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The Last Hope.

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The Last Hope.

Mensaje por Maggie May el Jue 9 Feb - 13:36




Amanda Parrish
Presidenta · 34 · Elizabeth Mitchell · Flemeth

   
   


   
Phoenix
Soldado · 33 · Zoe Saldana · Maggie May
The Last Hope
CS · Libros · 1x1

Hemos vsto cientos de miles de películas. Futuros alternativos en los que la humanidad se ve asolada por un terrible cambio climático, una invasión alienígena o una epidemia que afecta a nivel mundial transformando a todos en zombies canívales sin compasión. Hollywoood nos ha bombardeado de forma que hasta nos sentimos preparados para ese ataque repentino pero salvaje y brutal. En nuestras cabezas nos proyectamos con pinturas de guerra y una batalla brutal entre dos bandos que defina el destino de la tierra, y quién la habitará finalmente.

¿Pero qué pasaría si ocurriese de verdad? ¿Seríamos tan valientes como nos imaginamos? ¿Pero y si esa invasión fuese, además, silenciosa? ¿Si, en lugar de enormes naves espaciales la gente simplemente desapareciese, se mostrase mucho más amable, se plantease un futuro mejor? ¿Estaríamos preparados para ser exterminados de forma pacífica? ¿Sin que se disparase un arma por parte de los atacantes?

No importa el dónde o el cuándo, tampoco el cómo o el por qué. Simplemente ocurrió. La humanidad, de un momento a otro, se vio sustuida por almas, por extraterrestres, por invasores. Nos convirtieron en meros recipientes y esperaron que nosotros no opusiésemos resistencia.

Inocentes.

Un mundo dividido por intereses políticos se unió en un objetivo común contra los que querían acabar con nosotros. Y es que si esperaban que nos dejásemos matar, estaban equivocados. Tras ocupar gran parte del parlamento estadounidense la actual presidenta de los Estados Unidos de América se vio obligada a huir, a buscar refugio. El ejército tomó las armas y las repartió indiscriminadamente a la población que de por sí no tenía. Las ciudades se evacuaron, quedaron desoladas. Los más inteligentes huyeron antes de que fuera demasiado tarde, aunque en una invasión como aquella que no te encontrasen resultaba imposible. Personas completamente diferentes se vieron obligadas a formar equipo porque era la única forma de sobrevivir. Padres enfrentados a hijos que han sido sustituidos, amigos, hermanos.

La presidenta Amanda Parrish, pacifista, se verá envuelta en una guerra que jamás hubiera soñado. La estricta comandante Phoenix con una terrible sed de venganza tendrá que lidiar con ella en su grupo y mantenerla a salvo. Probablemente ninguna lo quiera, pero tendrán que aprender a convivir. Y quién sabe dónde les llevará esta complicada empresa.



phoenix ⚓


   


Última edición por Maggie May el Vie 10 Feb - 11:59, editado 2 veces



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Capítulo I: Running

Mensaje por Flemeth el Jue 9 Feb - 15:31


Running

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Phoenix • Alcantarillado • Noche
Las lágrimas habían dejado paso a la urgencia. No solo había llorado por pena, era también la impotencia lo que quería escaparse de su cuerpo a través de sus ojos. Resultaba frustrante que cuando por fin había alcanzado el poder no pudiera hacer uso de él. Todas las cosas buenas que siempre había soñado hacer quedaban en un sueño imposible. Por un segundo incluso llegó a preguntarse si el salir elegida no habría tenido ya algo que ver con los invasores.

Tomó aire profundamente, antes de internarse en aquel alcantarillado. No era donde se había planteado pasar la noche ni mucho menos, pero la situación no daba para otra cosa. La acompañaban dos guardaespaldas, que de momento seguían siendo humanos. Ambos habían recibido órdenes de guiarla por las alcantarillas hasta un punto de encuentro donde un miembro de la milicia, que se estaba encargando de un grupo de supervivientes. Tener que verse envuelta con un miembro de los militares era algo que ponía muy nerviosa a Amanda, nunca había sabido cómo tratar con esa gente, que para ella eran bárbaros que solo sabían resolver sus problemas a base de golpes y armas.

Ya casi estamos, señora presidenta. — escuchó a voz del hombre que iba delante, iluminando el camino. Ella hizo una pequeña mueca y respondió con un sonido de asentimiento.

Iba realmente incómoda, aquella huída había sido totalmente repentina, por lo que estaba con un traje chaqueta más hecho para despachos que para aventuras, así como unos tacones, que aunque eran lo suficientemente bajos no eran el mejor calzado para una huída nocturna por el sub suelo. Se le había deshecho un poco el pulcro moño al tener que correr por la Casa Blanca e internarse en aquel lugar, pero desde que entró no se había atrevido a llevarse las manos al pelo, más que nada porque se había tenido que agarrar a esos sucios barrotes y deslizado la mano por la pared para no caerse, ya que estaban casi a oscuras exceptuando las linternas de sus acompañantas. Debía tener una pinta patética, como un elemento totalmente ajeno a aquel lugar, no pegaba allí para nada.

¿Phoenix? — la presidenta se detuvo cuando de nuevo el guardaespalda que iba delante de ella hablaba. Habían llegado a una esquina y ella aun no podía ver lo que había al doblarla, ya que ese espacio lo ocupaba el hombre. Se debía estar asegurando de la identidad del hombre que había allí, ya que su lógica solía hacer que pensara en los militares como hombres, pues solían ser más belicosos — Venimos con la escoltada. Nos dijeron que se haría cargo de ahora en adelante.

[Off: Usaré negrita para Amanda, cursiva o colores para otros (:]
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Última edición por Flemeth el Vie 10 Feb - 14:27, editado 1 vez


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Re: The Last Hope.

Mensaje por Maggie May el Vie 10 Feb - 11:58


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Amanda • Alcantarillado • Noche
Las órdenes habían sido claras: Me dan igual tus dichosas exigencias, Comandante, protegerás a la presidenta quieras o no. Para algo formas parte del ejército de los Estados Unidos. Así que, bueno, no hubo demasiada opción de réplica.

De un día para otro la ciudad de Washington se había convertido en un verdadero campo de batalla. Los pocos humanos que quedaban en la ciudad o habían enloquecido y asaltado y atracado tiendas a diestro y siniestro, o bien se estaban matando entre ellos, cegados por la furia y la impotencia, incapaces de discernir o darse cuenta de que aquellos a quienes asesinaban a sangre fría no tenían los ojos brillantes. No, al menos, como los invasores. Los pocos supervivientes a la masacre habían sido rescatados por el ejército y se dispersaban en grupos con un único objetivo: llevarles al búnquer.

¿Lo gracioso de todo el asunto? Dicho refugio estaba bajo tierra. En Texas. A cientos de kilómetros de allí. Al parecer, el único lugar que aún no había sido asaltado por los ladrones de cuerpos, las almas.

Tras recoger a una familia, una mujer y dos hombres, lo único que tenía en mente Phoenix era que, por una vez, podría la raza humana no ser un coñazo. Tuvo que disparar a un hombre en la frente porque pretendía atacarles con un televisor de pantalla de plasma. ¿A quién se le ocurría? Y sí, ella podría no haberle matado, pero cuando el miedo te corrompe de esa manera, no respondes a razones. Y ella tenía un grupo de personas al que poner a salvo.

Edificios en llamas, sangre, muerte. El cielo se había teñido de rojo y negro. De cenizas y crueldad. Las farolas tintineaban con escasa vida, algunas vacilando entre mantenerse en pie o caer en la máxima desolación. Las alarmas de aquellos coches que no habían sido destrozados por árboles caídos o la ferocidad humana montaban un terrible escándalo con sus alarmas chillando de pavor por lo que se avecinaba y no hablemos de los escaparates de las tiendas... pues no quedaba ninguno. El aire apestaba a azufre y terror, los cuerpos humanos sin vida se amontonaban en las aceras. No se podía distinguir si esos cuerpos habían sido víctimas de la barbarie de su misma especie o habían sido valientes que prefirieron quitarse la vida a rendirse al enemigo.

Y es que sí, su misión era poner a salvo al mayor número de personas, pero ella misma estaba dispuesta a morir antes que perderse en un alma que no era la suya. Y por eso todo el ejército tenía unas píldoras que mataban al instante. Y por eso le había dado una a cada miembro del grupo.

Un ataque de ansiedad de una mujer frenó al grupo. ¿Y quién culparla? Ante todos los horrores que estaban presenciando.

Decidieron descansar, buscar un lugar seguro. Y así acabaron en las alcantarillas. Sucias, mugrientas, malolientes, pero seguras por el momento. Y así se lo explicó a su grupo y dejó muy claro que quien no quisiese bajar que no lo hiciera, pero que no esperasen que fuesen después a salvar su delicado trasero. Se adentraron en el subsuelo buscando un lugar medianamente cómodo y seco, y allí se desplomaron.

¿Estás mejor?— Se agachó frente a la chica que había entrado en pánico, ofreciéndole un poco de agua de su cantimplora.—Necesito que estés recuperada para máximo dentro de dos horas. ¿Crees que podrás?

Sí. Sí, Phoenix, no te preocupes.

Perfecto.— Con una sonrisa apretó con suavidad su hombro y se levantó, agarrando con fuerza el arma. Hizo un par de rondas asegurándose de que estaban solos y solo en ese momento, cuando no se oía nada y sus compañeros dormían, fue cuando ella se dejó escurrir por la pared y se sentó en el suelo.

En ese momento recibió el mensaje por el walky talky. Y le quitó el sueño por completo. No solo aquella mujer había pretendido limitar al ejército desprotegiendo a una de las potencias más importantes del mundo, sino que además sus ideas de paz y amor entre todos los países resultaba utópica, irreal y, sobre todo, infantil. Y lo más gracioso era que, ahora, cuando la vida humana estaba en juego ella acudía a ellos, a los salvajes con pistolas y rifles. Le daba en la nariz que la presidenta iba a tener que comerse sus palabras. Pero no le gustaba. Tener a alguien con ese tipo de ideas no era recomendable. ¿Se pondría histérica si tuviese que enfrentarse a alguien? ¿Llegado el momento, tendría instintos de salvadora de las causas perdidas e intentaría entablar diálogo con aquellos que les estaban exterminando? Sabía que les entetendría, y tenían un largo camino hasta Texas. Y lo dicho, tenía un grupo que proteger.

Cuando escuchó ruidos a lo lejos se puso en guardia. Se levantó, afinó los oídos y sujetó con fuerza el arma, apuntando con la linterna en dirección al túnel que se abría frente a ella. Pero vio tres figuras que se acercaban, una con forma de mujer, y supo de quién se trataba. Especialmente cuando mencionaron su nombre.

Con cautela, iluminó los ojos del guardaespaldas que venía delante, y una vez se hubo asegurado asintió.

Les han informado bien.— Se separó del hombre, con el ceño fruncido y una seriedad autoritaria en la mirada. Se acercó a la presidenta y tuvo que contener una sonrisa, apostando que nunca hubiera soñado encontrarse en una situación como aquella. Y a juzgar por como iba vestida, no debía estar muy cómoda. Apuntó sin ningún tipo de delicadeza a sus ojos con la linterna al tiempo que hablaba.— Supongo que esta es nuestra querida señora presidenta. ¿Es de su agrado la alcantarilla, señora? —Sus superiores siempre la habían tachado de insolente. Y era cierto. No reconocía a la autoridad y por eso había decidido convertirse en ella. Y lo mejor de todo era que, en aquellas condiciones, la presidenta Amanda Parrish no tenía ningún poder.

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Última edición por Maggie May el Sáb 11 Feb - 18:00, editado 1 vez



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Re: The Last Hope.

Mensaje por Flemeth el Vie 10 Feb - 15:08


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Phoenix • Alcantarillado • Noche
Lo primero que pudo ver de aquella mujer fue la luz impactando en sus ojos de forma dolorosa. Se llevó un brazo frente a estos para poder cubrirse, aunque luego se conformó con hacerlo solo con la palma de la mano, tratando de ver a su interlocutora. Si por un breve segundo había sentido alivio al saber que era una mujer, este se había esfumado. Lo que le faltaba, una de esas militares que se creían superiores a cualquiera que no tuviera su entrenamiento. Era el tipo de persona que no aguantaba, menos mal que estaba entrenada para tratar con ellos.

No es el aroma que elegiría para ambientar mi casa, pero sin duda se está mucho mejor aquí dentro, gracias por su interés. —  aseguró con voz calma y suave. Lo peor que podías hacer con ese tipo de gente era entrarles al trapo.

Señora, espero que llegue perfectamente al refugio. Nosotros tenemos que volver. —  el guardaespaldas se dirigió a la rubia, y esta hizo una mueca, apretando los labios. Le tendió una linterna a la rubia que esta tomó y se puso en el bolsillo de la falda.

Por favor, manteneos a salvo. —  pidió, agarrando con cada una de sus manos el brazo de cada uno de ellos, dándoles un apretón que bien podría haber albergado todas las lágrimas y abrazos de despedida del mundo. Los guardaespaldas le dedicaron una mirada intensa a la presidenta y luego una de desconfianza a la militar, pero simplemente asintieron y se marcharon por donde habían venido. Amanda tomó aire profundamente y se recompuso, mostrando la mejor de sus sonrisas  y volviendo a mirar a la mujer que ahora se encargaría de que pudiera llegar viva al fin del mundo — Estoy segura de que no le caigo nada bien, lo cierto es que tampoco creo que importe cómo nos podamos sentir la una con respecto a la otra en un momento como este. Solo espero que sus sentimientos personales no afecten a nuestra travesía. —  trató de hablar lo más suave posible, porque ella no era uno de esos animales salvajes que necesitaban imponerse. Sabía de sobra que se había ganado la enemistad de todo el sector militar, pero no le importaba — Intentemos trabajar juntas.

Dicho esto ella se quedaba tranquila, y su siguiente paso era al menos conocer con quienes iba a viajar, porque no tardó en darse cuenta que no muy lejos habían más personas, era lógico que ellos también tuvieran curiosidad. Pero para mantener la paz un poco más no iba a dar ningún paso hasta que la mujer que estaba al mando lo hiciera primero. De momento.

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Re: The Last Hope.

Mensaje por Maggie May el Sáb 11 Feb - 18:29


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Amanda • Alcantarillado • Noche
Durante fracciones de segundo, en los que Phoenix y la presidenta se miraron a los ojos, se podría haber dicho que se libro una batalla de titanes. Fuertes, imponentes, convencidos en su completa autoridad y en que estaban al mando de la situación, aunque la otra creyese que estaba equivocada. Con estilos diferentes, sí, pero en el fondo iguales. La agresividad se batía con el temple, la guerra con la paz, la inconsciente valentía con el pasivo razonamiento. Por un momento los planetas se alinearon, las nubes chocaron, se desató una tormenta silenciosa entre dos mujeres terriblemente diferentes, pero que tenían muchísimo en común.

Observó a los militares marcharse hacia las profundidades de la alcantarilla con el ceño fruncido y la barbilla alzada. Sabiendo que había muy pocas oportunidades de volver a verles como quienes eran. Y no es que les conociese. No tenía ninguna clase de vínculo con aquellos hombres. Pero en tiempos de guerra se crea un extraño vínculo de camaradería con aquellos que conoces, aunque sea durante un segundo, porque la empatía humana es muy grande y si ellos no vuelven, es probable que tú tampoco.

Pero no hay tiempo para las lamentaciones cuando hay fuego cruzado, así que lo único que queda es despejar la mente y centrarse en el presente, en el ahora... en el permanecer con vida.

—Descuide, señora, si hay algún problema en esta misión puedo asegurarle que no será por mi culpa.— Porque, desde luego, las cosas se iban a hacer a su manera. Porque si les comenzaban a perseguir iba a hacer lo que hiciese falta para salvarles. Y mataría a quien hiciese falta, le gustase o no.

¿Phoenix?— Uno de los hombres que se había unido al grupo estaba de pie, desconcertado, observando, como los demás, la escena. —¿Esa es la presidenta?

Por el momento, la única respuesta que proporcionó fue un asentir de cabeza mientras aprovechaba para colgarse el arma al hombro y volver con el grupo tras hacer un gesto con la cabeza a Amanda.

—Lo es.— Dijo finalmente, y tragándose su opinión les explicó a todos la situación. —Mirad: las almas han tomado la mayor parte de la Cámara, tienen casi todo el control, pero no han podido coger a la señora presidenta.— Y añadió. —Por suerte. Así que nuestra misión es protegerla.— Muchos años al frente de un pelotón le habían dado la experiencia necesaria para saber lidiar con un grupo, y cuando antes se crease la sensación de equipo muchísimo mejor. Por eso hablaba en plural, por eso les incluía en los planes, porque si querían llegar vivos hasta El Paraíso —así llamaban al búnquer— tenían que aprender a cuidarse.

En cuanto hubo acabado de explicarles cómo iban las cosas, los adultos se levantaron a estrechar la mano a la presidenta y, entre tanto, Phoenix se acercó a la chica que anteriormente había sufrido el ataque. acuclillándose frente a ella.

—Tenemos que movernos. ¿Te sientes con fuerzas?— Por suerte asintió, y la comandante sonrió. Es lo único que necesitaba oír. —Perfecto.— Volvió a ponerse de pie y reunió a todos en un círculo.—Bien. Señora presidenta, no sé si le han explicado la situación o si le han comentado algo, pero tenemos un largo viaje hasta que podamos decir que estamos a salvo. Vamos a atravesar la ciudad por las alcantarillas, pero no es seguro que tengamos el camino despejado. Estad alerta. Todos.— Les miró con las cejas alzadas, avisándoles de que si les cogían, no podrían hacer demasiado por ellos.—Presidenta, ¿tiene alguna pregunta?

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Última edición por Maggie May el Sáb 25 Feb - 19:06, editado 2 veces



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Re: The Last Hope.

Mensaje por Flemeth el Lun 13 Feb - 13:51


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Phoenix • Alcantarillado • Noche
Al parecer y por suerte aquel era un grupo de civiles, menos mal, porque no sabía si corría más peligro en un grupo de militares o con las almas allí fuera. Miró a todos y les dedicó sonrisas de complicidad y entendimiento, dejando que Phoenix diera su discurso y asintiendo ante sus palabras. Ella se alejó en un momento dado y algunos vinieron a saludarla así que les estrechó la mano.

Todo irá bien, estoy segura de que llegaremos. — les dijo con suavidad y seguridad, colocándose luego en círculo junto con la militar y de nuevo asintiendo a sus palabras — Algo me han explicado, no se preocupe. Estoy segura de que lograremos nuestro objetivo. —aseguró con entusiasmo. Entonces llegó el momento de hacerle todas las preguntas que quisiera, y aun así creyó que era mejor no hacerlo. Quería saber qué pretendía hacer si se encontraban con alguien que tuviera un alma en su interior, cuál era el procedimiento. Necesitaba saber si tenía constancia de cuánta gente había llegado al refugio o de si se encontrarían a alguien por el camino, pero simplemente esperaría a un momento mejor, en el que pudiera pillarla a ella a solas. No creía que comenzar a hacer preguntas fuera bueno para el resto de personas, que empezarían a tener más, y las preguntas muchas veces podían llevar a la duda — No, todo está claro.

Por fin podían ponerse en marcha y Amanda tenía claro que aquel no iba a ser un camino fácil. El lugar olía bastante mal, era agobiante por estar cerrado ya que no habían corrientes de aire, se mantenía bastante oscuro a pesar de algunas luces de emergencia y la humedad era algo bastante notorio. En un principio se mantuvo caminando con el grupo, pero luego se fue apartando ligeramente. Los pies le dolían a causa de los incómodos zapatos, bueno no es que fueran malos pero no estaban pensados para pegarse una caminata semejante. No podía quitárselos porque corría el riesgo de clavarse algo y sería aun peor. Tampoco pensaba pedir que hicieran un descanso, todo el país estaba sufriendo, ella no iba a ponerse pesada por un simple dolor de pies. Aun así, en cuanto pudo se acercó a la militar, colocándose a su lado.

¿Hay algo una vez que salgamos del alcantarillado? Alguna tienda, una zona residencial...— preguntó, como si no fuera realmente importante. Si lograban pasar por un lugar así al menos podría buscar otro calzado que ponerse. De todas formas estaba segura de que en algún momento tendrían que parar para descansar, porque había otros miembros del grupo que empezaba a notarse que lo necesitaban — Supongo q-...— tuvo que callarse a media frase porque justo pasaban por una boca de alcantarillado y tras un par de gritos y el sonido de pasos corriendo, un bulto cayó por el agujero y se desplomó en el suelo frente a ellos, con un desagradable ruido sordo. Se tuvo que llevar la mano al pecho tras retroceder un poco por la impresión de lo que acababa de pasar. Aquello parecía el cuerpo de alguien y dudaba que estuviera vivo.
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Re: The Last Hope.

Mensaje por Maggie May el Vie 17 Feb - 17:38


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Amanda • Alcantarillado • Noche
Que la presidenta no hiciese ninguna clase de pregunta la sorprendió, pero no hizo ningún comentario al respecto. Simplemente, asintió, dio una palmada y dijo:

Pues en marcha. .

Estaba segura de que llegado el momento Amanda se acercaría a preguntar. No podía creer que la Presidenta de los Estados Unidos de América no quisiese saber nada. Primero, no era algo propio de alguien que quería gobernar un país. Segundo, ¿dónde estaba la mera curiosidad humana? No. En cualquier instante acudiría a ella, estaba convencida. Igual que estaba segura de que, si probablemente, no había alzado ninguna pregunta en particular era por no alterar al grupo lo cual, secretamente, agradecía mucho. Había creado una situación de complicidad y calma en aquellas personas que no quería que se rompiese, porque había mucha información que Phoenix no había dicho y que, por descontado, no esperaba tener que decir. No al menos a civiles a los que tenía que mantener a salvo. Y no es que fuera partidaria de ocultar datos relevantes... pero había ciertos asuntos que estaban en la carpeta de información clasificada, y al menos de momento, seguía cumpliendo órdenes.

Tras lo que fueron varias horas de larga caminata por la oscuridad de las alcantarillas, el entusiasmo del grupo comenzó a mermar considerablemente. Los niños ya no correteaban delante suyo sino que arrastraban los pies de la mano de sus padres, que se esforzaban por mentener la moral alta. La chica que anteriormente había sufrido un ataque de ansiedad cojeaba y el paso había reducido su marcha considerablemente. Fue entonces cuando se fijó en la presidenta, que no lucía mucho mejor. Aunque Phoenix tampoco. A pesar del duro entrenamiento al que solían someterles en las fuerzas especiales, notaba el agotamiento en los hombros, el brazo que sujeteba el rifle se le estaba durmiendo y notaba las piernas cada vez más pesadas. Pero debían aguantar más. Aunque fuese hasta estar cerca del punto de encuentro.

Cuando Amanda se acercó a ella recorrían un estrecho pasillo al lado de una rápida corriente de agua, lo que significaba que estaban cerca de una salida.

No dejaremos las alcantarillas hasta que estemos a las afueras de la ciudad, señora, es más seguro. — Comentó, frunciendo ligeramente el ceño. Con el ruido del agua no podía escuchar demasiado, pero le había parecido escuchar pasos. — Quizá haya algún bar de carretera del que podamos coger provisiones.

Y entonces lo escuchó claramente. Pasos, gritos. Por encima de sus cabezas. Su única reacción ante la caída de aquel peso muerto fue apoyarse el arma en el hombro y apuntar hacia arriba, alerta. Y después hacia el cuerpo. La posición del cuello era prueba suficiente para saber que aquel hombre no volvería a abrir los ojos conscientemente, y parcialmente se relajó. Un problema menos. Pero había otro. Y es que aquel hombre huía de alguien... ¿pero quién? Hizo una señal al grupo para que permanecieran callados y se agachó. Analizó el cuerpo con cuidado comprobando, por último, los ojos. No quería pensarlo porque traería demasiados problemas pero, efectivamente, sus sospechas eran ciertas.

Es humano. —Un pesado silencio y una exclamación ahogada fueron la única respuesta— Lo que significa que estaba huyendo. Y que estarán cerca. —Los indicios indicaban que aquel hombre se había suicidado al verse perdido, tomando la última decisión como hombre libre. Phoenix cerró los ojos, impotente, llevaba por un recuerdo que quería dejar en el pasado. — Has luchado bien. —Murmuró, haciendo el mismo comentario que hacían en su división cada vez que perdían a alguien. — Este hombre ha sido valiente. —Alzó la voz, esperando llegar a todo el grupo, que parecía terriblemente afectado. — Y tenemos que honrar ese acto de valentía acabando lo que él quería hacer. — Hizo una seña a dos de los hombres que les acompañaban para que la ayudasen a mover aquel peso inerte... hasta la corriente que había a su izquierda. — Si las almas encuentran algún rastro de vida en el cerebro, os cogerán igualmente. Por suerte, las píldoras que llevais provocan la muerte cerebral instantánea, así que no debéis preocuparos por eso. No como este hombre, al menos. —Su única intención era la siguiente: arrojar el cuerpo al agua y dejar que la corriente hiciese su trabajo con aquel cuerpo, dejándolo completamente inhabitable para los invasores.






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Re: The Last Hope.

Mensaje por Flemeth el Lun 20 Feb - 14:04


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Phoenix • Alcantarillado • Noche
Aquella imagen fue realmente horrible, tener que ver a alguien perder la vida ante sus ojos. No podía evitar imaginarse la situación allí fuera pero cualquier escenario posible le parecía horrible. Y aun así algo en su interior le decía que todo era culpa de los humanos. ¿Por qué no habían intentado buscar una forma pacífica de responder a aquello? Aquellas almas solo buscaban una paz que ellos nunca podrían alcanzar. Se quedó observando el cuerpo en silencio, tratando de apartar todos esos pensamientos de su mente.

Esperad. — pidió, antes de que terminaran de echar el cuerpo al agua y acercándose, acuclillándose junto al cadáver. Era un hombre pequeño, así que quizás...Observó su calzado con detenimiento, seguramente le serviría, así que comenzó a quitárselos, sabiendo que sería observada y dedicando una mirada a la militar — Ya no los necesitará y no quiero retrasaros. — aseguró, apretando los labios. Haría lo que tuviera que hacer.

Cuando le quitó los zapatos se sacó los suyos, reemplazándolos rápidamente. Eran unas zapatillas deportivas, le quedaban un poco grandes pero apretó bien fuerte los cordones y logró un resultado bastante cómodo, por lo menos mucho más que sus tacones, los cuales tiró al agua y se posicionó, dispuesta a seguir. Amanda era una persona pacífica y prefería evitar los conflictos a toda costa, pero no era estúpida ni remilgada. Cuando finalmente se pusieron en marcha decidió volver a colocarse junto a Phoenix, hablando en voz baja.

Los hombres que me acompañaban no pudieron darme muchos datos sobre a dónde nos dirigíamos o qué iba a pasar. Soy la presidenta pero aun no sé nada. Supongo que tú debías ser la indicada para informarme. — comentó finalmente, mirándola de reojo. No le gustaban ese tipo de compañías, pero no había de otra, además ver su arma hacía que se sintiera mucho más incómoda si eso era posible. La gente como ella siempre menospreciaban el poder de la palabra.
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Re: The Last Hope.

Mensaje por Maggie May el Sáb 25 Feb - 19:34


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Amanda • Alcantarillado • Noche
Mover el cuerpo inerte de aquel hombre resultó sencillo. No era un cuerpo pesado, tampoco demasiado grande, así que por suerte acabaron pronto con la tarea. Sin embargo, y como suelen decir, la procesión iba por dentro. A Phoenix se le revolvían las tripas cada vez que tenía que mover los cuerpos sin vida de aquellos que habían preferido perder sus vidas a sus conciencias. Porque eran valientes obligados que no merecían lo que estaba pasando, porque no deberían haber sido forzados a tomar aquel tipo de decisiones. Un nudo se le había asentado en el estómago y quería ignorarlo, pero resultaba imposible. La rabia y la impotencia le subían por la garganta y se proyectaban en su cara, con la mandíbula tensa, los labios apretados... aparentando una serenidad entrenada que distaba mucho de ser real. Sin embargo, de aquel malestar la liberó, en cierto modo, la intervención de la presidenta, que hasta le arrancó una mínima sonrisa irónica. Vaya con la señora presidenta, se dijo, careciendo de escrúpulos como todos los demás.. Y es que le resultaba, de cierto modo, cómico que la persona que clamaba por la paz tomase medidas propias del campo de batalla... donde todo vale.

No emprendieron la marcha hasta que la corriente se llevó el cuerpo, maltratándolo como si se tratase de un arapo, una marioneta, un juguete roto y viejo que nadie quiere. Le esperaban golpes, cortes y cosas terribles, pero era lo mejor... no debía quedar nada utilizable para las almas. O su sacrificio no hubiese servido para nada.

Cuando hubo desaparecido echaron a andar, sí, pero el ambiente más o menos relajado y distendido había sido sustituído por un silencio pesado y abrumador que cortaba la respiración, que debatía la naturaleza humana y se preguntaba por la vida y la muerte. Ni siquiera Phoenix, que como siempre lideraba el pelotón, tenía demasiadas ganas de levantar la moral. Por suerte, aunque nunca lo admitiría en voz alta, apareció Amanda para cambiar de tema.

Imaginaba que no le habrían dicho nada. La evacuación fue muy rápida, según me dijeron. —Comentó, sin dejar de mirar al frente, siempre con los cinco sentidos alerta— El Paraíso está en Texas, señora. —Y fue entonces cuando, por primera vez, la miró, intentando que se diese cuenta que era un viaje complicado, larguísimo y que necesitaba que se olvidase de sus tonterías pacíficas y que colaborase. — Una vez que salgamos de las alcantarillas nos esperan dos coches. —Y conscientemente, bajó el tono a continuación. No quería que los civiles se enterasen de aquello— Pero las comunicaciones con el grupo se han cortado hace más de una hora y hay muchas posibilidades de que lo que nos espere allí sean almas. Así que debemos andarnos con ojo.

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