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☼ Baptized in fire

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☼ Baptized in fire

Mensaje por Sheena el Dom 19 Feb - 22:41




Jack Redfield
Nacido y criado en la ciudad danesa de Silkeborg como el hijo de una pareja de granjeros, Jack nunca imaginó que su vida acabaría trastocada por la existencia de un mundo del que, hasta aquel momento, jamás había oído hablar: Idhún. El mundo de los tres soles y las tres lunas, el mismo lugar del que procede la mitad de su ser.

Yandrak, el último de los dragones, y actualmente uno de los miembros de la Resistencia que planea acabar con el dominio de Ashran, el Nigromante.

Desde su llegada a Idhún, las cosas no han hecho más que empeorar. La eterna lucha entre magos y sacerdotes, unido al inexorable avance de las tropas de Ashran, que han conseguido hacer caer la Torre de Kazlunn, solo está consiguiendo dividirlos todavía más. Además, por si eso no fuera suficiente, Jack no ha conseguido todavía despertar a Yandrak en su interior. Por ello, decide emprender una misión en solitario para llegar a Awinor, el antiguo hogar de los dragones. Por consejo directo de Christian, Victoria ha decidido acompañarle y, tras cruzar la Cordillera Cambiante y escapar de las garras de un gigantesco árbol, ambos han sido rescatados por el pueblo limyati. Allí, han dado con una exploradora semiyan, Kimara, que parece dispuesta a acompañarlos a través de Kash-Tar hasta alcanzar las yermas tierras de los Confines del Mundo. Los tres se han embarcado de nuevo en el largo trayecto hacia Awinor, pero por el camino Jack está empezando a descubrir que Victoria no es la única chica por la que siente cosas: Kimara parece ejercer sobre él una poderosa atracción que es incapaz de explicar ni controlar, y que le está llevando a preguntarse muchas cosas.
&
Kimara
No se podía decir que la vida de Kimara estuviera exenta de acción. Nacida entre los limyati, desde muy pequeña supo que pertenecía al desierto, que la parte yan que convivía en armonía con su otra raza era más fuerte. Por esta razón escogió vivir en Kash-Tar con su padre. Aprendió las costumbres de los yan, recorrió el desierto que era su casa de arriba a abajo hasta que llegó a conocer cada uno de sus recovecos, cada duna, cada grano de arena, cada oasis, cada uno de sus secretos. Era el único lugar donde sentía que encajaba realmente, puesto que se sentía poco identificada con los limyati e incluso de su propia gente, los yan, sentía que la separaba una barrera invisible. Solo el desierto era capaz de contener el fuego de su interior. Por eso se convirtió en exploradora y, más tarde, en guía. Donde otros veían peligro, ella solo veía emoción. Quizá era la cercanía de Awinor: Kash-Tar era lo único que la separaba de la mítica tierra de los dragones. No se atrevía a poner un pie en ella porque sabía que no era digna y, pese a que era muy pequeña, Kimara aún recordaba los días en que las majestuosas criaturas surcaban los cielos, antes de su fatídica caída. Los dragones poblaban sus sueños y fantasías desde siempre. Esta emoción se hace más fuerte cuando conoce a Jack, el muchacho que guarda dentro de sí la esencia del último de su raza. Casi parece una consecuencia irremediable comenzar a sentir por él cosas más intensas, que la queman más que su propio fuego. Solo hay un problema: su corazón ya pertenece a alguien más. Pero ella es una hija del desierto: no puede rendirse tan fácilmente.
in
Baptized in fire

Entre los yan se decía que el desierto de Kash-Tar era un lugar muy misterioso, que no tenía nada que envidiar al bosque de Awa o al lejano y helado norte. Jack no hubiera dicho aquello de lo que a simple vista parecía una inmensa extensión de arena reseca. Claro que no tenía ni idea de lo que iba a encontrarse allí. Viajaba a Awinor para hallar su esencia, para conectar con sus antepasados desaparecidos. Nunca habría imaginado que sus raíces de fuego estaban más cerca de lo que pensaba, antes incluso de llegar al cementerio de dragones.

Para Kimara aquel iba a ser un trabajo más, otro de tantos. Escoltaba a viajeros de toda clase y condición a través de las ardientes llanuras de Kash-Tar, guiándolos lejos de los peligros ocultos entre las dunas. Normalmente se trataba de comerciantes que necesitaban tomar esa ruta por rapidez u otras ventajas, como asegurarse de que los bandidos no los perseguirían hasta allí. Por lo cual no pudo dejar de sorprenderse al ver que sus nuevos acompañantes eran poco más que unos niños. A punto estuvo de ignorarlos cuando lo descubrió: el fuego que dormía en los ojos de ese chico, el fuego del dragón.

§


Última edición por Sheena el Lun 6 Mar - 16:30, editado 2 veces


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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Carrie_B el Dom 26 Feb - 18:55

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
Llevaban ya un rato en torno a la hoguera, viendo a las mujeres yan deslizarse por la arena como si, en realidad, flotasen sobre ella. Sus pies fuertes y pequeños la pisaban sin miedo a hundirse, a la vez que sus cuerpos giraban sin cesar entre las llamas. Era un espectáculo tan hermoso, tan brillante y sobrecogedor que Jack se sentía incapaz de apartar los ojos de ellas. Les habían servido bebida y comida al comienzo de la noche, una especie de vino fuerte que sabía a especias y una carne blanca y espinosa que, aún así, estaba sorprendentemente tierna, pero Jack ni siquiera se habría acordado de comer si Victoria no le hubiese recordado de vez en cuando que aún tenía su cuenco intacto en el regazo.

Llevaba sintiéndose extraño desde que habían entrado a Kash-Tar. Al principio había creído que se trataba del propio desierto, un paraje árido y desolador cuyos únicos y escasos oasis habían sido creados por magos. A diferencia del Bosque de Awa o incluso de la Cordillera Cambiante, el desierto era un espacio totalmente abierto: no existía ni árboles ni montañas que ocultasen el cielo y el horizonte. Estaban totalmente expuestos bajo aquel manto intensamente azul, y aunque en parte eso le hacía sentirse vulnerable, también había despertado en él una agradable sensación de libertad. Como si, hasta aquel momento,  hubiese llevado puesta su capa de banalidad en todo momento. Victoria lo había pillado más de una vez ojeando el cielo con avidez, recordando unas sensaciones que estaba seguro de que jamás había experimentado antes, y también sabía que lo había visto mirando a Kimara. La semi-yan buscaba su compañía con una frecuencia inusitada, y cada vez que sus ojos rojos se clavaban en los de Jack, parecía como si todos esos sentimientos dormidos estallasen de pronto en una súbita llamarada desde el centro de su pecho. Le gustaba tenerla cerca, muchísimo, y se sentía muy culpable por ello. Victoria había hecho un gran esfuerzo para acompañarle en su peregrinaje a Awinor, la antigua tierra de los dragones situada al sur, y no parecía muy correcto que él le devolviese el favor fijándose mientras tanto en otra mujer. A pesar de todo, ella no le había hecho ningún comentario al respecto, no sabía si porque no le importaba o porque no quería molestarle.

Los tambores resonaron una última vez con fuerza, trayendo de nuevo su mente al presente, donde el número de bailarines había mermado considerablemente. Ahora, tres mujeres ataviadas con pantalones holgados de color terroso y finos sostenes entrelazados a su espalda sostenían dos antorchas encendidas, que se deslizaban por sus cuerpos fibrosos como serpientes de fuego. No le costó descubrir a Kimara entre ellas porque era la única que lo miraba con una intensidad turbadora. El fuego proyectaba sombras sobre su rostro, convirtiéndola en una criatura salvaje y fascinante. Jack ni siquiera se había dado cuenta de que su cuerpo se inclinaba cada vez más hacia ellas hasta que alguien no le obligó a incorporarse y lo empujó de lleno al círculo de fuego. Trastabilló, consciente de que no se sabía los pasos y de que el baile nunca había sido una de sus virtudes, pero cuando los ojos de fuego de Kimara surgieron ante él como dos brasas chispeantes, dejó de pensar. Los arcos de fuego los rodearon una y otra vez, calentando el aire a su alrededor, y Jack llegó a sentir que de verdad estaban dentro de una hoguera gigante. Notaba el calor abrasador y agobiante sobre la piel, y las suaves trenzas de Kimara rozándole cada vez que ella hacía un giro especialmente rápido. No supo cuánto tiempo estuvieron bailando, pero cuando por fin se decidió a salir del círculo aprovechando un pequeño tropiezo, tenía la ropa empapada en sudor y la respiración tan agitada que jadeaba. Kimara, por el contrario, parecía fresca como una rosa. Una hija del fuego, ¿eh?

—Tengo sueño —escuchó que decía entonces la voz de Victoria, que acababa de situarse junto a él. Seguía con esa expresión neutral en el rostro, pero a Jack le invadió la culpa de inmediato—. Me parece que me voy a dormir.

Voy contigo.

—No hace falta —le aseguró entonces ella, y Jack no pudo ocultar su perplejidad. ¿Cómo? ¿Es que prefería que se quedase allí en lugar de acompañarla? ¿O ahora había decidido también que era mejor que no siguiesen durmiendo juntos? Su mirada se desvió levemente hacia ese anillo que Victoria no se quitaba nunca, y al que ella solía dar las buenas noches cuando creía que Jack dormía. ¿No iba a dormir con él pero tampoco iba a quitarse el anillo de Christian? ¿Qué significaba eso?—, sé que lo estás pasando bien. No pareces tener sueño.

No, claro que no tenía sueño. Se sentía más despierto que nunca, pero estaba dispuesto a volver a la tienda con ella y a dejar a Kimara atrás. Sin embargo, Victoria había decidido de pronto que dejarles allí juntos era una idea mejor. ¿Acaso no le importaba lo que pudiera suceder entre ellos? Era completamente imposible que en todos aquellos días no se hubiese percatado de la forma en la que Kimara le buscaba, de cómo parecía despertar en él un ansia dormida que Jack debía esforzarse mucho por controlar, y aún así... Le da igual, comprendió de pronto, y la furia comenzó a palpitar con fuerza en sus sienes. Le da igual, porque yo no soy Christian. Si se hubiese tratado de ese maldito shek, los habría detenido al instante.

Bueno, pues que descanses. Buenas noches —se despidió, antes de apretar los dientes y girarse de nuevo hacia el espectáculo de la hoguera.

Escuchó sus débiles pisadas alejándose del lugar, pero Jack no se volvió a mirarla ni una sola vez. Estaba demasiado confuso, demasiado dolido y demasiado enfadado como para querer ir tras ella una vez más. Ya sabía lo que se encontraría después, y aunque había tratado de asumirlo en multitud de ocasiones y de entender por qué Victoria podía querer de aquel modo, ahora comenzaba a darse cuenta de que no lo había conseguido. Ni siquiera cuando la instó a seguir a Christian hasta la tierra de los gigantes, en lugar de acompañarle a él. Había querido que fuese un gesto desinteresado hacia ella, para demostrarle que la amaba profundamente, pero la realidad era que en todo momento había rezado porque ella rechazase su propuesta e insistiese en acompañarle a él. Al final había sido así, pero no podía olvidar que antes de ello Victoria había corrido río arriba para ir a buscar al shek, mientras Jack debía continuar río abajo. Quizás un dragón sea un ser demasiado egoísta como para poder llegar a comprender de verdad a un unicornio...  

El baile terminó en aquel mismo momento, con un último redoble de tambores cuyas notas flotaron en el aire con las lenguas de fuego. Jack se quedó de pie en el mismo lugar en el que Victoria lo había dejado, y sus ojos verdes volvieron a encontrarse entonces con la expresión salvaje de Kimara, que acababa de volverse hacia él. La semi-yan no despegó los labios, pero tampoco fue necesario. Poco después desapareció en el interior de su tienda, y Jack no vaciló ni un solo instante antes de seguirla. Apartó la lona que ocultaba la entrada con impaciencia y la buscó con la mirada, a la vez que las palabras que ella no había sentido necesidad de repetir resonaban de nuevo en su cabeza: "No aspiro a obtener tu amor porque sé que no soy digna de él. Solo soy una semiyan, mientras que por tus venas corre el auténtico fuego de los señores de Awinor. Pero, si alguna vez deseas una compañía diferente a la de ella... será para mí un orgullo y un placer pasar la noche contigo".
CON Kimara | Hadikah | Noche





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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Sheena el Sáb 18 Mar - 14:12

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
Estaba de más decir que cuando Kimara aceptó aquel trabajo, no tenía ni idea de lo que acabaría pasando. Lo hizo a regañadientes, pues no le hacía mucha gracia servir de guía para dos niños a los que seguramente no se les había perdido nada en el desierto. Si no llega a ser por ese chico, Jack, hubiera dejado que se las apañaran por su cuenta. Pero en cuanto le miró, supo que era diferente: dentro de él dormía un fuego similar al de los hijos de Aldún, pero mucho más fuerte. Cualquier yan podría darse cuenta de eso, incluso ella, que era de sangre mestiza.

Siguiendo ese impulso, esa advertencia de su instinto que le indicaba que no dejara marchar al joven sin más, emprendieron la marcha a través de Kash-Tar. Las primeras jornadas transcurrieron con normalidad, estaban descansados y contaban con suficiente agua y víveres. Pero enseguida quedó claro que la chica, Victoria, no estaba hecha para aguantar las duras condiciones del desierto. Pronto llegó el punto en que no pudo esconder que le fallaban las fuerzas, tropezaba con demasiada frecuencia y al final acabó por quedarse sin energía. Para que lo entendiese, Jack comparó su caso con el de los feéricos, que necesitaban estar siempre cerca de la vegetación para no consumir su energía vital. Pero Kimara no detectaba en ella ningún rasgo de esta raza, parecía una humana común y corriente. Según Jack, Victoria era especial, pero a la semiyan le parecía más bien que esa singularidad solo la percibía él y tenía más que ver con sus sentimientos que con ninguna condición física.

Porque era evidente lo que había entre los dos. No es que no se molestasen en ocultarlo, que tampoco (al fin y al cabo, no tenían por qué hacerlo), sino que además quedaba patente en la forma en que Jack se desvivía por ella. La cuidaba desde que se levantaban los soles hasta que se ponían, se preocupaba por ella más que por sí mismo, la ayudaba a caminar, se ocupaba de que bebiera y comiera siempre antes que él, la arropaba para protegerla de las frías noches en el desierto. Kimara tenía claro que, de no ser por sus cuidados, se habría quedado atrás hace mucho. En parte admiraba esta dedicación hacia otra persona, era una gran cualidad, propia de alguien bueno y altruista. Pero por otro lado… no podía evitar una punzada de celos al verlos.

A pesar de ser tan obvio que ellos ya tenían un vínculo, eso no había impedido que Kimara desarrollara ciertos sentimientos por el muchacho que guardaba el fuego en su interior. Al principio se dijo a sí misma que solo era afinidad, dado que eran criaturas semejantes (aunque él estaba muy por encima de ella, desde luego). Sin embargo pronto tuvo que admitir que había algo más. Ella, que estaba acostumbrada a la soledad incluso cuando se encontraba entre los de su propio pueblo, disfrutaba de la compañía de Jack mucho más de lo que hubiera podido esperar. Era alegre, divertido, aventurero… en definitiva, alguien que encajaba bien con su personalidad. Le buscaba casi sin darse cuenta: para caminar junto a él, para mostrarle los caminos ocultos en la arena, invisibles para cualquiera pero que ella era capaz de encontrar fácilmente; o simplemente para entablar conversación. A veces charlaban largo y tendido junto al fuego, por las noches, cuando Victoria caía dormida, presa de la extenuación. Eso a Jack no le pasaba nunca, siempre tenía energía, incluso en medio del agotador desierto. Era como un torrente de fuego que le recorría las venas y que no se agotaba nunca. Eso le agradaba, aunque a decir verdad era la primera vez que se sentía de esa manera con alguien.

No obstante esa cercanía, seguía existiendo una barrera entre ellos: Victoria. Kimara no la odiaba, no tenía nada contra ella. Simplemente le parecía una persona de lo más corriente y no entendía muy bien qué veía Jack en ella pero si la quería sería por algo y no iba a entrometerse en eso. El muchacho no la rechazó abiertamente porque Kimara no le dio la oportunidad: sabía que lo haría y prefería no escucharlo. No podía esperar nada más. Por eso, aunque le doliese, lo único que pudo hacer fue dejar aquella oferta en el aire, aunque no tenía muchas esperanzas de que fuera a aceptarla en algún momento.

Así estaban las cosas cuando llegaron a Hadikah. Jack seguía tratándola con confianza, aunque sí había algo de tensión entre ellos, mientras que Victoria apenas pronunciaba palabra, no sabía si por el cansancio o porque estaba al tanto de lo que había ocurrido entre ambos. Esa noche se celebró una fiesta en honor a los invitados. Kimara no tenía muchas ganas de celebraciones pero las demás mujeres insistieron y al final acabó animándose a participar en las danzas. Qué mejor manera de dejar atrás las preocupaciones, aunque fuera por unas horas, pensó. Antes de darse cuenta, se había dejado llevar por la danza, perdida en los ritmos frenéticos y trepidantes de aquellas canciones que conocía tan bien. A medida que bailaba fue animándose e y buscó a Jack; primero con la mirada, luego le invitó a unirse al baile. Para su sorpresa, aunque algo reticente al principio, acabó dentro del círculo, desenvolviéndose como buenamente podía. No lo hacía mal para ser la primera vez… y para venir de otro mundo. Le seguía el ritmo como si fuera tremendamente sencillo. Y lo era. Era tan fácil combinar sus movimientos, saber lo que pensaba el otro con una sola mirada. Como si allí no hubiese nadie más que ellos, rodeados por el fuego.

El joven se retiró antes, mientras que ella aún siguió bailando hasta que la canción acabó. Cuando cesó la música se dio cuenta de que estaba solo: Victoria había desaparecido. Y él se había quedado. Estaba claro que eso significaba algo, al igual que esa noche no era como las demás. Esta vez, Kimara sentía una seguridad en sí misma que no se desvanecía, como alimentada por su propio fuego interior. Sin una palabra de por medio se internó en su tienda, esperando que él la siguiera. Así fue, y no necesitó decirle nada para que supiera lo que estaba pensando. Había dado ese paso y ahora ella daría el siguiente. Tal como le había buscado siempre, eliminó la distancia que los separaba en un parpadeo para encontrar el calor en su abrazo, para transmitirle el suyo en forma de besos. Estaba dispuesta a cumplir lo que le había prometido en aquella ocasión.

Con Jack | Hadikah | De noche





Última edición por Sheena el Vie 31 Mar - 11:19, editado 2 veces


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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Carrie_B el Miér 22 Mar - 18:46

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
Cuando la lona cayó de nuevo tras él, ocultándolos a ambos y aislándolos en aquel pequeño refugio que olía a almizcle, Jack fue incapaz de pensar en otra cosa que no fuese en Kimara, y en sus enormes ojos rojizos que brillaban igual que un candil encendido. Se contemplaron unos instantes en la semi oscuridad, como si ambos tratasen de asimilar lo que aquello significaba, y Jack se descubrió a sí mismo ansioso e impaciente por cubrir la distancia que los separaba.

Cuando Kimara se deslizó finalmente entre sus brazos, cálida y silenciosa, ese poco auto control que aún se esforzaba por mantener se carbonizó al instante. Sus labios suaves y expertos presionaron los de Jack, que respondió de buen grado. Hundió las manos en la maraña de pequeñas trenzas blancas, duras y fuertes como el propio desierto, y dejó que el calor que parecía haberse atenazado en su interior desde hacía días se expandiese por todo su ser, desconectando su mente y dando rienda suelta únicamente a sus sentidos. Exploró aquella piel morena y terrosa, tan distinta a la suya, y poco después hundió el rostro en su cuello.

Para cuando quiso darse cuenta, estaba tumbado sobre ella encima de un lío de mantas, con los dedos enredados en el lazo que sujetaba el fino sostén de tela de Kimara. El pecho de Jack subía y bajaba, jadeante, y notaba la frente ardiendo y empapada en sudor, como si tuviese fiebre. Nunca antes había estado con ninguna chica que no fuese Victoria, y con ella las cosas tampoco habían llegado a ese punto, de modo que en realidad estaba actuando totalmente a ciegas. Sus caricias eran mucho más torpes y apresuradas que las de la semiyan, pero a ella no parecía importarle. Lo miraba solo a él, y no sólo eso: Jack sabía que, cuando lo hacía, también lo veía solo a él. No tenía que competir con nadie por su afecto y su atención, y a pesar de que aún le resultaba extraño, en el fondo aquella especie de adoración que le profesaba la semiyan le venía muy bien para calmar las heridas abiertas de su orgullo.

Y Jack sabía que eso no era justo para Kimara. Se merecía que la quisieran, pero no por despecho.

Kimara... —la detuvo, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad. El fuego que lo consumía por dentro seguía incluso más vivo que al principio, asfixiándolo, amenazándolo con hacerle perder de nuevo el control, pero se obligó a sí mismo a apartarse, quizás demasiado bruscamente. Se sentó con la espalda apoyada en la tela de la tienda y respiró hondo, alborotándose el cabello rubio con la mano. Le temblaban tan violentamente que tuvo que apretarlas en sendos puños para controlar los temblores—. No puedo. No creo que ahora mismo... No estaría siendo sincero contigo y no te lo mereces...
CON Kimara | Hadikah | Noche





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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Sheena el Jue 13 Abr - 12:49

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
Una vez que los brazos de Jack la recibieron sin objeciones, Kimara dejó de preocuparse por cualquier otra cosa. Si fuera otro tipo de persona se estaría maravillando de que lo que tanto anhelaba y pensaba que no sucedería estuviera pasando al fin pero ¿por qué perder tiempo en ello cuando podía dedicar toda su atención a Jack? Cualquier barrera que hubiera entre ellos había desaparecido y no iba a desaprovecharlo.

Su naturaleza apresurada se hacía patente en sus caricias, en su forma de buscar el contacto con el chico de aliento de fuego. No es como si tuvieran prisa, simplemente no era de las que se tomaban las cosas con mucha calma. Parecía que él tampoco: dejó que fuera marcando el ritmo que le pareciera mejor, que casualmente se adecuaba mucho al suyo, pese a quedar claro que estaba recorriendo un sendero que no había transitado con anterioridad. Otra prueba más de lo similares que eran, de lo bien que se entendían, de lo sincronizados que estaban. No acusó esta inexperiencia en lo más mínimo: aunque fuera mayor o hubiera tenido sus experiencias previas, estar con Jack era exactamente como esperaba.

Al tenderse sobre las mantas que cubrían el suelo de la tienda, pudo contemplarle con detalle; nunca le había tenido tan cerca. Se perdió en su rostro de facciones juveniles, en sus alborotados cabellos rubios, en esos ojos verdes que escondían tras de sí el alma del dragón. Le pareció que sus dedos dudaban sobre su espalda y se preguntó si habría algún problema. ¿Podría ser que nunca hubiera llegado tan lejos? No lo creía, después de todo, estaba Victoria.

No tuvo que esperar mucho para conocer la respuesta. Y, por supuesto, estaba relacionada con la chica humana. Jack se separó de ella poniendo toda la distancia posible entre ambos. Kimara también se incorporó, quedándose sentada sobre las mantas. Aún notaba el calor corriendo por sus venas, el ritmo frenético de su respiración, que se fue tranquilizando a medida que pasaban los segundos. El ambiente en la tienda se había enfriado de repente y a su propio cuerpo le ocurrió lo mismo al escuchar las palabras de Jack. Entonces ¿eso haría? ¿Darle la oportunidad para después negársela? ¿Se arrepentía? Creía comprender sus razones pero no podía evitar sentirse dolida. ¿No podía haberlo pensado antes, en lugar de ceder a sus impulsos y luego echarse atrás? Si realmente no quería, nunca debió entrar en esa tienda con ella.

- Jack… No negaré que me siento desilusionada. Pero no puedo culparte por pensar las cosas dos veces ni obligarte a hacer nada que no quieras. No es así como quisiera estar contigo – no era momento de andarse con rodeos; al igual que le había dejado claro aquella vez a lo que estaba dispuesta, ahora también era completamente sincera – Sin embargo… creo que esto no es por mí, sino por ella – siempre es ella, pensó, desengañada – Así que no me utilices de excusa, por favor. Entiendo perfectamente que no quieras traicionarla, aunque es algo que no me incumbe. Por mi parte, esto es todo. No intentaré presionarte para que cambies de opinión, me ha quedado claro. Os llevaré hasta Awinor como prometí. Hasta entonces, seguiremos siendo compañeros.

Con Jack | Hadikah | De noche





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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Carrie_B el Vie 21 Abr - 20:30

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
Kimara no habló de inmediato, y eso solo consiguió alterar aún más los nervios de Jack. ¿Se habría enfadado con él por lo que acababa de hacer? Estaba en su derecho, desde luego, aunque la perspectiva de que Kimara también comenzase a distanciarse de él como Victoria le resultó más dolorosa de lo que creía. Si se hubiese parado a pensar por un solo minuto, no habría cometido la tontería de seguir a Kimara hasta su tienda solo porque...

¿Por qué? ¿Por Victoria? ¿Por resentimiento? Ni él mismo terminaba de entenderlo. Lo único que tenía claro era que Kimara no se merecía que él le hiciese daño, aunque a tenor de sus palabras quedó claro que había fracasado en su intento de no herirla.

No podía rebatir ninguna de las afirmaciones de la semi-yan. Estaba dolido y enfadado con Victoria, con su actitud y su extraña concepción del amor, sí... pero los fuertes sentimientos que lo ataban a ella seguían ahí, y sabía que lo que había hecho con Kimara estaba mal. Sin embargo, no había pensado en Victoria cuando la había apartado bruscamente de su lado, si no en Kimara. En cómo podría sentirse ella si averiguaba que, en realidad, el corazón de Jack todavía pertenecía a su amiga.

Puede que los unicornios fuesen tan generosos como para partir en dos su corazón y repartirlo, pero Jack nunca sería capaz de convertir a Victoria en el Christian personal de Kimara.

Quiero a Victoria —admitió finalmente, entrecruzando los dedos sobre sus rodillas y respirando hondo para tratar de calmarse un poco. Notaba el cuerpo sudoroso y febril, y la calidez almizclada que tanto lo había atraído en un inicio se le antojó demasiado agobiante. Necesitaba salir con urgencia de allí y respirar aire fresco, pero sentía que le debía una explicación a Kimara—.  Muchísimo. Y sé que ella siente lo mismo, pero Victoria... —dudó unos instantes, sin saber muy bien cómo definir aquel extraño eslabón que había formado su amiga entre Christian y él, y finalmente se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa cansada—, Victoria ama de manera muy diferente al resto. Y eso me resulta complicado de entender.

Por primera vez desde que ella había hablado, se atrevió a volver a mirarla a los ojos, rojos y penetrantes. No tenían la luz que proyectaban los de Victoria, pero le parecían igualmente bonitos. Y esos ojos sí que los comprendía.

Pero no es excusa para la forma en la que me he comportado. No pretendía herir tus sentimientos, de verdad. Me gustas mucho, Kimara —repuso con honestidad—, y por eso creo que te mereces algo mucho mejor de lo que ahora mismo puedo darte yo. No me siento bien ofreciéndote algo con lo que yo mismo no me conformaría.

Se humedeció los labios, notando el sabor salado del sudor que los recubría. Empezaba a sentirse un poco enfermo.
CON Kimara | Hadikah | Noche





Última edición por Carrie_B el Sáb 17 Jun - 12:43, editado 1 vez


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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Sheena el Vie 28 Abr - 21:01

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
Quiero a Victoria.

Aquellas palabras cayeron, pesadas, sobre el silencio que se había formado entre los dos tras la respuesta de la semiyan. No era nada nuevo, ni que no supiese, pero escucharlo de forma tan directa de su propia boca justo después de lo que acababa de pasar era, cuanto menos, doloroso.

Y la cuestión era que Kimara no había esperado otra cosa, era obvio que lo que fuese que Jack sintiera respecto a esa chica no iba a cambiar de un día para otro por el mero hecho de conocerla. Ni era asunto suyo ni le interesaba lo que hubiera entre ambos, ni lo que implicaba que Jack se hubiera decidido a pasar la noche con ella. Eso quedaba entre ellos; desde luego iba a actuar según su propia moral, no la de otros. Pero aun así, no podía evitar preguntarse por qué el hecho de que él quería a Victoria pareciera no importarle hacía tan solo unos minutos y sí ahora.

Quizá tenía que ver con eso que estaba diciendo, que ella quería de forma diferente. Kimara no era ninguna experta en el amor ni tenía precisamente ganas de desentrañar lo que significaba aquella frase. Solo sabía que, conociendo como conocía a Jack, no le había visto nunca tan frustrado como al compartir esa afirmación. Fuera lo que fuese lo que quisiera decir con eso, daba la impresión de que lo que Victoria le daba no era suficiente. ¿Por eso se había ido con ella, retractándose después porque sentía que de todas formas la estaba traicionando? Todo eso era demasiado complejo para la semiyan, que solo buscaba el afecto de Jack, ya que su amor no lo tendría nunca. Pero tampoco había conseguido eso, así que lo mejor sería olvidarse de todo, por mucho que se le encogiera el pecho ante semejante perspectiva.

- No necesito que me des explicaciones sobre… lo que sea que haya entre vosotros – era incómodo tratar ese tema, pero le devolvió la mirada cuando él clavó los ojos en los suyos; era lo mínimo que podía hacer – No seré yo quien se interponga entre ello, esa nunca ha sido mi intención – aclaró, porque estaba segura de que, si no Jack, seguro que Victoria tenía esa idea al respecto.

Al menos, el chico parecía sincero con sus disculpas; también al decir que ella le gustaba. Le creyó, por la sencilla razón de que lo había visto por sí misma. Ese no era el problema. Y al menos pudo apreciar que admitiera que se había equivocado en su proceder, que no quería herirla aunque las cosas hubieran terminado de esa manera. Después de todo no había actuado con malicia: solo estaba confuso respecto a sus sentimientos. Nada extraño para un adolescente. Todo ello contribuyó a apaciguar un poco el enfado que había surgido en su interior en un primer momento. Sus palabras, ese “creo que mereces algo mejor”, estaban llenas de buena voluntad. Kimara no sabía lo que merecía o lo que no, solo sabía que quería a Jack. Aun siendo que él no se consideraba lo apropiado para ella, la semiyan no podía sino pensar lo contrario. Lástima que eso nunca fuera a suceder. Decidió que ya habían tenido suficiente por una noche, por lo que suavizó un poco su expresión antes de dirigirse de nuevo a él.

- Jack… Aprecio tus intentos de… hacerme sentir mejor, o lo que quiera que sea, pero no es necesario. De verdad. Esto es lo que quieres y he de aceptarlo – hizo una pausa, dudando si debía decir lo que pasaba por su cabeza o sería hablar de más. Al final, como de costumbre, no pudo callárselo – Sin embargo… Si aceptas un consejo, tampoco deberías conformarte con algo que a todas luces no es suficiente para ti. Por muy intensos que sean tus sentimientos, si no son correspondidos de la misma manera, quizá… - se dio cuenta de que, ya sí, había dicho demasiado, por lo que cerró la boca y sacudió levemente la cabeza – No lo digo por despecho o algo parecido. Tómalo como una opinión de alguien a quien le importas.

Con esto, dio el tema por cerrado, al menos por su parte. ¿Qué más podía decir? Esa puerta se había cerrado para siempre y no había ninguna garantía de que volviera a abrirse. Tan solo esperó a que Jack se marchara definitivamente adonde debía y quería estar: al lado de Victoria.

- No tienes buen aspecto, deberías tomar el aire – sugirió – Además… ella te estará esperando.

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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Carrie_B el Jue 4 Mayo - 20:18

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
No sabía si había conseguido transmitirle a Kimara lo que de verdad sentía, pero al menos se alegraba de que la semiyan pareciese haber aceptado sus palabras. Nunca se le habían dado bien esas cosas; siempre se ponía nervioso, le sudaban las manos y los nervios le jugaban malas pasadas. Sin embargo, la voz de Kimara no había temblado ni un ápice en todo su discurso. Ni siquiera cuando había dicho en voz alta lo que Jack apenas se atrevía siquiera a pensar.

"Por muy intensos que sean tus sentimientos, si no son correspondidos de la misma manera...". Le dolía pensarlo. Mucho. Pero, ¿y si ella tenía razón? ¿Había algo que él pudiese hacer al respecto? No podía obligar a Victoria a querer de una forma distinta, del mismo modo que tampoco podía obligarse a sí mismo a cambiar sus sentimientos. Aunque se esforzase al máximo por entenderla, por aceptar esa extraña decisión... la bilis conseguía treparle hasta la garganta cada vez que la veía con Christian. El shek, en cambio, parecía ser completamente inmune a los celos que corroían a Jack. Hasta ese momento se había auto convencido de que todo era porque Victoria no le importaba lo suficiente, pero tras ver cómo daba la espalda a los suyos por estar a su lado... ya no tenía las cosas tan claras. Y eso todavía era más frustrante.

—No tienes buen aspecto —escuchó que decía Kimara entonces—, deberías tomar el aire. Además… ella te estará esperando.

¿Le estaría esperando? Ahora mismo, no se sentía con fuerzas de volver a su tienda y tenderse a su lado, quizás para contemplar cómo se había quedado dormida con el anillo de Christian apoyado contra la mejilla.

Sí. No estoy acostumbrado a andar por un desierto —admitió, secándose el sudor de la frente con el reverso de la mano—. He debido de coger una insolación, o algo parecido. Te parecerá absurdo pero... la verdad es que el calor me agobia bastante.

Tuvo que ayudarse de una de las firmes sujeciones de la tienda para ponerse en pie, porque notaba las piernas inestables y temblorosas. En cuanto saliese fuera y aspirase un poco de aire fresco, seguro que se encontraría mejor. Solía recuperarse bastante rápido cuando caía enfermo, así que por la mañana probablemente volvería a sentirse bien. Solo necesitaba salir de allí, respirar, ver el cielo abierto encima de su cabeza y...

Gracias por todo, Kimara —se despidió, esbozando una cálida sonrisa, antes de abandonar el interior de la tienda.

Fuera, la temperatura descendía varios grados. Tantos que, de primeras, incluso se encontró tiritando mientras sobrepasaba el resto de tiendas del campamento.  El "Hadikah", como lo había llamado Kust, formaba una pila colorida y desordenada en medio de aquel paisaje eternamente arenoso. Habían dejado los torkas casi al final del todo, en la única zona de los alrededores que tenía un montículo de roca desnuda. No era muy alto, pero tenía varios huecos y salientes entre las piedras, así que aunque Jack no era un gran escalador, no le fue difícil trepar hasta la parte superior.

Frente a él, el gigantesco desierto de Kash-Tar se extendía hasta donde llegaba la vista. Caray, Aldun debía de tener unos pies gigantescos, bromeó para sí, antes de tomar asiento al borde de la piedra.

Fue entonces cuando lo vislumbró. Al principio, creyó que se trataba de la silueta de los restos de la Torre de Awinor, pero entonces recordó que Kimara les había dicho que aún quedaba un largo trecho hasta llegar a la sierra montañosa que bordeaba el territorio de los dragones. Además, aquellas cosas se movían, y se movían muy rápido. No necesitó que el pulso de calor se activase en su cabeza como un resorte, uniéndose al que parecía incendiar ya todo el resto de su cuerpo, para saber de qué se trataba.

Allí delante, rompiendo la línea del horizonte, había por lo menos tres batallones de szish que se dirigían directamente hacia allí. Y justo sobre ellos, planeando igual que dos nubes negras de oscuridad, dos enormes sheks hacían vibrar sus largos cuerpos anillados.
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Última edición por Carrie_B el Sáb 17 Jun - 12:44, editado 1 vez


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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Sheena el Dom 4 Jun - 12:59

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
A pesar de que en todo momento había mantenido un perfil firme, en cuanto Jack abandonó la tienda notó cómo sus hombros se relajaban y esa especie de fachada decaía, al tiempo que expulsaba el aire que no se había dado cuenta que estaba reteniendo. Había sido un momento tenso y difícil, sobre todo por lo inesperado. Cuando Jack la siguió a su tienda, en absoluto se imaginaba que acabarían así. Pero las cosas habían salido de ese modo, el chico ya se había marchado y ahora solo le quedaba seguir adelante tras su negativa. Era lo bastante madura y tenía el suficiente orgullo para no echarse a llorar, ni mucho menos, por algo así. Aunque le doliese.

De todos modos, no esperaba conciliar el sueño pronto esa noche. Lo mejor sería que intentase dormir algo, ya que a la mañana siguiente tendrían que salir temprano y debían estar descansados para la dura jornada que les esperaba. Pero no era tan fácil como simplemente saberlo. Así que se quedó revisando el equipaje que llevarían consigo. Saldrían antes del amanecer, por lo que decidió adelantarse y cargar los bultos en los torkas, con el fin de ahorrar tiempo más tarde.

Fue una suerte que lo hiciera. Cuando salió de la tienda, al aire fresco de la noche la recibió, junto con un cielo estrellado sobre su cabeza en el que brillaban con fuerza las tres lunas en sus distintas fases de crecimiento. Todo estaba en calma. Dirigió sus pasos hacia donde estaban los animales pero a medio camino se detuvo. Había demasiada calma. No lo había percibido al principio porque estaba perdida en sus pensamientos pero, en cuanto se paró a escuchar con atención, el desierto le dijo todo lo que necesitaba saber. La arena que flotaba en el viento no era igual que hacía unas horas. No sabía qué, pero algo iba mal.

No tardó mucho en descubrirlo. Desde la posición donde se encontraban los animales vio a Jack corriendo en su dirección, de vuelta al campamento. Antes de que tuviera oportunidad de preguntarle qué estaba haciendo allí, ya se había desatado el caos en el conjunto de tiendas que conformaban Hadikah. Eso solo podía significar una cosa: estaban bajo ataque. Si los enemigos habían logrado traspasar las defensas, los guardias estarían muertos o malheridos. No tenían tiempo que perder.

Kimara notó un frío que le heló la sangre y, al levantar la cabeza, donde antes había un cielo tranquilo ahora se recortaban las figuras amenazadoras de dos sheks. Mientras tanto, en tierra, varios batallones de szish se habían enzarzado ya en una lucha encarnizada con los yan. A la luz de las pocas hogueras que aún ardían, el espectáculo era estremecedor y no presagiaba nada bueno para los habitantes del desierto. Con el corazón encogido por la angustia, Kimara se dispuso a entrar en batalla para ayudar a los suyos, olvidándose momentáneamente de Victoria y de Jack.

Al menos, hasta que un destello iluminó el cielo de la noche. Allí arriba, los dos sheks se agitaban, alterados. La razón era evidente: una criatura de escamas brillantes y similar tamaño se alzaba hacia ellos en clara actitud desafiante. Kimara estaba tan fascinada que hasta se olvidó por un momento de lo que ocurría a su alrededor. No podía ser. ¿Jack había conseguido transformarse?

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Re: ☼ Baptized in fire

Mensaje por Carrie_B el Sáb 17 Jun - 12:24

Sentimientos contradictorios
CAPÍTULO 1
Los dos sheks se quedaron unos instantes congelados en el aire, con sus enormes alas membranosas batiéndose muy lentamente, e incluso a esa distancia Jack fue plenamente consciente de cómo sus ojos irisados se posaban directamente en él.

Ahora sí que no tenían escapatoria. Maldijo por lo bajo, llevándose la mano inconscientemente al cinturón, aunque sus dedos se cerraron sobre un espacio vacío. Había dejado a Domivat en la tienda junto con el báculo y sus capas de banalidad, ocultos debajo del jergón que utilizaban para dormir.

Mierda —musitó, dándose impulso con los brazos y descendiendo del montículo de un solo salto.

Al hacerlo, notó un desagradable crack a la altura del tobillo derecho, seguido de un dolor sordo al que ni siquiera prestó atención. Los dos sheks llegarían allí en cuestión de segundos, poco antes que los szish, y entonces...

Victoria, fue lo primero que le vino a la mente, e inmediatamente después ya corría como una bala entre las tiendas de los yan. Aunque Kimara le había dicho que eran guerreros experimentados, Jack sabía de sobra que los yan no serían rivales para dos sheks adultos. Necesitaba su espada, porque sin ella solo iba a ser un estorbo, y Victoria...

Los yan también salían precipitadamente de las tiendas, armados con sus cerbatanas, pero hablaban tan rápido que Jack no llegó a comprender lo que gritaban. También vislumbró a lo lejos a Kimara, aunque no se detuvo a darle explicaciones. Debía llegar cuanto antes a su tienda, advertir a Victoria y recuperar a Domivat para poder hacer frente a los sheks, que ya sobrevolaban el campamento como dos sombras amenazadoras. Sus furiosos siseos solo contribuían a alimentar aún más esa especie de lava interior que llevaba incendiando su sangre varios días, y ahora que no tenía a Domivat para canalizar toda esa energía, sentía que iba a explotar de un momento a otro. Las sienes le palpitaban de rabia, y había algo en su interior que le instaba a plantar cara a las serpientes, a remontar el vuelo con unas alas que no tenía y a destrozarlas entre sus garras invisibles. Apretó los dientes, saltando por encima de una hoguera apagada y trastabillando al caer al otro lado. Entonces, una de las sombras se precipitó directamente hacia él.

Todo sucedió en un simple parpadeo. El largo y esbelto cuerpo del shek cayó sobre Jack, silencioso y letal, y sus afilados colmillos buscaron hendirse en aquel cuerpo frágil y humano. Jack gritó, y su voz se rasgó en un potente rugido al mismo tiempo que la furia del dragón inundaba todo su ser. Alargó los brazos para detener el avance de la criatura, y fue vagamente consciente de que, donde antes había piel, ahora se extendía una dura capa de escamas doradas que resplandecían como el mismo sol. Sus garras se hundieron en el cuello de la serpiente, que chilló sorprendida y batió con fuerza las alas para desembarazarse de él.

Jack todavía se sentía demasiado torpe como para poder sujetarla, pero antes de que ella pudiese quedar fuera de su alcance se alzó sobre sus patas traseras y exhaló una potente llamarada que le chamuscó parte de la cola. El shek se retorció en el aire, y su fría mirada irisada se clavó en la mente de Jack como un aguijón de hielo. El enorme dragón rugió de dolor, cayendo de nuevo hacia delante y sacudiendo la cabeza con violencia. Al hacerlo, aplastó sin querer una de las tiendas, que se desplomó bajo su cola con una facilidad sorprendente.

Cuando quiso darse cuenta, el otro shek ya había descendido y se encontraba frente a él, dispuesto a aplastarlo entre sus anillos.
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