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The magic twisted puzzle

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The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Sáb 5 Nov - 10:00

Recuerdo del primer mensaje :


The magic twisted puzzle
Chrackship | Añ Actual  | Universo HP
Dentro del mundo mágico hay muchas cosas más allá de Hogwarts y sus maravillosas clases, o sus escaleras cambiantes. Más allá de las clases de transformaciones, de los partidos de Quidditch y de los fines de semana en Hogsmeade. Después viene lo mejor, en realidad. La vida de verdad, en la que ya no eres un niño y eres capaz de decidir qué hacer, cómo vivir, y lo más importante, qué ser. A qué dedicarte.

La universidad mágica, si dedicarse o no a la magia en sí o volver a tus raíces. Ser medimago, médico, auror, jugador profesional... Decisiones, miles de decisiones que tomamos sin darnos cuenta en una etapa que ya dejamos atrás y que nos llevan a vivir un camino que no estaríamos viviendo de no haber decidido hacer lo que hacemos. Aún sin habernos dado cuenta...
Amistades que perduran, amores que se olvidan, enemistades que no caen tan fácilmente en el olvido.. Todo pasa, todo sucede porque ha de suceder y ser así.

El mundo mágico... un lugar donde todo puede pasar...



PERSONAJES
Robin Fitchburg | Colin Morgan | Ladie
Claire Owen | Saoirse Ronan | Tardis
Definición de Personajes

Robin Fitchburg  :
Robin Fitchburg
27 Años
Hijo de magos - Sangre Limpia
Ocupación: Coordinador Internacional del departamento de Draconología, supeditado a la División de Bestias del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas del Ministerio de Magia
Antigua Casa: Gryffindor

Robin siempre supo que su lugar estaba en Gryffindor. Se enorgullecía de haber nacido en el Valle de Godric aunque eso no fuera mérito suyo, ni siquiera algo destacable en una persona, pero a Robin siempre le había gustado soñar a lo grande. Creció en la discreta comunidad mágica del Valle, atrapado en la burbuja mágica que las rodea, conviviendo con los muggles pero sin mezclarse con ellos. Tenía grandes aspiraciones, desde muy niño, ser el último de cinco hermanos siempre te deja a la cola para todo, y Robin no estaba dispuesto a dejar que el mundo se lo comiera con patatas. Eso, aunado con el hecho de que sus capacidades mágicas tardaron más en despertar que en sus hermanos o algunos de sus amigos, Robin desarrolló una inseguridad muy arraigada en las entrañas. Necesitaba todo el tiempo demostrar que era mejor que los demás, más guapo, más listo, más poderoso, cualquier campo acto a la competitividad era factible para él siempre que quedara por encima y consiguiera acallar esa vocecita dentro de su cabeza, que le decía que había estado a punto de ser un pequeño e insignificante squib.

Un chico competitivo, brillante y carismático. Cuando llegó a Hogwarts y puso los pies en su deseada Gryffindor, tardó muy poco en destacar sobre el resto de alumnos de su curso. No era el más guapo, pero se llevaba a las chicas de calle y los chicos querían hablar como él. No ayudó mucho a bajar su ego el hecho de convertirse en uno de los mejores cazadores que el equipo de Quidditch de Gryffindor había tenido en años. Para que engañarnos, era un poco capullo por aquel entonces, pero para él nunca justificó el acoso y derribo de ella. Claire. Una don nadie conocida únicamente por un gusto retorcido por las bromas y las travesuras, una slytherin del montón que por algún motivo intentaba ponerle la zancadilla siempre que podía. Robin era una cara destacable en la multitud de alumnos, un buen objetivo si quieres que se hablen de tus bromas, era lógico. Él tampoco solía cortarse a la hora de devolver alguna que otra y equilibrar la balanza, hasta la última. No la vio venir, ni siquiera pudo contrarrestarla, cuando quiso darse cuenta le habían culpado de un tremebundo problema y nadie le dio el beneficio de la duda.

Su reputación se desinfló como un suflé fuera del horno. Le suspendieron del equipo durante media temporada, sus compañeros no le hablaban, las chicas pasaban por alto su sonrisa descarada. Dejó de levantar la mano en clase para no levantar murmullos, y al final el popular Robin se convirtió en una sombra. El mundo le había puesto en su sitio de una forma prematura, y también un poco injusta.

Se centró en sus estudios, en lo que quería. Dentro de Hogwarts tenía poco que hacer por su reputación, pero si quería ser alguien cuando saliera de allí necesitaba compensar aquella mancha en el expediente. Estudio más de lo que lo había hecho en su vida, estuvo entre los cinco primeros de su promoción en los E.X.T.A.S.I.S. Su tropiezo social le hizo decantarse por Cuidado de Criaturas Mágicas tras los T.I.M.O.S., los animales no cuchichean ni te ponen verde, al menos no todos, así que terminó fijándose en las criaturas más enormes y apabullantes del bestiario; los dragones. Le obsesionaron desde aquel momento, nadie se atrevería ha hacerle bromas a alguien que monta un dragón. Cuando salió de Hogwarts siguió la nómada vida de cuidador de Dragón, dejando atrás las tierras frías de Inglaterra.

Ha estado por casi todo el mundo, y el difícil aprendizaje de su profesión le ha hecho crecer como persona. Dejó atrás al niño pedante y egocéntrico, aunque a veces aún siente un pellizco de inseguridad, es capaz de ignorar esa vocecilla. Aunque empezó trabajando como ayudante en una organización privada por la preservación de hábitats de dragones amenazados por la presencia muggle, su carrera profesional y sus méritos personales le llevaron escaño a escaño hasta una importante sección en la División de Bestias del Depatamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas del Ministerio de Magia.
Claire Owen:
Nombre: Claire
Apellidos: Owen
Edad: 26 años
Pureza de sangre: Hija de muggles
Ocupación: Empleada de la Confederación Internacional de Magos del Departamento de Cooperación Mágica Internacional
Antigua casa: Slytherin

Historia:
Claire Owen es la única hija de la familia Owen. Su padre, un viejo profesor de escuela, y su madre, adicta a la jardinería, es la única familia que tiene. Y no necesita más por ahora. La magia era algo en lo que había creido desde que era pequeña, pero más como un cuento de hadas que como algo real.
Pero las cosas para ella realmente iban a ser diferentes de como sus padres se esperaban.
Claire era una "princesita" (así la llamaban) completamente traviesa y revoltosa. Tenía muchos problemas en clase con sus compañeros, a los cuales siempre acababa pegando o mordiendo, sobre todo porque decían que la magia no era real. Pero para ella sí lo era. Había comenzado a mostrar su magia interna a muy temprana edad, así que se frustraba mucho si le decían que no era real.

La carta llegó un verano, el verano en el que cumplía los 11 años. Allí le indicaban que realmente, todo en lo que había creido, era real. No podía estar más contenta, pese a la incredulidad de sus padres. El 1 de septiembre partió a Hogwarts. Allí aprendió de la autentica magia, maravillada. Por supuesto, sus trastadas fueron en aumento. Un colegio tan grande, con tanta gente... aquello era un patio de recreo que nunca acababa. Más de una vez terminó en el despacho de sus profesores, pero poco podía frenarla. Sin embargo las bromas tuvieron que cesar (al menos por un tiempo) cuando le cargó las culpas de una de las suyas a un chico al que solía molestar más que a nadie. El problema llegó cuando castigaron severamente a aquel chico, restándole todos los puntos a su casa y haciendo que incluso los compañeros de Quidditch dejasen de hablarle un tiempo.

Claire acabó Hogwarts con unas notas que sorprendieron a todo el mundo (ya que siempre estaba más pendiende de hacer bromas que de sacar buenas notas). Con esos resultados pudo acceder a la universidad mágica y de ahí, saltar al ministerio. Desde que había descubierto la magia, su mayor deseo era poder descubrir todos los tipos de magia que había en el mundo. Al final, acabó con un buen puesto en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, que le permitía precisamente eso, ponerse en contacto con magos de otras Naciones y culturas.



Personalidad:
Es explosiva, gritona a veces y un poco escandalosa. Su risa resuena contra cada pared y cada esquina cada vez que se ríe, cosa que le encanta. Es sencillo verla con una sonrisa siempre, ya que busca cualquier cosa que la haga reir feliz, una broma, salir a correr, conocer a alguien... Tiende, o tendía, a gastar bromas a la gente, es un rasgo que se le ha quedado desde pequeña. La gente a veces la puede considerar algo infantil pero en realidad es muy seria cuando se lo propone, sobre todo con las negociaciones y convivencias en su trabajo.


Gustos:
-El chocolate caliente por las mañanas
-Los días de niebla
-La música
-Conocer nuevas culturas y nuevos magos
-Volar en escoba
-Leer los días de lluvia

Cronología
© RED FOR SS


Última edición por Tardis_In_Blue el Jue 6 Jul - 12:06, editado 3 veces



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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Jue 26 Ene - 0:06


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Durante unos segundos, Claire le dedicó una mirada de profunda indiferencia cuando Robin regresó junto al jeep, pero pudo ver por las marcas de las uñas de sus manos que se había pasado con aquel comentario.  No solo era aquel cruel comentario que rememoraba la mala jugarreta que le hizo, sino lo que en si hizpo. Todo lo que planeó y maquinó para bajarlo de aquel  -inmerecido- puesto en el que estaba. Siempre Robin Fitchburg esto, Robin Fitchburg lo otro... no había boca del colegio donde su nombre no estuviera, ni palabras malas de él... ¿Y qué había hecho? Ni siquiera era bueno en los estudios... Y luego ella. Una don nadie, una hija de muggles que había ido a parar precisamente a la casa que menos aceptaba eso. ¿Porqué había acabado en Slytherin?
El sombrero determinó que aquella era su casa pero.. ¿Porqué?
Quizá porque para Claire no le importaba el cómo, sino el resultado final, eso de que el fin justifica los medios... para ella no los justificaba. Iba a hacer cualquier cosa para salirse siempre con la suya, como había hecho desde niña. Quizá por esa ambición que la caracterizaba, o quizá por esa refinada astucia que la hacía ser más lista que el hambre. Y sin embargo fue toda una don nadie en el colegio pese a que trató de destacar en todo.

Por un momento aquel amargo tiempo volvió a su mente, recordando lo que era estar siempre a la sombra de alguien que no merece estar ahí arriba. Quizá ese fue el motivo por el cual no pidió disculpas, aunque en el fondo sabía que aquel comentario había estado totalmente fuera de lugar.
Chasqueó la lengua en cuanto volvió a oir su voz, odiosa, crispante y se giró para evitar verlo, ya que la culpabilidad asomaba por su rostro, incapaz de ocultarla.

-Todo bien, joven... - Aganju respondió con aquella sonrisa tan... ¿Seca? ¿Desde cuando se había tornado tan cuidadoso? Ya no mostraba aquel humor juvenil ni alegre que le había caracterizado los días previos. -No me preocupan los dragones..- su voz de repente cambió. Su tono se enfrió hasta pasar de un neutro a uno más bien amenazante. -Sino más bien vosotros... ¿Teníais que meter las narices donde no os llamaban? - Claire se volteó de repente, alarmada, observando al emisario del Ministerio. Sus manos reposaban la una junto a la otra en actitud de calma, pero era muy probable que en pocos instantes buscase hacerse con la varita. -Si no hubieras aparecido todo habría ido bien, nadie se habría dado cuenta de nada y todos estaríamos ya en casa, contentos, cada uno a lo suyo... Pero teníais que empeñaros con los dragones... - conforme hablaba, su voz se oscurecía y aquellas figuras, lejanas, se hicieron cercanas en cuestión de segundos. Salieron de la nada, materializándose en medio de la arena, saliendo de aquellos hechizos que los mantenían invisibles a la vista, a menos que mirasen bien, claro está. Claire tragó saliva por unos segundos. Su corazón parecía paralizado en el fondo de su pecho, enfriándose, tratando de mantenerla fría y serena para lo que se avecinaba. -No me gusta que la gente se entrometa en mis asuntos.. Ni dejar cabos sueltos... - aquellas figuras de capas ondeantes los rodearon antes de que pudieran reaccionar. Aganju cerraba el circulo en el cual los habían encerrado. Parecía extremadamente tranquilo. Y era bueno. Eso significaba que los subestimaba. Y eso era bueno, muy bueno. Porque si a algo estaba Claire era a eso, a que la subestimasen. Sabía aprovechar muy bien esa ventaja que conseguía. Sonrió para sus adentros, dejando caer la mano hasta la varita que pendía del cinto y en un ágil movimiento se hizo a un lado para ocultarse tras el jeep mientras el primer cuerpo caía desmayado contra la arena. -Ten por seguro que el Ministerio Británico sabrá de esto, Aganju... -pese a lo asustada que había sonado por acercarse a los dragones, o lo incómoda que podía sentirse cerca, en aquel momento hablaba en nombre del Ministerio, y aquello le concedía una autoridad que la enervaba. -Desde este preciso momento yo, Claire Owen, enviada de la embajada Británica con plenos poderes presenciales doy por finalizadas todas las negociaciones entre el Ministerio Británico y el Ministerio Sudafricano... - esperó que, por un casual, Robin entendiera qué significaban aquellas palabras. Nadie podría acusarlos del duelo si el pacto estaba roto, lo considerarían una agresión y un acto de defensa ya que se habían visto atacados por un funcionario del Estado Sudafricano. Aquellas palabras eran un pacto que se había roto en el momento en el que las había pronunciado. Unas palabras que les daba carta blanca para actuar.







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Lun 30 Ene - 16:33


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Es curioso como una vara de cedro, unas 15 pulgadas y media más o menos, centro de fibra de corazón de dragón, podía pesar tanto en el cinto. Como si el dragón que la preñaba de magia siguiera vivo, Robin sintió como la madera se calentaba contra su muslo. Era algo delicado, como una luciernaga luchando para iluminar toda la oscuridad, pero él se había vuelto especialmente sensible al calor. Algo iba mal. Lo supo desde que Aganju había puesto un pie fuera del coche, algo iba profundamente mal. Se había terminado el tiempo de los juegos, los minutos dorados que había dedicado a intentar manejar a Claire habían sido un desperdicio, y sin embargo se alegraba. De una forma visceral e impetuosa, no podía evitar alegrarse de que los juegos tocaran a su final; llegaba la hora de la verdad.

− No me diga… Jactarse no era la mejor idea, pero lo hizo, con una sonrisa socarrona que lucía con la misma naturalidad con la que respiraba. Donde Claire se hacía pequeñita en esa expresión congelada Robin se hacía grande, el doble, le salían alas y se encendía con un fuego lleno de arrojo. Echó una ojeada en redondo, un remolino de arena saltaba alrededor de las figuras que se aparecían a su alrededor, creando un cerco humano. Fue más rápido que la vista, un tirón de muñeca y Robin estaba varita en mano. Los treinta centímetros de cedro parecían amenazadores en comparación con las túnicas y aquella magia desconocida.

Proteggo

Uno no trataba con Dragones sin aprender un par de trucos sobre cómo levantar escudos en cuestión de segundos. Echó a correr los escasos metros que lo separaban del Jeep, hechizos rebotando contra el escudo translúcido en todas direcciones. Retumbaban en la chapa metálica, hacían silbar la arena al impactar en el vacío sobre el que antes se sostenía Robin. Desde la escasa protección del Jeep le lanzó a Claire una mirada asesina… ¡¿Cómo podía ser tan estúpida?! Si tuvieran tiempo para pararse a hablar le habría dicho cuatro cosas a la cara pero, ah, claro, ahora tenían a una pandilla de traficantes intentado acabar con sus vidas. Y, para más inri, cualquier cosa que hicieran quedaba absolutamente bajo su responsabilidad, Claire había tirado por la borda cualquier opción de estar bajo la protección del Ministerios. Atacarlos a ellos en aquel momento habría sido atentar directamente contra el Ministerio, ahora estaban absolutamente desnudos. Sí, podían atacar, pero ya no tenían su escudo político. Intentarían matarlos de todas formas, sí, pero… ¿¡por qué demonios desperdiciar recursos?!

− Tengo un plan. Espetó, lanzando un mudo confundus por encima del capó del Jeep. Siseó en el espacio, atravesando el aire hacia las formas cambiantes de los adversarios. Tres golpes de varita y esta empezó a vomitar conjuros. − ¿Sabes conducir?







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Lun 30 Ene - 20:48


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

En cuestión de segundos la arena del desierto se convirtió en una cruenta batalla mágica. Los hechizos iban y venían y silbaban cuando pasaban cerca de las cabezas de los magos británicos. Sin embargo ella no se quedó quieta durante aquellos segundos. Los hechizos salieron de su boca e impactaron contra los cuerpos de tela, algunos sí y otros se perdieron en la lejanía del desierto. Sus ojos se elevaron por encima del cristal del retrovisor, hecho añicos, y buscaron a los atacantes que se movían como rápidas serpientes de sombra, buscando evitar los ataques de su compañero. Tenía que hablar con él, o buscar una solución, al fin y al cabo ellos eran dos y sus adversarios muchos más, acabarían por mermar sus fuerzas o algo peor. Se tiró al suelo hundiéndose en la arena para evitar una maldición que pasó sobre su frente y buscó las pisadas en la arena dejadas por Robin. Gateó a prisa hasta acercarse a él. Pero cuando este habló, de aquella manera y con esa voz, tuvo que agarrar fuertemente la varita para no hundirsela hasta el fondo de la nariz y proferir un  imperio.

Trató de contener todo ese odio que sentía hacia aquel déspota egoísta y lo lanzó a través de un hechizo que hizo saltar a uno de los traficantes por los aires. ¿Aún en esa crítica situación se atrevía hablarle así? Desde luego era un completo idiota. Siseó un amargo sí que salió como un escupitajo ácido contra su cara y tanteó con la mano para buscar el manillar de la puerta. -Sube... - "y cierra el pico de una maldita vez"

Ojalá pudiera decirle eso, pero ahora aquello era lo menos importante. De hecho ni siquiera era importante. En cuanto los hechizos le permitieron dos segundos de libertad saltó al interior del coche. Las llaves seguían puestas así que tan solo tuvo que girarlas para que el jeep rugiera con fuerza. Un hechizo estalló frente a su rostro, pasando por la ventanilla rota y no pudo evitar ahogar un grito. Apretó el acelerador a fondo y el coche derrapó en la arena. Poco o nada le importó si arrolló a uno de sus atacantes en un camino, tan solo sintió un bache sobre las ruedas y la adrenalina producida por el terror corriendo por sus venas. ¿Qué hacía ahora? ¿Donde iba? Ya no podía regresar a la embajada Sudafricana, el acuerdo estaba roto... ¿Donde podían mantenerse a salvo? Todas sus pertenencias se encontraban en la embajada así que sería cuestión de horas de que la encontrasen con un hechizo localizador. Se mordió el labio inferior con fuerza, pensando algo mejor que hacer. Fue cuestión de segundos dejar atrás a los atacantes y a Aganju, pero ellos jugaban con la ventaja de que conocían el lugar, mientras que ella no sabía  siquiera por donde conducir el jeep.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Jue 2 Feb - 21:39


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Entre dientes apretados siseó un sectumsempra, con su sabor a maleficio. Chorros de sangre salpicaron la arena, gemas tan rojas como los rubíes de Gryffindor, brillando al sol, precedidas por un único grito, sucedidas por el golpe seco de un cuerpo inconsciente cayendo a la tierra. Los hechizos habían hecho estallar las ventanillas, tanto fuera como dentro del coche, una miríada de cristalitos competía con las escamas por arrancarle brillos a la luz dorada del sol. Haces brillantes rebotaban en el suelo, relejando la estela de cada hechizo que los sobrevolaba. Una estampa tan bonita como hiriente para los ojos claros de Robin.  

Asintió a la respuesta de Claire, agradeciéndolo en su fuero interno. Si la tenía que dejar en la parte de atrás para defender el vehículo lo mataría antes la angustia que los traficantes sudafricanos.

¡Proteg.. agh!La fricción de las ruedas al girar sobre sí mismas levantó arena, un derrape brusco que lanzó a Robin cuan largo era contra el fondo de la camioneta, donde estaba de pie y preparado para defender a Claire de aquel ataque. Si le hubiera dejado intentarlo, por supuesto. Un hierro del Jeep se le clavó en la espalda cuando todo él rebotó contra el suelo de chapa, un bache convirtiendo el cobertizo en una suerte de cama elástica. – ¡Joder! ¿¡Que haces ahí detrás?! ¡Cambia de rumbo, a la ciudad, por todos las barbas de Merlín!

Aunque el vaivén hiciera que le temblaran las rodillas se puso en pie sobre sus piernas delgadas, el tronco apoyado en el esqueleto metálico del coche para que sostuviera su cuerpo. Las formas de los brujos los perseguían, pero escrutando los haces polvorientos no había forma de distinguirlos. No sabía quien se había quedado atrás, o quien estaba muerto. Encontrar a Aganju en aquella maraña de rostros morenos habría sido más fácil que ver un puñetero dragón ártico allí mismo. Enarboló la varita, cada giro de muñeca invocaba un conjuro distinto, repelían y atacaban, devolvían aquella magia ofensiva a su origen con la esperanza de que  dieran al conjurador de su propia medicina. Había una concentración de magia tan alta en el aire que le picaba la piel, o tal vez eran heridas abiertas, no podría haber notado la diferencia, y precisamente no tenía tiempo de pararse a mirar un espejo en que  puñetero estado se encontraba. Tampoco le importaba de todas formas. Un maleficio le pasó justo sobre la cabeza, no iban a suficiente velocidad.

– ¡Claire! ¡Más rápido! Robin era un mago muy valiente, un hombre excepcional en su propia clase pero estaba desesperado, se le notaba en la voz. – ¿¡Puedes aparecerte en algún lugar seguro?!






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Vie 3 Feb - 14:15


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Si algo no soportaba Claire era que le gritasen como lo estaba haciendo Robin. Ahí delante no le estaba resultando nada fácil conducir aquel vehículo que hundía sus pesadas ruedas en la arena. Las ruedas patinaban y el hecho de que los maleficios pasasen silbando por su cabeza no ayudaba. Robin maldecía a su espalda, sobre la parte de atrás del Jeep y le gritaba a voces si conocía algún lugar seguro en el que aparecerse. ¿¡Estaba de guasa!? ¿Cómo narices iba a tener un lugar seguro ahí? Si intentase desaparecerse fuera del país chocaría con las fronteras mágicas que cerraban el país. Ahora mismo estaban atrapados... ¿La embajada? No era buena idea... Aganju no estaría solo en eso, tendría cómplices seguramente para tara encubrir sus crímenes y dar la alarma tan solo costaba unos pocos minutos. A estas alturas ya les estarían buscando. Echó un vistazo hacia atrás por el retrovisor cuando oyó un ruido sordo y se alarmó al no ver su figura tambaleándose como segundos antes. Pisó el freno a fondo y saltó del jeep antes de lanzar varios conjuros protectores alrededor del auto. Aguantarían un par de minutos, como mucho, pero serían suficientes.

El cuerpo de Robin yacía en el suelo de la parte de atrás, inconsciente por suerte. Sabía reconocer, por desgracia, cuando un cuerpo había sido alcanzado por una maldición asesina y por suerte no mostraba los síntomas. -Mierda... mierda Robin... despierta... - le zarandeó unos instantes con la esperanza de que funcionase (aunque ya sabía que no iba a ser así) y maldijo en voz baja, volviendo a girarse para contemplar las figuras que arremetían con fuerza o contra la barrera mágica. Apretó la mandíbula con fuerza pensando rápidamente. No, no conocía muchos lugares seguros allí en Ciudad del Cabo pero tenía una pequeña habitación en un hotel de la ciudad, con un poco de suerte nadie sabría que estaba allí. Aferró con fuerza el cuerpo sin fuerzas de su antiguo compañero y pensó en aquella habitación en la cual había pasado tan pocas horas.

Una fuerza invisible tiró de su ombligo hacia arriba, arrastrándola junto con Robin. Durante un segundo parecieron empequeñecer y estirarse, pasar por el agujero de una aguja y volver a e crecer hasta rehacerse de su tamaño normal. El suelo se hizo bajo sus pies y el aire volvió a sus pulmones mientras buscaba desesperada con la mirada si su compañero Robin estaba bien. Bueno, bein bien no estaba... pero estaba entero y completo, y eso era lo importante por ahora. -Vale.. bien... -se pasó una mano por el pelo, echándolo hacia atrás, soltando algo de arena del desierto.  No sabía qué había pasado con Robin, qué maldición le había derrotado o cuales había recibido, pero tenía que ayudarlo, por mucha rabia acumulada que tuviera dentro en aquel momento. -Vale.. calma Claire... -se incorporó, nerviosa y rodeó la cama, buscando algo que pudiera usar para despertar a Robin. Antes que nada tenía que cerciorarse de que no tenía heridas superficiales o internas. Quizás era tan solo un desmaius, pero podría no serlo...







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Jue 2 Mar - 23:46


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Dejó de escuchar a Claire, o los conjuros invocados a voz en grito. Un fogonazo de luz artificial, mágica, la centella del dolor sobre sus ojos y el mundo pareció apagarse. Desvanecerse habría sido todo un lujo, en su lugar un dolor lo sacudió de abajo arriba, como un rayo tomando tierra a través de su cuerpo, sin truenos, imponiendo la ley del silencio. Absorto de dolor se quedó a solas con el deslumbrante cielo azul, tan azul que parecía pintado, obligado a enfrentarse por la eternidad con la dorada sabana. Azul, y dorado, mezclándose, confundiéndose, y el suelo estaba en el techo y viceversa. Y la fuerza de sus piernas ya no estaba en ningún sitio, se dobló primero por las rodillas, seguidas por su cintura de plastilina. Plof, un golpe seco, el sonido de la chapa rebotando contra su cráneo, y todo se acabó. Alcanzado por un maleficio en medio de ninguna parte, perdido en la puta África, con la mujer más insoportable que había conocido jamás. Cojonudo… y con todo lo único que pudo pensar fue que era extraño, él que siempre había pensado que la muerte debía saber a fuego… y sólo sabía a arena.

La muerte no estaba tan mal, después de todo. Había vuelto a casa. Casa significaba unas cuantas cosas para Robin. En el sentido más literal de la palabra, su casa era un edificio victoriano que su abuelo arrancó de alguna ciudad y envió directamente a un bosquecillo denso a las afueras de Londres, un santuario protegido con conjuros tan antiguos como la noche. Tenía el aspecto que le gustaba  Robin, ligeramente dejado, pero limpio, fachada oscura y tejas de pizarra oscura que caldeaban la casa bebiéndose el sol. Un jardín asalvajado que achacaba con hojas marchitas y césped carbonizado la constante presencia de sus vicios. Y por dentro su paraíso oscuro y solitario, un lugar donde sólo tenían cabida sus sueños de dragones, la vieja bufanda de gryffindor que ondeaba sus colores desgastados cada vez que entraba. Casa también significaba su sillón frente al fuego, fielmente acompañado por una mesita que se tambaleaba con el peso de todos los libros que le obligaba a cargar. Acurrucarse con un dragón dormido en el regazo y una taza de té. Quemarse hasta el último pedazo de la piel cuidando criaturas que nadie comprendía. Surcar cielos grises rompiendo nubes a lomos de una de ellas. Si eso era estar muerto, joder, podría quedarse así toda la eternidad.

Un rayo de sol incidió en sus sueños, cruel susurro vespertino. Se enredó en sus pestañas para desbaratar los cielos grises, deshaciendo los nudos de su sueño plácido. Dolor. Palpitante, le hizo sentirse asquerosamente vivo. Acurrucado en la zona lumbar, hacia la derecha, donde la maldición lo había alcanzado y sus escudos no habían podido protegerlo más tiempo. Allí había impactado la maldición, y su efecto físico no tardaría en empezar a manifestarse en forma de hematomas. Robin apoyó las manos sobre la superficie que lo sostenía, particularmente blanda y limpia, con un inconfundible olor a suavizante de sábanas. Hizo el amago de intentar incorporarse pero el olor le dejó allí atrapado… sí, tal vez sólo era un sueño. Nunca había cogido aquel maldito barco, ni aceptado esa locura de trabajo, seguía en su cama calentita, suelo inglés, té a las cinco y dragones a las seis.

– Sólo un sueño…

Deliró, escupiendo arena entre los labios resecos.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Jue 23 Mar - 14:56


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Apenas podía mantenerse quieta. Los nervios, la desesperación y, en parte, el miedo, bullían en su interior como un volcán en erupción, pugnando por salir todo de su interior convertido en un grito de angustia. Sus manos se aferraban con fuerza al marco de la ventana mientras sus ojos buscaban una señal de amenaza en la calle. Alguien que señalase el hotel, que mirase hacia arriba... o directamente unas figuras corriendo entre la multitud hacia el lugar donde se encontraban. Por suerte no fue así. Nada. Quizá no habían comenzado a buscarlos, quizá todavía no habían dado la voz de alarma y tenían algo de tiempo para actuar.

Se giró para acercarse a Robin y comprobar su estado cuando se percató, para bien o para mal, de que se había despertado por su cuenta. Un ligero alivio se instaló en su pecho, al lado de toda esa rabia que se había calmado momentáneamente pero que seguramente no tardaría en encenderse de nuevo.
-Ojalá fuera solo un sueño... Un mal sueño..-puntuó acercándose y arrodillándose al borde de la cama. -No sé por cuanto tiempo será seguro este sitio. Tampoco sé si el Ministerio Sudafricano sabe que tenía otro alojamiento durante mi estancia... - trató de esconder el miedo que había sentido minutos antes tras unas palabras fuertes y constantes, sin vacilar. No podía permitirse un momento de debilidad, y menos ante Robin.
-¿Cómo estás...? ¿Te encuentras bien? - trató de suavizar el tono y sonar algo menos arisca. Incluso le dedicó una sonrisa que se desvaneció en cuanto vislumbró los moratones que se iban formando en su piel. -Deberíamos buscar un medimago.. O por lo menos salir de este lugar. No podemos quedarnos aquí... - por supuesto, decirlo era más fácil que hacerlo. Mucho más fácil. Las fronteras estarían a esas alturas cerradas y contactar con la embajada Londinense era imposible. ¿Viajar al estilo muggle? Comprar un billete de avión hasta Londres también sería peligroso. Les pillarían antes de llegar al aeropuerto...  -No sabemos cuantos están involucrados... Podría ser todo el Ministerio o tan solo él... Si nos presentásemos en la embajada sería jugárnosla demasiado...- por muy fríamente que su cabeza estuviera pensando en aquel momento, no encontraba una solución. De hecho acababa volviendo a mirar siempre esos hematomas que sobresalían bajo su camiseta. Podían ser más que hematomas. Podía ser algo serio, o no... Pero podría haberlo sido. Nada de eso tendría que haber pasado. No debía haberle puesto en peligro de esa manera.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Sáb 8 Abr - 21:14


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Pero los sueños no son tan vívidos. Robin estaba acostumbrado a la pátina de nubes grises que Londres había implantado en su vida, y por consiguiente, en su subconsciente. Apenas aspiraba a una luz clara y tibia, en el mejor de los casos un recuerdo dorado de haces de luz arañando el suelo. Desconocía por completo aquella fuerza, puro amarillo, hendiéndole la retina apenas había abierto los ojos. No era que hiciese calor, la temperatura directamente se respiraba, no podía ni aliviarse con un sorbo de aire frío en los pulmones. La puñetera moqueta brillaba demasiado, pero de pronto se vio eclipsada por el color de una tela conocida; vaqueros.

– Estoy vivo… Dijo con la voz débil, tirando de su cuerpo hacia arriba apoyado en las muñecas. Estaba vivo, o al menos eso creía. – Que ya es mucho…

A duras penas consiguió incorporarse, sacudido por toses secas. Arrasaban con su garganta como una tormenta de arena, arrastrando por el interior de su pecho la arena que había tragado. Parpadeó, confuso, intentando ubicarse. Por las barbas de Merlín, ¿Dónde diablos estaban?

– Tengo… Miró por la ventana con aire desvaído, las ideas parecían negarse a conectar en su cabeza. Escuchaba a Claire pero los ecos de su propio dolor hacían pedazos la cordura del domador de Dragones. – Tengo un dragón pequeño… n-no, quiero decir… Se rascó la cabeza, la mugre del pelo sucio se le incrustaba bajo las uñas. Tenía un dragón pero no quería hablar de eso… quería hablar de su equipo. Se habían quedado en el puerto. No eran muchos, sólo un puñado de hombres y algún amigo, conocidos del ministerio. Hombres fieles, ¡británicos! Lo que daría por ver una piel tan pálida como la propia, y, por supuesto, que no perteneciera a Claire. Su presencia estaba lejos de ser un consuelo, era, de hecho, una carga a su desconectado cerebro. Apenas podía pensar, el cansancio se extendía por cada fibra de sus músculos maltratados, si abría los ojos y seguía respirando era por instinto. No era cuestión de vivir, era cuestión de supervivencia. No recordaba mucho, pero sabía cuando algo iba mal. – un equipo pequeño. En el puerto. ¿Dónde estamos?






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Mar 18 Abr - 17:24


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

Por un momento, la desesperación se coló en el interior de Claire, haciendola caminar nerviosa por la habitación. ¿El miedo de que estuviera herido? Se había desvanecido por completo, así como todo su buen humor. Ahora, en ese momento, eran fugitivos mágicos en un país donde ni siquiera había embajada que les protegiera. -Si, estás vivo... Gracias a Merlín por ello...- no pudo evitar el deje de ironía que se escuchó en su voz, pero no iba a pedir disculpas, necesitaban un plan, no alegrarse por estar vivos. Aún podían no salir bien parados de allí.

Robin aún no parecía ser capaz de sumar uno mas uno en su situación. Claire observó su movimiento tambaleante, con los nervios crispados a flor de piel. Aprovechó que él balbuceaba algo frente a la ventana para acercarse y revisar si los hechizos de protección del lugar seguían intactos, soltando un suspiro de alivio al comprobar que así era.
-Un equipo en el puerto... bien...- se mordió el labio inferior con fuerza, cerrando los ojos, pensando en el modo más rápido y sencillo de llegar allí sin pasar por ningún control mágico ni sin ser detectados. -Estamos en un hotel del centro de la ciudad... esta zona está casi despoblada de magos... Ellos prefieren la periferia de la ciudad, así como su sede del Ministerio... Tenía un alojamiento allí pero siempre reservo otra habitación lejos por si...- dejó de hablar de repente y le fulminó con la mirada, consciente de que aquello ni le interesaba ni venía a cuento con Robin. -Ya se habrán empezado a movilizar... Si nos detectan no nos detendrán con la excusa de la violación del código... será algo peor. Aganju debe de tener gente en los puestos más altos del Ministerio que le cubren las espaldas y querrá borrar todo rastro de nosotros... pero el Ministerio Británico se alertaría al no tener noticias mías... No pueden arriesgarse a asesinarnos y encubrirlo... - se volvió a morder el labio, esta vez con tanta fuerza que llegó a saborear el ferroso sabor de la sangre en la boca, costumbre a la que recurría cuando necesitaba pensar con rapidez y agudeza. -No estás ahora mismo como para aparecerte en ningún lugar... en tu estado acabaría tu cabeza en el puerto y el resto del cuerpo en Tombuctú.. - caminó a prisa por la habitación conforme su mente trabajaba a toda prisa. -No podemos aparecernos, no tenemos poción multijugos y pronto va a llenarse de magos que nos buscan... Piensa, Claire... - sus ojos se clavaron en una pequeña bolsita de terciopelo negro que sobresalía de la maleta, donde siempre llevaba alguna cadena personal o algún anillo. Una sonrisa se extendió en su cara conforme vaciaba la bolsita, dejando todo en la maleta. Sacó su varita y con un murmullo encantó la diminuta bolsa. -Ya sé como podemos salir de aquí...- le pasó la bolsa a Robin y volvió a acercarse a prisa a la ventana, abriéndola de golpe. La altura hasta el suelo era considerable ya que se encontraban en uno de los pisos más altos. Desde ahí podía llegar a verse, muy a lo lejos, el puerto. Aparecerse sin llegar a ver más detalles de la zona era un suicidio para ambos. -Podemos llegar al puerto desde aquí... Tan solo espero que no te marees con las alturas... - aquello sería una gran ironía siendo domador de dragones.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Lun 24 Abr - 21:58


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


     Efectivamente, tenía un equipo en el puerto. Ese pensamiento rondaba por su cabeza, errático, como intentándo recordarle que se le escapaba algo. Y eso a pesar de que acababa de soltarlo por la boca. Al estirarse, los músculos de su cara abrieron de par en par dejando un margen entre piel y pupila. Bajo el párpado derecho había venas estalladas, la palpitante amenaza de un próximo derrame ocular. ¡Un dragón! ¡Tenía un dragón en el puerto? Se envaró de golpe, escuchando a Claire, pero sólo a medias. ¡Lo había llevado allí, necio inútil! Rescatado para tirarlo a las garras del mismo hombre que lo había arrancado de su tierra. ¿¡Cómo podía haber sido tan imbécil!?

     – Por la mierda de todos los trolls de Gran Bretaña…

     Maldijo tropezándose con sus propias palabras, más farfullando que hablando, ni mucho menos con Claire. Cabía la posibilidad de que Aganju hubiera decidido tomar lo que era suyo por su propia mano, lo que significaba que en aquel mismo momento su propio equipo estaba en equipo. Si era discreto se estaría preocupando de que la transición pareciese de lo más natural, sin violencia mágica o física. Fingiría que estaban recepcionando al dragón y que ellos supervisarían la entrada en su hábitat. El equipo de Robin podía ser listo, eran en los que confiaba, con los que había trabajado anteriormente. Sabrían que él jamás accedería a dejar un trabajo así, a medias, limpiándose las manos como si fuera mercancía, y no vida, lo que transportaban. Por qué… ¿Serían listos, verdad? Por supuesto, siempre estaba la opción de que tuvieran que ser valientes. Aganju no había dudado mucho en alzar su varita con una delegación del Ministerio de Magia Británico, ni contra el proyecto de embajadora oficial. ¿Por qué iban a tener remilgos contra un puñado de europeos más?

     – ¿Salir?Dijo, parpadeando. ¿Salir como, a donde? De hecho, ¿donde demonios estaban? – ¿Con una bolsa? ¿Es un traslador?

     Como demasiadas veces en su vida, había estado demasiado ocupado en su propia mente para escuchar a los demás. Eso, o estaba demasiado afectado por el reciente golpe mágico que aún le reverberaba en los huesos. El dolor no era solamente retórico, todas sus células vivas vibraban bajo la tenaza de un dolor general que multiplicaba el ritmo al que Robin consumía su menguada energía. En resumen; no la estaba escuchando, ni había escuchado el hechizo. Cruzó la habitación con una mano extendida. Podía ser un amago de alcanzar el terciopelo, pero en realidad es que de una forma inexplicable le facilitaba el mantener el equilibrio. Al tocar la bolsa la realidad terminó de deshacerse. Primero sintió suavidad, el tacto elegante del terciopelo oscuro contra sus yemas pálidas, al segundo siguiente el mundo se estaba disolviendo, se revolvía plegándose en sí mismo. Pero el mundo no cambiaba, el que cambiaba era el propio Robin. El tirón mágico del hechizo de Claire se lo tragó como un sumidero traga agua; rápido y furiosamente.

     Intentó encontrar equilibrio en el interior oscuro de su nuevo mundo. Era pequeño, y la magia vibraba miedo, pero todo parecía tener ese tacto único del terciopelo. Se bamboleó, inmediatamente se tapó la boca. Por Merlín, iba a vomitar.








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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Jue 25 Mayo - 10:20


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.

En cuanto el mago tocó la bolsa con sus dedos esta se lo tragó de un solo soplido mágico. Claire contempló como la bolsa se suspendía unos segundos en el aire y amenazaba con caer al suelo. Se apresuró antes de que eso pasase y la recogió en sus manos, como si fuera un tesoro de lo más preciado. Aunque su contenido fuera realmente todo lo contrario. Aquella pequeña bolsa contenía a quien quizá más había odiado en su juventud. Por desgracia ese sentimiento no era el único que había tenido por aquel chico en su adolescencia. Ahora, en la palma de su mano, se preguntaba qué tan sencillo era estrujarlo y no volver a saber de él.

Pero por supuesto ese pensamiento se esfumó tan rápido como había llegado. Era una adulta, había superado todo aquello. Tan solo era un chico más, un antiguo compañero, y ahora estaban metidos en un lio asombroso. No era el momento de pensar en macabridades, ni ahora ni nunca.

No era el momento de pensar, sino de actuar.
Dejó todo en su cuarto tal y como estaba. Tenían que marcharse, ya.
Saltó al alfeizar, saboreando ese dulce viento que le revolvía el pelo a esa gran altura. El aire era fresco, con sabor a mar la tranquilizó. Era una locura, una maldita locura, pero la única manera de salir de ahí en ese momento.

Cerró los ojos concentrandose por unos segundos. Ese cosquilleo tan conocido se extendió por todo su cuerpo, hasta perderse en las yemas de los dedos que poco a poco fueron encogiendose hasta convertirse en plumas. Su cuerpo se encorvó hasta estar casi horizontal y sus ojos se adaptaron a esa nueva perspectiva. Aferró con fuerza la bolsa entre una de sus afiladas garras. El puerto, desde esa vista parecía mucho más cercano ahora. Una salida al alcance de la mano.

La caida libre hizo que sonriese mentalmente. Extendió las alas metros antes de llegar al suelo y tomó el envite necesario para llegar hasta las corrientes de aire necesarias que la impulsasen. Hacía mucho tiempo que no se tomaba un tiempo para disfrutar del momento, y aunque no era precisamente el momento adecuado, Claire disfruto de ese corto viaje sobre la ciudad, en dirección al puerto que se acercaba peligrosamente.
Había varios barcos  amarrados al puerto pero no sabía cual era el de draconólogo.
Descendió varios metros, planeando y sobrevolando las cubiertas de los barcos hasta que se ocultó en un pequeó callejón del puerto. Aterrixó sobre un viejo contenedor oxidado pero mantuvo la bolsa a buen recaudo en sus patas durante ese aterrizaje. -Bueno... No ha sido tan malo... ¿No? - se  pasó una mano por el pelo tratando de que este volviera a su forma natural, cosa dificil pues se le había enredado con aquel paseito.
Dejó la bolsa en el suelo, abriendo el cordón con el que la había cerrado para asegurarla. -¿Estás bien? Estamos en el puerto... Busquemos tu barco y larguemonos de aquí antes de que nos encuentren... - si había algo que quería más que nada en ese momento era subir al maldito barco y largarse. Sin duda aquella misión no había salido como esperaba y añoraba su nublado y lluvioso Londres, su casa repleta de plantas...








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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Lun 29 Mayo - 20:35


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


     Mayormente rezó. ¿A quién? A quien buenamente podía. Nunca había sido demasiado devoto de ninguna religión, mucho menos del catolicismo al que  su madre siempre se aferraba. Raro, ¿verdad? Una bruja católica. Probablemente no conocía cierto asuntillo de la Inquisición Española.  En su oscuro abismo se preguntó, presa del mareo y la desazón del que se sabe condenado, si alguna vez volvería a volar. Era irónico, de hecho, estaba volando, pero en el interior de aquel saquito el mundo era contrito y azul, asfixiante. No era lo mismo que montarte entre los hombros de un dragón, aferrándote a las durezas de sus cuernos con las palmas desnudas y los muslos descarnados por las escamas. Era la sensación salvaje del viento cortándole la piel y la preocupante falta de oxígeno en los pulmones cuando subía demasiado alto. ¿Quién cuidaría de los dragones cuando muriera en aquella oscuridad? ¿Quién ocuparía su lugar?

     La luz irrumpió el súbito drama de Robin. Estiró un brazo y toda la realidad tiró de él hacia fuera. Sintió el cosquilleo de la magia, después el suelo firme bajo los pies, sosteniéndo su peso. Miró a Claire, intentándo desgranar las palabras atropelladas de la muchacha. ¿Estaba bien?

     – Eh… dame, dame un segundo. Nada se movía, todo era estático y seguro, así que trastabillando con la gracia de un pato, se dobló por la cintura y vomitó. Su estómago se encogió, expulsando bilis y saliva ácida, el escaso contenido de sus entrañas se derramó sobre el contenedor oxidado. Con el dorso de la mano se limpió la boca, poniéndose en pie. El gesto le llenó los pulmones del aire limpio de polvo, en la lengua bailó el sabor de la sal y el ácido, de la mano, despejándole la mente como una bofetada. – Estoy bien.

     Anunció, como si no se alejara a zancadas de un carcho de vómito. Saltó del contenedor al suelo, cayó a plomo y se tambaleó en un equilibrio que había tenido días mejores. Un ramalazo de dolor le castigó la espalda y la cabeza, pero no tenían tiempo.

     – Sígueme.

     Dijo, y echó a andar. A diferencia de Claire sabía disimular la angustia en medio de la multitud. En el puerto sus rasgos occidentales eran más discretos, mezclados en la marabunta de tripulaciones y turistas extranjeros que no tenían ni la más remota idea de la corrupción sobre la que flotaban, como el aceite sobre el agua. No daba grandes zancadas, ni siquiera parecía tener prisa, con un floreo de la mano robó un sombrero de un tenderete turístico y se lo caló en la cabeza, ocultándo su pelo moreno y el polvo que se había traído pegado de la sabana. Pasó el brazo sobre los hombros de Claire, arrimándola a su cuerpo en una actuación magistral. Necesitaba apoyarse en algo para seguir caminando, era bueno, siempre lo había sido, pero no era inmortal. Estaba hecho un guiñapo, y su energía nacía de un solo pensamiento: sólo un poco más. Un poco más, y habrá terminado.

     – Eh, estate quieta. Joder, Claire, relájate, por amor de Dios. Y ponte un pañuelo, algo que te cubra el pelo. Mi equipo debe estar  en el Merry Cloud o en las inmediaciones, no creo que se hayan alejado demasiado del barco. El plan siempre había sido trasladas al dragón a una estancia más segura en cuanto la situación lo permitiera, pero para ello necesitaban el permiso lícito de Robin. Si la criatura seguía en el barco, allí estarían sus hombres. – Finge que eres una feliz turista paseando con su novio, cielo, o nos pillarán.







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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Lun 5 Jun - 19:48


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Robin. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


Dejó que Robin tomase la iniciativa y fuera él quien le guiase entre aquellas retorcidas calles. Pero si que estaba nerviosa. No sabía moverse con esa gracia y esa tranquilidad que el domador de dragones mostraba. No. A ella se le notaba el nerviosismo a un kilometro de distancia. Trató de sacudirse la arena de la camiseta conforme se adentraban en la multitud.

Para Robin moverse por ahí era tan sencillo como robar un sombrero y fingir ser otra persona. Le salía con una naturalidad asombrosa. Por un momento deseó ser igual, poder dejar los nervios y actuar fría y calmadamente.
No pudo evitar voltearse casi de un salto al notar que un brazo se apegaba a sus hombros. Llevó la mano a la varita, oculta bajo la camiseta y lista para lanzar un hechizo cuando se percató de que era Robin, apegándose a ella, quizá con la necesidad de apoyarse para caminar.
-Estás... ¿bien?- sus palabras quedaron en el aire, ahogadas por la voz del dracónologo. Asintió y con un rapido movimiento de varita tintó su pelo más oscuro, lo cual cambió visiblemente su aspecto. Se apropió además de unas redondas y enormes gafas de sol que ocultqaban la mitad de su cara. El disfraz no era de lo mejor pero al menos le costó reconocerse en un escaparate del muelle. -Feliz... claro, es tan facil pintarse una sonrisa en la cara con esta situación...- gruño molesta, aunque extrañamente aquella situación no le incomodaba. Aquel abrazo, aunque impersonal y necesitado por la situación, despertó en Claire viejos recuerdos. Sentimientos enterrados, olvidados.

Rezó a Merlín para que el pulso no se le acelerase como el de una estúpida chiquilla enamoradiza. Ya no era esa Claire, y evidentemente él no era el mismo Robin. Eran dos desconocidos el uno frente al otro, colaborando y planeando para huir juntos. Apresuraron el paso y al cabo de unos minutos llegaron a los muelles donde se atracaban los barcos. A lo largo pudo divisar como varios magos de túnicas violaceas se movían entre la muchedumbre del muelle. -Será mejor que nos apresuremos... - siguió hasta Robin al barco situado al extremo y avanzó a prisa por la pasarela, subiendo a cubierta. -¿Cuánto tardamos en llegar a aguas internacionales? Podré intentar contactar con el Ministerio... Una teleportación a tan larga distancia puede salir demasiado mal como para intentarlo, pero estará bien ponerlos sobre aviso...- sin duda no quería arriesgarse a que su cuerpo quedase partido a la mitad entre el salto, pero sí podría contactar con su oficina en Londres y avisar de la traición de la Embajada Sudafricana. .






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Mar 13 Jun - 15:45


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


     Sigue andando.

     Fue lo único que Claire encontró por respuesta a su reciente preocupación. Disueltos entre el gentío del puerto casi sentía confianza en su plan descabellado, podían pasar desapercibidos entre turistas y tripulaciones aburridas, no eran los únicos pálidos entre aquellos hombres con la piel de ébano y canela, y sin embargo los ojos claros de Robin se iban quedando prendados de cada sombra oscura que portase un uniforme. ¿Cuántos eran muggles? ¿Quién estaba infiltrado entre los ignorantes? ¿Y aquel vendedor de la esquina con el tatuaje en la mejilla? O la señora que ofrecía ramilletes de flores extraordinarias a gritos. Cualquiera podía formar parte de aquel gobierno corrupto. Robin mascaba un pensamiento con amargura; si hacían eso con sus dragones que no harían con sus magos, con sus recursos… en aquellas fronteras se fraguaba el horror.

     Bajo el arco rígido de su brazo Claire temblaba de forma imperceptible. Algo superior arrastraba a Robin, sacaba fuerzas de flaquezas porque necesitaba sobrevivir. Él, a diferencia de la dama, estaba acostumbrado al trabajo de campo. Había derrotado a hombres corruptos como Aganju, había domado dragones atravesando el fuego y la bruma, su trabajo se hacía con los pies en la tierra y una varita en las manos, mientras que la dama se había hecho toda una experta en el parloteo y la burocracia. Ella era la pluma y él la espada.

     — Sólo tienes que parecerlo, Claire, no tienes que sentirte feliz. Dudo mucho que nunca hayas tenido que hacer un paripé en la embajada.

     El tono hosco precedía a su humor de perros, Robin intentaba mirar más allá de la marabunta de cabezas y puestos para fijar la vista en el muelle. Tardaron unos apresurados minutos en alcanzarlo, pero una vez dentro empezó a ubicar los edificios en el recuerdo difuso de su llegada, unos días atrás en el tiempo. En el silencio de sus labios apretados reprimía su estupidez. Debería haber sido más listo, estar más atento, investigar algo en el Ministerio antes de meterse de cabeza en esa absurda aventura en barco. El tiempo había demostrado que lo que esperaba en la costa era mucho peor que el viaje per sé, pero eso no era consuelo. Las palabras de Claire le pusieron tenso, se le quedaron los hombros rígidos al echar la vista sobre ellos y encontrarse con el reflejo vaporoso de túnicas púrpuras. O sabían dónde estaban o, efectivamente, estaban buscando a su equipo.

     —¿A dónde vas? Masculló entre dientes al sentir como la inercia de su cuerpo tiraba hacia la pasarela. Apretó su hombro, increíblemente delgado y redondo, guiando sus pasos lejos del barco. — Si nos ven subir al barco estaremos atrapados ahí. Estamos demasiado lejos para intentar teleportarnos. La prioridad es encontrar a mi equipo y después estableceremos un plan de huida, no antes.

     Allí resultaba muy notable la extinción de los turistas. No les estaba permitido pulular tan libremente en las zonas designadas a las cargas y otros asuntos que donde el gobierno no quería civiles. Dejó que su instinto lo llevase a través de las referencias que recordaba, esa esquina carcomida por la herrumbre y la humedad que se habían ido comiendo el color de la pintura, el cartel de las indicaciones. Ver uno de sus hombres esperando fuera le cortó la respiración. El cigarrillo en sus labios se consumía en respiraciones aceleradas, se tragaba la ansiedad con caladas nocivas. Su mirada pasó por encima de la extraña pareja sin fijarse en ellos dos veces, pero algo le hizo volver a mirarlo.

     —¡Robin! Exclamó, y el cigarrillo cayó al suelo sin pena ni gloria. No se percató de cómo la suela de sus zapatos aplastaba la punta encendida al echar a correr hacía ellos. Robin soltó a Claie y los dos hombres se tomaron por los hombros. — ¡Por Merlín! ¿Dónde estabas? Miró a Claire y su ceño se frunció. — ¿Quién es?

     — Estamos en problemas, Ronald. No había tiempo para demasiadas explicaciones, no pudo evitar suspirar al mirar a Claire. — Claire Owen, embajadora británica.

     —¿Embajadora? ¡Por las barbas de Merlín! Tienes que ayudarnos, necesitamos hablar con el Ministerio.

     — Espera, espera, Ronald.—Gruñó Robin, intentando atraer hacia sí la atención de su abrumado compañero. — ¿Estáis todos bien? ¿Qué ha pasado?

     —Hemos tenido que atrincherarnos.  Querían que les entregáramos al Amphisbaena pero Dougal se ha negado en redondo. Dijo que no haría nada sin tener primero tu aprobación y los del gobierno sudafricano entraron en cólera, sacamos las varitas, te juro que pensé que tendríamos que batirnos en duelo. Los emisarios intentaron ser conciliadores pero Dougal no cedió, ni les permitió ver al dragón. Se retiraron en un intento conciliador pero Dougal lo que hizo fue levantar defensas, ordenó que nos atrincherásemos. Los chicos están nerviosos, y el Amphisbaena está peor. Intentaron tirar la puerta abajo pero resistimos, y de pronto… se retiraron. No sabemos por qué. Me ofrecí voluntario para salir a vigilar el perímetro y…

     — Saben que estamos aquí.— Discernió Robin, parpadeando incrédulo ante su propia deducción. —  ¡Nos estaban esperando! Abre la puerta, vamos, ¡vamos!

     Ronald miró a Robin sin entender, le temblaba las manos cuando se dio la vuelta y aporreó la puerta. Por encima de su hombro Robin pudo ver cómo tras la misma esquina herrumbrosa se estiraban negras sombras como su destino. Con un chasquido alguien abrió la puerta y Robin empujó a Ronald y a Claire al interior, donde los esperaba una cargada cortina de humo.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Jue 6 Jul - 11:43


“Fugitives”
Robin. Puerto de Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


El tirón que Robin le propinó en el brazo la hizo retroceder cuando ya tenía un pie en la pasarela, dispuesta a subir al barco, a huir de ahí y dejarlo todo atrás. Que ese embrollo fuera nada más un informe escrito a pluma, archivado y olvidado en uno de los incontrables cajones del Ministerio. Mas o fue así. El empujón que le dió para retroceder la devolvió a esa realidad, aún dura, que los rodeaba. Al miedo de la persecución, a sentirse tan vulnerable como en el colegio, esperando un golpe que no sabía si llegaría, si esquivaría.

Escuchó las rudas palabras de su antiguo compañero. No le gustaba darle la razón, pero la tenía. Aunque su equipo bien podía estar en el interior del barco, cosa que dudaba pues ahora, fijándose mejor en la cubierta, esta parecía sospechosamente vacía y calmada. Decidió cerrar la boca y seguir a fe ciega las instrucciones de Robin. Ahora estaban en su terreno. El puerto, y su equipo, desperdigado. Tenía que confiar en él y en que saldrían de allí cuanto antes.

Por suerte, el encuentro con uno de su equipo pareció suavizar las cosas, aunque fueron unos segundos antes de la noticia. También los habían acorralado e intentado hacerse con su dragón. Estaba claro que Aganju y el resto de sus secuaces no iban a desistir en aquel asunto. Les seguirían la pista hasta encontrarlos y solo Merlín sabía la inistencia con la que podían luchar aquellos mercenarios. Claire se mantuvo en su sitio, sopesando sus opciones, viendose arrastrada al interior de una estancia. Las barreras mágicas que la protegían eran fuertes, pero no resistirían muchos golpes. El equipo de robin era numeroso, pero estaba segura de que el de Aganju también y les costaría muy poco derribar las defensas mágicas.

Tuvo que hacer acopio de sus fuerzas para esconder el nerviosismo del que estaba siendo presa para hablar. Era una desconocida entre un grupo de hombres. Tan solo conocía a Robin y no estaba tampoco segura de si lo que iba a decir serviría de mucho. -No tardarán en encontrarnos si tienen un rastreador mágico... - tomó aire y se acercó a la puerta, posando la mano sobre la madera carcomida por la humedad. -Hemos dejado tras nosotros un gran rastro de magia muy facil de seguir y que los llevará justamente hasta aquí... - se giró sobre sus talones, contemplando al grupo de marineros ante ella. Sabía que on era nadie para darles ordenes...

¿O sí? Al fin y al cabo ella era la máxima autoridad británica ahí. No era una auror, pero por suerte sabía defenderse bien, y estaba segura de que el resto del equipo también si tenían que verselas con dragones a diario. -Aganju es empleado del Ministerio Sudafricano también, así que no sabemos el número de magos que cuenta a sus espaldas. En el desierto nos han tendido una emboscada como mínimo una quincena, pero podrían ser más ahora que estan en la ciudad... -  los nervios  la hicieron detenerse un par de veces, antes de proseguir. Necesitaba pensar rápido, con claridez. -Si usamos la magia en su terreno, estando todos juntos, tenemos muy pocas posibilidades. Nos acorralarán y probablemente borrarán todas las huellas para hacerse con el dragón pero... podemos despistarlos. El puerto es grande, aunque desconocido para nosotros. Si nos separamos y actuamos desde diferentes zonas podemos dividirlos... Contamos con la ventaja de que ellos no saben cuantos somos ni como somos... Podemos pasar facilmente inadvertidos entre el gentío si sabemos movernos... Tampoco creo que estén dispuestos a armar una guerra mágica en pleno puerto, podrían haber bajas civiles y entonces aparecería la seguridad de su Ministerio.. Es un punto a nuestro favor... - estaba contando con que Aganju actuaba a espaldas del ministerio, y eso era suponer mucho, pero se les acababan las opciones y el tiempo.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Lun 24 Jul - 18:56


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Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


     En el interior el aire respirable dejaba a su paso por la boca un sabor inconfundible a humo. Aunque fuera era de por sí caluroso, todavía quedaba el consuelo de la brisa marina y los cielos abiertos para aliviarse. Dentro de la sala el cuento era muy distinto, allí no había brisa ni cielo, sólo un techo que no era lo suficientemente alto para albergar las emanaciones de la criatura con la que compartían el aire. Algunos de los presentes llevaban máscaras atadas a la nuca, los mismos que mantenían la varita en ristre en posiciones ofensivas. Cada hora se cambiaban de posición, rotando las máscaras. La entrada de Robin en la habitación iluminó sus rostros, podía verse incluso a través del grueso material con el que los enmascarados protegían sus ojos. El reflejo de su nombre se repitió como un eco que sonaba a plegaria, un par de ellos se adelantaron a abrazarlo y él los correspondió.

     —Robin, bastardo cabrón. — Dougal le dio un puñetazo en el pecho antes de abrazarlo brevemente. Su acento revelaba su precedencia escocesa casi tanto como la miríada de pecas que le salpicaban el rostro. Junto a la mandíbula izquierda toda su constelación de pequitas se derretía, fundiéndose con la piel gruesa de la vieja cicatriz de una quemadura.— ¿Dónde coño estabas?

     —Tomando el té, ¿tú qué crees?, —correspondió el puñetazo con un breve abrazo — Es tan largo de contar como lo tuyo, pero Ronald nos ha puesto al día. Esta es Claire —se adelantó a presentarla antes de que nadie más preguntara por ella—, embajadora británica. —La mirada de Dougal dejó claro lo que Dougal pensaba de la política y los embajadores, sin embargo se cuidó de no hablar de más. Si estaba con Robin, confiaba en ella, a pesar de todo. —El resumen es que teníamos razón en casi todo, el tráfico ilegal está controlado por un agente del gobierno, Aganju. Y nos hemos cruzado cuando le enseñaba a la señorita el entorno rural local, una cosa ha llevado a la otra y, bueno, yo diría que están a punto de jodernos bien el culo.

     Dougal contempló a Robin ojiplático, de haber tenido un cigarro en la boca se le habría caído al suelo, abierta como estaba. Miró a Claire, y después a Robin, y la puerta. Repitió el mismo proceso un par de veces antes de empezar a escupir palabras en gaélico que eran de todo menos bonitas. Detrás del grupo una vibración se extendió por el aire, suprema. Podían sentirla en los pies, en el fondo del pecho, en el aire al respirarlo, el dragón gruñía, encerrado, masticando fuego.

     —Y a pesar de todo tienes asuntos más importantes de los que ocuparte. —Se jactó Dougal, pasándose la mano por el pelo, un entramado de hebras rojas y gris ceniza.— Estuvo más o menos tranquilo, pero sienten la tensión en el aire... aún no sé cómo estamos vivos.

     Al mirar al dragón Robin se olvidó de Claire, se olvido de Aganju, incluso se olvidó del dolor que le carcomía todos los huesos. Se alejó de Dougal y Claire, cojeaba ligeramente, pero no había rastro de miedo en el hombre que se acercaba a la bestia. Dougal lo observó marchar, cruzando los brazos sobre el pecho.

     —No te ofendas, guapa, pero dudo mucho que eso vaya a funcionar. Fuera quien fuese ha utilizado el Dragón o a nosotros como un señuelo, sabía que en algún momento Robin vendría aquí. Ya deben estar fuera, rodeándonos. Ah, no te preocupes por Robin. —La cabeza morena del más bajito de los dos era difusa, barrida por una bocanada de humo que el dragón escupió sobre él. Bajó la cabeza para poner los ojos a la altura del humano, Robin susurraba cosas sólo para sus oídos.— Hasta que el dragón no vuelva a estar tranquilo el resto le dará igual, incluido nosotros. ¿Por qué te crees que estoy yo aquí? Tu plan no es malo pero hace aguas por dos partes. —Encaró a Claire con la resolución de un estratega. Dougal era el que hacía números, contrataba el personal, gestionaba las expediciones y trataba con el ministerio. Era el más diplomático de los dos, y también el más majadero.— Das por sentado que saben dónde estamos pero no nos han hecho un cerco. Por lo que ha dicho Robin lo más seguro es que ya estemos rodeados, y como puedes contemplar sólo tenemos una puerta. Y, por otro lado… —los párpados se estrecharon, convirtiendo los ojos del escocés en rendijas verdes que sospechaban.— Das por hecho que dejaríamos al dragón atrás.

     Se irguió sobre la espalda, mirándo a Robin y al dragón. Ese loco estaba tan enamorado de los dragones que Dougal estaba seguro de que terminaría muriendo por uno de ellos, más pronto que tarde.

     — Déjame decirte lo que yo creo, —Claire no era la única escuchando. Mientras algunas manos se ocupaban de sus tareas, otros presentes eran todo orejas, y angustia, sus vidas también eran cartas en aquel juego.— El tal Ubunju debe trabajar a espaldas del ministerio, sino ya habrían entrado aquí por la fuerza hace mucho rato. Sin respaldo político no podrá hacer demasiado ruido, ni usar fuegos artificiales para conseguir lo que quiere. Si me equivoco, da igual lo que aguantemos, no llegamos a quince personas, no podemos enfrentarnos al sistema de todo un país y salir indemnes. Y si ellos no quieren utilizar fuegos artificiales para no llamar la atención del gobierno… —Dejó el final en el aire, con una de sus pelirrojas cejas arqueadas.— ¿Tu qué opinas, Robin?

     —¿Qué? — Masculló el interpelado, que seguía a las faldas del plumífero dragón.  






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Tardis_In_Blue el Jue 24 Ago - 20:37


“Fugitives”
Robin. Puerto de Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


Tras haber soltado aquel discurso como plan de escape, Claire se había venido arriba. Creía de verdad que aquella táctica era un buen plan y que con un poco de suerte saldrían de allí pronto, sin rasguños y acabarían logrando derrotar al grupo de magos desviados. Sin embargo, al estar tan arriba como estaba, la caida dolió más. De hecho no esperaba que cada una de sus palabras fuera rebatida con tanta fuerza, dejándola por los suelos, haciendola sentir la mujer más estupida en aquel rincón perdido de la mano de Merlín.

Sin embargo aguantó el golpe. Sus ojos seguían clavados en los profundos agujeros de Dougal, enmarcados por unas finas pestañas rojizas que le daban cierto aire infantil. Aunque aquel hombretón podía ser de todo, menos infantil. La bruja se mantuvo ante cada palabra que le devolvía, como si aquello era lo que mejor se le diese en el mundo, rebatir planes, o hacer sentir mal a la gente.
Una parte interior, esa parte que toda chica tiene escondida, y más alguien como ella, quería darse la vuelta y salir corriendo de ahí. Esconderse en cualquier lugar en el que lamerse las heridas de la humillación y dejar que pasase todo el tropel y toda la batalla que estaban a punto de vivir. Pero en ese momento no podía darse el lujo. Ni siquiera dejó que la decepción se asomase por su rostro. Tan solo parpadeó varias veces, rápida, dejando que la humillación se evaporase como el humo que envolvía la habitación. -He dado por sentado que "sabrán" donde estamos.. No que ya lo sepan.. - enfatizó esas palabras con rabia a la vez que fruncía el entrecejo. No. no hacía tantas aguas como él decía, pero sí era correcto con que no había contado en cómo sacar un dragón de aquella casucha. -Tal vez no me hayas oído bien, pero todo lo que he dicho ha sido una predicción. En ningún momento he afirmado que al abrir la puerta nos los encontremos de morros. Pero lo más probable es que pasado un tiempo, horas, quizá minutos, detecten todo el muro mágico que nos rodea... Y eso no me lo puedes negar. Y no, tampoco podemos enfrentarnos al sistema de todo un país, precisamente por eso lo más sensato en este caso es buscar una vía de escape, lo más pronto posible. Dragón incluido. Pero eso os lo dejo a vosotros que sois los expertos... yo no pienso acercarme... - tuvo que morderse la lengua para que aquella frase no acabase con un temeroso "a eso". Pero estaba claro que el miedo de acercarse a semejante bicho era algo a tener en cuenta.

Desde que habían entrado en aquel espacio, Claire se había esforzado en dar lo mejor de si, pensar con rapidez y que su loca cabeza plantease cómo escapar de esa situación. Se había olvidado por completo de Robin, de todas las pullas infantiles que los perseguían desde el colegio y de que no había modo de hacer que se llevasen bien entre ellos sin despreciarse. Pero en cuanto Dougal volvió a dirigirse a él, Claire lo buscó por la sala con una mirada temerosa.

Por un momento el tiempo se paralizó alrededor. La sala desapareció sumida en aquella humareda polvorienta y solo captaba la figura de su ex compañero. Cómo sus manos se movían en una danza cariñosa por la cabeza y el morro de tan letal criatura. Ajeno a ese peligro, a que un ruido enfureciera a aquella bestia y lo calcinase con tan solo expirar una bocanada del fuego de sus fauces. Por un momento tembló ligeramente y trastabilló varios pasos hacia atrás. ¿Cómo alguien podía estar tan loco y tan tranquilo? Acariciaba a ese animal como quien acaricia al bebé de gato más tierno del mundo. Y era una escena casi íntima que sintió que no debería mirar. Pero jamás habría llegado a pensar en toda su vida que habría alguien tan loco como para actuar así. Y menos aquel chico prepotente que conoció una vez.






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Re: The magic twisted puzzle

Mensaje por Ladie el Lun 4 Sep - 16:49


new unusual places
Claire Owen. Ciudad del Cabo. Sudáfrica. Noviembre 2016.


        El ambiente estaba cargado, igual que la tensión de todos los presentes. Llevaban allí muchas, demasiadas horas, y minuto a minuto el aire enrarecido de la nave se viciaba más. El dragón exhalaba vapores y humaradas por los orificios que coronaban el estilizado morro, sus plumas susurraban al rozarse como lo harían las piezas de la cola de una serpiente de cascabel.  En su plumaje se mezclaban distintos tonos de verdes y azules, abarcando desde el verde lima, hoja, oscuro pasando por el turquesa e incluso ciertos toques de un índigo iridiscente. Robin estaba distraído por sus colores, su textura y el nerviosismo que agitaba las plumas del dragón, lo calmaba con su firmeza, susurrando palabras y palmeando su cuerpo escamoso. Se parecía a la doma de caballos en ciertos aspectos, solo que los caballos no podían devorarte de un bocado, escupir fuego o desgarrarte con las garras. Dougal, por otro lado, también tenía que lidiar con otro temple agitado. La acidez de Claire no la sorprendía, más bien le extrañaba que Robin hubiera aguantado algo así demasiado tiempo. Nunca había visto al muchacho inglés acompañado por una dama, de hecho, habría jurado que vivía en la otra acera de no haberlo arrastrado a alguna noche loca que otra. La que tenía presente era una de armas tomar, con la lengua afilada y el ingenio suficiente para despertar la curiosidad del escocés.

        —¿Sabes? No deberías temer a los dragones. Son criaturas sinceras, muy nobles, y al contrario de lo que se cree no son particularmente agresivas, sólo son territoriales. — Descruzó los brazos, que hasta ese momento había tenido apoyados en el pecho. Apuntaba con la barbilla en dirección a Robin, ensimismado, que estaba llenándose las manos y la cara de ceniza. Cuando volviera tendría la esclerótica enrojecida, con filigranas rojas alrededor del iris, efecto de estar expuesto al calor y los vapores que emanaban los dragones de forma natural—. Es de las personas de las que nunca sabes lo que puedes esperar. Hoy es uno de esos días que lo demuestran.

        El ronroneo constante que se escapaba entre las fauces del dragón cesó con suavidad, primero bajando de intensidad para después detenerse. Acomodó su larga y emplumada cola entre los barrotes de su jaula, reposando el peso de su cuerpo en el suelo. Los ojos, dorados, todavía miraban de aquí a allá con nerviosismo, pero estaba visiblemente más calmado. En realidad, la expresión correcta sería decir que empezaba a mostrarse confiado, como un niño que dejaba a sus padres tomar las riendas de algún desastre con la seguridad de que gracias a ellos todo saldría bien. Robin le palmeó el cuello por última vez antes de salir por la jaula, ordenando que mantuvieran al dragón sereno, hidratado y cómodo. Caminó hacia Dougal y Claire sacudiéndose la ceniza de las manos, sin darse cuenta de que lo único que conseguía era extenderla por el pantalón. Se rascó la cara, dejando surcos negros en la piel. No es percató de cómo se sentía Claire, ni los ojos de cervatillo con los que le observaba.

        —Estamos jodidos, ¿no?

        —Es una forma de resumirlo, sí. —Admitió Dougal. Ambos guardaron silencio, masticando una idea. Robin, por su parte, había echado la cabeza hacía atrás para contemplar la estructura. Al principio estaba buscando salidas alternativas, pero empezó a perderse en los detalles de su idea. —¿En qué estás pensando?

        —En que nadie esperaría que saliéramos por el techo. Si unos sostuvieran un escudo que nos protegiese de los escombros y otros le lanzaran un par de hechizos explosivos podríamos conseguirlo. Tiene pasarelas arriba, desde allí se podría salir con facilidad, dispersarse y correr hacia el barco británico. El resto sería cuestión de alcanzar aguas internacionales… El Amphisbaena es pequeño, pero tiene fuerza suficiente para cargar con dos. No podrían pararnos mágicamente si salimos formando ese escándalo, demasiados muggles de por medio.—Agachó la cabeza, girándose directamente hacia la muchacha—. ¿Tú que opinas, Claire?      






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