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Mensaje por Sheena el Vie 25 Nov - 13:07

This is no longer an era

of swords and spears
CS | 1x1 | Hakuouki Shinsengumi Kitan
Eran tiempos convulsos. Había que estar ciego para no ver que se acercaba el fin de una era. Ya no podían vencer a sus enemigos solo con espadas, lanzas y la fuerza de sus corazones. Tal vez el tiempo de las katanas había pasado ya. ¿Y cómo sobreviviría el shinsengumi en un mundo así, en el que su valor resultaba superfluo?

No era nada fácil mantener a flote el Shinsengumi en aquellos días. Sin embargo allí seguían, decididos a marcar la diferencia, por más que muchos pensaran que luchaban por una causa perdida. Al menos así era para Hijikata, el apodado subcomandante demonio. Aunque era de origen humilde, Kondo le había convencido de que podía ser un gran guerrero, independientemente de las circunstancias de su nacimiento. Y a eso dedicaba toda su vida. Hasta que apareció ella.

Cuando partió a Kyoto en busca de noticias de su padre desaparecido, Chizuru jamás imaginó que terminaría compartiendo techo con los hombres del Shinsengumi. Pero el destino caprichoso parecía haber entrecruzado sus pasos con el grupo de guerreros conocido como los lobos de Mibu. Su primer encuentro bajo la nieve con el vice-comandante Hijikata desencadenaría una serie de eventos al margen del devenir de los acontecimientos que sacudían el Japón de aquellos días; unos sucesos para los que ninguno de los dos estaba preparado.


Personajes
Hijikata Toshizo | 34 | Subcomandante del shinsengumi | Sheena
Chizuru Yukimura | 16 | Asistente de Hijikata | SapphireDragon




Última edición por Sheena el Dom 29 Oct - 18:29, editado 3 veces


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Mensaje por SapphireDragon el Miér 30 Ago - 12:25

1. Among Shinsengumi guys
La noche había caído y pequeños copos de nieve flotaban en el aire. Sus piernas se movían tan rápido como podían mientras su respiración acelerada y entrecortada trataba de brindarle el oxígeno que requería para continuar. Escuchaba los pasos y los gritos tras ella, exigiéndole que se detuviese. Torció rápidamente a la izquierda y se escondió tras unos barriles, mientras trataba de recuperar el aliento sin hacer demasiado ruido. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. ¿Por qué? ¿Por qué acababa de llegar a Tokio con una simple intención que no perjudicaba a nadie y ya se había metido en problemas? Los dos hombres que la estaban persiguiendo no estaban muy lejos, podía escucharles preguntarse dónde se había metido mientras maldecían por lo bajo. Los pasos de unos de ellos, cuando se separaron para buscarla, se acercaban peligrosamente y pudo apreciar también el sonido de una espada desenvainándose. La iba a descubrir en cualquier momento…

Sin embargo, cuando estaba ya decidida a desenvainar el arma que había lelvado con ella desde que emprendió ese viaje, pudo escuchar unos gritos. El hombre que venía directo hacia ella se giró bruscamente y llamó a su compañero. Maldiciones y más gritos se escucharon en la calle contigua por la que antes había estado corriendo antes de unos sonidos sordos… Como de dos cuerpos cayendo al suelo, uno de ellos tras haber retrocedido unos pasos hasta caer justo frente a ella. Y entonces, aquello entró en su campo de visión.

Era un hombre con aspecto desquiciado, concretamente, parecía un samurái. Su espada estaba manchada de sangre que goteaba sobre el suelo, brillante. Cuando alzó la mirada de ella al rostro del hombre, comprobó que el color era tan escarlata como la sangre que acababa de ver y un cabello tan blanco como la nieve que caía aquella noche. Fue entonces cuando se giró hacia ella, con claras intenciones de asesinarla. Cerró los ojos muerta de miedo, esperando su final, sentir el dolor cortante en su menudo cuerpo. Ahí iba a acabar todo… sin tener la oportunidad de averiguar qué le había sucedido a su padre o dónde se encontraba en esos instantes.

Sin embargo, el dolor no llegó. Tragó saliva y se atrevió a a abrir los ojos muy despacio, para quedarse impactada. Una espada atravesaba el corazón de aquel hombre… y desapareció al segundo al ser extraída con un rápido movimiento. Chizuru estaba congelada donde estaba, aterrada, observando al hombre de cabellos oscuros que la había salvado. Apenas unos segundos después, llegaron dos más junto a él, de los cuales, el de largos cabellos oscuros recogidos en una coleta alta la apuntó con su espada, asegurándole que la mataría si se atrevía a moverse y escapar de allí.
Cuartel del Shinsengumi, Kyoto. Con Hijikata




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Mensaje por Sheena el Dom 3 Sep - 17:24

1. Among Shinsengumi guys
La noche no podía haber empezado peor. Últimamente, incidentes como ese eran el pan de cada día. Y tal como estaban las cosas, no se lo podían permitir. De nuevo, aquella sustancia que transformaba a un hombre cuerdo en una bestia sedienta de sangre se había cobrado las vidas de varios de sus hombres. Por no hablar de los propios afectados, a los que tenían que asesinar para que no siguieran perpetrando ese ciclo de muertes sin sentido. Maldito el momento en que supieron de la existencia del elixir, pensó.

Lo peor era que, si aquello salía de los cuarteles del Shinsegumi, estaban acabados. Ya despertaban pocas simpatías entre el pueblo en general; si se llegaba a saber que ocultaban monstruos asesinos en sus cuarteles estarían acabados. De momento habían conseguido taparlo todo, pero cualquier día se les podía terminar esa suerte.

Y eso era lo que estaban haciendo esa noche. Hijikata y sus capitanes, junto con otros hombres de confianza, habían salido a cazar a los que habían escapado. Sí, a cazar, porque aquello no tenía otro nombre: los pobres desgraciados ya no eran humanos sino bestias descontroladas. Debían pararlos antes de que atacaran a algún inocente. Por el tumulto que se escuchaba a pocas calles de donde se encontraba, los demás debían haber dado ya con ellos. Por eso corrió hacia allí sin perder un segundo, katana en mano, listo para ayudar si fuera necesario.

No hizo falta. Cuando llegó, Saitō ya se había encargado de todo, tan eficiente como siempre. Los demás estaban revisando los alrededores. Y Okita… Okita contemplaba a un muchacho asustado, arrodillado en el suelo y temblando. Lo que les faltaba: un testigo. Había que actuar rápido. No vaciló en dirigir su espada hacia él, asegurando que lo mataría si le ocurría moverse. Durante unos segundos nadie dijo nada; hasta les parecía que escuchaban el suave sonido de los copos de nieve caer al suelo y fundirse con la tierra húmeda.

Tenía que matarle, lo sabía. Lo último que necesitaban era un civil envuelto en todo aquello. Okita también abogaba por acabar con su vida. Pero algo en sus ojos detuvo su mano. La mirada suplicante, el brillo de inocencia, la expresión que indicaba que solo estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Todavía no sabía si era cierto pero ¿y si era así? ¿Iba a matar a alguien que no tenía culpa de nada? Un sesgo de duda apareció en él y supo que no podía hacerlo. Al menos, no hasta esclarecer quién era, qué estaba haciendo allí y cuánto había visto. Por lo tanto, ordenó:

- No. Todavía no. Nos lo llevaremos al cuartel general. Tiene muchas preguntas que responder.

Dicho lo cual envainó su espada, al tiempo que daba órdenes de que le maniatasen para llevárselo con ellos. Solo esperaba no arrepentirse de esa decisión.
Cuartel del Shinsengumi—Kyoto—Con Chizuru




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Mensaje por SapphireDragon el Miér 6 Sep - 0:50

1. Among Shinsengumi guys
Se quedó sin aliento. No porque el filo de una katana, que reflejaba la luz de la luna con suavidad, la estuviera apuntando directamente al rostro acompañado de una clara amenaza de muerte, no. Sino por el semblante de la persona que la empuñaba. Un hombre joven de largos cabellos azabache recogidos en una coleta alta, que lucía el mismo uniforme azul que sus compañeros, la miraba con ojos fríos y calculadores, los de un asesino que dudaría en matarla si era necesario. Unos ojos morados que prácticamente la cautivaron mientras pequeños copos de nieve flotaban en el ambiente, asemejándose a los pétalos de los cerezos recién florecidos en primavera.

Lo segundos pasaron y sus grandes ojos castaños continuaron fijados en aquel hombre hasta que finalmente recordó la situación en la que se encontraba. Se quedó casi petrificada. Había logrado escapar de los rōnin, después la habían salvado de aquellos hombres de cabellos plateados y facciones enloquecidas, con ojos inyectados en sangre… Y ahora sus salvadores parecía que se planteaban el matarla. ¿Por qué no habían dejado que sencillamente acabasen con él? Solo sabía que lo más probable era, que si no moría esa noche, lo haría próximamente… Sin haber tenido oportunidad de averiguar qué le había sucedido a su padre… las razones por las que sus cartas habían dejado de llegar a casa de forma casi diaria.

Sintió el tirón que el joven de cabellos castaños y ojos verdes le dio al tomar su muñeca, obligándola a levantarse. Sentía que le faltaba la fuerza en sus piernas. Habían sido demasiadas cosas en un mismo día… ¡No! En una misma noche. Presenciar una asesinato tan sangriento y que los autores permaneciesen inmutables lograba que algún que otro escalofrío recorriese su espalda y les tuviera miedo, sin duda alguna. Nada más en pie, tratando de mantenerse a duras penas, sintió el fuerte amarre de una cuerda sobre sus muñecas ahora juntadas, para después tener que echar a andar.

Mientras que caminaban por las oscuras y vacías calles de la ciudad hacia un destino que le era completamente desconocido, Chizuru escuchó ese extraño humor que tenía el muchacho de ojos verdes y que solo recibía miradas heladoras del mayor de todos, e incluso alguna que otra de su otro compañero, el de la coleta a un lado. Él parecía más callado y calmado… Pero estaba claro que era letal en lo que a matar se refería.

No sabía cuánto tiempo llevaban andando, que sentía sus fuerzas abandonar su cuerpo. El agotamiento estaba pudiendo con ella, hasta el punto en que cerró los ojos y perdió la noción de lo que había a su alrededor. No llegó a caer al suelo, por suerte, pues al que llamaban Okita se encargó de ello. Soltó unas palabras de molestia… Porque ahora, sin duda alguna, le tocaría cargar con ella a cuestas.
Cuartel del Shinsengumi, Kyoto. Con Hijikata




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Mensaje por Sheena el Miér 6 Sep - 23:52

1. Among Shinsengumi guys
Al final resultó que su rehén se había desmayado antes de llegar al cuartel, no sabía si por miedo o por agotamiento. En todo caso, Hijikata ordenó a Okita que le cargara e ignoró sus protestas al respecto. Él se pasó todo el camino deliberando qué demonios iban a hacer con él cuando se despertara. Tendría que consultarlo con Kondo y Sannan, pues aunque de facto era él quien tomaba casi todas las decisiones, ésta era demasiado importante para actuar solo por su cuenta y riesgo.

Le parecía que la noche había sido demasiado corta cuando descubrió que solo quedaban un par de horas hasta el alba, una vez de vuelta en el cuartel y habiéndose asegurado de que todo estaba bajo control. Le mandó a Okita que dejara al prisionero maniatado hasta que volviera en sí y que Inoue se encargara de su vigilancia, así como de avisarle cuando despertara. Tras esto, se fue a dormir así fuera por poco tiempo, pues su cuerpo necesitaba al menos un mínimo de descanso después de casi toda la noche en vela.

Aun así, había dormido demasiado poco cuando se despertó, espabilándose con el habitual ajetreo mañanero. Los hombres realizaban sus entrenamientos diarios en el patio y sus voces llegaban hasta su cuarto. ¿A quién le tocaría preparar el desayuno? Se apresuró a vestirse para alcanzar el comedor, tras lo cual planeaba reunirse con Kondo para comentar los sucesos de la pasada noche. No obstante, apenas había terminado el desayuno cuando Inoue apareció, informando de que el prisionero estaba consciente. Y no solo eso, sino que se trataba, de hecho, de una prisionera. Fenomenal. Aquello no hacía sino mejorar, se dijo Hijikata con sorna.

La chica en cuestión fue dirigida al comedor ante el pleno de los capitanes. Claro, si se fijaba bien era verdad que sus rasgos eran delicados y sus facciones carentes de tosquedad alguna, sus manos finas, sus labios carnosos… y probablemente debajo de esas ropas de hombre demasiado holgadas para su talla escondiera unas piernas esbeltas, una cintura estrecha y unas evidentes curvas. Pero todo esto había sido imposible de apreciar la pasada noche, entre la oscuridad, la confusión por la presencia de los demonios y la nieve arremolinándose a su alrededor. Pero al primer vistazo, era fácil confundirla con un muchacho menudo. Aunque, para el asunto que les ocupaba, no cambiaba nada que fuera hombre o mujer.

- Me alegra que hayas descansado, desconocía que nuestros suelos fueran tan cómodos – comenzó, con un deje de ironía – Supongo que eres consciente de la situación en la que te encuentras. ¿Qué hacías anoche en medio de nuestra… redada? Y nada de mentiras – advirtió, dirigiéndole una dura mirada para dejarle claro que no vacilaría en aplicar las consecuencias debidas si no quedaba satisfecho con la respuesta.
Cuartel del Shinsengumi—Kyoto—Con Chizuru




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Mensaje por SapphireDragon el Lun 11 Sep - 11:14

1. Among Shinsengumi guys
La noche invernal dio paso a una mañana heladora. Cuando abrió los ojos, Chizuru sintió como el agobio y la confusión crecían en su interior sin ningún control. ¿Las razones? La primera de todas: que no reconocía el lugar donde se encontraba. Esa habitación no era la de su hogar, no era donde había despertado todas las mañanas desde que era una cría con uso de razón. La segunda: estaba maniatada a de pies y manos, así como amordazada. Era una postura muy incómoda y sentía todo su cuerpo entumecido y dolorido de haber pasado gran parte de la noche así, tumbada de lado sobre la dura tarima. La tercera: el hacer memoria solo logró que recordase violencia, sangre y muerte; en resumidas cuentas, asesinatos. Perpretados por aquellos hombres jóvenes, samuráis vestidos de azul. ¿Quiénes eran? ¿Dónde se encontraba? ¿Qué querían de ella? Bueno... al hacerse esa última pregunta recordó que la habían confundido con un chico. Estaba claro que su plan para pasar desapercibido y no tener problemas en Kyoto había surtido efecto...

En esa línea de pensamientos se encontraba, cuando la puerta se deslizó a un lado. La luz matutina y el aire helado entró de golpe en la estancia, logrando que la joven cerrase los ojos molesta durante unos segundos, antes de parpadear, así como estremecerse por el frío. Cuando alzó la mirada, encontró frente a ella a un samurái ya entrado en edad, con sus armas en el lado derecho y que comenzó a aproximarse a ella. Instintivamente, Chizuru comenzó a retroceder como buenamente podía, dadas las circunstancias en las que se encontraba. Sin embargo, unos segundos después, se percató de la voz cálida y calmada con que le hablaba y esa sonrisa amistosa dibujada en sus labios. Buenos días... Siento que hayas tenido que dormir así. Era por precaución.. aunque ha debido de ser incómodo, saludó y se disculpó el hombre mientras soltaba sus ataduras. La muchacha se frotó las muñecas enrojecidas, aún muda, sin atreverse a hablar. ¿Qué se suponía que tenía que decir? Se tomó varios segundos, mirando sus manos, antes de contestar, con la voz algo ronca y queda, por la garganta seca y los labios agrietados.

Yo... ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? Aquellos hombres... —comenzó a decir refiriéndose a los tres que la habían salvado y después amenazado con matarla—. Me amenazaron antes de tomarme por la fuerza. Y-Yo solo había venido a buscar a mi padre desde Edo... Me vestí de chico para...

Lo último que dijo, que ni siquiera tuvo oportunidad de acabar, fue lo que más llamó la atención al amable hombre. ¿Eres... una chica...? preguntó mirándola sorprendido así como avergonzado, probablemente por el trato que le habían dispensado. Chizuru se sonrojó inevitablemente mientras asentía con la cabeza. Justo después, el hombre, que se presentó como Inoue y se disculpó nuevamente por haberla tenido maniatada toda la noche, abandonó la habitación con cierto apuro. Fueron apenas unos minutos los que tardó en regresar. Le ofreció la mano y le pidió educadamente que le siguiese. ¿Acaso tenía otra alternativa? La muchacha se incorporó con su ayuda y le siguió hasta una amplia habitación, donde había unas cuantas personas... bueno hombres. Solo había hombres, lo cual no le tranquilizó lo más mínimo. REconoció a dos de ellos, los que primero la habían encontrado, así como al hombre de los ojos violeta y largos cabellos azabache. A los otros no los conocía de nada... Pero por las descripciones que Inoue le había estado dando de camino... Creía poder reconocerlos.

Finalmente, se sentó en el centro de la sala, frente al hombre que le amenazó con matarla si huía, otro más corpulento pero con facciones más amables y un tercero con gafas y muy esbelto. Supo que tenía que medir sus palabras cuidadosamente... O estaría acabada. Apretó por ello la mandíbula y bajo la mirada a la tarima con el primer comentario, para después asentir a lo siguiente que le dijo.

Yo.... Hacía apenas unas horas que había llegado a Kyoto — comenzó a decir, carraspeando antes de continuar—. Estaba buscando a mi padre preguntando a la gente y se pasó la tarde... Me di cuenta ya al caer la noche que no tenía donde dormir. Así que me puse a buscar un lugar en el que pasar la noche. Unos ronin me vieron... Se fijaron en mi kodachi. Me lo querían quitar y sencillamente eché a correr para evitarlo. ME escondí en uno de los callejones... Y... —se le quebró la voz y se estremeció, cerrando los ojos. Aquellas horribles imágenes volvieron a su mente. Era el primer asesinato que presenciaba
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Mensaje por Sheena el Mar 12 Sep - 23:30

1. Among Shinsengumi guys
Hijikata escuchó la historia de la chica sin pestañear. En un principio parecía verídica, tampoco le había dado motivos para dudar de ella, pero había ciertas cosas que no le gustaban. ¿Una mujer tan joven, sola, había recorrido todo el camino desde Edo a Kyoto para buscar a su padre? Era de lo más extraño. Y si era así, ¿cómo había sido tan descuidada de dejar que se le echara la noche encima, con el frío que hacía? Además, en su primer día en la capital ¿ya se metía en problemas, aunque fuera por accidente?

Demasiadas coincidencias y demasiado convenientes, juzgó. Le parecía mucho más plausible que alguien la hubiera enviado para espiar lo que estaba ocurriendo en el Shinsengumi, con el pretexto de ser una mujer sola y desvalida que tenía dificultades. No era la primera vez que una “dama” se encargaba del trabajo sucio… ni que más de un hombre caía ante un engaño tan simple. Si Hijikata había llegado hasta donde estaba con vida era, precisamente, porque no se fiaba de nadie y dudaba de todo. Por ser tan inflexible, le apodaban “el subcomandante demonio”. Pero no le importaba: si tenía que comportarse como uno por el bien del Shinsengumi, así lo haría.

- ¿Vienes sola a una ciudad que desconoces, llena de peligros, y ni siquiera tenías dónde dormir? – preguntó, dejando claro en su tono que no creía que alguien pudiera llegar a  ser tan estúpido - ¿Qué quieres decir con que estás buscando a tu padre? Y sea lo que sea que signifique eso ¿cómo esperabas encontrarle? ¿Preguntado a cada ciudadano de Kyoto? – no sabía si esa chica mentía muy mal o solo le faltaban dos dedos de frente – Parece mucha casualidad que, justamente, te cruzaras con nuestros hombres ¿no crees? – la miró con frialdad, entrecerrando de forma leve sus ojos violetas – Dime ¿qué fue lo que viste exactamente? Y no te dejes ningún detalle.

Ninguno de los presentes habló, esperando que la joven respondiera la nueva ronda de preguntas del subcomandante. Ni siquiera Kondo hizo ningún comentario. Hijikata sabía que le dejaría hacer mientras no creyese necesario intervenir, como siempre. Su amigo confiaba ciegamente en su juicio y, para honrar esa confianza, trataba de tomar las mejores decisiones y de mantener a salvo el Shinsengumi. Si la chica había visto a los hombres malditos, si ataba cabos y se daba cuenta de lo que ocurría… al final tendría que hacer caso a Okita y matarla, después de todo. Especialmente si, como sospechaba, no era quien decía ser.
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Mensaje por SapphireDragon el Sáb 16 Sep - 23:44

1. Among Shinsengumi guys
Chizuru había oído muchos rumores, allá en Edo, acerca del Shinsengumi, de los hombres que patrullaban las calles de Kyoto vestidos de azul celeste. Y ninguno de ellos era favorable, sino todo lo contrario. Los tenían en muy poca estima, incluso podían despertar verdadero temor en ciertas personas. La suerte, el destino o el karma (según en qué se creyese) había hecho que la chica se encontrase de lleno con sus hombres en una misión nocturna para nada agradable. ¿Por qué? ¿Por qué le tenía que haber pasado eso a ella? Solo deseaba poder encontrar a su desaparecido padre…

Se atrevió a alzar la mirada el tatami y observar con temor a quienes la rodeaban. Todos los hombres de la sala estaban con la mirada puesta en el Comandante y en ella. Ninguna era amigable, más bien precavidas y amenazantes. Sin duda alguna, ninguno de los presentes dudaría un segundo en acabar con su vida si hacía intento de escapar. Se estremeció ligeramente en su sitio, sintiéndose claramente minúscula cuando la voz gélida de Hijikata volvió a resonar por la sala.

Quedó completamente claro que dudaba de todo lo que le había contado. ¡Pero era la dichosa verdad! Se mordió el interior de una de las mejillas bajando nuevamente la mirada a su propio regazo, donde sus manos se habían cerrado en puños, agarrando con fuerza la tela de sus prendas.

Mandé cartas a un doctor conocido de mi padre, pero al parecer, está de viaje pues no me contestó a ninguna. Pero ya no podía esperar más. Han pasado más de seis meses desde la última carta de mi padre… Ya no se me ocurría otra cosa que hacer que venir aquí a buscarle por mi misma –dijo sin alzar la mirada hasta segundos después–. Pensé que podría encontrar una habitación en alguna posada para pasar la noche… Y sí, antes de seguir preguntando a la gente de la ciudad. Puede que no sea el método más rápido, pero sin duda alguna es el único que me podía permitir… –argumentó, sintiéndose algo estúpida–. Casualidad o no… Lo que digo es cierto. Y… –volvió a callar porque no tenía muy claro qué debía contestar a aquello último. Si decía que lo había visto, estaba claro que la matarían… Así que no le quedaba otra que tratar de mentir–. No vi nada… Me quedé escondida tras un barril en el callejón, con los ojos cerrados hasta que dos de sus guerreros aparecieron.

Sin duda alguna, estaba deseando que eso hubiera sido lo que había ocurrido realmente. De esa forma, no estaría rememorando la grotesca y sangrienta escena una y otra vez en su cabeza cada vez que cerraba más de un par de segundos los ojos.
Cuartel del Shinsengumi, Kyoto. Con Hijikata




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Mensaje por Sheena el Miér 20 Sep - 23:46

1. Among Shinsengumi guys
Un silencio que nadie se atrevió a romper cayó sobre la estancia. Hijikata fue consciente de que todos, no solamente la chica, aguardaban su veredicto. Por ello, sopesó muy bien sus palabras. Insistía en su versión, en que buscaba a su padre y en que se encontraba allí por accidente. Dudó. La verdad era que no tenía pruebas, ni modo de saber si era cierto o no. ¿Y si tomaba la decisión equivocada? ¿Y si era una espía y, en cuanto saliera por la puerta, les contaba a sus enemigos todo lo que había presenciado? No podía correr un riesgo tan grande, por lo que decidió aferrarse al único dato en toda aquella historia que realmente podía comprobar.

- Ese doctor del que hablas ¿cómo se llama? Si le preguntamos ¿confirmará tu historia? – quiso saber.

No que eso fuera una prueba definitiva, pues esa persona bien podía estar confabulada con ella para destruirles, pero era un comienzo. Ya se encargaría él de hacer las pesquisas correspondientes para averiguar todo lo que pudiera de ambos. Pero para eso necesitaba saber algo más, algo fundamental y que se le había pasado totalmente por alto hasta entonces.

- Y hablando de nombres ¿cuál es el tuyo? Y por favor, nada de mentir – añadió, a modo de advertencia.

Seguramente ella no necesitaba que le recordaran algo tan simple, pues parecía realmente asustada. Si estaba fingiendo, lo hacía muy bien. Tanto que sembraba las dudas en el propio Hijikata. La joven que tenía frente a sí aparentaba lo que decía ser: alguien que estaba sola en una ciudad desconocida y había tenido la mala suerte de encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado. Lo que era más complicado era lo que podía haber visto. Porque, aunque así fuera y dijera la verdad sobre quien era, tal vez mintiese y sí había sido testigo de la matanza. Y del estado en que se encontraban los hombres bajo los efectos del ochimizu. Para saberlo solo contaba con dos armas: la palabra de ella y su intuición. Esperaba que esta última no le fallase.

- ¿Dices que no viste nada? Entonces ¿unos hombres quisieron robarte y atacarte, echaste a correr y lograste despistarlos? ¿Y en lugar de volver a la ciudad y avisar a la policía te quedaste escondida esperando a ver si te congelabas? ¿Qué hubieras hecho si no llegamos a aparecer? Para empezar, ni siquiera debías estar deambulando por las calles después de anochecer. Pero suponiendo que lo que dices sea cierto… te lo preguntaré de nuevo: ¿qué viste? ¿Cómo eran los hombres con los que te cruzaste? Y no me repitas lo mismo. Te diste de bruces con nuestra patrulla así que me niego a creer que no vieras absolutamente nada. Si dices la verdad será mejor para todos, créeme – dijo, suavizando un poco su tono de voz en un intento de que se diera cuenta de que confesarlo todo podía ser beneficioso para ella… aunque en la realidad no fuera así.
Cuartel del Shinsengumi—Kyoto—Con Chizuru




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Mensaje por SapphireDragon el Jue 12 Oct - 23:12

1. Among Shinsengumi guys
Las manos reposaban sobre la tela blanca de su regazo, una sobre la otra. Así, parecía ser capaz de controlar un poco el temblor que las dominaba. Probablemente no le pasara desapercibido a muchos de ellos… Sabía también que el temor y los nervios se reflejaban inevitablemente en las facciones de su rostro. La verdad era que nunca había sido buena mintiendo, ni tampoco actuando frente a otras personas.

Encontró lógico que preguntase acerca del nombre del doctor… y también del suyo. Hasta entonces, no se había presentado formalmente.

El doctor es Matsumoto Ryoujun. Es un médico del Shogunato… Le mande varias cartas preguntándole acerca de mi padre, así como queriendo saber si podría hacerle una visita próximamente para hablar con él, pues ya había decidido venir a Kyoto. Supongo que le llegarían… —respondió tratando de que su voz no sucumbiera al temblor amenazante. Temía que las cartas se hubieran extraviado, que el doctor Matsumoto no hubiera llegado a recibir ninguna de ellas y su historia, si trataban de confirmarla, pareciese una mentira. Tragó saliva con cierta dificultad pensando en ello—. M-Mi nombre es Yukimura Chizuru.

¿Quién se habría imaginado que, después de confesar su nombre, un murmullo generalizado naciese entre los presentes? Aquello sin duda alguna, desconcertó a Chizuru, que se atrevió a mirar a todos los hombres de la sala. La sorpresa era clara en sus rostros, pero también un repentino gesto de sospecha. ¿Por qué?

Respecto a lo que había o no había visto la noche anterior, su respuesta no parecía haberles convencido. Había probado suerte al decir aquello, pero... estaba claro por lo que el hombre de afilados ojos violetas y largo cabello azabache estaba diciendo que sospechaba que mentía.

Yo… —empezó a decir, sin tener aún idea alguna de qué decirles. Estaba segura de que, en cuanto dijese la verdad… La matarían. Aunque la voz suavizada del llamado Hijikata parecía tratar de asegurarle que no sería así—. Sí… O sea, logré despistarlos metiéndome en un callejón. Pero permanecí escondida tras los barriles porque aún estaban cerca de mi y no quería que me descubriesen… —Se humedeció los labios tratando de saber cómo continuar, finalmente escogiendo decirles la verdad…—. Después escuché sus voces… sus gritos y el sonido de un filo cortando algo… —cerró los ojos y tembló inevitablemente de pies a cabeza al recordarlo—. Y unas risas frías y enloquecidas. De-Después aparecieron Okita-san y Saito-san…
Cuartel del Shinsengumi, Kyoto. Con Hijikata




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Re: ➹ This is no longer an era of swords and spears

Mensaje por Sheena el Sáb 21 Oct - 1:43

1. Among Shinsengumi guys
El subcomandante notaba los ojos de todos los demás miembros del Shinsengumi clavadas en él: desde la afilada mirada de Sannan-san hasta la paciente de Kondo o las curiosas de Shinpachi y Heisuke. Estaba claro que era el momento de tomar una decisión. Y justo entonces, la muchacha dijo algo completamente inesperado y que echó por tierra cualquier determinación que hubiera podido alcanzar.

- ¿El doctor Matsumoto? ¿Yukimura…? Acaso ¿eres la hija del doctor Yukimura?

Esa nueva información lo cambiaba todo. Si era cierto (y no parecía que la tal Chizuru estuviera mintiendo al respecto) había pasado de ser una desconocida a tener una importante conexión con el Shinsengumi, una de la que ella ni siquiera era consciente. Y así quería que siguiera: no tenía por qué enterarse de que el doctor Yukimura era quien había desarrollado el ochimizu, el brebaje maldito que convertía en monstruos a los hombres, como los que habían estado a punto de asesinarla esa misma noche.

Antes de que la muchacha pudiera preguntarlo, se apresuró él mismo a dar las explicaciones. Si algo detestaba era verse cuestionado, menos aún por alguien a quien se suponía que estaba interrogando. De fondo se escuchaban algunos murmullos procedentes de los demás capitanes. Hijikata deseó que supieran mantener la boca cerrada. ¿Tan difícil era mantener las apariencias delante de un extraño? Al parecer para algunos de ellos sí, pensó irritado antes de retomar el hilo de la cuestión.

- Conocemos al doctor Matsumoto, trabaja para el shogunato. De hecho, es el encargado de velar por la salud de nuestros hombres – reveló – Asimismo, sabemos sobre el doctor Yukimura. Sus conocimientos en medicina occidental son muy valiosos. Nosotros también lo estamos buscando. Tiene asuntos con el Shinsengumi – aclaró, antes de que Chizuru preguntase el motivo.

El gesto de sorpresa que mostraba en ese momento el rostro de la muchacha tras la nueva información recibida era tan auténtico que Hijikata solo pudo pensar que no podía ser fingido. Kondo y Sannan parecían pensar lo mismo; lo percibía. Y por lo que relataba del incidente, la mala experiencia había arraigado con más fuerza en su memoria que cualquier detalle sobre los atacantes, lo cual era una suerte. Sin embargo, aún no se sentía seguro dejándola marchar, y menos ahora que sabía quién era. Por tanto, solo quedaba una solución.

- Desde luego, esto lo cambia todo. Puede que él también te esté buscando a ti, así que aprovecharemos eso. Te quedarás en el cuartel hasta que le encontremos – declaró.
Cuartel del Shinsengumi—Kyoto—Con Chizuru




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