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— I have died everyday waiting for you

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— I have died everyday waiting for you

Mensaje por Cherry Blossom el Sáb 7 Ene - 6:36


I have died everyday waiting for you
The key of my memories is in your hands

Las casualidades no existen, tan solo están llenas de intención.

«¿Acaso era alguien importante? ¿Vale la pena malgastar lágrimas por su cadáver?»

Niamh nunca se imaginó que gracias a una misteriosa carta su vida podría cambiar radicalmente, siendo capaz de descubrir que su, ya de por sí, misteriosa y ajetreada vida escondería muchos más secretos de los que podía atreverse a imaginar. Es allí mismo cuando decide que, para arrancar de raíz los misterios ocultos tanto de la muerte de sus padres como lo que ella misma sabía andaba mal en sí misma, acudir sería lo más apropiado. Ponerle final a sus dudas era lo que más ansiaba en ese momento. Y lo hizo.

«Has osado arrebatarme lo único que tenía para llegar al fondo de todo.»

El destino parecía jugarles una mala pasada. En ese mismo lugar de la cita pactada un ser sombrío y oscuro había conseguido saciar sus ansias por la sangre, acabando con lo que debía ser la solución a los problemas de Niamh. Aleksander se encargó de divertirse arrebatando las vidas sin importarle nada, o al menos eso imaginó hasta esa noche. Esa misma noche en que su encuentro fue inevitable.

Un Ser de apariencia anticuada y lúgubre fue lo suficientemente veloz para tomar algo que no le pertenecía y con ello crear lo que posteriormente sería una batalla campal entre ambos seres. Él intentaba averiguar qué tenía ella que se le hacía tan familiar y ella revelar el secreto de las casualidades que ese día la pusieron en el mismo lugar que alguien quien intentó robarle su preciada vida y a pesar de ello terminó brindándole su ayuda por mero desinterés.

«Creo que, a pesar de que vengas del pasado eres lo bastante listo como para leer lo que dice allí… en la antigüedad tenían hábitos de lectura.»

Sin embargo lo que pretendía sería algo sencillo, resultó ser un encuentro predestinado, algo que debía ser sea como sea. Porque ambos estaban predestinados a juntarse… una vez más. Esa nota resultaba guardar mucho más secretos de los que aparentaba tener. Era un boleto directo a un reencuentro inesperado. Un pasaje al cual, Niamh y Aleksander tenían permitido utilizar.

«Sí lo teníamos. Lo que no teníamos eran hábitos de fisgones; por lo que no la he leído.»

Él la salvó y ella lo cuidó. En ese inentendible dilema que ambos transitaban los sucesos comenzaban a cobrar sentido, golpeándolos fuertemente en cada uno de sus descubrimientos. Porque lo cierto es que eran conocidos, solo que en tiempos completamente diferentes, en otra vida. Una vida realmente complicada y dolorosa que acarreaba amor, dolor y sobre todo mucha traición.

«Me sorprende que esté abierta, ¿acaso esperas a que venga tu príncipe azul?»

Él un asesino a sangre fría, dispuesto a matar con tal de alimentar las ansias de sangre de su espada, el arma con la cual mantenía un demoníaco pacto. Ella una reina que cometió el peor de los pecados al enamorarse de su principal enemigo, una joven víctima de la traición y la locura del amor. Ninguno de los dos se reconocerán a simple vista, porque ella tuvo la desgracia de morir bajo las manos de su pueblo siendo acusada por abandono. Ella era una simple joven que tuvo la dicha de tener una segunda oportunidad y descubrir los porqués de todo lo sucedido.

«No seas ridículo. No creo en los príncipes azules, una vez que los lavas terminan por desteñirse. Simplemente estaba abierta porque olvidé cerrarla.»

¿Podrán ser capaces de enfrentarse y solucionar todo sin que sus propios miedos y nuevos enemigos tomaran ventaja de sus sentimientos? Pero más importante aún, ¿podrán dejar de lado los antiguos odios desnudando sus verdaderos sentimientos, perdonándose?


Niamh M. Lockwood  
20 años • Sakura Haruno • Cherry Blossom
Aleksander
311 años • Sasuke Uchiha • Falling Down

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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Cherry Blossom el Sáb 7 Ene - 7:21


NOTHING THAT IT HAPPENS WILL NEVER FORGETS
ALTHOUGH YOU CAN'T REMEMBER
Las hebras rosadas de su cabello revoloteaban inquietas gracias al soplido del viento. Sus ocelos jades estudiaron atentamente el lugar, sin poder lograr reconocer nada a su alrededor. ¿Dónde se hallaba? Ni si quiera recordaba haber llegado allí por voluntad propia, es que desconocía por completo el dichoso lugar en el cual sus pies le hacía saber que yacía sobre tierra… tierra fría y mojada. Un segundo. ¿Mojada? Su visión descendió directamente al sostén terrestre, sus pies, encontrándose con algo que al principio la descoloco. Se encontraba desnuda de calzado, por eso estaba sintiendo la temperatura y sensación viscosa del barro. ¿Desde cuándo se marchaba a un lugar desconocido y sin sus zapatos si quiera? ¿Qué estaba sucediendo con ella?

Sorprendida volteó intentando dominar su miedo, no necesitaba exponerlo puesto que de ese modo, y seguramente, sería una presa fácil para cualquier cazador. Aunque a decir verdad ni siquiera era consciente de porqué se atrevió a suponer semejante pensamiento, solamente lo supuso, como todo lo que rodeaba su vida. Las suposiciones que inundaban los pensamientos junto con esas extrañas sensaciones que se encargaban de azotarla incansablemente, esos presentimientos que conseguían alarmarla de cualquier mal que pudiese encontrarse cerca de sí. Estremecimientos que en un principio ignoró por ser meras tonterías pero luego de grandes descubrimientos dedujo que no se trataba de algo insignificante, debía seguirlos cuando golpeasen fuertemente su pecho. Pretendían conducirla a nuevos horizontes, nuevas fronteras, ayudándola a encontrar su nuevo rumbo sorteando los mayores obstáculos.

Como en esos precisos instantes, donde sus presentimientos agolpeaban su corazón frenético por asegurarse de que el mensaje llegase a tiempo… Antes de que algo aún peor sucediese. Es por ello que tal vez la sensación de ser la presa resurgió con violencia en sus pensamientos. No se trataba de una mera sensación, efectivamente, ella era la presa. ¿Pero de qué? No se trataba de qué, sino la pregunta correcta sería; ¿De quién? El sentimiento a presentir todo a su alrededor estaba más despierto que nunca, parecía ser como si, por alguna razón ajena a ella, en ese preciso instante y lugar, ése “poder” permaneciese más brillante y activo que nunca. Ese bosque abrumado por la densidad de los árboles tenía cierta chispa de familiaridad, como todo lo que últimamente la rodeaba. Podía ser que…. ¡No! Eso sí que se trataba de una idea completamente absurda, Niamh desconocía por completo, solamente su cabeza estaba quería joderle la existencia con ideas descabelladas y sin sentido.

Unos pasos pesados la alertaron, consiguiendo que brincase del pavor que su propio cuerpo comenzó a emanar. El cazador se encontraba al asecho de su presa, la mismísima Niamh. Desorientada y sumamente desconcertadas comenzó a correr. A pesar de desconocer lo que estaba sucediendo a su alrededor notaba cierta familiaridad que, a decir verdad, parecía ayudarla a tomar algunos caminos menos frondosos en cuanto al follaje del lugar. Tras correr con el corazón en la boca unos cuantos minutos, se percató de que sus vestimentas eran realmente extrañas, una túnica que podía describirse como un vestido bastante antiguo de color blanco. O bueno, al menos lo era antes de que el color de la tierra poseyese gran parte del mismo por tanta huida. Se aseguró de que el vestido no la retrasase en su camino incierto por lo cual optó por tomarlo entre sus manos, no sin antes rasgar gran parte del mismo puesto que comenzaba a estorbarle en su maratón.  Los pasos se oían a lo lejos, mas sin embargo era conocedora que por más lejos que se encontraran pronto esa persona se hallaría junto a ella. No se trataba de un presentimiento, lo sabía. Lo supo en el momento que su camino se convirtió en un abismo infinito, uno donde una ínfima roca bajó en caída libre eternamente, nunca escuchó el golpeteo de la misma contra la tierra firme. Estaba perdida.

Volteó a apresurada, dispuesta a retomar otro camino, pero era tarde. Él la estaba acorralando con su penetrante y fría mirada, dispuesto a llevarse su vida en un abrir de ojos, no necesitaba que su pesada voz se lo confirmase, ella lo presentía. Si su impresión era grande, ahora, al conocer el verdadero rostro de su cazador sus ocelos se abrieron aún más sin siquiera importarle poder expresar ése sentimiento. Se trataba de Aleksander. El azabache no se inmuto ante su reacción, simplemente llevó sus masculinas manos al delicado cuello de la fémina, estrujando lenta y dolorosamente, mientras que la pelirosa sostenía las manos ajenas en un intento de soltarse. Sus pies no tocaban el suelo, se movían desesperados por regresar y sentir la firmeza del mismo, pero era imposible— A-Alek —habló como pudo. Si continuaba así su hora de muerte llegaría en cuestión de segundos. Una rebelde lágrima brotó de uno de sus jades, no comprendía porqué él actuaba de semejante manera para con ella luego de asegurarle que no la dañaría.

Mintió.



Pa-ra… por fa-vor —sus manotazos de ahogado no servían de nada, simplemente dejaban marcas rojizas en la pálida piel masculina. No había caso, parecía poseído por algún ente… o tal vez esa faceta era la verdadera naturaleza de él, después de todo se trataba de un asesino. La suplica pareció haber tenido su efecto positivo, puesto que el agarre disminuyó consiguiendo que cayese al suelo tomándose su cuello y tosiendo en el acto. Cuando la fémina se repuso abrió los ojos buscando a su agresor con la mirada, aun así estaba dispuesta a saber por qué se descontroló de tal manera, él no podía actuar de esa manera para con ella después que se atrevió a jugarse la vida por sus peligrosos juegos. Enfocó su visión en Aleksander, encontrándoselo ensangrentado, cayó de rodillas al suelo con su propia katana atravesándole el pecho. El grito de pavor no se hizo esperar demasiado— ¡Alek! —corrió hasta a él sin importarle cubrirse del líquido viscoso rojizo, se aferró al cuerpo, intentando retenerlo junto con ella.

No vale la pena lo que haces. Ese es el precio que un traidor como él debe pagar — una voz a sus espaldas retumbó.

Niamh aferrada al joven, con sus lágrimas bañando su rostro por completo, volteó encontrándose con su propio reflejo pero la diferencia es que su porte parecía ser más frío y un tanto arrogante. Ésa sonrisa grotesca conseguía deformar su cara volviéndola en una totalmente desconocida. ¿Qué estaba sucediendo? Ella estaba sosteniendo el cuerpo de Aleksander.

No. Te equivocas cariño. Tú no eres tú, no eres Niamh — sonrió zorruna, mostrando sus perfectos dientes blanco. Todo comenzaba a volverse tan tétrico que estaba de más agregar el susto que su cuerpo reflejaba con leves temblores — . Ese bastardo no se merece lágrimas —ahí estaba de nuevo.

¡Tú no sabes nada! —vociferó exasperada. Esa copia barata suya no tenía noción de sus palabras. Pero nuevamente las risas ajenas retumbaron en sus oídos, causándole furia absoluta, estaba colérica. ¿Qué rayos podía saber?

Una lástima que no confíes en mis palabras. Pronto comprenderás todo — nuevamente sonrió socarrona, pero ante cualquiera nueva emoción el desconcierto se instaló férreo en su pecho.

Unos cuantos mechones de cabello dorado caían cual cascadas de su hombro. ¿Qué mierda sucedía? Provenía de ella, pero su cabello no era dorado sino rosa. Todo estaba mal, definitivamente tenía que ser un sueño, otra explicación no cabía en sus pensamientos en esos instantes. Sin soltar al joven se encargó de tomarse un largo mechón dorado para confirmar que efectivamente fuese suyos, y así era — ¿Pero qué… ?

Ya te lo dije, tú no eres tú  — ahora la voz no provenía de sus espaldas, sino que esa copia barata que la descolocaba se hallaba frente a ella, contemplando el débil respirar del joven, acarició su rostro, y la verdadera Niamh juró notar que en los jades oscuros una chispa de tristeza e incluso cariño, pero tan solo por una milésima de segundos que luego se perdió en la misma oscuridad y frialdad que desde un principio mostró. Volteó con una sonrisa más cálida para ver a la verdadera Niamh, tomó su mano y le entregó algo. Ella simplemente lo abrió y desdobló el papel — Nada de lo que sucede se olvida jamás, aunque tú no puedas recordarlo — citó con firmeza. Tras abrir el papel observó una extraña figura dibujada con perfecto pulso sobre el inmaculado papel. El extraño dibujo tenia forma de cruz, pero en cada una de sus simétricas puntas contenía unos círculos, y sobre el punto medio de la cruz otra más pequeña la cruzaba verticalmente. Parecía ser un símbolo y estaba segura que eso lo había visto en otro lado, su certeza retomaba poder de su cuerpo.

El cuerpo masculino desistió y su respiración cesó de golpe
¡ALEK! gritó al darse cuenta del detalle, sin importarle que el papel se desvaneciera en el aire, al igual que la figura de la copia suya. Las lágrimas no tardaron en regresar, rompió en llanto.

Todo era tan confuso y extraño. Su rostro empapado de lágrimas y tal vez de ¿sudor? Florecían el puro reflejo del revuelo de emociones que su pecho mantenía; los espasmos causados por el llanto, las sensaciones a flor de piel…. Todo era tan real. Pero no, el mundo onírico se encargó de jugarle una muy mala pasada a su propia mente, porque ella estaba soñando.


Con Alek • escondite de Markus • Mañana/tarde
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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Falling Down el Dom 8 Ene - 22:28


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Mientras el bien y el mal estuviesen repartidos en aquel mundo tan desigual, él siempre saldría castigado cada vez que cometiese cualquiera de sus maldades. Por eso, cuando partió de su escondite, también dicha como la casa de Niamh, en busca de poder alimentar a Apofis, no había tenido demasiada suerte y había salido mal parado de ello. Como prometía el trato con Niamh, Apofis sólo podría alimentarse de sangre de delincuentes, por eso mismo había ido allí donde las ilegalidades se cumpliesen con suficiente frecuencia como para encontrar una presa antes del amanecer. Y es que debía estar de vuelta antes de que el sol comenzase a asomar su corona principalmente porque prefería no preocupar a su compañera de habitación con su ausencia sabiendo que podía pensar lo peor sobre esa ausencia. ¿Y por qué salía de noche en busca de esa presa tan deseada? La respuesta era obvia: si iba a cometer un asesinato era mejor que Niamh no estuviese consciente, más que nada por lo sensible que parecía ser con ese tipo de temas y por lo negada que estaba a cubrirle ante la ley. Por eso mismo solía ser muy cuidadoso cuando salía a cazar, cosa que sólo había hecho una vez más entre los días que ambos habían pasado juntos. Aquella última caza no parecía haber sido suficiente para Apofis, que estaba bastante insatisfecha con lo que había obtenido de esa presa, por lo que había decidido salir de nuevo en busca de llenar todos esos huecos de poder que habían sido olvidados. Sin embargo, no había sido tan fácil como él había creído. Todos aquellos delincuentes con los que se había topado eran de mala categoría, de hecho, hasta Apofis les hacía asco. Ladrones de carteras, bolsos o ambos; estúpidos ladrones de tiendas que aprovechaban la noche para entrar a robar; asesinos de navaja, etc. En fin, incapaces de abastecer a su katana, sin lugar a dudas. Así que había decidido detener la búsqueda sentándose en uno de los bancos más visibles de aquella calle de tránsito inexistente, lo cual era bastante lógico dado que algunas mafias solían esconderse entre las viviendas abandonadas más escondidas de esa calle. En cierto modo, no cesó la búsqueda, tan sólo se cansó de perseguir a la desconocida presa y esperó a que ésta llegase caminando por aquella calle con intenciones ilegales. ¿Y llegó? Bueno, considerando que diez minutos después de sentarse en aquel banco ya sentía la presencia de una persona tras él y notaba el frío tacto de un revolver en su nuca; sí, la había encontrado y dicha presa se las había arreglado para aparecer detrás suya sin que notase su presencia. Enhorabuena, sin duda era el elegido para abastecer a su espada. Ya podía notar como se relamía hambrienta.

¿Quién eres? —exigió saber la voz masculina proveniente desde su espalda con lentitud y firmeza. Podía notar cómo aquella presencia mantenía sus palabras como una amenaza, manteniendo su superioridad intacta por lo acorralado que creía que estaba el moreno. Cuán equivocado estaba.

Alek rió burlón— Bastante osado eres diría yo. —comentó calmado y relajado, como sino se hubiese percatado del tacto metálico de su cabeza que amenazaba con acabar con su vida, de hehco, incluso sonreía con satisfacción— ¿Qué pretendes, escoria? Debes saber que aquí tan sólo hay una víctima —dicho ésto, aquella sonrisa se desvanceció—, y eres tú —tan rápido como lo dijo, atrapó el revolver en un movimiento rápido e imperceptible cual trampa de osos con su mano. Sin vacilar desvió el arma hacia el cielo para que no se le ocurriese la estúpida idea de apretar el gatillo y así mientras se volteaba hacia él para ponerse de cuclillas sobre el banco y conseguir estar así a la altura de los ojos ajenos, los cuales estaban cubiertos por unas gafas de sol bastante oscuras. Escrutó el rostro ajeno mientras el hombre, que no parecía sobrepasar los treinta años, intentaba sacar el revolver e incluso su propia mano entre el agarre del moreno pero aún forzándolo con todas sus fuerzas, no lo consiguió. El hombre aprovechó el momento de distracción de Alek con su rostro para lanzar con su mano restante un puñetazo hacia el rostro del moreno, éste reaccionó rápido y desvió el puñetazo con el filo de su espada desde abajo, provocando un gran corte en la mano ajena. Permaneció su espada en alto junto a su mano mientras la extremidad sangraba y manchaban la espada con ese líquido rojizo. Esperó y no demasiado tarde, pudo observar cómo su arma absorbía aquella sangre con deleite, provocando una sonrisa de tiburón al cazador. Volvió su mirada a aquel que tenía delante con la misma mirada depredadora mientras que su víctima mostraba una expresión de desconcierto ante la escena, incluso parecía preocupado. Una lástima. Con un ligero movimiento de brazo, lanzó un corte perpendicular hacia el hombre, en cambio, su corte tan sólo atravesó el viento ya que el receptor se había agachado a tiempo a pesar de la velocidad del ataque.— No esperaba menos de alguien escogido por Apofis. —comentó socarrón, pero antes de poder llevar a cabo otro ataque, el hombre que tenía más gomina que pelo en su cabeza regresó a la altura de sus ojos pero ésta vez con su pierna alzada y dirigiéndola con rapidez hacia él, para su sorpresa, el golpe no fue dirigido hacia él y eso que pretendía defenderse con su brazo, sino que fue a dirigirlo hacia el agarre, consiguiendo que soltara tanto su mano como el revolver, lanzando el arma lejos de ellos. El hombre al instante apoyó sus brazos en el suelo trasero para dar una voltereta y alejarse de él, adentrándose en un callejón que estaba tras ellos a saltos y sin quitarle el ojo a Alek. El moreno miró al jadeante hombre sin expresión desde el banco.— Bueno, veamos de lo que eres capaz. —dijo en un suspiro. Saltó desde el banco hacia él con la espada en alto y en cuanto estuvo suficientemente cerca, comenzó a atacarle con cortes desde la distancia mientras él los esquivaba con saltos y movimientos ágiles, pero se le notaba la desesperación en su rostro lleno de sudor y su expresión. Pero debió darse cuenta que al defenderse tan sólo retrocediendo pronto daría con una pared que le impediría la salida; la desesperación por vivir le jugó una mala pasada por lo que cuando ésta pared llegó, quedó completamente pálido sobre ella y su muerte se demoró junto a las palabras de su asesino.— Qué decepción, esperaba algo más. —desilusionado protestó y seguidamente, su espada atravesó el cuerpo ajeno y el silencio se generó tras un grito de dolor. Dejó que el cuerpo cayese, pero con su ayuda ayudó a que la caída fuese más delicada y así, abasteció a su katana suficientemente antes de que otra sorpresa atacase por detrás nuevamente.

El sonido de una bala llegó a los oídos de Alek y sin problemas pudo evitar que ésta atravesase su cuello, aunque un segundo de vacilación y hubiese dado en el blanco, y por si acaso las sorpresas dadas no hubiesen sido suficiente, apareció una segunda bala que acompañaba a la anterior en silencio, siendo percibida demasiado tarde e introduciéndose en su hombro con un dolor agudo. Arrugó su rostro y dirigió su mano hacia el punto donde había sido alcanzado.— Hijos de puta... —dijo soezmente antes de volverse sin ganas hacia ellos y arrebatarle los cuchillos a aquel que corría en su dirección preparado para apuñalarle. Al arrebatárselos, atacó con su codo hacia su cara, desviándolo hasta la pared de al lado y quitándolo de su camino para lanzar un cuchillo con velocidad a uno de los integrantes del grupo que probablemente eran compañeros del que había matado por el aspecto. Se clavó en el corazón de la persona y se derrumbó dándole tiempo para escapar a Alek, apoyándose en algunos contenedores para saltar por encima del muro y salir corriendo entre las calles desoladas de la ciudad. Corrió hasta que aquella estúpida herida fruto de un error que no parecía perdonarse comenzó a molestarle de tal manera que tuvo que refugiarse en el portal de una casa abandonada para descansar. Aquella herida comenzaba a chorrear sangre por no hablar del dolor, al que por suerte andaba acostumbrado. Parece que Niamh no se va a cansar de lavar sangre con una persona como tú. Mandó a callar a su subconsciente y sacó el cuchillo que había robado para introducirlo en su herida sin vacilar. Debía sacar aquella bala de su hombro. Removió aquel cuchillo entre su herida en búsqueda de la bala, lanzando algunos gruñidos de dolor mientras lo hacía, notando como aún comenzaba a manar más sangre. No tardó en encontrar el objeto perforador, lo difícil fue arrancarlo de su cuerpo y cuando lo consiguió, lanzó el último gruñido para acabar sacándolo con desprecio, derrumbándose hacia delante. Soltó el cuchillo ensangrentado y comenzó a descansar respirando con fuerza, pero no se dio demasiado tiempo el privilegio de descansar por lo que enseguida estaba de pie apoyado con una mano en la pared.— Voy a tener que despertar a Niamh... —murmuró pesadamente en un suspiro. Sin vacilar, comenzó a correr.

A pesar de la herida en su hombro, no parecía mostrar síntoma de molestia e incluso corría entre las entrañas de la ciudad sin ninguna dificultad. Quizás le preocupaba el no saber cómo podría reaccionar Niamh cuando le dijese que necesitaba su ayuda médica, el primer día no había necesitado si quiera perdírselo para que curase su herida pero los siguientes días no había vuelto a su casa completamente intacto, por lo que no sabía cómo se lo tomaría, más sabiendo que tendría que privarla de su sueño. Aunque según lo que le había dado tiempo de conocer, era demasiado caritativa y dulce, de hecho, conseguía irritar a Alek con su amabilidad, claro, que él era un asesino y como cualquiera de ellos, no toleraba ese tipo de sentimientos, en cambio, se iba acostumbrando a que bajo la faceta de burlas que ella hubiese una cara dulce y altruista. En cualquier caso, no entendía por qué dudaba de la fidelidad de Niamh cuando era ella quien debía dudar de él. Resultaba ridículo. Aceleró el paso y pronto llegó a visualizar su ahora establecido refugio. Se paró enfrente de ella y comprobó que no hubiese ninguna luz prendida, manteniendo su mano sobre su ensangrentada herida mientras observaba la oscuridad del interior de la casa. Saltó siguiendo su habitual recorrido para terminar sobre la superficie de la terraza y se encontró con esa puerta corredera que permanecía día y noche abierta para el fácil acceso de Alek. Intentó ser lo más sigiloso posible, cualquier ruido podría ser detectado por la tía de Niamh y más teniendo en cuenta qué tan silenciosa se cernía la noche aquel día. Sin más dilación, deslizó la puerta para entrar en la habitación de olor tan conocido. Entró lentamente, mirando allí donde se suponía que su compañera de cabellos rosas estaría descansando, pero según fue acercándose hacia ella, Alek comenzaba a dudar si de verdad estaba descansando. Ella no podía estar en peores condiciones;  lloraba y sudaba a la vez que aún mantenía sus ojos cerrados; su rostro daba de pensar que no estaba pasando por algo agradable y eso consiguió detener el paso del moreno por la impresión que le causó verle de aquella manera. Por breves instantes, lo único que hacían presencia eran sus ojos los cuales se encargaban de observar a la fémina en esas condiciones, sin saber qué pensar y qué hacer. Retomó su lento paso y se detuvo al lado de la cama de Niamh, sin saber aún que hacer, de hecho, ni siquiera entendía bien qué es lo que le estaba pasando pero supuso que estaba soñando. Aún desconcertado, comenzó a tocar el hombro ajeno con golpes en un intento de despertarla.— Niamh, Niamh... Despierta, d-deja de llorar, vamos.   —dijo en un tono neutro; más bajo de lo normal. Era obvia su impotencia y sus ojos parecían mostrarla con claridad, por lo que cuando fue a peor y Niamh comenzó a llorar con más frecuencia y comenzó a quejarse por lo bajo de manera ininteligible, él dejó a un lado su desconcierto para que se hiciese notar su preocupación, e incluso hizo presencia de una manera peculiar siendo el goteo de su herida que comenzaba a ser más rápido y fluido el testigo de sus nervios. Dejó de tapar con su mano su herida para darla por olvidada mientras que se concentraba en hacer despertarla. La cogió de un hombro con la mano que no estaba salpicada por sangre, encorvando su espalda para poder estar cara a cara y así comenzó a sacudirla un poco, resultando completamente inútil.— Eh, Niamh. Vamos, no puedes estar en serio. Despierta. —notándose en su voz la desesperación, recogió con su otra mano su otro hombro y alzó un poco la parte superior de su cuerpo, dándole aún sacudidas que se volvían cada vez más desesperadas. Todo lo que hacía era y parecía inútil, la fémina cada vez parecía estar más atrapada por la pesadilla y sus acciones no parecían hacer nada al respecto. Ni siquiera era capaz de salvarla de una pesadilla, ¿cómo iba a poder asegurarle que su vida no correría peligro con él? ¡Bah! Estaba comenzando a desesperarse y sus pensamientos comenzaban a descontrolarse.— ¡Niamh, Ni-...! —en cierto momento, fue interrumpido por una voz de tal manera que tanto su voz como las sacudidas se detuvieron para dejar oír a esa voz que gritaba un nombre.

Su nombre.

Niamh había gritado su nombre y sus lágrimas habían vuelto a dejarse caer mientras lo demás era silenciado y menospreciado cuando estalló en un llanto. En ese mismo instante, los ojos cerrados donde Alek había estado buscado encontrar el verde esmeralda, se abrieron. Observó la escena desconcertado, no sólo porque hubiese despertado por fin, sino porque aún le mantenía en confusión que hubiese gritado su nombre. Intentando no darle demasiada importancia, decidió dejar la vacilación para otro momento y se dedicó a observar el despertar de la fémina. El ver sus ojos por fin resultó calmar el goteo de la sangre de su herida, volviendo a su ritmo lento, pasando aún desapercibido por el moreno, quien ignoraba la herida.— ¿Niamh? ¿Qué demonios te ha pasado? ¡Me has preocup...! —exclamó. Cortó sus palabras antes de decir algo indebido, no porque fuese algo que no debiese decir ante la presencia de la fémina pero sí era algo que no debía sentir. Igualmente, sí había estado preocupado; era innegable. Los hombros ajenos aún seguían atrapados por las manos de Alek, elevando la espalda de Niamh y manteniéndola a la altura de sus ojos, y cuando él se quiso dar cuenta, su sangre había manchado todo el hombro ajeno. Apartó apresuradamente su mano de su hombro y al instante, el dolor volvió a su hombro. Se derrumbó en el suelo de rodillas y atrapó su herida de nuevo sin soltar los hombros femeninos. No debía haber mostrado su herida ni dar síntomas de que allí estaba pues ella no estaba en condiciones de curarle por el momento, ni siquiera quería preocuparle. Pero ella ya era consciente de ella, sino era por el dolor que había recorrido su hombro era por la sangre que había en el hombro de ella. Por lo que se levantó apoyándose en su rodilla, dejando de sujetar lo hombro de ella una vez despierta y comenzó a andar por la habitación en dirección al baño— ¿Dónde están las vendas? —preguntó al detenerse en medio camino y dirigir su mirada al rostro femenino— Y ni se te ocurra moverte; hoy puedo yo. —avisó antes de que a ella se le pudiese ocurrir levantarse en esas condiciones a curarle la herida. Probablemente sólo había sido un mal sueño, pero parecía haber sufrido bastante con ello, por lo que, aunque no pudiese darle el cariño paternal que recibían los niños en situación de haber sufrido una pesadilla, al menos no iba a dejar que se preocupase por él cuando tenía suficiente con su propia pesadilla. Incluso retuvo preguntar qué había soñado para que así pudiese olvidarse de ella, pues tan sólo era una pesadilla. En cambio, aún le mantenía en desconcierto el haber oído su nombre.


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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Cherry Blossom el Lun 9 Ene - 23:38


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ALTHOUGH YOU CAN'T REMEMBER

Oscuridad. Las emociones tan vívidas e incluso las voces tan familiares en la lejanía impedían que rompiese ese abismo que la separaban de la realidad, del mundo lógico y racional al cual ella pertenecía. Al parecer tanto Morfeo como los inexplicables y tediosos sueños parecían dispuestos a encadenarla en su mundo, privándola de todo contacto con la realidad, de hecho eso explicaba que ni siquiera fuese consciente de las intensas sacudidas que su cuerpo sufría gracias a que Alek venía en su salvación. Pero no había caso, estaba sumida en una eternidad de pesadillas constantes, como la mayoría de las noches en las que algo se desató en su interior luego de la perdida de sus padres. Podía sonar un tanto extraño e ilógico pero su presencia en su vida se trataba como una especie de sellado que le impedían a las pesadillas ingresar en su cabeza, casi como si ambos se tratasen de un atrapa sueños dispuestos a batallarlos hasta el cansancio resguardando la seguridad de su niña al máximo. Ya nada volvería a ser como antes, nunca jamás. Niamh perdió ese artefacto con la partida de sus padres, pero lo más inquietante de todo es que, a pesar que no fuese consecuente con su pasado, al regresar a la ciudad en la cual residía en esos momentos dichos tormentos aumentaron con creces.

Las cadenas parecían ser lo suficientemente resistentes ante sus constantes zamarreos para deshacerse de las mismas. ¿O sería que ella no se movía y quien lo hacía por ella era Alek? ¡No! Definitivamente ella luchaba en su fuero interno por librarse de la fatal y catastrófica pesadilla, era demasiado. Una muerte, una verdad y otra incógnita que resolver. Si ya tantos misterios aglomeraban su mente ése mismísimo tipo de hechos terminaban por dejarla por completo en un estado de languidez absoluta. Tal vez las cadenas se aferraban aún más a sus extremidades, casi rozando lo extremo, como si le dejasen marcas de las cuales permaneciesen en su cuerpo cual marca de propiedad, de castigo. Los eslabones de metal quemaban en su delicada piel, como todas las veces anteriores cuando transitaba por aquello. Sólo que esta vez las mismas parecieron retraerse cual presa asustadiza tras ver a su cazador. La voz de Alek y la intervención por parte de él lentamente lograron que las ataduras mortales de la joven se alejaran de ella, y que comenzara a ser consciente que debía regresar al mundo verídico. Que sus visiones se trataban simplemente de eso, visiones alteradas por su retorcida mente.

¿Alek? ¿Ésa dulce y melodiosa voz se trataba del nombrado? ¿O es que su sueño cambiaba de escenario mostrándole otra escena trágica, donde él perdería la vida nuevamente con otra forma más atroz que la anterior, y aún más extraña? No, definitivamente eso no volvería a suceder. Se trataba de su voz, él la estaba llamando, protegiendo de sus malos hábitos a la hora del sueño, de las tan fatídicas y tediosas pesadillas carroñeras dispuestas a corroer por completo su sentido común para perderla en un limbo, en perfecto hiatus. Aleksander había regresado y estaba a su lado salvándola nuevamente, tal vez no se trataba de una misión de vida o muerte como al joven prefiriese sortear, pero aun así el que la rescatase del infierno personal de pesadillas. Era momento de regresar y comprobar con sus propios ojos que nada de lo que su retorcida mente creó fuese la pura verdad.

Paulatinamente sus ocelos jades comenzaron a abrirse muy perezoso, enfocando así el rostro masculino de Alek, que en un primer momento contempló su semblante de seriedad pero no por eso menos preocupado, o al menos esa fue su primera impresión. ¿Desde cuándo él se tomaba molestias y preocupaciones por una simple y débil humana? A pesar intuir semejantes sentimientos por parte del joven, su mirada yacía perdida en algún otro sitio muy lejos del planeta tierra, podía leer sus labios, escuchar sus palabras pero parecía ser como si su cuerpo permaneciese dormido y estático, con pavor de dar un solo paso y que la realidad se estallara en mil pedazos como un espejo viejo. Las lágrimas manchaban su -ahora más- pálido rostro, las cuales se mezclaban con el sudor frío que recorría todo su cuerpo. Cuando el joven cayó de rodillas al suelo provocando un seco golpe, y el olor a sangre inundó sus fosas nasales la alertaron de que no se trataba de un sueño, estaba viviendo su vida. Ella era Niamh, y estaba allí junto con Alek tan vivo y coleando como siempre… O bueno, algo así.

Sus lágrimas retomaron su recorrido y cuando Aleksander la obligó a permanecer en cama fue cuando, sin importarle un rábano su orden, brincó de su cama e hizo algo que jamás se le cruzó hacer. Corrió los pasos que lo separaban y se aferró a la espalda ajena con ahínco, extasiándose del olor masculino del joven, otro detalle más que resultaba inminente para reconocer la realidad. Él estaba bien—  Lo siento, lo siento —repitió incansable, como si ella tuviese la culpa de haberlo asesinado en su propio sueño—  . Estás vivo —alegó finalmente, en lo que se aferraba aún más al cuerpo ajeno. En esos momentos no le importaba absolutamente nada; que él pudiese tirarla al suelo y ser tan borde como siempre por actuar tan precipitadamente, o que soltase una broma para picarla, lo único que en esos instantes pretendía era saber que el azabache estaba con vida, junto a ella. Pegó su frente a la amplia espalda masculina, sintiendo como los ríos que surcaban su rostro comenzaban a caer cual cascadas directo al suelo. Tal vez para él resultase ser algo extraño, y precipitado, mientras que para ella se trataba de todo lo contrario. Esas pesadillas siempre mantenían un secreto, algo de lo cual, al fin de cuentas terminaba por cumplirse, tal vez no al pie de la letra porque sueños, sueños son pero aun así terminaba sucediendo. Y no quería transitar por la angustia que sufrió en ese sueño, porque si debía ponerle algún nombre Niamh simplemente lo nombraría como dolor, sufrimiento y desgracia. Eso ya lo pasó por bastante tiempo, no permitiría jamás que algo como eso volviese a suceder, y mucho menos con alguien que, a pesar de sus permanentes discusiones y piques, terminó por encariñarse lo suficiente gracias a su ingenuo y dulce corazón. Seguramente fuese demasiado rápido, está bien. Pero nadie puede poner un tiempo lógico y racional para que alguien despierte dichas emociones y sentimentalismo en otra persona, además la pelirosa contaba con un corazón tan dulce, delicado y gentil que sería capaz de dar todo por cualquier persona, y él le demostró lo fiel que era en cuanto a sus palabras, y si Niamh valoraba algo se trataba de la palabra de cada quien sumado a la verdad. Y Alek lo había cumplido… Quitando el hecho de que se escabullera para saciar su sed de sangre.

En esos instantes ni siquiera eso le interesaba, con sólo saber que su sueño no cumplió su cometido más que asustarla logró calmar su sufrimiento, aunque eso sí, el mal sabor de boca continuaba haciendo estragos sobre ella volviéndose completamente visibles por sus pintas. Sus jades se abrieron de par en par cuando recordó la situación, ¿acaso él le estaba pidiendo que se cuidase? Claro que no, podía estar un tanto débil luego de semejante horrible sensación, pero debía cumplir con su deber, necesitaba cumplir su promesa, por más cansada que se sintiera no iba a abandonar al azabache en tales condiciones. Separó lentamente su frente para luego limpiar sus lágrimas y así poder tirar de la prenda ajena—  Estoy bien, sólo necesito cinco minutos y estaré como nueva —aseguró en lo que se encargaba de arrastrar al joven por su habitación hasta sentarlo en su cama—  Descuida, yo prometí que te curaría y es lo que haré. Un sueño no puede vencerme —sus labios revelaron una mueca parecida a una sonrisa, una que escondía miles de sentimientos encontrados luego de su ajetreada noche—  Tu herida es más importante que una mera pesadilla — salvo que ésa no se trataba de una simple pesadilla, y más tarde lo averiguaría. Observó la prenda repleta de sangre, topándose con la herida en cuestión que por supuesto brotaba más sangre cada momento que pasaba— . Necesito que te quites la camisa y no hagas que te la quite yo misma. En seguida regreso. Por favor recuéstate o podrías marearte, hazme caso una vez —rogó cansada, sin más volteó y corrió hacia el cuarto de baño, donde rebuscó entre sus cosas el pequeño botiquín que llevaba siempre a clases de medicina. Al hallarlo lo tomó entre sus manos y salió, no sin antes toparse con su propio reflejo en el espejo, frenó en seco para contemplar la vista que le regresaba; sus rosados cabellos desordenados denotaban que acababa de despertarse, las marcas de llanto seco, las leves ojeras bajo sus parpados y la mancha de sangre sobre su hombro, la cual en ese mismo instante se percató de ella. Dio un brinco y contempló mejor el lugar, temiendo que su sueño se tratase de algo más que un simple sueño, pero entonces recordó como Alek la sostuvo y todo tuvo sentido, era la sangre de él. No era buen momento para perderse en sus pensamientos y en cómo se veía, necesitaba asegurarse que no sufriera más lesiones. Y esperaba que él no se pusiera en papel de niño pequeño con sus patéticos caprichos porque no se hallaba de humor para soportarlo, tan sólo quería ayudarlo.

Llegó a su cama, se sentó en el borde de la misma y observó con detallada atención la herida, agradeciendo eternamente que no opusiese resistencia. No había dudas, se trataba de una bala, dejó sus elementos a un costado y se dedicó a revisar mejor la lesión, acertando sus sospechas. Miró de reojos al joven, fulminándolo con su mirada. Aun podía estar media aturdida y algo perdida pero no estaba tan tonta para percatarse del porqué él regresó con algo semejante. Se había marchado para darle rienda suelta a sus instintos asesinos. Suspiró, sabía que sería absurdo acordar algo así. Ella permaneció despierta a la espera de él, siempre lo hacía desde que compartían cuarto, incluso muchas veces ella permanecía estudiando pero esa noche no aguantó más y terminó por entregarse a los brazos del Dios del sueño desconociendo el motivo del porqué Aleksander se marchaba. Ahora ya lo sabía, aun así no podría nunca reprocharle nada porque por más que quisiese no formaba parte de sus intereses, o al menos eso es lo que seguramente el azabache le respondería.

Niamh siempre sobreponía los problemas de los demás antes que los propios, y esa vez no sería la salvedad, después de todo ella podría sobreponerse y curarlo sería el medicamento apropiado para que se olvidara del infierno vivido—  . No quiero ni saber cómo sucedió esto, ¿pero una bala? —suspiró y descubrió que la misma había sido retirada. Lo bueno es que al parecer no tocó ningún nervio pero necesitaba saturar antes de que perdiese más sangre—  . No vuelvas a quitarte una bala o tal vez podrías no estar contando esta historia, esto es mi trabajo —reprochó sin obsérvalo realmente, estaba ocupada rebuscando entre sus pertenencias las gasas para desinfectarlo apropiadamente porque teniendo en cuenta que se trataba de Alek lo más probable —y se jugaba la cabeza— a que no lo retiró cerciorándose de que se tratarse del objeto apropiado. Suspiró mientras inundaba una gasa con un líquido, volteó a verlo— . Esto arderá — advirtió prosiguiendo a desinfectar. En esos momentos podría estar gritando como loca y recriminarle lo estúpido que era por adentrarse de cabeza al peligro y regresar con semejantes fachas, pero lo cierto es que no tenías las fuerzas suficientes como para hacerlo, el dolor, seguramente, ya se encargaría de recordarle lo imbécil que resultó ser. A decir verdad no tardó demasiado en realizar su tarea puesto que simplemente se trataba de limpiar. El siguiente paso sería el más doloroso, no pensaba simplemente poner una gasa para que la sangre coagule y ya, ¿qué clase de estudiante de medicina haría eso con su paciente herido por una bala? Ninguno, ella mantenía firmemente sus ideales y eso no contaba como tal. Dejó los elementos ya utilizados en la mesa de noche para luego asegurarse de botarlos al cesto de basura, para luego dedicarse a rebuscar entre su botiquín lo siguiente que utilizaría. Una vez con todo listo se abstuvo a comenzar sin indicarle al joven lo que sucedería a continuación—  . Tendré que saturar la herida porque es profunda y puedes desangrarte si no lo hago — le mostró una aguja lista para realizar su labor, luego extendió una mano y tomó la ajena sonriéndole con dulzura. Ésa sí que parecía una sonrisa más natural, las que estaba acostumbrada a formar a pleno día, parecía ser como si Niamh regresase a la normalidad—  . Puedes apretar mi mano si te duele —era consciente que con lo orgulloso que Aleksander era no permitiría evidenciarlo con un acto tan patético como ese, aun así ella no sería una desalmada en hacerle pagar la falta grave ante sus palabras generándole más dolor del que ya contaba. No esperó más, y simplemente se dedicó a cerrar esa herida lo antes posible. La labor se dificultó un poco al tener que llevarla a cabo con una sola mano, pero no podía negar que tenía cierta práctica con ello puesto que el altruismo que corría por sus venas era más fuerte que ella y cuando le tocaban ese tipo de tareas, y sobre todo con niños pequeños, les cedía su mano como confort haciéndoles saber que se encontraba con ellos, que no los dejaría. Como en esos momentos hacía para con Aleksander.

Los roles se habían invertido en un pestañear de ojos. Niamh pretendía activar sus habilidades cuidando a su compañero de cuarto, dejando de lado el llanto y el mal sabor de boca para que ahora se lo transmitiese a Aleksander quien parecía estar sudando. Definitivamente semejante herida no se trataba de nada bueno y podía ser que su cuerpo comenzase a arder por la pérdida de glóbulos rojos en su sistema, nada que un poco de descanso no solucionase.  El siguiente paso luego de terminar con la intervención precipitada sería mandar a dormir a su paciente, y no esperaba una negativa como respuesta, sería denegada rotundamente.


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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Falling Down el Jue 12 Ene - 1:24


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Era realmente estúpido pensar que Alek no se había visto de alguna manera preso del pánico o la desesperación ya que sin saberlo sus ojos le habían desvelado en pleno acto. La situación, o más bien la relación, de ambos se había torcido de tal manera que el sufrimiento de ella ahora conseguía provocar un picor constante que le pedía ayudarla, y aunque el picor aún fuese leve, iba en aumento. Ese picor era provocado por la presión que ejercía el tratado, pues leal a sus palabras él cumplía su promesa y se negaba a ignorar ese sufrimiento. No creo que sea necesario decir que el factor que más movía a Alek a la hora de ayudar a Niamh era esa familiaridad que tantas veces había conseguido moverlo en busca de respuestas a pesar de que en aquel momento eso no era lo que buscaba, de hecho, no buscaba nada en general sino que tan sólo esa familiaridad le empujaba para protegerla convirtiéndolo en una necesidad que sólo conseguía saciar al ver a la pelirrosa realmente bien, tanto física como psicológicamente. Era así de simple, y sinceramente, Alek prefería pensar que su preocupación venía desde la familiaridad que por la relación que ambos tenían, a la cual no conseguía ponerle un adjetivo. Era demasiado orgulloso como para reconocer que la relación de ambos se pudiese basar en un buen sentimiento, en uno de esos sentimientos con los que él relacionaba constantemente a los débiles. Y es que ya es obvio que Alek es una persona testaruda como un niño e insensible con cualquiera, aunque últimamente dejaba ver su mejor cara ante la fémina, a la que ya ni siquiera pensaba en acercar su espada con instintos asesinos. ¿Se podía decir que la bestia estaba siendo domada? Probablemente era mejor pensar que no ya que de otra manera cualquiera podría sorprenderse cuando la bestia volviese a sacar su peor cara, de hecho, su confianza estaba en un límite que no solía sobrepasar nunca, un límite que no era suficiente como para que no nos sorprendiese algún día traicionando a Niamh, cosa que por el momento no se le pasaba por la cabeza.

Y aunque rechace todo buen sentimiento, aunque rechace completamente cualquier signo de cariño y aunque rechace ser tratado con aprecio, siempre habrá un momento incierto en el que ser querido por alguien sea algo, más que repudiado, acogedor. Por eso cuando se dispuso a entrar al cuarto de baño y escuchó los pasos de una Niamh saltando de la cama como si minutos más tardes no hubiese estado asumida en una inconsciencia horrible, por unos minutos llegó a pensar que la provocadora de aquellos pasos sólo se dirigiría a él para pararle los pasos y obligarle a olvidar la idea de que curaría su herida él solo. Pero no, no tuvo nada que ver. Al notar sus delicadas manos amarrar su cuerpo con fuerza, al notar el femenino rostro sobre su espalda y al notar la humedad de las lágrimas mojar su prenda superior, sólo pudo contener sus pasos y detenerse con sus ojos realmente abiertos. Esa acción puso su mente en blanco al instante, como si tuviese miedo a reaccionar de una manera u otra, como si aquel signo de aprecio, que debía rechazar por sus ideales, fuese tan desconocido como inesperado. No debía menos que preguntarse el por qué una mortal aprisionaba en un gesto de cariño a un pecador de insaciable sed, habiendo sido testigo de una pequeña parte de su instinto asesino y habiendo puesto su vida en riesgo más de una sola vez. No era nada coherente; no había coherencia, pero tampoco la había en que Alek no hubiese ya apartado a la fémina. No debía, no debía, no debía... ¡No debía aceptarlo! Sus ideales rechazaban cada uno de los buenos sentimientos, de los sentimientos humanos, y esos pensamientos a favor de la insensibilidad eran los que provocaban que su cuerpo se mantuviese en tensión ante ese gesto, no debía permitir que nadie transmitiese ese tipo de sentimientos a él. Debía, debía apartarla. Pero entonces, en lo que para él fue un eterno shock y para otros unos leves minutos sino segundos, escuchó la voz femenina de la forma más delicada. Ella pedía perdón mientras él se mantenía desconocedor del por qué, considerando que su perdón se debían al haberle mantenido preocupado por ella y descartándolo con sus siguientes palabras. Su sorpresa llegó con mayor impresión que las demás siendo provocada por sus palabras, pero cual llegó, se fue al instante con un suspiro literal que había retenido en antaño. Sus ojos dejaron de expresar una confusión inminente para expresar su rendición, una rendición que provocó el destensar su cuerpo y el aceptar aquel abrazo sin mínimo rastro de desprecio. Bajó su mirada al suelo y dejó que ella se amarrase a su cuerpo. No podía hacer menos, probablemente no entendía demasiado de sentimientos pero daba por hecho que un abrazo le serviría de apoyo después de su mala experiencia. Sin pretender preguntar el por qué de sus últimas palabras, se mantuvo firme y, de alguna manera, cómodo entre sus brazos. Porque lo que no supo tranquilizar en ella con palabras, lo intentó hacer aceptando ese abrazo.

En pleno estado de calma, ella separó su cuerpo del suyo sacándolo de su estado de tranquilidad y ladeando su rostro para mirarle a través de los mechones de pelo que caían como flequillo, dejando fuera de visibilidad a sus oscuros fanales. Nuevamente ella interrumpía su momento de protestar cuando se lo llevó arrastrado a la cama y como perro obediente, se sentó, no sin antes poner una mueca ante su insistencia. Ella podía decir que aquel sueño tan sólo había sido una mera pesadilla pero de ningún modo él iba a creerle, no cualquier pesadilla conseguía retener a una persona tanto tiempo entre sus cadenas y conseguía hacer a esa persona afrontar tantos sentimientos. Aunque, ¿qué iba a decir alguien que hacía incierto tiempo que no soñaba absolutamente nada? Porque sí, él ya no soñaba con nada; los sueños se habían marchado, ¿quién sabía cuando y con qué? Quizás con su mortalidad, quizás con su humanidad o quizás con sus sentimientos, quizás más pronto o más tarde; no lo recordaba. Igualmente, era un tema que tenía afrontado. Sin más, escuchó las indicaciones de la fémina y quiso ponerle un toque jovial a la situación tras su comentario, que consiguió sacarle una sonrisa altanera mientras permanecía calmado en la cama con los ojos decaídos sino cerrados. Sin cambiar demasiado su expresión, a parte de su sonrisa que se desvaneció mientras ocurría, sacó las mangas de sus hombros y las dejó caer bajo su cadera.— No me vengas con eso; sé que echaste más de una mirada cuando me desvestí en el bar. —respondió con un tono socarrón, sin poder decir lo mismo de su expresión. Siendo más indicaciones mientras ella se ocultaba en el cuarto de baño, se recostó sobre la cama con su espalda desnuda y lista para ser inspeccionada. El dolor seguía allí sin ninguna duda, pero después de que ella le hubiese abrazado la había ignorado completamente hasta que intentó poner su brazo estirado y por debajo de su cabeza, haciéndole recordar el dolor, por lo que dejó éste brazo caído por el lado de la cama. No sabía cómo ella había aceptado curar sus heridas, probablemente cada cierto tiempo iba a tener que limpiar la sangre que él iba derramando, pudiendo ser de él o ajena, así como cual niño que vuelve tras jugar bajo la lluvia y el barro.

Estando allí sólo podía pensar, a parte en lo intensificado que resultaba el olor de Niamh en aquel lugar, en cómo ella había gritado su nombre, en cómo él había sido testigo de sus lágrimas y en cómo ella había confirmado que seguía vivo. Parecía obvio que él había entrado en ese sueño como un personaje más de él y por ello se preguntaba si era él el causante del sufrimiento de aquella pesadilla, de que llorase quizás de terror o simplemente de que aquello fuese una pesadilla. Porque no creía que de otra manera pudiese soñar con él, pues obviamente no sería el héroe en sus sueños. E interrumpiendo esos pensamientos, por suerte se podría decir, Niamh volvió para comenzar a inspeccionar la herida. Por lo que había averiguado, Niamh era una estudiante de medicina, cosa que había sospechado en unos comienzos cuando curó su herida el primer día, y como le avisó, tendría tiempo para practicar con él fuera de clase por la frecuencia de heridas que solía llevar, aunque tampoco tendría mucho con lo que experimentar dado que sus heridas solían ser prácticamente insignificantes, de hecho, pocas veces había sido herido por una bala.

No podía negar que para ser herido por una bala debía haberse metido en problemas, pero tan sólo no había podido evadirla porque los cobardes habían aparecido de la nada y le habían atacado por la espalda cuando tenía la guardia baja.— Ya te dije que mi espada necesitaba sacrificios, a veces tengo que salir en búsqueda de ellos y a veces acabo herido, no muchas por un arma de fuego. —explicó con monotonía. Aunque no fuese algo común y fuese realmente extraño para un humano como lo era ella, él lo dijo como si fuese algo normal y diario. Y según lo que había dicho ella daba por hecho que no le gustaban ese tipo de salidas, cosa que resultaba obvia sabiendo lo poco tolerante era con su instinto asesino— No te avisé de que ése era mi motivo de salida porque pensé que sería mejor que no lo supieses. —se intentó justificar acomodándose en el brazo que tenía bajo su rostro. Asintió ante su comentario y no se molestó en replicar que la bala le molestaba al correr y le provocaba más dolor, sería inútil intentar defenderse ante una estudiante de medicina. Fue avisado de cuán dolería el primer paso en la curación de la herida, pero no le dio demasiada importancia a lo que tampoco le hizo caso omiso, siendo consciente de que dolería y agarrando la almohada en un puño cuando comenzó ya que, bueno, ningún dolor es agradable. Encorvó ligeramente la espalda como reacción a la punzante sensación que recorrió su hombro casi por sorpresa, a pesar de haber sido advertido. Disimuló ese dolor sin oponer ningún tipo de queja pues aunque fuese menos que otros dolores que había experimentado y aunque fuese por ello más tolerante al dolor, un dolor no dejaba de ser un dolor. No se movió lo más mínimo según transcurrió la limpieza y cuando terminó, soportando el arder de su herida con suficiencia, suspiró aliviado sin moverse. Por lo visto, aún no había acabado, tampoco esperaba que un disparo fuese tan fácil de curar. Entre un suspiro y otro, rió como si el comentario de la fémina hubiese sido lanzado en broma.— ¿Quién te has creído que soy? —se mofó— Ésas personas a las que ofreces tu mano de esa manera no han sentido ni la mitad del dolor que yo he sentido en toda mi vida. —contestó altanero pero sin desechar esa pizca socarrona que tenía su voz, incluso la sonrisa, secuela de las carcajadas anteriores, daba credibilidad al tono socarrón, aunque el orgullo fuese dominante. Eso sí, no expulsó la mano ajena de la suya, dejó que aprisionara su mano con dulzura, siendo completamente ignorante de ese sentimiento, y no soltó la mano ajena.

En el instante en el que la aguja tocó su herida, a Alek se le desvaneció en el instante la sonrisa. Aquella vez el dolor llegó más ardiente provocando que su espalda se encorvara más de lo anterior, aún en el intento de no hacerlo, y absorbió saliva provocando un sonido de ''shh...'' al llegarle de sorpresa esa sensación tan abrumadora. Separó su rostro de su brazo y se dedicó a soportar el dolor. El sudor comenzó a manar de él junto con la sangre que rodeaba toda su espalda, notando como gotas caían desde las raíces de su pelo y caían sobre la almohada de Niamh sino en el propio brazo del moreno. Era un dolor tan abrumador como todos, tan insoportable como todos y tan molesto como todos, pero igualmente se resignó y no mostró, o al menos eso intentó, su dolor con gritos ni sonidos más que el tragar de su saliva. En ningún momento apretó la mano de Niamh, mantuvo su fuerza controlada pues sabía que podía herirla si se dejaba llevar, por lo que el único músculo que no estaba en tensión era su mano. Esperó a que el tratamiento terminase y cuando ese momento llegó, expulsó todo el aire contenido y por un momento permaneció tan sólo respirando. Notó cómo su cuerpo ardía, mucho más que cuando la bala dio contra su cuerpo. Separó su mano de la de Niamh para poder apoyarse con ambas manos en la cama con dificultad y alzarse poco a poco, pero al no conseguirlo, se derrumbó en la cama.— Me arde... la espalda y estoy... empapado. —se quejó entre suspiros. Estaba cansado y a la vez calmado, no sabía cómo expresar esa sensación de paz tan abrumadora. Cerró los ojos al rendirse a la presión que hacían sobre ellos sus párpados— Éste lugar huele demasiado a tí... —refunfuñó en calma. Aquel tratamiento le había dejado sin fuerzas suficientes, incluso su voz le pesaba, quizás no tuviese sueño pero la bestia se había calmado, probablemente Niamh jugaría con ese estado suyo burlándose sino hubiese estado minutos antes atrapada en una pesadilla.— Oye, Niamh —llamó abriendo los ojos— ¿Qué crees que provoca los sueños? —preguntó—. Ya hace tiempo que no sueño con nada pero creo que una persona es más capaz de soñar cuán más humana es, es decir,  a cuantos más sentimientos es capaz de sentir. —aclaró con indiferencia, quedando pensativo durante unos minutos donde se dedicó a mirar a través de la ventana hasta que suspiró y cambió la dirección de su mirada ocultándose bajo su brazo.— Oh, Dios. No respondas. Creo que estoy empezando a delirar. —era cierto, su mente comenzaba a procesar cosas bastante extrañas y sus pensamientos no se controlaban, estaba bastante confuso, estado que no le detuvo a la hora de realizar la pregunta que deseaba formular pero que en un momento de consciencia no realizaría por desinterés o respeto.— Ah, por cierto, ¿qué has soñado? Sin duda has sufrido bastante e incluso has llorado... ¿Por qué? —estaba siendo algo entrometido pero en el fondo sabía que quería saberlo, no sólo por las lágrimas, no sólo por el aspecto que ella llevase ni por cómo aquella pesadilla le había retenido durante cierto tiempo, sino por que había gritado su nombre en desesperación y era algo que no podía evitar preguntar.


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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Cherry Blossom el Vie 13 Ene - 0:10


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Lo sabía. Estaba más que claro que él tenía sus razones para marcharse a media noche, cerciorándose de no ser visto ni siquiera por ella misma. Niamh no tenía ningún tipo de derecho a reprocharle absolutamente nada sobre ello, tan sólo pretendía ser consciente de sus actos con el único propósito de cuidarlo. Está bien, ella estaba al corriente sobre sus instintos asesinos, él había sido muy tajante al decretar que su espada necesitaba sangre para alimentarse cual vampiro, lo tenía presente. Pero aun y a pesar de ello su mente no consideraba nada apropiado el hecho de que Aleksander se escabullese cual delincuente —que era— para tomar vidas ajenas, ganándose más heridas de las que generaba en sus contrincantes. Ella no podía hacer nada por él, simplemente asegurarse de que sus heridas fuesen cerradas, como en ese mismo instante que la aguja tocaba la carne rojiza para intentar sellarla.

Lo siento, tienes razón. No es asunto mío —comentó con simpleza— , pero por favor la próxima vez evita dañarte de esta manera, me preocupa que puedas terminar en peores condiciones —admitió con sinceridad en lo que se encargaba de suturar la herida. El haberse despertado tan precipitadamente, encontrándose con su compañero de habitación ensangrentado, casi en igualdad de condiciones que en su fatídico sueño no ayudaba demasiado a reincorporarse naturalmente a la realidad, pero parecía ser que algo como eso servía para domarla, apaciguar a la fiera dispuesta a luchar incansablemente contra las picas que Alek arremetía contra ella. A diferencia de otras veces, esa simplemente se dedicó a sanar su mal, sin si quiera reprocharle nada o brindarle un discurso de moral, no es que le faltasen palabras adecuadas para hacerlo, simplemente no se hallaba de ánimo y sumado a lo terco que el azabache era dudaba mucho que sus palabras celestiales tuviesen algún efecto fructífero sobre él. Seguramente lo único que conseguiría sería una risa pedante y socarrona, burlándose nuevamente de ella por creer en ese tipo de tonterías. Sí, tal vez fuese una tonta pero al menos intentaba ser altruista y ayudar a los demás. Y Aleksander necesitaba ser salvado de algo oscuro. Desconocía el qué, pero estaba sumamente convencida que podría lanzarle una soga y ayudarlo a ser rescatado como se lo merecía… y no simplemente con sus diversas heridas.

Su sonrisa divertida no desapareció en ningún momento, parecía ser que la serenidad la abrazaba mientras que él se aferraba a la típica actitud arrogante y bufona de todos los días. En otras condiciones seguramente su humor estallaría respondiéndole con gritos desafiantes ante sus jugarretas, pero ahora las cosas eran diferentes, y no se trataba simplemente por lo apaciguada que yacía, sino que no era necesario demostrar mucho más. Las acciones hablarían por si solas, demostrándole que, al fin y al cabo, sus palabras serían aseverativas cien por ciento. Mostraría que no necesitaría gritarle para hacerlo entrar en razón— . Siento haberte confundido con niños debiluchos~ —canturreó divertida sin perder la concentración de su sanación, sin embargo no retiró la mano de su agarre, quería probar su teoría, ella no sería quien se diera por vencida. Si tan solo le resultaba desagradable su contacto entonces que él mismo lo deshiciera, pero no fue así. Ahí estaba, esa reacción fría y orgullosa, jamás demostraría el dolor que lo carcomía lentamente. Su orgullo era tan grande que se engulliría hasta la última gota de sudor, mantendría la respiración hasta ya no poder más y estallar, morderse el labio hasta hacerlo sangrar con tal de demostrarle lo equivoca que era la pelirosa. Eso, sin dudas, le hizo gracias. Llevaban unos cuantos días de convivencia pero aun para él resultaba ser complejo bajar la guardia al tener a una simple humana consigo, lo entendía pero, ¿no se suponía que sería ella la que debería estar desconfiada de él, un mero asesino a sangre fría que daba de cenar a su espada la sangre de sus víctimas? El problema radicaba en que ella se trataba de la persona más confiada del planeta tierra.

Como ella supuso, el accionar masculino le dio la respuesta que buscaba. Cesó con su labor magistralmente, sintiéndose victoriosa. Se trató de una tarea bastante compleja teniendo en cuenta que lo estaba haciendo con una sola mano pero gracias a su práctica pudo saltar ese pequeño obstáculo con gran facilidad— ¿No que no eras fuerte?  Digo, aun sostienes mi mano, si te resultaba algo patético, ¿no deberías haberla soltado? —comentó con la sonrisa reflejada en su rostro. Ganó un round con tan sólo la tranquilidad y demostrarle que, a pesar de lo orgulloso que era, todos padecen del dolor. Con la mano ajena entre las suyas se encargó de reposarla sobre el pecho masculino y dejarla estar, para así poder dedicarse a guardar sus instrumentos de sanación, juntar los deshechos para poder caminar hacia el cuarto de baño para guardar y deshacerse de las cosas inservibles en esos momentos. Tomó un paño, lo humedeció cuidadosamente para así poder regresar a su lado, tomando asiento al lado de él. Sonrió divertida al ver las reacciones ajenas— Descansa, ha sido una herida profunda. La próxima vez evita hacer este tipo de tonterías. Ya no me hará tanta gracia verte con esas pintas —aseguró mientras que con una mano se encargaba de mover hacia un costado los cabellos del revoltoso flequillo ajeno, sonrió al escuchar los síntomas obvios— . Te lo dije, deberás descansar. Y no me hagas golpearte para que duermas porque juro que si es necesario lo haré. Haz perdido demasiada sangre por lo que tu cuerpo da cuentas de ello —finalmente apoyó el paño mojado sobre la frente, asegurándose que éste permaneciese en el lugar alivianando el ardor que su cuerpo debería de estar sintiendo en esos momentos. Nuevamente tras escuchar los quejidos ajenos su reacción tuvo efecto, solo que en esta ocasión le fue imposible no fruncir el ceño molesta. Ella le cedía amablemente su lecho para que él lo despreciara de semejante manera, qué falta de tacto, definitivamente carecía de modales— Siento que mi aroma te sea molesto, pero al menos tengo corazón como para no aventarte al sofá con semejante herida. Podrías al menos agradecerme amablemente por ayudarte, ¿sabes? —ahí estaba su reacción. Al parecer le fue imposible ser indiferente a esa agresión, ¿pero por qué? Era la primera vez que alguien aseguraba su aroma causaba estragos, utilizaba perfumes y fragancias, sí, pero tampoco resultaban ser tan llamativas y deseosas por el simple hecho que ya contaba con malas experiencias gracias a los aromas dulces… Sin dudas eso la volvía más atrayente para algunos cazadores furtivos.

Definitivamente esa madrugada estaba siendo de locos, primero revivía de un limbo imposible de despertarse, luego llegaba Aleksander con una gran herida para saltar con cosas que jamás creyó vivir para oír de los masculinos labios. ¿En serio el que yacía postrado a su cama se trataba del mismo asesino a sangre fría que intentó matarla tiempo atrás? Sí. Sólo que con la pérdida de sangre parecía haberse vuelto más dócil de lo normal, y más atontado. Era innegable omitir que esa pregunta no la tomó por sorpresa, porque de hecho así fue. ¿Los sueños? Suspiró pensativa, dirigiendo su mirada al techo de su habitación, como si ese cielo invisible ocultase la respuesta que necesitaba brindarle al joven— Debo admitir que tu pregunta me parece curiosa, pero veamos… —murmuró regresando su visión jade a la oscura del joven, quien parecía estar más interesado en descansar que en escuchar tonterías sobre sueños. Aleksander tuvo el coraje como para preguntárselo y ella no le negaría la respuesta, fuese cual fuese— . A decir verdad no sé qué los provoca ya que en todas las personas es completamente diferente, pero si tengo algo que asegurarte. Si sueñas, sólo que no eres capaz de recordarlo. Según tú, alegas que soñar es humano porque a más sentimientos más se siente. Eso es correcto, pero tú también lo haces, a pesar de que lo niegues tú también tienes sentimientos; buenos, malos, pero están dentro de ti —comentó con naturalidad, tocando su pecho, más precisamente donde el corazón tiene su escondite, para luego dirigir su mano al rostro e ir limpiando el sudor que corría frenético por el mismo— ; no importa qué tipo de sentimientos se tengan para soñar, nadie puede impedirte eso. Quien realmente lo hace eres tú mismo al cerrarte a la posibilidad de hacerlo —su accionar se detuvo abruptamente tras escucharlo hablar. ¿Que qué había soñado? Más bien ella no lo catalogaría como tal, más bien como una pesadilla, una que se encargaba de asecharla incansablemente cuando más débil de fuerzas se hallaba con el fin de predicarle posible sucesos, y marcarle la vida para siempre— . Por eso yo no llamaría sueño, sino más bien pesadilla. Podrá sonar tonto y estás en todo tu derecho de creerme o no, pero la realidad es que nunca los recuerdo. Sé que algo sucede, y quizás los hechos más primordiales son los que evoco con cierta claridad al día siguiente. Por ejemplo; ahora solamente recuerdo tu rostro —murmuró cohibida, sintiendo su cara arder— , sangre y angustia, mucha angustia dentro de mi pecho —por instinto sus manos apretaron fuertemente dicho lugar, intentando disminuir ese creciente dolor en esa zona. A veces los sueños no quedaban en simples historias creadas por su subconsciente, algo que más tarde averiguaría.

En fin, creo que es demasiado tarde —volteó a la mesa de noche para tomar su móvil y comprobar la hora. Las 03:30 a.m. Definitivamente era tarde, lástima que ella cada vez que sufría algo semejante las puertas al mundo onírico se cerraban hasta que sus parpados cayesen pesados por propia voluntad, nunca conseguía dormirse luego de que eso sucediese. Y teniendo en cuenta que ahora se trataba de ella quien debería resguardar los sueños ajenos e intentar deducir algo más sobre su pesadilla le sería prácticamente imposible caer rendida a los brazos de Morfeo— . Deberías descansar —tomó las mantas y lo arropó cual bebé, era consciente de que seguramente sería repudiada ante tal accionar pero teniendo en cuenta estado físico en el cual se hallaba el azabache no tendría motivos para reprochar— . Por cierto, no he echado ninguna mirada en el bar, careces de encanto —contraatacó divertida guiñando un ojo, en un intento de broma que tuvo tiempo atrás, parecía ser como poco a poco su naturaleza regresaba a la normalidad, como si la rosada retornaba a mostrarse siendo la Niamh que él había conocido esa oscura tarde.

Si se puede ver un aspecto positivo del asunto, si es que podía llamarlo así, es que su tía no se encontraba en la casa sino que permanecía haciendo su guardia hospitalaria, como tal Niamh mantenía fuertes lazos con la medicina desde tiempos remotos y no solamente ella sino que parte de su familia también los tenía. Hecho que la pelirosa agradecía internamente, seguramente si su tía se hallaba en casa, escuchara su llanto ahogado entraría en pánico como cada vez que pretendía despertarla y no podía gracias a las poderosas cadenas que la amarraban al mundo de los sueños.  

Dejó el cómodo lugar en su cama para ponerse de pie y desperezarse por completo soltando un bostezo el cual escondió entre sus manos. Se encaminó al cuarto de baño dispuesta a dejar descansar a su compañero y también para limpiarse la sangre que se había adherido a su cuerpo, al llegar volvió a contemplar su figura en el viejo espejo y sonrió con diversión al verse completamente destruida, la imagen que le devolvía el espejo no se trataba dela propia, sino de una versión de un mundo alternativo de Niamh. Aun con la sonrisa reflejada en su rostro prosiguió a lavarse el hombro con tranquilidad, al menos hasta que una imagen cruzó su mente, consiguiendo que su accionar se paralizara al igual que ella misma. Un símbolo, un síbolo extraño que, por alguna razón, se le hacía extremadamente familiar, casi tanto como la compañía de Aleksander en todo momento desde que se encontraron por primera vez. Los ocelos jades se agrandaron con sorpresa, y sin perder más tiempo regresó a su habitación, lo bueno de tener una habitación de baño privada es que así nadie sabía de los movimientos que Niamh debía realizar a las casi cuatro de la mañana. Movió la silla de escritorio para luego poder ocuparla, encendió la laptop y mientras ésta comenzaba a iniciar se apresuró en bocetar en un papel ése símbolo. Teniendo en cuenta que en contadas ocasiones recordabas fragmentos parciales de los acontecimientos de sus sueños e incluso muchas otras terminaba por olvidarlos, no permitiría que eso sucediese. Trazó una cruz a la cual cruzaba otra más pequeña por el medio, tratando de duplicar exactamente la que su mente trajo a colación, una vez terminada la alzo al aire intentando deducir más, pero nada. Salvo por un pequeño detalle que le llamó la atención, esa acción fue la misma que realizó con el bendito papel que casi consigue matarla en más de una ocasión, desconocía por qué ese pensamiento llegó abruptamente pero aun así prefirió seguir sus instintos y tomarlo, para realiza lo mismo.

Al parecer todo era absurdo, sólo que descartó la idea cuando ambos papeles en el aire develaron un secreto. El símbolo que ella había dibujado lo más perfecto que pudo se observaba a tras luz, como una fina marca de agua en una pequeña esquina del mensaje. Una completa locura. ¿Qué se suponía significaba todo ello?— ¿Qué diablos…? —murmuró, procurando no alterarse ni mucho menos incomodar a Alek más de la cuenta. Al fin de cuentas todo a su alrededor parecía ser un rompecabezas que lentamente las piezas comenzaban a encajar, aunque extrañamente, pero finalizaban haciéndolo. Un rompecabezas que, seguramente, traería consigo más incógnitas que certezas.


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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Falling Down el Vie 13 Ene - 20:28


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No te equivoques; no te aparté porque parecías querer mantener ese agarre a toda consta y no quería llevarme otro pinchazo de esa maldita aguja. —se burló socarrón, sin poder decir lo mismo de su expresión. Alzó su brazo, el contrario a la herida de bala para ser específicos, y lo puso encima de su frente para intentar apaciguar la ardiente temperatura de ésta mientras cerraba los ojos en el intento de acabar con su cansancio poco a poco. ¿Que si lo dicho era cierto? Probablemente no. No podía negar que la forma en la que ella entrelazó los dedos con los suyos resultó bastante familiar e incluso, proveniente de la misma sensación, acogedor. Aunque así lo había sido todo desde que era consciente de la presencia de Niamh. En cambio, no fue esa sensación de familiaridad lo que consiguió hacer ceder a ese agarre, pues aunque era desconocedor del por qué, sólo podría decir, al menos ante ella, que en cuanto llegó el dolor la mano ajena había pasado completamente desapercibida, a pesar de que, al contrario, había estado suficientemente consciente de ella como para preocuparse de no hacerle el más mínimo daño.— Además, piensa que es algo a lo que no volverás a tener el fácil acceso. —repuso abriendo los ojos tan sólo para lanzarle una mirada jocosa con un tono de voz con mismas intenciones cuando volvió del baño, borrándose ésta mirada cuando comenzó a pasar un paño por su rostro apaciguando el ardor de su rostro. Obviamente odiaba ser dependiente de los demás, ya era obvio al tener en cuenta su arrogancia, así que mientras ella pasaba el paño por su rostro aún siendo con buenas intenciones no pudo evitar poner una mueca de disgusto mientras apartaba la mirada, conociendo lo aliviador y grato que era el acto de la fémina. Aunque al calmar su ardor, como por igual a él mismo, esa mueca desapareció al cerrar sus ojos, dejando que pasase aquella tela fría por su indiferente rostro casi como forma de agradecimiento, porque los agradecimientos de Alek no eran como los demás; no los mostraba con palabras sino con acciones completamente incomprendidas e insignificantes.

Escuchó las instrucciones, que más bien eran amenazas y advertencias, respondiendo a ellas con un simple sonido emitido sin siquiera abrir sus carnales y que afirmaba dar por entendidas las instrucciones pesadamente. Suspiró ante el sermón que se le había dado y recolocó el paño en su frente para que diese con el lugar exacto en el que su mente realmente se cocía— Estúpida. Tu aroma no es nada desagradable. —aclaró apaciguado, dándose cuenta de que aquel estado en el que se encontraba después de haber perdido tantas defensas y tanta sangre comenzaba a pagarle factura de manera que estaba dejando a un lado el carácter indiferente que solía tener, sin restringir la dureza con la que soltaba palabras, dando paso al Alek más pacífico con el que se puede dar. Era obvio pues que aquel aroma ajeno le resultaba agradable aún en distintas cantidades, principalmente porque comenzaba a formar parte de su día a día y no solía pasar desapercibido entre su alrededor, acostumbrándose así a chocar con él cada vez que entraba la habitación. Aún así, aquel aroma comenzaba a mezclarse con el de la sangre y eso le hizo preguntarse cuántas veces mancharía ese dulce aroma con el putrefacto aroma de la sangre mientras él permaneciese refugiado en aquella habitación.

Físicamente, era difícil saber cómo estaban afectando las palabras con las que la fémina respondía a la pregunta anteriormente formulada por él. Aunque sí que se mantenía curioso por ellas dado que había abierto los ojos para dedicarle su máxima atención, tanto a ella como a sus palabras. Alek podía ver la comodidad de ella al hablar sobre los sueños; el cómo hablaba de ellos con tanta naturalidad conseguía hacerle pensar que probablemente era un tema que parecía conocer bastante o que al menos pareciese interesante. Y no era para pensar menos, pues aquellas palabras, aunque su expresión sólo mostrase el cansancio del moreno sobre sus entornados ojos, le hacían reflexionar aunque no quisiese. Porque sí, él no quería reflexionar sobre ello, sabía perfectamente que debía ser un insensible, un inmoral y un sin rostro, daba igual dónde estuviesen sus sentimientos, no debía mostrarlos e ir oprimiéndolos hasta hacerlos desaparecer. Pero su situación actual no ayudaba con tal objetivo, pues aquella mortal conseguía hacer despertar algunos sentimientos sobre él. ¿Acaso no has sentido miedo e impotencia, por muy mínimo que fuese el sentimiento, cuando veías sufrir a Niamh, Alek. Cierto era, y por eso se reconsideraba las palabras de Niamh una y otra vez, puede que tuviese sentimientos pero los que no eran permitidos eran aquellos que no surgían desde lo más profundo de un pecador. Mientras no sintiese esos buenos sentimientos que ella afirmaba tener, no tenía por qué preocuparse, ¿no era así? Estaba haciendo demasiado pensar en un tema que Alek había tenido la eternidad paras zanjar y el cual había aclarado tiempo atrás matando a cierto monje que ganó su corazón. Al terminar sus palabras, Alek sólo pudo retirar su mirada del rostro rosado antes de que ella comenzase a limpiar de nuevo su rostro.— Hmm... Si eso es lo que crees. —dijo con indiferencia y mostrando desinterés a pesar de que no era lo que realmente sentía, sino lo que quería sentir. Sus ojos volvieron al anterior rostro cuando escuchó que tan sólo recordaba su rostro entre otras cosas que normalmente solían acompañarle allí donde fuera, por lo visto también en sueños, como por ejemplo, la sangre. Según había entendido, solía tener ese tipo de pesadillas con frecuencia, ¿y qué podía decir él, que tan sólo la conocía de unos días? Por lo que tan sólo se dedicó a endurecer la mirada intentando encontrarle una respuesta a ese sueño, sin ningún resultado.

Tan arrogante cómo siempre, desvió su mirada con orgullo mientras ella le arropaba; aún en ese estado de calma y debilidad parecía conservar su carácter altanero sin querer renunciar a él. Estaba tomando aquellas muestras de cariño como una si fuese algo vergonzoso, ciertamente lo eran para alguien tan altanero como él, al que jamás se le pasaría por la cabeza agradecer con palabras las buenas acciones ajenas. Igualmente, hizo caso a la fémina y comenzó a acomodarse en la cama de tal manera que pudiese descansar sin que el paño cayese de su rostro hasta que el siguiente comentario de la fémina le distrajo, llevándose con ella su mirada. Su comentario dibujó una sonrisa en el rostro masculino al instante, una larga sonrisa que consiguió desvanecerse a los segundos por el simple razonamiento del moreno, o más bien, el de su delirio. Porque aquella sonrisa ya había sido dibujada más de una vez en su rostro provocada por la fémina siendo secuela de el buen sentimiento de la alegría, y ésta fémina había sido la misma que había desbocado otros tipos de sentimientos en él, la que mantenía sus sentimientos despertados y no dormidos como había creído saber. Era ella quien provocaba esos sentimientos, debía refugiarlos de nuevo en la parte más podrida de su alma porque no debían salir y porque su estado adormecido debía dejarle ser lo que en verdad era: un asesino sin sentido moral.

Y cerró sus ojos.

Esa situación ya había pasado tiempo atrás cuando se había refugiado con un monje para que éste le entrenase de manera espiritual, aquel monje había ganado un lazo con él y él, al darse cuenta, lo mató para probar si de verdad era capaz de matar a quien quisiera por fuerte que fuese el lazo que les unía. Y eso era lo que debía hacer, poner su filo sobre el cuello ajeno como había hecho tiempo atrás, cómo había amenazado de muerte hacía días deseando la muerte de la pelirrosa sin poder ejecutar su deseo. Porque en ese momento sus dedos dieron justamente con su espada, colgada aún en su cintura mientras guardaba reposo en la cama, y porque al rodear su empuñadura supo qué hacer. Tan sólo un corte y sabría si seguía siendo digno de ser llamado asesino. De alguna manera, y con el peso del cansancio y de la herida sobre él, consiguió levantarse de la cama, sin vacilar antes de ponerse en pie. Su puño envolvió fuertemente la empuñadura cuando dio su primer paso, paso que mostró el poco equilibrio que tenía siendo un paso balanceante. Según se acercaba, con su flequillo recorriendo su rostro, sin dejar visible su rostro y de mirada baja, sus pasos comenzaban a ser menos vacilantes y más seguros, pero el balanceo no cesó, aún seguía serpenteando por la habitación de camino allí, donde Niamh se encontraba sobre el escritorio. Y aunque entre el escritorio y la cama no hubiese demasiada distancia, el camino se le hizo realmente largo y pesado. Notó el sudor caer por su frente, no sabía si podría poner entre su piel el filo de su espada pero en el intento de convencerse, desenfundó su espada realizando un ruido metálico y preparándola para realizar un profundo corte que costaría la vida de la pelirrosa.

Mentiría si dijera que Alek mantenía su elección completamente segura pues en el fondo una voz le gritaba que no lo hiciese, que se detuviese, pero en aquel momento los instintos asesinos del moreno conseguían ganar la batalla. Alzó la espada y detuvo sus pasos una vez se encontró por fin tras Niamh, en su espalda, con una espada es su dirección. En ese momento, Alek alzó su mirada, dejando ver sus ojos oscuros e indiferentes entre su también oscuros cabellos. En una pausa, el moreno recorrió con la mirada la figura femenina aún con su barbilla alzada, principalmente observando sus cabellos rosados tan característicos porque en aquel momento, él creyó que sería la última vez que podría observar los cabellos de una Niamh con vida. Alzada su espada, dirigió su extremo hacia ella y con agilidad bajó la espada hasta su cuello. — No tolero lo humano, pero como humano, te pido que me perdones. —dijo con monotonía, susurrando en su oído aquellas palabras cuando ella fue a ladear su rostro y él instintivamente intentó ejecutar su corte antes de que ella pudiese ladearse, porque no quería volver a ver aquellos ojos verdes como los había visto en el momento en el que la tuvo aprisionada y amenazada de muerte tiempo atrás. Pero no, nada de ello ocurrió, ni captó su mirada ni él cortó su cuello. El dolor de su herida volvió más doloroso que nunca haciéndole paralizar el corte en el aire y hacerle derrumbarse hacia delante, sobre el hombro de la fémina. Consiguiendo reaccionar, se apoyó en la silla con una mano entre un ahogado grito y así se derrumbó en el suelo de rodillas, aunque poco a poco se fue debilitando más y más por el dolor que le oprimía, no sólo su herida sino su mente. Un dolor acompañado del remordimiento del haber intentado matarla y otro tipo de remordimiento del no haberla matado. Se hizo una bola en el suelo intentando controlar sus emociones, su dolor y todos aquellos sentimientos que despertaban de su interior cuando habían estado dormidos tiempo atrás buscando el momento exacto para su despertar. Pero ese no era, no. Porque cuando creía no poder soportar más, se rodeó del dulce olor de la habitación y su mente colapsó.

Y sus ojos se abrieron.

Porque sólo había sido un sueño,

Y ahora volvía a estar sobre su cama,

rodeado de aquella fragancia.


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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Cherry Blossom el Mar 24 Ene - 0:49


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Negó sin poder creérselo todavía. Llevaba cuántos minutos contemplado el diseño en ambos papeles, descubriendo sus idénticas simetrías —quitando el horrible pulso de ella— el diseño, todo cuadraba a la perfección. Parecía ser un maldito calco el uno del otro. ¿Cómo era posible eso? En sus sueños podía ser capaz de prever hechos futuros, rodearse de presencias extrañas, y hasta incluso en algunas ocasiones le brindaban ciertas revelaciones… como esa. Pero es que se tratase de algo tan palpable y que ese símbolo se le hiciera tan familiar, comenzaba a acojonarla más de lo que en toda su vida llegó a estarlo. Definitivamente contemplar esos dos calcos no auguraba nada bueno, ese presentimiento yacía en lo más profundo de su corazón, y extrañamente se equivocaba con eso.

Todo parecía ser tan igual, hasta que gracias a la destreza y agudeza de su mirada, en el papel del mensaje parecía tener una leve marca que lo diferenciaba de lo que había visto en su sueño. Dejó su boceto sobre el escritorio para concentrarse mejor en el otro, achicó la mirada sin quitarlo de la escasa luz proveniente de los faroles de la calle. Ahí estaba, parecía ser una especie de letra, una muy diminuta letra aglomerada con otra que no podía comprender. ¿La primera se trataba de una M? Acercó el mensaje a sus ojos, reafirmando su teoría, definitivamente se trataba de una M. Soltó un profundo suspiro y se dejó caer en su asiento, reclinándose en la silla. Su mano descendió lentamente hasta toparse con el escritorio, donde la dejó reposar mientras que ella cerraba sus ojos, intentando recapitular cada una de las extrañas pistas con las que contaba.

Si alguien le hubiese avisado que todo ese asunto de dar con la verdad se volvería en un maldito rompecabezas, o peor aún, un  interminable y complejo caso que tan solo un afamado detective privado como Sherlock Holmes podría descubrir, entonces tal vez debería pensar en rendirse e ir buscando la manera de que ése famoso personaje de las novelas de misterio del gran Arthur Conan Doyle. No necesitaba ser lo suficientemente lista como para saber que iba a necesitar tanta ayuda como fuese necesaria. Irguió su postura para voltearse por sobre su hombre para echarle una mirada a Aleksander quien parecía estar completamente rendido ante los pies de Morfeo. Qué irónico, un asesino había sido derrotado por el Dios de los sueños, lo había hecho comer tierra con un simple pestañeo. La comisura de su labio derecho se elevó, denotando una sonrisa divertida y hasta en cierto punto, bastante socarrona. Seguramente si él se enteraba de sus pensamientos no tardaría ni un segundo en terminar con su vida, según él; “Estaría deshonrando su naturaleza asesina, poniéndolo en un peldaño inferior al de un patético Dios" Oh, bueno, eso es lo que su elocuente mente supuso, teniendo en cuenta que hasta esa vocecita interior replico las palabras con un tono semejante al masculino. A pesar de tan solo compartir unos cuantos días con él, parecía ser que comenzaba a comprender ciertas facetas del azabache, tal vez no las compartía ni mucho menos las veía aceptables, pero al menos interpretarlo a él era un gran paso.

Si pretendía tener la ayuda del masculino asumió que se trataba de un juego perdido, no estaba para nada dispuesta a privarle de unas cuantas horas de sueño reparador y mucho menos teniendo en cuenta la gravedad de su herida. No tenía de otra, si quería encontrar algo viable iba a ser un duro trabajo, necesitaría de todas sus neuronas colaborando juntas sumado a un adicional infaltable… su computador. ¿Qué clase de mensaje podía esconder todo eso que no pudiese encontrar en línea? Absolutamente nada, todo tenía respuestas allí. Y como que se llamaba Niamh Maia Lockwood daría con la bendita respuesta que aquejaba sus nervios hasta ponerlos de punta por ser conocedora de un mísero ápice de verdad.

Sonrió segura y completamente confiada de sí misma, si todos esos mensajes ocultaban algo terminaría por hallarlo a como diese lugar. Tomó ambos papeles, la laptop y se dedicó a caminar unos cuantos pasos para dirigirse al sofá donde su compañero solía utilizar de lecho para esta vez sentarse allí poniéndose lo más cómoda posible. Estaba al tanto que para tener buenos resultados en la línea no sería un momento fugaz y listo, no, claro que no. La investigación se robaría consigo una parte de sus preciados minutos de vida. ¿Desde cuándo las investigaciones perfectas se conseguían en tan sólo cinco minutos? ¡Ninguna! Y ni hablar de una en la cual no contaba con tantas piezas a las cual aferrarse para comenzar con su rompecabezas de fichas indeterminadas. Apoyó el computador sobre sus piernas, utilizándolas como mesa para así poder asegurar su espalda en el suave respaldo del asiento no sin antes asegurarse de resguardar las copias idénticas del raro símbolo. Estiró sus manos, dispuestas a teclear unas cuantas letras para así formar una frase la cual buscar, primero iba a necesitar descubrir algo sobre su sueño, para más tarde poder deducir qué significado conseguía brindarle al dibujo. Niamh tenía la teoría de que sus sueños escondían mucho más de lo que aparentaban, y ésa noche fue la prueba cabal de ello, por eso ésta vez haría las cosas diferentes. Se tomaría un lapso de tiempo para indagar sobre los significados de ellos y así intentar interpretar lo que sería ese distintivo, algo le advertía que tal vez no fuese necesario inmiscuirse tan hondo en las páginas de internet, pero aun así no estaba dispuesta a dejarse vencer por algo como eso. No después de todo por lo que tanto su mente como sus sentimientos pasaron para llegar allí. Si antes fue capaz de cerrar una puerta, dejándola atrás, porque creía no tenía ningún tipo de importancia en su vida, parecía ser como si alguien hubiese abierto la misma y la llamase con una delicada y sensual voz, atrayéndola nuevamente a ella, asegurándole que tras ella yacían todo lo que siempre buscó, lo que tanto ansiaba descubrir.

Los primeros resultados terminaron por opacar su felicidad. Al parecer nada tenía concordancia con las pocas imágenes que su mente lograba encastrar, regresó a la búsqueda pero nada, nada, nada y más nada. Parecía ser como si todos los resultados no sirviesen, tal vez para otras personas si resultasen útiles, mientras que para ella se trataba de todo lo contrario. O al menos eso pensó hasta que cambió la pestaña de web a imágenes. El cursor del mouse barrió con una vasta cantidad de imágenes de no ser porque una captó de inmediato su atención, parpadeó confusa, sin poder dar crédito a lo que sus ojos reflejaban, clickeó la fotografía para así poder observarla en mayor definición obteniendo como resultado la pantalla completa nada más ni nada menos que la misma imagen la cual ella soñó— ¡Esta es! —murmuró casi al borde del grito, recordando que el azabache permanecía dormido, lo cual provocó que se reprochara mentalmente su torpeza. En ocasiones todavía le resultaba dificultoso creer que convivía con alguien más en esa pequeña habitación. En un veloz movimiento selló su boca con ambas manos, pero gracias a Dios él parecía rotundamente dormido como para percatarse de un detalle tan banal como su murmullo de sorpresa. Sin perder más tiempo clickeó nuevamente pero esta vez ingresó en la pestaña de web para poder recaudar información y saber de qué se trataba todo ello. Leyó lo que allí aparecía, y su cuerpo se llenó de algo que no supo diferenciar, parecía ser como si un vacío la abrazase orillándola a no sentir absolutamente nada de nada. Eso era, la nada misma.

Las horas pasaron en las que la pelirosa se encargó de reclutar la mayor cantidad de información posible, tan era así que no fue capaz de detectar la hora que marcaba el reloj, su férreo sentimiento justiciero sediento de verdad la mantuvo al borde de la adrenalina para poder descubrir algo que la alejó del paso del tiempo perdiéndola cada vez más entre la nublosa del internet. De no ser por la incidencia de la luz solar golpeándole la espalda y permitiéndole comprobar con sus propios ocelos que la noche acababa de dar final repentino, o tal vez no tan así, teniendo en cuenta que simplemente centró toda su atención en su ardua búsqueda. Parpadeó confusa, intentando reincorporarse en la situación actual, se desperezó completamente, conteniendo un gruñido en su garganta de satisfacción por en longar sus extremidades dormidas. Observó en su computadora el horario en el zócalo inferior de la pantalla, descubriendo que se trataban de las 07:35 a.m. dentro de nada su tía llegaría de su guardia. Maldijo su desconcierto.

Unos leves y casi imperceptibles quejidos la alertaron consiguiendo que su mirada se fijara en la figura que yacía dormida en su cama. Aleksander. Enarcó las cejas y sin pensarlo con delicadeza dejó el ordenador en el sofá para acercarse a él, al hacerlo quitó el paño mojado para comprobar la temperatura del ajeno atreviéndose a colocar su mano sobre la frente, acreditando así que la temperatura continuaba elevada— . Alek —murmuró contemplándolo con empatía, parecía estar soñando y tal como ella, nada bueno parecía ser después de todo la fiebre siempre provocaba ese tipo de alucinaciones y pesadillas realmente escabrosas. A pesar de ello una sutil sonrisa se marcó en su rostro, estaba claro que él podía soñar y su accionar se lo acababa de confirmar. Con el paño entre sus manos se acercó al cuarto de baño para volver a humedecer el mismo y repetir el procedimiento, lo escurrió listo para que realizara su trabajo.

Se acercó con cautela hacia el joven para así apoyar el objeto entre sus manos sobre la frente ajena. Y cuando lo hizo él abrió los ojos, fue tanta la sorpresa que terminó siendo recibida por el suelo, golpeándose en el intento— ¡Ouch! —soltó para luego intentar ponerse de pie mientras se sobaba el trasero por el maldito golpe —¡Alek! ¿Te encuentras bien? —comentó una vez que se halló sentada al lado de él, con una de sus manos se atrevió a moverla repetidamente frente a los oscuros ocelos masculinos. Se veía realmente afectado, o al menos eso supuso por su fatal aspecto, aunque claro, seguramente no se veía tan irremediable como cuando ella despertó.



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Re: — I have died everyday waiting for you

Mensaje por Falling Down el Mar 31 Ene - 14:58


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ALTHOUGH YOU CAN'T REMEMBER
La confusión de abrir los ojos y estar en una situación diferente a la que estaba hacía breves minutos conseguía superar a cualquiera que pudiese haber sentido en toda su estancia con la fémina. Y es que había soñado; había podido imaginarse por primera vez en inciertos años una diversa situación mientras dormía, recordando la sensación del despertarse de un sueño que creía real, una sensación que había muerto para él. Y no sólo esa sensación había muerto para él, sino todo tipo de sentimientos que se pudiesen sentir bajo las esposas de un sueño o pesadilla, así como la frustración del no poder despertar, la alegría de un buen sueño y el miedo de una pesadilla; todas esas sensaciones habían regresado a él de impacto nada más despertar, nada más abrir sus ojos y darse cuenta de que había soñado cual humano y asesino de baja categoría. ¿Qué más que sentir confusión? ¿Qué más que abrir sus ojos ahora rojos y sentir el odio corrompiéndole por haber soñado? Porque no iba a dar la bienvenida a sus sueños, porque no le causaba felicidad su vuelta y no iba a recibirlos con una sonrisa. Había mostrado su debilidad y sus sentimientos al soñar, los había expuesto y había dejado que se manifestasen de esa manera tan conocida y desconocida a la vez. Y su odio no cesó cuando sus ojos captaron una mancha rosada en su visión, una mancha que caía al suelo quizás sorprendida, llevándose la dura y oscura mirada de un Alek corrompido por el odio.

En ningún momento el acero de su mirada cesó, haciendo visible el rencor a través de sus ojos. ¿Y rencor por qué? Seguía haciendo caso a su sueño, a las decisiones tomadas allí, aprobando cada una de esas decisiones y dándose cuenta de cuán razón había tenido al pensar que ella era quien provocaba su debilidad. Dándose cuenta de que ella había provocado ese sueño, de que ella había conseguido que sus emociones se manifestaran para conseguir hacerle más humano. Lo menos que podía hacer era odiarle por haberlo causado, cosa que debía haber hecho desde el primer momento en que dio presencia a su debilidad, en aquel momento las únicas opciones habían sido matarla o marcharse dejándola con vida, quizás inconsciente. Sin embargo y de alguna manera, había conseguido una opción donde se unía al bando considerablemente enemigo y al unirse a él debía haber supuesto que se vería perjudicado por el bando inferior. No era lo peor pues días atrás no hubiese puesto un sólo objeto objeto afilado sobre ella, después de todo él se encargaba de protegerla y eso debía hacer sino fuese por los horribles deseos que en ese instante surcaban su cabeza con intenciones de matarle. Y es que cuando Alek sentía el odio por sus venas lo único en lo que podía pensar era en matar, agraciadamente su condición le impedía accionar manifestando esos deseos de odio. Y quizás sólo era eso, la fiebre haciéndole delirar, haciéndole creer que debía odiarle y en el peor de los casos, matarla. Pero él no parecía caer en la cuenta de que quizás su estado era lo que provocaban su odio porque creía demasiado en que ella le estaba reconvirtiendo en un humano y por eso la veía de nuevo como una presa. Estaba jodidamente confuso.

Al notar la mano femenina bailar por encima de sus ojos reaccionó fuera de paciencia atrapando la muñeca ajena entre sus dedos para parar su movimiento— Estoy bien. —contestó. Se dedicó a ser cortante y distante pues no estaba en estado de pensar con claridad sabiendo qué pensamientos comían su cabeza en aquel instante y con cuánto odio podría haber soltado sus palabras. No tenía las ideas claras, le había prometido lealtad hacia el tratado que habían hecho pero no podía evitar que el haber soñado le provocase un sentimiento de desprecio a ella mayor que su decisión de cumplir su palabra. Sólo quería dejar aquella confusión de lado y acabar con la lucha que se generaba en su interior debido a que se negaba a hacerle daño y, de hecho, justo era eso lo que aumentaba su odio asesino. Sin poder soportar la presencia femenina más, se quitó el pañuelo húmedo de la cabeza mientras se incorporaba en la cama y apartaba a la fémina con el agarre de su muñeca. Sin dejar visibilidad a sus ojos a través de sus cabellos y negándose a cruzar su mirada con la femenina, se sentó en el borde de la cama para recuperar fuerzas.— Voy a lavarme la cara. —avisó debilitando su voz según fue pronunciando palabras, soltando la muñeca ajena para levantarse. Sintió la herida curada como una molestia nada más dar su primer paso, siendo ignorada debido a que el esfuerzo que estaba haciendo para no dejarse llevar por sus instintos, y es que cuando pasó a su lado y reconoció el aroma que manaba de ella tuvo que ladear su cabeza instintivamente para no ser controlado por éstos instintos. Comenzaba a darse cuenta del peligro que sufría alguien a su lado, de lo que no se había dado cuenta antes ya que había considerado a todos sus cercanos presas, o simplemente se había visto con la facilidad de traicionarles. Se dirigió al baño en silencio y una vez allí apoyó sus manos en cada extremo del lavabo. Observó el desagüe durante un tiempo como si éste pudiese darle una solución pues se dedicaba a pensar en el tema. Su lucha contra la inmoralidad provocó que su cabeza consiguiese arder más que antes, haciéndole arrugar el rostro por el dolor y retorcer un poco el cuello en el intento de dejar su mente en blanco. Abrió el grifo y comenzó a llenar sus manos de agua para mojar su rostro en ellas apresuradamente. Necesitaba poner su mente en blanco, necesitaba que el agua se llevase todos sus oscuros pensamientos y por ahora lo único que conseguía era calmar el ardor de su rostro. Inciertas son las veces en las que estampó aquel agua contra su rostro, acabando éste y algunos cabellos entrometidos completamente empapados al detenerse. Respirando pesadamente, echó una mirada por el rabillo a Niamh durante unos segundos donde se dedicó a escrutarla y a recordar el por qué ahora era su aliada ahora. Sin mucha dilación, volvió su atención al agua contenida en sus manos para volver a enjuagar su rostro. Se irguió una vez terminó y observó el reflejo del espejo, dándose cuenta de que su rostro no había dejado de ser el mismo y que su expresión y mirada seguían tan diferentes como en antaño. Observó su hombro y se ladeó para observar su herida curada con detenimiento mientras se daba cuenta de quién había cumplido el trato al pie de la letra y quién estaba por incumplirlo, pues él se estaba rindiendo a sus instintos y estaba dejándola desprotegida con un peligro mayor acechando su espalda. Porque ella no le había cambiado; sus instintos asesinos y su insensibilidad seguían intactos, tan sólo tenía a alguien a quien proteger o más bien, a alguien a quien sentía que debía proteger y para poder protegerla necesitaba no ser indiferente ante su vida o su muerte.

Y debía haber supuesto que el mayor peligro del que tendría que protegerla sería de él mismo.

Recogió la toalla de su lugar y comenzó a secar su empapado rostro; el agua había conseguido que su cabeza quedase en blanco y ahora su rostro tan sólo expresaba la natural indiferencia que siempre llevaba consigo, nada de odio ni rencor; había conseguido reprimir esos sentimientos. Secó su cara y comenzó con su pelo que también permanecía empapado tanto por sudor seco como por agua, acabando por alborotar su peinado completamente aunque no fue algo que le importase pues sólo ordenó algunos de sus cabellos quedando su flequillo esparcido por todo su rostro en un desorden notorio. Recordando la camiseta que colgaba de su cintura atada por aquella cuerda que sostenía todo el kimono en conjunto, se la puso tan sólo con la necesidad de pasar sus brazos por las mangas. Por suerte, era una tela tan fina que no parecía molestar a la herida de su hombro, aunque igualmente echó una mirada tras su hombro para ver si no dejaba manchas de sangre pues tampoco quería salir a la calle con unas sospechosas manchas rojas sobre sus prendas. En cuanto estuvo preparado, salió del baño echando una mirada a la ventana cuya luz no entraba con la intensidad de un mediodía.— ¿No es algo pronto para que estés despierta teniendo en cuenta el cansancio que debiste sentir después de esa pesadilla? Aunque, pensándolo mejor, quizás sea ello lo que te a impedido dormir. —comentó. Entendía que después de una pesadilla una persona no tuviese ganas de dormir por miedo a caer en otra pero ella parecía no haberle querido dar importancia después además, según decía frecuentaban por lo que quizás ese no era el motivo de su desvelo. Sin mucho más que contemplar tras la ventana, desvió su mirada hacia ella, topándose con la figura rosada. No supo por qué pero sus dedos se cerraron en la empuñadura de Apofis, con los nervios de un asesino brotando por sus dedos y haciéndole sacarla de la cuerda que les sostenía al lado de su cuerpo, pero esa vez no fue para desenfundarla ni darle uso sino para dejarla a ella y su funda a un lado del escritorio, negándose a ser controlado por sus deseos asesinos y oprimiéndolos hasta hacerlos simplemente desaparecer.

Se dirigió hasta el reconocido sofá que ahora era el lugar de sus descansos y se derrumbó sobre él evadiendo a la latpod que se había dejado tirada sobre éste lugar. Echó alguna que otra mirada sobre la máquina pues aunque había tenido el placer de observar varias veces algunas de ella no se había interesado por su interior, por lo que no se atrevió siquiera a tocarla, es más, le ignoró. Puso sus brazos sobre el respaldo del sofá y, acomodado, volvió a dirigir su mirada a Niamh.— Y dime, ¿hoy es uno de esos días donde vas a eso que dices llamar Universidad? Porque no me va a hacer gracia tener que volver a esperarte hasta las tantas. —preguntó de manera seca, pues cierto era que días atrás había tenido que esperarle durante varias horas, algunas veces encerrado en esa habitación probablemente porque ella temía que pudiese meterse en cualquier lío o acabase herido en su ausencia, aunque aquello sólo había ocurrido cuando su tía no había estado en casa pues de manera contraria había sido obligado a pasar el día fuera y solo. Era bastante desagradable teniendo en cuenta que no podía acechar a ningún humano con intenciones sádicas o jugar con la psicología de éstos, así que más o menos tan sólo había dedicado su tiempo a esperarla, a veces incluso en la puerta de ese edificio enorme donde daban clases de medicina. Aunque otras, le había resultado interesante seguir a ladrones de baja categoría para ver qué hacían y cómo reaccionaban al ser perseguidos por él. Pero cuando le dejaba en casa era el peor de los casos pues aquel perro que Niamh parecía tener comenzaba a ladrar tras la puerta de la habitación probablemente por la presencia de Alek, lo cual a él no dejaba de parecerle ruidoso y molesto, haciéndole imposible la salida de la habitación para ir a la cocina en situación de hambruna. Pero bueno, debía ceñirse a su papel de guardaespaldas y acostumbrarse a ello. Oh, Dios, odiaba llamarse a sí mismo guardaespaldas.


CON NIAMH • ESCONDITE DE MARKUS • MAÑANA/TARDE
phoenix ⚓

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