáb 11 Feb - 4:29

DAMON
Sin dudarlo, Damon estaba atravesando un momento de curiosidad, bastantes preguntas atravesaron su mente al pensar si quiera en que su compañero se atrevería a hacer algo con un hombre. Entendía el hecho de que muchos heterosexuales, al probar algo homosexual, solían regresar a sus gustos, tal vez porque no les había agradado la sensación o experimentación, o porque era algo que sus mentes no podía procesar. - Te quisiera entender pero me es difícil. Aunque en cierta manera lo hago, es como si yo hubiera estuviera pensando en otra persona al encontrarme de pareja con alguien...una especie de traición de pareja.- de nueva cuenta la masturbación fue el tema hablado y decidió no decir algo sobre la palabra sobre todo porque imaginarse a Ferguson masturbándose, seguramente lo pondría caliente; ni siquiera en sus fantasías había pensado el hecho encontrarse a su compañero en el cuarto de hotel observando porno gay, es más, ni siquiera había pensado que pudiera desear a su compañero.

Para su fortuna, el tema volvió a cambiar acerca de su esposa, y eso sin duda era algo que le hacía poner un freno de mano en sus pensamientos. - Sustituirla...te entiendo. Aunque no creo que la sustituyas, ella siempre tendrá un lugar en tu corazón, ¿no crees? Independientemente si estuvieras con hombres o con mujeres, son personas diferentes y ella fue...es....especial.- no sabía en que forma gramatical tenía que expresarse puesto que desconocía si su mujer se encontraba viva, pero estaba seguro que no tendría punto de comparación, ya que él jamás había tenido a alguien tan cercano que hubiera sufrido algún tipo de accidente.

Damon siempre se había destacado por ser alguien tranquilo, durante la universidad y sus estudios académicos era el típico chico inteligente que no solía hablar mucho, y el que siempre evitaba los temas acerca de sexo; recordaba cuando sus maestros le enseñaban los vídeos de educación sexual y como, en ocasiones, faltaba a clase o prefería poner una excusa para no tener que enterarse del tema. Durante sus estudios secundarios había descubierto que varios amigos empezaron a cambiar los videojuegos por mujeres, por experiencias sexuales, pero siempre estaban los que no eran muy sociales; entre ellos se encontraba el inteligente Damon. Ni siquiera recordaba haber hablado del tema sexual con algún amigo y en aquél entonces supo que tenía un problema de comunicación. Conforme fue creciendo, en la Academia, se enamoró, siendo plenamente correspondido después de haberse enamorado de muchos hombres heterosexuales. Recordaba haber tenido sexo en las duchas con su compañero en incontables ocasiones, en los momentos en que sus demás amigos se habían retirado y nadie pudiera encontrarlos, siendo una especie de ritual y momento íntimo que solían tener ellos dos.

- Gracias, no creo que sea algo malo ser como soy, pero no soy alguien que comparta mucho sus experiencias. Si te soy sincero, creo que tu eres de las pocas personas que en tiempo récord sabe algo más de mí, que solo el hecho de haber sido el Agente que fracasó en los asesinatos de Walter Sullivan. Sabes acerca de mis crisis, ahora de mi sexualidad...es un poco preocupante. ¿Sabes? - dijo como en tono de sarcasmo, pues tenía que admitir que Fergurson era demasiado diferente a él, más liberal y más bocata en cierto sentido, por no decir imprudente.

El Agente disfrutó especialmente los pepinillos incluidos dentro de su hamburguesa, y pudo ver como el otro hombre saboreó también su almuerzo; era obvio que después de un viaje en autobús de cinco horas desde Nueva York, la hamburguesa era lo mejor que había podido comer después de apenas un snack de chocolate, un café, y el té relajante. - Pues si te siente bien escucharlo, a mi también me gusta ver como dos hombres lo hacen de perrito y en muchas otras posiciones.- tragó con dificultad después de decir aquello, pero al menos podía considerarlo como una broma, aunque demasiado real, puesto que él también se masturbaba de vez en cuando viendo esa clase de vídeos. - Y también me toco viendo esos vídeos. - al decir eso se acercó al agente para apenas susurrar, como si fuera un secreto entre ellos.

Damon aprovechó para tomar la salsa Ketchup y poner una gran porción en su hamburguesa y sus papas, al parecer cada uno de ellos tenía sus propios gustos, y lo pudo notar al ver como la yema del huevo de la hamburguesa del rubio se desparramaba por su plato. Aftalion tomó una de sus propias patatas y la llevó hasta la salsa, para probar ese nuevo sabor. - No está mal.- murmuró tapando su boca mientras masticaba. - A decir verdad, cuando me dijeron que tendría un nuevo compañero te había puesto una cara de señor de sesenta años a punto de jubilarse.- dijo con sinceridad sonriendo, tomando una servilleta para limpiarse los labios. - Tengo más de veinte años viniendo a este lugar...siempre igual, sin cambios. Cuando vivía aquí solía atravesar la ciudad solo por venir a estas hamburguesas. Yo crecí en la zona opuesta de la ciudad...aquí nací, por eso conozco muchos lugares....Tal vez por eso este caso representa mucho para mi. -  el agente sonrió al notar que Ferguson hacía caso a sus comentarios respecto a ser más discretos y ahora, conocía más cosas de él.

- Yo solo tengo un par de manchas y dudo que algo pueda limpiarlo pero trataré.- siguió masticando pero al escuchar el comentario del rubio lo miró de mala gana, y luego negó con la cabeza sabiendo que todo era una broma. - Tal vez yo soy más educado que tu y aprendo a disfrutar los sabores de una buena comida. Tu tenías hambre y comiste como niño hambriento.- se burló terminando la hamburguesa, dejando los utensilios a un costado mientras que le pedía a la camarera la cuenta, alzando la mano en señal.

- ¿Qué? - preguntó cuando observó que el hombre se había quedado observando sus labios más tiempo de lo habitual. - ¿Tengo salsa? - pensaba que quizá se había quedado sucio al comer la hamburguesa. Evidentemente también tendría que ir al baño a lavarse la cara y las manos, así que en cuanto la camarera llegó con la cuenta el hombre sacó su billetera y depositó amablemente los billetes; mientras tanto, la camarera lo miraba atento, y también el lugar vacío del rubio, con una mirada traviesa, como si haber escuchado eso acerca de "no haberme acostado antes con otros tipos", le diera una idea de alguna historia que su cabeza había creado sacando conclusiones. - No...él y yo no...- se levantó de golpe, nervioso, acomodándose su corbata. ¿Porque tenía que dar explicaciones? - "Lo voy a matar".- sabía que había hablado en voz demasiado alto.

El hombre caminó hasta el baño hasta llegar al lavabo y observarse al espejo, no tenía nada malo en su rostro, ni mancha de salsa, aunque no podía decir lo mismo de su camisa y corbata, las cuales se habían ensuciado por el café. - Puedes salir a cuidar el coche tu mismo en lo que trato de arreglar este desorden. Tu amiguita camarera ahora piensa que tu y yo hacemos cosas....su mirada me lo dijo todo. Eso te pasa por abrir tu bocota.- le dijo de reojo, sin saber que era lo que estaba haciendo el hombre, puesto que no quería voltear en caso de que estuviera orinando.

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