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No Man's Heart

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No Man's Heart

Mensaje por Milady el Lun 31 Oct - 18:08




Ishbel McLeod
32 años · Eleanor Tomlinson · Ladie

   
   


   
Alexander Harper
36 años · Sam heughan · Milady
No Man's Heart
PLOT · Sci-fi · 1x1

   Año 2086.

El "Proyecto Galatea" da comienzo con las primera nevadas de la estación.

Su objetivo es crear el primer prototipo de androide con una Inteligencia Artificial independiente y emociones humanas.

Para ello, Europa junta a sus dos mejores científicos bajo el mismo techo en una localización protegida y secreta al noroeste de Dinamarca, en un lugar inhóspito y lejos de cualquier mirada indiscreta o espionaje.

Por un lado se encuentra Ishbel McLeod, científica reconocida y premiada por sus descubrimientos referentes a softwares, comportamiento humano e inteligencias artificiales. Su objetivo es conseguir crear una mente independiente y emociones tales como las de cualquier humano en un sistema artificial.

Por el otro, encargado del funcionamiento técnico, mecánico y de aspecto del androide, está Alexander Harper, ingeniero mecánico especializado en robótica y actualizaciones con años de experiencia en su campo al servicio de organizaciones Europeas y de la corona británica.

Sin embargo, el proyecto no será fácil y, además, se añade el hecho de que Ishbel y Alexander tienen su propio pasado común. ¿Conseguirán crear esa Inteligencia Artificial y, de ser así, podrán controlarla?
phoenix ⚓


   


Última edición por Milady el Lun 31 Oct - 20:34, editado 2 veces


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Re: No Man's Heart

Mensaje por Milady el Lun 31 Oct - 20:29


Alexander Harper
con Ishbel McLeod
Dinamarca
Instalaciones "Galatea"
Noviembre, 2086

   

   El edificio se asemejaba al huesudo nudillo de un gigante que había muerto siglos atrás, rodeado de vegetación y grandes árboles de hoja perenne que se inclinaban suavemente bajo el peso de la nieve. Era moderno, de esos que siempre salen en las páginas de las revistas de moda, y Alexander no pudo pensar que no podía ser más contrario a su casa en Mayfair. Le pareció un edificio frío y no pudo evitar echar de menos la casita de ladrillo rojo y ventanas blancas en donde había pasado los últimos cuatro años.

El motor del vehículo de empresa murió y cogiéndo su maleta y mochilas, se encaminó hacia la puerta principal. Sinceramente, aquel proyecto no le hacía ni la mitad de ilusión de lo que, en un principio, le había hecho. Era obvia la razón de por qué. Metió su código en la pantalla y pudo acceder al interior con el suave sonido siseante al empujar la maciza puerta blanquecina. Durante unos instantes ninguna luz se encendió hasta que progresivamente el interior pareció reaccionar.

Silencio, un silencio que le hizo sentir aún más frío.

No había visto vehículo alguno en el exterior por lo que, entendía, estaba solo. Aún así, no pudo evitar alzar la voz para asegurarse:

¿Hola?.

Buenos días, señor Harper—respondió una voz femenina y, obviamente, mecánica. La conciencia de aquella casa—por favor, póngase cómodo. Es el primer en llegar. Puedo preparar café, si lo desea.

Un té, gracias...—asintió el escocés. Las conciencias independientes de las casas no le eran desconocidas, en aquellos tiempos se habían puesto de moda hacía años.

Así que, sintiendo como la calefación se encendía, arrastró su maleta de ruedas por el pasillo y se instaló en una de las dos habitaciones que encontró, comenzándo a sacar de la maleta sus pertenencias. Alexander era ese tipo de personas que, no importa cuanto tiempo vaya a pasar en un lugar, necesitan hacer cómodo su lugar de descanso y colocan la ropa en el armario.
   
Archivo I "Uprooted"
phoenix ⚓


   


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Re: No Man's Heart

Mensaje por Ladie el Lun 31 Oct - 23:48


Ishbel McLeod
con Alexander Harper
Dinamarca
Instalaciones "Galatea"
Noviembre, 2086

 

Las ventanas se abrieron solas sin emitir un solo ruido, dejando un entrar un haz de luz en la habitación. Entraba en exactamente en un ángulo de 65 grados, calculado al milímetro por el sistema automatizado de la casa. Suficiente para que la luz alcanzara la cama y me obligase a abrir los ojos, pero no la necesaria para hacerme daño en las retinas cuando los abriera. Seguía pensando que cuando abriera los ojos vería Londres a través de las ventanas del techo de mi ático. Podías descargar las particularidades de tu rutina en un sistema operativo diferente, pero esas paredes seguían sin ser mi hogar aunque hicieran lo mismo. Cuando me levantara de la cama el suelo estría a 26º centígrados, y toda la cocina olería al café cortado, recién hecho y humeante, que esperaba en una taza con dos dosis de café haciéndole compañía a una cucharilla. Abrí los ojos, y como bien sabía, sólo había techo. En mi ático céntrico (última planta, un baño enorme, dos habitaciones, un salón-cocina amplio y diáfano con techos altos y una cristalera que daba a la enorme terraza llena de plantas) mi habitación tenía las ventanas incrustados en sus techos inclinados. Si hacía lluvia la veía precipitarse sobre mí sin alcanzarme nunca, de noche las estrellas titilaban a través del cristal, y en verano dejaban entrar la brisa. Pero allí solo había techo, y un frío de cojones.

Me puse en pie con un suspiro, sacando los pies de la cama.  Automáticamente el pequeño dispositivo auricular que descansaba en mi mesita de noche se encendió con una suave luz gris-azulada, iluminando la frontera oscura que separaba el mueble de la cama.

Buenos días Ishbel, son exactamente las 7:47 A.M., hay una temperatura exterior de 4º centígrados. La voz artificial tenía un tono neutro, aflautado pero natural, increíblemente natural. Lo recuperé con suavidad y me lo coloqué en la oreja con un gesto repetido tantas veces que estaba grabado a fuego en mi memoria muscular. ¿Quiere música ambiental?

- No, hoy no. Despliega las noticias de hoy.


A unos 30 centímetros de mi cara se desplegó una pantalla virtual, una imagen proyectada en el aire en la que empezaron a desfilar las noticias del día mientras caminaba por la casa. Todo tenía ese aire correcto elegante e impersonal de las casas de huéspedes, hecho que atestiguaba mi set de 3 maletas junto a la puerta. Ni siquiera me había molestado en deshacerlas, no iba a pasar en aquel apartamento el tiempo suficiente. Cuando entré en la cocina el ¡clinc! de la tostadora me dio la bienvenida, las saqué sin mirar, leyendo el periódico mientras untaba un cubito de mantequilla detrás de otro mientras estuviera muy caliente, me gustaba que estuviera derretida. El café era intenso y caliente, tanto que podría haberme quemado la lengua pero aún así tragué.

- ¿Emails pendientes?

Uno, Ishbel. De Jacob McLeod - Papá. Recibido a las 6:23 A.M.

- Ábrelo.


Las primeras noticias del día se vieron relegadas a un segundo plano cuando mi bandeja de entrada se desplegó. La orden oral me ahorró abandonar el desayuno y el email se desplegó delante de mis ojos. Torcí el gesto mientras masticaba, claro, mi padre tenía las mejores intenciones del mundo deseándome suerte en mi primer día en aquella importante oportunidad de retomar mi sueño apalancado llamado Inteligencia Artificial. Dulce inocencia, aún no sabía con quien tenía que compartir el proyecto. Me bebí de golpe el café y desplegué el teclado, escribiendo una respuesta rápida, entusiasta y más falsa que una moneda de chocolate, pero con un te quiero al final. Cuando lo envié me quedé con la extraña sensación de que estaban muy lejos. No era una niña, se suponía que no debía echarlos de menos, pero lo hacía.

- Cierra la pantalla, y pide un taxi para dentro de cuarenta minutos, ya sabes la dirección. Después apagate.

Sí, Ishbel.

Y sin más, el email y el periódico desaparecieron de mi visión. Me introduje en mi rutina de higiene diaria para no tener que pensar. Ducha, lavarse los dientes, cremas, pelo, un poco de maquillaje. De pronto estaba en aquella puerta, sobre unos estúpidos tacones que no quería llevar, con aquel traje corporativo y su falda de tubo que apenas me permitía dar una zancada. Cuando abrí la puerta y bajé, arrastrándo las pesadas maletas por el suelo pulido, el taxi ya estaba abajo. No necesitaba conductor, su sistema inteligente me llevó hasta el edificio de la corporación, atravesando las calles frías, transitadas por los más madrugadores. El frío de Dinamarca en Noviembre se me metió por el bajo de la falda, haciéndome tiritar y maldecir el código de etiqueta formal. Todavía no había nieve, pero en algún momento de los próximos meses aquel asfalto estaría cubierto con un manto blanco y helado. El edificio parecía desangelado, o tal vez era yo, que no podía verlo con buenos ojos mientras pasaba por el marco de la puerta. No podía ser tan terrible... ¿Verdad? Trabajar juntos otra vez, después de tantos años. Sólo tenía que centrarme, ser profesional y mantener las líneas de cada cosa en su sitio. Introduje el código casi sin pensar, una fecha recurrente con las cifras desordenadas, porque haber puesto el cumpleaños de Matthiew en su orden numérico natural era ponérselo muy fácil a cualquier idiota que supiera usar un navegador. La puerta se abrió, dándo espacio a otro apartamento de aspecto impersonal, pero mucho más cuidado y menos temporal. Allí tendría que vivir, y ni siquiera sabía cuanto tiempo.

- Buenos días, señora McLeod, bienven

- Mm, no nada de señora. ¿De verdad me había llamado señora? Puse los ojos en blanco, tocándo el pequeño dispositivo en mi oreja. El discurso impersonal y mecánico se detuvo cuando mi dispositivo se filtró en el sistema, mandándole callar.- Actualiza mis preferencias en el sistema operativo de la casa. El paquete doméstico, versión 4.7 con invitados. Selecciona el 3.1.8 para mi habitación, la de la.. Eché un vistazo la pasillo. La luz en la habitación de la derecha delataba su presencia de una forma tan palpable como el silbido de una olla calentando agua para el té.- izquierda. Tomé aire, me estiré la ropa y cerré los ojos en un ejercicio de mentalización. Recuerda, Ishbel, profesionalidad.

Actualizaciones instaladas. Antes de empezar el procedimiento el S.C. genérico ha mandado al señor Harper una notificación de su llegada, Ishbel.

- ¿¡Qué?! ¡Mierda! Farfullé en voz baja. ¿Qué iba a pensar ahora, que no tenía la entereza de saludar directamente? ¿O que prefería no hablar con él? Lo segundo podía entrar dentro de lo posible, de hecho me lo había planteado pero de pensarlo ha hacerlo había una diferencia muy grande.  Solté las maletas en el suelo, con fastidio. - Malditos sistemas genéricos.


 
Archivo I "Uprooted"
phoenix ⚓


 


La otra tablilla:
32 Años
Codificadora
Dinamarca
2086
Uprooted
Con Milady

Capítulos: IIIIIIIVV

Las ventanas se abrieron solas sin emitir un solo ruido, dejando un entrar un haz de luz en la habitación. Entraba en exactamente en un ángulo de 65 grados, calculado al milímetro por el sistema automatizado de la casa. Suficiente para que la luz alcanzara la cama y me obligase a abrir los ojos, pero no la necesaria para hacerme daño en las retinas cuando los abriera. Seguía pensando que cuando abriera los ojos vería Londres a través de las ventanas del techo de mi ático. Podías descargar las particularidades de tu rutina en un sistema operativo diferente, pero esas paredes seguían sin ser mi hogar aunque hicieran lo mismo. Cuando me levantara de la cama el suelo estría a 26º centígrados, y toda la cocina olería al café cortado, recién hecho y humeante, que esperaba en una taza con dos dosis de café haciéndole compañía a una cucharilla. Abrí los ojos, y como bien sabía, sólo había techo. En mi ático céntrico (última planta, un baño enorme, dos habitaciones, un salón-cocina amplio y diáfano con techos altos y una cristalera que daba a la enorme terraza llena de plantas) mi habitación tenía las ventanas incrustados en sus techos inclinados. Si hacía lluvia la veía precipitarse sobre mí sin alcanzarme nunca, de noche las estrellas titilaban a través del cristal, y en verano dejaban entrar la brisa. Pero allí solo había techo, y un frío de cojones.

Me puse en pie con un suspiro, sacando los pies de la cama.  Automáticamente el pequeño dispositivo auricular que descansaba en mi mesita de noche se encendió con una suave luz gris-azulada, iluminando la frontera oscura que separaba el mueble de la cama.

Buenos días Ishbel, son exactamente las 7:47 A.M., hay una temperatura exterior de 4º centígrados. La voz artificial tenía un tono neutro, aflautado pero natural, increíblemente natural. Lo recuperé con suavidad y me lo coloqué en la oreja con un gesto repetido tantas veces que estaba grabado a fuego en mi memoria muscular. ¿Quiere música ambiental?

- No, hoy no. Despliega las noticias de hoy.


A unos 30 centímetros de mi cara se desplegó una pantalla virtual, una imagen proyectada en el aire en la que empezaron a desfilar las noticias del día mientras caminaba por la casa. Todo tenía ese aire correcto elegante e impersonal de las casas de huéspedes, hecho que atestiguaba mi set de 3 maletas junto a la puerta. Ni siquiera me había molestado en deshacerlas, no iba a pasar en aquel apartamento el tiempo suficiente. Cuando entré en la cocina el ¡clinc! de la tostadora me dio la bienvenida, las saqué sin mirar, leyendo el periódico mientras untaba un cubito de mantequilla detrás de otro mientras estuviera muy caliente, me gustaba que estuviera derretida. El café era intenso y caliente, tanto que podría haberme quemado la lengua pero aún así tragué.

- ¿Emails pendientes?

Uno, Ishbel. De Jacob McLeod - Papá. Recibido a las 6:23 A.M.

- Ábrelo.


Las primeras noticias del día se vieron relegadas a un segundo plano cuando mi bandeja de entrada se desplegó. La orden oral me ahorró abandonar el desayuno y el email se desplegó delante de mis ojos. Torcí el gesto mientras masticaba, claro, mi padre tenía las mejores intenciones del mundo deseándome suerte en mi primer día en aquella importante oportunidad de retomar mi sueño apalancado llamado Inteligencia Artificial. Dulce inocencia, aún no sabía con quien tenía que compartir el proyecto. Me bebí de golpe el café y desplegué el teclado, escribiendo una respuesta rápida, entusiasta y más falsa que una moneda de chocolate, pero con un te quiero al final. Cuando lo envié me quedé con la extraña sensación de que estaban muy lejos. No era una niña, se suponía que no debía echarlos de menos, pero lo hacía.

- Cierra la pantalla, y pide un taxi para dentro de cuarenta minutos, ya sabes la dirección. Después apagate.

Sí, Ishbel.

Y sin más, el email y el periódico desaparecieron de mi visión. Me introduje en mi rutina de higiene diaria para no tener que pensar. Ducha, lavarse los dientes, cremas, pelo, un poco de maquillaje. De pronto estaba en aquella puerta, sobre unos estúpidos tacones que no quería llevar, con aquel traje corporativo y su falda de tubo que apenas me permitía dar una zancada. Cuando abrí la puerta y bajé, arrastrándo las pesadas maletas por el suelo pulido, el taxi ya estaba abajo. No necesitaba conductor, su sistema inteligente me llevó hasta el edificio de la corporación, atravesando las calles frías, transitadas por los más madrugadores. El frío de Dinamarca en Noviembre se me metió por el bajo de la falda, haciéndome tiritar y maldecir el código de etiqueta formal. Todavía no había nieve, pero en algún momento de los próximos meses aquel asfalto estaría cubierto con un manto blanco y helado. El edificio parecía desangelado, o tal vez era yo, que no podía verlo con buenos ojos mientras pasaba por el marco de la puerta. No podía ser tan terrible... ¿Verdad? Trabajar juntos otra vez, después de tantos años. Sólo tenía que centrarme, ser profesional y mantener las líneas de cada cosa en su sitio. Introduje el código casi sin pensar, una fecha recurrente con las cifras desordenadas, porque haber puesto el cumpleaños de Matthiew en su orden numérico natural era ponérselo muy fácil a cualquier idiota que supiera usar un navegador. La puerta se abrió, dándo espacio a otro apartamento de aspecto impersonal, pero mucho más cuidado y menos temporal. Allí tendría que vivir, y ni siquiera sabía cuanto tiempo.

- Buenos días, señora McLeod, bienven

- Mm, no nada de señora. ¿De verdad me había llamado señora? Puse los ojos en blanco, tocándo el pequeño dispositivo en mi oreja. El discurso impersonal y mecánico se detuvo cuando mi dispositivo se filtró en el sistema, mandándole callar.- Actualiza mis preferencias en el sistema operativo de la casa. El paquete doméstico, versión 4.7 con invitados. Selecciona el 3.1.8 para mi habitación, la de la.. Eché un vistazo la pasillo. La luz en la habitación de la derecha delataba su presencia de una forma tan palpable como el silbido de una olla calentando agua para el té.- izquierda. Tomé aire, me estiré la ropa y cerré los ojos en un ejercicio de mentalización. Recuerda, Ishbel, profesionalidad.

Actualizaciones instaladas. Antes de empezar el procedimiento el S.C. genérico ha mandado al señor Harper una notificación de su llegada, Ishbel.

- ¿¡Qué?! ¡Mierda! Farfullé en voz baja. ¿Qué iba a pensar ahora, que no tenía la entereza de saludar directamente? ¿O que prefería no hablar con él? Lo segundo podía entrar dentro de lo posible, de hecho me lo había planteado pero de pensarlo ha hacerlo había una diferencia muy grande.  Solté las maletas en el suelo, con fastidio. - Malditos sistemas genéricos.
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Milady el Mar 1 Nov - 18:54


Alexander Harper
con Ishbel McLeod
Dinamarca
Instalaciones "Galatea"
Noviembre, 2086

   

   Centrado en la tarea de hacer de aquella habitación un lugar cómodo y que le hiciera sentir medianamente "como en casa", no escuchó el sonido de la entrada. Para bien y para mal iba a pasar en aquel lugar bastante tiempo y si no se sentía a gusto todo se le haría mucho más cuesta arriba. Bueno, obviamente no iba a estar a sus anchas por una clara razón pero, aún así, necesitaba encontrar algo a lo que aferrarse. Era incapaz de estar en un lugar que no tuviera algo, aunque fuera mínimo, que le recordase por qué hacía todo aquello.

Y la mayor razón estaba presente en aquella habitación de forma figurada.

Matthew.

La fotografía reposaba sobre la cómoda, enmarcada en un cuadro de aspecto plateado y moderno. Por alguna razón, aquella fotografía le gustaba mucho más que todas las que pudiera tener de su hijo cuando era más pequeño. Era una sensación cálida la que se le generaba en el pecho cada vez que la veía y, no podía evitarlo, recordaba aquel día.

Quizás porque había sido poco antes de tener que irse, el primer helado de la temporada y había querido inmortalizarlo. Y aunque sabía que debía trabajar, no podía evitar sentirse un poco culpable por tener que separarse tanto tiempo del niño. A fin de cuentas, lo máximo que habían llegado a estar separados había sido un mes y el "Proyecto Galatea" no parecía que fuera a resolverse tan rápidamente.

Estaba seguro que echaría de menos la mera presencia de su hijo... ya lo hacía.

Una notificación apareció en la pared holográfica de la habitación: Ishbel McLeod ha entrado en el S.C.

No pudo evitar tensarse. La mera idea de pasar todo ese tiempo junto a Ishbel era desagradable, incluso podía volverse una pesadilla y, estaba seguro, en algún momento las chispas saltarían y no para bien. Aún así, intentaría ser profesional y racional; apartar orgullo y su testarudez para hacer de aquel lugar un sitio habitable y aquel trabajo algo posible.

Le interesaba tanto como a ella que aquel proyecto sí saliera bien.

Respiró hondo y salió de la habitación. Allí, en la entrada, estaba ella: la mujer que había sido su mayor sueño y se había convertido en su mayor pesadilla en los últimos años.
   
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Foto de Tanya Little


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Re: No Man's Heart

Mensaje por Ladie el Miér 2 Nov - 10:14


Ishbel McLeod
con Alexander Harper
Dinamarca
Instalaciones "Galatea"
Noviembre, 2086

 

Uno puede llegar a creer que la sensación de un sentimiento nunca se olvida, pero la triste verdad es que... olvidamos. Nuestro cerebro está programado para borrar lo que sobra, una maquina reflexionada por la evolución para hacer de cualquier tiempo pasado un tiempo mejor, limar las imperfecciones que nos hacían infelices dejando solo los mejores momentos. Era un arte delicado, como una ilustración donde las mejores partes están gloriosamente definidas y las peores se han convertido en un borrón, tan informe que lo pasas por alto, y en conjunto, la imagen queda mejor. Por eso cuando le vi emerger por el pasillo, tan alto como había sido siempre, solo sentí un pequeño pellizco en el fondo del pecho. No había vuelcos dramáticos del corazón (aunque los hubiera habido), ni una angustia existencial, solo un pellizco. Pequeño, doloroso, palpitante pellizco, justo en ese hueco que antes ocupaba él.

- Alexander.  - Dije, a modo de saludo.

Nuestra interacción en aquellos últimos cuatro años se podía resumir en un puñado de palabras. Las primeras eran hijo en común; "¿Como esta Mat, le ha bajado la fiebre? ¿Necesitas que lo lleve yo al médico?". La segunda era cortesía; "Hola, me alegro de verte bien. Eh, si... Matthiew, cariño, sube al coche, tenemos que irnos ya. Dile adiós a mamá". La tercera y más recurrente era discusión; " -silencio contenido- Necesito que me cambies este fin de semana. Si, ya lo sé... ¡ya sé que se lo prometí, pero no puedo ir! No puedo eludirlo, la directiva ha cambiado una prueba del sistema y tengo que estar presente, ya sabes cómo funcionan estas... ¡no te atrevas a colgarme!... -Más silencios afilados, palabras desagradables.- Sí. Gracias. Pásamelo, yo sé lo digo." Nos veíamos aproximadamente unos diez minutos cada quince días, el tiempo de recoger a Matthiew y devolvérselo después del fin de semana, sano y salvo.

- Disculpa la entrada triunfal, he parado un segundo para instalar mis preferencias, ya sabes. Me... ah, me ha llamado señora. - Me reí, encogiéndome de hombros como si eso lo explicará todo. El sonido se fue apagando, perdiendo el fuelle que nunca había tenido. Por dios... ¿desde cuando era tan difícil entablar una conversación coloquial que no implicará sacar el tiempo atmosférico a coalición? Ah, sí, claro. Desde le divorcio. - ¿Has llegado hace mucho?

Me estiré por detrás la falsa, de un bonito azul, y de pronto me parecía llena de arrugas. Eso o mi cerebro estaba buscando una excusa barata para mantener las manos ocupadas. Joder, estaba nerviosa. Avance por el pasillo, mirando las paredes desnudas. Había marcos vacíos colgando, esperando para que se les llenará de datos e información, fotos, paisajes interactivos, podían ser pantallas para los dispositivos portátiles o una televisión. Eran muy versátiles, pero cuando estaban vacías daban esa sensación hueca de lo artificial, impersonal, ancladas a paredes blancas y sin personalidad. Me detuve junto a Alexander. Darle dos besos era demasiado personal, estaba fuera de lugar, un apretón de manos por otro lado sería excesivamente formal. Incapaz de decidirme, lo único que me surgió fue una sonrisa amable.

- Vaya, - por encima de su hombro el armario abierto de par en par dejaba expuesta la ropa colgada meticulosamente, y montoncitos acumulándose en la cama a la espera de que alguien les adjudicada un lugar por derecho propio. - ya te estás instalando. Sin perder el tiempo.

Mis ojos se tropezaron de golpe con la foto se Matthiew. Me hizo callar de golpe, contemplando el pelo rojizo y una sonrisa de pillastre que no veía tan a menudo como me gustaría. Parecía más mayor. Esa foto era nueva, no la conocía. Sentí un agudo dolor en el pecho, un sentimiento visceral sobre el que no poseía control alguno, porque no conocía esa foto de mi propio hijo.

- Que guapo está. - Conseguí decir al final, parpadeando para dejar de mirar la foto y fijar los ojos en el padre de la criatura. - No había visto nunca esa foto. Disculpa. - Está vez me pase la diestra sobre el vientre, tirando de la chaqueta cuando mis dedos alcanzaron el bajo. -  No sé cómo quieres llevar esto, creo que lo más maduro es dejarlo claro desde el principio. ¿Podemos hablar de él aquí o prefieres, bueno, ya sabes, limitarnos a lo estrictamente profesional?


 
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Milady el Miér 9 Nov - 12:48


Alexander Harper
con Ishbel McLeod
Dinamarca
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Noviembre, 2086

   
La mujer que tenía frente a sí había sido su mundo durante mucho tiempo, ella había formado el centro de su universo de forma completa durante años y quizás por eso había sido más duro darse cuenta de que ella no estaba dispuesta a arriesgar lo mismo por él.

Ishbel siempre había sido una mujer ambiciosa y testaruda, fuerte e increíblemente independiente, dispuesta a no dejarse pisotear y había sido esa energía interior lo que había hecho que se enamorase tan irremediablemente de ella. El mero hecho de compartir su vida con una mujer que demostraba ser tan dueña de sí misma y tan poderosa, le reconfortaba. No le gustaban las mujeres débiles, tampoco había deseado nunca que ella se convirtiera en una ama de casa; él jamás había pedido nada de todo eso. Solo esperaba el nivel de implicación que él demostraba tener en lo que habían construído juntos.

Todas las razones que le habían enamorado antaño habían demostrado ser un problema cuadno Matthew llegó. De repente se encontró siendo él el principal proveedor del niño, cosa que no le disgustaba, pero la distancia con la que ella se tomaba el asunto le hería. ¿Cómo podía, simplemente, no sentirse absolutamente involucrada? De siempre Alexander sabía que él era mucho más familiar que Ishbel, estaba claro pero llegó a pensar que quizás eso podría cambiar un poco cuando el niño naciera. Había sido un iluso y la falta de atención tanto hacia su hijo como hacia él mismo había precipitado un final que llevaba tiempo formándose en su mente y que, al parecer, a ella la tomó por sorpresa.
   
Hace unos minutos—respondió con voz grave observándo como se acercaba por el pasillo, arrastrando su propia maleta.

Años atrás no hubiera creído a nadie que le dijera que su futuro sería así, tan frío y tan distante. Él que era casi incapaz de no tocarla si estaban en la misma sala, él que la seguía con los ojos y la observaba mientras dormía, sintiendo el calor de su cuerpo a su lado... ahora no podía sino sentir incomodidad por su cercanía. Más bien era como si él fuera la bruja mala del oeste y ella el agua del cubo de dorita. Simplemente, prefería no estar muy cerca.

Podéis llamarle cabrón o insensible pero la muestra emocional de su ex-mujer al ver una foto de su hijo no le ablandó lo más mínimo, sus barreras no se derrumbaron y no sintió pena alguna. Si ella no le veía era porque no quería y el día en el que Matthew se acostumbrase a la ausencia de su madre o dejase de preguntar por ella, sería solo culpa de Ishbel.

Creo que hemos tenido oportunidades de sobra para hablar de él antes, estamos aquí para trabajar—respondió fríamente; la fuerza con la que apretaba su mandíbula era muestra de su disgusto. Lo último que quería era hablar de su hijo con la madre que se olvidaba de que tenía uno.
   
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Ladie el Miér 9 Nov - 14:31


Ishbel McLeod
con Alexander Harper
Dinamarca
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Noviembre, 2086


Unos minutos. Podría haber llegado hacía una vida entera y aquella sensación incómoda habría sido exactamente la misma. Mi cerebro, traidor empedernido, se estrujó hasta exprimir de algún rincón perdido unos recuerdos muy concretos; nuestro primer apartamento. Ese que habíamos tenido que alquilar para cumplir el requisito matrimonial de cohabitar bajo el mismo techo. Fue poco más que un cuchitril de dos habitaciones con un baño minúsculo en el centro de Londres, un apartamento en el que teníamos que pelearnos por el espacio del armario y las bombillas se fundían porque el cableado eléctrico era un asco. El día que nos mudamos abrimos la puerta juntos y me alzó en volandas para entrar, riendo como dos idiotas. Terminamos bautizando el suelo antes que la cama. Y ahora… aquí estábamos.

Muros de hielo, estalactitas colgando del techo. Acero frío y rígido, inflexible. Alexander Harper en su máximo explendor. Si hubiera estado desnuda en medio de la estepa siberiana habría sentido más calor por dentro, pero aquel imbécil siempre había tenido la capacidad de que sus sentimientos me atravesaban como una lanza. Era un puto ballenero cargado de apones sentimentales, y ahí estaba yo, desangrándome ante la rotundidad de sus argumentos. Tampoco tenía con que defender los míos, así que mi destino era siempre el mismo; morir en silencio. Tragué saliva, conteniendo el impulso de estrangular el manillar de mi maleta. Total, ella no tenía la culpa.

- Por supuesto. Asentí con un movimiento de la barbilla, sin desviar la mirada un solo centímetro la mirada. Si de algo podía presumir era de conocerle, ni su tamaño físico ni el de su rígida determinación me amedrentaban, y aquella reacción tampoco era nada nuevo. Me odiaba, lo tenía asumido. Llevaba años dándole la cortesía de imponer las normas de aquel juego, sabía adaptarme a él, era casi un instinto de supervivencia. ¿Qué quería jugar así? Muy bien, lo tendría. Pero si esperaba la misma cortesía en la oficina, iba listo. - Espero entonces que hayas preparado la reunión que tenemos… parpadeé, y en mi visión periférica apareció la figura fantasmal de cuatro dígitos separados por dos puntos. Hora Actual 8:32 - en una hora y media.

Tiré de la maleta sin titubear y me deslicé a su lado con paso firme, entrando en mi habitación. Era una hoja en blanco, allá donde miraras. Paredes blancas, sábanas blancas, hasta el marco de la ventana era tan blanco que hacía daño en los ojos. Fruncí los labios, disgustada por aquella visión virginal. Toqué el aparatito en mi oreja.

- Ejecuta la actualización. Ordené con voz seca. El material inteligente de la ventana vibró un instante, temblando, y cambió. Donde antes sólo se veía el cielo helado de Dinamarca ahora se extendía la visión de un horizonte verde. Bosques oscuros y profundos perfilaban la lejanía, salpicados de motas rojizas, naranjas amarillas que el otoño dejaba a su paso, y una suave luz dorada iluminaba todo. El otoño en las higlands. Cerca de la imagen, cardos borriqueros de aspecto fiero se balanceaban al ritmo del viento, y los sonidos artificiales de la pradera entraban en la habitación.

Habitación, por su parte, que también había cambiado. El interiorismo era un trabajo que había ganado en facilidades con los materiales inteligentes como el de aquella casa, que era la vanguardia de la vanguardia. Querían darnos lo mejor, mimar a los cerebros que les llenarían el bolsillo en unos años vista si el proyecto Galatea funcionaba. A lo que iba, las paredes blancas se pintaron todas de un verde esmeralda, oscuro. Sonreí, así estaba mucho mejor para empezar. El aparatito emitía luces sobre el pabellón de mi oreja derecha, procesando y ejecutando datos y ordenes.

- Encarga la selección de muebles de cerezo que hice el mes pasado. Eran caros, pero mi bolsillo podía permitirse gastos a espuertas. Vivía para trabajar, pagada la pensión de Matthiew mi sueldo era algo vacuo. La gente solía sorprenderse de que una experta en programación se sintiera horrorizada por el minimalismo moderno, pero, ¿sinceramente? no era lo mío. Y necesitaba hacer de aquel lugar mi pequeño bastión si quería sobrevivir con mi salud mental intacta a los próximos meses, u años de trabajo.

Me dediqué a sacar la ropa de las maletas, por la necesidad de repasar lo que había traído mientras lo colgaba en el armario aunque en unos días tendría que repetirlo cuando llegara el armario nuevo. Los tacones hacían su propio eco contra el parqué encerado, era el único ruido que acompañaba a mi respiración mientras ordenaba mis efectos personales. Coloqué, no sin cierta vergüenza, el marco electrónico sobre la mesita de noche. Las fotos eran un testigo de mi vida, al principio había fotos de mis padres, alguna mascota infantil, la universidad, Matthiew siendo un bebé, fotos de galas, entregas de premios, alguna foto robada mientras trabajaba con las gafas puestas y un moño en lo alto de la cabeza, yo con Matthiew en brazos en el parque de atracciones. Una sucesión simbólica de mi vida en la que Alexander había sido cuidadosamente purgado. ¿Por qué demonios lo habría traído? Para sentirme como en casa, ya. Hacía años que ningún lugar se sentía "como en casa", y aquel marco donde las fotos se sucedían con una cortinilla difuminada no lo conseguiría tampoco con aquel lugar.

Reunión programada para dentro de 30:0''. Hay un vehículo esperando para recogerles en el exterior, salida programada dentro de 5:00''.

Dediqué un minuto delante del espejo de cuerpo entero a mesarme el pelo y comprobar que estaba todo en su sitio. Bien, podía ser profesional. Me estiré la falda, otra vez, y salí de la habitación, bloqueándola al terminar. El bloqueo iba ligado a mi retina y mi huella dactilar, había que escanear previamente el código de mi tarjeta de identidad personal por el lector para acceder. Seguridad último modelo, santo Dios, aquella habitación estaba mejor protegida que mi propia casa. Me acerqué a la puerta de entrada y la abrí, dispuesta a salir, pero una idea estúpida me frenó. Carraspeé antes de alzar la voz, sin girar el rostro al interior del apartamento.

-Nos está esperando un coche abajo, ¿vienes o vas a ir por tu cuenta?
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Milady el Miér 9 Nov - 16:24


Alexander Harper
con Ishbel McLeod
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No añadió nada porque no había nada que añadir. Estaba claro que aquello no sería fácil aunque, esperaba, que refugiarse en los aspectos profesionales salvaría el proyecto y la situación.

Esperaba, también, que la ausencia de Matthew no fuera un handicap para él. Acostumbrado a verle constantemente, ya le echaba de menos. A lo largo de aquellos cuatro años habían sido pocos los proyectos que le habían obligado a estar más de dos semanas o un mes alejado del pequeño y, sin embargo, ahora nada era seguro.

Entrecerró su puerta, poco deseoso de ver lo que hacía o dejaba de hacer Ishbel. La hora y media pasó rápida aunque la presencia de ella era una constante. Era como cuando uno ha visto una película de terror y, al llegar a casa, siente una presencia, un ente o algo intangente, que ronda cerca; esperando para susurrar al oído o agarrar con sus fríos dedos muertos tu mano.

La voz de ella resonó por el pasillo, rebotándo en las paredes, dirigiéndose a él. Cogiéndo su chaqueta, salió de la habitación pero, al contrario que ella, no cerró con seguro. No tenía nada que ocultar y, además, no creía que Ishbel fuera a entrar en su habitación a revolverle las cosas. Sería increíblemente inmaduro por su parte.

Esperó a que saliera, en silencio, antes de cerrar la puerta. Fuera, efectivamente, un todoterreno les esperaba con el motor encendido. El frío del exterior le golpeó con fuerza. El frío no era desconocido para ninguno de los dos pero aquello era otra cosa, nada que ver con el frío húmedo de Londres; este era una especie de cuchillo de hielo.

En cuanto se sentó en uno de los asientos de la parte trasera del vehículo y todos estuvieron dentro, Alexander sacó el propotipo de tablet fina que tenía. Contrario a lo que pudiera parecer, el ingeniero no era especialmente inclinado a tener un pinganillo eternamente conectado a la oreja como si el sistema fuera una segunda conciencia. Prefería mantener cierta distancia entre la tecnología y sus pensamientos, al menos mientras no estaba trabajando.

Espero que se hayan adaptado perfectamente—dijo de forma educada el chófer.
Sí, gracias—respondió cortesmente Alexander sin levantar la vista de los archivos que mostraba su aparato tecnológico.
   
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Ladie el Miér 9 Nov - 17:36


Ishbel McLeod
con Alexander Harper
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A diferencia de la otra vez, contuve la necesidad de abrazarme a mí misma y refugiarme en el voluminoso abrigo. En vez de hacerlo sufrí el estoicismo de los valientes, y con apretando los dientes crucé la distancia entre la puerta del edificio y el coche con la barbilla alta y un paso orgulloso. En el fondo quería arrancarme aquel traje elegante, bajar de un salto de los tacones para ponerme un vaquero cómodo y unos botines, algo práctico para estar todo el día sentada delante de las instalaciones, pero claro, ese no era ese día. Aquella era la parte que más odiaba de mi trabajo, la parte interpersonal. Tener que hablar con inversores fantasiosos y directores que querían algo, pero no sabían exactamente el que. Al final nunca estaban satisfechos, por más horas que le dedicaras a un proyecto. Por eso prefería los códigos, entendía lenguaje mucho mejor que el de las personas.

- Es un apartamento encantador.

Murmuré, sentada al otro lado del asiento trasero, aunque mi voz sonó tan hueca como era la frase. Algo manido y masticado tantas veces que había perdido su sabor. El apartamento era un complejo de última tecnología con una capacidad impresionante, pero nada más. Miré de reojo la tableta en el regazo de Alexander, pero rápidamente fijé la vista al otro lado de la ventanilla. No quería que pensara que estaba metiéndome en su trabajo, o fisgoneando a hurtadillas en sus cosas. Si quería saber cualquier cosa que pusiera en esa tableta sólo tenía que hackearla, era ingeniero mecánico, probablemente sus cortafuegos no serían un problema. Pero la pregunta real era… ¿me interesaba realmente lo que hubiera allí dentro? La tecnología tiene esa capacidad única de robarnos la esencia, se beben todo lo que les entregamos, sedientas de llenarse de algo, porque están huecas. Se convierten en pequeños archivos de uno mismo, mini-yos vulnerables, si sabes donde tocar. No, joder. No quería saber que pasaba por su cabeza.

El coche atravesaba la fría carretera sin hacer ni un solo ruido. Los vehículos que escupían gases y contaminación habían sido erradicados años atrás. Estos modelos, mucho más autónomos y alimentados por energías renovables eran mudos. Se escuchaba con más ímpetu el viento al lamer la carrocería que el gorgojeo apagado del motor. El frío condensaba los cristales, pero en aquella zona de la ciudad no había niños que hicieran dibujos erráticos en los cristales. Aquellos en particular estaban impolutos, la ciudad desfilaba al otro lado a una velocidad media de 45 km hora, según el contador de mi dispositivo auricular. Tardamos quince minutos en llegar al destino, cinco minutos antes de la hora de la reunión, en los que nadie dijo nada. Daba miedo incluso respirar en el solemne silencio de la cabina, que envolvía a cada cual en sus propios pensamientos.

Me bajé, asistida por el chófer, todo un detalle teniendo en cuenta que podrían haber mandado un vehículo automatizado. Alguien se estaba preocupando mucho porque nos sintiéramos bienvenidos, acogidos con hospitalidad y un despilfarro de dinero contante y sonante. Este edificio no tenía el aspecto de bastión que tenía el que íbamos a trabajar durante un tiempo indefinido. Era todo puro cristal, invitaba a entrar con carteles anunciando el nombre de la empresa, el olor de los negocios bien pegado a la moqueta, con climatización central calentando cada centímetro de la estructura para alejar el frío. Una azafata rubia y trajeada nos esperaba en la recepción.

Buenos días, señor Harper, señorita McLeod. Soy Alana Fitchbrug, acompáñenme. Caminé detrás de ella, junto a Alex. Le miraba el culo y las caderas a Alana que aquella mañana había decidido embutirse en una falda en vez de vestirse con ella. Me obligué a mirar al frente cuando entramos en el ascensor, una cabina con espejos que hacían muy difícil disimular a donde mirabas. Queríamos pedirles disculpas por el desplazamiento cuando acaban de llegar, pero como sabrán el edifico habilitado para desarrollar el proyecto no está dotado de los equipos necesarios para la reunión. Están vetados dispositivos de hologramas y otros sistemas de entrada y salida de datos, para evitar filtraciones. Supongo que lo han leído en el contrato de confidencialidad, tampoco quiero aburrirles con la burocracia del proyecto.

- Claro. Asentí con amabilidad. Contrato de confidencialidad… más que un contrato era un libro. 69 hojas perfectamente impresas y encuadernadas para conformar una lealtad más compleja que el matrimonio que había tenido con Alexander. En este trabajo, en los campos de I+D de alta tecnología, siempre era igual. El secretismo era la ley. Alana embutida nos guió por una serie de oficinas en los pisos más altos del edificio. Todo respiraba ese aire de lujosa sofisticación de las empresas grandes, una plumilla de las que utilizaban allí para escribir valía más que mi coche. Al final de un pasillo esperaba la puerta de la sala de juntas. La señaló con una mano, invitándonos a entrar.

Estaré aquí cuando terminen.

Le sonreí amablemente, entrando en la sala. Estaba presidida por dos sillas, contiguas, relegadas a la derecha. Allí la luz que se filtraba por las ventanas era tímida, taimada, y la penumbra esperaba a sus ocupantes fantasmales. Un dispositivo en el centro del techo, con la forma de una sandía partida por su ecuador, emitía sonidos electrónicos, lanzando haces de luz azul al suelo, justo debajo de donde estaba situada. Me coloqué frente a la silla y alcé el rostro hacia la maquina.

-  Escáner. Ordené. La máquina se activó con un hálito de vida. Los haces azules se revolvieron como un enjambre nervioso, en una osmosis lumínica se convirtieron en dos únicos chorros de luz que nos recorrieron a Alexader y a mí de arriba abajo, estuviera él preparado o no. Una representación minúscula y perfecta de nosotros se personificó en el centro de la sala, como una maquetita. A todo color, con lujo de detalles, nada de esas especulaciones azules que se entrecortaban en la guerra de las galaxias. Esto era un Holograma, con mayúsculas.

Comprobación de sonido.

No miré a Alexander mientras me sentaba, y mi homónima minúscula hacía lo mismo en su sillita holográfica.

- ¿Has comprobado el presupuesto para tu departamento? Le pregunté a Alexander, dado que las representaciones del resto de participantes aún tardarían exactamente 2:56 minutos en aparecer. - Cuando estuve en Japón trabajamos con piel artificial, me niego a trabajar en un proyecto de silicona cutre.


 
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Milady el Miér 9 Nov - 18:39


Alexander Harper
con Ishbel McLeod
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Decir que el silencio podía cortarse con un chuchillo, era poco. El silencio era el cuarto acompañante del coche y ni las pequeñas aportaciones del conductor pudieron evitar que éste imperase en el vehículo. Durante todo el camino, se centró en el dispositivo. No había nada de interés que observar.

Al llegar a la sala, dejó que fuera Ishbel quien la activase pues parecía dispuesta a ello y, sin duda, era a la que siempre se le había dado mejor el interactuar con esas conciencias artificiales. Él era bueno con las manos, en muchos sentidos además del ámbito profesional, y con las máquinas, no filosofeaba ni pensaba en lo abstracto. Su especialidad era lo material, no tangible, aquello que podía modificar de forma visible; él usaba sus ojos para darle forma a las cosas.

Se sentó, dejando la pequeña tablet, sobre la mesa y entrelazó las manos sobre su regazo.

Me alegra saber que tienes completa confianza en mi selección de materiales—respondió a su estúpida pregunta. Puede que no se soportaran pero ninguno era imbécil en su campo. Si estaban allí era porque estaban considerados los mejores cinetíficos de Europa, no por una simple jugarreta del destino—las pieles sintéticas eran la mejor opción hace un año, actualmente se ha demostrado que tienen taras con la movilidad y se desgastan con mayor rapidez. Usaré una variación basada en el mismo principio pero, si te sirve de consuelo, no será una silicona cutre—lo último lo dijo con cierto retintín mirándola con una ceja levantada.

Antes de que ninguno de los dos pudiera llegar a articular algo más con sentido, los demás hologramas se aparecieron, haciendo acto de presencia y, por tanto, inaugurando la reunión.

Señorita McLeod, Señor Harper; es un placer tenerles en este proyecto—habló el dirigente del proyecto con una sonrisa—les presento al señor Jackson y el Dr. Woodstock, ambos son parte del proyecto y seguirán de cerca sus avances.

Encantado—saludó educadamente Alexander.

Bueno, estamos aquí para oír sus propuestas iniciales y encauzar el proyecto, así que ¿por qué no empezamos? ¿Señorita McLeod?—dijo con voz de bajo el Dr. Woodstock

Alexander se acomodó en su asiento, dispuesto a escuchar.
   
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Ladie el Jue 10 Nov - 15:48


Ishbel McLeod
con Alexander Harper
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Con mucho gusto habría descruzado las piernas para recorrer la distancia que nos separaba. Con más gusto todavía habría alzado el pie con su afiladísimo y tortuoso tacón de aguja y se lo habría clavado a Alexander entre las piernas. Fastuoso petulante… ¿de qué iba? Le abría arrancado cada pelito cobrizo de ese perfecto arco de su ceja, uno a uno, si no se considerase acoso y violencia en el ámbito laboral. Me limité a alzar la barbilla, orgullosa, hacia el centro de la sala, sin añadir absolutamente nada.

El proyector holográfico empezó a moverse, recreando las figuras de dos personas que estaban a kilómetros de distancia. Donde estaban las representaciones en miniatura aparecieron las dos nuevas, un pequeño teatro del tamaño de una casa de muñecas en el que discurría la escena, no era meramente simbólico, como si estuviéramos en la misma habitación, registraba cada palabra y gesto. Sonreí con suavidad a las figuras de sendos caballeros, sentados frente a mí. La corporeidad de sus formas era apabullante si pensabas que, en realidad, allí no había nada. Si intentabas tocarlos atravesarías un haz de luz densa, nada más.

- El placer es mío. Asentí, cortés y profesional. Me miraron a mi antes que a Alexader, y me tragué el asco de saber que no era por tener más méritos que él, más proyectos concluidos de forma exitosa o más premios que mi ex-marido, era por dos razones muy concretas, que tuvieron la discreción de no mirar aunque no les faltaran ganas. Para bien o para mal, aunque la igualdad había avanzado mucho en las últimas décadas, las ciencias e ingenierías seguían siendo un territorio de hombres, y tenías que acostumbrarte a ese tipo de gestos sutiles y humillantes si querías sobrevivir en el campo de nabos, y sobre todo, ser mejor que ellos. - Bien, permítanme un segundo. Me erguí, echando el cuerpo hacia delante. Toqué el botón central del aparato en el pabellón de mi oreja, y este, en vez de desplegar la información delante de mis ojos, la lanzó directamente sobre la mesa. Los datos de las últimas investigaciones de la compañía y los documentos con mis especulaciones y los sistemas preparados para el proyecto empezaron a desfilar, despacio, a la vista de todos. - Sé que adquirieron y estuvieron trabajando con una variante de mi último trabajo con Androides E.c6 de cuidado sanitario. El problema de ese código base es que estaba desarrollado para responder a unas necesidades muy concretas y reaccionar a estímulos externos. Pero, claro, es un buen punto de partida y no habría ningún problema respecto a los derechos porque es mi propio trabajo. La imagen andrógina y asexual de ese modelo de androide apareció, y los datos de su mente empezaron a desplegarse. Con un gesto del índice resalté ciertos extractos del código, y los guié a mi derecha. Se ordenaban solos, como soldaditos encontrando su lugar en una marcha. - Mi idea es trabajar desde este punto de partida. Tienen una base lingüística compleja y completa, capacidad de deducción a través de una serie de parámetros pre-establecidos. Podríamos tener el código base totalmente funcional en menos de dos meses. A partir de ese momento sería cuestión de investigar y probar con las diferentes teorías que he desarrollado sobre autoconsciencia, análisis crítico y desarrollo de la personalidad. Son… retos apabullantes, debo admitirlo, pero esto, señores, es el futuro. La inteligencia artificial no va a caer de los árboles, requerirá tiempo, trabajo, y no voy a engañarles, muchos fallos antes de acertar.

Sonreí, orgullosa y decidida. Todos los datos seguían desplegados sobre la superficie plana de la mesa, a la vista de todo el mundo. No me hacía flaquear la sensación de estar expuesta, de que el trabajo de una vida estaba en juego allí Si aquello saldría mal sería una mancha en mi expediente de la que no podría recuperarme, no después del fracaso en el Proyecto Ícaro. Era uno de los proyectos más importantes en Investagación y Desarrollo de los últimos años, y era mi oportunidad de hacerlo real. Ya se encargarían ellos después de hacerlo productivo económicamente hablando. Miré a Alexander, inclinándo la cabeza ligeramente, con una sonrisa. No necesitaba mucho más para darle pie a sus propuestas.


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Re: No Man's Heart

Mensaje por Milady el Miér 16 Nov - 18:29


Alexander Harper
con Ishbel McLeod
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Ishbel siempre había tenido el don de la palabra, era una mujer locuaz y decidida y eso se demostraba en su forma de hablar cuando trabajaba. Esa capacidad había sido una de las cosas que le habían arrastrado de forma irremediable hacia ella cuando la había conocido. Esa seguridad innata, esa pasión por su trabajo y la energía que gastaba cuando hablaba de todas las posibilidades de éste.

Ahora, mientras la escuchaba, Alexander lo entendía. Cuando trabajaba, Ishbel parecía perfecta y, muy posiblemente, era una de las mujeres más perfeccionistas con su trabajo que él jamás había conocido. Eso era bueno, increíblemente bueno; el problema vino cuando demostró no interesarse tanto por su propia vida y, en consecuencia, por la que compartía con él.

Los datos que ella daba, no le afectaban especialmente. Su trabajo no dependía de cómo ella hiciera la inteligencia y la conciencia del androide, aunque al final todo estuviera relacionado. Mientras que ella pasaría las horas entre programas intuitivos y sistemas de lingüística, él crearía físicamente al robot.

Cuando la voz de su ex-mujer se extingió, le tocó el turno. Carraspeó suavemente antes de teclear un par de números en su propia tablet y que se desplegasen su propia presentación. Al contrario que los numerosos datos de Ishbel, lo suyo eran planos de esqueletos, articulaciones, músculos y demás partes de cuerpos robóticos y a semi-fabricar.

La idea es crear un esqueleto resistente pero no más pesado que el de un ser humano. Aunque ahora mismo se utilizan materiales más ligeros, propongo crear una estructura de titanio madurada y polietileno evolucionado con el fin de que dote al esqueleto de resistencia y flexibilidad ya que otras opciones no facilitarían el código de movimientos ni las posibilidades lógicas de un cuerpo humano. La técnica a utilizar sería la misma que en el proyecto ACH2 de hace dos años en los primeros pasos y, posteriormente, usar máquinas de generación 3D.

Con un suave toque sobre la pantalla de su tablet, centró la imágen en composiciones de órganos y articulaciones dibujadas.

Las articulaciones y cartílagos se basarán en un conjunto de polímeros sintéticos pero compatibles con los cordones que compondrán los músculos. Hay una nueva fórmula orgánica que se adapta bastante bien a las estructuras artificiales y que simula con bastante acierto las vibraciones y el riego natural de los músculos reales. El conducto de mantenimiento y refrigeración simularán por completo a las vías nerviosas y venas; el líquido tendrá un componente colorante que simule la sangre y, si funciona y se coagula como espero que haga, más adelante añadiré componentes orgánicos que pueden regar y ayuden a que la superficie no se degenere—cambió la diapositiva hasta la imagen de una fotografía 3D hecha a ordenador—sobre la estética me ceñiré a los parámetros pedidos por la compañía y al rango de edad pero, si todo sale bien, espero que éste sea el rostro del proyecto.

La verdad es que estaba orgulloso de aquella fotografía; había pasado mucho tiempo pensando en el rostro y en el cuerpo del robot que iban a componer. El trabajo previo a aquella reunión había sido arduo y había sido una noche cuando, al despertar de algún sueño que luego no recordaría, el rostro del androide se le había aparecido.

Espero que no haya ningún problema en que sea una chica—dijo con simplicidad. Para él era un reto mayor que fuera una niña y, sinceramente, le interesaba mucho más que así fuera.

En absoluto—añadió el Dr. Woodstock.
   
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Ladie el Vie 18 Nov - 18:40


Ishbel McLeod
con Alexander Harper
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La voz de Alexander tenía esa peculiar capacidad de las voces graves, llenaban una estancia con un susurro. Siempre había sido así, aunque hablara bajito. Ahora hablaba con esa firmeza de los hombros que tienen las ideas claras, un plan que seguir. No quise mirarle, ni siquiera de soslayo. Hablaba alto, pero sonaba hueco en mis oídos, que se habían transportado ocho años atrás en el tiempo, para escucharle susurrar algo en medio de la noche. El tiempo había desdibujado las palabras, ¿Qué era? ¿Algo fortuito y tierno como "te quiero", o un pendenciero "pásame el agua"?, no podría recordarlo… sólo estaba el sonido de palabras inarticuladas, extendiéndose por la oscuridad de la habitación, y más allá, hacia la noche. Era el eco de su voz grave lo que había calado en mi memoria, y seguía allí, esperando a mis momentos de debilidad. Injustificados, como este.

El tiempo que tardé en parpadear, sus claros datos habían desplazado los míos en el espacio holográfico. Tanto el señor Harper como el Dr. Woodstock los encontraban más interesantes que mis curvas o mi oratoria, y diseccionaban cada dato pensándo en cuanto dinero iban a costarles los planes de Alexander. Mi contrato tenía una cobertura de propiedad intelectual y mi salario, Alex, por otro lado… su ambición física costaba miles de millones. No era moco de pavo. Y para más inri eran procesos delicados, un solo fallo con ellos, una pieza deteriorada por el maltrato de algún operario y podríamos perder meses de trabajo.

- ¿Una niña? Murmuré en voz alta al contemplar la imagen. Había una ternura escondida en la imagen impersonal de un rostro digitalizado. Fruncí el ceño, evaluándo su belleza artificial, la perfección de unos rasgos creados, no nacidos. Una niña.

Repetí, comprendiéndo sin que nadie me lo explicara porque habían pedido ese modelo. Era evidente, estaban buscando ternura. Uno de los principales problemas con los andriodes era su forma física. Nadie quería sentirse intimidado por un hombre perfecto, o atraído por la suavidad de la carne inerte de una mujer inalcanzable. Eran perfectos, y su perfección generaba tanto amor como odio. Esta niña, sin embargo… parecía sólo eso, una niña. No sólo cambiaba su precio -piezas más pequeñas es igual a menos gastos-, también cambiaba la forma en la que sería vista. Nadie se siente amenazado por una chiquilla a la que no le han salido las tetas, querían que inspirase fragilidad, ternura. Esos dos cabrones quería que el mundo sintiera la necesidad de meterla en casa y ponerle una mantita sobre los hombros cuando la vieran desamparada en el escaparate de una tienda.

- Es guapa. Genérica. Apunté, para regocijo de mis nuevos jefes. Alabanzas sencillas para mentes planas, y nuestro trabajo como margaritas para los cerdos.

A decir verdad, señor Harper, estamos muy contentos con el aspecto. Es… perfecta. Sencillamente perfecta. A largo plazo, por supuesto, sería absolutamente necesario desarrollar nuevos modelos claro…

- Antes de pensar a largo plazo es más prudente asegurarse de que el producto es funcional. Una carcasa muy bonita, por supuesto, pero una carcasa, al fin y al cabo. No quería robarle atención a Alex, pero esa frase capitalista lo ameritaba. - Hay que tener un producto perfecto antes de venderlo, y tenemos mucho por hacer antes de pensar en diferentes versiones. ¿Verdad, señor Harper?

Ahora sí, le miré. "Te necesito" es lo que decían mis ojos. Vale, podía odiarme cuanto quisiera en ese maldito apartamento, asesinarme con la mirada cuando saliera de su despacho, o incluso hacer el más absoluto vacío, pero allí, delante de esos petulantes que no tenían ni idea de cómo funcionaba lo que hacíamos, necesitaba que me apoyase, que fuéramos el equipo que teníamos que ser. Por el que se nos pagaba, de hecho. Necesitaba a un co-director de proyecto profesional, no a mi puñetero ex marido.
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Milady el Dom 18 Dic - 21:44


Alexander Harper
con Ishbel McLeod
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Había gastado mucho tiempo en pensar en el aspecto del androide, muchas horas imaginando unos rasgos que despertasen la ternura de cualquier ser humano. El resultado había sido una preciosidad, nadie podría resistirse a un instinto protector. Sin embargo, esperaba que su preciosa obra de arte demostrase ser más que un simple rostro bonito compuesto de tornillos y tuercas.

Torció los labios ante las palabras de su ex mujer al referirse sobre su preciosidad como una "carcasa". Aunque, ¿qué podía esperar de alguien como ella? Solo se centraba en su campo, en sus cifras y sus sistemas cognitivos; ignoraba por completo la satisfacción estética de crear un cuerpo, miembros y un conjunto bello.

Eran completamente opuestos, ¿cómo podía haber imaginado que sería eternamente feliz a su lado? ¡Qué iluso y ciego había sido! Jamás habían existido dos personas más contrarias y, aún así, debía aceptar que se había enamorado tan profundamente de ella que había sido incapaz de ver la tempestad que se avecinaba. El amor es ciego y en su caso, además, estúpido e irracional.

Sin embargo, tuvo que admitir que ella tenía razón. Aquellos hombres se estaban emocionando demasiado y, en aquellos momentos, lo necesario era centrarse en lo concreto y apenas habían empezado. Fijo su mirada en los ojos azules de Ishbel, que le miraban con insistencia. Hacía años, aquellos ojos eran capaces de hacerle perder el hilo de su razonamiento o hacer que un enfado se esfumara; ahora eso estaba muy lejano. Apretó la mandíbula y, tras dos segundos, separó sus ojos de los de aquella mujer para hablar.

La señorita McLeod tiene razón, es mejor centrarse en lo concreto, caballeros. Ya habrá tiempo para hablar de todos los planes futuros una vez el proyecto esté finalizado de forma satisfactoria.

   
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Re: No Man's Heart

Mensaje por Ladie el Vie 13 Ene - 16:15


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Sentí que me ahogaba en mi propia determinación cuando me contempló con su gesto torcido, esa callada pero mal disimulada disconformidad que lanzaba. Si fuera un dibujo de Tomas esos ojillos azules me lanzarían rayos rojos, o amarillos, cualquier color estridente que encontrara por el camino con sus deditos rollizos. Aunque claro, para eso tendría que aparecer en sus dibujos, y ese era un lujo del que había sido privada hacía mucho. Si no me apoyaba en esto aquel proyecto no sería más que otro borrón en nuestras carreras, en nuestras vidas, de hecho. Irreconciliables, ni siquiera profesionalmente, estaría muerto incluso antes de haber nacido.

Desvié la mirada para arrastrar lejos de aquellos estúpidos ejecutivos mi sensación de desesperanza. Me había pasado de lista, creía que… que podríamos hacerlo, superar toda la mierda que había entre nosotros… no, superarla no, dejarla a un lado, ser ese equipo brillante que podía comerse el mundo si quería, que no necesitaba palabras para entenderse, sólo quería la oportunidad de crear algo, algo real, construir el futuro. Tuve que agarrarme a los apoyabrazos de la silla para no mirarle, patidifusa. Clavé las uñas para usar el temple que tenia y mantener la compostura, esbozar esa ligera sonrisa de confianza que no admitía opción a réplica. Tendrían que esperar, caballeros, antes de seguir pensando en cuanto les haríamos ganar.

- Exactamente. Hablemos de los equipos de los que vamos a disponer…

Sonreí, sabiendo que estaba poniendo sobre la mesa un tema peliagudo. Tan peliagudo que la reunión se estiró durante un par de horas, discutiendo los presupuestos de los equipos humanos del proyecto, todos aquellos subordinados que serían nuestros internos, minions bajo nuestras órdenes que también se llevaban su pico del presupuesto. Y, después, por supuesto, estaban los equipos mecánicos, las instalaciones, los ordenadores, las piezas que Alexander necesitaría. Había que admitirlo, estaban quemando muchos cartuchos en esa oportunidad, era un proyecto de oro al que estaban inyectando una cantidad de dinero impresionante, y un buen bocado se lo llevaban casi por completo mi apellido y el de mi ex-marido. Cuando terminó y las despedidas se sucedieron, deseando suerte y ánimos, todos contentos, estaba mentalmente exhausta.

Con un ligero bip las recreaciones holográficas se disolvieron en el aire, y la habitación se quedó en una agradable penumbra.

- Alexander, espera un segundo, por favor. No enciendas las luces... No pude tragarme el suspiro, surgió del fondo de mi pecho a tiempo que apoyaba la frente en dos dedos, buscando el consuelo de mis párpados para borrar el ligero dolor que palpitaba en mis sienes. Ya no era tan joven, las horas frente a pantallas, expuesta a las luces duras y frías de dispositivos y ordenadores, todo terminaba pasando factura. Mis ojos ya no eran lo que antaño, cada vez más sensibles. - No soporto a los chupatintas…
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