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Where demons hide

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Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Sáb 3 Dic - 18:16

Where demons hide
El mundo es una burbuja de halo dorado y las luces despiden ese resplandor de júbilo incluso en la noche. Los muros del Instituto de Nueva Orleans son notas de blues en un pentagrama de jazz y todo colisiona en una inaudita tormenta de artificial felicidad. Allí fuera se lucha por la ley seca y dentro, dentro de esa tramposa realidad, por la supervivencia.

Se dejan la piel, el aliento y los deseos en aquella ciudad tornasolada y nadie se lo agradecerá. Se protegen —con la vida, hasta la muerte— porque siempre hay Marcas indelebles, porque una existencia ligada es algo más que un simple juramento.
CS | Cazadores de Sombras | Años 20
Ayana M. Gatsby
Nefilim | Maisie R.S. | Nightingale
Maureen Weaver
Nefilim | Nathalie Emmanuel | Nyadeh


Última edición por Nyadeh el Miér 15 Feb - 18:44, editado 1 vez





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Tain't no sin to dance around in your bones

Mensaje por Nightingale el Lun 5 Dic - 0:22

Tain't no sin
en el club | por la noche | con Maureen

Está cerca del centro, pero lo suficientemente alejado del bullicio como para que, en una calle con poca afluencia, se note que la gente se concentra allí. Su fachada no es nada espectacular: ladrillo, un viejo cartel que antes ostentaba neón ahora casi fundido, una puerta de madera y apenas una reja como seguridad.

Sin embargo, en su interior, el Beat's posee todo lo que Maureen y Ayana necesitan para pasar una buena noche: música, alcohol —algo bastante preciado en aquellos tiempos en que entre los mundanos reinaba la Ley Seca— y un grupo de bailarines siempre dispuestos a desfogarse en la pista.

A Ayana siempre le habían fascinado los trajes de los chicos, los vestidos de las mujeres, los tocados, las cintas alrededor de cabecitas adorables que tan pronto se desvivían por su chal delante de sus maridos como se despeinaban en el tocador. Freddie era un mundano bastante atrevido con el que solía bailar en aquel club, y aquella noche compartieron muchos bailes. Él volvería a preguntar por sus cicatrices, por sus tatuajes, por su extraña joyería, y ella seguiría riéndose de sus preguntas y callándolo con algún beso cuando el alcohol hiciera mella en su inhibición.

Sin embargo, aquella noche, Ayana y Maureen no eran las únicas no mundis que se disputaban un hueco en la barra o una pareja en la pista; no, aquella noche había un demonio buscando diversión. Peor para él toparse con ciertas parabatai. Podían parecer dulces, podían asemejarse a las otras chicas, inocentes, bonitas, delicadas; pero eran nephilim, tenían sangre de ángel en las venas, y eso las convertía en las dos mujeres más letales del local.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Miér 7 Dic - 0:10

Tain't no sin
en el club | por la noche | con Ayana

Vas a morir joven. Y lo sabes.

Esa es por entero la historia de una vida a la cual se someten porque está en su sangre. No nacieron para ser, nacieron para proteger y en ocasiones el anhelar algo más, el afán de aislamiento de todo lo que hace de ellos cazadores en la oscuridad, le quema en la garganta, aún más que el licor que en esos tiempos escasea.

Es demasiado sombría para la deslumbrante Nueva Orleans, ese ininterrumpido carnaval que a veces no es más que un señuelo y a veces una amenaza disfrazada. Nunca se detiene a observar a los mundanos a los que custodia, no ve más allá de los demonios de sus noches de angustia.

Maureen solo confía en Ayana.

El dorado no es su color, se siente un cebo para carroñeros, por eso la falda asimétrica que acaricia la parte posterior de sus muslos, puede confundirse en la noche. Inadvertida entre la muchedumbre, ajena, así desea pasear por la pista de baile del Beat's. Al contrario que su amiga, Maureen esconde las runas de ojos indiscretos, un sencillo encantamiento y toda su figura resultaría imperceptible para los mundanos.

Cierra los ojos y alza la barbilla, como queriendo apresar las corcheas que nadan en el club, cerca del techo y las luces radiantes, solo con el poder de su memoria. Ayana se mueve a su lado, encandilada, sienten la música de diferente manera pero es una de las infinitas emociones que, por fortuna o desgracia, comparten.

¿Vas a volver a conquistar la pista esta noche, mientras yo protejo nuestras bebidas de estafadores desalmados? Porque si uno de ellos resulta ser ya sabes qué, la diversión es toda mía.

No sonríe, no a menudo. Cuando lo hace, siempre hay un matiz travieso en la curva de sus labios y los dientes, inmaculados, iluminan fugazmente su rostro.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Vie 9 Dic - 14:09

Tain't no sin
en el club | por la noche | con Maureen

No será lo único que conquiste esta noche —anuncia Ayana mientras se lleva la copa a los labios. El alcohol tal vez resulta algo caro, pero es un lujo que ellas pueden permitirse. Proteger a quienes no saben de tu existencia de criaturas y seres cuya existencia desconocen también no es un trabajo muy bien pagado.

A pesar de eso, la familia de Ayana posee dinero de sobras para costear los caprichos de su hija. Vestidos, cintas, pulseras y colgantes, pendientes que tintinean con cada gesto, zapatos de baile con más tacón del necesario. Y, por supuesto, intenta que Maureen acepte algunas de esas cosas, aunque a menudo es mejor no preguntar. De tanto en tanto, antes de salir de caza, la envuelve con un abrigo nuevo, siempre de la talla ideal, siempre del color perfecto; otras veces, aparece en el dormitorio de Maureen, ese que comparten siempre que ella tiene pesadillas, una caja con unos pendientes a juego con los de ella, pero en otro color; otras veces, muchas veces, aparecen otras cosas: hojas de partituras, un diapasón de plata, atriles con complicados arabescos en su fina piel de metal, libros y estilográficas.

Ayana conoce bien las medidas y cortes que le sientan bien a su parabatai, tanto como conoce sus gustos; tanto como sabe que es posible que rechace sus presentes, aunque eso no impide que siga entregándoselos.

Y aún siendo una joven tan consentida, la hacen feliz el menor de los detalles de Maureen, como por ejemplo, una de sus sonrisas traviesas, escurridiza en las comisuras. Se inclina, atrayendo tanto miradas masculinas indiscretas como miradas celosas o curiosas femeninas; pero a ella eso no le importa. Es consciente de su poder, y lo disfruta; pero solo requiere la atención de Maureen para que la noche sea perfecta:
Compartir es vivir, Maureen —protesta, llevándose la copa a los labios y dejándola con una pequeña marca de maquillaje— Espero no estropearme el vestido esta vez, me gusta, y además es nuevo.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Vie 9 Dic - 18:21

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en el club | por la noche | con Ayana

Son habituales allí. Los muchachos detrás de la barra las conocen, la clientela a menudo también y sin embargo, eso no impide que en ocasiones sean diana de afrentas que ellas no buscan. Es una década de contagiosa felicidad pero los jóvenes afroamericanos, aún no tienen pleno poder de decisión.

Si Maureen no compartiera la sangre del ángel que la obligaba a permanecer allí, quizá hubiese probado fortuna en Chicago, como tantos otros músicos pioneros. Quizá, pero jamás se marcharía, no sin Ayana.

Su amiga es una libélula, ha desplegado sus alas pese a ser prisionera de un poder mayor y Maureen la envidia por ello. Se mece de aquí para allá de ese modo gentil, casi exquisito y no le asombra que sea capaz de robar algo más que miradas. —No lo pongo en duda. —Al contrario que Ayana, cristalina y de algún modo inmaculada, ella es sincera sin dejar la mordacidad a un lado.

Chasquea los dedos y señala su cóctel, vacío, no es una gran amante de los placeres de los mundanos, pero el aliento le sabe a menta y piensa que puede permitírselo, antes de que se vea embriagada por el hedor de la sangre demoniaca.

Ayana debería saber que no la dejaría sola, puede ser competitiva, violenta de esa manera que nadie ambicionaría contemplar, pero el significado de la palabra parabatai conserva cierta promesa indescriptible que siempre la haría regresar.

Tú y yo hasta el fin de este mundo, idiota.

Y la sonrisa, traviesa, se torna más templada de lo que desearía. Es el impacto que Ayana tiene sobre los demás.

Voy a dar una vuelta por el club, asegurarme de que estamos haciendo nuestro trabajo mejor que la policía de Nueva Orleans. —Señala la salida con el pulgar, un ademán de exasperación trazado en su rostro, de semblante casi cómico. Tal vez ellos también ignoraran deliberadamente la transgresión de la ley, tal vez el dinero —o las armas— los hubiera comprado.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Sáb 10 Dic - 18:11

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en el club | por la noche | con Maureen

Ayana le devuelve la sonrisa:
Yo voy a ver si tengo suerte y Freddie me invita a una copa —musita, y como siempre, la sigue con la mirada mientras se separan, como si temiera que no va a volver a verla. Sacude la cabeza y sus rizos se agitan, sabe que eso no pasará. No imagina un mundo en el que Maureen no esté, y si no puede imaginarlo, es que eso jamás sucederá.

Lo sabe, tiene esa clase de presentimientos.

Se contonea de nuevo hacia la pista y cierra los ojos un instante. Nunca ha necesitado pareja para bailar, aunque le guste intentar que Maureen se mueva con ella, y fracase en el intento. Su cuerpo se desliza entre los ajenos y siente como cada fibra de su ser es recorrida por la música y vibra al mismo son que ésta.

Sonríe hasta que percibe que algo no va bien, en una especie de corazonada, y al abrir los ojos, ve a Freddie. Ella le sonríe, pero él no puede hacerlo. Ayana tiene que pestañear varias veces para darse cuenta —entre el humo, los glamour y los cuerpos del resto de bailarines— de lo que ocurre.

Freddie —musita mientras recupera de su muslo la daga que siempre la acompaña. Avanza entre las gentes, pero la agilidad de la que la dotan las runas le hace un flaco favor en un sitio tan lleno de gente. No quiere empezar a empujar a nadie, pero termina optando por esa opción: ha visto como alguien arrastraba a Freddie hacia la parte de atrás.

No tiene tiempo de volverse y ver si Maureen se ha dado cuenta también, o si la está siguiendo, simplemente corre tras su bailarín, al que el demonio saca arrastras del lugar, hasta el callejón al que da la salida de emergencia:
¡Suéltalo! —se lleva una mano a la espalda, pegado a la columna, por debajo del vestido, lleva un cuchillo serafín; pero el demonio alza la mano.

Al parecer, le gustaría algo de la calidez de Ayana a cambio de soltar a Freddie, de lo contrario, sus garras seccionarán su garganta. La mano le tiembla en torno al mango del cuchillo, y finalmente, lo abandona. Se acerca, con los labios apretados y el pecho agitado contra el vestido.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Dom 11 Dic - 20:44

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Escapar es una disculpa más. Desearía rechazar su propia naturaleza, a menudo, pero asimismo la busca para huir de cualquier relación. Los mundanos le estremecen más que los demonios pues a estos al menos sabe que debe matarlos.

Una intrusa que deambula por el callejero Nueva Orleans, sin osar dejarse consumir por su madriguera coloreada.

La bruma se desvanece en Fa mayor, los graves de la melodía que cautiva al Beat's se escuchan por debajo, muy por debajo de la amenaza encubierta de Ayana. Es la primera vez que la música le ocasiona nauseas.

Abandona los zapatos junto al cubo de basura, el chal se desliza sobre sus hombros y sabe que ha perdido su ventaja al delatarse, vociferando el nombre de Ayana en la aparentemente plácida noche. Por un instante, se confunde, cree que la joven va a combatir hasta que la sangre en los labios no le pertenezca tan solo a ella, entonces advierte los hombros hundidos y el temblor en las rodillas. —¡Ayana, apártate!

La adversidad es siempre más rápida, vertiginosa. Un impreciso reflejo carmesí alcanza la pared de ladrillo, la cornisa iluminada y un cuerpo petrificado cae al suelo. El mundano. Maureen no logra distinguir de quién es la herida que le ha empapado los hombros y no demora un segundo en comprobar que el joven aún respira. Lo comprende, comprende la rebeldía de Ayana y su decisión de sacrificio y está celosa, celosa de que la vida de aquel bailarín signifique tanto, signifique lo suficiente para encarar el peligro sin hacerla partícipe a ella.

La lengua del demonio se enrosca alrededor de su muñeca, le quema la piel y Maureen apenas puede contener el dolor tras los párpados, no permitir que la nuble. El cuchillo serafín responde a su murmullo, mutila a la criatura, en vano; su lengua ya no arde, es algo muerto que resbala por su brazo, pero crece de nuevo y Maureen se ve obligada a arrojarse a un lado, a escasos centímetros de que la atrape.

Tropieza con el mundano, quizá muerto, quizá desfallecido. Su mirada no se cerciora, está persiguiendo las tinieblas, en busca de Ayana.

La nefilim es su prioridad.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Dom 11 Dic - 22:13

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A veces, como en un sueño, juraría que la siente venir. Sabe el preciso instante en que va a oír su voz retumbar entre las paredes del callejón, pero aunque puede anticipar los movimientos de su parabatai, no es así con los del demonio, que dibuja una sonrisa carmesí en el cuello del joven.

Para cuando la sangre empieza a manar por la primera comisura, Ayana ya ha clavado el cuchillo en la criatura, ese ser que para Freddie no era más que un hombre con un cuchillo es ahora un ser amorfo, terrible, obsceno, como todos los demonios.

Sabía que Maureen llegaría a tiempo para salvarla de la humillación, pero no sabía que ella llegaría tarde en su afán de salvar a Freddie. Cuando avanza hacia él, una de las garras de la criatura se lanza a por ella, y a pesar de que la esquiva, siente el preciso instante en que se clava en la piel de su costado, llevándose consigo seda y carne, desgarrando venas y arterias que tiñen el resto del vestido de un rojo intenso, casi negro en la oscuridad.

No lo ha visto venir, tenía los ojos puestos en Freddie, que ha dejado de moverse. En el reflejo de sus pupilas muertas se ve a sí misma caer, pero no se reconoce.

Ella no es así, ella no falla. Le tiembla la mano cuando busca cubrirse la herida, más terrible de lo que esperaba que fuera, y cierra los ojos, sintiendo el veneno trepar al interior de su cuerpo al son de la música, que no son más que latidos en el callejón, como los que le han sido arrebatados a Freddie, como los propios, que menguan el ritmo para adaptarse al silencio de la noche.

Su mano encuentra finalmente la de su parabatai, y supone que el demonio ha caído, porque solo puede verla a ella, aunque esto no sea señal de nada:
Maureen —susurra, con lágrimas estropeando el maquillaje que con tanta delicadeza había aplicado sobre la piel— He fallado. Le he fallado. Freddie.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Jue 15 Dic - 18:36

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La piel se enrojece, supura ante su mirada y el espesor de las pestañas no es suficiente para contener el espejismo de las burbujas que detonan como volcanes avivados, bañando de lava la muñeca, hasta el antebrazo. Las nauseas hielan su nuca y tiene que esforzarse en no caer de rodillas, no ceder al temor de la ponzoña.

La esclava que adorna su brazo con resplandor áurico cuando aflora la luna, se tensa alrededor de sus dedos, súbitamente más endurecida. Con un chasquido de la muñeca se retuerce en torno al demonio que de nuevo se abalanza sobre Ayana con las garras extendidas. Maureen tira de su látigo, tratando de acercarlo a ella, dos cuchillos ahora en su puño, aunque sabe que el de Ayana no la obedece, no como a su dueña.

«Un poco más. Deja que aguante un poco más».

Es una plegaria al vacío, a la nada porque no sabe a quién orar, el ángel no los protege, si acaso en otro tiempo lo hizo inclusive de ello Maureen desconfía.

El arma de su compañera se introduce en lo que ella considera el ojo del demonio, salpicando hasta los tobillos y la propia traza cicatrices sobre la carne endurecida, casi un caparazón, provocando que la criatura arroje un bramido que se escapa junto a su sangre, inundando el callejón.

De su aparición, tan solo permanece un puñado de polvo.

Hemos fallado. —Amarga, la realidad se desliza por su garganta. El mundano no era más responsabilidad de Ayana que suya—. A veces fallamos.

Al menos, continúan con vida. Ojalá alguien les hubiera dicho aquello a sus padres.

Tenemos que irnos de aquí. El camarero va a salir y no podremos explicarnos. —No pueden hacer nada, ya no. Y sin embargo, sospecha que Ayana desea quedarse, despedirse del joven, tal vez. Maureen solo desea limpiarse, alejar la sangre intoxicada de su piel y la sensación de lealtad rota de sus pulmones.

Deja que otros se ocupen de él. Tiene una familia que podrá cuidar de su descanso.

Una que jamás conocerá la verdad.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Jue 15 Dic - 20:33

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No, Ayana no quiere irse. La sangre del Ángel que corre por sus venas la hace fuerte, lo suficiente como para mantenerse en pie a pesar de la fea herida de la que sigue brotando sangre, sin embargo, solo tiene ojos para Freddie.

Estaba tan lleno de vida, no puede creer que jamás vaya a volver a bailar con él. Y de pronto, cae sobre ella lo que Maureen ya debe de tener en mente: es culpa suya, el demonio ha usado a Freddie como cebo, algo que jamás podría haber hecho si ella no hubiera empezado a flirtear con él en primer lugar.

No deben relacionarse con mundanos, pero, como siempre, Ayana se saltó las normas, y ahora, por su desgraciada causa, Freddie ha muerto. No, no volverá a bailar. No volverá a quererla ¿la perdonaría de seguir con vida? Tal vez. Ella no será tan indulgente con su pecado.

Sabe que es lo que deberían hacer y, por una vez, obedece:
Vámonos. Ya no podemos hacer nada por él —musita, aunque deseaba besarlo una última vez ¿qué importaría eso? No cambiaría nada.

Sujeta la mano de Maureen y deja que la guíe, aunque no tarda mucho en  desplomarse. La sangre que ha manchado antes el vestido hace un rato que le ha manchado también las medias, los zapatos; está perdiendo demasiada, incluso para una nephilim. Sin embargo, no ha perdido aún el conocimiento.

Aunque estén en un callejón, se levanta el vestido hasta la cintura para dejar al descubierto la fea herida:
Un iratze me bastará para llegar a casa.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Jue 22 Dic - 21:56

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Hay un demonio aún peor que las observa oculto en un rincón.

Tiene colmillos de marfil y ojos de malaquita. Lo suficientemente afilado para hendirse en las costillas de Maureen, lo suficientemente amplio para dañar algún órgano vital.

Es intangible ante la mirada de Ayana, pero ella lo desenmascara y le permite devorarla.

Sus pestañas están secas y sus pupilas vacías, no percibe el hielo en la piel de su compañera porque ella destila calidez por las dos, porque puede contemplar al difunto y no hundir las uñas en las palmas de sus manos, buscando en el dolor un extraño bálsamo.

Lo siento. —Murmura de todos modos, demasiado afanada en encontrar el pulso en su brazo para sentirlo verdaderamente. Sabe que es importante para Ayana y es por eso, únicamente por eso, que desea privarla del daño, de la culpa de un pecado que no puede, ni debe, cargar solo en su espalda—. Siento haber llegado tarde.

El monstruo que habita en sus ojos, dice la verdad. Por ti, lo siento por ti.

Maureen no se derrumba junto a ella porque una de las dos siempre debe permanecer en pie, porque van a morir pero no será esa noche, aunque ni tan siquiera en algo tan elemental puedan decidir. Se sobrecoge, desconcertada, pestaña. —¿Ayana...? —Ha estado peor, ambas han estado peor; le ha sujetado los hombros cuando creía que los tendones de su cuello cederían, ha vomitado sangre en su regazo. No obstante, para los mundanos no es más que una bonita joven ebria en un callejón y la cubre solo con su figura porque un glamour desperdiciaría demasiado tiempo.

Eso te cerrará la piel. No sabemos si hay veneno en la herida. —Instintiva, acaricia su propio brazo con las yemas, todavía escuece y el daño que ha sufrido Ayana es mayor.

Puedes llegar. Sé que puedes llegar, el Instituto no está lejos y no es la primera vez. No irás a desfallecer ahora, ¿verdad? —Trata de sonreír, aunque no es más que una mueca de pesar lo que se perfila en sus labios.

Los Hermanos Silenciosos la ayudarán, si logra llevarla a casa.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Jue 22 Dic - 22:57

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Las misiones siempre son una aventura, una que a menudo se tiñe de sangre. Vestidos arruinados, botas deshechas por el icor, cuchillos que limpiar y el pelo revuelto. Las heridas son parte de la vida de una nephilim, una parte que Ayana tenía asumida por completo, hasta al parecer, esa noche.

Hay algo que falla, algo que le impide seguir adelante cuando normalmente no dudaría ni un instante en seguir andando a pesar del dolor, algo que le nubla el juicio: la muerte de Freddie. Ha sido tan idiota. Y ha sido culpa suya. Es en lo único que pensaba cuando ha caído, pero al menos, tiene a Maureen.

No sale nunca sin ella, pero de haberle faltado justamente esa noche, no habría sido capaz de seguir adelante.

Sin embargo, por ella vuelve a ponerse en pie y sonríe; porque solo Ayana podría sonreír en un instante así. Es cierto, ha estado en situaciones mucho peores, pero nunca se había culpado tanto por algo. Si alguna vez moría un mundano, la responsabilidad no recaía directamente sobre sus jóvenes hombros de color café. Acaricia su brazo, con dedos temblorosos:
Tu también estás herida.

Maureen siempre está protegiéndola. Ayana teme que muera cumpliendo tal propósito, aunque sabe que su tristeza no perduraría: moriría también. La caricia asciende hasta la mejilla de su compañera y Ayana asiente, cerrando los ojos. Se separa un poco y prosigue su camino, aunque sus dedos no se alejan mucho de la piel de su compañera: necesita su fuerza, ahora más que nunca.

Cuando llegan al Instituto sí siente poder derrumbarse, pero no lo hace:
¿Crees que hay veneno?



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Vie 13 Ene - 16:46

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Solo son dos jóvenes de luceros huecos y sonrisas exánimes. El perfume de la muerte las alcanza incluso cuando juegan a esconderse y las estrellas del cielo de Nueva Orleans se convierten en polvo de plata bajo sus talones desconsiderados. Maureen se pregunta si es el mismo cielo que puede contemplarse en todo el globo o el suyo llora sangre cuando nadie está mirando.

La nefilim niega con desaire, no es necesaria su máscara de carnaval burlesco para disfrazar su rostro porque ya no duele. Maureen nunca está herida, porque lo único que quiere y no ha enterrado aún se encuentra ligado a ella de por vida.

No, no. Solo... escuece.

Menos que la aflicción de Ayana, menos que el afecto que se desvanece en ese callejón con un adiós inesperado. Tan solo cae en la cuenta, al llegar al Instituto, de que no han cerrado sus ojos, los del mundano y una nausea trepa hasta su garganta al recordar la expresión vacía de su semblante, no más humano que una escultura tallada en mármol.

¿Habrá más, ahí fuera? Los de ese tipo no viajan solos.

No desea abandonar a su compañera, su deber no es más sólido que el juramento que decidió vocalizar hacía años y sin embargo, sabe que ni Ayana ni ella pueden acarrear otra muerte sobre las costillas. Una es suficiente, es demasiado para esa noche.

El diván revestido de resplandeciente escarlata las recibe, a Maureen le ceden las rodillas y solo logra descansar su mejilla sobre el sedoso acolchado, ocultándose en él. No lo sabe, le gustaría descubrir si es una herida profunda o algo peor, pero nunca ha sido experta en runas curativas.

¿Debería acudir a la Ciudad Silenciosa?

La Ciudad de Hueso, de polvo y hueso y recuerdos deshilachados. Hay tumbas allí que no ha visitado.

Maureen los detesta, a esas estampas cadavéricas que observan y saben y callan, que casi puede jurar que le sonríen, entre labios marchitos e hilos de marioneta. Maureen cree que un día —si logra sobrevivir— será igual que ellos.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Lun 23 Ene - 19:45

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en el club | por la noche | con Maureen

Si hay más otros tendrán que ocuparse —le dice, inclinándose a su lado. Le arde la herida del costado, pero por algún motivo no puede derrumbarse, no sin su compañera. Mira alrededor, como esperando encontrar algo de auxilio, que efectivamente no tarda en llegar.

El tío de Ayana siempre ha tenido afición por las runas curativas y la medicina, y además, siempre le ha tenido cierto cariño a Maureen. Cariño que Ayana no se molesta en ver, aunque a ojos de todos sea algo que salta a la vista, como que ellas dos han fracasado esa noche en su cacería.

Desecha en seguida los cuidados de su tío. Ella puede apañárselas, prefiere que se encargue de Maureen, y lo cierto es que él parece bastante encantado con dicha idea, de modo que los acompaña a la enfermería, aunque se queda un tanto al margen, ocupándose de sus propias heridas.

No quiere distraer a su tío, aunque este parece absorto de todas formas en Maureen. Le cuesta centrarse en sus heridas y no en las de ella, el dolor cuando la adrenalina ha abandonado sus cuerpos es menos soportable, pues solo queda eso: dolor, y pena.

Freddie
.

Dolor, pena, culpa. Cierra los ojos con fuerza cuando su tío se encarga de ella:
¿Será necesario entonces llamar a los Hermanos Silenciosos, tío? —inquiere, mirando a Maureen, mirarla la ayuda a soportar el dolor, la ayudaría a vencer a la misma muerte.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Vie 27 Ene - 1:22

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en el club | por la noche | con Ayana

A veces resulta casi inverosímil pensar que hay más como ellas ahí fuera, en ese estado, en esa nación, en el globo. Sirven a Idris pero protegen a algo mayor, tanto que no siempre son capaces de abarcarlo. Resulta inverosímil porque Maureen se encuentra presa en esa burbuja de Nueva Orleans, donde el mundo tan solo se compone de Ayana y ella misma durante el día y demonios al caer la noche, porque los mundanos no son más que un segundo plano en su entorno y jamás se ha esmerado en escucharlos a través del jazz cautivador de club de medianoche.

Pero coexisten en su tiempo, en ese lugar, otros que vencen donde ellas han fracasado y la acritud de la realidad le fuerza a descender la mirada.

Se siente avergonzada por no cumplir con algo que no ha deseado, que nunca ha podido escoger, porque si no es adecuada para aquello, para jugarse por la vida por un destino, ¿entonces para qué lo es?

Ni siquiera pugna por contradecir a su tutor en el Instituto, aclarar que no son sus heridas las que necesitan ser atendidas, que no es tan frágil como el mundo quiere hacer suponer. Consiente ser guiada hasta la enfermería, como una marioneta demasiado agotada para manejar sus propios hilos —pero no rendida, nunca rendida—, marioneta que cae sobre la única cama libre, porque el demonio la ha dañado en los brazos pero lo que fallan son las rodillas.

Un iratze es todo lo que su piel demanda, elemental, que resplandece un instante ante su mirada. —Gracias...

Trata de justificarse, es algo que solo hace cuando Ayana está involucrada, de disculparse por no haber curado a su parabatai ella misma en aquel callejón. —No sabía si sería prudente cerrar la herida. No sabía si había veneno dentro. —Pestañea y en parte su carga disminuye cuando comprende que Ayana no la juzgará. Tal vez tampoco lo haga su tío, no obstante, no puede permanecer allí y comprobarlo.

Detesta no estar a su lado cuando la joven la necesita, pero no es solo la humillación, si deben acudir a los Hermanos Silenciosos, Maureen no desea encontrarse con ellos.

Te espero arriba, ¿de acuerdo?

Permanece inmóvil, sin embargo, aguardando por su consentimiento.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Mar 31 Ene - 17:27

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Ayana la mira y le dedica una pequeña sonrisa, algo ausente. No pasa nada, era mejor comprobar si había veneno de todos modos. Aun así, el iratze no les devolverá la sangre que han perdido, de modo que es mejor descansar. Le indica con un gesto a su compañera, a la otra mitad de su alma, que si la espera arriba no habrá problema.

Ella permanece con su tío, que se encarga de curar sus heridas. Han tenido suerte, esta vez. Aún así, su tutor debe ayudarla con los escalones cuando decide seguir a Maureen escaleras arriba.

La encuentra en su dormitorio, claro está:
Al final tengo que llevar venda —explica mientras se da permiso para entrar en la habitación; ella no suele necesitar que Maureen confirme o desmienta sus deseos, ella toma lo que quiere, y ahora quiere y necesita estar con Maureen— Voy a cambiarme ¿me echas una mano?

A pesar de que le pide ayuda, para cuando Maureen llega a su cuarto, Ayana ya se ha deshecho del vestido roto, y las medias son solo un ovillo manchado de sangre sobre la alfombra; la venda se ha manchado por sus gestos bruscos y su impaciencia:
¿Puedes ayudarme a limpiarme la sangre? —sabe que son tareas muy mundanas, que incluso podría hacer ella misma, pero no quiere apartarse de Maureen, no ahora.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Dom 12 Feb - 21:30

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El mundo gira, gira y gira en un ciclón y Maureen se encuentra en el corazón del mismo, tragándose las nauseas. Su dormitorio es un refugio con su propia cubierta de yeso pero si cierra los ojos puede fingir que distingue una constelación de otra entre el fulgor de la ciudad. El vestido se arremolina en sus caderas y los puños toman la tela como rehén hasta que la cólera termina en jirones de seda y respirar es un poco más fácil.

Ha sido sepultada en vida, bajo una losa que ella misma ha arrastrado, pero la opresión se ha desvanecido de las paredes de sus pulmones, para cuando Ayana la encuentra.

Vas a tener que renunciar a ser la reina de la pista durante algunas semanas. No puedes ir al club como si te hubieran apuñalado en un callejón.

Maureen no sabe cómo redimir la tensión sin que su ingenio suene como si estuviera impregnado en bilis, esa ironía árida que no combina bien con el alborozo tan divulgado que se adueña de las travesías a este lado del río Misisipi. A Ayana nunca ha parecido importarle.

La sigue de puntillas, se esmera en que la madera no rechine bajo su peso, delatándola, pero no en esquivar las gotas de sangre que señalan un sombrío sendero, su particular camino de baldosas amarillas, solo que de regreso a casa.

Una toalla encontrada en la balda superior de su armario es el único material de la improvisada enfermera que no rechaza su petición, no suele hacerlo pero, asimismo, cree que se lo debe. —Te has arriesgado demasiado. —Las garras casi han alcanzado a acariciar sus huesos y es capaz de vislumbrar la herida bajo gasa y la piel cubierta de runas.

Su mentón descansa en la curva del hombro de la joven malherida, por encima de la clavícula, un instante de fragilidad que Maureen se concede por ella, por ambas. —Lo siento. —Es amargo y es sincero, y cierra los ojos porque es el único modo de no permitirse temblar.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Dom 12 Feb - 23:13

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El problema de las victorias es que han hecho que la joven guerrera se crea invencible. Maureen y ella han luchado siempre en perfecta sincronía, desde que eran unas crías. La memoria de Ayana está repleta de momentos en que las leyes de la probabilidad jugaban en su contra, superadas en número, en fuerza; vencidas antes de empezar batalla, y que sin embargo, culminaban con otro tanto a su favor, otra victoria.

La muerte se ha llevado a Freddie, pero a cambio ha dejado unos pensamientos venenosos, que se apoderan de la mente de Ayana conforme limpia la sangre de su cuerpo: ¿por qué teníamos que fallar justo esta vez? Ojalá hubiéramos perdido otras veces, así esta no dolería tanto. Ojalá nunca hubiera conocido a Freddie, ahora seguiría con vida, bailando con muchachas de las que no ocultan armas bajo el vestido, regresaría a casa del trabajo, se asearía veloz y correría al Beat's, y al día siguiente sería igual. Y seguiría respirando hasta que la vejez o la enfermedad se lo llevaran, cansado, la piel ajada, pero sonriente, como si esperara la muerte como a una vieja amiga.

No así.

No, Freddie no tenía que morir así, de pronto. Tan joven, tan lleno de vida. Ayana siente que no solo se lo han arrebatado a ella, o a su familia, sino al mundo. El mundo merecía a Freddie. Y ella lo necesitaba, maldita sea.

Otro riesgo de vencer siempre es que olvidas el riesgo que corres. Ayana se creía invencible, en sus relucientes vestidos, con sus relucientes dagas, con el fulgor de la sangre del Ángel corriendo por sus venas. Había olvidado que las heridas, el dolor y la muerte no se reservan para que los nephilim usen las runas de curación; había olvidado que la muerte podía alcanzar a sus seres amados. Pero no sabía que él significara tanto.

Oh, ¡ha sido tan egoísta! Que él haya muerto es solo culpa suya.

Solo la presencia de Maureen la mantiene en pie, pero le gustaría derrumbarse, como en aquel callejón, y no se hubiera levantado de no ser por su compañera. Alza una mano temblorosa y aferra la de ella, aunque de pronto gira sobre sus talones y se aferra al cuerpo que porta la otra mitad de su alma, enterrando el rostro en su cuello, rompiendo sin remedio a llorar:
Oh, Maureen —solloza— ¿Qué he hecho?



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Vie 17 Feb - 0:43

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No se aventura a tocarla, al principio. Siente las manos sucias, más que la piel ensangrentada de Ayana, quien aún malherida resplandece bajo la luna de ese modo casi inmaculado. El egoísmo resulta impuro frente a las lesiones honestas y su entumecimiento es en parte un privilegio escogido y en parte se debe al afecto inusual. Tan solo ella se arriesgaría a abrazarla.

No se aventura, al principio. Hasta que colisiona con las minas de ónice que son sus ojos, ahogados en cascadas y comprende que, aunque no lo sepa, también ha prometido desenterrar su dolor. Los brazos pesan un poco menos, cuando buscan su cintura a ciegas, entre el velo de sus párpados y el cabello ondulado de Ayana.

Debería haber estado contigo. —Si comparten algo esa noche, que sea la culpa. Maureen no quiere condenarla sin sentenciarse también a sí misma. Es ella quien, confiada e indómita, encuentra a menudo un alivio en hundir el extremo de su cuchillo en la piel de un demonio. Es ella quien siente que los provoca, que los llama. Y no lo lamenta, lamenta haber dejado a Ayana sola—. Soy tu parabatai.

Van a morir así, lo sabe. No se lo confesaría nunca, pero sabe que la muerte solo te encuentra cuando fracasas, que los héroes lo son porque no se permiten ser derrotados.

Y eso es lo que más lamenta de todo, que no será la única vez que la victoria no les pertenezca.

No es culpa tuya. No lo es.

Maldice entre dientes, los dedos brincando entre los mechones de su compañera, menos entusiasmo que rabia apenas contenida. Al diablo. Se aleja, decidida. —¿Sabes qué necesitas? Necesitas algo más fuerte. Necesito. Necesitamos.

El alcohol no solo desinfecta las heridas, también limpia por dentro. Una botella llena solo a medias, que ha conservado oculta entre las tablas de madera bajo su cama, ocupa una de sus manos cuando regresa al dormitorio de Ayana, ofreciéndole a ella el primer trago.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Sáb 18 Feb - 16:02

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Algunos —locos, desesperados, enamorados— afirman que encontramos nuestro hogar en alguien, no en alguna parte. Si Ayana tuviera fuerzas para apartar los pensamientos del cuerpo de Freddie, ahora mismo pensaría que Maureen es su hogar. Entre sus brazos se siente a salvo.

De todas las veladas que han pasado juntas, en su mayoría riendo entre las sábanas, disfrutando de la conexión con la otra, recordando viejas victorias, bromeando sobre los asuntos más mundanos; esa es en la que Ayana la necesita más. Se rodea con los brazos, y se traga el silencio y la culpa el único momento en que Maureen abandona la habitación.

Sí, esa noche no puede pasarla sola. De no tener a Ayana, seguramente hubiera saltado por la ventana cuando su tío apagara la luz de su estudio y hubiera volado entre las calles, buscando refugio en los brazos de un desconocido, en los labios de una bailarina, en la oscuridad de un callejón en que deshacerse de su ropa y de sus penas contra la boca de alguien que supiera a libertad y prohibición.

O a alcohol, en su defecto, como el que reluce en el interior de la botella que Maureen trae desde su dormitorio.

Pestañea, y casi como un autómata destapa la botella y se la lleva a los labios. El beso con esa sustancia prohibida se prolonga un poco más hasta que Ayana se siente satisfecha, y solo entonces se la devuelve a su amiga, limpiándose los labios pegajosos con el dorso de la mano:
Por el Ángel, es fuerte —sus ojos se pierden en la curva del cuello de su compañera mientras esta bebe, distraída, ajena un segundo a la escena hasta que los labios de Maureen son libres otra vez de responder. Le dedica una trémula sonrisa— . Gracias, Maureen.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Sáb 25 Feb - 23:23

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Botellas como esa se compran por algo más que un beso. Botellas como esa se roban por todo, excepto dinero. El desesperado tan solo necesita olvidar y ahogarse en un callejón, y la desesperanza es algo excepcionalmente corriente en aquellos días.

Maureen no necesita despojar a nadie de un frasco de licor destilado en una bodega fraudulenta con una sonrisa y la promesa de sus labios, Maureen siempre tiene un cuchillo bajo las faldas. Maureen no sabe si su vida como mundana sería la de un músico o la de un ladrón.

En ocasiones, cualquier alternativa se le presenta mejor que su realidad.

Eso dicen en Nueva Orleans, que sabe como los ángeles. —Resultaría una blasfemia, si la joven no creyera —no supiera— que los ángeles son más que seres celestiales. Que son tan bellos como terribles, pese a no haber gozado jamás de la presencia de uno. Ellas son más originarias de un ángel que el néctar que buscan, atormentadas, en el cuello de cristal que con la lengua alcanzan; ellas son letales y a menudo, implacables. Supone que también son hermosas, a su modo, aunque siempre elude su reflejo en un espejo.

Ni lo menciones. —Nunca se le ha dado bien aceptar la gratitud, menos aún cuando cree que es su deber. Son más que compañeras, más que amigas.

Se traga el carraspeo que comienza a aflorar en su garganta, el deseo de escupir no solo el licor corrompido que le quema en los labios, también el veneno que fluye por sus arterias, que aquel demonio no ha inyectado, ese que ya le pertenecía a ella. Devora todo, excepto el desaliento, la fatiga que la empuja a acomodarse sobre la cama de Ayana, como un felino en la noche —uno vestido de gala—. Una mano sosteniendo la botella pero la otra, la otra jugando con el brazalete de su muñeca. Alerta, siempre. Inclusive en el Instituto.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Dom 26 Feb - 18:23

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El alcohol le quema la garganta, y Ayana descubre que ansía ese dolor. Ojalá pudiera sentir más. Como cuando era niña y soportaba las broncas mordiéndose la lengua o el labio con tanta fuerza que lo hacía sangrar, o clavándose con vileza las uñas en las palmas de las manos, o pellizcándose para evitar romper a llorar.

De niña estaba convencida de que tenía que demostrar a todos que ella no era como las otras niñas. Le enseñaron que sus emociones estaban unidas a su feminidad, y a la del resto de sus compañeras, y que debía ocultarlas si quería que la respetaran.

Tal vez por eso siempre ha sido impulsiva. Nadie le enseñó a controlar sus deseos, a dirigir sus emociones a algo en concreto, y al cerrarle una puerta, es bastante probable que Ayana abra una ventana al atravesarla con todo el cuerpo, toda codos y rodillas, siempre dispuesta a atacar.

Siempre se hacía daño físico para soportar el psicológico, porque estaba acostumbrada a sentirlos a la par: la vergüenza de caerse de la barra de entrenamiento compensada con la herida de una rodilla sangrante, con el dolor paralizante en la articulación, que forzaba para sentir más dolor cuando sentía vergüenza.

De no estar Maureen estirada ahora mismo en su cama, seguramente se arrojaría por la ventana en busca de una pelea que no pudiera ganar, pero terminara ganando de todos modos.

No lo hace.

Sabe que su parabatai no lo permitiría, y esta vez no se trata solo de ella: a Maureen no quiere causarle ningún dolor:
Tendré que pagarte la botella —advierte mientras bebe más de lo acostumbrado en ella. Solo quiere poder dejar de sentir.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Jue 2 Mar - 17:06

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¿Con qué pretendes pagarme? —Sorna en las aristas de la lengua, jovialidad sepultada por la sombra de la amargura, de la tristeza de Ayana que también logra atraparla a ella, que la atraviesa con cada inspiración porque el aliento es compartido en esa habitación cerrada, familiar y atestada de secretos desvelados. Desearía que fuera una noche más, de demonios vencidos y heridas triviales, de mundanos sin nombre. Desearía poder reírse de eso, de ellas, reírse en el rostro de la decepción y en las azoteas de la Nueva Orleans despreocupada.

Maureen ya posee aquello que todos buscan, ella no se costea en relucientes monedas. Maureen lo tiene todo, salvo una familia. Y los presentes de Ayana no son nada equiparados a lo que profesa una sola de sus sonrisas.

¿Un baile? No, olvídalo, arriesgarías tus costillas. ¿Una nueva partitura? —Quizá sea Maureen quien compone, quizá sean sus dedos los que brincan en las líneas de un pentagrama y describen una melodía muda para todos, excepto ella misma, pero la tinta de su pluma pertenece a su compañera, asimismo la lámina gruesa salpicada de corcheas y algo más, que nunca le ha regalado pero Maureen ha tomado para sí, la inspiración que siempre encuentra en su presencia.

Ayana le recuerda a una joven flapper, faldas por encima de la rodilla y emperatriz de la pista de baile. Aún más con el destello del licor clandestino en los labios.

Ayana envolvería en niebla a cualquiera sin necesidad de un cigarro de larga boquilla entre los dientes, intoxicante e inspiradora.

Creo que puedo esperar. Tú, en cambio, necesitas descansar. —Tiende su mano y quiere alcanzarla a ella tanto como a la botella, creando un espacio para las dos —tres— sobre la cama. Tal vez no desee dejar a Ayana, o tal vez sea ella, quien por un irrespirable y cegador instante de eternidad, tema a la soledad.

La soledad de su dormitorio, donde inclusive los fantasmas descansan al caer la noche.






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Re: Where demons hide

Mensaje por Nightingale el Sáb 4 Mar - 20:59

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Sonríe contra la boca de la botella, permitiéndose ser egoísta y llenar un poco más su cuerpo de ese preciado licor por el que algunos han llegado a matar en las calles. Mueve las caderas de un lado a otro. Ni siquiera necesita música para improvisar un baile, la lleva dentro.

La complacería con verla bailar para que ambas se distrajeran, pero Maureen, como siempre, tiene razón. Ojalá pudieran distraerse con algo tan mundano, pero están heridas, y el arte no podrá contener su tristeza esa vez. El alcohol seguramente tampoco, pero apura algo más de licor porque el agua tampoco lo arreglaría.

Aún así, se acerca cuando ella extiende la mano, le pasa la botella y se estira a su lado, echándose sobre el costado bueno:
Te pagaré con un beso, como hacían los antiguos amantes en las novelas tontas de mi tío —dice, inclinándose, su nariz rozando la de ella.

La frota así con cariño, compartiendo su aliento con el de ella. Sus labios están tan cerca de los de Maureen que podría inclinarse y besarla, pero alarga el momento, de modo que pasa de ser una pequeña broma, a ser un desafío a la prohibición que cae sobre todos los parabatai, a ser algo incómodo, contenido, temido y anhelado al mismo tiempo.



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Re: Where demons hide

Mensaje por Nyadeh el Jue 9 Mar - 1:02

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Busca con los dedos las gotas en la curva de la botella, se roza los labios y no es suficiente, un sorbo no es suficiente. Consume el licor hasta los cimientos de una sola vez, traga sin respiración y su bote salvavidas se desvanece, vacío entre suspiros compartidos. El vidrio resbala, escapa de su mano pegajosa y ahora también inmóvil, casi inerte hasta que el reloj de pared cuenta otro minuto más; no se permite dejarlo caer, tampoco quebrar el cristal en su puño cerrado, tan petrificado como sus ojos que en las tinieblas persiguen una burla que no pueden encontrar, una mentira en la voz de Ayana.

Odias esas novelas. —Sonríe, una mofa que se ahoga en la siguiente exhalación—. No tendría que haberte dejado beber.— También Maureen ha bebido, aunque no parezca importarle.

Suena tan transparente, tan inmaculada que le resulta irreal tratar de alejarse de su rostro, de la calidez de su figura, del aliento que se desliza hasta su cuello. Las pestañas imposibles de Ayana aletean por encima de sus mejillas y Maureen no es más que una lluvia de meteoros, trémula y ensordecedora.

Dentro, muy dentro, más allá de la piel las marcas de las runas le arden queriendo alcanzar la médula, las zarpas de su demonio particular le arañan y la necesidad de vomitar sangre es genuina, tangible, pero cuando separa los labios nada más que un suspiro sofocado en asombro se escabulle entre su boca.

Y es ella quien se aproxima, es ella quien juega a ser osada en la cuerda floja de un infinito abismo. Es ella quien se olvida de su juramento, del ritual y del Consejo —que le jodan al Consejo—, de la perdición de los mundanos. Y es ella quien se arroja al vacío porque ha olvidado que no tiene alas.






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Re: Where demons hide

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