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All these roads lead me back to you.

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All these roads lead me back to you.

Mensaje por Roanoke el Mar 22 Nov - 0:08

Recuerdo del primer mensaje :

All these roads lead me back to you
Plot | 1x1 | Romance y Drama

Resumen de Plot. Rick y Dante se conocieron cuando apenas eran unos niños. Venían de familias muy conservadoras, lo cual enfrentaban desde distintas perspectivas: mientras que Rick fue siempre un joven independiente y rebelde, Dante buscaba desesperadamente la aprobación de sus padres; ser el motivo de su orgullo, y ansiaba asemejarse cuanto pudiera a su figura paterna. El problema era que Dante no era como su padre. Él era... diferente.

Siempre habían estado muy estrechamente unidos; eran inseparables, más aún que si hubieran sido hermanos. Esta relación, tan intensa, iría tomando sin embargo connotaciones muy diferentes a las de la amistad a medida que crecían. Ni siquiera entendían lo que sentían. Tuvieron algunas novias; relaciones cortas, pero jamás sintieron lo mismo que cuando compartían el tiempo entre ellos, de tal forma que, al alcanzar la mayoría de edad, los constantes roces y tonteos terminaron culminando en mucho más que eso, en parte víctimas de lo mucho que les frustraba pensar en la universidad, y que a partir de entonces sus caminos se pudieran separar.

Por supuesto, del mismo modo en que vivían sus vidas desde perspectivas diferentes, lo mismo pasaría con el amor. Rick siempre fue mucho más abierto que Dante en ese aspecto, y no temía demostrárselo. Le dijo "te quiero" muchas veces, pese a que sabía que no obtendría respuesta, manteniendo juntos una relación intensa que Dante no terminaba de reconocer, ni siquiera para sí mismo. Cuando estaban juntos de aquel modo, ambos encajaban a la perfección, pero apenas habían palabras.

Su declive vendría al aproximarse la fecha clave. Rick, molesto, le echó en cara que fuera un cobarde; le gritó todo lo que había estado conteniendo, preso del miedo y la certeza de que la distancia conseguiría que su amigo olvidase todo lo que habían vivido. Le dijo que sólo si lo decía en voz alta; si admitía que le quería y lo que tenían realmente significaba algo para él, seguirían juntos. Pero Dante se quedó acongojado, ausente, y desde ese momento sus caminos no volvieron a unirse.

Desde aquel entonces habrán pasado 17 años. Ambos superan la treintena, y han hecho sus vidas por separado. Dante es empresario. Trabajó en la empresa de su padre tras acabar la carrera, y desde su muerte es su director jefe. Se ha casado con una mujer a la que quiere, aunque jamás la ha amado. Rick sigue siendo la única persona que es capaz de darle sentido a esa palabra: amor. Por otro lado, Rick no volvió a la ciudad después de marcharse a los dieciocho. Se mudó, y vive en el extranjero.

Richard Pearson
35 años | Matt Bomer | Lost Chris
Richard era el típico chico popular que todo el mundo quiere invitar a sus fiestas. Desde niño destacaba por su labia y por saber ganarse la simpatía de todo el mundo, niños y maestros. Aunque solía estar rodeado de gente, su mejor amigo desde siempre fue Dante. Iban de acá para allá, maquinaban alguna travesura, o más bien Rick las maquinaba porque era el más lanzado de los dos. Se ayudaban a ligar con las chicas en el instituto y se cubrían para poder llegar más tarde a casa de las fiestas con el típico “me quedaré a dormir en su casa”. Pero aquella relación fraternal fue transformándose en algo más, en algo que les costaba asimilar y comprender pero que no podían obviar.

Rick fue el que dio el primer paso, fue tan solo una caricia fugaz volviendo de una fiesta. Poco después llegaría el primer beso. Y un poco más allá sonaron los primeros “te quiero” que Rick diría en su vida. Tenía la sensación de que era siempre él el que tenía que dar un paso más pero no le importaba.

Hasta que un buen día empezó a importarle. Decidieron que hablarían con sus padres, que darían aquel gran paso y contarían la verdad para no tener que verse a escondidas. Rick llegó a su casa y les contó a sus padres que le gustaba un chico y que era muy feliz cuando estaba con él. Tenía apenas 18 años y todavía ahora, con 35, cree poder sentir la bofetada que le plantó su padre en toda la mejilla. Al día siguiente le llevaron a ver a un psicólogo para que le tratara de aquella aberración. La relación con sus padres no volvería a ser la misma, estaba seguro, pero estaba feliz porque había hecho lo que debía. Era su vida y podía vivirla como quisiera y con quien quisiera. Se moría por saber cómo le había ido a Dante, pero cuando se vieron al día siguiente aquel le confesó que no había sido capaz de contarles la verdad. Rick se sintió engañado y muy dolido y sacó de dentro lo que llevaba tiempo callando.
Pocas semanas después Rick y su familia se mudaron de ciudad y nunca más supo de Dante.

Con el tiempo, Rick y sus padres lograron mantener cierta cordialidad pero él podía sentir cómo le miraban y lo mucho que evitaban siquiera tocarle; así que en cuanto fue mayor de edad se buscó un trabajo y se marchó de casa. Trabajó duro y logró pagarse los estudios de piloto. De siempre le había apasionado volar. Podía quedarse horas mirando al cielo viendo los aviones pasar.

En el terreno sentimental ha tenido alguna relación más o menos larga pero le cuesta comprometerse, por lo que siempre termina rindiéndose y cortando por lo sano. En el fondo, aunque no es consciente de ello, sigue esperando que Dante de un paso por él de una maldita vez.
Dante Campbell
35 años | Michael Fassbender | Roanoke
Nacido en el seno de una familia de emprendedores, Dante fue el primogénito e hijo único del matrimonio Campbell. Padre y madre provenían de modestas familias de granjeros. Sin embargo, gracias a su esfuerzo, consiguieron crear de la nada un imperio. Aquella personalidad tan particular; deseosa de probar que lo imposible puede alcanzarse, y destacar por encima del resto, sería heredada por Dante: posee un gran don de la palabra; es capaz de convencer a cualquiera de prácticamente cualquier cosa, y presume de un ingenio difícil de ignorar. De por sí, los juegos que más explota han sido siempre los de estrategia, y siendo un niño no pasaba un segundo sin invertirlo en algo que pusiera su cerebro en marcha. Ni siquiera le hacía falta forzarse: él leía y estudiaba por puro entretenimiento. Aprendía deprisa, pues todas las materias le resultaban interesantes, y siempre estaba dispuesto a explorar cosas nuevas.

Sus padres, admiradores en un principio del cerebro de su hijo, empezaron a preocuparse por su falta de interés hacia el resto de niños. Fue a causa de esto que conocería a Richard: ambas familias, estando unidas por creencias semejantes, creyeron oportuno presentar entre sí a sus hijos, para probar si podrían o no hacer buenas migas. Desde ese momento, Dante empezó a aprender a dividir su vida en dos, en lugar de dejarse consumir por los libros: por un lado, la faceta social, y por otro la intelectual. No supo lo que se estaba perdiendo viviendo en su propia burbuja, hasta que tuvo un primer amigo, y desde entonces la cosa sólo fue a más. Nunca fue tan sociable como Rick, sin embargo, poniendo no demasiado esfuerzo en conocer a gente nueva, sino más bien en mantener a su lado a quienes ya conocía.

Las cosas se complicarían, cuando Dante descubriera que lo que sentía hacia Richard iba más allá de la amistad. De repente, volvió a encerrarse en sí mismo, como hacía cuando era niño. En el fondo se preguntaba cuál era él de verdad: si la persona que entraba en su casa y discutía con su padre acerca de su futuro en la empresa, o la importancia de casarse y tener familia para dar mayor confianza y sensación de estabilidad a los inversores, o el adolescente que se colaba entre las sábanas de su mejor amigo y se abrazaba a él hasta el amanecer. Aquella misma confusión fue la que terminaría separándoles. Dante no sabía cómo unir sus dos facetas, y al final dejó que la ausencia de acciones hablara por sí misma.

Desde aquel momento, se limitó a seguir la vida que se suponía que tenía que vivir, actuando como un autómata; un títere de su familia. ¿Y acaso no lo había sido siempre? Para orgullo de sus padres, a los veintiocho contrajo matrimonio con Blair, la hija del vicepresidente de la empresa, y mejor amigo del señor Campbell. Ella siempre se había mostrado muy interesada hacia Dante que, más por hacer feliz a sus padres que por sentirlo, terminó entrando en el juego. Después de todo, había estado diez años esperando señales de que Rick fuera a regresar. Tenía que empezar a asumir que jamás volvería.

El señor Campbell falleció por causas naturales hará cosa de cuatro años. Ante la pronta jubilación de su madre, sería Dante quien heredaría el cargo de director general. Su mayor presión actualmente, más allá de mantener el imperio a flote, es lidiar con la constante insistencia por parte  de su familia y la de su esposa en que, dada su edad, deberían empezar a pensar seriamente en tener hijos.
Cronología

Chapter 01. Where were you?
Chapter 02. Those three words.
Chapter 03. Nobody said it was easy.

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Última edición por Roanoke el Mar 17 Ene - 13:25, editado 5 veces
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Re: All these roads lead me back to you.

Mensaje por Roanoke el Dom 18 Dic - 19:51

Those three words {+18}
CHAPTER 2 | Madrugada | Hotel

Un asentimiento sería toda la respuesta que le daría. Sus pectorales hacía rato que se mecían de arriba abajo por culpa de los nervios, y después de haber imitado una felación mientras chupaba sus dedos, bien sabía cuál era el paso próximo. Poseer a Richard había sido sencillo, ¿pero dejarse hacer? Se sentía como si volviera a ser su primera vez. Ni siquiera recordaba ya cuánto dolor padecía cuando sus cuerpos encajaban de aquel modo, y de todas formas estaba claro que a esas alturas no sería el mismo que aquel que guardase su memoria. “Que sea rápido” era lo único que pedía, repitiendo esas palabras como un mantra en su cabeza, mientras tragaba saliva. Pero no fue así. Lo supo en cuanto entró el primer dedo: despacio, tortuoso. Pudo notar a la perfección cómo cada milímetro se iba hundiendo en su interior, abriéndose paso en un lugar que apenas abarcaba nada. El gruñido que seguiría a esa intrusión se hizo notar, provocando que, acompañado de un profundo suspiro de resignación, golpeara su frente contra la baldosa.

Rick. – Suspiró al meterse el segundo, empujando las palmas contra la pared aun a sabiendas de que en ella no había nada a lo que pudiera asirse para desahogarse, mientras hacía un esfuerzo por mantenerse expuesto para él y relajar sus músculos. En el fondo, lo que más le excitaba era imaginarle embistiéndole hasta el placer buscado, y le estaba costando lo que no estaba escrito no tomar de una vez por todas aquella erección que no paraba de restregarle y dar rienda suelta a sus fantasías.

Sin embargo, no haría falta que Dante esperara mucho más para verlas hechas realidad. Tal y como esperaba, el escozor fue tal, que de un solo golpe le costaría mucho menos asimilar el dolor que yendo poco a poco con los dedos. Con el paso de los minutos, la erección terminó golpeando aquel punto en su interior que tanto placer le proporcionaba, y ya no hubo vuelta atrás, sentenciando el abandono de la incomodidad para dar definitivamente la bienvenida a la satisfacción en su forma más explícita. Echó un brazo hacia atrás, cruzándolo tras la nuca de su amante para atraerle y hacer que sus bocas satisficieran lo sedientas que se hallaban en la humedad de la saliva del contrario, mientras la mano opuesta entrelazaba la de Richard, y la cruzaba contra sus pectorales a modo de abrazo. A tan corta distancia, apenas hacían falta movimientos de cadera para hacer que llegara hasta el fondo. Tan solo restaba un detalle más para que los dos consiguieran culminar la faena; algo de lo que el pelirrojo era dolorosamente consciente, puesto que los pinchazos de sus testículos no paraban de recordárselo: la mano de Richard devolviéndole el placer que antes le había ofrecido su boca.

Te quiero. Te-te quiero, joder. – Gimió entre dientes, cerrando los ojos durante la última explosión de lujuria, que finalmente desencadenó el cese de sus embestidas. Rendidos, ambos quedaron apoyados durante unos segundos contra la pared, abrazados e inmóviles, una vez sus movimientos, mucho más lentos, terminaron. En un gesto doloroso, Dante se deshizo por fin de la penetración para poder darse la vuelta y unirse más cómodamente a Richard en un beso: cariñoso, lento, cálido… Casi parecía que le estuviera dando las gracias por lo que acababan de hacer. Le había devuelto una felicidad que ya ni siquiera era consciente de que existía, a través de gestos y palabras que nadie más había sabido transmitirle, ¿y cómo no demostrarle lo mucho que había significado para él dar aquel paso de nuevo?

Tendría que pasar un rato hasta que los dos volvieran a la tarea de ducharse, y otro tanto hasta que por fin se decidieran a salir del cuarto de baño, cada cual envuelto de cintura para abajo con una toalla diferente. – Qué desastre. – Comentó Dante con una sonrisa burlona, compartiendo con Rick una mirada cómplice después de caer en la cuenta de lo terriblemente desordenada que habían dejado la habitación: había ropa tirada por todos lados, y aún quedaban botellines de alcohol, además de otros tantos envoltorios de golosinas, tirados por el suelo. – Déjalo, yo me ocupo. Después de todo, no es tu culpa que sea tan irresistible. – Bromeó, para que no se sintiera en un compromiso por dejarle asumir esa responsabilidad. Ordenado como era, le picaron los dedos con sólo imaginar no hacer nada al respecto, y en el fondo sintió alivio al devolver el dormitorio a su estado original. Un bote de basura a rebosar, y un puñado de prendas dobladas en una silla más tarde, se peinó el cabello hacia atrás, dándose por satisfecho con lo que había hecho, y se giró de vuelta hacia Rick.

Mañana tendrás que agradecerme todo esto. – Se quitó la toalla de la cintura, que a esas alturas estaba más húmeda que él, y la dejó colgada en el primer sitio que encontró. Desnudo de nuevo, avanzó a gatas sobre la cama hasta poder tumbarse a la misma altura en que estaba él. Dante se colocaría tumbado de lado en su contra, con la mejilla tranquilamente reposada en uno de sus pectorales, mientras una de sus manos se entretenía dibujando líneas carentes de sentido sobre la superficie suave y pálida del torso del contrario, con la yema del índice. Una trayectoria de la cual sus ojos no perderían detalle, pensativo. – No quiero que llegue mañana. – Dijo con un tono casi suplicante, deteniendo sus caricias para mirarle, en cambio, a los ojos, como si esperara encontrar en ellos algún tipo de respuesta que reconfortase su miedo hacia el futuro.
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Re: All these roads lead me back to you.

Mensaje por Lost Chris el Lun 2 Ene - 12:50

Those three words
CHAPTER 2 | Madrugada | Hotel

No opuso ningún tipo de resistencia ante el ofrecimiento de Dante para ordenar la habitación. Tan solo se movió lo justo sobre la cama para dejarle recoger los envoltorios que crujían bajo su cuerpo. Estaba exhausto, no tan solo físicamente, sino también emocionalmente. Desde que había puesto los pies en aquella pequeña ciudad que le vio crecer, muchas cosas se habían removido en su interior, algunas muy buenas, sin duda, pero otras muchas tristes y que creía olvidadas. La guinda sin duda, había culminado en aquella habitación de hotel donde ambos se habían entregado completamente al otro sin ningún pudor ni miedo.

Ahora la excitación estaba dejando paso a la razón y las dudas y mientras observaba a aquel hombre que tan feliz y tan desgraciado le había hecho sentir se preguntaba si lo que habían hecho no había sido una estupidez. Seguía el movimiento de su cuerpo de aquí para allá y se dio cuenta de que habían estado más años separados que no el tiempo que habían estado juntos; ¿Y si el amor que habían sentido no era suficiente para dos hombres adultos? Durante toda su vida había asumido que no era feliz porque no estaba con él y le daba miedo que aquel no fuera realmente el motivo de su descontento. O peor aun, que realmente lo fuera y terminara por perderle de nuevo. ¿Qué sería entonces de él?

El frío de la incertidumbre le empujó a meterse bajo la ropa de cama. Pero no sintió templanza hasta que Dante le acompañó y se recostó a su lado dibujando en su piel misteriosos dibujos a los que trató de buscar sentido inconscientemente. Se percató de que no había abierto la boca desde que habían salido del cuarto de baño y al sentir los ojos de Dante sobre los suyos se vio obligado a decir algo que pudiera consolar la preocupación que, sin duda, ambos compartían. Pero no era fácil ser optimista a aquellas horas de la madrugada, cuando el día amenazaba en el horizonte. – Tendrás que ser muy valiente. – Acarició su rostro lentamente. Sin duda era cierto. Tal vez no amara a su mujer del modo que debiera, pero era evidente que la quería y llevaban muchos años juntos. – ¿Estás seguro de que quieres hacerlo? – Sus palabras escondían su propio miedo a que aquello fuera un fracaso. Necesitaba algo a lo que aferrarse. – No quiero tener que esconderme para poder estar contigo. Estaba bien cuando éramos unos críos pero eso ya no es suficiente, no para mi. ¿Estás dispuesto a eso? Por mi, por nosotros.

No era su intención asustarle pero parecía que era lo que estaba consiguiendo. Inclinó la cabeza para besarle los labios suavemente. – Quiero ser feliz a tu lado, llevo toda la vida esperando esto y me da miedo que el amor no sea suficiente. Me rompiste el corazón una vez y ahora está ella que es adorable y sé que la quieres y no sé si es justo que le destrocemos la vida. ¿Es justo? – Cerró los ojos y respiró hondo. – Me siento como una persona horrible. ¿Por qué me siento así? – Abrió los ojos de nuevo y buscó los de Dante. –Abrázame. – Le pidió. De ese modo, al amparo de los brazos que le rodeaban con firmeza cerró de nuevo los ojos. Deseó que ambos pudieran estar lejos de allí, donde nadie les conociera ni recordara quienes eran y lo que habían vivido.

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Re: All these roads lead me back to you.

Mensaje por Roanoke el Mar 17 Ene - 13:20



Nobody said it was easy
CHAPTER 3 | Mañana | Hotel

Miedo. Aquel sentimiento amargo se hizo dueño de sus adentros, envolviendo su corazón en una mano fría e invisible, que le hacía estremecerse. En el fondo lo sabía, pero oír a Richard decirlo en voz alta había sido mucho más duro de lo que pensaba, porque, de algún modo, lo hizo todo aún más real. Tenía que hacerlo. Ya no podía huir, como hizo cuando eran unos críos, porque entonces no habría disculpas que valieran y perdería a Rick para siempre. Pero, ¿por qué tenía que ser tan difícil ser sincero? Al arrastrarse hasta aquel hotel, y colarse entre sus sábanas, en el fondo supo que estaba asumiendo la carga de confesar de una vez por todas su homosexualidad al mundo; de librarse de esa carga. Sin embargo, ahora que sabía que el suceso era inminente; que con tan solo cerrar los ojos y dar la bienvenida al nuevo día, su vida daría un vuelco de ciento ochenta grados… Simplemente, no podía. La carga era abrumadora. Más aún que su agotamiento físico por doble partida, y ya ni siquiera tenía fuerzas para fingir lo contrario.

Lo sé. – Respondió con un hilo de voz, acongojado. ¿Qué pensaría su madre de él cuando lo supiera? ¿Le repudiaría, igual que había hecho la familia de Rick al enterarse de cuál era su condición? Abierto como era delante de su mejor amigo, no le extrañó que enseguida captara las dudas que empezaban a nublar sus pensamientos, y a cambio, como consuelo, le obsequiara con un beso. Sus labios se juntaron en una suave caricia que hizo que todos sus miedos adoptaran un sabor menos amargo. Aquello había sido más que un beso: era una promesa; un te quiero; un te entiendo; un no estás solo. Nadie mejor que él comprendía qué era lo que estaba a punto de pasar, y apreció el hecho de demostrarle que le apoyaba. Intentó calmarle con una débil sonrisa, al tiempo en que buscaba entre las sábanas el contacto de sus manos, en lugar de seguir acariciándole. A su lado, siempre se había sentido más fuerte.

Todo esto es injusto. Yo… Lo siento tanto… – Se disculpó. Si no fuera porque ya había derramado suficientes lágrimas en lo que llevaba de noche, sin duda el agobio y la culpabilidad hubieran hecho que su rostro volviera a empaparse en ese mismo momento. En cambio, se acomodó para ser él ahora el que recibía al contrario en su pecho, y arroparle entre sus brazos con la misma delicadeza con que sostendría a un niño desamparado. Odiaba todo por lo que estaban pasando; pensar que Richard, por culpa de sus actos, debiera sentirse culpable por el hecho de amarle. Aunque nada era tan insoportable, como admitir el hecho de que tenía razón. ¿Qué culpa tenía su esposa de haberle amado? Parecía que todo al que se entregaba estaba condenado a sufrir: por sus errores, por su egoísmo. Juntos habían compartido tantas promesas que ya ni siquiera recordaba lo que era vivir sin ella. Y todo por la comodidad de poder refugiarse bajo una máscara; de esconder a quién amaba y lo que era. ¿Había merecido Blair ser privada de vivir la vida que deseaba, sólo para cumplir su deseo de vivir en un teatro?

Las horas terminaron transcurriendo, y al final el peso de toda la carga emocional pudo lograr que los ojos de Dante cedieran al reino de Morfeo. Sin embargo, la realidad en la que se había visto envuelto le abrumaba tanto, que ni siquiera entonces fue capaz de deshacerse de sus inquietudes, que terminaron tomando la forma de terribles sueños. Sueños en los que despertaba solo; Rick le reconocía que estaba enamorado de otro, o se arrepentía de lo que habían hecho; al regresar a su casa Blair de algún modo supo todo, y se había suicidado, o incluso uno aún más bizarro, en el que su esposa y su amante decidían tacharle de traicionero y optaban por vivir una vida juntos en la que él no participaría. Fue este último el que terminó por expulsarle de aquel mundo de fantasía, presa de un enorme vacío y miedo a la soledad. Cuando abrió los ojos, descubrió que los primeros rayos de sol atravesaban ya la traslúcida cortina, y la pequeña ciudad se recortaba con su habitual modestia contra un horizonte de un cálido tono naranja. Todo era exactamente igual como lo recordaba: los mismos edificios, los mismos sonidos… Sin embargo, para él ya nada era lo mismo. ¿Cómo podía el resto del mundo continuar su curso como si nada; cómo podían no sentirlo?

Al girarse, vio a Richard tumbado a su lado. Se había alzado sobre los codos por culpa del susto, y no fue hasta entonces cuando, con alivio, reparó en que las pesadillas no habían traspasado el velo de la realidad. Estaba particularmente apuesto bajo aquella escasa iluminación, que resaltaba la curvatura de su cuerpo, ahora tumbado bocabajo, abrazado a la almohada. En el hotel debían subir más de la cuenta la calefacción durante la noche, porque hacía bastante más calor del que recordaba, y apostó a que por eso terminaron separándose mientras dormían. Maravillado, su mano se movió instintivamente en dirección a su pelo, que acarició con cariño, deteniéndose para apreciar cómo sus dedos se hundían entre sus densos rizos. Todo era demasiado perfecto… Y eso, por algún motivo, le daba miedo. Se imaginó a sí mismo cogiendo sus cosas y marchándose mientras le acariciaba. Sería tan fácil abandonarle cuando aún dormía… Podrían atesorar aquella noche para siempre: imperturbable, hermosa como había sido. Después de todo, él no era más que un fracaso. ¿Acaso le merecía? Le había hecho daño una vez, y estaba seguro de que habría una segunda. Porque así era Dante: destructivo, tóxico. Blair…

Encontrando cordura donde ya parecía no quedar nada, pues con cada palabra se había estado destruyendo cada vez más con su propio veneno, consiguió apartarse y sentarse en la cama, con las rodillas flexionadas y los codos apoyados en sus muslos. Sostuvo su cara entre sus manos, y se obligó a tomar grandes bocanadas de aire, sintiéndose tan cansado como si acabara de terminar toda una maratón. Estaba teniendo un ataque de pánico. No podía seguir ese hilo de pensamientos. No podía ser un jodido cobarde durante toda su vida. No pensaba en huir por cuidar de Richard. Pensaba en huir por cuidar de sí mismo; por seguir huyendo de sus problemas, en lugar de enfrentarlos. Controlar su respiración fue sencillo. Lo difícil eran los mareos y el ritmo acelerado de su corazón. Así que hizo lo único que se le ocurrió que podría calmar su estado: se puso los pantalones, y buscó en el pasillo una salida de incendios en la que pudiera fumar e, irónicamente, respirar aire fresco. No se llevó las llaves, ni el móvil. Tampoco la cartera. Se aseguró de no tener medios para que su culo saliera huyendo de ahí. Tan solo necesitaba… espacio. Un lugar en el que no sentirse miserable por lo que había hecho. Por lo que iba a hacer.
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Re: All these roads lead me back to you.

Mensaje por Lost Chris el Dom 29 Ene - 19:14

Nobody said it was easy
CHAPTER 3 | Mañana | Hotel

La oscuridad de la noche había sido su cómplice, como una manta que les había cubierto protegiéndoles del mundo, haciéndoles invisibles. Tan solo el sueño había sido capaz de separarles.

El sueño producto del cansancio y de la emoción desbordante de la madrugada se había adueñado tan profundamente de Richard que cuando la realidad empezó a dibujarse en su consciencia se quejó y cambió de postura para seguir en ese estado de paz del que había carecido durante tanto tiempo. Pero fue inútil. Cada vez los sonidos de su alrededor se volvieron más reales y la luz que se filtraba por las cortinas también iluminaba sus párpados. Abrió los ojos lentamente dejando que estos se acostumbraran a la luz. Tardó un par de segundos en comprender las imágenes que veía pero finalmente reconoció la habitación de hotel. Volvió a girar quedando tumbado boca arriba en la cama. Le dolía la cabeza y sentía la boca agria. Palpó su torso desnudo con la mano y trató de recordar pero su mente estaba totalmente en blanco y se resistía a conectar con la parte del cerebro que gestiona la memoria a corto plazo. No se extrañó, a veces le ocurría.

Se incorporó lentamente en la cama hasta quedar sentado, apoyó los pies en la moqueta y se puso en pie. Rascándose la nuca y bostezando caminó hasta el cuarto de baño y despareció por su puerta. Entonces todo volvió a su mente, como si alguien le hubiera dado a un interruptor y los recuerdos aparecieron de golpe. Casi tropezó con él mismo por la celeridad con la que volvió sobre sus pasos para volver junto a la cama. Estaba vacía. Como si su habitación pudiera tratarse de un bolso sin fondo miró a un lado y a otro buscándole. ¿La locura se había adueñado finalmente de él? Había temido siempre que algo así pudiera suceder. Había bebido, pero no tanto como para poder imaginar todo lo que recordaba, aunque era cierto que algunas partes aparecían emborronadas en su cabeza. No podía estar loco. Entonces vio algo sobre el pequeño escritorio del rincón. Se acercó y recogió la cartera. No era suya, la suya debía seguir en la chaqueta. La abrió y acarició con la yema de los dedos la imagen que le devolvía aquella fotografía en el carnet de conducir. Lo sabía, sabía que no había sido producto de su imaginación. Pero… Volvió a mirar a su espalda, ¿dónde estaba? Dejó la cartera donde la había encontrado y abrió el armario donde guardaba su pequeña maleta de piloto. Sacó unos calzoncillos y se vistió a contrarreloj. ¿Pero para ir a donde? Se dio cuenta una vez vestido que no tenía ni idea de donde ir a buscarle. Ya no le conocía como antes y ese pensamiento le devolvió a la realidad de lo que significaba haber despertado. La realidad es que Dante tenía una vida sin él y él apenas sabía nada sobre ella ni sobre el hombre en el que se había convertido. Había alimentado el recuerdo de su amor con expectativas. Se sentó a los pies de la cama y esperó; su cabeza daba vueltas y más vueltas y su mirada iba y venía de sus pies a la puerta de la habitación. Sus tripas rugieron protestando pero eso tendría que esperar. Su móvil sonó avisándole de un mensaje pero también eso tendría que esperar. No, eso no podía esperar. Se levantó para coger su móvil y leyó el mensaje tras desbloquear la pantalla con su huella dactilar. Hora prevista del vuelo: 4 p.m. Su cabeza hizo el cálculo al tiempo que leía, debería estar en el aeropuerto a la 1 p.m. para pasar los controles de seguridad y comprobar la ruta y el aparato con su copiloto. Y Dante seguía sin aparecer. Una cuenta atrás imaginaría se instauró en su cabeza.

Finalmente la puerta se abrió y él se levantó como un resorte de la butaca donde había permanecido sentado desde que había recibido aquel mensaje. Sin embargo no se acercó a él. Se había atrevido a dudar de si la cartera y el móvil que encontró después realmente estaban compartiendo plano real con él o sufría alucinaciones pero todo se desvaneció cuando le vio entrar en la habitación. – ¿Dónde has estado? – Su tono denotaba reproche. – Me he despertado y ya no estabas. – Se sintió algo estúpido al constatar lo evidente y, en definitiva, al pedirle explicaciones. Pero se merecía eso por lo menos, ¿no?

Expectativas. En realidad nada era como se lo había imaginado. Dante parecía mayor de lo que era, tenía el miedo en los ojos. Su encuentro tampoco había sido como había imaginado. Había habido pasión, si, pero también miedo y dolor. ¿Y el día después? Aquello no había hecho más que empezar, si realmente Dante se había decidido por él no iba a ser sencillo ni fácil de sobrellevar el resto de su vida para ninguno de los dos. Estaban predestinados a vivir con el alma hecha trizas y pegada de cualquier manera para seguir existiendo. Pero si al menos esta vez se tenían el uno al otro confiaba en que saldrían adelante. – Tengo que estar en el aeropuerto a la una. ¿Qué vas a hacer? – Se sentó de nuevo pero esta vez a los pies de la cama para darle oportunidad a Dante que se sentara junto a él. Temía la respuesta a aquella pregunta pero estaba en la obligación de hacerla. Buscó sus ojos cuando los tuvo a su altura. – Sea lo que sea lo que hayas decidido, lo aceptaré.
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Re: All these roads lead me back to you.

Mensaje por Roanoke el Dom 5 Feb - 23:22



Nobody said it was easy
CHAPTER 3 | Mañana | Hotel

Lo siento. Salí a fumar. – Sus palabras, escuetas, fueron lo único que se le ocurrió para justificar aquella escapada. En parte una mentira (pues ayer no había tenido reparo en fumar dentro de la habitación), en parte una verdad, Dante entró en el dormitorio con esa frase como escudo, aún sin camiseta y con el vello erizado por culpa de haber pasado tiempo a la intemperie. Una locura, en realidad. ¿A quién se le ocurriría estar asomado a un balcón a unos dos grados centígrados, sin nada que cubriera su cuerpo de cintura para arriba? En un lugar más concurrido, sin duda hubiera sido todo un show para los transeúntes ver una rareza semejante. Allí donde vivía, sin embargo, no hubo testigos de su acto. Nada, más que el aire acariciando su piel, y el lejano sonido de los motores de la calefacción del hotel en funcionamiento. Ni siquiera se había levantado nadie aún en aquella planta. Era demasiado temprano.

Fue en medio de esa soledad, en la que terminó de darse cuenta, de que el miedo había sido el causante de todo, y se prometió por ello a sí mismo que, por mucho que le doliera, no volvería a dejar que este dominara su vida de nuevo. Tenía treinta y cinco años, maldita sea. Si no era ahora, ¿cuándo lucharía por lo que quería? Pero, por mucho que deseara que así fuera, ni siquiera esos pensamientos hicieron que el miedo fuera menos fuerte, ni la vergüenza. Mucho menos que desaparecieran. Por eso, a la hora de regresar arrastró los pies contra su voluntad hasta la habitación, deseando una parte de sí mismo fundirse con la ceniza de su cigarro y dejarse llevar por el viento.  ¿Qué tenía Richard, que hacía que estuviera dispuesto a todo? Como un recordatorio; una bofetada del destino, todos sus recuerdos juntos le vinieron de golpe al verle vestido nada más entrar en la suite, con sus cosas en la mano. Esta vez volvió a sentir miedo, sólo que uno muy distinto: miedo a perderle; a que se fuera.

Después de aquellas palabras, empezó a recoger también sus cosas, metiendo sí en esta ocasión sus llaves, móvil y demás pertenencias en los bolsillos, no sin antes haber procurado ponerse la camisa. Se hallaba rebuscando en una pequeña pila de ropa su chaqueta de traje, cuando Rick añadió aquella última parte que, después de todo, dio sentido al hecho de que se hubiera arreglado tan pronto: tenía prisa de que aprovecharan la mañana, porque dentro de unas horas, ya no estaría allí. Lo que estaba sujetando en su mano se le resbaló nada más oírle, tirándolo todo al suelo en un acto de torpeza que se apresuraría a corregir deprisa, para dejarlo todo de vuelta al asiento de donde lo había sacado. Al diablo con la ropa. Con todo. Richard había vuelto ayer, y ya iba a volver a marcharse. Egoístamente, quiso retenerle; impedirle que se fuera. ¿Cómo iba a lidiar él con todo lo que se avecinaba, si ni siquiera iba a tenerle de apoyo? Todos sus problemas se magnificaron, haciendo que se sintiera asfixiado. Se iba a ir esa misma tarde. Esa tarde… ¿Dónde había quedado la promesa de varios días juntos? ¿Acaso era nada de eso real?

En lugar de hablar, Dante se sentó junto a Rick, derrotado. Ni siquiera tenía tiempo para pensar cómo esto afectaba a sus planes, porque estaba claro que él necesitaba una respuesta inmediata. Todo era… demasiado. – Dime una vez más que me quieres. – Pidió con la voz quebrada al cabo de un breve lapso de tiempo, habiendo alzado su mano para buscar la de Rick y entrelazar sus dedos. Sus ojos azules buscaron el refugio de los opuestos, analizando hasta la más mínima mota de sus irises, en busca de aquella mirada que, siendo apenas un adolescente, había conseguido enamorarle… Puede que hubieran cambiado de mil formas diferentes, pero eso nunca lo haría. Sus ojos; sus ojos seguían siendo los mismos. – Dime que me quieres, y te seguiré al fin del mundo. – Esa última frase fue añadida casi en un suspiro, habiendo dejado que su cabeza se rindiera a las ganas de apoyar su frente en la del opuesto, y así inspirar su varonil aroma al mismo tiempo en que sus narices se rozaban. El siguiente beso que les uniría, fue más una necesidad que un gesto de cariño. Si ya de por sí le había costado aceptar que se marcharía en un corto período de tiempo, imaginarle lejos dentro de tan solo unas horas hacía que le doliera el pecho. Simplemente, necesitaba más de él.

¿Cuándo volverás? Tienes que darme tu número para poder llamarte, y tu dirección por si no puedo aguantar y voy a verte – Bromeó con tono melancólico, sosteniendo su rostro entre sus manos con cierto desespero, mientras le acariciaba las mejillas con los pulgares. – Y… Maldita sea. Te estoy agobiando. Lo siento. – Dejó resbalar sus manos, girándose de nuevo para estar sentado de frente. No hallaba palabras con que expresarse. Su vida entera había cambiado; ya nada era como se lo había estado imaginando hasta hace apenas veinticuatro horas, y cada vez parecía estar volviéndose más y más impredecible.
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Re: All these roads lead me back to you.

Mensaje por Lost Chris el Dom 19 Feb - 10:24

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CHAPTER 3 | Mañana | Hotel

Había algunas cosas de la noche anterior que se le antojaban lejanas, borrosas, como si todo hubiera sido un sueño y ahora no supiera distinguir lo que fue la realidad y lo que fueron sus pensamientos. Pero había algo de lo que si estaba completamente seguro y es que desde el primer momento que vio a Dante, de pie, en la entrada de su propia casa, supo que seguía queriéndole. Había pasado años tratando de olvidarse de él de una forma bastante torpe. Buscando sus ojos en otras personas, sus manos, su voz, su forma de escucharle, todo. Y le daba vergüenza aceptar esa realidad, le daba vergüenza no haber sido capaz de pasar página y seguir adelante. Pero tal vez todo había servido a un propósito mayor, el destino les había hecho esperar hasta aquel preciso instante para que sus vidas dieran un vuelco. Y él no tenía dudas sobre sus sentimientos. – Te quiero. Nunca he dejado de quererte. – Su garganta reseca y todavía medio adormecida hizo que su voz sonara algo ronca aunque sus palabras fueran música para los oídos de Dante. Le debía tantos besos, tantos, que recibió aquel como si fuera agua en mitad del desierto. Se preguntó cómo había sido capaz de vivir tantos años sin aquel hombre.

Sin embargo en pocas horas tendría que subirse a aquel avión y perderse entre las nubes. ¿Hasta cuando? No podía pensar en su apretada agenda en esos momentos. Vivía para trabajar porque era lo único que le hacía feliz hasta ese momento. En los últimos años había pasado más tiempo allá arriba que con los pies en el suelo. No sabía cuando podría volver. Solía tener su vida bajo control y la incapacidad de ese momento para recordar sus planes de vuelo le agobió un poco. Demasiadas emociones y demasiado alcohol la noche anterior. – Si, claro que te daré mi número. Tengo que consultar mis planes de vuelo y ver si puedo cambiar algunas cosas. Pero necesito algo de tiempo… – Dante percibió su agobio y se disculpó al tiempo que liberaba su cara. – Haré todo lo que pueda para que podamos vernos pronto, ¿de acuerdo? – Estaba claro que lo haría, pero él no era el gran problema de esa relación. Él no tenía a nadie esperando en casa con la cena hecha y la cama caliente. Su gran compromiso era cambiar algunos turnos con sus compañeros, pedir días libres que acumulaba por decenas. No era para tanto. Esta vez, el gran paso debía darlo Dante y todavía no había respondido a su pregunta. – ¿Y tú qué vas a hacer? ¿Vas a hablar con ella?

¿Y qué pasaría entonces? Iban a verse como dos amantes, a escondidas. ¿Serían testigo las paredes de este hotel o de cualquier otro de un amor clandestino? Rick tenía sus dudas. No era capaz de imaginarse a Dante saliendo del armario en su pequeña ciudad natal donde todos le conocían y le juzgarían. – Sería más sencillo si te mudaras. No digo ahora, ni mañana, pero con el tiempo. Cuando estés preparado.

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