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The magic twisted puzzle

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The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Sáb 5 Nov - 10:00


The magic twisted puzzle
Chrackship | Añ Actual  | Universo HP
Dentro del mundo mágico hay muchas cosas más allá de Hogwarts y sus maravillosas clases, o sus escaleras cambiantes. Más allá de las clases de transformaciones, de los partidos de Quidditch y de los fines de semana en Hogsmeade. Después viene lo mejor, en realidad. La vida de verdad, en la que ya no eres un niño y eres capaz de decidir qué hacer, cómo vivir, y lo más importante, qué ser. A qué dedicarte.

La universidad mágica, si dedicarse o no a la magia en sí o volver a tus raíces. Ser medimago, médico, auror, jugador profesional... Decisiones, miles de decisiones que tomamos sin darnos cuenta en una etapa que ya dejamos atrás y que nos llevan a vivir un camino que no estaríamos viviendo de no haber decidido hacer lo que hacemos. Aún sin habernos dado cuenta...
Amistades que perduran, amores que se olvidan, enemistades que no caen tan fácilmente en el olvido.. Todo pasa, todo sucede porque ha de suceder y ser así.

El mundo mágico... un lugar donde todo puede pasar...



PERSONAJES
Robin Fitchburg | Colin Morgan | Ladie
Claire Owen | Saoirse Ronan | Tardis
Definición de Personajes

Robin Fitchburg  :
Robin Fitchburg
27 Años
Hijo de magos - Sangre Limpia
Ocupación: Coordinador Internacional del departamento de Draconología, supeditado a la División de Bestias del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas del Ministerio de Magia
Antigua Casa: Gryffindor

Robin siempre supo que su lugar estaba en Gryffindor. Se enorgullecía de haber nacido en el Valle de Godric aunque eso no fuera mérito suyo, ni siquiera algo destacable en una persona, pero a Robin siempre le había gustado soñar a lo grande. Creció en la discreta comunidad mágica del Valle, atrapado en la burbuja mágica que las rodea, conviviendo con los muggles pero sin mezclarse con ellos. Tenía grandes aspiraciones, desde muy niño, ser el último de cinco hermanos siempre te deja a la cola para todo, y Robin no estaba dispuesto a dejar que el mundo se lo comiera con patatas. Eso, aunado con el hecho de que sus capacidades mágicas tardaron más en despertar que en sus hermanos o algunos de sus amigos, Robin desarrolló una inseguridad muy arraigada en las entrañas. Necesitaba todo el tiempo demostrar que era mejor que los demás, más guapo, más listo, más poderoso, cualquier campo acto a la competitividad era factible para él siempre que quedara por encima y consiguiera acallar esa vocecita dentro de su cabeza, que le decía que había estado a punto de ser un pequeño e insignificante squib.

Un chico competitivo, brillante y carismático. Cuando llegó a Hogwarts y puso los pies en su deseada Gryffindor, tardó muy poco en destacar sobre el resto de alumnos de su curso. No era el más guapo, pero se llevaba a las chicas de calle y los chicos querían hablar como él. No ayudó mucho a bajar su ego el hecho de convertirse en uno de los mejores cazadores que el equipo de Quidditch de Gryffindor había tenido en años. Para que engañarnos, era un poco capullo por aquel entonces, pero para él nunca justificó el acoso y derribo de ella. Claire. Una don nadie conocida únicamente por un gusto retorcido por las bromas y las travesuras, una slytherin del montón que por algún motivo intentaba ponerle la zancadilla siempre que podía. Robin era una cara destacable en la multitud de alumnos, un buen objetivo si quieres que se hablen de tus bromas, era lógico. Él tampoco solía cortarse a la hora de devolver alguna que otra y equilibrar la balanza, hasta la última. No la vio venir, ni siquiera pudo contrarrestarla, cuando quiso darse cuenta le habían culpado de un tremebundo problema y nadie le dio el beneficio de la duda.

Su reputación se desinfló como un suflé fuera del horno. Le suspendieron del equipo durante media temporada, sus compañeros no le hablaban, las chicas pasaban por alto su sonrisa descarada. Dejó de levantar la mano en clase para no levantar murmullos, y al final el popular Robin se convirtió en una sombra. El mundo le había puesto en su sitio de una forma prematura, y también un poco injusta.

Se centró en sus estudios, en lo que quería. Dentro de Hogwarts tenía poco que hacer por su reputación, pero si quería ser alguien cuando saliera de allí necesitaba compensar aquella mancha en el expediente. Estudio más de lo que lo había hecho en su vida, estuvo entre los cinco primeros de su promoción en los E.X.T.A.S.I.S. Su tropiezo social le hizo decantarse por Cuidado de Criaturas Mágicas tras los T.I.M.O.S., los animales no cuchichean ni te ponen verde, al menos no todos, así que terminó fijándose en las criaturas más enormes y apabullantes del bestiario; los dragones. Le obsesionaron desde aquel momento, nadie se atrevería ha hacerle bromas a alguien que monta un dragón. Cuando salió de Hogwarts siguió la nómada vida de cuidador de Dragón, dejando atrás las tierras frías de Inglaterra.

Ha estado por casi todo el mundo, y el difícil aprendizaje de su profesión le ha hecho crecer como persona. Dejó atrás al niño pedante y egocéntrico, aunque a veces aún siente un pellizco de inseguridad, es capaz de ignorar esa vocecilla. Aunque empezó trabajando como ayudante en una organización privada por la preservación de hábitats de dragones amenazados por la presencia muggle, su carrera profesional y sus méritos personales le llevaron escaño a escaño hasta una importante sección en la División de Bestias del Depatamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas del Ministerio de Magia.
Claire Owen:
Nombre: Claire
Apellidos: Owen
Edad: 26 años
Pureza de sangre: Hija de muggles
Ocupación: Empleada de la Confederación Internacional de Magos del Departamento de Cooperación Mágica Internacional
Antigua casa: Slytherin

Historia:
Claire Owen es la única hija de la familia Owen. Su padre, un viejo profesor de escuela, y su madre, adicta a la jardinería, es la única familia que tiene. Y no necesita más por ahora. La magia era algo en lo que había creido desde que era pequeña, pero más como un cuento de hadas que como algo real.
Pero las cosas para ella realmente iban a ser diferentes de como sus padres se esperaban.
Claire era una "princesita" (así la llamaban) completamente traviesa y revoltosa. Tenía muchos problemas en clase con sus compañeros, a los cuales siempre acababa pegando o mordiendo, sobre todo porque decían que la magia no era real. Pero para ella sí lo era. Había comenzado a mostrar su magia interna a muy temprana edad, así que se frustraba mucho si le decían que no era real.

La carta llegó un verano, el verano en el que cumplía los 11 años. Allí le indicaban que realmente, todo en lo que había creido, era real. No podía estar más contenta, pese a la incredulidad de sus padres. El 1 de septiembre partió a Hogwarts. Allí aprendió de la autentica magia, maravillada. Por supuesto, sus trastadas fueron en aumento. Un colegio tan grande, con tanta gente... aquello era un patio de recreo que nunca acababa. Más de una vez terminó en el despacho de sus profesores, pero poco podía frenarla. Sin embargo las bromas tuvieron que cesar (al menos por un tiempo) cuando le cargó las culpas de una de las suyas a un chico al que solía molestar más que a nadie. El problema llegó cuando castigaron severamente a aquel chico, restándole todos los puntos a su casa y haciendo que incluso los compañeros de Quidditch dejasen de hablarle un tiempo.

Claire acabó Hogwarts con unas notas que sorprendieron a todo el mundo (ya que siempre estaba más pendiende de hacer bromas que de sacar buenas notas). Con esos resultados pudo acceder a la universidad mágica y de ahí, saltar al ministerio. Desde que había descubierto la magia, su mayor deseo era poder descubrir todos los tipos de magia que había en el mundo. Al final, acabó con un buen puesto en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, que le permitía precisamente eso, ponerse en contacto con magos de otras Naciones y culturas.



Personalidad:
Es explosiva, gritona a veces y un poco escandalosa. Su risa resuena contra cada pared y cada esquina cada vez que se ríe, cosa que le encanta. Es sencillo verla con una sonrisa siempre, ya que busca cualquier cosa que la haga reir feliz, una broma, salir a correr, conocer a alguien... Tiende, o tendía, a gastar bromas a la gente, es un rasgo que se le ha quedado desde pequeña. La gente a veces la puede considerar algo infantil pero en realidad es muy seria cuando se lo propone, sobre todo con las negociaciones y convivencias en su trabajo.


Gustos:
-El chocolate caliente por las mañanas
-Los días de niebla
-La música
-Conocer nuevas culturas y nuevos magos
-Volar en escoba
-Leer los días de lluvia

Cronología
© RED FOR SS


Última edición por Tardis_In_Blue el Jue 6 Jul - 12:06, editado 3 veces



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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Sáb 5 Nov - 10:54


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

¿Sudáfrica...? - Claire alzó sus cejas, sin dar crédito a la noticia, esperando que en algún momento (cercano) su superior declarase entre risotadas que era una broma y que volviera a su despacho, que no debía ser tan crédula. Pero los segundos pasaban en silencio y el señor Jones no parecía indicar que fuera una broma, de hecho  imitó el gesto de alzar las cejas. -¿Sí, señorita Owen...?
-Es que... pensaba que se trataba de una broma... -
la joven respondió con sinceridad mientras algo empezaba a saltar emocionado en su pecho, como un globo de helio hinchándose en sus pulmones. -¿De verdad...? - pese a la seriedad propia del señor Jones, una sonrisa pareció avistarse bajo su poblado bigote y asintió, entrelazando los dedos sobre el escritorio. -No es ninguna broma, señorita Owen... ha trabajado mucho en el caso de ponernos en contacto con la comunidad mágica de Ciudad del Cabo... - los ojos de Claire se agrandaron aún más y tuvo que contenerse para no saltar de alegría y lanzarse a abrazar a su superior mientras bailoteaba feliz. -... Así que nos hemos puesto en contacto con la Embajada Mágica. Se encargarán de su recepción en cuanto llegue. Me gustaría que pudieran acceder a colaborar con nosotros para crear una Embajada Londinense allí y que ellos tuvieran la suya propia aquí, de manera que ambas comunidades estuvieran en contacto y en Alianza... - Claire asintió atenta, dejando de cantar en su interior para tomar nota de todo lo que precisaban. Las embajadas Mágicas eran un tema serio y algo muy necesario para que ninguna comunidad Mágica se estancase. Londres tenía unas cuantas embajadas repartidas ya por el mundo, como una pequeña red que crecía poco a poco.

* * *

El día de su partida llegó. Claire había hecho una maleta (ampliada mágicamente) con todo lo que una señorita necesitaba (había metido incluso su cactus y su geranio colmilludo, mordisquitos). Habían tomado la decisión de viajar a través de la red Flú, directa a la embajada de Sudáfrica, donde ya la estaban esperando. Se despidió de sus compañeros de departamento ya que iba a estar allí por una temporada y cuando tuvo todo listo, se dejó engullir por las verdes y cosquilleantes llamas de la chimenea.

El viaje fue algo más largo y complicado de lo normal. Sudáfrica estaba muy lejos de Inglaterra y por lo general, las redes Flú se limitaban dentro del país. Para distancias más largas se usaban los trasladores, pero desde la Embajada de Sudáfrica les había llegado una negativa, ya que nunca sabías cuanta gente podía paracerse con traslador. En cambio si viajabas por Red Flú, bastaba con cerrar la chimenea para evitar viajes inesperados.

Sus pies se detuvieron en seco, haciendo que trastabillase. Unas manos salidas de la nada y algo tostadas por el sol la agarraron para evitar que cayera al suelo. -Gracias... Creo que nunca me había mareado tanto en un viaje..- sonrió saliendo de la chimenea, que era enorme. Daba a una sala muy luminosa, con grandes ventanales. Había un corro de gente esperándola, vestidos con túnicas de colores muy vivos, todos sonrientes y muchos de ellos de piel oscura, delgados y de pelo ensortijado.

* * *
Habían pasado ya varios días desde su llegada y Claire se habia pasado todos ellos, y buena parte de sus noches, trabajando con varios empleados de aquella comunidad mágica, estipulando leyes para su convivencia y la creación de la embajada Londinense. Se había hecho especial amiga de Aganju, un hombre de tez oscura casi tres décadas mayor que ella, que dominaba un tipo de magia basada en los elementos que se encontraban en la naturaleza. En aquellos días, Claire había aprendido mucho de la magia de aquella comunidad, tan diferente a la suya.  Para empezar, allí apenas hacían uso de las varitas, sino que canalizaban la energía mágica a través de un objeto que estuviera muy ligado a ellos mismos.

Aquel día, Claire tuvo su primer "día libre" por así decirlo. Estaba agotada de tanto papeleo, de hecho era la parte más aburrida de su trabajo, pero le encantaba. Salió del Ministerio, que se encontraba nada más y nada menos que oculto en el Castillo de Buena esperanza. Aganju se ofreció para llevarla de visita por la ciudad y sus alrededores, ya que apenas había tenido tiempo de visitarla. Por lo que había oido, había más de 30 reservas naturales... y quería verlas todas.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Dom 6 Nov - 17:52

FDR: Lo siento, se me ha ido un poco de las manos XDDD



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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

El calor sobre la cubierta era amable con la piel pálida de Robin, no tenía ni punto de comparación con la temperatura que se respiraba en el interior de la bodega. Era como respirar fuego por los pulmones, y todo el aire tenía ese regusto a humo. Casi todo le había sabido a humo y ceniza desde que había subido a aquel maldito barco doce días atrás. Pero ahora su lengua se regodeaba con el gusto salado de la brisa. El azul era un imperante, una línea eterna que cubría todo el horizonte en su inmensidad. Olas y olas, agua y más agua, jamás habría pensado que se hartaría de ver el mar, pero el punto marrón y verde que surgía como excepción al perpetuo azul le había cogido un pellizco de alegría en el pecho, ¡por Merlin, tierra firme!

Cualquier otro no habría sido como Robin, comiéndose una quincena dirigiendo a otros cuatro hombres, un puñado de mago encerrados entre muggles rudos y tan acostumbrados a altamar como lo estaban ellos a la magia. Oh, claro, y cuidando personalmente al dragón. Lo habían encontrado unos cuatro meses atrás, una culebrilla quejicosa con las alas aplastadas, atrapada en una red mágica y bajo los efectos de una doce de hechizos para el sueño. Alguien no había calculado demasiado bien los tiempos cuando adquirió un huevo de Amphisbaena Africano para venderlo en el mercado negro Británico. Como si no andarán escasos de problemas con sus propios dragones en Reino Unido, pero le apasionaba ese trabajo. No tener que rescatar un dragón de una maleta (con la rabia que suponía para él encontrar esa crueldad humana a unas criaturas tan nobles), sino la oportunidad de trabajar con dragones que, de cualquier otra forma, jamás tendría el lujo de ver de otra forma. Las autoridades mágicas pertinentes se pusieron en contacto con el Ministerio cuando encontraron una maleta abandonada con un huevo de dragón eclosionando dentro, y ahí entraba Robin Fitchburg. Primero habían encontrado una instalación segura para comprobar el estado de Amphisbaena Africano, y supervisar su posterior. Claro que podría haber cogido un puñado de polvos flu y tomarse una merecida semana de descanso mientras el dragón llegaba a Ciudad del Cabo, pero Robin no hacia su trabajo a medias. Así que, cómo no hay forma mágica y segura de transportar un dragón –en realidad no hay una forma segura de transportarlos, a secas- había hecho su petate, y con cuatro subordinados de confianza habían embarcado con el dragón, rumbo a su habitad natural.

- Robin. La voz salía por el hueco de la escalera, resonando en las entrañas metálicas del barco. El sonido precedió a la cabeza rubia de uno de sus compañeros, con la misma piel castigada por el sol al que no estaban acostumbrados.Se está poniendo nervioso, y eso pone nervioso a los chicos, y no que empiece un circulo vicioso de ataque de pánico antes de llegar a puerto. ¿Puedes bajar?

Robin miró a su compañero William con los labios apretados en gesto pensativo. La impaciencia en los ojos de Will le divertía, aunque no debería.

− Voy, voy. Will suspiro de alivio, aunque intentó disimularlo mientras se echaba atrás, dejándole sitio a Robin para pasar. Bajó los escalones de dos en dos, saltando en el estrecho espacio de las escaleras. A medida que descendía las bodegas la densidad del aire crecía, se volvía espeso, con una bruma que se deslizaba por debajo de las puertas. − ¿Qué ha pasado?

– Nada en particular, desde hace un rato ha empezado a agitarse. Creo que es por la cercanía a tierra firme.

− Es probable, lleva demasiado tiempo encerrado.

En la bodega más grande, la bruma se había convertido en una niebla. Los muchachos, cargando el pesado uniforme ignífugo que cubría cada parche de piel abrían los ojos de buey y hechizaban burbujas enormes con las que sacarlo fuera. Dentro de la jaula el Amphisbaena se agitaba de un lado a otro, barriendo el suelo con la cola triangular. Se creía falsamente que tenía una segunda cabeza al final de la cola porque, precisamente, la estructura ósea imitaba la forma, y se coronaba con dos cuernos retorcidos a juego con los que tenía en la cabeza. Era una forma de confundir a presas y oponentes en ataque. La lengua larga y estrecha siseaba entre los dientes largos, exhalando el humo. Robin se acercó a la jaula, metiendo el brazo dentro sin titubear. Pasó la mano enguantada por las escamas del lomo, de un brillante verde esmeralda. El dragón giró la cabeza en un gesto agresivo. Hubo esa guerra de miradas, una batalla animal para probar cual de los dos tenía una voluntad más fuerte. Se mantuvo firme y el dragón, joven, terminó por ceder con un ronroneo hosco, una muestra de su disconformidad, como un niño refunfuñando.

− Eso es, eso es… así. Palmeó con fuerza el lomo, la fuerza de los músculos cargados de magia le mandaba un cosquilleo por todo el brazo. − Tranquilo chico, estás a punto de llegar a casa.

* * * * *

Aún tardaron unas horas en llegar a puerto. Movilizar un dragón en un puerto muggle era todo un reto, había acudido un equipo de quince hombres del Gobierno Mágico de Sudáfrica que se encargaron de despejar el hangar y preparar una ruta segura a unas instalaciones. Poco tenían que ver con las caras instalaciones del Ministerio Británico, pero se tenían que apañar con eso. Acoplada la bestia en su espacio temporal, el equipo Londinense se retiró a descansar un poco. Tras unas horas de sueño, y un abundante desayuno, Robin esperaba a las puertas del Parque Nacional Montaña Zebra, lugar autóctonos de los Amphibaena. Necesitaba explorar el territorio y estudiar el lugar más óptimo para liberarlo. Con la mano plana en la frente a modo de gorra oteó la puerta, buscando al encargado sin éxito.

− ¿Hola? Dijo en voz alta, acercándose a la casetilla que custodiaba una verja. − ¿Hay alguien?






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Mar 8 Nov - 14:08


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Aganju hizo un buen trabajo de guía. No la había llevado precisamente a los lugares trísticos que visitarían un grupo de muggles con cámara en mano, ni la había llevado a ver los edificios de la ciudad. No. Lo principal, era salir fuera. Sudáfrica era un lugar mágico y salvaje, donde lo más importante no eran unos edificios de metal y cristal. Aquello, en realidad, casi afeaba la naturaleza salvaje de aquel país.
De las 30 reservas naturales que había allí, comenzaron aquella mañana por el Parque nacional Montaña de la Mesa, donde se hallaba el conocido Cabo de Buena Esperanza.

Parte de la mañana se les pasó caminando por aquel lugar. No esperaban encontrarse con los depredadores más imponentes de aquel lugar, pero si que se encontraron con los animales más "comunes" que se podían ver allí, desde elefantes a cebras.
Había visto manadas de bontebocks, un antílope autóctono de allí que se movía entre enormes sabanas que no tenían fin y Claire se había maravillado con la tranquila calma con la que se comportaban aquellos animales ante la cercanía de las personas. Al parecer, allí la caza estaba prohibida por lo cual los animales había crecido en un hábitat sin miedo al ser humano.

*  *  *

-...conviven con la naturaleza y se niegan a aceptar la ayuda del Ministerio del Cabo... Pero no suponen una amenaza, además de que manejan una magia básica que no tiene comparación con la que nos enseñan.. - Aganju caminaba un par de pasos por delante de ella, con los brazos cruzados por delante, tranquilo. Se dirigían al Parque Nacional Montaña de Zebra, una reserva conocida pero que además, guardaba en su interior incontables secretos mágicos, como tribu de la que precisamente le estaba hablando. - Pero... ¿A la larga no puede llegar a ser peligroso no poner restricciones a los magos? Aunque manejen magia básica su superpoblación o su uso indebido delante de los muggles podría ponerles en problemas... - Claire trató de alcanzarle alargando un poco más sus pasos para poder llegar a ponerse a su altura. -Si fueran vistos por los turistas muggles... - Aganju sonrió de medio lado. Su rostro se llenó de unas arrugas antes invisibles. -Digamos que también tienen sus barreras... como vosotros con vuestros edificios mágicos. Si la gente no mágica se acerca al área donde viven... simplemente ven una larga y aburrida sabana donde ni siquiera habitan animales. Un pedazo de tierra yerma, nada más... - la sencillez y la calma con la que hablaba tranquilizó a Claire. Los magos no eran tontos, y tampoco lo eran aquellos que vivían fuera de las comunidades mágicas y fuera de las leyes estipuladas, aunque había que tener un gran control

. -Los problemas vienen cuando alguna especie mágica que habita en el parque se deja ver por algún muggle... Hemos tenido que trabajar con muchos desmemorizadores para borrarles la memoria a los turistas que llegan a ver a los dragones... - rió entre dientes mientras Claire se quedó petrificada en el sitio. -¿Dragones...? ¿Es que hay dragones....? - en su voz se pudo apreciar un ligero deje de temor. Aquellas criaturas eran reales, verdaderamente reales, crueles y enormes, con muchos dientes y una boca que hace ñam ñam... O eso decía su padre en los cuentos. Pero no eran cuentos, y desde que entró en el mundo mágico lo sabía. Por suerte, o por desgracia, ella no se había topado nunca con ninguno. -Por supuesto... esta reserva es uno de los mayores nidos de Sudáfrica, de hecho tenemos una especie autóctona... - le apremió con las manos para que siguiera caminando a su lado. -No tenga miedo.. no suelen dejarse ver y además hay muchos magos vigilando siempre la reserva... Ah, mire, creo que ahí hay uno... - señaló un joven que se hallaba cerca de la verja del parque.  






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Miér 9 Nov - 12:41


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Robin tenía la boca seca, pero estaba demasiado ocupado como para buscar el termo de agua fría que llevaba en la mochila, abandonada dentro del Jeep alquilado para la ocasión. No hay chimeneas directas a las puertas de una reserva en medio de ninguna parte, por supuesto. El suelo árido y polvoriento le había dejado las suelas de las botas de un sucio color amarillento, las arrastraba por el suelo, un gesto para contener su impaciencia natural mientras esperaba a que alguien le respondiera. No parecía haber nadie allí, y él, precisamente, no tenía mucho tiempo que perder. Miró el Jeep detenidamente, juntando sus cejas en el centro de la frente. ¿Podría levantar el Jeep por encima de la verja y saltar? Mmmm… miró la verja, y al jeep, y de nuevo a la verja,. Demasiado alto, demasiado pesado para hacerlo sólo. Mierda.

Aquella valla era lo único que había. A izquierda, y a derecha, se extendía hasta donde alcanzaba la vista, en medio de aquella sabana pelada, espolvoreada de matojos secos y árboles solitarios que apenas daban sombra. Con los brazos en jarras exhaló un suspiro abrupto. ¿Por qué le hacían perder el tiempo de aquella forma?

Palpó la varita, firmemente sujeta a su muslo con el pantalón, cocinando una idea perversa. No debería hacerlo pero, por las barbas de Merlín, las reglas nunca se habían interpuesto entre Robin Fitchburg y un objetivo, y era mucho más sencillo que pasar el coche por encima de la valla. También era mucho más censurable. La sacó de la funda con un chasqueo, dibujó el hechizo en el aire, apuntando a la puerta.


− Alohomora

El conjuro siseó en sus labios, y salió disparado de la varita a la puerta metálica de la valla. Mientras se guardaba otra vez la varita el portón emitía un chirrido metálico, las piezas que los muggles se afanaban en dominar a través de aquello que llamaban tecnología cedieron a la magia como si fuera su maestra innata, y empezó a echarse a un lado, abriendo el paso al interior del gigantesco recinto de la reserva. Satisfecho, metió las manos en los bolsillos, dándose la vuelta para caminar hacia el Jeep. Pero al girar sobre sus talones se encontró primero con el sol de cara, deslumbrándole, y recortándo la silueta de dos figuras que se acercaban a él, una alta y morena, y la otra menuda, con la luz convirtiendo su pelo en una suerte de halo dorado alrededor de su cabeza, como si fuera santa.

- Buenos días, joven. Sus ojillos azules, con las pupilas contraídas por la abundante luz solar a la que no estaban acostumbradas, se fijaron directamente en el hombre que hablaba. Llevaba la vestimenta típica, faldones largos y colores vivos que contrastaban con el tono caoba de la piel. Tragó saliva y sonrió de forma automática, modo disimulo activado. Tendría que haberse sorprendido de que le hablaran en inglés, pero eso se le escapó.

− Buenos días. Respondió con presteza, sin dejar de caminar hacia el Jeep. "Disimula o muere, Robin" era lo que pensaba. − ¿Vienen a visitar, eh, la reserva? Pasó del alto negro a su pequeña acompañante, llevado por una curiosidad innata. No debería haberlo hecho. La reconoció al instante, pero ¿cómo no iba a hacerlo? Era la cara de sus peores recuerdos de adolescencia, los ojillos traviesos que le habían arruinado toda una vida de pedantería. Debería darle las gracias, pero verla en el culo del mundo resultaba algo… molesto, incómodo. Llevaban años sin verse, desde que había terminado sus estudios en Hogwarts prácticamente, habría esperado cualquier cosa, pero a ella no. – ¿Claire Owen?







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Miér 9 Nov - 14:30


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Por algún motivo, quizá porque se sentía algo fuera de lugar o porque prefería que Aganju fuera quien tratase con la gente de su propia tierra, Claire se mantuvo al margen, quedándose tras la alta figura de su acompañante.
Ladeó la cabeza para contemplar la verja que protegía aquel entorno tan peculiar... ¿Servían esos simples palos de metal para evitar que los dragones salieran de allí? Por supuesto, una verja de esa envergadura y de esa altura impediría que todos los animales no mágicos, así como los muggles, no entrasen o salieran por donde no debían pero... ¿Los dragones? ¿Acaso había también barreras mágicas en aquel lugar? ¿Cuán protegido estaba?

Escuchó la voz de Aganju desde lejos, como si esos dos metros que los separasen fueran mucho más que dos metros, como si se tratase de otro plano, desde el cual le respondía una voz que tenía cierto deje familiar para Claire, pero que no acababa de recordar.

Aprovechó aquel momento para sacar la botella de agua de la sencilla mochila de tela que pendía entre sus omóplatos y beber un par de tragos y relajarse. Aquella caminata había sido larga e intensa y, a decir verdad, estaba un poco hecha un asco. El pelo se le había encrespado y tenía la frente llena de sudor, así como manchas en la ropa que delataban las horas que llevaba caminando bajo el sol. Se pasó el pañuelo por la frente y lo volvió a guardar, junto con la botella, cuando alguien la llamó. Se giró hacia Aganju y el joven, con un interrogante pintado en el rostro. La voz no provenía del nativo, sino del desconocido que, al contemplarlo, se convirtió en una cara conocida. Las cejas de la muchacha se alzaron todo lo que pudieron, en un gesto de incredulidad. De todas las personas que esperaba encontrarse... Bueno, qué diantres. Allí no esperaba encontrarse a nadie conocido. Y menos a aquel antiguo compañero de Hogwarts. Pero de compañero tenía poco. La palabra correcta sería que fue su... "blanco".

-¿Robin...? - aquel nombre casi olvidado volvió a su boca como si nunca se hubiera perdido en su memoria. -¿Robin Fitchburg? - no pudo evitar sentirse, en aquel momento, azorada. No esperaba volver a encontrarse nunca con él, y menos después de lo que le había hecho, que no era poco. Aunque tuvo sus razones, nunca se las dio a nadie. -Vaya... menuda... coincidencia. - Carraspeó algo sorprendida. Aganju se giró hacia ella y luego de nuevo hacia Robin, con el mismo gesto de sorpresa en el rostro que Claire. -Aganju él es.. Robin. Un antiguo compañero del colegio... - sonrió nerviosamente, de repente sintiéndose como una niña pequeña a la espera de una regañina. De hecho, desde el momento en que le había reconocido, sentía un extraño nudo de incomodidad en el estómago que le oprimía. -Uhm.. ¿Cómo va todo? Estás... ¿Estás de visita por Sudáfrica? - aquello era extraño, muy extraño. No sabía como actuar y comportarse. Si como si no hubiera sucedidonada hace años o como si fueran amigos de toda la vida. Por unos instantes, la explosiva espontaneidad de Claire había quedado reducida a una simple chispita.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Jue 10 Nov - 14:11


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

La insustancial conversación con la que intentaba salvar su propio pellejo quedó relegada a un segundo lugar. Su cerebro era incapaz de seguir pensando con claridad, el rostro de Claire estaba desatando un bombardeo de recuerdos. El olor de la hierba alta en el campo de quidditch, bañada por la furia de un público que asistía a la final más reñida en cinco años, Ravenclaw contra Gryffindor. Rojo y dorado, plata y azul, los colores ondeaban compitiendo con los del cielo. Durante un segundo, de pie en medio de ese campo, rodeado por sus compañeros y escoba en mano, Robin Fitchburg se había sentido pletórico, ese era su momento, pensaba, absolutamente ignorante de lo que el destino y ella le tenían preparado. Hiel ácida le subió por la garganta, obligándole a desviar la mirada de los posos del tiempo en los que se estaba ahogando. Claire Owen, la maldita Claire Owen.

Y para su suerte o su desgracia, ella también le reconoció. Coincidencia, sí claro. También podrían llamarlo putada del destino, pero no había tiempo precisamente para discutirlo. Era extraño, porque no eran niños. Habían abandonado las facciones redondeadas y las miradas vivarachas e inocentes de la adolescencia muchos años atrás, ahora eran, sencillamente, dos desconocidos. Una perfecta desconocida a la que odiaba.

− Estoy aquí por trabajo. Acotó, tomándo el atajo de las preguntas que podía responder sin sentirse demasiado comprometido. ¿Cómo estaba? Pues en la gloria hasta que ella había tenido la gracia de aparecer.

- ¿Trabaja en la reserva, caballero? Se sorprendió gratamente Aganju, haciendo un movimiento de sus manos morenas hacia la verja. Había terminado de abrirse por completo con un gemido atronador, como un rayo rompiendo en dos la tranquilidad cálida de la sabana. - Precisamente estábamos buscando guía.

− Eh, bueno… Carraspeó, para tragarse el abrupto "mierda", que pugnaba por salir de debajo de su lengua. Miró la verja abierta, y el Jeep. Tenía espacio se sobra, pero si le pillaban con las manos en la masa le caería una buena en la embajada. La mejor idea era decir una verdad a medias, disimular y aguantar el tirón un rato ahí dentro. Con un poco de suerte, si salían contentos de allí, nadie se enteraría de que se había colado, y con polizones. − Algo así, aunque no soy guía. Puedo darles una vuelta si no les importa seguir mi ruta, claro.

- ¿Qué opinas, Claire? Preguntó Aganju, volviéndose hacia la interpelada, que había quedado en un discreto segundo plano. Sus intenciones eran buenas, de hecho, sonreía, pensando que para ambos, antiguos conocidos, sería una grata velada. Pobre ignorante. Miraba a Claire, expectante. - ¿Quieres ir o prefieres que esperemos a un guía?







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Jue 10 Nov - 18:14


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Aquello era completamente increible. De todo lo grande y extenso que era el mundo, con sus paises, regiones... con cientos de miles de millones de personas.. ¿Quien iba a pensar que volvería a encontrarse con él? No es que tuviera nada especial, en realidad, o eso se había hecho creer a lo largo de los años. Robin Fitchburg no fue más que una víctima más de sus bromas, una muy escogida, pero una más. Y eso pasó hace tiempo. Ahora habían pasado... ¿Diez años? Quizá un par más desde la última vez que lo vio. La gente cambia, evoluciona y madura. Las chiquilladas se dejan atrás, los rencores se olvidan... a veces. Y otras veces no. Y algo le decía a Claire que, por como apartaba Robin la mirada, no lo había olvidado del todo.

Robin hizo un comentario alusivo a que estaba allí por trabajo, lo cual no pasó desapercibido para Claire, que alzó una ceja sorprendida. Que ella supiera no había muchos magos que trabajasen en Sudáfrica, y menos magos británicos. El Ministerio de Magia llevaba un cuidadoso control sobre ello y precisamente ella había sido destinada allí con la esperanza de que hicieran un contacto entre ambos Ministerios.
Encogió los hombros ante la pregunta de Aganju para luego asentir con la cabeza, esbozando una leve sonrisa inocente.  -Podríamos ir con él, si no le molesta... Estoy segura de que será una visita mucho más interesante que si vamos con un guía turístico... - canturreó cruzándose de brazos. No lo hacía por molestarle, de hecho ni siquiera era consciente de que pudiera molestarle. En aquel momento su conciencia se había visto bloqueada y no estaba pensando con total claridad.

Así que, más ancha que larga, caminó hacia el interior del parque, pasando por el lado de Robin. -¿Puedo preguntar qué tipo de trabajo te ha traído hasta Ciudad del Cabo...? - su voz estaba teñida de un deje de curiosidad. ¿Qué había sido de aquel joven al que, sin pretenderlo, había arruinado parte de su estancia escolar? -Eres el primer mago Británico que veo aquí en días... Y hasta ahora no había ningún tipo de acuerdo entre ambos Ministerios.. - comentó ladeándose unos segundos hacia el chico antes de subirse al jeep en la parte de atrás, dejando que Aganju ocupase el asiento de copiloto.

No pudo evitar mirar a un lado y a otro, contemplando aquella explanada de tierra salpicada de verdes pinceladas de vegetación. Era un lugar realmente hermoso, como un cuadro mágico que se movía al son del viento. Aunque no hubiera magia allí propiamente dicho, se notaba, o al menos ella lo notaba, que se podía respirar la magia en cualquier rincón de aquel lugar. Bajo cada árbol, tras cada roca o montaña de tierra...   Antes de que arrancasen, se aseguró de bajar bien la ventanilla y poder asomarse, respirar aquel fuerte aroma.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Vie 11 Nov - 23:28


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Caminó hacia el jeep sin mirar atrás, ni siquiera se había molestado en cerrar las puertas cuando salió a buscar a alguien, y así seguían, abiertas de par en par. Gustoso le habría pegado una patada a una de las yantas, pero habría echado a perder aquella frágil cobertura para su infiltración al parque, cada vez menos discreta. Mejor así, quería creer Robin, si hubieran preferido esperar al guía turístico alguno de los dos podría haberse ido de la lengua y delatar su fechoría sin darse cuenta. Al menos así tenía las espaldas cubiertas.

Aganju parecía contento de haber encontrado una posibilidad más interesante que un guía turístico al uso, se movía con una energía genuina, como si los colores de su ropa fueran capaces de transmitirle esa vitalidad. Arrancó el motor. El vehículo de alquiler, usado por cientos de personas antes, tosió un humo oscuro por el tubo de escape antes de decidirse a arrancar definitivamente. El calor dentro del coche se volvía sofocante con la chapa reteniendo la temperatura, abrió las ventanillas y se remangó las mangas de su camiseta, buscando algún alivio. Las cicatrices de quemaduras antiguas eran parches irregulares de piel más clara, le salpicaban los dedos y todos los brazos.

− Y no lo hay. Estoy aquí por, em, como describirlo… Miró de reojo a Aganju. ¿Si era sincero le ofendería? Quería ser sincero, eso seguro. Había visto demasiada miseria animal por un puñado de escamas, o el corazón de un bebé dragón. No le gustaban los magos de Sudáfrica, como trataban a aquellas magníficas criaturas que tenían. En vez de honraras y protegerlas buscaban desesperadamente sacar tajada de cada pieza que podían sacar de un cadáver, cuando no aceptaban tratos con extranjeros excéntricos para sacarlos del país. − reasignación de propiedad extranjera. Es complicado.

El Ministerio Sudafricano sólo colaboraba porque, hola, habían perdido un maldito dragón. No era de extrañar teniendo en cuenta su falta de regulación ya que, al fin y al cabo, alguien en casa se llevaba una tajada por sacar huevos fuera. Si alguien se daba cuenta les convenía parecer preocupados e interesados de devolver el dragón a su lugar original, porque de lo contrario otros países podían enviar investigaciones, y eso, si señor, eso era último que querían.

− No hay un acuerdo tampoco en mi campo. Yo sólo me dedico a devolver a su lugar lo que aparece fuera, concretamente en Inglaterra.

Maniobró con el vehículo y este empezó a adentrarse por el camino de tierra apisonada. No era ni siquiera una carretera, estaba lleno de baches que ponían a prueba el eje, pero se notaba que por ahí pasaban vehículos a diario. Había estudiado la ruta mientras desayunaba aquella mañana, tenía claro a dónde quería ir y cómo hacerlo. Nada de pausas dramáticas para ver cervatillos africanos con manchas raras, o un león al sol. La presencia de Aganju empezaba a resultarle incómoda. Si no hubiera una tercera persona entre ambos se habría limitado a guardar silencio, porque en realidad no tenía nada que decirle a Claire Owen, ni le interesaba saber nada de su vida. Pero una descortesía expresada tan abiertamente con alguien entre ellos empezaba a avergonzarle, al fin y al cabo era británico. La educación estaba por encima de todo.

− ¿Y tú? ¿De vacaciones?








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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Dom 13 Nov - 15:21


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Claire se abrochó a prisa el cinturón de seguridad en cuanto comprobó que la conducción al volante de Robin le hacía botar en el asiento. Llegó a golpearse un poco contra el techo, pero no se quejó, tan solo se frotó la cabeza unos segundos para luego contemplar como el chico se remangaba, dejando entrever unas manchas claras e irregulares en la piel que no hicieron más que aumentar la curiosidad de la joven.

La sabana se desplazaba con rapidez bajo sus pies, mostrando diferentes faunas que se escondían al paso sonoro del jeep. Robin parecía saber muy bien (y tal vez demasiado) donde iban. Para ella, era solo un camino invisible que tomaban a gran velocidad, sorteando los arbustos y los árboles que proveían una ligera sombra a aquel caluroso lugar.

Negó con la cabeza a la cortés pregunta de Robin, aunque supuso que no lo vio. Sabía que estaba hablando con ella por no parecer irrespetuoso. Ese retintín en el tono de voz de advertía que lo único que no quería era justamente lo que estaba haciendo. Hablar con ella. Y sabía de sobra porqué.
-No, aunque casi podría considerarse unas vacaciones... Este lugar es precioso... -se recostó contra el asiento del jeep, disfrutando de las vistas y de la brisa con aquel característico aroma a salvaje. -También estoy por trabajo... El ministerio me ha enviado para crear los acuerdos de unión entre el Ministerio de Sudáfrica y el Ministerio Británico. Han pospuesto durante muchos años los acuerdos y por fin ahora se presenta un tiempo de paz en el que instaurarlo... - miró de reojo a Aganju, que esbozaba una sonrisa calmada que reflejaba, por una vez, las arrugas de su rostro, revelando su edad. -Aganju me ha ayudado mucho estos días, además es un miembro muy importante del Departamento de Interacción Mágica.- El mago anciano asintió y se ladeó un poco. -Hoy tenemos un día libre y quería enseñarle el parque, así como la gran reserva de Dragones.. Aunque creo que, por hacia donde nos dirigimos, usted ya la conoce, señor Fitchburg. No queda mucho más al oeste más que el nido... -

Claire se tensó en el asiento, incómoda. -¿Qué? Pe-pero... yo creía que veríamos el parque y... los leones... - señaló por la ventanilla, que parecía la única vía de escape ahora mismo. ¿Nerviosa? ¿Quien no lo iba a estar cuando le dicen que la llevan a una reserva de dragones? -No estoy muy segura de querer verlos, Aganju... podría acabar siendo el desayuno de algún animal enfadado.. - rezongó apretando los labios y apegándose aún más al asiento.
-No se preocupe, señorita... algo me dice que vamos con un experto.. - volvió a girarse hacia el piloto de Jeep y Claire le miró confusa, a la espera de una respuesta que la convenciera sobre porqué la llevaban a una reserva de dragones.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Mar 15 Nov - 16:18


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

El sabor seco del aire africano se metía dentro del coche, por las ventanillas abiertas que refrescaban el ambiente de la cabina y por los tubos interiores de ventilación. Robin no tardaría mucho en aprender que esquivar la arena en aquel lugar era tan factible como evitar la lluvia en Londres. A los lados del vehículo la naturaleza florecía, prácticamente virgen. Los esfuerzos de los muggles habían conseguido que aquel lugar permaneciera más o menos intacto, los grupos de animales se trasladaban a sus anchas por el recinto, se escuchaba sus gruñidos y el ruido natural que hacían al, sencillamente, existir. Los magos, por otra parte, habían conseguido borrar del mapa ciertas partes del recinto. Y no eran pequeñas, precisamente, la extensión donde habitaban los dragones era basta, unos 8 mil kilómetros cuadrados, con una geografía algo más accidentada que la sabana colindante. La silueta de las montañas escarpadas se perfilaba en la distancia, justo en la dirección a las que conducía Robin. Desde allí no se apreciaba, pero él sabía muy bien que encontrarían una vez hubieran consumido los kilómetros necesarios, agujeros horadados en las paredes verticales, plataformas en la boca de cuevas de aspecto antinatural, como balcones naturales. Boñigas del tamaño de un coche, en toda la gloria de su hedor, ricas en restos óseos de otros animales.

− A decir verdad no he tenido mucho tiempo para admirar el paisaje. Llegué ayer. Apuntó, casi distraído por la actividad de conducción. Le gustaba conducir, implicaba llegar de un punto a otro, requería de varios sentidos y podía amenizarse con música. Sosteniendo el volante con una mano se pasó la otra por el pelo, intentando sacudirse la sensación de incomodidad. Así que Claire trabajaba para el Ministerio… bueno, resultaba sorprendente que hubieran contratado a alguien con un sentido de la responsabilidad y la seriedad tan cuestionable. − ¿El Ministerio está abriendo fronteras? No tenía ni idea…

Masculló, puro escepticismo en medio de la alegría comunidad que compartían Aganju y Claire. Si no estuviera Aganju presente, sentado tan cerca que podía sentir como lo observaban sus pacientes ojos castaños, se habría atrevido a decir en voz alta su opinión sobre las embajadas y donde podían meterse su compañerismo internacional. ¿Quién demonios querría establecer comunidades en un lugar como aquel, donde mutilaban a dragones, los cazaban? No debería mirar la paja en el ojo ajeno, Gran Bretaña no estaba libre de sus propios cazadores de dragones. Se podían meter sus acuerdos por donde le cupiera, pero claro, el no tenía ni voz ni voto. Si quería seguir conservando su propio empleo lo más sensato era morderse la lengua. Miró de reojo a Aganju… ¿debería sonarle? Su voz no le resultaba familiar, pero si era quien Claire decía que era, tenía que estar enterado de lo del dragón.

− ¿Tienen habilitado un recorrido en la reserva de Dragones? De forma oficial, quiero decir. Preguntó a bocajarro, sin ningún tipo de tacto. Cuando salió de Londres había tomado la determinación de hacer un informe contundente sobre las instalaciones, tal vez un ensayo sobre la situación de los dragones en aquella parte del mundo. Con los datos necesarios la concienciación a nivel global en el mundo mágico podría hacer algo para respaldar la situación en aquellas tierras salvajes. El tono temeroso de Claire fue lo único que consiguió arrancarle de su determinación casi periodística. ¿Estaba, acaso, asustada? Jamás la había visto dar un solo paso en falso, y verla poner los pies en arenas movedizas le hizo sentir un placer malvado e inconfesable. − Prff… ¿Quién quiere ver leones?

Se jactó, girando el volante para tomar una curva brusca. El coche entero se sacudió, pero Robin se sentía pletórico. Hoy estaban jugando en su terreno. Pisó un poco más el acelerador, el Jeep dejaba a su paso una estela de polvo y tierra revueltos, una nube amarillenta y seca que no tardaba mucho en volver a depositarse en el suelo. Al rodear un desnivel de tierra el horizonte pareció cubrirse de un mar iridiscente que obligó a Robin a bajar el tapasol. A los pies de la sierra que albergaba un nido se asentaban lo que a lo lejos parecían verdaderos charcos de mercurio. "Época de muda." Pensó para sí mismo. Aquello que desde lejos parecían charcos reflejando la luz del sol en realidad eran canteras de escamas. Cuando el Amphisbaena Africano mudaba terminaba por empujar fuera de su nido todos los restos del proceso. Barrían con la cola y resoplaban bocanadas de humo que expulsaban el producto de su ciclo natural, de forma que estas se terminaban acumulando en el suelo, precipitándose montaña abajo.

− ¿Nunca has visto un Dragón, Claire?







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Jue 17 Nov - 0:07


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

-Lleva ya tiempo abriendo las fronteras... -mascuyó la joven casi malhumorada de repente. No, no le gustaba para nada la idea de tener que encararse a un lagarto de cinco metros de alto que te puede calcinar con tan solo respirar cerca tuyo. Pero tampoco quería decirlo en voz alta para no ofender a su anfitrión. quien muy amablemente se había prestado voluntario para ayudarla en sus tareas y guiarla en su excursión por los parques de Ciudad del Cabo. Y por otro lado no quería que Robin pensase que era una cobarde. Aunque en ese momento, aquello era lo que menos le importaba, a decir verdad. Ya no eran unos críos que se tiraban mierda a la cara aprovechandose de las desventajas del otro para tratar de hundirle en la desgracia. Muy atrás había quedado esa Claire, ya olvidada, aunque en el fondo aún quedaba un ligero resquicio que le hacía asomar una pequeña sonrisa. Aunque no en aquel instante.  

-No, no teníamos habilitado ningún recorrido por la reserva de Dragones.. Al menos nada oficial. Aganju se ofreció a enseñarme los diferentes parques y acabamos aquí por casualidad... o por una mala broma del destino.. - murmuró hundiendose aún más en el incómodo asiento descolorido por el sol. Quería desatarse ese cinturón que la mantenía prisionera, camino de aquella tortura. Quería correr todo lo que sus pies le permitieran y volver a cruzar aquella verja de la reserva, donde seguramente se sentiría algo más a salvo. Pero no podía. Solo Merlín sabía cuantos kilómetros habían recorrido ya... Aunque también podía desaparecerse, pero de nuevo, estaría ofendiendo al emisario de la Embajada Surafricana. Y tenía que evitar eso. Tenía que tragarse su miedo y su orgullo y... aceptar que moriría aquel día.

Asomó los ojos por la ventanilla, como si aquel insignificante vidrio de menos de un centímetro de grosor pudiera protegerla del ataque de un feroz dragón. Aquel paisaje presentaba lo que, a primera vista parecían charcos de un color extraño que fueron adoptando unas formas todavía más extrañas que su color conforme el jeep pasaba entre ellas. Se hundió aún más, tratando de ocultar su nerviosismo. Desde el asiento delantero, Aganju le dedicó una sonrisa de complicidad que parecía indicarle que se calmase.

Pero.. ¿Cómo iba a calmarse? Los animales nunca se le habían dado bien... Cursó Criaturas mágicas un mes tan solo. No es que no le gustasen los bichos, pero los prefería lejos. Por alguna razón, nunca se había llevado bien con ellos. Los perros le gruñían, los gatos le bufaban.... ¿Qué podía hacerle un dragón si le caía mal...? O peor.. ¿Qué no podía hacerle? Porque estaban hablando de dragones salvajes, aquellos que no se podían dominar y que el ministerio había decidido que eran demasiado peligrosos como para intentar dominar...
-¿Tengo pinta de haber visto algún dragón? -espetó casi con un gruñido de disconformidad. -No, no he visto ninguno y preferiría morir sin tener que verlos... Seguro que son magníficos y todo eso, grandes y... escupen fuego que derrite la piel... Pero a diferencia de unos cuantos, no quiero morir por una de esas bestias... Salvajes y en su sitio están bien, no sé porqué tenemos que ir a meternos en su nido..






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Vie 18 Nov - 21:52


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

El tono hosco de Claire le obligó a tragarse una sonrisa que hubiera sido descarada. ¿Así que se ponía a la defensiva, eh? Ni siquiera le daba importancia a lo que decía sobre la embajada, los contactos o las fronteras, en aquel instante lo único que parecía relevante es que dependía exclusivamente de él lo cómoda que estuviera. Su vida también, y la de Aganju por antonomasia, pero bueno, eso era algo secundario. Estando el al mando nunca le había pasado nada a nadie, más allá de lagunas cejas chamuscadas. Aganju se rió disimuladamente ante el tono de Claire, como quitándole importancia a sus reticencias, ganando automáticamente un puñado de puntos para Robin.

− Estaba preguntándole a Aganju. Rectificó, mirándo a Claire de soslayo a través del espejo retrovisor. Había dos clases de reacciones cuando se iba a ver un dragón; estaban aquellos que se llenaban de emoción y sueños infantiles, la pompa de la felicidad y los sueños de toda una infancia cumplidos en una montaña de toneladas cubierta de escamas, y después estaba Claire. No podía decirse que los primeros fueran muy listos, a decir verdad. Toda esa ilusión se convertía en un pavoroso respeto al ver que los dragones no eran mascotitas que pudieran atar en el jardín trasero de casa, ni mucho menos montarse en su lomo como si fueran ponis. Claire se decantaba por el lado de los sensatos, esos que preferían encogerse ante la inmensidad de algo que les superaba, y evitarlo en la medida de lo posible. Tiene un nombre, de hecho, sentido de la auto-preservación. Esa cosita que le fallaba a algunos del primer grupo, y sin duda a Robin también. − Me refería a si tienen una ruta oficial en el parque para visitar dragones, ya sabes, un puñado de encargados guiando a turistas.

Le faltó decir "a donde no deberían ir", pero tampoco era necesario. El tono desaprobatorio se escurría entre sus dientes, aunque reparó en que Claire acababa de fastidiarle una oportunidad perfecta de conseguir algo de información. Desvió su atención de Claire a Aganju, siempre con un ojo puesto en la carretera, y de vez en cuando en el cielo. El Sudafricano tenía un aire muy distinto a Claire, estaba mucho más relajado.

− En Reino Unido se prohibieron las incursiones de ocio sin o con carácter lucrativo en entornos de criaturas fantásticas calificadas con cinco Xs en la escala de Newton Scamander hace veintitrés años, ¿lo sabía, Aganju? Dejó caer, sin ninguna delicadeza. No fue capaz de controlarse y un amago de sonrisa le traicionó por las comisuras de la boca cuando escuchó a Claire refunfuñando en el asiento de atrás, como una vieja quejándose de la humedad cuando llueve. No le ofendía su opinión, una particularmente generalizada, era útil, mantenía a los magos lejos de los dragones, y eso siempre era algo positivo para Robin, pero él conocía la verdad, y la mayor parte del tiempo le bastaba, porque mantenía aquel mundo utópico a salvo. Dragón era sinónimo de nobleza, de orgullo y majestuosidad. − ¿Estás loca? No vamos a meternos en su nido.

Espetó, casi a punto de reírse. Desacelero el vehículo para tomar una curva y afrontar una pequeña cuesta con más margen de maniobra. Las ruedas se adherían al suelo, impulsadas por la gravedad que las hacía girar más rápido entre las piedras y la accidentada morfología del terreno. Traqueteaban, colina abajo. Robin pisó a fondo el acelerador sin dar explicaciones, llevado por un instinto inexplicable. Con su delgada figuraba alcanzaba a sacar casi medio cuerpo por la ventanilla, y prácticamente lo hizo cuando el repentino silencio del motor dejó paso a un sonido nuevo; batir de alas. Sutil como el viento, el sonido llegaba distante pero ganaba fuerza. Como si surgiera del mismísimo sol, envuelto por el halo dorado de luz que reflectaban las escamas, un Amphisbaena de color arena cruzó el firmamento en dirección a las montañas sin inmutarse de la presencia del jeep, a cientos de kilómetros por debajo de sus dominios, el cielo.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Lun 21 Nov - 16:15


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Iba a contestarle a Robin por aquella descarada respuesta, pero prefirió, sin embargo, mantenerse callada y ovillada en la protección que el asiento trasero le confería. Aquella excursión que tan bien había empezado se estaba tornando ahora en una tortura psicológica... Podrían haber rechazado la oferta de Robin e ir a pie y patita, o esperar al auténtico guía turístico, pero no, habían tenido que decidir ir con él, a ver nada más y nada menos que bichos escupefuego.

Bufó cruzándose de brazos, notablemente molesta y dejó que los dos hombres se entablasen en una conversación en la que no quería participar siquiera. Se dedicó, por unos minutos, a dedicar miradas cargadas de odio a la nuca de Robin, deseando por un segundo que su ácida mirada le perforase la piel, a ver si se le bajaban aquellos humos que tenía. Por un momento estuvo tentada de sacar su varita y hacer que una de las ruedas del coche se deshiciera del calor, o se pinchase... Pero Robin no era tonto, sabría reconocer un hechizo, y más si era de Claire. Bastante había tenido que soportar ya en su época.

-... Bueno, cada lugar tiene sus propias leyes, joven. Estoy seguro de que allí vuestros Dragones estarán seguros en una reserva.. aquí no tenemos problemas en dejar que los magos se acerquen a contemplarlos... siempre hay ojos curiosos que no se satisfacen.. Ya hemos tenido muchos problemas al dar una negativa... magos jóvenes se colaban una vez que les decíamos que no podían acceder al parque... y luego teníamos que sacar sus cuerpos chamuscados.. así que mejor permitirles mirar desde lejos y con vigilancia que negarselo y acaben de malas maneras... Es evidente que contamos con magos capacitados para realizar visitas. Hay varias excursiones disponibles a la semana, siembre sujetas bajo estrictas leyes de seguridad para evitar que ocurran incidentes... Pero son Dragones, señor Fitchburg, siempre hay imprevistos...- la voz de Aganju resultaba tranquila conforme avanzaban. Claire escuchó, sin rechistar. Era evidente que cada país tenía sus normas, gustasen o no al resto de países. Sudáfrica era libre de mostrar sus criaturas si quería... que los demás pensasen lo que quisieran. Claire incluida, quien habría preferido quedarse en cualquier lugar menos aquel.

El jeep se detuvo, y una sombra los cubrió por una milésima de segundo. Una sombra que siguió cruzando las arenas de aquel terreno hasta perderse en la lejanía. Sin embargo, lo que más terror le causaba a Claire no era la sombra, sino el dueño de la sombra y el considerable tamaño que éste debía tener como para, a la altura que estaba, proyectar aquella siniestra sombra. Tragó saliva y se arrebujó aún más en el asiento. Esa sombra le produjo un malestar intenso, un terror que no había sentido jamás. La desesperación animal de huir de aquel lugar. -¿Podemos apresurarnos...? - fue lo único que alcanzó a decir. Cuanto antes llegasen al lugar que debían estar, antes se marcharían. La pregunta era si sus nervios iban a poder soportar tal presión o acabaría desapareciéndose de allí, aunque aquello la dejase en evidencia ante su anfitrión?

-Cálmese, señorita Owen... no iremos mucho más lejos.. ¿Ve aquellas montañas? -
señaló a través de la ventanilla y Claire se acercó al cristal para ver por donde señalaban. -En realidad están a muchos kilómetros más de lo que parece... es una ilusión mágica para evitar que crucemos más... Cerca de aquí se encuentra la zona donde cazan, así que sería mejor evitar la zona..






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Vie 25 Nov - 21:37


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Claire, en el asiento de atrás, se hacía cada vez más pequeñita. Al contrario que en los años de juventud donde era un golem, no, la personificación física de un titán puesta en su camino, el gran obstáculo. Estaba notando el peso de los años y la madurez sin darse cuenta, sí, quería verla enfurruñarse, buscarle las cosquillas hasta que Claire le araña la cara. Pero su causa palidecía cuando su instinto se imponía y saboreaba en los labios ese sabor agridulce de su profesión. Trabajaba calmando bestias y cabreando personas, y ni Claire ni su capacidad para sacarlo de quicio tenían el poder suficiente para interponerse en el camino de Robin Fitchburg, alma de dragón. Mientras estuviera asustada en el asiento de atrás era insignificante. Por otra parte, Aganju, era un bocado mucho más suculento.

Bajo el caucho de las ruedas los metros se sucedían, polvo seco y tierra dura, tanto como los ojos del único hombre autóctono que respiraba dentro del coche. Quería mirarlo a los ojos y atravesar la verdad en aquellas palabras. No es lo mismo escuchar que mirar, porque las mentiras visten los ojos de una pátina única, dura y fría, convierte las ventanas del alma en canicas inertes, cuencas vacías. La mentira levanta un escudo en el que esconder la verdad, y la verdad es algo que sólo se esconde cuando es sucio o vergonzoso. Así que los ojos de Robin, entrecerrados, viajaban del eterno horizonte de secano al castaño plano de los ojos de Aganju. Y, en esos segundos, se reconocieron. Las dos caras de la misma moneda… mierda. El instinto de Robin se disparó como la espuma de una lata agitada con demasiado vigor, la varita se le clavaba en el muslo cuando antes sólo reposaba sobre él, su peso se multiplicaba, cargándose de las sospechas que atravesaron al mago.

Había discursos de todo tipo en el mundo, pero había escuchado las mismas palabras manidas en bocas muy distintas, y no importaba si venían de un desgraciado en una esquina del callejón Knocturn, “Ojos curiosos que no se satisfacen”, “ mejor permitirles mirar desde lejos y con vigilancia que negárselo”.

− No le mentiré, Aganju, son buenos argumentos. Estaba cambiando de estrategia a marchas forzadas. Indagar de forma directa era chocarse contra un muro por el bagaje de su interlocutor. − Admito que me siento atraído por una de sus visitas, si es la personalidad que le atribuyo, supongo que estará al tanto del porqué de mi visita a su tierra.  Entenderá que no es lo mismo tener un Amphisbaena en una caja en Londres que ver a un grupo completo, ¿no cree?. Como draconólogo es una experiencia que no me gustaría perderme.

Su tono había cambiado. No era una treta que funcionara con todo el mundo, Robin lo sabía, pero por intentarlo nunca perdía nada. Siempre había alguien que se creía más listo que él, e interpretaba un primer acercamiento directo y sin tapujos como una forma de tantear el delicado asunto de las ilegalidades. Para saber, de hecho, hasta donde estarían dispuestos a llevarles a cambio de dinero, influencias o los generosos beneficios que daban las ventas de Huevos de Dragón. Robin no quería ver un grupo de Amphisbaena, quería pruebas, seguir su instinto hasta el final, le llevara a donde le llevase.

La voz de Claire hizo su chillona intromisión en los pensamientos tenaces de Robin, tirando por tierra todo lo que intentaba poner en pie. Se giró hacia ella, arracándo el vehículo sin mirar. Tuvo que morderse el interior de las mejillas para contener el brillo de la idea que le atravesó por dentro. Claire era, de hecho, la personificación del Ministerio de Magia Británico en aquel suelo, La necesitaba.

− ¿No quieres acercarte más Claire? Volvió la vista a la carretera, obligando al motor a acelerar. Quemaba gasolina más rápido de lo que podría pagarla, eso seguro. El reflejo iridiscente de las escamas en el suelo era un faro en la distancia, lo estaba llamando, como la estela oscura que los precedía en el camino de tierra apisonada.− Intenta relajarte, los dragones no son tan peligrosos. De hecho son fascinantes cuando los ves de cerca, ¿verdad Aganju?

Pregunta trampa de primero de conspiración, era demasiado fácil como para que cayera en esa trampa, pero por intentarlo tampoco perdía nada.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Miér 7 Dic - 15:08


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

No, no y no. Desde luego que no quería acercarse más. Contuvo el aliento cuando Robin se giró hacia atrás, negándose a contestar. Sabía  de sobras lo que aquel orgulloso mago estaba haciendo con ella. Se estaba vengando, y de qué manera, de todos los años de trastadas que ella le había jugado en Hogwarts. Demasiadas malas jugarretas en sus tiempos de adolescente que le habían acarreado al joven mago más de una buena bronca. Y ahora las tornas habían cambiado. Robin tenía la sartén por el mango y no se podía quemar, metafóricamente hablando. Porque lo que era su piel podía considerarse un mapa de cicatrices bien diseñadas y organizadas.

Ahí, en el asiento trasero del coche, Claire no podía más que contener la respiración, tragarse su orgullo y su miedo (totalmente justificado) y tratar de no envenenar demasiado sus miradas, sabiendo que estaba pagando lo que una vez ella había hecho, no le quedaba otra.

A decir verdad, Robin no parecía muy centrado en ella. Era como si estuviera ignorándola, como su fuera un mero objeto de decoración en la parte trasera del jeep. Parecía estar más pendiente te Aganju y de sus palabras que de nada de lo que Claire pudiera decir. Alzó una ceja ante las frases que se intercambiaban, sin comprender que había algo más tras aquellas palabras. No conocía apenas a Robin, pero se había dado cuenta del giro que había dado en la conversación. De repente parecía ansioso.

-Nuestras visitas son muy conocidas a lo largo del mundo mágico. No todo el mundo puede acercarse a los dragones y se sienten atraídos aquí para poder observarlos. Tenemos muy pocos centros turísticos mágicos que atraigan a jóvenes magos. Aquí todo es más salvaje y más viejo, menos... - parecía encantado de hablar pero por momentos, se atascaba buscando las palabras. - Menos moldeado. Hay mucha magia por explorar en estas tierras y la gente quiere verla, conocerla... No hay nada de malo en ello... Se le ofrece lo que buscan y todos salen ganando... - aquellas palabras escondían un doble significado que Claire percibió pero no consiguió adivinar del todo. Sabía que Ciudad del Cabo no atraía muchos magos. Había estado redactando varios informes durante los días que permanecía allí. Quizá alguno que estuviera de paso, pero.. ¿Turistas mágicos? Muy pocos.

Dracónologo. Al final, Robin se había alejado del mundo del quidditch, cosa que sorprendió mucho a la joven empleada. Había sido un magnífico jugador en su época del colegio. De repente, el recuerdo de su nombre coreado por todo el colegio llegó a su mente. Arríba, en lo alto del campo, su escoba volaba más rápida que ninguna. Lo daba todo en los partidos, lo sabía. Pero odiaba verlo. Le encantaba y lo odiaba. Odiaba verlo ahí, siempre en lo alto, sin haber hecho nada para estar merecerlo realmente. Solo porque era bueno, porque las chicas lo adoraban y porque provenía de buena familia. Ella, sin embargo había aguantado burlas por estar en la casa de las Serpientes siendo, lo que llamaban, una sangre sucia. Provenía de una familia que nadie conocía y siempre tuvo que hacer lo imposible para que simplemente recordasen que se llamaba Claire.
Quizá, de no haberse encargado ella de bajarle de esa escoba pretenciosa, Robin hubiera llegado a jugador profesional. Unos quizás que nunca sabría.

Contempló desde atrás el cabello de su nuca, como hacía pequeños caracoles rizados por el sudor del día y se pegaba a su piel. Había querido a ese chico tanto como lo había odiado... Y se había olvidado de él cuando terminó Hogwarts. Y ahora estaba ahí. En el asiento de delante, como si nada hubiera pasdo pero disfrutando a la vez de esa pequeña venganza.


-¿No son tan peligrosos? - no pudo esconder ese deje de miedo en la voz. Claro que eran peligrosos. Eran dragones, las criaturas más poderosas del mundo mágico, probablemente. -Pero... ¿Te estás oyendo..? Son los causantes de innumera...
-El señor Fitchburg tiene razon, señorita...- Aganju respondió por el joven, interrumpiendola y haciendo que se tragase sus palabras. - Aunque eso es lo que le dirá siempre un dracónologo. Los dragones son criaturas maravillosas e increibles. Hay gente que hace lo imposible por verlos de cerca... - las dunas se iban haciendo cada vez más pequeñas, dejando paso a formaciones rocosas de extrañas formas que salpicaban el camino de una manera curiosa pero agradable. -No estoy tan segura... - murmuró cruzándose de brazos como una niña que ha recibido una reprimenda. -No se debería permitir a gente inexperta acercarse a semejantes criaturas...- aquella era su opinión y no pensaba cambiarla por nada del mundo.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Jue 12 Ene - 18:27


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Claire se había desvanecido, ya no existía. Aunque nunca había sido un ferviente creyente de aquellos credos manidos, el tiempo y la vida habían terminado por poner las cosas en su sitio, cuando algo importante, realmente importante para Robin, se interpuso en el camino de su venganza pueril, la misma venganza perdía sentido. Era absurdo, inmaduro, incluso vergonzoso. No se avergonzaba de cobrarse una afrenta, pero se avergonzaría de hacerlo a costa de su cultivado orgullo como profesional.

− Entiendo. Menos moldeado. ¡Por las barbas de Merlín, cuanto descaro ante sus propios ojos! Menos civilizado, y sobre todo, menos legal. Aganju tenía la lengua más suelta de lo que había esperado. Estaba esperando un cierre en banda, y no aquellas discretas confesiones. Claro que tampoco resultaban abiertamente comprometedoras, al menos si sabías escuchar las palabras adecuadas. Pero estaba allí, esa posibilidad, cada vez más firme palpitando como un tambor en mitad de la noche. Y Robin lo escuchaba con tanta claridad que dolía.

Cuando habló Claire el mago se sintió catapultado lejos de sus pensamientos, aquella vocecilla estridente que había odiado durante años le ponía los pies en la tierra, un susurro vivo que dictaba: ten cuidado Robin, la jugarreta te llegará cuando no te la esperes. Joder, ¡mierda! Tenía razón, no podía relajarse.

− Aganju tiene razón, ahórrate el inciso, Claire.

Sonaba cortante, de hecho, lo era, sin embargo había un brillo inequívoco en sus ojos azules cuando miró a Claire por el espejo retrovisor. Era la primera vez en treinta años que la escuchaba decir algo con lo que estaba de acuerdo. ¿Era una carta con la que podría jugar? Todavía no estaba seguro, pero no estaba dispuesto a levantarse de aquella mesa hasta que gastar hasta el último de sus ases.

Al otro lado de la luna la carretera perdía arena por cada metro que avanzaban. En su lugar las formaciones rocosas se alzaban con un enroscado color rojizo, amarillo, y si te fijabas bien la marca negra del hollín, cicatrices de fuego. Traqueteaban a un ritmo rápido, siguiendo la sombra del dragón que se volvía difusa en sus alturas. En algún momento las nubes le hicieron un favor, ocultando su figura, y las escamas al pie de la montaña se apagaron, estrellas cenitales en medio del amanecer. Y sin su brillo cegador podía distinguirse algo que antes estaba oculto, figuras oscuras que se movían, vestidos en tonos terracota, en esos charcos de escamas. Flaco favor hacía la ropa al ojo humano, era difícil distinguirlos contra la pared rocosa, todo color siena y jaspe veteado. La adrenalina tenía un sabor dulce en la lengua de Robin, había estado en esa situación más de una vez; saqueadores, buscavidas, ladrones de huevos… podía ser cualquier cosa, y estaba seguro de que Aganju lo sabía. El esfuerzo que hizo para no estrangular el volante o aplastar el acelerador con todo el peso de su cuerpo fue sobrehumano, en vez de dejarse llevar respiró hondo y siguió conduciendo, inalterable, templado a fuego. Iba a destapar aquel asunto, y pensaba hacerlo a costa de Aganju, de Claire, de quien fuera necesario.







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Lun 16 Ene - 13:15


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Insignificante. Así es como se sentía Claire tras el mordaz comentario de su antiguo compañero. Insignificantemente pequeña...
Apartó molesta la mirada de la nuca de Robin para mirar por la ventana y ver el perfil del chico reflejado en el retrovisor. Había cambiado tanto que era irreconocible. Por un breve momento, sus ojos se cruzaron en el cristal del espejo. Claire fijó sus ojos en los de él, sin pestañear, hasta distinguir un brillo extraño en aquellos ojos. ¿Acaso quería decirle algo sólo para ella?
Frunció el entrecejo y apartó la mirada con brusquedad de nuevo para fijarse en el paisaje, en los nidos de escamas que brillaban al sol.

Por un momento, el jeep pareció descontrolarse en las manos de Robin. Aquello le hizo preguntarse a la joven funcionaria si había sido a propósito o tan solo era un bache más del terreno. Pero no, no lo parecía.

Finalmente aquella excursión terminó cuando el jeep derrapó en la arena y su motor se apagó con un suave murmullo. Claire agradeció dejar de oir ese molesto retumbar en sus oídos. Fue la primera en abrir la puerta y bajarse de aquel trasto infernal, aunque en realidad no tenía muchas ganas de saltar a la aventura del dragón. Sin embargo había algo extraño allí. Una intuición, algo que notaba en su nuca, como un aliento peligroso.
Fue entonces cuando captó, por el rabillo del ojo, un furtivo movimiento oculto a plena vista. Se giró con rapidez justo para contemplar las paredes rocosas de aquellos riscos. A primera vista no había nada, salvo los nidos de escamas, pero bien mirado, muy bien mirado... había algo que no encajaba, como un hechizo de camuflaje del que tienes consciencia. No ves, pero percibes. Casi sin darse cuenta buscó la mirada de Robin, como si quisiera exigir una respuesta. Ladeó la cabeza y le hizo una pequeña seña para que se acercase, aprovechando que Aganju estaba algo alejado de ellos.
-¿Qué está pasando, Robin? Se supone que no debería haber nadie aquí... ni siquiera nosotros...  -volvió a dirigir la mirada a esa zona, donde había algo que no veía, pero se percibía. -No estamos solos.. y Aganju parece no verlo... o no querer verlo... ¿Porqué?






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Lun 16 Ene - 17:43


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

La superficie reflectante le devolvía una estampa digna de una guardería. Mirada sostenida, morritos fruncidos y giro de barbilla a lo diva en una portada de Corazón de Bruja. ¿Era ajena a la tensión que se respiraba entre el asiento del conductor y el del copiloto? Allí, en la cabina, el aire era tan denso que podías lamerlo si sacabas la lengua, y poco tenía que ver con el calor. Miró a Aganju de reojo, con una sonrisilla confiada, fingiendo una tranquilidad que estaba lejos de sentir.

- Creo que Calire le necesita fuera, señor Fitchburg. El calor y la emoción deben haberla… atribulado.

−Es una señorita, siempre lo ha sido. Nada acostumbrada a ciertos rigores. A diferencia de nosotros está interesada en aspectos más triviales de su ciudad. Sólo tardaremos un segundo.

Saltó del Jeep con aplomo, levantando polvo bajo las suelas rígidas de las botas. Los mismos zapatos a los que se había acostumbrado hacía años, botas de cordones, aspecto marcial, protección metálica en la punta y cuero encantado para repeler el calor, ignífugo. Sucias de polvo, tierra y arena. Sucias de África. Cerró la puerta a su espalda, atravesando el espacio hacia Claire. No confiaba en Aganju, pero lo peor era que no podía confiar en ella, y para bien o para mal era su única aliada.

− ¿Qué está pasando? El susurro atravesó sus dientes apretados, vestido de siseo. Así Robin se parecía a los dragones que tanto amaba. − Sabía que eras muchas cosas, pero no sabía que fueras una crédula. Ese hombre, tu contacto con el gobierno, es corrupto, y trafica con dragones.  





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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Lun 16 Ene - 18:06


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La chica se cruzó de brazos, ladeando la cabeza para mirarle de reojo, tratando de no levantar demasiado la voz, con la esperanza de que Aganju no les oyera.
-¿Crees que tengo idea acaso de como es un traficante de dragones? No es que lleve un cartel colgado al cuello... - rezongó molesta, señalando con la barbilla a aquellas siluetas que se confundían con la arena. -Tampoco he tratado nunca con dracónologos ni con traficantes... Apenas le conozco, he estado dos días con él y nunca ha mencionado nada de dragones hasta hoy.. ¿Cómo narices crees que iba a darme cuenta..? - su tono era de enfado. No tenía motivo alguno de acusarla de crédula. Aquel era un tema del cual nunca había sabido nada, no es que fuera responsabilidad suya. Ladeó la cabeza unos segundos, examinando de reojo a Aganju que permanecía alejado de ellos.

-¿Se habrán dado cuenta de nosotros..? -no podía dejar de mirar aquellas siluetas. No sabía si los traficantes eran agresivos, aunque estaba segura de que el precio de lo que podían conseguir ahí era más importantes para ellos que la vida de unos magos descuidados. Una parte de ella quería largarse de allí y obviar todo lo visto y lo vivido, pero no podía, en realidad. Era una empleada del Ministerio Londinense y, aunque no era una Auror ni nada, debía tratar de evitar que se cometieran esos actos, aunque estos no se dieran en su territorio.

-¿Qué podemos hacer...? -esta vez sonó mucho más seria, calmada y firme. Su varita pareció vibrar en el cinturón ante el pensamiento de lo que podía ocurrir ahí. Había varios traficantes en los nidos, ahora parecía verlos con más claridad. Y aparte estaba Aganju, del Ministerio Surafricano. Según qué acciones podían llegar a desencadenar una guerra mágica entre los dos estados. Algo que Claire pensaba evitar a toda costa.







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Lun 16 Ene - 19:22


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− No, claro que no… si sólo le falta un coro de howlers para ser más indiscreto…

Hundió la puntera de la bota en la arena, haciendo crujir una decena de piedrecitas que no podían con su peso liviano. No podía pasarse las manos por la cara, no podía gritar ni hacer todas esas cosas que la actitud de Claire le daba ganas de hacer. Enfadada… ¿¡cómo podía seguir enfadada?! Esto era serio, era ¡real! Y sin embargo ella seguía allí plantada con sus morritos a punto de fruncirse, como si tuviera seis años y un berrinche.

− Claire, esto es serio. Si metes las narices en los asuntos de estos tipos…

Espera, ¿estaba a punto de advertirla? Eso, exactamente. Decirle que nadie sale indemne cuando te hundes hasta las cejas en el mundo tenebroso de sombras que Aganju utilizaba para hacerse un poco más rico a costa de criaturas inocentes. Pero… ¿Qué le aseguraba que Claire no estaba allí precisamente para ello? El gobierno, embajada… podía ser una tapadera, una retorcida forma de encubrir desde Londres los movimientos de Aganju. No sólo una persona se beneficiaba en aquel mundo, bien lo sabía Robin. Miró por encima del hombro el perfil que seguía en el coche. Debía ver lo mismo que veían ambos, allí recortados contra la roca, pero su expresión no se inmutaba. El ónice de sus ojos morenos atravesaba el vasto camuflaje, era casi ofensivo lo escaso de sus esfuerzos por ocultar sus actividades.

Robin miró a Claire muy lentamente, calibrando lo que estaba a punto de decir. ¿De verdad era casualidad que fuera ella?

− ¿Por qué puedo confiar en ti, Claire?







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Lun 16 Ene - 19:51


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Por un momento fue como si la hubieran abofeteado, lanzado un cruciatus, un lazo del diablo y cualquier maldición de confundir. Su sangre se heló por un momento y su figura se enervó tanto como el palo de la escoba. -¿Disculpa?- aquel siseo estaba cargado de odio en aquel momento, odio que de haber podido escupir le hubiera quemado como ácido. Se giró hacia Robin, apretando los puños a ambos lados del cuerpo y contó hasta diez, soltando el aire lentamente. ¿Estaba dudando de ella? -¿Que porqué puedes confiar en mí...? - estrechó la mirada y cubrió su pecho con los brazos, como si quisiera protegerse de aquellas palabras. -¿Crees que formaría parte de algo así? Quizás no lo sepas pero el Ministerio Británico está trabajando mucho en atrapar a todos los traficantes de animales mágicos... No forma parte de mi trabajo, ni de mi departamento, pero estoy aquí... Podría irme ahora mismo y dejarte aquí, y que te apañases tú, señor dracónologo, con Aganju y sus traficantes... - estaba molesta, enfadada y sobre todo, ofendida de que Robin pensase que podría formar parte de todo aquello.

Por unos segundos mantuvo la mirada con aquellos ojos oscuros, tratando de pensar el porqué pensaba él que estaba metida en aquel chanchullo. Tras un largo suspiro relajó la pose y dejó caer los brazos a los lados. -Estoy aquí para crear una unión entre los dos Ministerios, no para traficar con dragones... No quiero meterme en medio de una guerra mágica y mucho menos que lo que hagamos ahora nos lleve a una confrontación mágica... Aganju es una persona muy importante del Ministerio Surafricano, no saldremos indemnes si lo acusamos, la comunidad mágica lo respalda con una fe ciega...- poco a poco sus palabras se fueron reblandeciendo, casi parecían una súplica. -No es tonto... sabrá que estamos tramando algo si no volvemos con él..- echó un último vistazo a las siluetas a la lejos. -No sé qué podemos hacer pero... haré lo que necesites para salir de esto, aunque no confíes en mí, lo cual si me paro a pensar, también tiene su lógica...- encogió los hombros unos segundos. -El pasado no es algo que se olvide fácilmente, ¿no?






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Mar 24 Ene - 16:04


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A medida que el gesto de Claire se enfriaba, cortado a cuchillo, el de Robin se endurecía. Podía ofenderse porque era insultantemente plana o podría ser una brillante actriz, la había visto en escena, dispuesta a conseguir librarse de cualquier castigo con la mirada adecuada de no haber soltado una snitch en su vida. A diferencia de la dama su actitud corporal no cambiaba, tenía los hombros relajados con las manos en los bolsillos. Sólo la chispa viva de sus ojos, ese fuego contenido, podía delatar como se sentía Robin.

− Te recomendaría que relajaras tu lenguaje corporal, querida. Una puntilla dolorosa pero necesaria, al fin y al cabo Aganju seguía justo allí detrás, con un incómodo pero práctico espejo retrovisor desde el que mirarles. Quería chasquear la lengua, los dedos, sacar la varita y soltar cuatro maldiciones o aparacerse lejos de aquella muchacha tozuda y abnegada para ver más allá de sí misma. − No me estás dando respuestas, Claire, ni mucho menos razones. Estás rumiando excusas.

Entrecerró los ojos mientras ella continuaba hablando. Supo que podía creerla, la maldad de Claire siempre había estado desprovista de la crueldad que era necesaria en aquel tipo de actividades. Pero se equivocaba en algo, rotundamente; él no estaba dispuesto a salir de allí rezando porque no le salpicara. No era estúpido, no atacaría a ciegas en su terreno pero… no estaba dispuesto a permitir que las cosas se quedaran así.
− El pasado es el que es, pero no tiene nada que ver. No me caes bien, pero… Eres mi único recurso para salir de aquí. La frase continuaba así pero era incapaz de pronunciarla. − esto es peligroso, muy peligroso. Más de lo que imaginas. Tengo un equipo en la ciudad, la prioridad es volver hasta ellos, ¿De acuerdo? Sacó las manos del pantalón, frotando el sudor contra la tela basta antes de ofrecerle una a Claire. Guiarla hasta el coche y firmar una tregua en el mismo gesto, discreto, arriesgado, un salto de fe que le ponía una losa de angustia en el pecho. Todos sus sentidos le gritaban que desconfiara de Claire. − Volvamos al coche, te sacaré de aquí.







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Mar 24 Ene - 23:27


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Cada frase, cada palabra que soltaba Robin era como una bofetada fría y cortante en la mejilla que le dejaba un constante quemazón que quería rascarse y arrancarse de la piel. Aquella sensación de humillación que estaba tragando por parte del chico era, cuanto menos, desesperante. Trató de relajar, aún a regañadientes, la postura, con tal de no estar tan tensa. Parecía que su cuerpo quería saltar a la mínima, y en realidad así era, quería saltar contra Robin, pero con los dientes por delante y en dirección a su yugular. -¿De qué excusas me estás hablando? - con el ceño fruncido, Claire le fulminó con la mirada, aunque parecía que aquello no causaba el efecto esperado. ¿Podría conjurar un relámpago que le hundiera hasta la nariz en aquella roca arenosa?

Sonrió con malicia por un segundo pero su semblante se volvió serio de nuevo en cuanto le escuchó a hablar. No hacía falta que le restregase por la cara lo de que no le caía bien, aunque por si no se había dado cuenta, el sentimiento era recíproco. En el fondo esa actitud de Robin no había cambiado, seguía siendo un orgulloso y prepotente chico repelente. Asintió ante el plan dado por su ex compañero y miró aquella sudorosa mano, enrojecida por el calor y recubierta de callos, seguramente por el fuego de los dragones. Sopesó unos instantes el mandarle a la mierda por aquella frase de "te sacaré de aquí". Como si fuera una chica apurada que no sabe valerse por si misma. Si algo había que tener en cuenta de Claire era que, pese a su aspecto de chica frágil e inocente se escondía una víbora cargada de veneno, letal, ágil y astuta. Aunque a primera vista pareciera incluso una muchacha tonta. Lo más inteligente para ella, en muchos casos, era hacerse la niña tonta e inocente. Sin embargo, por otro lado, odiaba la gente que la trataba como tal. -¿Sabes, Robin? Creía que el que te tirasen de la escoba te bajaría esos humos... pero sigues tan arrogante como siempre... - siseó pasando de largo ante él sin siquiera rozar su mano.

Aganju se había quedado en el jeep, pero  sin duda su expresión había cambiado cuando Claire regresó, del mismo modo que los ojos de la joven también habían cambiado en aquellos minutos. -Viejas rencillas, Aganju.. - soltó como si nada, soltando una sutil risa inocente. -No eramos precisamente los mejores amigos en el colegio, ¿sabe? - se apoyó en el capó del todo terreno mientras Aganju abría la puerta del jeep y salía con un gesto pesado, como si le costase acompañar su cuerpo. Claire no despegó los ojos del funcionario Sudafricano. Buscaba cualquier movimiento para estar alerta. No pudo evitar buscar la varita en su cinturón, pero ellos no la llevaban allí, sino dentro de las mangas de las túnicas, un lugar más cercano. Aunque también era sabido que los magos sudafricanos se valían bastante bien de la magia sin varita, y eso podía ser un gran problema si llegaban a una confrontación. -El pasado nunca queda atrás del todo, señorita... - sonrió amablemente, mostrando todos sus dientes blancos y grandes, sin embargo Claire había dejado de ver sinceridad en esa sonrisa. Ahora era como si sonase forzada mientras esperase que ocurriera algo.








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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Miér 25 Ene - 18:12


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”Estúpida, más que estúpida… hija de un troll.” Al cerrar el puño ese pensamiento se quedó atrapado entre sus dedos. Justo ahí, en ese espacio húmedo y estrecho que quedaba entre falanges y palma, ahí lo estrangulo como si Claire fuera ese pensamiento. Si pudiera sacar la varita y desintegrarlo en el aire… en las yemas de los dedos le picaban la magia y la rabia. En otro lugar no habría tenido muchos miramientos, un golpe de muñeca y estaría muy lejos de allí. De ese asqueroso calor infernal y húmedo de Sudáfrica, de la peligrosa presencia de Aganju y la irritante Claire. Se pondría una taza de té, arrebujado en un sillón viejo lleno de marcas negras de quemaduras y arañazos distraídos, hilos deshilachados en cada esquina. Y allí perecería bajo el peso de una siesta temprana, con un dragón en el regazo y el olorcillo pendenciero de humo y hollín. Daba igual que lloviera afuera y el frío reptara dejando surcos por la ventana, el estaría a gusto, en casa, a salvo. De pronto era lo único que quería, así que tuvo que tomar aire, bien hondo hasta las entrañas, y reponerse ante la sensación de ese golpe bajo. No iba a dejar que Claire lo arrastrara al fango, no una segunda vez.

Con un aplomo muy diferente al de Claire, volvió al coche. Bien, ¿no quería jugar en equipo? Entonces no jugaría con ella. Que vinieran los aurores del Ministerio a lidiar con su cadáver si hacía falta. Cada uno en su jurisdicción, y todos contentos.

− Deberíamos movernos. Se inmiscuyó en la conversación sin ningún tipo de tacto. Alzó la cabeza al cielo, entrecerrando los ojos para protegerse de la cegadora claridad del sol. Era incapaz de creer que fuera el mismo sol que alumbraba los cielos plomizos de Londres… y, sin duda, lo era. No le gustó encontrarse a Aganju fuera del coche, le azotó una pregunta muy concreta, ¿para qué había salido? − Los dragones de la zona son buenos cazadores, ¿sabe? No es su hora de máxima actividad pero nunca se puede ser lo suficientemente precavido… Podríamos llamar su atención. ¿Ocurre algo, Aganju? ¿Todo bien?








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