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Mensaje por Avalon el Miér 9 Nov - 1:07

Family, love, we can choose what is
in our hearts
1x1, El Legado. CS
El yugo de Galbatorix llegó a su fin hace más de tres años y, con ello, Alagaësia vió el nacimiento de una nueva era. Una era en la que los dragones volverían a surcar su cielo poco a poco. Una era en la que la paz entre los pueblos parecía haberse instaurado. Elfos, enanos, humanos, úrgalos y dragones parecen estar en paz por una vez en toda la historia. Un nuevo tiempo ha llegado.

También han pasado más de tres años desde que Eragon se marchó a Vroengard para empezar a adiestrar a nuevos jinetes de dragón y conseguir que las historias de Brom fueran reales: el tiempo de los dragones volverá. Y, además, hace tres años desde que el mayor de los hermanos se marchó para expiar unos pecados que le hacían querer sumir al mundo en sangre. Ahora el destino parece haberse corregido y la vida parece volver a discurrir por su cauce correcto.

Y muchas otras cosas han pasado en estos tres años. Entre ellas, un joven llamado Loïc acabó siendo la comidilla de su pueblo cuando por pura sorpresa un huevo de dragón se abrió ante él hace varios meses. El alocado y alegre rubio nunca se había sentido más resposable e importante en su vida que en aquel instante en el que Ninive extendió sus alas frente a él. Jinete y dragona fueron acogidos entre la comunidad que el jinete de la azul Saphira había creado en la isla alejada del continente.

¿Más reciente aún? Son solo susurros pero ya se han comenzado a extender por la frontera y no tardarán en hacerse oír por toda Alagaësia. Por supuesto, las alas de un dragón baten más rápido que los rumores y si es cierto, el hijo de Morzan y el dragón rojo aparecerán antes en Vroengard. Antes de que de una punta a otra del continente se sepa que Murtagh y Espina han regresado.

       
MURTAGH
   Jinete - Torrance Coombs - Novocaine
LOÏC
   Jinete - Toby Regbo - Avalon


   



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Re: ∂ We can choose what is in our hearts.

Mensaje por Novocaine el Vie 11 Nov - 17:55

1. LET'S TAKE IT STEP BY STEP
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Surcar los cielos de Alagaësia debería haberse sentido como volver al hogar. Sin embargo, para Murtagh no había un solo lugar en el mundo que le diera sentimiento de pertenencia. Aquel reino, a pesar de que había sido el territorio que le había visto crecer, le era tan sumamente ajeno como las tierras perdidas en las que se había refugiado durante aquellos tres largos años. Ningún lugar ni persona debería haberle atado y, a pesar de ello, estaba volviendo. ¿Por qué? No lo tenía del todo claro. Tal vez porque sentía una verdadera necesidad de reconciliarse con su hermano. O también podría ser que en el fondo de su corazón estuviese deseando encontrar una nueva casa en la que asentar los cimientos de la nueva vida que intentaba construir.

El Jinete no estaba demasiado seguro de que las heridas del pasado estuvieran del todo cerradas, pero eso no era justificación para seguir huyendo. La soledad durante aquellos eternos meses había estado bien, pero era algo que no podía durar para siempre. No cuando tantas explicaciones habían quedado por dar. No cuando tantas páginas de su historia habían quedado en blanco. Tanto él como Eragon merecían respuestas el uno del otro, e iba siendo hora de dar el paso. Esperaba que su hermano, a pesar de todo, continuase estando dispuesto a ofrecerle... Algo. Cualquier cosa, en realidad.

Los rumores, que eran mucho más rápidos que las alas de su dragón, habían situado a Eragon en Vroengard. Bastante original, si era sincero consigo mismo. Allí estaba estratégicamente cerca de Alagaësia pero también lo suficientemente lejos como para no permitir que los asuntos del reino interfirieran con los asuntos de los Jinetes. Mientras sobrevolaba las saladas aguas del mar para llegar a la isla, Murtagh se preguntaba si habrían nacido más Jinetes de dragón. Esperaba que sí. Todavía tenían mucho que ofrecerle a aquel mundo, y su primera desaparición había sido tan trágica como desastrosa.

Solo cuando comenzó a vislumbrar el verde de la hierba, comenzó a sentir un extraño nerviosismo. ¿Y si no era bienvenido? Dudaba seriamente de que Eragon fuese a cerrarle la entrada a su nuevo hogar, pero si tenía compañeros con los que compartir tierra... Puede que estos no fueran a ser tan generosos con él.

Aun así lo intentó y, cuando el sol brillaba con la luz del mediodía, aterrizó en el único vestigio de civilización que había en aquella isla: un pequeño castillo de piedra que parecía en construcción o, al menos, en reconstrucción. Acogedor. Tenía que reconocer que le gustaba bastante como asentamiento para una supuesta academia de Jinetes. Aun así, y a pesar de todo, no parecía haber nadie pululando por aquella fortaleza. ¿Se habrían marchado? ¿Estarían dentro?

Contrariado, bajó del inmenso lomo de Espina y comenzó a inspeccionar los alrededores, hasta que por fin una puerta de madera se abrió a sus espaldas. Murtagh había sumido que debería ser Eragon, quien debería haber visto a Espina acercarse. Sin embargo, en su lugar, había un joven de cabellos rubios al que no conocía absolutamente de nada.

Sopesando las posibilidades de que aquello pudiera salir mal, finalmente se acercó a él con paso lento y alzó la mano derecha al alcanzar su posición con el objetivo de presentarse. Cosa estúpida, pues era bastante sencillo adivinar quién era únicamente por el propio aspecto de su dragón.

Murtagh —. Dijo simplemente —. Me preguntaba si... Sería posible poder ver a Eragon.
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Re: ∂ We can choose what is in our hearts.

Mensaje por Avalon el Lun 5 Dic - 7:50

1. LET'S TAKE IT STEP BY STEP
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Se cruzó de brazos y cogió aire con fuerza. Se contuvo para no pegarle una dentellada a Sasha en la yugular, cuando esta se burló de su desdichado destino. Primero, porque no era buena idea aplicar términos que escuchaba de fauces de Ninive a los jinetes y, segundo y más importante, porque no necesitaba que Eragon aumentase su castigo. Sí, se había largado con su dragona sin avisar a nadie dos noches antes. Sí, casi le habían prendido fuego a un trozo del bosque oeste de la isla. Pero Loïc seguía queriendo ir con el resto de sus compañeros a la sesión que su maestro tenía preparada. El rubio se consideraba lo suficientemente mayor como para tener que andar castigado, sin embargo, Eragon había pillado que aquel tipo de contratiempos surtían efecto en el más joven de los jinetes humanos. Al menos, el jinete enano Chard le dio una palmada en la espalda antes de que todos se fueran.

El joven, que se había levantado a primera hora como el resto y bien podría haberse quedado en la cama a modo de réplica, se paso la mañana echándole una mano a la gente del servicio. Loïc no había preguntado demasiado acerca de la gente que les echaba una mano en el mantenimiento y el cuidado de lugar, también en su reconstrucción, pero había escuchado cosas. La reina Nasuada había tenido algo que ver, por lo visto, y también había quién se había prestado voluntario para echar una mano a la llegada de la nueva era. Fuera como fuese, el personal que correteaba por el castillo a parte de los Jinetes y sus dragones se conocía a la perfección a Loïc. Ocho meses les había bastado para considerar al rubio mano de ayuda más veces de las que a Eragon le gustaba.

Sin embargo, ser el único jinete que se había quedado aquel día en la fortaleza le dio a Loïc una salida que ni siquiera el más antiguo de los Jinetes del momento habría podido predecir. El rubio fue el primero en ser avisado de que una dragón rojo se acercaba al castillo. Y todos sabían que entre los huevos que se habían abierto en los últimos tres años no había ningún dragón escarlata. Los rumores habían estallado antes de que Loïc fuera consciente de que le tocaba ser el embajadro y actuar casi de guardian de la pequeña fortaleza.

Salió precipitadamente del interior del edificio pero sus pasos se volvieron mucho más pausados cuando su mirada fue absorvida por el inmenso dragón que había allí. Era el más grande que había visto en su vida, incluso más que Saphira. Ninive, si tú creces tanto, ¿me voy a ver siquiera en tu espalda?, preguntó mentalmente y exagerando a su dragona que no andaba muy lejos. El castillo había sido construido en lo alto de la colina más alta de Vroengard y las laderas de la montaña habían servido para ubicar en grutas ampliadas y cuevas reexcavadas a los dragones. Las galerías subterráneas principales entre el castillo y las faldas de la montaña ya habían sido completadas, pero quedaba mucho por hacer en el vasto diseño que Eragon había proyectado. Lo único que recibió fue la risa cantarina y jocosa de la dragona que debía de estar moviéndose hacia allí, no tardía más que unos minutos en aparecer.

Fue después cuando se fijo en la figura que acompañaba al dragón. Loïc imaginaba quién debía ser, aunque la sorpresa debía estar plasmada en su rostro. Estaba seguro de que Eragon no sabía nada de aquello. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Fue el recién llegado quién habló en primer lugar. Una sonrisa amigable, tan característica en él como el respirar, se extendió por sus labios. —Eragon ha salido con los demás Jinetes —informó con rapidez estrechándole la mano—. Supongo que no sabía de tu visita o no habría programado una lección para hoy —comentó. Sus ojos volvieron a vagar hacia el dragón rojo, segundos después, de vuelta al jinete. —Soy Loïc —se presentó al soltar su mano—. Sé dónde están, puedo llevarte hasta ellos si quieres —propusó. Loïc imaginaba que Eragon sabría manejar aquella situación mucho mejor que él. Además, su maestro no podría gritarle por haber roto su confinamiento, si le llevaba a su hermano.
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Re: ∂ We can choose what is in our hearts.

Mensaje por Novocaine el Vie 16 Dic - 19:10

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Murtagh se sorprendió ante la naturalidad y jovialidad con la que el otro se presentó. O bien no había escuchado hablar mucho de él, o bien las habladurías que corrían sobre su persona no eran tan terribles como él mismo había creído. ¿Tal vez Eragon había tenido algo que ver con aquello? Conociendo su corazón en ocasiones demasiado bondadoso, era bastante probable.

Cuando el joven rubio soltó su mano y mencionó su nombre, él no pudo hacer más que ladear un poco la cabeza mientras ponía una de sus manos en la pata delantera de Espina. Desde luego, el dragón estaba mucho más tranquilo y sosegado que él. ¿En qué momento se había convertido en un manojo de nervios? Ah, sí, en el mismo en el que se había presentado en la fortaleza de los Jinetes sin ni siquiera avisar. Saber que Eragon no estaba allí le puso un poco nervioso. Sin embargo, no se le pasó por la cabeza interrumpir una de sus lecciones con los nuevos alumnos. Suponía que ahora su hermano se había convertido en una figura de autoridad entre los Jinetes, no quería empañar su imagen o profesionalidad.

Por eso mismo, negó suavemente con la cabeza y le lanzó una rápida mirada al dragón rojo, buscando su aprobación. «Estará bien» fue lo único que dijo, confirmando sus propios planes. Finalmente, y siguiendo el consejo de su compañero, sonrió de manera educada.

No, déjale que acabe la clase. Seguro que no quiere tener un hermano pesado dándole la monserga si está haciendo algo importante —. Intentó bromear —. Espina solo necesita echarse un rato en la hierba y descansar, ha sido un viaje muy largo. ¿Hay algún sitio en el que pueda cazar? Atravesar el mar ha llevado unas cuantas horas, y no es demasiado bueno pescando —. Al instante, las fosas nasales del dragón echaron humo negro junto con un pequeño gruñido, demostrando lo poco conforme que estaba con aquella afirmación.

Murtagh, por supuesto, hizo caso omiso a sus quejas mentales. Estaba bastante acostumbrado a ellas y ya se habían convertido en una parte esencial de su día a día. Él mismo también tenía hambre y se sentía agotado. Las piernas prácticamente le dolían de haberlas tenido todo el rato en tensión sobre el lomo de Espina. No tenía ganas de montar al menos en otros tres días.

¿Puedo... Esperarle en algún sitio? —. Preguntó, con un tono claramente duditativo. No quería poner a Eragon en un aprieto, y ni siquiera sabía si había demasiada gente dentro de aquel castillo, pero habría dado lo que fuera por un trozo de queso y un vaso de agua.
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Re: ∂ We can choose what is in our hearts.

Mensaje por Avalon el Lun 20 Feb - 8:05

1. LET'S TAKE IT STEP BY STEP
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Loïc era todavía un crío un poco crecido cuando la guerra entre Eragon y Galbatorix había estallado. Lo había oído todo desde su pueblucho de la zona este de Alagaëisa, un lugar que apenas había tenido interés para nadie y en el que la guerra apenas se había sentido más allá del reclutamiento de más número de hombres jóvenes. El rubio se había salvado por los pelos, pero no así su hermano mayor. Cuando él y lo suyo se habían enterado de verdad de todo lo ocurrido había sido después de que todo acabase, cuando las leyendas había empezado a recorrer el mundo, cuando la reina Nasuada había decidido que todo ser viviente debía saber lo que había acontecido. Antes de eso, solo las noticas —y la mayoría manipuladas— habían llegado a ellos. Por eso, cuando Ninive había nacido ante él, Loïc todavía veía a personajes como Eragon o Nasuada como seres legendarios. Todo había cambiado cuando la primera semana en Vroengard ya había conseguido que Eragon le regañase como si fuera su señora madre. En ese instante había perdido toda su magia legendaria. Pero todavía había nombres que seguían formando parte de la leyenda, como el de Murtagh.

Aun así, Loïc era muy cotidiano y cuando el legandario jinete, rechazó su oferta de buscar a los demás con la cabeza educadamente, el rubio tuvo que contenerse de fruncir los labios decepcionado. Nadie iba a sacarlo de aquella fortaleza. Céntrate, esto es más importante que una rabieta. Eragon te va a poner a lavar a mano todas las paredes de la fortaleza, si la cagas. Las palabras de Ninive en su cabeza hicieron comprender a Loïc que la dragona estaba volando hacia ellos. Pero, a pesar de todo, el comentario de Murtagh, dio salida a la rápida lengua del rubio. —Oh, Eragon está haciendo siempre algo importante, ya le gustaría a él no ser molestado nunca —bromeó divertido. Si Eragon o alguno de los jinetes más mayores lo hubiera tenido a mano, ya se habría ganado un nuevo pescozón.

Ninive hizo su aparición en aquel instante encaramándose a uno de los pilares de la inmens zotea de la fortaleza. La dragona plateada era considerablemente pequeña todavía. Tan oportuna como siempre, le dijo a su dragona. No alcanzaba todavía los nueve meses de vida y seguía siendo una cría en el mundo de los dragones. Loïc giró la cabeza y le sonrió. La dragona parecía más atenta a los recién llegados. Al rubio también le preocupaba el tamaño del gran dragón rojo. —Claro, Ninive puede mostrarle el camino y, luego, puede descansar en alguna de las grutas, si le parece —aseguró Loïc echando un vistazo directo al dragón. Empezaba a comprender porque había cavernas tan gigantescas. Ninive, por su parte, simplemente, dio un coletazo con su larga cola.

Loïc asintió a la pregunta de Murtagh antes de que su mente la procesará realmente, como acostumbraba a pasar. Pero, ¿qué iba a hacer, si no? ¿Dejarlo allí parado hasta que Eragon llegase? ¿No les estaban enseñando también a saber comportarse como parte de una elite social de Alagaësia? —El Gran Salón está caldeado desde esta mañana. Si el viaje ha sido tan largo, seguro que las cocinas pueden preparar algo —ofreció, como la lógica dictaba. —¿Me acompañas? —preguntó indicando la puerta por la que había salido unos minutos antes. Por mucho que se acordase de la mitad del protocolo, siempre fallaba en la otra mitad, como en llamarle de usted por ejemplo. Solo se le pasó un segundo por la cabeza que Eragon podría no querer a su hermano dentro de su fortaleza, pero enseguida lo desechó. Ocho meses le habían dado para conocer al líder de los Jinetes. Tenía que estar haciéndolo bien.
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