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Mensaje por Roanoke el Vie 27 Ene - 20:39

Stuck in my head
Marvel / 1x1 / AU
Si algo había aprendido Steve a lo largo de los años, era que el destino podía ser muy caprichoso. Y entre sus caprichos, se hallaba el de hacernos girar sobre un punto fijo, como una peonza, repitiendo nuestros mismos errores una y otra vez, a la par que vemos pasar los buenos momentos en busca del siguiente tropiezo. Sin embargo, poco podía quejarse, en realidad, porque el primero en decepcionarle en la vida, había sido él mismo.

Después de un accidente que dejó a Bucky, su mejor amigo y pareja por aquel entonces, en coma, el bombero se había dejado consumir por la desesperanza, a medida que los meses transcurrían y nada cambiaba. Llegó a un punto en el que empezaría a preguntarse si volvería en sí alguna vez. Y fue en ese ambiente de derrota, en el que terminaría dejándose llevar por el cambio de aires que le ofreció una nueva persona. Alguien a quien había visto decenas de veces en revistas o las noticias, debido a sus grandes dotes de empresario, y al que sin embargo, jamás creyó que fuera a conocer en persona. Pero lo hizo, y juntos se enamoraron.

El problema sería, que todo regalo siempre tiene un precio, y sus renovadas ganas de vivir vinieron con la vergüenza del despertar de James. Su corazón quedó dividido. Quería a Tony. Había pasado página. Pero sentía que le debía a Bucky regresar con él. Él no tenía la culpa de nada de lo que había ocurrido, ¿e iba a abandonarle, después de todo lo que había pasado? ¿Después de todo lo que habían vivido juntos?

Abandonar a Tony era la única opción; lo único que tenía sentido. Sin embargo, la ruptura no hizo que sus sentimientos desaparecieran. Ni tampoco habría tiempo suficiente en el mundo para que Bucky le perdonara por lo que había hecho. A partir de entonces, el hombre seguro del que se había enamorado, comenzó a mostrarse celoso; desconfiado. Ya no creía en Steve, y aquella brecha terminaría volviéndose irreconciliable.

En la actualidad, Steve vuelve a encontrarse solo. Está centrado de lleno en su trabajo como bombero, e intenta pensar lo más mínimo en las relaciones amorosas. Se dice a sí mismo que es porque sólo traen quebraderos de cabeza; porque es demasiado torpe para llevarlas a cabo sin dañar a quienes quiere por el camino... Pero lo cierto, es que desde hace dos años sólo puede pensar en una persona.
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Roanoke el Vie 27 Ene - 22:00

Forgetting you was never an option
Centro Comercial / Febrero 2017
Steve Rogers
\\ Ver ficha30 años
Bombero
Neoyorkino
¿Y este? ¿Qué tal te parece este? – Preguntó Steve, saliendo de detrás del vestidor con el séptimo traje que habían escogido en aquella tienda. El jefe de bomberos del cuerpo iba a casarse, y automáticamente todos habían quedado obligados a acudir al evento, aunque sólo fuera por asegurarse de mantener el empleo. Por su parte, hubiera estado dispuesto a poner cualquier excusa con tal de no tener que soportar varias horas en una iglesia, atendiendo a una ceremonia que, creía, jamás podría protagonizar él mismo, cuando hace apenas dos años había estado tan seguro de que se daría. Le dolía. Para qué negarlo. Era ser testigo de un sueño que se le había escapado de las manos, y probablemente si no fuera por Natasha, jamás hubiera dicho que sí a la invitación.

Natasha. La novia de Bucky. ¿Era raro que la actual pareja de su ex, se hubiera convertido en su mejor amiga? Puede que lo fuera. Seguramente, era una locura. Pero cuando ambos rompieron, y su amistad quedó en la nada, Natasha había resultado ser el único pegamento capaz de seguir manteniéndoles unidos de algún modo. Y, además, por mucho que le molestara reconocerlo, era una chica estupenda. Aunque le incomodara su obsesión por encontrarle pareja. Que, de hecho, fue uno de sus argumentos para forzarle a ir a la boda. Tienes que pasar página. Siempre la misma historia. Lo peor, era que tenía razón.

Hm… – La pelirroja, que estaba sentada en uno de los sillones del espacio de espera, con sus pies apoyados en el inmediatamente paralelo, se giró hacia él con su habitual expresión seria, mirándole de arriba abajo sin dar una mínima señal de lo que pensaba, aunque bien sabía Steve, después de un año siendo amigos, las palabras que estaban a punto de salir de sus labios. – Pareces estar a punto de dar una misa. Te has vuelto a poner el cuello mal, y las mangas te quedan demasiado cortas. – A continuación, se levantó del asiento, yendo directa en su dirección para corregir los errores que había mencionado, con un par de tirones y su ojo crítico siempre alerta. Por muy dura que pareciera, siempre había tenido una actitud casi maternal  hacia él, y esa era otra de las cosas que le agradaban de ella.

Cuando por fin se dio por satisfecha, volvió a alejarse un par de pasos, se cruzó de brazos, y le analizó a cuerpo completo una última vez, para finalmente pronunciar casi en un susurro un “Vamos a tener que ir a otra tienda”, que Steven, resignado, diría al mismo tiempo.

Al salir de la tienda, estaba completamente mareado. Jamás había visitado tantas seguidas, y ya ni siquiera sabía qué era lo que estaban buscando. Dejó que Natasha fuera varios pasos por delante en lo que él revisaba los mensajes en su teléfono móvil. O eso intentaba, puesto que jamás fue muy diestro con la tecnología. Cuando quiso darse cuenta, y retomar su ritmo, se percató de que la había perdido de vista. ¿Dónde se había metido? ¿Habría entrado en alguna tienda, estando él distraído? Sólo entonces, siendo forzado a mirar hacia todas partes, y ningún lado en concreto, su mente empezaría a permitirse divagar hacia momentos del pasado, que había procurado enterrar tiempo atrás.

Bucky estaba aún en coma. Bucky. La única persona con la que siempre había podido contar; el único que jamás le había dejado de lado, sin importar qué aspecto tuviera o lo infantiles que pudieran parecer para muchos sus aspiraciones de “ser un héroe”. ¿Bombero?, decían, si jamás has sido capaz de levantar ni un cartón de leche sin que te dolieran los brazos. Los bomberos son personas fuertes; atléticas. ¿De verdad crees que puedes ser uno de ellos? Oyó esas palabras demasiadas veces, de muchas bocas, y pronunciadas por muchas voces distintas. Sin embargo, ninguna de ellas había sido la de James. Y ahora no estaba. Dejó que la espera porque regresara le consumiera, perdiendo el contacto con demasiada gente, hasta el punto en el que la sensación de soledad que le invadió al saber lo que le había pasado, se había convertido en una realidad: no tenía a nadie. Por eso mismo, había adoptado la costumbre de ir al centro comercial. Porque aunque estuviera solo, allí podía estar rodeado de gente.

¿Steve? – Era Natasha. Su mano estaba posada en su hombro, y le miraba fijamente a los ojos, como si quisiera ver a través de él; descifrar lo que estaba ocurriendo en su mente. ¿Tan mal aspecto tenía? Cuando se dio cuenta, estaba de pie frente a unas escaleras mecánicas que daban al piso inferior, interrumpiendo el tráfico de la gente. Se había quedado helado, pensando. – Vamos, creo que necesitas un buen café. A veces olvido lo mucho que os afecta a los hombres ir de tiendas.  
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Uko el Sáb 28 Ene - 1:22

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Centro Comercial / Febrero 2017
Tony Stark
\\ Ver ficha42 años
Empresario
Neoyorkino
Como siempre desde que se convirtió en un padre, Tony sentía comezón en sus brazos cada vez que dejaba a sus gemelos para salir a algún lado. En consecuencia, por supuesto que sus salidas eran contadas y por pocos periodos de tiempo. Sus bebés eran los seres más preciados del planeta para él y nadie más que Tony podía cuidar de ellos como él podía hacerlo. Ni siquiera su madre, aunque si es que lo pensamos, María no es que fue una buena madre –aunque nunca se lo diría en la cara–, por lo que sus miedos estaban perfectamente justificados, no importara lo que dijeran sus amigos, muchas gracias.

De todos modos, Pepper siempre se las ingeniaba para poder sacarlo de la casa por tonterías, porque cosas de la empresa eran tonterías, por algo ella estaba dirigiendo la compañía ahora, con ocasionales intervenciones de su padre y el mismo Tony. Sin embargo, sus dos angelitos estaban creciendo y a pesar de que ahora todo estaba al alcance de un clic, Pepper lo había convencido de que había ropas que simplemente no podía conseguir online, que tenía que visitar las tiendas para verlos con sus propios ojos. Tony, cuando le jugaban la carta de cosas para sus hijos, siempre terminaba cediendo. Mierda, Pepper sabía muy bien cómo manipularlo.

―Usted, señorita Pots, es una mujer muy manipuladora ―murmuró Tony, no obstante, mirando los trajecitos hermosos que tenía esta tienda para bebés. Tenía que darle la razón a ella, la verdad es que este tipo de ropa no la encontrabas online, a pesar de que él había inventado un software que buscaba ropas que eran del estilo de sus hijos y le avisaba cuando estaban online listo para ser comprados. JARVIS, su fiel y computarizado amigo podría hacerlo por sí mismo, pero Tony había querido sacarle ese peso de encima y por eso inventó ese programa. Hacer cosas para sus hijos era un pasatiempo para el heredero Stark, sobre todo con el amplio tiempo libre con el que contaba desde que estaba por “licencia de maternidad”. La cuál, al ser el dueño de la empresa, era más larga de lo normal.

―Oh, por Dios. Mira esto, esto es demasiado lindo, ¿Por qué no consigo estas cosas online? Es completamente injusto, muy pero muy injusto ―dijo casi tan rápidamente que alguien que no estaba en sintonía con Tony, no le hubiera entendido nada. Pepper, por otro lado, solamente puso una sonrisa indulgente en su rostro, mientras que dejaba a su amigo delirar sobre ropa para sus bebés―. Y mira este otro, necesito totalmente tener una niña para ponerle este tipo de ropa… ¿aunque qué tal si es que la compro de todas maneras y después cuando tenga una se la pongo? Porque la moda en el futuro seguramente-

Se detuvo porque Pepper puso una mano sobre la que tenía el vestido para bebé y le dio una mirada penetrante.

―Tony, sabes que te amo, también a Harley y Peter, pero te saqué pura y exclusivamente para que tomes un poco de aire y descanses un poco, no para que te pongas maníaco por ropa para bebé, ¿de acuerdo? ―Esperó a que él responda con un cabeceo antes de sonreír. ―Perfecto, ahora vamos a pagar esto, tomaremos un break para café y entonces vas a comprarte algo para tirecalcó las palabras―. Tenemos siete bolsas llena de ropas y ninguna es para ti. Anda, vamos señor Stark.

―Estoy a sus órdenes, señorita Pots ―devolvió Tony, haciendo una burla de saludo militar, antes de escoger dos de esos trajecitos de la edad para sus niños e ir a la caja para pagar con su tarjeta de platino, por supuesto. Después caminaron agarrados de sus brazos, con las bolsas en cada uno de ellos, hacia la zona de comidas que estaba en el centro comercial. Allí Tony no pudo contenerse de gemir –tanto que algunas personas le dieron miradas raras que él ignoró por completo– al oler el aroma delicioso del café―. Café, café, café ―repitió como poseído por el aroma.
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Roanoke el Sáb 28 Ene - 17:23



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Centro Comercial / Febrero 2017
Steve Rogers
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No me puedo creer que hayas pedido un Earl Grey viniendo a Starbucks. – Le susurró Natasha mientras esperaban en la zona de entregas a que el empleado les diera sus bebidas. Ambos estaban de espaldas a la entrada, con los codos hincados en la barra y sus hombros rozándose. A menudo hablaban como si estuvieran compartiendo secretos aunque no fuera cierto. Ambos sentían las mismas ansias de mantener sus asuntos como privados, aun tratándose de los temas más nimios. Era esa actitud cercana lo que hacía que a menudo les confundieran con hermanos, o pareja. Errores de los que a veces se burlaban, pretendiendo que así fuera.

Estaba en el menú. – Se excusó él, con su habitual tono de voz inocente.

¡Es té! Starbucks es conocido por su café, no por su té… A veces pienso que tu obsesión por las cosas saludables va mucho más allá de lo racional.

Cuando por fin les trajeron lo que habían pedido, Steven se adelantó a tomar ambas cosas y ser quien las llevaba de camino hacia la mesa, a lo que Natasha respondería quitándole la suya de las manos y siendo quien se adelantaba para escoger sitio. Su habitual sumisión hacia el resto de personas, además de su caballerosidad, era una de las cosas que a ella le irritaba de Steve, pues si había algo que había hecho que a Bucky le atrajera aquella mujer, era precisamente su forma de ser independiente y fuerte. Era una persona en la que podías apoyarte en los peores momentos, y sabías de sobra que podría darte lo que necesitabas; esa fuerza. Y era precisamente esta, la que provocaba que casi le pareciera insultante que un hombre la tratara de ese modo. Como si estuvieran en los años cuarenta. Sólo los meses fueron capaces de hacerle comprender que no podría quitarle esas costumbres a Steve, y aprender a resignarse a presenciarlas cada vez que salían juntos.

Esto era lo que estaba buscando. – Comentó después de acomodarse en uno de los sillones. Estaban próximos a una de las salidas, aunque contra una de las paredes del establecimiento. Eran de cristal, y desde ellas se podía apreciar unas increíbles vistas de la ciudad. Steve se sentaría en uno de los restantes, aún con actitud ausente. No había dado siquiera el primer sorbo a su té, que sostenía entre las manos como si fuera un clavo ardiendo. Quizá fuera masoquismo, pero no quería desprenderse aún del vacío que sentía en su pecho; aquel mismo que había vuelto de su pasado para atormentarle. Al menos, se decía, le recordaba que todo eso había sido real. Alguna vez había amado, y le había amado de vuelta.

Vaya, ¿no es ese Tony Stark? Pensaba que esa clase de hombres sólo iban a lugares de alto standing. – La voz de Natasha interrumpió sus pensamientos. Con aire burlón; ácido, sus ojos se desviaban hacia la entrada: unas grandes puertas, a unos diez metros de donde ellos se hallaban. El corazón de Steven dio un vuelco, haciendo que sin querer vertiera parte de la infusión sobre sus pantalones.

¡No me lo puedo creer! – Maldijo entre dientes, dejando la bebida sobre la pequeña mesa que se interponía entre ambos, y empezando a coger servilletas con que secarse la parte interior del muslo, que era donde había caído. – Tápame, Natasha. – Le pidió aún con un montón de papeles en sus manos. – No quiero que me vea. No… Yo no…

Su amiga, que no comprendía muy bien lo que estaba sucediendo, puesto que hablar de ese episodio de su vida siempre se le había antojado incómodo, debido a su actual posición como pareja de Bucky, le hizo caso a regañadientes, poniéndose en pie con tranquilidad para taparle, mientras le soplaba a su bebida. – Vaya, no sabía que te gustasen los maduritos.

¡¿Qué?! No… No me gusta. No es eso. Es que hace dos años nos conocimos y… No terminamos llevándonos muy bien. – Se excusó, tratando sonar lo más creíble posible y, al mismo tiempo, restarle importancia. El problema era, que a la pelirroja era imposible colarle un engaño. Por algo era una de las mejores en su trabajo.

Oh, así que es él. – Dijo como si nada. Su mirada se había clavado descaradamente en Stark, orientada en su dirección, lo que hizo que Steve se pusiera aún más nervioso. Iba a darse cuenta. Seguro que la miraba, y entonces le vería a él, escondido como un niño, en lugar de enfrentar la situación. Siempre le ocurría lo mismo. Era el amor, que se le escapaba de las manos.

¿Él? ¿A qué te refieres? Y siéntate, por favor. Ya… Ya estoy bien. Creo que con esto es suficiente. – Hizo una bola el puñado de servilletas mojadas que había usado para secarse, y lo envolvió en otra limpia para no manchar la mesa. Después, se arrimó hacia delante, con esperanzas de que esta le tapara y no se notara tanto que se había calado. Quizá si Natasha y él se quedaban allí el tiempo suficiente, le daría tiempo a que terminara de secarse solo.

Al chico con el que saliste hace dos años. Bucky nunca me dijo de quién se trataba, pero ahora...

 Antes de que pudiera terminar la frase, Steve la interrumpió, hablando atropelladamente. Se sentía demasiado avergonzado de sus actos pasados, y tenía miedo de descubrir lo que pensaba de él al respecto. Estaba seguro de que le vería como a un egoísta; como alguien a quien sólo le importa su propia felicidad, y no quería volver a oírlo. No de sus labios. – No es lo que piensas. No fue… – “Por dinero, o por sexo. Fue porque realmente necesitaba a alguien.” Era lo que hubiera dicho, si no fuera porque Natasha, en lugar de dirigirle una mueca de desaprobación, o marcharse, le cogió de la mano y le acarició con el pulgar.

Steve, no te estoy juzgando. – Esas cuatro palabras, fueron como un bálsamo para él. El nudo de pánico se deshizo, y pudo por fin tomar de nuevo su vaso y dar el primer trago. Ya había tenido suficiente de aquel terror, necesitaba calma. Cuando lo saboreó en su boca, aún estaba caliente. Su sabor dulce le envió un cosquilleo por todo el cuerpo, haciendo que sus músculos poco a poco empezaran a destensarse. – ¿Sabes? Es atractivo… Deberías ir a hablar con él. – Le dijo Natasha al cabo de un rato, sentada de nuevo en el sillón restante, desde que se lo había pedido. Había estado observando los pasos del magnate junto con su ayudante, ahora con mayor disimulo por respeto a su amigo, y fue evidente en qué pensaba cuando lo hacía.
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Uko el Dom 29 Ene - 16:36

OMG, gracias *O*

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Tony Stark
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Si bien entrar a una cadena como Starbucks no era algo que le gustara demasiado –Tony tenía gustos más finos que esto–, cuando se trataba de su necesidad de café como que no le hacía asco a nada. Aparte de que tuvo que estar mucho tiempo alejado de su querido café cuando estuvo embarazado. Ocho tortuosos meses sin ese delicioso sabor, solamente el aroma. Porque claro, hasta que se dio cuenta de que estaba esperando, había pasado un mes y entonces si querida amiga y médico Helen Cho le había prohibido por todos los medios que consumiera café. Era la peor tortura que podían hacerle a Tony Stark.

Sin embargo, por sus hijos, Tony dejó muchas cosas atrás. Entre ellas las citas, la bebida, sus cigarrillos, los horarios locos de dormir, también el saltearse las comidas. Ugh. Realmente había cambiado y mucho, pero cuando se despertaba todos los días para ver los ojos de sus hijos puestos en él, como si fuera la cosa más maravillosa del mundo, maldita sea si todos esos sacrificios no valían la pena. Una suave sonrisa se posó en sus labios cuando llegaron al mostrador, no importándole si es que se veía raro sonriendo así de esa manera.

―Café negro, con un toque de miel y nada más, por favor ―Fue lo que pidió cuando llegó al mostrador, puesto tenía que ponerse al día con todo lo que no había tomado durante aquellos ocho meses. La muchacha que le atendió le preguntó el nombre y Tony solamente levantó sus cejas y puso una sonrisa arrogante en su rostro, al instante siguiente, la chica abrió gracias sus ojos y tartamudeó una disculpa, para luego escribir “Tony” en su vaso de cartón. Ah, sí. Esas eran las ventajas de ser tan conocido, aunque escuchó a Pepper resoplar al lado suyo. ―¿Qué? ―preguntó con una sonrisa divertida.

―Algún día vamos a entrar a un lugar donde no te reconozcan y lo voy a disfrutar mucho ―respondió la pelirroja, negando con la cabeza, no obstante, con una sonrisa de lado en sus labios. Después miró hacia las mesas vacías y ladeó la cabeza―. ¿Quieres que nos sentemos aquí o vamos a las mesas que están afuera?

―Mh, aquí está bien, creo ―comentó él, dándole un largo sorbo a su café, ya que acababan de entregárselo―. Afuera hay más posibilidades de que me reconozcan y nos molesten a cada rato por un autógrafo y–

Las palabras murieron en la boca de Tony, cuando un poco más allá, escondido detrás del cuerpo menudo de una mujer, reconoció a alguien. Steve. ¿Qué estaba pensando ese idiota? Su construcción física era como la de un maldito ropero, era un completo tonto si es que creía que la mujer delgada y pequeña que estaba delante de él iba a taparlo de que lo viera. ¿Era eso lo que estaba intentando hacer? ¿Esconderse de Tony? Maldito cobarde. La antigua rabia que siempre sentía cuando se acordaba de Steve, junto con ese dolor en el pecho que nunca se iban, volvieron con creces ahora que lo estaba viendo allí. Se movió un poco para verlo mejor, solamente para torturarse un poco más. Steve estaba igual, por supuesto, ese maldito idiota no parecía envejecer nunca, muy al contrario de Tony. Sin embargo, tenía una barba y maldita sea si es que no le quedaba sexy. Tony lo odió un poco más por eso.

―Bueno, mierda. Ese es Steve y nosotros estamos cargados con bolsas de ropas para bebés. Si es que Steve las ve…

La voz de Pepper pareció sacarlo de su trance y los ojos de Tony se abrieron como platos. Su corazón comenzó a latir con fuerzas, por lo que se dio media vuelta y comenzó a salir apresuradamente del lugar, tomando la mano de Pepper en el camino y tirando su café en el tacho de basura más cercano. No. No. Steve no podría saber, no ahora. Tony aún no estaba preparado para confesarle que tenía un par de hijos que gestaron apenas un mes antes de que Steve le rompiera el corazón de la forma más dolorosa posible. Esos bebés eran suyos y no iba a compartirlos con nadie, mucho menos una persona que se escondía de él para que no lo viera. Steve podría irse bien a la mierda.
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Roanoke el Lun 30 Ene - 21:39

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¿Hablarle? – Repitió Steve en voz alta, desviando la mirada hacia el vaso de té colocado en la mesa frente a él, con sus dos manos sosteniéndolo fuertemente, al no confiar ya en que su estado de ánimo no volviera a provocar otro accidente. Temblaban. Sus manos estaban temblando. No se había dado cuenta hasta entonces, porque había estado demasiado concentrado en las palabras de su amiga, pero, haciendo ese gesto, la razón por la cual oír el nombre del magnate había provocado que perdiera el equilibrio de lo que sostenía, había quedado en evidencia. Steve tenía ese problema: cuando le gustaba alguien, y este estaba cerca, simplemente no podía controlarlas.

Darse cuenta de que Tony seguía provocando en él el mismo efecto que el día en que le conoció, hizo que la respuesta que iba a dar a esa pregunta, se ahogara en sus labios. Un “ni de broma” o un “no me interesa” habían quedado descartados, pues, ¿cómo iba a mentirle sobre algo así? A ella, su mayor apoyo entonces. Pensó en un relámpago que quizá tuviera razón, y se giró en dirección hacia donde le había visto. Si seguía allí, se dijo, lo haría. Hablaría con él.

Se ha ido. – Comentó en un susurro; un pensamiento en voz alta. Sus ojos no podían creer lo que estaban viendo. Unos segundos de vacilación y, de repente, ya no estaba. Tony se había esfumado. Si no fuera porque sabía bien que Natasha le había visto, diría que había sido todo producto de su imaginación: primero una vuelta al pasado en los pasillos, y ahora, en la cafetería, había terminado de perder del todo la cabeza.

¿Qué? – Preguntó confundida, mirando a su alrededor sin saber a qué se refería.

Tony, ya no está. – Contestó, procurando esta vez alzar su voz para que pudiera oírle, sin molestarse en ocultar la decepción que había detrás de esas palabras. – ¿Crees que me habrá visto?

No te preocupes, no creo que se haya ido por eso.

Con aquel aire maternal que le caracterizaba, Natasha volvió a acariciarle la mano. Después, tomó su café entre sus manos y se recostó en el asiento, dejando que su espalda se hundiera en el mullido cojín. Pasarían una media hora más en aquella cafetería, charlando sobre temas variados, hasta que por fin decidieron que debían marcharse. Fue difícil para Steve aceptar levantarse de aquel lugar. Había vivido un episodio surrealista y, de algún modo, aún tenía la esperanza de que se repitiera: de que Tony volviera a aparecer por aquella puerta. Sólo que esa vez se quedaría, y él podría explicarle todo; hacer que le entendiera. Sin embargo, debía reconocerlo: eso no sucedería.

No, no. No vamos a ir por allí. – Natasha tiró de su brazo, impidiéndole que siguiera marchando en dirección hacia el área de tiendas, para, en su lugar, conducirle hacia una escalera de incendios.

No creo que esto esté permitido. – Le recriminó, tirando hacia atrás mientras ella le arrastraba hacia la salida, que les llevaría directos hacia la azotea. Él, siempre tan consciente de lo que está bien, y lo que está mal, no dejó de mirar a sus espaldas durante todo el camino, deseando que apareciera un guarda de seguridad en algún momento para impedirles el paso. Pero, al parecer, no debía ser la primera vez que Natasha hacía algo así, porque supo perfectamente hacia dónde ir para no encontrarse a nadie. Steve, aunque con sentimiento culpable, no podía abandonar a su amiga a su riesgo, así que la siguió.

¿Has hablado alguna vez con alguien sobre lo tuyo con Stark? – Le preguntó cuando estaban saliendo por las puertas, forzándolas con una de sus horquillas de pelo con una agilidad y despreocupación que sin duda lograron hacer que se sintiera incómodo. Steve, que creía que aquel tema ya lo habían dejado atrás, no supo bien qué responder. ¿Era por eso por lo que le había llevado hasta allí? ¿Para que estuvieran en un lugar en el que se sintiera cómodo; en el que decir todo lo que sentía? Al parecer, su silencio reveló más de sí mismo de lo que estaría dispuesto a confesar en palabras, porque antes de poder responder, ella lo hizo. – ¿Sabes? No tiene nada de malo mostrar tu parte más vulnerable. – Ambos estaban ya en la azotea. El sonido de la puerta metálica chocando contra el marco dio a entender que no había vuelta atrás. Su amiga, por su parte, buscó asiento junto a un respiradero de la calefacción, de cuyas rendijas salía un denso humo blanco, cálido. – A veces tengo la sensación de que, por mucho que hayamos hablado, apenas te conozco.

No es por ti, yo…

Ya lo sé, Steve. Tú eres así. Pero haciendo eso, sólo estás consiguiendo hacerte daño a ti mismo. – Le señaló un espacio vacío junto a ella para que la acompañara. Steve, sintiéndose en parte culpable por no haber dado tanto a su amistad como Nat lo había hecho, hizo caso a su señal, sentándose allí cabizbajo y con las manos metidas en los bolsillos. Tenía razón: le estaba volviendo loco cargar con su versión de la historia en silencio, y además era algo que le debía, como la estupenda amiga que había sido para él.
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Uko el Mar 31 Ene - 16:49

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Tony sabía que todo su cuerpo estaba temblando y ni siquiera sabía hacia donde estaba yendo, solamente quería irse de allí lo más pronto posible, así que su cuerpo prácticamente se estaba moviendo en automático. Cuando por fin llegaron al ascensor y apretó el botón para ir hacia donde estaban los coches, pudo respirar y soltar la mano de Pepper, quien sabía que lo estaba mirando intensamente, pero gracias a Dios, no estaba diciendo nada. Sus amigos sabían muy bien cuando Tony no quería hablar y cuando deberían de darle un poco de tiempo hasta que pudiera expresarse. Teniendo en cuenta lo hecho mierda que lo vieron después de que Steve lo dejara, sabían que era un tema delicado y forzarlo a hablar sobre ello era una muy, pero muy mala idea.

―Vamos a casa ―murmuró sacando las llaves del coche de su bolsillo, pero estaba temblando tanto que las mismas se le cayeron. Hizo un amago de agarrarlas, pero la pelirroja fue más rápida y las atrapó ella, entonces le dio una mirada que era clara: Yo conduzco. Por una vez, Tony no se quejó para nada, sabía que no estaba en condiciones de manejar el coche, no con sus manos temblando así y su mente hecha un caos. Desde que se había vuelto un padre, su actitud hacia muchas cosas había cambiado y ahora era mucho más prudente cuando se trataba de conducir, de la velocidad y de muchas otras cosas, por eso después de dejar las bolsas en los asientos de atrás, se sentó en el asiento de pasajero y se puso el cinturón de seguridad.

―JARVIS, música ―masculló, apoyando su cabeza sobre el respaldo del asiento y mirando hacia la ventana, mientras que salían del estacionamiento. Steve. Steve Rogers. Maldita sea. Por todo este tiempo había tenido éxito en esquivarlo y verlo por todos los medios, pero justo ahora que se estaba sintiendo seguro que no volvería a verlo, se encontraba con él en el lugar menos esperado, pero que al mismo tiempo debería de ser normal, era el centro comercial más grande de la ciudad, después de todo. Y ese era el tema, ambos vivían en la misma ciudad. Claro, siendo esta tan grande, podría ser normal tanto nunca volver a verse, como verse todos los días, pero gracias a que ambos tenían ambientes sociales tan diferentes, no lo había visto desde que terminaron. Pero allí estaba, con su cara estúpida de perrito abandonado, más guapo de lo que recordaba, acompañado de una mujer.

Un gesto de desprecio se posó en la cara de Tony, pensando en que probablemente Barnes no estaba muy lejos de allí, puesto que seguro eran carne y hueso desde que Steve lo dejó por él. Se preguntó por un momento si es que ya estuvieran casados e hizo memoria para recordar si es que vio algún anillo en los dedos de Steve, pero eso sería solamente torturarse, por lo que negó con la cabeza, queriendo alejar esos pensamientos de su cabeza. Si Rogers y Barnes ya ataron el nudo no era de su incumbencia. Bien por ellos, porque Tony tenía dos hermosos hijos y eso era todo lo que le importaba en este mundo, eso y nada más.

―¿Tony? ¿Estás bien?

La voz de Pepper lo tomó por sorpresa y saltó un poco y se dio vuelta para mirarla y vio que ella tenía una mirada preocupada en su rostro. Recién entonces se dio cuenta que sus ojos estaban medio nublados. ¿Lágrimas? Maldita sea, hace mucho se prometió que no iba a volver a llorar por aquel idiota, pero parecía que su decisión y sus sentimientos no estaban en sintonía.

―Estoy bien, Pep. Solo llévame con mis hijos ―Suspiró al final, secándose esas malditas lágrimas, mientras que cerraba los ojos e intentaba controlar sus emociones.
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Roanoke el Vie 3 Feb - 17:01

Forgetting you was never an option
Centro Comercial / Febrero 2017
Steve Rogers
\\ Ver ficha30 años
Bombero
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Cuando… Cuando Bucky… – Steve cerró los ojos, intentó relajar su cuerpo y, simplemente, dejar que las palabras fluyeran. Llevaba tanto dentro de sí, que nunca había sido capaz de confesar ante nadie; tanto dolor, que con tan solo pensar en tener que echarlo fuera, se le trababa la lengua y empezaban a acelerarse los latidos de su corazón. – Cuando me dijeron que él había entrado en coma, mi mundo entero se vino abajo. – Sus ojos, pequeños y azules, buscaron la mirada de su amiga. Al principio pensó que mirarla directamente a ellos sólo le pondría más nervioso, pero pronto comprendió que en realidad en ellos encontraría un refugio; necesitaba cerciorarse de que le comprendía. De que le apoyaba y quería seguir escuchándole. – Él y yo nos conocíamos desde que éramos unos niños; una época en la que todo había sido muy difícil para mí. Mi familia no era la más rica, ni tampoco era yo el niño más popular, precisamente. Bueno… Quizás sí, pero no era “conocido” por ninguna razón que fuera admirable. – “Sólo por mi torpeza, mi delgadez o mi timidez extrema” añadió mentalmente, no dispuesto a llegar a admitir tanto delante de la pelirroja. Siempre le había dado miedo lo que pudieran pensar de él las personas que había conocido de adulto, si supieran sobre su pasado. ¿Y si le rechazaban, como había hecho todo el mundo entonces? – Bucky había sido el único con el que siempre había contado; mi mayor pilar. Yo apenas llevaba un par de años en el cuerpo de bomberos, y aún me sentía muy inseguro con respecto al resto… A ojos de muchos, seguía siendo “el novato”, y estaban todo el rato pendientes de cómo me desenvolvía; como si desearan verme cometer el más mínimo fallo. La presión por su parte, y el hecho de sentirme bajo un estrés constante, hicieron que poco a poco me fuera aislando. Ya no tenía a nadie con quien desahogarme cuando llegara a casa. Nadie que me apoyara, o me escuchase sin juzgarme. De la noche a la mañana, me vi solo ante un montón de problemas, y empecé a sentir que sin él, no valía la pena seguir adelante. Para colmo, fue entonces, a punto de dejar mis sueños atrás, cuando me lo dijeron. Según el doctor, Bucky no iba a despertar. Tienes que entender esto, Natasha. Yo llevaba un año entero yendo a diario a verle; haciendo todo lo que estaba en mis manos para mantener viva un poco de fuerza y seguir confiando en que… Algún día… – Contuvo el aire, girándose para centrarse en algún punto en el infinito. Su voz empezó a quebrarse, viendo ahora, desde una perspectiva futura, sus antiguos pensamientos como algo distante e, incluso, infantil. ¿Que todo volvería a ser como antes? ¿Acaso se había vuelto loco? Uno no vive algo así, y continúa como si nada. Steve inspiró hondo, intentando distraerse con el vuelo de los pájaros para disimular los brillantes que se habían puesto sus ojos. No iba a llorar. No tenía sentido lamentarse por algo que no podía ser cambiado. – Las dos semanas siguientes fueron un infierno para mí. Tenía que lidiar constantemente con médicos y familiares hablando sobre la opción de desconectarle. Ni siquiera podía ir a visitarle sin que nadie me sacara el tema. Hasta que… Dejé de hacerlo. Sé que no tengo excusa. Él lo era todo para mí, y debía estar apoyándole hasta el final. Incluso aunque no me oyera, o supiera que estaba allí. Debería haberlo hecho, pero no… No pude. Empecé a salir para distraerme; ir a bares, a eventos… Los compañeros del cuerpo sabían por lo que estaba pasando, y en especial uno de ellos me invitaba a veces a pasar días con él y su familia. Llegó un punto en el que sus hijos me llamaban “el tío Rogers”. – Sonrió con aire nostálgico, apretándose las manos. Ahora tocaba lo más difícil. Hablar de él. De Tony. ¿Por qué se habría ido de esa cafetería? La duda de si le habría visto o no, seguía rondando en su cabeza. Torturándole. ¿Le odiaba? ¿Habría pensado, siquiera, alguna vez en él en los últimos dos años? Tal vez le había olvidado. Después de todo, Steve nunca había sido alguien que llamara la atención. – Fue en uno de esos eventos donde conocí a Tony. Él era… Diferente a todo lo que hubiera conocido hasta entonces. Como Bucky, rebosaba confianza en sí mismo. Pero ambos tenían estilos muy diferentes. Tony era todo sarcasmo, ego y excentricismo. Con su forma de ser, tan… llamativa, conseguía que por unas horas me olvidara de todo. Hasta un punto en el que para mí sólo existió el “nosotros…” Fui increíblemente egoísta, y por eso nunca he culpado a James porque ahora me odie. Pero, tienes que entender que igual que yo nunca llegaré a entender lo duro que debió ser para él enterarse de todo esto cuando se despertó… Tampoco sabrá él todo por lo que pasé. Me apoyé en Tony en un momento al borde del límite. Si no hubiera sido por él, ni siquiera sé qué hubiera llegado a hacer.

Un silencio incómodo reinó entre los dos después de toda aquella confesión. Había sonado a pensamientos suicidas, si no fuera porque él no era esa clase de personas, y Nat lo sabía. Steve vivía demasiado por los demás y, de morir, estaba claro que sólo lo haría voluntariamente si a cambio podía salvar unas cuantas vidas. No. Aquellas alternativas a las que se refería aludían más bien a decisiones arriesgadas. Sacrificios. ¿Cuál era el siguiente paso, después de ser bombero? Quizás ser soldado; llenar un vacío con una causa noble por la que vivir.

¿Todavía le quieres? – La voz de Natasha sonó dulce, con una musicalidad que acompañaba a las suaves notas del rumor del viento. No quiso romper el clima que se había formado en el ambiente, así que intentó hablar lo más bajo posible, con tacto, para que confiara en ella. Y acertó.

Nunca he dejado de hacerlo. Si volví con Bucky fue... Por la culpa. No debería haberle abandonado. Ellos hablaban de desconectarle y yo no... Yo no dije nada. Ahora mismo él podría. Él podría estar...
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Mensaje por Uko el Sáb 4 Feb - 22:06

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Tony Stark
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Era de esperar que en todo el viaje Tony no hubiera podida estar ni un momento tranquilo. A cada rato miraba por el espejo, controlaba su reloj o su teléfono, o también tecleaba sus dedos por su pierna. Gracias a Dios Pepper le había dejado tener la música de AC/DC en el coche, a pesar de que ella odiaba todo ese ruido tan fuerte, pero ella sabía que su amigo necesitaba ahora sentirse familiarizado con algo. Por suerte, también, no llegaron a tener ningún tipo de interferencia en el tráfico, que era lo más común en estos días, con todas las protestas que había casi a diario. Pero alguien parecía estar vigilando los pasos de Tony para que llegue cuanto antes a sus hijos y así lo hizo, unos quince minutos más tarde, que se hicieron como una eternidad para el genio, casa minuto lo sintió como una hora, gracias al caos que era su mente.

―¿Te haces cargo de las bolsas, verdad? ¿Sí? ¡Gracias, Pep! ¡Eres un amor! ―Habló tan rápido que probablemente otro no lo hubiera entendido, justo como antes. Pero ni siquiera ella llegó a parar el coche que Tony ya estaba saliendo disparado del mismo, cerrando la puerta de un portazo y entrando a grandes zancadas hacia la casa. Allí JARVIS le dijo dónde estaban sus hijos y él se dirigió directamente hacia la habitación. No bien entró, tres pares de ojos se dirigieron hacia él, unos celestes –muy familiar y doloroso al mismo tiempo–, un par marrón iguales a los suyos y otro par artificial, de la Visión, el niñero de sus hijos que el mismo Tony había creado durante su embarazado. Sí, para bien o para mal, Tony había estado tan paranoico sobre la gente dejándolo o sabiendo de sus bebés, que en un momento de inspiración, decidió crear él mismo quién se iba a hacer cargo de sus bebés cuando él no pudiera estar con ellos.

Después de Steve, había perdido completa confianza en todo ser humano, Pepper, Rhodey, hasta el mismo Happy le habían rogado por semanas que no lo hiciera, que no hacía falta ser tan extremista, pero Tony no había escuchado razón. Steve lo había dejado, alguien con quien pensó que pasaría el resto de su vida, ¿Quién no garantizaba que una niñera podría dejar a sus hijos en algún momento? ¡No! ¡Eso les rompería el corazón! Por eso la visión sería genial, porque él nunca iba a dejarlos, él iba a hacerse cargo siempre de ellos, darle el amor que necesitaban –en la medida que una máquina como él pudiera– y también daría la vida por ellos. Después de todo, a Tony siempre las máquinas siempre le fueron más fieles que los seres humanos, después de lo de Steve, perdió toda esperanza en la humanidad. Casi toda.

―¡Papá ha llegado! ―anunció caminando hacia sus bebés, que ya estaban haciendo ruidos excitados y se arrodilló delante de ellos, abrazando a cada uno con un brazo y enterrando su nariz en su bebé rubio, absorbiendo su rico aroma a pureza. Su cuerpo tembló un poco, queriendo seguir llorando como en el coche, pero logró contenerse, porque no quería verse así de débil frene a los niños, confundirlos al verle triste. Pero joder, solamente hace unos minutos había visto al otro hombre con el que hizo estos dos maravillosos milagros y sus emociones estaban casi ahogándolo―. Papá los ama, ¿ustedes saben eso, verdad? Papá los ama mucho y jamás los va a abandonar ―susurró con un hilo de voz, dejando ir a sus niños, porque siendo tan pequeños, eran revoltosos y no aguantaban mucho tiempo siendo abrazados de esa manera. Sus hijos los miraron, tan diferentes e iguales al mismo tiempo, como si el destino fuera caprichoso y quiso darle a Tony un recuerdo vivido de lo que tuvo en Harley, cuyo cabello y color de ojos era idéntico al bombero que le rompió el corazón.
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Mensaje por Roanoke el Mar 7 Feb - 12:28



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Steve Rogers
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Tras aquella confesión, ambos amigos pasaron una media hora más sentados en la azotea, disfrutando simplemente de las maravillosas vistas de Nueva York, mientras cada uno de ellos pensaba en sus propios asuntos. Todo eso había sido un enorme paso en su amistad; uno que llevaban postergando desde hacía meses y, ahora que lo habían dado, los dos necesitaban asimilarlo.

Por parte de Natasha, sus dudas iban enfocadas a que se creyera la causa final de todo. Era un hecho que Steve notaba cada vez que salía el tema del pasado que hubo entre su expareja y él, y una de las razones por las que no se sintiera cómodo hablando del tema con ella: sabía de sobra que no iban por ahí los tiros, y lo último que quería era que Bucky le detestara aún más por alimentar los demonios de su novia. Estaba claro que Nat admiraba de algún modo el pasado que había habido entre Bucky y él (después de todo, más de una vez había oído, al contarlo, eso de que “parecía una historia sacada de una película”), y en parte, desde ese punto de vista, se sentía a veces culpable por haber sido la persona que les permitiera separarse para siempre. O eso era lo que ella sentía: que quizá, si no hubiera aparecido en la vida del moreno, los dos hubieran terminado volviendo juntos de una forma u otra, como siempre había ocurrido hasta entonces. Ser la única que conocía la verdad acerca de lo que sufrían ambos hombres, era un peso difícil de llevar, con el que, muy a su pesar, cargaba ella sola.

Por parte de Steve, sin embargo, el silencio vendría justificado por algo totalmente distinto: Tony. No había podido dejar de repetir mentalmente esa breve escena en la que, sentado en la cafetería, le veía entrar de la mano de Pepper, su asistenta, vestido con uno de sus habituales trajes, y unas llamativas gafas de sol. Había ganado quizá un par de kilos, pero no por ello se le antojaba menos atractivo. De hecho, era ese peso de más lo que permitía suavizar las pequeñas arrugas que se dibujaban en su rostro; la razón por la que ni siquiera el paso de los años hubiera sido capaz de hacerle distinto una sola pizca. Dos años evitando las revistas que contuvieran fotos suyas; eliminando su suscripción a los periódicos más sensacionalistas, o esquivando la calle en la que se encontraba la gran torre Stark. Todo, para que finalmente se lo tuviera que encontrar a la fuerza en un condenado centro comercial. ¿Había sido una señal de que jamás podría huir de sus sentimientos, porque estos le encontrarían?

En silencio, casi al mismo tiempo, estuvieron de acuerdo en marcharse de allí. Salieron de aquella azotea con la sensación de no ser los mismos. Algo había cambiado en su amistad; les había terminado de unir, y ambos, sin falta de palabras, eran conscientes de ello. De vuelta a la zona de tiendas de ropa, esta vez eligieron un traje mucho más rápido que antes. Natasha estaba mucho más dispuesta a dar un “sí” a cualquier cosa que se les atravesara por delante. Quizá con ganas de volver a casa a los brazos de Bucky, y que, una vez más, la convenciera de que estar juntos era lo correcto. Algo que Steve entendía perfectamente. De hecho, le ofreció más de una vez marcharse si lo necesitaba, habiéndola cazado en uno o dos lapsus, en los que la pelirroja se había quedado mirando a la muchedumbre con la mente en blanco; ofertas, que ella rechazó.

Cuando por fin se marcharon, eran ya las siete de la tarde. Nat prefirió llamar a su pareja para que viniera a recogerla. Por supuesto, le ofreció a Steve ir con ellos en coche. “Lo último que me faltaba por hoy, era ver a Bucky” pensó él en tono sarcástico, antes de recordarle que tenía su moto aparcada a unos cinco minutos de allí. Durante todo el trayecto, su cabeza no dejó de darle vueltas. Tony, Tony… ¿Seguiría trabajando en la torre Stark? Había oído que ahora era Pepper la que dirigía la empresa, así que era muy poco probable que le encontrara allí si fuera a verle. Verle… los flashes de su último encuentro en aquel despacho le llegaron de improviso. Ya casi lo había olvidado por completo. Sus mejillas se sonrojaron tanto que empezaron a arderle. Menos mal que llevaba puesto el casco, porque de lo contrario estaría alumbrando a media calle: habían hecho el amor, contra el escritorio. Steve había accedido a cumplir la fantasía de Tony de ponerse su traje de bombero, a cambio de que él cumpliera la suya de hacerlo en su despacho, cuando todos se hubieran marchado. El caliente cosquilleo que había estado recorriéndole de arriba abajo se convirtió en un frío helado al darse cuenta de que revivir aquello, ahora era un imposible. Ni siquiera había un despacho al que ir. Todos eran recuerdos del pasado; fantasmas.

¡Eh, idiota! ¡Mira por dónde vas!

La voz de un conductor le sorprendió mientras soñaba despierto. Había estado a punto de chocar contra un coche que salía de un parking subterráneo, al no estar pendiente de lo que sucedía en la carretera. Aturdido, echó un rápido vistazo a dónde estaba: ya había llegado, él vivía en ese barrio. Desaceleró la moto y buscó un lugar en el que dejarla, haciendo todo lo posible por olvidar todo lo que estuviera relacionado con Tony y centrarse en la carretera. Aunque sabía, en lo más profundo de sí mismo, que esa era una proeza imposible: nunca le olvidaría. No del todo. No para siempre.
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Re: Stuck in my head.

Mensaje por Uko el Jue 9 Feb - 21:55

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Salón de fiestas / Hace 4 años
Tony Stark
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Ataviado con uno de sus mejores trajes, Tony se miró al espejo, para controlar que todo estuviera en su lugar. Si es que era sincero consigo mismo, muchas ganas de ir a este evento no tenía, pero después del último escándalo en el que estuvo envuelto, se supone que debería de darle buena imagen a la compañía. Ni había sido su culpa, ¿Cómo es que caía en esos lugares en el momento justo? Pero bueno, siendo famoso como era, una cámara siempre lo estaba siguiendo, aunque no quisiera. Se había comprometido a ayudar a una amiga que había tomado copas de más, pero ella vomitó por el camino y justo que la ayudó a limpiarse la boca, una cámara los había pillado y, desde el ángulo que le sacaron la foto, bien parecía que ambos estaban acaramelados, que estaba lejos de ser verdad. Sin embargo, ese sentido idiota de nobleza que tenía no lo dejó aclarar lo que había pasado en realidad, para no exponerla a ella.

En fin, al menos la noche prometía que iba a tener algo divertido y bueno para mirar. Se supone que se estaba haciendo un evento de caridad para ayudar a los bomberos de New York. Los fuertes, guapos y musculosos hombres estaban por hacer el típico y cliché desfile para luego subastarse al mejor postor y entonces pasar toda la noche con ellos, en una disque cita. Lo cuál estaba perfectamente bien para Tony, porque ya que tenía que tirar dinero de su compañía, ¿Por qué no hacerlo gracias a la compañía de un buen hombre a su lado? Hace mucho que no se daba ese tipo de lujos, porque era más bien escondido su gusto por los hombres. Teniendo en cuenta que era uno de los pocos hombres que nació con ese gen extra que le permite quedarse embarazado, Tony debería de elegir muy bien los hombres que se llevaba a la cama, ya que no estaba dispuesto a tener ningún tipo de accidente.

Negó con la cabeza, porque no era momento de estar pensando en eso ahora. JARVIS estaba diciéndole que la Señorita Potts lo esperaba abajo junto a su chofer Happy, por lo que mejor se apuraba, así que se echó algo de perfume encima antes de ir hacia el ascensor.

―Señorita Potts, debo decir que usted luce impresionante ―Fue lo primero que salió de la boca de Tony cuando bajó al subsuelo donde estaban los coches estacionados y vio que ella lo esperaba al lado de un coche, con un teléfono en la mano. Su pobre asistente personal no tenía un minuto de respiro, debería de darle un bono extra a fin de año, por todo lo que hacía por él. ―¿Vamos…? ―dijo después de escuchar el saludo exasperado de Pepper, abriéndole la puerta para que entre ella primero y luego lo hizo él. Un suspiro salió de sus labios, porque la verdad es que, a pesar de que la noche prometía, no estaba demasiado entusiasmado con salir, hubiera preferido quedarse en su taller, rodeado de sus queridos robots, haciendo ciencia.
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